6/21/2026

La mediocridad del futbol mexicano: Parte 2

Mario Campa

"Una liga mediana y exportaciones chatas son causa de una selección nacional desnutrida, y también son efecto de estructuras condicionantes".

La mediocridad del futbol mexicano: Parte 2. Por Mario Campa

Arrancó el Mundial de futbol y, como cada cuatro años, las esperanzas de los mexicanos renacen de las cenizas. El tiempo dirá si “imaginar cosas chingonas” a la "Chicharito", quien envejeció bastante mal, reditúa. Entretanto, la ocasión invita a reflexionar sobre la mediocridad subestimada del futbol mexicano, tesis defendida en la videocolumna anterior (Parte 1). En síntesis, argumento que la prueba de ácido de calidad son los minutos totales de Champions League disputados por nacionalidad. En la pasada edición del torneo élite, Rodrigo Huescas y Obed Vargas apenas sumaron en conjunto 104 minutos para ocupar la nada halagüeña posición 76 en el ranquin de nacionalidades. En un futbol globalizado, el efecto esperado es una debilidad relativa de la selección nacional frente a sus pares, cuyos jugadores compiten al más alto nivel. Toca en esta Parte 2 sondar las causas.

Comienzo por el elefante en la habitación. En principio, poco impide que una liga local fuerte pueda nutrir a una selección nacional como sustituto de la exportación de jugadores a Europa. En el béisbol, por ejemplo, Japón gana Clásicos Mundiales aun con una exigua representación de nipones en Grandes Ligas, si bien la liga japonesa es considerada la segunda mejor y en ella predominan beisbolistas nacionales. Típicamente, en cualquier deporte el mejor reflejo de una liga local poderosa es que aun los contados jugadores exportados triunfen a nivel élite, como es el caso de Ohtani, Yamamoto o Murakami en MLB ahora mismo. Además, Japón paga bien a sus peloteros—segundos sueldos más altos del mundo—y ello no frena la exportación sustantiva. Si la Liga MX tuviera en verdad un alto nivel competitivo, varios futbolistas mexicanos o incluso extranjeros en México descollarían en Champions League. No es el caso.

Una liga mediana y exportaciones chatas son causa de una selección nacional desnutrida, y también son efecto de estructuras condicionantes. En cualquier mercado, un influjo de importaciones desmesuradas tiende a debilitar la capacidad productiva nacional. Incluye las fábricas de jugadores, conocidas como canteras. No obstante, para desenterrar la raíz de la mediocridad, es preciso indagar los motivos que facilitan la importación allende el diferencial de precio entre locales y extranjeros.

Un agente patógeno mayor del malestar del futbol mexicano es la debilidad del trabajo en relación al capital. No existe un sindicato formal. La Asociación Mexicana de Futbolistas (AMFPRO) carece de estatus legal, en buen parte por amenazas de los dueños. En muchas ligas del mundo, los sindicatos son los primeros en protestar contra la entrada masiva de trabajadores extranjeros. Para muestra, el Sindicato de Futbolistas Profesionales de Chile (SIFUP) votó en 2024 un paro indefinido que impidió el inicio del Torneo Nacional luego de que los clubes aprobaron aumentar el cupo de extranjeros de cinco a seis por plantilla. En muchas ligas deportivas, antes de cualquier paro, los dueños negocian las cuotas de foráneos con los sindicatos. Lo normal es la negociación, no la imposición desde arriba. Sin contrapeso al capital, que exprime el negocio como rentas, las utilidades inmediatas vía importaciones de alcance fácil sesgan la dirección del balón.

Esta asimetría de poder tiene otra implicación: una subinversión en las categorías formativas, gimnasios, analítica aplicada al deporte e instalaciones de práctica. Que la selección japonesa haya abandonado en la víspera del Mundial sus entrenamientos en el Centro de Entrenamiento Tigre de Monterrey por las malas condiciones de la cancha es mala señal. Otra muestra es que las categorías juveniles disputan torneos en divisiones etarias discontinuas (sub-15, sub-17, sub-20) por ahorro de costos, cuando Argentina y otros países segregan por años-calendario continuos, dando mejores perspectivas laborales a cientos de aspirantes más versus el modelo mexicano de austeridad abajo.

