Un Quijote en Tenochtitlán
"Lo que dijo Trump en diciembre de 2025 es que no iba a permitir gobiernos en América Latina que no se subordinaran a intereses de EU".

Las amenazas de Trump, si no se frenan, si sus bravuconadas no encuentran enfrente capacidad de decir “no”, al final se cumplen. Después de la victoria de un abogado de gángsters y narcos en Colombia, el gobierno de Brasil y el de México están hoy un poco más acorralados. Si Lula Da Silva y Claudia Sheinbaum no resisten esta nueva forma de imperialismo que utiliza bombas, algoritmos, aranceles y dólares, sobre América Latina caerá una noche tan oscura como la de la conquista hace cinco siglos.
Así dice Carlos Satizábal en su libro La llama inclinada, un libro de esperanza tras el genocidio que vivió Colombia. Nos dice que hay que escuchar bien las voces.
Otro pensador, Sánchez Ferlosio, dijo: “Cuando la flecha está en el arco, tiene que salir”, o de otra manera, lo que está preparado, se sirve, y no caben ingenuidades.
La política de reclutamiento de Estados Unidos debería centrarse en los líderes regionales capaces de contribuir a crear una estabilidad aceptable en la región, incluso más allá de sus fronteras. Estas naciones nos ayudarían, en particular, a poner fin a la migración ilegal y desestabilizadora, a neutralizar los cárteles, a deslocalizar la producción y a desarrollar las economías privadas locales. Recompensaremos y alentaremos a los gobiernos, partidos políticos y movimientos de la región que se alineen en gran medida con nuestros principios y nuestra estrategia.”
Dice más cosas, pero son mentira, como que van a respetar la soberanía de otros países. No. Lo que dijo Trump en diciembre de 2025, hace apenas seis meses, es que no iba a permitir gobiernos en América Latina que no se subordinaran a los intereses de los EU. Eso es el Escudo de las Américas: un club donde Calígula dicta las reglas y los senadores nombran Senador al caballo de Calígula, diga lo que diga el pueblo que es quien les nombró senadores.
Abelardo de la Espriella, el candidato de Donald Trump, ha ganado de la manera más apretada en treinta años en la segunda vuelta en Colombia. Este abogado, un perfecto desconocido elevado a la presidencia a través de una millonaria campaña electoral de corte norteamericano, ha sacado 12 millones 959 mil votos, el 49.6 por ciento, frente a los 12 mil 708 mil votos de Iván Cepeda, el 48,7 por ciento, con una alta participación, del 63.6 por ciento.
Después del primer gobierno de la izquierda en la historia de Colombia, el “Corolario Trump a la Doctrina Monroe, he vuelto a obtener resultados como ya vimos en Honduras. La injerencia norteamericana ha vuelto a decidir la presidencia de un país latinoamericano. No se trata de los pucherazos clásicos, metiendo votos en las urnas o manipulando el software, cosas que también se han hecho pero que al estar sometidas a mayor vigilancia ha resultado más complicado aplicar.
Ese fraude ha tenido cuatro rubros. Uno, el más numeroso, la compra de votos. Han entrado en Colombia cantidades ingentes de dólares para comprar votos, algo permitido por EU que, cuando quiere, no presta atención al blanqueo de capitales. Otro fraude lo han protagonizado los empresarios que han amenazado a sus trabajadores con el despido si no votaban por De la Espriella. La democracia liberal no se preocupa de formar a los ciudadanos y las amenazas de los empresarios, igual que la compra del voto, forman parte de la forma natural de entender la política que necesita tiempo para ser desterrada.
Un tercer fraude, muy preocupante, es el uso de bots y de inteligencia artificial para mandar mensajes personalizados a los celulares de los votantes suplantando la imagen de Iván Cepeda. La democracia representativa se basa en la autorización y la desautorización a los políticos sobre la base de la información que se tenga de ellos en una esfera pública veraz, plural y objetiva. La IA quiebra la esfera pública, que ya estaba golpeada por las fake news. Iván Cepeda, el candidato de la izquierda, es un hombre de paz que vio de joven cómo la extrema derecha asesinaba a su padre. Desde entonces, no ha hecho otra cosa que bregar por la paz. Sin embargo, la IA lo ha vestido de guerrillero y le ha hecho decir cosas opuestas a lo que piensa. ¿Qué esfera pública se construye cuando el dinero hacer decir a los lideres políticos de la izquierda lo contrario de lo que piensan?
