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11/30/2017

Precios de combustibles continuaron al alza después del gasolinazo de 20% en enero


La CRE reporta subida de 19 centavos en la Magna, la de más consumo en el país


Gasolinera en la Ciudad de México 


Los precios de las gasolinas en México han subido hasta 19 centavos más en lo que va del año, adicionales al incremento de cerca de 20 por ciento que tuvieron con el gasolinazo del primero de enero.

De acuerdo con cifras oficiales, la gasolina Magna, la más consumida en el país (ocho de cada 10 litros de combustibles que se venden en México), ha subido 19 centavos en promedio, al pasar de 15.99 pesos, el primero de enero, a 16.18 pesos, reportó ayer la Comisión Reguladora de Energía (CRE).

En la Premium el aumento en el año ha sido de 11 centavos, al pasar de 17.79 a 17.90 pesos por litro; mientras que el diésel subió cuatro centavos, de 17.05 a 17.09 pesos.

Sin embargo, según la Organización Nacional Expendedores de Petróleo (Onexpo) la variación en lo que va del año ha sido de más o menos cuatro centavos al alza o a la baja.

En un comunicado, el grupo gasolinero aseguró que los precios son expresión de numerosos factores como la cotización internacional del crudo, el tipo de cambio, los impuestos e inclusive del comportamiento del clima, que puede afectar el transporte de los combustibles.

De acuerdo con el organismo hasta la fecha existen 26 marcas en el país que comenzarán a competir por un mercado que hasta la aprobación de la reforma energética era sólo atendido por Petróleos Mexicanos (Pemex).

A partir de hoy los precios de la gasolina que se vende en el país dejan de ser fijados por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y podrán fluctuar –incluso diariamente– de acuerdo con el mercado.

La liberalización de precios fue adelantada un mes por la CRE y este jueves se completará en todo el territorio nacional con la incorporación de Yucatán, Campeche y Quintana Roo, junto con las entidades del centro del país.

Esa liberalización es la mejor excusa que ha podido encontrar Hacienda para que los precios en el mercado se vayan al alza y entonces la contribución en términos de impuestos se eleve, consideró Raymundo Tenorio, director de la carrera de economía del Tecnológico de Monterrey.

En entrevista, el académico alertó que con la liberalización de precios los grupos gasolineros podrían tratar de justificar alzas argumentando incrementos en los precios de logística.

Los empresarios no están importando gasolina ni les interesa, porque tendrían que importar en tanques almacenadores y en tubos de distribución y ningún inversionista en su sano juicio ha querido invertir en tubos por la gran ordeña de que es presa la distribución de gasolinas.

También advirtió que la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece) no tendrá la capacidad para reaccionar ante una posible colusión de precios, pues no se van a dar abasto. 

El especialista en el mercado de combustibles, Rodrigo Favela Fierro, consideró casi seguro que la liberalización pueda abrir paso a la especulación, sin embargo estimó que el margen que tendrán los comercializadores será muy pequeño, ya que Petróleos Mexicanos sigue siendo el principal suministrador.

