11/01/2026

Cuauhtémoc y el inicio

Fabrizio Mejía Madrid

–Pero, ¿cómo vamos a apoyar a un priísta?– nos preguntábamos en marzo de 1988.

–No lo miren a él –nos regañó el profesor Axel Didriksson en Las Islas de la UNAM–, vean a la gente.

Y la vimos. En Taxco y Chilpancingo los campesinos de manta y huaraches cargando en las espaldas retratos del general Lázaro Cárdenas, llevando veladoras al oscurecer, vitoreando a la soberanía nacional. Un recuerdo: el tizne de las veladoras en el vidrio del retrato daba cuenta de los años de derrotas. Mientras avanzaba el movimiento en La Laguna, en Chilpancingo, en Tlapa y Metlatónoc, Chalco y Ecatepec, el reclamo se fue haciendo por la democracia y el ímpetu, por la victoria electoral. Para el 26 de mayo, coreamos consignas para Cuauhtémoc en la explanada de Ciudad Universitaria, seguros de lo que habíamos visto en la gente. Era el cardenismo, no importaba si el general o su hijo Cuauhtémoc. Ahí seguía esa revolución que no era la del PRI, sino la popular. Esto parecía una victoria inminente sobre el Partido Único, pensamos todos, pero apenas era el comienzo.

El inicio político para Cuauhtémoc Cárdenas fue el movimiento que protestó contra el golpe de Estado de la CIA en Guatemala en 1954. Lo condujo su padre, junto a Vicente Lombardo Toledano y el general Heriberto Jara, y acogió en la Ciudad de México al depuesto presidente Jacobo Arbenz. Rápidamente, el Partido Acción Nacional de Gómez Morín, la Iglesia católica, y los empresarios protestaron por dejar entrar al “comunista” guatemalteco que había osado repartir entre los campesinos pobres las tierras que la United Fruit Company mantenía ociosas para evitar que otros competidores invadieran su monopolio platanero. Tanto el secretario de Estado de EU, como el director de la CIA, eran accionistas de la bananera. Armaron a los militares locales y derrocaron al gobierno electo. En cuanto llegó el exilio guatemalteco a refugiarse de los militares a la embajada mexicana, el dirigente de los empresarios de la Ciudad de México, Honorato Carrasco, se expresó así de Arbenz: “No queremos que México se convierta en el basurero de la humanidad”.

Cuatro muchachos se unieron a la Sociedad de Amigos de la Guatemala que comenzaron las manifestaciones por el restablecimiento de la democracia en ese país: José Emilio Pacheco, de 15 años y todavía en la secundaria; Carlos Monsiváis de 16, en la Escuela Nacional Preparatoria y Sergio Pitol, de 21, ya inscrito en Derecho de la UNAM. El cuarto fue Cuauhtémoc Cárdenas, estudiante de Ingeniería, que se unió a ellos para volantear. Juntos verían, no sólo la imposibilidad de que Arbenz regresara a gobernar, sino cómo siguieron los golpes de Estado orquestados por la CIA en América Latina.

Monsiváis escribió su primera crónica sobre esa manifestación a favor de Arbenz el 2 de julio de 1954, en la que Frida Kahlo en silla de ruedas, fue acompañada por Diego Rivera y Juan O´Gorman. La mayoría del pueblo mexicano que apoyaba la democracia en Guatemala olía a literatura nacional: el poeta José Gorostiza fue el subsecretario de Relaciones Exteriores que tuvo que responderle a la CIA el memorándum que le ordenaba a México “expulsar” a los recién asilados, y nuestro secretario de Relaciones Exteriores, Luis Padilla Nervo, era el sobrino del poeta Amado. Pacheco y Monsiváis participaron en la huelga de hambre de los estudiantes afuera de San Ildefonso para llamar la atención de la prensa sobre el derrocamiento de Arbenz. Mucho tiempo después, Monsiváis bromeó cuando le preguntamos por el episodio:

–Benita Galeana llegó en la noche con una bolsa de conchas y ahí terminó mi compromiso.

Cuauhtémoc y Pitol, desde Ciudad Universitaria, formaron el comité de apoyo a Guatemala junto con Luis Prieto, Leonel Durán, y Rodolfo Stavenhagen.

Pero si uno ve los inicios, ahí, en ese 1954, ya estaba el germen de lo que vendría: el cardenismo no era el PRI. Su jefe máximo del momento, Adolfo Ruiz Cortines, no llevó la protesta de México hasta el límite y sólo se abstuvo de votar en la condena que Estados Unidos le hizo a Jacobo Arbenz en la X Conferencia Interamericana de Caracas tres meses antes del golpe de Estado. En ella los gringos tildaron al gobierno democrático de servir a los intereses de la Unión Soviética en el continente americano: “Por nuestra seguridad nacional, no podemos permitir un gobierno comunista entre el canal de Panamá y Texas”.

