3/23/2014

La legalidad “ha perdido el juicio”: una sociopatología del delito


 


Advertencia: el uso del lenguaje irónico aquí expresado atiende a la sociología de nuestra idiosincrasia como mexicanos, y de ninguna manera pretende faltar al respeto o causar ningún daño moral a nadie.
Causa penal: 00/2014
Acusado:
Delito: robo calificado
Juez de primera instancia en materia penal del Distrito Federal
Xico aceptó desde el primer momento haber cometido el delito de robo, pero no ejerció violencia.
Hechos:
El 3 de marzo de 2014, aproximadamente a las 23 horas, un joven llamado Xico fue detenido por una patrulla de la Secretaría de Seguridad Pública al ser asegurado, aparentemente, en un forcejeo entre él y dos empleados de la cadena comercial Oxxo. Ante el Ministerio Público en el Distrito Federal, los empleados del Oxxo, Elver, quien se desempeña como encargado de turno, junto con Aurora, cajera de la sucursal, señalaron que Xico, junto con otra persona, ingresó a la tienda, se dirigió a los refrigeradores, tomó dos cervezas y las metió al morral de su amigo; luego tomó dos cervezas más, las metió a su mochila y caminó apresuradamente para salir de la tienda. La cajera, que en ese momento se hallaba junto a los refrigeradores, le dijo al encargado que se estaban robando las cervezas, y entre ambos enfrentaron supuestamente a Xico para pedirle que pagara la mercancía. Sin embargo, aparentemente el acusado empujó primero a Leticia y luego a Elver para intentar darse a la fuga, arribando inmediatamente la patrulla.
Supuestamente Elver tomó por la espalda al acusado y empezaron a forcejear. Sin embargo, en el certificado médico de Xico se aprecia una lesión, consistente en escoriación de mucosa en el labio inferior, la cual no puede ser consecuencia de un simple forcejeo, máxime que los denunciantes no presentan ninguna lesión.
Asimismo, los remitentes Brayan y Carl mencionan en su declaración ministerial que reconocen a Xico como la misma persona que estaba forcejeando con el personal del Oxxo. Sus declaraciones son idénticas y parecieran hechas a modo de ser coincidentes con los denunciantes. Además concuerdan en afirmar que no les constan los hechos relacionados con el robo.
Por otro lado, Xico declara ante el ministerio público, y reitera en su declaración preparatoria, que acepta su responsabilidad en el hecho de tomar las botellas y que fue golpeado por personas conocidas como “franeleros” al pretender darse a la fuga, y segundos después, es decir, inmediatamente, arribó al lugar una patrulla. Él afirma que en ningún momento entró en confrontación con el personal del Oxxo.
La Liga Mexicana por la Defensa de los Derechos Humanos (Limeddh), con una experiencia de casi 30 años en esta materia, afirma que la corrupción, la ineficiencia, la intolerancia y la discriminación son factores que generan la fabricación de presuntos culpables. Con el pretexto de que los presuntos pueden ser puestos en libertad, se recurre al chantaje emocional a las víctimas y testigos; se les induce o coacciona a reconocer o falsear las declaraciones para pervertir los hechos y favorecer el agravamiento de los delitos, como en el caso que nos ocupa, para así negar la libertad bajo fianza en un delito no grave como lo es el robo.
Lejos de resolver este problema de justicia, se aplica una legalidad pervertida o pervertible, que no busca reparar el daño y una pena acorde con la cuantía y la conducta. Se propicia una pena desproporcionada y trascendental: al calificar el delito como grave, se evita la libertad bajo fianza y que el inculpado pueda seguir su proceso en libertad.
¿Para qué pensar en juicios abreviados encaminados a reparar daños y en penas alternativas o substitutivas a la prisión, si la procuración y administración de justicia, al igual que las prisiones, son un gran negocio?
Sin hacer apología del delito y sin soslayar que el hecho quede impune, con visión criminológica tenemos que si una persona tuviera los recursos para comprar una cerveza, no intentaría robarla, exponiéndose así al riesgo de perder su libertad. De la misma manera, en este caso subyace la falta de alternativas para los jóvenes. Se propicia la estigmatización y discriminación de personas. Si este joven vistiera elegante y no usara rastas, tal vez hubiera sido invitado a pagar las cervezas y no se le hubiera golpeado. En la esencia del hecho está un patrón de pobreza y falta de expectativa de vida. Y la motivación del robo de cerveza nos habla de una de las enfermedades sicosociales: el alcoholismo.
Bien se puede decir que quien comienza robando una cerveza, después será otra cosa y etcétera; pero la génesis está en la falta de empleo con remuneración justa y prestaciones sociales, educación con derecho a becas y otros beneficios, además del derecho a la recreación que los jóvenes debieran tener. Es allí donde radica la naturaleza del problema. Y no podemos hacer prevenciones futuras de la comisión de un delito, porque hoy lo que se juzga es el hecho de un robo de cuantía menor. El inculpado no sólo fue detenido, sino golpeado por sus captores y, lo peor, se utilizó este hecho de ejercer violencia en su contra para luego presentarlo como prueba de que él intentó ejercer violencia para defender lo robado.
