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2/25/2016

Caravanas de madres: periplos por la justicia en un país indolente


   Como en casos ABC y Juárez, familias aglutinan luchas sociales

En 506 días no ha medrado la esperanza de las madres de Ayotzinapa por volver a mirar a sus hijos con vida; al contrario, juntas, han recorrido en caravanas miles de kilómetros desde el estado de Guerrero para buscarlos, y han viajado a otras entidades, e incluso a otros países, para denunciar los hechos violentos del 26 y 27 de septiembre de 2014 en Iguala.

Esta semana, tras más de 12 mil horas de cansancio atragantado, otra vez se dirigen al norte de México, pero ahora –como han hecho otras madres de mujeres desaparecidas o asesinadas en el país– para recopilar las averiguaciones judiciales en torno a la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, desperdigadas en distintos juzgados del estado de Tamaulipas.   

Este viernes 26 de febrero se cumple un año y cinco meses desde la desaparición forzada de los 43 jóvenes de la escuela “Raúl Isidro Burgos”, fecha que sus madres y padres conmemoran en esta ocasión con un viaje de cinco días rumbo a la ciudad fronteriza de Matamoros, en Tamaulipas, donde se libran diversos procesos penales contra policías preventivos e integrantes del grupo criminal “Guerreros Unidos”, presuntamente implicados en los hechos.

“Por la Verdad y la Justicia” –nombre de este nuevo recorrido– los pies de las madres suman 10 caravanas –en 17 meses– que han visitado más de 50 ciudades del país.

El nuevo periplo, que antes de llegar a Matamoros tuvo escalas en localidades de los estados de Querétaro y San Luis Potosí, para después arribar a Monterrey, capital de Nuevo León, inició al mediodía de este lunes 22. La llegada a Matamoros está prevista para este viernes 26.

Al partir desde esta ciudad, las madres –algunas con un paliacate rojo o blanco amarrado al cuello y con su mochila gruesa en la espalda– dijeron a Cimacnoticias que antes de salir investigaron cómo estaba el clima en Tamaulipas. Les esperaba la lluvia y el frío. Pero no les importó. Afirmaron que de todos modos irían porque –se preguntaron a sí mismas– “¿a qué nos quedamos?”.

En esa entidad esperan reunirse con los titulares del Juzgado Primero y Tercero de Distrito del Poder Judicial, para que les expliquen las diligencias en las pesquisas, y por qué los hechos se juzgan como delito de secuestro y no como el de desaparición forzada.

Como si se tratara de un rompecabezas, con esta caravana las familias de Ayotzinapa suman otro esfuerzo al que vienen haciendo desde hace más de un año para reconstruir los hechos criminales que derivaron en la desaparición de sus hijos, principalmente porque el gobierno federal sigue omiso a la recomendación del Grupo Interdisciplinario de Expertas y Expertos Independientes (GIEI) –de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos– de integrar todos los procesos penales en un solo expediente.

CONTRA EL OLVIDO Y POR LA JUSTICIA

Las caravanas son un recurso que otras madres han emprendido para buscar a sus familiares desaparecidos, y también para exigir justicia por las personas asesinadas, como las del Movimiento Migrante Mesoamericano que vienen a México cada año desde 2006; las familias de las niñas y niños víctimas del incendio en la Guardería ABC, en Sonora, en 2009; o de las de madres de mujeres ultimadas y desaparecidas en Ciudad Juárez, Chihuahua.

En el caso de Ayotzinapa, cada nueva ruta que emprenden es en sí un esfuerzo para que la sociedad recuerde que además de sus hijos la justicia está ausente. Con cada reclamo, que se convierte en gritos que los micrófonos regresan en ecos, estas mujeres consiguen que los medios de comunicación repliquen sus demandas.

Desde el punto de vista de las madres de los normalistas, los recorridos también han servido para buscar a sus hijos, ya que –como relataron desde la primera caravana del 14 de noviembre de 2014 que siguió tres rutas– ellas llegan con la esperanza de que alguien en otro municipio guerrerense, otro estado o incluso otro país, les diga que tiene noticias, que sabe algo nuevo sobre los jóvenes.

En paralelo, su paso por la República Mexicana también ha sido una forma de alianza con otras protestas sociales, para “abrir los ojos” –dicen ellas– sobre la realidad de este país y para conocer la solidaridad de la gente.

Este es el caso, por ejemplo, de María de Jesús Tlatempa Bello, madre del joven desaparecido José Eduardo Bartolo Tlatempa, que este 22 de febrero –cuando partieron a Tamaulipas– llevaba en la muñeca de la mano derecha una pulsera de chaquiras con el número 43, artesanía que le regalaron activistas.

Con sus viajes internacionales, como su visita al Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU, en Ginebra, Suiza, y al Parlamento Europeo, en febrero de 2015, las madres y padres de los estudiantes han conseguido que a nivel global se revise la situación de los Derechos Humanos en México.

Antes de salir a las caravanas, las mamás de los estudiantes suelen llevar una bolsa o mochila, uno o dos suéteres, cobijas y lonas blancas; algunas otras cargan con sus equipos de costura para coser flores en servilletas de tela.

Ellas saben que pernoctarán en ciudades desconocidas, que dormirán sobre colchonetas en el piso, a veces en salones amplios en universidades o espacios culturales, pero también en muchas ocasiones bajo desgastadas lonas sobre tablones de madera.


CIMACFoto: César Martínez López
Por: Angélica Jocelyn Soto Espinosa
Cimacnoticias | México, DF.- 

8/12/2015

Madres de Ayotzinapa llaman a la sociedad a que no las olvide


   A casi un año de desapariciones, alistan más movilizaciones

Cristina Bautista Salvador, madre del desaparecido Benjamín Ascencio Salvador 

Madres y familiares de los normalistas víctimas de desaparición forzada y asesinato en Iguala, Guerrero, pidieron a la sociedad y medios de comunicación que las sigan apoyando para las siguientes movilizaciones que harán el próximo 26 de agosto y en el mes de septiembre, en las que convocarán a una huelga nacional, e iniciarán una huelga de hambre a fin de exigir justicia para sus hijos.

 
En 44 días se cumple un año de la desaparición forzada de 43 alumnos –varios menores de 20 años de edad– y el asesinato de tres estudiantes de la Escuela Normal “Raúl Isidro Brugos”, en Ayotzinapa, Guerrero.
 
Cristina Bautista Salvador, madre del desaparecido Benjamín Ascencio Salvador, dijo en entrevista con Cimacnoticias y en representación de las madres de las otras víctimas, que a propósito de esta fecha están convocando a las organizaciones civiles de todo el país a participar el próximo sábado 15 de agosto en una Convención Nacional Popular en la Normal de Ayotzinapa.
 
En este encuentro se determinarán las acciones a seguir el próximo 26 de septiembre, para conmemorar el aniversario de la desaparición forzada y el asesinato de sus hijos, así como las siguientes medidas con las que exigirán al Estado mexicano que les garantice justicia.
 
A propósito de esta Convención, Bautista llamó a la sociedad para que no las deje solas: “Yo sé que unos cuántos sí nos van a acompañar, pero yo siempre he pedido que no nos abandonen ahora más que nunca, porque ya son más de 10 meses que el gobierno no nos ha dicho nada, ni una respuesta.
 
