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7/05/2023

Posible, la rebelión antineoliberal en AL, considera Chomsky

 David Brooks y Jim Cason / II, corresponsales 

Nueva York y Washington. La Jornada: En América Latina se sigue librando una rebelión política antineoliberal.

Chomsky: Sí. En América Latina hay una larga historia de élites depredadoras fuera de control. La comparación con Asia del este es muy notable en este sentido. Países asiáticos del este importan bienes de capital mientras Brasil importa bienes de lujo. Durante su periodo de desarrollo los de Asia del este no podían exportar capital, de hecho por un tiempo en Corea del Sur había pena de muerte por hacerlo. En Brasil si uno desea otro hogar más en la Riviera, adelante. Estos son problemas serios. ¿Cómo vas a controlar a las élites depredadoras latinoamericanas que no tienen ningún compromiso con sus países –siempre están librando una guerra de clases feroz–.

Uno lo puede ver en Brasil, por ejemplo. El Congreso bolsonarista acaba de adoptar medidas que son extremamente peligrosas para Brasil y, de hecho, para todo el mundo en relación con la Amazonia. Lula, cuando regresó al poder, tenía un compromiso para frenar la destrucción de la Amazonia –lo cual es catastrófico para Brasil y el mundo por su papel en la ecología global–. Nombró a Marina Silva, una ecologista muy dedicada y comprometida para encargarse de los temas ambientales. Bueno, el Congreso ha estado limitando la jurisdicción de Silva, trasladando esos poderes a otras partes del gobierno que seguirán los intereses de la agroindustria y la minería para obtener ganancias de corto plazo a costa de destruir a Brasil. En el mundo, eso se llama negocios.

Eso es difícil de cambiar en Bra­sil: si vas a intentar salvar la Amazonia, tendrás que buscar la manera de superar el poder de la agroindustria y la minería, la cual no es doméstica, sino internacional. Y tienen argumentos, incluyendo a algunos legisladores del Partido de los Trabajadores: tenemos millones de personas que no tienen suficiente alimento, debemos tener crecimiento. ¿Cómo logras crecer? Vendiendo res a Europa. ¿Y cómo le vendes carne a Europa? Destruyendo la Amazonia. ¿Tienes otra respuesta a eso? Creo que sí hay algunas repuestas, pero no es nada fácil, ya que giran en torno a las estructuras institucionales.

Hoy día, hay otro intento en partes de América Latina de liberarse de este legado destructivo. Demasiado lejos de Dios, demasiado cerca a Estados Unidos… Confronta barreras mayores, tanto interna como externamente, va estar muy duro.

La Jornada: Si usted estuviera sentado con algunos de estos líderes que rechazan el neoliberalismo, qué les aconsejaría de cómo manejar a Estados Unidos?

Chomsky: Pues, en torno a Estados Unidos hay maneras de cómo intentar proceder. A escala internacional, y no sólo en América Latina, se está desarrollando un conflicto sobre dos concepciones del orden global. Una es de un sistema multipolar con lo que se llama un orden basado en la Organización de Naciones Unidas, y éste contempla varios centros de poder separados. Los [países del] BRICS, si son revitalizados bajo la iniciativa de Lula, podrían convertirse en un centro mayor de poder, especialmente con China al centro. Países como India, Indonesia, África del Sur, Brasil están trabajando lentamente en maneras de desarrollar el comercio y otras relaciones de manera independiente del sistema dominado por Estados Unidos.

Por otro lado, el sistema unipolar implica, claro, la dominación estadunidense. Ese es el conflicto mayor en camino, y uno lo puede ver de varias maneras. La invasión de Ucrania por Putin le ofreció a Estados Unidos un enorme regalo llamado Europa. Europa fue entregada a Estados Unidos como un vasallo. La mayoría de los europeos, según sondeos, apoya la posición de Macron de buscar algún tipo de independencia. Pero no las élites europeas, esas quieren bolear los zapatos de Washington. Entonces Europa está en declive tal vez, mientras Estados Unidos ha ampliado la OTAN a la región Indo-Pacífico.

El propósito es muy claro, declarado explícitamente por la secretaria de Comercio Gina Raimundo: tenemos que reclutar a Europa en nuestro esfuerzo para evitar la innovación y desarrollo económico de China. Para Europa esto es devastador, perder al mercado chino sería monstruoso, y las empresas europeas están opuestas, como también sus contrapartes coreanas y japonesas y hasta algunas estadunidenses. No desean romper con las relaciones muy lucrativas con China sólo para satisfacer el objetivo de El Padrino de evitar que China se desarrolle, lo cual es bastante salvaje cuando lo piensas, pero es una política bipartidista en Estados Unidos y nadie la puede cuestionar. Es jingoísmo enloquecido, pero es el mundo en que vivimos.

Entonces, externamente hay maneras para que América Latina proceda en direcciones algo independientes con otros centros de poder en el mundo, con China, India, Indonesia, África del Sur, entre otros.

El neoliberalismo en America Latina /II
Los países del BRICS, opción contra la dominación de Estados Unidos
Las élites europeas quieren bolear los zapatos a Washington

En esta segunda parte de su charla con La Jornada, el autor de Porque lo decimos nosotros. Ideal democrático, estrategias de poder y manipulación en el siglo XXI ofrece algunas percepciones sobre la rebelión antineoliberal en América Latina y cómo tratar de maniobrar ante el poder estadunidense

Foto
▲ Noam Chomsky en la sede de La Jornada, el 18 de septiembre de 2009.Foto Carlos Ramos Mamahua
Corresponsales
Periódico La Jornada
Martes 4 de julio de 2023, p. 14

Nueva York y Washington., La Jornada: En América Latina se sigue librando una rebelión política antineoliberal.

Chomsky: Sí. En América Latina hay una larga historia de élites depredadoras fuera de control. La comparación con Asia del este es muy notable en este sentido. Países asiáticos del este importan bienes de capital mientras Brasil importa bienes de lujo. Durante su periodo de desarrollo los de Asia del este no podían exportar capital, de hecho por un tiempo en Corea del Sur había pena de muerte por hacerlo. En Brasil si uno desea otro hogar más en la Riviera, adelante. Estos son problemas serios. ¿Cómo vas a controlar a las élites depredadoras latinoamericanas que no tienen ningún compromiso con sus países –siempre están librando una guerra de clases feroz–.

Uno lo puede ver en Brasil, por ejemplo. El Congreso bolsonarista acaba de adoptar medidas que son extremamente peligrosas para Brasil y, de hecho, para todo el mundo en relación con la Amazonia. Lula, cuando regresó al poder, tenía un compromiso para frenar la destrucción de la Amazonia –lo cual es catastrófico para Brasil y el mundo por su papel en la ecología global–. Nombró a Marina Silva, una ecologista muy dedicada y comprometida para encargarse de los temas ambientales. Bueno, el Congreso ha estado limitando la jurisdicción de Silva, trasladando esos poderes a otras partes del gobierno que seguirán los intereses de la agroindustria y la minería para obtener ganancias de corto plazo a costa de destruir a Brasil. En el mundo, eso se llama negocios.

Eso es difícil de cambiar en Bra­sil: si vas a intentar salvar la Amazonia, tendrás que buscar la manera de superar el poder de la agroindustria y la minería, la cual no es doméstica, sino internacional. Y tienen argumentos, incluyendo a algunos legisladores del Partido de los Trabajadores: tenemos millones de personas que no tienen suficiente alimento, debemos tener crecimiento. ¿Cómo logras crecer? Vendiendo res a Europa. ¿Y cómo le vendes carne a Europa? Destruyendo la Amazonia. ¿Tienes otra respuesta a eso? Creo que sí hay algunas repuestas, pero no es nada fácil, ya que giran en torno a las estructuras institucionales.

Hoy día, hay otro intento en partes de América Latina de liberarse de este legado destructivo. Demasiado lejos de Dios, demasiado cerca a Estados Unidos… Confronta barreras mayores, tanto interna como externamente, va estar muy duro.

La Jornada: Si usted estuviera sentado con algunos de estos líderes que rechazan el neoliberalismo, qué les aconsejaría de cómo manejar a Estados Unidos?

Chomsky: Pues, en torno a Estados Unidos hay maneras de cómo intentar proceder. A escala internacional, y no sólo en América Latina, se está desarrollando un conflicto sobre dos concepciones del orden global. Una es de un sistema multipolar con lo que se llama un orden basado en la Organización de Naciones Unidas, y éste contempla varios centros de poder separados. Los [países del] BRICS, si son revitalizados bajo la iniciativa de Lula, podrían convertirse en un centro mayor de poder, especialmente con China al centro. Países como India, Indonesia, África del Sur, Brasil están trabajando lentamente en maneras de desarrollar el comercio y otras relaciones de manera independiente del sistema dominado por Estados Unidos.

Por otro lado, el sistema unipolar implica, claro, la dominación estadunidense. Ese es el conflicto mayor en camino, y uno lo puede ver de varias maneras. La invasión de Ucrania por Putin le ofreció a Estados Unidos un enorme regalo llamado Europa. Europa fue entregada a Estados Unidos como un vasallo. La mayoría de los europeos, según sondeos, apoya la posición de Macron de buscar algún tipo de independencia. Pero no las élites europeas, esas quieren bolear los zapatos de Washington. Entonces Europa está en declive tal vez, mientras Estados Unidos ha ampliado la OTAN a la región Indo-Pacífico.

El propósito es muy claro, declarado explícitamente por la secretaria de Comercio Gina Raimundo: tenemos que reclutar a Europa en nuestro esfuerzo para evitar la innovación y desarrollo económico de China. Para Europa esto es devastador, perder al mercado chino sería monstruoso, y las empresas europeas están opuestas, como también sus contrapartes coreanas y japonesas y hasta algunas estadunidenses. No desean romper con las relaciones muy lucrativas con China sólo para satisfacer el objetivo de El Padrino de evitar que China se desarrolle, lo cual es bastante salvaje cuando lo piensas, pero es una política bipartidista en Estados Unidos y nadie la puede cuestionar. Es jingoísmo enloquecido, pero es el mundo en que vivimos.

Entonces, externamente hay maneras para que América Latina proceda en direcciones algo independientes con otros centros de poder en el mundo, con China, India, Indonesia, África del Sur, entre otros.

