4/26/2026

La generación Epstein a los mandos

 Un Quijote en Tenochtitlán

Juan Carlos Monedero

"Son gente sin límites porque son infinitamente ricos y les hemos dado la nueva arma nuclear: la IA. La generación Epstein a los mandos".

La generación Epstein a los mandos. Por Juan Carlos Monedero

Han matado dos agentes de la CIA en México. Qué hacen dos agentes armados de otro país en suelo extranjero y portando armas, nunca ha sido una pregunta para los EU. Para el resto, lo preocupante no es que hayan matado a dos agentes de la CIA en México, sino cuánta gente mata la CIA fuera de su país. Antes lo ocultaban. Ahora, estamos entrando en otra época donde el imperio habla claro: estamos donde nos da la gana, cuando nos da la gana y porque nos da la gana. Si tiene dudas, pregúntele a Grok, que también es de ellos.

Por cierto, Palantir, la gran empresa de vigilancia vinculada a la Inteligencia Artificial tiene a dos trabajadores como Teniente-Coroneles del ejército, vinculados Destacamento 201. El problema no es la colaboración público-privado, sino la privatización de la seguridad al servicio de un negocio y de una idea de nación donde les sobran no los inmigrantes, sino dos tercios de los norteamericanos. Si dejamos la IA en manos de unos locos, no nos quejemos de que el mundo enloquezca. No en vano, Palantir dice que eso de la democracia es una cosa de pobres pasada de moda. Los que defienden la democracia, dentro de poco se considerarán en EU traidores.

A usted, con toda certeza, también le están vigilando. Mientras no se queje, no hay problema. Aunque sepa que está en unas cuantas bases de datos que, cuando alguien lo necesite, las activará. Esas plataformas saben de usted más de 10 mil cosas. Usted no sabe tantas cosas de nadie que conoce.

Había una historia de Carlos Giménez, un dibujante de cómics, durante la Transición española donde dos sicarios de la extrema derecha iban a matar a un obrero sindicalista. Antes de asesinarlo, un sicario preguntaba al que iba a rematar: ¿sabes por qué vas a morir? Y la víctima contestaba: “por la libertad y el derecho a vivir como un hombre”. Luego le disparaba. De regreso, el otro sicario le preguntaba a su colega: ¿por qué le preguntaste eso antes de disparar? Y el tipo contestaba: es que ya me va jodiendo que ellos sepan por qué mueren y yo no sepa qué los mato.

La penetración tecnológica en nuestras sociedades es enormemente invasiva en cantidad y en intensidad. Esa intromisión tecnológica en nuestras sociedades, en concreto de una tecnología cargada de ideología, no ha sido nunca en toda la historia de la humanidad tan intensa. Es verdad que la electricidad determina prácticamente toda la sociedad. Si se corta el suministro, se paraliza un país acostumbrado a la energía eléctrica, y cuando ese corte es intencional se convierte en una violación de los derechos humanos, como está haciendo Trump en Irán o en Cuba.

Pero la tecnología hoy genera, como sostiene Varoufakis, repercusiones impresionantes: “la vigilancia ubicua, la orientación automatizada en los campos de batalla, la inestabilidad macroeconómica (ya que los alquileres en la nube destruyen la demanda agregada), el fin de la democracia como un ideal (aplaudido por Peter Thiel) y la muerte de las universidades reemplazadas por aumentos de inteligencia artificial personalizados”.

Palantir acaba de sacar en las redes un resumen en 22 puntos de un libro que publicó hace un año, La República Tecnológica: Poder Duro, Creencias Blando y el Futuro de Occidente, de Alexander C. Karp, CEO de la empresa, y Nicholas W. Zamiska Alex Karp, el CEO de esa empresa ¿Por qué lo sacan ahora?

En ese libro dice que van a defender a los ricos, a los blancos, a los hombres. En realidad, lo que le interesa son armas para vigilar, medios para mentir y entretener, lograr energía barata, materias primas y minerales raros, agua, grandes extensiones de tierras y datos. Dice que Silicon Valley son malos patriotas y que en vez de hacer iphones hay que hacer herramientas para ganar guerras. Que el poder blando no vale: que vivimos tiempos de machos y que las cosas se ganan por la fuerza y la fuerza la da el software, es decir, su empresa. Y no se te ocurra no fabricar armas porque entonces las fabricarán tus enemigos. No olvidemos que Peter Thiel acaba de estar en Roma hablando del Anticristo. Su discurso es claro: como ahí enfrente está el Anticristo, ayúdame a ser un Anticristo más temible. Y vais a hacer el servicio militar obligatorio porque necesito llenar los campos de cadáveres. Especialmente en el extranjero.

