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11/11/2024

Se desmorona la Suprema Corte de Norma Piña

 contralinea.com.mx

Nancy Flores

Uno de los mayores reveses para la presidencia de Norma Piña en la Suprema Corte fue perder la votación para invalidar la nueva Constitución, y con ello frenar las elecciones de jueces y magistrados. Su paso como jefa del máximo tribunal quedará marcado en la historia no sólo por ese golpe “aguado” contra la Carta Magna, sino porque –en su desesperación– también buscó hacer trampa, al pretender que la mayoría calificada se alcanzaba con sólo seis votos. A partir de ahora, y ante la inminente salida del ministro Luis María Aguilar, el mandato de Piña se debilitará, mientras avanza el proceso electivo del Poder Judicial. Para el próximo año, de ese bloque conservador enquistado en la SCJN ya no quedará ni un solo integrante, pues el pasado 30 de octubre los ocho presentaron sus renuncias. Ahora, la responsabilidad de elegir a juzgadores que respondan al pueblo y no a intereses oligárquicos –nacionales y extranjeros– estará en manos del propio pueblo

En un hecho sin precedentes, un bloque de siete ministras y ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) –encabezados por Norma Lucía Piña Hernández– buscaron imponerse como un suprapoder no sólo frente al Ejecutivo y al Legislativo, sino también frente a la propia Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Pero, como auguró la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, el golpe de ese bloque conservador fue “aguado”, y ahora le pasará factura a la presidencia del máximo tribunal.

Además de Piña, se trata de los ministros Ana Margarita Ríos Farjat, Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena, Jorge Mario Pardo Rebolledo, Juan Luis González Alcántara Carrancá (quien fue el ponente del caso), Luis María Aguilar Morales y Javier Laynez Potisek. Bloque al que esta vez no se sumó Alberto Pérez Dayán, quien también responde a intereses alejados al pueblo.

Sin ese voto del ministro Pérez Dayán, el pasado 5 de noviembre el bloque conservador no pudo invalidar la nueva Constitución –para frenar las elecciones de jueces y magistrados, como proponía el ilegal proyecto del ministro González Alcántara Carrancá–, lo que es el más grande fracaso para la presidenta del máximo tribunal.

Hasta ahora, la ministra Norma Piña había tenido éxito en la mayoría de sus acciones anti democráticas; mientras que el revés más importante –previo a la votación del 5 de noviembre– había sido cuando, el 27 de agosto pasado, el ministro González Alcántara Carrancá se pronunció acerca de la contradicción de criterios 231/2024, que buscaba otorgar a la Corte –de forma indebida e ilegal– la competencia final sobre la asignación de diputaciones y senadurías por la vía plurinominal en el Congreso.

En el fondo, dicho recurso pretendía que desde la SCJN se le arrebatara la mayoría calificada en el Congreso a los partidos Morena, PT y Verde. El objetivo era claro: impedir la aprobación de la reforma judicial, que finalmente se votó en septiembre. Ese primer intentó de golpe “aguado” fracasó porque González Alcántara Carrancá rechazó lo que la ministra Norma Piña le había solicitado: que se negara en el proyecto que la decisión del TEPJF era inatacable.

El caso de la presidenta Norma Piña no se ciñe a su oposición a la democratización del Poder Judicial, sino a todo el proyecto de nación por el que ha votado la mayoría del pueblo en 2018 y 2024.

Desde que asumió el control del Poder Judicial, en enero de 2023, la ministra se decantó por obstaculizar la construcción de un nuevo régimen, y se alió con la oposición (incluidos los partidos políticos que ahora, artificialmente, intentaron generar una crisis constitucional, de la mano de medios corporativos de comunicación).

La decadencia que enfrenta la ministra Norma Piña inició prácticamente desde los primeros días de su mandato, cuando dejó al descubierto su oposición al gobierno del entonces presidente Andrés Manuel López Obrador, a pesar de que éste representaba la voluntad popular (al haber sido electo por 30 millones de votos).

Desde el principio de su gestión, la ministra presidenta –que también encabeza el Consejo de la Judicatura– convocó a jueces y magistrados a actuar en supuesta independencia judicial, lo que derivó en la liberación de decenas de generadores de violencia (sobre todo ligados al Cártel Jalisco Nueva Generación) y de delincuentes de cuello blanco, lo que contribuyó a la inseguridad, así como a la inestabilidad política y social.

Asimismo, alentó que los ministros y ministras del bloque conservador suplantaran al Poder Legislativo: la Suprema Corte invalidó más de 70 leyes y reformas –incluida la Ley de la Industria Eléctrica–; además de otorgar amparos –no sólo en el máximo tribunal sino también en juzgados y tribunales– que afectaron obras, políticas públicas –como la distribución de libros de texto gratuitos– o que impidieron luchar contra la corrupción.

Pero Norma Piña no se detuvo ahí, en agosto de 2023 amenazó por primera vez y de forma pública la transición del poder, al declarar que el proceso electoral de 2024 no sería pacífico ni habría estabilidad democrática si no se les asignaba el presupuesto millonario que pedía. Para diciembre, se reunió en una cena con el líder del PRI –Alito Moreno–, en la casa del ministro González Alcántara Carrancá, y tres magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, para presionar a estos últimos y que aceptaran ser encabezados por el calderonista Reyes Rodríguez Mondragón. A la cena también estaba convocado el panista Santiago Creel, entonces jefe de campaña de Xóchitl Gálvez, pero no asistió.

Para abril de 2024, en la antesala del proceso electoral, su ponencia abrió y filtró un expediente de investigación contra el expresidente de la Corte en retiro Arturo Zaldívar, quien para entonces ya era parte del equipo de campaña de la ahora presidenta Claudia Sheinbaum.

Por ello, la titular del Poder Judicial pasará a la historia como una funcionaria y jurista deshonesta, capaz de hacer trampa y alterar intencionalmente la interpretación de la ley máxima en beneficio de unos cuantos, como ocurrió el pasado 5 de noviembre, cuando no sólo convalidó un proyecto espurio, sino que hasta intentó impulsar la idea de que seis votos configuraban mayoría calificada para pasar por encima de la voluntad mayoritaria, que el 2 de junio también votó por el Plan C.

FOTO: GALO CAÑAS/CUARTOSCURO.COM

El descalabro del 5 de noviembre

En una de las sesiones más observadas, el pasado 5 de noviembre el Pleno de la Suprema Corte analizó las impugnaciones formuladas contra el Decreto por el que se reforman, adicionan y derogan diversas disposiciones de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en materia de reforma del Poder Judicial, publicada el 15 de septiembre de 2024.

De forma inaudita, el máximo tribunal dio entrada a los recursos contra la Constitución promovidos por los opositores partidos Acción Nacional, Revolucionario Institucional y Movimiento Ciudadano. Y por mayoría de votos consideró que los partidos políticos sí tienen personalidad jurídica para oponerse a la Constitución.

No obstante, el proyecto de Carrancá no alcanzó la mayoría calificada de ocho votos –en contra de éste, votaron las ministras Lenia Batres, Yasmín Esquivel, Loretta Ortiz y Alberto Pérez Dayán–, por lo cual no se pudo declarar la procedencia de las acciones analizadas ni invalidar diversos preceptos que ya forman parte de la Constitución.

Al sólo alcanzar siete votos, y tras varias horas de discusión, Norma Piña propuso un receso para que el resto de ministros y ministras pensaran si procedía una supuesta mayoría calificada de sólo seis votos. Al reanudar la sesión, la presidenta de la Corte reiteró que para ella seis votos eran suficientes.

No obstante, su propuesta tampoco pasó, y el Pleno del máximo tribunal tuvo que desestimar los conceptos de invalidez en la acción de inconstitucionalidad 164/2024 –y sus acumuladas 165/2024, 166/2024, 167/2024 y 170/2024– promovidas por el Partido Acción Nacional, Partido Revolucionario Institucional, diversas diputadas y diputados del Congreso del Estado de Zacatecas, Partido Movimiento Ciudadano y Partido Unidad Democrática de Coahuila.

FOTO: GRACIELA LÓPEZ/CUARTOSCURO.COM

Los partidos opositores exigían en sus recursos que la Suprema Corte declarara la invalidez del Decreto por el que se reforman, adicionan y derogan diversas disposiciones de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en materia de reforma del Poder Judicial, publicado en el Diario Oficial de la Federación del 15 de septiembre de 2024.

