"Los brasileños derrotaron los intentos de injerencismo, y las campañas de odio y desinformación que desplegaron los gigantes tecnológicos".

¿Es posible vencer al algoritmo y a las campañas de desinformación? Los resultados de las elecciones en Brasil demostraron que sí.
Desde que Brasil adoptó el sistema de segunda vuelta electoral en 1989, ningún candidato que hubiera quedado en segundo lugar durante la primera vuelta había logrado ganar la Presidencia, pero Luiz Inácio Lula da Silva rompió esa tendencia al vencer en las urnas con el 51.8 por ciento de los votos válidos frente al 48.2 por ciento de su contrincante, Flávio Bolsonaro. El replanteamiento estratégico de su campaña para la segunda vuelta fue clave para sumar los millones de votos decisivos que aseguraron su triunfo.
Con esta victoria, Lula no sólo venció a Bolsonaro en las urnas, sino que también desafió el creciente poder de corporaciones tecnológicas como Meta y su indebida interferencia en los procesos electorales. Asimismo, el resultado representó un revés para Donald Trump, quien ilegalmente ha intervenido en la política y los procesos electorales de varios países de la región –y cuya popularidad va en picada–, en contraste con el histórico triunfo de Lula.
El revés para Trump no se debió únicamente a su fallido respaldo a Flavio Bolsonaro, sino a que la victoria de Lula frenó la intromisión ilegal de Meta. La corporación dirigida por Mark Zuckerberg –una de las principales aliadas de Trump– ha sido acusada de interferir en diversas campañas para favorecer a candidatos de ultraderecha, tal como lo hizo en Brasil con Flávio Bolsonaro.
En la actualidad, los procesos electorales a nivel mundial evidencian cómo las redes sociales se utilizan como canales de difusión para contenidos falsos y campañas de desinformación diseñadas para manipular el voto. Sin embargo, Brasil demostró que es posible poner un límite a las corporaciones tecnológicas que interfieren en los procesos democráticos. Bajo la consigna “Meta no se meta”, miles de ciudadanos brasileños salieron a las calles a protestar contra esa corporación.
Y es que, durante las campañas y la primera vuelta electoral, proliferaron perfiles en redes sociales que publicaban contenidos generados con Inteligencia Artificial para difundir información falsa. El objetivo principal era impulsar a Flávio Bolsonaro y bloquear digitalmente a Lula da Silva.
Diversas organizaciones no gubernamentales y de monitoreo digital identificaron y denunciaron sesgos en los algoritmos de Meta que favorecían al bolsonarismo. De acuerdo con estas investigaciones, la corporación tecnológica restringía contenidos y bloqueaba cuentas de simpatizantes de Lula o perfiles de corte progresista.
Incluso Amnistía Internacional realizó un experimento que demostró cómo Facebook aprobaba o permitía anuncios con desinformación electoral sin restricción alguna por parte de Meta. Además, esos anuncios se emitían desde el extranjero.
Para Amnistía Internacional el hecho de que esos anuncios pudieran emitirse desde el extranjero plantea una seria preocupación: los controles inadecuados de verificación facilitan que actores nacionales o extranjeros exploten esas vulnerabilidades para influir en los comicios.
El incumplimiento de la obligación legal de transparentar la información electoral por parte del corporativo tecnológico, sumado a la difusión de propaganda externa, encendió las alarmas sobre el riesgo de las campañas de desinformación que interfieren en los procesos democráticos.
Las maniobras de la corporación tecnológica por favorecer a Bolsonaro fueron de tal magnitud que, tras una acumulación masiva de denuncias, el Tribunal Superior Electoral (TSE) tuvo que intervenir para ordenar a Meta que garantizara un trato equitativo.
Rumbo a la segunda vuelta las calles de Brasil se convirtieron también en una marea de manifestaciones contra Meta y su maquinaria de desinformación bajo el lema “Meta no se meta”.
Así, debido también a la disputa librada en el terreno digital, el reciente proceso electoral en Brasil se convirtió en uno de los más reñidos en la historia de ese país.
La batalla digital también involucró a millones de jóvenes que se organizaron para combatir la desinformación. Esta movilización se coordinó mediante el WhatsApp creado por el Diputado André Janones, quien logró articular un auténtico ejército digital compuesto por 11 millones de internautas participando activamente. De allí los agradecimientos que hizo Lula da Silva en su primer mensaje como ganador: “Le debo esta victoria a una juventud rebelde, que se levantó en defensa de la democracia”, dijo.
Desde el escándalo de Cambridge Analytica, han transcurrido más de 10 años en los que corporaciones de la tecnología han intervenido de forma sistemática e ilegal en procesos electorales mediante la manipulación de información. Y el recientemente expuesto modus operandi de estrategas como Fernando Cerimedo –caracterizado por el uso de granjas de bots y desinformación– deja nuevamente de relieve las amenazas que enfrentan las democracia en la era digital.
