Siete
países de Latinoamérica tienen en sus Códigos Penales criminalizado
cualquier supuesto de aborto. Chile, Haití, Honduras, Nicaragua,
República Dominicana, Surinam y El Salvador. En otros como Costa Rica,
México y Argentina donde se contempla la posibilidad del aborto
terapeútico, la conjura entre médicos y jueces hace prácticamente
imposible que una mujer pueda acceder a interrumpir su embarazo en el
Servicio Público de Salud.
En México una niña de 11 años quedó
encinta al haber sido violada por su propio padre. Ni la evidencia de
la agresión, ni el peligro que vivía la criatura inmadura para dar a
luz, ni la presión de las feministas movieron un ápice a la compasión
ni a la Iglesia ni al Estado para permitirle el aborto.
En Chile
ha gobernado una coalición llamada de Concertación Democrática que ha
estado presidida durante una legislatura por la socialista Michelle
Bachelet, que repite ahora mandato, y sin embargo ha sido imposible que
se legalizara el aborto, ni siquiera en los casos más graves.
En
Costa Rica a pesar de estar permitido el aborto terapéutico es casi
imposible que una mujer embarazada de un feto inviable pueda
practicárselo en el Servicio Público de Salud.
En Nicaragua, el
Presidente Daniel Ortega, otrora guerrillero y dirigente del Frente
Sandinista, llegó a un acuerdo con el reaccionario cardenal Obando,
para prohibir, en todo supuesto, la interrupción voluntaria del
embarazo. Me llegan los llamamientos desesperados de las organizaciones
feministas explicándome que están muriendo diariamente mujeres por
practicarse abortos clandestinos en condiciones sanitarias deplorables,
y que si descubren a las supervivientes las encarcelan.
En El
Salvador, donde desde hace dos legislaturas han ganado las elecciones
los dirigentes del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional, que
libraron durante veinte años una cruenta guerra contra la oligarquía
que mantenía uno de los más sanguinarios gobiernos de Centro América,
están encarceladas 17 mujeres por haberse practicado un aborto. Es muy
penoso comprobar que los revolucionarios pueden comportarse con las
mujeres como los peores reaccionarios.
En todos estos países los
médicos se han rendido al poder, sin mostrar un ápice de compasión y
humanidad, cobardes atemorizados se niegan a practicar ningún aborto,
incluso cuando la vida de la madre corre peligro o el feto es inviable.
Pero
tanto los medios de comunicación como los políticos de los países
democráticos, tratan a los mandatarios latinoamericanos que mantienen
tal represión contra sus ciudadanas como si se tratara de iguales,
obviando cotidianamente cualquier denuncia contra la masacre que allí
se produce para impedirles a las mujeres la libertad de decidir su
maternidad.
En unas sociedades como las de esos países
latinoamericanos, en donde rige un patriarcado primitivo y la violencia
contra las mujeres se ejerce por los hombres impunemente, donde las
desigualdades económicas sitúan a las mujeres pobres en el último
escalón de la marginación, en las que persiste la imposibilidad de
acceder a los derechos fundamentales por parte de las clases explotadas
y particularmente de las mujeres, donde la participación de estas en la
vida política sigue siendo minoritaria o coaccionada por intereses
políticos de los partidos gobernantes que no reflejan sus intereses, la
penalización del aborto significa una doble represión contra ellas. En
esos países, a pesar de sus pomposas declaraciones de democracia, con
las que sus gobernantes se llenan la boca en discursos públicos y en
las relaciones diplomáticas con el resto del mundo, no se ha amenguado
un ápice la influencia de la Iglesia católica más reaccionaria, con una
negación permanente para cumplir la Laicidad del Estado, siendo así que
la doctrina de las Encíclicas sigue rigiendo la vida civil.
La
penalización absoluta del aborto, en los países antes reseñados, debe
afectar a la conciencia de todas las mujeres y de todos los hombres que
acepten los principios fundamentales que han construido los Estados
Modernos. La libertad, la igualdad y la fraternidad son conceptos
vacíos, pervertidos y gastados, cuando se persigue a las mujeres por
disponer de su propio cuerpo y se les prohíbe escoger cuando quieren
ser madres. La propia Organización Mundial de la Salud ha aconsejado a
los gobiernos que legalicen el aborto y se practique en el Sistema
Público Sanitario. Está demostrado que en los países donde rigen tales
normas legales no solo dejan de ocasionarse muertes por abortos
sépticos, así como las consecuencias invalidantes de estos, sino que
implementando a su vez los métodos anticonceptivos modernos se producen
menos embarazos indeseados.
En Chile, en Honduras, en Argentina,
en México, cuyos gobernantes aparecen triunfantes y contentos en los
medios de comunicación, presumiendo de que en sus países se ha
implantado la democracia y la modernidad, no importa si la vida de una
mujer gestante corre peligro, no importa si las condiciones del feto
son incompatibles con la vida, y menos aún si el embarazo es producto
de una violación. Cientos de niñas, jóvenes y mujeres adultas son
obligadas a parir sin que haya que velar por su bienestar físico y
emocional ni se tenga en cuenta su decisión.
En ningún momento
de su vida como en la maternidad se constata con total evidencia que
las mujeres constituyen la clase más explotada y oprimida de esos
países, que son vistas como simples máquinas de reproducción, y que
sobre su existencia recae con toda crueldad el dominio patriarcal que
considera los cuerpos de las mujeres como su propiedad.
El
machismo se ceba en todas las mujeres. Incluso las de mayores recursos
económicos –que suelen pertenecer al padre o al marido- tienen que
contar con el permiso de estos para que puedan abortar en los
hospitales privados. No son dueñas de su decisión. Los médicos no las
atenderían sin contar con la anuencia del hombre que las posee. Por
supuesto, en ningún país del mundo se considera que el aborto es
responsabilidad de los hombres con quienes han engendrado las mujeres,
acusadas de ser delincuentes. Tanto el sufrimiento físico y emocional,
como la responsabilidad social y criminal recaen exclusivamente en la
mujer. Ellos no son cuestionados en ningún momento, ni se les imputa en
el proceso penal. Inclusive cuando un embarazo es producto de una
violación en el seno del matrimonio. Y fuera de él, la imposibilidad de
probar la violación hace que el noventa por ciento de los casos queden
impunes.
Todas las mujeres y todos los hombres que creen y
defienden los Derechos Humanos deben unirse a la campaña para exigir
que el aborto se despenalice en esos países, por una cuestión de
justicia, de derechos humanos, de salud, de ética y de libertades
fundamentales; porque las mujeres son seres humanas.
Las medidas
más elementales que los gobiernos deben aprobar para proteger la vida y
la salud de sus ciudadanas comienzan por despenalizar el aborto
terapéutico, con carácter libre y gratuito, como paso fundamental para
erradicar las barreras legales que deterioran aún más los servicios de
salud para las mujeres y su igualdad en derechos con los hombres.
Así
mismo, esos gobiernos deben organizar al acceso a métodos
anticonceptivos eficaces y no dañinos y extender en la población la
educación en Derechos Sexuales y Reproductivos, que genere cambios
socioculturales para la erradicación de estereotipos machistas con
respecto a la maternidad, a fin de que las mujeres sean dueñas de su
sexualidad. Es preciso que el sistema político sea el de separación de
las Iglesias y el Estado Laico, que no permita la injerencia de
sectores religiosos fundamentalistas y antidemocráticos en la
legislación del país.
Y es preciso que se apoye masivamente la
campaña por el indulto inmediato e incondicional a las 17 mujeres
prisioneras en El Salvador, acusadas de haberse practicado un aborto.
