12/07/2025

Manifiesto contra la mentira

 

Manifiesto contra la mentira

Fabrizio Mejía Madrid

La filósofa Hannah Arendt escribió a propósito de los medios masivos de comunicación: “La diferencia entre la mentira tradicional y la moderna a menudo equivale a la diferencia entre esconder y destruir”. Arendt apuntaba al poder destructor sobre los humanos que ya no saben qué es verdad y qué es mentira, y que arruina nuestra facultad de discernir entre el bien y el mal y, por lo tanto, de participar en política. Eso es lo que está en juego en estos momentos.  

La única arma que, en este momento tiene lo que queda de la oposición es la mentira. Han invertido millones en generar una falsa percepción desde cuentas en Argentina y España ---digo falsa percepción, porque nadie aquí, en este país, la tiene--- de que México es una narco-dictadura que reprime opositores, que no tiene separación de poderes ---cuando lo que se terminó fue el sabotaje del Poder Judicial---, que no hay medicinas para la salud pública, que vive una situación de violencia que amerita que nos salven los gringos. Las mentiras difundidas con dos mil millones de copias robotizadas han atacado a muchos en lo personal, lo familiar, y en lo profesional, pero eso realmente no importa. Lo relevante es cuando lo hacen contra quien representa al movimiento de la Cuarta Transformación. Es una verdadera invasión digital desde el extranjero, comandada ahora por La Derecha Diario dirigida por un español, Javier Negre, desde Argentina. Esta columna intenta hacer buen uso, no tanto de los consejos que el activista pro-consumidor sevillano, Rubén Sánchez, da en su reciente libro, Bulos. Manual de combate, sino de su ánimo aguerrido. Es pues esta columna, un llamado a tomar las armas de la razón y la verdad contra la violencia y la mentira.  

Lo primero es que decir la verdad es una responsabilidad de todos, no sólo de los periodistas con una audiencia considerable sino de todos, hasta de los que reciben los Whatsapps de las tías prianistas. Hay que responder las mentiras. Hay que contestarle a las tías. Es una labor cívica para ir limpiando el debate hacia los argumentos y no hacia las mentiras. Porque hay que repetirlo: uno de los problemas a los que nos hemos enfrentado en años recientes es que gastamos más tiempo en desmontar mentiras que en debatir los temas de la transformación. Es algo que nos ha impuesto la derecha con su dinero en campañas sucias. Ni modo. Así están las cosas por lo pronto. El silencio les sirve a ellos que tratan de abrumarnos con sus bots. Hay que responder porque la mentira no cae por su propio peso sino que, de no responderse, se va solidificando. Tampoco creo en fantasear con un comité de ética que nos diga qué es verdad y qué mentira porque eso, a la larga, acaba encumbrando a un monstruo censor. No. La responsabilidad es de todos, no de un nuevo organismo autónomo o de otro club de sabios. La política es de todos, entre todos sabemos la verdad, y, como tal, hay que defenderla ejerciendo el derecho a la libre expresión. El derecho a la información, el derecho a saber, también pasa por el combate a la desinformación y la falsedad. Pero erigir a un club o un colegio que decida qué es verdad implica sospechar de nuestras facultades colectivas e inhibe el pensamiento crítico que viene de enfrentarnos al engaño. Uno no lo diría, pero los delirios de la ultraderecha animan bastante el recurso de la razón de quienes estamos del lado de la verdad. Si aceptamos que se borren las falsedades, insultos, agresiones, llamados a la violencia y al odio, nos exponemos a un efecto boomerang en el que los medios que las proporcionen se vestirán de cierta credibilidad para ciertos grupos que buscan sentirse realmente informados por lo que censura la tendencia dominante. Así que no, no a la censura. Sí al desmentido racional y democrático.   

Lo segundo que es necesario entender es que ninguna mentira se borra por completo en el mundo digital. Quien se diga a sí mismo: “no puede ser mentira algo con lo que estoy de acuerdo”, pues está perdido para el bando de la verdad. Pero hay que intentarlo por bien del espacio de debate público. Cuando alguien miente tiene la intención de hacerlo, es decir, sabe que sus palabras son engaños porque él conoce cuál es la verdad y, aún así, miente para que los demás actúen de cierta manera. En el caso de quien recibe la mentira y le da validez con respecto a su propio sesgo ideológico, sus fobias, y odios, hay una forma de auto-engaño que quiere que la realidad se parezca lo más a lo que él desea. Por ejemplo, cuando dicen que fallan las obras públicas, que la torre del aeropuerto Felipe Ángeles está chueca o que los trenes no llevan carga y, además, se descarrilan. Si lo medios han tomado la mentira como una especie de razón de Estado, es decir, que lo hacen por un bien superior como el regreso del PRIAN al que llaman “democracia”, los que creen en las mentiras tienen otro mecanismo de justificación. Para ellos, el auto-engaño del régimen anterior consistía en jamás ocuparse de temas políticos ---“no dijeron nada en aquella época”, se les reprocha--- y, ahora que reproducen sus mentiras y las opiniones que sustentan, se les dice mentirosos. El esquema del auto-engaño es sutil pues no es error, ni ignorancia, no deriva del razonamiento, sino una creencia. En casos notables por su virulencia hasta podría decirse que ese auto-engaño salva una identidad que, en el viejo régimen, fue complaciente y, en el nuevo, se imagina a sí misma como salvadora de la democracia o de la República. Es mentir para satisfacer un interés propio que es ya una manera de ser, que es una identidad. Por lo tanto, aceptar la mentira es como refrendar el tipo de vida que se supone que los diferencia de los demás, en este caso, los pobres, ignorantes, necesitados, y vulnerables de la tierra. Aceptar la mentira es no ser de esos y estar, de alguna perversa manera, salvado del exterior que amenaza mi interior. Así, los que mienten estaría buscando que los engañados actuaran de cierta forma, como aceptar la violencia en una manifestación frente a Palacio nacional, pero los engañados estarían buscando diferenciarse de los demás, de la mayoría. No tanto actuar sino que los demás no actúen. 

Desde que el exgobernador de Tamaulipas, Cabeza de Vaca, fabricó un periódico digital que duró un día sólo para difamar al entonces candidato de Morena y hoy Gobernador, Américo Villarreal, las mentiras cambiaron. Las publicaciones sirven como “fuente” para que se repitan falsedades y engaños, y hasta como “pruebas” en los juzgados. Hay muchos voceros de la derecha que amplifican estos engaños escudados en que no son ellos los que afirman sino unos supuestos documentos, aunque resulten desmentidos, o unas supuestas filtraciones de gente que nunca puede ser nombrada. Son cómplices de la mentira precisamente porque ayudan a difundirla sin haberla validado. Estamos llenos de Azucenas Urestis, De Mauleones, Rivapalacios, Alemanes, y demás difamadores que nunca se hacen cargo de su impostura y, luego, le echan la culpa a La Mañanera de su propio desprestigio. Hay que seguir denunciando las falsedades que dicen y escriben porque, a veces, se usan en juzgados. Ellos no van a cambiar ni sus patrones en los medios porque se benefician en algo de perjudicar a alguien. Como escribe Rubén Sánchez: “Por muy burdo que sea, por muy desmontado que esté, es absolutamente imposible que todas las personas que en su día se lo tragaron acaben recibiendo la información que les aclare que todo era falso. Además, muchas preferirán seguir creyéndose la mentira”. En efecto, la infamia es más duradera que la fama, pero no por ello la resignación es el camino. Sólo hay que pensar que de los que creen en mentiras hay una proporción que podría cambiar si recibe verdades, argumentos sólidos, datos, eventos, cronologías, información validada. Ahora lo que también está sucediendo es que las plataformas digitales invadidas por la mentira política, que son todas, hasta las que tradicionalmente eran de influyentes de moda o deportes, usan los dichos de los medios tradicionales como “fuentes periodísticas”. Aunque citen a Krauze o a Loret de Mola. Les da igual: reciben un beneficio por engañar y hay que desenmascararlo. 

Pero los mentirosos tratarán de proyectar esa venta de su expresión diciendo que somos los otros los que incurrimos en ello. Uno de los criterios para mentir es hacerlo contra la reputación de los que apoyamos la transformación de México con el dato del dinero. Aquí cito, de nuevo, a Rubén Sánchez, porque lo que describe se aplica por igual a España y a México. Escribe Sánchez: “Los tipos que fabrican los bulos y sus caminantes blancos (Sánchez usa ese nombre de los zombies de Juego de Tronos) están obsesionados con el dinero que cobramos los que no somos de su cuerda. Según ellos, cuando decides ser de izquierdas firmas un voto de pobreza y pierdes el derecho a ganar un salario justo, a publicar fotos cuando te vas de vacaciones o cuando sales a comer con familia y amigos. Y si hay algo que molesta a esa gente es que nuestro salario pueda proceder de dinero público. Te puedes apellidar Abascal y haberte llevado media vida viviendo de él por hacer quién sabe qué. Pero si eres de izquierdas, son sobornos y tú, eres un vividor”. Así, los falsarios han hecho de sus búsquedas de salarios, contratos, o honorarios un arma porque ellos mismos creen que ser de izquierda es vivir del aire. Y, además creen que hacer periodismo es bajar hojas de Excel. Esto es una nueva falsedad porque ellos que sí venden su libertad de expresión nos acusan de hacer lo mismo basados en lo que cobramos por ejercer nuestra profesión. Los falsarios mueren por demostrar que la izquierda es como los prianistas, es decir, corrupta, vendepatrias, improvisada, pequeña. Es como el subproducto de haberles puesto un espejo en frente para que se vieran en su justa dimensión. Al verse, niegan ser ellos en el espejo, y gritan: “Este no soy yo, este es el reflejo de mi adversario”. Quisieran que mintiéramos igual que ellos para. Así, colaborar a una confusión tan generalizada entre bien y mal que ya la política no fuera practicable. 

