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10/20/2018

El futuro es solo con nosotras: advertencia de mujeres rurales

Este es un artículo de opinión de Claudia Brito, oficial de Género de la oficina regional para América Latina y el Caribe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
Mujeres trabajando en la producción de granos básicos. Departamento de Chiquimula, Guatemala. Crédito: SECAC
SANTIAGO, 15 oct 2018 (IPS) - En las últimas semanas se ha hablado mucho acerca del futuro. El año 2030 ha sido señalado por las Naciones Unidas como el decisivo, cuando los efectos del cambio climático se vuelvan catastróficos e irreversibles, si es que nuestros sistemas de producción y consumo se mantienen tal como hoy.
Ese mismo año ya había sido establecido por los países del mundo como la fecha límite para resolver todas las desigualdades y desafíos de nuestro modelo de desarrollo actual.
Es decir, nos quedan menos de 12 años para lograr que todas las personas lleven una vida digna, sin hambre ni pobreza; para que nuestros sistemas productivos sean más responsables y hagan frente al cambio climático; para que las 8.600 millones de personas que seremos para entonces, vivamos en un entorno seguro, con paz y justicia.
Claudia Brito: Crédito: FAOPensando el futuro de esa manera, el año 2030 no parece tan distante, sino abrumadoramente cercano. Tanto que nos hace preguntarnos si nuestros gobiernos, nuestras instituciones y nuestras capacidades técnicas y humanas serán suficientes para cumplir con las 169 metas de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, entre las cuales 132 son relevantes para el medio rural.
Claudia Brito: Crédito: FAO
Son cientos de prioridades y mecanismos estratégicos. Millones de vidas en juego. Solo grandes cambios de comportamiento y transformaciones en las políticas pueden dar respuesta al desafío que hemos asumido como habitantes de este planeta.
La inminencia del año 2030 también debería hacer que nos preguntemos si de verdad estamos incluyendo a todas las personas en esta apuesta de la humanidad por el futuro.
Se habla mucho sobre la responsabilidad compartida entre los países ricos, pobres, grandes y pequeños, entre el mundo rural y el urbano, entre mujeres y hombres. Pero las desigualdades aún forman parte de la vida de más de 600 millones de personas latinoamericanas y caribeñas, entre ellas las mujeres y los pueblos indígenas.
¿Cómo podemos pedir a las agricultoras y agricultores familiares que implementen mejores prácticas agrícolas si los mercados y el sistema económico los sigue dejado atrás?
¿Cómo le decimos a una mujer rural que debe aumentar su productividad para abastecer la creciente demanda de las ciudades por alimentos, si la brecha de género ni si quiera le permite a ella producir en igualdad de condiciones que los hombres?
Y es que el soñar con un mejor futuro para el mundo, plantea la necesidad urgente de que el mundo mejore para millones de personas que permanecen marginadas tras siglos de discriminación, violencia e invisibilización.
Es por eso que este año, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, en conjunto con ONU Mujeres, los mecanismos de integración de Centroamérica y Sudamérica, y las instituciones de desarrollo rural de Brasil y Uruguay, nos hemos unido para difundir un mensaje fuerte y claro:
“No lograremos el desarrollo sostenible si antes no eliminamos las desigualdades entre hombres y mujeres en los territorios rurales de América Latina y el Caribe”.
Si bien en las últimas décadas nuestra región ha tenido enormes avances en el empoderamiento de las mujeres, todavía quedan grandes desafíos para que puedan reconquistar el control sobre sus vidas, sus planes y sus sueños.
Porque cuando las mujeres se empoderan y ejercen sus derechos, también recuperan su voz para hablar del futuro. Si imagináramos qué diría esa voz sobre el 2030, nuestro año decisivo, seguramente el mensaje sería: El futuro es con nosotras y nada sobre nosotras podrá seguir siendo sin nosotras.
Sin duda, se trata de una deuda histórica que necesitamos saldar cuanto antes, si realmente creemos en que tenemos una responsabilidad compartida para que la vida continúe en el planeta y la dignidad de todas las personas prevalezca.
Por eso, ahora es el momento de equilibrar la balanza de las oportunidades en su favor, porque el momento también fue ayer. Y hace siglos.
Esta columna forma parte de la campaña #MujeresRurales, mujeres con derechos, una iniciativa conjunta de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), ONU Mujeres, el Consejo Agropecuario Centroamericano del Sistema de la Integración Centro Americana (CAC/SICA), la Reunión Especializada sobre Agricultura Familiar del Mercosur (REAF Mercosur), la Secretaría Especial de Agricultura Familiar y Desarrollo Agrario de Brasil (SEAD), y la Dirección General de Desarrollo Rural de Uruguay (DGDR/MGAP). 