Gómez Morín, dirigente del PAN, alertó en su órgano de difusión, La Nación, de que había “células comunistas” en la UNAM y en la Secretaría de Relaciones Exteriores. Gabriel Leyva, presidente del PRI, declaró a la prensa: “El partido repudia el comunismo y cualquier otro totalitarismo que pugne con la ideología de la Revolución mexicana”. El propio presidente Ruiz Cortines financió una organización que se oponía a la de los muchachos del verano de 1954 y de Lázaro Cárdenas, la Sociedad Pro-Liberación de Guatemala. El diario El Universal publicó una editorial donde aseguró que los más de trescientos arbencistas asilados en la embajada mexicana, “no eran refugiados sino delincuentes”, justo el mismo argumento que usaría la CIA en el memorándum, meses después. El gobierno de México acabó reconociendo al gobierno de facto de Carlos Castillo Armas tan pronto como el 13 de julio de 1954. Ruiz Cortines aceptó entregar al nuevo gobierno militar a 30 guatemaltecos exiliados en México para que fueran “juzgados”.

En un mensaje al presidente Eisenhower, el embajador en México, Francis White, elogió los “elementos estables” de la sociedad mexicana –las cámaras empresariales, el PAN, y los banqueros– como definitorios en la posición final de Ruiz Cortines: “Los conservadores fueron mucho más poderosos que los chantajes de la izquierda”.

Desde ese momento, el cardenismo fue la ruptura del siglo XX en México. Lo sería unos años después en apoyo a la Revolución cubana cuando el propio Lázaro Cárdenas fundó, al lado de personajes como Enrique González Pedrero y Heberto Castillo, el Movimiento de Liberación Nacional en 1961. Cuauhtémoc fue electo como encargado de asuntos juveniles a sus 27 años. Pero el MLN desapareció por la insistencia de Lombardo Toledano en apoyar a Gustavo Díaz Ordaz como candidato presidencial, usando a su partido, el PPS, en alianza con el PRI. Lombardo se equivocó en su cálculo antimperialista: el diazordacismo solidificó a la derecha dentro del Estado mexicano y persiguió y masacró a la izquierda.

El cardenismo volvió como la base popular de una cultura política que no era priísta. No era socialista ni obedecía a los manuales que tildaban algo como esto a una revolución burguesa o –peor– el bonapartismo de los campesinos allá en Francia por 1852, ni mucho menos lo que decían los priístas y los medios ya en la cargada por Salinas de Gortari: el México premoderno. El cardenismo, que estuvo en la base popular del poder revolucionario, se había fugado hacia afuera del PRI. Era antimperialista, soberano, y agrarista. Era justo lo que veíamos en 1988, casi tan jóvenes como Monsi, José Emilio, y Pitol en 1954. Y Cuauhtémoc ahora encabezaba lo que resultaría un nuevo inicio.

Descanse en paz el ingeniero Cárdenas.

Pensar la universidad del futuro

Hugo Casanova Cardiel*

En la tercera década del siglo XXI, la universidad se encuentra inmersa en un proceso de transformación que tendrá indudables efectos para las próximas décadas. El contexto de nuestro tiempo, caracterizado por crecientes demandas sociales y gubernamentales, por influyentes cambios tecnológicos y organizativos –destacadamente la inteligencia artificial y el gobierno electrónico–, así como el intrínseco avance del conocimiento, suponen un importante reto para las instituciones universitarias.

Los factores propios de la docencia: los entornos de aprendizaje, los métodos de enseñanza, los contenidos curriculares o las certificaciones universitarias se ven puestos a prueba por modalidades que comienzan a modificar un ámbito estable hasta hace muy poco. Todo ello implica un escenario en el que se manifiestan posiciones diversas. ¿Para qué impartir educación universitaria? ¿Cuál es su papel frente al ámbito laboral? ¿Cuál es su encargo ante las cambiantes demandas de la sociedad?

Las universidades se encuentran en un escenario complejo también respecto a la investigación. Los espacios para la creación de conocimiento y sus metodologías se diversifican dando lugar a modalidades disruptivas e innovadoras. ¿Qué investigar? ¿Para quién investigar? ¿Cómo valorar la investigación? La reflexión sobre la universidad incluye también el campo de la difusión y la vinculación social. ¿Qué formas de cultura compartimos con la comunidad institucional? ¿Cómo puede la universidad extender su producción intelectual hacia los diversos ángulos y sectores de la sociedad? ¿Es posible trazar un horizonte de 25 años y más?

La universidad del futuro –especialmente la de carácter público– tiene ante sí, el reto de alcanzar y ratificar su condición de bien público. La universidad ha de atender los grandes problemas nacionales, especialmente los referidos a la justicia, la equidad social y la democracia. La universidad de las siguientes décadas tiene el importante reto de atender, mediante estrategias pertinentes, las brechas socioeconómicas, de género, así como de origen étnico y geográfico. La universidad deberá generar opciones y referentes para atender y prevenir las diversas manifestaciones de las violencias mediante protocolos pertinentes, así como generar sinergia con las instancias responsables de ese tema. También habrá de promover criterios de integridad social y académica que aseguren una ética universitaria para el siglo XXI.