Los medios, en especial la radio en México han incurrido al menos en tres formas de anti-periodismo. Tomar por buenas aseveraciones que vienen de personas indeterminadas. Las fuentes anónimas tienen su razón de ser en el caso de que existan personas que temen por su trabajo o vida pero que sienten la obligación de denunciar algo que les consta. Es el caso de Edward Snowden cuando reveló el espionaje masivo que hacía la Agencia de Seguridad nacional de Estados Unidos. Pero lo que hacen personajes como Anabel Hernández o Raymundo Rivapalacio es decir que existen esas fuentes y que las protegen cuando en realidad se trata de inventos, por cierto no muy buenos. Y, por cierto, también, cuando Rivapalacio dice que “la verdad ya es irrelevante” lo que está diciendo es que lo único relevante ya es el dinero. Contra eso también estamos los del bando a favor de la verdad: contra la idea de que el periodismo sirva a quien lo mantiene. La segunda forma de anti-periodismo es que difundan desinformación que atenta contra el honor de una persona o institución aludida sin la menor diligencia para advertir que son inventos. Y la tercera es no presentar, al lado de la simple divulgación de estas mentiras algo que pudiera considerarse una forma de validación, de saber que podría tener algún mérito, que fuera probable basado en tales y tales hechos y eventos. Nada. Se escudan en que simplemente le dan voz a alguien que es inexistente, que no es más que la voz de sus propios deseos, que no es más fuente que la que mana de sus carteras. 

Tiene razón Hannah Arendt cuando veía una diferencia entre el ocultamiento que hacía la diplomacia o la política por razones de Estado de ciertos temas y hechos y lo que hoy tenemos. Escribe en 1971 en The New Yorker: “La mentira política tradicional, tan saliente en la historia de la diplomacia y de la habilidad política, generalmente se refería a secretos auténticos -datos que nunca se habían hecho públicos- o bien a intenciones que, de todos modos, no poseen el mismo grado de certidumbre que los hechos consumados. [...] Las mentiras políticas modernas tratan eficazmente de cosas que de ningún modo son secretas, sino conocidas prácticamente por todo el mundo. Esto es evidente en el caso de la reescritura de la historia contemporánea a la vista de aquellos que han sido sus testigos, pero es igualmente cierto en la fabricación de imágenes de todo tipo”. Acierta a definir que nos mienten sobre lo que está al alcance de todos, sea la historia o el presente y que, para ello, se utiliza de una forma bastarda a las imágenes. Arendt ya no vio el desastre que es la IA para la política y el periodismo, pero ya sabía qué era la televisión. Las imágenes ya no representan la realidad sino que la reemplazan. Así, las opiniones sustentadas en mentiras confirman que se trata de reemplazar a la realidad con un estado de ánimo y una disposición en contra de la mayoría. Como escribió San Agustín: “Quien se forma una opinión, piensa saber lo que ignora”. 

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¿Por qué reaparece López Obrador?

Álvaro Delgado Gómez

Igual que hace siete años precisos, cuando tomó posesión como Presidente de México tras una victoria aplastante, Andrés Manuel López Obrador ha encolerizado a sus malquerientes, que vuelven a bailar al son que les toca. Pero su reaparición no es una travesura, por más que le divierta la muina del sector más rabioso, sino una maniobra política para exhibirlos y neutralizarlos.

Como lo expuse en este espacio hace una semana, cuando anticipé su “regreso tan temido”, lo que pretende López Obrador con su libro Grandeza es igual a lo que ha hecho con sus 20 anteriores: Además del tema mismo, que refleja su pasión por la historia de México, le sirve para orientar y ratificar definiciones estratégicas y llamar a la acción política, en este caso ante las amenazas del intervencionismo extranjero, sobre todo de Estados Unidos, en complicidad con los mexicanos que se le someten a Donald Trump.

Esto no es ninguna suposición: Los principales dirigentes del PRI y del PAN han ido a Estados Unidos a implorar la intervención, antes y después de las elecciones que el año pasado perdieron contundentemente. Articulados con medios de ese país y una inversión millonaria en redes sociales, con Claudio X. González al frente —financiado por el Departamento de Estado—, impulsaron la campaña para vincular con el narcotráfico a López Obrador y a Claudia Sheinbaum como candidata.

Y en otro frente Ricardo Salinas Pliego, uno de los más radicales opositores económicos y mediáticos, mantiene una estrecha relación con Trump como patrocinador de su toma de posesión y de la bienvenida del Embajador Ronald Johnson, un militar retirado y agente de la CIA involucrado en invasiones de varios países. La acción política de este magnate arreció tras las sentencias para que pague parte de los 74 mil millones de pesos que adeuda al fisco.

Apenas la semana pasada, tres días antes de la reaparición de López Obrador, el 27 de noviembre, Salinas Pliego fue el anfitrión en la Universidad de la Libertad, parte de la red de Atlas Network, de Ana Corina Sosa Machado, la hija de María Corina Machado, la Premio Nobel de la Paz 2024 que pide a Estados Unidos la invasión de su país. “Nos llena de optimismo y nos hace ver que la lucha contra la dictadura sí vale la pena”, escribió el deudor que ha imprimido un sello golpista a sus tres canales de televisión.

Tampoco es una suposición la descarada intervención de Trump en los asuntos soberanos de otros países: Quiere derrocar a Nicolás Maduro como Presidente de Venezuela. Se entrometió en la elección de Argentina para apoyar a Javier Milei y ahora en la de Honduras a favor del ultraderechista Nasry Asfura. Y eso es exactamente lo que busca la oposición en México: Que el gobierno y hasta el ejército de Estados Unidos entre a México, aunque violente con su ejército nuestro territorio.

Así, con la ilusión del intervencionismo de Estados Unidos, la oposición ha construido la narrativa de que México está sometido a los grupos criminales y que López Obrador y ahora Claudia Sheinbaum son cómplices directos. ¿Datos para sustentar sus afirmaciones? Ninguno. Puras fabricaciones que hasta Estados Unidos ha desmentido. Hay ineptitud, insuficiencias, desidias y colusión de funcionarios —hasta Adán Augusto López Hernández y gobernadores, si se prueba—, pero afirmar que es un narcoestado es un disparate. Genaro García Luna, mano derecha de Felipe Calderón, sí es un hecho que está preso por narcotraficante.

Lo que está detrás de esta estrategia de la oposición en México es la imploración al gobierno de Estados Unidos para que, como lo hace en otros países, intervenga, algo que el PRI y el PAN —y sus patrones— deberían reflexionar a la luz del fracaso de dos intentos de partido, abiertamente proTrump: México Republicano, de los estadounidenses Larry Rubin y Gricha Raether, y Movimiento Viva México, del actor Eduardo Verástegui, sólo han obtenido el repudio de los mexicanos, que históricamente aborrecen a todos los vendepatrias.

Entonces, la reaparición de López Obrador mediante un mensaje en sus redes sociales este domingo 30 de noviembre, un día antes de cumplirse el séptimo aniversario de su toma de posesión, tiene que ver con estas acechanzas del criminal que gobierna Estado Unidos —¿no fue declarado Trump culpable de delitos?— y sus vasallos en México, que ha decidido optar por la violencia para intentar desestabilizar a un gobierno legítimamente electo, con una mayoría aplastante hace apenas año y medio.

Y el propósito de López Obrador de respaldar a la Presidenta de México no es porque está débil —si lo estuviera no habría podido hacer a un lado a Alejandro Gertz Manero, uno de los grandes errores del expresidente—, sino por las señales ominosas que se han acumulado, dentro y fuera de México, sobre las que es preciso alertar en momentos en que se ha convocado a una movilización popular, el sábado 6 de diciembre, precisamente en respuesta a esas acechanzas.

¿La reaparición de López Obrador reabre el debate de su gestión como Presidente de México? Magnífico que así sea. Ahora y siempre, aunque ya hayan concluido su gestión, los hombres públicos deben enfrentar el escrutinio para que la historia los coloque en su dimensión. Más que entriparse, los opositores deberían organizarse mejor, ocuparse en diseñar un proyecto alternativo y convocar a sus figuras, como lo han hecho con Ernesto Zedillo.

Pero con el PRI ya no jalan ni Carlos Salinas y Enrique Peña Nieto, y el PAN no cuenta con Vicente Fox ni con Calderón, que hasta los desprecia…


El gran juego China-EU

 sinembargo.mx

Lorenzo Meyer

La esencia del juego suma cero es clara: lo que un jugador gana es lo que el otro pierde. Desde la perspectiva de Washington ese es justamente el tipo de relación política que hoy tiene con China, de ahí la hostilidad del Presidente Donald Trump hacia la potencia asiática.

En 2024 el PIB de China, país con alrededor de mil 410 millones de habitantes, creció al 5.4 por ciento anual en tanto que el de los 340 millones de norteamericanos lo hizo a sólo la mitad: 2.8 por ciento. ¿A dónde puede conducir esta dinámica?