“Yo sé que parecemos discos rayados y unos ya se cansaron de escucharnos, pero yo les digo a todo el mundo que nos acompañen.”
 
Cristina agregó que como parte de las acciones de lucha y para exigir justicia, las familias están convocando a toda la sociedad a una “Huelga Nacional por los 43”, en la que piden la solidaridad de todo el país.
 
Además, las mamás de los normalistas informaron que días antes del próximo 26 de agosto iniciarán –a excepción de las más longevas– una huelga de hambre que durará al menos un mes.  
 
“LA ESPERA ES UNA TORTURA”
 
La madre de Benjamín, proveniente de un municipio de Guerrero que está a más de tres horas de la Normal de Ayotzinapa, lleva más de 10 meses exigiendo justicia por la desaparición forzada de su hijo. Tan sólo en el último mes recorrió en 18 días los estados de Oaxaca, Chiapas, Quintana Roo y Yucatán en una caravana junto con Berta Nava, madre del estudiante asesinado Julio César Nava.
 
Cristina regresó a Guerrero el pasado 1 de julio para celebrar, con una pequeña comida, que su hija menor logró egresar del bachillerato para pronto instalarse en la universidad; no obstante, días después tuvo que salir nuevamente del estado para ir al Estado de México y el Distrito Federal.
 
La mujer declaró que a casi 11 meses de la tragedia tiene “odio al gobierno, porque si él no hubiera hecho esto yo no estaría sufriendo, me está torturando.
 
“Yo estoy preocupada por mi hijo, por saber dónde está, por andarlo buscando, pero ahora que mi hija –que estudiaba y trabajaba en una comunidad donde sólo hay una telesecundaria– salió de la escuela también tengo que estar con ella aunque sea una semana. Eso es lo que no se da cuenta el gobierno, que nos está torturando”, advirtió.
 
Cristina Bautista –quien asumió sola la jefatura de su hogar desde hace más de 15 años– destacó que ha incriminado reiteradamente al gobierno federal porque no apura las investigaciones, mientras ellas tienen que conciliar su vida familiar con la búsqueda de sus hijos.
 
“Es más difícil cuando el padre no se hace responsable o tiene miedo a la responsabilidad. Pero ahora que mi hijo ya está grande, me lo desaparecen de esa manera”, lamentó la mujer.
 
Antes de la desaparición de su hijo, Cristina sobrellevaba dos trabajos como cuidadora; no obstante, el pasado mes de junio murió una adulta mayor a quien prestaba servicios.
 
También es abuela de dos niñas: una de ellas cumplió su primer año de vida el pasado 24 de julio y casi no la reconoce porque nunca convive con ella. “Eso más me da rabia y coraje”, dijo Cristina, quien lleva varios días sin dormir porque siente un dolor muy fuerte “en los huesos”.
 
A pesar de esta situación, la titular de la Procuraduría General de la República (PGR), Arely Gómez, desde que asumió el cargo en marzo pasado sólo ha sostenido una reunión con las madres y padres de los normalistas.
  


CIMACFoto: César Martínez López
Por: Angélica Jocelyn Soto Espinosa
Cimacnoticias | México, DF.-

4/19/2015

El asunto de los viáticos

Los de abajo
Gloria Muñoz Ramírez


¿Que de dónde sale el dinero para los recorridos internacionales que realizan padres y compañeros de los 43 estudiantes desaparecidos de la Normal de Ayotzinapa, Guerrero? Los colectivos y organizaciones solidarias de muchas partes del mundo tienen la respuesta. No son gobiernos ni parlamentos los que solventan los gastos, ni siquiera organismos consagrados de derechos humanos. Son pequeños colectivos los que organizan conciertos, festivales, comidas y diversos actos de recaudación de fondos. No es tan complicado cuando de abajo se trata.
A casi siete meses de la desaparición forzada de los 43 normalistas continúa no sólo la demanda de su presentación con vida, sino la búsqueda de garantías reales de no repetición, las cuales “sólo se pueden construir entre nosotros mismos, con los pueblos y comunidades… no se las podemos pedir a las mismas instituciones gubernamentales de donde provienen las violaciones de derechos humanos”,  afirmó Omar García, integrante del Comité Estudiantil de Ayotzinapa, antes de iniciar el recorrido por 12 países de Europa.
La pequeña comitiva de Ayotzinapa que viaja a Europa está integrada por tres personas: Eleucadio Ortega, padre de uno de los alumnos desaparecidos; Omar García, sobreviviente del ataque policiaco, y Román Hernández, del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan. No van de compras en Beverly Hills, como la esposa del presidente, ni de paseo como los hijos de los funcionarios en turno.
Hay quienes se indignan con la comitiva de tres miembros de la #EuroCaravana43. Enrique Peña Nieto ¡trajo a 200 al Reino Unido!, advierte en Twitter Omar García, al llegar a Oslo, Noruega, donde los recibieron comités de activistas y estudiantes universitarios. Su paso seguirá por Suecia, Finlandia, Alemania, Austria, Italia, Suiza, Francia, España, Holanda, Bélgica e Inglaterra. En cada país se encontrarán con organizaciones sociales y de derechos humanos, colectivos, medios libres y la sociedad civil organizada. Llegan a agradecer más de seis meses de movilizaciones y protestas contra el gobierno mexicano. Y lo más importante: a insistir en que es necesario que nos sigamos organizando para transformar de una vez por todos este sistema de poder y corrupción, insiste Omar.
Simultáneamente, comisiones de padres de los 43 de Ayotzinapa continúan su recorrido por ciudades de Estados Unidos y Canadá, además de que en mayo viajarán por Sudamérica. ¿Con qué dinero?, insisten las plumas de la intriga que ponen la cuestión de los viáticos por encima de la demanda de presentación con vida de los normalistas, castigo a los culpables de los seis asesinatos y garantías de que nunca más volverá a ocurrir una tragedia como ésta.

2/10/2015

Madres de Ayotzinapa avalan críticas de forenses argentinas

   Falta transparencia en peritajes; “verdad” de PGR es insostenible




A raíz de que el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) denunció fallas en la investigación de la desaparición de 43 normalistas desde el 26 y 27 de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero, las madres de los estudiantes exigieron a la Procuraduría General de la República (PGR) que se transparente la evidencia física que supuestamente halló en el basurero y en el río San Juan, en Cocula, Guerrero.
 
