Mostrando las entradas con la etiqueta Norma Loto. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Norma Loto. Mostrar todas las entradas

8/29/2015

“Vamos a ser felices, mamita”



   OPINIÓN
Por: Norma Loto*


Hace varios minutos que estoy frente a una página en blanco, sin poder escribir, sin saber cómo iniciar este texto. Escribo desde Buenos Aires, intentando contar lo que pasó en La Paz, Bolivia: el feminicidio de Andrea Aramayo Álvarez, hija de nuestra compañera, la corresponsal boliviana de SEMlac, Helen Álvarez.

 
En la noche del miércoles recibí la triste noticia de que la hija de Helen había sido víctima de feminicidio. Me quedé impactada, accioné desde la web y a los pocos minutos estábamos todas las corresponsales de Cimanoticias/SEMlac tratando de copar las redes. Abrazando a Helen en nuestra red interna; abrazándonos todas.
 
El feminicidio de Andrea puso en jaque a la sociedad boliviana. Andrea era una joven educada para ser libre y calificaba en un estándar de lo aspiracional: era bella, alegre y sabía que sus derechos eran inapelables. Eso, precisamente eso, fue lo que su ex novio, William Kushner Dávalos, no pudo soportar.
 
Kushner Dávalos, el feminicida, es hijo de una familia poderosa y de “buen nombre”, su padre era un reconocido médico –ya fallecido– y su madre es la actriz Ninón Dávalos.
 
El feminicidio ocurrió a la salida de un pub, donde minutos antes habían discutido, cuando Kushner arremetió su camioneta contra Andrea. Luego, el feminicida intentó huir, pero amigos de Andrea lo impidieron.
 
El feminicidio de la joven de 27 años interpeló a la sociedad boliviana para que rompiera con el “adormecimiento natural con que consumimos a diario la muerte de mujeres en manos de sus parejas”, describió la periodista de Página 7, Isabel Mercado.
 
“Seres anónimos a los que sumamos como cifras y a los que, en el mejor de los casos, acudimos para reforzar nuestra correcta condena a toda forma de violencia. Con Andrea nos ha tocado remover los anquilosados archivos de nuestros prejuicios y miedos y del arraigado patriarcalismo con el que, a pesar de la conquista de las leyes, aún seguimos mirando el mundo. A los medios les ha costado pronunciar (o escribir) el nombre ‘feminicidio’”, agregó la colega.
 
Y también sirvió para quienes venimos luchando por una vida sin violencia machista: no olvidarnos que la violencia está malditamente cerca.
 
Que nos matan porque no pudimos pedir ayuda en el momento justo; que nos matan porque hemos creído que ese acto de violencia de parte del agresor fue un hecho aislado y “que no sucederá más”; que nos matan porque no hemos sabido que estábamos en un círculo de violencia, y que también nos matan por ser mujeres libres, emancipadas.
 
Nos matan porque sabemos que un violento puede engañarnos y decirnos que “fue un error” y “no volverá a suceder”; que nos matan porque no nos animamos a pedir ayuda.
 
Helen Álvarez hace 25 años que trabaja contra la violencia machista y, en medio de tanto dolor, aún tiene fuerzas para mirar a las cámaras y hablar a las jóvenes diciéndoles: “Confíen en sus familias”.
 
Escuchar a Helen implica cercarnos de lágrimas, de temblores entrecortados, pero también colma de coraje y valentía: “No me detendré hasta que se haga justicia con mi hija (…); la he criado como una mujer independiente, que sepa de la soberanía de su cuerpo y su mente. No la he criado para ser sumisa”.
 
El feminicidio de Claudia Andrea se intentó disfrazar al principio como accidente de tránsito, pero ante el clamor social –no sólo en La Paz, sino en la comunidad internacional–, la Fiscalía General dijo que imputará al agresor William Kushner Dávalos por feminicidio.
 
Aunque el Estado Plurinacional de Bolivia, como todos los países de la región, ha ratificado la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés), y la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (Belém do Pará), y desde 2013 posee la Ley Integral para Garantizar a las Mujeres una Vida Libre de Violencia (Ley 348), aunque no está implementada en su totalidad.
 
También está el artículo 252 bis del Código Penal boliviano que impone sanción de “30 años sin derecho a indulto, a quien mate a una mujer”.
 
