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9/05/2026

Sáhara Occidental: mujeres en lucha por una igualdad real

 Por Patricia Simón

Fuentes: La Marea

Tras crear un Estado en uno de los lugares más inhóspitos del mundo, las saharauis exiliadas en los campamentos de Tinduf buscan hoy su propia autonomía.

Cinco generaciones de mujeres saharauis han crecido y vivido logrando imposibles. Sobrevivían y cuidaban de niños, niñas y personas ancianas en uno de los lugares más inhóspitos del mundo. Intentaban poner puertas al desierto, barriéndolo fuera de sus haimas con escobones, tapando los resquicios de las tiendas, las puertas, las ventanas, para que la hamada no se les metiera más adentro. Con su inteligencia y sus manos fueron capaces de levantar, de la nada, un Estado en medio del destierro. Mientras tanto, los hombres se encargaban de combatir a las fuerzas ocupantes a cientos de kilómetros.

Esa es la división de las tareas que estableció el pueblo saharaui forzado al exilio hace 50 años, después de que España abandonase el Sáhara Occidental y permitiese que Marruecos ocupase la que sigue siendo la última colonia europea por descolonizar en África. Desde entonces, más de 170.000 personas –una de cada tres de ellas, menores– viven entre arena y piedras, sacudidos a menudo por tormentas que enferman los ojos y las fosas respiratorias, con temperaturas de más de 50 ºC en verano y que rozan los 0 ºC en invierno, en unas condiciones que las enferman, debilitan y empobrecen.

«Desde entonces, hemos conseguido lo que los españoles no consiguieron en cien años. Cuando España nos abandonó, no había ni una sola mujer saharaui universitaria y apenas se les permitió estudiar a unos 30 chicos. No había médicos saharauis y había carreras prohibidas para nosotros, como las Ciencias Políticas. La primera gran manifestación saharaui tuvo lugar entonces y la llevaron a cabo las mujeres pidiendo el derecho a la enseñanza, a la salud, al trabajo», explica Suelma Beiruk, ministra de Asuntos Sociales y Promoción de la Mujer de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), en su despacho en los campamentos de personas refugiadas de Tinduf (Argelia).

Sáhara Occidental: Mujeres en lucha por una igualdad real
Suelma Beiruk, ministra de Asuntos Sociales y Promoción de la Mujer de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), en su despacho. PATRICIA SIMÓN

Avances desiguales

En una construcción de paredes desconchadas y con la arena del desierto abriéndose paso por las estancias, Beiruk defiende el trabajo realizado por el Frente Polisario en las cinco décadas de exilio forzado. Un periodo en el que buena parte de su población ha sido alfabetizada y en el que el acceso a la educación superior de los hombres se equipara al de las mujeres, quienes ocupan, además, un 42,7% del parlamento. Un salto en la igualdad de género sin apenas precedentes en el mundo e inaudita en el contexto de los campos de refugiados. Sin embargo, como en todas las sociedades, los retos en este ámbito siguen siendo importantes.

«En mi película, una niña le dice a su padre que quiere ir a la escuela a estudiar. Y su padre le dice que no, que le va a preparar una boda. Y ella le dice que no quiere porque es muy pequeña», explica Mahouda Ahmed, una joven de 19 años cuyos progenitores, cuando vieron cómo le apasionaba grabar con su móvil, le propusieron estudiar cine en la escuela audiovisual del FiSahara, el festival de cine del Sáhara Occidental. Mahouda tuvo claro desde un principio que quería dedicar su primer corto a esta problemática. «Yo quiero estudiar y hacer muchas cosas. No quiero casarme. Aquí muchas niñas pequeñas no estudian y solo quieren hacer la boda. Da mucha pena», explica, llena de ganas de continuar su formación en España para poder trabajar como cineasta.

Sáhara Occidental: Mujeres en lucha por una igualdad real
Mahouada Ahmed, estudiante de cine en la Escuela del FiSahara y autora de un corto de ficción sobre el matrimonio infantil. PATRICIA SIMÓN

La legislación saharaui establece la edad mínima para casarse en los 16 años, según la ministra Beiruk, aunque sigue habiendo casos de matrimonio infantil. No hay cifras oficiales y Beiruk sostiene no tener constancia de ninguno. «En el caso de que lo hubiese –asegura–, hablaríamos con los padres para solucionar la situación». No existen penas de cárcel o multas, explica, sino que el papel de las autoridades se limita a mediar para que el matrimonio no se celebre.

Desde España, la decena de mujeres en la diáspora que integran el Movimiento Feminista Saharaui sostienen que «no hay datos oficiales que nos permitan saber la realidad actual de casi ninguna de las violencias y limitaciones que sufrimos las mujeres en nuestra sociedad, pero sí sabemos de casos de menores de 18 años que contraen matrimonio y no está mal visto ni se impide de forma legal o desde las instituciones». Las activistas han decidido mantenerse en el anonimato y hablar en nombre del colectivo para poder seguir desarrollando su labor de apoyo a mujeres en los campamentos.

«En los años ochenta y noventa se promovía la educación desde todos los ámbitos. Era una reivindicación política del Estado y del pueblo: que toda la juventud se formara y se cultivara para aportar a la sociedad y con vistas a la independencia del Sáhara Occidental. Pero el paso del tiempo y el estancamiento de la situación política y social, el exilio y el refugio prolongados, han hecho que las nuevas generaciones no le encuentren utilidad. Ven que las mujeres mayores que emigraron, estudiaron y se formaron también han terminado en los campamentos, sin apenas salidas profesionales y relegadas a los cuidados, a la cocina, casándose y criando hijos. Así que muchas chicas piensan: “¿Para qué voy a hacer todo eso si no va a cambiar nada?”. Esto es también lo que busca la ocupación», explica una de sus integrantes por videoconferencia. «Además, nos siguen educando en la idea de que para ser mujeres completas tenemos que casarnos y tener hijos. Y como en la mayoría del mundo, las mujeres, y especialmente las jóvenes, somos las que cuidamos a las criaturas pequeñas y a nuestros mayores, las que cocinamos, limpiamos y llevamos toda la carga del hogar. Cuando tienes 15, 16, 17 años, casarte es la vía más asequible para salir un poco de eso», añade.

Sin datos sobre violencia de género

«Las mujeres son la corona del pueblo saharaui» es una de las coletillas más escuchadas en los campamentos para negar que haya violencia de género cuando se pregunta por ella. También la mencionó la ministra Beiruk, quien dijo haber oído que «empieza a haber violencia verbal, pero si un hombre maltrata a una mujer, el resto de la sociedad lo rechaza. Por eso los hombres maltratadores no se casan».

Abida Mohamed Buzeid, funcionaria en el Ministerio de Asuntos Exteriores, apunta que el Polisario sí ha creado herramientas contra las violencias de género, como el Mecanismo Técnico de Promoción y Protección de las Mujeres. «El problema es que muchas mujeres y niñas no recurren a él porque desconocen su existencia», lamenta Buzeid en su casa, decorada con ilustraciones y tapices que representan a mujeres africanas. «España ha llegado al tema de los derechos de los mujeres tras siglos de lucha de las mujeres y de las feministas. No se puede juzgar a una sociedad como la saharaui, creada hace menos de medio siglo, en condiciones extraordinarias, en un contexto de guerra y en el exilio», analiza esta licenciada en Bioquímica que, tras representar al Frente Polisario en Dinamarca, ha vuelto a trabajar en los campamentos. «Hay que recordar que la colonización española no es de las generosas, como la inglesa o un poco la francesa, donde al menos educaban y cuando se iban dejaban a los pueblos un poco formados para que pudieran levantarse con sus propias capacidades. España siempre ha mantenido al pueblo saharaui marginado, y más aún a sus mujeres. Así que lo que ha logrado la mujer saharaui hasta hoy es un motivo de celebración, a pesar de que seguimos teniendo muchos desafíos».

Sáhara Occidental: Mujeres en lucha por una igualdad real
La bioquímica Abida Mohamed Buzeid representó al Polisario en Dinamarca y ha vuelto a los campamentos para trabajar en el Ministerio de Exteriores. PATRICIA SIMÓN

Una de las críticas a las que se ha tenido que enfrentar el Movimiento Saharaui Feminista es la de que con sus denuncias están perjudicando a la causa de la autodeterminación del Sáhara Occidental. «Lo primero de lo que se nos acusa es de ser promarroquíes porque, dicen, nos estamos metiendo con nuestra cultura, nuestra sociedad y con la causa nacional al criticar las opresiones que sufrimos por ser mujeres en una sociedad patriarcal y machista, como ocurre en el resto del mundo. Cuando las mujeres saharauis protestamos pidiendo el cumplimiento de nuestros derechos básicos, nos dicen que tenemos que esperar a que el Sáhara Occidental sea libre e independiente y, ya una vez en nuestra tierra, será el momento de otras luchas. Para nosotras no es incompatible luchar por la independencia de nuestra patria y por el respeto a nuestros derechos como mujeres», denuncia por videoconferencia la activista.

