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6/25/2022

Trabajo doméstico infantil en comunidades indígenas es violencia contra las niñas

 


Se reafirma que las niñas indígenas viven condiciones de desigualdad y violencia donde tienen que compaginar labores domésticas con tareas escolares y subordinación a los varones, incluso a los hermanos pequeños que aprenden a exigir y a violentar. “De repente mi hermano cuando llega de la escuela dice: ay, dame de comer, si no te pego, cuando no lo obedezco me pega”

Cd. de México, 16 de jun. 22. AmecoPress/SemMéxico.- Un estudio sobre trabajo doméstico infantil en comunidades indígenas destacó los testimonios de niñas de preescolar y primaria en el municipio de Acaxochitlán, Hidalgo, que reafirma que las niñas indígenas viven condiciones de desigualdad y violencia donde tienen que compaginar labores domésticas con tareas escolares y subordinación a los varones, incluso a los hermanos pequeños que aprenden a exigir y a violentar.

“De repente mi hermano cuando llega de la escuela dice: ay, dame de comer, si no te pego, cuando no lo obedezco me pega”. (Niña de primaria en Santiago Tepepa).

La doctora Rosa Elena Durán González especialista en educación, derechos humanos y comunidades indígenas señaló que en el estudio se identificaron tres tipos de violencias recurrentes y relacionadas entre sí: trabajo doméstico infantil, violencia física y psicológica, en la familia, escuela y comunidad.

Afirmó que el trabajo infantil doméstico de las niñas en comunidades indígenas es un problema social, cultural, económico y político, porque no se visibiliza. Su permisividad y naturaleza impide el derecho a toda niña de la comunidad al descanso, juego, estudio, esparcimiento y libre participación en la vida cultura.

Día Mundial contra trabajo infantil

La doctora egresada de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo e investigadora nivel 1 del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) y miembro activo de cinco redes de trabajos comunitarios indígenas presento la conferencia “El trabajo doméstico es trabajo infantil: situación de niñas en comunidades indígenas”, en conmemoración del Dia Mundial contra el trabajo infantil, en el Museo de la Mujer, el pasado 12 de junio.

Este año, a nivel mundial, se hizo un llamado a la protección social universal para poner fin al trabajo infantil. Se estima que en el mundo hay 160 millones de niñas y niños en situación de trabajo infantil, lo que representa uno de cada diez. Algunos de ellos con tan solo cinco años de edad.

En México, el trabajo infantil está prohibido, las leyes son claras y contundentes. La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en el artículo 123 A-III (2019) menciona la prohibición de trabajo a menos de 15 años. y solo para niñas y niños entre 16 a 18 años pueden laborar en jornadas menor a seis horas.

Sin embargo, a nivel nacional son 3.3 millones de niñas y niños que trabajan, de los cuales, 1.3 millones son niñas y dos millones son niños, de acuerdo a la Encuesta Nacional de Trabajo Infantil (ENTI, 2019) del INEGI. La mayor tasa infantil se concentra en Oaxaca, Chiapas y Puebla.

En este sentido, Rosa Elena Durán González delimitó la situación de las niñas en condiciones de trabajo infantil a nivel nacional: de los 1.3 millones de niñas de 5 a 17 años que trabajan, 496 mil 25 niñas están en riesgo de salud. Sólo en quehaceres domésticos en condiciones no adecuadas se encuentran 69 mil 115 niñas.

En ocupación no permitida y en quehaceres domésticas en condiciones no adecuadas hay 86 mil 51 niñas. De un millón 272 mil 191 niñas que trabajan y acuden a la escuela 130 mil 404 de entre 5 y 9 años. 476 mil 678 niñas tienen entre 10 y 14 años. Y 665 mil109 niñas tienen de entre 15 y 17 años. Solo 952 mil 38 asisten a la escuela y 320 mil 153 no.

Las niñas que no asisten a la escuela por trabajo son 45 mil 171 y por realizar quehaceres domésticos en su hogar, 71 mil 28. También, no asisten por otras razones, como inseguridad, discriminación y distancia de la escuela 36 mil 25 niñas. Por falta de recursos económicos 130 mil 743. Por embarazo, matrimonio o unión y motivos familiares: 122 mil 938 niñas de entre 5 y 17 años.

Por trabajo doméstico remunerado 58 por ciento recibe hasta un salario mínimo, 38 por ciento más de uno hasta dos salarios mínimos, y cuatro por ciento más de dos hasta tres salarios mínimos.

Trabajo infantil en comunidades indígenas

Hablar de trabajo infantil en comunidades indígena es sinónimo de supervivencia económica en contextos familiares, donde la prioridad es la subsistencia familia que es permitida por los ingresos precarios, es un trabajo informal, expone la doctora Rosa Elena Durán González.

Vemos, dijo, que las niñas están en situación de migración. Migran a la ciudad al trabajo doméstico con familias receptoras, el padre administra el dinero y regresan al pueblo en periodos de vacaciones o en fiestas patronales. Se vulnera su derecho a educación y salud. “Las niñas son extremadamente vulnerables podemos decir que es una migración coercitiva y violenta, ya que a las sustraen del núcleo familiar y comunitario”.

El trabajo doméstico infantil es un problema político, económico y social

El trabajo doméstico infantil es un problema político porque no se visibiliza, es económico porque es un trabajo no remunerado, es cultural porque se reproduce a través de roles, y es social porque se naturaliza. Esto permite que se violenten los derechos al descanso, estudio, participación en la vida pública, afirmó la doctora.

En las dinámicas familiares en el contexto rural las niñas están en mayor vulnerabilidad por ser receptoras pasivas de la violencia y omisiones de sus derechos, precisó la especialista. En la línea hegemónica familiar rural e indígena, la atención está centrada en el varón, en su papel de proveedor, después en los niños y por última instancia están las niñas.

