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10/04/2025

Las mujeres del Consejo Nacional de Huelga en 1968

 

La autora sostiene que el papel de las mujeres no fue pasivo,pues incidieron en el avance de los derechos de todas, promovieron la participación política en el ámbito estudiantil y rompieron con los esquemas de una época amenazada por un Estado autoritario que buscaba a toda costa silenciar a cualquiera que les opusiera.

Al apropiarse de espacios históricamente reservados para los hombres, las mujeres ejercieron poder de decisión y de acción, convirtiéndose en gestoras de cambio. Desde el Consejo Nacional de Huelga, asumieron posiciones políticas activas dentro de un movimiento que buscaba frenar la represión del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz y mostrar al mundo la crudeza de la realidad mexicana de aquel tiempo.

Recordemos que el 2 de octubre de 1968, es un capítulo doloroso para México porque aquél ocurrió una masacre en la Plaza de las Tres Cultura en Tlatelolco, la cual fue cometida por el ejército mexicano y el grupo paramilitar Batallón Olimpia quienes dispararon contra mujeres y hombres jóvenes estudiantes quienes se manifestaban. El presidente en turno era Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970) y su secretario de gobernación Luis Echeverría.

De acuerdo con la Comisión Nacional de Derechos Humanos:

El año de 1968 se caracterizó por las detenciones masivas, arbitrarias e ilegales, así como por la planificación detallada y el alto grado de entrenamiento de las fuerzas represivas que participaron en los hechos. Así lo han calificado los sobrevivientes de ese movimiento, quienes exigen que a los responsables se les juzgue por el acto de genocidio.

La misma CNDH informe detalla que aquel día, el ejército y el Batallón Olimpia, identificados por portar un guante blanco, pusieron en marcha la “Operación Galeana” con el fin de detener a los miembros del Consejo Nacional de Huelga (CNH), órgano creado el 2 de agosto de 1968 por miembros de las escuelas en huelga, especialmente por estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México, el Instituto Politécnico Nacional, El Colegio de México, la Escuela de Agricultura de Chapingo, la Universidad Iberoamericana, la Universidad La Salle (México), Escuela Normal de Maestros, Escuela Nacional de Antropología e Historia y otras universidades del interior de la República. Los intentos de someter al CNH derivaron en la represión al movimiento de protesta que por meses había resistido y cuestionado las políticas y medidas sociales y económicas del Estado, además de reclamar más democracia.

Compendio fotográfico de la Cámara de diputados. https://www.diputados.gob.mx/CASO-1968/docs/Fcha_04.pdf

Adriana Patricia Corona Vargas

Adriana Patricia Corona Vargas, tenía apenas 18 años y estudiaba en la Preparatoria Nocturna 6. En 1968 comenzó a militar en la Liga Comunista Espartaco, una organización política que publicaba su propio periódico y formaba círculos de estudio donde se leían textos de economía, política y se forjaba un pensamiento crítico en torno a la justicia social.

Tras el inicio del movimiento estudiantil, en el CNH solo había 30 mujeres representantes, esto no impidió que muchas otras estudiantes, como ella, se involucraran activamente en el movimiento. Vargas recuerda cómo las compañeras de su escuela formaron brigadas y desafiaron las normas al subir a los camiones para hablar del movimiento y difundir los puntos del pliego petitorio.

Vargas rememora aquel momento como una época en la que las mujeres, tradicionalmente alejadas del espacio público, pudieron tomar la palabra y expresar sus ideas con libertad. Tal era su compromiso que, en ocasiones, se escabullían de sus casas para participar en las guardias que se organizaban dentro de las instituciones educativas.

Durante las protestas, Patricia realizaba mítines, acudía a mercados para organizar brigadas y subía a los camiones para pintarlos como forma de protesta. Esa, recuerda, era una de sus maneras predilectas de manifestarse.

“Los compañeros no te decían: tú no porque eres mujer ; al contrario, se rompieron los esquemas, era bienvenida toda participación. Nadie me dijo que no podía participar por ser mujer. Nadie me excluyó; se ejerció la democracia y estuvimos juntos en todo. Se omitió el machismo de alguna manera”, relata.

El uso de la palabra, dice, nunca les fue negado durante las asambleas. El micrófono estaba abierto para todas las que quisieran dialogar, aunque en ocasiones, por la necesidad de organizar las intervenciones, eran las y los representantes quienes dirigían los debates.

Tras la represión del 2 de octubre, acudía a la cárcel de Lecumberri para visitar a sus compañeros presos. No obstante, tuvo que dejar de hacerlo ante las advertencias de que las autoridades las estaban buscando para intimidarlas y obtener información sobre el CNH. Por ello, permaneció escondida hasta el 4 de diciembre, cuando el movimiento se disolvió oficialmente.

Para Patricia, aquella época marcó un cambio profundo, pues las mujeres lograron una mayor libertad dentro de la comunidad estudiantil, rompiendo con las estructuras tradicionales y abriendo paso a una nueva visión de igualdad de género.

María Eugenia Espinosa Carbajal

En 1968, María trabajaba como maestra en el internado para niñas Gertrudis Bocanegra de Lazo de la Vega y fue elegida representante del Comité de Lucha de la Facultad de Filosofía y Letras, integrándose al Consejo Nacional de Huelga (CNH) junto con su esposo, por lo que ambos eran conocidos como “los Mesta”.

Dentro del CNH, María recuerda grandes logros colectivos: en apenas un mes lograron organizar al Instituto Politécnico Nacional (IPN), la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Chapingo, las escuelas normales y diversas universidades del país. Sin embargo, tras ese avance, comenzó una política de represión y miedo que buscaba frenar el movimiento. Aun así, el CNH no se rindió y convocó la Marcha del Silencio, el 13 de septiembre, con la que demostró su fuerza política y moral ante la nación.

Su entrega era total al movimiento, pues no abandonó sus responsabilidades laborales. De lunes a viernes impartía clases en el internado de 8 a 13:30 horas, y al salir se dirigía a Ciudad Universitaria. Ahí, junto con el Comité de Lucha, realizaban reuniones, comían en la facultad y organizaban las tareas del día. 

A pesar de su participación activa, María subraya que las mujeres casi no figuran en los relatos históricos del 68, ya que en las diversas historias del movimiento estudiantil ellas aparecen únicamente en las fotos de las marchas y no son reconocidas como actoras con un papel importante. Señala que, incluso después de más de cinco décadas, la visión sigue siendo la misma, centrada en unos pocos “héroes” masculinos.

Rosa María Barrientos Granada

En 1966, Rosa María Barrientos Granada ingresó a la licenciatura en Historia de la Escuela de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Puebla (UAP) y, un año después, obtuvo la representación estudiantil ante el Consejo Universitario. Aunque no tenía formación política, su sentido de justicia la motivó a integrarse activamente al movimiento estudiantil, con la intención de promover cambios dentro de la universidad.

Tras el estallido de la huelga, se formaron comités de lucha y brigadas informativas para difundir la situación de los estudiantes de la UNAM y el IPN, así como para comunicar a la ciudadanía el pliego petitorio del Consejo Nacional de Huelga.

Las acciones incluyeron pintas, marchas y mítines en solidaridad con los estudiantes de la Ciudad de México; sin embargo, recuerda que la participación de las mujeres fue limitada, concentrándose principalmente en las escuelas de Economía, Filosofía y Letras, y Físico Matemáticas.

Rosa María junto con sus compañeras y compañeros enfrentaron dificultades para sensibilizar a las facultades más apáticas. Ante ello, la participación fue escasa, ya que la mayoría de los estudiantes provenía de escuelas privadas y carecía de formación política, mientras que un pequeño grupo, principalmente de Historia y Filosofía, sí estaba interesado en las cuestiones políticas y reconocía la importancia del movimiento.

Dentro de su labor, Rosa María integró la brigada de las Rosas, encargada de repartir volantes, informar a la ciudadanía sobre las demandas del movimiento y solicitar apoyo económico. Estas actividades se realizaban en mercados, colonias y pueblos cercanos, así como en transporte público. Además, colaboraban en la preparación de materiales informativos y en el suministro de alimentos a las y los compañeros que realizaban guardias nocturnas, y participaron en la organización de marchas.

Aunque en el momento percibía igualdad en las relaciones entre hombres y mujeres, con el tiempo Rosa María reconoció que la participación femenina había sido percibida como secundaria pero las mujeres estuvieron presentes y contribuyeron al movimiento. Analiza que su papel fue subordinado y mayormente de apoyo, reflejando la cultura patriarcal de la época, en la que eran consideradas acompañantes o figuras decorativas más que protagonistas.

«Nunca nos consideraron como protagonistas, fuimos acompañantes, decoraciones en el movimiento o para servir el café.Estás en una cultura patriarcal. No era consciente de ello».

10/05/2024

El 68 cambió nuestra relación con el erotismo: Marcela Lagarde

 

Este es el recuento del movimiento del 68 y sus consecuencias en las mujeres de la feminista mexicana Marcela Lagarde, quien fuera diputada federal en la LIX Legislatura. En entrevista habló de sus experiencias personales y de sus efectos, cuando «hace 40 años estudiaba antropología, era una feliz chilanga apenas salida de la adolescencia…».