El cuarto fraude son los mensajes de una potencia extranjera anunciando plagas en caso de ganar la izquierda y mostrando su apoyo a uno de los candidatos. Para demostrar que iban en serio, detuvieron en EU a Beto Coral, un influencer de izquierda que llevaba diez años refugiado en EU. Hijo de un policía asesinado que había participado en la caída de Pablo Escobar, llevaba una década con los papeles en regla como solicitante de asilo. Pero Marco Rubio, el Secretario de Estado norteamericano, estableció que sus opiniones a favor de Iván Cepeda iban en contra de los intereses en política exterior de los EU. De manera que en la que presentan como la Patria de las libertades, opinar ya es un delito. Y un mensaje a toda la izquierda: si no nos apoyas a nosotros, vas a tener problemas.
Como dijo Iván Cepeda la noche de las elecciones, Colombia está dividida electoralmente en dos bloques. Por eso llamó al diálogo, fuera quien fuera el ganador, mientras que De la Espriella ha invitado a los líderes de la izquierda a hacer las maletas y salir del país, en una Colombia donde la extrema derecha acostumbra a asesinar a los líderes de la izquierda. Decirle a un líder de la izquierda en Colombia: haz las maletas es sinónimo de “estás en una lista y te vamos a matar”. Ya lo hicieron con la Unión Patriótica, asesinando a más de seis mil miembros de ese partido en un genocidio dirigido desde el Estado.
El bloque de los 13 millones que han votado por De la Espriella no es consistente ni tiene conciencia. Son votos comprados, votos de gente a la que se le ha sembrado el miedo, votos engañados (que pronto verán que ninguna de las propuestas sociales de De la Espriella se cumplen), junto a votos de paramilitares, narcos, sectores empresariales y de personas, esas sí, consistentes con el ideario de la extrema derecha. La asociación de financieros de Colombia ya ha exigido una reforma que exima de pagar impuestos a los más ricos, de manera que se subirán los impuestos a los pobres y a las clases medias y se tendrán que poner en marcha políticas de ajuste que golpearán a las mayorías. Las cifras del gobierno de Gustavo Petro en inflación, precio del dólar, precio de los carburantes, empleo, matrícula universitaria, pensiones a los adultos mayores, reducción de la pobreza, ausencia de conflictividad social, ausencia de represión policial o militar son las mejores en su historia. En un año se va a ver el retroceso.
El bloque de los 13 millones de Cepeda son más conscientes y más consistentes. No son 13 millones votos de la izquierda (y se equivocaría el Pacto Histórico, el partido de Gustavo Petro si los considerara así), pero son votos comprometidos con la Constitución, con la paz, con las mejoras sociales, con la soberanía del país frente a la injerencia norteamericana. Ese bloque ya ha empezado a organizarse para defender los logros democráticos alcanzados en Colombia tanto en el gobierno de Petro los últimos cuatro años como en la década en la que se intenta construir la paz.
Como en todos los países occidentales, donde se la juega la democracia es en lograr crear un partido-movimiento vivo, democrático, plural, fresco, dialogante, capacitado, preparado, flexible, eficaz y alegre que actúe como nave nodriza de esos 13 millones y que pueda, llegado el caso, a liderar un Frente Amplio por la vida -en la expresión usada en Colombia- que dé cabida a una amplia mayoría, a un “bloque histórico” de gobierno que pueda volver a ganar al país para la democracia.
La victoria de una persona sin escrúpulos, partido, proyecto de país ni compromiso nacional -tiene la nacionalidad norteamericana y vivía en Italia- implica que es muy probable que veamos en Colombia lo que estamos viendo en otros lugares del continente. Con dinero y el apoyo de EU se pueden ganar las elecciones, pero no se puede gobernar con la misma facilidad. De manera que esas multitudes en las calles de Bolivia, Argentina o Chile se verán muy pronto en Colombia, eso si no ocurre un “estallido” social como el que se produjo durante el gobierno conservador de Iván Duque.