La pena debe ser justa. Para la empresa afectada, lo importante es que se le pague lo robado y se evite que esto siga sucediendo; y no será fabricando delitos graves mediante la mentira como se logrará resolver este problema. De la misma manera, para nosotros, como sociedad, nos resulta en un costo muy alto esta perversión de la legalidad que se convierte en injusticia. Además, las prisiones son consideradas como escuelas del crimen. De esta manera, alguien que entra por un delito menor, puede perder el rumbo de su vida e incorporarse a la vida delincuencial. De esta forma no se ayuda a nadie, ni al individuo y mucho menos a la sociedad.
Cuánto cuesta llamar patrullas, detener a una persona, pasarla al médico, llevarla a una galera… hacer todos los trámites de registro y toma de declaraciones… traslado a un centro de reclusión… Y todo el tiempo que nos cuesta mantenerlo en prisión en tanto los costos del proceso penal, copias, impresiones, ministerios públicos, peritos, traslados, gasolina, gastos en fotografías, análisis de laboratorio. Todo esto durante varios meses hasta la sentencia o hasta que llegue un magistrado federal, quien finalmente conceda en amparo la reclasificación del delito y la libertad del inculpado. ¿Alguien puede calcular cuánto cuesta esto?
Por otro lado, para las familias, los amigos, ¿qué significan estas penas trascendentales? ¿Cuánto tendrán que pagar en abogados, en copias de expediente, en interponer recursos legales, en pagos de traslado, en días laborales perdidos para acompañar el juicio? Creo que hemos perdido el juicio, estamos en la sinrazón de tener que pagar por la celda, por la protección, por el pase de lista, por la seguridad, porque permitan el paso a los familiares o la comida. Todo esto durante varios meses hasta que por fin la libertad llegue y las deudas asfixien a las familias y amigos. Y entonces durante varios años buscar empleos precarios y tiempos extras para poder pagar los gastos de un incidente en el que un día a un joven se le hizo fácil tomar unas cervezas y salir sin pagar, y gracias a ello se ganó el estigma de delincuente peligroso, y se ganó –él, que nunca gana nada–, no un flamante auto para trasladarse, pero sí un auto de formal prisión.
La legalidad ha perdido el juicio: las multas y cauciones son cada vez más altas, inasequibles a los inculpados, y en muchos casos están estratosféricamente por encima del monto de lo robado. Nos roban con esta legalidad nuestros impuestos, nuestros exiguos salarios con impuestos para la “procuración e impartición de justicia”. Tantos y tantos recursos tirados a la basura en seguridad pública, en militares, en sueldos altos a todos ellos. Altos –muy altos– salarios a jueces, magistrados, ministerios públicos, militares y policías. Y todos esos costos los vemos salir de nuestras manos, de nuestro esfuerzo colectivo como pueblo, que mira su salario escurrir a la cloaca de los impuestos, y de este drenaje ser llevado a los recicladores que convierten todo esto en ganancias, en buenos salarios, buenas comidas, buen vestir, perfumes, buenos vinos –de esos que cuestan varios miles de pesos una sola botella–, para brindar porque se ha hecho justicia; y gracias a ello, hoy un delincuente ya no podrá seguir robando un par de cervezas. Ya la sociedad está segura y a salvo.
Podemos felicitarnos por la magia de haber transformado algunos pesos en una bola de nieve. Una causa pequeñita tiene efecto devastador: unas cervezas y sus envases se convirtieron en una cadena de consecuencias que cuestan miles y tal vez millones de pesos.
Para corolario, nos engañan en medios de comunicación al hacer aparentar una eficacia en las investigaciones, con cifras espectaculares del combate a la delincuencia mientras se abusa de la prisión preventiva. Las prisiones se llenan de presuntos culpables que saldrán en los próximos meses, mientras dejan altos dividendos en las cárceles por concepto de protección y “privilegios”, y de gastos y costos judiciales, mientras en las calles vivimos inseguridad y la delincuencia se agrava.
Y ya entrados en brindis, se diría del inculpado que la única calificación alta que ha tenido este delincuente, considerando su osadía (que no es un robo simple, ni mucho menos un simple robo), él, el delincuente, por fin obtuvo la calificación más alta al señalarlo como “robo calificado”, ja ja ja (cosa que nosotros como defensores de derechos humanos descalificamos).
¡Salud! ¡Brindemos por la justicia! ¡Bebamos, bebamos hasta perder el juicio!
Combatir la corrupción y la ineficiencia nos llevará a la justicia.
¡Una llama encendida para los derechos de los pueblos!
*Presidente de la Liga Mexicana por la Defensa de los Derechos Humanos (Limeddh)

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