Seguir de cerca la competencia y confrontación de las grandes potencias es siempre un gran espectáculo. Su movimientos y choques se asemejan en algo al de los gladiadores en el circo romano, pero con una gran diferencia: hoy y con frecuencia la sangre que puede correr la derraman no los actores centrales sino los periféricos. Y es que un choque directo entre las potencias atómicas puede llevar a la hecatombe nuclear mundial. Es por eso si en el pasado las grandes potencias nunca descartaban la posibilidad de enfrentarse directamente, en esta era atómica recurren al uso de peones y en teatros periféricos. Ejemplos de lo anterior no escasean: la guerra civil en Grecia (1946-1949), la de Corea (1950-1953), el conflicto por el canal de Suez (1956) y docenas de otros eventos como golpes de Estado o de guerras civiles intervenidas por una o ambas de las potencias dominantes como ocurrió en Guatemala (1954), el Congo (1960-1965), Angola (1961-1975), en la crisis de los misiles en Cuba (1962), en el golpe militar en Chile (1973), en la guerra de los Balcanes (1991-2001).

El sistema de poder internacional que provocó las dos guerras mundiales del siglo XX estaba influido por los intereses de varias potencias europeas más los de Estados Unidos y Japón. En aquella coyuntura China fue apenas una expotencia histórica y el objeto del deseo del imperio japonés y de su proyecto de hegemonía: “La Esfera de Coprosperidad Asiática”. A partir de la derrota de la Alemania nazi y sus aliados el sistema mundial fue diferente al multipolar de la época de entreguerras. Esta vez se trató de uno dominado por sólo dos poderosos: Estados Unidos y la URSS, y cuya rivalidad llevó a una larga “Guerra Fría” entre ellas, pero con numerosos choques calientes en las periferias. En esa bipolaridad en tensión permanente una China pauperizada y en reconstrucción como resultado de su lucha contra Japón -China había sufrido alrededor de 20 millones de bajas civiles y militares entre 1937 y 1945- apenas si fue tomada en cuenta.

La bipolaridad anterior llegó abruptamente a su fin en 1991 con la desaparición de la URSS. Inevitablemente a ese sistema con dos polos lo sustituyó un sistema con un indiscutible centro en Washington. Sin embargo, ese arreglo de unos Estados Unidos super dominante pareciera estar llegando a su etapa final. El momento cumbre de este período en el que aún nos encontramos lo simbolizó el lanzamiento encabezado por dos intelectuales públicos de derecha norteamericanos -Robert Kagan y William Kristol- que desde Washington y en 1997 anunciaron con gran confianza y entusiasmo un Proyecto para el Nuevo Siglo Americano. Sin embargo, ese proyecto que pretendía trazar las grandes líneas políticas que iban a permitir mantener la supremacía norteamericana por cien años más ¡sobrevivió apenas una década! pues en 2006 desapareció y quedó claro que desde su inicio tal pretensión estaba fuera de contexto.

En la actualidad ya es posible afirmar que China ha alcanzado el estatus de superpotencia y eso inaugura una nueva etapa de bipolaridad. En la llamada “guerra de los aranceles” que le ha declarado el Presidente Donald Trump al mundo se anunciaron tarifas a China ¡¿del 140 por ciento?! Como sabemos al final Washington simplemente se vio obligado a desistir de su empeño y aceptar la derrota.

En un ensayo reciente en el New York Times titulado El momento en que China demostró que había logrado paridad con Norteamérica (The Moment China Proved It Was America's Equal (11/19/25), Rush Doshi, un experto en China y que fue miembro del Consejo de Seguridad del Presidente Biden, sostiene que Washington ya necesita de aliados para mantener la política de competencia con China pues por sí sólo no podrá imponerse sobre una China que va acumulando poder económico a una velocidad sorprendente. Lydia Polgreen, otra experta en el tema llega a la misma conclusión y en el mismo diario, aunque desde esta perspectiva: China ¡busca “usurpar” el lugar que “por derecho” le corresponde a Estados Unidos: mantenerse a la cabeza del mundo! (11/21/25). En fin, que ya es notorio que Estados Unidos ya tiene compañía en la cúspide de la pirámide del poder mundial.

ESTILOS MUY DIFERENTES

Como lo ha subrayado un reconocido experto en los procesos de globalización, el economista y profesor de la Universidad de Columbia, Jeffrey Sachs, China en su historia milenaria sólo excepcionalmente buscó invadir y colonizar a sus vecinos. El enorme y unificado imperio chino no fue imperialista al estilo de Europa o de Estados Unidos porque, entre otras cosas, sus recursos humanos y naturales lo hicieron autosuficiente por milenios. Las tres pequeñas carabelas de Colón que inauguraron la globalización del imperialismo europeo eran poca cosa frente a la gran flota china de entonces -docenas de grandes barcos de cinco mástiles y que incluían además de varios miles de tripulantes y soldados hasta una biblioteca- comandada por el almirante Zheng He que se hizo a la mar entre 1405 y 1433 y llegó al África y a la península arábiga. Zheng He capitaneó siete expediciones, pero ninguna en plan de conquista y colonización como lo hicieron los europeos en América sino sólo para dar a conocer al mundo la importancia de la civilización y el imperio chinos.

Hasta hoy China con pleno dominio de la tecnología más avanzada pareciera buscar fuera de sus fronteras mercados y materias primas para mantener la dinámica de su economía, pero no necesariamente imponer su modelo económico ni su predominio sobre los procesos políticos domésticos en las sociedades con las que está tejiendo su compleja red comercial.

EN CONCLUSIÓN

A querer que no para México y por un futuro difícil de vislumbrar, la influencia del “factor norteamericano” seguirá siendo un elemento determinante de su evolución económica, política, social y cultural. Sin embargo, ya es conveniente empezar a diseñar los futuros posibles para nuestro país a partir de suponer un declive relativo y paulatino de la superpotencia vecina del norte y de la posible formación de una estructura de poder internacional diferente a la actual, una con posibilidades de mayor juego político para actores como México.

Una gran incógnita respecto a los futuros posibles es la pregunta que da título a la columna: ¿la nueva bipolaridad en ciernes será una de tensión permanente al estilo de la vieja Guerra Fría o la potencia en descenso aceptará como inevitable lo que sugiere el título mismo del libro de Emma Ashford First Among Equals, Primero entre iguales, (2025). La dinámica del ascenso actual de China permite suponer que ese primer lugar que hoy Estados Unidos tiene y sostiene, sobre todo por su poder militar, pero ya no por el económico y científico, puede cambiar y que el futuro de largo plazo del sistema mundial ya no será tampoco de una bipolaridad China-Estados Unidos sino de una multipolaridad compleja y no exenta de peligros.

El primer peligro de la evolución política actual del sistema mundial ya es evidente: Trump y los suyos se están negando a aceptar la realidad y siguen empeñados en actuar como si Estados Unidos siguiera teniendo la capacidad de imponerse sobre el resto del mundo. El caso de la agresividad de Washington frente a Venezuela es el ejemplo actual de la insistencia norteamericana de actuar como director de un mundo que ya no puede ni debe comandar una sola superpotencia.

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FGR: Godoy Ramos y los retos

 Utopía


Eduardo Ibarra Aguirre

Nerviosa acaso esté la dirigencia panista –con todo y el logotipo y lema nuevos (“Patria, familia y libertad”), un corrimiento más al conservadurismo a cargo de la Organización Nacional del Yunque–, con la elección por el Senado de la titular de la Fiscalía General de la República, Ernestina Godoy, a propuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum como parte de la terna integrada por féminas, materializada por su mayoría calificada y que ampliaron los legisladores de Movimiento Ciudadano y los de Aguascalientes, Guanajuato y Querétaro, gobernados por el Partido Acción Nacional.

Nerviosa porque fue la fiscal capitalina Godoy la que condujo la investigación sobre el llamado “Cártel Inmobiliario” que llevó a prisión a varios funcionarios y que involucró al hoy presidente Jorge Romero Herrera, como presunto jefe del grupo delincuencial. Y ellos como venganza bloquearon a Godoy Ramos en el Congreso de la Ciudad de México para que no repitiera en el cargo.

Muy felices se veían los blanquiazules que hicieron posible que la fiscal capitalina no reuniera la mayoría calificada y ésta se integró al comité de campaña presidencial de la doctora, ocupó una candidatura al Senado, la ganó y ejerció unas cuantas semanas debido a que fue designada titular de la Consejería Jurídica de la Presidencia. Involuntariamente, el grupo dirigente del PAN coadyuvó en el vertiginoso ascenso de Godoy. Es válido preguntarse en dónde estaría la abogada si los panistas hubiesen actuado sin ánimos vengativos.

Los del “Cártel Inmobiliario” pueden estar tranquilos si los propósitos enunciados por la jefa de la FGR al igual que los conceptos vertidos el miércoles 3 en Reforma e Insurgentes, cobran vida.

A título de ejemplo: “No fabricaremos culpables y no habrá persecución política, pero desde ahora les digo: tampoco habrá impunidad. Vamos a avanzar en el fortalecimiento integral de los protocolos de atención que nos aseguren tolerancia cero a la tortura y tratos crueles. Se perfeccionarán los mecanismos rigurosos de control y supervisión”, destacó al comparecer ante el pleno senatorial, antes de la votación. Y la oposición, como es su papel, criticó lo previsible y acelerado del proceso legislativo, pues la terna propuesta por Sheinbaum Pardo fue recibida la mañana del día 3 y horas después comparecieron Godoy y las otras dos candidatas.