Con relación a la participación de las mujeres puntualizó: «No participamos como grupo, es decir con conciencia feminista o con demandas concretas de las mujeres, el nuevo feminismo no había nacido, no hablamos de eso, no teníamos palabras propias todavía».

No obstante había un grupo que sí participó como grupo femenil: la Unión Nacional de Mujeres Mexicanas.

«Un grupo de heroínas que siempre participaron en las movilizaciones por la defensa de la revolución Cubana, contra la intervención en Vietnam, por la liberación de Guatemala. Para las jóvenes este grupo era admirable. Nos encantaba ver sus mantas en las manifestaciones, pero en realidad estábamos ajenas, vivíamos con una especie de amnesia respecto de las luchas que debían ser nuestras, de las tradiciones de la lucha de las mujeres, de las abuelas», señala.

En su opinión, las mujeres del 68, jóvenes y estudiantes, no tenían una militancia como la feminista. «En cambio hoy muchas de nosotras formamos parte de este movimiento, al igual que participamos en los partidos políticos de izquierda. Y lo hicimos inmediatamente después de la revuelta estudiantil».

También cambió su estatus, dice.

«Pasamos de estudiantes a trabajadoras, a formar sindicatos, colegios de profesionistas. Nos introdujimos a todo tipo de organizaciones democráticas siempre buscando cauces a la lucha política y revolucionaria de la coyuntura. En términos generales, para muchas mujeres que vivimos el 68, la historia común fue una vía por la que pasamos del movimiento estudiantil al sindical, al partidario, y al feminista, muy pronto».

HAZ EL AMOR Y NO LA GUERRA

Con relación a los efectos del movimiento en su vida personal, Marcela Lagarde, quien entonces presidía la Red Nacional de Investigadoras por la Vida de las Mujeres, de la que es fundadora, relató:

«Lo que nos pasó a las mujeres del 68 podría describirse así: se modificó la relación de las mujeres con el erotismo, con la autoridad familiar, con los hombres y esto, definitivamente, nos marcó la vida».

Y apunta, «primero fue claro que encontramos una gran contradicción entre lo que vivíamos en el Movimiento y lo que vivíamos en nuestras casas, con nuestras familias, autoritarias y con muchas restricciones. Vivimos de manera muy clara la represión sexual, el veto a lo erótico. Y así, cuando llegábamos a casa, después de hacer la revolución, con frecuencia encontrábamos un regaño de papá».

¡MARAVILLOSA PÍLDORA!

Fue también la generación de la píldora.

«¡Maravillosa píldora! La vivencia era sencilla: la píldora, las marchas, la política y los Beatles. Todo junto. Creo que se hizo una gran revolución dentro, en el inconsciente. Esa participación de la casa a la calle y de la calle a la casa fue lo más importante. Ahí encontramos la diferencia entre un gran espacio de libertad y lo de antes, de modo que después ya no quisimos perder lo que habíamos ganado, no había manera de regresar a las camisas de fuerza ni a los corsés que nos querían imponer».

Recuerda cómo muchas mujeres abandonaron sus hogares paternos «porque vivir como antes ya era mal visto», una conducta que era parte de lo que se consideraba la cultura sesentayochera.

Abunda acerca del erotismo que se vivía en aquellos años.

«Realmente pegaron en nuestra conciencia aquellas frases de: ‘Haz el amor y no la guerra’ y mientras más haga el amor más quiero hacer la revolución. Quiero decir que se estaba modificando nuestra mentalidad, se desmitificó aquello de la exclusividad del amor. Y eso fue para toda la vida. Nació un erotismo que arrasaba todo. Aprendimos a conocer el placer, por eso se modificaron, aunque solo en parte, las relaciones con los compañeros, aunque no se modificó de fondo la relación de poder entre los sexos».

Aún cuando la participación de las mujeres fue masiva, pocas llegaron a ocupar un liderazgo.

«En el Consejo Nacional de Huelga veías que casi era en su totalidad un consejo masculino. Sin embargo, sí se dio la irrupción masiva de las mujeres en la política estudiantil. Podría decir que el 68 fue el movimiento previo al feminismo que conocemos. Muchas de nosotras, las que vivimos el 68, encontramos el arraigo ahí, porque empezamos a vivir a la luz plena todo lo que encontramos, aprendimos a vivir las contradicciones entre lo que vivíamos en lo público y político y lo que vivíamos en lo privado. Esto nos llevó al feminismo».

SU SIGNIFICADO, LUCHAR POR LA DEMOCRACIA

Al referirse al significado del Movimiento del 68 para el país y en su vivencia personal, Marcela Lagarde señala que a partir de él es que explica lo que se vivió en 1988 luego de las elecciones presidenciales de 1988: el movimiento neocardenista.

«Fue un periodo en el que siempre estuvo en primer lugar la actividad política. Todo tenía que ver con la política: estudiar, leer el periódico, subirte a los camiones que iban por toda la avenida Insurgentes para ver qué pasaba con las movilizaciones, hacer el amor. Salía uno de las asambleas a hacer el amor, al ir a una fiesta. En fin, se vivía, pero todo lo que uno hacía en aquellos días tenía que ver con la política».

«Yo fui profundamente feliz durante el movimiento. Existía por primera vez la posibilidad de ser protagonista. Todos los estudiantes nos sentíamos protagonistas, dueños de esta ciudad, dueños de este país y… del mundo».

PODER AUTORITARIO

También sintió miedo del poder autoritario.

«Aprendí lo que era triunfar, ampliar perspectivas de lucha y también tener derrotas; no tengo palabras para describir el dolor del final porque el movimiento fue derrotado con las armas. Sé, sin embargo, que no nos derrotaron en esencia porque todos los que participamos en aquella época, están hoy haciendo mil cosas en los espacios democráticos».

LA VIDA FUERA

Para Lagarde el movimiento estudiantil fue la posibilidad de transformar la vida.

«No nada más hubo grandes manifestaciones, fue alterar la vida cotidiana, la de los círculos de estudio, de análisis, de reflexión. Más importante fue convivir con los obreros telefonistas, electricistas, textiles. Uno vivía más tiempo en las calles y en la escuela.

En el 68 se da una ruptura política muy importante, es el inicio del atisbo de grupos de la sociedad que dicen: ¡basta! Suma de culturas, de sectores. Fue realmente un movimiento revolucionario que ha ido construyendo a México.

«También se caracterizó por la crítica a la sociedad y a la represión como mecanismo de contención. Nació la crítica a la academia y a la ciencia. Hubo reformas a las universidades. En suma, después de la derrota iniciamos una gran reflexión filosófica y, muchos, seguimos militando».

Por esto expresa que no hubo finalmente una derrota. Afirma, por el contrario «hay que admitir que los movimientos actuales forman una secuencia con el 68, que a su vez fue consecuencia del movimiento de los ferrocarrileros y el magisterial».

De este movimiento Marcela Lagarde, promotora de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia aprobada en 2007, retomaría su línea de fondo –la lucha por la democracia– y formas de organización –práctica autogestionaria— y  desecharía la cultura política autoritaria.

Creo que nunca hay que pensar que los que están enquistados en el poder han cambiado, dice: «Vuelve la culpabilización, vuelve el lenguaje autoritario. El fondo político y jurídico de todo esto es ponernos en la ilegalidad. Ellos son los que definen la legalidad».

Por tanto, propone, «requerimos de un movimiento civil y político más fuerte, evitar que ellos tengan oportunidad de acudir a la represión».

* Con información de un artículo de Alicia Carballo publicado en el suplemento mensual Doble Jornada, del periódico La Jornada, el 7 de septiembre de 1988.

Texto originalmente publicado el 2 de octubre del 2008

Esperanza, sobreviviente de 1968 recordó la desaparición y matanza de compañeras de lucha

 

.-Ciudad de México.- El día de hoy se cumplen 56 años de la matanza y represión de jóvenes estudiantes de México ocurrida en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco y al paso del tiempo, la lucha por la verdad, justicia y memoria impulsan a las mujeres sobrevivientes de este día a seguir nombrando a sus compañeras, muchas de ellas asesinadas o desaparecidas el 2 de octubre de 1968. 

La matanza del 2 de octubre de ese año, en la que el Estado mexicano marcó el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz con muerte, cárcel y sangre para las y los estudiantes, representa una de las tragedias más grandes e indignantes sufridas por el pueblo mexicano. 

Mujeres, hombres e incluso algunas infancias atestiguaron ese día la crueldad hacia las juventudes por parte de las fuerzas castrenses, en especial para las mujeres que formaron parte de esta lucha, pues estaban convencidas de los ideales del movimiento y enfrentaron el autoritarismo del Estado así como el sistema patriarcal que las oprimía y dictaba que no debían inmiscuirse en estos asuntos.

Estudiantes de diversas preparatorias y universidades participaron de manera activa así como amas de casa y madres de familia. Sin embargo, tras este día, muchas de ellas fueron desaparecidas y asesinadas por las fuerzas castrenses. 