10/19/2015

Mujeres sin tierra son 43 por ciento de mano de obra agrícola


   Llama ONU a reformas para garantizarles derecho a la propiedad

Con motivo del Día Internacional de las Mujeres Rurales, que se conmemoró este 15 de octubre, ONU-Mujeres llamó a las y los jefes de Estado a reconocer como fundamental el papel que desempeña la población femenina rural para garantizar la seguridad alimentaria, los medios de vida, los ingresos en los hogares y las comunidades, y en general el desarrollo sostenible.

En un comunicado, la directora ejecutiva de ONU-Mujeres, Phumzile Mlambo-Ngcuka, recordó que durante la “Reunión de líderes mundiales sobre igualdad de género y empoderamiento de las mujeres: un compromiso para la acción”, que se realizó en Nueva York, las y los mandatarios de diferentes países destacaron “las formas interrelacionadas de discriminación que sufren las mujeres y las niñas en situación de pobreza en zonas rurales.

“Esta discriminación –continuó Mlambo-Ngcuka– influye significativamente en su posibilidad de asistir a la escuela, planificar sus familias y sobrevivir al parto”, a lo que se suma la carga de asumir las tareas de cuidado familiares, la búsqueda de agua y combustible, y menor acceso a los servicios básicos.

ONU-Mujeres llamó a las y los líderes de los Estados a reforzar las iniciativas dirigidas a eliminar el pago de matrículas escolares y conceder subsidios, becas y apoyo no financiero, principalmente para las niñas que habitan zonas rurales y remotas.

El organismo destacó la necesidad de desarrollar reformas jurídicas para garantizar el derecho igualitario de las mujeres a la propiedad, ya que ellas constituyen aproximadamente 43 por ciento de la mano de obra agrícola en los países en desarrollo, pero no son propietarias de la tierra que trabajan.

Asimismo, reconoció la importancia de que disfruten de servicios de salud sexual y reproductiva, todos los derechos relacionados con este ámbito, así como facilitar mayor acceso a la atención sanitaria, capacitar y formar al personal, y mejorar el abasto de medicamentos y productos esenciales que estén subvencionados o sean gratuitos.

ONU-Mujeres detalló que las mujeres deben estar en posibilidad de mejorar sus habilidades mediante el acceso a los servicios de extensión agrícola, tecnología, capacitación y créditos financieros, ya que son ellas quienes buscan fuentes alternativas de alimentos e ingresos cuando éstos son insuficientes.

Y señaló que esta carga de trabajo asistencial no remunerado conlleva riesgos de salud vinculados con el clima y la escasez de agua y combustible, las cuales se agravan en contextos de crisis económicas, degradación medioambiental, desastres naturales, y una red de infraestructura y servicios inadecuada.

La directora de ONU-Mujeres calificó como fundamental que las mujeres participen en las instituciones locales que administran los recursos naturales a fin de garantizar una gestión sostenible de la tierra, el bosque y el agua, así como para generar resiliencia, estrategias de adaptación y planificación ante el cambio climático.

El cambio climático exacerba los obstáculos y aumenta los riesgos para las mujeres agricultoras, ya que la variabilidad del clima y los patrones meteorológicos inciertos aumentan el riesgo del daño en las cosechas, lo que merma la productividad agrícola y aumenta la inseguridad alimentaria.

Y recordó que la recién aprobada Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible es una oportunidad para que las mujeres rurales tengan mejores condiciones para asumir liderazgos, ya que en esa agenda los Estados se comprometen a “dedicar recursos para desarrollar las zonas rurales, la agricultura y la pesca sostenibles, apoyar a los pequeños agricultores, especialmente las agricultoras y a las personas dedicadas a la ganadería y la pesca en los países en desarrollo, en particular en los países menos adelantados”.