Otro síntoma de una debilidad del trabajo en relación al capital es la opacidad salarial. A contracorriente de las mejores ligas, en la mexicana la comparación de sueldos es tarea reservada al rumor. Dado que los futbolistas son figuras públicas y es de sobra conocido que ganan bien, la seguridad personal no es justificante convincente. En verdad, los dueños esconden las nóminas para eludir impuestos, evitar la inflación salarial—sana para profesionalizar el deporte—, obstaculizar la agencia libre y prevenir críticas de utilidades excesivas a costa del trabajo. De nuevo, el béisbol ofrece rutas alternativas. Amén de sueldos mínimos dignos y transparentes, MLB comparte por presión sindical las ganancias de postemporada con los peloteros: 60 por ciento de la taquilla de los primeros cuatro juegos de la Serie Mundial alimenta una “bolsa de jugadores” (Players’ Pool).

La opacidad salarial tiene efectos indeseados. En primer lugar, impide al aficionado exigir y premiar al jugador en función del costo. En segundo, obstaculiza a los clubes nacionales y extranjeros evaluar cada año las opciones en agencia libre, muy rígida en México a pesar del presunto fin del infame “pacto de caballeros”—otro abuso del capital frente al trabajo—. En tercero, dificulta emplear tabuladores informales o mecanismos de arbitraje para remunerar de forma justa el trabajo similar. En general, a mayor incertidumbre salarial, el jugador rinde menos y subinvierte en dietas estrictas y entrenadores personales: comunes en la élite deportiva.

Los intereses de los dueños del balón tienen un común denominador que todo lo mancha: una cerrazón crónica típica de mercados oligopólicos. La prioridad es blindar las utilidades inmediatas, no la calidad del espectáculo ni la formación de jugadores. Sin un sindicato fuerte, desplazar franquicias al antojo, como Mazatlán al Atlante, enfrenta pocos obstáculos. Sin jugadores organizados, las ganancias no gotean desde un techo impermeabilizado. Ante la debilidad por diseño del trabajo en relación al capital, frenar el ascenso-descenso enfrenta poca oposición, en detrimento de la movilidad laboral.

Una voz autorizada que no levanta sospechas como zurdo revoltoso ha sido vocal sobre la urgencia de empoderar al trabajo en relación al capital: Hugo Sánchez (ESPN). Si bien el exfutbolista no es el lápiz más afilado del estuche, su intuición es correcta: la unión hace la fuerza como contrapeso a los intereses del oligopolio voraz. Como en cualquier industria capturada, la subinversión en innovación y desarrollo (I+D) resta competitividad. La selección nacional es víctima del corsé de mediocridad.

Dice Juan Villoro: “Si hubiera un Mundial de aficiones, México tiene probabilidades de llegar a la Final”. Discrepo. El rol de las aficiones es apoyar, pero también exigir. Vitorear a una selección nacional es un estándar laxo para la calidad de una porra. Si la afición estuviera involucrada de tiempo completo, y no solo en la fiesta mayor, arroparía al futbolista frente al dueño y demandaría simetría en la relación capital-trabajo. Obsequiar apoyo como un cheque en blanco resulta conveniente a quienes manchan el balón. El aplauso ciego y sumiso deviene en rentismo. Si la afición presiona en cancha completa para romper el pacto de oligopolistas, otro futbol mexicano es posible.

En una tercera y última entrega retomaré aquella célebre pregunta que lanzó Lenin como llamado a la acción: ¿Qué hacer?

El Mundial de la felicidad

 

El primero de junio el magisterio de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) reactivó su huelga nacional, irrumpiendo en las calles céntricas de la Ciudad de México con una marcha enorme. Las maestras y maestros formaban un río de gente que lucha. Sus consignas “si no hay solución, no rodará el balón” hacían eco y llegaban al Palacio Nacional. Cuando arribaron a la calle 20 de Noviembre los muros de acero impedían su paso. La avanzada de los maestros de Guerrero empezó a tratar de entrar, golpeando con palos y marros. Estaban a punto de lograrlo cuando los policías empezaron a disparar gases lagrimógenos y balas de plástico para dispersar a los manifestantes.

Los policías accionaron sus armas directo a los maestros Octavio Romero y Proceso González, para derribarlos y causar terror entre los manifestantes. Proceso quedó tendido en el asfalto por el fuerte impacto de la bala. Sus compañeros lo auxiliaron como pudieron. Blanca, sobrina de Proceso, lo llevó a un hospital privado, pero no tenían equipo para atenderlo. Fue en el hospital del ISSSTE Primero de Octubre donde lo atendieron con engorrosos trámites burocráticos. La presidenta Claudia Sheinbaum justificó la represión policiaca con el argumento de que no tenían razón de ser las protestas del magisterio porque había mesas de diálogo que estaban atendiendo sus demandas.