El gran problema de la izquierda colombiana en las elecciones, que es la ausencia de un partido-movimiento que organizara la campaña, estableciera los marcos, distribuyera recursos, organizara los territorios, estableciera la ideología, tuviera criterio sobre los grandes problemas del país, se ha empezado a resolver con la voluntad del Pacto Histórico de avanzar en su configuración como tal partido-movimiento. Que también debe ocuparse de organizar la defensa de los logros democráticos del país, así como garantizar la seguridad de las personas, grupos y sectores que se han posicionado a favor de Iván Cepeda y Aída Quilcué. La voluntad de venganza de la derecha colombiana es proverbial. Un par de días después de las elecciones, el concejal uribista de Medellín Andrés Felipe Rodríguez, el “gury”, afirmó que había que bombardear las poblaciones donde había ganado Iván Cepeda.
Hay algo que es válido para las elecciones en Brasil y en México. Lo que hace la derrota de Cepeda más lacerante es la idea generalizada de que una semana más de campaña y la victoria hubiera sido de manera evidente para su formación. Es decir, se habrían recuperado esos 250 mil votos. Lo que a su vez indica que hubo errores iniciales en la campaña que podían haberse evitado si hubiera existido un espacio de discusión que no existe cuando el liderazgo se encierra en una cámara de eco, aunque sea, como ocurre con Iván Cepeda, una cámara de eco llena de coherencia, dignidad y desprecio hacia la deriva mediática y frívola de las democracias parlamentarias. Los errores que han señalado diferentes analistas incluirían: un excesivo intelectualismos; arrogancia moral de la izquierda para con quienes no tiene la misma mirada o la misma formación política (por ejemplo el “centro”); infravaloración de la percepción de la corrupción y de la inseguridad que son esenciales en amplios sectores sociales; austeridad electoral absurda en una democracia liberal que obliga a dar a conocer las propuestas; infantilismo vestido de pureza -como lo ha llamado Víctor de Currea recordando al Lenin que criticaba al radicalismo que entendía el momento-; no sacar las conclusiones correctas de los errores de la primera vuelta; no valorar correctamente el aspiracionismo de los sectores que han salido de la pobreza y quieren seguir prosperando; la primacía dada a Bogotá por encima de los territorios y que tampoco sirvió para ganar Bogotá; o la falta de un discurso atractivo para las clases medias. La izquierda no puede cometer errores, y la vacuna para no cometerlos es que la dirección política sea coral y esté asentada en partidos-movimiento que garanticen la democracia interna, el debate y una cultura política que no paralice con debates eternos y estériles ni con intransigencias ideológicas que se olvidan del principio dialéctico propio del marxismo que obliga a hacer análisis concretos de momentos concretos que vinculan siempre lo concreto con la totalidad.
Colombia se suma al Escudo de las Américas, lo que indica que cae la noche sobre el país y un poco más sobre el continente. A De la Espriella, un candidato con el rabo de paja por blanqueo de capitales y relaciones oscuras con narcos, gángsters y personajes oscuros (fue abogado de Alex Saab), cuando le manden ladrar desde EU, ladrará. En su juramento como nacional norteamericano juró defender a los EU con las armas, llegado el caso, contra Colombia. Si fuera un candidato de izquierdas, los jueces lo habrían tumbado sólo con eso. Pero a ser de extrema derecha, le buscarán cómo evitar esa cláusula. Además, su amistad con Marco Rubio explican por qué, pese a ser señalado como bandido por grandes bandidos, no le ha pasado nada.
Pero como decimos, con trampas y dinero se ganan elecciones, pero no se gobierna. De manera que, con toda seguridad, habrá un estallido en Colombia porque hay 13 millones de colombianos y colombianas conscientes que no se van a dejar robar derechos sin protestar. El Pacto Histórico se verá obligado a articularse como un partido-movimiento. Y también hay que contar, aunque no se puede estar simplemente esperando, que la ausencia de Donald Trump, que está biológicamente más cerca de Juan Pablo II que de León XIV, dejará una orfandad política que deberá encontrar a la Colombia democrática -y al México y Brasil democráticos- organizada y con capacidad de dirección política y social. El mundo ha cambiado y habrá trumpismo después de Trump. El nuevo mundo aún no ha llegado ni se ha marchado el viejo. Pero no olvidemos que lo que más ahuyenta a los monstruos en este interregno son los pueblos conscientes y organizados.
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