El Movimiento Feminista Saharaui presta especial atención al problema de la retención por parte de las familias de jóvenes saharauis cuando viajan a los campamentos. Desde que se conformó en 2021, su portavoz afirma que han tenido constancia de unos 10 casos y que se han implicado en cinco. «Son chicas de entre 18 y 30 años, que tenían en España su vida, su trabajo, su carrera. Normalmente, les piden que vayan a los campamentos de vacaciones, porque algún miembro de la familia está enfermo. También ha ocurrido durante una visita ordinaria. Cuando llegan, les quitan los papeles, las incomunican y comienza un proceso de presión y chantaje psicológico, a veces también de maltrato, para corregir lo que la familia percibe como una salida del camino correcto según la cultura saharaui», explica su portavoz.

El único caso que han denunciado públicamente es el de Safía, una joven de 27 años que estuvo retenida por su familia un año antes de conseguir escapar de los campamentos. Para entonces, sostienen desde la plataforma, su familia había conseguido que un fiscal saharaui emitiese una orden que impidiera la salida del territorio argelino de la joven, por lo que no podía volver a España por ninguna vía. Las activistas terminaron por denunciarlo públicamente tras meses trabajando por su liberación de manera confidencial. Consiguieron que el Gobierno de España emitiese varios salvoconductos, pero hasta octubre de 2025 Safía no consiguió viajar. Desde entonces, reside en España.

Violencia estética colonial

Otra de las violencias que sufren las saharauis, y que es común a todas las mujeres del mundo, tiene sus raíces en el colonialismo. «El canon estético de las mujeres africanas sostiene que debemos estar gordas y tener la piel clara. En los tiempos del colonialismo se entendía que si pertenecías a las familias ricas comías mucho y eras blanca. Es decir, lo contrario de lo que somos», explica Aziza Mrabih Abeidu, una de las impulsoras del proyecto Por Nosotras, un centro de estética creado para sensibilizar sobre las consecuencias para la salud de las cremas decolorantes, los corticoides y otros medicamentos cuyo consumo se ha extendido entre parte de las mujeres saharauis para engordar.

La Organización Mundial de la Salud desaconseja el uso de estas cremas porque muchas contienen mercurio, lo que provoca graves daños, especialmente en la salud reproductiva y hormonal. Además, el abuso de algunos corticoides puede perjudicar al equilibrio hormonal, entre otras contraindicaciones.

«Todas trabajamos en ONG internacionales y cuando organizábamos sesiones para explicar estas cuestiones, solo venían las mujeres mayores ya sensibilizadas con estos problemas. Así que decidimos crear un centro de estética donde las mujeres jóvenes vengan a depilarse, a peinarse, a hacerse la henna y mientras les hablamos de cómo cuidarse sin poner en riesgo su salud», continúa explicando su compañera, Enguia Hafdala Sidahmed.

Sáhara Occidental: Mujeres en lucha por una igualdad real
Sesión del proyecto Por Nosotras en su clínica estética. PATRICIA SIMÓN

Tras conseguir el apoyo del Instituto de las Desigualdades del Ayuntamiento de Barcelona, pusieron en marcha una iniciativa que parte de su condición de refugiadas: «Hay que pensar que detrás de la agresión estética que suponen estos productos y que están provocando incluso abortos e infertilidad, hay una herida. En el exilio, si no te casas y no tienes hijos, no tienes quien te cuide cuando seas mayor, así que es importante poder casarse. En consecuencia, les enseñamos a aclararse la piel como hacían las anteriores generaciones, con productos naturales, y a engordar con leche y carne de camello, rica en grasa», explica Fatma-Galia Beiba Saleh. A su lado, Adala Mohamed subraya la clave del éxito de la iniciativa: «Tras tantos años trabajando con ONG sabemos qué necesita nuestra comunidad, cómo formular proyectos y cómo ponerlos en marcha. Por eso está funcionando».

Las integrantes de Por Nosotras son, además, un grupo de amigas que se apoyan en la crianza, se cubren cuando necesitan tiempo para sí mismas y se ríen juntas como si no hubiera un mañana. «Como mujeres, tenemos muchos roles en nuestra sociedad: trabajamos en nuestras casas, en nuestros empleos, tenemos iniciativa. Por eso es crucial que nos apoyemos entre nosotras», concluyen entre bromas y abrazos.

La crisis humanitaria que fuerza a un nuevo exilio

La supresión de las ayudas de la agencia estadounidense USAID y los recortes en las ayudas a la cooperación de Europa han agravado aún más la crisis humanitaria que sufre el pueblo saharaui exiliado desde hace medio siglo. Los presupuestos del Frente Polisario se han reducido al 50% desde 2020, lo que ha impactado gravemente en cuestiones tan básicas como la educación y la sanidad. La falta de recursos para pagar salarios que permitan vivir ha provocado que no haya suficiente profesorado para impartir las clases, por lo que los docentes están siendo sustituidos por estudiantes de bachillerato. En los hospitales y centros de salud falta personal sanitario, por lo que están abriéndose consultorios y hospitales privados. Esta crisis económica está forzando a cientos de jóvenes a jugarse la vida subiéndose a una patera para buscar oportunidades en España.

Mientras, y tras el cambio histórico de postura del Gobierno español respecto al Sáhara Occidental, cuando en 2022 Pedro Sánchez anunció su respaldo al plan de autonomía marroquí –ilegal según la normativa internacional–, la reciente exclusión de los saharauis de la regularización de personas migrantes (un desaire que luego se intentó corregir con una proposición de ley que concederá la nacionalidad española a los saharauis y a sus descendientes) ha sido vivida como una nueva traición a un pueblo con el que España no tiene una deuda histórica, sino que sigue siendo a día de hoy la potencia administradora de iure, como recuerda recurrentemente la ONU, y la principal responsable de su infernal destierro.

La realización de este reportaje ha sido posible gracias a un viaje organizado y financiado por el Festival Internacional de Cine del Sáhara Occidental (FiSahara).

Este reportaje sobre las mujeres saharauis se ha publicado originalmente en La Marea 112. Hazte con un ejemplar aquí.

Fuente: https://www.lamarea.com/2026/08/26/mujeres-saharauis/

7/25/2026

Ser cuidadora aumenta la desigualdad y limita las oportunidades de las mujeres en México

 

En México, las labores de cuidado no solo sostienen la vida cotidiana de millones de familias; también perpetúan la pobreza y reducen las oportunidades de las mujeres para estudiar, acceder a mejores empleos y mejorar sus condiciones económicas, advirtió el Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY).

En el marco del Día Internacional del Trabajo Doméstico, que se conmemora cada 22 de julio, el organismo llamó a acelerar la creación de un Sistema Nacional de Cuidados y garantizar el acceso de las personas cuidadoras a la seguridad social, al considerar que el cuidado es uno de los principales factores que frenan la movilidad social en México.

De acuerdo con el informe Movilidad social y cuidados: un vínculo inseparable, la organización social del cuidado determina buena parte de las oportunidades de vida. Las responsabilidades de cuidado afectan el tiempo disponible, el acceso al empleo, la educación, los ingresos y el bienestar físico y emocional de quienes las realizan, una carga que continúa recayendo principalmente sobre las mujeres.

Mónica Orozco Corona, investigadora asociada externa del CEEY y directora de GENDERS, explicó que por cada hora destinada al trabajo remunerado es necesaria otra hora de trabajo doméstico y de cuidados dentro de los hogares, una realidad que suele permanecer invisible para la economía, aunque resulta indispensable para que el resto de las actividades productivas funcionen.

Las cuidadoras tienen menos posibilidades de salir de la pobreza

Los hallazgos del CEEY muestran que las personas que asumen tareas de cuidado enfrentan mayores obstáculos para mejorar su situación económica.

Entre quienes nacieron en los hogares con menos recursos económicos, 73% de las personas cuidadoras permanece en los dos estratos más bajos de ingresos, mientras que entre quienes no realizan estas labores la proporción disminuye a 64%. Apenas 3% de las personas cuidadoras logra alcanzar el nivel económico más alto.

Además, la desigualdad de oportunidades pesa más sobre quienes cuidan. El estudio estima que al menos 44% de la desigualdad en los ingresos responde a circunstancias fuera del control de las personas y que ser cuidadora aporta alrededor de 9% a esa desigualdad. Entre quienes realizan cuidados, las condiciones de origen explican 52% de la desigualdad de ingresos, frente a 37% entre quienes no cuidan.

El trabajo de cuidados también limita la educación y el empleo

La investigación revela que las responsabilidades de cuidado reducen las posibilidades de continuar estudiando y participar en el mercado laboral.

Las personas cuidadoras cuyos padres solo cursaron la primaria tienen menores probabilidades de alcanzar estudios profesionales que quienes no realizan labores de cuidado. Asimismo, las responsabilidades de cuidado disminuyen la participación laboral, especialmente cuando se trata del cuidado de personas adultas mayores o cuando la persona es la cuidadora principal.

