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7/04/2026

¿Prueba superada?

 

.-Un evento como el Mundial enfrenta a las ciudades sede a grandes pruebas. En la Ciudad de México, dijo una voz desde el micrófono de la feria futbolera en La Bombilla el jueves pasado, podemos decir “¡prueba superada!”. Tibios aplausos. En “organización”… Mientras el público cautivo, ansioso de ver el partido, escuchaba el autoelogio gubernamental a su gestión, algún paseante se preguntaba si la autoridad había acaso pasado por Avenida de la Paz, adornada con extraños tubos naranja que, suponía, deberían quedar bajo tierra y ahora sobresalen de la recién renovada banqueta hacia ninguna parte. 

¿Será que la jefa de gobierno o sus allegados, pues de ella se trataba, no han transitado o caminado por calles y avenidas aledañas – u otras de esta misma ciudad? ¿Será que cuando van en coche no ven el caos a su alrededor? Porque, más allá de las obras inconclusas que demuestran una organización deficiente y apresurada, documentada por los medios, la experiencia del peatón, del conductor o de la usuaria de transporte público invita a cuestionar el optimismo oficial.

El transporte público, fundamental para millones de personas, no dejará en el visitante la mejor impresión: padecerá, como las usuarias locales, hacinamiento en horas pico, vagones sucios, frenazos súbitos, paradas entre estaciones y, en éstas, escaleras mecánicas inmóviles, además de polvo y ruido donde continúa la “renovación”.

¿Por qué no mejorar definitivamente la infraestructura básica del Metro en vez de afear los pasillos? ¿Acaso la decoración importa más que la eficiencia? ¿Cree acaso el gobierno que con machacar desde las pantallas del Metro y del metrobús los grandes “logros”, siempre atribuidos a la jefa de gobierno, van a convencer a la sufrida ciudadanía de las bondades de estas insignes autoridades?

En la superficie, el panorama es peor. Autobuses contaminantes, sin placa, número, ni identificación interior, conducidos por émulos del Checo Pérez , que, ajenos al supuesto reglamento, carecen de uniforme, aturden al pasaje con música a todo volumen, platican con acompañantes peligrosamente sentados sobre cubetas, ignoran las paradas establecidas, arrancan antes de que el pasaje acabe de subir o bajar y dejan las puertas abiertas. 

En su afán por llegar a una meta invisible, uno se pasa el alto en una avenida; otro, a punto de imitarlo, frena brutalmente para evitar a un auto en el cruce. El pasaje grita, algunas caen, una se golpea la cabeza contra un tubo, otra se raspa las rodillas, otro pierde sus lentes; varios aprovechan para huir del peligro: mejor caminar bajo la lluvia.

Otro día, en otra esquina, otro autobús, otros pasajeros desesperados: “¡Ya vámonos!” , le gritan al chofer que, a media calle, pelea a golpes con un pasajero (suponemos) al que defienden varias mujeres: “¡Ya déjalo!”,  mientras el “ayudante” del conductor observa sonriente. “¡Te vamos a reportar!”, advierten al rijoso que por fin deja a su víctima. Pero, ¿cómo reportar un autobús blanco y morado sin placas, sin número de unidad o ruta? Ni un agente vial, ni una patrulla.

Otro día de otra plácida semana en otra zona: un autobús de otra ruta da vuelta prohibida en U en una concurrida avenida mientras mira su celular, peatones que intentaban cruzar se paralizan, manifiestan con aspavientos su rabia o indignación; ensimismado en su conversación, él prosigue su camino… a unos metros, abandona el vehículo, vacío, en el segundo carril y baja a comerse unos tacos. Ese puesto debe ser muy bueno, hasta taxis y lujosas camionetas se detienen ahí en pleno día. Ni un agente vial, ni una patrulla….

Si se aplicara el reglamento, se dice algún ciudadano, tal vez habría menos camiones contaminantes, menos accidentes viales, menos tensión al usar un autobús o al cruzar las calles; los camiones no taponarían los cruces, los motociclistas irresponsables no amenazarían la vida del peatón ni expondrían la suya al pasarse el alto o circular en sentido contrario; hasta los asesinatos cometidos desde una moto (pocos que pero graves) podrían aclararse pronto o evitarse…  Difícil imaginar una ciudad distinta en medio de la estridencia exacerbada por automovilistas, choferes, bocinas callejeras, sirenas de patrullas…

¿Por qué, si los autobuses de la RTP o de la nueva red El Chapulín siguen las reglas, el gobierno no pone orden y mejora la vida de todos? ¿Por qué si han gastado millones de pesos en obras, no terminan bien ninguna? La prueba cotidiana no está superada.

5/02/2026

Rossana Reguillo. Iluminación en las sombras

 

.- El fallecimiento de Rossana Reguillo este fin de semana deja un enorme hueco, una honda desgarradura en el espacio público y académico.

En estos tiempos obscuros de violencias que parecen incomprensibles, su mirada lúcida y empática, trasladada a la escritura en sus numerosos libros y artículos, su intervención en momentos de crisis, su voz en el mundo digital que ella analizó con rigor, nos ayudaron a orientarnos en este “cambio de época”. Ejemplo de ética profesional y compromiso con la sociedad, con los jóvenes más vulnerables, con realidades dolorosas y complejas que muchos preferirían rehuir o negar, apostó por el pensamiento creativo. Crítica del poder, aun amenazada por quienes prefieren denostar que dialogar, mantuvo su independencia intelectual.

Doctora en ciencias sociales, profesora investigadora del ITESO en Guadalajara, su curiosidad intelectual, su necesidad de responderse preguntas para las que no tenía (aún) respuesta, la llevaron a transitar de la teoría a la convivencia con jóvenes precarizados, atrapados en las redes del crimen organizado; a combinar la observación participante en movilizaciones sociales como Occupy Wall Street con profundas reflexiones sobre el presente y futuro de una juventud a la que el sistema neoliberal y la criminalidad de todo tipo cierran las puertas; a indagar sobre el miedo en ciudades inseguras; a analizar y explicar los mecanismos de sistemas criminales que destruyen vidas en pos de lucro (la narcomáquina) y su transformación en maquinarias demoledoras de cuerpos, personas y territorios (la necromáquina), impulsadas y sostenidas por el terror, poder omnímodo que se manifiesta en la multiplicación de fosas y ruinas.

Gracias a la generosa inteligencia de Reguillo podemos comprender mejor fenómenos sociales como #YoSoy132, la conexión entre las movilizaciones callejeras y las redes, entender que la violencia en éstas está intrínsecamente ligada a las violencias sociales porque el “afuera” y el “adentro” forman parte de un mismo universo en que se juegan la identidad, la pertenencia.

A través de sus observaciones y diálogos con jóvenes, Reguillo percibió el nuevo sentido de los movimientos juveniles del siglo XXI: no fracasan, como algunos creen, porque no tomen el poder o no formen partidos políticos (cada día más irrelevantes), buscan y crean nuevas formas de relacionarse, nuevas subjetividades, lo que implica, me parece, un cambio en la concepción y el tejido mismo del mundo y un fuerte cuestionamiento de lo que entendemos por “política”.

Aguda observadora de la vida nacional, Reguillo supo mirar de frente la barbarie de Ayotzinapa  – “sinónimo del horror”; reconfigurar el rostro de Julio César, el joven desollado entonces, para devolverle su humanidad.

Crítica del poder, de la militarización y de la “catastrófica” política de seguridad de varios gobiernos, incluyendo el de AMLO, apoyó el movimiento NO+Sangre y muchas otras exigencias de paz y justicia. Siempre coherente y comprometida con los derechos humanos no dejó de nombrar el horror de las fosas clandestinas, de las desapariciones en todo el país, desde la “guerra contra el narco” hasta la atrocidad de Teuchitlán.

Pionera en el análisis de redes sociales, el trabajo que promovió desde SignaLab contribuyó a explicar el mundo digital y también la confrontó con el autoritarismo y la intolerancia. Como ha documentado, por ejemplo, Carlos Ruiz Sahagún, cuando integrantes de Morena se opusieron a la participación de SignaLab en el procesamiento de las preguntas para el primer debate presidencial en 2024, atacaron directamente a Reguillo por sus tuits críticos de AMLO y la 4T como si lo que consideraban un “sesgo” político de la coordinadora pudiera torcer la metodología de una instancia especializada reconocida por su rigor.

Un antecedente importante para explicar estos ataques, sugiere Ruiz Sahagún, fue la investigación con que SignaLab demostró el uso de granjas de bots de la RedAMLOVE en 2019.  Entonces, como en el caso de Ayotzinapa y crisis anteriores más graves, donde su voz independiente irritaba, la investigadora recibió numerosas amenazas de muerte. En 2024, ante las denostaciones de los poderosos, Reguillo decidió separarse del proyecto, avalado por el INE y luego por el TPJF, pero reafirmó con valentía su derecho a la libertad de expresión y su ética académica.   

