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7/04/2026

“El libro de los que no son”, un relato desgarrador sobre una mujer indocumentada, víctima de feminicidio

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Por Alexander Paéz. El otro país. Resumen Latinoamericano, 28 de junio de 2026

Alexander Páez es una firma conocida y celebrada por nuestros lectores. Fue el ganador de un reciente premio internacional con la historia de la periodista paraguaya asesinada Yamila Cantero, narrada con la excelencia de su estilo literario. Ahora nos ofrece un relato impresionante sobre una mujer hallada muerta y desmembrada en aguas del río Jejuí, en Kokueré, Departamento de San Pedro, en 2025, una mujer que había vivido su vida como un fantasma por carecer de documentos. “Es una narración extraña y muy sentida, nacida de un caso real, escrita desde un lugar poco habitual para mirar una vida”, nos dice el autor. Un relato de horror y de amor que nos convoca a reflexionar y a actuar ante la persistencia de los feminicidios.

La encontraron en marzo. El Jejuí la fue devolviendo por partes, con esa lentitud oscura de los ríos cuando el horror deja de sorprenderlos. Primero el torso. Después la cabeza, tres kilómetros más abajo. Un brazo no apareció nunca. Quizás quedó en el barro, entre raíces, botellas, ramas y esas cosas que el agua aprende a callar. El agua no devuelve de golpe. Dosifica. Administra.

Yo no me sorprendí. La esperaba.

No entre los camalotes. No en la orilla, donde los hombres se acercaron con esa mezcla de curiosidad y espanto con que se mira lo que nadie quiere nombrar. La esperaba en otro sitio, más seco y más antiguo: una oficina del Registro Civil de San Pedro del Ycuamandyyú; con un tomo de nacimientos, una página amarillenta donde la tinta había escrito a unos y había dejado intacto el lugar de ella.

Yo era ese lugar.

Un renglón en blanco.

Aún lamento no haber sabido nada de ella hasta el final. Todo lo que cuento me llegó tarde: cuando la familia empujó, cuando el pueblo gritó sobre el puente, cuando el expediente empezó a crecer alrededor de un cuerpo desmembrado y la Fiscalía tuvo que preguntar quién era, hasta terminar preguntándomelo a mí. Entonces me llenaron de golpe. Testimonios. Muestras de ADN. Resoluciones de urgencia. Lo que dijo la madre. Lo que dijo el hermano. Lo que dijeron los vecinos. Yo no era una conciencia. Era un papel obligado a enterarse. Volcaron sobre mí su versión de la vida, y me tocó ejercer ese oficio odioso: ordenar restos, administrar una existencia, ponerle burocracia a la piel.

Lo cuento desde esa vergüenza: la de haber permanecido vacío durante treinta y tres años y llenarme recién cuando ya no servía para nada.

María Enciso nació en Kokueré, donde el calor no cae sobre las cosas: entra en ellas. Se mete en la madera, en la ropa tendida, en el cuerpo de las mujeres, en los frascos donde la madre guardaba semillas. De aquella mañana no me llegó una firma ni un sello. Me llegaron, mucho después, restos de una escena: una madre doblada sobre sí misma, que se llamaba Rosa; una vecina que sabía de partos porque había visto demasiados; una palangana con agua tibia, un paño, un rancho de piso apisonado; olor a humo viejo bajo un cielo de azules intensos.

Todo eso existió.

Pero nadie la escribió.

Nadie hizo el viaje de polvo, barro y cansancio hasta la oficina donde yo aguardaba. No hubo dinero. No hubo tiempo. No hubo camino. Y, pensándolo ahora, yo tampoco fui hacia ellos: también estaba condenado a la inmovilidad, un pedazo de Estado con letra y polvo, incapaz de ir al encuentro de nadie, pero siempre listo para llegar tarde.

Hubo, como suele haber en el campo, esa costumbre de postergar lo imposible hasta que lo imposible termina pareciéndose al destino.

Así empezó todo.

No con el río.

Con la demora.

Los primeros años de María fueron los de tantas niñas del norte: tierra en los pies, humo en la ropa, guaraní en la boca, hambre a ciertas horas. Fue aprendiendo el mundo por señales pequeñas: el ruido de las ollas, la inclinación de la luz sobre el patio, la hora exacta en que el agua del arroyo todavía servía antes de que el sol la volviera amarga. Supo cuándo callar, cuándo apartarse, cuándo una casa está en paz y cuándo conviene no hacer preguntas. Y mientras barría, tarareaba bajito, como si en esa música mínima hubiera una forma de compañía.

Porque incluso allí, donde el Estado no llegaba o llegaba tarde, la vida encontraba cómo reunirse. Una mano alcanzaba mandioca, otra remedio, otra sombra. Las mujeres se llamaban de patio a patio. El tereré iba de boca en boca como una forma de confianza. Y en esa pobreza compartida, en esa intemperie que también sabía cobijar, se levantaba una belleza menor y verdadera: la de quienes, sin haber sido escritos por nadie, aprendían a sostenerse unos a otros.

No aprendió las letras.

Para entrar a la escuela hacía falta un certificado. El certificado exigía inscripción. Y para estar inscripta, alguien debía haber venido hasta mí. Nadie vino. Los años pasaron, y yo seguía en mi página, oyendo desde el estante el golpe seco del sello, el zumbido del ventilador, el llanto breve de los recién nacidos a quienes sí llevaban a inscribir. La tinta avanzaba sobre el papel. Los nombres caían uno tras otro, como si nacer fuera, para todos los demás, una costumbre sencilla.

Yo seguía vacío, guardándole a María un lugar al que no iba a llegar.

Creció. Se fue a San Pablo, que era pueblo si una venía de cualquier otra parte, y ciudad si una venía de Kokueré. Había calles cansadas, motocicletas que pasaban dejando un zumbido agrio, perros flacos echados contra la sombra mínima de los muros, y en los almacenes, ese olor dulzón del aceite recalentado que se pega a la ropa como una segunda intemperie. Allí vivió como viven los que no tienen archivo: enlazando trabajos sueltos, días medidos por la urgencia, una forma de presente tan frágil que casi no dejaba huella.

Hablaba guaraní con los vecinos, con esa naturalidad de las lenguas que no piden permiso. Compraba fiado en el almacén de don Alcides, que apuntaba las cuentas en un cuaderno de tapas vencidas y que nunca le pidió un papel. Volvía con bolsas de plástico que se le hundían en los dedos y le dejaban una marca roja, larga, como si también la compra quisiera recordar el peso de haber sido cargada. A veces llegaba con el pelo pegado a la nuca por el calor. Otras, se lo recogía con una cinta gastada, una de esas cintas que ya no sujetan del todo, pero insisten. Y cuando le tocaba esperar —en una fila, en una vereda, en el umbral de alguna oficina— buscaba con el pulgar la costura del vestido y la frotaba una y otra vez, como si en esa aspereza mínima hubiera algo firme, algo que no se movía.

Tenía un teléfono celular, pero no a su nombre: estaba a nombre de Gustavo. Hasta para que la llamaran hacía falta el nombre de otro.

Parió tres hijos. Los sostuvo contra el pecho cuando lloraban. Les bajó la fiebre con paños de agua. Les remendó la ropa bajo una luz pobre. Les reconoció el llanto desde otra pieza, aun dormida, aun rendida. Supo cuál tos era la del frío, cuál llanto venía del hambre, cuál silencio duraba demasiado. Pero no pudo inscribirlos. Lo hizo el padre, porque él sí tenía papeles, él sí estaba escrito. María podía poner el cuerpo, la leche, las noches partidas, el miedo, las manos. No podía, en cambio, dejar constancia legal de la vida que había sacado de sí misma.

Una mujer sin inscripción no puede inscribir a nadie.

La página en blanco también se hereda.

Hubo, casi seguro, una mañana de ventanilla. No sé el día. No sé el mes. Los días de María casi nunca quedaron en alguna parte. Pero la pobreza repite sus escenas con una exactitud cruel. Ella frente al vidrio. Un hijo tirándole de la mano. El ventilador de techo girando con esa desgana de las oficinas calientes. Del otro lado, una voz.

Documento.

Ella no tenía.

Acta de nacimiento.

Tampoco.

Entonces la voz empezó a enumerar: testigos, formularios, declaraciones, juicio, requisitos. Todo lo que hace falta para que una ficción con sellos y ventanillas acepte que una mujer de carne y hueso estuvo aquí antes que sus papeles.

María escuchó. No discutió. No lloró. Apretó la mano del hijo. Buscó con el pulgar la costura del vestido.

Después salió. Afuera el día seguía, y el día no se detiene porque una mujer no exista en los libros. Había que comprar algo. Volver. Cocinar. Lavar lo que se pudiera. Acostar a los hijos. Seguir.

Treinta y tres años caben en ese verbo.

La noche del viernes 7 de marzo, al teléfono de María —que en verdad estaba a nombre de Gustavo— entraron unas líneas firmadas por una voz conocida. Bastó eso para que María saliera de la casa y caminara hacia uno de sus últimos encuentros.

No hacían falta muchas palabras. Bastaban unas pocas, puestas en el sitio exacto de su confianza. Bastaba la impostura mínima de una voz conocida. Bastaba ese pequeño fraude de la lengua para empujar un cuerpo hacia la noche.

Después se supo lo que ya estaba escrito en la trampa: que ese mensaje no lo había mandado quien lo firmaba. Alguien había escrito desde otro teléfono, usando el nombre de otro como se usa una llave robada. Primero borraron a quien firmaba. Después borraron a María.

Antes del cuchillo hubo una frase. Antes del río, una suplantación.

Cuando no volvió, Rosa no esperó. Fue a la comisaría el sábado por la tarde y denunció la desaparición de una hija que, en los papeles, no era hija de nadie. La escena tuvo algo de humillación antigua: para denunciar a una persona hay que nombrarla, y Rosa tuvo que jurar por una María que ningún sello certificaba. Los policías anotaron lo que pudieron: María Enciso, treinta y tres años, domicilio en San Pablo, sin documentos.

Así empezó a formarse el expediente.

Gustavo no durmió esa noche. Llamó a todos los números que tenía. Recorrió las casas de los conocidos. Golpeó puertas. Preguntó en patios todavía cargados de calor. Dijo el nombre de su hermana una y otra vez, como si al repetirlo pudiera impedir que se la tragara la oscuridad. La buscaron como buscan los pobres: sin protocolo, sin descanso, con la terquedad desnuda del afecto. Una linterna. Una motocicleta. Un vecino que acompaña. Una madre que no se sienta. Una casa donde nadie se acuesta, porque acostarse sería admitir que la noche ya decidió algo.

Al amanecer del domingo, cuando ya no quedaba nadie a quien preguntar y la Policía seguía diciendo que había que esperar, Gustavo fue a ver a una mujer que la gente consulta cuando alguien se pierde. No me llegó su cara. Me llegó una sola frase, repetida después como si fuera una dirección arrancada al misterio:

Ella está en tránsito por acá cerca.

Gustavo fue al río. Llevó a dos vecinos. Llevaron una canoa.

A la altura del puente, entre los camalotes, el Jejuí empezó a devolverla.