Esta semana, en su bitácora en Internet, el Centro canadiense de
políticas alternativas, con sede en la capital, Ottawa, publicó un
artículo titulado “All your wage gap questions answered”, “Todas sus
preguntas sobre la brecha salarial respondidas”, escrito por Kate
McInturff.
Tomando en cuenta que Canadá es un país rico, socialmente avanzado y
miembro del llamado primer mundo, vale la pena preguntarse si es verdad
o no que las mujeres realmente ganan menos dinero que los hombres.
Kate McInturff escribe que, efectivamente, las mujeres ganan menos
que los hombres. En Canadá. Pero también en Estados Unidos. En realidad
ellas ganan menos que los hombres en todos los países del mundo.
Bélgica es el país que tiene la brecha salarial más reducida del
mundo. En ese país las mujeres ganan solamente un 6% menos que los
hombres. Canadá ocupa el vigésimo quinto lugar entre los países de
altos ingresos, y las mujeres canadienses ganan, en promedio, un 20%
menos que los hombres.
Esta situación, ¿se debe a que las mujeres trabajan menos horas que los hombres?
La respuesta es no. En Canadá, las mujeres que trabajan a tiempo
completo, todo el año, reciben una paga inferior en un 20% a la que
reciben los hombres, sostiene la publicación del Centro canadiense de
políticas alternativas.
¿Será entonces que las mujeres trabajan menos, y cobran menos a causa de los bebés?
Kate McInturff sostiene que las mujeres toman más tiempo lejos del
trabajo que los hombres cuando tienen hijos. En promedio un poco menos
de un año. Ellas también tienden a guardar empleos a tiempo parcial
debido a que se dedican al cuidado de los niños. Sin embargo, los bebés
no son la razón por la cual ellas reciben un pago inferior que los
hombres por tareas iguales.
En Canadá las mujeres tienen hijos a la edad promedio de 29 años. Un
análisis de los salarios promedio de hombres y mujeres menores de 25
años, trabajando a tiempo completo, todo el año, sin bebés, muestra que
en ese grupo sí existe una brecha salarial del 10 a 20% dependiendo del
nivel de educación.
En promedio las mujeres en Canadá tienen de uno a dos hijos a lo
largo de su vida. Si se calcula un promedio de 44 semanas de permiso
parental para cada niño, una canadiense pierde menos de dos años de
experiencia laboral. Esta es una diferencia relativamente menor en
cuanto a experiencia entre hombres y mujeres. Sobre todo si se
considera que son solo dos de los cuarenta años de una vida de trabajo.
Pese a ello, las mujeres canadienses terminan sus vidas laborales
ganando entre 26 a 32% menos que sus compañeros varones de la misma
edad y del mismo nivel educativo, trabajando ambos a tiempo completo.
El hecho de que las canadienses tienen una mayor presencia en las
universidades tampoco ha servido para lograr la igualdad salarial con
los hombres.
En los últimos treinta años los niveles de educación post-secundaria
de las mujeres han aumentado considerablemente. También han aumentado
los niveles de educación de los hombres. Actualmente las mujeres
representan más de la mitad de todos los graduados de las universidades
canadienses. Sin embargo, pese a sus títulos universitarios, ellas
siguen ganando entre un 10 y un 30% menos que sus pares masculinos,
dependiendo de la edad del grupo, escribe Kate McInturff en el sitio
del Centro canadiense de políticas alternativas
¿Será posible que las mujeres simplemente eligiendo trabajos menos remunerados?
La respuesta es no puesto que de las 500 ocupaciones encuestadas en
el último censo, había solamente 31 ocupaciones en las que las mujeres,
trabajando a tiempo completo, todo el año, ganaban más que sus pares
masculinos. Estas mujeres representan el 2,7% del total de mujeres
trabajando a tiempo completo. Para el otro 97,3% de las mujeres
trabajando en las otras 469 ocupaciones, la brecha salarial persiste.
Por ejemplo, los tres empleos más populares para las mujeres con
educación post-secundaria son los de profesora, enfermera, y
administradora. Trabajando a tiempo completo, las mujeres en esas tres
ocupaciones ganan un 10% menos como profesoras, un 7% menos como
enfermeras, y un 26% menos como administradoras, en comparación a los
hombres en la misma profesión y con la misma educación.
El panorama de desigualdad es aún mayor en el caso de las mujeres que hacen parte de las minorías en Canadá.
Trabajando a tiempo completo, las indígenas canadienses ganan 10%
menos que los hombres indígenas y 26% menos que los hombres no
indígenas. Las mujeres de las minorías étnicas ganan 21% menos que los
hombres de estas mismas minorías y ganan un 32% menos que los hombres
que no hacen parte de las minorías étnicas.
En general, las mujeres inmigrantes en Canadá ganan un 25% menos que
los hombres inmigrantes y un 28% menos que los hombres no inmigrantes.
La brecha salarial se hace más grande para las mujeres indígenas,
minorías étnicas y mujeres inmigrantes que tienen títulos
universitarios.
Una indígena canadiense con un título universitario gana un 24%
menos que un hombre indígena con un título universitario y ella gana un
33% menos que un hombre no indígena con título universitario.
Para Kate McInturff, del Centro canadiense de políticas
alternativas, la brecha salarial entre hombres y mujeres existe. Es el
rostro de la discriminación y no va a desaparecer aunque cerremos los
ojos.
El primer paso es preguntar a los empleadores: ¿están pagando a
hombres y mujeres el mismo salario por el mismo tipo de trabajo? No se
puede corregir un error si no se lo hace visible.
Se ha demostrado que una mayor transparencia en la remuneración
tiene como efecto una reducción de la brecha salarial. Y las mujeres se
ponen inquietas cuando se dan cuenta que ganan un salario inferior al
que recibe el compañero de trabajo sólo porque es hombre. En realidad
todo el mundo reacciona ante semejante situación.
Otra medida para enfrentar esta discriminación es apoyar a las
instituciones que ayudan a fijar los salarios. Se ha demostrado una y
otra vez que la sindicalización y la negociación colectiva reducen la
brecha salarial de género.
Otro paso es apoyar al comisionado de la igualdad salarial en cada
provincia canadiense. También hay que celebrar el Día de la Igualdad
Salarial, dice finalmente Kate McInturff, del Centro canadiense de
políticas alternativas.
Vale la pena destacar que, según la Coalición canadiense por un
salario igual, solamente en Ontario, la provincia más populosa de
Canadá, las mujeres ganan un 31,5% menos que los hombres, haciendo el
mismo trabajo y con las mismas calificaciones.
La
ciudadanía plena puede ejercerse por varias vías; todas en conjunto
representan la posibilidad de que una persona pueda utilizar sus
derechos ciudadanos y goce de ellos.
Para las mujeres, esa plenitud ha ido construyéndose por un largo
camino en el que cada vez deben sortearse más obstáculos del
patriarcado y sus prácticas de control; algunas veces sutiles y otras
no tanto.
Desde la dificultad para ejercer la ciudadanía mediante el acceso a la
justicia, la participación política de las mujeres, la apropiación de
los espacios públicos, la igualdad en la opinión pública, y la
autonomía económica, es esta última con la que se presume que ya las
mujeres han alcanzado la “igualdad”, y que hoy día pueden trabajar y
estudiar, “pueden hacer lo que quieran”, ya casi tienen los mismos
derechos.
Pero ese “casi” entraña la verdadera intención, negativa por supuesto,
de no permitir el acceso absoluto al pleno goce de los derechos
femeninos.
Tan sólo revisando las cifras encontramos una triste realidad acerca de
la desigualdad en términos económicos y en consecuencia en la
posibilidad de que las mujeres alcancen la autonomía económica y con
ello la autonomía emocional.