Una apretada agenda acerca de la universidad del futuro debería considerar temas como la transformación digital y la IA, la estructura y horizontes del saber, los retos pedagógicos emergentes, las perspectivas demográficas, la gobernanza y gestión, así como el cambio global y la sustentabilidad. Baste centrarse por ahora en los tres primeros:

Transformación digital e IA. La evolución de la tecnología digital y la irrupción de la inteligencia artificial ha devenido en un complejo entramado de datos e información con alto impacto y provecho en los más diversos ángulos de la vida universitaria. No obstante, los resultados de la IA han mostrado también sus límites y es preciso mantener un alto sentido crítico y supervisión ante los efectos no deseados. El entorno digital expresa y genera diversas asimetrías y, en ese sentido, la universidad del futuro está llamada a promover criterios de ética, equidad y equilibrio en el uso de las tecnologías y la IA.

Estructura del saber. Con el ascenso de procesos de innovación tecnológica y digital se observa una tendencia que prioriza los campos científicos y tecnológicos. Temas como ciencia de datos, biotecnología y salud digital, educación digital, manejo de energía, sustentabilidad, ingeniería y los más diversos ámbitos del saber en su versión digital se vislumbran como ángulos ineludibles para la universidad que viene. Bajo tal perspectiva, el futuro demanda de la interdisciplina y otras modalidades que articulen los múltiples espacios del conocimiento. En especial, el ámbito humanístico y social tiene la capacidad de promover valores que propicien un uso equitativo, justo, redistributivo y sustentable de los procesos y resultados del trabajo científico y académico.

Nuevos retos pedagógicos. La enseñanza en tiempos de cambio tecnológico y emergencia sanitaria se ha visto modificada dando lugar al surgimiento de nuevas formas didácticas (plataformas digitales, enseñanza remota y semipresencial). Dicho escenario ha puesto de manifiesto las insuficiencias de infraestructura y la lejanía del personal docente e incluso del estudiantado ante las nuevas tecnologías, entre otras limitaciones. La universidad deberá promover –a la par de condiciones institucionales certeras y justas para el profesorado– innovaciones pedagógicas y didácticas que se correspondan con las exigencias de la tarea docente. Asimismo, habrá de generar programas de formación para fortalecer las capacidades del profesorado, el cual será requerido a su vez para contar con grados superiores en sus especialidades y con una alta formación didáctica y tecnológica.

Diversos rasgos de la universidad del futuro ya comienzan a vislumbrarse, pero hoy resulta crucial identificar mejores estrategias para alcanzar un modelo universitario justo y pertinente para la sociedad y el país de las próximas décadas. Se trata de una tarea multigeneracional en la que se requieren los saberes de todos: de los jóvenes y de quienes acumulan experiencias.

* Coordinador de Reforma Institucional y Prospectiva Universitaria de la UNAM 

Una carrera sin Coca y un congreso sin Nestlé

 El Poder del Consumidor

Alejandro Calvillo

"La participación de empresas como Coca-Cola en eventos deportivos y Nestlé en eventos de profesionales de la salud habla de la captura de esos espacios".

Una carrera sin Coca y un congreso sin Nestlé. Por Alejandro Calvillo

Sabemos bien que vivimos en un mundo que está bastante de cabeza, y una fuerte razón de ello es que así lo ha puesto el inmenso poder que han alcanzado las grandes corporaciones globales, que se han convertido en un poder político. Para muestra, un par de botones.

El Dr. Juan Rivera Dommarco, fundador del Centro de Investigación y Nutrición en Salud del Instituto Nacional de Salud Pública y exdirector de ese instituto, uno de los más destacados nutricionistas de nuestro país, cuenta una anécdota ejemplar que resume el absurdo de este mundo. Cuenta que al viajar a España, en septiembre de 2013, para atender el XX Congreso Internacional de Nutrición, ya instalado en la ciudad de Granada, sede de ese evento, tomó un taxi para dirigirse al congreso. El conductor del taxi no identificaba bien a dónde se dirigía; no había escuchado de ese evento como un congreso de nutrición. Identificó que se trataba de lo que ya todo el mundo llamaba en Granada el Congreso de Coca Cola. Un congreso de nutrición identificado como un congreso de Coca Cola. Una imagen que no olvidan muchos de los participantes es que a la entrada de ese XX Congreso Internacional de Nutrición, recibiendo a los nutricionistas de diversas regiones del mundo, estaba instalada una enorme botella de Coca Cola: “el Congreso de Coca Cola”.

