Escrito por Paola Piña
Foto de Austin Garcia.-
Ciudad de México.-
Para las niñas y niños migrantes que salen de sus territorios en busca
de mejores oportunidades de vida, seguir a su familia o tener derechos
básicos como a la educación sigue pareciendo una utopía, lo que estaría
afectando hoy en México a más de medio millón de niñas, niños y
adolescentes en tránsito quienes se encuentran en esta situación.
La
Unidad de Política Migratoria, Registro e Identidad de Personas
(UPMRIP) registró en lo que va del año hay 533 mil 332 niñas, niños y
adolescentes extranjeros en situación irregular en el país quienes
presentan falta de acceso a la educación a pesar de tener derecho a ello
aunque no tengan una situación migratoria regular, así lo plantearon
especialistas durante el conversatorio Infancias Migrantes: El Impacto en su Educación y Salud Menta» convocado por el Colegio de la Frontera Norte (Colef).
Esta
crisis ya había sido advertida desde el 2023, al señalar que niñas,
niños y adolescentes están migrando a través de América Latina y el
Caribe en cantidades récord y ahora representan una proporción mayor de
la población migrante que otras regiones del mundo, según el informe La Infancia en Peligro de Unicef.
Estas
niñas, niños y adolescentes se desplazan a través de tres rutas
migratorias de América Latina y el Caribe, a través de la selva del
Darién entre Colombia y Panamá, la migración hacia el exterior desde
América del Sur y en puntos de tránsito clave en el norte de
Centroamérica y México.
Cabe recordar que desde 2017, México está
legalmente obligado a garantizar el acceso a la educación básica y media
superior a niñas y niños migrantes, incluso cuando carezcan de
documentos para su inscripción. No obstante, la mayoría de las entidades
federativas no cuentan con protocolos que aseguren la implementación
efectiva de la ley.
Además, en 2022, Fondo de las Naciones Unidas
para la Infancia (Unicef) colaboró con Baja California, Chiapas, Puebla y
Chihuahua para diseñar protocolos de acceso escolar para la niñez
migrante, pero aún quedan 28 entidades pendientes de aplicarlos.
Esta
situación evidencia las falta de estrategias efectivas, por parte del
gobierno mexicano para desmantelar las múltiples limitantes para las y
los niños migrantes que desean ingresar a las escuelas.
Por
ejemplo, el Colef ha detectado a nivel estructural barreras como:
exigencia de documentos, aducen falta de cupo, trabas burocráticas para
obtener identidad o revalidar estudios, además de limitaciones
económicas de las familias, que se ven forzadas a priorizar la
satisfacción de necesidades básicas antes que la educación de sus hijos.
Mediante
una encuesta realizada por el Colef se reveló que de las niñas y niños
migrantes de origen haitiano, el 35.6 % declaró no poder acceder a la
escuela por carecer de documentos de identidad, mientras que 18% señaló
haber sufrido discriminación y racismo, 17% enfrentó la barrera del
idioma al no hablar español y 14% no pudo continuar sus estudios por la
falta de certificados escolares.
A nivel cultural, la falta de
traductores y materiales adaptados a diferentes idiomas limita el acceso
al aprendizaje por lo que también añadieron que existe un
desconocimiento generalizado en pedagogía intercultural.
En lo
social, afirmaron que la niñez migrante enfrenta separaciones
familiares, violencia en contextos de tránsito y recepción, así como
acoso escolar dentro de las escuelas, hecho que se ve más agravante ante
la falta de herramientas de las y los docentes y directivos, quienes no
siempre cuentan las aptitudes necesarias para atender estas
situaciones, lo que profundiza el aislamiento.
“Hay
un escaso apoyo por parte del personal docente y falta de conexiones
sociales con compañeros que permitan derribar el aislamiento de los
migrantes al llegar. No olvidemos que se han fracturado todas sus
relaciones comunitarias”, subrayó Eunice Vargas socióloga con
especialidad en demografía del Colef.
