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8/15/2017

Marichuy, Lupita y la hidra capitalista



Rafael Landerreche*
El 6 de agosto el Concejo Indígena de Gobierno (CIG) anunció la creación de la ONG Llegó la hora del florecimiento de los pueblos, “un paso, legal y necesario… para que el nombre de la vocera del Concejo Indígena de Gobierno, la compañera indígena nahua María de Jesús Patricio Martínez, aparezca en las boletas electorales”. Un par de semanas antes Las Abejas de Acteal habían elegido a su representante, de hecho, la representante mujer de los pueblos tzotziles al CIG. La entrega del bastón de mando a la representante se llevó a cabo en Acteal, en una conmovedora ceremonia en que Las Abejas recrearon sus usos y costumbres dando libre expresión a su peculiar identidad maya-católica. Entre otras innovaciones estuvo el hecho histórico de que es la primera vez que Las Abejas entregan un bastón de mando a una mujer.
La noticia fue recogida y transmitida en las redes sociales y quizá en algún medio local, pero hubo algo a lo que no se le ha dado la atención que merece: la representante o concejala, como se le está llamando, es una sobreviviente de la masacre de Acteal.
Ciertamente, todos los sobrevivientes son algo especial, pero Guadalupe Vázquez Luna lo es todavía más. Lupita era una niña de 10 años cuando ocurrió la masacre. Vio morir a su papá, a su mamá y a cinco de sus 10 hermanos ese aciago 22 de diciembre de 1997. Su padre era el catequista que encabezaba las jornadas de ayuno y oración que aquella comunidad mártir estaba realizando por la paz cuando los paramilitares cayeron criminalmente sobre ella. Veinte años después, aquella niña cuyos ojos vieron lo que el gobierno ha querido callar desde entonces, unirá su voz a la de todos los pueblos indígenas de México para denunciar una política económica que no es más que la prolongación de aquel crimen atroz.
No recuerdo quién dijo por primera vez, hace 20 años, que la guerra de Chiapas era una guerra de símbolos pero es una gran verdad, a condición de que no se pretenda –como alguien ya lo hizo– desfigurar la frase con la insinuación de que es meramente una guerra de símbolos. Y hay que reconocer que para esto de crear y aprovechar los símbolos pocos les ganan a los zapatistas: desde la elección de la fecha del levantamiento el día que entraba en vigor el TLCAN, pasando por los pasamontañas y aquello de que tuvimos que cubrir nuestro rostro para que nos vieran, luego, los miles de zapatistas que recorrieron el país para que la voz indígena se escuchara en los últimos rincones de la nación, hasta la presente propuesta conjunta con el CNI de elegir a una mujer como símbolo para enfrentar a la hidra capitalista, las acciones zapatistas han estado preñadas de un profundo sentido simbólico más allá de su éxito o fracaso político inmediato.
Una de las características más poderosas de los símbolos es que poseen vida propia y hablan, significan, interpelan, más allá de la intención consciente de quienes los crearon; tan es así, que podríamos decir que esos supuestos generadores de los símbolos nada más creyeron que los producían cuando en realidad fueron los símbolos quienes los utilizaron a ellos para ponerse ellos mismos en circulación.