Esperanza

Las sobrevivientes, 56 años después, vuelven a la Plaza de las Tres Culturas para recordar a sus amigas y amigos de causa y a no olvidar que el Estado aún tiene muchas deudas qué saldar con las y los estudiantes de México. 

“Nosotras venimos a recordar a los compañeros caídos porque tuvimos mucha convivencia con ellos y me entristece ver que ahora algunos jóvenes no se dan cuenta de todo lo que sucedió y que al final fue en vano. Solo nosotros venimos a recordar a nuestros compañeros y a participar nuestro dolor que nos dejaron muchos muy cercanos”. 

Comenta una de las pocas sobrevivientes de la masacre de estudiantes del 68 cinco décadas y media después de lo ocurrido. Esperanza, como decidimos llamarla con fines editoriales para resguardar su identidad, nos comentó en entrevista que para ella y su esposo, otro sobreviviente, recordar a las y los caídos es duro, en especial si eran tus amigas o amigos. 

“Tenía una compañerita que decíamos que éramos hermanas porque yo me apellidaba Pérez Rodríguez y coincidimos en apellidos. Entonces empezamos a crear una aventura de que éramos hermanas”, dice Esperanza con alegría notoria al recordar a su compañera de escuela a quien después del 2 de octubre nunca volvió a ver. “Ya no supe de ella, la perdí”. 

Así como la amiga de Esperanza, muchas otras sufrieron desaparición forzada que trajo consigo tortura sexual, acoso y hostigamiento político. 

Tras estos hechos, muchas mujeres partícipes de las movilizaciones del 68, caminan cada año y se plantan frente al memorial colocado en la Plaza de las Tres Culturas para exigir justicia por sus amigas, compañeras, novias y maestras desaparecidas o asesinadas para exigir justicia. Hasta la fecha se desconoce la cantidad de mujeres que fueron desaparecidas y asesinadas el 2 de octubre de ese año.

“Alguien prometió que ya no iba a suceder esto de la desaparición de tantos jóvenes y hoy lo vemos con los 43 de Ayotzinapa”, que es mentira porque siguen desapareciendo nuestros jóvenes y estudiantes, entonces eso es lo más reciente, apuntó Esperanza tras preguntarle si consideraba que en los sexenios posteriores a los del expresidente Gustavo Díaz Ordaz las familias, amigas y amigos de las mujeres desaparecidas habían recibido lo que se les prometió: justicia y verdad. 

Foto: CIMACNoticias, Luz Cecilia Andrade
Foto: CIMACNoticias, Luz Cecilia Andrade

Una disculpa pública a 56 años de la masacre de Tlatelolco

Tan solo un día después de ser nombrada como presidenta, Claudia Sheinbaum Pardo dedicó su primera mañanera a los hechos ocurridos el 02 de octubre del 68. Explicó que para ella es una obligación, ya que su madre Annie Pardo Cemo, profesora del Instituto Politécnico Nacional, fue participante activa en el movimiento y ayudó a otros estudiantes. Aunque tenía seis años, recordó cuando visitó a algunos presos políticos en Lecumberri.

Durante la conferencia, Rosa Icela Rodriguez, secretaria de Gobernación, ofreció una disculpa pública a nombre del Estado mexicano a las víctimas, familiares y a la sociedad mexicana por los crímenes de lesa humanidad. En ella reconoció la importancia de este pronunciamiento desde la Secretaría de Gobernación, lugar donde se “instumentaba la represión al pueblo”. Se espera que este acto sea un referente para tomar acciones que promuevan la justicia y mantenga la memoria histórica. 

Las disculpas fueron publicadas hoy en el Diario Oficial de la Federación. En el decreto, Claudia Sheinbaum se comprometió a que durante su tiempo como Comandante Suprema de las Fuerzas Armadas no ordenará el uso de la fuerza pública para atacar o reprimir al pueblo mexicano. También garantizó no ejecutar actos de privación ilegal de la libertad, uso de cárceles clandestinas, desaparición forzada, torturas y otros tratos crueles. En cambio, aseguró que en su administración no se repetirá la masacre de Tlatelolco.

María y Yolanda: Memorias de las niñas del 68

 

.-Ciudad de México.- Como cada año, tras los hechos ocurridos el 2 de octubre de 1968, acontecidos en Tlatelolco, Ciudad de México, se dan cita sobrevivientes del movimiento estudiantil que fue reprimido por el Ejército mexicano a quienes acompaña la sociedad y en esta ocasión Cimacnoticias tuvo la oportunidad de entrevistar a dos mujeres que fueron niñas durante la masacre lo cual marcó su vida.

En este 2024 se cumplieron 56 años de los hechos de Tlatelolco y como es costumbre, se congregó la población en la Plaza de las Tres Culturas, para la manifestación anual que exige al Estado mexicano rendir cuentas de los hechos, no obstante, otras personas que no vivieron la violencia de forma directa también fueron marcadas y esto determinó su desarrollo.

Poco se ha hablado de las niñas de 1968. Aquellas que fueron trastocadas por los actos de violencia de este momento histórico. Ellas también son parte de la memoria de Tlatelolco y muchas aún no olvidan.

Cimacnoticias pudo dialogar con dos de estas mujeres quienes en aquella época vivieron los hechos de forma cercana y en este 2024 acudieron a recordar los hechos.

María Guadalupe y Yolanda Mora, dos mujeres que vivieron de cerca la matanza de Tlatelolco, aún recuerdan lo que sucedió esa tarde en la Plaza de las Tres Culturas. Después de 56 años, siguen participando en las marchas para pedir justicia y esclarecimiento de los crímenes de lesa humanidad cometidos durante el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz contra estudiantes.

El día de ayer se llevó a cabo la marcha del 2 de octubre. Como cada año, sobrevivientes, familiares y estudiantes se unieron para recordar la memoria de las personas asesinadas y desaparecidas. Cimacnoticias, pudo conversar con dos mujeres que, en ese entonces siendo niñas, presenciaron la atmósfera cambiante cuando el Ejército Mexicano abrió fuego en el lugar.

María hoy es abogada, activista y defensora en materia de derechos humanos. A los ocho años fue a Tlatelolco porque una de sus compañeras de 12 años vivía cerca. Ambas decidieron asistir a la Plaza de las Tres Culturas al escuchar los rumores que corrían sobre la reunión estudiantil.

A pesar de no entender el contexto, sabían que las y los estudiantes buscaban el diálogo con el gobierno para acabar con la represión de la época. María y su amiga permanecieron un rato hasta que vieron unas luces que les dio “mala espina”, por lo que dejaron el sitio.

Al día siguiente, ambas regresaron. En medio de la plaza encontraron un zapato y en uno de los elevadores de los edificios observaron la silueta de manos de las y los estudiantes que intentaron entrar para resguardarse.

Crédito: Nidia Martínez

Yolanda hoy es una trabajadora con una pensión. Detalla que siempre ha participado en las marchas, ya que se considera una mujer de lucha. En 1968 tenía catorce años y después de terminar su educación secundaría, entró a trabajar en la Secretaría de Hacienda. 

Desde ahí observó la violencia del Ejército mexicano contra la población joven. Fue testiga de cómo un elemento del ejército hirió con una bayoneta -arma que combina la función de un cuchillo y una lanza- a un estudiante del Colegio San Ildefonso. “Tápate el agujero porque en este momento te pueden salvar de una infección”, le dijo Yolanda al estudiante después de ayudarlo a sacar el arma de su cuerpo.

Su padre nunca le dejó apoyar el movimiento. Antes de morir intentó hacerla prometer que no volvería a participar en marchas. Sin embargo, se negó porque “no podía prometer algo que no podía cumplir”. A sus 73 años, hoy, Yolanda sigue participando en algunas protestas colectivas.

10/02/2024

Publica SG reconocimiento: masacre de Tlatelolco constituyó crimen de lesa humanidad

 jornada.com.mx


Ciudad de México. La Secretaría de Gobernación (SG) publicó este mediodía el acuerdo firmado por la presidenta Claudia Sheinbaum y la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez Velázquez, con el que “se reconoce políticamente que los actos de violencia gubernamental perpetrados el 2 de octubre de 1968, en contra de integrantes del Heroico Movimiento Estudiantil, fueron constitutivos de un crimen de lesa humanidad”.

GALERÍA: Rinden homenaje a víctimas del 2 de octubre de 1968

Como lo adelantó por la mañana la mandataria, y luego de que Ernestina Godoy, consejera jurídica del Ejecutivo Federal dio a conocer el contenido del acuerdo durante la conferencia matutina presidencial, la SG publicó el documento en el que se establece que se instruye a la secretaria de Gobernación a que, en nombre y representación del Estado Mexicano, “se ofrezca una disculpa pública por esa grave atrocidad gubernamental a las víctimas, a sus familiares y a la sociedad mexicana en su conjunto”, lo cual hizo por la mañana Rodríguez Velázquez.

Entre los considerandos plasmados en el acuerdo, se indica que “la matanza perpetrada el 2 de octubre de 1968 en la Plaza de Tlatelolco fue fría y cruelmente concebida, ideada, ejecutada y encubierta al más alto nivel del Gobierno Federal, tal y como fue reconocido por el entonces Presidente de la República y comandante supremo de las fuerzas armadas, Gustavo Díaz Ordaz, durante la lectura de su quinto informe”.