4/11/2023

Noam Chomsky: hoy día, los locos manejan el manicomio

 jornada.com.mx

David Barsamian y Noam Chomsky

David Barsamian: El 20 de marzo pasado, el Panel de la ONU sobre Cambio Climático emitió su informe más reciente. La nueva evaluación de los científicos advirtió que queda poco tiempo que perder para enfrentar la crisis del clima. El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, señaló: “El ritmo de aumento de la temperatura en el medio siglo pasado es el mayor en dos mil años. Las concentraciones de dióxido de carbono son las más altas por lo menos en dos millones de años. La bomba de tiempo del clima está haciendo tictac”. En la COP 27 comentó: “Estamos en ruta hacia el infierno climático y todavía tenemos el pie en el acelerador. Es el tema definitorio de nuestro tiempo, el desafío central de nuestro siglo”. Mi pregunta para usted es: se diría que la supervivencia es un tema apremiante, pero ¿por qué no hay un mayor sentido de urgencia para atenderlo de manera sustancial?

Noam Chomsky: Fue una declaración muy fuerte de Guterres. Creo que pudo serlo más aún. No es sólo el tema definitorio de este siglo, sino de la historia humana. Estamos ahora, como él dice, en un punto en el que decidiremos si el experimento humano en la Tierra ha de continuar en forma reconocible. El informe fue claro y escueto. Estamos llegando a un punto en el que se pondrán en marcha procesos irreversibles. No significa que todos moriremos mañana, pero rebasaremos puntos de inflexión en los que ya no se podrá hacer nada más, en donde no queda más que la pendiente hacia el desastre.

Así que sí, está en cuestión la supervivencia de cualquier forma de sociedad humana organizada. Ya existen muchos signos de extremo peligro y amenaza, hasta ahora casi por completo en países que han tenido el menor papel en la producción del desastre. Con frecuencia se dice, y con razón, que los países ricos han creado el desastre y los países pobres son las víctimas, pero hoy es más pronunciado. Son los ricos de los países ricos los que han creado el desastre y todos los demás, incluyendo a los pobres en los países ricos, quienes encaran los problemas.

Entonces, ¿qué ocurre? Bueno, pensemos en Estados Unidos y sus dos partidos políticos. Uno de los partidos es 100 por ciento negacionista: el cambio climático no existe o, si existe, no es asunto que nos competa. La Ley de Reducción de la Inflación fue en esencia una legislación climática que el presidente Biden logró colar, aunque el Congreso la recortó severamente. Ni un solo republicano votó a favor. Ningún republicano votará por nada que dañe las ganancias de los ricos y el sector empresarial, a quienes ese partido sirve con abyección.

Debemos recordar que esa conducta no es algo innato. Remontémonos a 2008, cuando el senador John McCain se postuló a la presidencia. Tenía un pequeño programa climático. No era mucho, pero sí algo. El Congreso, incluidos los republicanos, consideraba hacer algo con respecto a lo que todo el mundo sabía que era una crisis inminente. El enorme conglomerado energético de los hermanos Koch se enteró de lo que pasaba. Ellos llevaban años trabajando para asegurar que los republicanos apoyaran lealmente su campaña para destruir la civilización humana. Allí se dio la desviación. Lanzaron una enorme campaña, sobornando, intimidando, intoxicando, cabildeando para llevar a los republicanos a la negación total, y tuvieron éxito.

Desde entonces, es el partido de la negación. En la última elección primaria antes de que Trump triunfara en 2016, todos los prominentes republicanos que buscaban la candidatura presidencial decían que no había calentamiento global, o bien, que no era asunto nuestro. La única pequeña excepción, muy elogiada por la opinión liberal, fue John Kasich, gobernador de Ohio. Y en realidad fue el peor de todos. Lo que dijo fue: claro que el cambio global ocurre. Claro que los humanos contribuimos a él. Pero en Ohio vamos a usar nuestro carbón con libertad y sin excusas. Recibió tantos honores que se le invitó a hablar en la siguiente convención del Partido Demócrata. Bueno, ese es uno de los dos partidos políticos. En ellos no hay ningún signo de disidencia: corramos hacia la destrucción con tal de asegurar que nuestros principales electores sean tan ricos y poderosos como sea posible.

Bueno, ¿y el otro partido? Se dio la iniciativa de Bernie Sanders, el activismo del Movimiento Sunrise, e incluso Joe Biden tenía al principio un programa climático moderadamente decente, no lo suficiente, pero un gran paso adelante respecto de cualquier cosa anterior. Sin embargo, sería recortado paso a paso por la oposición 100 por ciento republicana y por un par de demócratas de derecha, Joe Manchin y Kyrsten Sinema. Lo que al final salió fue la Ley de Reducción de la Inflación, que sólo logró avanzar haciendo regalos a las corporaciones energéticas.

Esto trae al primer plano la locura esencial de nuestra estructura institucional. Si uno quiere detener la destrucción del planeta y de la vida humana en la Tierra, tiene que sobornar a los ricos y poderosos, y puede que así accedan a cooperar. Si les ofrecemos dulces suficientes, tal vez dejen de matar personas. Eso es capitalismo salvaje. Si queremos que algo se haga, hay que sobornar a los dueños del lugar.

Y vean lo que está pasando. Los precios del petróleo aumentan y las corporaciones energéticas dicen: lo sentimos, chicos, no más energía sustentable; ganamos más dinero destruyéndolos a ustedes. Incluso British Petroleum, la única compañía que empezaba a hacer algo, dijo en esencia: no, obtenemos más ganancias destruyendo todo, así que eso es lo que haremos.

Eso quedó muy claro en la conferencia COP de Glasgow. John Kerry, representante estadunidense en asuntos del clima, estaba eufórico. Daba a entender que habíamos ganado. Ahora las corporaciones están de nuestro lado, ¿cómo podríamos perder? Bueno, había una pequeña nota al pie señalada por el economista político Adam Tooze. Comentó que sí, eso dijeron, pero con dos condiciones: una, estaremos con ustedes mientras sea redituable. Dos, tiene que haber una garantía internacional de que, si sufrimos alguna pérdida, los contribuyentes la cubrirán. A eso se le llama libre empresa. Con semejante estructura institucional, será difícil salir de eso.

Entonces, ¿qué hace el gobierno de Biden? Observemos el proyecto Willow: permite que ConocoPhillips emprenda un proyecto importante en Alaska, que extraerá más combustibles fósiles durante décadas. Utiliza métodos conocidos para endurecer el permafrost. Uno de los grandes peligros es que el permafrost, que cubre enormes cantidades de combustibles fósiles, se derrita y envíe gases de invernadero a la atmósfera, lo cual será monstruoso. Entonces, endurecen el permafrost. ¡Gran paso adelante! ¿Por qué lo hacen? Para que puedan explotar el petróleo con mayor efectividad. Eso es capitalismo salvaje frente a nuestros propios ojos, con total claridad. Se requiere ser un genio para no verlo, pero se está haciendo.

Observemos las actitudes populares que el instituto Pew sondea con regularidad. En fecha reciente pidió a las personas encuestadas clasificar por orden de prioridad una docena de temas urgentes, aunque la guerra nuclear, que es un peligro tan grande como el cambio climático, ni siquiera se puso en la lista. El cambio climático estaba cerca del último lugar. Se dio mucha más importancia al déficit presupuestario, que no es un problema en absoluto. Trece por ciento de los republicanos –casi un error estadístico– pensaban que el cambio climático era un tema urgente. Los demócratas fueron más, pero no los suficientes.

La pregunta es: ¿pueden las personas que se preocupan por los valores humanos mínimos, como, digamos, la supervivencia, organizarse y actuar de manera lo bastante efectiva para vencer no sólo a gobiernos, sino a las instituciones capitalistas diseñadas para el suicidio?

Barsamian: Siempre surge la pregunta y usted la ha escuchado un millón de veces: los dueños de la economía, los capitanes de la industria, los CEOs, tienen hijos y nietos. ¿Cómo pueden no pensar en su futuro y protegerlos en vez de ponerlos en riesgo?

Chomsky: Digamos que usted es el CEO de JPMorgan. Ha remplazado a Jamie Dimon. Sabe perfectamente que, cuando invierte en extraer combustibles fósiles, está destruyendo las vidas de sus nietos. No puedo leer su mente, pero sospecho que lo que pasa por ella es esto: si no hago esto, pondrán a alguien más que se enfocará en la ganancia y la proporción de mercado, porque tal es la naturaleza de esas instituciones. Si me echan, vendrá alguien más, no un buen tipo como yo. Por lo menos yo sé que estoy destruyendo todo y puedo tratar de mitigarlo un poco. Al otro tipo le importará un pepino. Así que, como benefactor de la raza humana, continuaré invirtiendo en el desarrollo de combustibles fósiles.

Es una postura convincente para prácticamente todos los que hacen eso. Durante 40 años, los científicos de ExxonMobil estuvieron a la vanguardia en el descubrimiento de las amenazas y peligros extremos del calentamiento global. Durante décadas, informaron a sus directivos que estábamos destruyendo el mundo, y sus hallazgos simplemente fueron metidos en algún cajón.

En 1988, James Hansen, el famoso geofísico, dijo en esencia: estamos en una carrera hacia el desastre. Los directivos de ExxonMobil y las otras compañías tenían que considerarlo. Ya no podían simplemente meterlo en algún cajón. Entonces, llamaron a sus expertos en relaciones públicas y preguntaron: “¿Cómo podemos manejar esto?” Y éstos respondieron: “Si lo niegan, los expondrán de inmediato. Entonces, no lo nieguen. Sólo pónganlo en duda. Digan: puede que sea cierto, puede que no. No hemos contemplado de verdad todas las posibilidades. No hemos entendido las manchas solares, hay preguntas sobre las capas de nubes, así que seamos una sociedad más rica y desarrollada. Pequeña nota al pie, obtendremos muchas más ganancias y más tarde, si hay alguna realidad en esto, estaremos en mejor posición para hacerle frente”.

Eso dijo la propaganda. Muy efectivo. Y luego los hermanos Koch y otros por el estilo compraron el Partido Republicano, o lo que solía ser un partido político, y lo convirtieron en un negacionista total, que afirma que se trata de un engaño liberal, y así por el estilo.

Los demócratas contribuyeron a esto en otras formas. Algo interesante con respecto a las recientes elecciones en zonas a lo largo de la frontera de Texas: los mexicano-estadunidenses, que siempre habían votado por los demócratas, votaron por Trump. ¿Por qué? Bueno, podemos imaginarlo con facilidad: tengo un empleo en la industria petrolera. Los demócratas quieren quitarme el empleo, destruir a mi familia, todo porque esos liberales elitistas afirman que hay un calentamiento global. ¿Por qué debo creerles? Votemos por Trump. Por lo menos tendré un empleo y podré alimentar a mi familia.