La situación afecta principalmente a las mujeres. El informe identifica que 76% de las personas cuidadoras actuales son mujeres, mientras que casi la mitad de ellas se encuentra fuera del mercado laboral.

Además, los roles de género continúan reproduciéndose entre generaciones: 37% de las hijas de mujeres dedicadas al trabajo de cuidados no remunerado terminan realizando la misma actividad, mientras que entre los hombres esta proporción apenas alcanza 0.4%.

Sistema de Cuidados, una política para romper el ciclo de desigualdad

El informe sostiene que la falta de servicios públicos de cuidado profundiza la desigualdad y mantiene atrapadas a las familias en condiciones de pobreza.

Las personas que viven en localidades donde existen servicios de cuidado tienen mayores probabilidades de mejorar su posición económica respecto de quienes habitan en comunidades sin esa infraestructura. Incluso, disponer de servicios para personas adultas mayores o con discapacidad incrementa en 53% la posibilidad de que las personas cuidadoras abandonen los estratos de menores ingresos.

Por ello, el CEEY concluye que construir un Sistema Nacional de Cuidados no solo representa una medida de justicia social para las mujeres, sino una estrategia indispensable para reducir la desigualdad, fortalecer la movilidad social y garantizar el derecho de todas las personas a cuidar, recibir cuidados y también autocuidarse.

6/13/2026

Mundial sería el más visto en historia de medios globales ¿Aprovecharán para impulsar la igualdad?

ONU Mujeres consideró que ningún gobierno, campaña, ni institución tiene el poder del fútbol para hacer que miles de millones de personas sientan lo mismo al mismo tiempo, por lo que si ese poder se orienta hacia la igualdad de género, puede convertirse en la fuerza de cambio más escalable, emocional y culturalmente influyente disponible hoy.

Aunque casi todo el mundo estará viendo este Mundial, las decisiones sobre cómo se utiliza la plataforma del Mundial, qué mensajes transmite y a quién beneficia, se toman en espacios de toma de decisiones que no representan a esa audiencia.

Por lo que este deporte es el instrumento más rápido para construir solidaridad y promover acciones a favor de la igualdad de género y en este 2026, este evento atravesará tres países anfitriones, llegará a miles de millones de hogares y probablemente se convertirá en el espectáculo más visto de la historia de la humanidad.

El organismo internacional puntualizó que este Mundial masculino de 2026 está proyectado para recibir a cinco millones de aficionados en los estadios, con ingresos por patrocinio que superarán los 2 mil 800 millones de dólares.

Visibilizar el deporte femenino

Los derechos de transmisión del Mundial masculino de 2026 superarán los 4 mil 200 millones de dólares, mientras que los ingresos por patrocinio superarán los 2 mil 800 millones. La asistencia está en camino de romper un récord de 32 años.

En el Reino Unido, el deporte femenino alcanzó 397 millones de horas de visualización en 2025, con 48 millones de espectadores. En Estados Unidos, se consumieron 46 mil millones de minutos de contenido deportivo femenino ese mismo año. Sin embargo, el deporte femenino recibe solo el 8% de la cobertura en horario estelar, pese a que genera el 13% del consumo en ese mismo horario.

Mientras el fútbol masculino ha construido durante décadas su infraestructura comercial, el deporte femenino ya está superando la suya, lo que lo convierte en una de las mayores oportunidades de crecimiento en el ámbito deportivo.

Solo la Copa Mundial Femenina de 2023 atrajo a casi 2 mil millones de espectadores, la mayor audiencia en la historia de un evento deportivo femenino. Se prevé que el fútbol femenino supere los 800 millones de aficionados para 2030 y se posicione entre los cinco deportes más populares del mundo.

La brecha salarial de género es significativa

La FIFA proyecta ingresos de aproximadamente 9 mil millones de dólares solo en el año del Mundial masculino de 2026. Durante todo el ciclo comercial entre 2023 y 2026, se espera alcanzar los 13 mil millones de dólares, más de un 70% por encima del ciclo anterior.

En el deporte femenino, los ingresos de élite podrían alcanzar los 3 mil millones de dólares en 2026, lo que representa un crecimiento del 340% en cuatro años. Sin embargo, ninguna mujer figura en la lista de Forbes 2025 entre los 50 atletas mejor pagados del mundo.

El fondo de premios del Mundial Femenino de 2023 representó apenas un tercio de los 440 millones de dólares entregados en el torneo masculino en Catar, a pesar de haber aumentado un 300% desde 2019. Esta es la contradicción central del fútbol contemporáneo: un deporte que genera cifras récord, pero que aún no paga a las mujeres en igualdad de condiciones.

Un estudio de 2026 indica que las mujeres ocupan poco más del 32 % de los cargos ejecutivos en federaciones deportivas internacionales. Según la FIFA, solo el 5 % de las entrenadoras de fútbol registradas a nivel mundial son mujeres. En los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, apenas el 13 % de los entrenadores eran mujeres.

Así, las decisiones sobre el torneo más influyente del fútbol se toman mayoritariamente sin la experiencia de mujeres en el juego.

La violencia contra mujeres y niñas

El fútbol une al mundo, pero también puede intensificar riesgos para millones de mujeres. Diversos estudios muestran vínculos entre grandes eventos deportivos y el aumento de la violencia contra mujeres.

En Brasil, los días en que juega el equipo local, las amenazas contra mujeres aumentan un 23,7 % y las agresiones físicas un 20,8 %. Esta evidencia coincide con investigaciones realizadas en Estados Unidos (un aumento del 10% tras derrotas inesperadas), Inglaterra (durante el Mundial de 2010) y Escocia (incrementos del 36% durante partidos de rivalidad).

Además, mujeres que trabajan en el fútbol —como entrenadoras, árbitras o periodistas— enfrentan acoso, abuso y violencia sistemática, mientras los mecanismos de protección siguen siendo insuficientes.

A nivel global, una de cada tres organizaciones que trabajan para erradicar la violencia contra las mujeres ha tenido que suspender o cerrar programas por falta de financiamiento.

Las niñas abandonan el deporte cada día

Las niñas menores de 14 años abandonan el deporte al doble de ritmo que los niños, no por falta de talento, sino por barreras como la pobreza, los estereotipos, la presión social, los cambios corporales y la falta de referentes.

Sin embargo, las niñas que practican deportes permanecen más tiempo en la escuela, retrasan la maternidad y acceden a mejores oportunidades laborales. El programa Una victoria lleva a otra de ONU Mujeres ha fortalecido las habilidades de liderazgo de más de 3.200 niñas en Brasil y Argentina a través del deporte.

Cada niña que abandona el deporte representa una potencial líder, innovadora o agente de cambio que el mundo pierde.

Brasil albergará la Copa Mundial Femenina de Fútbol en 2027, la primera que se celebra en suelo sudamericano, y reunirá a 32 selecciones en ocho ciudades.  

Los Juegos Olímpicos de París 2024 fueron los primeros en tener plena igualdad de género, lo que demuestra que aún es posible alcanzar hitos históricos.

Cada Mundial concentra la atención global. Cada Mundial es una oportunidad para transformar el mundo. Hoy, el fútbol tiene el mayor escenario de su historia y también la responsabilidad más urgente: impulsar la igualdad de género para todas las mujeres y niñas.  

11/15/2025

Mexicanas pagan $28 mil por gestión menstrual. El impacto económico frente a la desigualdad

 

Esta cifra se estimó considerando que los productos como toallas sanitarias o tampones deben cambiarse aproximadamente cada cuatro horas. Si se toma como referencia un rango de edad de 12 a 50 años, las mujeres utilizan en promedio entre 20 y 30 toallas al mes, es decir, alrededor de 360 al año. En un periodo de 38 años, esto equivale a cerca de 13 mil 680 toallas. Con un costo promedio de entre 2 y 3 pesos por unidad, el gasto total asciende a más de 28 mil pesos a lo largo de la vida menstrual de una mujer.

La situación se complica aún más si se toma en cuenta que, según el informe, el 42.2% de las mexicanas que menstrúan viven en condiciones de pobreza, lo que dificulta su acceso a productos básicos para una gestión menstrual adecuada. Este problema, conocido como pobreza menstrual incluye las barreras económicas y estructurales que les impiden adquirir insumos de higiene, contar con agua potable o disponer de baños en condiciones dignas.

El informe también advierte que muchas mujeres deben priorizar gastos esenciales, lo que las obliga a tomar decisiones difíciles respecto a qué productos adquirir. Estas elecciones, aunque personales, impactan directamente en su bienestar físico, pues al utilizar una misma toalla o tampón por periodos prolongados aumenta el riesgo de padecer infecciones vaginales, de vías urinarias o incluso el síndrome de shock tóxico.