Una vez más, madres y padres de los jóvenes desaparecidos de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos”, en Ayotzinapa, se presentaron en conferencia de prensa para argumentar que la PGR no puede concluir las investigaciones sobre la desaparición de sus hijos, esta vez respaldadas por la postura del EAAF que denunció “problemas” en la investigación del caso Ayotzinapa.
Este sábado 7 de febrero, el grupo de antropólogas argentinas difundió siete puntos en los que demuestra que la PGR supuestamente “obstaculizó” su búsqueda, entre ellos que las autoridades judiciales mexicanas realizaron investigaciones sin la presencia ni aviso al EAAF.
En respuesta, la PGR emitió hoy un comunicado para desmentir a las y los expertos internacionales, ya que –aseguró la dependencia–  el EAAF “no es autoridad y su función se circunscribe únicamente al análisis antropológico y genético”.
Las madres y familiares de los jóvenes –quienes llevaron copias de su propio expediente de las investigaciones– manifestaron su respaldo al posicionamiento del EAAF, ya que –según observaron las familias– este grupo actúa con independencia y con apego a sus investigaciones.
Rechazaron la versión de que la PGR esté permitiendo el acceso de familiares y el EAAF a los 83 tomos y 13 anexos que comprenden la indagación, como lo informó la PGR en su comunicado.
Además reiteraron que no puede hablarse de una “verdad histórica” –según la cual los estudiantes habrían sido asesinados y calcinados en el basurero de Cocula y luego arrojados al río San Juan–, porque las investigaciones de la PGR carecen de “certeza científica” y no están corroboradas por peritajes independientes.
Y lamentaron la respuesta de la PGR al EAAF porque lo descalifica, y “lejos de aceptar las recomendaciones de los expertos internacionales se cierra (la PGR) al escrutinio público”, y se niega a aceptar la posibilidad de que existan “perspectivas científicas diferentes”.
Agregaron que el EAAF tiene la plena confianza de los familiares, al contrario de la PGR, ya que tienen años de trayectoria actuando con rigor científico; en cambio, es de su conocimiento que la autoridad judicial mexicana ha participado en diversas ocasiones en la fabricación de pruebas para comprobar sus supuestas versiones de los hechos.
María de Jesús, madre de uno de los normalistas (quien omitió el nombre de su hijo y sus apellidos por miedo a represalias), declaró además que la información del equipo de forenses se suma a otras pruebas científicas de grupos de académicos independientes, quienes han mostrado a la opinión pública que la versión de la PGR sobre el caso “es insostenible”.
De cara a la visita del Grupo de Expertos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), este 13 y 14 de febrero, (quienes valorarán técnicamente el trabajo de las autoridades mexicanas para investigar la desaparición de los normalistas), las madres y familiares de los jóvenes exigieron al gobierno federal que someta al escrutinio público todos los peritajes del caso.
Y recordaron que Enrique Peña Nieto, titular del Ejecutivo federal, incumplió los acuerdos que el pasado 29 de octubre firmó con las madres y padres de los normalistas, ya que nunca conformó la mesa mixta de información ni se garantizaron plenamente las condiciones que permitirían la coadyuvancia del EAAF en las investigaciones.
Las madres y familiares también criticaron que mientras México no cuente con una institución de servicios periciales profesionales e independiente del Ministerio Público, las investigaciones seguirán careciendo de credibilidad.
15/AJSE/RMB
Consulta nuestra cobertura informativa Caravana de madres de Ayotzinapa

CIMACFoto: César Martínez López
Por: Angélica Jocelyn Soto Espinosa

Cimacnoticias | México, DF.- 

2/06/2015

Respalda Parlamento Europeo a madres de Ayotzinapa

Plantea recursos para iniciar investigación independiente






Tras reunirse con una madre de los estudiantes desaparecidos en Iguala, Guerrero, el Parlamento Europeo (PE) propuso destinar recursos para realizar una investigación independiente sobre el caso Ayotzinapa, y apoyar a las familias de las víctimas.
 
Hilda Legideño Vargas y Bernabé Abrajan Gaspar, madre y padre de dos normalistas agredidos y desaparecidos por el grupo criminal “Guerreros Unidos” y policías municipales de Iguala, llegaron hoy hasta el PE, en su sede en Bruselas, Bélgica.
 
En audiencia ante la Subcomisión de Derechos Humanos de la Eurocámara, Hilda Legideño, quien acudió en representación de todas las madres de las víctimas, explicó que llegó hasta ahí para pedir justicia porque tras cuatro meses de la desaparición de su hijo y sus compañeros las autoridades pretenden cerrar el caso.
 
“Lo que nosotros venimos a pedirles es que intercedan por nosotros, que le pidan al gobierno (mexicano) que haga justicia por los estudiantes (…), ya que están involucrados los tres niveles de gobierno”, expuso la mujer a las y los representantes del PE.
 
Señaló que lo que sucedió en Iguala sólo puede denominarse “desaparición forzada”, y que las autoridades mexicanas no están investigando debidamente la participación del presidente municipal de la localidad, José Luis Abarca Velázquez, y del entonces gobernador de Guerrero, Ángel Aguirre Rivero.
 
Legideño Vargas sentenció frente al PE que “el gobierno mexicano viene a presumir, a decir que hace tal y tal, pero nada más lo tiene escrito porque no está haciendo nada, las investigaciones no las está haciendo bien”.
 
Por su parte, Bernabé Abrajan Gaspar declaró: “Nuestros hijos son campesinos, como nosotros, los mandamos a la escuela para que no sufrieran como sus padres, que trabajamos desde que sale el sol”.
 
Las y los eurodiputados propusieron apoyar económicamente a las familias y realizar una investigación independiente del caso, la cual podría estar subsidiada por el dinero que se destina a la delegación de la Unión Europea en México, propuesta que será presentada formalmente a la delegación.
 
Ulrike Lunacek, vicepresidenta del PE, observó que “no se puede aceptar que la justicia mexicana cierre un caso tan horrendo, sin esclarecer toda la cadena de mando y sin indagar a fondo la colusión entre las autoridades y el crimen organizado. Hay que romper el círculo vicioso de la impunidad”.
 
Las y los otros eurodiputados presentes en la audiencia se sumaron al reclamo de las familias, para que continúen las investigaciones en Iguala.
 
“El gobierno mexicano tiene que admitir que ha sido cómplice de las actividades de las autoridades locales, al hacer la ‘vista gorda’ a su pacto con el crimen organizado”, expresó el eurodiputado Jordi Sebastiá.
 
Las y los legisladores cuestionaron la “verdad histórica” que quiso presentar el gobierno federal a la sociedad mexicana (cuando dijo que los estudiantes habrían sido secuestrados, asesinados e incinerados por un grupo criminal), y también el informe que presentó al Comité de la ONU contra las Desapariciones Forzadas en su octavo periodo de sesiones.



CIMACFoto: César Martínez López
Por: la Redacción
Cimacnoticias | México, DF.- 

1/30/2015

Organizaciones de DH cuestionan conclusiones de PGR


Exigen no dar “carpetazo” y mayor apertura con las familias

Organizaciones civiles nacionales e internacionales cuestionaron la versión oficial de la Procuraduría General de la República  (PGR) sobre que habría pruebas suficientes para declarar que los 42 estudiantes desaparecidos en Iguala, Guerrero, fueron “secuestrados y asesinados” por un grupo criminal, por lo que exigieron al gobierno federal que no detenga las investigaciones.

 
En respuesta al informe de la PGR el martes 27 de enero sobre el destino de los normalistas desaparecidos, Amnistía Internacional (AI) y cientos de agrupaciones que conforman la Red Nacional de Defensoras de Derechos Humanos en México (RNDDHM) emitieron comunicados, para exigir a Jesús Murillo Karam, titular de la dependencia, que continúe con las pesquisas y genere mecanismos eficaces de comunicación con las familias.
 
Ayer, la directora del Programa Regional para las Américas de AI, Erika Guevara Rosas, envió una carta a Murillo Karam en la que expresó su preocupación porque la teoría sobre lo que pudo haber sucedido con los estudiantes, de acuerdo con los datos presentados por la PGR, está basada en declaraciones de personas imputadas.
 