Foto Guillermo Sologuren

Juan Carlos Miranda
Periódico La Jornada
Jueves 30 de noviembre de 2017, p. 25

4/02/2017

Los precios de las gasolinas: la última

José Antonio Rojas Nieto
R
ecordemos el artículo 42 de la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria (LFPRH). El Ejecutivo federal enviará al Congreso de la Unión –por conducto de la Secretaría de Hacienda y a más tardar el primero de abril– un documento que, entre otras cosas, presente escenarios con el comportamiento estimado de las principales variables macroeconómicas para el año en curso y 2018. ¿Cuáles? Crecimiento de la economía (PIB), inflación (INPC), tipo de cambio, tasa de interés (nominal y real de Cetes a 28 días), precio de la mezcla mexicana de exportación de petróleo, gas natural de referencia (Henry Hub). Asimismo, plataforma de producción y exportación de crudo. Y otras más: saldo de la cuenta corriente, balance fiscal, PIB, producción industrial, inflación y tasa de interés en Estados Unidos, tasa de interés internacional (Libor).
Así, a partir de estos escenarios se sustentan los proyectos de la Ley de Ingresos (LI) y del Presupuesto de Egresos (PEF). Se exige un juicio riguroso del Congreso. Y es que a partir de este conjunto (coloquialmente llamado Precriterios de Política Económica) se pueden inferir algunos comportamientos interesantes y sus efectos para la sociedad. Por ejemplo, los importantes ingresos por concepto de petróleo y, más específicamente, por derechos de extracción de hidrocarburos, variable fundamental en los ingresos fiscales. Surgen de los excedentes petroleros, hoy compartidos con las empresas extranjeras por las regresivas modificaciones al 27 constitucional. ¿Más ejemplos? Otros ingresos tributarios. Específicamente los tres esenciales: impuesto sobre la renta (ISR), impuesto al valor agregado, impuesto especial sobre producción y servicios (IEPS). Y de este último –sin duda– el controvertido IEPS de gasolinas y diésel.
Junto con el llamado costo de oportunidad y considerando ajustes de calidad, costos de logística y distribución y –también sin duda– tipo de cambio, los montos de IEPS determinan el precio esperado de gasolinas y diésel. Asimismo los diversos precios medios de la electricidad –comercial, industrial y doméstica de alto consumo– cuyos cargos tarifarios se mueven con la evolución (costo de oportunidad, recordemos) de los precios internacionales de referencia de crudo, petrolíferos, gas natural, carbón. Siempre –no olvidarlo– en vinculación con las participaciones relativas de las energías limpias y fósiles en el proceso de generación de electricidad que hoy –como todos sabemos– transita hacia el llamado mercado eléctrico mayorista.
Por cierto, habrá que observar el comportamiento de este mercado, luego de un año de funcionar. Lo cierto es que economía y fiscalidad mexicanas ya están –desde 1992 al menos– fuertemente influidas por este famoso costo de oportunidad. En el esquema económico actual conduce a que nuestro país sea tomador de precios. En casi todo. Menos en salarios, por cierto. ¿Por qué? Bueno.