La infancia tiene dos rostros: los derechos a una crianza afectiva, necesidades subsistencia, alimentación, vivienda, educación afectiva emocionales, y el de la desigualdad, supeditado a condiciones socioeconómicas, clase, etnia, género, de acuerdo a UNICEF, 2018.

La violencia va con el trabajo doméstico

La violencia física prevalece en el entorno familiar y principalmente deriva de los conflictos entre los padres, donde se hace patente la dominación del hombre contra las mujeres, a través de insultos, gritos y golpes; violencia que se encuentra normalizada.
Las niñas dieron testimonio de la violencia doméstica donde se hace patente la dominación del hombre hacia la mujer, a los niños desde los más pequeños aprenden a exigir y a violentar.

Hay privilegios para los varones para que estudien y realicen tareas escolares. Existe una marcada subordinación de las personas del sexo femenino a los varones; no solamente el padre aparece como figura de autoridad ante la esposa e hijos. A los hermanos varones también se les da la facultad para ordenar y solicitar servicios a sus hermanas o sobrinas.

“Cuando no está mi mama y mi tío llega de trabajar le preparo de comer para que coma y luego ya me voy a la escuela”. (Niña de primaria, San Mateo, 2017).

El trabajo doméstico es trabajo infantil

La doctora explicó que el estudio se realizó en cinco comunidades: San Pedro Tlalchichilco, cabecera municipal; San Mateo Reyes; Santa Ana Tzacuala y Santiago Tepepa de Hidalgo, con el apoyo de la presidencia municipal de Acaxochitlán, y la Instancia de la Mujer Acaxochitlán que financio el proyecto.

Con un enfoque en los derechos humanos, a la educación, salud y a una vida libre de violencia -señaló la investigadora- se utilizó una metodología diversificada por los diversos rangos de edad de las niñas, en el que se cuidó la identidad de las niñas y el respeto a su privacidad y confidencialidad.

Con asistencia de madres de familias se eligió la escuela, en cada comunidad, como espacio con grupos focales en “primaria alta”, niñas de cuarto a sexto grado y de “primaria baja” de primero a tercero, y para niñas en preescolares con técnicas proyectivas con láminas y asistente de lengua indígena de la comunidad.

La condición socioeconómica de las niñas es de pobreza, aunque no extrema, hablantes de lengua indígena, se pudo identificar que 19 por ciento de las niñas de preescolar hablaban lengua náhuatl y en primaria era el 58 por ciento de las niñas de primaria que hablaban náhuatl.

El reporte de Beijing, capitulo La niña, establece: Las niñas suelen ser consideradas inferiores y se les enseña ponerse siempre en último lugar, con lo que se les quita su propia dignidad. En los estudios feministas el trabajo doméstico y de cuidados se visibiliza como gratuito y en las niñas es considerado trabajo infantil.

Las niñas afirman que su rutina está determinada por las actividades del hogar. En caso de no cumplir con ello, son regañadas o golpeadas por sus familiares. El sometimiento y dominación de las niñas es ejercida por la madre, tías y hermanas y también por la dominación de los hombres en la escala más alta: el padre, los hermanos, los tíos, incluso los hermanos más pequeños ejercen esta dominación.

En el entorno familiar hay elementos particulares que visibiliza roles y estereotipos de género que se reproducen en la casa de manera reiterada. Las niñas reconocen que son actividades injustas que ellas sean más pequeñas y tienen la responsabilidad de atender.

Refieren: “Las niñas se pusieron a trabajar y los niños se quedaron en sus sillas viendo la tele. Cuando se levantan dicen que aún tienen hambre y las niñas están dándoles de comer a los caballos, pollitos, chivos, borregos y cochinitos” (Santiago de Tepepa).
(Suspiro largo) “La niña está poniendo la lumbre para comer” (Los Reyes).

“La van a regañar y le van a pegar porque no quiere poner la lumbre. Chilla, chilla y come, su papá la regaña porque comió (…) se sienten mal porque les pegan, no juegan con nosotras”. (San Mateo).

“ (…) todos los quehaceres, lavar los trastes, lavo la ropa. Yo también lavo. Tender las camas. Barrer. Yo lavo la ropa de mi papa nómas, los pantalones les echo jabón, los tallo, los enjuago y ya los tiendo. (Santa Ana Tzacuala).

“…yo acomodo la ropa cuando la dejan tirada, parecemos sus chachas, tengo un hermanito que deja tirados sus carros, su balón, sus zapatos tirados. (San Mateo).
Casi todas las niñas con excepción de dos, afirmaron que realizan labores domésticas, cuidado de los hermanos e incluso asistir a la madre enferma.

Una mínima luz de esperanza, el cambio de roles

La doctora Rosa Elena Duran González reflexiono que se pudo identificar, “aunque mínimamente y es una luz de esperanza”, un cambio paulatino de roles en que las niñas expresaron que todos los integrantes, incluidos los papas y los hermanos apoyan con las actividades domésticas y se da la distribución equitativa de las actividades en casa.

Se permite una democratización del trabajo doméstico, ya que se correlaciona con el cambio de roles de las mujeres hacia la participación en el ámbito público, es decir, su inserción al campo laboral de acuerdo a las teoricas, según expuso la doctora Durán González. “De forma muy paulatina, pero se está dando el cambio”, dijo.

“Mi mama reparte el quehacer, dice tu lava los trastes y tú la ropa, y la otra cuando termine de barrer, escombra abajo. (Cabecera municipal de Acaxochistlan, 20).

La investigadora aseguró que las niñas tienen en sus madres y abuelas a sus principales y más cercanas cuidadoras, quienes deberían además de enseñarles la realización de los trabajos domésticos cuidarlas en su igualdad de derechos, no obstante, la condición desigual en su condición de madres, esposas o abuelas.