Primero el torso.

Lo subieron a la canoa con una delicadeza inexplicable, casi tierna, como si el cuidado todavía sirviera para algo. Después llegaron más vecinos. Después la comisaría. Después la Fiscalía. Después las cámaras. Después el país entero, con sus preguntas. Pero antes que todos ellos estuvieron Gustavo, la canoa y esa frase dicha en una cocina sin documentos, en un guaraní que ningún acta registra.

Entre todo lo que el río devolvió esa tarde hubo una señal pequeña y feroz. La pericia la anotó en su idioma seco. Dicho de otro modo: el pulgar de María estaba fuera de lugar.

Había peleado.

La mano con la que sostuvo a sus hijos. La mano que buscaba la costura del vestido frente a las ventanillas. La mano que lavaba, pelaba mandioca, apartaba el pelo de una frente con fiebre. Esa mano peleó hasta el final por seguir perteneciendo al mundo.

Al día siguiente, la Municipalidad de San Pablo declaró asueto. Los estudiantes dejaron las aulas. Los comercios bajaron las persianas. La gente fue llegando al puente sobre el Jejuí con cartulinas, botellas de agua, hijos de la mano, esa pena que en los pueblos no necesita ser anunciada porque se reconoce sola. Gritaron. Lloraron. Exigieron justicia. Una mujer dijo una frase que después repitieron los medios: no están solos.

Y no lo estaban.

Antes que las oficinas y sus sellos, antes que los laboratorios y su idioma tardío, estuvo el pueblo. Estuvieron los que la habían visto pasar. Los que sabían su nombre sin pedirle prueba. Los que la reconocían por la voz, por el modo de andar, por la costumbre de volver con las bolsas marcándole los dedos. La rodearon como se rodea lo propio cuando el daño ya ocurrió y, sin embargo, todavía queda algo por hacer: nombrarla en voz alta, sostenerla entre muchos, impedir que el río terminara de llevársela al silencio.

Solo después apareció el Estado. No donde había hecho falta, sino al final, cuando ya no quedaba nada por cuidar y todavía faltaban, sin embargo, sus permisos.

Para sepultarla hubo que inscribirla.

La frase conviene dejarla así, sin adorno, para que se oiga sola. Para sepultarla hubo que inscribirla. Como si la tierra pidiera constancia. Como si un cuerpo roto no bastara. Como si esa máquina de sellos, escritorios y formularios pudiera permitirse llegar tarde a una vida y a tiempo a sus trámites.

No había huellas previas. No había odontograma. No había registros médicos. No había partida de nacimiento sobre la cual abrir un acta de defunción. María había quedado fuera del archivo, y ahora el archivo alegaba no reconocerla sin pruebas. La fiscala tuvo que ordenar extracción de ADN y cotejo con muestras de Rosa y de Gustavo. Lo que el pueblo ya sabía por dolor, por memoria y por simple cercanía, tuvo que ser confirmado en otro idioma.

Se promovió un juicio de urgencia para inscribir a una mujer ya muerta y autorizar su entierro. Lo que no se hizo por ella en la vida se hizo en la muerte: no por amor ni por justicia, sino para que el expediente pudiera cerrarse sin tropiezos.

El juicio salió en días.

Entonces abrieron mi página vieja. Unos dedos pasaron sobre mi blancura intacta, esa blancura miserable que había durado más que la infancia de María, más que la paciencia de Rosa, más que la obligación del país de salir a buscarla cuando todavía estaba viva. Y por fin, me escribieron.

Escribieron: María Enciso.

Me escribieron tarde. Eso es lo que no puedo decir sin vergüenza.

Tarde, a la fuerza, por orden judicial, cuando lo único que faltaba ya no era el nacimiento, sino el entierro. Me abrieron para eso. Para destrabar la entrada de un cuerpo a la tierra. Y todavía hubo quien dijo que en ese gesto se le devolvía la dignidad, como si la dignidad hubiera estado aquí, esperándome, dormida entre sellos, tomos viejos y escritorios de fórmica.

Pero no.

Yo no tuve nada que ver con lo mejor de María.

No estuve en Rosa cuando la parió. No estuve en Gustavo cuando le prestó su nombre para un teléfono. No estuve en don Alcides cuando le fiaba sin pedirle nada. No estuve en los vecinos que salieron a buscarla con linternas y calor en los patios. No estuve en la canoa que la alzó del agua con una delicadeza que yo no conocí. No estuve en la mujer que, sobre el puente, dijo: no están solos.

Yo no estuve ahí.

Llegué después, cuando todo eso ya había ocurrido y un país entero necesitaba fingir que todavía era posible corregir algo.

No soy un certificado de nacimiento.

Soy una lápida.

La trajeron hasta mí cuando ya no quedaba nada por hacer con su vida.

Para existir en el papel, María Enciso tuvo que entrar muerta.

(*) La imagen que ilustra este relato ha sido realizada con la inteligencia artificial de Gemini.

5/23/2026

“Un Halcón en mi ventana”, el libro que vindica la participación de mujeres en el 68

 

En entrevista con el periodista Carlos Puig, la también autora del libro “Los Demonios del Edén”, publicación que reveló una red internacional de pederastia encabezada por los empresarios Succar Kuri y Kamel Nacif, lo que le costó una demanda por difamación, calumnia y un largo camino en la búsqueda de justicia tras su tortura y detención de Cancún a Puebla en 2005, contó cómo surgió la idea de esta nueva novela presentada ayer en el Museo Nacional de Antropología e Historia.

Cacho dijo que este proyecto nació después de haber realizado la miniserie “Somos valientes” y que originalmente pensaba en un documental sobre la participación de las mujeres en estos movimientos que no estaba documentada, que fueron borradas de la historia y que no fue rescatada por las periodistas feministas.

“Si tu googleas mujeres del 68, te aparecen 7 nombres”, por lo que agregó que uno de los fines de esta novela es reivindicar la participación de otras mujeres de todo el país en el movimiento estudiantil y los otros movimientos que lo acompañaron, como el de indígenas o el de los mineros.

Sin embargo, la falta de presupuesto para realizar el documental, la llevó a pensar en una novela, que si bien no es una vivencia personal porque ella tenía 5 años de edad en ese tiempo, resultó de testimonios de personas muy cercanas a ella.

“Yo cuento en el libro un montón de anécdotas que son reales, de las que me acuerdo cuando era adolescente ya que hablaban mis tíos que sí participaron en el 68 con sus novias que siguen siendo amigas de la familia a las que consulté cuando estaba escribiendo la novela”.

Enfatizó cómo desde la ficción pudo rescatar los nombres de aquellas que desaparecieron en Santa Martha Acatitla por ejemplo, o que se fueron a algún pueblo y ya nadie supo más de ellas y que ya no pueden hablar porque ya se murieron, estuvieron en Lecumberri, les dieron enfermedades rarísimas o simplemente desaparecieron.

Recordó que en ese momento convergieron con el movimiento estudiantil otros en los que participaban mujeres afromexicanas que acudían a las marchas, las mujeres indígenas que estaban haciendo toda la reivindicación para proteger y defender a los mineros en todo el país; es decir, no sólo sucedía el 68, pero se ha contado siempre desde esta mirada épica, centralista y masculina, incluso, dijo la periodista, algunas mujeres periodistas también lo han hecho así, de lo que sucedió en el Instituto Politécnico Nacional y en la Universidad Nacional Autónoma de México.

“Para mí era muy importante hacer esto y contar también cómo México, la sociedad civil, se convirtió en la punta de lanza para Latinoamérica para combatir las dictaduras, para combatir la opresión política, la opresión militar y para cuando se dieron cuenta en Argentina, Chile, Guatemala; México ya había roto todos esos paradigmas y eso me parece que es fenomenal porque se nos olvida lo que hemos logrado”.

“Es una novela que muestra el dolor del pasado. Ya sabemos lo que pasó, ahora qué va a pasar después. Si no conocemos esto desde frente, no vamos a entender lo que viene detrás de nosotros para atropellarnos; y es la militarización de un país, y es cómo se construye la corrupción y cómo de destruyen los derechos de las personas y cómo si la sociedad civil no toma las calles el pasado vuelve a atropellarnos de nuevo”.

3/28/2026

«Amiga, sepárate ya», de la mano, Coral Herrera despatriarcaliza corazones

 

En pleno corazón de Coyoacán de la Ciudad de México, casi un centenar de mujeres le dieron la bienvenida a Coral Herrera Gómez en una famosa librería, incluso horas antes de su presentación ya atiborraban el auditorio que la esperaba para escucharla y compartir su propia experiencia porque la autora se ha caracterizado por desarrollar una pedagogía de la liberación amorosa siempre desde el «yo», es decir, desde su propia vida, lo que le ha permitido conectar con las lectoras quienes sienten esa cercanía.

Coral Herrera es protagonista de su libro el cual presentó como el texto que le hubiera gustado tener de referencia hace 17 años cuando sostenía una relación amorosa de la cual no podía salir y que le hacía daño. Entonces recordó que tenía un «corazón patriarcal y la cabeza feminista» pero necesitaba aprender a trabajar sus emociones, a gestionar las pérdidas de la vida, a trabajar autoestima, a aceptar las derrotas y con ello despatriarcalizar su corazón.

Describió su entonces relación de pareja como una «experiencia carcelaria», pero con paredes de humo, donde se sentía encerrada, prisionera y atrapada.

«Cuando una relación amorosa deja de funcionar, es normal que dudes de tu decisión y creas que fracasaste o que estarás sola para siempre, pero terminar una relación no es una derrota, sino una liberación».

Contrario a lo que se podría suponer esos cuatro años que tardó en dejar esa relación que la hacía sentir una experiencia carcelaria, Coral encontró la libertad amorosa, una oportunidad para nuevos comienzos, incluso compartió que debió poner tierra de por medio para un nuevo inicio.

Fue a partir de sus estudios doctorales basados en el análisis y la crítica del mito del amor romántico como logró teorizar desde el feminismo pero trayendo categorías de la izquierda al amor para ejemplificar el concepto de «la explotación emocional», utilizada en relaciones de pareja para beneficiarse del amor que brindan las mujeres.

«El amor romántico nos somete, nos drena y nos amarga la existencia a todas. Desde pequeñas nos vuelven adictas a él usando las historias de princesas, con el objetivo de crear una masa de mujeres desesperadas, con dependencia emocional y capaces de obedecer a los hombres, conformarse con migajas de amor y aguantar malos tratos. Solo te rebelas y casas toda la fuerza del mundo para liberarte de esta droga cuando tomas conciencia de esa profunda injusticia». Coral Herrera.

Herrera detalló que para hacer posible y efectiva esa explotación emocional las mujeres debemos atravesar una educación alejada del autocuidado y estar dispuestas a arrojarnos a los brazos del sufrimiento para nuestra autodestrucción.

Esto no es fortuito, es una enseñanza milenaria que absorbemos a lo largo de nuestro desarrollo. Las mujeres, educadas y adaptadas al sufrimiento, tenemos referentes que nos forman, por ejemplo, en el cristianismo, cuyo mensaje es claro: entre más sufras más te van a amar y esto para Herrera es una estafa, porque no hay premio por sufrir.