Visiblemente molesta porque no le alcanzaron los votos para pasar por encima de la Carta Magna, la presidenta Norma Piña cerró aquella sesión, no sin antes advertir que el resultado de la votación no implicaba que la Suprema Corte se hubiera pronunciado sobre la validez de la reforma judicial. En realidad ya no hacía falta, porque la reforma judicial ya es parte de la nueva Constitución, y en los hechos avanzará para democratizar al Poder Judicial.

Así, a partir de ahora, y ante la inminente salida del ministro Luis María Aguilar Morales –cuyo encargo acaba a fines de este mes de noviembre–, el mandato de Piña se debilitará, mientras avanza el proceso electivo del Poder Judicial. En los meses que aún le restan al mandato de Norma Piña ya no tendrá mayoría calificada para asestar algún otro golpe, todo vendrá de las salas de la Corte, pero el daño ya será mínimo.

Para noviembre de 2025, de ese bloque conservador enquistado en la SCJN ya no quedará ni un solo integrante, pues el pasado 30 de octubre los ocho ministros y ministras presentaron sus renuncias, por lo que no se someterán al proceso electivo. Quienes sí competirán serán las ministras Lenia Batres, Yasmín Esquivel y Loretta Ortiz.

Ahora, la responsabilidad de elegir a juzgadores que respondan al pueblo y no a intereses oligárquicos –nacionales y extranjeros– estará en manos del propio pueblo. De acuerdo con la convocatoria, la primera elección de ministros, magistrados y jueces será en junio de 2025. Frenar la llegada de los conservadores neoliberales al máximo tribunal deberá ser la prioridad para la mayoría.

1/08/2024

Ministros de la Corte ocultan percepción adicional a su sueldo




Nancy Flores

La presidenta de la Corte, Norma Piña, y los otros ministros y ministras de la Suprema Corte clasificaron como “confidenciales” una percepción adicional a su sueldo, el monto total de lo que ganan quincenalmente y las deducciones que se les aplican, bajo el argumento de que “son personas físicas identificadas o identificables”. Esta decisión violaría la Ley General de Transparencia, que establece como obligación revelar cuánto se les paga a todos los servidores públicos. Hasta ahora, lo que se puede documentar plenamente son los 5.6 millones de pesos que cada uno de ellos se embolsa al año por: sueldo, aguinaldo, pago por riesgo, dos seguros y dos primas. No obstante, hay otras canonjías que se les pagan con el erario: dos camionetas de lujo blindadas tipo Suburban; viajes para ellos y su familia nuclear; internet, iPads, computadoras y videovigilancia en sus casas; personal de apoyo para sus hogares; 22 mil pesos para gasolina, entre otras. Con la llegada de Lenia Batres a la SCJN podría revelarse por primera vez con exactitud cuánto ganan los integrantes del Pleno, pues la nueva ministra se comprometió a devolver a la Tesofe los indebidos excesos

El 14 de noviembre de 2023, la Suprema Corte de Justicia de la Nación clasificó como “confidencial” el monto total de los sueldos, percepciones y deducciones de los ministros y ministras, bajo el argumento de que los juzgadores son “personas físicas identificadas o identificables” y que, según su criterio, se trata de datos personales. En particular, censuró el pago de una percepción adicional a los sueldos de la presidenta del máximo tribunal, Norma Lucía Piña Hernández, y de los ministros y ministras: Jorge Mario Pardo Rebolledo, Ana Margarita Ríos Farjat, Juan Luis González Alcántara Carrancá, Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena, Alberto Pérez Dayán, Loretta Ortiz Ahlf, Javier Laynez Potisek, Yasmín Esquivel Mossa, Luis María Aguilar Morales, y el ahora exministro Arturo Zaldívar Lelo de Larrea.

https://contralinea.com.mx/interno/semana/ministros-de-la-corte-ocultan-percepcion-adicional-a-su-sueldo/

Hasta ahora, lo que se puede documentar plenamente es el ingreso anual por 5 millones 612 mil 432 pesos que cada uno de ellos se embolsa, por conceptos de: sueldo, aguinaldo, pago por riesgo, dos seguros y dos primas. Y permanece oculta una percepción adicional, de acuerdo con lo que se observa en los documentos contables donde consta el pago quincenal a cada uno de los juzgadores, empezando por Norma Piña.

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No obstante que la Corte argumenta que esa percepción es “confidencial” por tratarse de “datos personales”, la Ley General de Transparencia y Acceso a la Información Pública (en su artículo 70, fracción VIII) determina que ese máximo tribunal y todas las instituciones públicas están obligados a transparentar: “la remuneración bruta y neta de todos los servidores públicos de base o de confianza, de todas las percepciones, incluyendo sueldos, prestaciones, gratificaciones, primas, comisiones, dietas, bonos, estímulos, ingresos y sistemas de compensación, señalando la periodicidad de dicha remuneración”.

La censura sobresale no sólo porque estaría contraviniendo la ley, sino también porque los ministros y ministras de la Corte se han asumido como defensores de la “transparencia”, al asumir la defensa del Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales: en agosto de 2023 falló para que el pleno del Inai sesionara con cuatro comisionados; y en octubre de ese mismo año, para que el Senado discutiera el nombramiento de los tres comisionados que faltan.

La Suprema Corte tomó la decisión de censurar los datos del sueldo total y de la percepción adiconal, luego de que Contralínea solicitó –desde el 9 de mayo de 2023– copias de los comprobantes de pago de cada uno de los ministros y ministras, tanto en activo como en situación de retiro. Estos documentos permitirían conocer con exactitud los pagos que les hace el erario de la nación de forma directa; sin embargo, seis meses después, el máximo tribunal respondió a cada una de las peticiones de acceso a la información que en dichas copias “se suprime en color negro la siguiente información confidencial de las incidencias de nómina de los ministros: los datos personales relativos al número de expediente; RFC; forma de pago, número de cuenta bancaria; concepto y monto de las percepciones y deducciones derivadas de sus decisiones personales, así como el total de percepciones y deducciones, al ser personas físicas que las hacen ser identificadas o identificables”.

En los documentos obtenidos por medio de la Ley General de Transparencia, se documenta que cada ministro y ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación cobra del erario nacional al menos 5.6 millones de pesos anuales, a razón de: un sueldo bruto mensual de 297 mil 403.77 (3 millones 568 mil 844.4 pesos anuales); pago por riesgo bruto anual de 640 mil 585.3 pesos; aguinaldo bruto de 585 mil 503.7 pesos; seguro de separación individualizado bruto mensual por 44 mil 65.2 pesos (528 mil 782.4 pesos al año); prima vacacional semestral bruta, de 47 mil 737.3 pesos (95 mil 470.6 pesos anuales).

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Adicionalmente, en los informes abiertos de la Plataforma Nacional de Transparencia se evidencia que la Suprema Corte le paga a cada uno de los juzgadores de su Pleno un seguro de gastos médicos mayores por 12 mil 953.2 pesos mensuales (155 mil 438.4 pesos al año), y un seguro de vida institucional mensual por 3 mil 150.6 pesos (37 mil 807.2 pesos anuales). Esto es que cada ministro y ministra de la Corte gana mensualmente al menos 467 mil 702.6 pesos.

Ahora, con la llegada de Lenia Batres Guadarrama a la SCJN, podría revelarse por primera vez con exactitud cuánto ganan los integrantes del Pleno, pues la nueva ministra se comprometió a devolver a la Tesorería de la Federación los excesos indebidos.

Incluso en su discurso de imposición de la toga, el pasado 4 de enero de 2024, la nueva juzgadora exhibió a sus pares, al indicar que, desde hace 14 años, la Suprema Corte ha incumplido “el artículo 127 constitucional, que fija como límite para la remuneración de las personas servidoras públicas la establecida para el presidente de la República. Disposición que no fue impuesta ni por el actual mandatario [Andrés Manuel López Obrador] ni por las mayorías parlamentarias actuales, sino que entró en vigor en 2010. La insistencia en este tema no responde a una política o a ideales de una cierta visión partidista, simplemente considero que nos corresponde acatar la Constitución”.