Dar nombre a lo terrible, explicar “la gramática de las violencias”, cuando el vocabulario de la tortura se infiltra y contamina el lenguaje cotidiano, nombrar la barbarie cuando “la normalización” y “estetización de las violencias brutales” impregna el imaginario social, es reivindicar el poder de la palabra ética.  Escuchar y transmitir la experiencia de quienes han visto de frente al monstruo de la necromáquina, rechazar la estigmatización y criminalización que el Estado (ausente, corrupto) impone contra jóvenes que merecen otra vida, es reivindicar la humanidad de todos.

Pese a explorar la faz más oscura de nuestro país y de nuestro mundo, cada vez más violentos y fragmentados, Rossana Reguillo mantuvo una mirada abierta a la esperanza: en la transformación creativa del lenguaje, en el arte, en la dignidad de las madres buscadoras, en las aspiraciones de las y los jóvenes que logran huir de la necromáquina, en la difusión de saberes expertos, vio posibilidades de cambio social, “de reponer humanidades”, de crear “contramáquinas”.  

Su obra nos invita a “abrazar la incertidumbre, a mirar sin titubear, aunque el aire se agote”.

Su ausencia duele, su legado queda. Gracias, Rossana, por tanto.

4/18/2026

Por un nuevo Plan de Desarrollo en CDMX

 

.-El 10 de abril se cerró la consulta ciudadana acerca del nuevo Plan General de Desarrollo para la Ciudad de México (PGD), documento que establece lineamientos para el desarrollo capitalino a 20 años.

Todo estaría muy bien si el PGD fuera un documento coherente e integral, basado en un diagnóstico incluyente orientado hacia el desarrollo sostenible y ordenado de la Ciudad de México y si, en efecto, la consulta hubiera sido precedida por una amplia campaña de información y hubiera resultado tan plural y transparente como presumieron las autoridades en una conferencia de prensa.

Desafortunadamente, en la ciudad “de los derechos humanos” y la multiplicación de “utopías” (según la propaganda oficial), nuestro derecho a la ciudad, a una participación real y efectiva en la determinación del presente y futuro de “nuestra casa común” están amenazados y se verán seriamente limitados si se implementa el actual proyecto de PGD.

En este documento, en efecto, hay claros huecos legales y conceptuales en tanto, por ejemplo, no toma en cuenta la autoconstrucción, ni el sistema de cuidados (cuya ley se está elaborando) ni el sistema educativo, y, en cambio, claramente se orienta a favorecer a grandes intereses inmobiliarios en colusión con autoridades locales (de las alcaldías al menos).

Peor aún, ni siquiera se basa en un diagnóstico serio con participación de especialistas en urbanismo, movilidad y sustentabilidad, sectores académicos, empresariales, organizaciones civiles y comunitarias. Hacer un diagnóstico es indispensable para elaborar una política pública acorde con el contexto y con los problemas que se quieren resolver. En este caso, tal diagnóstico no existe.

Por otra parte, consultar a la ciudadanía sin exponerle antes, de manera clara y comprensible, qué se pretende hacer, por qué y cómo afectará su vida cotidiana en los próximos años y décadas es torcer el sentido de la participación ciudadana. Preguntar, como se hizo, “¿cómo sueñas tu ciudad?” puede servir para analizar la ciudad ideal que todos quisiéramos, no para determinar si una mayoría informada está de acuerdo con la “redensificación” de numerosas zonas, que supone la construcción de más desarrollos habitacionales (muchos, de lujo) con la consiguiente escasez de agua, servicios y una movilidad cada vez más imposible.

La ausencia de diagnóstico, de una participación ciudadana amplia desde el inicio y de una consulta real, debería ser suficiente para retirar el actual PGD, incluso reformado con las propuestas derivadas de la “consulta”.  Si consideramos además las fallas, vacíos legales y propuestas autoritarias como la creación de Casas de Gobierno que en la práctica podrían remplazar a las alcaldías (electas) y a los representantes comunitarios (COPACOS, electos) y facilitar la imposición de decisiones gubernamentales mediante funcionarios designados y consultas a mano alzada, es evidente que la única salida democrática es reponer todo el proceso, tal como lo han solicitado organizaciones de todas las alcaldías (respaldadas por cuando menos 10 mil firmas).

La jefa de Gobierno, que se precia de responder a la sociedad y ha condenado la gentrificación, tiene la oportunidad de demostrar su compromiso democrático: en vez de enviar al Congreso un PGD que promoverá un desarrollo devastador, podría solicitar al instituto de Planeación que haga bien su trabajo y convoque a un diagnóstico especializado.

La deriva autoritaria inscrita en el PGD es tanto más preocupante cuanto se han multiplicado este año medidas arbitrarias que afectan el mapa de la ciudad, como súbitos cambios de códigos postales y de nombres de colonias aledañas o incluidas en zonas patrimoniales protegidas por programas parciales, así como desproporcionados aumentos de predial en zonas de nivel alto-medio y bajo.

¿Por qué en colonias muy diversas, incluyendo de nivel bajo y medio-bajo se está presionando a los propietarios para que vendan sus viviendas y accesorias? ¿Acaso se está reconfigurando la ciudad para recortar las zonas patrimoniales protegidas? ¿Se pretende exprimir a quienes habitan zonas de nivel alto y medio y expulsar a quienes habitan zonas de nivel medio y bajo para favorecer a intereses inmobiliarios? Acaso el “gobierno del pueblo” no debería tomar medidas efectivas para impedir el desplazamiento forzoso de los habitantes de la capital?

La Ciudad no debe ser negocio ni de las grandes inmobiliarias ni de los funcionarios (plausiblemente) coludidos con ellas. La ciudad no puede someterse a los intereses de unos cuantos, ni con el pretexto del Mundial ni con el falso argumento de que se está planeando “el desarrollo” de la ciudad.

El 3 de mayo habrá elecciones de integrantes de la Comisión de Participación Ciudadana en todos los barrios de la capital. Ya hay indicios de que intereses locales y empresariales han “sembrado” entre las candidaturas a personas afines a ellos. La tarea de votar por nuestros representantes comunitarios se ha vuelto por tanto más compleja. Sin embargo, nos corresponde informarnos acerca del compromiso de cada candidata o candidato de nuestra sección electoral para escoger a quienes realmente nos representen. También podremos votar por el destino del presupuesto participativo. No minimicemos la importancia de estas elecciones, sobre todo ante la amenaza del #PGD actual.

Defendamos nuestro derecho a la ciudad y a un futuro sostenible.

1/17/2026

Tiempos turbulentos

 

.- En estos tiempos turbulentos, ante un horizonte obscuro, cargado de nubarrones que anuncian tormentas y estallidos, toca al gobierno de México y a la ciudadanía mirar hacia adentro, reconocer los errores y, con determinación, corregir el rumbo para enfrentar lo urgente, los problemas que nos aquejan, más allá de las crecientes presiones y amenazas del nada nuevo imperialismo norteamericano, renovado ahora por quien hace cinco años, el 6 de enero de 2021, intentó un golpe de fuerza (golpe de Estado legislativo y armado fallido) para perpetuarse en el poder.

La presidenta Sheinbaum ha reiterado que México es un país “libre y soberano”, dispuesto a cooperar, no a subordinarse, a Estados Unidos; llamó a la sociedad a “fortalecer” la soberanía; mencionó la “responsabilidad compartida” de cada país ante el narcotráfico y el consumo de drogas. También aludió la semana pasada a la “estrategia integral” del gobierno contra la inseguridad y el crimen organizado, y anunció un mayor impulso a la educación, la cultura y el deporte para la juventud. En su discurso y respuestas a los medios, la presidenta suele repetir palabras significativas, fórmulas hechas, adecuadas para un entorno diplomático. Sin embargo, ni el contexto adverso le impide reiterar también sus acusaciones contra los medios críticos y las redes sociales (no toda nota molesta es “desinformación”), tolerar las prácticas de censura de integrantes de su partido ni la falacia de que en México se gobierna para el pueblo y se respeta la libertad de expresión e información.

En un año de por sí complicado por la situación económica mundial, empeorada por la incertidumbre -o el temor- ante las arbitrariedades de quien se cree dueño del hemisferio, apelar a la soberanía sin modificar la política exterior e interior actual es sembrar en el aire. Si hablar de “responsabilidad compartida” es que cada gobierno se ocupe de remediar sus problemas en su territorio, aquí deben emprenderse acciones efectivas contra la pobreza, la desigualdad, el estancamiento, la corrupción, la violencia contra las mujeres, además de la inseguridad (que no desaparecerá con cifras alegres).

¿Qué implica fortalecer la soberanía? ¿Se atacarán por fin los intereses económicos de los carteles? ¿Se aplicará el gobierno en cortarle los flujos de dinero a éstos y a sus cómplices políticos o empresariales? ¿Se investigará a fondo a políticos corruptos?, ¿o se esperará a que nuevas presiones lleven a otra “guerra impuesta” (objetivo trumpiano según algún comentarista)? Si la soberanía reside en el pueblo y el gobierno se debe al pueblo, ¿se protegerá por fin a poblaciones y comunidades de criminales y caciques deleznables?, ¿cesarán los despojos de tierras, violaciones y desapariciones a manos de cárteles o de agentes gubernamentales? ¿dejarán de negar el horror de las desapariciones, el reclutamiento forzado y la trata de personas?