Además recordó que el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) declaró que fue convocado por la PGR al lugar donde presuntamente ocurrió la incineración de los normalistas “cuando ya se encontraba la bolsa de restos abierta y la muestra en cuestión estaba junto a otras sobre un área de limpieza”.
 
Agregó que AI supo que algunas de las personas declarantes –supuestos sicarios– alegaron haber sido torturados durante su detención.


AI enfatizó que continúa firme en su compromiso de apoyar a las víctimas y organizaciones civiles de Derechos Humanos (DH) que están involucradas en el caso de –como definió la propia organización– las “desapariciones forzadas” de los 43 normalistas.
 
Y reiteró la necesidad de continuar la búsqueda en vida de los estudiantes, fortaleciendo todos los mecanismos hasta agotar todas las líneas de investigación posibles.
 
Además AI dijo a Murillo Karam que genere, en conjunto con las familias, una estrategia integral y un plan de búsqueda que tenga como sustento la investigación, y que esté apoyado por el uso de tecnología y otros medios útiles para ello.
 
Asimismo, la RNDDHM repudió en un comunicado que aunque han pasado cuatro meses desde la agresión de policías municipales y el grupo criminal “Guerreros Unidos” contra los normalistas –que derivó en su desaparición–, el gobierno federal no ha dado respuestas eficaces, y criticaron que la PGR pretenda cerrar el caso aun cuando “hay elementos para continuar la investigación y evitar la impunidad”.
 
Las organizaciones enfatizaron: “Reprobamos la insistencia de la PGR en afirmar la hipótesis de que los estudiantes fueron secuestrados, quemados y arrojados al basurero de Cocula, sin contar con las pruebas suficientes que comprueben el hecho”.
 
De acuerdo con su comunicado, la RNDDHM también reprobó que el gobierno federal no cumpla con los acuerdos firmados con las familias, estudiantes y representantes legales, ya que “desde septiembre de 2014 (…) hemos sido testigos de la fuerza y dignidad que han mantenido de pie a madres y padres, quienes sin pensarlo asumieron la búsqueda de sus propios hijos frente a la dilación e ineficaz respuesta de las autoridades municipales, estatales y federales de nuestro país”.
 
Las organizaciones sociales pidieron no cerrar el caso Ayotzinapa hasta que las familias tengan certeza científica y jurídica del paradero de sus hijos, y hasta que todos los autores materiales e intelectuales sean sancionados.
 
Además –coincidieron– es imperante que se creen los mecanismos suficientes para garantizar la no repetición de los hechos; se agoten todas las líneas de investigación y se esclarezca la participación de la clase política, el Ejército y su vinculación con los grupos delincuenciales.
 
También pidieron crear mecanismos institucionales para que los cuarteles militares sean abiertos e inspeccionados por los padres a fin de garantizar su derecho a la verdad.
 
Y que se respeten las valoraciones del EAAF y se establezcan medidas eficaces de comunicación en los que se priorice la interlocución y necesidades específicas de las familias, estudiantes y organizaciones acompañantes.
 
De cara a estas demandas, Naciones Unidas informó ayer que el Comité de Desaparición Forzada (compuesto por 10 especialistas independientes) visitará México por primera vez en la historia del 2 al 13 de febrero próximo.



CIMACFoto: César Martínez López
Por: la Redacción
Cimacnoticias | México, DF.- 


  

1/28/2015

Retumban 8 horas gritos de justicia de madres de Ayotzinapa


María, Nestora, Hilda, Berta, Inés y decenas más toman las calles


María caminó desde las 10 de la mañana hasta las seis de la tarde –un recorrido de 43 kilómetros de protesta–, para exigir a Enrique Peña Nieto que le devuelva a su hijo normalista, agredido y desaparecido por policías municipales y el grupo criminal “Guerreros Unidos” hace cuatro meses.

 
María Concepción Tlatempa Colchero, madre de Jesús Jovani Rodríguez Tlatempa, normalista desaparecido en Iguala, Guerrero, se levantó este lunes 26 de enero a las seis de la mañana –como lo ha hecho desde hace 122 días– con la convicción de “encontrar” a su hijo.
 
Ayer despertó en un lugar distinto a su casa en  el municipio guerrerense de Tixtla, a la que no ha vuelto desde el 27 de septiembre de 2014 cuando un vecino le avisó de un enfrentamiento entre policías municipales de Iguala y estudiantes de recién ingreso de la Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” en Ayotzinapa, y del cual el hermano de su vecino y Jesús Jovani ya no regresaron.
 
La víspera (exactamente cuatro meses después de esos hechos), María se levantó, se bañó y tomó un desayuno en compañía de otras 42 familias (madres, padres, hermanas, tías y abuelas) que también están buscando a sus hijos desaparecidos.
 
A las siete de la mañana María se reunió con algunas organizaciones civiles que apoyan la búsqueda, para decidir cómo avanzarían los contingentes que saldrían desde cuatro puntos del Distrito Federal (avenida Taxqueña, Indios Verdes, Calzada Zaragoza y Auditorio Nacional), a fin de “paralizar la ciudad”.
 
SOLIDARIDAD
 
A las 10 de la mañana, María estaba de pie afuera del Auditorio Nacional –donde no había estado antes– con el retrato de su hijo en lona blanca y una playera roja con el número 43.
 
Una señora le llevó una torta y una botella de agua. Luego del almuerzo que tomó de pie, María empezó a caminar hacia el Zócalo capitalino donde, confiaba, la esperaba la “solidaridad nacional”.
 
Bajo el calor de las dos de la tarde, María contó a Cimacnoticias que su hijo había estudiado dos años de la carrera de Medicina en una escuela que no estaba reconocida por la Secretaría de Educación Pública (SEP), por lo que decidió en agosto de 2014 hacer su examen de ingreso a la Normal de Ayotzinapa.
 
“Es la escuela que él eligió y la educación que nosotros, como sus padres (ella ama de casa y él herrero), le podíamos dar”, dijo la mamá de Jesús.
 
María siguió marchando y durante el trayecto de ocho horas paró sólo cuatro veces –cuando se hacían los mítines– en la Estela de Luz, la Diana Cazadora, el Ángel de la Independencia, y en el Senado de la República.
 
Frente al recinto legislativo, donde una valla de policías del Distrito Federal bloqueó la entrada de las calles contiguas, Omar García Velázquez, vocero del Comité Estudiantil de la Normal de Ayotzinapa, acusó que algunos medios de comunicación estaban “difamando” al movimiento de padres y madres de los estudiantes desaparecidos.
 
Luego de que Omar mostrara la portada de un periódico, María decidió no hablar con ningún medio de comunicación; se sentó en una banqueta –sin decir que estaba cansada–, y esta mujer de más de 40 años de edad tomó un respiro con la boca seca.
 
Comió un plátano y un jugo que le acercaron dos jóvenes y, tras insistirle, aseguró: “Somos gente humilde sin nada que esconder”. No pasaron ni 10 minutos cuando María se reincorporó a la marcha y retomó el paso.
 