En México aunque hay leyes, como para el resto de los temas de Derechos
Humanos, no hay mucha voluntad y todas las normas “se han hecho para
los demás, no para quienes deciden quebrarlas” (y ahí tenemos a un país
sentado en el banquillo de los acusados frente a la ONU, y reticente a
reconocer su responsabilidad por la desaparición forzada).
En 2007 se aprobaron en casi todo el país las leyes de Acceso de las
Mujeres a una Vida Libre de Violencia, y la Ley de Igualdad entre
Mujeres y Hombres, que suponía el compromiso del Estado mexicano para
emprender políticas públicas desde los gobiernos para construir ese
escenario.
Mientras tanto, la pobreza se agudiza en las mujeres, la marginación,
los bajos salarios, los empleos mal remunerados, el hostigamiento y
acoso laboral y sexual en espacios laborales, los trabajos de “medio
tiempo”, y por si eso fuera poco los “requisitos de 20-30 años,
soltera, sin hijos, buena apariencia”, que deja sin posibilidad de
trabajar a las mujeres de más de 30 años de edad y que han tenido hijas
o hijos, y los parámetros siempre más elevados para ellas; la consigna
de “ellas deben probar que han ganado con capacidad”, y escrutinios
dobles para las mujeres en todos los cargos.
En España las mujeres tienen que trabajar 79 días más para cobrar el
mismo salario. La diferencia entre lo que ganan hombres y mujeres por
un trabajo igual es de 23.93 por ciento; supone que para obtener la
misma pensión, una trabajadora deba cotizar 11 años y medio más que su
homólogo masculino.
¿Y así cómo van a construir autonomía económica las mujeres? Así cómo
van a empoderarse, tener propiedades, mejorar sus ingresos, si no sólo
es el círculo de la violencia sino que ahí está el círculo de la
pobreza femenina de “no gano más porque no me capacito, y no me
capacito porque no me permiten ir con mi hijo, y no me cuidan a mi hijo
porque no hay guarderías nocturnas, y no puedo pagar niñera particular”.
En México, según datos del Inegi, las mujeres ganan entre cuatro y 12
por ciento menos sueldo que los varones (2011); además, de acuerdo con
el Índice de Discriminación Salarial, ellas deberían incrementar su
salario en 52.2 por ciento para emparejarse con los hombres, afirmó en
una entrevista la investigadora Ana Buquet Corleto, directora del
Programa Universitario de Estudios de Género (PUEG) de la Universidad
Nacional Autónoma de México.
Cuando el número de mujeres ocupadas aumenta, las economías crecen.
Según estudios en naciones de la Organización para la Cooperación y
Desarrollo Económicos, y en algunos países no miembros, el aumento de
la participación femenina en la fuerza de trabajo –o una reducción de
la disparidad entre la participación de mujeres y hombres en la fuerza
laboral– produce un crecimiento económico más rápido.
Amartya Sen lo vio así: “No es posible seguir depositando en la mitad
de la población el sostenimiento de la otra mitad, en condiciones de
pobreza”, y reconoció que cuando en una comunidad las mujeres trabajan
y tienen percepciones, éstas se reflejan en un cambio absoluto en la
comunidad. Eso además mueve a la economía.
*Integrante de la Red Nacional de Periodistas y del Observatorio de Feminicidio en Campeche.
Foto
de familia de la reunión internacional de alto nivel sobre las Mujeres
en el Poder, celebrada el 27 y 28 de febrero en Santiago de Chile, que
analizó la situación de los derechos de las humanas, 20 años después de
la Conferencia Mundial sobre la Mujer de Beijing. Crédito: Ximena
Castro/Gobierno de Chile
SANTIAGO, 28 feb 2015 (IPS) -
La participación de las mujeres en los procesos de toma de decisiones
es altamente rentable y su rol en el diseño y aplicación de las
políticas públicas impacta favorablemente en la vida de las personas,
aseguraron en la capital de Chile lideresas y expertas procedentes de
todos los continentes.
“No es un problema de hombres contra mujeres, pero hay evidencia de
que cuando hay más mujeres en espacios de decisión, hay más
posibilidades y hay resultados que muestran que las políticas
benefician mucho más a las familias, a las mujeres y a la sociedad en
general”, afirmó a IPS la directora ejecutiva de Oxfam Internacional, Winnie Byanyima.
Por ejemplo, añadió la lideresa, “cuando las mujeres están en el
parlamento, promueven mucho más legislación a favor de las mujeres;
cuando hay suficiente representación de mujeres en los parlamentos, hay
derechos de los niños que son cuidados, y cuando están las mujeres en
niveles de poder, hablan también por los derechos y las necesidades de
las comunidades, porque están más cerca de la vivencia de sus
necesidades”.
“En el mundo ya contamos
con pruebas suficientes que muestran los efectos positivos del
liderazgo de las mujeres… Ellas han erigido y administrado eficazmente
países y ciudades, economías e instituciones extraordinarias”: Phumzile
Mlambo-Ngcuka.
El encuentro fue encabezado por la presidenta chilena Michelle
Bachelet, quien fue la primera directora ejecutiva de ONU Mujeres
(2010-2013), y su sucesora, la sudafricana Phumzile Mlambo-Ngcuka. También participó en su inauguración el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon.
La reunión abrió las actividades por los 20 años de la Cuarta
Conferencia Mundial sobre la Mujer, realizada en la capital china en
septiembre de 1995, en la que 189 gobiernos suscribieron la Declaración y la Plataforma de Acción de Beijing, que impulsó un paquete de medidas a favor de la equidad de género y el empoderamiento de las mujeres.
Dos décadas después, las y los defensores de los derechos de las
humanas reconocen avances, pero más lentos y limitados de los
comprometidos en aquel plan de acción.
En el acceso de las mujeres a los puestos de toma de decisiones, la representación se mantiene escasa.
En 1995, las mujeres representaban 11,3 por ciento de los
legisladores en el mundo y solo los parlamentos de Dinamarca,
Finlandia, Holanda, Noruega y Suecia tenían más de 30 por ciento de
mujeres en sus curules. Además, solo tres mujeres eran jefas de Estado
y siete eran jefas de gobierno.
Ahora, las mujeres representan 21,9 por ciento de todos los
parlamentarios, y 39 cámaras de diputados del mundo cuentan con al
menos 30 por ciento de mujeres. Además, 10 mujeres son jefas de Estado
y 15 de gobierno.
En América Latina y el Caribe una de cada cuatro integrantes del
Poder Legislativo es mujer, y en los últimos 23 años, seis mujeres
conquistaron la Presidencia de sus países mediante elecciones, cuatro
de ellas la última década, de las que tres resultaron reelectas.
Actualmente, Bachelet gobierna Chile por segunda vez desde marzo de
2014, tras hacerlo en el cuatrienio 2006-2010. En Brasil, Dilma
Rousseff inicio el 1 de enero su segundo gobierno consecutivo y en
Argentina, Cristina Fernández, preside el país desde 2007, tras ser
reelecta en 2011.
Winnie
Byanyima, directora ejecutiva de Oxfam Internacional, durante su
participación en Santiago de Chile de la reunión de alto nivel sobre
“Las mujeres en el poder y la toma de decisiones: construyendo un mundo
diferente”. Crédito: Marianela Jarroud/IPS
En la cumbre sobre Mujeres y Poder estuvieron presentes mandatarias,
como la presidenta de Lituania Dalia Grybauskaité y la viceprimera
ministra de Croacia, Vesna Pusic, junto con varias vicepresidentas y un
grupo de ministras de todo el mundo.
Junto a los logros, se aseguró durante diferentes intervenciones,
persisten múltiples barreras tanto políticas, como culturales, sociales
y económicas para el acceso de las mujeres a cargos de poder.
