Pedro Salmerón Sanginés
El discurso, en el que pronunció su célebre frase: “Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica; pero ir avanzando en los caminos de la vida y mantenerse como revolucionario en una sociedad burguesa es difícil”, llama a los jóvenes a sumarse a los procesos revolucionarios en toda América. ¿Por qué? Porque el discurso empieza –tras los agradecimientos de rigor– con un tremendo diagnóstico de la realidad latinoamericana, marcada por la dependencia y la explotación, las cifras del analfabetismo, del desempleo, de la pobreza alimentaria, de la falta de vivienda, para luego hacer un análisis de los problemas de Chile y del subcontinente y luego, presentar las posibilidades de solución.
Los temas centrales del discurso son, quizá, la juventud revolucionaria y el estudio; la revolución, que en Chile inicia por la vía electoral; y la salud y los médicos. Porque una de las grandes preocupaciones de Salvador Allende era el bienestar del pueblo, que empezaba por la salud:
“Y aquí, en esta casa de hermanos, yo, que soy médico, que he sido profesor de medicina social y presidente durante cinco años del Colegio Médico de Chile, puedo dar una cifra que no me avergüenza, pero que sí me duele: en mi patria, porque hay estadísticas y no las ocultamos, hay 600 mil niños que tienen un desarrollo mental por debajo de lo normal (por deficiente alimentación).”
Ese compromiso con la medicina también en el documento que hoy queremos presentarte, lectora, lector querido: el “Plan de salud, atención médica y medicina social” presentado por su equipo de campaña en 1964 (https://short-url.cc/1u84Q). El doctor Salvador Allende fue cuatro veces candidato presidencial y ganó en su último intento, en 1970: Este programa que hoy presentamos es en su anterior candidatura, aunque los temas centrales y la argumentación las repitió en la campaña de 1970.
El plan empieza con los datos, las cifras de los muertos en Chile de enfermedades curables, de la mortalidad infantil, de las diarreas, tuberculosis y sarampiones que matan a los pobres, porque de eso se trataba: las muertes evitables de los pobres. Además de demostrar la realidad chilena, el frío análisis muestra que un proyecto de nación, un programa de gobierno, debe partir del análisis de la realidad, sin maquillarla ni esconderla.
Frente a la terrible realidad retratada con los fríos números, ¿qué propone un gobierno popular? De inicio, crear una política de salud, porque en Chile no existía (no existe, escriben en presente, en aquel momento) una política de salud que empiece por reconocer que la salud es un derecho. Con ello, Salvador Allende abrió una brecha, algo que hoy nos parece elemental: la salud es un derecho irrenunciable bajo el lema El Pueblo Conquista su Derecho a la Salud. Además, bajo el lema Ningún Enfermo sin su Doctor se propone el sueño, porque es eso, de la cobertura universal. Y como tercer punto central, la aplicación progresiva de la “medicina integral”. El concepto de medicina integral también era novedoso hace 60 años. El equipo del doctor Allende lo definió así:
“La atención eficiente y oportuna que se dirige, más que al paciente o a la enfermedad como hechos aislados, a las personas consideradas en su totalidad física y mental, y como seres en proceso de adaptación respecto a su medio físico y socio cultural.”
Sesenta años después esto nos suena anquilosado, pero ¡qué novedoso era entonces pensar que la salud parte de la prevención social! Porque tras explicarlo, resumen:
“Esto es lo que la izquierda entiende concretamente por humanización de la atención médica: atención a todas las personas y atención a cada persona considerada integralmente.”
De ahí se despliega un plan sumamente detallado y cuidadosamente calculado para alcanzar paulatinamente las dos primeras metas en los seis años de gobierno y avanzar substancialmente en la tercera: hospitales, clínicas de barrio, escuelas de enfermería, dignificación de los profesionales de la salud, programas de atención a grupos vulnerables, y todo ello, acompañado de las medidas concretas a tomar en el corto plazo y la forma y montos para financiarlas.
Y con ese plan el doctor Allende tomó la presidencia de la república de Chile en 1970. La presidencia, pero no el poder. Pero esa es otra historia: lo que queremos mostrar aquí es un programa que tiene 61 años y, sin embargo, sigue siendo vigente en sus líneas fundamentales, en su humanismo integral. Les seguiré contando.

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