5/03/2026

Claudia, benemérita de las Américas

José Steinsleger

Uno. Preliminares: si el título elegido para este artículo puede sonarle algo hiperbólico, lo siento. Me ganó la emoción, tras oír las palabras de la presidenta Claudia Sheinbaum en la cuarta Cumbre en Defensa de la Democracia (Barcelona, 18 de abril). https://www.youtube.com/watch?v= 5G1w5PqG4g8

Dos. En un contexto mundial volátil, confuso, totalmente incierto, el brevísimo discurso de Claudia (menos de 10 minutos), fue conciso, preciso y a-leccionador. Situándose, por ende, en las antípodas del belicista “Escudo de las Américas” (sic), impulsado por Donald Trump durante un aquelarre al que asistieron once gobernantes del continente, que obedecen sus directivas sin chistar (Miami, 7 de marzo).

Tres. Si llegó hasta acá, y en vista del lógico escepticismo con el que hoy se reciben los discursos políticos, propongo remontarnos al angustioso decenio 1857-67. Época en la que luego de que los tatarabuelos del PAN cedieran por monedas a Estados Unidos más de la mitad del territorio nacional (Tratado de Guadalupe-Hidalgo, 1848), México y los pueblos de nuestra América estuvieron a punto de ser balcanizados, esclavizados y devorados por el colonialismo europeo. Veamos:

1857-58. Fin de la guerra civil e inicio de la reforma liberal. Supresión de la deuda externa, y nacionalización de los bienes eclesiásticos sin indemnización.

1861. En Washington, el republicano antiesclavista Abraham Lincoln, asume la presidencia. Surge la esclavista Confederación de los estados del sur, y estalla la guerra civil. En República Dominicana, tras 17 años de independencia, España anexa el país como “provincia de ultramar”.

En Argentina, los liberal-conservadores probritánicos derrotan a las fuerzas patrióticas de la Confederación (batalla de Pavón).

1862. Tropas de España, Inglaterra y Francia desembarcan en Veracruz. Primera y victoriosa batalla de Puebla (5 de mayo) contra los ejércitos de Napoleón “el pequeño” (así llamó Víctor Hugo a Napoleón III). La moral nacional se levanta, pero los franceses regresan.

1863. Dolidos por sus derrotas, los tatarabuelos del PAN solicitan el auxilio de las monarquías europeas.

Napoleón III se entusiasma con la idea de crear un “imperio latino” (sic) en América del norte. Los franceses avanzan desde la costa, y ocupan la Ciudad de México.

1864. Los tatarabuelos del PAN constituyen una comisión, se trasladan a Trieste (hoy, Italia; entonces puerto del imperio austrohúngaro), y alli le ofrecen la corona imperial de México al archiduque Maximiliano de Habsburgo. En tanto, el banco de Londres decide financiar la guerra de la “triple alianza” (Argentina, Uruguay y el imperio esclavista de Brasil) contra Paraguay, uno de los países más desarrollados de la época. liderado por el mariscal Francisco Solano López. La guerra dura seis años, y acaba en genocidio.

El país pierde 300 mil vidas (70-80 por ciento de los hombres de 12 a 60 años, y 50-70 por ciento de su oblación).

1865. España abandona sus pretensiones anexionistas en la República Dominicana. Mientras, tras librarse la guerra civil más sangrienta de los tiempos modernos (700 mil muertos), los estados esclavistas del sur se rinden frente los ejércitos de la Unión. Cinco días después, el 14 de abril, Lincoln es asesinado.

1866. El tratado suscrito entre Napoleón III, Maximiliano y los tatarabuelos del PAN dice, literalmente: “…los soldados franceses permanecerán en México, hasta que puedan ser remplazados por un ejército mexicano digno de ese nombre”. Pero en las decisivas batallas de marzo, septiembre y octubre en Coahuila, Chihuahua, Hidalgo y Oaxaca, el ejército más poderoso de su época muerde el polvo de la derrota frente a los ejércitos juaristas.

1867. Fusilamiento del emperador Maximiliano, en Querétaro. Benito Juárez restaura la República, y ya para entonces los congresos de Colombia y República Dominicana han promulgado sendos decretos que lo reconocen como “Benemérito de las Américas”, en vista de “…la abnegación y perseverancia que ha desplegado en defensa de la independencia y libertad de su patria”.

Cuatro. Con espíritu juarista, y fuera del categórico NO a la intervención militar del imperio en Cuba, Claudia habló en Barcelona “a nombre de un pueblo (…) que se resiste al individualismo, que rechaza la discriminación, y se niega a mirar al otro o la otra desde el desprecio”. Añadiendo: “no hay democracia cuando no hay opción para los pobres”.

Cinco. A su regreso, la presidenta asistió a la ceremonia por el 112 aniversario de la defensa del puerto de Veracruz, ocupado por Estados Unidos, de abril a noviembre de 1914. Ocasión en la que dijo: “el amor a la patria siempre vence al entreguismo”, “la soberanía se defiende todos los días” y “la independencia no es un hecho del pasado, sino una práctica constante”.

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