El expediente que entregó la Suprema Corte a Contralínea –después de prorrogar los tiempos en más de cinco ocasiones– demuestra que a los ministros y ministras de la Corte se les paga quincenalmente su sueldo. Las copias de los “reportes de incidencias de nómina” indican que el pago quincenal se integra de la siguiente manera:

“0001 Sueldo Base [por] 27 mil 135.05 [pesos]; 0002 Compensación Garantizada [por] 116 mil 76.87 [pesos]; 0004 Prestación de Previsión Social MM [por] 1 mil 90.71 [pesos]; 0005 Prestación inherente al cargo [por] 4 mil 399.27 [pesos]”, lo que hace un total quincenal de 148 mil 640 pesos (297 mil 403.77 al mes).
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Sin embargo, hay un pago que figura en el mismo espacio de las percepciones que fue intencionalmente testado en todos los comprobantes, y que cada quincena aparece como parte de la nómina. De éste se censura todo: el concepto, la clave y el monto, por lo que no es posible conocer por qué se justifica como un ingreso “derivado de sus decisiones personales”. Además, se oculta en las copias el pago total, por lo que tampoco se puede conocer la cifra global de las percepciones de los ministros y ministras de la Corte.

Tal como acusó la ministra Lenia Batres, los ingresos de sus pares violan la Constitución. Al respecto, el pasado 5 de enero de 2024, en su conferencia matutina, el presidente López Obrador insistió en que debe haber una política de austeridad de Estado. Y criticó: “¡cómo es posible que un ministro que está obligado a cumplir con la Constitución esté violando la Constitución porque gana más que el presidente, cuando el artículo 127 de la Constitución establece que ningún funcionario puede ganar más que lo que obtiene el presidente de la República, y ellos ganan cuatro veces más que lo que yo percibo! Y no es porque yo quiera ganar como ellos, sino porque se me hace ofensivo, habiendo tantas necesidades, tanta pobreza, los que imparten justicia se sirvan con la cuchara grande”.

El primer mandatario observó que la ministra Lenia Batres expuso en el pleno de la Corte ese mismo señalamiento, y dijo que eso significa “que ella no va a cobrar eso. Y ojalá y hagan lo mismo otros, y que cumplan con el compromiso que hicieron de que se fideicomiso que tienen para esas prestaciones especiales, extravagantes, onerosas, para garantizarles privilegios; esos 15 mil millones los destinen a ayudar en la recuperación, rehabilitación y apoyo a la gente damnificada de Acapulco y de Coyuca, como lo habían ofrecido, nada más que se desviaron y empezaron, imagínense, a promover amparos ellos mismos, los jueces. Es lamentable, los jueces empiezan a promover amparos, un poco lo que hicieron para no bajarse el sueldo”.

López Obrador cuestionó: “¿cómo le hacen, si la Constitución establece que nadie puede ganar más que el presidente? ¿Cómo retorcieron la ley? Se ampararon para seguir ganando lo mismo, es decir, para seguir manteniendo los privilegios. Bueno, en este caso del fideicomiso, igual, de repente un juez se ampara y luego otro juez se ampara. Y lo que no sucede cuando se imparte justicia para otros ciudadanos, muy rápido, justicia rápida y expedita, llega a la Corte y ahí está el ministro [Javier] Laynez [Potisek]. Y el ministro que tiene interés en el caso, como juez y parte, resuelve de que no procede lo que se aprobó en el Poder Legislativo, que es un poder independiente, que tiene como facultad la aprobación de las leyes, y anulan la decisión del Poder Legislativo, se sitúan por encima del Poder Legislativo, se rompe el equilibrio y la división de poderes”.
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Ingresos adicionales

Acerca de esos privilegios que señala el presidente de la República, en mayo de 2023, el entonces senador Ricardo Monreal reveló los privilegios de los ministros y ministras de la Corte con cargo al dinero del pueblo, que además de los elevados sueldos que contravienen la Constitución, incluyen otras canonjías pagadas con dinero del pueblo:

    Sueldo de 297 mil 404 pesos mensuales, que es muy superior al del presidente de la República.
    Aguinaldos de 586 mil 93 pesos, que representan 40 días de sueldo.
    Primas vacacionales de 95 mil 475 pesos, que equivalen a 10 días de sueldo.
    Un fondo para comer en restaurantes de lujo, por 723 mil 690 pesos
    Un comedor especial en la SCJN, donde pueden ordenar a la carta alimentos y bebidas alcohólicas.
    Presupuesto de 5 millones 540 mil 930 pesos mensuales para contratar personal.
    Dos vehículos blindados tipo Suburban, con valor acumulado de 6 millones de pesos, que se renuevan cada dos años.
    Pago por riesgo de más de 640 mil 372 pesos al año.
    Apoyos para gasolina por 22 mil pesos mensuales.
    Apoyos ilimitados para el pago de peajes en autopista.
    Escoltas del Servicio de Protección Federal para algunos ministros y ministras.
    Seguros para autos y casa habitación.
    Atención especial a ministras y ministros para reservaciones en restaurantes, trámites de licencias, visas y otros.
    Atención personalizada en el aeropuerto, que cuenta con personal de la SCJN, para que ministras, ministros y sus acompañantes no hagan filas ni sean revisados.
    Viáticos para vuelos, hospedaje y comidas en viajes oficiales tanto en México como en el extranjero, para lo cual se les otorgan pasaportes diplomáticos a ministros, ministras y su familia nuclear.
    Salones especiales en el aeropuerto, en donde se les ofrecen comidas y bebidas exclusivas.
    Dos periodos vacacionales al año, de 15 días cada uno.
    Tres equipos de cómputo e impresión.
    Seis teléfonos celulares de gama alta para ministras, ministros y familiares y personal de apoyo, con plan ilimitado de datos, que se renuevan cada año.
    Tres iPads con servicio de internet ilimitado.
    Papelería personalizada.
    Computadoras, impresoras e internet en su domicilio, pagados por la SCJN.
    Apoyo de soporte técnico por parte del personal de la SCJN.
    Posibilidad de instalar videovigilancia en sus casas, con cargo al erario.
    Seguro de gastos médicos para ministras, ministros y su familia nuclear, por 30 millones de pesos en adelante.
    Un monto de 188 mil 99 pesos al año para compra de medicamentos.
    Atención especial por parte de personal de la SCJN y aseguradoras en cualquier trámite de seguros.
    Seguro de vida institucional por 12 millones de pesos.
    Pago por defunción de un millón 189 mil 615 pesos.
    Ayuda para gastos funerarios por 30 mil pesos.
    Apoyos económicos para lentes por 3 mil 100 pesos para ministras, ministros, cónyuge y descendientes.
    Cuando se retiran, reciben una pensión vitalicia por casi la totalidad de su sueldo.
    Al dejar sus funciones, también tienen derecho a un haber de retiro.
    En la jubilación, conservar los vehículos que tuvieron asignados.
    Dos “personas de apoyo” para estar a su servicio durante la jubilación, pagadas por la SCJN.
    Seguro de separación individualizado, de aproximadamente 20 millones de pesos al final de sus 15 años de servicio.
    Acceso a un área de atención especial para ministras y ministros jubilados.
    Un estímulo por antigüedad de 1 mil pesos anuales.
    En 14 fideicomisos, el Poder Judicial suma recursos por 20 mil 149 millones 765 mil 377 pesos, que se utilizan principalmente para mantener estas prestaciones de por vida.
    Todo lo anterior da como resultado un presupuesto de 80 mil millones de pesos.