Así, esta última propuesta de elegir a una mujer, vocera-candidata, para enfrentar la nueva acometida del neoliberalismo, eso que los mismos zapatistas han bautizado como la hidra capitalista, tiene, lo hayan pensado así o no sus presuntos creadores, reminiscencias y reverberaciones bíblico-apocalípticas: la mujer indígena y la hidra; ¿Qué es sino un avatar más de la mujer y el dragón que aparecen en el capítulo 12 del Apocalipsis como las dos señales aparecidas en el cielo para representar la gran batalla final? Por lo pronto el dragón, demostrablemente no es más que la transposición a un texto y contexto judeo-cristiano de la hidra griega, toda vez que el texto fue escrito en una isla de Grecia donde las festividades populares reproducían cada año el mito del monstruo que perseguía a la mujer para devorar a su hijo. En cuanto a las características de la hidra-dragón, no hay más que leer las páginas subsiguientes: la Bestia tiene el control del comercio mundial (nadie podrá comprar ni vender si no está marcado con el signo de la Bestia, el logo, diría esa otra profeta judía Naomi Klein), la complicidad de las demás naciones ricas, el control de los medios de información y propaganda, las armas de destrucción masiva, el poder de seducción de los pueblos y la habilidad, como el capitalismo, de recuperarse de lo que parecen crisis terminales y volver a asombrar al mundo con su poder.
Por lo que toca al significado simbólico de la escena apocalíptica, curiosamente –¿quién lo diría?– es un hombre de talante conservador como Benedicto XVI quien, yendo más allá de las interpretaciones eclesiocéntricas, mejor lo ha iluminado: es la alianza de la fe de los pobres de la tierra y de la tierra misma la que va a resistir y finalmente a vencer a los poderes que dominan este planeta.
(Aquí un paréntesis para enfurecer a mis amigos zapatistas después de haberlos elogiado. La grandeza de la concepción simbólica de una mujer indígena para enfrentar a la hidra capitalista es cosa muy aparte de la pertinencia política de la propuesta de una candidatura. ¿Qué tiene de maravilloso aparecer en las boletas del despreciado y desprestigiado INE? ¿Qué caso tiene participar en una elección en la que no se cree y por dos décadas se ha criticado? Ya. Lo tenía que decir por honestidad aunque disguste a muchos, pero ahora vuelvo y termino con los símbolos.)
La niña que sobrevivió a la masacre de Acteal, cuando los paramilitares gritaban ¡hay que acabar con la semilla!, y ahora es parte de la voz de una asamblea de pueblos que se organiza para enfrentar a la bestia capitalista simboliza mejor que nada aquella frase de la sabiduría maya guatemalteca (atribuida al Popol vuh): Arrancaron nuestras ramas, se llevaron nuestros frutos, cortaron nuestro tronco, pero no pudieron arrancar nuestras raíces.
*Asesor de proyectos educativos en Chenalhó (laudatosi.blogspot.es)