Además, se agrega “que esa criminal acción tuvo como propósito reprimir y destruir a un grupo estudiantil que, amparado en las libertades democráticas de petición, expresión, reunión y manifestación pública, en apenas unos cuantos meses se erigió en una fuerza social capaz de poner en cuestión la estructura de poder vertical y autoritaria, acostumbrada al sometimiento de los movimientos sociales y de las organizaciones populares, a la represión de todo intento de organización política independiente y al encarcelamiento o asesinato de los líderes disidentes”.

Tras subrayar nuevamente que “es claro que fue un auténtico crimen de lesa humanidad” ante el uso de las fuerzas del Estado contra un sector de la población, lo consideró como un acto que fue ajeno por completo a la soberanía popular; un crimen que “confirmó la plenitud de un régimen autoritario dispuesto a seguir manteniendo incólume un sistema de dominación” y hegemonía ideológica, política y social”, y el cual formó parte de una política represiva y contrainsurgente que el régimen autoritario implementó en las décadas de 1960 y 1980, de manera sistemática y violenta, contra disidencias políticas y sociales.

A pesar de una estrategia gubernamental con la que se buscó responsabilizar de esos hechos a los líderes estudiantiles, bajo el argumento de que eran parte de “una conspiración comunista de carácter internacional”, se destaca que “la verdad se impuso”, y ahora, Raúl Álvarez Garín, Félix Hernández Gamundi, Ana Ignacia "Nacha" Rodríguez Márquez, entre otros líderes históricos del movimiento estudiantil, lograron que se emitiera una sentencia emblemática que define que fueron crímenes internacionales de lesa humanidad.

Dentro del acuerdo también se plasma el compromiso del gobierno de Sheinbaum Pardo para garantizar la no repetición de esas “atrocidades”, así como de actos de represión, actos de privación ilegal de la libertad, uso de las fuerzas armadas contra la población, utilización de cárceles clandestinas, desapariciones forzadas, torturas u otros tratos crueles, inhumanos o degradantes, bajo la anuencia del Estado.

Además, la presidente Sheinbaum Pardo subraya que, “en mi calidad de Comandanta Suprema de las Fuerzas Armadas asumo el compromiso solemne y giraré las correspondientes órdenes formales para que sus estructuras y elementos nunca más sean utilizados para atacar o reprimir al Pueblo de México, y de que se fortalezca la formación en derechos humanos y construcción de paz”.

9/15/2024

El Poder Judicial y los procesos de 1968

 


Francisco Colmenares

Después de innumerables gestiones judiciales del Comité 68 por las Libertades Democráticas, representado por Raúl Álvarez Garín y Félix Hernández Gamundi, en contra de funcionarios públicos, encabezados por el ex presidente de la República Luis Echeverría y otros por hechos constitutivos del delito de genocidio de 1968, en sesión del 5 de diciembre de 2007, la primera sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación resolvió no ejecutar su facultad de atracción del expediente 132/2007 de esa denuncia, por considerar que el asunto carecía de trascendencia.

La complicidad del Poder Judicial frente a los flagrantes atropellos y violaciones a los derechos constitucionales, desde que comenzó el movimiento estudiantil de 1968, permitió que las acciones de los cuerpos represivos alcanzaran niveles aterradores el atardecer y la noche del 2 de octubre con la masacre en la Plaza de Tlatelolco. Esa impunidad, frente a un movimiento estudiantil pacífico, comenzó desde el 26 de julio con la brutal represión a los estudiantes politécnicos y la detención de miembros del Partido y de la Juventud Comunista, sin mediar órdenes de aprehensión, y, después, con los cateos domiciliarios sin orden judicial, el ataque con bazuka e irrupción al edificio de la Preparatoria 1 violando la autonomía universitaria, con la ocupación militar de las instalaciones de la UNAM en Ciudad Universitaria y del Casco de Santo Tomás y de Zacatenco del IPN, con los ataques armados intermitentes realizados por militares del Estado Mayor Presidencial a estudiantes que resguardaban las instalaciones educativas y, finalmente, con el crimen de Estado en Tlatelolco, donde se aprehendió a más de mil estudiantes y asistentes en ese mitin, entre ellos a muchos dirigentes del Consejo Nacional de Huelga (CNH), y fueron cremados cuerpos de estudiantes asesinados para ocultar la magnitud del hecho.

Un año después de aquel genocidio, el presidente de la República, Gustavo Díaz Ordaz, en su informe de gobierno de 1969, declaró asumir íntegramente la responsabilidad personal, ética, social, jurídica, política, histórica, por la decisiones del gobierno en relación con los sucesos de 1968. Gustavo Díaz Ordaz, presidente de la República, sin duda fue responsable de la masacre en Tlatelolco, pero no fue el único. El Ministerio Público nunca procedió a interrogar y acusar por actos ilegales y de abuso de autoridad durante el movimiento estudiantil de 1968 a integrantes de los cuerpos policíacos o del Ejército ni a sus jefes. Fue tapadera de las arbitrariedades y violencia, reconociendo como legales, en repetidas ocasiones, declaraciones nuestras obtenidas bajo tortura y en clandestinas casas de seguridad o en las instalaciones del Campo Militar 1.

Hoy, después de 56 años, los actores y responsables de aquella violencia contra el movimiento estudiantil de 1968 no han sido juzgados ni han cumplido con los castigos establecidos en el derecho penal. El Poder Judicial continúa siendo guardián y tapadera de aquellas atrocidades autorizadas desde el más alto nivel del Poder Ejecutivo, como lo reconoció con cinismo el presidente de la República un año después ante la Cámara de Diputados, en medio del aplauso sonoro de sus representantes y de todos los invitados y legisladores del PRI y del PAN. Esa impunidad que protegió y solapó el Poder Judicial abrió la puerta, otra vez, a otra masacre, la del 10 de junio de 1971, en la que según Alfonso Martínez Dominguez, al estar en reunión en Los Pinos con el presidente Luis Echeverría, éste daba instrucciones cuando se refería a muertos para que los cremaran, lo que años después generó la peor regresión en la historia de México con la violencia contra jóvenes guerrilleros en el siniestro periodo conocido como guerra sucia y al llegar al poder un grupo de malhechores que se dedicó a subastar y privatizar las empresas públicas y el ejido, a disminuir el salario real de los trabajadores y a abrir las puertas del narcotráfico a niveles sin precedente, en colusión con poderosos grupos de poder de Estados Unidos.

En memoria de aquella juventud heroica del 68 y para contribuir a erradicar la impunidad y corrupción del poder y del gran capital, como lo mandató la reciente votación electoral que le dio el triunfo inobjetable a Claudia Sheinbaum para presidenta de la República, apoyemos la iniciativa del presidente Andrés Manuel López Obrador para cambiar de raíz al Poder Judicial, desde el Ministerio Público hasta los magistrados de la Suprema Corte y el sistema penitenciario que tanto atenta la libertad y dignidad de los más pobres.

¡Ni perdón, ni olvido!

5/19/2024

El PRI resuelve... ¿para quiénes?

 El PRI resuelve... ¿para quiénes?


Con frecuencia se proclama: 2 de octubre no se olvida, 10 de junio no se olvida. Desde la época del presidente Carranza se han dado auténticas masacres contra diversos sectores populares, y no olvidemos que para el sanguinario general Pablo González era casi un deporte asesinar campesinos zapatistas, mientras el general Francisco Murguía era apodado Pancho Reatas por su afición de ahorcar a multitud de luchadores villistas. Posteriormente, el propio Murguía dirigió una carta al general Álvaro Obregón acusándolo de ser un criminal insaciable y de mandar a ejecutar cientos de personas. Por supuesto, el llamado Manco de Celaya mandó a asesinar al propio Murguía.

Durante casi todo el siglo XX se procuró mandar al otro mundo a muchos participantes de movimientos populares y a multitud de luchadores sociales como Primo Tapia, José Guadalupe Rodríguez, Issac Arriaga y muchísimos más. Y no es que esas matanzas hayan sido olvidadas, sino que ni siquiera se sabía de ellas, porque en los principales medios de comunicación se censuraba la información sobre tales infamias cometidas principalmente por altos funcionarios del gobierno apoyados en su partido, el llamado Partido Revolucionario Institucional (PRI). Debe tomarse en cuenta que esa organización tenía un carácter multiforme y plural, y muchos de sus militantes eran gente progresista y honorable que ni siquiera conocían las monstruosidades de sus dirigencias.

Al respecto, quisiera referirme a un hecho significativo en este campo. Gustavo Patiño Guerrero fue uno de los mejores quarterbacks del equipo de futbol americano de la UNAM; era mi primo y trabajaba para el PRI. Lamentablemente, Gustavo ya no está en este mundo y no puede dar testimonio de lo que digo. Gustavo me dijo en una ocasión Te salvaste de ser linchado.