Godoy Ramos recibió 97 votos favorables del bloque legislativo de la Cuarta Transformación, Movimiento Ciudadano y de tres panistas, lo que superó con amplio margen la mayoría calificada.

A juicio de la abogada “Quien ha cometido un delito debe saber que será perseguido, procesado y sentenciado, y quien haya sido víctima debe saber que será protegida y defendida y el daño reparado”. Es decir, “no se acusará a nadie injustamente, porque en la procuración de justicia no caben ni por asomo las acciones parciales ni con tintes políticos. La procuración de justicia que propongo es aquella sin ninguna posibilidad de negociación, porque la justicia no se negocia”. Tal y como lo demostró cuando los panistas le ofrecieron su voto en el Congreso capitalino a cambio de favorecer a sus socios.

También se comprometió a elaborará el Plan Estratégico de Procuración de Justicia e instalar el Consejo Ciudadano, a lo que por ley está obligada, para revertir “la percepción de opacidad en las instituciones de procuración de justicia y al mismo tiempo garantizar el derecho humano a participar en los actos públicos”.

El propósito básico es convertir a la FGR en institución “capaz de incorporar a las carpetas de investigación evidencia sólida, peritajes científicos y análisis de inteligencia, además de argumentos técnico-jurídicos que se traduzcan en la judicialización fuerte de esas carpetas, pero sobre todo en hacia la obtención de sentencias ejemplares”. Amén.

Acuse de recibo

La ONU exige el fin de la ocupación israelí de Palestina con 151 votos a favor, 11 en contra y 11 abstenciones en la Asamblea General con una resolución que demanda la retirada de la ocupación israelí del territorio palestino, incluida Jerusalén Este, y la realización de los derechos inalienables del pueblo palestino, principalmente el derecho a la autodeterminación y el establecimiento de su Estado independiente… Afirmación de Julio Hernández López (3-XII-25): “Las insuficiencias de este proceso (de la 4T), los incumplimientos gubernamentales, sobre todo por carencias presupuestales, y la pretensión de mantener una ‘unidad’ regida por complicidad de élites, más algún apretón desde Washington en materia económica, comercial y de crimen organizado, pueden (sic) darle al mandatario gringo más materia de chantaje”. ¿Pretende justificar las fechorías de Trump contra México?… “Juan Becerra Acosta @juanbaaq 2h. Homicidios dolosos. En el sexenio de Felipe Calderón aumentaron 148%. De Enrique Peña Nieto aumentaron 42%. Con AMLO reducción de 9% En la actual administración reducción de 28% De octubre de 2024 a octubre de 2025 la reducción es de 37%”.

http://www.forumenlinea.com/ X: @forumenlinea forum@forumenlínea.com

Honduras: laboratorio para Donald Trump

 


Honduras: laboratorio para Donald Trump

Juan Carlos Monedero

Honduras es otra muesca en el revólver de esa organización para delinquir que es el gobierno de los EU. Trump quiere proscribir a toda la izquierda, por supuesto, también a la de dentro, y cada vez que acaban con un gobierno de izquierdas, brindan con Coca-Cola. Lo que ha hecho en Honduras, Trump lo ha vivido como un laboratorio para las próximas elecciones en el continente. Han vuelto a activar lo del “patio trasero”.

El gobierno de los EU es un gran lobby mafioso que cobra por sus gestiones. Circulan informaciones que dicen que los grupos empresariales hondureños fueron los que pagaron por el indulto al expresidente Juan Orlando Hernández, condenado en EU a 45 años de cárcel -y cinco de condicional- por traficar con 400 toneladas de cocaína que terminaron en las calles norteamericanas. El indulto lo habría gestionado un abogado que, a la vez, es consultor de Salvador Nasralla, candidato del Partido Liberal. Qué triangulaciones han operado pertenece al mundo de la especulación, aunque es evidente que tanto el Partido Liberal como el Partido Nacional, al que pertenece el exnarcopresidente Hernández y Tito Asfura, para quien Trump pidió 48 horas antes de las elecciones el voto, coincidían en querer que no ganase la candidata de la izquierda, Rixi Moncada, a la que las encuestas señalaban como ganadora.

El resultado de las elecciones en Honduras es peligroso para la democracia en América Latina. En primer lugar, porque el hecho de que EU fomente al candidato de un partido que puso a un narcopresidente y que terminó finalmente preso en una cárcel norteamericana es una señal brutal de que para Trump, todo vale. EU te mete en la cárcel por narcotraficante, te indulta luego diciendo que el hecho de que haya droga en el país no es culpa del Presidente (¿eso valdría para Venezuela?), al tiempo que dice que va a tumbar al Presidente Maduro acusándole, sin pruebas, de ser jefe de un cártel. La conclusión es clara ¿a quién le importa nada la verdad?

Como si de un emperador romano se tratara, Trump subirá o bajará el pulgar a favor o en contra de una persona en virtud del cálculo económico que, como lobista, haga, sin consultarlo siquiera con asesores que sepan algo de geopolítica ni con economistas que calculen los efectos de sus decisiones. Ahí está la montaña rusa de los aranceles, el odio y la amistad con Kim Jon Un o con Lula o con Mamdani o soltar a un condenado por narco que es del mismo partido al que, supuestamente, quieres ayudar.

Esa condición zigzagueante no sólo marea a los líderes de otros países, sino que los aturde y los convierte en títeres. ¿Cómo es posible que EU suspenda el espacio aéreo de un país latinoamericano, como ha hecho en Venezuela, sin que el 100 por ciento de los demás países, sean de derechas o de izquierdas, digan que eso es una barbaridad que sigue dinamitando las más básicas reglas del derecho internacional?

A 48 horas de las elecciones, Trump amenazó a los hondureños si votaban a la candidata de la izquierda. En Honduras, EU no es cualquier país, pues las élites hondureñas durante años, con el partido liberal y el partido nacional, construyeron el marco de que lo mejor que le puede pasar a alguien de Honduras es irse a trabajar y a vivir a EU. Además, mandaron, según ha denunciado la candidata Rixi Moncada, más de un millón de mensajes personales a los teléfonos celulares de los hondureños amenazándoles con el cierre del envío de remesas de los trabajadores del país en EU si ganaba la izquierda. Cuando esos comportamientos se atribuyen a Rusia, se cierran en Europa incluso los canales televisivos o las redes sociales en las que participa el gobierno de Putin. En buena regla ¿no debiera América Latina prohibir los canales norteamericanos y las redes sociales en las que participe el gobierno de EU o empresarios que hayan financiado al Presidente Trump?

Se alertó desde el comienzo de que el conteo rápido, el llamado TREP, iba a estar manipulado, pues se hicieron públicos unos audios donde gente del partido nacional, del CNE y del ejército conspiraban para manipular esos datos. En cualquier caso, ninguna encuesta del entorno del gobierno detectó el resultado que hoy se presenta como válido (empate técnico de los dos partidos tradicionales y el tercer lugar, muy alejado, de la candidata de la izquierda). Esto generó una inicial consternación, porque las expectativas eran de una victoria holgada.  

Es importante resaltar que la maquinaria mediática hondureña, en manos de la derecha, fue preparando el escenario del indulto del narcopresidente Juan Orlando Hernández, virando la imagen que había en el país de un corrupto, asesino (murieron muchas personas en la represión de las protestas), nepotista y narco que se saltó la Constitución para reelegirse, hacia la de una víctima por la que sufría su devota familia. En esa reconstrucción, JOH parecía un creyente lleno de religiosidad y no lo que realmente es, un corrupto que, junto a sus familiares y amigos, se robaron el país, se involucraron en el narco, reprimieron al pueblo, vulneraron las leyes y financiaron la campaña electoral con dinero del Chapo Guzmán y del robo a la haciendo pública. El candidato de ese partido puede ser el próximo Presidente de Honduras.

Hemos dicho que el gobierno de EU es un negocio en el que participan las derechas de todos los países si pasan por caja. En Honduras, la agenda de Juan Orlando Hernández coincide con la del exembajador de EU Carlos Trujillo, incorporado a los grupos económicos vinculados a la congresista norteamericana María Elvira Salazar, la que dijo que cuando cayera Maduro, las petroleras norteamericanas iban a disfrutar de un festín. En qué dios creerá esta gente tan religiosa…

El caso de Honduras debe también hacer entender a la izquierda que una parte sustancial de las campañas electorales se juega en las redes. Si tiene cien veces menos seguidores en Instagram, Facebook o TikTok, es complicado llegar al votante más joven. De la misma manera, alcances espectaculares logrados durante este gobierno, como el millón de personas que han salido de la pobreza o las 900 mil personas que tienen luz y han salido de la pobreza energética o la creación de nuevos hospitales públicos, si no se comunican adecuadamente no se convierten en votos. La izquierda que no comunica es una izquierda que se marchita.

El evidente fraude que supone la injerencia norteamericana, los cientos de miles de votos contabilizados que no usaron el sistema biométrico y las irregularidades que mostrarán las actas electorales (en las más de 20 mil meses había interventores del partido LIBRE que fotografiaron el resultado electoral), no ocultan que tanto el Partido Liberal como el Partido Nacional han recibido un resultado alto que no se corresponde con lo que significan para el país. Es probable, por tanto, que una parte de los hondureños no haya evaluado positivamente la gestión de Xiomara Castro.  

