Juan Carlos Ruiz Guadalajara
Bajo el argumento de que
ni en mil generaciones se terminarían de explotar los 80 millones de hectáreas que fueron concesionadasa las corporaciones mineras durante el periodo neoliberal, el pasado 11 de agosto el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) anunció que durante su gobierno no se darán nuevas concesiones para la explotación minera. Complementó sus palabras asegurando que las concesiones ya otorgadas se mantendrán y pidió a las empresas mineras lo imposible:
que no se destruya el territorio(sic). En pocas palabras, el gozo se fue al pozo, pues frente a la importante decisión presidencial de terminar con la irresponsable entrega del territorio nacional a la destrucción extractivista, ahora tenemos el empoderamiento de los corporativos mineros, nacionales y extranjeros, quienes han interpretado las palabras de AMLO como una bendición a sus depredadores planes, principalmente sus megaproyectos de tajo a cielo abierto. Se esfuman así las esperanzas de que en la autodenominada 4T los pueblos, cuyos territorios fueron criminalmente concesionados a sus espaldas, serían finalmente liberados de la violenta presión que el capital minero ha ejercido sobre ellos.
No sólo eso: en lugar de ser investigadas por sus delitos
socioambientales y sancionadas con el retiro de sus concesiones, esas
corporaciones, principalmente canadienses y mexicanas, ahora se
victimizan y piden a AMLO rectificar. Así lo hicieron en octubre durante
la 33 Convención Internacional de Minería que reunió a lo más granado
de ese sector, incluyendo a sus adláteres políticos, entre ellos
Francisco Quiroga, operador de las mineras en el gabinete de AMLO,
además de los gobernadores de Guerrero, Durango, Chihuahua y Zacatecas.
Este último llegó al grado de pedir que no se prohíba la exploración
minera en áreas naturales protegidas, mientras que Javier Corral se
comprometió a concientizar a la población sobre la importancia de la
minería, olvidando que Chihuahua se ahoga en sangre anteinauditas
expresiones de violencia, incluidas las generadas por los megaproyectos
mineros. Confiados en Alfonso Romo, el brazo neoliberal del nuevo
gobierno, los empresarios mineros y sus empleados buscan ahora
una oportunidadpara convencer al Presidente de que todos los daños perpetuos que provoca su actividad, principalmente la destrucción de enormes territorios a partir de la megaminería de tajo a cielo abierto, son un mito. Y ya envalentonados, los corporativos anuncian que para 2021 entrarán en operación cuatro nuevos tajos, incluido uno impulsado por la canadiense Argonaut Gold en el Cerro del Gallo, del municipio de Dolores Hidalgo, cuna de la Independencia nacional.
Sin embargo, y sabedores de que el patrimonio ambiental del planeta
es asunto de los ciudadanos, los habitantes de diversas comunidades
rurales y urbanas de Dolores Hidalgo han organizado la resistencia para
impedir que la canadiense imponga con mentiras la destrucción y el
saqueo extractivista en su territorio. Al logro de este objetivo se unen
cada vez más pobladores de seis municipios aledaños, incluidos San
Felipe y San Miguel de Allende, territorios que comparten con Dolores el
sobreexplotado acuífero Cuenca de la Independencia, del cual Argonaut
Gold pretende extraer para su proyecto, mediante la perforación de siete
pozos, un millón y medio de metros cúbicos anuales de agua, de los
cuales 85 mil servirían sólo para intentar controlar los polvos en los
enormes caminos que se requieren. La proyectada mina destruiría
irreversiblemente 500 hectáreas de territorio, dentro de las cuales
quedaría ubicado un cráter de un kilómetro de diámetro, así como dos
nuevas montañas, una de materia estéril y otra de materiales que serían
lixiviados con cientos de toneladas de cianuro mezcladas con millones de
litros de agua del acuífero. Esta destrucción se concretaría en tan
sólo siete años de
vida útilde la mina, dejando tras de sí un ecocidio que impactaría directamente a las comunidades ubicadas en un radio de 50 kilómetros a la redonda del tajo. Y todo para extraer medio gramo de oro por tonelada de subsuelo.
Frente a este demencial proyecto que sus promotores califican como
benéficopara la humanidad, y ante las mentiras y propaganda que los canadienses y sus empleados mexicanos han desplegado en la zona para confrontar a sus pobladores, muchos de éstos decidieron organizarse para obtener información directa sobre los impactos de los megaproyectos mineros de tajo a cielo abierto. Tras estudiar los datos que Argonaut Gold entregó al gobierno mexicano, un grupo de 90 habitantes de comunidades que serían directamente afectadas viajaron el pasado 9 de noviembre a Cerro de San Pedro, San Luis Potosí, donde pudieron ver sin falsedades la destrucción perpetua que criminalmente dejó la canadiense New Gold Minera San Xavier, escenario al que podría quedar reducido el patrimonio biocultural de las futuras generaciones de dolorenses.
Esta visita a lo que se ha comenzado a denominar como el
Museo Nacional del Ecocidiofortaleció la convicción de los asistentes para impedir la megaminería de tajo a cielo abierto en su territorio. Si bien los antiguos pueblos originarios de México consideraban al oro como la mierda de los dioses, en la actualidad lo es del capitalismo financiero, por ello, en la cuna de la Patria, los dolorenses y sus aliados están obligados a escribir otra página histórica de verdadera emancipación.
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