7/30/2017

La voz de la vocera



Guillermo Almeyra
María de Jesús Patricio Martínez ( Marichuy), vocera del Concejo Indígena de Gobierno (CIG) concedió recientemente una entrevista a los compañeros de las Juntas Universitarias de Defensa quienes difundieron sus palabras.
Como se sabe, hasta ahora Marichuy no registró su candidatura ante la Justicia Electoral y la utiliza para hacer propaganda de los objetivos del CIG y para organizar detrás de los mismos a los indígenas y trabajadores de México. No compite pues con Andrés Manuel López Obrador por el sillón presidencial, al que no aspira, y ayuda en cambio a incorporar la vida ciudadana a cientos de miles de personas que –si no existiese esa candidatura sui géneris del CNI y del EZLN– en el mejor de los casos habrían votado en blanco o anulado su voto y, en el peor, habrían abandonado sus derechos electorales absteniéndose o vendiendo su voto al mejor postor.
¿Qué les dijo Marichuy a los jóvenes universitarios que la entrevistaron? Nada nuevo pero sí algo muy importante que sólo las agrupaciones de izquierda anticapitalista (la Organización Política de los Trabajadores, OPT, y organizaciones revolucionarias como el PRT y otras) vienen sosteniendo y que desmiente contundentemente a quienes acusan a la indígena nahua candidata-organizadora de fomentar un fundamentalismo indigenista que excluiría a la mayoría mestiza de los trabajadores mexicanos de la acción política del CIG y del EZLN y que opondría al racismo de los opresores un racismo de los indígenas oprimidos, los cuales rechazan todo racismo.
Para Marichuy, según la entrevista, la lucha del CIG es la de todos los trabajadores y todos los revolucionarios y no sólo la de los pueblos indígenas, por las reivindicaciones de cada una de las etnias agrupadas en el CIG y de las más generales, reconocidas en el artículo 169 de la Organización Internacional del Trabajo.
Esto implica la participación en la campaña organizativa y propagandística del CIG-EZLN de las organizaciones anticapitalistas antes mencionadas (y de otras similares) y la transformación de la campaña de Marichuy en algo que supera en mucho las elecciones de 2018 pues plantea un frente de todos los anticapitalistas para unificar y coordinar todas las luchas sociales elevando al mismo tiempo el nivel de conciencia y de organización de obreros, campesinos, campesinos-indígenas más allá de las etnias respectivas y de los regionalismos y unificando así de hecho al país de los explotados contra el puñado de explotadores que componen la oligarquía que es agente local del imperialismo.
Esa posición implica construir poder y conciencia independiente a nivel de masas en cada conflicto local, sindical, popular, campesino y con motivo de cada acontecimiento importante desde el punto de vista de la defensa de la independencia nacional amenazada.
AMLO cuenta con la simpatía electoral de millones de personas que, una vez más, verán cómo les roban un triunfo electoral pues es evidente que la oligarquía gobernante, como se vio en el estado de México, jamás entregará el gobierno a quienes considera peligrosos aventureros advenedizos.
Una campaña real y enérgica de los anticapitalistas sería fundamental para evitar la decepción y desmoralización de esos millones de trabajadores que creen en AMLO y en la vía electoral. Al mismo tiempo, una campaña anticapitalista de masas podría dar un centro a los millones de trabajadores de todo tipo hoy sometidos al racismo y la discriminación en Estados Unidos.
Una candidatura anticapitalista de frente único tendría mucho mayor peso que un esfuerzo exclusivamente indígena del CIG en la conciencia de los más honestos y combativos militantes de Morena y sería fundamental para la unidad entre campo y ciudades y las diferentes regiones que, por primera vez, construiría sobre esas bases la unidad de los diversos Méxicos existentes.
Si Marichuy Patricio retomase el camino que inició Rosario Ibarra de Piedra, anticapitalista y defensora incansable de los derechos humanos, podría encauzar la protesta de las mujeres de México contra la violencia, la discriminación y los asesinatos cotidianos, que de hecho está contra el sistema, uniéndola con las de quienes conscientemente luchan contra él en otros campos, elevando a un nivel superior la lucha, importante pero limitada, de muchos ecologistas que creen todavía en un capitalismo respetuoso de la gente y de la naturaleza.
La fusión entre la campaña indígena y del EZLN y los anticapitalistas de la izquierda revolucionaria y obrera permitiría disolver las dudas que existen incluso entre los simpatizantes de la lucha del CIG y de Marichuy sobre el contenido real del anticapitalismo, hasta ahora sobe todo declarativo, de una campaña que hasta ahora no aparece en la vida cotidiana de los trabajadores, a los que el electoralismo de los partidos procapitalistas aturde.
Esas dudas, dicho sea de paso, son abonadas también por la presencia en los actos neozapatistas de un puñado de personas con enormes retratos de Stalin, aliado clave y conservador del capitalismo mundial, enterrador del partido de Lenin y de la revolución rusa, jefe de un régimen autoritario y dictatorial que abrió el camino al derrumbe de la Unión Soviética y a su transformación actual en el imperialismo de Putin. Esos retratos de Stalin hacen propaganda a la represión de las ideas anticapitalistas, a la destrucción autoritaria de la agricultura campesina, al reino de la policía y de la escasez, o sea, a lo que es la antípoda de lo que desean los simpatizantes del EZLN y los que en el CIG aceptan el anticapitalismo.
Si las dec
laracionesde la vocera Marichuy fuesen apoyadas y confirmadas también por el EZLN y por el CIG ganarían mucha fuerza y podrían cambiar la situación política mexicana.