Para algunos observadores, el gobierno de la izquierda habría mostrado debilidades a la hora de enfrentar las estructuras de poder del país (los 25 grupos económicos y las 10 familias), no habría avanzado lo suficiente en el trabajo de base en el partido LIBRE, no habría avanzado lo suficiente en la lucha contra la corrupción y no habría satisfecho las expectativas de algunos grupos, como el Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras, que es la organización a la que pertenecía la activista Berta Cáceres, asesinada en 2016 por terratenientes, precisamente durante el Gobierno de Hernández.

Otro mensaje de las elecciones hondureñas es la necesidad de activar la renovación generacional para convocar a gente más joven. Se corre el riesgo de pensar que sucesos fundadores de movimientos (el 15M en España, la revolución ciudadana en Ecuador, la revuelta del agua en Cochabamba en Bolivia o el golpe de 2009 en Honduras) significan lo mismo para los que vinieron después. Y no es así. Además, en países jóvenes, si los van a representar mayores, es importante que la comunicación realmente exista. Hay que tener cuidado con los mitos fundacionales, tanto para derribarlos como para mantenerlos.

La renovación de los liderazgos se está demostrando una de las espadas de Damocles de los gobiernos de izquierda. Las renovaciones se han zanjado con catástrofes, divisiones, derrotas o fraudes en casi todos sitios, salvo México y Venezuela.

América Latina es un continente en disputa. Vemos que a veces gana la derecha y otras veces gana la izquierda. Pero hay un problema de fondo: cuando gana la derecha, se alinea absolutamente con el gobierno de los EU. Y cuando gana la izquierda, se pone invariablemente a la defensiva.

Lo que Donald Trump ha hecho en Honduras lo va a hacer en todas y cada una de las próximas elecciones en América Latina. Si el continente tarda demasiado en pararle los pies, habrá que repetir aquello de “primero se llevaron a los comunistas, pero como yo no era comunista no dije nada, luego se llevaron a los socialistas, pero como yo no era socialista, no dije nada, luego se llevaron a los judíos… Hasta que vengan a por el siguiente".

Son tiempos de hacer buenos diagnósticos, que señalen el agotamiento de la vieja política, que entiendan lo que piensan y necesitan los pueblos y que se atrevan a ponerlo en marcha porque la alternativa va a ser, otra vez, socialismo o barbarie, o, de manera más evidente porque está llamando a la puerta, democracia o guerra.

El “secretario a la defensiva” Pete Hegseth y su Departamento de (Crímenes de) Guerra




Amy Goodman y Denis Moynihan

El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, asegura que él no tuvo nada que ver con la muerte de dos personas que se estaban aferrando a los restos de su embarcación tras sobrevivir a un ataque con misiles que las fuerzas armadas estadounidenses llevaron a cabo el 2 de septiembre en el mar Caribe. Un primer bombardeo había matado a la mayoría de las once personas que iban a bordo de la embarcación. El periódico The Washington Post, citando varias fuentes no identificadas, informó que dos personas sobrevivieron y que el oficial a cargo de la operación ordenó un segundo ataque para cumplir con la directiva de Hegseth de “matar a todos”. Expertos legales y militares han considerado que estas acciones, así como al menos otros 20 ataques letales posteriores contra diversas embarcaciones, constituyen crímenes de guerra.

El presidente Donald Trump ha afirmado, sin aportar pruebas, que las personas atacadas eran narcotraficantes y, por ende, “terroristas” con quienes Estados Unidos está en guerra.

David Cole, profesor de derecho de la Universidad de Georgetown, dijo a Democracy Now!: “Toda esta operación, desde su inicio, es ilegal. No es legal dirigir ataques de forma premeditada contra personas solo porque se presume que están involucradas en actividades delictivas. […] Además se está atacando a quienes logran sobrevivir a estos bombardeos, personas que no representan ninguna amenaza para Estados Unidos, que simplemente intentan luchar por sus vidas y a quienes las fuerzas armadas [estadounidenses] atacan y matan a sangre fría”.

El periodista del portal The Intercept Nick Turse fue el primero en informar, una semana después del ataque, sobre la muerte de los dos sobrevivientes en el segundo bombardeo. En su artículo, Turse escribió:

“Un alto funcionario del Pentágono […] afirmó que el bombardeo [de la embarcación] en el Caribe fue un ataque criminal contra civiles y que el Gobierno de Trump allanó el camino para realizarlo al destituir a los principales asesores jurídicos del Ejército y la Fuerza Aérea a comienzos de este año”.

Durante una entrevista que mantuvo el 3 de septiembre con el programa de televisión Fox & Friends, Hegseth presumió del ataque: “Sabíamos exactamente quiénes estaban en esa embarcación. Sabíamos exactamente lo que estaban haciendo”.

El artículo publicado por The Washington Post provocó inquietud en el Congreso, tanto en filas demócratas como republicanas, y dio pie a investigaciones para determinar si los ataques constituyen crímenes de guerra. El domingo, ante la pregunta de un periodista sobre el bombardeo del 2 de septiembre, Trump respondió: “No hubiera querido eso, no hubiera querido [que se efectuara] un segundo ataque”.

Hegseth pareció haber recibido el mensaje. En una reunión de gabinete celebrada el 2 de diciembre, sentado junto a Trump, el secretario de Defensa afirmó: “Vi ese primer ataque en vivo. Como pueden imaginar, en el Departamento de Guerra tenemos muchas cosas que hacer. Así que no me quedé [hasta el final]”.

Hegseth sostuvo que la decisión de matar a los sobrevivientes provino del oficial al mando de la operación, el almirante Frank “Mitch” Bradley.

En declaraciones que brindó a la prensa a bordo del avión presidencial Air Force One, Trump agregó más detalles sobre su política de atacar embarcaciones: “Solo miren las cifras. […] Cada una de estas embarcaciones es responsable, en promedio, de la muerte de 25.000 estadounidenses”.

Al igual que con todos los aspectos de esta política asesina, Trump no presentó pruebas que respaldaran ese cálculo. Se sabe muy poco sobre estas embarcaciones; no está claro si participan en actividades delictivas o si se trata de barcos de pesca o de otro tipo. Las autoridades de República Dominicana informaron que se recuperó una tonelada, o 1.000 kilogramos, de cocaína de los restos de uno de los barcos bombardeados por Estados Unidos.

Esa cantidad, si es correcta, pone de manifiesto la hipocresía de las políticas impulsadas por Trump. El mandatario estadounidense acaba de conceder el indulto al expresidente de Honduras Juan Orlando Hernández, condenado por tráfico de cocaína a 46 años de prisión en Estados Unidos. Hernández, que apenas había cumplido algo más de un año de su condena, fue declarado culpable en 2024 de ingresar ilegalmente a Estados Unidos nada menos que 400 toneladas de cocaína. Esa cantidad alcanzaría para llenar más de 400 de los supuestos barcos “narcotraficantes” que Trump y Hegseth han estado bombardeando. Según la lógica matemática de Trump, el voluminoso contrabando de cocaína de Hernández habría causado la muerte de más de diez millones de estadounidenses.

Entonces, ¿por qué indultar a una persona condenada por un delito tan grave?

Trump anunció el indulto pocos días antes de las elecciones presidenciales en Honduras, que se llevaron a cabo el domingo 30 de noviembre, y antes de que Hernández fuera liberado de prisión, algo que finalmente sucedió el lunes, Trump expresó su apoyo a Nasry Asfura, el candidato presidencial del partido de derecha al que pertenece Hernández, con la intención de sumar otro líder latinoamericano afín. Hasta este jueves, con el 80% de los votos escrutados, el candidato centrista Salvador Nasralla superaba a Asfura. Trump, al ver a su candidato favorito en desventaja, afirmó que las autoridades electorales de Honduras estaban intentando manipular los resultados.

Mientras tanto, en el Caribe se registra el mayor despliegue militar estadounidense en el hemisferio occidental desde la llamada “Crisis de los misiles de Cuba”, al tiempo que Trump intensifica sus amenazas contra Venezuela. El mandatario estadounidense ha vuelto a recurrir al pretexto del narcotráfico; acusó al mandatario venezolano, Nicolás Maduro, de liderar un cártel de cocaína y ofreció una recompensa de 50 millones de dólares por información que permita su arresto o condena.

Trump declaró recientemente que los ataques en territorio venezolano comenzarán “muy pronto”. En respuesta, un grupo bipartidista de senadores estadounidenses —entre ellos el demócrata Tim Kaine, del estado de Virginia, y el republicano Rand Paul, del estado de Kentucky— presentaron la Resolución Conjunta 98 del Senado, que busca impedir que Estados Unidos emprenda acciones militares contra Venezuela sin la autorización del Congreso.

Mientras tanto, la familia de Alejandro Carranza Medina ha presentado una denuncia formal contra Estados Unidos ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en la que se alega que las fuerzas armadas estadounidenses lo mataron ilegalmente en su embarcación durante un ataque ocurrido el 15 de septiembre.

El 2 de diciembre, Hegseth alardeó: “Apenas hemos comenzado a atacar narcoembarcaciones y a enviar narcoterroristas al fondo del océano”. Esperemos que también comience pronto una investigación por crímenes de guerra contra Hegseth.

© 2025 Amy Goodman

Traducción al español de la columna original en inglés. Edición: Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 800 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 450 en español. Es co-autora del libro “Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos”, editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

Los obispos mexicanos, en guerra abierta contra la 4T

 Bernardo Barranco V.