9/19/2023

Cuñado de Salinas y dueño de Imagen, detrás de contratos leoninos de hospitales

Nancy Flores

Los contratos leoninos de los nueve hospitales que el gobierno de López Obrador busca comprar benefician a seis consorcios, entre ellos el de Hipólito Gerard Rivero, cuñado del expresidente Carlos Salinas de Gortari; el de Olegario Vázquez Aldir –dueño de Grupo Imagen–, y el de la familia Servitje, del Grupo Bimbo. En el primer caso, la empresa GIA+A tiene dos contratos por 11.7 mil millones; en el segundo, Prodemex ostenta tres contrataciones por más de 40 mil millones de pesos; y en el tercero, Marhnos, con 4 mil millones. Los otros beneficiarios son: Ortiz Construcciones en sociedad con Grupo Invex (más de 21 mil millones); las españolas Sacyr –12.5 mil millones– y Acciona –3 mil millones–. Los avalúos demuestran que el sobrecosto de los nueve nosocomios es de 1 mil 789 por ciento, pues aunque valen apenas 5 mil 200 millones, la administración federal está obligada a pagarles 93 mil 817 millones de pesos. Las contrataciones se hicieron en los sexenios de Fox, Calderón y Peña bajo la figura de asociación público privada, uno de los múltiples eufemismos de la privatización

Un cuñado del expresidente Carlos Salinas de Gortari, el dueño de un medio de comunicación, empresarios expertos en hacer pan y en especulación financiera, así como trasnacionales españolas son los beneficiarios de los contratos leoninos que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador busca renegociar, para dejar de pagar sobrecostos multimillonarios, inmorales e injustificables. Sin embargo, los seis consorcios implicados se resisten a vender esas minas de oro: nueve hospitales privatizados en los gobiernos de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

Y es que los nueve nosocomios les representan ganancias multimillonarias a costa del erario de la nación, e incluso de forma indebida: los avalúos ordenados por el presidente de la República demuestran que el sobrecosto de esas contrataciones es de 1 mil 789 por ciento, pues aunque apenas valen 5 mil 242 millones 182 mil pesos, la administración federal está obligada a pagarles 93 mil 817 millones de pesos en 25 años.

El esquema ha sido tan abusivo y ventajoso, que el costo real de todos los hospitales ya fue saldado y varias veces. No obstante, como si de un barril sin fondo se tratara, el gobierno está obligado a pagarles, año con año, una cantidad similar o superior al monto invertido en su construcción. Más aún, en seis casos el propio erario les financió las obras mediante créditos de Banobras o recursos del Fonadin.

Al amparo del poder, los seis consorcios se hicieron del lucrativo negocio mediante un esquema de asociaciones público privadas –eufemismo de la privatización–, y a pesar de que la administración federal les ha ofrecido pagarles un precio justo por esos hospitales–basado en el avalúo máximo–, éstos han respondido que prefieren renegociar los montos para seguir chupando dinero del erario nacional. Ante el claro abuso, otra vía para el gobierno federal sería expropiárselos, pero el presidente López Obrador negó que vaya a hacerlo.

El 13 de septiembre, el primer mandatario reveló en su conferencia matutina que los dueños de los seis consorcios le mandaron decir que ellos prefieren negociar una disminución en la tarifa; y aprovechó para responderles que no, “porque, aunque le bajemos la mitad, de todas maneras es mucho”. Y cuestionó: “¿ustedes creen que es correcto, es justo, es moral? Máxime si los que reciben estos contratos están vinculados de una u otra forma al gobierno; si esto es producto de influyentismo, si tiene que ver con el manejo de medios de información o de manipulación”.

Ello, porque detrás de las contrataciones se encuentran, por ejemplo, la empresa Promotora y Desarrolladora Mexicana de Infraestructura (Prodemex), propiedad de Olegario Vázquez Aldir (dueño de Grupo Imagen, Hospital Ángeles y Hoteles Camino Real); y la compañía Constructora y Edificadora GIA+A, presidida por Hipólito Gerard Rivero, cuñado del expresidente Carlos Salinas de Gortari.

De acuerdo con información del Banco Nacional de Obras y Servicios (Banobras), en la lista de empresas beneficiadas también están: las españolas Sacyr y Acciona; las empresas Marhnos –de la familia Servitje; Ortiz Construcciones y Proyectos y el Grupo Invex.

Los hospitales

Los abusos en estas contrataciones se evidencian en los pagos indebidos que las empresas obtienen año con año. Tan sólo el pago anual de este 2023 asciende a 5 mil 651 millones de pesos por esas contrataciones, monto que supera en 400 millones de pesos el costo total real que arrojó el avalúo: el valor máximo de los nueve hospitales apenas asciende a 5 mil 242 millones 182 mil pesos. Esto es que en un año se pagan.

De acuerdo con la información del gobierno federal, dos de esos hospitales corresponden al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), cuatro al Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), y tres a la Secretaría de Salud.

  1. Hospital General Regional en Tapachula, Chiapas (IMSS).

Identificado con el folio APP‐019GYR040‐E24‐2017, este contrato benefició a las empresas Promotora y Desarrolladora Mexicana de Infraestructura –de Vázquez Aldir– y a Infraestructura & Healthcare, representadas por José Manuel González Hernández.

De acuerdo con el gobierno federal, el monto total del contrato asciende a 17 mil 364 millones de pesos, a pesar de que su precio máximo –según el avalúo– apenas asciende a 603 millones 107 mil pesos. Este año, el consorcio que encabeza Prodemex va a cobrar 633 millones como pago anual por arrendamiento; es decir, 30 millones de pesos más de lo que en realidad costaría comprarlo.

Así, la empresa de Vázquez Aldir cobró su costo real en 2017, año cuando entró en operaciones; y de ahí en adelante ha obtenido puras ganancias a costa del dinero del pueblo. Y en caso de que los empresarios se resistan a vender, la renta –“el IMSS pagará una contraprestación al desarrollador privado por la disponibilidad de los servicios, con cargo a su presupuesto multianual autorizado”, señala Banobras– se tendrá que pagar hasta 2042. Esto es: 24 años de saqueo al erario nacional.

FOTO: DANIEL AUGUSTO/CUARTOSCURO.COM

El nosocomio de segundo nivel tiene una capacidad de 180 camas censables, 36 consultorios para la atención de 38 especialidades médicas y ocho quirófanos, con una superficie construida de 26 mil 813 m2. Y según Banobras, “los servicios médicos son proporcionados por personal del IMSS”. Es decir, Prodemex solo renta el cascarón.

Y por si eso no fuera bastante, además al dueño de Grupo Imagen se le financió la obra con dinero del pueblo de México. De acuerdo con la banca de desarrollo, se trató de un “proyecto con participación financiera o apoyo de Banobras y/o Fondo Nacional de Infraestructura (Fonadin)”.

Es por ello que el presidente López Obrador acusó el pasado 13 de septiembre que los medios están muy enojados con su gobierno, y mencionó específicamente los casos de Imagen y El Financiero, pues en el primer caso –dijo– hacía jugosos negocios en el sector salud; y en el segundo caso, con las cárceles cuando Genaro García Luna –preso en Estados Unidos por haberse asociado con el Cártel de Sinaloa– comandaba la Secretaría de Seguridad, en el sexenio de Calderón.

  1. Hospital General de Zona de Bahía de Banderas, Nayarit (IMSS).

El contrato por 25 años que favoreció también a Prodemex en sociedad con Infraestructura & Healthcare, tiene un costo total por 15 mil 161 millones de pesos, a pesar de que comprarlo representaría apenas una inversión pública de 372 millones 176 mil pesos, indica el avalúo máximo. Al igual que el caso anterior, por renta, este año las empresas se embolsarán más dinero de lo que vale: 585 millones de pesos.

Identificado con el folio APP‐019GYR040‐E2‐2017, para la construcción de este hospital de segundo nivel la empresa de Olegario Vázquez Aldir ni siquiera invirtió el total del dinero requerido: los datos oficiales indican que el proyecto se realizó “con participación financiera o apoyo de Banobras y/o Fondo Nacional de Infraestructura (Fonadin)”.

El nosocomio tiene una capacidad de 144 camas censables, 35 consultorios para la atención de 36 especialidades médicas y siete quirófanos, con una superficie construida de 22 mil 301.06 m2. Mientras que la banca de desarrollo apunta que los servicios médicos son proporcionados por personal del IMSS.

  1. Clínica Hospital en Mérida, Yucatán (ISSSTE).

Este es el tercer negocio redondo para la iniciativa privada, con una vigencia de 25 años –de 2016 a 2041–. Aunque al gobierno federal le costaría únicamente 212 millones 641 mil pesos adquirir su propiedad, está obligado a pagar un total de 5 mil 85 millones de pesos por su renta en el periodo. Tan sólo este año desembolsará 304 millones de pesos por el arrendamiento, cifra que representa 91 millones 386 mil pesos más que su costo real máximo, según el avalúo oficial.