Asimismo, la falta de condiciones adecuadas para una gestión menstrual digna limita el uso de productos reutilizables como la copa menstrual, las toallas de tela o la ropa interior absorbente. Aunque son opciones más sostenibles y saludables, su costo inicial es más alto y requieren acceso constante a agua potable y materiales de limpieza, lo que las vuelve inviables para muchas mujeres. Así, las alternativas más ecológicas y seguras terminan siendo, paradójicamente, las menos accesibles para quienes más las necesitan.

Políticas públicas insuficientes

En México, en octubre de 2021 se aprobó una reforma para eliminar el Impuesto al Valor Agregado (IVA) a los productos de gestión menstrual. Con esta medida, artículos como una caja con 10 tampones redujeron su precio de 41.50 a 34.86 pesos. El cambio representó un avance importante en materia de derechos reproductivos y equidad de género, ya que reconoció que menstruar implica un gasto constante que afecta de manera diferenciada a las mujeres.

Para alcanzar esta reforma, diversas mujeres y colectivas de la sociedad civil impulsaron iniciativas, entre ellas Menstruación Digna México, que argumentó que el IVA del 16% aplicado a estos productos vulneraba el derecho a la no discriminación y profundizaba la desigualdad socioeconómica entre hombres y mujeres. Gracias a su activismo, el tema de la gestión menstrual logró colocarse en la agenda pública y legislativa.

Sin embargo, a pesar de estos avances, las acciones gubernamentales continúan siendo insuficientes. Si bien 22 estados del país han aprobado leyes que garantizan la distribución gratuita de productos de gestión menstrual en escuelas o centros de salud, en la práctica estas medidas no se han concretado de forma efectiva. Los programas carecen de seguimiento, presupuestos adecuados y coordinación institucional, lo que impide que las políticas se traduzcan en beneficios reales para las personas que las necesitan.

Anahí Rodríguez, integrante de Menstruación Digna México, explicó que en materia de políticas fiscales y sociales no basta con aprobar leyes, sino que es necesario diseñar una hoja de ruta clara que contemple la capacitación del personal encargado de implementar las medidas, la difusión de información pertinente y la creación de mecanismos de evaluación y rendición de cuentas que aseguren su cumplimiento.

Como ejemplo de las deficiencias en la implementación, Rodríguez mencionó el caso de Michoacán, primer estado en aprobar la gratuidad de productos menstruales en escuelas de educación básica. A pesar de la aprobación de la ley, los artículos entregados fueron insuficientes, y el personal docente no recibió orientación sobre cómo, cuándo o en qué cantidad distribuirlos entre las alumnas. 

Esta situación evidenció que la existencia de leyes no garantiza su correcta aplicación, y que la falta de planeación puede convertir una política progresista en una medida simbólica sin impacto real.

 Aunque en México se han dado pasos importantes hacia una gestión menstrual más justa y accesible, las acciones implementadas siguen siendo insuficientes para erradicar la pobreza menstrual y garantizar el derecho a la salud e igualdad de las mujeres.

La eliminación del IVA representó un avance simbólico, pero la falta de políticas integrales, presupuestos claros y estrategias de implementación efectivas limita su verdadero impacto.

8/30/2025

El espejito digital: cómo la IA refleja y amplifica desigualdades

 

Pero ¿qué pasó realmente? Nuestro conocimiento sobre el uso y la operación de la inteligencia artificial sigue siendo, en su mayoría, rudimentario. Estamos aprendiendo a usarla como aprendimos a usar las redes sociales e incluso el internet: sobre la marcha, sin leer el manual. Nos centramos en lo que puede hacer, pero pocas veces nos detenemos a ver qué hay detrás de la tecnología porque el tiempo apremia. Y, en ese camino, estamos propagando ideas equivocadas: una de ellas es asumir que las IAs “razonan” o “piensan” como nosotras y nosotros.

La realidad es que las inteligencias artificiales como ChatGPT no piensan ni sienten. Para eso necesitarían experiencia de vida, y no la tienen (no le quiero romper el corazón a nadie, pero es riesgoso tratarlas como si fueran personas). Funcionan con patrones: procesan cantidades enormes de información que ya existen (libros, artículos, conversaciones) y, con eso, predicen qué palabra, frase o dato es más probable que siga. No generan conocimiento nuevo, solo reorganizan lo que encuentran. Por eso “contar hasta un millón” les parece poco funcional porque tendrían que hacer demasiado para algo tan simple. No están diseñadas para eso.

Toda esa información que reorganiza viene de un mundo desigual así que arrastra sus sesgos. Si en los textos que “leen” predominan las miradas masculinas, racistas o clasistas, las respuestas tenderán a reproducir esas perspectivas, a menos que se les corrija o se les entrene con criterios distintos. La máquina no discrimina por sí sola, pero tampoco cuestiona lo que aprende.

Y ahí es donde el asunto se pone interesante: si no cuestionamos cómo están entrenadas estas inteligencias artificiales, corremos el riesgo de que repliquen y amplifiquen las desigualdades que ya existen. Los sesgos de género son un ejemplo claro.

Si la mayoría de los textos con los que se alimenta una IA hablan de las mujeres como secundarias, frágiles o invisibles, la máquina aprenderá a responder desde esas narrativas. No es que “piense” así, es que repite el mundo que le enseñaron. Por eso a veces parece que las IAs saben mucho y, al mismo tiempo, entienden poco. Son capaces de dar cifras exactas sobre la brecha salarial, pero también pueden omitir la voz de las mujeres o reforzar estereotipos sin siquiera “saber” que lo están haciendo. El problema no es solo tecnológico, es político.

Combatir estos sesgos no se logra solo con “mejores algoritmos”, sino con decisiones políticas y éticas sobre qué datos se utilizan para entrenar las IAs y quién participa en ese proceso. Si las bases de datos se nutren casi exclusivamente de voces masculinas, el resultado será un modelo que silencia a las mujeres. Necesitamos diseñar tecnologías que integren perspectivas feministas, plurales y diversas. De lo contrario, lo que llamamos “inteligencia” artificial seguirá siendo un espejo que nos devuelve, amplificados, los mismos prejuicios y desigualdades que queremos desmontar.

La inteligencia artificial puede ser una herramienta útil para procesar tareas, investigar, analizar datos o hasta para ayudarnos a generar nuevas ideas, pero si asumimos que sus respuestas son “neutrales” o “infalibles”, estamos renunciando a cuestionar el origen de la información y los marcos que reproduce.

Necesitamos preguntarnos siempre desde dónde responde, qué voces quedan fuera y qué estructuras sostiene. La máxima que dice: “¿quién dice qué y por qué? Usar la IA sin pensamiento crítico es aceptar que una máquina decida por nosotras y nosotros cómo se interpreta el mundo; usarla de forma consciente, en cambio, puede ayudarnos a evidenciar sesgos, disputarlos y abrir otras narrativas.

El principal problema de la IA no es que un día se rebele y deje de hacernos caso; el problema real es que la estamos utilizando sin entenderla y, en ese camino, corremos el riesgo de reproducir lo que buscamos romper. Es un bucle enorme: la IA nos dice lo que existe, lo que ya hay. Son el “espejito, espejito” del cuento de Blanca Nieves. Nos devuelve respuestas cómodas. ¿Creen que le dirá al “Chicharito” que sus afirmaciones son sexistas? No. Le dirá que “tiene sus pensamientos claros y decisivos”. Porque la IA no cuestiona el orden establecido. Y justamente por eso no podemos delegarle nuestras decisiones, ni permitir que moldee lo que pensamos.

11/09/2024

Del maltratador políticamente correcto al mito del padre igualitario


¿Qué sucede cuando los agresores machistas, de izquierdas y cercanos a las nuevas masculinidades, son además padres? La complicada relación que sigue existiendo entre la maternidad y el feminismo dificulta el #MeToo para las madres. Principalmente cuando la violencia proviene de padres que se consideran corresponsables.


Se ha hablado mucho estos días, al hilo del caso Errejón, de la violencia machista ejercida por hombres progresistas de la izquierda política, cercanos a las nuevas masculinidades, autodenominados afines al feminismo e incluso activistas. Pero es necesario plantearse otro dato que a menudo se obvia dentro del feminismo mayoritario: ¿qué sucede cuándo estos hombres son, además, padres?

Aunque hemos interiorizado que “ningún maltratador es un buen padre”, la complicada relación que sigue existiendo entre la maternidad y el feminismo aumenta la sospecha sobre las madres y apenas se produce un #MeToo para ellas. Principalmente cuando la violencia proviene de padres que hoy se consideran igualitarios y corresponsables.

¿Cómo opera el mito del padre igualitario en la sociedad? En primer lugar, ocultando la desigualdad que todavía existe en las tareas del hogar y los cuidados y escondiendo los privilegios paternos.

Convertirse en madre es el inicio de un juicio social continuado: se pondrá en duda cómo y dónde va a parir, cómo va a alimentar, cómo cría, cómo educa, cuánto coge al bebé o cuánto lo deja. De cualquier manera, la culpa se sitúa de forma automática sobre ella. Esto no sucede con los padres, a quienes se les sigue eximiendo socialmente de toda responsabilidad y cuyas acciones serán valoradas positivamente, incluso aquellas actividades propias de un adulto funcional. Como decía la chirigota de las CadiWoman: “Qué buen padre es, le hacen la ola si le da de comer”.