No olvidemos que Cristo estuvo en agonía a lo largo de tres días para demostrar el amor infinito que tenía y tras resistir este tiempo llegó al paraíso.

Si vamos hilvanando la forma en como nos socializan a las mujeres en el amor, nos enseñan a hacernos prisioneras de relaciones dolorosas.

Por eso Coral Herrera, llamó a tomar el camino para la revolución amorosa, donde las mujeres nos hagamos responsables de todo y aprendamos a negociarlo todo.

Hasta el punto en que podamos plantear y sostener un «contrato amoroso» donde se establezca desde un «amor compañero», cómo nos cuidaremos en pareja, cómo se repartirán gastos, si se esperan hijas o hijos pero un punto fundamental es encontrar todo aquello que para nosotras es innegociable, es decir, aprender a decir que NO, porque eso otorgará libertad emocional.

Es en este libro que acompaña a las lectoras a través de etapas emocionales que recorrerán cuando terminan esa relación de pareja que no les hacía bien y a su vez las dota de responsabilidad afectiva consigo mismas, es decir, las aleja por completo del victimismo y las hace responables de si mismas.

Plantea la necesidad de analizar los mecanismos de poder que enfrentamos con un método de autocrítica amorosa, donde aprendamos a distinguir la violencia que recibimos pero también la que ejercemos.

En este texto, Coral Herrera también hace referencia al privilegio de algunas mujeres para poder separarse porque sin duda no es una situación que todas están en condiciones de decidir rápidamente ya que su autonomía económica está fragmentada tanto como lo emocional.

Así que a lo largo de sus páginas, Coral toma de la mano a sus lectoras, se hace cómplice de sus emociones y pedagógicamente les va indicando qué sí y qué no hacer, por ejemplo, les enseña a poner límites con la pareja de la que se quieren separar por el dolor que les causa, como dejar de aplaudir sus discursos, reírse de sus gracias, dejar de ser comprensiva con él para empezar a serlo consigo mismas, endiosarlo, maternar hombres adultos, sacrificarte (porque no hay recompensa) y así un largo etcétera que poco se ve en los libros.

Tras este manual pedagógico de la liberación, Coral Herrera Gómez aporta esperanza por una nueva vida, a las mujeres quienes la acompañan en esta transformación que les permite resignificar la pérdida para tener un nuevo comienzo, pero despatriarcalizado.

La autora

Es profesora, investigadora, escritora y doctora en Humanidades por la Universidad Carlos III de Madrid. Analiza y escribe sobre la ética del amor y la filosofía de los cuidados, las emociones, las relaciones humanas, las estructuras del poder, la violencia de género y los derechos humanos de las mujeres y la infancia.

Este libro se suma ya a su amplia colección: La construcción sociocultural del amor romántico (2011), Mujeres que ya no sufren por amor (2018), Hombres que ya no hacen sufrir por amor (2019), Cómo disfrutar del amor (2020), Dueña de mi amor (2020), El contrato amoroso (2021) y 100 preguntas sobre el amor (2023).

2/14/2026

«Mujeres que ya no sufren por amor», el libro que cuestiona el romanticismo patriarcal

 

.- Ciudad de México.– El mito del amor romántico ha llevado a las mujeres a construir sus vínculos afectivos basándose en el sacrificio, el deseo del otro por encima del propio, verlo como un superior y aceptar el dolor o el castigo como muestra de afecto; sin embargo, la escritora Coral Herrera, a través de su libro “Mujeres que ya no sufren por amor”, busca desmitificar estos ideales e invita a construir relaciones más libres, centradas en el autocuidado, el respeto y la autonomía. 

Coral Herrera, originaria de España, es doctora en Humanidades y Comunicación Audiovisual, escritora y profesora. Desde hace 15 años investiga el amor romántico, el feminismo, las masculinidades y las relaciones de poder. Es integrante del Observatorio de Masculinidades de la Universidad de Elche y coordina el Laboratorio del Amor, una escuela virtual que fundó hace una década para estudiar las relaciones amorosas desde una perspectiva feminista.

“Mujeres que ya no sufren por amor”, es un libro publicado en 2018 el cual busca cuestionar el romanticismo patriarcal, afirma que es el responsable de una cultura amorosa basada en la subordinación. Esta cultura se mantiene mediante ideales peligrosos que sugieren que el amor lo puede todo, incluso soportar la violencia, bajo la ilusión de que la otra persona cambiará algún día y que, finalmente, se alcanzará el ideal del amor eterno.

Los parámetros de amor romántico han llevado a las mujeres a permanecer en vínculos donde las agresiones, insultos, golpes, se normalizan y se justifican; sin embargo, las consecuencias de ello pueden resultar letales. De acuerdo con ONU Mujeres, señalan que 83 mil mujeres y niñas fueron víctimas de feminicidio en todo el mundo y 60% de ellas murieron a manos de sus parejas o familiares, esto equivale a una mujer asesinada cada 10 minutos o un promedio de 127 víctimas diarias. 

En México, alrededor de 47.3 millones de jóvenes de 15 años y más que tienen o han tenido una relación de pareja, el 39.9 por ciento ha experimentado algún tipo de violencia como actos abusivos, de poder, omisiones intencionales que pretendan dominar, someter, controlar o agredir de manera física, verbal, psicológica, patrimonial, económica o sexual a las mujeres, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

Desde la perspectiva e investigación de Herrera, el amor patriarcal no surge de repente, sino que se va construyendo desde la infancia. Cuando las mujeres son pequeñas, se les enseña a colocar el amor como el eje de sus vidas y se vive a la espera del “milagro romántico”. Les dicen que deben ser dulces y obedientes, mientras que a los niños se les impulsa a ser valientes, fuertes y autónomos; para los hombres, el amor “es cosa de chicas”.

Las raíces patriarcales se refuerzan cuando en la familia no hay vínculos fuertes y saludables. Herrera señala que la falta de amor desde la infancia marca la forma en que se construirán las relaciones afectivas en la adultez, pues crecer sin afecto de los progenitores genera miedo a quedarse sola, temor al rechazo y ansiedad por no ser querida, lo que puede derivar en relaciones dañinas, sin cuidado ni respeto.

La salvadora

Estar en relaciones que colocan a los hombres como centro y autoridad de la vida, lleva a muchas mujeres a perderse a si mismas mientras intentan proteger a su pareja. Herrera define esto como “el rol de salvadora”: las mujeres asumen la obligación de resolver los problemas del otro, casi como si fueran sus madres; sin embargo, esta ayuda no surge de manera solidaria o altruista; detrás de ella, buscan obtener amor, lealtad y ser percibidas como seres indispensables.

Este papel que asumen lleva a las mujeres a adoptar otro rol: el de cuidadora y protectora, encargándose de satisfacer todas sus necesidades con la esperanza de ser reconocidas. Para alcanzar esa recompensa tan anhelada, creen que deben de ser pacientes y seguir entregando tiempo y esfuerzo a hombres infieles, violentos o incluso casados. Aun así, permanecen convencidas de que algún día el cambio llegará y que, cuando ocurra, finalmente podrán ser felices y plenas.

Romper el mito

Salir de estructuras profundas que han construido la idea de un amor romántico cruel y despiadado no es fácil, pero es necesario desecharlas. Coral Herrera señala que llevar a cabo una revolución amorosa no es solo un acto individual, sino colectivo, ya que incluso lo romántico tiene un carácter político. Ha sido utilizado de instrumento de dominio y coerción, por lo que, cambiar esta narrativa puede transformar la manera en que nos relacionamos afectiva, sexual y emocionalmente, así como la forma en que damos y recibimos cuidados.

La escritora enfatiza que las mujeres no fueron creadas para sufrir en el amor, pues no es una maldición, ni mucho menos una enfermedad incurable. El enamorarse no está desvinculado de usar nuestra lógica, de poder analizar a la otra persona e identificar su virtudes y defectos con la finalidad de saber si es conveniente seguir profundizando en la relación, sin abnegarse. El mito de que no se puede pensar y cuestionar durante la etapa del enamoramiento, es ficción.

Coral Herrera propone amar desde el autocuidado, lo que implica saber poner límites, aprender a decir no cuando algo no nos agrada, no dejarse manipular por los demás y asumir los problemas del otro como propios. Protegerse no es signo de conflictos románticos, que solo resultan disruptivos; el verdadero cuidado consiste en evitar situaciones dolorosas y no permitir que nadie nos haga daño, ni de manera consciente ni inconsciente.

La felicidad y la libertad no dependen del amor, señala Coral Herrera, sino que comienzan desde nosotras mismas. Se construyen al ejercer nuestra autonomía, tomar decisiones, llevar a cabo nuestras ideas y proyectos, cambiar aquello que no nos satisface en nosotras o en nuestras relaciones, dejar de imponernos límites, confiar en nuestra capacidad de influir positivamente en nuestro entorno y sumarnos para generar cambios positivos en el mundo

8/10/2025

De la Flor, mucho más que un sello de historietas...

Hernán Muleiro

El viernes 1º de agosto falleció Daniel Divinsky, fundador de la editorial argentina De la Flor, reconocida a nivel mundial por publicar la historieta Mafalda, de Quino, y también por su variedad y calidad de obras. Divinsky estaba desvinculado de la editorial desde 2015, cuando el sello quedó a cargo de Ana María Kuki Miller, su socia y ex pareja. De la Flor mantiene una estructura familiar, un hecho aislado, teniendo en cuenta la concentración de pequeñas y grandes editoras en manos de sellos multinacionales.

No se puede separar el nombre de la editorial De la Flor del de Mafalda. Divinsky y Miller apostaron a las creaciones de Quino tanto, que además de recopilar sus tiras en diferentes volúmenes, las reunieron en una gran antología llamada Todo Mafalda, en una época en que compilar los trabajos de un historietista era una tarea novedosa.

El éxito de Mafalda fue tan grande que su autor necesitó alejarse de ella, a tal punto que casi no volvió a dibujarla, ni siquiera cuando se formaban filas kilométricas para conseguir una dedicatoria suya en el stand de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

Entre los humoristas gráficos editados por De la Flor se encuentran, entre otros, Fernando Sendra, autor de Yo Matías y Roberto Fontanarrosa, también reconocido por su trayectoria como escritor. El dibujante Miguel Rep lo despidió a través de sus redes: “Divinsky, todos queríamos editar con vos, por haber elegido con buen ojo al Quino, al Negro Fontanarrosa... entonces, cuando ponías un ojo sobre el trabajo de uno y publicaba libros, sentías que habías llegado a una especie de Olimpo. Y también comenzaba una amistad. Buen viaje y buenas lecturas”.

Exiliados durante la última dictadura militar argentina que objetó la edición de un libro infantil con un puño alzado en su portada, De la Flor editó libros en los que convivieron lados opuestos de la izquierda: por ejemplo, sacaron el libro de poesía Pomelo, de Yoko Ono, traducido por Piri Lugones, militante revolucionaria. Su abuelo realizó célebres aportes a las letras locales, mientras su padre inventó un temible elemento de tortura, la picana eléctrica, ambos llevaron el mismo primer nombre: Leopoldo. Piri Lugones fue asesinada por la dictadura en diciembre de 1977.

