11/20/2009


Egoísmo y política
Fernando Savater acepta el egoísmo como la búsqueda y satisfacción del interés personal, pero debe acompañarse de la política para armonizar los egoísmos y evitar desajustes del sistema.

La política debe ser el juego que construye un interés general que se pone por encima de los individuos, suma la creatividad de los egoísmos generando una realidad colectiva superior a las pretensiones individuales.


El enfoque del filósofo parece pertinente para nuestra época pero desafortunadamente no encuentra una traducción en las acciones de los políticos, que aunque en teoría son los encargados de la política, o sea de construir una realidad colectiva superior, han llevado el egoísmo a la política, sus decisiones se basan más en asegurar su futuro personal y la consolidación de sus intereses particulares y mucho menos en la satisfacción de los grandes intereses nacionales. Han suplantado al interés general reduciendo la voluntad general a una lucha de intereses particulares.

En el pasado debate sobre las leyes de ingresos y egresos en México encontramos con frecuencia argumento de que las decisiones acarrearían costos políticos, lo que al parecer debemos traducir en una cierta molestia de la sociedad y eventualmente rechazo electoral.
El lenguaje dejo traslucir acciones revanchistas y un discurso lleno de animosidad que demostraba poca capacidad de comunicación.

Si los políticos están preocupados por el costo político, tal vez deberían ocuparse de tomar decisiones que les den ganancias, o sea que sean populares, pero entonces nos aclaran que hay que tener cuidado con lo popular porque puede ser pernicioso. De nuevo la afirmación aquella: “las minorías se equivocan a veces, las mayorías siempre”.

Y en efecto el pueblo vive equivocado.
Si el argumento de lo costoso derivara de una orientación ideológica y los políticos fueran fieles a un compromiso social, no tendríamos el menor empacho en aceptar que sus decisiones son dolorosas para algunos o para muchos, más aún, tendríamos que aplaudir que pusieran en práctica la búsqueda de una realidad distinta, que intentaran poner su marca en la realidad.

Estarían actuando como verdaderos políticos y si nosotros nos opusiéramos a esas decisiones estaríamos actuando como verdaderos ciudadanos.
Desafortunadamente los políticos no actúan como deberían, en base a convicciones ideológicas, y los ciudadanos nos dejamos conducir como borregos del rebaño. La política ha fracasado y todos somos responsables de su fracaso, los políticos por traicionar a la ideología y la confianza de la sociedad que puso en sus manos la atención de los temas que requieren de una visión de largo plazo, y los ciudadanos por haber abandonado la conducción societaria sin atender su destino.

Los mexicanos se han convertido en un pueblo que ve las cosas, particulares y colectivas, en el corto plazo. Los políticos se ocupan de la próxima elección y como hoy lo federal se ha relegado más que nunca, encontramos una elección todos los años y por lo tanto, constantemente se posponen decisiones cruciales para que no afecten la votación más cercana, mientras que los ciudadanos nos ocupamos de tratar de aprovechar las escasas oportunidades que abren los políticos y que muchas veces llegan a tener consecuencias funestas, tómese como ejemplo el asunto de la piratería, tan socorrido en México.

Preferimos comprar una película por 10 pesos y dar el ejemplo de las ventajas inmediatas que da violar la ley en lugar de asumir que el respeto a las normas tiene un cierto costo económico, pero que eleva la moral pública y refuerza el respeto a la ley y al prójimo.
En una ocasión un funcionario de mi universidad me pidió prestado un libro de mi autoría, y en unos días encontré estudiantes con fotocopias del mismo.

No es solamente el asunto de las regalías, porque yo hubiera regalado copias del mismo a los estudiantes, sino que el encargado de respetar la ley la haya violado, de ahí a consecuencias más graves solamente hay un pequeño paso. Ya no digamos que los estudiantes entienden la conveniencia de violar la ley.
Trasladado esto a la política encontramos el mismo mecanismo. Los políticos entienden la ventaja de ver a corto plazo y satisfacer su egoísmo, lo que se proyecta a la sociedad. Se crea un círculo vicioso que asemeja a una serpiente que muerde su propia cola y se va devorando poco a poco pensando que aleja al mal de si misma.

La sociedad mexicana lleva tiempo devorándose y dejando muy poco a salvo, y la política que debe ser la tabla salvadora, cada día es menos efectiva, porque es la que le da fuerza a las mandíbulas que aprietan.


Samuel Schmidt

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