Para contrarrestarlo, las autoridades electorales de algunos países han implementado varias medidas para abordar la desinformación relacionada con los comicios. En el caso de Brasil, desde las elecciones presidenciales de 2022, la autoridad electoral introdujo medidas más estrictas para exigir a las plataformas online eliminar rápidamente la información falsa o deliberadamente descontextualizada referente a los procesos electorales, bajo pena de ser multadas y de su posible suspensión.
El uso de Inteligencia Artificial (IA) también se restringió antes de las elecciones municipales de 2024 para evitar la desinformación y la manipulación del proceso electoral. Ese año el Tribunal Supremo Electoral de Brasil ordenó también la suspensión de X (antes Twitter) por incumplimiento de órdenes judiciales, entre ellas algunas relacionadas con cuentas acusadas de difundir desinformación.
En marzo de 2026 emitió una resolución respecto a contenidos específicos que las plataformas debían eliminar, al tratarse de contenido falso o descontextualizado sobre el proceso electoral. También se estipuló la prohibición del uso de IA generativa para clasificar, recomendar, sugerir o priorizar candidaturas, campañas y partidos políticos.
Advirtiendo los riesgos de la desinformación y el uso de la IA, que se está utilizando para desvirtuar el proceso democrático y que atenta contra la integridad de las elecciones, el Tribunal Superior Electoral mantiene el Programa Permanente para la Lucha contra la Desinformación en el Sistema de Justicia Electoral (PPED), que opera con un enfoque multidisciplinario y multisectorial. Funciona como una red, mediante alianzas con organismos gubernamentales, prensa, sociedad civil, academia, partidos políticos y plataformas digitales, así como proveedores de servicios de IA.
Incluye un Sistema de Alerta de Desinformación Electoral (Siade), un canal anónimo a través del cual cualquier ciudadano puede denunciar noticias falsas o engañosas, así como contenido manipulado por Inteligencia Artificial. Las alertas son revisadas por un equipo interno, que recopila pruebas y las remite a los Tribunales Electorales Regionales para que se analicen y que las plataformas digitales también evalúen si se han infringido sus términos de uso; los casos que presenten indicios de delito se remiten a las autoridades competentes.
Además, la autoridad electoral en Brasil desarrolló el Programa de Fortalecimiento Institucional, cuyo objetivo es consolidar la confianza pública en las instituciones electorales. También se creó el Frente Nacional para la Lucha contra la Desinformación, que reúne a autoridades, funcionarios públicos y sociedad civil que son voluntarios que participan en acciones en todo el país para fortalecer la credibilidad de las instituciones electorales y para combatir el impacto negativo de la desinformación.
En Brasil, el proceso electoral en su segunda vuelta tuvo una participación histórica, el más bajo nivel de abstencionismo. Los brasileños en las urnas derrotaron los intentos de injerencismo, y las campañas de odio y desinformación que desplegaron los gigantes tecnológicos.
Como escribió en su red social el expresidente Gustavo Petro: “Se ha detenido el fascismo en América Latina en Brasil. El pueblo brasileño libre logró frenar la avalancha de los bots falsos, y el sistema electoral con software público y bien cuidado por la gente evitó fraudes; se salva la justicia social en Brasil y el intento extranjero de quedarse con sus recursos naturales”.
Así que, con esta victoria, Lula no sólo venció a Bolsonaro en las urnas, sino que también se impuso a corporaciones tecnológicas como Meta y su creciente tendencia de injerencia en los procesos electorales.
El corolario llegó dos días después del triunfo de Lula: Flávio Bolsonaro escapándose a Estados Unidos violando una orden de la Corte Suprema que le prohibía abandonar Brasil y le había ordenado que tenía que entregar su pasaporte ya que está bajo investigación por lavado de dinero, evasión fiscal y corrupción; ahora el gobierno de Trump le dará protección.
En México, nos encontramos ya en vías de un proceso electoral que se vislumbra complejo debido a las disputas políticas. Se observa una oposición que, carente de una propuesta política sólida, se dedica a formular peticiones en el extranjero –particularmente dirigidas al gobierno de Trump, y en el caso de los panistas, a gobiernos europeos– para que intervengan en nuestro país.
Al ya de por si riesgoso peligro del injerencismo, se suma la caótica y desaseada gestión de Guadalupe Taddei al frente del Instituto Nacional Electoral (INE), una gestión ahora bajo auditoría por los conflictos de interés y malos manejos. Aunque ella ya salió del INE –tras presentar su renuncia–, la magnitud del daño que le provocó a la institución no se conocerá por completo sino hasta que concluyan las auditorías de oficio implementadas por la Auditoría Superior de la Federación (ASF).
En este contexto de riesgos latentes para el proceso electoral ya en curso, resulta de gran relevancia que la ASF realice con puntualidad, profundidad y prontitud las evaluaciones correspondientes al INE. Asimismo, es fundamental que se robustezca la institución y todo el sistema electoral para hacer frente a los desafíos de los próximos comicios, donde el injerencismo extranjero, el uso de tecnologías, la inteligencia artificial y las granjas de bots se perfilan como las principales herramientas de las campañas sucias.
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