Lo que los demócratas no hicieron fue ir allá, organizar, educar y decir: “La crisis ambiental va a destruirlos a ustedes y a sus familias. Pueden obtener mejores empleos en la industria energética sustentable y sus hijos tendrán un mejor futuro”. De hecho, en lugares donde hicieron eso, ganaron. Uno de los casos más impresionantes fue Virginia Occidental, estado productor de carbón, donde Joe Manchin, el senador proveniente de esa industria, había estado bloqueando los avances. Mi amigo y colega Bob Pollin y su grupo de la Universidad de Massachusetts, el Instituto de Investigación en Economía Política (PERI, por sus siglas en inglés), han estado haciendo trabajo de campo en ese estado y ahora tienen mineros que abogan por la transición hacia la energía sustentable. Incluso, el sindicato Trabajadores Mineros Unidos adoptó resoluciones en las que demanda esa transición.

Barsamian: ¿Qué hay con lo que ocurre en el sector bancario, dado el colapso del Silicon Valley Bank, seguido por el Signature Bank, y los problemas del First Republic Bank?

Chomsky: Primero que nada, no me considero experto en ese campo, pero quienes sí lo son, economistas serios que también son honestos, como Paul Krugman, lo dicen en términos simples: no sabemos. Esto se remonta a casi 45 años atrás, cuando la manía de la desregulación. Al desregular el sector financiero, se cambia hacia una economía basada en las finanzas, a la vez que se desindustrializa el país. Se gana dinero con las finanzas, no con la elaboración de productos: empresas de riesgo que son muy redituables, pero que conducen a quiebras, y luego se exige que el gobierno –es decir, el contribuyente– asuma los costos.

No hubo crisis bancarias importantes en las décadas de 1950 y 1960, periodo de gran crecimiento, porque el Departamento del Tesoro ejercía control sobre la industria bancaria. En aquellos días, un banco era sólo un banco. Si a uno le sobraba dinero, lo ponía allí. Alguien llegaba y pedía un préstamo para un auto o para mandar a su hijo a la universidad. De eso se trataba la banca. Comenzó a cambiar un poco con Jimmy Carter, pero con Ronald Reagan vino la avalancha. Personas como Larry Summers dijeron: vamos a desregular los derivados, abrir todo el negocio. Vino una crisis tras otra. El gobierno de Reagan concluyó con la enorme crisis de ahorros y préstamos. Una vez más, llamen al amistoso contribuyente. Los ricos ganaron mucho dinero y los demás pagaron los costos.

Es lo que Bob Pollin y Gerry Epstein llamaron la “economía del rescate”. Libre empresa, ganar dinero durante el tiempo que se pueda, hasta que llegue la crisis y el público pague el rescate. La más grande ocurrió en 2008. ¿Qué pasó? Gracias a la desregulación de productos financieros complicados, como los derivados, y a otras iniciativas en tiempos de Bill Clinton, tuvimos una bancarrota en la industria de la vivienda, y luego en la financiera. El Congreso aprobó legislación, el Programa de Apoyo a Activos en Problemas (TARP, por sus siglas en inglés), que tenía dos componentes: primero, rescatar a los hampones que causaron la crisis mediante hipotecas subprime, préstamos que ellos sabían que nunca iban a pagar. Segundo, hacer algo por las personas que habían perdido sus hogares y fueron echadas a la calle con ejecuciones hipotecarias. ¿Adivinen qué mitad de la legislación fue implementada por el gobierno de Obama? El escándalo fue tan grande que el inspector general del Departamento del Tesoro, Neil Barofsky, escribió un libro en el que denunció lo ocurrido. No tuvo efecto. En respuesta, montones de trabajadores que votaron por Obama, creyendo en su lema de esperanza y cambio, se convirtieron en votantes por Trump, al sentirse traicionados por el partido que afirmaba estar para ellos.

Barsamian: La guerra en Ucrania está en su segundo año y no se vislumbra el final. China ha propuesto un plan de paz para ponerle fin. ¿Qué probabilidades realistas hay de que eso ocurra en breve?

Chomsky: El Sur Global demanda un acuerdo negociado que ponga fin a los horrores antes de que empeoren. Por supuesto, la invasión rusa fue una agresión criminal. No hay duda de ello. Los ucranios tienen el derecho de defenderse. No creo que deba haber dudas sobre ese punto tampoco.

La pregunta es: ¿estará Estados Unidos de acuerdo en permitir negociaciones? La postura oficial de Washington es que la guerra debe continuar para debilitar severamente a Rusia. De hecho, Estados Unidos está obteniendo un gran beneficio con esto. Con una pequeña fracción de su colosal presupuesto militar, está degradando gravemente a su mayor adversario militar, Rusia, que no tiene una gran economía, pero sí una enorme fuerza armada. Podemos preguntarnos por qué lo hace, pero el hecho es ese.

Hay un pretexto: si continuamos apoyando la guerra, pondremos a Ucrania en mejor posición para negociar. En realidad, es probable que sea peor, puesto que ese país está siendo destruido por la guerra, en términos económicos. Virtualmente todo su ejército está acabado, remplazado por nuevos reclutas con poco entrenamiento. Rusia sufre algo parecido, pero, si se observan sus poderes relativos, ¿quién saldría ganando si se llega a un punto muerto? No es gran secreto. Es probable que Ucrania sea destruida y, sin embargo, la postura estadunidense es: tenemos que continuar, tenemos que debilitar severamente a Rusia y, por algún milagro, Ucrania saldrá fortalecida.

Gran Bretaña sigue a Estados Unidos, pero ¿y Europa? Hasta ahora, sus élites han secundado a Washington. Sus pueblos, no está claro. A juzgar por las encuestas, el público demanda negociaciones. El mundo empresarial está muy preocupado. La agresión criminal de Putin también fue un acto de estupidez criminal desde su propio punto de vista. Rusia y Europa son socios comerciales naturales. Rusia cuenta con recursos y minerales; Europa, con tecnología e industria. En cambio, Putin le entregó a Washington en bandeja de plata lo que más deseaba. Dijo: Muy bien, Europa, conviértete en un satélite de Estados Unidos, lo que significa retroceder hacia la desindustrialización.

La revista The Economist, entre otras fuentes, ha estado advirtiendo que Europa se mueve hacia la desindustrialización si continúa respaldando la guerra basada en la OTAN y dirigida por Estados Unidos, que gran parte del mundo ve como una guerra entre Estados Unidos y Rusia sobre cuerpos ucranios. En realidad, es mucho más que eso. En respuesta a las demandas estadunidenses, la OTAN se ha expandido hacia el Indo-Pacífico, es decir, Estados Unidos tiene a Europa en el bolsillo para su confrontación con China, para rodearla con un anillo de estados fuertemente dotados de armas de precisión estadunidenses.

Entre tanto, el gobierno de Biden ha convocado a una guerra comercial para evitar el desarrollo de China durante una generación. No podemos competir con ellos, así que evitemos que obtengan tecnología avanzada. Las cadenas de suministro del mundo son tan intrincadas que casi todo –patentes, tecnología, lo que sea– implica alguna aportación estadunidense. El gobierno de Biden dice que nadie puede usar nada de esto en relaciones comerciales con China. Pensemos en lo que eso significa para Países Bajos, que tiene la industria litográfica más avanzada del planeta y produce partes esenciales para semiconductores y chips. Washington le ordena dejar de hacer negocios con su principal mercado, China, lo que es un duro golpe a su industria. ¿Accederá? No sabemos. Lo mismo con Corea del Sur. Estados Unidos le dice a Samsung, la gran firma sudcoreana: tienes que cortar con tu principal mercado porque usas algunas patentes nuestras. Igual con la industria japonesa.

Nadie sabe cómo reaccionarán. ¿Accederán a desindustrializarse para encajar en la política estadunidense de dominación global? Los países del Sur Global –India, Indonesia, América Latina– ya están diciendo que no aceptan tales sanciones. Esto podría dar lugar a una gran confrontación en la escena mundial.

Barsamian: Rafael Grossi, presidente de la Agencia Internacional de Energía Atómica, ha estado advirtiendo sobre la amenaza que representan los reactores nucleares en Ucrania. Lanzar proyectiles o combatir cerca de ellos podría “desencadenar un desastre nuclear”, sostiene. Entre tanto, el gobierno de Biden prosigue con la “modernización” de las armas nucleares de su país. ¿Es esto otro ejemplo de que los lunáticos controlan el manicomio?

Chomsky: Por desgracia, uno de los principales problemas que Dan Ellsberg y otros han estado tratando de hacernos entender durante años es la creciente amenaza de una guerra nuclear. En Washington, la gente habla de ello como si fuera una broma: ¡tengamos una guerrita nuclear con China! El general de la Fuerza Aérea Mike Minihan predijo recientemente que en dos años tendremos una guerra con China. Eso es más que demente. No puede haber una guerra entre potencias nucleares.

Entre tanto, la planeación estratégica estadunidense del gobierno de Trump, expandida por Biden, ha consistido en prepararse para dos guerras nucleares, contra Rusia y China. Sí, esos reactores nucleares en Ucrania son un gran problema, pero va mucho más allá. Estados Unidos ahora envía tanques y otro armamento a Ucrania. Polonia envía jets. Tarde o temprano, Rusia atacará las rutas de suministro. (Los analistas militares estadunidenses están un poco sorprendidos de que no lo haya hecho hasta ahora.) Prominentes figuras de la política de Washington han estado de visita en Kiev. ¿Recuerda usted que alguien visitara Bagdad, la capital iraquí, cuando Estados Unidos la reducía a escombros? No que yo recuerde. De hecho, a los pocos voluntarios de paz se les ordenó salir del país, porque estaba devastado. Ucrania ha sufrido graves daños, pero, si Rusia ataca el oeste del país, incluyendo las rutas de suministro, la confrontación directa con la OTAN se vuelve posible.

De hecho, ya está subiendo peldaños en la escala de la confrontación. ¿Hasta dónde llegará? Algunas personas en el sector de los halcones sugieren que tal vez podamos hundir la flota rusa en el Mar Negro. Y si eso ocurre, ¿qué dirán los rusos? “¿Gracias, muy amable de su parte, en realidad no nos importaban mucho esos barcos?”

De hecho, volviendo a esa encuesta Pew, ni siquiera pusieron a la guerra nuclear como uno de los temas que la gente tenía que clasificar. Locura es la única palabra con la que podemos designarlo.

Barsamian: Hablando de riesgos planetarios, el tratado START, entre Estados Unidos y Rusia, estableció límites al número de cabezas nucleares estratégicas desplegadas. En fecha reciente Rusia suspendió su participación en él. ¿Qué peligro entraña?