De la Flor también editó al escritor desaparecido Rodolfo Walsh, cuya novela de no ficción periodística, Operación Masacre, es casi una década anterior a A sangre fría, de Truman Capote, y marca un momento histórico de la política. Divinsky y Miller continuaron con su oficio desde Caracas, Venezuela, trabajando el sello a distancia entre 1978 y 1983.

En el 2011, De la Flor se dio el gusto de editar al enorme dibujante y guionista Robert Crumb, con un libro clave: la primera versión en español de su adaptación a historieta del Génesis.

Reconocido coleccionista de discos de pasta de jazz y blues de 78 revoluciones, su estilo de historietas cambió radicalmente luego de que Crumb fuera transformado por el ácido lisérgico. A pesar de su disidencia musical, se convirtió en un ícono de la contracultura del rock. Como buscador de música, Crumb se caracterizó por hacer lo que entonces se denominaba diggin, es decir, buscar puerta por puerta, para revisar discografías ajenas hasta dar con un disco deseado o impensado.

En el 2017, Crumb fue entrevistado por primera vez por un periodista mexicano, Jorge Flores-Oliver, para la revista Replicante y conversaron sobre su versión del Génesis: “Fui criado como católico en la escuela y todavía me estoy recuperando, aunque uno nunca se repone del todo de tal lavado cerebral. Y si, descubrí muchas cosas trabajando el Génesis; mucho sobre la Biblia.

Lo principal es que es completamente demencial que sea usado como una guía moral.

Entre las voces que reconocieron la labor del editor en México, se destacó el comunicado de la UNAM: “Fue el editor de Mafalda y abrió páginas a grandes de la historieta argentina como Fontanarrosa, Maitena y Liniers. Daniel Divinsky (1942-2025) legó una huella imborrable en la historia editorial y cultural latinoamericana, que trazó por más de medio siglo”.

Algunos otros libros editados por De la Flor fueron: Cada vez que decimos adiós, de John Berger, El Arca de Noé, del músico brasileño Vinicius de Moraes, muchas adaptaciones a historietas de relatos como por ejemplo Los dueños de la tierra, de David Viñas, convertido en viñetas por Juan Carlos Kreimer. E l siglo y el Perdón, del ensayista francés Jacques Derrida, Antiestética, del pintor Luis Felipe Noé, La niña que iluminó la noche, de Ray Bradbury y Teatro, de Jean Genet.

El compositor


Foto
▲ El compositor chino Wang Xilin.Foto de Jann Wilken, tomada de la página de la Filarmónica del Elba y Laeiszhalle de Hamburgo
Terminé recientemente la lectura de un libro potente, asombroso y fascinante: El paseante de cadáveres: Retratos de la China profunda, del poeta, músico y escritor chino Liao Yiwu. Sus páginas conforman un enorme fresco panorámico de los usos y costumbres, la política y la sociedad en China, tanto la de antes como la de hoy. En sus treinta retratos, surgidos de otras tantas entrevistas, hay un poco de todo, desde personas con oficios y profesiones convencionales, hasta practicantes de vocaciones tan peculiares como el doliente profesional, el saqueador de tumbas, el limpiador de baños, el traficante de mujeres, el adicto al sexo, el embalsamador, la moderna dama de compañía y el epónimo paseante de cadáveres. Entre éstos, uno de los más poderosos y trágicos retratos es el titulado, sencillamente, El compositor.

Se trata de Wang Xilin (1936) quien, un poco por convicción y otro poco por herencia, se unió al ejército comunista a los 12 años. Sus méritos y capacidades lo llevaron a la Academia de Música de Shanghái, donde pasó la mayor parte de su tiempo en actividades políticas, en vez de estudiar contrapunto y armonía. Al paso del tiempo se convertiría en un hábil compositor autodidacta. Dos momentos torales de la China del siglo XX terminaron por decepcionarlo cabalmente del Partido, del régimen y de su gran líder: el Gran salto adelante y la revolución cultural. Wang Xilin cometió el error de hacer pública su decepción en un discurso muy crítico de las políticas culturales del gobierno chino, y el mundo se le vino encima. Sufrió arrestos, prisión, tortura, reducación política, escarnio público, hostigamiento sicológico, censura de su música, castigos para su familia y exilio interno a regiones apartadas del país. Solicitar un piano para componer le acarreó uno de sus castigos más severos: tal petición era, a todas luces, una perversión burguesa, reaccionaria y contrarrevolucionaria intolerable. Tuvo que soportar durante años la obligación, impuesta por el Partido, de componer música revolucionaria, folclor para las masas, sinfonías comerciales y accesibles. La presión fue tal, que terminó por escribir dos extensos textos, que tuvo que leer, avergonzado, en público: uno de arrepentimiento por sus desviaciones y otro de denuncia y traición a personas de su entorno; lo ha lamentado toda su vida. En el año 2000, en momentos previos al ensayo de una de sus obras, el compositor mencionó: Creo que el suceso más importante del siglo XX ha sido el hecho de que el comunismo ha sido perseguido sin descanso para que la humanidad entera lo destierre. Las ejecuciones de su música fueron inmediatamente canceladas.

Wang Xilin le cuenta a Liao Yiwu, entre muchas otras cosas, que el escuchar a todas horas por los ubicuos altavoces del Partido la canción Mao Zedong es nuestro salvador le provocó serias secuelas de inestabilidad mental, tal era el terror que le inspiraban el gran líder y sus políticas. De ahí surgió su convicción, indeclinable hasta la fecha, de que el Partido (en todo caso, cualquier partido) no es un padre amoroso y protector, sino una madrastra malvada. Una de sus declaraciones más contundentes: En mi música no hay sentimientos de amor, es como un lago enorme, oscuro, lleno de barro, lágrimas, sangre y gritos.

He podido constatar esta afirmación suya a través de la escucha de varias de sus obras que circulan en la red: una suite para piano, un octeto para ensamble, su Concierto para piano Op. 56, sus Sinfonía Nos. 1 y 5 y su enorme obra orquestal-vocal-coral Réquiem por China, que es su Novena Sinfonía. Es música sólida, compleja, a veces ruda, sin concesiones, contradictoria, expresiva, angustiante por momentos y de una intensidad poco común. Ciertamente, es posible detectar numerosos vasos comunicantes entre la vida, la obra, las ideas y las peripecias de Wang Xilin y las de Dmitri Shostakovich (1906-1975). En su diálogo con Liao Yiwu, el compositor chino traza algunos paralelos inevitables entre la República Popular China y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y, hacia el final del capítulo que le es dedicado, Wang Xilin dice: “Compongo una serie de elegías para la nación entera, para millones de víctimas que sufrieron y murieron por culpa del maoísmo. Si la música de Shostakovich era el testimonio de los horrores de la época de Stalin, la mía será… no voy a acabar la frase aquí.”

Más claro no puede ser.

5/03/2025

Primera Feria Internacional del Libro de Género y Feminismos en Ciudad de México

 

Siendo una iniciativa propuesta por Adriana Romero, directora del evento, el Centro de Estudios Críticos de Género y Feminismos de la Ibero, consolido el evento tomando como inspiración proyectos similares de otros países como el de Argentina con la Feria del Libro Feminista (FILFEM) o incluso de otros estados  de México como la Feria Internacional del Libro de Oaxaca (FILO) que en 2023 incluyó actividades centradas en el feminismo y en la comunidad LGBTTTIQ+.

La FILGem tuvo como propósito reunir de forma accesible, coherente y diversa materiales literarios que abonaran al conocimiento de los feminismos en todo su espectro, con el fin de ser un espacio que comprendiera los intereses del público en general; incluyendo personas nuevas o ya inmersas en el tema, académicas, lectoras y productoras de material feminista, creando entre sí diálogos muy diversos.

“Sabemos que actualmente circula una gran cantidad de materiales, de investigaciones, de propuestas editoriales entorno a estos temas (género y feminismo) pero también sabemos que todavía son escasos los espacios que los reúnen de forma accesible coherente y diversa”. – Laura Pedraza.

Esta feria literaria fue dirigida a personas lectoras de todas las edades y trayectorias que quisieran explorar las múltiples formas en las que el feminismo se entrelaza con la literatura, el arte y la política, en memoria de la vida cotidiana, reconociendo simultáneamente todas las variantes en la que se pude ser parte del feminismo como activista o aliado en pro de la conciencia social.

En este evento se reunieron más de 30 editoriales, entre ellas, U-Tópicas, librería y galería especializada en feminismos y movimientos sociales y  Fémina Fanzine, una editorial para autoras e ilustradoras emergente víctimas de del sistema capitalista y patriarcal,  entre muchas otras.

En una entrevista para Cimacnoticias, Laura Pedraza, coordinadora de vinculación e incidencia del Centro de Estudios Críticos de Género y Feminismo de la Ibero, visibilizó como en los registros literarios predominan los hombres, mientras que las mayores consumidoras de la literatura curiosamente son las mujeres.

“Resulta conflictual el hecho de que sean las mujeres las que más consumen literatura, pero sean las que menos produzcan literatura”.- Laura Pedraza.

Reconociendo la importancia de que las mujeres empiecen a posicionarse como entes literarios en todos sus géneros, para que también puedan escribir desde una mirada encarnada de lo que es ser mujer siendo las mismas las mediadoras de la información.

“Como sabemos la literatura siempre ha sido algo que ha tenido una mirada androcéntrica y es momento de que las mujeres empiecen a ocupar esos espacios”.- Laura Pedraza.

“La idea de esto es que podamos comunicarlo desde nuestro posicionamientos específicos y que seguramente vamos a encontrar un común denominador en algunos de ellos, en otros tal vez no, por supuesto, pero que ahora sean las mujeres las que tengan el lápiz para comunicar y alejarse un poco de la mirada androcéntrica de lo que piensan los hombres”.- Laura Pedraza.

De igual forma, el evento no sólo albergo vasto repertorio de literatura feminista, sino también, una serie de eventos de interés; iniciando el día miércoles con la catedra Voces de mujeres escritoras, con la participación de Gloria Prado, académica emérita de la Universidad Iberoamericana y Gabriela Jáuregui, escritora, poeta y crítica mexicana.

Además también, de la presentación editorial de Conceptos clave en los estudios de género 1 y 2 impartido por múltiples exponentes del feminismo y del análisis crítico del género, cerrando el día con la Charla sobre las líneas editoriales del Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) con perspectiva de género, impartida por Ekaterina Álvarez, subdirectora de comunicación del MUAC.

Continuando el segundo día con la proyección del documental Norte Salvaje, la presentación editorial del artículo Territorialización sostenible del modelo uruguayo para la garantía de los derechos sexuales y reproductivos de Valeria Marina Valle, doctora en ciencias políticas y sociales y la presentación editorial de Contra el sexo como categoría biológica.

Esperando hacer de la FILGem un evento itinerante y nacional, la Universidad Iberoamericana concluyó el recinto el día viernes 25 de abril con la presentación editorial de Teología eco feminista latinoamericana, por parte de Marilú Rojas Salazar, miembro de la Ibero y con la Charla sobre feminismo decolonial de Karina Ochoa

En esencia, espacios como la FILGem buscan transmitir el pensamiento feminista y de los estudios críticos de género como herramientas para comprender y transformar el mundo, por medio de la literatura que abre campo al cuestionamiento de lo normativo.