El 8 de junio las madres y padres de los 43 estudiantes desaparecidos fueron detenidos por un cerco policiaco en la caseta de Tlalpan. Las autoridades estaban empeñadas en revisar los autobuses porque supuestamente traían explosivos. Fue indignante que Rosa Icela, integrante de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, fuera quien revisara las cajuelas de los autobuses, principalmente de las madres. Lo peor fue el papel de policía que desempeñó Arturo Medina, presidente de la Comisión para la Verdad y Acceso a la Justicia del Caso Ayotzinapa (Covaj). De manera directa enfretaban a las madres y padres para no dejarlos pasar ni permitir que realizaran sus protestas.

Con impotencia don Mario González relata el sufrimiento de las “madres que salieron desde las 6 de la mañana de la Normal de Ayotzinapa y que a las 4 de la tarde aún permanecían encapsuladas, sin comer, con enfermedades crónicas y con los problemas del azúcar y la presión altas. Doña Hilda llegó con la presión de más de 200, pero para los funcionarios del gobierno federal (que supuestamente están muy al cuidado de la salud de las madres) les valió un bledo. Este gobierno lo que hace es victimizarse y a nosotros nos pone como los malos. Las víctimas no son ellas ni ellos, somos nosotros. Las víctimas a las que les tiene que dar justicia somos nosotros.

A las madres buscadoras que ahora también están criminalizando y ofendiendo, como lo hizo la secretaria de Gobernación, al afirmar sin pruebas que les dieron dinero para que vinieran a la marcha. La presidenta tiene que saber que hay más desaparecidos, de los que tienen registrados oficialmente”.

Al final las dejaron pasar y los estudiantes regresaron a la Normal de Ayotzinapa. A mediodía las madres y padres, acompañados de la CNTE, realizaron un mitin en el antimonumento por los 43 para denunciar el cerco policiaco y la falta de avances en las investigaciones sobre el paradero de sus hijos. En los cinco días que duró la jornada de lucha, el subsecretario de Gobierno coordinó el operativo policiaco para impedir el paso a las madres y padres de los 43 y bajo ninguna circunstancia permitió que los estudiantes de Ayotzinapa entraran a la ciudad.

El 11 de junio en la inauguración del Mundial las madres y padres se trasladaron a la caseta de Tlalpan para tratar de romper el cerco con los estudiantes normalistas. Unos mil policías antimotines estaban formados con escudos y toletes. A pesar de este blindaje las familias y los normalistas avanzaron 300 metros, la orden que recibieron los policías fue contenerlos. En la caseta de cobro realizaron un mitin, mientras se confrontaban con Arturo Medina para que los dejaran pasar. El funcionario instruyó a los mandos policiacos que revisaran los autobuses. Doña María de Jesús, madre del estudiante desaparecido José Eduardo Bartolo Tlatempa, les respondió que no lo permitirían porque “no somos delincuentes y este gobierno no nos puede condicionar. Queremos verdad y justicia”.

Don Mario González increpó a las autoridades y principalmente a Arturo Medina para que los dejara pasar. “Si no estas a la altura para resolver los problemas dile que venga al que está en el teléfono para que nos deje pasar. Nuestras movilizaciones son pacíficas, sólo queremos pegar la carita de nuestros hijos en la calzada de Tlalpan”.

En el último día de la jornada tampoco dejaron pasar a los normalistas. Los maestros y maestras, así como las buscadoras pudieron entrar a la Ciudad de México, pero en la calzada de Tlalpan se toparon con centenares de policías que se encargaron de encapsularlas. “Les queremos por eso les buscamos”, gritaban. Las lonas y los carteles de sus familiares desaparecidos fueron su bandera de lucha y sus escudos para librar esta batalla contra un gobierno que se obstina en ocultar y negar una realidad que desangra a nuestro país.

Para las madres y padres quedó evidenciada la postura de la presidenta de la República, de privilegiar la fiesta del Mundial y silenciar las protestas y las exigencias de justicia de las madres buscadoras, utilizando los cuerpos policiacos para encapsularlas y reprimirlas. El diálogo que a diario pregona en las mañaneras se transformó en un muro infranqueable y se materializó con gases lacrimógenos y balas de plástico. La Secretaría de Gobernación arremetió contra las madres buscadoras al recurrir al improperio y el subsecretario de Derechos Humanos focalizó sus baterías contra los normalistas de Ayotzinapa al señalar a dos estudiantes del Comité de Lucha como los que coordinan la logística y la elaboración de explosivos. Nuevamente la fuente siguen siendo los aparatos de inteligencia del Estado controlados por el Ejército. La visión conspirativa y contrainsurgente se sigue reeditando en las altas esferas de la 4T.