Por: la Redacción
Cimacnoticias | México, DF.- 
  

10/16/2012

Más explotación y menor calidad de vida para mujeres rurales

Día Internacional de las Mujeres Rurales
   Migración masculina y falta de apoyos agravan su situación

Especial
Por: Gladis Torres Ruiz
Cimacnoticias | México, DF.- 

La migración en comunidades rurales ha originado un alto número de mujeres “solas” que asumen todas las responsabilidades del medio rural y contribuyen a la producción alimentaria nacional, sin embargo la mayoría de ellas vive en pobreza por no acceder a recursos y financiamiento agrícola, coincidieron especialistas.

Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), alrededor de 5.7 millones de personas mayores de 12 años se dedican a actividades agrícolas, ganaderas, silvícolas y de caza y pesca; 10.4 por ciento de ellas son mujeres.

En un mensaje por el Día Internacional de las Mujeres Rurales, que se conmemora hoy, el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Ban Ki-moon, dijo que las mujeres rurales no son propietarias de la tierra que cultivan, viven sin la garantía de una nutrición básica, servicios de salud, agua potable y saneamiento, al tiempo que se les niegan los servicios financieros que podrían sacarlas de la pobreza.

En el caso de México estas desigualdades que padecen las mujeres rurales se acentuaron con el proceso de migración de los hombres, que dejan sus comunidades en búsqueda de mejorar sus condiciones de vida y las de sus familias, indicaron las investigadoras Laura Elena Garza Bueno y Emma Zapata Martelo,  en su estudio “Las mujeres rurales ante la migración”.

Agregaron que las mujeres rurales dependientes de las remesas, son mujeres pobres que viven en condiciones de hacinamiento y que han sido afectadas de manera drástica por la migración, ya que son ellas las que asumen la mayor parte de las responsabilidades de las personas que se ausentan en la familia.

Así, además de las tareas domésticas, las mujeres también realizan las labores del campo y cuidado de los animales y/o la gestión administrativa, señalaron las expertas en el texto que forma parte de la “Memoria mujeres afectadas por el fenómeno migratorio en México, una aproximación desde la perspectiva de género”.

En una conferencia de mayo pasado, David Kaimowitz, especialista en desarrollo sustentable, señaló que el 30 por ciento de los hogares rurales en México tienen a un familiar radicado en EU. En estos hogares, el 11 por ciento de los ingresos provienen de las remesas (Cimacnoticias, 7 de mayo de 2012).

En tanto, la Comisión Nacional de Derechos Humanos ha señalado que el 22 por ciento de las unidades económicas rurales son manejadas por mujeres, quienes trabajan sin ser dueñas de la tierra, sin acceso a créditos ni a capacitación, servicios sociales, educativos y de salud.

Según el Censo Ejidal 2007, en ese año había alrededor de 4.2 millones de ejidatarios y comuneros, de los cuales sólo 19.8 por ciento eran mujeres.

De acuerdo con la ONU, las mujeres rurales desempeñan un papel fundamental en las economías de los países, ya que son pieza clave en la producción de cultivos, cuidado del ganado, y al proporcionar alimentos, agua y combustible.

A esas labores se suma el cuidado de lo “otros”, es decir de las niñas y niños, personas de la tercera edad, y enfermas y enfermos, por lo que el acceso a servicios de primer nivel, créditos y capacitaciones son cruciales para poner fin al hambre y la pobreza en los países, afirmó Naciones Unidas.

En el informe de 2011 “Dimensiones de género en el empleo agrícola y rural: Vías diferenciadas para salir de la pobreza”, se asienta que a pesar de que la desigualdad de género varía de forma considerable entre las diferentes regiones y sectores, existe la evidencia de que, a nivel global, las mujeres obtienen un menor beneficio del empleo rural (ya sea en un trabajo asalariado o por cuenta propia) que los hombres.

Se agrega que con la pérdida de empleos y los recortes en el gasto en infraestructura y servicios sociales, se ha intensificado la carga de las mujeres para cuidar a otras personas y el trabajo no renumerado, con lo que su contribución financiera a la seguridad alimentaria familiar disminuirá.

La investigación fue realizada por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), y la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

El Día Internacional de la Mujer Rural fue instaurado por la Asamblea General de la ONU el 15 de octubre de 2008, y pretende reconocer el papel de las mujeres rurales en la producción de alimentos, la seguridad alimentaria y la erradicación de la pobreza rural.

Cada año el día toca un tema en específico; en esta ocasión es “El empoderamiento de las mujeres rurales, y su función en la erradicación de la pobreza y el hambre en el desarrollo y en los problemas actuales”.