6/06/2010

La columna de Samuel Schmidt


Egoísmo gubernamental

Hay una distancia preocupante entre gobernantes y gobernados, los primeros ya no gobiernan para todos y lo hacen para si mismos. Ignoran las recetas que le prescriben a la sociedad y ciertas conductas suyas lindan con la depredación.

Por mucho que las comparaciones sean odiosas, mientras que España recién decidió reducir 5% el salario para los empleados de gobierno, no obstante lo impopular, políticamente costosa y posiblemente incorrecta de la decisión el gobierno se vio obligado a dar ese paso. Muchos españoles censuran el rescate a los bancos, que son justamente los que causaron esta crisis y los que han ganado con ella y que le pasen una parte de la carga de la crisis a los empleados. Siendo justa la queja, hay que reconocer que por lo menos el gobierno ha sacrificado algo.

En México hace años se aprobó un programa de austeridad que ahorró en hojas de papel mientras los salarios de funcionarios no se tocan y mucho menos las contrataciones de la burocracia de alto nivel, porque ese mercado de empleo es para los cuadros partidistas y comprar conciencias. Ni siquiera en los momentos más álgidos de la crisis económica el gobierno dejó de engrosar a esa burocracia, que además recibe vehículos, chóferes, gastos de representación, teléfonos celulares, seguros médicos especiales, en pocas palabras, es un segmento laboral privilegiado que además es altamente corrupto.

Siguiendo la línea del dispendio, Felipe Calderón ha aumentado de manera escandalosa el gasto en publicidad, cuya finalidad es política porque busca manipular las emociones sociales al hacerle creer a la gente que el gobierno tiene una acción efectiva mucho mayor de lo que es en realidad; esto muestra que la crisis le preocupa poco al gobierno y sus energías las dirige de manera totalmente egoísta. Es inconcebible que con tantas carencias como hay en el país el gobierno dirija sus esfuerzos, energía y dinero para manipular mediáticamente; poco gana la sociedad con la saturación de mensajes sobre logros del gobierno y poco avanza el gobierno creyéndose sus supuestos logros.

Los gobernantes mexicanos han crecido bajo el aprendizaje que el puesto es su patrimonio y es para ser usado para beneficio propio, aunque sea por pocos años; por ende, desde que inició la alternancia y se redujeron los plazos de estadía en el poder político la corrupción se agudizó, acortándose los años que tendrían para enriquecerse: la política mexicana se volvió un juego de depredación mayor.

Un juego infantil popular era "lo que hace la mano hace la tras" y consistía en que se formaba una fila que seguía a la cabeza, si este era muy audaz llevaba a todos por lugares peligrosos para ver a quien le fallaban las habilidades.

El juego se ha traducido en práctica de gobierno. La élite política sigue a la cabeza asumiendo que este establece los límites de tolerancia. Si el presidente es muy corrupto como resultó Fox que ha desplazado la fama de Miguel Alemán, entonces los políticos entran en un frenesí de corrupción, se ocupan más de planear la forma de robar que en la conducción del país.

En México la corrupción empezó hace unos cinco siglos, los descendientes de presidentes que duraron pocos meses parecen seguir gozando de las mieles del poder y el dinero mal habido. Adquirió importancia sistémica al haber penetrado la estructura administrativa, social y económica, al haber normado las conductas públicas y privadas, funcionarios de todos los niveles y áreas de gobierno sienten que hay una tolerancia máxima para los malos manejos del presupuesto y los empresarios saben que si no caen en esa dinámica pierden posibilidades de negocio. Hay que agregar una corrupción inercial, que se traslada de una administración a otra, así que la moral nacional está podrida, la ética existe en el papel y la gente sabe que es un verdadero caso de mala suerte si es descubierta y se le aplica alguna de las leyes que supuestamente deben prevenir éstos actos.

Figuremos que el ex gobernador de Quintana Roo Villanueva que fue extraditado a Estados Unidos con cargos de lavado de dinero, diga que su fortuna es producto de la corrupción, que liste los negocios turbios en los que se metió como gobernador y demuestre que su dinero no es producto de la protección al crimen organizado y por lo tanto reclama ser un perseguido político.

Calderón ya ve por su futuro y no por el país y eso implica las historias de éxito de sus familiares que ya salen a la luz y sus funcionarios que compran departamentos de lujo en Estados Unidos.

Samuel Schmidt
schmidt@mexico.com.

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