Si va a asumir su responsabilidad compartida, el gobierno federal tendrá que exigírsela también a los gobiernos estatales. A uno y otros corresponde fortalecer al país con un sistema de salud decente y digno, que atienda con recursos monetarios y humanos suficientes a toda la población. Más que “apoyar” a niñas, niños y jóvenes, les toca garantizarles una educación que les permita entender el mundo, conocer la historia, desarrollarse como personas y ciudadanas y ciudadanos responsables, críticas y críticos, creativas y creativos. Usar la escuela pública como ámbito de propaganda o entretenimiento es pisotear el derecho a la educación y clausurar el futuro. Corresponde en particular al gobierno federal enmendar el desastre jurídico llamado “reforma judicial” que poco ha contribuido a “fortalecer” la soberanía, y menos la democracia, al difuminar los límites entre poderes y encumbrar a personajes dispuestos a debilitar la legalidad, justo cuando abundan en el mundo autócratas que se pretenden por encima de toda ley. Corresponde a la presidenta detener la reforma electoral que, según expertos en el tema, debilitará aún más nuestra raquítica democracia.

Para fortalecernos como país y como sociedad, nos toca a la ciudadanía asumir nuestras propias fallas, exigir nuestros derechos, denunciar las arbitrariedades públicas y privadas en nuestro entorno, dejar de lado las posturas polarizantes y los prejuicios excluyentes, informarnos y apoyar a quienes buscan la verdad y señalan los errores, a las y los periodistas agredidos desde el poder, a quienes resisten a la censura o al ninguneo. No podremos “cambiar el mundo”, como soñábamos hace décadas. Podemos contribuir al menos a no degradar más nuestro ámbito cotidiano, a frenar la injusticia, la desigualdad, la violencia.


1/03/2026

Resistencias ante la amenaza distópica

 

.-Ante un presente lacerado por desigualdades crecientes, crisis ecológica, ascenso de autoritarismos, persistencia de guerras y conflictos armados, el declive de la ética en los medios y la precarización de la educación en muchos países, imaginar vías de cambio, trazar caminos hacia un futuro mejor parece difícil, si no imposible.

No obstante, si la historia puede leerse como una historia de dominación (política, económica, cultural), también puede mirarse desde las múltiples formas de resistencia que han impulsado la igualdad, la justicia y las libertades o impedido  un deslizamiento lineal hacia el vacío ético. 

La resistencia no surge espontáneamente; se enraiza en convicciones individuales, se expande y fortalece desde las comunidades; vive en el poder como acción colectiva basada en el diálogo, concepto arendtiano que se contrapone al poder como dominación.

La lucha por los derechos civiles en Estados Unidos, el reconocimiento de los derechos humanos después de la segunda guerra mundial, el surgimiento de movimientos anticoloniales, la formación de organizaciones ecologistas, o los movimientos feministas son ejemplos de resistencia efectiva, aun cuando sus logros nunca puedan considerarse definitivos. La resistencia implica trabajo constante, organización, persistencia y claridad.

Como lo demuestran los movimientos feministas, la tarea nunca puede darse por terminada, ni se puede cantar victoria ante logros importantes, ni se puede asumir la derrota ante fracasos coyunturales. El sentido de realidad,  la persistencia, las redes de acción y solidaridad, la apertura a la pluralidad en pos de un objetivo común son cruciales para lograr cambios a largo plazo.

Así, en el contexto actual, pese a los signos ominosos del caos que nos acecha si las desigualdades, la violencia y la crisis ecológica continúan su curso, es preciso, y alentador, valorar las formas de resistencia que desde lo local, lo comunitario y la acción transnacional se alzan contra la pendiente distópica impulsada por los poderes dominantes. Dar cuenta de las múltiples resistencias actuales es imposible pero podemos destacar algunas.  

Contra la concentración de la riqueza, han surgido en años recientes campañas que impulsan el cobro justo de impuestos a corporaciones e individuos billonarios; en Estados Unidos el grupo “Patriotic Billionaires”, en que participan descendientes de magnates como la nieta de Disney, plantea la obligación de éstos de contribuir al desarrollo de todas las personas pagando impuestos conforme a su fortuna. Las organizaciones ecologistas, por otra parte, han logrado importantes avances desde la publicación de La primavera silenciosa de Rachel Carson en 1962: científicos y activistas advierten del desastre y proponen cambios indispensables para nuestra supervivencia.

Contra el recrudecimiento del racismo y del discurso de odio, organizaciones y personas en muchos países promueven la tolerancia  y ponen el cuerpo contra la violencia excluyente. En México, comunidades indígenas,  académicos/as y activistas han demandado – y logrado en algunos casos- igualdad sustantiva y mejores oportunidades reales.

Contra la represión de ICE, en Estados Unidos, múltiples organizaciones comunitarias, abogados/as , ciudadanos/as comunes  defienden a migrantes encarcelados/as; grupos de voluntarios hacen vigilias en torno al Alcatraz de los Lagartos, infame campo de concentración, para exigir su cierre; diversas comunidades latinas se han organizado para advertir al vecindario de la presencia de ICE y difundir los derechos que tienen las personas vulnerables; como protesta simbólica y pacífica,  chicas jóvenes han adoptado el peinado de trenzas y listones de colores como símbolo de su identidad “latina” en el espacio público; ciudadanos anónimos se han manifestado contra los ataques de agentes de migración y policías militarizados, aun corriendo riesgos.

Contra la política de la crueldad, también presente en México, las madres buscadoras hacen el trabajo que corresponde al Estado y mantienen vivas la dignidad y la ética entre nosotros; son el ejemplo más significativo de fortaleza y persistencia de personas y colectivas. Trabajan también contra la indiferencia criminal las organizaciones de derechos humanos, las que denuncian las inhumanas condiciones de las cárceles, las y los periodistas que, pese a  la censura y los riesgos crecientes, documentan las zonas obscuras de la realidad y cuestionan al poder.

Incluso en condiciones infernales, personas comunes, profesionistas, activistas en todo el mundo mantienen encendida la esperanza. Estos días, pensemos en ellas, reivindiquemos  la capacidad humana de crear algo nuevo, de tejer redes de solidaridad. Reimaginemos el futuro.

Mis mejores deseos para toda la comunidad CIMAC, sus lectoras y lectores.  

9/20/2025

Lectura en voz alta

 

.- En memoria de Mimi Palacios

“En la escuela primaria teníamos clase de lectura en voz alta y lectura en silencio”, decía. “Hoy mucha gente no sabe leer”. El placer de la lectura, silenciosa o en voz alta, la acompañó toda la vida, hasta el final. Cuando, por degeneración de la mácula, ya no podía leer, descubrió los audiolibros. Novelas y cuentos alegraron y enriquecieron horas y horas de su día. A veces una sola historia le llenaba días enteros.

Reviso su pequeña biblioteca. Encuentro primeras ediciones de Cien años de soledad, Álbum de familia, La casa en la playa y tantas novelas y cuentos más de los años 60 y 70. No era coleccionista. Esas primeras ediciones están ahí porque las fue leyendo en su momento, cuando muchos de los autores y autoras hoy renombrados apenas se daban a conocer. Más adelante, gracias a un amigo gran viajero y lector, leyó en traducción a Kundera, Baricco, Marai y otros escritores que le hablaban de parajes y maneras de vivir distintos, lejanos y cercanos a la vez.

Seguía las noticias, aunque la indignaran las infamias e injusticias del mundo, porque “hay que saber lo que pasa”, por terrible que sea. Quería participar, involucrarse, sin considerar su edad ni las advertencias de que ya no podía “hacer nada”. Activa participante de las protestas y marchas que en los años 80 y 90 llevaron a la apertura política, todavía el año pasado asistió a una de las manifestaciones de apoyo al Poder Judicial. En tanto abogada egresada de la UNAM, le parecía “una vergüenza” la destrucción del estado de derecho y no podía quedarse “de brazos cruzados”.

Por fortuna, en su última década, escuchar libros mientras tejía, cocinaba o descansaba le permitió desconectarse largos ratos del mundo violento, del México conflictivo y desesperanzador en que vivimos. Gracias al audiolibro, pudo releer-escuchar Balún-Canán, El amor en los tiempos del cólera, las novelas de Almudena Grandes, o disfrutar de escritores nuevos para ella, como Javier Cercas, Eduardo Mendoza, Elena Ferrante; entretenerse con novelas policiacas o descubrir novelas japonesas contemporáneas (que no le gustaron).  Tenía el arte (o la paciencia) de escuchar historias de todo tipo, siempre y cuando no fueran repetitivas, de esas donde el autor busca “llenar páginas” más que atraer, divertir o hacer reflexionar al público lector. Comentaba con pasión sus mejores lecturas y recomendaba con énfasis sus libros favoritos.