Asimismo,
mediante un estudio realizado por el Colef, se detectó que al ser
retornados a México, las y los niños presentan menos interés en
continuar con sus estudios. La investigadora explicó que esto se debe al
complejo proceso de adaptación por el cual están atravesando.
En
materia de salud mental, Letza Bojórquez, investigadora del Departamento
de Estudios de Población e integrante del Colef, explicó que las niñas,
niños y adolescentes migrantes viven en constante incertidumbre ante
los cambios en las dinámicas sociales y familiares, lo que afecta
directamente su integridad emocional.
Cuando la estructura
familiar atraviesa transformaciones constantes, como en los procesos
migratorios, la niñez se ve obligada a adaptarse una y otra vez a nuevas
figuras adultas de referencia. Esto genera inestabilidad e
incertidumbre que repercuten en la construcción de su personalidad.
También
se añadió que la inseguridad alimentaria constituye otro factor que
impacta en la salud mental infantil. La carencia de recursos suficientes
para garantizar una alimentación digna y balanceada contribuye al
deterioro emocional y físico de la niñez migrante.
Hay que
recordar que en marzo de este año Fernando Carrera Castro, Representante
de Unicef en México, señaló durante la firma para colaborar con el
Gobierno de México en áreas clave como educación, salud, protección y
desarrollo comunitario para la protección del bienestar de niñas, niños y
adolescentes en procesos de movilidad humana en México entre el Fondo
de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), la Agencia de la ONU
para los Refugiados (ACNUR) y la Organización Internacional para las
Migraciones (OIM/ONU Migración):
“Cada
niña y niño, sin importar su situación migratoria, tiene el derecho
irrenunciable de crecer en un entorno seguro, saludable y con acceso a
educación de calidad. No es un privilegio, es un derecho fundamental.
¿Cómo frenar la deserción escolar?
Como
respuesta a las problemáticas expuestas, especialistas y académicas en
población y migración hicieron un llamado a implementar acciones
concretas en favor de la niñez migrante. Entre las propuestas se planteó
la capacitación del personal docente para atender de manera adecuada a
estudiantes en esta situación y canalizarlos hacia apoyos psicológicos
cuando sea necesario.
Asimismo, se sugirieron la creación de
protocolos de bienvenida en las escuelas que favorezcan la integración
de las y los niños, la oferta y difusión de clases gratuitas de español
en puntos estratégicos, y la disponibilidad de tutores que apoyen la
nivelación académica en todas las etapas escolares.
Finalmente, se
destacó la urgencia de diseñar estrategias pedagógicas con enfoque
migrante, que tomen en cuenta las particularidades culturales y
lingüísticas de esta población, con el objetivo de garantizar un acceso
real y efectivo a la educación.
Durante el conversatorio,
especialistas en migración enfatizaron que los flujos migratorios
infantiles han ido en aumento, problemática que constituye un fenómeno
regional, lo cual responde a causas estructurales que obligan a migrar,
entre ellas: pobreza crónica, violencia y desastres vinculados al cambio
climático.
Ante esta situación, se añadió que el migrar suele ser
una estrategia de supervivencia, sin embargo los riesgos al salir del
país de origen siguen siendo latentes. Niñas, niños y adolescentes
migrantes continúan expuestos a violencia, secuestros, tortura, trata de
personas, desapariciones y muerte en zonas controladas por grupos
criminales, lo que incrementa su vulnerabilidad.
Sumado a ello,
Eunice Vargas, integrante del Colegio de la Frontera Norte, destacó que
uno de los derechos más vulnerados para la población migrante es el
acceso a la educación. Esta problemática se ha agudizado debido a las
políticas migratorias impuestas desde Estados Unidos, que expulsa y
contiene a las y los migrantes en la frontera norte, mientras que en el
sur de México permanecen principalmente quienes se encuentran en
tránsito.
También se dio a conocer que en 2020, niñas y niños
retornados se ubicaban sobre los territorios de Baja California,
Chihuahua, Colima, Sonora y Tamaulipas; mientras que quienes apenas
salían de sus países de origen se encontraban en Chiapas, Coahuila,
Quintana Roo, Baja California y Nuevo León.