Además, “todavía hay países que no han avanzado y no hay progreso”,
advirtió Byanyima, de Oxfam, una de las mayores organizaciones
humanitarias del mundo.
La peruana Tarcila Rivera, periodista y activista por los derechos
de los pueblos indígenas, en particular los de las mujeres, afirmó a
IPS que en el balance de las últimas dos décadas “debe quedar claro que
hemos avanzando disminuyendo sólo algunas brechas”.
Para Rivera, fundadora del Centro de Culturas Indígenas de Perú,
hay diferencias en los avances registrados para las mujeres indígenas y
las no indígenas. Además, persisten las brechas en educación,
participación, violencia y acceso económico.
De acuerdo con las estadísticas de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe
(Cepal), una de cada dos mujeres de la región está fuera del mercado
laboral y una de cada tres no dispone de ingresos propios, mientras
solo uno de cada 10 hombres se encuentra en la misma condición.
Otro estudio de la Cepal concluyó que, si las mujeres tuvieran el
mismo acceso que los hombres al empleo, la pobreza disminuiría entre
uno y 14 puntos porcentuales en los países latinoamericanos.
“En el mundo ya contamos con pruebas suficientes que muestran los
efectos positivos del liderazgo de las mujeres”, afirmó Mlambo-Ngcuka,
quien antes de dirigir ONU Mujeres fue también la primera
vicepresidenta que tuvo Sudáfrica (2005-2008).
“Ellas han erigido y administrado eficazmente países y ciudades, economías e instituciones extraordinarias”, agregó.
Pero Mlambo-Ngcuka alertó que “puede existir una resistencia
manifiesta y otra sutil al liderazgo de las mujeres”, por lo que llamó
a tener más valor y decisión “para que el cambio ocurra”.
Contó que durante un encuentro con representantes de la sociedad
civil chilena, el jueves 26, uso como referencia una mujer embarazada,
que dará a luz en seis semanas.
“Recordé a todas las personas presentes que su hija, que está a
punto de nacer, tendrá 50 años antes de que el mundo le conceda la
igualdad de oportunidades políticas y que esa bebé tendrá 80 años antes
de gozar de igualdad de oportunidades económicas”, de seguir al ritmo
actual el proceso de avance de la paridad de género, señaló.
A juicio de las lideresas y especialistas congregadas en Santiago,
el cambio no puede seguir recayendo fundamentalmente en las
organizaciones defensoras de los derechos de las mujeres y de la
sociedad civil. Se requiere la acción de las autoridades y de los
poderosos, hombres y mujeres.
“Las herederas de Beijing son herederas de voces que nos interpelan
y nos piden que pongamos la igualdad en la agenda política”, coincidió
la mexicana Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Cepal.
“Después de 20 años de la Declaración y la Plataforma de Acción de
Beijing, las mujeres sabemos qué se necesita para alcanzar la igualdad
de género. Ahora es tiempo de actuar”, alentó.
“Lo
preocupante del contenido de esta película es el no reconocer los actos
abusivos en la dinámica relacional entre un hombre y una mujer, y sin
ser capaces de cuestionar la imposición (…) poniendo la figura de mujer
como un objeto, validando la violencia y reproduciéndose los
estereotipos”.
Desde hace algún tiempo, hemos venido escuchando la
famosa novela “Cincuenta Sombras de Gray” la que hace unos meses fue
llevada a los cines, siendo una de las películas más vistas de los
últimos tiempos.
La película nos muestra a un multimillonario,
guapo, conquistador, con un amplio reportorio sexual, el que habría
tenido experiencias traumáticas sexuales en la infancia y satisface sus
deseos sexuales a través de juegos erotizados bajo la dinámica amo –
sumisa, quien se enamora de una mujer pobre, virgen, de 23 años,
estudiante y trabajadora, con historia de abandono en la infancia quien
habría sido criada por un padrastro, porque su madre vivía ya con su
cuarta pareja. Entonces me pareció una extraña película de amor.
Ahora
bien, esta introducción analizada desde el enfoque de género, nos habla
de una película que tiende a reproducir los estereotipos masculinos y
femeninos entendidos como creencias sobre las características de los
roles típicos que los hombres y las mujeres tienen que tener y
desarrollar en una etnia, cultura o en una sociedad marcando una
evolución diferente para hombres y mujeres justificando, muchas veces,
una discriminación hacia estas últimas. Estas diferencias, se
trasforman en dificultades que dentro del proceso de socialización nos
separan de los hombres atribuyendo más poder a los hombres y
desvaloración a las mujeres.
Christian y Anastasia, personajes
principales del films, son una pareja cuya dinámica relacional está
basada en una relación de poder desigual entre él y ella la que
podríamos denominar “Violencia de Género”. Y lo podemos reconocer desde
un inicio de la película, donde las tácticas y estrategias de seducción
basadas en el poder y la dominación de Christian Grey a Anastasia
llaman la atención: por ejemplo, a partir de una entrevista realizada
por ella al multimillonario, éste luego se aparezca en el trabajo de
Anastasia, una modesta ferretería y durante una fiesta ella se
encuentre bebiendo alcohol y él llega a salvarla separándola
drásticamente de sus amistades.
Él la ama tanto que la quiere
proteger, Christian poco a poco, comienza a controlar la vida de la
protagonista, separándola de sus amigos y familia, aislándola
socialmente. Le dice cómo actuar, beber, comer, tipos de
anticonceptivos y manipular hacía sus placeres sexuales.
El
control como prueba de amor. Christian se aparece en los lugares menos
pensados, a la protagonista le coarta el hablar, a la expresión,
opinar, soñar, …como de la nada le regala un notebook e instala en su
hogar sin su autorización y vende su único medio de trasporte su auto
¿sin preguntarle antes?
La violencia de género, se refiere a
todo acto que se ejerce contra la mujer por el simple hecho de serlo y
que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual,
psicológico o emocional, incluidas las amenazas, la coerción o la
privación arbitraria de libertad, independiente que esto se de en el
ámbito público o privado.
Esta película enseña a las mujeres que
el dolor y la sumisión son eróticos, y a los hombres que las mujeres
quieren un hombre que las controle. Perpetuando los estándares de abuso
peligrosos y sin embargo se le presenta como una historia romántica y
erótica para las mujeres”.
Lo preocupante del contenido de esta
película es el no reconocer los actos abusivos en la dinámica
relacional entre un hombre y una mujer, y sin ser capaces de cuestionar
la imposición, el poder disfrazados a través de encantos seductores y
actos eróticos mercantiles, poniendo la figura de mujer como un objeto,
validando la violencia y reproduciéndose los estereotipos de los cuales
nos ha costado siglos deconstruir.
La propuesta de un “contrato”
de Christian a Anastasia para tener una relación entre ambos cuyas
expectativas eran desiguales, pues ella seducida por la belleza de
Crhistian, el dinero y condición de salvador acepta sus condiciones.
Algunas cláusulas del contrato que muestra la película: Anastasia debía
comer lo que la nutricionista de Grey indique, los anticonceptivos
deberían ser sugeridos por la ginecóloga de él, que no debía consumir
alcohol y las relaciones sexuales solo serían con él y en el ámbito de
la sexualidad negociar con la posición amo – sumisa. Estos indicadores
son el el claro ejercicio de la violencia que refleja la asimetría
existente en las relaciones de poder entre hombres y mujeres, que
perpetúa la subordinación y desvalorización de lo femenino frente a lo
masculino.
En las escenas erotizadas Christian, inmensamente
millonario, se presenta como “la fantasía sexual” más interesante para
las mujeres. Pero realmente es una persona gravemente dañada. Es
nuestra sociedad podríamos decir que fue víctima de violación, ya que a
los 15 años mantuvo una relación sumisa-dominante con una amiga de su
madre, que como afirma, le dejó “perdido y con 50 sombras”.