El contrato APP-019GYN006-E3-2016 se asignó a favor de Constructora y Edificadora GIA+A, empresa que preside Hipólito Gerard Rivero, cuñado del expresidente Salinas de Gortari, y contó –como las obras anteriores– con financiamiento público de Banobras o el Fonadin.

Según los datos de la banca de desarrollo, la unidad médica de segundo nivel cuenta con una superficie de construcción de 14 mil 240.00m2, y una capacidad de 18 consultorios, tres quirófanos, un quirófano en tococirugía, 66 camas censables, 15 camas de observación en urgencias, camas no censables en terapia intensiva, tococirugía y unidad quirúrgica. Mientras que la prestación de los servicios médicos es proporcionada por el personal del ISSSTE.

Sal cuestionar el origen de la molestia que sienten los dueños de los medios de comunicación con el gobierno federal, el presidente López Obrador señaló: “¿quiénes hacían los negocios en el sector Salud, los negocios más jugosos en el sector Salud? Entre otros, los cuñados de Salinas de Gortari, los Gerard. Ni modo que el Reforma hable de esto. ¿Saben que los Gerard construían hospitales que cuestan mil millones y recibieron contratos para que se les paguen por un hospital de mil millones, 20 mil millones? Así como se los estoy planteando. Los dueños de la televisora donde está Ciro [Grupo Imagen, de Vázquez Aldir], igual. El dueño de El Financiero [Manuel Arroyo] construye, o reconstruye porque hasta lo inauguró creo Calderón con García Luna, un penal en Papantla, Veracruz, y hay que pagar miles de millones de pesos porque privatizaron los penales”.

El primer mandatario agregó: “entonces, cuando ya no se permiten estas cosas se ponen enfurecidos y esa es la explicación de fondo. Ya no pueden robar, porque no es hacer negocio, es robar. Entonces, a robar a otra parte, ahora tenemos que cuidar el presupuesto público porque es dinero de todos”.

  1. Hospital General en la Delegación Regional Sur de la Ciudad de México (ISSSTE).

También financiado por el erario a través de Banobras o el Fondo Nacional de Infraestructura, este nosocomio benefició a Sacyr Concesiones y Sacyr Concesiones México, filiales de la trasnacional española Sacyr, presidida por Manuel Manrique Cecilia; y a Prestadora de Servicios Alencastre, consorcio representado por Juan Carlos Pérez Rivero.

Comprar este hospital le costaría al gobierno federal 1 mil 128 millones 694 mil pesos, pero la modalidad de contratación como asociación público privada lo obliga a pagarle al consorcio –en un plazo transexenal de 25 años: de 2017 a 2042– 12 mil 524 millones de pesos. En 2023, la renta asciende a 700 millones de pesos, monto que cubriría el 62 por ciento del pago total por su adquisición.

Esta unidad médica cuenta con 32 especialidades, 35 consultorios, ocho quirófanos, seis servicios auxiliares de diagnóstico y nueve servicios auxiliares de tratamiento, medicina interna, cirugía general, gineco-obstetricia, pediatría, urgencias, terapia intensiva. En este caso las empresas tampoco están obligadas a prestar los servicios médicos, pues esos corresponden al ISSSTE.

  1. Unidad que sustituye al Hospital General Doctor Aquiles Calles Ramírez, en Tepic, Nayarit (ISSSTE).

Identificado con el folio APP-019GYN006-E5-2017, el contrato benefició a Ortiz Construcciones y Proyectos –presidida por Juan Antonio Carpintero López–; Invex Grupo Infraestructura (encabezado por Jorge Zapata Alvarado); Invex Infraestructura Salud; y Corporativo de Hospitales. El avalúo máximo revela que si el gobierno federal lo comprara, el costo es de 586 millones 86 mil pesos. No obstante, está obligado a pagar 21 mil 475 millones de pesos por esa misma unidad médica en un periodo de 23 años (de 2017 a 2040).

Tan sólo este 2023, el ISSSTE debe pagarle a esas empresas 1 mil 476 millones de pesos por la renta. La cifra supera en 889 millones 914 mil pesos el costo real de la edificación. Además de esta injusticia para el dinero del pueblo, con el propio erario se financió la obra: el Banco Nacional de Obras y Servicios reconoce que este proyecto se construyó “con participación financiera o apoyo de Banobras y/o Fondo Nacional de Infraestructura”.

La unidad médica de segundo nivel tiene una superficie de construcción de 26 mil 570.79m2, y una capacidad de 150 camas censables y 59 camas no censables, con 32 especialidades médicas, 35 consultorios de especialidades, siete quirófanos, seis auxiliares de diagnóstico y ocho auxiliares de tratamiento. “Las prestaciones de los servicios médicos serán proporcionadas por el personal del ISSSTE”, indica el reporte de Banobras.

  1. Hospital General en Villahermosa, Tabasco (ISSSTE).

Este proyecto financiado por Banobras y/o el Fonadin benefició a Prodemes –de Vázquez Aldir– y a Infraestructura & Healthcare, con un contrato que obliga al gobierno federal a pagarles 8 mil 344 millones de pesos por este hospital –durante 23 años: de 2017 a 2040–, cuando en realidad comprarlo costaría apenas 515 millones 630 mil pesos.

En este 2023, el ISSSTE debe pagar por su renta 446 millones de pesos, cifra que representa el 86.4 por ciento del valor máximo que pagaría la administración federal por su adquisición.

La unidad de segundo nivel de atención se construyó sobre un terreno de 50 mil m2, y cuenta con 90 camas censables y 58 no censables, así como 35 especialidades médicas; con consulta externa en 41 consultorios, cinco quirófanos y farmacia. Y como en los otros casos, “es responsabilidad del ISSSTE brindar los Servicios de Atención Médica a sus derechohabientes”.

  1. Hospital Regional de Alta Especialidad de Ciudad Victoria, Tamaulipas, “Bicentenario 2010” (Secretaría de Salud).

El proyecto que data del gobierno de Felipe Calderón (2007), benefició a la empresa Marhnos, propiedad de Nicolás Mariscal Servitje e Ignacio Mariscal Servitje (también consejeros de Grupo Bimbo) con un contrato que tiene vigencia hasta 2032. Si el gobierno lo comprara en este momento, pagaría por ese hospital un monto máximo de 629 millones 284 mil pesos, y no los 4 mil 109 millones que está obligado a dar por su arrendamiento.

Tan sólo en 2023, la Secretaría de Salud debe saldar 531 millones de pesos por la renta, cifra que cubriría el 84 por ciento de lo que en realidad vale. Su capacidad instalada de acuerdo con Banobras es de 94 camas censables, 95 no censables, nueve quirófanos, 35 consultorios de especialidad y uno de telemedicina, 26 especialidades médicas, 14 especialidades quirúrgicas, ocho subespecialidades quirúrgicas y cuatro unidades de especialidad médica de apoyo. “El personal médico es responsabilidad de la Secretaría de Salud”.

  1. Hospital Regional de Alta Especialidad del Bajío y Unidad de Apoyo (Secretaría de Salud).

Se trata del proyecto más antiguo: se adjudicó en el sexenio de Fox (2005), y está vigente hasta 2030. Este contrato favoreció a la española Acciona –que preside José Manuel Entrecanales Domecq–. Si se comprara en este año, el erario de la nación pagaría 587 millones 660 mil pesos.

No obstante, la contratación leonina implica un gasto total de 3 mil 131 millones de pesos. Y sólo en 2023, la obligación de pagarle a Acciona 354 millones de pesos por el arrendamiento.

Este nosocomio cuenta con 184 camas censables, 63 camas no censables, y cartera de servicios. Al igual que con los casos anteriores, “los servicios médicos serán proporcionados por personal de la Secretaría de Salud”.

  1. Hospital Regional de Alta Especialidad de Ixtapaluca y Unidad de Apoyo (Secretaría de Salud).

Éste es otro proyecto que data del gobierno calderonista (2009), y que benefició Constructora y Edificadora GIA+A, de Hipólito Gerard Rivero, así como a las españolas Assignia Infraestructuras y Eductrade. Vigente hasta 2033, este contrato asciende a 6 mil 624 millones de pesos, cuando el costo real del nosocomio es de apenas 606 millones 904 mil pesos.