Lo que permite reflexionar que son las madres las que pueden posibilitar ese cambio. Tienen la posibilidad de generar ese cambio que haya una distribución equitativa del trabajo doméstico y también pueden cuidar para una distribución de los espacios de juego y ejercicio de los derechos de las niñas y niños.

La doctora consideró que la situación puede transformarse a través de las redes comunitarias en articulación con la academia, sector social, el Sistema Nacional, de Protección de Niñas y Niños y Adolescentes (SIPINNA).

Finalmente, dijo la doctora Rosa Elena Durán González que “Cargar a las niñas de trabajo doméstico y de cuidado es como robarles su infancia y su proyecto de vida”.

Fotos: SemMéxico. 

6/20/2020

Efectos de la pandemia en trabajo infantil y de jóvenes


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CIMACFoto: César Martínez López
En México el trabajo infantil podría aumentar entre 1 y 3 puntos porcentuales, lo que implicaría que al menos entre 109 mil  y 326 mil niñas, niños y adolescentes podrían ingresar al mercado laboral. Implica un retroceso de 2 años en los esfuerzos de reducción del trabajo infantil.
El cierre temporal de las escuelas es otro factor muy importante en los hogares que se manejan con inseguridad económica, un elemento importante precisamente para que la niñez se incorpore al trabajo; ahora más que nunca la infancia y la adolescencia deben estar en el centro de las prioridades de acción.
Son datos generados por  la Organización Internacional del Trabajo (OIT), y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), en su documento denominado: “La pandemia  por el  Covid-19  podría incrementar el trabajo infantil, en América Latina y el Caribe”  
¿Qué es el trabajo infantil? El término “trabajo infantil” suele definirse como todo trabajo que priva a las niñas, niños y adolescentes de su niñez, su potencial y su dignidad, y que es perjudicial para su desarrollo físico y psicológico.

Un escenario de crecimiento o de no crecimiento, como el que muestra la gráfica se traduce neceariamente en un PIB per cápita menor. Es la crisis económica que se convierte en pérdida empleos e ingresos. Al disminuir el crecimiento de la economía, también disminuye el PIB per cápita que está asociado al incremento del trabajo infantil.
En el país, de febrero a abril la caída del empleo total -formal e informal-, fue de 25.4 por ciento. Se ha afectado severamente el  bienestar de las familias, particularmente aquellas en condiciones de pobreza extrema, quienes suelen habitar viviendas inadecuadas y trabajar en empleos informales; y las micro y pequeñas empresas o por cuenta propia; de igual manera se afectan las personas jóvenes y las mujeres que representan una proporción importante de los empleos temporales, tiempo parcial a desprotegido y en condiciones de informalidad, donde predominan ellas.
Estos grupos son los más aquejados por el deterioro de la economía. La crisis se extenderá rápidamente a las zonas rurales donde tradicionalmente hay un déficit de trabajo digno y donde muchos empleos no aseguran unos niveles suficientes de ingresos ni medios de vida sostenibles.
La desaceleración de la economía de la producción y el desempleo tendrán efectos muy importantes en el trabajo infantil, la falta de Seguridad Social y los mayores niveles de pobreza son todo ello en conjunto las condiciones que provocan esto. Puede implicar un retroceso de 20 años.
Uno de los principales factores de inseguridad e inestabilidad económica en los hogares es que la jefa o el jefe del hogar trabaja en condiciones de informalidad; hay que recordar que en el caso de México son 6 de cada 10 trabajadoras las que están en esta situación, ahí se carece de protección social.
Las zonas rurales, donde existen mayores riesgos de trabajo infantil, se verán posteriormente afectadas por la crisis debido a las características de una menor interacción entre las personas y un menor dinamismo económico.
De acuerdo con la Comisión de Derechos Humanos de la CDMX la movilidad social es de 59 por ciento; es decir, sólo 6 de cada 10 personas podrán salir de la pobreza. Pero también esa movilidad intergeneracional está comprometida, y la situación se profundiza en el caso de las mujeres. Nashieli Ramírez, Presidenta.  Esto era antes de la pandemia y sus efectos en el trabajo infantil, ahora la capilaridadd social se reduce drásticamente
PD:
Desaparece información de género en encuestas de Inegi
Se cancelan temporalmente las siguientes encuestas presenciales: Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE); Encuesta Nacional de Confianza del Consumidor (ENCO); Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE); Encuesta Nacional de Vivienda (ENVI); Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) y, Encuesta Cognitiva de la Encuesta Nacional sobre Salud y Envejecimiento en México (ENASEM).
Algunas se realizarán telefónicamente como la ENOE, cuyo primer resultado corresponde al mes de abril y se publicó recientemente. Sin embargo Inegi ya informó que mientras se realicen telefónicamente, no incluirán información desagregada por sexo.
En síntesis, no se podrá disponer de información de vital importancia sobre los efectos del COVID-19 y la crisis económica en 54 por ciento de la población, las mujeres. Justo la población  que sufre las mayores afectaciones en salud, bienestar, violencia o laboral. Un retroceso de 40 años en las conquistas del  feminismo.

6/14/2019

En un año, un millón más de niños trabajadores, estima el gobierno federal


Estudio de 2018 identificó 256 municipios considerados de alto riesgo de empleo infantil