A su lado marcharon Nestora Carrillo Ruíz, quien encabezó el pasado 12 de noviembre en Guerrero la Caravana de la Brigada Nacional por la aparición con vida de los estudiantes; e Hilda Hernández Rivero, quien platicó con Estela De Carlotto, presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo, cuando vino a México a fines de noviembre para apoyar a las familias de Ayotzinapa.
 
A su lado estaba también Berta Nava Martínez, madre de uno de los tres estudiantes torturados y masacrados el 26 de septiembre; y María Inés Abrajam Gaspar, quien el pasado 12 de enero permaneció media hora adentro del cuartel militar del Batallón 27, en Iguala, para increpar a un militar que golpeó con una piedra a su cuñado, padre de un normalista desaparecido.
 
BOICOT ELECTORAL  
Como observó María, esta octava protesta fue diferente a las marchas multitudinarias que caracterizan a las Jornadas de Acción Global por Ayotzinapa, en primer lugar porque se dividió en cuatro contingentes (con más de cinco mil personas cada uno), que llegaron casi en paralelo a las seis de la tarde a la plancha del Zócalo.
 
También llamó la atención que el mensaje final de este primer mitin del año por Ayotzinapa no estuvo dirigido al gobierno federal ni a la sociedad civil, sino a los estudiantes desaparecidos, a quienes una voz potenciada por la furia y replicada en un eco por la potencia del micrófono dijo: “Te amo, hijo, no pienses que tu madre no te está buscando porque aquí estaré hasta las últimas consecuencias”.
 
Delante de una multitud de 15 mil personas (según las autoridades capitalinas), las madres y padres advirtieron que no habrá elecciones en Guerrero en junio próximo, que tienen información de que los militares participaron en la desaparición de sus hijos, y que no desistirán en su exigencia de justicia.
 
Al filo de las ocho de la noche, las familias regresaron a sus autobuses (donde pasarían la noche) para dirigirse a la Normal de Ayotzinapa, que –como dijeron los normalistas antes de irse– “es cuna de la conciencia social, e incansable aguarda a sus estudiantes”.   
 


11/28/2014

Búsqueda de nuestros hijos no debe cesar: mamá de normalista


CARAVANA MADRES DE AYOTZINAPA
   “PGR nos quiere convencer de que están muertos"


Cada día que pasa es una oportunidad de 24 horas para que aparezcan los 43 estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos en Iguala, Guerrero; por eso se siente desesperada la madre de Martín Getsemany Sánchez García, quien lleva en la mente la cuenta de los 61 días que han pasado sin avance alguno.

Esta mujer (quien pidió se reserve su nombre por motivos de seguridad) tiene 57 años de edad, es ama de casa, campesina y comerciante. Para sostener junto a su esposo a sus ocho hijos, cultiva limones y alfalfa que luego lleva a vender a casas particulares y a una escuela.

Tiene un gesto muy serio, la boca seca y, como ella misma acepta, es a todas luces desconfiada. Como las otras madres, camina por el patio de la Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” con el retrato de su hijo en una mano y en la otra una bolsa de asa que guarda un suéter, un periódico y algunos papeles.

“Ha sido una desesperación muy grande”, dice luego de pronunciar el número 50 en el que iba el conteo de los días de espera –tras la desaparición de su hijo–, cuando Cimacnoticias platicó con ella.

Contrario a otras madres que prefieren no ver noticias, la mamá de Martín a diario investiga qué información nueva se tiene sobre el paradero de su hijo de 20 años, y la registra puntualmente en su memoria.

Mientras recibe los remilgos de avances que las autoridades le han dado, la madre no deja de preguntarse todos los días qué será de su hijo, si le dan de comer o si lo maltratan, y se cuestiona: “Esas personas que los tienen… ¿Qué los mueve para hacer esas cosas? ¿No tendrán hijos? ¿No tendrán mamá?”.

Como el resto de las mujeres que se mantienen en resistencia, la madre de Martín conserva la esperanza de que su hijo esté vivo e increpa a Jesús Murillo Karam, titular de la Procuraduría General de la República (PGR), por sus declaraciones. “Nos quiere convencer de que nuestros hijos están muertos en lugar de buscarlos vivos”, le responde.

Primero, cuenta la mamá de Martín, las quiso convencer de que sus hijos podrían estar entre los 28 cuerpos encontrados el pasado 5 de octubre en seis fosas en Iguala, y luego de que sus restos fueron incinerados y esparcidos en un río, pero sin probar hasta ahora ninguna de estas versiones.

“Aquí estamos en una espera de 50 días (que ahora suman 11 más); pongo mi fe en que van a regresar, pero no se vale que nos digan que nuestros hijos ya están muertos, que los quemaron, que los echaron al río”, critica.

“Ese día –refiriéndose al pasado 7 de noviembre cuando la PGR informó que los restos de los estudiantes habrían sido triturados, quemados y arrojados al río San Juan– sí nos llegó muy feo la noticia y nos dolió mucho, pero pues no, hay cosas que no dan con lo que dicen ellos (la PGR), porque el día que según los quemaron llovió muy fuerte; todavía amaneció lloviendo ahí en mi pueblo (Zumpango del Río). ¿Cómo va a ser una quemadera si estaba lloviendo?”, cuestiona la madre.

“Francamente no confío en las autoridades, ya no sabemos quién nos va a ayudar o quién nos va a decir mentiras. Con las cosas que están pasando, ¿usted cree que va uno a confiar?”, revira.

INTUICIÓN

“El día viernes (26 de septiembre, que los estudiantes fueron supuestamente agredidos por policías municipales y el grupo criminal ‘Guerreros Unidos’), yo todo el día estuve bien desesperada, no sabía ni qué tenía, tenía ganas de llorar. Ni yo misma me entendí. El sábado en la mañana supimos por las noticias que había habido un enfrentamiento en Iguala, y nos venimos para acá”, relata con mucho detalle la señora García.

“No encontré a mi hijo. Se siente muy feo. Usted llega y están ahí todos los muchachos peloncitos porque a todos los de primero los rapan, y uno que no ve a su hijo pues se desespera”, prosigue.

Tras la noticia, los del comité de estudiantes advirtieron a las madres y padres que no se preocuparan: “Esto así es (que policías municipales detengan a los normalistas por salir a ‘botear’), pero mañana los regresan”.

La mamá de Martín cuenta que en su angustia por no ver a su hijo cuestionó a un estudiante: “Me dijo ‘no, tía (como llaman los normalistas a las madres de sus compañeros), es que a los chamacos se los llevaron la patrulla, pero mañana o en dos días los sueltan’, y es la hora que no tenemos nada, ni comunicación ni nada”.

Recuerda que en julio pasado acompañó a Martín hasta la Normal para ver si podía entrar; le dieron su ficha, hizo su examen y lo pasó. “Aquí son muy estrictos, les hacen pruebas muy difíciles, y el que aguantó se quedó, por eso Martín estaba muy contento. Mi hijo había pasado la prueba y aguantado los trabajos. Quería salir adelante y no quedarse sin estudiar”, destaca.

Antes de su desaparición, Martín contó a su madre que iban (él y sus compañeros) a México a la marcha del 2 de octubre (en la conmemoración de la matanza de Tlatelolco en 1968), y necesitaban “botear” para tener los medios para ello.