“En la profunda fuerza de la literatura que abre caminos, nos invita a imaginar otros mundos posibles, a soñar también futuros más justos, más libres, más amorosos y también tener un acercamiento a las voces que en muchas situaciones están resistiendo, cuestionando y creando ese deseo de transformación”.- Concluyó Laura Pedraza.

11/16/2024

Como anillo al cuello, un recorrido por la literatura femenina que denuncia la opresión de la institución matrimonial

Por Juanjo Villalba

Fuentes: El diario

Purificació Mascarell habla en su nuevo libro de una serie de obras literarias de autoras que, desde el silencio al que fueron relegadas durante décadas, denunciaron las dinámicas opresivas del matrimonio y reclamaron la dignidad y la libertad de las mujeres

Como anillo al cuello', un recorrido por la literatura femenina que  denuncia la opresión de la institución matrimonial
Purificació Mascarell

Durante siglos, el destino correcto de toda jovencita de bien fue el matrimonio. A través de él se suponía que las mujeres encontrarían el auténtico sentido de su vida mediante el cuidado de su marido y de sus hijos.

El día de la boda era, en las sociedades más tradicionales, el más importante de la vida de una mujer, ya que su futuro parecía estar estrechamente vinculado a encontrar el esposo adecuado. Ese momento también marcaba la transición de la juventud a la adultez: de la sumisión al padre a la sumisión al marido.

La literatura, escrita fundamentalmente por hombres, ha jugado un papel clave en la perpetuación y legitimación de este modelo. En infinidad de novelas, poemas y obras de teatro es habitual la representación de la mujer casada como un ser virtuoso, sumiso y abnegado. Servidora de su hombre y cuyo bienestar siempre está subordinado al del resto de la familia.

En estas obras literarias, el ámbito doméstico y emocional era el de las mujeres, mientras que a los hombres se les reservaba el espacio público y racional. Las mujeres que se atrevían a salirse de la norma solían ser castigadas o marginadas en aquellas historias, tal y como sucedía en muchos casos en el mundo real.

Sin embargo, también hubo otra literatura que, con gran dificultad y escaso apoyo editorial, se dedicaba a denunciar la situación de desigualdad, injusticia y dolor en la que vivían muchas mujeres, especialmente dentro de la institución del matrimonio. Esta tradición literaria, que fue sepultada por las voces masculinas del canon pese a la calidad artística de sus obras, continúa intentando salir a la luz.

Como Anillo Al Cuello : La opresión matrimonial en la literatura femenina

En este sentido, es muy importante la reciente publicación de Como anillo al cuello. La opresión matrimonial en la literatura femenina, escrito por la profesora de la Universitat de València Purificació Mascarell, donde se dedica a analizar, y seguramente descubrir para algunos lectores, obras como ¿De quién es la culpa? de Sofía Tolstaia, esposa de Tolstoi, Una mujer, de Sibilla Aleramo, Oculto sendero, de Elena Fortún, o Una mujer en el frente de Alaine Polcz, además de otros muchos de autoras como Mary Wollstonecraft, George Sand (Amantine Aurore Dupin), Mercedes Pinto, Caterina Albert o Aurora Bertrana, por citar algunos ejemplos.

“Mi objetivo al escribir este libro era trazar una constelación de voces femeninas que, en principio, pueden parecer desconectadas entre sí por pertenecer a tradiciones literarias, épocas o países diferentes”, explica la autora. “No obstante, si se escuchan con detenimiento, estas voces están conectadas por su conciencia feminista y por su defensa de la dignidad humana. Quería recuperarlas y ponerlas en relación, que ofrecieran a los lectores un trampolín hacia textos desconocidos o hacia textos que merece la pena revisitar bajo otra mirada”.

muestra cómo el discurso literario se adelantó al legal, al político y al mediático a la hora de denunciar la opresión femenina y de solicitar leyes que protegieran a la mujer. “La escritura literaria fue un mecanismo de crítica al patriarcado cuando ni la justicia ni la sociedad asumían el dolor de las mujeres víctimas. Sirvió para dejar constancia del sufrimiento, pero también de las salidas a la opresión”, afirma Mascarell.

Una investigación abierta y en proceso

La propia autora también está muy presente, a través de vivencias propias, en un libro cuyo objetivo no es tanto establecer un canon literario de las autoras que han hablado sobre la relación entre mujer y matrimonio, sino que busca trazar “un recorrido personal y crítico a través de autoras que considero significativas por su compromiso con la causa de la libertad femenina, pero también, por supuesto, por su compromiso con la creación de obras de primera calidad estética”.

Por lo tanto, Como anillo al cuello es un libro sobre arte femenino comprometido y que, según la autora, podría seguir ampliándose con otras voces y otras experiencias femeninas: una investigación abierta y en proceso.

Nuestra época también favorece, por suerte, que cada vez sea más fácil leer a estas autoras cuyas obras llevaban décadas relegadas a las estanterías más recónditas de las librerías de viejo. Según Mascarell, ahora es mucho más fácil encontrar los libros de estas autoras que hace diez o veinte años. “Aparte del trabajo hecho desde la academia por las investigadoras, sobre todo por las más jóvenes, contamos ahora con editoriales que han rescatado y publicado textos que eran complicados de encontrar”, afirma. “Pienso en todas las voces femeninas de la Edad de Plata que ha recuperado para el público lector la editorial Renacimiento, con la que yo misma colaboro. O en el trabajo de rescate que están llevando a cabo editoriales que solo publican a mujeres, como Bamba, Espinas, Torremozas o Ménades. La entrada de editoras independientes en el panorama literario ha favorecido este rescate”.

En el mismo sentido, el libro también es una especie de exorcismo: hablar abiertamente de lo que ha pasado para que nunca más vuelva a ocurrir. “Narrar las diferentes violencias que han sufrido y sufren las mujeres en el seno matrimonial es el primer paso para identificarlas y luchar contra ellas”, sostiene Mascarell. “El patriarcado siempre nos ha destinado al silencio, como bien explica la teórica Hélène Cixous. El simple hecho de romper ese silencio y de atrevernos a hablar o a escribir ya es un gesto radical de subversión”.

Todo un catálogo de opresiones

Al recorrer una variedad tan grande de épocas y de casos, el abanico de calamidades relatadas por las autoras es muy amplio. Desde el mansplaining, ese tratamiento paternalista y condescendiente que sitúa a la mujer en una posición de menor de edad ad eternum, hasta la violencia sexual, es decir, las violaciones dentro del matrimonio. Una práctica normalizada durante siglos y silenciada por las mismas mujeres que la han padecido y la padecen.

“Abusos de poder, control, desprecio de las capacidades intelectuales femeninas, cosificación… Y, por supuesto, violencia física de todo tipo”, detalla Mascarell. “Y el encorsetamiento en la figura de ángel del hogar o madresposa. Bajo esa idea de que no existe mayor felicidad para una mujer que dedicarse en cuerpo y alma al marido, los hijos y el hogar. Una patraña que ya desmontó Betty Friedan con su estudio La mística de la feminidad”.

Un libro optimista a pesar de todo

Para terminar, la autora no duda en calificar el mensaje de su libro como puramente optimista. De hecho, expone muy brevemente la experiencia matrimonial de sus antepasadas para contraponerla con su propia vida y la libertad que ha tenido. “Sería una absoluta mentira decir que no hemos mejorado respecto a nuestras madres o abuelas: por supuesto que hemos progresado muchísimo en un siglo”, reconoce. “Lo que no quiere decir que estemos en un estadio ideal ni mucho menos”.

Para la profesora, el futuro de las relaciones humanas pasa por la tolerancia y el respeto al máximo nivel. También por el apoyo mutuo. “Los hombres que no entienden esto, que no están dispuestos a repartir sus privilegios ancestrales, están destinados a quedarse solos —las mujeres cada vez los soportan menos— y, por ello, a estar cada vez más rabiosos”, reflexiona. “Y no me gusta vivir en un mundo con gente rabiosa, la verdad. Preferiría que se hiciera más pedagogía de lo que es realmente el feminismo (una vida digna para cada ser humano del mundo, sin importar su sexo) y que los hombres entendieran que oprimiendo o sometiendo al 50% de la población, como ocurre en Afganistán, aparte de hacerle daño a las mujeres, se lo hacen a sí mismos: crean un infierno de injusticia y de dolor en vez de una sociedad en plenitud donde cada persona pueda desarrollar su libre proyecto de vida”, concluye.

Fuente: https://www.eldiario.es/sociedad/anillo-cuello-recorrido-literatura-femenina-denuncia-opresion-institucion-matrimonial_1_11703998.html 

10/19/2024

“Seremos jaguares”: El nuevo libro de Nemonte Nenquimo busca dar a conocer al mundo las historias de los pueblos indígenas de la Amazonía para evitar el exterminio de su territorio y su cultura

 democracynow.org

Esta transcripción es un borrador que puede estar sujeto a cambios.

AMY GOODMAN: Esto es Democracy Now!, democracynow.org, el informativo de guerra y paz, soy Amy Goodman.

En agosto de 2023, la población ecuatoriana votó en referéndum a favor de prohibir la extracción de petróleo en el parque Yasuní de la selva amazónica. Pero ahora el recién elegido presidente, Daniel Noboa, ha dicho que Ecuador está en guerra contra la violencia de los grupos armados y que el país no está “en la misma situación que hace dos años”. Noboa ha dicho que el petróleo del Yasuní podría ayudar a financiar esa guerra contra los cárteles de la droga. Activistas e indígenas dicen que están preocupados por sus comentarios, ya que la victoria en el referéndum había sido aclamada como un ejemplo de cómo usar el proceso democrático para mantener los combustibles fósiles bajo tierra.

Para hablar más del tema nos acompaña alguien que ayudó a liderar la lucha por este referéndum y mucho más. Nemonte Nenquimo es una galardonada líder waorani de la Amazonía ecuatoriana que cofundó la organización Amazon Frontlines y la Alianza Ceibo. Su reciente artículo para The Guardian se titula: “El presidente del Ecuador no renunciará a la extracción de petróleo en la Amazonía. Planeamos detenerlo… otra vez”.

Nemonte acaba de publicar su nuevo libro: “Seremos jaguares: vida y resistencia en la Amazonía”, en el cual escribe: “En lo profundo de mí, comprendí que había dos mundos. Uno en el que estaba encendido el fuego humeante de nuestro oko, donde mi boca convertía la mandioca en miel, donde los loros le hacían eco al ‘Mengatowe’, y mi familia me llamaba Nemonte –mi verdadero nombre–, que significa ‘muchas estrellas’. Y otro mundo, en el que la gente blanca nos miraba desde el cielo, el corazón del diablo era negro, había algo llamado ‘compañía petrolera’, y los evangélicos me llamaban Inés”.