Este periplo para concluir hoy esta primera revisión sobre los precios de las gasolinas y el diésel. Según el nuevo esquema impuesto oficialmente, estos precios dependerán de cuatro factores primordiales: 1) comportamiento estructural y estacional del precio de los referentes internacionales de gasolinas (gasolinas de más y menos 92 octanos en la costa norte del Golfo de México) y diésel (destilado de ultra bajo azufre de la misma región); 2) evolución de los costos de logísitica y distribución y de los ajustes de calidad de cada uno; 3) tipo de cambio; 4) finalmente, valores oficiales de la tributación. Derivémoslo de los Precriterios.
Internamente sólo dependerán del monto que fiscalmente considera el gobierno adecuado y apruebe el Congreso. ¿Y lo ambiental no conduce a nada? Así, hoy se aspira a tener IEPS cercano a 300 mil millones de pesos al año (cerca de 10 por ciento de la tributación total). Suma de 260 mil millones de la parte federal, 30 mil de la parte a entidades y 10 mil millones del impuesto a las emisiones de CO2. Esto se logrará con la comercialización estimada de un millón 160 mil barriles diarios de gasolinas y diésel y un IEPS de casi 4.50 pesos por cada litro. Y si sumamos cerca de 2.50 pesos por litro del IVA, ajustamos casi siete pesos por litro para el fisco. Sí, siete pesos por litro al fisco. Más de la tercera parte del precio. Lo demás, en cierto sentido, va todo a productores y comercializadores. Incluidos, desde luego, importadores. Y digo en cierto sentido, porque en la venta del crudo interno a los refinadores por parte de Pemex Exploración y Explotación (cada vez menor por la importación creciente de gasolinas) está el tradicional excedente determinado por el diferencial entre el costo interno de producción del crudo y el costo marcador en el mercado mundial. También éste va al fisco, aunque cada vez en menor medida por la elevación de costos una vez agotado Cantarell y por la participación de privados en este excedente, como resultado de los cambios a la Constitución.
Así de simple. ¿Qué precios de gasolinas y diésel podemos esperar, entonces, para este 2017 y 2018, dados los supuestos oficiales de precio del crudo y de tipo de cambio e inflación? Entre siete y ocho pesos por litro de IEPS e IVA. Entre cinco y seis pesos por concepto de crudo a refinar. Y entre siete y ocho pesos por logística. Total, entre 19 y 22 pesos para el conglomerado de gasolinas y diésel en 2017 y 2018. ¡Ya no más los precios administrados! ¡Ni IEPS variable! No existirá ya el vínculo de referentes internacionales y IEPS, en función del precio administrado. Así, por ejemplo, en el verano de 2008 y entre 2011 y 2013 con precios superiores a los administrados, se tuvo IEPS negativo. Y en algunos meses entre inicios de 2014 y principios de 2016 con precios de referencia muy inferiores a los administrados, el monto del IEPS fue muy importante. Ya se acabó esta variabilidad. En adelante la fiscalidad derivada de la enajenación y el consumo de gasolinas y diésel (casi la mitad del consumo final de energía en este país que desgraciadamente mueve mayoritariamente sobre ruedas y en carreteras a personas y mercancía) será relativamente fija en el balance de ingresos. ¿Por qué? ¿Hay alternativas? El asunto no es fácil. De veras.