Aunque el gobierno federal anunció que realizará una nueva encuesta para detectar las zonas de mayor riesgo de trabajo infantil y erradicarlo, el año pasado –aún durante la administración federal anterior– elaboró un modelo para detectarlas con la información oficial disponible.
Los resultados permitieron identificar, municipio por municipio, las zonas de mayor riesgo en este renglón, sin que la información se haya traducido en eficientes políticas públicas de las distintas instancias de gobierno.
Incluso en dicho informe –presentado en junio de 2018– se expuso que había 2 millones 217 mil 648 menores en esa condición en el país, mientras para 2019 las autoridades ya hablan de 3.2 millones, de acuerdo con las cifras dadas a conocer esta semana por el secretario ejecutivo del Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes, Ricardo Bucio Mújica. La cifra actualizada representa un millón más de niños trabajadores que el año pasado.
El modelo fue elaborado en conjunto entre la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), la Comisión Económica para América Latina y el Caribe y la Organización Internacional del Trabajo de las Naciones Unidas, y contenía un estimado del total de menores que laboran en cada municipio del país y las actividades que realizan.
Los resultados del modelo presentado en 2018 señalan que 7.5 por ciento de niños y adolescentes se encontraban en ocupaciones no permitidas. De esta cantidad, 1.3 millones eran adolescentes en ocupaciones peligrosas y 887 mil se dedicaban a labores no permitidas aún sin tener siquiera la edad mínima para trabajar.
El diagnóstico identificaba 256 municipios del país con alto riesgo de empleo laboral infantil y señalaba que hay nueve estados considerados en ese rubro. Entre éstos sobresalen Nayarit, Colima y Puebla, pues hasta 13 por ciento de niños y adolescentes laboran en una ocupación prohibida por la ley para un menor.
Esta semana, la STPS dio a conocer que solicitará un levantamiento de datos para el Módulo de Trabajo Infantil, que se realizará a finales de 2019, lo cual dará continuidad a los datos que se obtienen cada dos años a escala nacional.
Dicha medición representa la única fuente oficial sobre las actividades económicas, domésticas y escolares de niños y adolescentes de cinco a 17 años, y se encuentra anexa a la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo que elabora el Inegi, explicó la dependencia.

Periódico La Jornada

6/13/2019

La vergüenza del trabajo infantil

Editorial La Jornad


El Día Mundial Contra el Trabajo Infantil, que se conmemoró ayer, dio lugar a la presentación de las preocupantes cifras que esta problemática alcanza en México: según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), 3.2 millones de niños y adolescentes de entre 5 y 17 años de edad se encuentran trabajando, y en entidades como Nayarit o Zacatecas esta situación alcanza a casi uno de cada cinco menores en ese rango de edad. Por su parte, la Mesa Social contra la Explotación de Niñas, Niños y Adolescentes sostiene que 90 por ciento de los menores que trabajan lo hacen en actividades no permitidas, 40 por ciento de ellos no asisten a la escuela, y 30 por ciento de las niñas que realizan labores domésticas lo hacen en condiciones inadecuadas.

No se trata de un fenómeno privativo de nuestro país: según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), 152 millones de niños trabajan en todo el mundo, y casi la mitad de ellos lo hace en condiciones peligrosas o de explotación. En particular, en amplias regiones de África, Asia y América Latina los niños y adolescentes han representado un importante filón para el mercado laboral, el cual recurre a su fuerza de trabajo porque es más barata y se encuentra en mayor desprotección legal que la que enfrentan los adultos.

Por otra parte, si es cierto que algunos de los menores manifiestan realizar actividades laborales por gusto, como puede ser el caso de los alumnos de bachillerato que desean contar con ingresos extras, no puede perderse de vista que el grueso de este fenómeno tiene su origen en la pobreza y la miseria que orillan a las familias a emplear a sus miembros más jóvenes, así como en las diversas formas de violencia intrafamiliar que obligan a los menores a ganarse la vida por su cuenta.

Ante este panorama, la implementación del Programa Nacional de Becas para el Bienestar Benito Juárez –el cual canaliza recursos federales a todos los niños y adolescentes del país que se encuentren inscritos en escuelas públicas de los niveles prescolar a medio superior– constituye un hecho sin duda positivo, en la medida en que puede contribuir a que los menores continúen sus estudios y no se vean forzados a trabajar por motivos económicos.

Sin embargo, es claro que este programa no basta, por sí solo, para sacar del mercado laboral a todos los niños que se encuentran en él y que debe ir acompañado por políticas mucho más severas para impedir el trabajo infantil o cuando menos acotarlo a su mínima expresión, de tal manera que no afecte las oportunidades de crecimiento y desarrollo de los menores. Más allá de los subsidios del Estado, la sociedad les debe a niños, niñas y adolescentes una política amplia que garantice que sus vidas transcurran en ambientes seguros, entre el estudio y el juego, y no en trabajos que interrumpan su infancia o, peor, en entornos en los que corren el riesgo de ser cooptados por la criminalidad organizada.