Por otra parte, la presidenta Claudia Sheinbaum descalificó a la CNTE al asegurar que busca regresar a esquemas del pasado donde las cúpulas sindicales y los gobiernos estatales decidían la asignación y movilidad de las plazas magisteriales. Remarcó que estas prácticas se prestaban a la corrupción, por eso su gobierno consultará directamente a las bases magisteriales. La relación con la presidenta se truncó al desconocer como interlocutora legitima a la Comisión Nacional Única de Negociación (CNUN).

La situación se tensó más con el anuncio que hizo la CNTE este domingo de continuar con sus movilizaciones. “Continuaremos con la huelga nacional”, anunció Yenny Aracely Pérez integrante de la sección 22 de Oaxaca.

“La presidenta dice que está todo tranquilo y que México está de fiesta, que está alegre, pero sólo eso pasa en su entorno. Aquí afuera está la realidad, aquí están más de 130 mil desaparecidos. Aquí están las madres buscadoras que protestan para visibilizar su lucha, para que las tomen en cuenta. A ellas no les interesa boicotear un partido, lo que demandan es justicia y verdad”.

“Nosotros como víctimas tratamos de alzar la voz, pero al gobierno, a la FIFA y las televisoras solo les interesa el negocio del Mundial, que la gente vea los partidos y que consuma todo lo que le anuncian. Ese es el interés de los ricos, pero no se vale que nos tachen de generadores de violencia, que se empeñen en decir que venimos a hacer desmanes, porque sus seguidores lo creen, y empiezan a desprestigiar al verdadero movimiento que no tiene nada que ver con el partido.

El México verdadero es el que lucha para que no haya más desaparecidos. Es el México adolorido que no descansa para dar con el paradero de 130 mil desaparecidos en el país. Lo más triste es que este 12 de junio es mi cumpleaños y recuerdo que la última vez mi hijo me dijo que iba a llegar. Siempre me regalaba algo, me iba a hacer maldades con el pie para que me levantara y empezar a comprar el pastel y la carne para comer. Todos esos recuerdos vienen y ya no aguanto. No les interesa nuestro dolor ¿porqué prefieren a los extranjeros y a nosotros nos dicen que no salgamos para no dar mala imagen? ¿Quién odia a México? ¿Quién odia a los mexicanos?”

Las madres buscadoras mostraron el rostro verdadero de un país marcado por la violencia y la impunidad. Su dolor se convirtió en rabia ante la postura del gobierno federal de priorizar el Mundial en lugar de darle cauce a su reclamo. Los fanáticos de la FIFA desataron las críticas cuando un grupo de aficionados le quitó la lona con rostros de desaparecidos a una madre buscadora para resguardarse de la lluvia.

La presidenta habla de la alegría del Mundial, pero deliberadamente ignora el dolor de miles de familias que llevan años pidiendo encontrar a sus seres queridos.

Lo que más entristeció y causó enojo a las madres y padres que buscan a sus hijas e hijos es que la presidenta Claudia Sheinbaum haya comentado en la mañanera del 12 de junio que “hubo quien quiso mostrar otra imagen de México. Pero la imagen de México es la alegría, la felicidad del pueblo, y de todas y de todos los mexicanos. Fue una fiesta de México, muy hermoso la verdad ver a toda la afición y la no afición celebrar el triunfo de la selección. Quien la pasó mal es quien quiere que le vaya mal a México”.El Mundial de la felicidad

El neocolonialismo en el siglo XXI

 Agenda Ciudadana

Lorenzo Meyer

"La actual administración norteamericana viene a ser su esfuerzo deliberado, y sistemático por detener y debilitar a las fuerzas que buscan combatir al neocolonialismo".

El neocolonialismo en el Siglo XXI. Por Lorenzo Meyer

La pública reafirmación de la agenda política que tiene en mente el Washington de Donald Trump para el continente americano -la llamada “Doctrina Donroe”- básicamente busca mantener e incluso reforzar los aspectos neocoloniales de las relaciones de la gran potencia con los países del continente, Canadá incluido ¿Podremos y querremos neutralizar esta ofensiva? Es pregunta que espero contestemos positivamente.