Quizá recordando sus lecciones de lectura en voz alta de la infancia, criticaba a las o los lectores que leían “como si tuvieran prisa por terminar”, que no modulaban bien o que exageraban un acento o la cursilería (a veces) de un estilo. La lectura profesional en voz alta, en efecto, es tan importante para quien sólo puede escuchar como la trama misma.

En sus últimos días, la acompañó  El loco de Dios en el fin del mundo de Cercas, en una lectura en voz alta más personal. Todavía comentó la figura del papa Francisco, la belleza de la capilla Sixtina…  Sólo alcanzó los primeros capítulos, poco antes de la discusión acerca de la inmortalidad y la eternidad, que no necesariamente le interesaban. Para ella, la vida estaba aquí. Cuando ya no quiso escuchar más de algún modo empezaba a desprenderse del mundo exterior. Le importaba más conversar o recordar, transmitir su propia historia, evocar a personas queridas.

Mientras que gran parte de los avances tecnológicos la marginaron, como excluyen o marginan a quienes no ven ni oyen bien, los  audiolibros le abrieron la posibilidad de seguir conectada con el ancho mundo de la cultura, de recordar historias dentro de la Historia, de dialogar con los libros y con otras lectoras.

En estos tiempos de desprecio por la educación y de rechazo a la cultura y a la diversidad, la literatura representa una ventana abierta hacia la libertad y la imaginación. Al leer, en voz alta, en silencio o a través de otras voces, formamos parte de un mundo común, no siempre ameno, angustiante a veces, contrastante, enriquecedor.  

8/30/2025

Hambruna

 

.-El derecho a la vida, protegido por el derecho internacional y reconocido como un valor fundamental por las principales religiones, se va convirtiendo en un concepto hueco en un mundo violento, cada vez más cruel, que ha perdido el sentido de lo común y de la interdependencia intrínseca a la sobrevivencia en este planeta.

El derecho a la vida incluye como premisa básica el derecho a comer y beber lo suficiente para vivir con salud, que no es sólo ausencia de enfermedad sino la posibilidad de enfrentar retos y cambios en el entorno. Debería incluir también como condición indispensable el derecho a una vida digna, no sólo a sobrevivir y llevar una existencia miserable. Lo que estamos viendo en Gaza y seguimos ignorando en países africanos es la derrota de la humanidad por el afán de dominación, la violencia, el egoísmo y la indiferencia.

El viernes 22 de agosto, la Organización de las Naciones Unidas declaró la hambruna en fase 5 catastrófica en la gobernación de Gaza, primera hambruna en Medio Oriente,  y advirtió que en la zona norte de la Franja se vive una situación similar, que podría extenderse a otras regiones.

Se trata, afirma su informe, de “un desastre provocado por el ser humano, una crítica moral y un fracaso de la humanidad”, que no abarca sólo la falta de alimentos sino implica el “colapso deliberado de los sistemas necesarios para la vida humana”. Catástrofe intencional tanto más indignante cuanto miles de toneladas de alimentos que podrían distribuirse con cierta eficacia se apilan en la frontera.

Según reportes sobre la clasificación de la inseguridad alimentaria en el mundo (CIF), medio millón de personas en Gaza enfrentan el nivel catastrófico, 1.7 viven en situación de emergencia y 396,000 personas en inseguridad alimentaria crónica. Peor aún, la agencia que determina esta clasificación prevé que las poblaciones menos afectadas ahora vivan en hambruna en los próximos meses. (https://www.ipcinfo.org/fileadmin/user_upload/ipcinfo/docs/IPC_Famine_Review_Committee_Report_Gaza_Aug2025.pdf.)

En consecuencia, Naciones Unidas llama a un alto el fuego inmediato y demanda al gobierno de Israel, responsable de esta catástrofe en tanto país ocupante, que permita la entrada de “ayuda humanitaria inmediata y a gran escala” para prevenir más “muertes por hambre, la agudización de la desnutrición aguda y la caída en picada del consumo de alimentos” en toda la Franja.

Usar el hambre como arma de guerra es un crimen de guerra, sancionado por el derecho internacional, aunque los gobiernos occidentales se sigan “lamentando” en vez de imponer por lo menos sanciones comerciales al gobierno de Israel. De retórica humanista no vive el ser humano.

Es difícil imaginar cómo sobreviven cientos de miles de personas que llevan días sin comer, cómo sobrellevan el dolor las madres de niños que van muriendo o han muerto de hambre. Más difícil aún darle sentido a las advertencias israelíes a estas poblaciones para que huyan de zonas que serán atacadas ¿Cómo pretenden que se desplacen personas enfermas, ancianas, discapacitadas, mutiladas, heridas, desnutridas? La guerra es destrucción, hambre y muerte pero la saña tiene (debería tener) un límite, ético, moral.

Si sobre la (dudosa) conciencia de la humanidad pesa y pesará la falta de solidaridad activa con la población de Gaza, el silencio cómplice de muchos gobiernos y la falta de indignación social frente al genocidio en curso, también cargaremos, como habitantes de este planeta superinformado/malinformado, con la hambruna que sigue expandiéndose en países africanos lacerados por terribles conflictos armados que provocan inseguridad alimentaria a gran escala.

Según reportes de la CIF, 167.3 millones de personas en el mundo viven en situación de crisis alimentaria o peor (fases 3 a 5); de ellas, 29.25 millones padecen inseguridad alimentaria crónica grave (fase 4) y1.37 hambruna catastrófica. En países africanos como Mali, Niger, Nigeria, “los conflictos armados, la inseguridad alimentaria aguda” afectan ya a millones de niños menores de 6 años; en 9 países de la Comunidad de Desarrollo del Sur Africano, entre ellos Mozambique, unos 48.5 millones de personas enfrentan o enfrentarán este año altos niveles de inseguridad alimentaria aguda; en Sudán,  donde persisten cruentos conflictos armados, 15.3 millones de personas padecen inseguridad alimentaria crónica. (Véase el sitio en inglés: https://www.ipcinfo.org/ )

Estas clasificaciones y cifras son apenas atisbos de crisis humanitarias causadas por la violencia armada, esa violencia que destruye hogares, rompe comunidades, mutila vidas, devora el presente y futuro de millones.

Gaza es el paradigma de la crueldad y de la ruina del marco jurídico internacional, por la destrucción de viviendas, infraestructura básica, asesinato de más de 140 periodistas (según el Comité para la Protección de Periodistas, CPJ) y la hambruna intencional. Pero no podemos dejar de lado a las poblaciones africanas y de otras regiones que sufren los embates de la violencia, el cambio climático y las desigualdades crecientes entre países y personas.  

8/09/2025

A 80 años de los ataques nucleares a Hiroshima y Nagasaki

 

.-El 6 de agosto de 1945 una desgracia antes inconcebible cayó sobre las y los habitantes de Hiroshima. La primera bomba nuclear fue lanzada desde un bombardero estadounidense. Habían sido víctimas, escribía el periodista John Hersey en 1946, “del primer gran experimento del uso de la energía atómica que ningún país, salvo Estados Unidos […], podría haber desarrollado”.

Como si crear el infierno en la tierra una vez no fuera suficiente, una segunda bomba atómica, más poderosa, fue lanzada sobre Nagasaki el día 9. Con estos ataques, pretendería el gobierno de EU después, que había derrotado a Japón y salvado un millón de vidas… las de soldados estadounidenses, una mentira como se reveló pronto. La valoración de ciertas vidas humanas  –las de “nosotros”– y el desprecio por las “otras” –“enemigas”, característica de las guerras criminales actuales, dejó un abismo de espanto, sufrimiento y muerte en estas ciudades y en el mundo.

 En Hiroshima murieron entre 140 mil personas, de una población de 250 mil. En Nagasaki 74 mil. El número de muertes, ya espeluznante, no resume siquiera el horror de una “prueba” que el gobierno estadounidense presentó entonces como una gran hazaña de la humanidad.

Para vislumbrar lo sucedido del inicio de la era atómica vale la pena releer el reportaje “Hiroshima” de Hersey, publicado en The New Yorker en agosto de 1946. En las calles, campos y casas de esa ciudad, miles de hombres, mujeres, niñas, niños, primero cegados por un fogonazo de luz, murieron quemados, asfixiados, desangrados, por los efectos inmediatos de la bomba  y por la falta de atención médica: con los hospitales destruidos, sin insumos suficientes, los escasos médicos sobrevivientes, muchos de ellos heridos o incapacitados, poco podían hacer para salvar vidas o atenuar el sufrimiento de miles y miles de personas. “De 150 médicos, 65 ya estaban muertos y la mayoría de los demás heridos. De 1780 enfermeras y enfermeros, 1654 estaban muertos o demasiado dañados para trabajar”.