Este año, la administración federal debe pagar por la renta 622 millones de pesos, cifra que implica 15 millones de pesos que el monto que se pagaría por su compra total.

La capacidad instalada es de 246 camas censables y 202 no censables, cuenta con 36 consultorios, 14 quirófanos y una unidad de apoyo. Al igual que los demás, “los servicios médicos serán proporcionados por personal de la Secretaría de Salud”.

A pesar de los abusos, el presidente López Obrador les envió un mensaje el pasado 13 de septiembre: “no te vamos a expropiar tu hospital, no te vamos a dejar sin nada, vamos a hacer un avalúo, lo que vale tu hospital, con todos sus equipos, todo, todo, todo, y te lo pagamos, y tú tienes ahí dinero para hacer cualquier otro negocio. Y te lo pagamos ya, en efectivo, no en abonos chiquitos, te lo pagamos, y quedamos como amigos y en santa paz”.


10/31/2022

Los crímenes de Zedillo: Fobaproa, narcotráfico, masacres, privatizaciones…


Nancy Flores

El expresidente Ernesto Zedillo tiene varias deudas con la justicia mexicana, entre las que destacan: el latrocinio del Fobaproa –delito continuado pues se terminará de pagar hasta 2042­– y demás rescates de la oligarquía con dinero público; los presuntos nexos de su familia con el cártel de los Amezcua Contreras; las masacres de Acteal, El Charco, Aguas Blancas y El Bosque, consideradas crímenes de lesa humanidad que no prescriben; la estrategia de constrinsurgencia que aplicó en su gobierno contra el EZLN; así como la retahíla de privatizaciones de los bienes de la nación y el perdón fiscal que su gobierno otorgó a sus hermanos

El sexenio del priísta Ernesto Zedillo Ponce de León (diciembre de 1994-noviembre de 2000) se caracterizó por ser abiertamente contrario a los intereses de las mayorías: sus políticas públicas limitaron directamente los derechos humanos (considerados también necesidades humanas fundamentales) de alimentación, salud, trabajo, abrigo, educación, vivienda, entre otros. No sólo los más pobres fueron afectados, sino también la llamada clase media que, tras el “error de diciembre” –o crisis del “efecto tequila”–, se pulverizó. Esas políticas fueron clasistas, pues sólo beneficiaron a la élite burguesa.

Emblema de esas políticas públicas antisociales –que incrementan el número de personas en situación de pobreza, amplían la brecha de desigualdad social, restringen los derechos y deterioran la calidad de vida de la mayoría de las personas– son los rescates de un puñado de empresarios con dinero público y la profundización de las privatizaciones, en un contexto en el que ya se había demostrado el fracaso de la venta de los bienes públicos a la iniciativa privada.

Y es que en lugar de atender las necesidades de la población más vulnerable, con el Fobaproa, el gobierno zedillista no sólo convirtió en pública la multimillonaria deuda de los banqueros –misma que comprometió las finanzas públicas de los siguientes siete sexenios: los más de 2.5 billones de pesos que ha implicado el rescate bancario de Zedillo se terminarán de pagar hasta 2042–, sino que también con dinero público rescató a los dueños de carreteras, de ingenios azucareros y aerolíneas (sectores que privatizó apenas unos cinco años atrás su antecesor, el también priísta Carlos Salinas de Gortari).

Otro ejemplo de las políticas antisociales de Ernesto Zedillo es la serie de privatizaciones que concretó su administración –en continuidad de la política neoliberal de los priístas Miguel de la Madrid y Salinas de Gortari–: ferrocarriles, satélites, puertos y aeropuertos, exploración petrolera y distribución de gas natural, sistemas de agua potable, servicio de limpia, tratamiento de aguas residuales. Todo, en detrimento de la población.

https://contralinea.com.mx/interno/semana/los-crimenes-de-zedillo-fobaproa-narcotrafico-masacres-privatizaciones/

Los latrocinios –hurto o fraude que se comete contra bienes públicos– no son los únicos crímenes imputables al expresidente Ernesto Zedillo. Además están los presuntos vínculos de su primer círculo familiar con el llamado cártel de Colima, comandado en aquella década de 1990 por los hermanos Amezcua Contreras, identificados como los reyes de las metanfetaminas. Así, al amparo del poder, se incrementó el tráfico de drogas ilegales en el país con destino a Estados Unidos; y, asociado a éste, el delito de lavado de dinero.

No obstante, el otrora poderoso presidente de la República ordenó a la entonces Procuraduría General de la República (PGR) cerrar el expediente de investigación sobre la relación de negocios que tenía su familia política –padre y hermanos de su esposa Nilda Patricia Velasco– con ese cártel de los hermanos Amezcua Contreras.



Otros casos de corrupción que lo involucraron fueron los contratos de obras públicas entregados a la empresa de su familia, llamada Grupo Intecom, en un claro conflicto de interés, y el haber otorgado perdones y condonaciones fiscales, vía la Secretaría de Hacienda y el Servicio de Administración Tributaria, a sus hermanos Ponce de León.

Al mismo tiempo que se beneficiaba de su cargo público y entregaba recursos públicos al poder económico con rescates y privatizaciones, el zedillismo combatía con ferocidad toda disidencia: desde los movimientos sociales en contra de su política neoliberal, como el del Barzón y el del Consejo General de Huelga de los estudiantes de la UNAM (que mantuvo en paro por nueve meses a la máxima casa de estudios en contra de la privatización de la educación, y fue disuelto mediante la represión en febrero de 2000), hasta los conflictos armados, como el del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

Entre diciembre de 1994 y noviembre de 2000, su gobierno ejecutó una estrategia de contrainsurgencia en contra de milicianos del EZLN y de pueblos indígenas en general, que incluía uso de paramilitares, ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas y violaciones sexuales. Sólo por citar algunos de los delitos de lesa humanidad que cometió aquel gobierno están las masacres de Acteal, El Charco, Aguas Blancas y El Bosque. Los crímenes de esta naturaleza, por ser violaciones graves a derechos humanos, no prescriben.

Y como parte de esa guerra contra la sociedad, su sexenio consolidó el ya extinto Centro de Investigación y Seguridad Nacional, especializado en espionaje político. Ello, de la mano de Alejandro Alegre Rabiela –secretario general del Cisen de 1994 a 1999, y director en 2000, hoy encumbrado en el Banco de México como titular de la Dirección General de Emisión y Cajero Principal– y Genaro García Luna, preso en Estados Unidos por colaborar con el Cártel de Sinaloa.

El rescate de bancos, carreteras…

El mayor latrocinio de Zedillo es, sin duda, el Fobaproa-IPAB. Tras el llamado “error de diciembre” de 1994 –considerado el inicio de una de las peores crisis financieras recientes del país– el priísta endosó la multimillonaria deuda de los bancos a los mexicanos, en complicidad con Felipe Calderón, entonces líder del PAN, partido que acompañó esta política pública de convertir una deuda privada en pública–.

Al respecto, la Auditoría Superior de la Federación estimó que, “al considerar sólo el pago de intereses, el saldo de la deuda podría aumentar a 2 billones 564 mil 472.3 millones de pesos al cierre del año 2042”



En 1996, Zedillo aseguró en su Segundo informe de gobierno que el costo del rescate ascendería a sólo 180 mil millones de pesos. De acuerdo con su mensaje, publicado en el Diario Oficial de la Federación el 2 de septiembre de 1996, el doctor en economía afirmó que los apoyos canalizados a través del sistema bancario “no son para respaldar a los accionistas de los bancos. Son para proteger la integridad de los recursos depositados por las personas, las familias y las empresas en la banca, así como para auxiliar a los deudores a fin de que participen y contribuyan en la recuperación de la economía. Por eso, se han comprometido recursos fiscales, estimados a precios de 1996 en más de 180 mil millones de pesos, que se irán erogando a lo largo de varios años”.

En su el informe especial Infraestructura financiada con ingresos futuros, la Auditoría Superior señalaba desde 2017 que “el importe de compromisos del IPAB corresponde a los pagos programados de intereses de acuerdo con los ingresos de las cuotas que recibirá el instituto en los próximos 25 años, por 1 billón 243 mil 265.7 millones de pesos y de recursos fiscales que el gobierno federal transfiere al IPAB, por 421 mil 754.7 millones de pesos”.