Los astros se están delineando a la derecha. El PAN, mandatado por actores que pertenecen al Yunque, ha destapado a Ricardo Salinas Pliego como su candidato a la Presidencia de la República. Se enfila a ocupar el nicho de una derecha ultraconservadora, con altos dividendos en Europa, Norteamérica y América Latina. A esta dupla se suman los obispos mexicanos. En su último mensaje de la 119ª Asamblea Plenaria, realizada del 10 al 14 de noviembre de 2025, los prelados toman partido contra el gobierno de la 4T y se colocan en la arena de la oposición.

Desde el sexenio de López Obrador, los obispos de México han mantenido una postura crítica hacia el gobierno, especialmente en temas de violencia e inseguridad, argumentando que la realidad que vive el país contradice el discurso oficial. En el documento de la asamblea de obispos hacen una demoledora crítica a la violencia imperante en el país. Denuncian la corrupción imperdonable e imperante en el gobierno; ponen dudas en la narrativa oficial de que la economía va bien; la desconfianza es absoluta, así lo exponen: “nos dicen que se respetan las libertades, pero quienes expresan opiniones críticas son descalificados y señalados desde las más altas tribunas del poder”.

Todo está mal y vamos a empeorar, no hay ningún reconocimiento a algún logro del actual gobierno. Sobre la educación, las críticas son abrumadoras, dicen que es un fallo en el ámbito antropológico, ético y, en última instancia, moral. Porque está en juego la visión misma del ser humano. El cáncer del crimen organizado, dicen los prelados, ha extendido sus tentáculos a muchos rincones del país. El Estado lo ha permitido y hace muy poco. Sin decirlo abiertamente, insinúa colusión. Ante la degradación social que se vive, con piedad sinodal, los obispos se solidarizan con el pueblo sufrido de la siguiente manera: “Queremos que sepan que nuestra cercanía está siempre con las víctimas, con los pobres, con los que sufren. Que nuestra amistad es sobre todo con el pueblo sencillo que lucha cada día por sobrevivir con dignidad”.

Con un lenguaje más matizado, me recuerdan las burdas narrativas de Lilly Téllez y de Alito Moreno sobre la circunstancia actual. La episteme es similar, basado en una ideología de la confrontación y antagonismo al segundo piso de la 4T. Lo más preocupante es el símil, ridículo, entre la tiranía de Calles en los años 20 y el actual gobierno. Por ello, invocan a la heroicidad cristera y retan a los cristianos actuales a alcanzar el atrevimiento de los cristeros que ofrendaron su vida y alcanzaron el martirio.

Surgen muchas preguntas: ¿qué eco alcanzarán las críticas episcopales y el diagnóstico trágico de nuestra realidad? ¿Qué tanta responsabilidad tienen los obispos en la supuesta descomposición social que diagnostican? ¿La jerarquía católica está en condiciones de elevar semejantes críticas sabiendo que antagoniza aún más al país?

Los obispos mexicanos con estas posturas polarizantes contribuyen a que sectores de la sociedad los miren con desconfianza. Durante los últimos 30 años, los datos de Latinobarómetro y las del Pew Research Center muestran una caída abrupta en la confianza en la Iglesia católica en México y en toda América Latina. Esta pérdida de confianza también se refleja en el decaimiento de la membresía. En 1995, el 80 por ciento de la población latinoamericana se identificaba como católica; para 2018, en cambio, esa identificación descendió a 59 por ciento. En contrapartida, el ascenso de iglesias evangélicas cuya irrupción no sólo transforma el campo de las creencias, sino que irrumpe en la vida política de muchos países. Hay un marcado incremento en los miembros de las iglesias evangélicas que están alcanzando en muy poco tiempo 26 por ciento en América Latina.

Las instituciones religiosas se han mundanizado y han evidenciado su desapego de los valores que las crearon. Parece que los obispos miran la realidad desde un dron celestial, lo que ellos llaman crisis antropológica y moral, es un fenómeno secular que también ha impactado a la institución católica. La Iglesia es al mismo tiempo corresponsable de la crisis de valores. En cerca de 15 mil Iglesias, templos y capillas en todo el país, ¿dónde están los valores inculcados en la población? ¿Su catequesis es vigente? Hay un fracaso evidente en la transmisión desde lo religioso de valores, ética y moral a la población en el tejido social.

Cuando se refieren a las imbricaciones del crimen organizado con el gobierno, los obispos parecen escupir hacia arriba. Cientos de testimonios de vínculos de la Iglesia católica con los grupos criminales. Las narcolimosnas, millones de donativos criminales que son bendecidos por el uso de la Iglesia según altos jerarcas. Ejemplos abundan. Lo último son las declaraciones de El Marro, líder del cártel Santa Rosa de Lima, que realizaba donaciones cuantiosas a iglesias y comunidades locales en Guanajuato.

Finalmente, la violencia. La Iglesia está en deuda con la sociedad por los miles de casos de abusos sexuales a menores en México. ¿En verdad hay cercanía con las víctimas y con los que sufren? Los actos de pederastia gozan de la protección de los obispos. BishopAccountability.org ha denunciado el encubrimiento de 18 obispos que protegen a criminales con sotana. ¿Cómo pueden condenar la violencia cuando la ejercen en miles de víctimas?

¿Por qué no destapan sus intenciones de secundar la ultraderecha del PAN y hacer suya la candidatura de Salinas Pliego que ya aparece con el estandarte de la Virgen?

Huelga de capital

 sinembargo.mx 

Mario Campa

“En mis empresas, por ningún motivo haremos nuevas inversiones en México”, amenazó Ricardo Salinas Pliego a través de X. “Primero hay que sacar al régimen comunista de Morena”, sentenció el magnate a la par que retuiteaba al nieto del dictador español Francisco Franco. Días antes y en reacción a la sentencia adversa de la Suprema Corte, Grupo Salinas criticó lo que considera una justicia "amañada y selectiva" que genera incertidumbre y mina la confianza de la inversión de cara a la discusión del T-MEC. TV Azteca, brazo mediático del Grupo, propagó el relato del patrón. En definitiva, si camina, nada y grazna como huelga de capital, entonces es una huelga de capital.

La jugarreta es de sobra conocida en el tablero político mundial. Desde la claudicación ideológica de la socialdemocracia europea, todo el espectro partidista busca fomentar la inversión mediante la promulgación de reformas pro-empresariales. El manual de los negocios y el consenso en las alturas dicta que el Presidente en turno insta la creación del empleo privado, a la vez que impulsa agresivamente acuerdos comerciales que favorezcan a las corporaciones, recorta los impuestos corporativos y elimina regulaciones. Para atraer capital de vuelta desde los paraísos fiscales, los candidatos presidenciales seducen con promesas de estabilidad y confianza.

Los empresarios ejercen habitualmente influencia sobre los gobiernos al controlar los recursos —empleos, crédito, bienes y servicios— de los que depende la sociedad. Una huelga de capital puede manifestarse en despidos, desinversión o denegación de préstamos. A veces, basta una simple amenaza de acción creíble, junto con la promesa de ceder una vez que el gobierno gire de rumbo. Cuando la presión es gremial, a través de las patronales, la efectividad de la agresión aumenta.

Una de las huelgas de capital más infames fue la de grupos extremistas chilenos en complicidad con el gobierno de Nixon contra Salvador Allende. Lejos de haber sido un evento espontáneo, fue una trama organizada meticulosamente para asfixiar la "vía chilena al socialismo". Según documenta Mario Amorós en su libro Entre la araña y la flecha: La trama civil contra la Unidad Popular, esta ofensiva fue orquestada por la élite económica (encabezada por figuras como Agustín Edwards y gremios empresariales como la SOFOFA), quienes financiaron y coordinaron un boicot sistemático para "hacer chirriar la economía". Esta estrategia alcanzó su punto álgido con el paro de octubre de 1972, un cierre patronal masivo liderado por los dueños de camiones y el comercio, que buscaba paralizar al país cortando la cadena de suministros. Amorós detalla cómo esta sedición económica, alimentada por financiación millonaria desde el exterior (incluyendo fondos de la CIA) y apoyada políticamente por la Democracia Cristiana y el Partido Nacional, creó deliberadamente las condiciones de caos, escasez y mercado negro necesarias para justificar la intervención militar y derrocar al gobierno constitucional.

México también ha padecido casos tangibles. Un ejemplo “duro” o coordinado fue la huelga de capital durante los sexenios de Echeverría y López Portillo. Operada principalmente mediante la fuga masiva de divisas y la contracción de la inversión privada como protesta a la expansión del gasto público, llevó a la discreta creación, en 1975, del Consejo Coordinador Empresarial (CCE). Esta entidad nació como un frente unido de defensa de intereses de la cúpula patronal (destacando el Grupo Monterrey) para confrontar al Ejecutivo. La tensión culminó en 1982 con López Portillo, cuando la desconfianza empresarial derivó en una fuga de capitales tan agresiva —descrita por el presidente como un "saqueo"— que precipitó una crisis de balanza de pagos y motivó la nacionalización de la banca como una contraofensiva ante lo que el gobierno interpretó como un boicot económico deliberado.