Chomsky: Rusia recibió muchas condenas por esa acción. Con justa razón. Los actos negativos deben ser criticados. Pero existen ciertos antecedentes de los cuales se supone que no debemos hablar. El régimen de control de armamento fue desarrollado con muchos esfuerzos durante 60 años. Mucho trabajo duro y negociación. Enormes manifestaciones públicas en Estados Unidos y Europa llevaron a Ronald Reagan a aceptar las propuestas del líder ruso Mijail Gorbachov para el Tratado de Misiles de Corto Alcance en Europa, un paso muy importante, en 1987. Dwight D. Eisenhower había iniciado las ideas sobre un Tratado de Cielos Abiertos. John F. Kennedy dio algunos pasos. Con el tiempo se fue desarrollando, hasta que George W. Bush llegó a la presidencia.

Desde entonces, el Partido Republicano ha estado desmantelando sistemáticamente 60 años de control de armamentos. Bush acabó con el Tratado de Misiles Antibalísticos. Eso fue crucial. Es un gran peligro para Rusia tener instalaciones de esos misiles cerca de su frontera, puesto que se trata de armas de ataque inmediato. Trump llegó con su bola de demolición y se deshizo del tratado Reagan-Gorbachov y luego del de Cielos Abiertos. También iba tras el nuevo tratado START, pero Biden llegó justo a tiempo para acceder a las propuestas rusas de extenderlo. Ahora los rusos lo han suspendido. Todo esto es una carrera hacia el desastre y los principales criminales resultan estar en el Partido Republicano de Estados Unidos. El acto de Putin debe ser condenado, pero no ocurrió por sí solo.

Barsamian: La inteligencia estadunidense publicó recientemente su Evaluación Anual de Amenazas. Señala: “China tiene la capacidad de intentar directamente alterar el orden global basado en reglas en todos los dominios y en múltiples regiones, como un competidor casi igual (a Estados Unidos), que presiona cada vez más para cambiar las reglas mundiales”. La frase “orden mundial basado en reglas” es puramente orwelliana.

Chomsky: Es una frase interesante. En Estados Unidos, si uno es un comentarista intelectual y académico obediente, uno da por sentado que debemos tener un orden basado en reglas. Pero ¿quién establece las reglas? No hacemos esa pregunta porque la respuesta es obvia: las reglas son establecidas por el Padrino en Washington. China ahora lo desafía abiertamente y lleva años demandando un orden internacional basado en las Naciones Unidas, apoyada por gran parte del mundo, en especial el Sur Global. Estados Unidos no puede aceptar no establecer las reglas, puesto que implicaría una severa restricción contra la amenaza o el uso de la fuerza en asuntos internacionales, es decir, prohibiría la política exterior de Washington. ¿Podemos pensar en un presidente estadunidense que no haya amenazado o recurrido al uso de la fuerza? Y no sólo acciones criminales en masa, como la invasión de Irak. Cuando Obama dijo a Irán que todas las opciones estaban abiertas a menos que hiciera lo que queríamos, fue una amenaza de usar la fuerza. Todo presidente estadunidense ha violado el orden internacional basado en las Naciones Unidas.

Y aquí viene una nota al pie que no se supone que citemos. También violaron la Constitución estadunidense. Leamos el artículo 6, que dice que los tratados suscritos por Estados Unidos son la ley suprema de la nación y que todo funcionario electo debe observarlos. El tratado más importante después de la Segunda Guerra Mundial fue la Carta de Naciones Unidas, que prohíbe la amenaza o el uso de la fuera. En otras palabras, todo presidente del país ha violado la Constitución, la cual se supone que debemos venerar porque nos fue dada por Dios.

Así pues, ¿China se está convirtiendo en un “competidor casi igual”? Está en las regiones que la rodean. Veamos los juegos de guerra que realiza el Pentágono y sugieren que, si hubiera una guerra local por Taiwán, China probablemente ganaría. Por supuesto, la idea es ridícula porque cualquier guerra se convertiría con rapidez en una guerra terminal. Pero esos son los juegos que realizan. Así pues, China es un competidor igual. ¿Actúa con propiedad y legalidad? Claro que no. Construye fortificaciones en el Mar del Sur de China. Lo hace en violación del derecho internacional y en contra de resoluciones específicas de la ONU, pero se está expandiendo.

Aun así, la principal amenaza china son iniciativas como unir a Arabia Saudita e Irán y así poner un serio obstáculo a 80 años de políticas estadunidenses dirigidas a controlar Medio Oriente. Desde el punto de vista estratégico, es “la zona más importante del mundo”, como expresa Washington, y China está abriéndose paso hacia ella, creando un asentamiento político que podría reducir tensiones, e incluso resolver la horripilante guerra en Yemen, a la vez que reúne al principal aliado estadunidense en la región, Arabia Saudita, con su mayor enemigo, Irán. ¡Es intolerable! Para Estados Unidos e Israel, es un verdadero golpe.

Barsamian: Un libro clásico suyo, escrito en colaboración con Ed Herman, es Manufacturing Consent (Fabricando consenso). Si fuera a actualizarlo ahora, remplazaría sin duda a la Unión Soviética con China y/o Rusia y añadiría el crecimiento de las redes sociales. ¿Algo más?

Chomsky: Eso sería lo principal. Las redes sociales no son poca cosa. Tienen un efecto muy complejo en la sociedad estadunidense. Regresemos a la invasión estadunidense de Irak. La mayoría de la población creía que Saddam Hussein fue responsable del 11-S. Era algo inverosímil, pero habían escuchado suficiente propaganda para creerlo. Con las redes sociales es peor aún. Un estudio reciente entre personas jóvenes, de la llamada Generación Z, y de sus fuentes de información, encontró que ya casi nadie lee periódicos. Casi nadie ve televisión. Muy pocos incluso ven Facebook. Obtienen su información de TikTok, Instagram. ¿Qué clase de comunidad intentará entender este mundo observando a personas divertirse en TikTok?

El otro efecto de las redes sociales es llevar a la gente a burbujas que se refuerzan a sí mismas. Todos estamos sujetos a eso. Personas como yo escuchamos el programa de usted o Democracy Now. No escuchamos a Breitbart. A la inversa, ocurre lo mismo. Y viene otro monstruo, el sistema de chatbots de inteligencia artificial, magnífica forma de crear desinformación, demonización, difamación. Probablemente no hay forma de controlarlo. Todo esto forma parte de la fabricación de consenso. Somos los mejores, los más brillantes. Quitémonos de encima a esa gente y gobernaremos el mundo para beneficio de todos. Ya hemos visto cómo funciona.

Barsamian: ¿Cómo vencemos a la propaganda y qué técnicas hay para enfrentar el capitalismo salvaje?

Chomsky: La forma de enfrentar a la propaganda es como lo estamos haciendo, pero más: más activos, más comprometidos. En cuanto al capitalismo salvaje, hay dos pasos. El más pequeño es eliminar la parte salvaje. No es algo utópico decir: regresemos a lo que teníamos antes de Reagan; tengamos un capitalismo moderadamente duro, en el que haya todavía algunos salarios decentes, derechos para las personas, cosas así. Lejos de lo ideal, pero mucho mejor que lo que hemos tenido desde entonces.

El segundo paso es deshacernos del problema principal. Regresemos a las primeras etapas de la Revolución Industrial en Estados Unidos. Los trabajadores daban por sentado que el contrato laboral era un ataque totalmente ilegítimo a sus derechos básicos, que los convertía en lo que se llamaba abiertamente “esclavos del salario”. ¿Por qué seguir las órdenes de un patrón durante toda la vida laboral? Se consideraba una abominación. Incluso el Partido Republicano, en tiempos de Lincoln, tenía la divisa de que eso era intolerable. Ese movimiento se extendió hasta principios del siglo XX, antes de ser aplastado por la Amenaza Roja de Woodrow Wilson, que en esencia destruyó el Partido Socialista y el movimiento laboral. Hubo cierta recuperación en la década de 1930, pero no en la misma extensión.

Y ahora hasta eso se ha ido. Las personas consideran como su mayor objetivo estar sujetas a la orden de un patrón la mayor parte de su vida laboral. Y esa es propaganda muy efectiva, pero también puede cambiar. Ya existen propuestas nada utópicas para la participación de los trabajadores en la dirección de las empresas. Existen en Alemania y otros lugares y eso podría convertirse en: ¿por qué no tomar la empresa para nosotros? ¿Por qué debemos seguir las órdenes de algún banquero en Nueva York, cuando podemos manejar mejor este lugar? No creo que estemos demasiado lejos de eso.

Barsamian: Al parecer los lunáticos controlan el manicomio. ¿Qué signos de cordura existen para contrarrestarlos?

Chomsky: Hay muchos. Mucho activismo popular. Está en las calles. Jóvenes que demandan trato decente para las personas. Mucho de eso es muy serio y sólido: Extinction Rebellion, el Movimiento Sunrise. Salvemos al planeta de la destrucción. Hay muchas voces. La de usted, Democracy Now, Chris Hedges, muchos sitios, Alternet, Common Dreams, Truthout, The Intercept, TomDispatch y muchos más. Todos son esfuerzos por crear un mundo alternativo en el que los seres humanos podamos sobrevivir. Todos son signos de esperanza para el mundo.

Publicado originalmente en TomDispatch, https://tomdispatch.com; copyright Noam Chomsky y David Barsamian.

Traducción: Jorge Anaya

11/27/2022

«Los intentos de poner la educación superior al servicio del sector privado toman formas casi cómicas»

 Entrevista a Noam Chomsky, filósofo y lingüista

Fuentes: Truthout

A lo largo de la mayor parte del periodo moderno, desde la época conocida como la Ilustración, la educación fue ampliamente considerada como el activo más importante para la construcción de una sociedad decente.

Sin embargo, este valor parece haber caído en desgracia en el período contemporáneo, tal vez como un reflejo del dominio de la ideología neoliberal, creando en el proceso un contexto en el que la educación se ha reducido cada vez más al logro de habilidades profesionales y especializadas que atienden a las necesidades del mundo empresarial.

¿Cuál es el papel real de la educación y su vínculo con la democracia, con las relaciones humanas dignas y con una sociedad digna? ¿Qué define a una sociedad culta y decente? El lingüista, crítico social y activista de renombre mundial Noam Chomsky comparte sus puntos de vista sobre la educación y la cultura en esta entrevista exclusiva para Truthout.

Al menos desde la Ilustración, la educación ha sido vista como una de las pocas oportunidades para que la humanidad levante el velo de la ignorancia y cree un mundo mejor. ¿Cuáles son las conexiones reales entre la democracia y la educación? ¿O esos vínculos se basan principalmente en un mito, como argumentó Neil Postman en The End of Education?