Durante
la película las escenas eróticas muestran a Anastasia como una “mujer
objeto”, pues ella nunca tuvo la posibilidad de practicar los juegos
sexuales hacía Christian, ella debía acomodarse y ceder a sus placeres
sexuales. La violencia y la sexualidad no tienen la misma raíz, porque
no son lo mismo, en realidad son opuestos, placer y abuso son vivencias
contrarias, sentirse querida y sentirse usada, sentirse dueña de sí
misma y propiedad del otro son contrario, no se debe permitir que estas
sensaciones se mezclen.
Cada mujer debe buscar y experimentar lo
que desea y que ese proceso de experiencia propia le dirá si está bien
o mal para ella. Es la propia mujer la que debe descubrir y elegir lo
que le gusta pero a la vez asumir la plena responsabilidad de los actos
a nivel personal como social. Estos actos eróticos mercantiles y la
violencia se relacionan pues se ejerce una sexualidad violenta y
machista. Promueve la imagen de la mujer esclava y del hombre poderoso
y activo.
Es por eso que esta película y su contenido
reproductor de roles estereotipados entre un hombre y una mujer de cuya
relación evidencia la violencia de género deben ser cuestionadas pues
daña y no nos deja ser libres. En todas las sociedades del mundo han
hecho de la erotización una mercantilización dirigida a estimular el
placer sexual.
La mercantilización del placer no solo significa
vender y comprar, sino que del proceso creativo personal y que esté
ligado más bien a los estímulos de los medios de comunicación, cuyas
imágenes son violencias, machistas, racistas y destructivas ligando el
placer sexual al sometimiento de la mujer esto se presenta como sin
voluntad propia cuyo objeto debe satisfacer deseos violentos de quien
se somete.
Es por eso la invitación a reflexionar sobre los
motivos del record de venta de las “Sombras de Grey” y a pensar que nos
pasa a mujeres y hombres al sobrevalorar estos actos de seducción con
indicadores tan abusivos, controladores y manipuladores sindicados como
“actos de amor” en una sociedad que parecía haber deconstruido los
roles tradicionales y estereotipados, donde la Convención para la
Eliminación de todas formas de Discriminación Contra la Mujer (CEDAW)
suscrita en muchos países había generado la creación de políticas
públicas para erradicación de la violencia en contra de la mujer, sin
embargo, observamos a través de la opinión pública y record de venta de
la novela y película que la violencia aún se mantiene perpetuando el
abuso, control y la manipulación como parte de las relaciones entre
hombres y mujeres.
Severos pendientes en justicia, combate a violencia y empleo
“Las
estrategias de transversalidad de género en las políticas siguen siendo
algo de lo que se habla poco y no interesa cumplir; la igualdad sigue
siendo una meta aún lejana”, dijo a SEMlac Lourdes Contreras,
coordinadora del Centro de Estudios de Género del Instituto Tecnológico
de Santo Domingo (Intec).
La nación dominicana vive momentos de indiscutibles y definitorias
luchas en defensa de la equidad de género, contra la violencia
intrafamiliar y por la erradicación del feminicidio.
Ocho mujeres han sido asesinadas en lo que va del año, según medios de comunicación nacionales: seis en enero y dos en febrero.
Este mes pudo salvarse milagrosamente una mujer, al ser rescatada de un
incendio producido por su pareja, quien la había encerrado en una
habitación luego de que ella lo denunció una veintena de veces.
Contreras consideró que son “pobres e insuficientes” los avances de
República Dominicana en materia de relaciones de género en los 20 años
transcurridos desde la IV Conferencia Mundial de la Mujer, partiendo
del examen en las políticas aprobadas e implementadas en las esferas
declaradas de mayor interés en la propia Plataforma de Beijing.
“Tiene sentido referir la trascendencia de esta Plataforma, que definió
la estrategia de la transversalidad de género en todas las políticas
como la vía para el propósito de la igualdad”, aseguró.
“Pero, indicadores claros en cada uno de los sectores evidencian esos
limitados alcances, que se pueden ejemplificar en todas las grandes
áreas de la autonomía económica, física y de toma de decisiones, en
especial para la participación política y social, que denotan
precariedad de resultados”, precisó.
La coordinadora del Centro de Estudios de Género del Intec reflexionó
sobre la participación económica –empleo–, donde se mantiene el
porcentaje doble de mujeres (22 por ciento) frente al de los hombres
(11 por ciento), teniendo ellas una presencia mayoritaria en casi todos
los niveles de escolaridad y, en especial, de la matrícula
universitaria.
Otros aspectos señalados por la especialista son la libertad y control
sobre su propio cuerpo, vista la situación de la violencia contra las
mujeres y el feminicidio –una mujer asesinada por su condición de
género cada 36 horas, según reconoce la propia Procuraduría General de
la República–, y la aún restringida capacidad jurídica de las mujeres
para decidir sobre su fecundidad, y la condición de ilegalidad del
aborto.
Todo lo anterior unido a la escasa participación de las mujeres en las
estructuras directivas de los partidos políticos y la representación en
los poderes públicos –16 por ciento en el Congreso–, por sólo mencionar
uno de ellos.
ACCIONES TARDÍAS
La procuradora de la Mujer, Rosanna Reyes, admitió el pasado 17 de
febrero, tal y como dio a conocer el periódico Listín Diario, que había
que mejorar la capacidad de respuestas rápidas y eficaces a las mujeres.
Anunció que el Ministerio Público mejorará la atención a las víctimas
de violencia de género, que finalizó en 2014 con 88 asesinatos de
mujeres, 17 más que en 2013, cuando hubo 71.
Dijo la funcionaria que este año está previsto poner en operación la
unidad de atención número 18, en Valverde, una de las 31 provincias de
Dominicana, localizada al noroeste, en la llamada región del Cibao.
Sobre las denuncias presentadas, Reyes informó que en 2014 hubo unas 74
mil 317 por violencia de género, intrafamiliar y delitos sexuales y que
trabajan en un proyecto que cuenta con dos componentes, dirigidos a la
remodelación de la planta física adecuada para la carga de trabajo que
en un día recibe hasta 200 personas, y la reingeniería del personal,
con una capacitación que les permita ser más eficientes y evitar que
una mujer tenga que ir muchas veces a poner una denuncia.
SITUACIÓN DEL EMPLEO
El necesario reconocimiento de la mujer en la vida laboral y política del país recorre una larga ruta de aletargamiento.
La directora general del Centro de Desarrollo y Competitividad
Industrial (Proindustria), Alexandra Izquierdo, proclamó la necesidad
de fortalecer el proceso de incremento de oportunidades de empleo y de
mejora de ingresos para quienes “vienen asumiendo responsabilidades
económicas cada vez mayores en el hogar, pero tienden a tener trabajos
mal remunerados y de baja productividad”, declaró la empresaria al
multimedios DominicanosHoy, el pasado 15 de febrero.
Con un fuerte llamado a promover la igualdad de género y erradicar la
discriminación, Izquierdo estimó que deben duplicarse los esfuerzos en
aras de detener el avance acelerado de las estadísticas que indican que
las dominicanas son las más afectadas de la región por la indigencia.
Datos publicados por Colectiva Mujer y Salud en su sitio web reflejan
que de los 840 mil 817 hogares registrados como pobres en el Sistema
Único de Beneficiarios (Siuben) del Gabinete Social, más de 65 por
ciento son encabezados por mujeres.
“Debemos seguir articulando políticas para ver a la mujer en función de
su contribución como agente de desarrollo. Se han logrado pasos, pero
hay que seguir avanzando en su empoderamiento, porque ellas son un
factor determinante en el impulso del desarrollo sostenible de la
nación”, subrayó Izquierdo.