Día contra el trabajo infantil: niñas las que más laboran en sector de servicios


3.2 millones de niñas y niños trabajan en México   



A propósito del Día Mundial Contra el Trabajo Infantil, que se conmemora cada 12 de junio, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) advirtió que en México 3.2 millones de niñas y niños entre los 5 a 7 años de edad trabajan en actividades económicas no permitidas o en quehaceres domésticos.
La niñez que trabaja representa una tasa de ocupación de 11 por ciento del total de la población infantil del país: 14 por ciento son varones y 8 por ciento son mujeres. 
De acuerdo con la estadística de 2017 que recoge el Módulo de Trabajo Infantil (MTI) del Inegi, la niñez en el país trabaja en casi todos los sectores laborales, pero destaca su actividad en el agropecuario. Ahí se concentra 34.5 por ciento del total de la población infantil ocupada en trabajo no permitido.
Si bien, como lo muestran los datos, el trabajo infantil es un fenómeno predominantemente masculino, la actividad de las niñas entre 5 a 17 años de edad sobresale en el sector de los servicios, el segundo donde mayor niñez labora.
Según el Inegi existe una diferencia de más de 10 puntos porcentuales entre la proporción de hombres (19 por ciento) y de mujeres (30 por ciento) ocupados en el sector de servicios. Otras actividades en las que más participa laboralmente la niñez es el comercio, la industria manufacturera, extractiva, electricidad, agua y la construcción.
La niñez no sólo se ausenta de la escuela y es privada de otros derechos por laborar en estos sectores, el Instituto señala que el trabajo doméstico no remunerado y el cuidado de otros al interior de los hogares puede limitar y violenta los derechos de la niñez. 
El Módulo del Inegi estimó en 2017 que la tasa de trabajo doméstico en condiciones no adecuadas fue de 4.7 por cada 100 niñas y niños de entre 5 a 17 años de edad.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) fue quien instituyó el Día Mundial Contra el Trabajo Infantil, el organismo estima que actualmente en el mundo hay 152 millones de niños y niñas en esta situación, identificando entre las causas más inmediatas los entornos de pobreza y los problemas familiares.
De acuerdo con la OIT y otras entidades internacionales dedicadas a la protección del interés superior de la niñez, cualquier actividad laboral a temprana edad tienen un efecto negativo en el desarrollo físico, psíquico, educativo y social de las niñas y niños.
Además, constituye un obstáculo en el acceso a sus derechos sobre todo al de la educación. De acuerdo con el Inegi, nueve de cada 10 niñas y niños ocupados que no cumplen la edad mínima para trabajar (que es de 15 años según la Ley Federal del Trabajo) no asisten a la escuela por el trabajo.
Entre las principales razones manifestadas al MTI para justificar el trabajo infantil están solventar los gastos que genera la asistencia a la escuela, seguido de hacerlo por gusto y ayudar a la familia. De acuerdo con el Inegi, de las niñas y niños ocupados 38 por ciento aporta de su ingreso al hogar.
De las niñas y niños en ocupaciones no permitidas, 22 por ciento dijo que lo hace para pagar sus estudios y/o sus propios gastos y 28.5 por ciento porque su hogar necesita de su trabajo o aportación económica.
Una de las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas es instar a la comunidad internacional a adoptar medidas inmediatas y eficaces para que en 2025 se haya eliminado el trabajo infantil en todas sus formas.
México firmó en 1990 la Convención sobre los Derechos de los Niños de las Naciones Unidas, comprometiéndose a brindar protección y seguridad a los niños y niñas. La legislación nacional define como trabajo no permitido aquel realizado por menores de 15 años de edad (edad mínima requerida para laborar) y las ocupaciones clasificadas como peligrosas o insalubres, ya sea que por las condiciones físicas, químicas o biológicas del medio en que se presta.

CIMACFoto: César Martínez López
Por: la Redacción
Cimacnoticias | Ciudad de México.- 

8/21/2016

Contradicciones de un modelo de desarrollo excluyente y fallido

Explotación y trabajo infantil en el México contemporáneo


¿Cuál es el futuro de un país que, al mismo tiempo que tiene a varios de los hombres más ricos del mundo y presenta uno de los índices de corrupción y desigualdad más agudos del mundo, cuenta también con más de 21 millones de menores de edad en pobreza y con más de la mitad de su población total en la misma situación de precariedad material?
La construcción social de la desigualdad se funda en procesos de acumulación económica apuntalados por las políticas de liberalización y desregulación que, en la medida en que sólo benefician a acaudaladas y avariciosas minorías, despojan a millones de personas, no sólo de sus recursos materiales y sus derechos humanos y sociales más elementales, sino de la misma posibilidad de una vida digna.

Vista panorámica de una niñez empobrecida y explotada
La desigualdad e injusticia, así como la pobreza masiva y generalizada en el campo y la ciudad, han sido algunos de los rasgos de la historia social del México contemporáneo, y una de las muestras fehacientes de que el proyecto de desarrollo nacional apuntalado por los regímenes políticos mexicanos neoliberales de las últimas décadas ha fracasado por completo. No llegaron ni la anunciada generación de empleos mejor remunerados ni el esperado crecimiento económico que supuestamente se traduciría en la mejoría de las condiciones de vida de la mayoría de la población; tampoco disminuyó la desigualdad e inequidad, no mejoraron los servicios de salud, y, finalmente, la violencia, junto con la impunidad y la corrupción, siguen siendo una pandemia constante, generalizada y estructural-. Los rostros de la exclusión son variados y múltiples –jornaleros, campesinos, obreros, maestros, estudiantes, entre tantos otros-; no obstante uno de los más dolorosos son los adolescentes y niños en situaciones de precariedad material y forzados a trabajar. Según datos recientes de instancias internacionales y nacionales, en México aproximadamente 21 millones de menores de edad se encuentran en pobreza [1], situación que se acentúa y acrecienta, tanto dentro del campo –donde los índices de problemas de desarrollo/crecimiento físico se duplican respecto a los centros urbanos-, como al interior de los grupos indígenas –donde uno de cada nueve está en pobreza y uno de cada tres presenta algún tipo de desnutrición- [2]. En este contexto, en el país cerca de 8.6% de los niños y adolescentes de entre cinco y diecisiete años -aproximadamente dos millones y medio de menores-[3], por varios motivos –entre los que destacan completar el gasto familiar debido al exiguo salario de sus padres- se ven obligados a trabajar en diversos rubros -agricultura, comercio, servicios, manufactura, construcción y otros [4] [5]-; además, el trabajo de menores de edad se concentra notoriamente en tres estados del sur del país -Guerrero con 14%, Oaxaca con casi 12% y Chiapas con 11%- [6], entidades federativas caracterizadas por una alta población rural e indígena y por presentar los índices de desarrollo humano más bajos del país.
Explotación y trabajo infantil, una realidad invisibilizada pero presente
  El trabajo y explotación infantil, más allá de los marcos normativos –nacionales e internacionales- y de los buenos deseos oficiales, es una realidad innegable y demográficamente desproporcionada que muestra la constante transgresión y falta de respecto de los derechos de uno de los sujetos sociales más vulnerables. Para estos niños y adolescentes bajo estas condiciones, y a semejanza de otros grupos sociales con derechos violados, la ley es letra muerta y reflejo de la impunidad. Sobre la base de otros procesos de marginación –como la alta mortalidad infantil, la baja esperanza de vida, precarios niveles de educación e ingreso económico-, el trabajo infantil y la falta de derechos de los niños y adolescentes se acentúa en regiones del país con fuerte presencia campesina-indígena –como Guerrero, Oaxaca y Chiapas- y con niveles de bienestar material claramente desiguales y excluyentes, producto de una política explícita de la desigualdad; así, no es casualidad que este fenómeno se concentre en el sureste de México, y el campo en particular, pues ha sido uno de los sectores más golpeados y deteriorados por las reformas estructurales neoliberales –que han desembocado en la desarticulación productiva y, por consecuencia, en la falta de empleo, salarios bajísimos y muy precarias condiciones laborales-.
De este modo, la pobreza y el trabajo adolescente e infantil se asientan y establecen sobre un marco previo y estructural, las adversas condiciones de los mercados labores –que se caracterizan por ser flexibles, desreguladas, riesgosas, no vigiladas ni sancionadas-; este panorama, no sólo no protege a los trabajadores –y padres de estos niños y adolescentes-, sino que ni si quiera provee a estos trabajadores de la remuneración económica indispensable para la subsistencia de ellos y sus familias. En gran parte de los casos, la ignominia del trabajo infantil se funda en la explotación y precariedad del trabajo en general. No obstante que el Estado mexicano dice alarmarse y reconoce que hace falta mucho por hacer respecto a los derechos de los niños y adolescentes, han sido el mismo Estado y sus instituciones quienes han diseñado y llevado a cabo una serie de políticas y cambios económico-sociales que generan y propician las condiciones, no sólo para que no se respeten y se violen de manera constante y fáctica los derechos de los niños y los menores de edad, sino también para que estas ominosas situaciones se acentúen e incrementen.