El concepto de colonialismo puede definirse como el dominio político, económico y cultural que ejerce un país -la metrópoli- sobre otra sociedad -la colonia- situada fuera de sus fronteras y a la que se obliga a participar en el proyecto nacional del país dominante, proyecto que no sólo le es ajeno sino antagónico. En este contexto lo que se conoce como neocolonialismo es la continuidad de la relación de sujeción descrita, aunque bajo formas diferentes, pues el poder del país hegemónico se ejerce de manera indirecta pues teóricamente el país subordinado ya no es colonia sino entidad soberana, pero en la práctica su soberanía está limitada por los intereses y presiones del país más fuerte. Desde esta perspectiva, el sello en nuestro continente de la actual administración norteamericana viene a ser su esfuerzo deliberado, y sistemático por detener y debilitar a las fuerzas que buscan combatir al neocolonialismo. Desde esta perspectiva la política de Trump en el continente consiste en imponer variantes de la relación que ya está construyendo con Venezuela: una que nulifique los esfuerzos de aquellos actores y grupos políticos que en las sociedades subordinadas se esfuerzan por dar un contenido verdadero y progresista a su soberanía modificando las condiciones y estructuras que implican condiciones de dependencia.

Desde hace tiempo la América Latina es un crisol de relaciones neocoloniales lo mismo que esfuerzos nacionalistas por modificar esa relación. El grado y características de los nexos de subordinación política de cada país del continente salvo Cuba respecto de Estados Unidos, es variable pero innegable. Y esa variación ha dependido de la época, de los proyectos nacionales de cada país, de su historial de resistencia o aceptación de dichos designios imperiales y de los cambios políticos y económicos al interior de Estados Unidos, pero en cualquiera de los casos el “factor norteamericano” sigue condicionando el ejercicio de la soberanía de todas las naciones del hemisferio. La importancia y efectos de ese “factor” en la relación de Washington con el resto del continente ha variado no sólo por factores propios de la región sino también por cambios en la naturaleza y los equilibrios de la estructura del poder mundial. Hasta inicios del siglo XX, las influencias de actores europeos en América Latina, sobre todo de Inglaterra, fueron muy significativas y en ocasiones chocaron con las norteamericanas. Sin embargo, tras las dos guerras mundiales la influencia del viejo continente en nuestra región disminuyó mucho salvo por la de Moscú.

Tras la desaparición de la Unión Soviética al final del siglo pasado el sistema internacional que adquirió un carácter unipolar y Estados Unidos fue la única potencia que campeó en la América Latina. Con el ascenso de China esa unipolaridad ya está siendo sustituida por una multipolaridad en formación. En esa circunstancia, el Washington trumpista ha dejado saber que, si bien en otros continentes está dispuesto a negociar su posición con la competencia, en el nuestro no. Y es que según los nada sutiles argumentos expuesto por el gobierno de Trump en su Estrategia de Seguridad Nacional (NSS) de 2025, Estados Unidos va a seguir empeñado en que América sea su esfera de influencia natural y exclusiva.

Esta política norteamericana de corte neocolonial abierto tiene, dentro de ese país, una base social de derecha muy dura y militante. Una encuesta de opinión pública dada a conocer por el Pew Researh Center el 10 de junio sobre las orientaciones políticas norteamericanas clasifica a los entrevistados en nueve categorías ideológicas. Y la derecha extrema calificada por Pew como la No Apologies Right (la derecha militante e intolerante), tiene como característica central la visión de unos Estados Unidos como un país superior a cualquier otro y que es imperativo preservar su estatus de super poder militar y por lo mismo respaldan todas las acciones en el exterior de sus fuerzas armadas independientemente de su legalidad, como fue el secuestro del Presidente de Venezuela. Es verdad que esta derecha extrema representa apenas al nueve por ciento de la población adulta norteamericana, pero es muy activa en la votación, 99 por ciento republicana y es el corazón del Make America Great Again (MAGA), es decir del trumpismo duro. Si a esos 23 millones de ciudadanos extremistas y activos se agregan los de las otras tres categorías que según PEW completan el universo de la derecha norteamericana –First Fait Conservatives (conservadores por motivos religiosos, básicamente evangélicos), Unconventional Right (derecha no particularmente ideológica) y Pragmatic and Polite Right (derecha pragmática)- se tiene que un 44 por ciento de los ciudadanos de Estados Unidos a los que pueden ser considerados como la base social de las decisiones de política exterior que se toman en la Casa Blanca.