¿Qué implicaciones tiene que la empresa Coca Cola haya financiado el Congreso Internacional de Nutrición, que haya financiado a la asociación internacional de nutricionistas? ¿Podrían, en los simposios, conferencias e investigaciones ahí presentadas, hablar de los daños de las bebidas azucaradas a la salud, de las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud a reducir su consumo, a regular su publicidad, a ponerles impuestos? ¿Se podría hablar de la interferencia de la industria en la ciencia? ¿De la captura de los gobiernos y las políticas públicas por estas corporaciones? Vea usted, revise los congresos de profesionales de la salud, los patrocinios de sus sociedades y podrá evaluar si hablarán libres de conflicto de interés, si engañarán o si guardarán silencio, mirando al otro lado. Podrá preguntarse: ¿a quién sirven, a las corporaciones o a la salud?

Se trata de comprar consciencias. Dos años después, en noviembre de 2015, me encontraba entre nutricionistas de la región de América Latina disfrutando de un paraíso caribeño, en el XVII Congreso de la Sociedad Latinoamericana de la Salud en Punta Cana, Santo Domingo. Estábamos instalados en el mayor lujo de un paraíso caribeño, en el mega resort de la cadena Barceló. Un desarrollo turístico de mil 200 hectáreas, con 14 restaurantes, decenas de piscinas frente al mar, más de tres kilómetros de playa, con un sistema de transporte interno para desplazarse de una instalación a otra y con el mayor Centro de Convenciones de República Dominicana. ¿Quiénes asistíamos al congreso podíamos pagar la estancia en ese desarrollo turístico? Puedo asegurar que no; podría haber algunas excepciones.

¿Quién lo pagaba? ¿Quién patrocinaba el congreso? Mientras Latinoamérica reportaba uno de los mayores crecimientos en sobrepeso y obesidad ligado, fundamentalmente, al creciente consumo de alimentos ultraprocesados y bebidas azucaradas, el mayor problema de salud pública ligado al cambio en la nutrición, el Congreso de la Sociedad Latinoamericana de Nutrición se desarrollaba, en ese paraíso tropical, gracias al patrocinio de Nestlé, Kellogg’s, Coca Cola, Quaker de Pepsico, Danone, Unilever, General Mills, entre las principales corporaciones globales de ultraprocesados y bebidas azucaradas. Los pasillos entre los salones de exposición y simposios estaban ocupados con estantes de estas empresas que habían influido en parte importante de la agenda. Estas empresas eran las que formaban parte de los principales bloques de cabildeo en contra de las políticas regulatorias que se empezaban a promover en diversos países de la región, las que actuaban contra las recomendaciones internacionales para enfrentar las epidemias, que supuestamente serían el principal objetivo a combatir por los nutricionistas. Eran y son el principal obstáculo para las políticas de salud pública en alimentación.

Si tuvo algún sentido asistir a ese congreso fue para apoyar la elección de la nueva presidencia de la Sociedad Latinoamericana de Nutrición (SLAN), exigiendo que esta asociación se declarara libre de conflicto de interés, que nunca más aceptara estos patrocinios, que no fuera cooptada por estas corporaciones y que se enfocara en enfrentar las causas de las mayores epidemias que estábamos ya viviendo. La elección del propio Dr. Juan Rivera Dommarco como presidente de la SLAN, quien apoyaba este principio, y la entrega de una carta firmada por más de 200 asistentes que pedían “no permitir más que los congresos sean patrocinados por corporaciones de alimentos y bebidas que fabrican productos que ponen en riesgo la salud de la población y el planeta… estas mismas corporaciones contribuyen a destruir los sistemas alimentarios y prácticas culinarias tradicionales, socavando la soberanía y provocando daños ambientales”, establecieron lo que serían los siguientes congresos sin patrocinios, sin lujos, sin compra de consciencias. Justamente escribo estas líneas al concluir su congreso en la ciudad de Santiago de Chile. En vez de playas y lujos, el congreso sesionó en un espacio universitario, más que suficiente para compartir información y discutir los rumbos a seguir.

Al igual que un congreso de nutrición es objetivo de la captura de las corporaciones que actúan contra la propia nutrición, los eventos deportivos son también objeto de estas corporaciones que introducen al mercado productos que dañan la salud y buscan maquillarse con el halo saludable del deporte. Las carreras son eventos deportivos singulares, ya que están abiertos a la participación de la población. Son, principalmente, las corporaciones de bebidas las que buscan patrocinar estos eventos y convertirlos en un medio de publicidad. Las carreras deberían ser lo contrario: eventos que promovieran la salud en todas sus formas. Y así como los congresos pueden estar libres de Nestlé y similares, las carreras también pueden estar libres de Coca Cola y similares y ser eventos que promuevan una alimentación sana, justa y culturalmente adecuada.