Así, la deconstrucción de los padres parte de un perfil de corresponsabilidad muy bajo y fácil de superar: como aquellos hombres que se definen feministas porque no agreden a las mujeres. A pesar de la dificultad de encontrar padres verdaderamente corresponsables, como bien demostró Darcy Lockman en ‘Toda la rabia’, se está generando, como dice la autora, un mito, es decir, la creencia de que es una norma generalizada que atraviesa a todas las familias contemporáneas modernas. Incluso en las encuestas un gran número de parejas heterosexuales suelen contestar que realizan las tareas y cuidados de forma equitativa, hecho que no se refleja en la realidad, y menos aún cuando hablamos de carga mental.

¿Cómo opera el mito del padre igualitario en la sociedad? En primer lugar, ocultando la desigualdad que todavía existe en las tareas del hogar y los cuidados y escondiendo los privilegios paternos. En segundo lugar, haciendo responsables a las mujeres de esta situación, quienes, ante la queja, deben escuchar un “haber elegido mejor”. Se presupone una avalancha de padres igualitarios donde una eligió al único que no lo era, una feminista que se dejó llevar por el amor romántico y olvidó pasar el test de la corresponsabilidad en su primera cita. ¿O era que llevaba la falda demasiado corta?

Padres que usurpan la función materna, que dicen a la mujer cómo parir o lactar, que la obligan a extraerse leche para poder alimentar a su bebé en primera persona

El mito del padre igualitario comienza a crecer y se vuelve especialmente peligroso en casos de violencia o incluso en separaciones. Pues un “buen padre” siempre tendrá más credibilidad en una sociedad donde los hombres se empiezan a incorporar a los cuidados sin perder sus privilegios.
En un extremo nos encontramos con hombres que se han informado a la perfección sobre parto, crianza, lactancia, sueño infantil, colecho, porteo, etcétera y toman un papel activo situándose como protagonistas (por encima de la madre y del bebé). El educador social Paco Herrero los llama “padres troyanos”, que se encuentran amparados por las nuevas masculinidades y las políticas de igualdad actuales (que igualan maternidad y paternidad, como hicieron con los permisos por nacimiento). Padres que usurpan la función materna, que dicen a la mujer cómo parir o lactar, que exigen su participación en igualdad, por ejemplo obligándola a extraerse leche para poder alimentar a su bebé en primera persona.

Comenzamos a encontrar violencias encubiertas en la pareja: mansplaining y control sobre los procesos sexuales y reproductivos; alianzas con las autoridades sanitarias contra los deseos y necesidades de las mujeres; competencia con la madre por el bebé o con el bebé por la atención de la madre; luz de gas y hacer creer a la madre que no es suficiente, que no lo hace bien, que su leche no alimenta; usurpación de los procesos (“estamos embarazados”, “damos teta”, “nosotros parimos en tal sitio”, “hemos sufrido violencia obstétrica”, etcétera). Estas actitudes se normalizan y alaban, ya que forman parte del padre moderno, que ya no está ausente y se implica (en pocas ocasiones a nivel emocional ni en el reparto igualitario de la carga mental). Por lo tanto, cuando se producen separaciones, estos hombres modelo suelen tener un alto grado de apoyo social e institucional.

Son muchas las madres protectoras que habrían dado cualquier cosa por un “hermana, yo sí te creo”

Son muchas las madres protectoras que habrían dado cualquier cosa por un “hermana, yo sí te creo”. Pero parece ser que defender a una madre no es demasiado progresista. Sobre todo si su pareja forma parte de las nuevas paternidades. En este caso, incluso las mismas madres dudan de sí mismas, pues, en el fondo, se trata de “un buen padre”, como aquel maltratador que saluda amablemente a los vecinos y realiza obras benéficas.

Comienzan a aumentar las custodias compartidas impuestas, alegando el bienestar de la infancia sin consultar a la infancia y en contra de la madre; pernoctas con bebés lactantes; sentencias que obligan a destetar porque aquel padre que defendía la leche materna como el mejor alimento para su bebé ahora considera el amamantamiento una excusa de la madre; acusaciones de falso Síndrome de Alienación Parental (SAP) que definen el apego materno como un chantaje, etcétera. Las madres tienen miedo y a menudo aceptan acuerdos perjudiciales para ellas con tal de permanecer todo el tiempo que puedan con sus criaturas. Saben que en este juego ellas pierden, incluso en los juzgados. La sospecha de no ser buenas madres siempre las está rondando.

Una sociedad patriarcal nunca situará en el centro la diada madre-bebé. La socióloga Barbara Katz Rothman mostraba cómo en este gobierno del padre se da prioridad a la genética (como contribución paterna) antes que a la gestación y crianza (contribuciones maternas). Este hecho sirve para justificar hoy las custodias compartidas impuestas (el bebé es genéticamente mitad de cada progenitor/progenitora y por ello “tienen derecho a su mitad”) o la explotación reproductiva (donde los gametos de los compradores se sitúan por encima de los procesos reproductivos de la madre gestante).

El poder del pater familias sigue estando ahí, bien posicionado y asentado, pero ahora nos muestra una cara más amable, con su mochila de porteo y rodeado por un halo de igualdad. Se alimenta de ciertos entornos feministas (que le otorgan incluso derechos remunerados) y se convierte en uno de los principales símbolos de la familia progresista. En la lucha por la corresponsabilidad en los cuidados (social e institucional, no solo paterna) es urgente incorporar, igual que en la izquierda y los activismos, una mirada realmente feminista que escuche a las madres y vaya más allá del actual postureo político y social.

6/15/2024

Nancy Fraser: “La crisis geopolítica tiene que ver con el fin de la hegemonía de Estados Unidos”

 pikaramagazine.com

Carme Vivancos-Sánchez

En medio del complejo panorama académico y político que ha marcado las últimas semanas en Nueva York, tengo el privilegio de entrevistar a Nancy Fraser, una destacada figura en los campos de la teoría marxista y feminista. Su firme compromiso con la justicia social y su defensa de perspectivas críticas han desencadenado debates, como la reciente cancelación de su conferencia en la Universidad de Colonia por su apoyo a Palestina. Al mismo tiempo, en las universidades de Nueva York, que son epicentros de activismo y concienciación social, las luchas en solidaridad con Palestina han cobrado una importancia crucial. Estos dos contextos, marcados por la resistencia académica y el activismo estudiantil, brindan un fascinante telón de fondo para explorar las ideas y reflexiones de Nancy Fraser sobre la intersección entre la academia, la política y la lucha por la justicia. En nuestra conversación, abordamos desde la situación en Israel-Palestina hasta temas como el marxismo, el amor y la familia. Agradezco profundamente que haya encontrado un momento para hablar conmigo, a pesar de los desafíos que enfrenta en este agitado contexto.

Has dicho, y corrígeme si me equivoco, el feminismo fue “el punto de entrada para repensar el marxismo para ti”. ¿Fue así? Si empezaras a repensar el marxismo ahora, ¿lo seguirías haciendo desde el feminismo? Pienso especialmente en lo que sostienes en tu último libro, Capitalismo caníbal, y en el peso que das, por ejemplo, a la cuestión ecológica, que has definido más de una vez como algo que “cambia las reglas del juego”.

No estoy segura de si el feminismo fue lo que me hizo empezar a repensar el marxismo. Mi trayectoria como activista y pensadora radical comenzó con el movimiento por los derechos civiles y la lucha por la liberación negra, así como con la lucha antiimperialista de la Guerra de Vietnam, que presidió mi compromiso con el feminismo. Fue sobre la base de esas luchas cuando me hice marxista, antes de que me afectara profundamente el surgimiento de la segunda ola del feminismo. Creo que ya estaba interesada en luchar dentro del marxismo, que tenía que actualizarse con la crítica al imperialismo y la opresión racial. Y luego, por supuesto, cuando estalló el feminismo y me convertí en una feminista radical, ya era marxista. Esto introdujo una segunda complicación en el marxismo, la complicación del género. Pero esa fue una especie de segunda iteración de una pregunta anterior sobre la relación entre capitalismo e imperialismo y la opresión racial. Y luego, como sugieres, me sorprendió la gravedad de la crisis ecológica y la necesidad de, una vez más, volver atrás y examinar la crítica del capitalismo para tratar de determinar cuál es la relación entre el capitalismo y la crisis ecológica y la destrucción de la naturaleza. En todos los casos, esencialmente, estaba planteando la pregunta: ¿la relación entre capitalismo y opresión racial es meramente contingente o estructural? ¿Y la relación entre capitalismo y dominación masculina? ¿Y entre el capitalismo y devastación ecológica?