 Según relata Hersey, con base en testimonios de sobrevivientes, la monstruosidad que se abatió sobre la población de Hiroshima fue tan descomunal que quienes no habían quedado incapacitados apenas podían reaccionar. Destaca, sin embargo, cómo, ante la visión dantesca de miles de personas heridas, quemadas, moribundas, dos médicos, un jesuita, un pastor metodista, entre otros, respondieron a la emergencia, aún incomprensible, con una energía y una fortaleza apenas imaginables.

Cuenta también cómo la gente intentaba dar sentido a lo incomprensible (heridas sangrantes por todo el cuerpo, quemaduras extrañas, una lluvia nunca antes vista, aguas envenenadas, un viento de fuerza inusitada) con metáforas como “una canasta de bombas de fragmentación” o la hipótesis de que los aviones enemigos habrían rociado gasolina.

La explicación que les llegaría después sería igualmente incomprensible a corto plazo. Habían vivido una calamidad provocada por seres humanos que habían apostado por la guerra total.  Como documenta la Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares (ICAN, por sus siglas en inglés), en los años siguientes aumentaron entre la población la leucemia, todo tipo de cáncer, la muerte prenatal e infantil, los daños cerebrales y las limitaciones al desarrollo físico e intelectual en las nuevas generaciones. Los efectos de las bombas siguen presentes hoy, afirma la organización.

Para desgracia nuestra, la fisión nuclear abrió la puerta a los demonios. Pese a décadas de supuesta contención,  la proliferación de armas atómicas no ha cesado. El Tratado de No Proliferación Nuclear no incluye a todos los países con armas de este tipo. Según reporta ICAN, en 2024, nueve potencias nucleares gastaron 100 mil millones de dólares en armas de destrucción masiva.

En un mundo amenazado por el cambio climático, el hambre y las guerras en curso, seguir invirtiendo en instrumentos de violencia, dolor y muerte es acelerar el suicidio. Hacia allá parecen dirigirnos corporaciones y gobernantes mentirosos, autoritarios y militaristas. Oponerse a la guerra, construir una resistencia pacifista internacional no es utópico, e

7/26/2025

Gaza: vergüenza para la humanidad

 

.-Hace meses, si no más de un año, que la ofensiva israelí en la franja de Gaza dejó de ser una guerra defensiva para convertirse en guerra de exterminio.

Hoy, tras meses de bloqueo explícito de alimentos y agua, es imposible negar que lo que ahí sucede es una acumulación de crímenes contra la población civil, no una guerra contra el grupo terrorista Hamas. Aun cuando, para ocultar sus fines necropolíticos, el gobierno de Israel con el apoyo del de Estados Unidos decidieron en meses recientes distribuir alimentos para “evitar” un desastre humanitario, desde hace semanas se acumulan las cifras de personas asesinadas justo cuando van a buscar esa comida o agua imprescindible para sobrevivir.

¿Qué clase de humanitarismo es éste? ¿Qué clase de humanidad somos cuando vemos imágenes de personas esqueléticas y seguimos callando?¿cuando la mayoría de los medios de todo tipo evitan el tema o lo arrumban en páginas interiores?

El 7 de octubre de 2023 fue sin duda alguna un día de horror y terror para Israel y para muchas personas, judías o no judías, en el mundo. La violencia extrema contra civiles inocentes, entre ellos niños, mujeres, personas ancianas, pacifistas algunas de ellas, no puede justificarse, ni siquiera como reacción contra décadas de ocupación. Se llama terrorismo y no se debe tolerar.

Sin embargo, usar esa violencia para justificar una guerra anunciada como una campaña contra un grupo terrorista pero acompañada desde el inicio por discursos de odio que calificaban a todos los palestinos como “animales humanos”, sin derechos, que no merecían recibir agua ni electricidad, atenta contra el sentido más básico de humanidad y justicia. Esa justificación inicial y la (falsa) impresión de que las posturas extremistas en el gobierno de Israel eran minoritarias facilitaron el apoyo de países occidentales y la tolerancia de la opinión pública en muchos países ante la creciente evidencia de que los bombardeos no eran tan puntuales o estratégicos como la tecnología de punta israelí supuestamente podía permitir.

En estos casi 21 meses de guerra esas posturas extremistas han ganado fuerza y se han vuelto explícitas más allá del propio gobierno, según documentan expertos y periodistas de Israel y otros países.

Peor, si el gobierno de Estados Unidos fue antes cómplice de los crímenes de guerra que implica la destrucción de hospitales, escuelas, universidades y mezquitas, al seguir vendiendo armas a Israel y al empezar a amedrentar a quienes se atrevían a protestar y manifestar su solidaridad con la población de Gaza (rara vez con Hamas), desde la llegada de Trump al poder, su gobierno es corresponsable de esos crímenes.

¿Por qué?  Por seguir vendiendo armas  a Israel, por denostar a la Corte Penal Internacional y anunciar sanciones contra la relatora de la ONU para Palestina, Francesca Albanese, y por recibir como jefe de Estado (y amigo) a un criminal señalado por la justicia internacional. Esta postura deplorable fue precedida – o acompañada-, como sabemos, por la intensificación presiones gubernamentales contra las universidades más prestigiadas de E.U.A. por, supuestamente, no haber impedido protestas “antisemitas” en sus campus, imponiendo así una mirada retroactiva (aberrante jurídicamente) y una definición de antisemitismo que lo equipara con antisionismo o con críticas al gobierno de Israel.

Plantear esto no es negar que haya habido manifestaciones y actos antisemitas en algunas universidades, es señalar la manipulación del lenguaje con fines políticos que nada tienen que ver con la defensa de los derechos humanos. Del mismo modo, denunciar (como ya lo han hecho diversos periodistas y expertos en genocidio o en historia de Medio Oriente así como la CPI y algunos países), los actos del ejército israelí y los planes de su gobierno como crímenes  de guerra, de lesa humanidad o como “genocidio” no es en  modo alguno “defender a Hamas” o apoyar el terrorismo. Es exigir que un gobierno que se dice “democrático” y que apela al respeto hacia sus ciudadanos – y al derecho internacional cuando plantea que “israel tiene derecho a defenderse” – se comporte como integrante de una comunidad internacional donde el uso desproporcionado de la fuerza no puede hacerse “ley” ni gozar de impunidad como si se tratara de un Estado excepcional, intocable por crítica alguna.

Según el historiador israelí Omer Bartov, entrevistado por el NYT a raíz de un artículo acerca de la ofensiva israelí en Gaza, se lleva a cabo un genocidio cuando no sólo se mata a una proporción significativa de la población sino también se destruye la infraestructura vital, educativa y cultural de ese grupo, con el fin de hacerle imposible la vida y la reconstrucción de su identidad étnica, religiosa o de grupo.  

En este sentido, explica este estudioso del tema, el genocidio no consiste en matar a un millón de personas (por dar una cifra) sino en matar a parte de un grupo étnico, religioso, etc. y destruir su entorno con la intención de acabar con ese grupo como tal, con su identidad como grupo (véase el podcast: https://www.nytimes.com/2025/07/23/opinion/israel-gaza-genocide-scholar-response.html?searchResultPosition=1).  

Esta intención criminal subyace a los discursos de odio ya mencionados y a los planes de expulsar a la población palestina de Gaza (discutidos en el parlamento israelí esta semana).

Esta intención destructiva a ultranza (la llamemos como la llamemos, es evidente) quizá explique por qué, según la organización Reporteros Sin Fronteras, desde noviembre de 2023 han sido asesinados/as 200 periodistas gazatíes, más de 41 mientras trabajaban.

Por qué el gobierno e Israel no ha permitido la entrada de corresponsales internacionales en la franja y por qué hoy Gaza es el territorio más peligroso del mundo para el periodismo. Un territorio arruinado donde, según denunció la AFP, están muriendo de hambre periodistas, camarógrafos, algo “nunca visto” por quienes integran esta agencia y han perdido a integrantes de medios en guerras y catástrofes.

No soy experta en Medio Oriente ni pretendo presentarme como tal. He estudiado el discurso de odio y la violencia extrema y encontrado inspiración para pensar el mundo en la obra de Hannah Arendt. Quizá eso me ayude a tratar de entender, no a superar la impotencia. Sin embargo, no hace falta ser “experta” en un tema tan complejo como las relaciones de Israel con los palestinos desde su fundación, o entre ese país y Estados Unidos, para reconocer lo inhumano, intolerable e insoportable,  alzar la voz y denunciarlo.

Reivindico por eso el derecho de cualquier ser humano pensante y sensible a rechazar la idea de que unas vidas valen más que otras o de que un acto terrorista brutal justifica una guerra de exterminio contra una población civil, ahora sitiada por las bombas y el hambre.