Para la ASF, esas obligaciones de pago futuras de los esquemas financieros representan riesgos para las finanzas del actual y los próximos sexenios, pues “podrían reducir los márgenes de acción del gobierno federal, así como de las

entidades federativas, para atender otras necesidades de gasto; este riesgo puede incrementarse si se adicionan también los compromisos de pago del IPAB (1 billón 665 mil 18.4 millones de pesos) … lo que necesariamente incidirá en mayores presiones sobre las finanzas públicas”.

Y de acuerdo con la Secretaría de Hacienda, al segundo trimestre de 2022 esta deuda que heredó Zedillo casi alcanzó los 930 mil millones de pesos: “el monto de los pasivos netos del Instituto [IPAB] a precios corrientes, pasó de 919 mil 669 millones de pesos en diciembre de 2021 a 929 mil 696 millones de pesos en junio de 2022, presentando un incremento en términos nominales de 1.09 por ciento y una disminución de 2.83 por ciento en términos reales, considerando qué durante ese periodo, la inflación acumulada fue de 4.04 por ciento”.



Además del Fobaproa, el gobierno zedillista destinó recursos públicos para el rescate de otros sectores privatizados apenas el sexenio anterior. De acuerdo con el análisis “Privatizaciones realizadas durante el gobierno de Ernesto Zedillo” –de la investigadora Carmen Silvia Zepeda Bustos–, en ese sexenio “se permitieron los onerosos rescates de la banca, de las aerolíneas, de los ingenios azucareros y de las carreteras, entre otros, todos privatizados en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari”.

Como ejemplo, cita el caso del sector carretero, privatizado con Salinas mediante 52 concesiones –hasta por 50 años– para construir 5 mil kilómetros de autopistas. Hasta octubre de 1995, las inversiones superaban los 62 mil millones de pesos: 46 por ciento (28 mil 500 millones) financiado por el sistema bancario nacional; 24 por ciento (casi 15 mil millones) por los concesionarios; 14 por ciento (8 mil 680 millones) por créditos no bancarios; 13 por ciento por el gobierno federal (8 mil millones); y 3 por ciento (1 mil 860 millones de pesos) por gobiernos estatales.

“El esquema fracasó debido a las altas tasas de interés, reducido tránsito vehicular y plazos de recuperación relativamente cortos. Las constructoras Triturados Basálticos (Tribasa) y Grupo Mexicano de Desarrollo (GMD) se declararon en suspensión de pagos, alegando que el negocio no había sido rentable a raíz de la crisis de 1994; no se cumplió con las expectativas de aforos vehiculares, y por el incremento de costos financieros, entre otros factores. Hacia 1996, se perfiló la posibilidad de que el gobierno federal retomara al menos cinco de las carreteras concesionadas: Durango-Yerbanís, Gómez Palacio-Cuencame-Yerbanís y otras localizadas en Campeche, Zacatecas o Chiapas. En 1997, la administración de Zedillo rescata las empresas, comprando sus activos carreteros por montos equivalentes a 40 por ciento de su valor, mediante unos pagarés de indemnización carretera, a saldar en cinco, 10 y 15 años. En agosto de ese mismo año, fueron rescatadas 23 autopistas de las cuales tres aún estaban en construcción; a éstas se sumaron los tramos Pátzcuaro-Uruapan y Matamoros-Reynosa, consideradas inviables por los concesionarios, totalizando así 25 autopistas.”

El análisis agrega que ese mismo año, la deuda bancaria que asumió el gobierno federal por el Programa de Rescate Carretero sumó 36 mil 646.1 millones de pesos, “además de los 21 mil 78.6 millones que se canalizaron al pago de indemnización de los participantes mediante los PIC’s –para poder liquidar las cuentas por pagar de los proyectos– para lo cual se constituyó en el Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos (Banobras), el Fideicomiso de Apoyo para el Rescate de Autopistas Concesionadas (FARAC), en el que Banobras actuó a su vez como fideicomitente y fiduciario, lo cual no está permitido por la ley en la materia. El pago de estos réditos, iniciado desde la constitución del FARAC, ha figurado de manera constante como parte del costo financiero del gobierno federal, y su cuantificación contable es independiente al monto principal del endeudamiento asumido por el rescate carretero”.

La investigadora Zepeda Bustos añade que las principales empresas beneficiarias fueron Tribasa –concesionaria no sólo de carreteras, sino también de puertos marítimos, aeropuertos, ferrocarriles y sistemas de agua potable, entre otros negocios, como la construcción de infraestructura petrolera, de electricidad y gas–, GMD e Ingenieros Civiles Asociados (ICA).

Otro de los rescates de Zedillo fue el de los más de 60 ingenios azucareros rematados en los sexenios de Miguel de la Madrid y Salinas–: entre 1995 y 2000 se les entregaron recursos públicos por 8 mil 938 millones 436.4 mil pesos (2 mil 784 millones 701.1 mil para capitalizar a Financiera Nacional Azucarera –Finasa–, 2 mil 743 millones 300.6 mil como subsidio de Finasa, 2 mil 686 millones de otros subsidios, 477 millones 384.9 mil como apoyo a las exportaciones de excedentes de azúcar, y 247 millones 49.8 mil pesos por apoyos al manejo de inventarios de azúcar nacional, de acuerdo con el análisis “La agenda del azúcar mexicano 1990-2003: origen y causas de la crisis financiera”.

Elaborado por los investigadores Víctor Manuel Castillo Girón y Alma Alicia Aguirre Jiménez, el estudio apunta que “al mismo tiempo que se acentuaban los problemas de las factorías azucareras del país, por los incrementos en los pasivos, se intensificaban los apoyos económicos y subsidios del gobierno federal hacia la industria azucarera”.

Las privatizaciones

En plena crisis económico-social, Zedillo decidió beneficiar aún más a los ricos. El poder económico mexicano y extranjero se hizo de áreas estratégicas antes controladas por el gobierno. Por ejemplo, en 1995, el Senado de la República aprobó la iniciativa zedillista para vender los Ferrocarriles Nacionales de México. “Para facilitar la privatización, el sistema ferroviario fue dividido en tres troncales regionales: (1) el Ferrocarril del Noreste, (2) el Ferrocarril del Pacífico Norte, y (3) el Ferrocarril del Sureste y la Terminal Ferroviaria del Valle de México, así como varios ferrocarriles con vías de corta longitud, señala el análisis “Privatizaciones realizadas durante el gobierno de Ernesto Zedillo”.

Asimismo, agrega que en ese sexenio se concesionaron los puertos y aeropuertos: en marzo de 1996, la SCT inició la privatización ocho de las 18 Administraciones Portuarias Integrales del país, mientras que en el caso de los aeropuertos, “uno de los concesionarios de los aeropuertos es Grupo Aeroportuario del Pacífico (GAP), constituido por las empresas españolas Aena, Dragados, Concesiones de Infraestructura, SA, y los mexicanos Pal Aeropuertos, SA, y Promotora Aeronáutica del Pacífico (PAP)”.

En materia de electricidad, apunta que “mediante el sesgo de las reformas a la Ley del Servicio Público de Energía Eléctrica, de 1992, a través de la Comisión

Reguladora de Energía, el gobierno de Ernesto Zedillo abrió parcialmente la posibilidad de la inversión privada en el sector, otorgando importantes concesiones a partir de 1995, sobre todo bajo la figura de productor independiente de energía, mecanismo en ascenso por la inconstitucional venta de energía para el servicio público”.

En abril de 2022, la Suprema Corte de Justicia de la Nación desestimó la acción de inconstitucionalidad contra la Ley de la Industria Eléctrica aprobada en 2021, que –entre otras cosas– ordena revocar contratos de generación para autoabastecimiento y permisos de compraventa de energía, por ser fraudulentos.

Además del ferrocarril, los puertos y aeropuertos, Zedillo privatizó la distribución de gas (favoreciendo a la española Gas Natural y a la estadunidense Enron); los satélites Morelos I, Morelos II, Solidaridad I, Solidaridad II y el proyecto Satmex 5; concesionó reservas, unidades y plantas mineras; e incentivó “los negocios privados en pesca y acuacultura, que desarticularon la vida comunitaria de los pescadores”, advierte el análisis “Privatizaciones realizadas durante el gobierno de Ernesto Zedillo”.