Bibliografía
[1] El estado mundial de la infancia 2016, UNICEF.
[2] Muñoz Ríos Patricia, “En pobreza, casados y con hijos, millones de menores mexicanos”, La Jornada, 28 de junio 2016.
[3] 12 de junio, día mundial contra el trabajo infantil, CNDH, 12 de junio 2016.
[4] De la redacción, “Esfuerzos han sido insuficientes”, La Jornada, 13 de junio 2016.
[5] 12 de junio, día mundial contra el trabajo infantil, CNDH, 12 de junio 2016.
[5] 12 de junio, día mundial contra el trabajo infantil, CNDH, 12 de junio 2016.

6/12/2016

Más de un millón de menores trabajan sin pago en México


Laboran 2.5 millones de niños y adolescentes, cerca de 400 mil tienen entre 5 y 11 años

Seis de cada 10 son mujeres que además realizan quehaceres domésticos y estudian, según el Inegi

Periódico La Jornada

En México 2.5 millones de niños y adolescentes trabajan. Casi la mitad (45.9 por ciento, un millón 147 mil 500) no recibe ningún ingreso por su labor y cerca de 400 mil (377.5 mil) son niñas y niños de 5 a 11 años, según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
De acuerdo con un reporte estadístico con motivo del Día Mundial contra el Trabajo Infantil (que se conmemora este 12 de junio), cuatro de cada 10 niños y adolescentes ocupados en el país son menores de la edad mínima de admisión en el empleo, que es de 15 años.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) define al trabajo infantil como aquel que los niños no deberían realizar porque son demasiado jóvenes, y para el caso de que no lo sean, porque esas labores son peligrosas para ellos.
De acuerdo con el reporte del Inegi, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) señala a la duración de la jornada laboral por encima del límite legal permitido como una de las condiciones de trabajo infantil inadecuadas que pueden convertir esa labor en una actividad de riesgo.
En México, la jornada de trabajo de los menores de 16 años no puede exceder de seis horas diarias; sin embargo, 29.3 por ciento de la población de cinco a 17 años ocupada labora 35 y más horas a la semana, es decir 7 horas diarias en una semana de lunes a viernes.
FotoLas cifras indican que de los 2.5 millones de niñas, niños y adolescentes de cinco a 17 años que trabajan en México, 15.1 por ciento (es decir 377.5 mil) tienen de cinco a 11 años; 26 por ciento (650 mil) son adolescentes de 12 a 14 años y 58.9 por ciento (un millón 472.5 mil personas) son adolescentes de 15 a 17 años.
Un niño vende ropa usada en la avenida Hidalgo, en el Centro Histórico de la Ciudad de MéxicoFoto José Antonio López
De acuerdo con información del Módulo de Trabajo Infantil de Inegi con cifras hasta 2013 (el dato más reciente disponible), seis de cada 10 niñas y adolescentes mujeres realizan quehaceres domésticos y estudian, además de estar inmersas en actividades laborales; situación que contrasta con 43.3 por ciento de niños y adolescentes varones.
Sin embargo, de los 2.5 millones de niñas, niños y adolescentes que realizan alguna actividad económica, 67 por ciento son niños y 33 por ciento niñas.
La mayoría de los niños y adolescentes que trabajan en México, lo hacen en el sector agropecuario (30.5 por ciento), seguido del comercio y los servicios que emplean a 25.9 y 24.6 por ciento, respectivamente, de los niños y adolescentes que trabajan.
Más de la mitad de niños que trabajan en México (55 por ciento) realiza actividades elementales y de apoyo y la quinta parte (20 por ciento) se emplea como comerciantes o agentes de ventas.
En cuanto a la remuneración, la información muestra que 45.9 por ciento de la población infantil que realiza actividades económicas no recibe un ingreso, seguidos por aquellos que reciben hasta un salario mínimo (28.4 por ciento) y solamente 1.2 por ciento perciben ingresos mayores a tres salarios mínimos.
Los motivos que los llevan a trabajar pueden ser de distinta naturaleza: 23.3 por ciento del total declararon que lo hacen para pagar su escuela y sus propios gastos; 22.5 por ciento porque el hogar necesita de su trabajo y 22.4 puntos porcentuales por gusto o sólo por ayudar.
En lo que respecta a la persona para quien trabajan, seis de cada 10 lo hacen para un familiar, señaló el Inegi.