La directora general de Proindustria ponderó los esfuerzos de la actual
gestión del presidente dominicano, Danilo Medina, en el diseño de
políticas para la generación de empleos y en mejorar la capacidad
productiva de las mujeres, sobre todo en zonas rurales.
Refirió estudios que exponen la relación positiva entre el desempeño
financiero de una empresa y las mujeres que ocupan puestos directivos,
al incrementar hasta 42 por ciento las ventas, y 66 por ciento la
rapidez de retorno del capital invertido.
Valoró como positivos, además, los programas de crédito de Banca
Solidaria, la creación de estancias infantiles públicas y la
capacitación de las mujeres como empresaria.
“Estamos comprometidos a incrementar la inversión en programas que
impulsen a las mujeres y luchen contra la discriminación de género, así
como en programas de igualdad, ya que esto permitirá alcanzar los
Objetivos de Desarrollo del Milenio trazados para este 2015”, concluyó.
SOLUCIONES
Constantemente se alzan voces en el país caribeño que proclaman la
necesidad de que el Estado fortalezca dos ámbitos fundamentales: el
educativo y el legislativo.
Se requiere de una educación sexual desde las escuelas e institutos y
la tipificación del feminicidio en la legislación dominicana, recogido
de forma diferente, con castigos más severos que no sólo entrañen penas
altas, sino que los perpetradores no puedan salir bajo fianza con
facilidad, ni estar libres tras un corto tiempo de encarcelamiento.
No obstante, fue un pequeño paso de avance no sólo para las
organizaciones feministas, sino para toda la sociedad, la decisión de
la Cámara de Diputados de acoger la observación del presidente Medina
al Código Penal, despenalizando el aborto cuando corre peligro la vida
de la madre, en caso de violación e incesto, así como cuando hay
malformaciones incompatibles con la vida.
Colectiva Mujer y Salud insiste en una mayor inversión en los servicios
públicos de cuidados como guarderías, centros de atención a personas
discapacitadas, residencias para adultos mayores, centros
especializados para el cuidado de personas con problemas de salud
mental, programas de acogida para huérfanos víctimas de feminicidio o
muertes maternas.
A ello se integran campañas que instituciones y ministerios para la
toma de conciencia en la ciudadanía sobre la responsabilidad compartida
del trabajo doméstico y el cuidado de los hijos entre hombres y
mujeres; así como incorporar en el currículo educativo formal temas
relacionados con equidad de género y responsabilidad doméstica.
Otro importante factor aún pendiente en República Dominicana es la
reducción de la mortalidad materna a nivel nacional, con especial
atención en adolescentes y muertes por causa de abortos. Así finalizó
2014 y continúan las batallas en 2015.
“Viví buscando quien me ‘salvara’ de mí misma y tuve la desgracia de encontrarlo”: testimonio de Sabina Kilimanjaro.
¿Qué es el amor?
A amar se aprende.
Una podría hacer su lista de deseos como carta a los reyes magos.
Pero el amor en la mayoría de los casos es aquello que una/o es capaz de reconocer como “amor”.
Y eso depende de una historia de vida.
¿Sabina tendría que aceptar que sus padres no la amaron?
Es una posibilidad, y no la peor de todas. Pero aún tiene la opción
de plantearse otra negociación interior: Sus padres la enseñaron a amar
y a sentirse amada de una manera dolorosa, alienante, inadecuada.
Le enseñaron a imaginar el bofetón como un abrazo.
Los vidrios rotos como un llamado.
El encierro y la prohibición como la única forma imaginable de protección.
Le enseñaron que la vida no era sino una larga colección de objetos
deseados (la risa, la empatía, la caricia, el respeto, la cercanía, el
talento…) que terminan guardados bajo llave “en el baúl de los objetos
imposibles”.
¿Acaso logrará construir una nueva manera de amar y de sentirse amada?
Para saberlo necesita imaginar, conocer, ser capaz de entrever algo distinto a lo hasta entonces –para ella- conocido.
El reto inmenso de trabajarse –también- otra.
Sentirse -también- otra.
La otra de ella misma que toma su bolso, abre la puerta y sale a la calle.
A encontrarse con su ella de paseo.
Cabellos al viento.
Su ella sin miedo.
EL PARTEAGUAS
“Repetir es una manera de intentar sanarse”, leyó Sabina alguna vez.
Y decide salvarse imaginándole a la ternura senderos nuevos en los que la manera de amar no sea una repetición desgarradora.
Por el momento es una venada herida y atrapada en la amenaza de los miedos infinitos y cósmicos.
Se ve a sí misma así:
Frida Kahlo.
A Sabina no le gusta romper la armonía. En realidad no le gusta
romper casi nada, de allí su conflicto con el cascarón de los huevos
para el desayuno. Su madre solía decir: “Hay que reparar lo que esté
roto en la casa”. Entonces zurcían, remendaban, zurcían, remendaban.
“Nunca vamos a poder zurcir lo que ya se nos rompió”, pensaba Sabina
con su almita deshilachada. Pero conservó las costumbres de su madre.
Cuando conoció a Benito Efraín se sintió embelesada por esa cantidad de
“promesas de amor” o frases que ella entendió como tales: “Quiero una
relación que no se rompa nunca”. “Quiero que seamos el uno para el otro
de tal manera que no seamos más que uno”. “Quiero que seas lo único en
mi vida y yo lo único en la tuya”.
Cada mañana Sabina intenta zurcir en su corazón ese sentimiento
–ahora- confuso al que alguna vez identificó con amor. Con esos
concretos y torcidos modos del amor.
Sabina solicitó a la Manola (capítulo anterior) los siguientes objetos –para ella- mágico-curativos:
A) Un libro.
B) Un paraguas.
C) Un espejo grande.
D) Una pluma fuente con tinta azul.
E) Un cuaderno de tapa roja.
F) Unos lápices de colores.
G) Un sacapuntas en forma de globo terráqueo.
¿Cómo transportar los objetos hacia el interior de una casa clausurada, de una cárcel?
La lealtad del Caifancito por Sabina es tan intensa que tuvo que
confesar: Él sabía el cómo. Sabe muy bien cómo acceder a la azotea de
la familia Fernández Kilimanjaro. Sabe cómo amarrar una cuerda gorda
alrededor del tanque de agua con un nudo marinero. Cómo deslizarse
hasta el patio de la casa. Lo sabe porque trabaja de voluntario en un
refugio franciscano que recoge animalitos en la calle, y alguna vez
tuvo que perseguir a un gato herido de tejado en tejado. Hasta ese
patio.
Lo sabe porque después se encariñó con esa mujer a la que espía
–cuando su marido se va- a través de la ventana. “La miro a través de
la ventana del patio para mandarle mensajes a su alma”. El Caifancito
transportó los objetos requeridos con un cariño y un cuidado
asombrosos. Envolvió el espejo con burbujitas. Colocó el cuaderno, las
plumas, el libro, el sacapuntas, los lápices de colores y el paraguas
en su mochila, que se echó al hombro.
Se sintió ilegal como Chucho el Roto, avecindado otrora en la colonia Santa María de la Ribera.
La Manola agregó:
H) Un celular para la conversa, los auxilios y los laberintos del corazón.
I) Una videocasetera.
J) Una película: “Te doy mis ojos” de la directora Icíar Bollaín.
En el cuaderno de tapa roja y con la pluma fuente de tinta azul,
Sabina comenzó a escribir su historia. Cuando digo “su historia” me
refiero a aquellos comienzos en la historia de sus abuelos. Porque ella
sabe que la violencia no es nueva. Oh, no, no es nueva. Generaciones
que atravesar. Le sacó punta a los lápices de colores con el sacapuntas
en forma de globo terráqueo para soñar que un día navegaría el mundo.