No creo que haya una respuesta simple. El estado actual de la educación tiene elementos tanto positivos como negativos, en este sentido. Un público educado es sin duda un requisito previo para el funcionamiento de una democracia, donde “educado” significa no solo informado, sino capacitado para investigar libre y productivamente, el fin principal de la educación. Hacia ese objetivo a veces se avanza, otras veces se ponen obstáculos, en la práctica real, y cambiar el equilibrio en la dirección correcta es una tarea importante, una tarea de importancia inusual en los Estados Unidos, en parte debido a su poder único, en parte debido a las formas en lo que se diferencia de otras sociedades desarrolladas.

Es importante recordar que, aunque el país más rico del mundo durante mucho tiempo, hasta la Segunda Guerra Mundial, EE.UU. era una especie de páramo cultural. Si uno quería estudiar ciencias avanzadas o matemáticas, o convertirse en escritor y artista, a menudo se sentía atraído por Europa. 

Gran parte de lo que prevalece en el mundo actual es una educación impulsada por el mercado, que en realidad está destruyendo los valores públicos y socavando la cultura de la democracia con su énfasis en la competencia, la privatización y la obtención de ganancias. Como tal, ¿qué modelo de educación cree que es la mejor promesa para un mundo mejor y en paz?

En los primeros días del sistema educativo moderno, a veces se contraponían dos modelos. La educación podría concebirse como un recipiente en el que se vierte agua, un recipiente muy agujereado, como todos sabemos. O podría pensarse como un hilo, trazado por el instructor, a lo largo del cual los estudiantes avanzan a su manera, desarrollando sus capacidades para “indagar y crear”. Este es el modelo defendido por Wilhelm von Humboldt, el fundador del sistema universitario moderno.

Creo que las filosofías educativas de John Dewey, Paulo Freire y otros defensores de la pedagogía crítica y progresista pueden considerarse desarrollos adicionales de la concepción humboldtiana, que a menudo se implementa como algo natural en las universidades, porque es esencial para la enseñanza avanzada y la investigación, sobre todo en las ciencias. Un famoso físico del MIT era conocido por decirle a sus alumnos de primer año que no importa lo que estudien, importa lo que descubran.

Las mismas ideas se han desarrollado con bastante imaginación hasta el nivel de jardín de infancia, y son muy apropiadas en todo el sistema educativo y, por supuesto, no solo en las ciencias. Personalmente, tuve la suerte de haber estado en una escuela experimental deweyana hasta los 12 años, una experiencia muy gratificante, muy diferente de la escuela secundaria académica a la que asistí, que tendía hacia el modelo del agua en un recipiente, igual que los programas de “enseñar para el examen” que están más extendidos ahora mismo. Los alternativos son el tipo de modelos que se deben seguir si se quiere tener alguna esperanza de que una población verdaderamente educada, en todas las dimensiones del término, pueda enfrentar las cuestiones muy críticas que están ahora mismo en la agenda.

Lamentablemente, las tendencias educativas impulsadas por el mercado que usted menciona son muy reales y dañinas. Deberían, creo, ser consideradas como parte del ataque neoliberal general contra el público. El modelo empresarial busca la “eficiencia”, lo que significa imponer la “flexibilidad laboral” y lo que Alan Greenspan calificó de “creciente inseguridad de los trabajadores” cuando elogiaba la gran economía que dirigía (antes de que colapsara). Eso se traduce en medidas tales como socavar los compromisos a largo plazo con el profesorado y depender de mano de obra temporal barata y fácilmente explotable (adjuntos, estudiantes de posgrado). Las consecuencias son perjudiciales para la fuerza laboral, los estudiantes, la investigación y la indagación, de hecho, todos los objetivos que la educación superior debe tratar de lograr.

A veces, tales intentos de empujar el sistema de educación superior hacia el servicio al sector privado toman formas que son casi cómicas. En el estado de Wisconsin, por ejemplo, el gobernador Scott Walker y otros reaccionarios han estado intentando socavar lo que alguna vez fue la gran Universidad de Wisconsin, transformándola en una institución que satisfaga las necesidades de la comunidad empresarial del estado, al mismo tiempo que recorta el presupuesto y genera una mayor dependencia del personal temporal (“flexibilidad”). En un momento dado, el gobierno estatal incluso quiso cambiar la misión tradicional de la universidad, eliminando el compromiso de “buscar la verdad”, una pérdida de tiempo para una institución que produce personas útiles para las empresas de Wisconsin. Eso fue tan escandaloso que llegó a los periódicos, y tuvieron que afirmar que fue un error administrativo y retirarlo.

Sin embargo, es ilustrativo de lo que está sucediendo, no solo en los Estados Unidos sino también en muchos otros lugares. Al comentar sobre estos desarrollos en el Reino Unido, Stefan Collini concluyó de manera muy plausible que el gobierno Tory está intentando convertir universidades de primera clase en instituciones comerciales de tercera clase. Así, por ejemplo, el Departamento de Clásicos de Oxford tendrá que demostrar que puede venderse en el mercado. Si no hay demanda en el mercado, ¿por qué la gente debería estudiar e investigar la literatura griega clásica? Esa es la máxima vulgarización a la que hemos llegado, que puede resultar de imponer los principios capitalistas de estado de las clases empresariales a toda la sociedad.

¿Qué se necesita hacer para proporcionar un sistema de educación superior gratuita en los Estados Unidos y, por extensión, desviar fondos del complejo militar-industrial y del complejo penitenciario-industrial hacia la educación? ¿Requeriría esto una crisis de identidad nacional por parte de una nación históricamente expansionista, intervencionista y racista?

No siento que el problema sea tan profundo. Estados Unidos no fue menos expansionista, intervencionista y racista en años anteriores, pero sin embargo estuvo a la vanguardia del desarrollo de la educación pública masiva. Y aunque los motivos eran a veces cínicos (convertir a los agricultores independientes en engranajes de la industria de producción en masa, algo que lamentaban amargamente), hubo muchos aspectos positivos en estos desarrollos. En años más recientes, la educación superior era prácticamente gratuita. Después de la Segunda Guerra Mundial, el proyecto de ley GI proporcionó matrícula e incluso subsidios a millones de personas que probablemente nunca habrían ido a la universidad, lo que fue muy beneficioso para ellos y contribuyó al gran período de crecimiento de la posguerra. Incluso las universidades privadas tenían tarifas muy bajas para los estándares contemporáneos. Y el país entonces era mucho más pobre de lo que es hoy. En otros lugares, la educación superior es gratuita o casi gratuita. En países ricos como Alemania (el país más respetado del mundo según las encuestas) y Finlandia (que constantemente ocupa un lugar destacado en el rendimiento) y países mucho más pobres como México, que tiene un sistema de educación superior de alta calidad. La educación superior gratuita podría instituirse sin mayores dificultades económicas o culturales, al parecer. Lo mismo ocurre con un sistema de salud pública racional como el de países comparables.

Durante la era industrial, muchas personas de clase trabajadora en todo el mundo capitalista se sumergieron en el estudio de la política, la historia y la economía política a través de un proceso de educación informal como parte de su esfuerzo por comprender y cambiar el mundo a través de la lucha de clases. Hoy en día, la situación se ve muy diferente, con gran parte de la población de la clase trabajadora abrazando el consumismo vacío y la indiferencia política, o peor aún, apoyando con bastante frecuencia a partidos políticos y candidatos que de hecho son partidarios acérrimos del capitalismo corporativo y financiero y promueven un movimiento contra la agenda de la clase obrera. ¿Cómo explicamos este cambio radical en la conciencia de la clase trabajadora?

El cambio es tan claro como lamentable. Con bastante frecuencia, estos esfuerzos se basaron en sindicatos y otras organizaciones de la clase trabajadora, con participación de intelectuales en partidos de izquierda, todas víctimas de la represión y la propaganda de la Guerra Fría y del amargo conflicto de clases librado por las clases empresariales contra la organización obrera y popular, que aumentó particularmente durante el período neoliberal.

Vale la pena recordar los primeros años de la revolución industrial. La cultura obrera de la época estaba viva y floreciente. Hay un gran libro sobre el tema de Jonathan Rose, llamado The Intellectual Life of the British Working Class. Es un estudio monumental de los hábitos de lectura de la clase trabajadora de la época. Contrasta “la búsqueda apasionada del conocimiento por parte de los autodidactas proletarios” con el “filisteísmo generalizado de la aristocracia británica”. Más o menos lo mismo sucedía en las nuevas ciudades de clase trabajadora de los Estados Unidos, como el este de Massachusetts, donde un herrero irlandés podía contratar a un niño para que le leyera los clásicos mientras trabajaba. Las chicas de la fábrica estaban leyendo la mejor literatura contemporánea del momento, lo que estudiamos como clásicos. Condenaron al sistema industrial por privarlos de su libertad y cultura. Esto continuó durante mucho tiempo.

Soy lo bastante viejo para recordar la atmósfera de la década de 1930. Una gran parte de mi familia provenía de la clase trabajadora desempleada. Muchos apenas habían ido a la escuela. Pero participaban de la alta cultura de la época. Hablarían de las últimas obras de teatro, conciertos del Cuarteto de Cuerdas de Budapest, diferentes variedades de psicoanálisis y todos los movimientos políticos imaginables. También había un sistema de educación obrera muy activo en el que estaban directamente involucrados destacados científicos y matemáticos. Mucho de esto se ha perdido… pero se puede recuperar, no se ha perdido para siempre.

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Este texto se publicó originalmente en inglés en Truthout.

8/08/2022

EU es una amenaza a la paz mundial y a sus ciudadanos: Chomsky

 jornada.com.mx

C. J. Polychroniou

¿La creciente influencia de China en los asuntos internacionales es una amenaza para el orden mundial? Estados Unidos así lo cree, al igual que Gran Bretaña, su más estrecho aliado.

La rivalidad entre Estados Unidos y China probablemente dominará los temas mundiales en el siglo XXI. En este juego geoestratégico, se espera que ciertos estados externos a la comunidad de seguridad occidental, como India, jueguen un papel clave en el nuevo escenario del imperialismo. Estados Unidos es una potencia en declive que ya no puede hacer dictados unilaterales. Sin embargo, como señala Noam Chomsky en esta entrevista exclusiva con Truthout, el deterioro de Estados Unidos “se debe sobre todo a golpes internos”.

Como poder imperial, Estados Unidos es una amenaza para la paz mundial y para sus propios ciudadanos.

C. J. Polychroniou (CJP): Noam, los poderes occidentales responden al ascenso de China como potencia con crecientes llamados en favor de una diplomacia belicosa. ¿Por qué Occidente teme tanto que China prospere y qué nos dice esto del imperialismo en el siglo XXI?