7/19/2025

Gentrificación y xenofobia

 

.-La tarde del viernes 4 de julio, inició de manera pacífica en el parque México una protesta contra la gentrificación en esta capital, convocada por el Frente Anti Gentrificación de CDMX. Al terminar, sin embargo, unos trece comercios quedaron vandalizados y numerosos edificios de las colonias Condesa y Roma pintarrajeados, en canceles y muros de piedra, con consignas diversas. Muchas apuntaban al origen del malestar: “El techo es un derecho”, “Fuera AirBnB”. Muchas denotaban xenofobia pura: no sólo “Fuera gringos” o “Gringos go home”, sino “Kill a Gringo”. Otras alusivas a ¿pureza de sangre?: “Fuera blancos”, “Sangre Mexa” o burdamente ideológicas “Gringos nazis”, “Sionistas” (da vergüenza escribirlo, pero hay que documentar este discurso peligroso). Así, la protesta social se tiñó de intolerancia.

Según diversos reportes de medios, no todos los manifestantes recurrieron al vandalismo para expresar su indignación por el desplazamiento de poblaciones arraigadas en un barrio y la imposibilidad para la gente joven de acceder a una vivienda asequible en zonas céntricas o bien comunicadas. De acuerdo con un reportero de Grupo Fórmula, cuando la manifestación iniciaba su recorrido llegó un grupo de encapuchados al que se deberían los, o los principales, actos agresivos. Esto no sería extraño, dada la presencia de provocadores en muchas marchas feministas, por ejemplo, quienes intervienen para desvirtuar o reventar la protesta. En todo caso, preocupa que la policía fuera más bien observadora pasiva que agente de protección.

Más preocupante aún es la xenofobia que sigue escupiendo a la cara de quienes transitan esas calles. La xenofobia borra la humanidad de los “Otros/as”. Aquí no sólo se les conminó a irse, se apeló a la violencia criminal contra ellos/as. Esta xenofobia no surgió ayer, está latente y resurge en épocas conflictivas, contra “gringos”, “gachupines”, “chinos”, como si la presencia extranjera amenazara la identidad y la integridad nacionales; contra personas “migrantes” centroamericanas o haitianas, como si fueran menos dignas que “Nosotros/as”, ¿porque son pobres o más morenas? ¿Qué le espera a mexicanos/as deportados/as de vuelta a México que no hablan español?

Si en efecto los ataques contra negocios -en su mayoría propiedad mexicana- y la presencia creciente de gente extranjera en esas colonias resultaron de una minoría – de algún grupo identificable por sus pintas-, toca al gobierno de la ciudad investigar quiénes son y cómo llegaron ahí. Si, como se dice, hay grupos de choque ligados a alguna fuerza política local, ya sería hora de acabar con esas estrategias para reventar o desvirtuar manifestaciones pacíficas. También nos deben una explicación sobre la apatía policiaca, sobre todo cuando no dudan en arremeter contra las manifestantes cada 8M.

Si la protesta  sólo se le “salió de las manos” a quienes convocaron y algunas personas, primero pacíficas, se dejaron llevar por la rabia a la vista de extranjeros/as en las calles, el problema es más grave y complejo y hay que distinguir entre reclamos justos y agresiones intolerables.

Las dificultades para acceder a una vivienda asequible no son nuevas. Generaciones anteriores, azotadas por crisis económicas recurrentes entre los años 70 y 90, saben que no pudieron tener casa propia ni vivir cerca de su trabajo, como sus padres. La falta de política urbana adecuada y sostenible y la permisividad hacia inmobiliarias rapaces favoreció la proliferación de departamentos y oficinas de lujo, los cambios arbitrarios de uso de suelo, la depredación del medio ambiente, sin beneficiar a profesionistas, clases medias o sectores populares.

Desde la pandemia han crecido las plataformas de alquiler que encarecen los costos. La presencia de una clientela remunerada en divisas ha contribuido a un aumento absurdo de las rentas (más de 250% según varios reportajes), responsabilidad de los dueñas y dueños– y del gobierno que no ha regulado Airbnb ni promovido un desarrollo urbano y habitacional sustentable pese a la continuidad de gobiernos prd-morenistas desde 1997. Que esta clientela sea en parte extranjera no justifica la intolerancia desatada hace una semana.

Si bien protestar porque los gobiernos no garantizan el derecho a la vivienda (como tantos otros) no justifica los discursos de odio.  Agresiones verbales a paseantes y pintas xenófobas tan crudas como las que cacheteaban a quienes paseaban por los barrios “intervenidos” el fin de semana pasado, denotan una peligrosa intolerancia que ningún malestar justifica. La intolerancia, el desprecio por las y los «otras y otros», su transformación en chivos expiatorios sólo atiza la violencia y ésta agrava los problemas sociales, no los resuelve.

Quienes han sido desplazadas y desplazados o están hartas y hartos de vivir lejos y mal, tienen derecho a la vivienda y a protestar. La juventud merece poder acceder a una vivienda digna. ¿Por qué no se dirigió la manifestación ante el gobierno de la ciudad? ¿Acaso no le corresponde regular las plataformas de alquiler?, ¿cobrarles impuestos?, ¿o hasta regular las rentas para evitar excesos? ¿Acaso el desarrollo inmobiliario nada tiene que ver con los sucesivos gobiernos capitalinos?

Interrogado acerca de la protesta, el secretario de Gobierno repitió la propaganda oficial sobre la política de construcción de vivienda social, en particular para jóvenes. La jefa de gobierno y la presidenta condenaron la xenofobia. ¿Y si actuaran? Deberían escuchar a los colectivos convocantes, regular a Airbnb, impulsar un desarrollo urbano integral sostenible y justo, dejar de fomentar la polarización que ha contribuido a atizar la intolerancia y prevenir la xenofobia con una educación acorde con la diversidad del país, la globalización y la búsqueda de la paz y la convivencia pacífica en la pluralidad.

5/31/2025

Rosario Castellanos en su centenario. Un legado vivo

 

.-Maestra de la palabra, Rosario Castellanos es, junto con Juan Rulfo y Elena Garro, una de las voces más originales e inspiradoras del siglo XX, una escritora original que invita a las nuevas, y no tan nuevas generaciones, a explorar o revisitar mundos literarios que conmueven, impactan y apelan a la inteligencia y la sensibilidad. Gran poeta y narradora, Castellanos fue también dramaturga, ensayista y periodista atenta a los movimientos sociales y culturales de su tiempo. Su mirada crítica y empática, su escritura dramática, irónica o poética dan vida a personajes marginados, a hombres atrapados en el afán de poder y la ceguera del prejuicio, a mujeres, ansiosas de libertad, encorsetadas en rígidas normas sociales.

En la escritura, Castellanos encontró voz, presencia y sentido de sí. Su poesía, que inicia con formas y temas más apegados a la tradición, alcanza cumbres expresivas en poemas como “Lamentación de Dido”, donde la reina, traicionada por Eneas, enuncia el drama de la pasión amorosa (“Lo amé con mi ceguera de raíz”), del abandono (“Rasgué mi corazón y echó a volar una bandada/de palomas negras”), y la lucidez de una heroína trágica que permanece en la memoria más allá de la muerte. En los años 60 y 70, la poeta esgrime el filo de la ironía y la indignación contra los estereotipos machistas que enclaustran y mutilan a las mujeres en falsas visiones de sí mismas; invita a dejarlas atrás y a buscar (“Otro modo de ser humano y libre/Otro modo de ser”). Atenta también a las injusticias históricas y políticas, reivindica a la Malinche, denuncia la sombría violencia desatada el 2 de octubre y apela al poder de la memoria contra la indiferencia y el olvido (“Recuerdo, recordemos/ hasta que la justicia se siente entre nosotros”).

En la narrativa de Castellanos, por otra parte, Balún- Canán y Oficio de tinieblas, son dos novelas clásicas, en cuanto abiertas a nuevas lecturas e interpretaciones.  La primera, obra de inspiración autobiográfica, que recrea el mundo de su infancia en Comitán, marcado por dolorosas pérdidas (la de su hermano y, en la ficción, su nana), saca a la luz la dinámica destructiva de la injusticia y de la violencia social y cultural en Chiapas, donde el racismo seguía (sigue) imponiendo a las comunidades indígenas un yugo insoportable. En esta novela y, con más agudeza y dramatismo, en «Oficio de tinieblas», Castellanos se acerca al mundo indígena con empatía y sensibilidad, sin idealizarlo.

Con extraordinaria lucidez y maestría literaria, Castellanos expone la dinámica de la explotación que, falsamente legitimada en la tradición, socava la humanidad de los subordinados y los empuja a la rebelión. La violencia, normalizada, de los poderosos, el peso de un orden social que niega toda posibilidad de cambio, provoca el estallido desesperado – incendio o levantamiento – porque el deseo de libertad y autonomía, la aspiración a una vida plena son inherentes al ser humano. La represión, devastadora en «Oficio de tinieblas», destruye las aspiraciones indígenas, pero también expone la crueldad desmedida de un sistema social resquebrajado y contradictorio. La prosa, a menudo poética, de Castellanos nos transmite la densidad de la cosmovisión indígena, la frágil belleza de la naturaleza, el ímpetu del fuego y del viento, el frenesí de la violencia.  