A principios de 1961 (no recuerdo la maldita fecha) un peruano lacayo de los magnates de la Casa Blanca que había roto relaciones con la Cuba revolucionaria decidió visitar México, en particular la Ciudad Universitaria en la capital del país. Yo y un grupo de compañeros organizamos una protesta contra la visita de ese político, y cuando nos hallábamos ya en un mitin, apareció un grupo de 20 porros que se pusieron a reprimirnos. Disto mucho de ser un valiente al estilo de Jorge Negrete o Pedro Infante en la mayoría de sus películas, pero no pude contener la ira cuando vi que uno de esos golpeadores le daba una patada a una compañera que repartía volantes. Entonces insulté al siniestro porro y en ese momento sus compañeros empezaron a golpearme y a romper partes de mi vestidura. Por fortuna, el que parecía comandar a los porros, un joven militante del PRI de apellido López Velarde –que me parece no era pariente del famoso poeta–, además de mentarme la madre, les ordenó que dejaran de pegarme. A fin de cuentas, no era conveniente que me hicieran víctima de una enorme golpiza en plena mañana y en medio de muchos testigos. Tiempo después, Gustavo, amigo de esos varios iracundos caballeros, me dijo que habían ansiado lincharme.

Relato este asunto porque no se trata solamente de un asunto personal, sino de la violencia cotidiana que muchos testaferros del partido oficial empleaban contra sectores de la población de esa época. Gustavo me informó que desde la Rectoría de la UNAM se repartían varios millones de pesos para reprimir fundamentalmente a grupos de izquierda, y que el monto de ese dinero provenía básicamente del PRI y del gobierno federal. En la campaña electoral de hoy en día, una apologista del PRI proclama que los mejores tiempos de México fueron bajo el mando del PRI y que ese partido sí resuelve. Opino que sí fueron mejores tiempos, pero para un grupo de explotadores y hambreadores y que el PRI sí resuelve, pero resuelve las necesidades de los opresores.

Sin embargo, hay que tomar en cuenta que en estos tiempos existen muchos chapulines que han desertado del PRI, pero que siguen conservando la ideología polvorienta de ese partido y sus métodos de trampas y triquiñuelas. Los sectores realmente democráticos de nuestro país deben cuidarse de estos nuevos seudoaliados y emprender de forma muy resuelta un camino venturoso hacia la izquierda. Si la candidata presidencial Claudia Sheinbaum proclama en forma muy optimista que México será el mejor país del mundo, esta meta no podrá lograrse si no es a partir del cumplimiento de las demandas más sustanciales de los trabajadores mexicanos y sus anhelos de crear realmente un ambiente plenamente democrático.

*Dirección de Etnología y Antropología-INAH

https://www.jornada.com.mx/2024/05/18/opinion/013a1pol

10/03/2019

‘El 68 rompió con la política unipersonal’ - Pie de Página


José Ignacio De Alba y Duilio Rodríguez

Para Félix Hernández Gamundi, uno de los líderes estudiantiles del 68, la mayor enseñanza de ese movimiento es haber roto con las prácticas políticas unipersonales y por eso, señala, genera tanta dificultad el método actual de hacer política de Andrés Manuel López Obrador
Texto: José Ignacio De Alba
Foto: Duilio Rodríguez
Félix Hernández Gamundi, uno de los dirigentes estudiantiles detenidos en Tlatelolco el 2 de octubre, identifica en los métodos unipersonales de López Obrador los mismos que el movimiento del 68 intentó desmontar hace medio siglo. Sin embargo, destaca que sí existe un cambio de régimen con el actual gobierno federal.
El activista, con 21 años de edad, fue llevado al Campo Militar y estuvo en el mítico Lecumberri encarcelado un par de años. Pero para la entrevista Hernández rehuye profundizar en su propia historia. Prefiere hablar, sobre todo, del colectivo, de las luchas del porvenir. No habla del pliego petitorio, habla del futuro; el cambio climático, la desigualdad, la corrupción, Ayotzinapa, de Andrés Manuel. 
Hernández Gamundi tiene bien peinadas las canas, usa saco y camisa, un bigote cuidado y delineado. Está en esa edad en que le cuesta conciliar con el smartphone, usa lentes para ver de cerca. Sigue diciendo “nosotros los jóvenes”.
Tomamos café, Hernández cruza la pierna y se referirá al 68 como un continuum de luchas y libertades ganadas. Para él el éxito no está dado, para él 1968 sólo fue el “despertar de las conciencias”. 
-¿Cuál la enseñanza más importante de 1968?
La mayor enseñanza del 68 es haber roto con las práctica de las direcciones políticas unipersonales y  haber instalado una práctica de una dirección política colectiva. Los propios miembros de la cúpula estaban involucrados en la vida diaria, haciendo propaganda, de repartir propaganda, ir a una asamblea de barrio, entonces se desmitificó toda la cuestión del dirigente inalcanzable, místico, inaccesible, eso se rompió, por eso genera tanta dificultad el método de hacer política del presidente hoy, que es un unipersonal.
-¿Cuándo Andrés Manuel López Obrador tomó protesta dijo que también era una victoria del movimiento estudiantil del 68, ¿tú lo ves así?
-Bueno, lo veo sí como una consecuencia de la lucha del 68. Porque del 68 para acá la sociedad mexicana se volvió contestataria, se volvió una sociedad demandante, se volvió poco a poco en una sociedad cada vez más crítica, que fue cuestionando cada vez más las prácticas corrompidas del poder […] vamos, Andrés Manuel tuvo la virtud y la habilidad de entender que esos eran los elementos que más lastimaban a la sociedad.
El gobierno de López Obrador ha querido saldar las cuentas que tiene el Estado, con el Movimiento estudiantil de 1968. El año pasado, con la mayoría de Morena, la Cámara de Diputados develó en letras doradas en el Muro de Honor: “al Movimiento Estudiantil de 1968”; además el gobierno federal ha prometido que abrirá al público los documentos clasificados de los órganos de espionaje del régimen pasado.
Hernández, a nombre del Comité 68, ha abanderado la lucha por “la presentación con vida de los 43 jóvenes de Ayotzinapa y castigo a los agresores”; además se ha declarado en diferentes foros en contra de la violencia política y también el de la llamada guerra contra el narcotráfico. También se expresa contra la contaminación que provoca el cambio climático. 
-¿Qué nos falta aprender del 68, a manera de crítica?, se le pregunta 
-Nos falta entender una de las lecciones más grandes del 68 que es el valor de la organización. Yo creo que lo que nos falta es poder entender esa parte, el valor de lo colectivo, el valor de la organización política, independiente, autónoma del poder.
Pero Hernández asegura que el 68 fue catalizador de otros movimientos que buscaban más apertura del régimen. Hernández habla del líder magisterial Otton Salazar, de los  ferrocarrileros como Demetrio Vallejo o Valentín Campa, los electricistas, campesinos, obreros y médicos.
-¿Qué logró el 68?
Es el inicio del derrumbe del viejo régimen. En medio de una derrota momentánea el movimiento se levantó con un triunfo de largo plazo, porque la intención de infundir miedo a largo plazo no le funcionó al PRI, el gobierno esperaba que como resultado de esa represión el movimiento estudiantil se encerrara en cuatro paredes.
El 2 de octubre de 1968, el gobierno priista encabezado por Gustavo Díaz Ordaz, reprimió con violencia una manifestación de estudiantes en Tlatelolco. En la Plaza de las Tres Culturas el Batallón Olimpia y militares dispararon contra la multitud. 51 años después el número de muertos es inexacto, algunos asegura que podrían sobrepasar los 300. La persecución política se recrudeció y los líderes del movimiento fueron encarcelados o desaparecidos. “El 68 es una herida abierta, es una lucha por la justicia y tenemos que salir a refrendarla”, asegura Hernández. 
-En momento más inmediato, el movimiento fue reprimido, pero a largo plazo ¿cómo procesó la sociedad ese evento para que fuera constructor?
-Pues las nuevas generaciones fueron haciendo su trabajo, con los adultos, el movimiento se transformó a nuevas luchas. Entonces la sociedad empezó a ser permeada por nuevas ideas se fue extinguiendo el estigma de que fueras partidario o simpatizante de la Revolución Cubana.
Hernández explica que después del movimiento estudiantil de 1968 inició un reacomodo del poder: en los sindicatos, en los medios de información, en los movimientos obreros y campesinos, incluso asegura que la organización ciudadana después del sismo de 1985, tenía el sello de las movilización estudiantiles de veinte años antes.
-Qué piensas de la violencia de los autodenominados anarquistas?
-No entienden que ellos tienen opciones, nosotros no teníamos. Cuando todo está perdido lo único que te queda es molestar. Son presa fácil de quien quiera promover actos de provocación. Es muy complicado, cómo debates con ellos… no hay manera de debatir.
-¿Qué luchas nos quedan?
-Nos queda la lucha por construir una democracia participativa, que no tenemos, que eso pasa por la organización, que eso pasa por seguir promoviendo cambios aunque sea a nivel hormiguita. Nos falta instalarnos como una sociedad de diálogo, una sociedad de debate, no la tenemos… Si no avanzamos a una sociedad capaz de debatir no vamos a ser capaces de entender a fondo lo que necesitamos para el futuro y no vamos a entender a fondo las potencialidades y los derechos que tenemos.