En esos mismos años y a la par de esas políticas públicas antisociales, en México se fue ampliando la pobreza y la marginación. Oficialmente, el gobierno zedillista admitió haber generado 4 millones 714 mil 63 nuevos pobres alimentarios, es decir, que carecían “del ingreso para adquirir la canasta básica alimentaria, aun si se hiciera uso de todo el ingreso disponible en el hogar exclusivamente para la adquisición de estos bienes”.

Además, su gobierno propició que 4 millones 330 mil 738 de personas se sumaran a las filas de pobres en capacidades, esto es que presentan insuficiencia de ingresos para adquirir la canasta alimentaria y efectuar los gastos necesarios en salud y educación, aun si se hiciera uso de todo el ingreso disponible en el hogar exclusivamente para la adquisición de estos bienes y servicios.

Y mandó a la pobreza patrimonial a 5 millones 681 mil 744 de personas, que es la “insuficiencia del ingreso disponible para adquirir la canasta alimentaria y efectuar los gastos necesarios en salud, educación, vestido, vivienda y transporte, aun si se hiciera uso de todo el ingreso disponible en el hogar exclusivamente para la adquisición de estos bienes y servicios”.

Y es que datos estadísticos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social –que históricamente fueron manipulados por el gobierno– indican que en 1994 (último año del gobierno de Carlos Salinas), 19 millones 8 mil 88 personas se encontraban en situación de pobreza alimentaria; 26 millones 885 mil 596, en pobreza de capacidades; y 47 millones 18 mil 805, en pobreza patrimonial. Para 2000 (último año del gobierno de Zedillo), 23 millones 722 mil 151 personas estaban en pobreza alimentaria; 31 millones 216 mil 334, en pobreza de capacidades; y 52 millones 700 mil 549, en pobreza patrimonial.

Crisis más severa desde Crack del 29

El 20 de diciembre de 1994 estalló el “efecto tequila”, crisis considerada por el Banco de México como la más grave desde el llamado “jueves negro” o Crack de 1929. Al año siguiente, el doctor en economía y presidente de la República destinaba dinero del pueblo mexicano a recapitalizar bancos privados, mediante el Fondo Bancario de Protección al Ahorro. Ello, a pesar de que el rescate fue aprobado –con la anuencia del panismo– hasta 1998, el 12 de diciembre mientras muchos mexicanos celebraban el Día de la Virgen de Guadalupe. Aquella fecha, el Barzón y otras organizaciones sociales protestaban afuera de la Cámara de Diputados. Carlos Medina Plascencia era entonces el coordinador del Grupo Parlamentario del PAN en la Cámara de Diputados (LVII Legislatura, 1997-2000).

Hace unos días, el 20 de octubre pasado –en Madrid, España–, Felipe Calderón confesó que en 1998, cuando era líder de Acción Nacional, dio su aprobación al Fobaproa luego de que se lo pidiera directamente Zedillo. Incluso dijo haber pensado en aquel momento que esa decisión le significaría su “muerte política”. No fue así: ocho años más tarde, en 2006, el PRI le pagó avalando el fraude electoral que lo llevó a la Presidencia.

En su Informe anual 1995, el Banco de México señaló que ese año “la economía mexicana sufrió la crisis más severa ocurrida desde la década de los años treinta. […]. La actividad económica mostró una contracción muy marcada. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, el valor del producto interno bruto (PIB) medido a precios constantes de 1980 se redujo 6.9 por ciento. La denominada ‘absorción’ de la economía –representada por la suma de los gastos de consumo e inversión tanto públicos como privados– disminuyó 15.9 por ciento. Por tanto, en 1995 la demanda agregada, medida a precios constantes, se redujo 10.2 por ciento después de haber aumentado 4.9 por ciento el año anterior. Esta contracción sólo pudo ser compensada parcialmente por la expansión de las exportaciones de bienes y servicios, las cuales mostraron acrecentado dinamismo. Durante 1995 el gasto total en consumo se redujo 11.7 por ciento”.

El reporte agregó que “la devaluación del peso mexicano tuvo importantes repercusiones sobre la salud del sistema bancario nacional: aumento sin precedente de la cartera vencida de las instituciones de crédito y descenso de sus niveles de capitalización”.

Por ello, ese año se lanzó el Programa de Capitalización Temporal para rescatar a los bancos donde el coeficiente capital/activos descendió por debajo del mínimo establecido en la normativa (luego de que los créditos bancarios en moneda extranjera incrementaron considerablemente su valor en moneda nacional). El Banxico justificó que “las disposiciones sobre constitución de reservas preventivas implicaron la necesidad de recapitalizar algunas instituciones de crédito. En estas condiciones, el Fobaproa adquirió instrumentos representativos de deuda subordinada emitidos por los bancos comerciales con coeficientes de capital según la regulación (de riesgos crediticios) inferiores al 8 por ciento.

“El 31 de marzo de 1995 se incorporaron al Programa cinco instituciones. Los créditos otorgados al amparo de este programa alcanzaron un máximo de 7 mil 8 millones de pesos en el mes de mayo […]. En 1995, seis instituciones fueron intervenidas por la CNBV y/o recibieron apoyo de Fobaproa: Banpaís, Banco Obrero, Banco de Oriente, Banco del Centro, Banco Interestatal y Banco Inverlat. Además, Banco Unión y Cremi, instituciones que fueron intervenidas en 1994, recibieron créditos de Fobaproa durante 1995”. Todos habían sido entregados por Salinas a empresarios apenas cinco años antes.

Como si no existiera memoria histórica de lo que significó para millones de personas el manejo de la crisis económica de 1995 (menoscabo o pérdida total de ahorros, desempleo, pérdida de viviendas –porque se dispararon los costos de las hipotecas–, quiebra de micros, pequeñas y medianas empresas), ahora Ernesto Zedillo da “clases” de economía y manejo de crisis en defensa del modelo neoliberal.

El pasado 20 de octubre, declaró en Madrid: “vamos mal en las economías [de América Latina]: estamos teniendo retrocesos sensibles, en algunos casos dramáticos en lo social y, claro, ahora, tenemos gobiernos que explican esos resultados. Yo diría que hay tres cosas que están sucediendo con muchos de esos gobiernos: en primer lugar hemos visto un repudio de las reformas [neoliberales] que se emprendieron en el pasado reciente, a finales del siglo pasado y muy a principios de este siglo. Es un repudio no solamente retórico, sino también un repudio en los hechos. Obviamente al existir esa actitud, hay también la falta de interés de completar las reformas, hecho que en buena medida explica los malos resultados, la situación insatisfactoria de manera justificada para muchos ciudadanos de los resultados no tienen que ver con las reformas que se hicieron, si no que tienen mucho que ver con las reformas que no hemos completado en América Latina. Y el tercer aspecto de esta conducta –quizás es lo más preocupante, porque no solamente es que se repudian las reformas y que no se hace lo que falta por hacer en términos de reformas– es que además se recuperan recetas del pasado, actitudes, políticas e incluso ideologías que son parte del fracaso del pasado en América Latina. Y eso es terrible”.

Según Zedillo, el mal que asola a la región latinoamericana proviene del populismo: “yo diría que lo peor de esa recuperación de los malos atributos latinoamericanos, que nos está lacerando y constituye la mayor amenaza para nuestros países, es la regresión democrática que estamos viviendo. Son muchos gobiernos donde los liderazgos han surgido como en los populismos clásicos, prometiendo que el maná caerá del cielo, fórmulas mágicas para resolver nuestros problemas y culpar siempre a los otros. Y los otros puede ser ‘el pasado’, los otros pueden ser ‘los extranjeros’, los otros pueden ser hasta ‘gente de este lado del océano’. Nunca se reconoce la responsabilidad propia para enfrentar y resolver esos problemas, y eso es la historia del populismo, de acceder al poder con demagogia; pero, eso sí, en estos casos la mayoría de esas liderazgos populistas accedieron al poder gracias a la democracia que otros construyeron. Toman el poder con la democracia y la primera tarea es empezar a erosionar, a destruir la democracia que con tanto trabajo se había construido en América Latina”. Nada dijo de todo el mal que causó a este país durante su mandato.