Noam Chomsky (NC): Los temores son de largo alcance, y en el caso de Rusia, se remontan a 1917. El secretario de Estado Robert Lansing le advirtió entonces al presidente Wilson que los bolcheviques gozaban de la simpatía “del proletariado de todos los países”. Esas preocupaciones fueron reiteradas en circunstancias distintas por el secretario de Estado John Foster Dulles 40 años más tarde, cuando lamentó que Estados Unidos fuera “un caso perdido, muy por detrás de los soviéticos en cuanto al desarrollo de medios para controlar la mente y las emociones de los pueblos sin sofisticación”. El reconocido decano de la erudición de la guerra fría John Lewis Gaddis afirmó en 1917 que la bolchevique era una amenaza “a la sobrevivencia misma del orden capitalista”.

En la frontera occidental de Euroasia, Estados Unidos se defiende al expandir a la OTAN hacia la frontera con Rusia. En el flanco oriental, Estados Unidos se defiende con la instalación de un círculo de “estados centinelas” cuya labor será “rodear” a China. El resultado de esto es que China tenga mayores incentivos para atacar a Taiwán con el fin de romper ese cerco y tener acceso abierto a los océanos.

La idea de “un hogar europeo común” desde Lisboa hasta Vladivostok fue promovida por Mijail Gorbachov, quien buscaba la transición hacia la socialdemocracia en Rusia y en sus antiguos dominios, con la idea de contar con la colaboración de Estados Unidos en la creación de un orden mundial basado en la cooperación y no en el conflicto. Previsiblemente, Estados Unidos –esa isla a un lado de Eurasia– se opuso férreamente a estas iniciativas.

La invasión de Ucrania por parte de Putin, después de rechazar tentativas francesas y alemanas de impedir este crimen trágico, han dejado clara la cuestión, al menos por ahora. Europa ha sucumbido a la doctrina del Atlántico e incluso adoptado el objetivo formal de Estados Unidos de “debilitar a Rusia” severamente… a costa de Ucrania y de cualquiera.

Sin integración, la Europa que depende de Alemania decaerá y Rusia, con sus cuantiosos recursos naturales, muy probablemente gravitará hacia el proyecto de desarrollo euroasiático centrado en China y la Iniciativa de la Franja y Ruta (BRI, por sus siglas en inglés) podría expandirse hasta África e incluso a América Latina.

Abandonar todo eso, al igual que renunciar a expandir el sistema global BRI, será un precio muy alto de pagar a cambio de quedar bien con Estados Unidos. Estas consideraciones no estarán ausentes mientras el sistema mundial se recompone tras la crisis del covid y la invasión rusa a Ucrania.

(CJP): ¿Hay algo más en esta relación estratégica entre China y Rusia, dos naciones autocráticas, además de limitar el poder e influencia de Estados Unidos? ¿Hasta qué punto puede Washington sacar provecho de las potenciales tensiones y diferencias en esa relación?

(NC): El expediente de la guerra fría es muy revelador. Incluso cuando Rusia y China estuvieron cerca de enfrascarse en un conflicto bélico, Estados Unidos insistía en que una imaginada alianza “china-soviética” era una inmensa amenaza. Algo similar ocurrió en Vietnam del Norte. Sus líderes reconocieron que su enemigo real era China: Estados Unidos podía devastar Vietnam con violencia, pero al final se irían. En cambio, China estaría siempre ahí como amenaza permanente. Los asesores estadunidenses no escucharon esto. La diplomacia de Kissinger reconoció demasiado tarde los hechos y sacó provecho de los conflictos entre Pekín y Moscú. No creo que eso sea una lección actual, pues las circunstancias son muy diferentes.

Putin y sus asociados parecen tener la visión de una esfera rusa que ocupe un lugar independiente entre la alianza del Atlántico y los sistemas globales que tienen a China como centro. Eso no me parece muy probable, pienso que es más factible que China acepte a Rusia como subordinado que le provea de materia prima, armamento avanzado, talento científico y quizá más.

(CJP): India es cortejada por China, Rusia y Estados Unidos ¿tendría que preocuparse de una posible alianza entre Pekín y Moscú?

(NC): El sur de Asia enfrenta una catástrofe mayor. El calor del verano ya está a un nivel en que apenas se puede sobrevivir; su población es muy pobre, y lo peor está por venir. India y Pakistán deben cooperar en esta y otras crisis comunes, como la administración de sus cada vez más escasos recursos acuíferos. En vez de eso, cada nación dedica sus exiguos presupuestos a guerras imposibles de ganar, lo cual ya es una carga intolerable para Pakistán.

Ambos estados tienen severos problemas internos. En India el primer ministro Modi lleva adelante un esfuerzo para destruir la democracia laica india que, con todas sus fallas, sigue siendo un gran logro en su era poscolonial. Su programa está enfocado a crear una etnocracia hindú racista. Es el socio natural en una creciente alianza de estados con características similares: Hungría lo mismo que Israel y sus socios del acuerdo Abraham, estrechamente ligados con sectores duros de los republicanos estadunidenses.

Todo esto es el telón de fondo para tratar las cuestiones referentes a las relaciones internacionales de India. La nación está en un difícil acto de equilibrismo. Por mucho, su principal proveedor de armas es Rusia. Está enfrascada en una larga y cada vez peor disputa fronteriza con China, por lo que debe preocuparle la profundización de la alianza entre Moscú y Pekín. El QUAD (Diálogo de Seguridad que incluye a Japón, Australia e India), comandado por Estados Unidos, tiene la intención de rodear a China, pero India es un socio reticente con poca disposición a adoptar un papel subimperial.

(CJP): ¿Hasta qué grado el desgaste del imperialismo ha contribuido al declive de la sociedad y hasta qué otro los políticos locales tienen efecto sobre las decisiones de política exterior? ¿Qué tanto la decadencia de Estados Unidos representa una amenaza para la paz y seguridad mundiales?

(NC): El declive de Estados Unidos se debe sobre todo a golpes internos, y es algo severo. Una medida crucial es la mortandad. El título de un estudio reciente es “Estados Unidos estaba en una crisis de muerte prematura antes del covid”, el cual demuestra que, “antes de que comenzara la pandemia, más personas morían a menor edad que en otras naciones con riqueza comparable”. Los datos son alarmantes y hablan de las “muertes por desesperanza”, que es un fenómeno entre los estadunidenses blancos en edad productiva, algo de lo que no se hablaba antes.

El “plan radical” para acabar con los vestigios de la democracia de Estados Unidos se anunció unos días antes de las elecciones de noviembre y se olvidó en la debacle que siguió. Se reveló recientemente en una investigación de Axios. La idea fundamental es revertir los programas que han existido desde el siglo XIX con el fin de crear un servicio civil apolítico y así destruir un cimiento esencial de una democracia funcional.

Trump emitió una orden ejecutiva que da al presidente (o sea, a sí mismo) la autoridad de contratar a sus seguidores en puestos del servicio civil, lo que es un paso más hacia el ideal fascista de tener un partido poderoso con un Máximo Líder que controla a la sociedad. Biden revirtió la orden.

Los demócratas en el Congreso buscan aprobar una ley que prohíba ese ataque directo a la democracia, pero con toda probabilidad los republicanos no la aceptarán debido a que muchas iniciativas actuales para establecerse permanentemente en el poder, pese a ser minoría, podrían dar fruto gracias a la aprobación del juez reaccionario Roberts.

No me parece que la campaña conservadora para socavar la democracia sea resultado del desgaste de su postura imperialista, sino de su naturaleza y sus raíces afianzadas en el deseo primario de aferrarse al poder.

Publicado originalmente en Truthout

Traducción: Gabriela Fonseca

Versión completa en La Jornada on-line: bit.ly-3vIznoP

Los temores por el ascenso de China dan forma a la política Exterior de EU en el siglo XXI, afirma Chomsky

 jornada.com.mx

C. J. Polychroniou Truthout

¿Es la creciente influencia de China en los asuntos internacionales una amenaza para el orden mundial? Estados Unidos así lo cree, al igual que Gran Bretaña, su más estrecho aliado.

En efecto, la rivalidad entre Estados Unidos y China probablemente dominará los temas mundiales en el siglo XXI. En este juego geoestratégico, se espera que ciertos estados externos a la comunidad de seguridad occidental, como India, jueguen un papel clave en el nuevo escenario del imperialismo. Estados Unidos es una potencia en declive que ya no puede hacer dictados unilaterales, sin embargo, como señala Noam en esta entrevista exclusiva con Truthout, el deterioro de Estados Unidos “se debe sobre todo a golpes internos”.

https://www.jornada.com.mx/notas/2022/08/08/chomsky/los-temores-por-el-ascenso-de-china-dan-forma-a-la-politica-exterior-de-eu-en-el-siglo-xxi-afirma-chomsky/

Como poder imperial, EU es una amenaza para la paz mundial y para sus propios ciudadanos. Incluso existe el plan radical de desmantelar lo que queda de la democracia estadunidense en caso de que Trump regrese a la Casa Blanca en 2024. Otros dictadores republicanos con posibilidades de ganar son parte del plan. ¿Qué sigue para el poder imperial de EU y cuál es su impacto en el escenario mundial?

Chomsky es profesor emérito del instituto de lingüística y filosofía del MIT, profesor galaradonado y presidente del programa Agnese Nelms Haury para el Medio Ambiente y la Justicia Social en la Universidad de Arizona. Uno de los académicos más citados en el mundo y considerado una personalidad pública e intelectual por millones de personas que además lo han adoptado como un tesoro internacional, Chomsky ha publicado más de 150 libros de lingüística, política, pensamiento social, política económica, estudios sobre medios, de política internacional de Estados Unidos y acontecimientos mundiales. Sus más recientes libros son The Secrets of Words (con Andrea Moro, MIT Press, 2022), La Retirada: Irak, Libia, Afganistán y la fragilidad del Poder de EU (con Vijay Prashad; The New Press, 2022), y El Precipicio: Neoliberalsmo, la Pandemia y la Urgente Necesidad de Cambio Social (con C. J. Polychroniou; Haymarket Books, 2021).

C. J. Polychroniou: Noam, los poderes occidentales responden al ascenso de China, como potencia económica y militar dominante, con crecientes llamados en favor de una diplomacia belicosa. El general estadunidense Mike Milley, presidente de los comandantes del Estado Mayor, dijo durante un reciente viaje al Indo-Pacífico que China se ha vuelto la región más agresiva y que la administración Biden la describe como una “amenaza que avanza a ritmo estable”. Rishi Sunak, quien es el candidato con más posibilidades de sustituir al saliente primer ministro Boris Johnson, dijo que China es “la mayor amenaza” para Reino Unido, y una de sus promesas de campaña es prohibir en el país los Institutos Confucio, que son centros de enseñanza de una organización afiliada al gobierno chino. ¿Por qué Occidente tiene tanto a que China prospere y qué nos dice esto del imperialismo en el siglo XXI?