“Después del 26 de septiembre me he dedicado a estar aquí”, dice la madre de Martín, quien ya no cultiva y ya no vende. “Vamos a las marchas o estamos aquí en las reuniones”, advierte.

“Todas (las madres) nos conocemos, estamos unidas y nos apoyamos. Al rato nos da la lloradera porque es natural que una se desespere, pero platicamos y algo de nosotras (como el viernes que ella tuvo la intuición de que algo le pasó a Martín) nos dice que nuestros hijos están vivos”.

A decir de la señora García, ver a la gente en las marchas les da a las madres y padres de los 43 estudiantes muchos ánimos y confianza de que sus hijos van a regresar, y de que se hará justicia. Ella se siente muy agradecida con toda la gente que las apoya, que son incluso (como ella reconoce) otras madres de personas desaparecidas.

“Sí sé que va a seguir algo grande para que los chamacos aparezcan, y aquí vamos a estar hasta que veamos lo último, lo bueno o lo malo”, concluye la mamá de Martín.

14/AJSE/RMB

CIMACFoto: César Martínez López
Por: Angélica Jocelyn Soto Espinosa, enviada
Cimacnoticias | Tixtla, Gro.- 

11/27/2014

Madres cumplen 2 meses en espera de justicia en Ayotzinapa

   “Atrincheradas” en la Normal Rural, se organizan y resisten





Tras saber la noticia de la desaparición de sus hijos, el primer impulso de las madres de los 43 estudiantes agredidos el pasado 26 de septiembre en Iguala, Guerrero, fue ir a la Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” para informarse sobre los hechos; desde entonces (hace dos meses) ahí viven.
La Normal Rural de Ayotzinapa está a 30 minutos de Chilpancingo –capital del estado– viajando en carretera, pero en algunos casos queda hasta cinco horas de distancia de la casa de los estudiantes. Su entrada de metal y piedra anuncia que esa escuela es “cuna de la conciencia social”.
Al interior, caminos empedrados, de concreto y pasto, con explanadas amplias y sonido de aves, conducen hacia los dormitorios, salones de clases, el comedor y una cancha de basquetbol. En estas deterioradas instalaciones pasan las horas las madres y familiares de los estudiantes desaparecidos.
En charla con Cimacnoticias, las madres dijeron que algunas de ellas se enteraron de la agresión contra los estudiantes hasta un día después, el sábado 27 de septiembre; pero otras –las que viven en las comunidades más lejanas de La Montaña guerrerense– tardaron hasta tres días para conocer los hechos de violencia.
Quienes les avisaron fueron los compañeros de sus hijos, o lo supieron por las noticias y, en al menos dos casos, las maestras rurales que están en contacto con el comité estudiantil de la Normal “Raúl Isidro Burgos” fueron directamente a los hogares para avisar a las madres que los jóvenes –que se dirigían a “botear” para reunir recursos– habían sido detenidos por policías municipales de Iguala.
Algunos de los normalistas lograron huir, uno estaba herido, otros tres habían sido asesinados y, sin saber cifras exactas, sólo se dijo entonces que decenas estaban desaparecidos.
La noticia era aterradora. La madre de Martín Getsemany Sánchez García, uno de los estudiantes desaparecidos (quien pidió reservar su nombre por razones de seguridad), relató que al llegar a la escuela empezó a mirar a los estudiantes presentes con la esperanza de que alguno de ellos fuera su hijo.
Como las otras madres, tras no encontrarlo, empezó a cuestionar a los alumnos: “¿Dónde está Martín? ¿Dónde está mi hijo?”.
El comité estudiantil informó a las familias que eran comunes las detenciones de normalistas cada vez que iban a “botear”, por lo que esperaban que al término del fin de semana quedaran en libertad.
Al cumplirse el plazo, llegaron algunos de los estudiantes que lograron escapar de la agresión y que estaban escondidos por miedo a represalias. Dijeron a las madres y padres de los normalistas que los desaparecidos eran 43 y que el ataque habría sido brutal.
La incertidumbre sobre el paradero de sus hijos se instaló desde entonces en la vida de cada madre; por eso se quedaron a vivir en la Normal de Ayotzinapa.
Al paso de los días –hoy se cumplieron 60– juntas esperaron dos semanas para que la Procuraduría General de la República (PGR) decidiera tomar el caso porque, hasta entonces, lo consideró un problema local.
También juntas, se enteraron después del hallazgo de fosas clandestina con cientos de cadáveres que podrían ser los de sus hijos.
Tuvo que pasar casi un mes para que el 23 de octubre la PGR señalara la supuesta responsabilidad del alcalde de Iguala, José Luis Abarca, y de su esposa, María de los Ángeles Pineda, en la desaparición de los estudiantes.
Y hasta el pasado 4 de noviembre tuvieron noticias de la posterior aprehensión de estos presuntos autores intelectuales que, hasta ahora, no ha derivado en sentencia por la desaparición de los normalistas.
La noche del 7 de noviembre, cuando Jesús Murillo Karam, titular de la PGR, informó a las familias que los restos de los estudiantes habrían sido calcinados en un basurero local de Colula, camino a Iguala, y luego arrojados en el río San Juan, las madres (impulsadas por la intuición, como ellas dicen) volvieron a la Normal a esperar una verdad más certera.
Con el tiempo, las madres desmintieron cada supuesto hallazgo de Murillo Karam porque con la furia en la sangre y el dolor en los ojos cuestionaron a los habitantes de Iguala, quienes les dijeron que llovió toda la madrugada del 27 de septiembre, y porque fueron hasta el basurero local a buscar a sus hijos y no encontraron nada.
Antes de cumplir el día 50, algunas madres se fueron en caravanas para recorrer varias entidades del norte y sur del país en la Brigada Nacional por la aparición con vida de los estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos.
Otras se quedaron en la Normal para hacer guardia (esperar noticias de sus hijos, proteger la escuela y mantenerse organizadas).
LA RESISTENCIA
La cancha de basquetbol en la que permanecen las madres es una explanada amplia entre las regaderas y salones, que antes usaron sus hijos.
Los tubos rojos, la canasta  y las marcas en el piso hacen notar que es un espacio para hacer deporte, pero los costales de comida, las veladoras, las pancartas –como una del centro de la cancha que dice “Digna Rabia”–, y las fotos a color del apoyo internacional para las familias, convierten esa cancha en una trinchera, un campo de resistencia.
Las madres caminan, barren, hablan o acomodan las despensas. Se identifican entre el resto de los familiares porque sus pupilas están rodeadas de un velo amarillento que les deja la mirada cansada, y por un aliento amargo como el de tener hambre siempre.
Sin excepción, todas cargan el retrato de su hijo impreso en una lona de medio metro. Si se sientan lo sostienen en sus brazos o sobre sus piernas, pero no lo sueltan.
“Desde entonces estamos aquí, no nos hemos ido”, dijo Natalia de la Cruz, madre de Emiliano Alen de la Cruz, al salir de una reunión con estudiantes y las demás madres al mediodía. “El gobierno no nos quiere devolver a nuestros hijos; nos dicen puras mentiras y ellos los tienen”, expresó angustiada y ansiosa.
Ella, de origen indígena y campesino, sube las escaleras con sus huaraches de piel rasgados, cargando su bolsa de asa, y pasa por un mural (pintado años atrás) con la leyenda: “La educación y el amor a nuestra cultura e identidad nos llevarán a la libertad”. Natalia se sienta en el comedor con las otras mamás y come en silencio.
“Acá hablamos de nuestros hijos, de cómo son, qué les gusta y por qué decidieron estudiar. Eso nos da mucha fuerza”, confió Martina Olivares, quien tuvo que pasar varios días en cama porque la noticia de la desaparición de su hijo la enfermó, pero en cuanto se repuso regresó a la Normal.
Las imágenes que ahora rodean y cobijan a las madres son murales con consignas de protesta (algunas escritas incluso antes de la desaparición de los normalistas).
La pinta de una tortuga, que hasta entonces era símbolo de Ayotzinapa (por su significado en náhuatl), ahora también representa la lucha de quienes habitan la Normal y aseguran que la justicia, como la tortuga, “es lenta pero implacable”.
Las madres regresan a sus casas sólo para recoger más ropa o más fuerzas, y vuelven a la Normal. Duermen donde durmieron sus hijos y comen al cobijo de los normalistas (los compañeros de sus hijos) que están vivos y que también los buscan.
Las madres de los 43 estudiantes que hoy cumplen dos meses desaparecidos son muy distintas entre sí, algunas se resisten a compartir sus sentimientos, otras  hablan con más soltura y fortaleza. Unas hablan en los mítines y otras administran desde la Normal los recursos de la lucha.
Pese a las diferentes personalidades e historias que conforman su vida y que hoy confluyen con la desaparición de sus hijos, todas participan activamente para buscar a los estudiantes, y si en algo coinciden es en la esperanza (lo que ni el gobierno les ha quitado) de que ellos sigan vivos.  
CIMACFoto: César Martínez López, enviado
Por: Angélica Jocelyn Soto Espinosa, enviada

