American curios
David Brooks

Para May
El Día Internacional de Trabajo festeja el gran movimiento nacional de cientos de miles de estadunidenses e inmigrantes en 1886 para demandar la jornada laboral de ocho horas. En Chicago esa movilización fue reprimida y durante una protesta contra la violencia oficial, ocho anarquistas fueron culpados, sin evidencia, de lanzar un bomba durante la confrontación en Haymarket Square, con varios de ellos condenados a muerte. Los “mártires de Chicago” y el movimiento por una jornada de “ocho horas de trabajo, ocho horas de descanso, ocho horas para lo que quieras”, actualmente son festejados alrededor del mundo cada Primero de Mayo, menos en Estados Unidos. Eso fue a propósito: ante preocupaciones de que la fecha sería políticamente peligrosa, en 1894 el presidente Grove Cleveland designó el primer lunes de septiembre como el Día del Trabajo oficial para borrar el Primero de Mayo.
El viernes pasado, en las marchas y actos del Primero de Mayo, algo extraordinario ocurrió: se marcó el día en lugares donde nunca antes se había festejado. Más aún, las movilizaciones se vincularon no sólo al tema de los derechos laborales, sino a un abanico de demandas, que incluyen poner fin a las medidas antimigrantes en el país, frenar las guerras en el extranjero, solidarizarse con el pueblo palestino, repudio contra los ataques a la educación, bibliotecas y salud pública, así como la defensa de los principios democráticos y derechos civiles frente al asalto de la derecha en el poder en Washington.
En ese sentido, las movilizaciones de este Primero de Mayo se relacionaron explícitamente con las acciones nacionales anteriores del Día de No a Reyes (No Kings Day) y expresiones contra las medidas antimigrantes alrededor del país, sobre todo en la resistencia ejemplar en Mineápolis.
Pero no sólo fue el mosaico de demandas y consignas, sino también de los participantes. En las movilizaciones de No a Reyes y otras contra la migra, la participación ha sido mayoritariamente de blancos. Se entiende la ausencia de inmigrantes latinos y de otras regiones del Sur global dada la ofensiva brutal contra ellos y cualquiera que se parezca (víctimas han incluido hasta indígenas estadunidenses por “verse como inmigrantes” con toda la ironía que son más “estadunidenses” que los agentes y los políticos antimigrantes, quienes en los hechos fueron los primeros “ilegales” en llegar a estas tierras sin permiso).
El viernes se manifestó en las calles el gran arcoíris y coro multilingüe de este país, en gran medida por la participación de sindicatos y organizaciones de trabajadores inmigrantes. Y es que el movimiento laboral en este país surge, es nutrido y su futuro depende de inmigrantes. En Haymarket se habló inglés y alemán, y estaban presentes irlandeses y una de las figuras claves ahí fue Lucy Gonzalez Parsons, de origen mexicano, indígena y afroestadunidense.
“Este es nuestro Día del Trabajo, no el falso que designaron gente rica para que no recordemos nuestra historia. Homenajeamos a nuestro mártires al luchar como el infierno y continuar esa lucha… Este es el momento de definición de nuestra generación, igual como lo fue con nuestros antepasados hace 140 años”, declaró en Chicago el viernes el presidente del sindicato automotriz UAW, Shawn Fain.
El futuro de la democracia estadunidense depende, afirman líderes sindicales, inmigrantes y políticos nacionales como Bernie Sanders, de la lucha social por los derechos de las mayorías contra la consolidación de una oligarquía, igual como hace justo 140 años.
Tom Morello. Ruta sonora para el 1 de mayo. https://music.youtube.com/playlist?list=PLmpyPyUIDX648HYZZ4_pUTQknOd1ac9MF &si=2RpUb7Ac9sIAZCaY
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