Helen Álvarez reclama que la lucha contra la violencia hacia las mujeres no quede en “eslóganes (…), ahora mi hija es una cifra, mi hija no es un porcentaje, mi hija era joven, bella, amada”.
 
Helen, nuestra querida compañera, también criticó de “demagógica” la Ley 348, ya que “ahora nos dicen, tienen la ley y siéntanse libres de violencia (…); esa ley tiene dos años y yo ahora me he quedado sin mi hija”.
 
Helen no está sola y eso se palpita en las calles, en las redes sociales. Ella pide que “el poder no compre conciencia. Hoy es Claudia Andrea, mi hijita, pero han sido tantas las mujeres víctimas y tantas las familias que se han quedado sin respuesta”, reflexiona.

ADIÓS A ANDREA  

El sábado fue el sepelio de Andrea y su madre sigue conjugándola en tiempo presente: “es” y “está” abundan en su relato. Es inimaginable tanto dolor, también imposible dimensionar el momento en que nuestra compañera tuvo que contarle a su nieta que su madre ya no estaba.   

Helen quiso que su hija fuera despedida con colores y alegría, no quiso un cortejo fúnebre. Y así fue. El sábado, a las 11 de la mañana, se realizó la marcha “La Ruta de los colores en contra de la impunidad”; y mujeres, familias enteras, amigos y amigas de Andrea y Helen, caminaron por las calles de La Paz, con globos de colores pidiendo justicia.   

Andrea fue despedida en la Virgen de los Deseos, un espacio feminista de la organización Mujeres Creando, en la cual Helen milita. La Virgen de los Deseos desea “lo prohibido”. Esa Virgen desea –según un poema de la activista María Galindo– “pura libertad y pura esperanza”.   

La periodista y escritora boliviana Ana Rosa López contó el momento: “Mirando su rostro, acariciando el cristal que la separa de la vida se van derramando lágrimas, lutos, broncas, desesperanzas, suspiros, tristezas, impotencia.  

 “Un peluche la custodia, nos recuerda que Andrea fue una niña, que seguramente jugaba, que sonreía, que tenía sueños e ilusiones; que un día su vientre se llenó de vida para dar a luz a una pequeña que ahora no la puede abrazar más.   

“Las flores se acumulan y las velas arden –sigue la periodista–, pero no es un velorio de resignaciones, ni de pésames, es una vigilia por la justicia, es una reunión de gritos que claman porque Andrea realmente descanse en paz, para que todos los Williams Kushner que acechan sean condenados y castigados sin importar el tamaño de su billetera”.   

El sepelio de Andrea tuvo música y cantos; afuera, “una fila de gente que espera, que busca respuestas, que lucha para no caer en el miedo del pesimismo”, dice Ana Rosa.   

La despedida de Andrea tuvo las sentidas palabras de Helen: “Nuestra venganza es ser felices y aunque William Kushner y la familia Kushner quieren descalificar mi lucha, tu lucha Andrea, para que el asesino tenga 30 años de cárcel sin derecho a indulto… Vamos a ser felices, mamita; como lo hemos sido en los 27 años en que me has llenado de alegría y de rabias (…), pero nos hemos querido”.   

PAÍS VIOLENTO   

Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Bolivia, junto a Colombia, Perú y Ecuador, son los países latinoamericanos en los que se han detectado más casos de violencia física o sexual contra las mujeres.   

En Bolivia, 53 por ciento de las encuestadas aseguraron haber sido víctimas de violencia física.   En abril pasado, la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACNUDH) alertó sobre la crisis del sistema judicial boliviano, y también sobre el “elevado número” de casos de feminicidio registrados en 2014 (105 hasta octubre), además de los prolongados tiempos procesales y las “pocas sentencias” dictadas para castigar la violencia de género.   

Ambas problemáticas fueron calificadas por OACNUDH como dos grandes fallas en materia de Derechos Humanos.   *Este artículo fue retomado del portal de la agencia de noticias SEMLac.