3/19/2017

Los precios de las gasolinas: la cuarta


José Antonio Rojas Nieto
Los precios de las gasolinas Magna y Premium, así como del diésel, iniciaron marzo con mínimos de 15.29, 17.07 y 16.36 pesos por litros. Habían cerrado diciembre con 13.98, 14.81 y 14.63 pesos por litro, respectivamente. Esto significa que estos mínimos acumulaban al primero de este mes incrementos respectivos de 18, 24 y 20.5 por ciento. ¡Numeralia ingrata! ¡Y qué decir de los máximos! El primer día de este mes fueron de 16.55, 18.37 y 17.63 pesos por litro. Por cierto, las zonas de menores precios son 13 municipios de Veracruz, indudablemente más cercanos a las refinerías del Golfo de México y de la zona de referencia internacional, identificada como mercado relevante. Me refiero a la costa norte del Golfo de México (Houston).
Por el contrario las zonas de mayores precios son más de un centenar de municipios de Chihuahua, Guerrero, Michoacán, Sonora y Sinaloa, más alejados de las refinerías y de la zona de referencia internacional. Por cierto, esto no es verdad para el caso de la gasolina Magna, donde los precios en el estado de México son mayores que en aquellos municipios donde, efectivamente, es superior el precio de la Premium y del diésel. ¡Habrá que explicarlo! No se entiende muy bien.
Lo cierto es que para bien o para mal –haga usted su reflexión– la idea de un precio nacional homologado en todo el país se dejó atrás. Como también se dejó atrás la idea de administrar el precio y fijar una especie de cobertura. Merced a un impuesto especial de producción y servicios (IEPS) positivo cuando –en lo fundamental– los precios de referencia estaban por debajo del precio administrado establecido por la Secretaría de Hacienda. Y, consecuentemente, negativos cuando –también en lo fundamental– ese referente internacional superaba al administrado. ¡Esto se acabó! ¡Al menos con este gobierno! ¿Qué hará el próximo? Debo decir que independientemente de las fortalezas y debilidades de estas formulaciones, nunca entendí por qué razón se pospuso casi 25 años la determinación de que los precios al público de gasolinas y diésel reflejaran los precios internacionales de gasolinas y diésel. Se hizo desde inicios de 1992 –con asegunes y todo– en el caso de los combustibles industriales. Combustóleo y gas natural por delante.
Justo con los llamados precios de venta de primera mano. Incluso –y por cierto– se diseñaron mecanismos de seguimiento del impacto de estos movimientos internacionales –y siempre y sin duda, del tipo de cambio– en los diversos cargos de las tarifas eléctricas comerciales, industriales y doméstica de alto consumo. De manera específica en las tarifas horarias en las que –desde poco antes del inicio de los años 90– se identificaron las diferencias horarias de costos de generación, transmisión, distribución y suministro de electricidad. ¡Ni hablar! Así fue. Como también fue evidente –asunto de amplio debate– determinar costos de refinación con base en su equivalente internacional. ¿Qué significa esto? En primerísimo lugar que las refinerías de México no recibirían más –como acaso sucedió en las décadas anteriores– el barril de crudo a un precio determinado por el costo individual de producción. Sí, en cambio, al precio al que Pemex lograría comercializar externamente su barril de crudo en el mercado relevante. De nuevo en este caso el de la costa norte del Golfo de México.
¿Se imagina usted que las refinerías mexicanas empezaran a tener que pagar el crudo a ese referente internacional menos, desde luego, los ajustes de logística? Es decir –y sólo a manera de ejemplo– tener que entregar a Pemex Exploración y Producción no menos de 30 dólares por barril –por poner una de las cifras registradas en los pasados 25 años– cuando su producción interna no superaba los cinco o los ocho dólares, por ejemplo? Incluso hoy, tener que entregar no menos de 45 dólares por barril cuando –pese a todo– el costo interno de producción es menor?
Claro que usted me podrá decir que esto se explica –entre otras cosas e independientemente de la racional que lo guía– en la secular sangría gubernamenta de los excedentes petroleros. Sí, de los famosos derechos de extracción de hidrocarburos, derivados de la mayor fertilidad y la mejor ubicación (respecto de Estados Unidos, por ejemplo) de nuestros yacimientos petroleros. Entre otras cosas, esto permitió la bajísima participación de los ingresos tributarios en el producto. ¡Siempre menos de 10 por ciento! No profundizaré más en esto. Sólo indico estos dos puntos de debate vinculados al nuevo esquema de apertura en gasolinas. El papel normalizado que se había dado al IEPS. Y el reconocimiento implícito de la venta interna del crudo mexicano a las refinerías mexicanas a precios internacionales equivalentes.
Analistas de todo mi respeto consideran que es mejor que parte de ese excedente –mientras lo tengamos todavía– debiera traducirse en precios menores de gasolinas y diésel. Y eso porque el manejo histórico gubernamental de los excedente petroleros no resiste todas las pruebas de racionalidad y honestidad. Hay ejemplos múltiples para probarlo. Pero también porque el discurso gubernamental sobre el nuevo esquema de precios tiene terribles fallas. Menciono dos. Una primera es hablar de precios justos. ¿Qué es eso? Por favor. ¡Que venga Tomás de Aquino! Y una segunda no mencionar –ni por asomo– la relevancia de una tributación severa –sí, severa– frente a la tremenda realidad del cambio climático.
Pero claro, mientras lo que haya y se promueva sean automóviles y camiones, y autopistas y carreteras, ninguna política seria en este sentido se sostiene. Termino diciendo que los precios internacionales tuvieron una leve alza hasta el 6 de marzo. Luego han bajado un poco. Pero el tipo de cambio ha bajado. Poco pero sí. Por eso tenemos menos presión a los cambios diarios. Pero el resto del año vendrán precios externos crecientes. Y un tipo de cambio que no bajará mucho. Por eso… pues por eso, las gasolinas subirán. Sin duda.