Feminista de vanguardia, Castellanos devela también en estas novelas la violencia social y cultural que asfixia a niñas y mujeres en ámbitos cerrados donde campea el machismo cotidiano. Si la muerte del hermano deja una honda herida en la niña de Balún- Canán, saber que su madre no habría llorado su muerte como la de su hijo varón, intensifica su dolor. En «Oficio de tinieblas», resentimientos y frustraciones envenenan las relaciones entre madre e hija, el desafío a la doble moral y la hipocresía condenan al fracaso, en la sociedad conservadora de Ciudad Real. En las comunidades indígenas, las mujeres padecen con particular desasosiego el peso de la miseria, son señaladas si, casadas, no pueden tener hijos. Las acecha, además, la amenaza de violencia sexual perpetrada por blancos que ni siquiera las ven como seres humanos.

En la agudeza de sus ensayos y artículos periodísticos dedicados a las mujeres de su tiempo, Castellanos apunta las contradicciones de una sociedad donde se idolatra a figuras como la madre, pero se tolera el engaño a la esposa, se estigmatiza a la soltera; donde, sobre todo, persisten las desigualdades y las injusticias. Al mismo tiempo, documenta los cambios sociales y culturales que acabarán por modificar las relaciones de género y las formas de pensar, y, en Excélsior, por ejemplo, denuncia acontecimientos políticos como la toma de la universidad por el ejército y la atmósfera represiva en los meses siguientes, acto de singular valentía en esos tiempos obscuros.

Castellanos nos ha legado una literatura viva que, en su centenario, merece celebrarse.

4/26/2025

Amparo Dávila: realidades siniestras

 

.-Amparo Dávila es una de las más destacadas cuentistas mexicanas del siglo XX.

También poeta, ha sido reconocida sobre todo como pionera del cuento fantástico en México. En su mundo narrativo, lo extraño, lo insólito, lo terrorífico, fisuran o estallan el sentido de realidad como misteriosas presencias amenazantes, acechanzas que estrechan los horizontes de los personajes, en particular de las mujeres, y los abisman en dimensiones desconocidas.

Nacida en Pinos, Zacatecas, en 1928, Dávila se formó en San Luis Potosí y en la Ciudad de México. Como para otros escritores, la biblioteca familiar y el contacto o amistad con autores reconocidos contribuyeron al desarrollo de su vocación.

Alfonso Reyes, de quien fue secretaria en 1953-1956, por ejemplo, la impulsó a seguir escribiendo cuento, fuera de grupos o modas. Dávila publicó tres libros de cuentos: Tiempo destrozado (1959), Música concreta (1961) y Árboles petrificados (1977) que le valdría el Premio Villaurrutia. Sus Cuentos reunidos, recientemente reeditados por el FCE,  incluyen también Con los ojos abiertos (2008). Poco después de recibir el premio Ibargüengoitia, murió el 18 de abril de 2020.

La literatura fantástica se caracteriza por cuestionar la dimensión normalizada de la “Realidad”, en cuanto sugiere o devela la existencia de otras dimensiones con una lógica, sentido del tiempo, valores distintos. En la narrativa de Dávila lo inusual o siniestro no requiere de castillos con fantasmas, puede aparecer en viejas casonas y parques abandonados o en ambientes ordenados y luminosos; irrumpir en vidas estables y hasta aburridas. Fuerzas o figuras inquietantes o terroríficas, pueden surgir de dimensiones desconocidas, externas, o de  la imaginación o  la psique de los personajes. El suspenso, el doble, las alusiones polisémicas, los presagios, entretejidos en una prosa magistral, a menudo poética, crean un ambiente que perturba y fascina.    

A la luz del auge de escritoras de lo fantástico y terrorífico, Dávila puede ser considerada como pionera de lo fantástico femenino, por su punto de vista crítico sobre la condición de las mujeres y porque en los mundos de sus protagonistas las manifestaciones de lo siniestro pueden interpretarse como expresión de los temores de las mujeres y los horrores de su vida cotidiana y psicológica.

“El huésped”, por ejemplo, no es sólo un cuento de terror, es también un relato donde la violencia machista amenaza la vida ordenada de la protagonista. Relatos donde los personajes parecen sufrir alucinaciones o miedos irracionales pueden sugerir deseos reprimidos, angustia existencial bajo el peso de cargas familiares, normas y prejuicios sociales, falta de afecto o de horizontes, en una sociedad misógina, hostil a la libertad de las mujeres. La incapacidad o imposibilidad de enunciar la experiencia temible o violenta, el miedo a la censura social se manifiestan además en  pesados silencios impuestos (como en “La celda” o “Tina Reyes”).

Destacar la visión crítica de Amparo Dávila sobre la vida de las mujeres en su época no implica pasar por alto la sensibilidad con que representa el agobio existencial en un mundo rutinario, precario, estrecho, o en marcos familiares desdichados, que también afecta a los hombres. La presencia de un ser monstruoso en la familia, soportada como penoso secreto, puede llevar a la destrucción; la visita de un desconocido puede desatar la paranoia; un legado familiar puede convertirse en condena insoportable. El mal, una fuerza escalofriante y destructiva, social o existencial, puede materializarse en hombres, mujeres o seres siniestros.

Amparo Dávila escribió que para ella, realidad y fantasía no eran “absolutas”, que en su creación literaria buscaba “la palabra justa” y que le interesaba expresar la vivencia de los personajes. Su amor a su oficio, su talento y dedicación la llevaron a crear una rica obra literaria, pese a los avatares de su vida. Su narrativa precisa e inquietante, nos invita a explorar y cuestionar la vida humana en sus múltiples dimensiones.

Una excelente lectura para estos días de descanso. 

2/15/2025

El caso Ernestina Ascencio ante la Corte IDH

 

.-El 30 de enero, la Corte Interamericana de Derechos Humanos celebró una audiencia pública sobre el caso Ernestina Ascencio Rosario, indígena nahua de 73 años, quien murió por falta de atención médica tras ser presuntamente violada por militares en febrero de 2007 en la Sierra de Zongolica, Veracruz. Como en casos anteriores ante esta Corte, el Estado mexicano pretendió acotar su responsabilidad. Esta vez se atrevió a cuestionar la admisibilidad del caso respecto a violaciones al derecho a la información, y descalificó las acusaciones de violencia sexual contra el ejército. Sus risibles propuestas de reparación del daño, además, confirman el desprecio del gobierno hacia las víctimas de violaciones de derechos humanos en México.                                                                                                                                                      

Como se recordará, la muerte de Ernestina Ascencio estremeció a la sociedad en 2007, al inicio de la “guerra contra el narco”.  Se trataba de una mujer mayor, indígena, pobre y monolingüe, muerta a consecuencia de un ataque sexual y por falta de atención médica oportuna. La indignación aumentó cuando el presidente Calderón declaró que ella había muerto de “gastritis crónica”, aun cuando, durante el trayecto de diez horas en busca de un hospital que la atendiera, Ernestina había repetido “Hombres de verde se me echaron encima”, y la fiscalía de Veracruz y SEDENA habían iniciado investigaciones por presunta violencia sexual. La palabra presidencial bastó para torcer las investigaciones y cerrar el caso. La familia, a su vez, no pudo apelar porque, justo cuando podía hacerlo, fue “invitada” a visitar la Basílica en la capital, lo que especialistas interpretaron como secuestro encubierto.   

Ante semejante negación de justicia, organizaciones sociales de Veracruz iniciaron un largo proceso para acceder a la verdad y reabrir el caso. Agotadas las instancias nacionales, lograron que la Comisión IDH lo admitiera en 2017; el Estado reabrió el caso y accedió a proporcionar una versión pública del expediente (2022), inadecuada porque se ocultaban los nombres de los funcionarios involucrados en la investigación. En 2023, la Corte IDH admitió el caso. 

En la audiencia, Marta Inés, hija de Ernestina, dio su testimonio (en náhuatl) y pidió justicia; las representantes de las víctimas insistieron en la responsabilidad del Estado por violar el derecho a la salud de Ernestina, el derecho a la información, indispensable para conocer la verdad, y el derecho a la justicia. Los representantes de la Comisión IDH coincidieron en estas responsabilidades y afirmaron la validez del testimonio de la víctima cuando se denunció violencia sexual.

Para acotar su responsabilidad, el Estado pretendió justificar la falta de acceso a la información (en 2022) en nombre de la protección de datos personales (de funcionarios), aunque el perito Ernesto Villanueva había precisado que es “más flexible” cuando se trata de éstos. Los “argumentos” del Estado (que recién desmanteló el INAI) confirman su preferencia por la opacidad. 

En cuanto a las violaciones al derecho a la salud, las víctimas propusieron que se instalara una clínica en la comunidad para reparar el daño, pero el Estado ofreció reparaciones ridículas como incorporar a la familia al ineficaz Mecanismo de Atención a Víctimas y el acceso comunitario al (futuro) programa de visitas médicas “Casa por casa”. Como sugirió la jueza Verónica Gómez, tales visitas no aseguran la atención oportuna en una emergencia.      