Estuve planteando estas preguntas una y otra vez, y ya no se trataba solo de imperialismo o raza, sino de imperialismo, raza, género y ecología, y finalmente toda la cuestión de una crisis política y una crisis de democracia. Así que, en todos los casos, llegué a la conclusión de que en realidad se trataba de dimensiones de opresión, injusticia e irracionalidad con base estructural, o tendencias a la crisis. Terminé pensando que lo que algunas personas llamaban marxismo tradicional, que se centraba unilateralmente en el trabajo explotado en el punto de producción, no era realmente adecuado para la crítica del capitalismo, y por eso me vi impulsada a desarrollar mi llamado pensamiento ampliado.

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Sobre esa visión ampliada del capitalismo que explicas en Capitalismo caníbal y en relación a tu producción intelectual, veo que encuentras en el anticapitalismo la forma actual de mantener viva la creencia de que existe una oportunidad de luchar contra toda esta estructura. ¿Existe esta oportunidad o crees que el neoliberalismo ya ganó la batalla?

Creo que hay mucha lucha emancipadora e imaginación radical. Lo que está sucediendo ahora mismo aquí en Nueva York en los campus universitarios a favor de Palestina, a la gente de nuestra generación nos recuerda mucho a las luchas contra la Guerra de Vietnam. Es un momento de tremenda movilización y energía. Para mí, la crisis es multidimensional, incluye una crisis de reproducción social, una crisis de la ecología, una crisis geopolítica del orden global que creo que tiene que ver con la ruptura de una hegemonía estadounidense relativamente indiscutida en el orden mundial. Y yo relacionaría la cuestión Israel-Palestina con eso. La pregunta candente es si quienes participan en estas diversas batallas y luchas centrales desarrollan una comprensión amplia del hecho de que hay un sistema social, el capitalismo, que se encuentra en la raíz de las crisis ecológicas, de las crisis geopolíticas, de las crisis de opresión racial e imperial, de crisis de reproducción social, crisis de democracia…

El quid de la cuestión es que no creo que exista ninguna solución que no implique un cambio estructural profundo del sistema. A pesar de las diferencias de situación y de experiencia de lo que es más urgente, podría haber una mayor conciencia de las conexiones y los vínculos, y creo que este tipo de comprensión podría tener un impacto, aunque no quiero exagerar cuál puede ser el impacto de un determinado libro o teoría. El objetivo es fomentar el pensamiento global y espero que eso conduzca a un activismo que esté informado por un panorama global y que realmente pueda merecer el nombre de “contrahegemonía”, un proyecto contrahegemónico para transformar básicamente el sistema social de manera profunda.

“El neoliberalismo está causando deterioro en las condiciones de vida de dos tercios de los estadounidenses… Y esto ha hecho que surjan nuevas formas radicales de feminismo”

La cuestión Israel-Palestina se relaciona con lo que acabas de decir sobre las respuestas contrahegemónicas, así que gracias por comentarlo. Además, en tus escritos, particularmente dentro del feminismo pero aplicable también a otros movimientos, existe una preocupación por la adopción de métodos neoliberales. Hemos visto casos en los que, a pesar de los esfuerzos por resistir, las estructuras prevalecientes a menudo parecen sofocar las alternativas. Es casi como si hubiera una lucha de ida y vuelta en la que hay una reacción contra el statu quo, pero los fundamentos económicos se mantienen firmes. ¿Qué piensas de esta dinámica?

Bueno, como mínimo en Estados Unidos, vivimos en el acto de una sociedad capitalista democrática liberal, y esta cuestión se remonta a mucho tiempo atrás, mucho antes del neoliberalismo. Siempre ha habido, en la política estadounidense, fuertes movimientos a favor de la reforma legal, a favor de derechos liberales que no cambian por sí mismos las relaciones fundamentales de propiedad. Estados Unidos, al igual que Gran Bretaña, ha tenido fuertes movimientos feministas a lo largo de su historia, pero han sido abrumadoramente liberales. No digo que nunca haya habido desafíos más fundamentales. Por parte de las feministas negras, por parte de las feministas socialistas o de las feministas socialdemócratas, los ha habido, pero creo que tenemos que reconocer que han sido tendencias minoritarias en momentos en los que ha habido un espíritu revolucionario en el país y las feministas lo han absorbido en parte y se han vuelto más radicales. Este fue el caso, creo, en los años 60 y 70, cuando el feminismo radical estadounidense surgió del ethos más amplio de la nueva izquierda y tenía una especie de, al menos, retórica revolucionaria. Se veía a sí mismo con mucha fuerza como parte de una sociedad anticapitalista, una izquierda antiimperialista y antirracista. Entonces, básicamente lo que sucedió es lo que siempre sucede en Estados Unidos: cuando ese ethos comienza a desvanecerse y normalizarse, el feminismo –al menos su tendencia mayoritaria– regresa a la posición predeterminada, que es el liberalismo en Estados Unidos. Digamos que en los años 90 la mayoría dominante del feminismo estadounidense se había convertido en un grupo de interés dentro del Partido Demócrata, centrado en cuestiones importantes como el acceso al aborto y la lucha para criminalizar la violación conyugal y otras formas de violencia, etcétera. No es que estas cosas no fueran importantes, pero estaban muy separadas del cuestionamiento de las estructuras profundas de la sociedad capitalista. Y así, estas cuestiones adquirieron una cualidad liberal que las separó de las cuestiones de la estructura más amplia de la relación entre producción y reproducción.

Tenemos una versión bastante extrema del feminismo corporativo. El ejemplo es Sheryl Sandberg, directora ejecutiva de Facebook, empresa donde todo trata sobre prestar atención a un estrato privilegiado de mujeres y sus luchas para lograr, básicamente, la igualdad con los hombres de su propia clase y privilegio. Este no es un feminismo socialmente igualitario en ningún sentido amplio, es un feminismo de clase específica. Así que eso es más o menos lo que le sucede a la corriente principal del feminismo en el neoliberalismo. Al mismo tiempo, el neoliberalismo está causando tal deterioro en las condiciones de vida de dos tercios de los estadounidenses… Y esto ha hecho que surjan nuevas formas radicales de feminismo que cuestionan la hegemonía y el dominio de ese liberalismo y neoliberalismo.

En el Manifiesto de un feminismo para el 99% Cinzia Arruzza, Tithi Bhattacharya y tú tratasteis de llamar la atención justo sobre formas radicales del feminismo que estaban surgiendo.

Sí, ya estaban sucediendo en los Estados Unidos y en otros lugares. De esas formas radicales, algunas ya tenían un ethos anticapitalista o interés en ello. Por eso creo que el neoliberalismo ha sido en realidad el catalizador de la radicalización entre las feministas. Creo que lo fue para cuando [Donald] Trump derrotó a Hillary Clinton en 2016.

Y solo quiero agregar un punto: todo lo que acabo de decir sobre el feminismo podría y debería decirse sobre el movimiento antirracista, el ambientalista y sobre varios otros movimientos demócratas. En la era posterior a los derechos civiles en los Estados Unidos, al igual que la política negra, también se convirtieron en una especie de grupos de interés dentro del sistema de partidos demócratas que buscaban reformas que no desafiaran el sistema. El movimiento negro tuvo su propia versión de “romper el techo de cristal”, a la que llamaron la lucha por conseguir “rostros negros en las altas esferas”. Y luego llegó el capitalismo verde, y creo que el movimiento ecologista se dividió en un importante segmento que siempre fue una especie de naturaleza salvaje, de ambientalismo de élite rica que se convierte en capitalismo verde. Y luego, con el neoliberalismo se desarrollaron otras formas de ambientalismo mucho más radical y, por supuesto, como sabemos, del movimiento Black Lives surgió un nuevo tipo de militancia antirracista en Estados Unidos que ha dado lugar a un resurgimiento del interés por el marxismo negro, que había caído fuera del radar, al igual que el feminismo marxista. La gente ahora estudia y lee a pensadores y escritoras, así que creo que vemos una trayectoria muy similar al levantamiento radical de los años 60 y 70 que tenía un espíritu antiimperialista y anticapitalista, luego llevó a una especie de reversión a formas liberales de identidad, grupo político, política específica y ahora nuevamente al resurgimiento del radicalismo y los intentos de crear nuevas formas de pensamiento marxista negro, de pensamiento feminista y de pensamiento ecomarxista. Así que este es, desde un punto de vista intelectual, un momento muy emocionante.

Has discutido recientemente la noción de que un número cada vez mayor de personas se están convirtiendo en híbridas, navegando por múltiples dinámicas simultáneamente, desde cuestiones de expropiación y explotación hasta cuestiones de género y reproducción social. ¿Podrías dar más detalles sobre este concepto de hibridación y sus implicaciones dentro de este sistema más amplio?

