–Elma, ¿en qué momento se inicia tu vida de escritora?
–Estudié literatura en la Universidad Autónoma de Baja California y entré a la Facultad de Humanidades. Mi carrera se llama lengua y literatura de hispanoamérica. Después hice una maestría en estudios socioculturales en Mexicali; luego, un doctorado en sociología y mi tema fue: sociedad, espacio y poder, también en Mexicali.
–¿Cuáles fueron tus primeros libros publicados?
–Tengo cinco de cuento, dos publicados en Nitro Press, uno por la Benemérita Universidad de Puebla, en la colección Contemporáneas, conformada por puras escritoras jóvenes, y vivas, que coordina Liliana Pedrosa, quien es narradora e investigadora especialista en cuento en México. También tengo Mentiras que no te conté, con ese gané el Premio Juan José Arreola y lo publicó la Universidad de Guadalajara. Con mi obra Lo simple gané el premio Amparo Dávila.
–Las tres veces que has aplicado a un premio lo has ganado, ¡qué maravilla! ¿De dónde crees que proviene esa fuerza?
–Somos cuatro hermanas y mi madre nos inculcó la lectura. Mi mamá es enfermera jubilada y madre fundadora de la Facultad de Enfermería de la Universidad Autónoma de Baja California. Se dedicó siempre a enseñar y a ejercer su profesión. Cuando yo era muy chiquita, mi mamá me leía antes de dormir; eso fue importante para mí. Me emocionaba mucho ese momento; entonces, yo quería leer también. Cuando uno es lector, en algún momento decide que quiere decir cosas y quiere escribirlas. Creo que mi vocación proviene de ahí.
–¿Y tu papá?
–No, mi papá no está en el panorama, ya murió. Siempre fuimos mi mamá, mis hermanas y yo, puras mujeres, puras “morras”, como decimos allá.
–Como Mujercitas, de Louisa May Alcott.
–Sí, yo siempre creí que yo era como Joe cuando estaba chiquita. Era la que me caía bien, la más aventada. Nunca me identifiqué con la que nada más se quería casar.
–¿Tu novela Donde termina el verano se desarrolla en México?
–La historia sucede en un barrio de Mexicali, pegadito a la línea internacional, en los años 90. En ese tiempo había programas sociales herederos de Solidaridad, del PRI. Uno de esos programas consistía en dar atención médica casa por casa. Brigadas de médicos y de enfermeras andaban en los barrios pobres dando consultas, vacunas, curaciones, y cuando podían repartían métodos anticonceptivos. Mi madre es enfermera jubilada, y durante un tiempo participó en estas campañas; entonces era normal ver a médicos y enfermeras visitar las casas de la gente más pobre. También había grupos religiosos estadunidenses buscando adeptos para sus iglesias. Era un periodo de pánico social por el robo de niños en la periferia de la ciudad. Se decía que los narcosatánicos se los llevaban para algún sacrificio o que también eran víctimas de las redes de trata. Ese es el contexto de la novela.
–Elma, ¿qué es la violencia estructural?
–La pobreza misma del barrio, los niños desaparecidos, el machismo, la misoginia. A mí me importaba hablar de los lazos que se crean en la comunidad: de las personas que se ayudan las unas a las otras, de la esperanza y de cómo sobrevivir a ese contexto violento.
“Las protagonistas de la novela son unas niñas que viven en un barrio en el que están pasando todas esas cosas. Hay enfermeras, predicadores estadunidenses, gente asustada porque desaparecen niños. En ese universo, una de las amiguitas es migrante de Sinaloa. Hay personas de diferentes lugares del país y la frontera es una zona multicultural. La otra es de Mexicali, deportista, hace salto de longitud, es la gloria del barrio, porque cuando gana los torneos municipales, los vecinos la festejan.
–¿Por qué fue importante para ti la estación del verano en tu novela?
–Mi novela se inicia en el verano en el que las amigas terminan la primaria y van a pasar a la secundaria. Ellas se llaman Elisa y Aime, quienes a su vez “malmodean” a una tercera niña, Rosario, la más pobre; es decir, la maltratan. ¡Perdón por mis palabras norteñas!
Elma sonríe, mezcla inglés con español. Es una mujer que se asume norteña fronteriza y por eso usa según ella esas “palabrejas”.
–¿Como estructuraste tu novela?
–La novela tiene una estructura peculiar. Son ocho capítulos largos, cada uno está en un tiempo y época diferente: años 90, la década de 2010, por ejemplo. Cada capítulo tiene una perspectiva distinta del suceso trágico que viven las protagonistas.
–Como lectores, ¿qué podemos esperar de Donde termina el verano?
–Hay sucesos de violencia, de maltrato, de olvido, de marginación, hay sueños frustrados, hablo un poco del conformismo, del maltrato, pero de una forma tan cotidiana que nos parece normal, lo que pasa en el día a día, pero también es una novela de supervivencia.
–¿Hablas mucho del dolor?
–Quiero explorar las complejidades de la amistad, de las relaciones humanas, la culpa, pero también cómo la comunidad hace un frente común en contextos hostiles para salir adelante.
–¿Consideras que tu novela es autobiográfica?
–No. Todo es ficción. El escenario sí está basado en el barrio en el que crecí: un barrio bravo de Mexicali. Nada de lo que dice la novela me pasó a mí, ni a nadie que yo conozca, pero no significa que no le pase a alguien más.
–¿Qué significó que tu novela ganara el premio Biblioteca Breve 2026 de la editorial Seix Barral?
–Es una locura, es una emoción muy grande. No tengo nada más que agradecimiento para el jurado y para todos los involucrados. Creo que es un incentivo para continuar escribiendo, para ver que no está uno tan errado. Esa es la sensación cuando pasa esto. Yo tenía la necesidad de contar la historia y nunca la escribí pensando en ganar nada. El Premio Biblioteca Breve es una especie de empujón para seguir escribiendo.
–¿Qué más esperas de esta novela, Elma?
–La agencia literaria que me acompaña en este camino es Gaeb & Eggers Literary Agency, y me ayuda a que mis libros lleguen más lejos. Donde termina el verano será traducida al finlandés, alemán, francés, italiano y holandés, pero es gracias a la agencia, incluso el mismo premio, porque a mí no se me hubiera ocurrido meterla a concurso jamás. La agencia tuvo la visión de mandarla al Premio Biblioteca Breve, en España. El acto de entrega se retrasó un día entero porque nos tocó un vendaval en Barcelona. Hubo unas ráfagas de vientos fortísimas que derribaron árboles, anuncios espectaculares.
–Tú causaste ese clima, Elma.
–Llevamos un vendaval norteño desde Mexicali para Barcelona. Estaba muy emocionada, Elena, creo que tal vez soy la única que ha llorado en la premiación, ¡qué vergüenza! Mi hijo Saúl fue conmigo. Ya está señor, lo tuve muy chiquitita.
–¿Estás escribiendo otro libro?
–Sí, ya estoy trabajando en otra cosa. Soy monotemática, me interesa mucho la amistad entre mujeres, las relaciones que hacemos en un mundo que nos es muy hostil. Creo que la amistad entre mujeres es un refugio, apoyarnos entre nosotras siempre es una manera de sobrevivir.

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