Noam Chomsky: Puede ser útil tomar una breve pero más amplia mirada, primero a la lista de temores, y luego a las circunstancias geoestratégicas en que éstos se manifiestan. Aquí hablamos de Occidente en un sentido limitado y específicamente a la “relación especial” anglo-estadunidense que desde 1945 ha tenido Estados Unidos con su socio menor, Gran Bretaña, que en ocasiones ha sido un siervo vacilante, pero otras se muestra ansioso de servir a su amo… sobre todo durante los años de Blair.

Los temores son de largo alcance, y en el caso de Rusia, se remontan a 1917.El secretario de Estado, Robert Lansing le advirtió entonces al presidente Wilson que los bolcheviques gozaban de la simpatía “del proletariado de todos los países, de los ignorantes y mentalmente deficientes quienes, en grandes números, están siendo urgidos a convertirse en los amos… es un peligro muy real ante el presente descontento social que atraviesa al mundo”.

Las preocupaciones de Lansing fueron reiteradas en circunstancias distintas por el secretario de Estado John Foster Dulles 40 años más tarde, cuando lamentó que Estados Unidos fuera “un caso perdido, muy por detrás de los soviéticos en cuanto al desarrollo de medios para controlar la mente y las emociones de los pueblos sin sofisticación”. El problema básico es la habilidad de los comunistas de “tomar el control de los movimientos masivos… algo que no tenemos capacidad de duplicar. Ellos atraen a la gente pobre, que es la que siempre ha querido saquear a los ricos”.

Los temores de los privilegiados son recurrentes, de una forma u otra, a lo largo de la historia.

La academia coincide sustancialmente con las preocupaciones de Lansing. El reconocido decano de la erudición de la Guerra Fría, John Lewis Gaddis afirmó en 1917 que la amenaza bolchevique era una amenaza “a la sobrevivencia misma del orden capitalista” que implicaba “una potencial intervención profunda de largo alcance por parte del nuevo gobierno soviético en los asuntos internos, no solo de Occidente, sin de virtualmente cualquier país del mundo”.

Lo que Lansing describió como la intervención bolchevique era trabajadores de todo el mundo que podían tomar nota y reaccionar, lo que ocasionaría un temible efecto dominó y un posible plan de dominación. Gaddis fue más lejos al argumentar que una invasión de Occidente (incluido Estados Unidos) a Rusia era justificable como un acto de defensa propia contra el cambio intolerable hacia lo “correcto”, y que equivale al término actual de “el orden internacional basado en reglas”, (y en el que Estados Unidos decide las reglas).

Gaddis apelaba a un concepto que en 1945 el Departamento de Guerra estadunidense llamaba “lógica illógica”, en referencia a los planes pos guerra de Estados Unidos de tomar el control de la mayor parte del mundo y rodear a Rusia con fuerzas militares, al tiempo que le negaba a su adversario los mismos derechos. El observador superficial podría juzgar eso como ilógico, pero a juicio del Departamento de Guerra, se trataba de una lógica más profunda que los despiadados tachaban de “imperialismo”.

La misma doctrina de lógica ilógica reina hoy a medida de que Estados Unidos se defiende de las amenazas euroasiáticas. En la frontera occidental de Euroasia, Estados Unidos se defiende al expandir a la OTAN hacia la frontera con Rusia. En el flanco oriental, Estados Unidos se defiende con la instalación de un círculo de “estados centinelas” cuya labor será “rodear” a China, equipados con armamento de precisión y respaldados por enormes ejercicios navales con armas apuntadas de manera no muy sutil hacia el gigante asiático. Todo esto es parte de esfuerzos más extensos de cercar a China, y a los que la “subimperialista” Australia se ha unido. Esto ya lo hemos discutido, para lo que tomamos prestado el término y el análisis de Clinton Fernandes.

El resultado de esto es que China tenga mayores incentivos para atacar a Taiwán con el fin de romper ese cerco y tener acceso abierto a los océanos.

Huelga decir que no hay derechos recíprocos: el lógica ilógica.

Las acciones son siempre en “defensa propia”. Si en algún momento de la historia una potencia violenta no actuó en “defensa propia”, por favor ayúdennos a recordarlo.

El temor a China es más visceral; viene de las corrientes profundamente racistas que envenenan a la sociedad estadunidense desde sus orígenes. En el siglo XIX chinos fueron secuestrados y traídos a trabajar prácticamente como esclavos para construir las vías ferroviarias a medida de que la nación se expandía por fuera de sus “fronteras naturales”. El epíteto racista que les aplicamos (“coolie”) fue una importación de Gran Bretaña que también usó a los chinos como esclavos para generar su riqueza. Los chinos que trataron de asimilarse fueron objeto de horrendos ataques racistas. Durante diez años se le prohibió la entrada a los trabajadores chinos en acato a la Ley de Exclusión de 1882, y se prohibió a toda población china el ingreso al país en una ley enteramente racista de 1924. Dicha ley se aplicó tambien a italianos y judíos, lo que hizo que muchos de ellos acabaran en las cámara de gas cuando se les negó la entrada a Estados Unidos.

La histeria de la Amenaza Amarilla se reavivó en los 50, después de la impactante derrota del ejército de MacArthur a manos de tropas chinas en Corea. Los temores resuenan a menudo, de distinta manera. Lyndon Johnson advirtió que sin un poderío de aviación superior, y a menos de que “los” pudiéramos detener en Vietnam, “ellos” vendrían a arrebatarnos todo lo que “nosotros” teníamos.

Más recientemente, el temor a China se manifestó cuando el Congreso rompió el bloqueo impuesto por los republicanos para aprobar una legislación abocada a reconstruir la infraestructura colapsada y crucial del chip, no por que Estados Unidos lo necesite, sino para plantarnos ante el reto que implica el desarrollo de la nación asiática.

Hay otros países que son inminentes amenazas a nuestra supervivencia, como lo es Rusia ahora mismo.

Adam Schiff, presidente del Comité Selecto Permanente de Inteligencia de la Cámara de Representantes, recurre a malestares culturales muy profundamente enraizados cuando advierte que si no los detenemos en Ucrania, atacarán nuestras playas.

Nunca hay escasez de enemigos aterradores, pero los “chinos paganos” siempre han conjurado temores especiales.

Empecemos por la paranoia comprensible de que los pobres quiere saquear a los ricos para pasar al segundo tema: orden mundial e imperialismo en el siglo XXI, y las intensas preocupaciones anglo-estadunidenses sobre una China emergente.

Es útil recordar la experiencia de nuestro antecesor en hegemonía global. Siendo una isla a un lado de Europa, la principal preocupación de Gran Bretaña fue impedir que Europa se unificara y se saliera de su control. De forma similar, aunque amplificado, el dominio de Estados Unidos en el hemisferio occidental bien puede sentirse como una “isla” en comparación con la masa territorial de Eurasia, que es la base del control mundial de acuerdo con la teoría del “corazón continental” de Halford Mackinder, fundador de la geopolítica moderna cuyo pensamiento está siendo revivido por estrategas globales.

Por extensión de la lógica imperial británica, podemos esperar que Estados Unidos busca evitar la unificación del “corazón continental” como una fuerza independiente que no esta sujeta al dominio estadunidense. Las operaciones de defensa propia de los extremos occidental y oriental terminan en el corazón continental y caen en su lugar correcto.

El conflicto por la unificación del corazón continental ha sido un tema significativo desde la posguerra. Durante los años de la Guerra Fría, hubo iniciativas europeas para que se incorporara a Rusia en la unificación del continente. Esas ideas fueron promovidas por Charles de Gaulle y hacían eco en Alemania, pero se les mantuvo a raya a punta de golpes en favor de un sistema aliancista, con base en la OTAN, dirigido sobre todo desde Washington.

La unificación del corazón continental obtuvo prominencia tras el colapso de la Unión Soviética. La idea de “un hogar europeo común” desde Lisboa hasta Vladivostok fue promovida por Mijail Gorbachov, quien buscaba la transición hacia la social democracia en Rusia y en sus antiguos dominios, con la idea de contar con la colaboración de Estados Unidos en la creación de un orden mundial basado en la cooperación y no en el conflicto.

Previsiblemente, Estados Unidos –esa isla a un lado de Eurasia-- se opuso férreamente a estas iniciativas. Durante la Guerra Fría, no hubo dificultad dadas las relaciones de poder y la doctrina prevalente de que el Kremlin conspiraba para dominar al mundo. Pero la tarea debió transformarse cuando se colapsó la Unión Soviética. Estados Unidos rápidamente adoptó la política de “expandir” el sistema de poderío del Atlántico, con la participación de Rusia en papel de subordinado. Propuestas de colaboración igualitaria se plantearon incluso durante los años de Putin hasta hace poco, pero estos eran un “anatema para aquellos que creen en la permanente economía de un sistema de poder en el Atlántico”, señaló (el politólogo británico Richard) Sakwa.

La invasión de Ucrania por parte de Putin, después de rechazar tentativas francesas y alemanas de impedir este crimen trágico, han dejado clara la cuestión, al menos por ahora. Europa ha sucumbido a la doctrina del Atlántico e incluso adoptado el objetivo formal de Estados Unidos de “debilitar a Rusia” severamente… a costa de Ucrania y de cualquiera.

Sin integración, la Europa que depende de Alemania decaerá y Rusia, con sus cuantiosos recursos naturales muy probablemente gravitará hacia el proyecto de desarrollo euroasiático centrado en China, y la Iniciativa de la Franja y Ruta (BRI por sus siglas en inglés) podría expandirse hasta África e incluso, América Latina.

La tentación de Europa hacia la BRI, ya de por sí fuerte, probablemente se intensificará. El sistema basado en Alemania de crear un sistema de producción europeo que vaya desde Holanda hasta los antiguos satélites rusos se ha vuelto el más exitoso del mundo. Depende sobre todo de se un enorme mercado de exportaciones y de oportunidades de inversión en China, y de los abundantes recursos naturales de Rusia, incluidos metales que serán necesarios para hacer la transición hacia las energías renovables. Abandonar todo eso, al igual que renunciar a expandir el sistema global BRI, será un precio muy alto de pagar a cambio de quedar bien con Estado Unidos. Estas consideraciones no estarán ausentes mientras el sistema mundial se recompone tras la crisis del covid y la invasión rusa a Ucrania.

El tema de la integración euroasiática en una Europa común cae en una estructura más general que no puede olvidarse. O las grandes potencias cooperan para enfrentar ominosas crisis globales o se van al abismo.