Cimacnoticias | Tixtla, Gro.- 

11/26/2014

“¿Por qué creerle al gobierno si se llevó a nuestros hijos?”

Martina de la Cruz confía en que Jhosiavani aparezca con vida

Martina de la Cruz, madre de uno de los 43 estudiantes desaparecidos en el municipio guerrerense de Iguala 


A Martina de la Cruz, madre de uno de los 43 estudiantes desaparecidos en el municipio guerrerense de Iguala, le cuesta mucho trabajo hablar de su hijo; está segura de que apenas empiece a hablar podría llorar.

Sin embargo, Martina relata la desaparición de su hijo –y el asesinato de otros tres familiares– sin derramar una sola lágrima… sin detenerse en el relato ni para recordar.

Jhosiavani Guerrero de la Cruz, su hijo estudiante de primer ingreso de la Normal Rural “Raúl Isidro Burgos”, tiene 19 años y, de acuerdo con lo que cuenta Martina a Cimacnoticias, se esforzó mucho (como habitante de una comunidad donde sólo hay una computadora) para poder ingresar en agosto pasado a esta escuela.

Como pocos jóvenes en Omeapa (una localidad de 410 personas, de donde es originario Jhosiavani), él decidió continuar sus estudios para evitar emigrar a Estados Unidos, como su padre y sus hermanos, y estar lejos de su familia, a la que –mientras estudiaba la secundaria y el bachilleres– apoyó en el campo.

“Si hubiéramos tenido más dinero para meter a Jhosiavani a otra escuela, no estaríamos pasando esto”, dice Martina, quien está convencida de que las personas de más bajos recursos o que viven en el campo son siempre las más vulneradas.

Sin embargo, según explica Martina con el retrato de su hijo en la mano, Jhosiavani tenía la intención desde hace muchos años de ser maestro rural para suplir a los profesores que estaban mandando a su comunidad, y a quienes les veía poco interés para acercarse a la infancia.

Martina, de 54 años de edad, revela que el lazo que tiene con su hijo es muy fuerte porque fue el último (de siete) en su descendencia, tuvo el tiempo de cuidarlo y ante la ausencia de su esposo e hijos, era su principal compañero.

Acostumbrada a las pérdidas violentas, Martina narró que el mayor de sus hijos fue asesinado hace seis años (en EU), y sus dos hermanos también fueron acribillados por el crimen organizado en Guerrero.

Sin embargo, el último golpe, la desaparición de Jhosiavani, no se ahogó junto a los otros dolores, la enfermó, la llevó al hospital y le arrebató a su cuerpo 10 kilos en sólo dos meses.

“No es lo mismo tener que enterrar a tu hijo y asimilar su muerte, que no saber ni siquiera si está comiendo, si lo están tratando bien o si está sufriendo”, lamenta, ahora de pie, un poco más convencida que al principio de contar lo que siente.

El pasado 27 de septiembre, un día después de que los normalistas fueron agredidos por policías municipales y el grupo criminal “Guerreros Unidos”, en Iguala, el comité estudiantil de la Normal “Raúl Isidro Burgos” avisó a Martina que hubo un problema en la escuela y que debía ir para que supiera lo que pasó.

MANTENER LA ESPERANZA

Tras saber la noticia, Martina cayó en el hospital. Cualquier comentario del tema la hacía desmayarse, pero luego de varios días de recuperación en cama, se puso de pie para marchar el pasado 5 de noviembre en el Distrito Federal, junto a una multitud de más de 50 mil personas, y regresar a la Normal Rural donde estudiaba su hijo con la esperanza de que regrese con vida.

Martina, como su hijo, es originaria de Omeapa, en Tixtla de Guerrero. Para llegar a la Normal (y hacer el recorrido que hacía su hijo) tiene que caminar varios kilómetros desde su localidad hasta la carretera y luego tomar dos transportes públicos.

Sentada en un borde del patio de la escuela, donde se almacena la comida que los pueblos guerrerenses mandan en apoyo a las familias y están las ofrendas para los tres estudiantes asesinados el 26 de septiembre, Martina se mantiene de espaldas a los carteles y fotografías en apoyo a la comunidad de Ayotzinapa.

“No quiero ver periódicos ni saber de noticias porque todo lo que sacan ahí me lastima. Dicen que mi hijo está muerto y yo no les creo”, suelta de golpe.

Martina no cree en las declaraciones que dio el pasado 7 de noviembre Jesús Murillo Karam, titular de la Procuraduría  General de la República (PGR), sobre el supuesto asesinato de los jóvenes.

“¿Por qué he de creer en el gobierno si son ellos mismos quienes se llevaron a nuestros hijos?”, se cuestiona Martina. “Yo sólo creo en los forenses (del Equipo Argentino de Antropología Forense), que nos han dicho que los de las fosas no son los muchachos”.

La posibilidad de que los estudiantes sigan vivos es lo que le da fortaleza y valor para soportar los dos meses de búsqueda. Estar con las otras mamás también la fortalece porque juntas recrean y recuerdan la personalidad, el aspecto físico y otras anécdotas de sus hijos.

Martina no sabe qué va a pasar si los 43 normalistas no aparecen los próximos días, pero advierte al gobierno (ahora con toda la fuerza que al principio negó tener): “Nosotros somos campesinos, entramos a todos lados y no le tenemos miedo a nada”.
 

| CIMACFoto: César Martínez López
Por: Angélica Jocelyn Soto Espinosa, enviada
Cimacnoticias | Tixtla, Gro.

