En México, esa lucha encontró eco en episodios fundamentales como Cananea y Río Blanco, donde la dignidad obrera se levantó frente a la injusticia. Esos momentos marcaron una época y sembraron las bases de los derechos laborales que hoy defendemos. Sin embargo, durante décadas, con el neoliberalismo, esos derechos fueron debilitados. Este modelo económico dejó una profunda huella de desigualdad. Una muestra clara: durante más de 30 años el salario mínimo perdió 77 por ciento de su poder adquisitivo.
El neoliberalismo no fue sólo un modelo económico, también fue una forma de gobernar. Una autoridad indolente que dio la espalda a las y los trabajadores. Ahí está, como herida abierta en la memoria nacional, el caso de Pasta de Conchos. En 2006 los mineros fueron abandonados a su suerte. Las familias quedaron en el dolor, sin justicia, sin verdad y sin el respaldo del Estado.
Hoy, en cambio, con los gobiernos de la Transformación, se asume una responsabilidad histórica: el rescate de los mineros, la dignificación de sus familias y el compromiso de que nunca más el Estado será indiferente ante la tragedia de sus trabajadores. El resultado: 28 mineros rescatados. Ese contraste no es menor. Es el reflejo de dos proyectos de país radicalmente distintos.
El neoliberalismo se volvió insostenible. Por ello, tras una larga lucha, el pueblo de México decidió cambiar el rumbo del país en 2018. Con la llegada de la Cuarta Transformación, los derechos laborales se colocaron en el centro de la política pública. Iniciamos un viraje profundo: de la precariedad a la dignificación del trabajo.
Este cambio de ruta se sustenta con resultados concretos. Una de las primeras acciones al llegar los gobiernos de la Transformación fue incrementar 16 por ciento el salario mínimo. A partir de entonces, han sido ocho años de aumentos de doble dígito, para pasar de 88.36 pesos diarios a 315.04 pesos por día. Es decir, 256 por ciento más, logrando revertir la pérdida del poder adquisitivo de 77 por ciento de los gobiernos neoliberales para llegar hoy a 154 por ciento de recuperación.
También hemos corregido con firmeza otros abusos del periodo neoliberal como la imposición de la subcontratación abusiva, una forma para evadir responsabilidades laborales, precarizar el empleo y negar derechos básicos a millones de trabajadores. Con la reforma impulsada por los gobiernos de la Transformación, esta práctica fue regulada y corregida: más de tres millones de trabajadoras y trabajadores fueron reconocidos por sus verdaderos empleadores, adquiriendo así derechos, seguridad social y condiciones laborales dignas.
En el pasado neoliberal, el reparto de utilidades se convirtió en una simulación que limitaba el acceso de los trabajadores a este derecho constitucional. Hoy, como resultado directo de la reforma de subcontratación, el PTU se ha fortalecido de manera histórica: mientras antes se distribuían alrededor de 87 mil millones de pesos, actualmente el monto alcanza los 259 mil millones.
Bajo el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, el proceso de transformación de los derechos laborales se consolida hoy como una etapa histórica de expansión y modernización: nuevas reformas que saldan deudas históricas con los trabajadores y los sectores olvidados. Menciono algunos ejemplos contundentes: la reforma para dotar de seguridad social a las y los trabajadores de plataformas digitales, la instauración paulatina de la semana laboral de 40 horas, la creación del Certificado Laboral para la Agroexportación y la fundación del Centro de Atención Integral para Trabajadores Agrícolas. Se trata, en conjunto, de una ruta precisa: pasar de rescatar derechos a ampliarlos, consolidando un modelo donde el trabajo digno es eje del desarrollo y del bienestar.
A diferencia del pasado neoliberal, esta nueva etapa histórica de nuestro país, que diversos sectores han tenido a bien llamar la primavera de los derechos laborales, se ha construido con el diálogo social permanente entre trabajadores, empleadores y gobierno.
Está claro que el Primero de Mayo nos recuerda de dónde venimos, pero también, como una luz redentora que emana del pasado, nos marca el camino hacia dónde vamos. México avanza con paso firme hacia una realidad laboral más justa, más digna y más humana. Reconozcamos y recordemos a quienes con su esfuerzo han luchado y defendido los derechos que hoy hemos logrado consolidar y gozar. Sigamos construyendo, juntas y juntos, un México donde el trabajo no sea sinónimo de precariedad, sino de bienestar compartido.
* Secretario del Trabajo y Previsión Social
X: @marathb
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