CIMACFoto: César Martínez López
Cimacnoticias | Buenos Aires, Arg.-

3/09/2015

Beijing + 20: 8 de marzo en las calles de Manhattan


Por Norma Loto

Nueva York, marzo 2015, (SEMlac).- Aunque con un sol no muy decidido a quedarse, las calles de Manhattan brillaban, a pesar de su paisaje aún enmarcado por el frío. Sucede que este 8 de marzo Nueva York fue escenario de la fervorosa proclama de las mujeres que piden por un Planeta 50 y 50, en igualdad para las mujeres.
Ellas llegaron de todo el mundo y cada rostro significaba algo distinto, pero todas conjugaban en la misma necesidad: más derechos y más igualdad. A lo largo de decenas de cuadras caminaron centenares de mujeres activistas, funcionarias.
La marcha estuvo organizada por ONU Mujeres bajo el lema “Por un planeta 50- 50 en 2030” que busca alcanzar la igualdad de género en 15 años. La caminata inició en cercanías de la sede de Naciones Unidas y finalizó en Times Square. “We want equality, we want now!”-Queremos igualdad, la queremos ahora, fue el pedido más escuchado a los largo del trayecto.
Pancartas y carteles representaban las luchas de las activistas: “¡Con vida los queremos!” por 43 normalistas de México y la emoción las delataba al acercar la cámara: “¡Nos faltan 43!”, repetían. “Step up for women’s rights”, el lema de la Campaña Demos el paso por los derechos de las mujeres o coreaban “Sexism in media: stop it now!”- Sexismo en los medios, ¡alto ya!, o pidiendo derecho al aborto en Brasil.
En cualquier país del mundo “ocupar las calles”, es una acción política para la lucha de las mujeres. Hasta no hace mucho tiempo, las mujeres solo fueron sujetos integrantes de la vida privada. Y esta vez, las mujeres del mundo, de todos los continentes llenaron las calles de Manhattan con reclamos por los derechos de las mujeres. El matiz singular fue la importante concurrencia de varones y familias enteras que marchaban o de transeúntes y trabajadores que salieron a aplaudir a las manifestantes.
Han pasado 20 años desde la  IV Conferencia Internacional sobre la Mujer, que tuvo como objetivo comprometer a los gobiernos a luchar en favor de la igualdad entre varones y  mujeres. Poco es lo que se consiguió.
Según el nuevo informe de Phumzile Mlambo-Ngcuka, directora ejecutiva de ONU Mujeres: “si los  países hubieran cumplido todas esas promesas, hoy estaríamos observando muchísimos más avances en materia de igualdad que las pequeñas conquistas que estamos celebrando en algunas áreas. Estaríamos hablando de igualdad para las mujeres en todos los ámbitos y podríamos estar hablando de un mundo más sano, con una prosperidad más uniforme y sosteniblemente más pacífico”.
Por un lado, los datos de diversos informes arrojan que los países redujeron la brecha de género en educación, se logró disminuir los índices de mortalidad y morbilidad materna. Creció el número de mujeres que sobrevive al embarazo y al parto con respecto a una década atrás. También muchas naciones crearon instituciones dedicadas a enfrentar la desigualdad de género y otros tantos aprobaron leyes contra la discriminación de género y se tipificó la violencia de género.
Sin embargo, según ONU Mujeres, la ejecución de políticas eficientes fue irregular en el mundo: “la asignación de los recursos necesarios para la implementación eficaz fue insuficiente para dotar de fondos a los ministerios de la mujer, a las comisiones de género, a los coordinadores de cuestiones de género y para la elaboración de presupuestos sensibles al género” Y esto se ve reflejado principalmente en países de menos desarrollo, como lo ilustró la directora de ONU Mujeres al referirse a África, donde el 70% de la producción  agrícola depende de las mujeres:  “sin embargo, todavía poseen apenas el 2 por ciento de la tierra (…) la violencia contra las mujeres continúa asolando vidas en todos los países del mundo.Y ningún país ha alcanzado la igualdad de género”.
Este 8 de marzo fue de “furia y es muy impresionante no sabernos solas, estamos acá reclamando nuestros derechos: igualdad para las niñas, para las mujeres. En esta revolución tienen que están comprometidos los hombres, sino nunca alcanzaremos la igualdad”, refirió a SEMlac una joven activista colombiana.
Sin dudas que sin la participación de los hombres nada será posible y quizás como una muestra de compromiso uno de los últimos gritos de proclamas que se escuchó fue: “He for She!”-Él por ella.