Y para ello contamos con las viejas armas nucleares y con las nuevas, la IA, que es la que va a lograr la nueva política de la disensión (quizá, digo yo, porque la siguiente guerra la haremos con palos y piedras). Y no hay disensión sin los EU que es el país de la paz (aunque lleve solo 20 años sin guerra en sus 250 años de existencia), a quien tiene que ayudar Japón y Alemania. Por cierto, dice que la desnazificación fue demasiado lejos. Pobre Alemania. Hay culturas de primera y culturas de segunda, lo que quiere decir que hay que acabar con algunas culturas. Como amenazó el otro día Trump con la civilización persa. Y para que los dirigentes no se molesten, hay que reducir el escrutinio público de los políticos, al tiempo que hay que darle un lugar especial a las religiones.

No olvidemos de que se trata de una empresa privada cuya misión es definir quién, como ha alertado Christophe Boutry, “debe ser vigilado, señalado como objetivo, neutralizado”, todo ello en nombre de superar la debilidad civilizacional. De manera que quien decide el enemigo, que siempre fue un monopolio de los Estado, ahora lo asume una empresa de unos racistas que siguen al nazi Carl Schmitt y dicen que aquí no vale la democracia, que lo que vale es un soberano, y que soberano, como dijo Schmitt, es el que tiene la capacidad de romperte las pelotas. “Es schmittismo con sudadera”, ha dicho el francés Boudry. Porque eso sí: van con camiseta y sudadera.

Nadie se va a escapar. Palantir, en su incansable cruzada por no dejar ningún sector estratégico sin vigilar, acaba de añadir los campos de maíz a su cartera. La empresa ha firmado un acuerdo de 300 millones de dólares con el Departamento de Agricultura para modernizar —eufemismo que en Silicon Valley significa "hacer irreconocible"— la gestión del campo estadounidense. Porque si hay algo que faltaba en la agricultura, era sin duda la participación de una compañía nacida para la inteligencia militar.

El movimiento se justifica, como siempre, apelando a una crisis de múltiples capas: la seguridad alimentaria ha ascendido de categoría y ahora se considera una rama más de la seguridad nacional, lo que convierte a cada granjero de Iowa en actor involuntario de la geopolítica global. La tecnología de Palantir se desplegará para supervisar quién es el dueño de qué parcela y, más concretamente, para detectar si algún comprador tiene apellido sospechosamente chino, dado que las adquisiciones de suelo estadounidense por parte de Pekín han encendido todas las alarmas en Washington. El software también permitirá al gobierno predecir interrupciones en la cadena de suministro provocadas por el encarecimiento de fertilizantes y combustible, efectos colaterales de las tensiones con Irán y de un panorama comercial internacional que cada semana se parece más a un juego de mesa mal explicado.

La solución podría pasar por regular todo esto. Alex Bores, del partido demócrata, se presenta a al Congreso en el 12º distrito de Nueva York.  Lleva tres años de Asambleísta pero, como recuerda Roi López Rivas, alguien se ha encargado de que no lo conozcas. Lleva 30 proyectos de ley aprobados y es coautor del RAISE Act, la primera ley real de seguridad en IA aprobada en un estado relevante. Un regulación que es delicada, pero que no ha evitado que la industria de la IA le haya declarado enemigo número 1, y desde algunos tanques de pensamiento ya llevan gastados $2.5 millones para acabar con la campaña del futuro congresista. ¿Quién financia esa campaña? Joe Lonsdale, cofundador de Palantir, Greg Brockman (cofundador de OpenAI) y Andreessen Horowitz. Y pueden multiplicar por cinco esa cantidad.

Pensemos que uno de los fundadores de Palantir, Joe Londsdale, aseguró que fundarón Palantir para asesinar a musulmanes y comunistas... Son gente sin límites porque son infinitamente ricos y les hemos dado la nueva arma nuclear: la IA. La generación Epstein a los mandos.

Y nos preguntábamos. ¿Por qué ahora Palantir decide impulsar ese libro?