3/15/2017

El gasolinazo y la liberalización del mercado de petróleo



Brecha

El gobierno mexicano comenzó el año con una medida impopular que causó centenas de movilizaciones en 30 ciudades del país, cuando decidió ajustar hasta en un 20 por ciento el precio de venta al público de los combustibles. Catedráticos afirman que el ajuste es un requisito para avanzar en la privatización de un mercado hasta entonces estatal y monopólico.
El gasolinazo fue anunciado como una decisión del gobierno federal, encabezado por Enrique Peña Nieto, para alinear los precios internos del combustible (naftas y gasoil) con los del mercado internacional. Así, se fijó un cronograma de ajustes de precios de venta al público que comenzó con un aumento de hasta 20 por ciento, continuó con dos ajustes en febrero que no se hicieron, y a partir del 18 de ese mes el precio de las gasolinas fluctúa día a día, con una diferencia ya anunciada de hasta 50 centavos por litro.
“La decisión fue tomada de cara al proceso de integración energética con Estados Unidos, pero no sólo generó irritación social, sino una preocupación fundada en los impactos inflacionarios que tendrá, de manera profusa, en otros precios de la economía mexicana”, explica el maestro en políticas públicas Eduardo Vega López, director de la Facultad de Economía de la Unam.
“En enero ya se rebasaron las perspectivas de inflación quincenal de 1,5 por ciento, cuando anualizada para el año 2017 era de cuatro puntos porcentuales. Para el cierre del mes la inflación se ubicó en 1,8 por ciento, y se espera que la anualizada, con el alza del precio de los combustibles, rebase los seis puntos en el año. Esto significa malas noticias durante todo el año para el bolsillo de los mexicanos”, agregó.
El catedrático argumentó que otro cantar sería si el aumento se hubiese planificado como parte de una política pública que pretendiera corregir cuestiones como el cambio climático, pero afirma que la decisión está directamente relacionada con el proceso de apertura a las importaciones de nafta y gasoil, cuya producción hasta el 1 de enero era monopolio de Petróleos Mexicanos, Pemex.
Sigue el director de la Facultad de Economía: “Cuando el gobierno aprobó la reforma energética, en 2014, decidió abrir el mercado de combustibles a la inversión privada, argumentando que al haber otros productores que compitieran con Pemex se daría un abatimiento de los precios. Ahora vemos que está sucediendo todo lo contrario”.
¿El gasolinazo es el primer paso tangible de esta reforma estructural? “Sí, aunque el discurso del gobierno sea distinto y lo explique como una respuesta a la coyuntura de los precios internacionales.”
El día que el precio de las gasolinas comenzó a ajustarse diariamente, Peña Nieto convocó a una inédita reunión en Los Pinos, en el salón donde suele reunirse con sus secretarios de Estado, con una parte de los periodistas y directores de los medios masivos de comunicación. Treinta y un “líderes de opinión” escucharon las explicaciones del primer mandatario sobre cómo funciona la fórmula para ajustar los precios diariamente. Se hace con base en dos variables: el precio internacional del petróleo y la relación entre el peso mexicano y el dólar, dijo.
“La coyuntura de enero fue devaluatoria para el peso, lo que incrementa los precios de todo lo importado. Es posible que la situación del gasolinazo se repita, porque ahora estamos dejando que el mercado internacional decida el precio de venta interno”, agregó Vega López.
Alejandro Álvarez Béjar prefiere presentarse como “socioeconomista”, es también profesor de la Unam y está asociado al Comité 68. Explicó que aunque el esquema del gasolinazo sea complicado de entender, la gente vio que ese aumento brusco impactará en cascada sobre el resto de los precios, principalmente en los de los productos de primera necesidad. Y sostuvo que en realidad el anuncio adelantó la liberalización del precio de las gasolinas, algo que originalmente la Secretaría de Hacienda tenía previsto para 2018 y que nunca se explicó públicamente por qué se hizo un año antes.
“El gobierno argumentó que era necesario cambiar la forma en que se fija el precio de la gasolina diciendo que la ley de la oferta y la demanda (y ya no un precio controlado monopólicamente por Pemex) va a bajar a la larga los precios al consumidor, pero se eligió para hacerlo un momento en que el peso tiene una devaluación significativa.” Por otra parte, explica Álvarez Béjar, en el mercado de Texas, de donde se abastece la mayor parte de México, el petróleo está especialmente bajo (es el más barato de Estados Unidos) desde hace siete u ocho años. “Atendiendo al mecanismo previsto, resulta inexplicable por qué un aumento tan drástico. Lo que está realmente detrás es que los nuevos grupos que van a distribuir la gasolina, los privados que entran en este mercado, exigieron una especie de cobertura del riesgo cambiario, haciendo que el ajuste del precio de venta al público sea el que cubra sus inversiones futuras. Se están adelantando a lo que pueden llegar a perder: el gasolinazo es el colchón que exigieron los empresarios privados para entrar al negocio local.”