Nemonte Nenquimo nos acompaña en nuestro estudio de Nueva York junto con su pareja y coautor del libro, Mitch Anderson, quien es el fundador y director ejecutivo de Amazon Frontlines y ha trabajado durante mucho tiempo con las naciones indígenas de la Amazonía para defender sus derechos. Bienvenidos a Democracy Now! Es un honor tenerles con nosotros. Nemonte, me gustaría que comenzara diciendo su nombre. Hable sobre el pueblo indígena al que pertenece y el territorio en el que vive, en la Amazonía de Ecuador.

NEMONTE NENQUIMO: Buenos días a todos, a todas. Mi nombre es Nemonte Nenquimo. Soy una mujer waorani, líder, madre, que vengo del territorio Waorani de Pastaza, en el Ecuador. Todas las mujeres, en general amazónicas, estamos al frente en línea de defensa, entregando nuestras vidas, porque las mujeres somos más consideradas y nos preocupamos por nuestros hijos e hijas, para que nuestras hijas puedan tener su espacio de vida, el agua, la tierra, el conocimiento, los valores, las plantas, los animales, [para que] podamos vivir bien, libre y digno. Entonces ahora tenemos amenazado nuestro territorio día a día. ¿Por qué nosotras como mujeres debemos estar amenazadas en nuestro territorio? Por eso yo escribí un libro de mi resistencia, de mi niñez, como una mirada de la niña. El mundo venía… yo crecí entre dos mundos. Los misioneros venían hablando sobre salvar las almas y [decían que] nuestra creencia era mala.

Las [compañías] petroleras vinieron a nuestro territorio volando en helicóptero, prometiendo el desarrollo. Hicieron mucho daño. Destruyeron nuestra agua, contaminaron nuestra tierra, contaminaron a nuestra gente también al desconectar nuestro conocimiento y valores, y también los Gobiernos vienen a ofrecer, y también las organizaciones grandes, vienen a decir que van a hacer los parques nacionales y a la vez ellos lo empeoran y nos quitan nuestro territorio.

Entonces nuestra lucha es muy importante que hemos vivido. Entonces a lo largo de eso me gustaría contextualizar, es una historia larga para estar contando, detallando. Entonces para mí es muy importante, como dice mi papá: “Hija, la gente del mundo no conoce la selva bien, más destruye”. Entonces mi historia, nuestra cultura es oral, por eso transformé lo oral con mi esposo, Mitch, en una escritura para que el mundo pueda entender cómo estamos viviendo los pueblos indígenas, conectados con la madre naturaleza, con mucho amor, con mucho respeto.

Entonces esa historia es una resiliencia, es una resistencia para que la gente del mundo pueda conocer la historia verdadera de los pueblos indígenas, de todos los pueblos indígenas que estamos viviendo una amenaza grande, gigante, porque ese sistema de aquí llega a nuestro territorio día y día y día. Entonces ese mensaje es muy importante, el libro lo pueden leer, tocar su corazón y abrirlo y hacer un compromiso de verdad, de acción, de tomar acción. ¿Con eso qué trato de decir? Desde aquí tienen que hacer una comunidad, sociedad civil, tienen que abrir sus corazones y exigir a las empresas que no sigan invirtiendo en lo que hace daño a nuestro territorio, que extermina nuestro territorio, nuestro conocimiento, nuestra cultura. Entonces, desde aquí tienen que empezar a reeducarse en no consumir lo que destruye la salud, y volver a conectar con la madre naturaleza, volver a conectar espiritualmente, volver a amar a la madre naturaleza y sanarnos a nosotros mismos. Esa es la importancia.

AMY GOODMAN: Quiero hablar sobre la lucha a favor de la ley que usted ayudó a aprobar en Ecuador. Pero primero, el título de su libro en Estados Unidos es “Seremos jaguares: vida y resistencia en la Amazonía”, pero en la edición que se acaba de publicar en Europa el título es diferente: “No seremos salvados”. ¿Puede explicar ambos títulos?

NEMONTE NENQUIMO: Pues yo crecí en dos mundos, porque los evangélicos vinieron a salvar el alma y nos trajeron… Nuestros abuelos, mis abuelos, mis tías murieron de enfermedad, polio. Y también los petroleros vinieron a decir que iban a desarrollar la vida de las comunidades, pero las destruyeron totalmente y hasta ahora está contaminando nuestro territorio [y trayendo] las enfermedades. Y los grandes petroleros, y los Gobiernos, vienen con esa misma intención, sin entender.

Por eso trato de decir “no seremos salvados” mientras no escuchen a los pueblos indígenas, las cosmovisiones de los pueblos. A veces vienen con la estructura del hombre blanco, pensando que ellos son mejores, que ellos tienen ideas mejores, trayendo una propuesta de desarrollo, y están destruyendo. Entonces eso trato de decir, porque yo viví desde la mirada de mi niñez, confundida, y mi pueblo, mi gente, conectados espiritualmente con la naturaleza, curando, y los evangélicos hablando de salvar y diciendo que la conexión de ustedes es [algo] malo. Entonces ellos vinieron a hacer esa destrucción. Por eso estoy escribiendo ese título, que no podemos seguir tratando a los pueblos indígenas como que somos ignorantes, que no tenemos conocimiento. Los pueblos indígenas por miles de años tenemos conocimiento, el respeto a la madre naturaleza, el amor para la tierra. Si las mujeres somos tierra, si maltratan, si destruyen, ¿cómo vamos a dar vida para ellos? ¿Cómo vamos a alimentarlos? Entonces eso es lo que yo trato de decir.

“Seremos jaguares”, quiere decir que en nuestra cultura el jaguar es un dios. El jaguar nos ayuda a ver la visión en el sueño de cuidar el territorio. Si nosotros morimos, vamos a seguir viviendo espiritualmente como un jaguar, rodeando nuestro territorio, defendiéndolo. Entonces yo, como mujer waorani, encabecé la pelea contra el Gobierno y contra las petroleras, y dije: “Vamos a ser jaguares, listos, siempre defendiendo, por nuestros hijos, por vuestros hijos y para el planeta. Entonces por eso escribí “todos seremos jaguares”. Y ahora este libro es muy especial, que la gente del mundo puede aprender y respetarlo y podemos juntos trabajar contra el cambio climático. Cuando aquí están hablando de cambio climático, no hay respuestas, solo están haciendo promesas, los mismos políticos, los mismos representantes tomando las decisiones. No hay un espacio para que las mujeres indígenas puedan tomar acción y puedan tener ese espacio juntos.

AMY GOODMAN: Mitch Anderson, usted coescribió este libro y es el compañero de vida de Nemonte, con quien tienen una niña de nueve años y un niño de tres. Nemonte nos acaba de explicar qué significan los títulos “No seremos salvados” y “Seremos jaguares”. Pero ¿puede explicar, como estadounidense nacido en el Área de la Bahía de San Francisco, por qué “No seremos salvados” no fue el título de estas memorias en Estados Unidos?

MITCH ANDERSON: Cuando Nemonte y yo empezamos a escribir su libro contando la historia de su vida, ella me contaba cómo de niña veía los aviones y los misioneros llegando con esta promesa de salvar las almas de su pueblo y hablando de un Dios en el cielo, hablando de que su cultura es mala, es oscura y que tienen que ir cambiando y creyendo en Jesucristo.

Luego en el libro habla también de cómo las compañías petroleras llegaban prometiendo desarrollo y también causaron mucho daño a los ríos, a la cultura, a la selva. Y todo esto viene con una mentalidad de la salvación, una mentalidad arrogante, es decir, mira, los waoranis no saben, los waoranis son ignorantes, los pueblos indígenas viven de gana [sic] en la selva y [esa mentalidad] ha causado muchísimo, muchísimo daño.

Entonces el título “No seremos salvados” es para decir que no necesitamos que vengan de afuera para salvarnos. Lo que necesitamos es que vengan a respetarnos, nosotros mismos nos vamos a salvar. Y luego en Estados Unidos, pues decidieron cambiar el título a “Seremos jaguares”, que también es un título fuerte y poderoso y culturalmente propio, porque los waoranis tienen una conexión muy fuerte con el jaguar, que es su dios.

Y en el libro también cuenta cómo los waoranis se comunican con el jaguar y cómo en esta vida los waoranis protegen su selva como lo hacen los jaguares. Y también habla en el libro de que cuando los waoranis mueren se convierten en jaguares espirituales, protegiendo este mismo territorio. Entonces por eso la diferencia.

AMY GOODMAN: Nemonte, quiero volver a lo que sucedió el año pasado en Ecuador, en la selva tropical. El 20 de agosto de 2023, Ecuador votó a favor de prohibir la futura extracción de petróleo en el Parque Nacional Yasuní. Luego, Daniel Noboa ganó la presidencia en octubre, hace casi un año. Usted fue una de las líderes de esta lucha para proteger el Yasuní. ¿Puede describir el Parque Nacional Yasuní, el movimiento que lideró y el cambio de postura de Daniel Noboa?

NEMONTE NENQUIMO: El Yasuní es el territorio ancestral del pueblo Waorani y esa parte es una de las diversidades más grande del mundo. Nos da el oxígeno en el planeta. Para llegar a esto, los pueblos indígenas nos unimos con todos los pueblos y luego con los activistas, cineastas, estudiantes, hicimos para que la gente de las ciudades, de toda la sociedad civil, entienda la importancia y también ver que a lo largo de la explotación petrolera en el territorio en el Ecuador, en todo el país, no ha habido desarrollo, ha habido más corrupción, más problemas, más muerte. Entonces, era muy evidente y las sociedades se dieron cuenta de que era muy importante proteger, conservar el territorio para el futuro. Entonces esto era el trabajo que hicimos en la campaña que encabecé. Y también la organización Amazon Frontlines y otras organizaciones hicimos una película para que la gente pueda ver la selva de Yasuní y su importancia no solamente para los pueblos waorani, sino para todos los pueblos del planeta. Entonces logramos esta victoria en el referendo en Ecuador, en todo el país los convencimos y votaron sí a la vida. Eso era una señal poderosa que yo sentí que la conciencia de la gente de las ciudades abrieron su corazón al ver que la importancia era la vida, entonces ganamos. Pero, el presidente no ha cumplido los estándares según los cuales debería ya empezar a cerrar y desmantelar. Y nosotros los pueblos indígenas nos hemos cansado…

AMY GOODMAN: Permítame interrumpirla por un minuto. Entonces, primero se aprobó la ley, y esto requirió una enorme movilización de personas en todo Ecuador. ¿Qué postura tomó Noboa como candidato después de que se aprobara esta ley? Claramente era algo tan popular que, para poder ganar la presidencia, él tenía que apoyarla, ¿no es así?

NEMONTE NENQUIMO: Sí. En la campaña, el presidente Noboa dijo que sí iba a respetar al Yasuní, pero cuando ya fue elegido, no lo está respetando. Yo diría, los políticos, no solamente Noboa, de mi experiencia, de lo que yo he visto en los presidentes, asumen, hacen promesas, bonitas palabras en las campañas, pero cuando ya son elegidos no ponen valentía y coraje y no piensan en hacer valer el derecho de los pueblos indígenas, el derecho a la naturaleza, jamás. Por eso los pueblos indígenas estamos unidos, listos para poder enfrentarlos. Nuestro territorio es nuestra casa, es un espacio de vida para el futuro y para el mundo del planeta. Y nuestro territorio no está en venta.