Dibujó a sus abuelos, a sus padres, a su marido. Dibujó su infancia.
Dibujó el futuro. Por primera vez se le ocurre que quizá ella tiene un
futuro.
Sabina pintó a sus ancestros así:
Frida Kahlo.
En ocasiones cuando salía con el señor Fernández lograba mirarse
apresurada en los espejos de las tiendas, o en los reflejos de los
vidrios de las ventanas. Mirarse le producía culpabilidad y vergüenza.
“Deja de mirarte en el espejo”, niña, le decía su madre cuando era
pequeña. “Así comienzan las suripantas, las perdidas del arrabal, las
de cascos ligeros”. “Una mujer casada no debe perder su tiempo ante el
espejo”, decía Benito Efraín, “primero son los espejos y luego los
amantes, las mujeres no saben controlar su vanidad. Eres ridícula y
fea, estás enterada”.
Sabina colocó el espejo frente a ella. Temblaron sus manos. Se miró
en el espejo vestida de ella misma, vestida de muñeca. Con y sin sus
muñecas. Con y sin sombrero. Se miró al espejo en camisón. Medio
vestida. Desnuda. Se miró como si tuviera que recuperar poquito a poco
años de olvido de sí misma. Levanta el brazo y mira cómo su doble
levanta el brazo. Se sienta en el suelo y su doble la imita. Se levanta
rapidito y la otra se levanta a la misma velocidad. Se mira, se señala
y dice: “Tú eres Sabina Kilimanjaro. No tengas la menor duda”. Cumple
su ritual día a día apenas Benito Efraín abandona la casa después de su
frase habitual: “Trata de ser útil por una maldita vez en tu estúpida
vida de muñeca. Ya me voy, a ver qué me depara el destino”.
Sabina escondió todos los objetos –ahora posibles - adentro del
horno al que Benito Efraín nunca acude: “Cosas de mujeres y
afeminados”, solía decir, “los lavaderos y los hornos”. El espejo –como
es lógico- no cabe en el horno, Sabina lo esconde debajo del catre en
el sótano.
Ni un pan, ni un pastel más salió del horno de la cocina de Sabina Kilimanjaro.
Era otra cosa lo que ella quería hornear.
Lo que se está horneando.
Me es imposible ubicar cuánto tiempo necesitó Sabina para asumir su
deseo de vivir en libertad. Sólo aclaro que en este contexto existen
dos tiempos muy distintos: el tiempo que marcan los calendarios, y el
tiempo que marcan los procesos emocionales.
Tan interminable o tan breve.
La canción que la Manola y sus amigas grabaron en video desde el
Museo del Chopo para llenar de fuerza mágica el corazón de Sabina
Kilimanjaro.
Una mañana de marzo la Manola recibió una llamada del nuevo celular
de Sabina: “Brilla un sol tan hermoso. ¿Querrías salir a pasear?”
Sabina lo dijo de corridito como si salir a pasear le fuera –por fin-
una promesa y no una amenaza de muerte. No tuvo miedo de sus fobias. No
demasiado. Ni de sus asfixias en la calle si Benito Efraín no caminaba
a su lado. “Sin mí no eres nadie, sin mí no eres nada. Una cabra loca
que se perdería a la vuelta de su casa. No eres nada, sino la señora de
Fernández. Nada de nada”.
Sabina abrió (como quien se toma un Tafil) el hermosísimo paraguas
que la Manola le consiguió en un tiradero de antigüedades de colonia
elegante. El Caifancito la alcanzó en el patio de su casa, y salieron
del claustro como gatos por los tejados.
Sabina tuvo vértigo, es cierto.
Pánico, también.
Pero se los aguantó.
Paraguas:El paraguas mágico de Sabina Kilimanjaro
Se fueron las dos a pasear por el barrio. Sabina protegida por
Manola y por su paraguas abierto cubriendo su cabeza. El pánico
invadía a Sabina y caminaba como arrastrando los pies. “Me estoy
asfixiando, Manola. Tengo que regresar a la casa”. “Respira niña,
respira que no pasa nada”. Por días y días pasearon por ese barrio y
por el barrio de al lado. Y el de al lado. Durante días pasearon bajo
el sol por barrios hermosísimos de la ciudad de México. “Me duelen los
pies”, decía Sabina. “Se me van a caer”. “Es la piedrita en el zapato,
niña, zapatea contra el pavimento, zapatea y la piedrita se irá
haciendo polvo”. Sabina zapatea.
Mientras tanto el –honorable y probo- don Benito Efraín Fernández,
(de oficio cerrajero) abría –junto a la mujer de los ricitos teñidos de
rubio- cantidad de puertas de cantidad de hoteles de esos que huelen a
jabón Rosa de Venus. Se entendían muy bien entre ellos: “Apenas saque a
la zorrita de mi casa te llevo al altar”, le decía. “Para amarnos el
uno al otro como si fuéramos sólo uno”, le decía. La de los ricitos
respondía lánguida e ingenua: “Acaba con ella. Quiero su casa, sus
vestidos, sus perfumes. Su cama. Su risa. Su sangre y su perrita.
Quiero comerme todo lo sabroso que haya en ella”. Hasta Benito Efraín
Fernández se asustaba -por momentos- de ser amado con tantísima pasión.
“A ver si ésta no me sale caníbal”, se decía, con un asomo de vaga
inquietud.
El libro que el Caifancito le llevó a Sabina Kilimajaro se llama:
Diario de Frida Kahlo
Un día la Manola recibió una llamada: “Voy al barrio de Coyoacán a
la casa de la pintora Frida Kahlo, la del librito”. Voy sola, Manolita.
Voy sola”.
La primera vez que Sabina Kilimanjaro con su foulard
naranja y sin demasiados accesos de asma, ni ataques excesivos de
pánico, toma el tranvía desde la colonia Santa María de la Ribera hasta
Coyoacán. Al lado suyo (aunque no se ve) viaja su –inseparable y
mágico- paraguas protector.
El viaje en tranvía es así: Frida Kahlo
Sabina visita la casa y su jardín. Salió y volvió a entrar. Se
recostó sobre la cama de Frida y de pronto se encontró llorando como si
trajera todo el río Usumacinta en el cuerpo. Lloró con suspiros,
sollozos, gemidos, mordiendo las almohadas bordadas. Lloró y en el
espejo encima de la cama se miró llorar. Supo entonces que una puede
–también- consolarse y abrazarse a sí misma.
Que una/o se merece quererse tantito.
Oh, no, no es enferma y loca vanidad…quererse tantito.
Lloró como lloran las víctimas de otros, de ellas mismas, en esa larga cadena generacional…que un día se termina.
Hay una generación que rompe con la historia familiar.
Hay una persona que se mira a sí misma y dice: “Basta de sumisión. Basta de violencia”.
Porque para entonces ya sabe que la denigración, la descalificación, las ofensas, los golpes… son violencia.
Y luego dice: “Nunca más”.
Hay una persona que elige romper el pacto amo y esclava.
Desafiar el miedo cósmico y aprender a zapatear por las calles.
Hasta que la piedrita se hace polvo.
Lloró como sólo puede llorar una mujer que deserta para siempre la única forma de vida que le es conocida.
Algunas/os visitantes se extrañaron, otras/os lloraron con ella.
“El performance…” explicó engolado y solemne un profesor de Berkeley
en visita por la ciudad. “Los mexicanos son tan apasionados”, comentó
un jubilado francés ex marinero de Marsella. El vigilante se acercó a
la cama respetuoso y acomedido: “Llore señorita, siga llorando a su
anchas, me voy a echar una torta de milanesa con tamal y regreso a ver
cómo está”.