Hace ya buen tiempo que Cuba dejó de ser un factor que interfiriera con los objetivos de Estados Unidos en o fuera del hemisferio. Sin embargo, todo indica que en Washington se han vuelto a revivir los planes para recuperar a Cuba como la neocolonia que fue a lo largo de toda la mitad del siglo pasado. Y ni que decir de Venezuela, que tras una operación relámpago y de gran precisión militar, pero totalmente contraria a las normas del derecho internacional, Estados Unidos secuestró a su Presidente y dejó en el Palacio de Miraflores en Caracas a la Vicepresidenta Delcy Rodríguez, una auténtica Quisling (una gobernante local al servicio de un conquistador como en la Noruega de la II Guerra Mundial) que Washington usa para aparentar una “continuidad institucional” local pero es desde Miami que un personaje sin ningún cargo formal pero de la absoluta confianza de Trump y del Secretario de Estado Marco Rubio -Mauricio Claver-Carone- el que vigila a la Presidenta Rodríguez y al proceso político de día a día en Caracas mientras la actividad petrolera del país la supervisa directamente Chris Wright, el Secretario de Energía de Estados Unidos y él decide los procesos de reapertura de refinerías y plantas eléctricas, las ventas de petróleo y gas de PDVSA y del puñado de empresas transnacionales que controlan esa actividad entre las que destaca Chevron. El papel de Claver-Carone como “virrey norteamericano en Caracas” está analizado y destacado en un largo reportaje del Washington Post (25/05/26). Se trata de un abogado y cabildero estadounidense, pero de origen cubano que trabajó en Washington para el Consejo de Seguridad Nacional y para el Banco Interamericano de Desarrollo. Al inicio de la segunda Presidencia de Trump se desempeñó brevemente como enviado especial para América Latina.

Anulada Venezuela como un país que escapaba al control político de Washington y Cuba sometida por décadas a un bloqueo comercial y ahora a uno energético y amenazada con una acción directa para cambiar su régimen, sólo quedan tres gobiernos de peso en el conjunto latinoamericano que se resisten a ser parte del grupo de países abiertamente sometidos a las directivas de la Casa Blanca. Esa tercia la conforman Colombia, Brasil y México.

La coyuntura electoral de Colombia le está permitiendo a Trump pronunciarse abiertamente por el candidato de la derecha extrema Abelardo de la Espriella, un abogado y empresario que se identifica con Trump, Nayib Bukele en El Salvador y Javier Milei en Argentina. De la Espriella que también tiene el apoyo de los grupos evangélicos, propone disminuir el papel del Estado, pero llevar a cabo una política de mano dura contra los grupos armados, el narcotráfico y la delincuencia en general.

En Brasil el Senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro hoy en prisión por haber intentado un golpe de Estado, tiene el respaldo del bolsonarismo, una corriente de derecha que el hijo del expresidente busca convertir de fuerza personalista en una más adecuada para sostener a “nueva derecha” brasileña. La cercanía de la familia Bolsonaro con el Presidente Trump es pública y el bolsonarismo cuadra perfectamente con el trumpismo.

Finalmente, está México. Aquí la izquierda ha derrotado en las urnas a la derecha de manera contundente en 2018 y 2024, está debilitada y además no hay una coyuntura electoral próxima y que Trump pueda aprovechar para revigorizarla, lo que no impide que el trumpismo ya vaya preparando el campo para el 2030. De ahí el empeño de Trump en caracterizar a nuestro país como uno con un gobierno corrupto donde el poder real reside en los grupos del crimen organizado. Desde esta perspectiva una “invasión” de indocumentados y de drogas prohibidas provenientes de México son presentadas como fallas estructurales de los gobiernos del país vecino que afectan la seguridad norteamericana y que podrían justificar como legítima defensa una acción directa cuyas consecuencias podrían descarrilar el proyecto de izquierda de la 4T en favor de la derecha local y de la “Doctrina Donroe”.

Es de desear que el escenario anterior o una variante no se materialice, pero el nacionalismo mexicano debe de estar preparado para esa eventualidad. En cualquier caso, los mexicanos debemos esforzarnos al máximo en “mantener la casa en orden” y no dar a al trumpismo elementos que justifiquen el debilitamiento de la soberanía nacional y el afianzamiento de fuerzas y proyectos neocoloniales.

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