5/17/2016

Por 20 pesos, niñas oaxaqueñas trabajan 12 horas en el campo


   Ante el contexto de pobreza se ven obligadas a laborar


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El montoncito de leña quedó anudado al mecapal. Nereida lo sujeta con fuerza haciendo dos lazadas para evitar que la madera resbale. Ella tiene sólo 11 años de edad y la fuerza de una hormiga que carga sobre sus hombros el peso de la pobreza.

Nereida y su prima Brenda, de ocho años, nacieron entre la serranía mixe en donde las nubes se funden con la tierra siempre productiva. Fueron arrulladas con el aliento del cerro del Zempoaltépetl en la casa empotrada en la ladera.

Ambas integran el 6.8 por ciento de las niñas que realizan alguna actividad económica y del 58.2 por ciento que cubren una triple jornada, ya que combinan el trabajo con la realización de quehaceres domésticos y además estudian, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

La jornada inició antes de que despertara el sol. A esa hora junto a su abuela Helena, Brenda y Nereida preparaban el desayuno. En la cocina revolotea el olor a tamal de papa y atole de maíz. A humo, a leña seca, adobe frío y carrizo. La braza brincotea de un lado a otro. Sube y baja rodeando la tiznada olla de frijol. El hervor apacigua el fresco que se desliza en forma de nubosidad.

No es día de escuela, es día de trabajo en el campo donde la lección de vida las espera. La madre de Nereida viajó a Tamazulapan a recibir el dinero que de vez en cuando envía su esposo que emigró a Estados Unidos.

La de Brenda vive en la capital oaxaqueña desde hace un año. Esporádicamente la visita, pero frecuentemente le envía dinero para la manutención. El padre un día abandonó su responsabilidad y desapareció. “Dicen que ya tiene otra familia”, expresa ella con rasgo de resignación.

La abuela Helena, Brenda y Nereida caminan colina abajo en donde crece salpicada la milpa y el frijol, la calabacita y el chayote, la papa y el nabo. Las tierras no son suyas, las niñas y su abuela fueron contratadas. Ellas por 20 pesos el día, la mujer por 100 pesos.

En ocasiones la paga es 20 pesos más alta, pero esta vez quien contrata es otra mujer de edad avanzada que le dedica el poco dinero que tiene a la cosecha anual que representa alimento seguro durante un año.

Helena toma el “garabato” para remover la tierra. Sus manos diminutas rodean con fuerza el bastón de madera que al frente lleva un pico plano y metálico. Lo echa al hombro. Sus pasos de zapatos gastados se internan entre el verde que tiñe la ladera baja. Sobre su cabeza un rebozo dobladito la cubre del sol que a esa hora baña riguroso el paisaje.

“Aquí así vivimos, tenemos lo que necesitamos. Sí, a veces no hay dinero pero teniendo el campo la comida no falta”, expresa la mujer. Su piel está tejida con finas arrugas, el cabello cubierto con un amarillo pálido y grisáceo que se entrelaza hacia atrás. Los años y el peso del trabajo la fueron desvaneciendo. Su menudez se acentúa con el suéter que bailotea en cada zanjada a la tierra.

Con el “garabato” da pequeños golpecitos entre la milpa para liberar las raíces y que éstas puedan crecer con holgura. Mientras tanto, Brenda y Nereida recolectan leña suelta. La apilan en montoncitos hasta lograr dos cargas.

Nereida viste una blusa tejida a rayas blancas y beige que contrasta con su piel morena y el cabello largo y negro brillante. En sus pies, unos tenis de paso en paso van inhalando aire por los orificios del desgaste. El pantalón de mezclilla es dos tallas mayor a su cintura. La niña no refleja la talla de la edad que tiene.

Brenda tiene ocho años y estatura de una niña de seis. Esa mañana amaneció rubicunda por la gripe. A pesar del calor del mediodía va cubierta de pies a cabeza. No se siente del todo bien y lo expresa con su silencio.

Las dos cargas están listas. Es el octavo viaje desde la parte alta de la ladera hacia la casa en donde desmontan. Se colocan la leña a la espalda y bajan ágilmente sin resbalar. “No hay dinero por eso trabajamos, el dinero que ganamos con la leña es para el gasto de la casa”, dice Nereida.

La jornada no termina, quizá tomen un descanso, pero la actividad se prolonga hasta las seis de la tarde cuando el sol va dejando de alumbrar.

TRABAJO INFANTIL

Desde el punto de vista del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), el trabajo infantil constituye una violación a los derechos de la niñez porque “es un obstáculo para el desarrollo social y económico, ya que socava las competencias de su futura fuerza laboral y favorece la transmisión intergeneracional de la pobreza, al tiempo que perpetúa las desigualdades existentes”.

Lo anterior no es atribuible a las familias, sino a la falta de fuentes de empleo para garantizar el acceso a todos los Derechos Humanos de manera integral.

Datos del Módulo de Trabajo Infantil (MTI) 2015 de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) muestran que hay 2.5 millones de niñas, niños y adolescentes de cinco a 17 años de edad que realizan alguna actividad económica, de los cuales 32 por ciento son mujeres y 68 por ciento son hombres.

Del total de población femenina infantil y adolescente, 6.8 por ciento realizan alguna actividad económica, de ellas más de la mitad (58.2 por ciento) cubren una triple jornada, ya que combinan el trabajo con la realización de quehaceres domésticos y además estudian, mientras que 31.7 por ciento trabaja y realiza tareas en el hogar, pero no va a la escuela.

En cuanto a los trabajos que realizan, la mayor proporción (32.1 por ciento) son comerciantes o empleadas de comercios establecidos; 16 por ciento son trabajadoras o ayudantes, industriales o artesanales; una de cada 10 trabaja en servicios domésticos y un porcentaje cercano aunque menor (8.5 por ciento) corresponde a vendedoras ambulantes. La encuesta del Inegi no contempla el trabajo de las niñas en el campo.
  