Sabina entendió que el dolor existe, tiene un lugar, se acepta, se vive, se nombra, se transita…y -casi siempre- se transforma.
(No hay manera de saber cuándo se transforma, ¿en qué momento? ¿cómo? Lo único verdadero…
es que un día una/o se despierta…
y el oscuro animal ya no está…
mordiéndote por dentro.
El animal del miedo cósmico…ya no está…
mordiéndote por dentro).
Lo que Sabina cantó –como mantra- al salir de la casa azul en Coyoacán: Diario de Frida Kahlo
En ese mismo soleado mes de marzo, José Ramón (de oficio cerrajero)
y rival de Benito Efraín desde la infancia, aceptó el más vengativo de
sus retos propuesto por el Caifancito: cambiar las chapas de las
puertas, los armarios, los baúles, y los armarios de la casa del señor
y la señora Fernández. Su rencoroso júbilo fue tal, que aceptó caminar
los tejados en las cuatro patas de los gatos para llegar hasta allá.
Cuando el señor Fernández regresó a su casa que suponía suya de él
–deseoso de mandar a su esposa a dormir al sótano para vengarse de
haberla engañado- insertó la primera llave. No dio vueltas. Como si
estuviera atorada. Colocó la segunda y tampoco. La imposibilidad de que
alguien se hubiera atrevido a cambiar la cerradura era tan absoluta,
que ni aún su destreza en su noble oficio le permitía dilucidar el
misterio de inmediato.
“¡La muñeca desneuronada cambió las chapas!”. Benito Efraín
Fernández pateó la puerta hasta abollarse los zapatos. A la derecha
de la puerta una hilera de maletas en filita perfecta lo informan del
cambio de los tiempos. Sólo que a veces, como diría la Manola: “ese
señor es corto de entendederas”. Encima de su botiquín de piel un sobre
que contiene el siguiente mensajito: “Antes querido mío, no quisiera
parecer desconsiderada pero tenemos que despedirnos. Tantos años. Y sin
embargo, ahora que me despido para siempre no puedo ni siquiera odiarte
a como se debe. Ya no le temo ni a la locurita ni al extravío. Tu
crueldad, tu desamor. ¿Tal vez tu traición? Qué inmenso y terrible
absurdo, ex querido mío”.
Debajo había dibujos a colores de paraguas, piedritas, arco iris y gatos.
Benito Efraín gritó.
Amenazó.
Se desgañitó.
Las puertas y ventanas de la casa permanecieron cerradas.
Llamó a los policías, engrasó manos y entre todos aporrearon puertas y ventanas.
“Cumpla con su deber de esposa que se respeta y ábrale al señor que
es su marido”, gritaban los guardianes de la seguridad y el orden
público. “Legítimo”, completó Benito. “¡Legítimo!” Repitieron los
policías.
Llamó Benito Efraín a sus amigos y conocidos.
A la mujer de los ricitos teñidos de rubio.
Al cuartel de bomberos.
Para estas alturas de la escandalera en el barrio, la Manola y el
Caifancito tenían convocadas a tres cuartas partes del vecindario de la
Santa María de la Ribera, al pleno de las/los tiangueras/os del Chopo,
a las/los activistas del refugio franciscano para la protección de los
animalitos. Hasta las compañeras de Equidad de Género y de Católicas
por el Derecho a Decidir llegaron con sus pancartas, sus cacerolas y
sus tambores.
Una multitud rodeaba –a distancia- a Benito Efraín…el amo enfurecido.
Atónito.
Cabizbajo.
Contrito y cejijunto.
El amo derrotado.
El amo –sin su presa- arrojado al extravío.
“Eres un fracasado Benito Efraín Fernández”, dice la de los ricito.
“¿No que la tenías dominada y la perrita y la casa y las cacerolas eran
nuestras? A ver quién te sigue, mandilón de mierda”. “Sí me salió
caníbal”, masculla Benito Efraín, el amo que buscaba otra esclava y no
supo reconocer a una ama en toda su espléndida vileza. Piedra contra
cocoyol, como quien dice.
Llegaron los bomberos convocados por el marido expulsado.
La comandanta Berenice Lupita, jefa de la estación de bomberos y
descendiente de la primera heroica (y fogosa) bombera del Distrito
Federal, lanzó la orden de emergencia: que sus compañeros desenrollaran
sus interminables escaleras y adornaran la fachada de la casa de Sabina
Kilimanjaro con globos de colores y serpentinas. Por una de esas
escaleras el Caifancito subió y colocó encima de la puerta de entrada y
salida el siguiente letrero: “Hogar de Sabina Kilimanjaro. Territorio
libre de violencia”.
“Necesitamos mucho trabajo”, dijo la Manola (cuyo activismo en pro
de los Derechos de las Mujeres ya no dará marcha atrás), “y muchos
letreros. Que un día decenas y cientos y miles de casas puedan lucir
este letrero, y que sea una verdad verdadera”:
“Territorio libre de violencia”.
Sabina Kilimanjaro espía por la ventana junto a su perrita.
La perrita agita la cola.
Por primera vez desde la llegada de Benito Efraín a su hogar, Sabina
Kilimanjaro tomó su manojo de llaves, le dio vuelta a su puerta, y
salió por ella (y no por los tejados) de su casa.
Su casa suya de ella.
Podríamos pensar que este es un final feliz. No nos apresuremos. La
vida de Sabina Kilimanjaro continúa y ella tendrá que enfrentar las
felicidades, penurias, contratiempos, alegrías y todo lo que significa
el reto de vivir una vida.
Vivirla conforme a sus deseos adormecidos por años.
Vivirla tan bonito a como se pueda.
Lo que el final sí tiene de muy feliz, es que podemos imaginar que
sus elecciones –si se esfuerza- vendrán a partir de ahora más de su
ella –ella, que de su ella –miedo a sí misma.
Y esta liberación de los grilletes del miedo hacia adentro, y del
miedo hacia afuera, es un parte aguas en la existencia de toda mujer y
de todo hombre.
Sabina abrió la puerta y su mirada tropezó con la mirada del Negro
Pepo, el más bello y talentoso jaranero que haya jamás poetizado en el
Kiosco Morisco.
Sí, alguna vez lo escuchó.
Con tanta ternura, que aquella noche Benito Efraín Fernández la envió a dormir al sótano.
Sin perrita, sin cobija y sin catre.
Quizá se ruboriza Sabina cuando mira al jaranero…
“Nadie sabe para quién trabaja”, se dice el Caifán desplazado en sus
flacuchitos y amorosos diecisiete años. La Manola advierte las miradas
y se imagina la sección de sedas de La Parisina y los encajes de la
mercería la Guaida /zona centro). El maravilloso vestido que van a
coser juntas para ese primer paseo de Sabina y el Negro veracruzano en
la Alameda del Kiosco Morisco. Alguna vez Sabina le preguntó a la
Manola: “¿Por qué lo haces, Manolita. Por qué me ayudas?”. “Porque te
quiero, porque se me da la gana. Porque otras/os me ayudaron a mí”, le
respondió su amiga y se levantó el labio para mostrarle ese espacio
vacío en donde la mayoría de las personas solemos tener por lo menos
tres dientes. “Vamos a ir por tus dientes Manolita, tendrás los dientes
más bonitos y brillantes de toda la ciudad”.
Sabina mira de reojo al Negro y se dice:
“Quizá con el tiempo. Hay tanto por hacer… amar, por ejemplo”….
Sabina Kilimanjaro mira frente a sí ese espacio abierto que ya no la
amenaza –no tanto- y se canta en secreto esta canción de Buika que le
enseñó la Manola: