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3/30/2017

Descomposición generalizada



La Jornada 
La captura de quien hasta ayer era fiscal general de Nayarit, Édgar Veytia, ocurrida en San Diego, California, por su posible participación en tráfico de drogas, es un signo alarmante y exasperante de la descomposición de varios gobiernos estatales, de su proclividad a involucrarse en actividades de delincuencia organizada y del vacío institucional que permite a los Ejecutivos locales comportarse al margen de toda legalidad.
Es pertinente señalar que ante la detención de Veytia ninguna autoridad nacional puede llamarse a sorpresa, habida cuenta de la fama pública del ahora ex funcionario como perpetrador de toda suerte de atropellos y arbitrariedades, y como cómplice de grupos delictivos que operan en Nayarit. La ausencia de denuncias formales en su contra se explica por el terror que el fiscal suscitaba en la población del estado; su impunidad, por el empecinado respaldo que le prodigó en todo momento el gobernador saliente, Roberto Sandoval, quien llegó a referirse a Veytia como el mejor funcionario del año, como parte fundamental de la seguridad de Nayarit y como el hombre que había devuelto la paz a la entidad tras una oleada de violencia criminal registrada en los peores momentos de la absurda y mortífera guerra impuesta por Felipe Calderón en todo el país.
Otros ejemplos lamentables de lo que no puede llamarse sino ruptura del estado de derecho en diversas entidades es la situación de Javier Duarte Ochoa y César Duarte Jáquez, ex gobernadores de Chihuahua y Veracruz, respectivamente, y ambos prófugos de la justicia, acusados por actos de corrupción que dejaron a ambos estados en una grave crisis financiera.
Otro ejemplo de la descomposición imperante en las esferas políticas es el desfiguro perpetrado por la bancada priísta de la Cámara de Diputados, la cual cobijó durante más de un día al ex director de Adquisiciones de Duarte Jáquez, Antonio Tarín, el cual contaba con una orden de aprehensión por presunto desvío de 300 millones de pesos y quien pretende tomar posesión de la curul dejada por Carlos Hermosillo, quien falleció la semana pasada en un accidente. Suplente del legislador difunto, Tarín busca asegurarse la impunidad mediante la toma de protesta como diputado federal, lo que le otorgaría fuero, pero resulta asombroso, por decir lo menos, que la fracción priísta en San Lázaro lo haya ayudado a evadir la acción de la justicia cobijándolo en el recinto legislativo –al que, por ser un edificio federal, no tiene acceso la policía chihuahuense– en tanto el ex colaborador de Duarte Jáquez obtenía un amparo.
Por añadidura, el juez Anuar González Hemadi (juzgado tercero de distrito, en Veracruz) fue suspendido ayer por el Consejo de la Judicatura Federal tras el escándalo desatado por la decisión del magistrado de otorgar un amparo a Diego Cruz, uno de los integrantes del grupo conocido como Los Porkys de Costa de Oro, acusados por las agresiones sexuales a una menor en enero de 2015. En su fallo, González Hemadi sostiene, tras reconocer que la joven fue sujeta a tocamientos y roces por parte de Cruz, que la acusación de abuso no se sostiene porque no hubo el elemento intencional de satisfacer un deseo sexual.
Por desgracia, epsiodios como los referidos no son excepcionales en la vida institucional de los estados ni en la de la Federación y refieren los graves quebrantos al estado de derecho cometidos por autoridades de los tres poderes. No sorprende que en tales circunstancias la gobernabilidad del país se encuentre cada vez más acotada.

5/28/2015

Matanzas en México, descomposición social y negligencia en derechos humanos: Perseo Quiroz en CNN


"Estamos en un momento de crisis de derechos humanos", señaló por su parte Edgar Cortez.


Ante las recientes matanzas en Apatzingán, Tlatlaya y los hechos ocurridos en Ecuandureo, Michoacán, “tenemos que tener una reflexión de que estos casos que están sucediendo… se dan en un contexto de descomposición social, en un contexto de mucha negligencia respecto a tema de derechos humanos, no solamente en este gobierno, sino a lo largo de varios sexenios”, señaló Perseo Quiroz, director Ejecutivo de Amnistía Internacional México.

cnn 1
En entrevista para Aristegui CNN, dijo que los casos ya mencionados “se dan en un contexto en donde se ha privilegiado una política de mano dura, donde se han dejado los derechos humanos de lado, pero sobre todo en un contexto donde no hay un costo político para las violaciones a derechos humanos, donde los ciudadanos hemos ido poco a poco normalizando estos hechos violentos, ha dejado de ser noticia que haya una masacre, que haya otros muertos más”.


“En cualquier otro país democrático cualquier acontecimiento donde hayan muerto 42 civiles, merece una investigación por sí misma. Aquí todavía estamos debatiendo si lo investigamos o no lo investigamos”, refirió.

Además, indicó que como sociedad tenemos que “estar más pendiente de esto y ejercer mucho más nuestros derechos en este sentido”.

Por su parte Edgar Cortez, integrante del Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia, dijo que “vale la pena detenernos y ponerlos en perspectiva, estos casos de las masacres, en Tanhuato-Ecuandureo, Apatzingán, y Tlatlaya donde lo que tenemos es un número muy elevado de víctimas civiles, presuntamente delincuentes pero en realidad es difícil saberlo, frente a un número mínimo de bajas de policías o fuerzas armadas”.

Hay que recordar “que tenemos prácticamente veinte años que las fuerzas armadas entraron a labores de seguridad pública, en 1996 arrancó el uso de las fuerzas armadas en labores de seguridad pública. Eso significa que salieron a las calles y entraron a esta interacción con la sociedad”.

“En tercer lugar, tenemos estos casos ahora pero no son los únicos, un grupo de académicos del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM en 2011 presentaron un informe, lo que llamaron el índice de letalidad, y midieron, hicieron un registro”.

“Un recuento que entre enero de 2008 hasta mayo de 2011, registraron 234 casos de confrontación entre fuerzas armadas y civiles. Hicieron toda una estadística para medir cuántos muertos y heridos había del grupo de fuerzas armadas, policía, Marina o Ejército,  y  cuántos de los presuntos delincuentes, es un elemento importante porque es una versión objetiva”, indicó.

Explicó que “planteaban que de esa medición, de esos enfrentamientos en donde había habido participación de Policía Federal, por cada policía muerto había 1.4 presuntos delincuentes muertos. En el caso del Ejército subía, por cada soldado, 13.5 delincuentes, y en el caso de la Marina se iba por cada uno, a 34.5 delincuentes”.

“Es importante porque lo que estamos viendo es que hay una base objetiva para plantear la hipótesis de lo que ha pasado en estos casos”, recalcó.

“Frente a una crisis tienes dos posibilidades: una es resignarte y decir no hay remedio, la otra es tratar de convertirlo en una oportunidad, en una exigencia permanente de fin a la impunidad, de investigación, de efectividad de las instituciones y de construir un costo realmente de lo que está pasando en materia de derechos humanos. Pero siendo muy conscientes de que ese costo sólo se va a construir por el trabajo y la exigencia permanente de la ciudadanía”, finalizó.

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