El problema, coinciden ambos expertos, es que casi un tercio del ingreso del gobierno federal proviene de la renta petrolera. Así, el otro gran flanco que abre el gasolinazo está asociado a las finanzas públicas. “En México se decidió, décadas atrás, que más del 40 por ciento del presupuesto federal se respaldara con recursos provenientes de la venta del petróleo. Ahora, al abrir la importación desmedida de combustibles, Pemex va a dejar de captar los recursos que antes captaba, entonces ¿de dónde se va a financiar el gasto público?”, cuestionó Vega. Lo van a financiar los consumidores de las gasolinas, los que salieron a protestar a las calles en más de 30 ciudades mexicanas, que van a pagar de más.
“Con ese nivel de aumento el gobierno podrá captar unos 300 millones de pesos en recursos fiscales que necesita para tener margen de acción en 2018, año electoral. Pasó directamente la carga de la financiación pública a la población y pretende que eso pase sin disconformidad”, dijo Álvarez Béjar.
Así, el gasolinazo se explica de manera doble: fue un ajuste ocasionado por la presión del lobby empresarial del petróleo y, a la vez, la nueva fuente de ingresos para el presupuesto federal.
Chau Pemex
La parte conflictiva de todo esto, entiende Álvarez Béjar, es que mientras la liberalización avanzaba en los planes gubernamentales, se le iban imponiendo recortes a la empresa estatal. “La actividad en la zona petrolera del sureste está paralizada desde hace meses porque Pemex dejó de pagar a sus proveedores. Estos ajustes ya han provocado el despido de miles de trabajadores en Chiapas, Campeche, Quintana Roo, Yucatán y Tabasco, y provocaron una contracción de la actividad económica en esa región”, agregó. Mientras, en el norte, sobre todo en la frontera con Estados Unidos, como en Mexicali, Baja California, la respuesta social también ha sido muy fuerte porque el transporte público es malo y todo el mundo depende de los autos para trasladarse.
“Pemex ya trabaja a la mitad de su potencial, está sobreendeudada, y si atendemos a que el dinamismo de una región entera depende de esa empresa, la situación se vuelve una locura completa. ¿Quién sobreendeudó a Pemex? ¿Quién acabó con las reservas del petróleo mexicano? Decidieron exportar el crudo a Estados Unidos, dejaron de invertir en refinerías, estancaron la producción nacional. El deterioro de la capacidad productiva de Pemex fue deliberado”, afirma Álvarez Béjar.
¿Pemex está siendo desmantelada? Responde Vega López: “En 2009 se tomó la decisión de construir una refinería en el estado de Hidalgo, se hizo la licitación pero nunca se llevó a cabo. Las inversiones no han llegado de manera masiva al país como se especulaba, y las que llegaron están usando la infraestructura de Pemex. No hay inversión directa nueva porque las trasnacionales están arrendando las estaciones, los ductos, todo lo ya existente para suministrar los combustibles que ellos importan. La importación desregulada de gasolinas y diésel no incentiva la inversión directa”.
Álvarez Béjar no duda de que la economía mexicana ya vive una situación de fragilidad, en la que crece la deuda y decae el producto bruto interno. “Llevamos más de dos meses con protestas populares que se van a mantener. El segundo ajuste del gasolinazo fue congelado por temor a la protesta social. El mecanismo propuesto para ajustar el precio a futuro es enredado y falso. Están comprando la gasolina más barata que nunca y la venden más cara que nunca. ¿Quién les cree ya?”
Lo que también aparece en el horizonte como “daño colateral” del gasolinazo, apunta el director de la Facultad de Economía, es que se están sentando las bases para que México se vuelque –como lo ha hecho Estados Unidos durante los últimos diez años– a la explotación del shale gas en lugar del petróleo.
“Desde el punto de vista energético y ambiental eso sería poco recomendable. La extracción del gas de lutitas (también llamado de esquisto) no es como sacar petróleo. Es más difícil acceder a él porque implica fracturar rocas muy profundas del subsuelo para extraerlo”, advierte Vega. El fracking es la técnica utilizada para esto, y requiere grandes inversiones y tecnología de punta que sólo manejan los grandes conglomerados mundiales de energía. Una vez más, los beneficiados son los emporios trasnacionales. “Lo peor de esta técnica es que lleva a inyectar miles de metros cúbicos de agua por segundo en el subsuelo, en un país donde la escasez de este recurso ya está generando problemas”, concluyó Vega.
Mientras tanto, en el primer día de marzo, el quilo de tortillas de maíz –base de toda la comida mexicana– costaba 16 pesos. Hace un año costaba 11.