Como a tanta gente, me ha llamado la atención la idea de interseccionalidad como una forma de hablar sobre las conexiones y los puntos, y de conectar los puntos. Así que veo el interés en la interseccionalidad como un síntoma positivo del deseo de este marco de análisis más amplio, de alejarse del pensamiento político grupal específico y de alejarse de la política de un solo tema. Lo que he tratado de hacer, tanto en Capitalismo caníbal como en mi trabajo más reciente, es tratar de dar una explicación estructural profunda de estas intersecciones donde se cruzan clase, género y raza y, digamos, imperio y corporaciones también. La sociedad capitalista depende de, al menos, tres tipos de trabajo: no solo el trabajo explotado de los trabajadores libres en las fábricas, que es donde pone el énfasis el marxismo tradicional, sino también el trabajo coaccionado, no libre, de poblaciones subyugadas y normalmente racializadas, tanto en la periferia como en el centro. Una especie de subtrabajo expropiado, de trabajo inferior en el que las personas no tienen derechos plenos ni son capaces de escoger un trabajo libremente, ni de exigir un salario digno que cubra su costo de vida como sí pueden hacer los trabajadores explotados. Y también está lo que llamo trabajo “domesticado” o reproducción social, pero subrayando cómo está un poco deformado por una historia que, durante mucho tiempo, ni siquiera lo reconoció como trabajo. El sistema necesita al menos estas tres formas de trabajo y no puede funcionar sin ellas pero, históricamente, las ha dividido y asignado a tres grupos diferentes de personas: los proletarios varones blancos en las fábricas o explotados; los subtrabajadores racializados expropiados, a menudo en la periferia pero también la población racializada dentro del centro; y luego las que son responsables de producir y reproducir las generaciones portadoras de la fuerza de trabajo.

“Nos corresponde impulsar la narrativa que fomenta la solidaridad”

Respecto a tu pregunta sobre los híbridos, hay formas interesantes de rastrear cómo piensan las personas que están en más de una de estas situaciones. Personas expropiadas y explotadas simultáneamente, o expropiadas y domesticadas al mismo tiempo, o en las tres circunstancias a la vez. Siempre ha habido algunos híbridos, pero me parece que el neoliberalismo está creando más. Especialmente en la era socialdemócrata. Antes había sindicatos fuertes y una mayoría de hombres, per el neoliberalismo ha debilitado a los sindicatos. Ha deslocalizado la industria manufacturera reemplazando empleos sindicados mejor pagados por trabajos de servicios con salarios bajos. Así que muchas personas que antes eran solo explotadas se encuentran ahora expropiadas y explotadas al mismo tiempo.

Al mismo tiempo, la manufactura se reubica en el sur de Estados Unidos, donde no hay sindicatos, o en India, China, en los países BRICS, etcétera. Esos lugares todavía sufren formas de desvío de su riqueza, que es otra forma de expropiación, la expropiación por deuda. Ese sería otro tipo de situación híbrida, y creo que estas situaciones híbridas son cada vez más mayoritarias. Siguen existiendo focos de relativo privilegio. Pero también grandes poblaciones que se encuentran en una situación realmente desesperada debido a su expulsión del mundo de lo reconocido, que suelen experimentar los desastres climáticos dado que el despojo de tierras les obliga a vivir en favelas, u otras comunidades de barrios marginales sin agua, electricidad ni servicios e infraestructura básicos.

Entonces, cada vez más personas se encuentran en algún tipo de situación mixta.

Sí, y es más fácil para las personas comprender el tipo de aspectos interseccionales de su situación. En principio esto podría conducir a una mayor solidaridad, pero también al contrario, porque las personas que están perdiendo el estatus y las condiciones que tenían antes son muy propensas a culpar a otras por quitarles lo que ya tenían. De nuevo, el panorama es mixto: ¿obtenemos más solidaridad o tenemos mucho mayor antagonismo, búsqueda de chivos expiatorios y culpabilización de las víctimas? Algo de ambas cosas, pero creo que nos corresponde impulsar la narrativa que fomenta la solidaridad. Decir “no es que vuestra situación no sea mala, pero no es culpa de los mexicanos, los musulmanes, los negros, los inmigrantes, los judíos o quien sea el chivo expiatorio”.

“El capitalismo como estructura y como organización ha puesto mucho énfasis en el amor de pareja”

Cambiando de tema, has explorado cómo el capitalismo afecta la prestación de cuidados y reproduce las desigualdades de género. Me interesa explorar la noción del amor como ese “regalo gratuito”. ¿Cómo crees que influyen estas dinámicas en las relaciones románticas y las formas en que se experimenta el amor en la sociedad contemporánea?

Creo que el capitalismo va sobre el invento del amor romántico. En la Edad Media teníamos el amor cortés, pero creo que el capitalismo como estructura y como organización ha puesto mucho énfasis en el amor de pareja [heterosexual]. Es el único sistema que realmente ha institucionalizado, de manera profunda, la división entre familia y fábrica, cuidado y trabajo, a pesar de que las feministas han estado argumentando durante mucho tiempo que el cuidado es trabajo. El hecho es que creamos estos espacios de residencia donde se supone que tienen lugar la intimidad y la emocionalidad, y luego otras esferas que son las económicas, donde interactuamos con compañeros de trabajo. Esta división es la que implanta una división de género y un binarismo profundamente arraigado en la sociedad capitalista: un lado es el femenino y el otro lado el masculino, y eso en sí mismo ya es un fuerte estímulo para la heteronormatividad y un desaliento, una, digamos, anormalización de gais y lesbianas o cualquier otra forma de apego emocional no binario. El amor es el lugar de la reproducción que se supone altruista. La otra esfera es la de las relaciones competitivas. Históricamente, aunque a las mujeres de clase baja y a algunos hombres se les ha pagado para que lo hagan para la aristocracia, se supone que las clases altas hacen lo que hacen por amor. Y eso también significa que ese tipo de amor es lo opuesto al trabajo, a la orientación al logro, a tratar de elevarse y producir. Así que esto es en gran medida (no sé si es la palabra correcta) una distorsión, porque no sé qué sería el amor puro. Pero definitivamente es una configuración de lo que pensamos por “amor”, y pone un gran énfasis en las relaciones de pareja romántica. Estas tienen que soportar, de alguna manera, todo el peso de ser “el otro” de este poderoso aparato de la vida política corporativa dominante que produce tanto estrés. Pero, como sabe el feminismo, el hogar es en sí mismo un espacio de tremendo estrés, de negociaciones complicadas, desequilibrio de poder…

Eso no quiere decir que no experimentemos el amor. Lo hacemos y lo necesitamos de una forma u otra. Normalmente las mujeres aman a sus hijos y, de una forma u otra, pueden amar a sus parejas, incluso cuando son hombres, pero este amor está muy presionado y está atravesado por dificultades que creo que pueden atribuirse a la organización del capitalismo como sociedad y que no tendrían por qué ser tan crudas. No digo que la vida sea fácil en cuestiones de amor pero, quién sabe, no tiene por qué ser tan dura y problemática. Aprecio especialmente a pensadoras feministas como Alexandra Kollontai, que intentó teorizar cómo debería ser el amor dentro de una sociedad socialista o comunista en comparación con cómo sería en una sociedad capitalista. No creo que ninguna sociedad social haya resuelto este enigma de ninguna manera, pero es una buena pregunta y vale la pena pensar en ella.

Esta perspectiva del amor como “el otro” me parece bastante intrigante. Teniendo en cuenta lo que has explicado y su análisis de cómo el capitalismo afecta a la atención, ¿ves alguna conexión entre estas teorías y la suya propia? ¿Qué piensas sobre la idea de abolir la familia?

Definitivamente existe una conexión, debido a las diversas contradicciones, presiones y dificultades de tener una vida familiar que sea genuinamente estimulante y genuinamente buena, algo que es muy difícil. Y luego sí, va con la idea de que la responsabilidad de las criaturas y, por tanto, el futuro de toda la especie humana recae esencialmente en la familia, en esta institución privada. Puede haber este o aquel apoyo proveniente del Estado, pero es suplementario. Hay experimentos –y personas que preferirían hacerlo- sobre vivir en una comuna donde toda la relación trabajo-intimidad es completamente diferente, están entremezcladas en lugar de separadas. Hay también gente que prefiere vivir de forma asexual y existe el celibato; hay personas que son poliamorosas o están en contra de la monogamia, por lo que yo misma dudaría en decir que hay una respuesta correcta a esta pregunta.

Parece que vivimos en una configuración institucional que hace que la vida familiar parezca muy indeseable para algunas personas. Para otras personas puede ser difícil, pero aun así se vive como una especie de lugar donde puedo estar en contra ese mundo hostil. Ambas opiniones son ciertas. Creo que lo que me gustaría ver es un tipo de sociedad que desinstitucionalice esa marcada división entre producción y reproducción. Y que deje deje claro que la sociedad tiene una gran responsabilidad con las criaturas, que esto no debería ser algo privado. Y, además de satisfacer todo tipo de necesidades básicas, incluidas las de madres, padres, criaturas, etcétera. Me gustaría ver una sociedad o un diseño social que no asuma que no debemos tener familias o que debemos tener un solo tipo de familia. Creo que necesitamos ser realmente creativos y construir una organización social que permita experimentar en la vida. Por eso tengo algunas dudas en relación con la teoría de la abolición de la familia, pero la aprecio como una línea de pensamiento experimental y como una reflexión seria sobre las dificultades que atraviesa la vida familiar hoy.