En tiempos de tranquilidad, las huelgas de capital se asemejan mucho a la corrupción. Un ejemplo “blando” o descoordinado es cuando Ricardo Salinas Pliego amenazó a los gobiernos de Michoacán y Sinaloa con mudar la franquicia, primero del Club Atlético Morelia a Mazatlán FC y después (en presunta venta) al Atlante de la Ciudad de México. Ante una discontinuidad de subsidios disfrazados de publicidad gubernamental, favores fiscales y remodelaciones a los estadios, Grupo Salinas apretó primero el botón amarillo de la amenaza y después el rojo de la desinversión, no sin antes haber obtenido rentas durante años de los gobiernos estatales.

Hoy día, Grupo Salinas dobló la apuesta mediante una huelga de capital poco creíble como mecanismo de extorsión. Por un lado, es inconvincente que la inversión para renovar sucursales de Elektra o Banco Azteca pare durante los cinco años restantes del sexenio; la depreciación deterioraría los negocios vigentes. Por otro, una desinversión real sería en todo caso precipitada por las presiones de liquidez que enfrentan ahora mismo las empresas del Grupo por las demandas de los acreedores y del fisco, y no por un acto deliberado de protesta. Finalmente, el desplante político de Ricardo Salinas Pliego está lejos de contagiar simpatías con pellejo propio en juego, y parece más el berrinche esquinado de un niño reprendido.

En ciertos momentos, la desinversión empresarial, sumada a las demandas de reformas gubernamentales, constituye una huelga de capital consciente con potencial influencia en los nombramientos políticos, la legislación y las políticas. En otras ocasiones, la amenaza de desinversión, el mero indicio de una caída en la confianza empresarial o la creación de empleo basta para lograr dichos objetivos. El problema para Grupo Salinas es que mientras el dueño tenga pretensiones políticas directas, su legitimidad estará menguada y la red de alianzas encadenada a la suerte electoral. Ricardo Salinas Pliego, hábil en los negocios chuecos pero torpe en la praxis política, olvida que la credibilidad democrática no se compra a meses sin intereses, ni mucho menos se puede embargar como una licuadora impagada. Su ensayo de huelga de capital, acaso útil —en el mejor caso— para granjear rentas, es inefectivo para la política de masas. En definitiva, el magnate pendenciero cometió un error capitalizable para sus rivales, que de día frotan sus manos por el obsequio y de noche toman nota de la pulsión antidemocrática de una ultraderecha enrabiada.

El regreso de López Obrador y el peligro de golpe de Estado

 sinembargo.mx


Héctor Alejandro Quintanar

En noviembre de 2021, un señor llamado Luis Carlos Ugalde, que fue Consejero presidente del IFE y corresponsable del fraude de 2006, hizo una aseveración curiosa. En una mesa de presunto análisis sobre la gobernabilidad del país, organizada por el PRI, el exburócrata electoral, sin ningún tipo de miedo al ridículo, aseguró que para López Obrador su sexenio no sería suficiente para lograr una transformación y que él no descartaba que hubiera un escenario de reelección o de que impulsara a su esposa Beatriz Gutiérrez Müller a la Presidencia para gobernar a través de ella.

Ugalde emitió su augurio con un lavatorio de manos muy oportuno, pues en vez de asegurar esos escenarios por cuenta propia, se curó en salud con vaguedades, al matizar que esas posibilidades no se descartaban porque quizá en el movimiento obradorista surgieran voces que efectivamente reclamaran o la reelección del tabasqueño o la imposición de su compañera. Dicho de otro modo, Ugalde ni siquiera fue capaz de exhibir sus predicciones febriles con valentía, y tuvo que sublimarlas en presuntas acciones de terceros.

Digamos lo obvio: ni en ese momento de 2021, ni en ningún momento en la historia mexicana, hubo jamás indicio alguno de que López Obrador se quisiera reelegir, ni de que su esposa tuviera ya no digamos la intención de ser candidata a la Presidencia, sino de participar en algún cargo político cualquiera, ni siquiera en el ámbito cultural o literario, que es el suyo.

Debe decirse que los que, como Ugalde, en algún momento auguraron que AMLO se reelegiría, lo hicieron basados en los muy rigurosos y confiables métodos del ocultismo y el esoterismo, ya sea porque leían la mente del Presidente, quizá usando métodos de Madame Zazú; o quizá leyendo su carta astral.

Eso, porque si nos atenemos a la evidencia histórica, no había ningún indicio que nos dijera que AMLO tenía intenciones reeleccionistas o de imponer a su esposa. Por ejemplo, en todos los cargos públicos que tuvo el tabasqueño (líder del PRI tabasqueño; Oficial Mayor en Tabasco; líder del PRD en Tabasco, dirigente nacional del PRD; Jefe de Gobierno; líder nacional de Morena), nunca hizo nada para acrecentar, extender o repetir su periodo legal de mando, ni tampoco movió hilos para imponer sucesor, procesos donde no sólo fue respetuoso (y derivaron en sucesiones normales, como la elección perredista interna en 2005 para elegir candidato a Jefe de Gobierno), o incluso, por seguir principios ideológicos de no intervención o de no claudicación, López Obrador acortó su periodo de poder, como lo hizo con su renuncia a la Oficialía Mayor Tabasqueña por discrepar con el PRI local; o haciéndose a un lado de la elección interna perredista en 1999, que terminó en conflicto prolongado y una presidencia interina.

Esa es la evidencia histórica, que nunca mostró signos de que AMLO tuviera intención de prolongar de más su mandato presidencial o de imponer a un familiar en ello. Pero tal vez gente como Ugalde o Krauze estaban muy ocupados leyendo con Walter Mercado la mente del tabasqueño; o leyendo con Bárbara Tijerina su lenguaje corporal y otras fuentes científicas confiables; que no pudieron darse cuenta de que, por ejemplo, Vicente Fox sí quiso imponer a Martha Sahagún como candidata -tal cual lo documentó Alfonso Durazo en julio de 2004-; igual que Felipe Calderón, respaldando con firmas falsas la candidatura de su fraudulenta esposa Margarita Zavala, tanto en 2016 como en 2020.

Con esos antecedentes, a nadie inteligente ni emocionalmente sano le extrañó que López Obrador terminara con toda normalidad su periodo presidencial en 2024, sin que en ningún momento de éste se insinuara alguna posibilidad de reelección. Cuando en ese año ya fue más que obvio que la supuesta “reelección” del populista de Macuspana fue una más de las tantas paparruchas, chismarrajos, mitos delirantes, leyendas negras religiosas y demonizaciones que la derecha más obtusa y febril le ha endilgado al tabasqueño, esa misma derecha se vio en la necesidad de modificar su mito, y ese es que, según esto, sigue mandando desde su finca e imponiéndole agenda a la Presidenta Claudia Sheinbaum.

Los argumentos en ese sentido son iguales a la lectura de mentes esotérica de años atrás, pues se asume que Sheinbaum se ve nerviosa, que su lenguaje corporal la delata, que su enojo con sabrá dios qué la exhibe como sometida al tabasqueño. Los que se creen más serios, usan otro argumento penoso, como el de que “Claudia está sometida a AMLO porque no ha roto con él”, lo cual, además de esotérico, es absurdo porque ambos son constructores y militantes del mismo movimiento político; del mismo modo que sería absurdo pedirle al portero de una escuadra de futbol que se deslinde de sus compañeros mediocampistas, cuando son parte del mismo equipo.

En este marco de una amlofobia rabiosa, que sin embargo necesita de López Obrador para darse sentido, es que reaparece el expresidente de México. Y lo hace cumpliendo su palabra: luego de un año de monacal silencio, se sentó a escribir sobre las culturas prehispánicas de México y salió a emitir el anuncio de su libro, antes de volver al recogimiento y aislamiento.

En su anuncio de casi una hora, sin embargo, López Obrador dejó un anuncio interesante, pues señaló que sólo saldría a la vida pública para defender a la democracia, a la soberanía o a la Presidenta Claudia Sheinbaum, a quien llenó de genuinos elogios, de un intento de golpe de Estado.

El mensaje no es para las Fuerzas Armadas, que en América Latina han sido tradicionalmente el actor golpista por excelencia; cosa que sin embargo en México, de forma excepcional en la segunda mitad del siglo XX, no se replicó. El mensaje es para los golpistas mexicanos del siglo XXI, escenario donde los golpes de estado y las defenestraciones ilegítimas ya no se hacen con las armas del ejército, sino con trampas legislativas, mediáticas y jurídicas, como ha pasado en Brasil, en Ecuador, en Perú, en Bolivia, en Argentina, en Honduras, en Paraguay y en un largo etcétera.

Y aquí se coincide con la tesis del maestro Luis Hernández Navarro, el golpe blando es un concepto muy serio que sí ha tenido presencia en América Latina, aunque no todo lo que hace la oposición mexicana, por repugnante que sea, cuenta como golpe blando.

Pero sí hay probados golpistas en nuestro país: el primer caso de golpe jurídico en el norte de América Latina en el siglo XXI, fue ni más ni menos que el desafuero de López Obrador en el bienio de 2004-2005, donde un grupúsculo de autoritarios envilecidos trataron de separar de su cargo y encarcelar a un personaje inocente, para evitar que éste fuera candidato presidencial.

Muchos de esos golpistas siguen ahí en activo, como politicastros mediocres, comentaristas o voces públicas, como Santiago Creel, Vicente Fox, Rafael Macedo de la Concha y su entorno como la señora Zulema Mosry; Felipe Calderón y Margarita Zavala; Marisela Morales o la señora María Amparo Casar. Pero hay que decirlo con claridad: es preocupante que esos seres de pulsiones autoritarias persistan en la vida política del país, pero están ahí debilitados, con escaso margen de maniobra, aminorados por su propia corrupción e incompetencia, condenados a la irrelevancia.