AMY GOODMAN: Entonces, lo que Noboa está planteando ahora es que se necesita dinero para combatir a los capos de la droga y el narcotráfico en Ecuador, y que la forma de obtener ese dinero es traer empresas extranjeras y extraer más recursos para salvar al país. ¿Cómo responde a eso, Nemonte?

NEMONTE NENQUIMO: Pues yo pienso que, él dice que la economía, la economía, pero un día el combustible se va a agotar, no va a estar sosteniendo el futuro. El presidente Noboa tiene que velar, tiene que pensar en el futuro, tiene que dar oportunidades, debería ser un líder más importante en el mundo, ya que él puede cambiar y dejar el petróleo bajo tierra y ver la alternativa, no la mentalidad de consumismo, sino otra forma de mentalidad, cambiar y ver qué se puede generar en el futuro, que se respete a los pueblos indígenas, que se respete a la madre naturaleza para parar el cambio climático en el mundo. Pero muchas veces los líderes nunca piensan eso, solo quieren plata en la mano y no ponen una solución. Esa no es la solución para las futuras generaciones, porque Noboa tiene una gran oportunidad, porque es un presidente joven que podría cambiar el mundo.

AMY GOODMAN: ¿Y qué se debe hacer para que eso suceda? Usted es una líder waorani, además de una de las líderes del movimiento que logró la aprobación de esta ley que acabó yendo en otra dirección. ¿Cómo pueden cambiar eso ahora?

NEMONTE NENQUIMO: Yo podría decir a esto que todas las sociedades tienen que entender que no deben dejar a los pueblos indígenas que estemos solos luchando al frente por la vida. Los pueblos indígenas somos las soluciones, somos la primera fila. Entonces la gente desde aquí ya tienen que empezar a no invertir en las empresas que hacen daño en el territorio, en el bosque, en general, en todo Latinoamérica.

Dos, no más promover las propagandas de que la solución es el petróleo, si no ver otra alternativa para la energía. Tercera es, la mentalidad de aquí tiene que cambiar, no consumir más de muchas cosas que hacen daño. Con “cambiar” quiero decir abrir su corazón realmente, volver a conectar con la madre naturaleza, volver a conectar espiritualmente, volver a sanar. Esa es la solución. Si mientras aquí desde las ciudades siguen consumiendo, es igual, va a afectar a la Amazonía, mientras nosotros los pueblos indígenas estamos al frente. Ya basta, no vamos a dejar de luchar, vamos a estar ahí de pie, vamos a estar al frente como guerreras y como jaguares. Pero aquí mientras no cambien, no dejen de consumir, igual va a afectar en la Amazonia, por más que no venga la petrolera, va a afectar. Entonces para mí el trabajo es aquí, presionar a los políticos, presionar a las empresas, no consumir lo que hace daño, es sanar en la ciudad.

AMY GOODMAN: Usted está aquí en el contexto de las elecciones presidenciales de Estados Unidos, tal vez las más importantes. Hay dos partidos principales, los demócratas contra los republicanos. En el tema de la inmigración, ellos compiten entre sí, pero también se podría decir que coinciden en muchos puntos, como cerrar la frontera a los inmigrantes que vienen de México y del sur del continente, incluido Ecuador. ¿Se puede hacer un vínculo directo entre los miles de ecuatorianos, y habitantes de la Amazonía, que huyen de sus tierras y de sus países debido a la destrucción ambiental, a la pobreza o a la violencia?

NEMONTE NENQUIMO: Yo creo que ahora estos últimos años eso ha pasado bastante porque la crisis del clima en general en el mundo es muy fuerte. Y eso no debemos dejar que pase. Tenemos que despertar la conciencia de la gente de la ciudad. ¿Por qué la gente no está feliz? La gente están huyendo de su país, porque no solamente eso afecta al Ecuador, porque ese sistema de aquí que estamos consumiendo, eso provoca, eso provoca los conflictos armados, eso provoca extracción petrolera, porque el mundo más grande necesita eso, saquear, necesitan dinero, por eso nosotros tenemos que mirar, equilibrar, volver a conectar, volver a sentir la paz que queremos en la sociedad, que asientan. Porque la madre tierra está sufriendo estos fenómenos que están afectándonos y la gente no se está dando cuenta, los políticos con el gran poder que tienen no se están dando cuenta de eso, porque están desconectados, no están conectados con la tierra, no están conectados con lo espiritual, no tienen amor, no tiene para nada amor. Entonces la gente, la sociedad nos tenemos que juntar, promover, socializar, unir, así lo podemos solucionar, no vamos a esperar que el Gobierno tome la decisión en nuestra casa, no vamos a permitir que el Gobierno gobierne nuestra sangre, nuestro territorio.

Entonces, la responsabilidad es de todos, eso trato de decir, la responsabilidad no es para los pueblos indígenas. ¿Por qué tenemos que vivir en nuestro territorio diariamente bajo amenaza, día a día? Porque ese sistema no para, esa mentalidad no cambia, ese corazón no toca profundo. Entonces el trabajo es aquí, desde las ciudades grandes. Yo trato de decir como mujer indígena, yo miro eso, como mujer indígena estoy mirando que el problema no es en el territorio indígena, es problema de aquí, este sistema y este sistema lo tenemos que parar entre todas, entre todos. Ese es el mensaje. Mientras no conozcamos la vida, que es lo más importante, la vamos a destruir. La madre tierra no está esperando que la salvemos, la madre tierra está esperando que la respetemos, que volvamos a amar, que volvamos a sanar. Esa es la sociedad que tenemos que sanar.

AMY GOODMAN: Usted se encuentra aquí en Nueva York para participar en la Semana del Clima y ya ha participado en varias anteriormente, aunque pasa la mayor parte de su vida en la Amazonía. ¿Cómo ha sido estar aquí con miles de personas junto a decenas de líderes mundiales que vienen y hablan ante las Naciones Unidas? ¿Siente que ha habido algún progreso a lo largo de los años sobre cómo abordar la catástrofe climática?

NEMONTE NENQUIMO: Para mí, como mujer indígena, nosotras en las comunidades vivimos colectivamente. Las mujeres estamos al frente siempre porque nos preocupamos por el bienestar de toda la comunidad, somos un colectivo y nos preocupamos de que todo esté bien. Somos protectoras, guardianas, madres. Pero lo que veo sobre el cambio climático al llegar acá como mujer indígena, yo miro y no hay espacio para la indígena en donde los que pueden son los políticos. Yo veo ese espacio y los mismos políticos están representando, hablando, tomando las decisiones para el territorio, tomando los recursos para el territorio y hablan de cómo salvar, pero no hay una manera seria para que a los pueblos indígenas se les pueda permitir estar en esa mesa, escuchar y tomar decisiones, hacer un compromiso de voluntad y de respeto. No hay. Yo lo miro así, los políticos hacen su espacio, su toma de decisiones, y eso no va a parar el cambio climático. Lo que yo estoy mirando muy fuertemente es que las sociedades civiles están levantando su conciencia, están despertando. Eso es buena señal, porque yo trabajo con las comunidades colectivas, entonces el trabajo y el papel es de nosotros. Las sociedades civiles nos tenemos que unir, tenemos que presionar a los políticos para que nos miren, que abran el corazón y que tomen conciencia y que se tomen en serio el tema del cambio climático. Si al igual que estamos en ese espacio, los pueblos indígenas vienen y están presentando su historia, los mismos políticos vienen a tomar decisiones y a firmar actas, acuerdos, eso no es solución para mí, es triste para mí.

AMY GOODMAN: Mitch Anderson, usted ha trabajado en este tema durante años, y a principios de la década de los 2000 era parte de Amazon Watch. Desde entonces ha pasado mucho tiempo en el Amazonas, más de 15 años. Usted, junto con su compañera, Nemonte, ha fundado Amazon Frontlines. ¿Cuando regresa a Estados Unidos, su país de origen, ve algún progreso? Y unido a eso, usted es alguien que puede ver la Amazonía desde aquí, desde donde estaba antes su familia y su comunidad, pero también desde donde vive ahora, con sus hijos y con su nueva comunidad. ¿Cuál cree que es el mayor malentendido que tenemos aquí sobre la Amazonía?

MITCH ANDERSON: Sí, yo por los últimos 15 años he vivido en la Amazonía, pero soy de California. Entonces una de las cosas que no entendemos aquí en Estados Unidos es realmente cuánto petróleo se está extrayendo de la Amazonía, las consecuencias en la vida de la gente, en sus pueblos, los pueblos indígenas, los ríos, su selva. Cuánta destrucción causan los petroleros y lo que no entendemos también es que mucho de ese petróleo se manda para los Estados Unidos, a California, para ser refinado. Y ahí, desde ahí llega a las gasolineras, a los aviones, a los tanques de los carros que todos manejamos todos los días.

Entonces creo que lo que no hemos entendido bien es que nuestro estilo de vida, nuestros patrones de consumismo, están teniendo afectaciones reales sobre los pueblos indígenas, sobre sus territorios, sobre la Amazonía y sobre nuestro clima. Y lo que hemos visto acá en esta semana, donde las Naciones Unidas están en sesión y los líderes mundiales y empresarios están hablando de cambio climático, lo que vemos es que los políticos están hablando mucho, haciendo muchas promesas, pero realmente y profundamente tienen un compromiso de seguir extrayendo petróleo, y por eso los pueblos indígenas se están juntando, luchando, formando batallas, fortísimos. Amazon Frontlines somos un colectivo entre pueblos indígenas y activistas occidentales de acá y estamos formando movimientos en la Amazonía que vamos a parar el extractivismo, vamos a parar a los mineros, vamos a parar a todas las redes de madereros en la selva, vamos a recuperar los territorios de los pueblos indígenas, pero si no se cambia este sistema, si no se cambia los patrones de consumismo, las amenazas van a seguir [existiendo], las amenazas van a seguir y el mundo va a seguir siendo adicto al petróleo y eso es lo que también se tiene que cambiar.

AMY GOODMAN: ¿Y cómo ha sido esta colaboración para ustedes? El libro,”Seremos jaguares: vida y resistencia en la Amazonía”, son las memorias de Nemonte, pero lo han escrito juntos.

MITCH ANDERSON: Por los últimos 15 años Nemonte, yo, con los compas de Amazon Frontiles, la Alianza Ceibo, los pueblos indígenas de Ecuador, hemos estado luchando fuertemente para proteger los territorios indígenas contra el extractivismo y hemos ganado batallas importantes. Los Waorani lideraron un esfuerzo de proteger 500.000 hectáreas de su bosque. Sentaron un precedente para proteger millones de hectáreas más. Hemos estado ahí, en un movimiento para proteger el Yasuní, uno de los lugares más biodiversos, haciendo una alianza con los jóvenes activistas climáticos en todo Ecuador para realmente despertar a la población de Ecuador. También para darse cuenta de que el petróleo es una falsa promesa. Por 60 o 70 años han estado sacando los petroleros petróleo desde la selva, pero solo han generado inequidades, corrupción, más destrucción.