Conspiración y rebeldía del 68



Rastrear el origen de las masacres, guerras, invasiones, golpes de Estado, sus inspiradores y protagonistas siempre ha sido un reto. Cada triunfador se dedica a borrar rastros que permitan reconstruir los hechos, sembrando una y otra vez huellas falsas con destinos y destinatarios que los presenten como héroes, salvadores, padres de los pueblos.
En un reporte policiaco con una fecha que parecía lejana entonces, 12 de abril de 1966, Miguel Nazar Haro relataba al C. Director de la Federal de Seguridad, Fernando Gutiérrez Barrios que:
“El Partido Obrero Revolucionario, Sección Mexicana de la IV Internacional Trotskista (PORT), realizó una reunión de varios días que denominan ‘ampliada’, la cual se inició a las 8.00 horas del día 8 y terminó a las 22.00 horas del día 10 del presente mes…

“Esta reunión estuvo presidida por el argentino que como periodista usa el nombre de Adolfo Gilly y escribe en la Revista Montly (sic) Review de los Estados Unidos, como militante trotskista usa indiferentemente los seudónimos de Lucero y Lucas, Alfonso Lizárraga Bernal, cuyo seudónimo es el de Joel y el doctor Baldomero Rodríguez Tique Nestor. Asistieron a este ampliado Gildardo Islas Carranza Heraclio, Sergio Garcés Estrada Dante, Carlos José Ferra Martínez Simón, Federico Rivera Rivera Mario, Manuel Suárez Jiménez Aurelio, Francisco Colmenares Jr. Javier

“El primer día de trabajo lo basaron en estudiar la situación internacional, así como el intercambio de militantes trotskistas de esta sección con otras de otro país, donde se requiera la presencia y la ayuda necesaria para un movimiento revolucionario acorde a sus fines ideológicos, principalmente enfocaron la situación propicia en la República de Guatemala, para continuar enviando elementos de esta sección, para reforzar el movimiento del Trece de Noviembre que dirige Marco Antonio Yon Sosa.

El segundo día de trabajo lo dedicaron al estudio político nacional y llegaron a las resoluciones: Intervenir en cualquier situación de diferencias políticas nacionales, sindicales o estudiantiles con el objeto de agitar profundamente cualquier problema para poder llegar a la meta final que es el de derrocar al gobierno del presidente Díaz Ordaz. Se acordó sabotear las próximas Olimpiadas que se realizarán en 1968.

Cuando Adolfo Gilly leyó copia de este escrito que le compartí, escribió lo siguiente el 29 de mayo de 2011:

“Es el documento que conocía y había perdido. Es una clásica amalgama policial, parece salido de los archivos de la policía zarista o francesa del siglo XIX…

“… Respecto a la frase: ‘Se acordó sabotear las próximas Olimpiadas que se realizarán en 1968’, salvo GDO y la policía, nadie tenía en mente en abril de 1966 que dos años y medio después iba a haber Olimpiadas. Es decir, ya desde entonces los servicios esperaban una provocación, y cuando vino el movimiento vieron confirmadas sus ‘sospechas’. A menos que ya desde entonces estaban, ellos, preparando una provocación y les vino de perilla el movimiento estudiantil para montarla en Tlatelolco, cuando ya el movimiento iba de salida. Pero el hecho es que, desde abril de 1966, al menos, lo tenían en la cabeza.

“Pero, sobre todo, lo de ‘llegar a la meta final, que es la de derrocar al gobierno del presidente Díaz Ordaz’, está puesto allí para fundamentar el proceso por ‘conspiración’ que después montaron en nuestro proceso y por lo que nos mantuvieron seis años presos, lo mismo que lo de las Olimpiadas, pues serían las únicas acciones penalmente punibles de las cuales se habría hablado. Totalmente absurdo hasta como montaje.”

Días después del escrito de Nazar Haro, en la madrugada del 20 de abril, agentes de la Dirección Federal de Seguridad aprehendieron a Adolfo Gilly, Óscar Fernández Bruno, Teresa Confreta de Fernández, Leocadio Zapata Múzquiz, Gildardo Islas, Ramón Vargas, Sergio Garcés. Fue la primera de las cuatro acciones policiacas que se emprendieron en ese año contra el PORT y de la agresiva persecución hacia militantes de otras organizaciones de izquierda, como en la que militaba Víctor Rico Galán, recluyéndolos en Lecumberri.

No obstante que el impacto de la actividad de las organizaciones perseguidas por el gobierno era marginal en los movimientos sociales, la campaña manejada a nivel gubernamental las colocaba como una amenaza máxima para el país y sus instituciones, colocando a los gobiernos de Cuba, de la Unión Soviética y China como su principal soporte y fuente de financiamiento. Sin embargo, lo que sí acontecía entonces eran los enfrentamientos de las diversas tendencias al interior del gobierno que se preparaban para la sucesión presidencial. En efecto, “… Philip Agee, de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA), tenía información de que, desde 1966, el entonces titular de Gobernación aspiraba a suceder a Díaz Ordaz”.

Ninguna de las dos resoluciones que menciona Nazar Haro fue adoptada en la reunión realizada en el mes de abril de 1966. La relacionada con el presunto sabotaje a las Olimpiadas de 1968 jamás fue invocada en las acusaciones que se formalizaron a través del Ministerio Público. Tampoco fue motivo de campaña o consigna en alguno de los escritos de los trotskistas entre 1966 y 1968.

Desde tiempos que parecían lejanos, un agente clave como era Miguel Nazar Haro, de la máxima confianza de Fernando Gutiérrez Barrios, éste a su vez, del titular de Gobernación, Luis Echeverría Álvarez, comenzaba la siembra para preparar el terreno de las calificaciones y descalificaciones de los contendientes en la sucesión presidencial. Finalmente, frente a su impotencia para doblegar la rebeldía del movimiento estudiantil de 1968, todos se unificaron ante el crimen de Estado del 2 de octubre.

Cumplió estrategia pacificadora de Tlatelolco al Zócalo

Marcha por el 68
La función de 12 mil 172 playeras blancas fue presencial
al empezar los desmanes, algunos se replegaron


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▲ A las 20 horas, 250 empleados del gobierno local concluyeron con el barrido y eliminación de grafitis del mobiliario urbano.
Minutos antes de las 14 horas, trabajadores de diferentes alcaldías empezaron a formar el cinturón de paz sobre el Eje Central Lázaro Cárdenas. Los playeras blancas, como se les identificó, fueron convocados por la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, para inhibir los actos vandálicos durante la marcha conmemorativa de la matanza de estudiantes en Tlatelolco.
Fueron 12 mil 172 servidores públicos que se colocaron a lo largo del recorrido de la marcha, entre ellos personal de administración y operativo de Miguel Hidalgo, Álvaro Obregón, Gustavo A Madero, Iztacalco, Xochimilco e Iztapalapa, así como de dependencias del gobierno, quienes tenían como indicación permanecer en los puntos asignados hasta que pasara el último contingente.
El protocolo de actuación que se dio a los servidores públicos consistió en cinco puntos: en caso de detectar alguna diferencia, tratar de intermediar para que haya orden y tranquilidad en todo momento; si alguna persona fuera blanco de una agresión, la recomendación fue retirarse sin dar la espalda y evitar mirar directamente a los ojos al agresor; en caso de conflicto entre manifestantes, en los que estén involucradas mujeres, una persona del mismo género intervendría y de la misma forma se trataría a los hombres.
Asimismo, evitar caer en pánico ante alguna circunstancia difícil y en todo momento mantenerse en calma, sin separarse del grupo; no confrontar a ningún manifestante y en caso de una agresión o que lancen gases u objetos que pudieran dañarlos, replegarse hacia zonas seguras.
La función que desempeñaron los burócratas fue sólo presencial en busca de inhibir los actos vandálicos, pero los grupos de jóvenes encapuchados no se detuvieron y al ingresar al primer cuadro de la ciudad empezaron los desmanes y los playeras blancas se replegaron.
La avenida Juárez fue blindada con vallas metálicas, ciclónicas y tapiales de madera para proteger los negocios, el Palacio de Bellas Artes, los edificios de la ex Contraloría General, la Lotería Nacional, el hotel Hilton, la Plaza Alameda, el Templo de Corpus Christi y sucursales bancarias.
La presidenta de la Comisión de Derechos Humanos, Nashieli Ramírez, señaló que le reportaron cuatro heridos, tres por explosión de cohetones.
Alrededor de las 20 horas concluyeron las labores de barrido y de eliminación de grafitis del mobiliario urbano que realizaron 250 trabajadores de la Secretaría de Obras y Servicios.
Alejandro Álvarez, miembro del Movimiento 68, dijo que los embozados que se infiltran en las movilizaciones que se realizan en la Ciudad de México con demandas legítimas, son provocadores que buscan generar miedo entre los capitalinos con el objetivo de frenar la protesta independiente.
La aparición de los encapuchados, comentó, es para complicar la existencia a los gobiernos de izquierda; son provocadores porque la intención es buscar un pretexto para que las movilizaciones sean canceladas y reprimidas.