Pero más allá de eso, no está de más que el expresidente López Obrador los evoque indirectamente con su frase de defender a la Presidenta Sheinbaum de un golpe de Estado, pues aunque no haya condiciones ni posibilidades de tal atrocidad, no está de más recordar que los que sí actuaron autoritariamente hace veinte años, ahí siguen, y los mantienen unidos los mismos mitos absurdos que guían su conducta. Como esa añagaza de que López Obrador iba a reelegirse.

La mentira que comparten Estados Unidos y México

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Pedro Mellado Rodríguez

El lunes primero de diciembre del 2025, Joaquín Guzmán López, hijo del temible narcotraficante Joaquín Archivaldo Guzmán Loera, alias “El Chapo”, se declaró culpable de cargos de narcotráfico y de crimen organizado ante una Corte de Chicago, en el estado de Illinois, Estados Unidos, y deslindó al gobierno estadounidense de cualquier implicación en el secuestro de otro célebre delincuente, Ismael “El Mayo” Zambada García, el 25 de julio del 2024, una confesión que era esperada con ansiedad en ambos lados de la frontera.

En su declaración, citada por la plataforma de noticias CNN en Español se advierte: “Guzmán López coordinó y cometió el secuestro del Individuo A (en este caso “El Mayo” Zambada), entre otras razones, con la esperanza de obtener créditos por cooperación del Gobierno de Estados Unidos para él y su hermano”, Ovidio Guzmán López, alias “El Ratón”, quien se declaró culpable en Estados Unidos, en julio del 2025, de cargos de narcotráfico, lavado de dinero y armas de fuego, relacionados con su liderazgo en el Cártel de Sinaloa.

Es singularmente notable la precisión, seguramente largamente estudiada y rigurosamente inducida, en la que advierte Guzmán López “que el Gobierno de Estados Unidos no solicitó, indujo, sancionó, aprobó ni toleró el secuestro”. Y además, advierte el hijo de “El Chapo” que ni él ni su hermano recibirán créditos por cooperación por el secuestro, agrega el documento judicial citado por la cadena de noticias CNN.

Los términos de la declaración de Guzmán López son precisos, específicos, claros, como si le hubiesen sido dictados y los hubiera aprendido de memoria. Porque así, en esos términos, conviene al gobierno de Estados Unidos.

Sin embargo, el problema con lo que el joven narcotraficante Guzmán López ha declarado; con lo que el gobierno de Estados Unidos ha reconocido y ocultado; así como las tibias exigencias del Gobierno de México, que no han sido lo suficientemente enérgico para pedir una explicación detallada de cómo sucedieron los hechos del secuestro de “El Mayo”, en lo que podría ser una flagrante violación de nuestras leyes y de nuestra soberanía, dejan latentes profundas e inquietantes interrogantes.

El énfasis en las negaciones de Guzmán López tiene eco en el comunicado que el Embajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar, divulgó el 9 de agosto de 2024, en un comunicado oficial, que incluía el siguiente párrafo: “No se utilizarán recursos estadounidenses en la rendición. No fue nuestro avión, ni nuestro piloto, ni nuestra gente. No se presentó ningún plan de vuelo ante las autoridades estadounidenses. Estamos en el entendido que el vuelo inició en Sinaloa y aterrizó en Santa Teresa, Nuevo México. El piloto no era un empleado ni fue contratado por el Gobierno de los Estados Unidos, ni algún ciudadano estadounidense”.

Entrevistado por Jesús Esquivel, corresponsal de la revista Proceso en Estados Unidos, en un despacho informativo publicado el miércoles 14 de agosto del 2024, el agente Jack Riley, quien fue jefe de Operaciones de Inteligencia, número dos de la DEA y encargado de supervisar el accionar mundial de la dependencia federal antidrogas estadounidense reveló algo muy interesante. 

Con respecto al argumento del entonces Embajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar, en el sentido de que el avión en el que llegaron los dos narcotraficantes y el piloto a Estados Unidos en julio del 2024 carecía de un plan de vuelo, Jack Riley, el exnúmero dos de la DEA dijo: “En El Paso tenemos al EPIC (Centro de Inteligencia -espionaje-), que monitorea todos los días lo relacionado a personajes y actividades del narcotráfico mexicano a los que tenemos bajo el radar. Sin un permiso entregado con antelación, ningún tipo de aeronave ingresa por aire a Estados Unidos después de lo que nos pasó con los ataques terroristas del 11 de septiembre (de 2001), y el señor Embajador lo sabe, otros fingen demencia”.

¿Por qué tanto énfasis en querer deslindar al gobierno de Estados Unidos del secuestro de “El Mayo” Zambada? Hay muchos puntos oscuros: 1.- ¿De quién es la aeronave que se utilizó para el traslado del capo? 2.- ¿Qué matrícula tenía, de qué país y quien era el piloto? 3.- ¿Quién hizo contacto con las autoridades estadounidenses para la entrega de “El Mayo”? 4.- ¿Quién preparó el terreno para que la llegada a un aeropuerto en Nuevo México fuera tersa y estuvieran puntualmente presentes los agentes estadounidenses que detuvieron al capo mexicano? 5.- ¿Participaron en el operativo agentes extranjeros de la Agencia Antidrogas estadounidense (DEA), de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) o del Buró Federal de Investigaciones estadounidense (FBI)?

Esas son algunas de las dudas que no se han despejado. El Gobierno de México, con una tibieza supina ha dicho que el gobierno de Donald Trump no ha querido informar más sobre el asunto que lo que ha trascendido en medios de comunicación? Y así, con una conformidad insultante, con una sumisión vergonzosa, la Fiscalía de México, la de Alejandro Gertz Manero, aceptó que los gringos le jugaran el dedo en la boca a las autoridades mexicanas.

Aunque, también podría ser que las autoridades mexicanas no quieran llegar al fondo y descubrir que, probablemente, en forma encubierta, agentes estadounidenses habrían planeado y ejecutado, en nuestro territorio, el secuestro de “El Mayo”, violando nuestras leyes.

¿Cuál es la razón por la cual el Gobierno de México no exige, con firmeza, las aclaraciones de caso? Si finalmente se comprobara que agentes estadounidenses participaron en los hechos, México tendría que promover dos enérgicas acciones de reclamo: 1.- La detención y entrega de los agentes estadounidenses que hubiesen participado en el secuestro de “El Mayo” Zambada, para ser sometidos al arbitrio de nuestras leyes; y con base en lo que establece la Ley de Seguridad Nacional, analizar seriamente la pertinencia de cancelar o restringir los tratados de colaboración que existen con el gobierno de Estados Unidos en materia de seguridad y combate a la delincuencia organizada.

La Ley de Seguridad Nacional establece estrictas restricciones para la operación de los agentes extranjeros en nuestro territorio, entre otras: sólo pueden desarrollar las actividades de enlace para el intercambio de información con autoridades mexicanas en términos de lo dispuesto en la acreditación que se les hubiese expedido; deben presentar ante las secretarías de Relaciones Exteriores, y de Seguridad y Protección Ciudadana un informe de carácter mensual sobre las actividades y gestiones que desarrollen ante las diversas autoridades federales, de las entidades federativas y de los municipios. 

Los agentes extranjeros en México tienen prohibido realizar o inducir a terceras personas a realizar detenciones, a realizar acciones tendientes a la privación de la libertad, a allanar la propiedad privada o cualquiera otra conducta que resulte violatoria de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes nacionales aplicables, y sólo podrán portar las armas de fuego que, en su caso, les autorice la Secretaría de la Defensa Nacional. Los Agentes Extranjeros no tendrán ninguna inmunidad en caso de incurrir en la comisión de delitos o infracciones o por infringir las disposiciones normativas que prohíben a los extranjeros el ejercicio de funciones reservadas a las autoridades mexicanas.

Hay dos disposiciones de la Ley de Seguridad Nacional que podrían aplicar en el caso del secuestro de “El Mayo” Zambada y son muy delicadas, pues podrían generar un conflicto entre los gobiernos de México y Estados Unidos, algo que ambas naciones no desean.

Dice el Artículo 74 de la Ley de Seguridad Nacional: “Cuando se compruebe que un gobierno extranjero, por conducto de sus agentes, incite o promueva la comisión de los ilícitos consistentes en el cohecho, la privación ilegal de la libertad de las personas, así como la sustracción de los habitantes del territorio nacional para ser llevados a juicio ante otro Estado, el Estado mexicano suspenderá la ejecución de los convenios de cooperación bilateral de que se trate y prohibirá la realización de actividades por parte de los Agentes Extranjeros en territorio nacional. En su caso, los individuos que hubieren incurrido en las conductas antes descritas serán responsables en los términos de las disposiciones jurídicas aplicables”.

Estas disposiciones legales de México podrían ser las razones por las cuales el gobierno de Estados Unidos se muestre tan esquivo en compartir la información del secuestro del narcotraficante Zambada García, pues de comprobarse que participaron agentes estadounidenses en esa operación, habría un muy grave conflicto diplomático y jurídico con nuestro país, por una flagrante violación de nuestra soberanía y de los acuerdos de colaboración entre ambos países. Quizá por eso tanto silencio sobre una mentira que se ha pretendido imponer como la verdad durante más de un año.