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6/24/2023

Para nuestras hijas

Columnas Plebeyas

Renata Turrent
El domingo comenzó formalmente el proceso de sucesión presidencial. Muy probablemente quien gane esa encuesta encabezará el Ejecutivo Federal en poco más de 15 meses. De ganar en las urnas en menos de un año, esa persona tendrá un reto tan grande como el que tuvo López Obrador en 2018, pues estará encabezando la segunda parte del proyecto de nación que inició el mejor presidente que nos ha tocado vivir a quienes nacimos y crecimos en el neoliberalismo.
El presidente planteó una propuesta para definir las reglas del proceso interno de morena y se aprobó de manera unánime en el Consejo Nacional del partido. En este proceso, hay cinco compañeros y sólo una mujer, Claudia Sheinbaum. De manera casi instantánea esta desproporción en quienes aspiran a la candidatura nos debería llevar a recordar que, aún con todos los avances de los derechos de las mujeres en los últimos años, nadie puede afirmar que existe paridad todavía. La cancha y el árbitro siempre nos han jugado en contra. Nos juegan en contra desde los primeros meses de vida en los que ya nos educan a ser madres o esposas mientras que a los niños a ser líderes. Algo tan elemental como tener que usar falda y que ésta esconda la mancha de sangre cuando menstruamos, mientras que los niños corren libres por el patio con ropa cómoda. Nos juega en contra en la escuela, donde los niños reciben más atención que las niñas, de acuerdo con varios estudios que analizan la diferencia en la socialización entre niños y niñas. O de adolescentes, cuando el fantasma de un embarazo no planeado nos acompaña todos esos turbulentos años de juventud. Mucho menos es justo cuando tenemos que levantarnos de episodios de violencia física, sexual y/o emocional que todas hemos vivido. No se diga en buscar un trabajo y competir contra un hombre que goza de la total confianza del empleador de que no se va a embarazar y probablemente tampoco criar hijos o cuidar adultos mayores. Tampoco es comparable el freno de mano que le tenemos que poner las mujeres a nuestras carreras durante el embarazo y, más aún, durante los primeros años de la vida de nuestras hijas e hijos. Esto sin contar la misoginia cotidiana a la que nos enfrentamos diariamente.
No hay etapas ni espacios en nuestras vidas en donde estemos exentas de la desigualdad con nuestros compañeros. Hemos jugado en esta cancha dispareja toda nuestra vida y aquí seguimos de pie buscando profundizar la transformación de nuestro país.
Lo que está por definirse no es menor. México tiene la posibilidad de tener la primera presidenta. Y no sólo una mujer –a nadie le sorprendería una presidencia de una Margarita Zavala o una Hilary Clinton, que claramente no representan una amenaza al estatus qúo–; sino una mujer de izquierda. De suceder, sería difícil hasta para los opositores al proyecto, atreverse a dudar de la profundidad de la transformación por la cual está pasando nuestro país.
El sólo imaginar esto nos pone la piel de gallina a millones. Saber que nuestras hijas crecerán normalizando que una mujer puede ser cuidadora, futbolista, trabajadora, maestra, científica o presidenta. Qué reivindicación más grande representaría para todas quienes hacemos política y más de una vez hemos pensado que este –como todos– es un mundo de hombres. La llegada de Claudia Sheinbaum a la presidencia significaría que, de manera pacífica y popular, logramos –una vez más– hacer historia.
Que nuestras hijas, sobrinas, ahijadas nos acompañen a convencer por qué Claudia Sheinbaum debe ser la siguiente presidenta de este país. Pasaremos de ser hijas del neoliberalismo a tener hijas que crecerán con humanismo y feminismo. Que las memorias más añejas de nuestras hijas sean de la lucha incansable por este país y por las mujeres.

5/28/2020

La familia como institución de seguridad social


Por Renata Turrent 

El Covid-19 ha desvestido muchas de las prácticas, ideas y estructuras que configuraban la vida pública y privada del país. Desde cómo saludamos a nuestros conocidos, hasta la urgencia por tener un sistema de salud público, gratuito y universal. El Covid también viene a desmantelar modelos sociales y económicos –implantados desde el extranjero en varios países de Latinoamérica, incluyendo México– que se mantienen gracias a la crueldad de tener en la miseria, precarización y explotación a la mayoría por el beneficio de unos cuantos. 

Un ejemplo de esto es el que dio el Presidente López Obrador en su ensayo hace unos días, donde destaca que en tan sólo nueve años los hombres más ricos del mundo incrementaron al doble sus riquezas sin que esto se viera reflejado en una mejora en la calidad de vida de las mayorías. Esto se explica, entre otras cadenas de explotación, con la entrada masiva de las mujeres al mercado laboral con lo cual las horas trabajadas por hogar se han duplicado sin que esto se refleje en el ingreso ni en el bienestar de las familias.

En el periodo neoliberal se instauró la idea de que el Estado debe cumplir con el menor número de responsabilidades posibles pues el mercado puede encargarse de la gran mayoría de éstas, incluyendo, por ejemplo, el camino hacia la privatización del sector salud o modelos laborales que dejaban sin protección alguna a los y las trabajadoras. Sin embargo no existe evidencia de que este modelo funcione para la mayoría de las personas pues no existe país en el mundo que haya implementado este modelo al pie de la letra y haya conseguido bienestar social. 

En México ha sido un especial fracaso. Por ejemplo: el 50% de la población no puede ni siquiera acceder a prestaciones garantizadas en la Constitución porque simplemente las puertas del mercado laboral formal están cerradas. Todos estos temas, además, afectan de manera desproporcionada a las mujeres pues la pobreza y la precarización laboral están altamente feminizadas en México y en el mundo. De esta forma, al entrar al mercado laboral, las mujeres suelen tener jornadas dobles de trabajo, pues el trabajo del hogar se sigue cargando en sus manos. Según la CEPAL las mujeres en México hacen tres veces más horas de trabajo del hogar no remunerado que los hombres y el 77% del trabajo de cuidados. 

El gobierno actual se ha puesto como objetivo mejorar los servicios públicos de seguridad social. No sólo con la creación del INSABI para garantizar la salud y medicinas a toda la población, sino también con una serie de políticas redistributivas –becas a estudiantes y pensiones universales a adultos mayores– que buscan transitar a una reapropiación de las responsabilidades del Estado. 

Esto no significa que no debamos construir políticas públicas acordes a las fortalezas de nuestro país, por el contrario, es obvia la necesidad de aprovechar la gran institución social que es la familia, sino que debemos hacerlo de manera más justa. Es por eso por lo que hoy se pretende construir es un modelo en el que el Estado sea garante de seguridad social y la familia sea un soporte adicional. 

Pero para llegar ahí, sin duda hoy nos sostenemos y salimos adelante gracias al soporte familiar. Cuando inició el Covid-19 en nuestro país el Presidente hizo un llamado a que los hombres compartieran de manera justa las labores del hogar y de cuidados, pues sólo así podremos transitar a un modelo colaborativo y no uno que se recarga únicamente en el trabajo de las mujeres. Un modelo en el que todos los mexicanos tengan garantizados los servicios desde la cuna hasta la tumba.