Nota de la autora: La primera versión de este artículo se publicó en inglés en Fraser, N., & Vivancos-Sánchez, C. (2024). En conversación con Nancy Fraser. Clivaje. Estudios Y Testimonios Del Conflicto Y El Cambio Social, (12), e–46714

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3/08/2024

Nuevos intentos de reducir la desigualdad de género en Brasil

 ipsnoticias.net

Mario Osava

RÍO DE JANEIRO – Brasil empieza a probar la efectividad de su ley de igualdad salarial entre géneros, aprobada en julio de 2023, un nuevo intento de reducir la inferioridad femenina en el mundo del trabajo.

Este viernes 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, es el plazo para que empresas de más de 100 empleados publiquen sus primeros informes semestrales de transparencia salarial, con datos comparativos de las remuneraciones y de la distribución de funciones jerárquicas entre hombres y mujeres, y entre distintas etnias, nacionalidades y edades.

Justamente, para romper la inercia de la desigualdad de género, la agencia de las Naciones Unidas que impulsa los derechos de las mujeres, ONU Mujeres, decidió que la celebración este año  del Día Internacional de la Mujer tenga como lema: «Financiar los derechos de las mujeres: acelerar la igualdad», que la comunidad mundial se comprometió a lograr para 2030.

“Si una es mujer negra aumentan sus posibilidades de sufrir más desigualdad. Las restricciones se acumulan para quien es negra y pobre de la periferia urbana, tiene más de 40 años y no estudió o tuvo una educación precaria”: Marilane Teixeira

“Es una medida de papel, no de la vida práctica” esa disposición salarial, sentenció Hildete Pereira de Melo, economista que hace más de 40 años estudia la desigualdad de género en Brasil y duda de la eficacia de la nueva legislación.

La igualdad salarial está establecida legalmente en Brasil desde 1943, cuando se aprobó la Consolidación de las Leyes del Trabajo, pero no se cumple, arguyó. Es un “llueve pero no moja”, incluso porque en la Justicia la trabajadora acepta cualquier acuerdo como “la parte débil”, acotó en entrevista a IPS en Rio de Janeiro.

Manifestación de mujeres negras en Río de Janeiro el 30 de julio de 2023 contra el racismo, la violencia y las inequidades de que son las principales víctimas. Imagen: Tania Rêgo / Agencia Brasil

Ahora se castiga la desigualdad salarial

Pero ahora es distinto, se impone una punición a las empresas que no publiquen su informe semestral, una multa de hasta 100 salarios mínimos, 141 200 reales este año (28 500 dólares), arguyó Marilane Teixeira, investigadora del Centro de Estudios Sindicales y de Economía del Trabajo (Cesit) de la Universidad de Campinas.

Con el informe de las empresas y los datos que obtiene por otros medios, el Ministerio del Trabajo y Empleo podrá publicar los primeros resultados, con un resultado de como las grandes empresas, que suman más de 50 000, tratan la cuestión salarial con distinción de género y raza.

Antes una empresa estaba sujeta a puniciones en caso de “desigualdades motivadas por segregación”, identificadas por la inspección de autoridades, ahora hay la nueva exigencia del informe público, subrayó Teixeira a IPS desde Brasilia.

Esa exposición de las empresas provocó molestias generalizadas y argumentos de que se revelarán datos indebidos, pero el informe no comprende “ningún dato sigiloso, solo promedios y porcentajes de mujeres empleadas y sus cargos” en la jerarquía empresarial, explicó.

Reacciones de empresarios y repercusiones en los medios de comunicación reflejan “el impacto de la medida” y los cambios que tiende a promover, sostuvo la economista que contribuyó con el gobierno para la elaboración de la nueva legislación.

“Es un avance y esperamos que pegue”, es decir tenga vigencia efectiva al contrario de muchas leyes que quedan solo en el papel, corroboró Isabel Freitas, asistente social y asesora técnica del Centro Feminista de Estudios y Asesoría (Cfemea).

Avances legislativos

Su evaluación positiva se basa en las “dos novedades”, la exigencia del informe semestral que constituye una “herramienta de transparencia pública” e induce la equidad, y la multa impuesta a las empresas que no cumplan, de 3 % sobre el total de los sueldos pagados por la empresa.

Todo eso es limitado. Se restringe a empresas de más de cien empleados, es decir no alcanza las pequeñas y micro empresas que ofrecen 70 % de los empleos formales ni los informales que alcanzan cerca de 40 % del total de trabajadores. Y la multa no puede exceder los 100 salarios mínimos.

No beneficia, por ejemplo, a las empleadas domésticas que en Brasil suman seis millones de trabajadoras, con gran mayoría de mujeres negras, las más discriminadas, lamentó Freitas.

Pero esa ley es “un paso más” que puede impulsar la lucha contra “el cesto de desigualdades” que afecta la sociedad brasileña, especialmente las mujeres, matizó a IPS, por teléfono desde Brasilia.

“Si una es mujer negra aumentan sus posibilidades de sufrir más desigualdad. Las restricciones se acumulan para quien es negra y pobre de la periferia urbana, tiene más de 40 años y no estudió o tuvo una educación precaria”, destacó.

La desigualdad en desmedro de las mujeres no es solo salarial. Ellas se concentran en actividades de menor remuneración, como el trabajo doméstico, en la educación básica y en funciones menos valorizadas de la salud.

La escasa representación femenina en todas las instancias de poder es un fuerte obstáculo. Las mujeres son solo 91 en una Cámara de 513 diputados y 15 senadoras en un total de 81. Es decir ellas corresponden a solo 17,8 % del Congreso Nacional, en esa legislatura (2023-2026) dominada por legisladores conservadores.

En el origen, como una de las principales causas de todas esas desigualdades, está la división sexual del trabajo, que asigna a las mujeres prácticamente todo el trabajo de reproducción social, las actividades del cuidado, coinciden las tres entrevistadas.

Encuentro de ministras del actual gobierno brasileño con 42 alcaldesas de grandes ciudades, para discutir la participación femenina en la política y en la economía brasileña. Imagen: Ministerio de Salud

Escollos culturales

A eso se suma toda una herencia cultural que determina criterios de evaluación que favorecen el trabajador masculino, señaló Teixeira.

Las empresas en general cuentan para el ascenso profesional actividades “que excluyen las mujeres, como cursos en los fines de semana, viajes y cenas con clientes”, inviables para quienes tienen que cuidar la casa, los hijos y los enfermos de la familia, ejemplificó.

“En Brasil el 42 % de las mujeres son dueñas de casa y la otra mitad que está en el mercado de trabajo es también dueña de casa”, resumió Pereira de Melo.

La solución básica para la maraña de factores de desigualdad en desmedro de las mujeres son escuelas de enseñanza básica y guarderías en tiempo integral, es decir 10 horas diarias, y universal, es decir para todos los niños para neutralizar las desventajas femeninas en el ámbito laboral, propone.

Lo ideal sería escuela integral también para los adolescentes de la secundaria, pero debe estar disponible por lo menos en la primera etapa, hasta que el alumno tenga 14 o 15 años y se reduzca la necesidad absoluta de cuidados maternos, matizó.

Además sería necesaria una transformación cultural amplia de la sociedad, especialmente en relación al papel femenino, pero cultura es algo que cambia muy lentamente, reconoció.

Iniciativas en varios frentes están en marcha en Brasil para impulsar esos cambios.

El Consejo Nacional de Justicia, por ejemplo, inició el 5 de marzo la campaña “La Justicia por todas ellas”, para destacar los derechos femeninos en general, comprendiendo niñas, adolescentes, embarazadas y discapacitadas, y promover la mirada de género en todos los tribunales del país.

La violencia contra las mujeres, reflejada en el aumento de las violaciones, agresiones domésticas y feminicidios, es una prioridad de la campaña y del sistema judicial, actualmente.


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Desigualdades frustran conquistas laborales de las mujeres en Brasil


La Articulación de las Mujeres Negras de Brasil trata de coordinar la acción de 45 organizaciones distribuidas por el país que en este mes de marzo promueve 140 manifestaciones.

Para noviembre de 2025 prepara su Marcha contra el racismo, la violencia y por el bien vivir, de una movilización nacional que culminará en Brasilia, en repetición de la primera marcha ocurrida en 2015, con cerca de 100 000 participantes, para reclamar derechos de 49 millones de mujeres, es decir un cuarto de la población brasileña de 203 millones.

Se trata de una lucha mundial. “La economía global se basa en la explotación sistemática de las mujeres”, concluye un estudio de la Oxfam, una confederación de 21 organizaciones sociales del mundo.

Según sus datos, las mujeres ganan solo 51 % de la remuneración masculina, al concentrarse en trabajos precarios y mal remunerados.

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