11/22/2014

Madres de Ayotzinapa aglutinaron causas en una sola lucha


CARAVANA MADRES DE AYOTZINAPA

   El Zócalo, escenario del hartazgo contra la impunidad


La furia de 43 madres y padres guerrerenses que buscan desde hace 55 días a sus hijos normalistas –desaparecidos por policías municipales– congregó ayer en esta capital a una movilización de miles de personas durante casi nueve horas en el Zócalo, que con sus voces exhumaron del tiempo otras desgracias humanas, y recordaron que “el Estado mexicano aún tiene deudas con la sociedad civil”.

 
Este 20 de noviembre aquí fue el cierre de la “Brigada Nacional por la presentación con vida de los 43 estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos”, a la que convocaron el pasado día 12 las madres, padres y compañeros de los estudiantes de la Normal Rural “Raúl Isidro Burgos”, que fueron agredidos el 26 de septiembre por policías municipales y el grupo criminal “Guerreros Unidos” en Iguala, Guerrero.
 
Tras los nueve días en los que tres caravanas recorrieron en autobuses varias entidades del país, para llamar a la sociedad a que se sume en la demanda de justicia no sólo para sus hijos, sino para todos los desaparecidos, las familias de los normalistas y sus acompañantes llegaron la tarde de ayer al Zócalo, en el centro de esta ciudad.
 
En solidaridad con el llamado de las madres, escuelas públicas (entre ellas universidades que en días pasados se movilizaron por la defensa de su autonomía y de la calidad académica) iniciaron un “paro activo” de 48 horas.
 
A la par, en 10 estados de la República y más de 12 países miles se sumaron, con marchas y eventos culturales, a las acciones globales a favor de la aparición con vida de los 43 estudiantes normalistas.
 
La antesala de la marcha hacia el Zócalo fueron los intentos de decenas de jóvenes por bloquear el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y otras vialidades. 
 
Al borde de las cinco de la tarde, llegaron al Ángel de la Independencia, la Plaza de las Tres Culturas y el Monumento a la Revolución miles de estudiantes para exigir mejores oportunidades educativas; campesinas que frenan el despojo de sus tierras, y defensoras de Derechos Humanos que día a día sobreviven los riesgos de su labor.
 
Otras madres, cientos de ellas, cuyas hijas e hijos están desaparecidos o fueron asesinados ante la omisión del Estado, también se unieron a la protesta para, como ellas dijeron, “repudiar la impunidad”.
 
GRITOS AL UNÍSONO
 
Si bien para la Secretaría de Seguridad Pública del DF sólo había 30 mil manifestantes, cualquiera de las y los presentes podía corroborar que en la Plaza de la Constitución (con capacidad para albergar a 100 mil personas) no había un resquicio libre, además de que en calles aledañas como Madero y 20 de noviembre el paso de los contingentes paró hasta las nueve de la noche, una hora después de que concluyera el mitin de las madres y padres de los normalistas.
 
Mientras esperaban la llegada de las madres de Ayotzinapa, las mujeres gritaron “con toda la garganta” que renuncie Enrique Peña Nieto, titular del Ejecutivo federal, y que regresen con vida, no sólo a los 43 normalistas, sino a las miles de personas desaparecidas (mujeres, niños, activistas y perseguidos políticos), de todos los sexenios pasados.
 
Ni ellas, que ayer regresaron de nueve días exhaustivos al participar en la Brigada Nacional, ni las madres que llevan una búsqueda de más de cinco años y que estuvieron presentes, asomaron en su rugido un tono o una muestra de cansancio.
 
En este movimiento, que a decir de Natalia Ruiz, maestra manifestante, tocó la sensibilidad de un número importante de personas porque son los hijos del pueblo y del país, y “a los hijos nadie nos los toca”.
 
Y es que en la tragedia, motivo de esta megaprotesta, están implicados el PRD (que hasta el día de la desaparición de los normalistas gobernaba el municipio de Iguala y el estado de Guerrero); el gobierno federal priista (que no ha podido esclarecer el caso), y el panista, que registró el mayor número de personas desaparecidas (2 mil 600) en el sexenio anterior.
 
Debido al hartazgo de la sociedad en general, ayer confluyó, como no se había visto en años, una movilización que aglutinó a todas las causas y que fue encabezada por las 43 madres.
 

“Es la primera vez en muchos años que estamos de acuerdo en el DF y el país entero en no permitir más injusticias, corrupción y en estar de lado de los muertos y desaparecidos. Hay que estar hoy como el primer día que salimos de las calles a protestar”, dijo una mujer de 56 años que sobre Paseo de la Reforma esperó con calma la llegada de las madres.

 
“Creo que todos nos sentimos culpables porque esto mismo lo debimos haber hecho hace mucho por el incendio de la Guardería ABC y las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez, Chihuahua, o las agresiones en San Salvador Atenco, Estado de México; creo que esto es una llamada de atención porque no tenemos que permitir ni una más”, enfatizó.
 

Cuando la caravana proveniente de Guerrero llegó al Ángel, un grito unísono, con el puño levantado de la gente, les recordó a las madres de Ayotzinapa “que no están solas”.

 
María Estela Velazco Bustamante, jubilada del Estado de México, asistió para exigir a la sociedad que despierte. “El miedo inmoviliza y la furia fortalece. Más vale estar rabiosas”, sostuvo.
 
“CORAJE ETERNO”
 
Durante la marcha, las madres de los 43 normalistas (que en días pasados encabezaron marchas, dieron discursos y recibieron abrazos de la gente que las recibió en cada estado que visitaron) caminaron con la mirada bien fija en la multitud.
 
En el trayecto, jóvenes mexiquenses recordaron a las familias que el feminicidio en su entidad amedrenta a las adolescentes. Un grupo de siete mujeres jóvenes gritaba: “¡Ayotzi, aguanta, México está en la lucha!”, mientras una de ellas con un saxofón turnaba melodías entre cada consigna.
 
En la glorieta de la Palma, sobre Reforma, una manifestante que dijo haber participado en el movimiento estudiantil de 1968 señaló que México guarda un “coraje eterno”, porque desde entonces los asesinatos de jóvenes quedan impunes.     
 
En el templete del Zócalo, donde se encontraron familiares y normalistas de las tres caravanas, dos madres (como pocas veces durante los eventos públicos) tomaron la palabra.
 
“Queremos que nos regresen a nuestros hijos porque ustedes los tienen, pero no son sólo nuestros hijos, son miles de desaparecidos”, expresaron a la multitud. Madres y padres pidieron a la sociedad civil unirse en un solo movimiento para destituir a Peña Nieto y buscar a todas las personas desaparecidas.
 
Al cierre, una mujer sostenía tras el templete vacío una cruz de madera. Su lucha empezó en 2011, cuando su hijo, estudiante de Filosofía en la UNAM, fue asesinado.
 
Tras escuchar el mensaje de la caravana, esta mujer recalcó que las 43 madres, como la sociedad entera, pueden contar con su lucha (único propósito en su vida) que ya lleva varios años. “La única justicia la hacemos nosotras y mientras yo esté con ellas, y ellas conmigo, nunca estaremos solas”.




CIMACFoto: César Martínez López
Por: Angélica Jocelyn Soto Espinosa
Cimacnoticias | México, DF.-