El movimiento tradwife, que promueve un estilo de vida basado en los roles tradicionales de género, volvió al centro del debate público después de que en Estados Unidos y México surgieran propuestas y comentarios que cuestionan la participación política de las mujeres. Especialistas advierten que, aunque elegir dedicarse al hogar es una decisión legítima, el problema aparece cuando ese modelo se presenta como el único deseable y coincide con discursos que ponen en duda derechos conquistados por las mujeres.
En Estados Unidos, Erika Kirk, directora ejecutiva de la organización juvenil conservadora Turning Point USA, defendió recientemente la idea de instaurar un «voto por hogar», es decir, que una sola persona —el jefe de familia— represente políticamente a todos los integrantes de una familia. La propuesta fue respaldada por figuras del movimiento tradwife, como la influencer Savanna Faith Stone.
La discusión también llegó a México. En un podcast, una abogada afirmó que «no todos deberían votar» y días después un joven político e influencer planteó la posibilidad de establecer un solo voto por familia. Aunque no mencionó de forma explícita que las mujeres dejaran de votar, el escenario descrito colocaba a un hombre como quien ejercería ese derecho político.
La discusión ocurre cuando apenas han transcurrido 71 años desde que las mujeres mexicanas ejercieron por primera vez su derecho al voto, una conquista que transformó la participación política femenina en el país.
¿Qué son las tradwives y por qué generan debate?
Antes de aparecer en los discursos políticos, el fenómeno tradwife (una mujer que promueve o adopta el estilo de vida de «esposa tradicional») se popularizó como una tendencia en redes sociales. Influencers de distintos países muestran una vida centrada en el hogar, el cuidado de la familia y la dependencia económica del hombre como proveedor principal. Sus videos, que acumulan millones de reproducciones, muestran cocinas impecables, pan recién horneado, vestidos de lino y una aparente tranquilidad doméstica.
Su éxito no es casual. En un contexto donde muchas mujeres enfrentan dobles jornadas laborales, trabajo doméstico y de cuidados, además de preocupaciones económicas, ese contenido proyecta una vida con menos estrés y más tiempo disponible, una realidad que para muchas resulta aspiracional.
Sin embargo, detrás de esa estética existe un debate más amplio sobre quién decide cómo deben vivir las mujeres.
La carga de cuidados sigue recayendo en las mujeres
Las cifras muestran que la desigualdad en el trabajo doméstico y de cuidados continúa siendo una realidad.
De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2024, las mujeres dedican en promedio 39.7 horas semanales al trabajo doméstico, de cuidados y voluntario no remunerado, mientras que los hombres destinan 18.2 horas. Además, la Cuenta Satélite del Trabajo No Remunerado de los Hogares señala que esta labor representa un valor económico superior a ocho billones de pesos al año y que las mujeres aportan el 72.6 por ciento de ese trabajo.
En este contexto, especialistas consideran que el atractivo del fenómeno tradwife responde también al desgaste que viven millones de mujeres al sostener, simultáneamente, el empleo remunerado y las tareas de cuidado.
El problema no es elegir, sino perder opciones
Para Lizeth Mejorada, portavoz de Mujeres Vivas, Mujeres Libres, el debate no debe centrarse en cuestionar el estilo de vida de quienes deciden dedicarse al hogar.
«El punto no es criticar el estilo de vida que una mujer elige. Toda mujer debe tener la libertad de construir el proyecto de vida que la haga feliz. El problema aparece cuando se manipula a las audiencias para idealizar un estilo de vida que, en el fondo, esconde la pérdida de derechos», sostiene.
Añade que la verdadera libertad consiste en que existan múltiples formas de construir un proyecto de vida y que ninguna sea presentada como la única manera correcta de ser mujer.
La contradicción detrás de las influencers tradwife
Desde la perspectiva de Mujeres Vivas, Mujeres Libres hay una contraducción en el fenómeno: muchas de las creadoras de contenido que promueven la dependencia económica de las mujeres han construido carreras altamente rentables gracias a las redes sociales.
Monetizan videos, administran empresas, negocian contratos y toman decisiones sobre sus propios ingresos, mientras presentan como ideal un modelo en el que otras mujeres dependan económicamente de sus parejas.
Desde esta perspectiva, el debate deja de ser una discusión sobre cocinar, cuidar o desarrollar una carrera profesional y se traslada a una pregunta más profunda: ¿qué condiciones permiten que una mujer pueda elegir libremente su proyecto de vida? Estudiar, votar, abrir una cuenta bancaria, adquirir una vivienda o salir de una relación sin pedir autorización son derechos que costaron décadas de lucha y que, advierten las especialistas, no están garantizados para siempre.
Redes sociales, política y derechos
Las especialistas coinciden en que un video en TikTok no modifica por sí mismo una ley, pero sí influye en la manera en que las personas entienden aquello que consideran normal, deseable o posible. Por ello, consideran relevante analizar cómo ciertos discursos en redes sociales pueden trasladarse posteriormente al ámbito político.
Angie Contreras, vocera de Mujeres Vivas, Mujeres Libres, sostiene que ser madre, dedicarse al hogar, desarrollar una carrera profesional o combinar distintos proyectos de vida son decisiones igualmente válidas, siempre que puedan ejercerse en libertad y sin que el Estado privilegie unas opciones sobre otras.
¿Desde cuándo pueden votar las mujeres en México?
El reconocimiento del sufragio femenino en México llegó el 17 de octubre de 1953, cuando se reformó el artículo 34 de la Constitución para reconocer a las mujeres como ciudadanas con plenos derechos políticos. Sin embargo, fue hasta el 3 de julio de 1955 cuando las mexicanas acudieron por primera vez a las urnas en una elección federal para elegir a las y los integrantes de la XLIII Legislatura. Este 2026 se cumplen 73 años del reconocimiento constitucional del sufragio femenino y 71 años de su primer ejercicio en una elección federal, un hito que abrió el camino para la participación política de las mujeres y, décadas después, para la construcción del principio de paridad en México.

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