Foto Pablo Ramos
Periódico La Jornada

Comité 68 llama a construir un nuevo modelo nacional

Conmemoran la masacre de Tlatelolco
Los manifestantes guardan un minuto de silencio por los caídos en 1968
A la demanda de justicia, suman nuevas exigencias en pro del campo, la salud y la educación
Jóvenes embozados intentan provocar violencia
Agreden a integrantes del cinturón de paz y a fotógrafos y periodistas


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▲ Cincuenta y un años después, por fin hay condiciones para cambiar el país, pero nada ha cambiado aún, señaló el Comité 68 en el mitin por el 2 de octubre.

Cincuenta y un años después, por fin hay condiciones para cambiar el país, pero nada ha cambiado aún. Para conseguir un nuevo modelo nacional se requiere la organización ciudadana. Este fue el punto central en el que miles de personas coincidieron durante la marcha conmemorativa por el 51 aniversario de la represión y la masacre contra el movimiento estudiantil el 2 de octubre de 1968.
Décadas han pasado y la juventud sigue haciendo suyas las calles para expresar su demanda de transformación y, sobre todo, con el propósito de exigir justicia por los crímenes del pasado y del presente.
Somos los nietos de los que no pudiste matar, con esta leyenda escrita en una pancarta se podía resumir el sentir de los jóvenes que ayer se sumaron a la movilización que comenzó en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco y concluyó en el Zócalo capitalino.
Como cada año, el Comité 68 encabezó la manifestación del 2 de octubre, y como cada año también, se sumaron a la marcha miles de jóvenes universitarios, bachilleres y normalistas, así como integrantes de organizaciones y movimientos civiles, sociales y sindicales.
Sin embargo, a diferencia de otros años, esta fue la primera manifestación conmemorativa de la matanza de Tlatelolco que se da bajo un gobierno que se presenta de izquierda. Por ello cobró aún más fuerza la exigencia de que el Estado ponga fin a la impunidad.
Unos 10 mil manifestantes, de acuerdo con los cálculos del gobierno de la Ciudad de México, marcharon por el Eje Central y 5 de Mayo, en medio de edificios tapiados, cercas y una valla humana denominada cinturón de paz, integrada por más de 12 mil trabajadores del gobierno capitalino y algunos voluntarios, hasta confluir en el Zócalo.
Hubo intentos de grupos de jóvenes embozados vestidos de negro por generar violencia en varios puntos de la movilización. Sin embargo, salvo dos momentos de tensión (donde hubo enfrentamientos con policías y detenidos) la marcha transcurrió en relativa calma, debido a que los encapuchados agredieron a algunos integrantes del cinturón de paz y a reporteros.
Los primeros contingentes ingresaron a la Plaza de la Constitución minutos después de las cinco de la tarde y fueron recibidos con el Cielito lindo interpretado por la Orquesta Filarmónica Tosepan, de la sierra norte de Puebla.
Como cada año, justo a las 18:10 horas se guardó un minuto de silencio en memoria de los caídos en 1968 (la hora en la que se dio la orden de ataque aquella tarde en Tlatelolco).
En el Zócalo, rodeado por el cinturón de paz dispuesto por la administración de Claudia Sheinbaum, las consignas se dirigieron contra los ex presidentes Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría (señalados como responsables de la matanza del 2 de octubre de 1968) y Enrique Peña Nieto.
Al gobierno actual le tocó muy poco: Ni Guardia Nacional, ni cinturón de paz.
El nombre del presidente Andrés Manuel López Obrador no se escuchó en las consignas durante la marcha ni en el mitin.
Tampoco le dedicaron críticas ni alabanzas. Pero sí se le exigió actuar ya para resolver los crímenes del pasado y del presente, y acabar con la impunidad.
Félix Hernández Gamundi, uno de los líderes históricos del movimiento estudiantil de 1968 e integrante del Comité 68, afirmó que hace 51 años se cometió un crimen de Estado contra la juventud mexicana y el pueblo de México. Desde ese momento se ha luchado por cambios en el país. Hoy, hay condiciones para transformarlo, pero nada ha cambiado aún. Por eso hay que organizarnos, y debemos hacerlo todos.
Llamó a la organización ciudadana y a tomar en cuenta las lecciones más importantes que les dejó el movimiento del 68: conocer la importancia de la unidad, la solidaridad y la camaradería, reconocer el derecho de los demás, entender al diferente, al diverso, que tanto vale cada compañera como cada compañero.
Refrendó el compromiso del Comité 68 de luchar contra la impunidad en la que están los responsables de aquellos hechos y exigió una reforma del Poder Judicial. Pero a la vez, agregó, hay nuevas demandas: el rescate del campo, de los servicios de salud, del sistema educativo; en suma, de crear un nuevo modelo de país. Eso nadie nos lo va a dar, por eso tenemos que organizarnos.

Foto Marco Peláez
Periódico La Jornada

10/02/2019

Demanda el Comité 68 reiniciar pesquisas por la masacre de Tlatelolco



Pide revisar la libertad bajo protesta de Echeverría


Integrantes del Comité 68 demandaron a la Fiscalía General de la República (FGR) reiniciar las actuaciones de los expedientes judiciales que integró la extinta Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (Femospp) y revisar el estado de libertad bajo reserva del ex presidente Luis Echeverría Álvarez, a quien señalan como uno de los principales responsables del genocidio del 2 de octubre de 1968.

Lamentaron que a un año de haber hecho esa exigencia –cuando Andrés Manuel López Obrador era presidente electo– la FGR aún no la ha atendido al negarse a abrir una fiscalía o unidad especial para atender esos crímenes.

En víspera de la marcha conmemorativa por los 51 años de la masacre, cometida por elementos del Batallón Olimpia en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, reclamaron a las autoridades de la Ciudad de México que durante la movilización cumplan con su responsabilidad y garanticen que grupos de provocadores no causen desmanes.

Félix Hernández Gamundi, uno de los líderes históricos del movimiento estudiantil de 1968, afirmó que la marcha se convoca con el espíritu de la libre manifestación.

'No es admisible que grupos de provocadores cancelen ese derecho. Quien quiera manifestarse de otra manera (violenta), esta convocatoria no es para ellos. Hay dos reglas: será una movilización pacífica y con los rostros descubiertos.

La marcha saldrá a las cuatro de la tarde de la Plaza de las Tres Culturas, caminará por Eje Central Lázaro Cárdenas, tomará por la calle 5 de Mayo, en el Centro Histórico, y llegará a la Plaza de la Constitución poco antes de las seis de la tarde para que a las 18:10 en punto –hora en que se dio la orden de ataque en aquel 2 de octubre– se guarde un minuto de silencio en memoria de las víctimas.

Como expresamos el año pasado, en ocasión del 50 aniversario, ¡Hoy es tiempo de justicia!, señalaron en la conferencia.

En los expedientes que están en poder de la dependencia a cargo de Alejandro Gertz se encuentran las pruebas suficientes del genocidio, como ya lo sentenciaron diversas instancias del Poder Judicial. No se trata sólo del ex presidente (Echeverría), hay una larga lista de ex funcionarios que tienen responsabilidades; también hay al menos otras 52 averiguaciones previas que nunca fueron consignadas ante un juez, por ello reclamamos la inmediata reactivación de las actuaciones de la FGR.

Demandaron que a esos expedientes se agreguen los archivos de la Secretaría de la Defensa Nacional respecto de la actuación de las fuerzas armadas el 2 de octubre de 1968. No queremos esos archivos para ir al Archivo General de la Nación, sino que vayan, debidamente resguardados, a incorporarse al cuerpo de las pruebas, como debieron estar desde el principio de las actuaciones de la fiscalía especial del caso.

Emir Olivares Alonso

Periódico La Jornada
Miércoles 2 de octubre de 2019, p. 5

11/28/2018

México 68

Ruta Krítica


La sociedad de las cucarachas —como la nuestra, el hormiguero, la termitera y la colmena— es una sociedad cerrada: los individuos deben sacrificar el presente en aras de un futuro que no llegará nunca porque la cadena es irrompible. Para las cucarachas y para nosotros la muerte es una catástrofe individual pero un júbilo colectivo, un beneficio y un requisito indispensable: sin muerte no se daría la renovación y continuidad de la especie.
“Vindicación de las Cucarachas”, José Emilio Pacheco