Por: Citlalli López Velázquez, corresponsal
Cimacnoticias | Santa María Yacochi, Oax.- 

2/16/2016

El subsecretario de Sedesol tuitea la foto de niño que le bolea los zapatos


El funcionario borró el tuit tras recibir críticas // Foto: Cuenta de Twitter de Ernesto Nemer

Ernesto Nemer, uno de los encargados de los programas de combate a la pobreza, fue criticado por subir a redes la fotografía de un niño que le bolea los zapatos en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, uno de los estados más pobres.

Foto: Cuenta de Twitter de Ernesto NemerEl funcionario borró el tuit tras recibir críticas
Ernesto Nemer, subsecretario de Desarrollo Social y Humano, presumió en la red social Twitter una fotografía de un niño, al que llamó su “amigo”, cuando éste le boleaba los zapatos en San Cristóbal de las Casas, Chiapas.
El funcionario de la dependencia dedicada a combatir la pobreza borró el tuit ante las críticas que recibió por alentar el trabajo infantil, prohibido en la ley y en convenciones internacionales que ha firmado el gobierno federal.
Incluso, en este sexenio, el gobierno impulsó la aprobación de una ley de Protección de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, que se fundamenta en el artículo 4 de la Constitución, que habla -por ejemplo- del derecho a la educación.
Nemer tomó la foto en Chiapas -uno de los estados más pobres del país-, a donde acudió con el titular de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), José Antonio Meade, en representación del gobierno federal para participar en las distintas actividades del papa Francisco en la entidad.
Este lunes, el papa ofició una misa en San Cristóbal de las Casas, en la que precisamente denunció la explotación a los indígenas y llamó a pedirles perdón.

2/19/2015

En 12 años, aumentó el número de niñas que trabajan sin paga

Problemas estructurales niegan bienestar para menores de edad


Las condiciones de pobreza y desigualdad que enfrenta la infancia mexicana obliga a miles de niñas a realizar alguna actividad económica, por lo que el 15 por ciento de ellas tiene una jornada laboral de más de 48 horas semanales y el 40 por ciento no recibe remuneración económica.

Así lo reflejan las cifras contenidas en el informe “La Infancia Cuenta en México 2014”, elaborado por la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim) y que se presentó ayer.

La publicación presenta los resultados del módulo de Trabajo Infantil del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), según el cual en 2013 cerca de 2 millones 500 mil niñas, niños y adolescentes de entre cinco y 17 años realizaban alguna actividad económica, es decir, el 8 por ciento del total de la población infantil en este rango de edad.

Siete de cada 10 viven en localidades de menos de 100 mil habitantes, el 22 por ciento de la población infantil lo hace porque su hogar necesita su trabajo, y el 23 por ciento para poder estudiar.

De acuerdo con la Redim, estos datos “ponen de manifiesto problemas estructurales en materia de bienestar y desarrollo económico (que enfrentan niñas, niños y adolescentes), y que hacen imperantes medidas especiales para garantizar y restituir sus derecho a niñas y niños trabajadores”.

En la parte introductoria del documento, la Redim enfatiza que “estar involucrado en una actividad económica puede llegar a ser un impedimento para ejercer el derecho a la educación”.

Los datos muestran que un 36 por ciento de las y los menores de edad que trabajan no va a la escuela, y el 61 por ciento combina el trabajo con el estudio.

Las cifras revelan además que la niñez trabajadora enfrenta severas violaciones a sus Derechos Humanos, siendo las niñas las más afectadas.

En 2013 se registraron 742 mil menores de edad con jornadas laborales superiores a las 35 horas a la semana, es decir el 30 por ciento de quienes trabajan.

Para 2012, 86 mil 198 niñas de entre 12 y 17 años de edad trabajaban más de 48 horas semanales. La mayoría de ellas se encontraba en Chiapas, Distrito Federal, Estado de México, Oaxaca, Puebla y Veracruz.

Cabe destacar que de acuerdo con el artículo 117 de la Ley Federal de Trabajo (LFT), “la jornada de trabajo de los menores de 16 años no podrá exceder de seis horas diarias (30 horas semanales) y deberán dividirse en periodos máximos de tres horas”.

A esta condición se suma que nueve de cada 10 menores de edad que se desempeñan en labores domésticas son niñas o adolescentes.

Los datos del informe también revelan que un millón 158 mil niñas, niños y adolescentes trabajadores realizaron sus actividades económicas sin paga, lo que equivale al 46 por ciento del total de la población de cinco a 17 años que trabaja.

A nivel nacional, en 2012, del total de mujeres jóvenes de 12 a 17 años que se encontraban trabajando, 41.8 por ciento (284 mil 68) lo hacía sin remuneración.

Este porcentaje es superior al de sus pares varones, ya que la proporción de hombres de 12 a 17 años de edad que trabaja sin remuneración es de 40.4 por ciento.

Al analizar las cifras divulgadas por la Redim también es posible identificar que el porcentaje de niñas que trabajan sin remuneración ha aumentado en los últimos 12 años.

En el año 2000, el porcentaje de niñas que trabajó sin paga fue de 31.9 por ciento; para 2005 la cifra se incrementó a 39.8 por ciento, y para 2010 dicha proporción subió a 41.7 por ciento.

Redim recordó que más allá de la promulgación de la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, sigue pendiente la creación del Subsistema de Protección Especial de los Derechos de la Infancia en México, que debe tomar en cuenta la realidad de la infancia trabajadora y analizar las causas estructurales que llevan a la niñez a involucrarse en una actividad económica.


CIMACFoto: César Martínez López
Por: Anaiz Zamora Márquez
Cimacnoticias | México, DF.-