El ejemplo se dio hace unas semanas. El pasado domingo 18 de octubre se llevó a cabo la “Carrera de la Milpa” en la comunidad de San Andrés Huayapam, municipio ubicado en los Valles Centrales de Oaxaca. La carrera tuvo como objetivo reivindicar la milpa como base de la soberanía alimentaria y visibilizar la resistencia de las comunidades campesinas frente al mercado de productos chatarra y ultraprocesados. Huayapam es conocida como la población del tejate, la “bebida de los dioses”. Se esperaban 200 participantes; el evento reunió a 700 corredoras y corredores que participaron en las distancias de cinco y 10 kilómetros y en las categorías de juvenil, libre, máster y veteranos.

Al finalizar la carrera, tras cruzar la meta, los corredores no fueron recibidos con una Coca, un Gatorade o cualquiera de estas otras bebidas ultraprocesadas; fueron recibidos por las mujeres indígenas de la asociación de productoras de tejate, que les sirvieron esta bebida prehispánica elaborada con maíz nixtamalizado con ceniza, cacao tostado, hueso de mamey (pixtle), rosita de cacao (flor de tejate) y agua. Y se les ofrecieron frutas provenientes de distintas comunidades de Oaxaca: naranjas de Santo Domingo Cacalotepec, mandarinas de Santiago Yagallo, plátanos de San Juan Tabaa y Santo Domingo Yojovi, y guayabas de San Juan Chicomezuchil.

Los premios a las y los ganadores incluyeron semillas de maíz blanco, rojo, azul y amarillo provenientes de las comunidades de San Andrés Huayapam, de San Jacinto Chilateca, San Pablo Huitzo y la comunidad de La Luz, Ixtlán, en el rincón alto de la Sierra Juárez; de igual forma se contó con frijol de los Valles Centrales y la Sierra Juárez y unas preciosas calabazas del Valle de Etla. La presencia de todos estos alimentos resaltó la diversidad alimentaria de Oaxaca. Una carrera con sentido, una enseñanza de los organizadores. La actividad formó parte de la jornada “Por el derecho a una alimentación sana y nutritiva”, realizada en el marco del aniversario de la Campaña Oaxaca sin Chatarra y del Día Mundial de la Alimentación, con el propósito de promover la alimentación saludable, reivindicar la milpa y visibilizar la importancia de los sistemas alimentarios locales.

Una carrera sin Coca y un congreso sin Nestlé es algo poco común. La participación de empresas como Coca Cola en los eventos deportivos y de empresas como Nestlé en eventos de profesionales de la salud habla de la captura de esos espacios por corporaciones que tienen una profunda responsabilidad en las epidemias de obesidad y diabetes.

Una carrera sin el logo ni la lata de Coca o de Gatorade, recibiendo a los corredores, tras pasar la meta, con tejate, la llamada “bebida de los dioses”, y con frutas: guayabas, plátanos, naranjas traídas por los productores de la sierra, es una carrera con sentido.

Un congreso latinoamericano de nutrición sin el logo, sin el patrocinio de Nestlé, en el que se habla abiertamente de la interferencia de la industria, de las corporaciones, de cómo han actuado con muy diversas estrategias para impedir las políticas de salud pública dirigidas a enfrentar las epidemias de obesidad y diabetes que afectan las ventas de sus productos ultraprocesados, es un congreso con sentido.

Esto hacemos desde la sociedad civil y demandamos a los gobiernos hacer también: sacudirse de la captura, dejar de traicionar y violar su misión de servir al interés público, no al privado, como aún hacen dependencias del Gobierno actual.

Rebeldía en Europa

León Bendesky

Las protestas sociales en Europa, iniciadas en París en septiembre pasado son, por necesidad, distintas de las ocurridas en 1968. Hay seis décadas de por medio y el capitalismo, hoy, es muy distinto al de entonces. La sociedad, por supuesto lo es también.

En el 68, el movimiento social expresaba un amplio sentido de crítica cultural y antiautoritaria; contraria a las formas predominantes del poder en las universidades, en los gobiernos, en el ejercicio de la política y, también, en las familias. Las cuestiones y sociales adquirían otro sentido.

Hoy, los rasgos de las protestas sociales en Europa apuntan al descontento asentado en las restrictivas condiciones económicas y de los espacios de la existencia social. Esto sucede de modo ostensible en el limitado acceso a la vivienda.

Según el Parlamento Europeo, se enfrenta un déficit del orden de 9.6 millones de viviendas, lo que representa alrededor de 3.5 por ciento del acervo existente de casas. Tan sólo en la Unión Europea se calcula un requerimiento de 2.25 millones adicionales de viviendas por año y, hoy, la construcción cubre poco menos de las dos terceras partes de esa cantidad.