Primer acto: las marchas y la gran marcha
En esa ciudad —gris, deshecha, monstruosa— algunas personas padecen o protagonizan, con periodicidad predecible, ordenadas o caóticas caminatas en la calle. Son tan variadas y regulares que se ha intentado clasificarlas con dudoso lujo de detalle. Primero, según su familia, género y especie. Después, según su ruta, tamaño y duración. No todas las personas llegan a participar de estas expresiones públicas. Unas se lo pierden, otras se lo ahorran. Pero pocas saben hacer de cada vivencia una experiencia significativa; practican el arte de convertir un instante fugaz en una imagen duradera.
Estas caminatas son conocidas como “manifestaciones públicas” o simple y llanamente, “marchas”. Este fenómeno que hoy acompaña a la vida artificialmente prolongada de una época en que se creía que la política estaba vinculada a la actividad libre de los habitantes concretos puede ser asumido como una fatalidad entre otras; ya sea como un recurso desesperado de denuncia o como otra naturalidad urbana. Los capitalinos viven en una tarea siempre renovada: resolver sus necesidades sin sacrificar su libertad. Lo que equivale a tener actividad emancipada dentro del reino del trabajo enajenado, en cada lugar y en cada momento posible, o entregarse a la muerte silenciosa. Y no siempre, al desquiciar la rutina, se logra experimentar vida (lo que se llama vida).
Pero a veces, como abejas, las personas producen rumor en medio de la rutina. La vibración que producen los cuerpos es uno de los elementos que juegan en la repetición ritual de experiencias extra-ordinarias o “sagradas”. La frecuencia de las vibraciones establece una conexión íntima con otras dimensiones temporales y, a través de ello, con el “ahora” de los lugares de emisión de las distintas palabras y frases que reviven a través de quienes logran un “trance” en medio de la fiesta colectiva.
El número “68” asociado a un lugar, “Tlatelolco”, forma un par de palabras conjugadas capaz de detonar ideas, sensaciones y emociones. La conmemoración en México de los cincuenta años de aquellos episodios ha sido un periodo de excepcionalidad. Carteleras, obras de teatro, películas y documentales, libros y números especiales de revista, conferencias y seminarios, declaraciones y entrevistas, encuentros planeados, charlas casuales y otras tantas expresiones. El sesenta y ocho, santo y seña de una atmósfera política, aun es ineludible. Pero es también un territorio en disputa.
La marcha del 2 de Octubre pasado, como epicentro de la memoria, fue la manifestación visible de un movimiento que no ha dejado de tener lugar y momento en la historia reciente. Este “movimiento social” de larga duración —discontinuo, variado y disperso— sobrevive por la fuga o deserción que genera el mismo orden social establecido. Pero, en la medida en que no se puede desertar del planeta, como cimarrones, esclavos libertos, los caminantes hacen mundos dentro del mundo de modo silente. Los cimarrones son cuerpos que piensan, sienten y se emocionan de diferente manera, por motivos de otro orden.
En medio de la catástrofe los cimarrones salen a jugar. Recrean otro tiempo en los mismos espacios. Renuevan compromisos con una comunidad dinámica y temporal que se expande. La “Gran Marcha” de nuevas formas sociales tiene su punto de partida tierra adentro, perdida en la madrugada de una época que se bate en el esfuerzo por desatar una proliferación de formas de la vida humana liberada.
Segundo acto: los discursos oficiales
La oposición topográfica Derecha-Izquierda ha quedado encapsulada en la órbita de una era que ha sido mantenida con vida conectada a una máquina. El Estado nacional, esa temporal cristalización de la política que garantiza la fabricación de fuerza de trabajo, reproduce esa oposición que reduce la “vida democrática” a gestionar la actualización permanente de las formas locales de producción y consumo de bienes para la acumulación de capital.
La disputa por la memoria o por la forma del relato es una batalla perdida cuando se asume que el conflicto consiste en determinar la forma definitiva de su “oficialidad”. Y esta disputa crucial es obstinadamente encauzada a dirimir sus diferencias en términos funcionales a la nación de Estado correspondiente. En México esto se corresponde con la posición que asume al movimiento reprimido en la Plaza de las Tres Culturas como “el inicio de la vida democrática” o, por el contrario, con aquella que lo recuerda como una advertencia frente a la tentación de sobrepasar los límites que el capital impone a la actividad política. Combinados, los dos polos parecen decir: “Gracias a los mártires, voluntarios o involuntarios, estamos aquí. Ahora debemos completar la tarea sin meternos en donde no nos incumbe, aunque parezca lo contrario”.
La conflictividad social que se vivió en México en la década de los sesenta, tiene en el 68 el agrado de presentar para la memoria un “gesto socrático”. El régimen no sabía que se hallaba en un punto de no retorno: o condenaba a los jóvenes a la muerte o los declaraba hijos ilustres. La “invención de la juventud”, concebida como una etapa de la vida que hay que aprovechar para desquitar la dosis individual de irreverencia y rebeldía, había florecido de modo inesperado. Con la consistencia de un drama escénico, la confrontación mediática entre el Consejo Nacional de Huelga y la Presidencia de la República se desarrollaba frente al respetable público que contemplaba, atónito primero y emocionado después, una improvisación que se fue caldeando hasta llegar a una confrontación desigual, fuera del pacto de la ficción, en que el gobierno en turno perdió la guerra ganando la batalla.
La publicación de los comunicados del CNH permitió escuchar los balbuceos de una “voz colectiva” que manaba gozo sin perder la compostura:
El Consejo Nacional de Huelga ha recibido el día 23 de agosto comunicación telefónica de la Secretaría de Gobernación en el sentido de que acepta el debate público, con base en nuestro pliego petitorio de 6 puntos, con este Consejo, acatando nuestras condiciones expresadas en el manifiesto aparecido el 23 de agosto…
El alto contraste —generacional, intelectual y moral— que resultaba de ese tácito “debate público” que se desarrolló como gran puesta en escena, irritaba a las buenas conciencias del estado autoritario. Quienes cayeron en la provocación fueron ellos, los representantes visibles y ocultos del régimen: primero, porque la presidencia jamás se expondría al debate condicionado ni al cumplimiento de demandas “más allá de los límites permitidos”, incrementando con ello la caricaturización que ya habían logrado hacer de la figura presidencial; y segundo, porque la “insolencia” pesaba aún más que las presuntas injerencias conspiracionistas que nadie creía.
“Al perderte voy ganando”, dice México 68, hablándole a “La victoria”. Fue una olímpica demostración que se puede contemplar en todo su esplendor si se la mira como el “canto del cisne”, il gran finale de toda una época del discurso político (y, en el fondo, un indicio de la subsunción de la lengua por el capital). El movimiento cumplió con la misión de impugnar a los administradores y capataces de la vida política estatal con las herramientas del saber universitario y con vitalidad creativa. Y quedó claro que la vita sapienti era molesta y hasta prescindible. La “Gran Marcha” —a la que pertenece el 68 junto a episodios centrales o subalternos, célebres o discretos de la historia reciente— se realiza en la necesidad de interrumpir y/o desquiciar el automatismo impuesto a la vida humana por la modernidad capitalista.
Los cimarrones hacen propios los recuerdos colectivos. Las imágenes —calles tomadas por los caminantes, sonrisas de niños, gran rumor, motín, complicidad, amor, rabia lúcida, carcajadas, voz en cuello, pena y dicha, euforia, lágrimas, ansiedad expectante, mirada atenta— relampaguean de una vez para siempre en los instantes de peligro. Las palabras libertas son trueno que retumba largamente. En ellas lo sido y el ahora cantan a voces a través del tiempo.
Tercer acto; memoria viva
La ciudad, excesiva y frenética, se mueve a pesar de su hipertensión e hipertrofia. La sociedad que allí mora sobrevive a ese ritmo y medida excedentarios aceptando la anomia funcional de sus identidades y la fugacidad controlada de los acontecimientos. Por momentos parece que la orientación y el sentido de la vida social han acabado por ser presas de una cadena irrompible. Pero el carácter fetichista de esa cadena y su secreto, tienen en el carácter generativo, poiético, de los seres humanos las condiciones necesarias para hacer de ese presente circular una realidad en metamorfosis.
Para la celebración del centenario de 1968 (en el 2068), quienes acudieron a la marcha del pasado 2 de Octubre y tienen 18 años, tendrán para entonces 68 años. El cuerpo tiene memoria. Reacciona, rehúye o apetece, busca su medida. La escala de lo humano, sensible, proyectada sobre el resto del mundo natural, sabe volver sobre sus pasos, sigue el ritmo de la vida circundante, como arrecife coralino. Para proliferar no generaliza sus formas, se adecua, transforma su sentido. Al hacerse concreto no se automatiza sino busca armonía. Llegado al punto de su exposición riesgosa, el cuerpo social escucha la voz viva de sus generaciones, que son una continuidad cambiante.
En la crítica a las historias oficiales y a los “héroes” mucho se pierde si no se reconoce que, tanto en los acontecimientos “estelares” como en los anónimos, la historia de los hombres y las mujeres de carne y hueso está construida con múltiples episodios de heroicidad o santidad. Y que una débil presencia de ese tipo de fuerza puede tener lugar en cada quien, en nuestros días, cuando el amar, como un modo de conciencia, nos lleva a cuidar la vida y el nido que la hace posible.
Entrando noviembre de 1968 la matanza era tan reciente que recordar a los muertos era recordarlos vivos. En los ritos latinos primitivos se acostumbraba celebrar la muerte del mártir en el lugar del martirio. Como solían morir muchos el mismo día, aquello era su celebración común. Con los años llegaron a ser tantos que se determinó un día especial para todos. Así fue como el 1° de Noviembre se convirtió en el día de Todos los Santos, transformado hoy en el día en el que se recibe la visita de los niños difuntos. Ya sea por su vida tierna o por su martirio, los difuntos de la “Gran Marcha” y del 2 de Octubre, no se olvidan.