El resumen se publicó el 18 de abril. Ese mismo día, Lula, Petro, Sheinbaum y Sánchez se reunían en Barcelona para la cumbre progresista GPM. La coincidencia es demasiado precisa para ser accidental. Además, Peter Thiel, la otra gran referencia de Palantir, iba a Argentina a reunirse con Milei.

El manifiesto de Palantir es la réplica ideológica exacta a ese encuentro.

Mientras los líderes progresistas debatían multilateralismo y regulación de plataformas, Palantir publicaba un documento que dice esencialmente lo contrario: que el poder duro importa más que los marcos normativos, que las democracias no sobreviven apelando a principios morales sino construyendo ventaja tecnológica, que el servicio nacional debería volver a ser obligatorio.

Es la definición de un movimiento de pinza ideológico: mientras la izquierda global se reúne en Barcelona, Palantir publica su visión del mundo desde el otro extremo del tablero.

Otro dirigente de Palantir, Shyam Sankar, declaró que la guerra con Irán es "la primera operación de combate a gran escala realmente impulsada por IA". Durante la Operación Epic Fury, el sistema Maven de Palantir procesó mil objetivos en las primeras 24 horas de operaciones.

Esto es crucial: el libro de Karp lleva más de un año publicado, pero hasta ahora era teoría. La guerra con Irán lo convirtió en reportaje en directo. Como le gusta a los gringos. El argumento central del libro —que el poder duro del siglo XXI se construye sobre software y que las democracias necesitan que sus empresas tecnológicas participen en la defensa nacional— acaba de ser demostrado empíricamente en un campo de batalla real. Publicar el resumen ahora no es marketing: es decir "lo dijimos antes de que ocurriera".

Además, a comienzos de abril, un famoso inversor a la baja -de los que compran millones en acciones contando con que van a bajar de precio (las piden a un bróker prestadas, las venden al precio de mercado y cuando bajan, las recompran, las devuelve y se queda la diferencia) Michael Burry ha tomado posiciones contra Palantir, afirmando que el precio fundamental de la compañía está "muy por debajo de 50 dólares por acción". Dice que está sobrevalorada, que la ha superado Anthropic y que la burbuja va a estallar.

Y el desprestigio de Trump es el de Palantir. La publicación del manifiesto llega en un momento crítico para Palantir, que enfrenta críticas globales por su apoyo al endurecimiento migratorio de Trump y su respaldo a las operaciones militares israelíes en Gaza, donde sus plataformas han sido usadas para producir "listas de eliminación" para el ejército israelí.

Sus contratos con ICE para deportaciones, con el Pentágono para targeting en Irán, con Israel para Gaza, generan presiones sobre su reputación, que amenaza su capacidad de contratar talento y expandirse comercialmente. El manifiesto de 22 puntos no es una respuesta defensiva: es un intento de convertir lo que sus críticos llaman "tecnofascismo" en una posición filosófica respetable sobre la responsabilidad cívica del poder tecnológico.

Karp no pide perdón; construye un marco moral en el que él es el adulto en la habitación.

El resumen no se publica a pesar de la controversia sino para provocarla. Palantir es una empresa cuyo valor de marca entre sus clientes —el Pentágono, agencias de inteligencia, gobiernos aliados— aumenta con cada polémica pública. Cada artículo que la llama "tecnofascista" en Al Jazeera o en Engadget la hace más atractiva para un Secretario de Defensa que necesita demostrar que su contratista no tiene reparos. Por eso el manifiesto incluye frases como: "La pregunta no es si se construirán armas de IA; es quién las construirá y para qué propósito. Nuestros adversarios no harán una pausa para enzarzarse en debates teatrales sobre los méritos de desarrollar tecnologías con aplicaciones militares críticas."

Eso no está escrito para convencer a los críticos. Está escrito para que los clientes lo lean y piensen: "Exactamente. Estos son los únicos adultos en Silicon Valley."

El timing perfecto es este: la guerra con Irán valida la tesis, el ataque de Burry crea urgencia financiera, la cumbre de Barcelona ofrece el contexto ideológico contrario, y la acumulación de contratos con DOGE, ICE, el Ejército y la agricultura crea la necesidad de un marco moral que explique por qué todo eso es bueno para la democracia. El manifiesto de 22 puntos es, en ese sentido, el mejor instrumento de relaciones públicas que Palantir ha producido: uno que parece lo contrario.

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