Esta crisis de naturaleza sistémica se expresa en una abierta agitación social, en un ambiente de gran ansiedad que define las brechas de las generaciones. Los jóvenes encaran una mayor desprotección que sus padres; con condiciones de vida más restrictivas y limitaciones para elevar su ingreso y generar riqueza. En medio de los altos y crecientes precios para la compra y la renta de una casa, se estima que cerca de las tres cuartas partes de las personas entre 18 y 34 años no pueden vivir de manera independiente de sus padres.

La década de gobierno del presidente Macron llega a su fin en medio de una profunda crisis económica y social. La crisis en Francia ha arrinconado al gobierno en un escenario de parálisis política, enmarcada en una adversa posición financiera, con una deuda pública que representa 119 por ciento del producto interno bruto. El espacio de acción está ahora reducido al máximo. Francia no está sola en esta materia de endeudamiento público y restricción fiscal. En Grecia e Italia la proporción de la deuda es del orden de 140 por ciento; en Bélgica, 110 y en España, por arriba de 100 por ciento.

Una de las consecuencias de la restricción fiscal es el deterioro de la infraestructura pública, en este caso, especialmente en el sector educativo, en condiciones de una insuficiente plantilla de profesores y el deterioro de las instalaciones. En Francia y los otros países de la región las protestas de los estudiantes y profesores se suman a las precarias condiciones sociales y el alto costo de la vida.

La situación educativa, de la vivienda, el alto nivel de los precios conforman buena parte de las tensiones sociales extendidas en la región, como se ha visto en Milán, Bruselas, Madrid, Lisboa y Tirana. La situación impacta de modo adverso las posiciones fiscales de los gobiernos, impone restricciones a la actividad económica y tiene consecuencias apreciables en materias política y electoral en varios países próximamente.

La periodista francesa Caroline Fourest ha propuesto una interpretación de la actual crisis europea que comprende la desesperanza socioeconómica prevaleciente, que contribuye a la ansiedad de los jóvenes que resienten no sólo las consecuencias de la inestabilidad política y económica, sino una serie de condiciones diversas como son: las repercusiones del cambio climático, las complejas tensiones geopolíticas y a lo que deben añadirse los efectos del acelerado cambio tecnológico asociado al predominio de la realidad digital.

Fourest considera las formas de la polarización posmoderna, en la cual las redes sociales actúan como cámaras de resonancia y se reducen las posibilidades de un debate estructurado a cambio de reacciones de enojo, frustración y, también, la violencia de grupos radicales y oportunistas. El debate debería propiciarse, entonces, sobre los valores civiles y un estricto diálogo basado en los hechos y orientado a una reforma progresista.

Hay un eco en los hechos, las condiciones políticas y la configuración de la crisis que apunta a la observación de Bauman, propuesta hace ya un cuarto de siglo, sobre el carácter de la modernidad caracterizada como líquida: “Las estructuras tradicionales se derriten más de prisa de lo que es posible forjar unas nuevas”. Así, el flujo acelerado y permanente de la vida moderna pierde referencias fijas y exige la adaptación continua ante unas condiciones cambiantes. Las fricciones llevan a la rebeldía y expone las carencias en la gestión de los gobiernos

Las protestas de los jóvenes europeos están hoy enmarcadas en una situación social y económica muy distinta a la de los jóvenes del 68. Hoy predomina el poder de control de parte de una oligarquía creada en torno a la tecnología digital. El entorno se caracteriza de hiperconectividad: una situación de constante conexión con otra gente, con las plataformas en línea y los sistemas de información mediante la tecnología digital y las redes.

Se trata de vínculos entre personas, entre personas y máquinas y entre máquinas y otras máquinas. Las relaciones sociales, las experiencias colectivas, la acción política y las demandas populares, como las que ocurren hoy, son de una dimensión y tienen un significado y una repercusión muy distinta a las registradas anteriormente.

La oligarquía tecnológica es muy distinta de la oligarquía económica y financiera cuyo poder se deriva del capital. La Harvard Kennedy School la caracteriza como una estructura política y económica en la que la extrema riqueza personal, combinada con el control directo sobre la infraestructura digital, algorítmica y física de la inteligencia artificial, concede a un pequeño grupo de billonarios tecnológicos un poder sin precedente sobre la gobernanza pública, en los flujos de información y la reinvención social.

Esta oligarquía tiene la capacidad de usar su infraestructura digital para definir políticas públicas; eludir las regulaciones estatales y controlar los flujos de información a escala global. La cuestión es la deriva de control del llamado tecno-fascismo que se ejerce sobre la sociedad a escala global. Hay que perder la inocencia sobre el sentido, y el poder de este fenómeno y sus promotores, entre ellos Musk y Thiel.

Ya no estamos más en Kansas.

Noches de Tel Aviv

Hermann Bellinghausen

Envuelto en la estática ideológica de uno o 2 millones de telarañas, un lavado de cerebros en nombre de Dios y un miedo doble (el real y el inducido), Israel es el lugar menos indicado para observar la destrucción genocida de Gaza, pero es el mejor lugar para entender la locura colectiva que ha instrumentalizado la destrucción de Palestina hasta dejarla irreconocible y al borde del exterminio. El mundo ha visto, en tiempo real y en detalle, la evolución del juicio final en Gaza, la victoria del “bien” sobre el “mal”, Occidente sobre Oriente, “democracia” contra “barbarie”.

A pocos espectadores sorprende lo que documenta Naza, largometraje de Yuval Abraham y Rachel Szor (2026) que causa revuelo en festivales y ahora llega a las pantallas mexicanas. Si es universalmente sabido, ¿a qué vienen la histeria del gobierno israelí, las amenazas contra los cineastas, las agresiones a sus familias, la descalificación ya insolvente contra todo lo que muerde a Israel bajo el sambenito de “antisemitismo”, que lejos de mover a risa es dogma legal en Gran Bretaña, Alemania, Francia, Estados Unidos y otras naciones culpables o cómplices del genocidio? ¿De dónde la urgencia por lanzar una contraversión oficial, un documentalito bajo el mismo título de Naza? Robar es el sello del sionismo; “apropiar” dicen cuando inventan que inventaron la “ancestral” Tel Aviv, el hummus, el aguacate, los jitomatitos y una buena tajada de gastronomía y música árabe para parecer locales, no originarios de Galitzia, Ucrania o Alemania habituados a la papa, la col y el kosher. La contraversión promovida por canales oficiales y las embajadas, presenta la perspectiva de comandantes de reserva y oficiales de inteligencia de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) sobre la “guerra” en Gaza.

Al menos esta batalla está perdida para Bibi y sus secuaces. El documental de Abraham y Szor ya dio la vuelta al mundo y pega recio en todas partes. No es blockbuster pero llena salas pequeñas en cadenas comerciales y cinetecas. El sosias fílmico de las FDI sólo será visto por los convencidos y los que no se atreven a ver el original. Circula en redes el mapa dividido de la Ciudad de México: el documental auténtico se exhibe en el sur y el poniente de la ciudad, pero no en Cuajimalpa, Lomas, Polanco, Condesa ni Centro. Chistoso, ¿no?

El oficial pronto estará a Youtube. El reportaje verdadero será gratis en The Guardian y anexas. Podrá verlo quien quiera. Ya registraban las reseñas en Nueva York y Londres, como la de Johnatan Cook, la reacción del público. Después de transcurrir la proyección en total silencio, termina la función y la audiencia abandona la sala en callada procesión. Nadie aplaude ni comenta. Anticlimática como es (hora y media de gente hablando en penumbra desde las azoteas nocturnas de Tel Aviv), la cinta sacude a los espectadores. Hay quien llora. Así ocurrió, tal cual, en la función que me tocó en un cine en la colonia del Valle. ¿El recogimiento del horror?

Lo que es la magia del cine. La información venía siendo publicada por el propio Yuval Abraham en las valientes revistas israelíes +972 (en inglés) y Local Call (en hebreo) desde 2023, por el tiempo en que realizaba No Other Land en Cisjordania, con Rachel Szor y un equipo de cineastas palestinos, y que habría de ganar un Óscar en 2025. Los reportajes no tuvieron suficiente repercusión, ni siquiera cuando los divulgó The Guardian. En febrero pasado, Ojarasca reseñó estas publicaciones y discutió el uso de la inteligencia artificial (IA) para el exterminio de humanos, a fin de cuentas el tema central de Naza (ver César Cabrera: Inteligencia artificial como inteligencia letal: La práctica israelí del vibe murdering para aniquilar a la población palestina: https://ojarasca.jornada.com.mx/2026/02/13/palestina-inteligencia-artificial-como-inteligencia-letal-2386.html).

En breve: Naza transmite la viva voz de 24 oficiales de inteligencia o combatientes a distancia (alguno compara sus bombardeos con los videojuegos; otro calcula haber matado miles de personas “naza”, o daño colateral). Reflexionan o se sienten culpables, no se exaltan, se justifican apenas. El mantra que les permitió aplicar lo programado mediante IA y desatar ataques por misil, dron, tanque o bombardero es: “confía en el sistema”. Alguno expresa cuánto “disfrutaba cumplir cada misión”. Ninguno dudó, obedecieron órdenes (¿ecos de Eichmann en Jerusalén?).

“Es divertido”, admite uno. “Te matamos porque está decidido”, ironiza otro. Es fascinante el telón de fondo. Al modo de La ventana indiscreta, de Alfred Hitchcock, y más su remake por Brian de Palma, Naza realiza paneos hipnóticos por los altos edificios habitacionales de la capital israelí. Mil Tlatelolcos elegantes con destellos de Bauhaus, balcones, ventanales, grandes pantallas dando las noticias. La gente merienda, ve la tele, duerme, mientras los entrevistados detallan cómo borraron edificios enteros y calcularon fríamente el número de víctimas colaterales en Gaza. El vuelo de dron sobre las apacibles avenidas de Tel Aviv termina por hacer ominoso ese enjambre de manos manchadas de sangre.

INE-Taddei: Corruptos y corruptores

 INE-Taddei: Corruptos y corruptores

Historia de lo inmediato

Álvaro Delgado Gómez

"Las componendas de Taddei con contratistas reactiva también la imputación de la captura del INE por parte de la Cuarta Transformación".

INE-Taddei: Corruptos y corruptores. Por Álvaro Delgado

La fragilidad de las convicciones de Guadalupe Taddei Zavala ante empresarios corruptos y corruptores que infestan el contratismo en México la derrumbó de la presidencia del Instituto Nacional Electoral (INE), pero hizo un daño mayor: También comprometió el discurso oficial de la separación entre el poder político y el poder económico y el fin del régimen de corrupción y privilegios. Ahora sigue una disputa por el nombramiento en esa posición de una mujer que le devuelva la solvencia moral a la institución para garantizar confianza en la elección del próximo año y la sucesión presidencial en 2030.

Técnicamente ambas elecciones no están en riesgo, porque para eso existe el servicio profesional electoral, pero el escándalo de Taddei ha hecho un enorme daño institucional al INE en medio del proceso electoral y ha manchado también a la Cuarta Transformación, por más que haya sido electa en un proceso de insaculación avalado por la Cámara de Diputados, presidida por el panista Santiago Creel, en marzo de 2023.

Taddei Zavala debe hacerse responsable, política, moral y jurídicamente, de los señalamientos de conflictos de interés, colusión, triangulación de recursos y otras posibles irregularidades y/o delitos con proveedores plenamente identificados —que son parte de los empresarios corruptos y corruptores que, insisto, proliferan en el sector privado de México—, pero también de validar el discurso de la oposición sobre la corrupción que involucra a figuras de su talla, que usan una responsabilidad de Estado para beneficiarse económicamente.

En ese sentido, Morena está obligado como partido político a proceder con extremo escrúpulo legal y parlamentario para que, en la Cámara de Diputados, se realice de manera impecable el proceso de designación de la sucesora de Taddei, que debe ser una mujer que sea éticamente solvente, con experiencia en el ámbito electoral y liderazgo en órganos colegiados, como el INE.

Antes como ahora, se debe exigir que los consejeros electorales y su nueva presidenta cumplan con los principios rectores de la función electoral —legalidad, independencia, imparcialidad, objetividad, certeza y máxima publicidad—, a sabiendas de que tengan, como tienen todos, filias y fobias. Lo que se les exige es, nada más, pero nada menos, que actúen con responsabilidad.

Las componendas de Taddei con contratistas reactiva también la imputación de la captura del INE por parte de la Cuarta Transformación, con consejeras y consejeros afines a Morena y al Gobierno, una especie impulsada por el PRIAN que efectivamente capturó, desde el 2003, al entonces Instituto Federal Electoral (IFE), cuando fue presidido por Luis Carlos Ugalde y con personajes que pusieron Felipe Calderón y Elba Esther Gordillo. Recordémoslos: Andrés Albo, Virgilio Andrade, Marco Gómez Alcántar, Teresa González Luna Corvera, Alejandra Latapí, Lourdes López, Rodrigo Morales y Arturo Sánchez Gutiérrez.

Salvo escasas excepciones, el bloque de PRI, PAN y PRD antes de su defunción pactaron consejerías afines y antagónicas a Andrés Manuel López Obrador y a su proyecto, como Leonardo Valdés, Marco Baños, Benito Nacif, Macarita Elizondo, Alfredo Figueroa y Francisco Guerrero, en 2008, y luego en 2011 con Lorenzo Córdova, María Marván Laborde y Sergio García Ramírez, este último exsecretario general del PRI.

Fueron los consejeros del IFE que vieron una elección impecable, con un Enrique Peña Nieto más demócrata que Willy Brandt. Y por eso, en 2014, se creó el INE para premiar a Córdova como Consejero presidente, con consejeros electorales prianistas como Marco Baños, Adriana Favela, Beatriz Galindo, Ciro Murayama, Benito Nacif y Sánchez Gutiérrez.

Muchos de estos personajes son los que, al terminar su encargo electoral, colonizaron otros órganos autónomos y engrosaron la membresía de PRI y PAN, con sus marchas rosas en supuesta defensa del INE.

Son casi los mismos que ahora encontraron refugio en el partido Somos que controlan Claudio X. González Guajardo y Ricardo Salinas Pliego, y que hasta para obtener el registro hicieron numerosas trampas, como lo he probado con documentos.

Y sí: Entre estos dos bloques, el oficialista que encabeza Morena y la oposición prianista, será la disputa para designar a la sucesora de Guadalupe Taddei, que de la gloria se fue al abismo.