Penoso papel jugaron también los burócratas mexicanos al pretender descalificar las acusaciones de violación contra los militares. Para ellos, ni las palabras de Ernestina, ni el testimonio de su hija, ni los peritajes iniciales que describían signos de violencia sexual y semen en el cuerpo de la víctima, ni la proximidad del campamento militar al sitio donde se encontró a Ernestina son indicios suficientes. Con tal de proteger al Ejército, los gobiernos, siguen minimizando las denuncias en su contra por graves violaciones de derechos humanos.

Mientras la CoIDH dicta su sentencia, habrá que insistir en la obligación del Estado (de este gobierno) de garantizar los derechos a la salud, a la verdad, a la justicia.

2/02/2025

El Patriarcado mata … y lo niega

 Escrito por Lucía Melgar Palacios 

.-Contra el espejismo de la superioridad occidental, de la “civilización ilustrada” contra la “barbarie” de los “otros”, el odio y la misoginia están sacando a la luz el rostro más descarnado del Patriarcado, ese que iguala los rasgos de los líderes autocráticos que siembran miedo, desolación y muerte, en nombre de una falsa justicia.

Les llamemos fascistas, neofascistas o islamistas, nos parezcan náufragos del siglo XIX o rémoras de un obscuro siglo XX, personajes como Trump, Milei o Jamenei confirman hoy que todo sistema de poder vertical descansa sobre una base de inequidad, discriminación e injusticia que, más temprano que tarde, hace de las mujeres los chivos expiatorios de todo mal, real o imaginario.

¿Cómo explicar, si no que, en Irán, un país hostil a la libertad y la vida de las mujeres, se justifique moral y legalmente el asesinato de una mujer por “honor familiar”, se persiga a jovencitas y mujeres por no portar “correctamente” el velo, se les encarcele y torture hasta la muerte (como en el caso de Mahsa Amini) y ese régimen se permita usar la violación y la tortura sexual como medios de purgar y castigar delitos de “corrupción en la tierra” o traición al régimen?

Más allá de las innegables violaciones a los derechos humanos de toda persona que cuestione las normas del régimen, éste persigue con particular ferocidad a las mujeres porque ellas lo desafían día a día, con su sola imagen y su afán de libertad. Por eso el lema “Mujer, Vida, Libertad” es por sí mismo un grito de rebeldía y de afirmación de las ganas de vivir con dignidad.

¿Qué sino una profunda misoginia, compartida como resentimiento revanchista por sus seguidores, explica las diatribas del presidente argentino contra “el feminismo radical” en Davos? ¿Por qué arremetió desde el inicio de su gobierno contra el lenguaje incluyente, sino para afirmar con todo el poder del Estado la primacía del secular lenguaje genérico (masculino universal) y de la imagen falsamente neutra (masculina) del Ciudadano? ¿Por qué pretende ahora el ministro de justicia eliminar el delito de feminicidio del código penal argentino?

Argumentar, como lo ha hecho, que esta tipificación específica supone otorgar más valor a la vida de una mujer (o de una persona trans) es una falacia.  Si las feministas mexicanas (o argentinas) buscaron establecer una distinción legal particular y si desde México, por ejemplo, hemos profundizado en este tema, fue y es para poder explicar, comprender y combatir las causas de un asesinato que se da, se tolera, justifica y queda a menudo impune porque se mata a una mujer por serlo. Si en algunos casos la pena se impone una pena mayor, es porque hay más crueldad, más agravantes, lo mismo que en un homicidio doloso perpetrado con saña y abuso de confianza. 

¿Acaso no es la utilidad política de la retórica supremacista blanca misógina lo que ha llevado al nuevo presidente imperial a erigirse en líder moral, defensor del sexo biológico contra la “ideología de género”, gran inquisidor contra los principios de no discriminación, “diversidad, equidad e inclusión” en  menos de una semana? ¿Acaso no resuenan ecos revanchistas detrás de la supuesta defensa de los hombres y de las mujeres (contra lo queer), de la reivindicación del “mérito” contra las políticas de inclusión que han favorecido a las ”minorías” para compensar desequilibrios seculares?

Los políticos y empresarios que en Estados Unidos avalen hoy semejantes decisiones tendrán que hacerse cargo de las iniciativas racistas que pronto se harán más explicitas, ya presentes en los intentos legales por limitar el voto de la población afroamericana o en las detenciones de ciudadanos/as de ese país por el simple hecho de hablar en español. 

Como los fundamentalismos del pasado y el fascismo del siglo XX, las autocracias actuales empiezan por discriminar y marginar a los “indeseables”, ven en las mujeres a reproductoras de la especie y buscan ciudadanos dóciles. 

Bajo este y otros disfraces, el Patriarcado mata… y lo niega. 

2/01/2025

El Patriarcado mata III: Arrinconadas en “La Tierra de los Libres”

 

.-Con su discurso inaugural, Donald Trump ha dejado clara su intención de cumplir con un programa de campaña ultranacionalista, que antepondrá su país al mundo, con tal de preservar su “excepcionalidad”.

Su vuelta al poder, ahora acompañado de billonarios y políticos archiconservadores, no sólo amenaza las libertades, la justicia y la prosperidad que el lunes aseguró defender; presagia también tiempos violentos para la población migrante, los derechos humanos y el derecho internacional; y supone mayores y graves riesgos para las mujeres y la población LGBTTI, así sean “americanas de vieja cepa”.

En todo régimen autoritario, de corte fascista, encabezado por un líder “iluminado”, las libertades de las mujeres estorban a la imposición patriarcal así como la diversidad obstaculiza la construcción de una “identidad nacional” homogénea, moldeada sobre el ciudadano o el heroísmo masculinos.

Para un líder o un partido conservadores, dispuestos a manipular a la opinión pública con promesas de grandeza, mentiras o interpretaciones fundamentalistas de la religión o de la moral, los derechos relacionados con la sexualidad, el libre desarrollo de la personalidad, el proyecto de vida, o, simplemente, el cuerpo, son los primeros que deben regimentarse.

Por su diversidad y la (así considerada) vitalidad de su democracia, tiende a olvidarse que en Estados Unidos persisten la misoginia y las desigualdades de género.

No es casualidad, en este sentido, que en su intento de preservar algo del legado democrático por el que lucharon varias generaciones, una de las últimas medidas del presidente Biden haya sido declarar que la Enmienda de Igualdad de Derechos (ERA- que consagra la igualdad de hombres y mujeres) ya forma parte de la Constitución tras haber sido ratificada por 38 estados.

Antes, también abogó por garantizar el derecho al aborto y el derecho de la población LGBTTI a la protección legal y a los servicios de salud, en contra de una Suprema Corte que revirtió Roe vs. Wade y de gobiernos estatales que se han convertido en feudos patriarcales donde las mujeres no sólo son despojadas de sus derechos sino perseguidas por intentar ejercerlos en otros territorios y donde la población trans en particular es estigmatizada y discriminada.

El estado de Texas, hoy una de las peores fronteras para la población migrante, es también un infierno para las mujeres y las niñas. Ahí la prohibición del aborto es tan estricta que excluye como causales la violación y el incesto y permite la persecución de las mujeres que intenten cruzar las fronteras estatales y de quienes les ayuden, mediante juicios privados.

La descripción legal de los casos extremos en que se permite que los médicos intervengan – y sólo para salvar la vida de la madre – son tan ambiguos que, para evitar la cárcel, médicos texanos ya dejaron morir a dos chicas. Cien ginecólogas y ginecólogos han solicitado que se aclaren las cláusulas médicas para poder ejercer su trabajo éticamente y sin riesgo de cárcel o multa.

Texas no es el único estado de E.U.A., donde se ha impuesto este tipo de normas, en nombre de la moral social o de la religión. Sí es, según analistas, uno de los baluartes del “nacionalismo cristiano”, impulsado ahí desde hace años por billonarios texanos que financian a políticos cada vez más reaccionarios, dispuestos a implantar políticas afines a una idea de que Dios “debe” regir la política, o semejantes a las que impulsa el Proyecto 2025.

Cuando a los políticos republicanos afiliados a este “nacionalismo cristiano”, se añaden un vicepresidente que llama a las mujeres sin hijos “frustradas damas con gatos”, o un par de billonarios, como Musk y Zuckerberg, que exaltan la masculinidad hegemónica y blanca, y mujeres republicanas fanáticas del movimiento MAGA, como Marjorie Taylor Greene, y todos ellos apoyan  medidas y normas excluyentes, el panorama para mujeres, niñas, personas LGBTTIQ  en Estados Unidos no podría ser más ominoso.

No obstante, las decenas de miles de personas (sobre todo mujeres) que participaron en la “Marcha del Pueblo” en Washington D.C. el sábado pasado nos recuerdan que la capacidad de organización y resistencia que guió la lucha por los derechos civiles sigue viva.

Conservar la esperanza y sobre todo la capacidad de actuar en conjunto con base en el diálogo será determinante no sólo en Estados Unidos sino también para las feministas y la sociedad organizada en el resto del mundo.