Con los amargos antagonismos de hoy, puede ser imposible imaginar una cooperación, pero esto no tiene qu ser una idea inalcanzable. En 1945 parecía imposible imaginar a Francia, Alemania, Gran Bretaña y todas las pequeñas potencias europeas cooperando en una Europa occidental sin fronteras y con algunas instituciones comunes. Gran Bretaña decidió salirse de esta unión con lo que probablemente se condenó a convertirse en un desdibujado satélite estadunidense. Con todo, es un impresionante resultado tras siglos de salvaje destrucción mutua que llegó a su punto más alto en el siglo XX.

Tomando nota de ello, Sakwa escribe: “Lo que para una generación es un triste engaño, para otra es un proyecto realista y necesario”. Un proyecto es esencial si se pretende que un mundo habitable emerja del actual, lleno de caos y violencia.

Los nexos entre Rusia y China se han profundizado desde la invasión a Ucrania, aunque debe haber límites a esa cooperación. En todo caso ¿hay algo más en esta relación estratégica entre dos naciones autocráticas, además de limitar el poder e influencia de Estados Unidos? ¿Hasta qué punto puede Washington sacar provecho de las potenciales tensiones y diferencias en la relación China-Rusia, como ocurrió en la Guerra Fría?

El expediente de la Guerra Fría es muy revelador. Incluso cuando Rusia y China estuvieron cerca enfrascarse en un conflicto bélico, Estados Unidos insistía en que una imaginada alianza “china-soviética” era una inmensa amenaza. Algo similar ocurrió en Vietnam del Norte. Sus líderes reconocieron que su enemigo real era China: Estados Unidos podía devastar Vietnam con violencia, pero al final se irían. En cambio China estaría siempre ahí como amenaza permanente. Los asesores estadunidenses no escucharon esto. La diplomacia de Kissinger reconoció demasiado tarde los hechos y sacó provecho de los conflictos entre Pekín y Moscú. No creo que eso sea una lección actual pues las circunstancias son muy diferentes.

Putin y sus asociados parecen tener la visión de una esfera rusa que ocupe un lugar independiente entre la alianza del Atlántico y los sistemas globales que tienen a China como centro. Eso no me parece muy probable, pienso que es más factible que China acepte a Rusia como subordinado que le provea de materia prima, armamento avanzado, talento científico y quizá más.

Las potencias del Atlántico, junto con sus asociados asiáticos subimperiales se están aislando del escenario mundial. El sur global no está haciéndole caso a nadie: no se une a las sanciones comerciales contra Rusia ni rompe sus relaciones comerciales. Aunque tiene serios problemas internos, China avanza en su desarrollo, en inversiones, préstamos al extranjero y progresa tecnológicamente. Encabeza por mucho el creciente rubro de energía sustentable y ha sorprendido al mundo al crear un chip super avanzado que está a unos cuantos años de ser producido y volverse parte central de una futura economía moderna y avanzada.

Hay muchas incertidumbres, pero creo que estas tendencias persistirán. Si existe un quiebre éste podría deberse a que la Europa centrada en Alemania continuará sufriendo los efectos de la subordinación al sistema del Atlántico. Las ventajas de un hogar europeo común pueden volverse cada vez más tentadoras, y de mayor consecuencia para el orden mundial.

India es cortejada por China, Rusia y Estados Unidos ¿tendría que preocuparse de una posible alianza entre Pekín y Moscú? ¿Puede el Diálogo de Seguridad Cuadrilateral (QUAD por sus siglas en inglés, formado por India, Estados Unidos, Japón y Australia) confiar en India para una cooperación plena en relación a su misión y objetivos en la región del Indo-Pacífico?

Antes de discutir las preocupaciones por la política exterior india, no olvidemos algunos hechos crudos. El sur de Asia enfrenta una catástrofe mayor. El calor del verano ya está a un nivel en que apenas se puede sobrevivir; su población es muy pobre, y lo peor está por venir. India y Pakistán deben cooperar en esta y otras crisis comunes como la administración de sus cada vez más escasos recursos acuíferos. En vez de eso, cada nación dedica sus exiguos presupuestos a guerras imposibles de ganar, lo cual ya es una carga intolerable para Pakistán.

Ambos estados tienen severos problemas internos. En India el primer ministro Modi lleva adelante un esfuerzo para destruir la democracia laica india que, con todas sus fallas, sigue siendo un gran logro en su era pos colonial. Su programa está enfocado a crear una etnocracia hindú racista. Es el socio natural en una creciente alianza de estados con características similares: Hungría lo mismo que Israel y sus socios del acuerdo Abraham, estrechamente ligados con sectores duros de los republicanos estadunidenses.

Esto es aparte de la brutal represión en Cachemira que, según reportes, es el territorio más militarizado del mundo y escenario de una severa represión. La ocupación de un enclave extranjero califica a India para asociarse con otros miembros de los acuerdos Abraham: Marruecos e Israel, en cuanto a la anexión y ocupación criminales.

Todo esto es el telón de fondo para tratar las cuestiones referentes a las relaciones internacionales de India. La nación está en un difícil acto de equilibrismo. Por mucho, su principal proveedor de armas es Rusia. Está enfrascada en una larga y cada vez peor disputa fronteriza con China, por lo que debe preocuparle la profundización de la alianza entre Moscú y Pekín. El QUAD, comandado por Estados Unidos, tiene la intención de rodear a China, pero India es un socio reticente con poca disposición a adoptar un papel subimperial. A diferencia de otros miembros del QUAD, se une al resto del Sur Global en su negativa a verse envuelto en la guerra por asociación de Estados Unidos contra Rusia en Ucrania. Sin embargo, India no puede alejarse demasiado para aislarse de Estados Unidos que es también un aliado natural, sobre todo en la estructura que emerge de los republicanos y sus alianzas con Estados reaccionarios.

La situación es en general muy compleja, sin siquiera tomar en cuenta los problemas internos que enfrenta el sur de Asia.

Estados Unidos es un país con inestabilidad política y social, que posiblemente está en medio de una transición histórica. Su influencia en el mundo se ha debilitado en años recientes y sus instituciones están bajo severos ataques de fuerzas reaccionarias. Con la democracia estadunidense en picada, incluso hay quienes hablan de un plan radical de reestructurar al gobierno federal en caso de que Donald Trumpo regrese al poder en 2024. ¿Hasta qué grado el desgaste del imperialismo ha contribuido al declive de la sociedad, y hasta qué grado los políticos locales tienen efecto sobre las decisiones de política exterior? En todo caso ¿qué tanto la decadencia de Estados Unidos representa una amenaza para la paz y seguridad mundiales?

Por décadas se ha hablado del declive de Estados Unidos y hay algo de cierto en ello. Sin paralelo histórico, Estados Unidos llegó a su cima en 1945, pero eso obviamente no podía durar y ha decaído desde entonces, pese a que gracias a ciertas medidas algo de su poder prevalece.

Hay mucho qué decir sobre el tema, pero si me apego estrictamente a la pregunta, el declive de Estados Unidos se debe sobe todo a golpes internos, y es algo severo. Una medida crucial es la mortandad. El título de un estudio reciente es: “Estados Unidos estaba en una crisis de muerte prematura antes del covid”. El estudio demuestra que “antes de que comenzara la pandemia, más personas morían a menor edad que en otras naciones con riqueza comparable”. Los datos son alarmantes, y hablan de las “muertes por desesperanza”, que es un fenómeno entre los estadunidenses blancos en edad productiva, algo de lo que no se hablaba antes. Ese es solo un indicador sorprendente de cómo el país se desmorona en lo socioeconómico y político desde el asalto neoliberal que se personificó en Reagan-Bush, Clinton y sus sucesores.

El “plan radical” para acabar con los vestigios de la democracia de Estados Unidos se anunció unos días antes de las elecciones de noviembre y se olvidó en la debacle que siguió. Se reveló recientemente en una investigación de Axios. La idea fundamental es revertir los programas que han existido desde el siglo XIX con el fin de crear un servicio civil apolítico, y así destruir una cimiento esencial de una democracia funcional.

Trump emitió una orden ejecutiva que da al presidente (o sea, a sí mismo) la autoridad de contratar a sus seguidores en puestos del servicio civil, lo que es un paso más hacia el ideal fascista de tener un partido poderoso con un Máximo Líder que controla a la sociedad. Biden revirtió la orden.

Los demócratas en el Congreso buscan aprobar una ley que prohíba ese ataque directo a la democracia, pero con toda probabilidad los republicanos no la aceptarán debido a que muchas iniciativas actuales para establecerse permanentemente en el poder, pese a ser minoría, podrían dar fruto gracias a la aprobación del juez reaccionario Roberts.

Sobre eso, la Suprema Corte decidió retomar un estrafalario caso, Moore vs Harper, que permitiría a las legislaturas estatales (en las que los republicanos se verían beneficiados por particularidades estructurales del partido) a identificar a los electores que rechacen el voto popular para preservar la lealtad dentro de sus filas. Esta “teoría de la legislatura estatal independiente” tiene cierta base constitucional, pero es absurdo que siquiera se tome en consideración, hasta ahora que el Partido Republicano recurre a trabas burocráticas en su campaña para conservar el poder, y pasar por alto la voluntad popular.

No me parece que la campaña conservadora para socavar la democracia sea resultado del desgaste de su postura imperialista, sino de su naturaleza y sus raíces afianzadas en el deseo primario de aferrarse al poder.

No tengo claro cuál sería el impacto en la política exterior. Trump es un cañón sin freno, sin una idea clara en la cabeza que no sea él mismo. También tiene una tendencia a destruir lo que sea que otros han ayudado a construir mientras él se adhiere a un principio básico: enriquecer a los super ricos y al poder corporativo. Al menos ese aspecto no es criticado por su augusta majestad. Sus contrincantes republicanos, estupefactos y temerosos del poder que el magnate ejerce sobre las masas electorales, dicen muy poco.

Las implicaciones globales para la paz y la seguridad son claras. Los triunfos de Trump en su dominio favorecen a las dos mayores amenazas para la supervivencia de la sociedad humana organizada: la destrucción ambiental y la guerra nuclear. Retiró al país de los acuerdos de París que intentan impedir una catástrofe climática, e hizo todo lo que pudo para eliminar en su país regulaciones que mitigan sus efectos. Llevó adelante el programa republicano (que comenzó G. W. Bush) para desmantelar el régimen de control de armas que se elaboró cuidadosamente para reducir la amenaza de una guerra nuclear terminal. También destruyó el Acuerdo Nuclear con Irán, con lo que violó un convenio del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas contra amenazas globales.

No hay forma de saber lo que hará en cuestiones particulares… quizá haga lo que escuchó en Fox News.

La idea de que el futuro del mundo pueda pronto volver a estar en sus manos rebasa cualquier incredulidad.

No hay escasez de tareas vitales en el camino que nos espera.

Traducción: Gabriela Fonseca