Y nosotros hemos ganado. Hemos logrado que en el Yasuní se tengan que desmantelar todas las operaciones petroleras ahí en la zona y que se tenga que mantener el petróleo bajo tierra. Y a pesar de todas esas victorias, las amenazas siguen. El mundo sigue queriendo más minas, más petróleo, más madera. Entonces el papá de Nemonte le dijo un día que “el mundo destruye lo que no entiende” y que es hora de que Nemonte cuente su historia al mundo.

Entonces Nemonte me dijo que somos como pareja en vida y en activismo y quería también que yo colaborara en escribir su historia con ella. Entonces, era bonito porque pasamos más de tres años, yo escuchando sus historias en las madrugadas, en la canoa, en el bosque, ella contándome desde el tiempo de los ancestros, sus primeros recuerdos de su niñez. Y realmente yo sentí como una responsabilidad grande y mi misión era intentar buscar la forma de tocar la palabra con el espíritu de su tradición oral. Y Nemonte me ha dicho que cree que sí, que los ancestros estarían contentos con lo que hemos hecho.

AMY GOODMAN: Nemonte, guíenos por este transformador viaje por el que nos lleva en su libro, “Seremos jaguares”. Cuéntenos primero dónde nació en el Amazonas ecuatoriano, en uno de los últimos lugares contactados por los misioneros. Usted ha dicho: “Los autores de nuestra destrucción son los mismos que predican nuestra salvación”. Pero comience hablando de las imágenes en su rostro. Para nuestra audiencia de radio, usted tiene una franja roja en sus ojos, de sien a sien. ¿Qué significa eso? Y hable también de su tocado.

NEMONTE NENQUIMO: Pues yo de niña crecí en dos mundos, bien bonita, hermosa. El pensamiento de niña al ver los evangélicos volando trayéndonos la palabra de Jesucristo y viendo a los abuelos alrededor curando con las plantas. Entonces yo era una niña muy curiosa, quería descubrir, quería entender quiénes son ellos, los blancos y los abuelos. ¿Quiénes son? Entonces yo crecí bien bonito, bien hermoso, porque todavía en nuestro territorio vivíamos de forma colectiva, nuestro chakra, nuestro río, nuestra forma de vivir era libre, en un espacio grande.

Nuestra cultura es… El achiote, el frente, es pintar los ojos para proteger de la mala energía. Y también por belleza para la mujer, que puede pintar esa parte única y es la identidad de nuestro origen como mujer waorani. La corona es del ave guacamayo, y para nosotros esta ave es muy sagrada, era muy valiosa para los ancestros. Los guacamayos vuelan, se sientan en un árbol y empiezan a comunicarse entre todas las aves guacamayos, para ver como planificar, volar, ver y buscar comida. Algo así representas cuando tú te pones la corona, representas a una mujer lideresa que puede unir a las demás familias para poder cuidar y proteger su hogar y sus comunidades. El collar significa como ir puesto como una líder, representar un poder, el poder de la mujer. Entonces siempre nuestra cultura es esta.

Esta semilla se llama pantomo, hay muchas de esas plantas en la selva, y para nosotros nos protege de la mala energía y también nos da buena vibra, buena energía, cuando vas a una ceremonia, cuando vas a reuniones. Entonces nuestra cultura solo lleva como 50 o 60 años de contacto con el mundo. Sí, claro, hay una nueva generación y estamos pensando en escribir sobre nuestro conocimiento, nuestra raíz, y tenemos que valorarlo y enseñar nuestra educación propia, porque los abuelos ya están muriendo y los jóvenes, los líderes van a seguir protegiendo su territorio, van a seguir teniendo su idioma.

Entonces es muy importante para nosotros volver a tener esa educación propia y también es importante aprender el estudio de afuera, también es una herramienta para poder gobernar, para poder proteger el territorio. Entonces nuestro espacio es como… todavía hay bosques y mientras el bosque esté virgen y sano, vamos a seguir estando sanos. Si el bosque está enfermo y contaminado, nosotros como humanos y pueblos indígenas vamos a enfermar y nos vamos a desconectar de nuestro conocimiento, nuestro idioma y vamos a perder todo como les ha ocurrido a otros pueblos, que han estado desapareciendo por 500 años y nosotros no queremos que desaparezca nuestro territorio y nuestra vida. Queremos seguir siendo waoranis con un conocimiento de dos mundos, valorando nuestros principios.

AMY GOODMAN: Describa para nosotros el viaje que debe hacer desde Nueva York para volver a su casa en la Amazonía ecuatoriana. ¿Cuánto se tarda? Primero tiene que volar a Quito, la capital de Ecuador.

NEMONTE NENQUIMO: Sí, puedo describir. Para llegar a mi territorio desde aquí desde Nueva York hay que volar a Quito. De Quito necesitas coger un bus o un carro cinco horas más, hasta una ciudad pequeña que es Puyo, Pastaza, y de ahí cuatro horas más hasta donde termina la carretera, donde otros pueblos indígenas vecinos kichwa viven. Y de ahí tienes que agarrar una canoa, un bote, ir río abajo y empieza el territorio waorani y vienen las comunidades de Daipare, Quenahueno, Toñampare, donde yo nací y crecí cuando era niña, y luego me mudé más abajo, mi papá me llevó más a la selva, al fondo, a un lugar que se llama comunidad Nemonpare. Ahora mi papá y mi casa están en Nemonpare. Es más lejano y ahí alrededor es todo árboles grandes, bonito, árbol ceibo, muchas aves volando alrededor, guacamayos, otras aves y lleno de cantos de pequeño a grande y ver los pescados, ver la anaconda, ver el jaguar gruñendo, gritando en la montaña, los monos rojos, es como muy bonito llegar en la noche y mirar las estrellas en la noche y la luna, la luz de la luna. Es bonito.

Y el territorio de nosotros es grande. Es como tres provincias: Pastaza, Napo, Orellana. Es un territorio colectivo, pero en una parte ya está operando la petrolera, en Yasuní, donde viven nuestros hermanos tagaeri y taromenane en aislamiento voluntario. También estamos defendiendo que ellos tienen derecho a su espacio de casa, sin extracción, sin contaminación, para poder vivir alegres y dignos y todo lo que hacemos en mi comunidad, la protección, beneficia no solamente a nuestras tribus. Beneficiamos al oxígeno, el 80% de la diversidad y el pulmón del mundo viene de nuestro territorio.

Entonces ese es mi mensaje, que aunque están aquí en la ciudad de Nueva York nos conectemos y empecemos a actuar, empecemos a hacer colectivos o un trabajo colectivo con las mujeres. Yo trabajo mucho con las mujeres en mi pueblo, porque las mujeres estamos en la línea del frente y nos preocupamos, cuidamos nuestro cuerpo, decimos que la tierra es nuestro cuerpo, da vida, da alimento, entonces considero que mi mensaje es que yo traigo ese espíritu de “mujer selva”, por eso mismo es el libro.

Espero que lean este libro y vuelvan a conectar con la madre naturaleza y se conecten para amarse a uno mismo y se conecten espiritualmente, para sanar entre todas, para poder enfrentar [la amenaza]. Porque la amenaza no va a parar, estoy segura, la amenaza no va a parar. Necesitamos articular a las mujeres indígenas y no indígenas.

AMY GOODMAN: Acaban de ganar un importante premio aquí en Estados Unidos, que pronto recibirán, el premio humanitario Hilton de la Fundación Conrad Hilton. Son dos millones y medio de dólares para su organización, Amazon Frontlines. ¿Puede hablar sobre lo que eso significa para usted y lo que planea hacer con ese dinero?

NEMONTE NENQUIMO: Pues bueno, ese reconocimiento para mi es muy importante para visibilizar a otros actores que pueden también hacer un desafío de dar recursos, porque los pueblos indígenas estamos en la primera línea de las soluciones para el cambio climático, sabemos todo esto, y también para poder hacer crecer nuestra organización y su estructura, para gobernar, porque la amenaza está llegando día a día. Este reconocimiento no es la solución. Este reconocimiento ayuda a visibilizar para que otros actores también puedan ser parte, puedan ayudar y colaborar. Un recurso importante también es en parte sentirse acompañadas, porque la amenaza es muy fuerte. No queremos estar solos los pueblos indígenas al frente, queremos articularnos en todos lados del mundo, para poder presionar y hacer el verdadero cambio para el futuro.

AMY GOODMAN: Mitch, usted es también cofundador de Amazon Frontlines. ¿Qué importancia tiene este premio para su organización?

MITCH ANDERSON: Amazon Frontlines somos un colectivo de pueblos indígenas y de activistas occidentales y para nosotros este premio es una validación de lo que hemos venido haciendo por muchos años. Es una validación del liderazgo de los pueblos indígenas para enfrentar la crisis del cambio climático. Es una validación del impacto que se puede tener cuando hay colaboraciones honestas, fuertes, en la primera línea del frente y desde el territorio.

Y los recursos sí son importantes y los vamos a ir invirtiendo en la resistencia de los pueblos indígenas, vamos a asegurarnos de que estos recursos lleguen a la línea del frente de la Amazonía y también vamos a asegurarnos de que esta visibilidad nos ayude a crecer en nuestro trabajo, en nuestro impacto y apoyar y colaborar con pueblos indígenas en toda la Amazonía, desde las cuencas arriba, de las cuencas altas, y proteger una parte de la Amazonía que es lo más biodiverso, y es un lugar que todavía está intacto y es diverso culturalmente.

AMY GOODMAN: Mientras vamos terminando, ¿puede mirar directamente a la cámara y compartir su mensaje con el mundo?

NEMONTE NENQUIMO: Mi mensaje es que el bosque, la madre tierra es importante. Necesitamos volver a amar. Necesitamos volver a conectar. Necesitamos volver a sanar, porque es nuestro cuerpo, porque estamos dando vida. Entonces el papel, el deber, el mensaje que estoy trayendo es que los pueblos indígenas somos minoría, pero nuestro territorio es más grande, así como la diversidad que estamos dando a la vida del planeta. Entonces la amenaza está llegando día a día de ese sistema, entonces la responsabilidad es del colectivo, no es solamente de los pueblos indígenas y las mujeres lideresas indígenas, sino que hay que articular a las mujeres que no son indígenas, y así podemos unirnos y actuar para parar y pensar bien para nuestros hijos y vuestros hijos en las futuras generaciones.

AMY GOODMAN: Mitch Anderson y Nemonte Nenquimo. Nenquimo es una líder waorani de la Amazonía ecuatoriana, fundadora de la Alianza Ceibo. Mitch y Nenquimo también cofundaron la organización Amazon Frontlines y acaban de publicar un nuevo libro. Se titula: “Seremos jaguares: vida y resistencia en la Amazonía”.

Puede hacer clic aquí para leer el reciente artículo escrito por Nenquimo para The Guardian, titulado: “El presidente del Ecuador no renunciará a la extracción de petróleo en la Amazonía. Planeamos detenerlo… otra vez”.

Esto es Democracy Now! Democracynow.org. Soy Amy Goodman. Gracias por acompañarnos.


Producido por Democracy Now! y Democracy Now! en español.

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