3/05/2017

Los precios de las gasolinas: la tercera



José Antonio Rojas Nieto
La Jornada 
¿Cuántos refinados produjo en 2016 Pemex Refinación, la empresa agrupada hoy con otras actividades en Pemex Transformación Industrial? Un monto de 933 mil barriles diarios. ¿Cuántos vendió internamente? Un millón 648 mil al día. De ellos, un millón 286 mil barriles diarios corresponden a gasolinas, diésel y turbosinas. Y en ese mismo año, la importación de estos tres refinados le representó 90 por ciento de un total de 804 mil barriles diarios de petrolíferos importados. Esto es expresión de una capacidad utilizada de destilación primaria de apenas 57 por ciento. Ya se refina menos de un millón de barriles diarios.
Los números de años anteriores –por ejemplo 2015 y 2014– no dejan de ser tan dramáticos como éstos. Acaso un poco menos. Pero sólo un poco. Utilización de refinerías de 69 por ciento en 2014. Y de 65 por ciento en 2015. Importación de 41 por ciento de gasolinas, diésel y turbosina de las ventas internas en 2014. Y de 48 por ciento del total de ventas internas de estos productos en 2015. Y –de nuevo– importación de 56 por ciento de gasolinas y diésel comercializados internamente en 2016. Adecuado o inadecuado, lo cierto es que la pérdida neta de Pemex Refinación en 2014 fue de 75 mil 409 millones de pesos. Cinco mil 700 millones de dólares con tipo de cambio fix del Banco de México de ese año. Y 62 mil 711 millones de pesos de pérdida neta en 2015, equivalentes a casi 4 mil millones de dólares, también con el mismo tipo de cambio pero en 2015.
No es fácil señalar los resultados de 2016 por la nueva contabilidad agregada de Pemex Transformación Industrial. Se requiere trabajar más a detalle la contabilidad específica del hoy famoso TRI de Pemex. Específicamente lo que antes era la información por segmentos. ¡Habrá que hacerlo! Pero no hay sorpresas en el cálculo de la diferencia entre los ingresos por ventas totales y costo de lo vendido. Aunque –preciso es decirlo– el costo de lo vendido está evaluado a precios internacionales con los ajustes de calidad y de logística correspondientes.
¿Qué referentes internacionales tenemos? Ante todo los precios de Estados Unidos. Conviene decir, por ejemplo, que el costo de la refinación reconocido en Estados Unidos en estos mismos años 2014 a 2016 ha sido, respectivamente, de 15, 20 y 16 dólares por barril, respectivamente. Un promedio del orden de 17 dólares por barril. Así, de un precio medio de la gasolina regular de 141, 102 y 90 dólares por barril, respectivamente, el costo atribuido a la refinación y al margen de beneficio de esta actividad, equivale a 10, 18 y a 20 por ciento del precio en bomba. En promedio móvil del orden de cinco años cerca de 14 por ciento del precio final. En esos mismos tres años, por cierto, el precio del crudo representó 65, 48 y 45 por ciento del mismo precio final en bomba de la gasolina regular en Estados Unidos. Y para el mismo promedio móvil de cinco años, el crudo representa cerca de 60 por ciento, con 76 dólares por barril.
Allá mismo el peso de los impuestos –federales, estatales y locales– en el precio final fue de 13, 19 y 21 por ciento, respectivamente; en 2014, 2015 y 2016, equivalentes a 18 dólares básicamente. El peso de los impuestos también en un promedio móvil de cinco años, equivale justamente a 18 dólares por barril. Y una proporción del precio final cercana a 15 por ciento. Hagamos una síntesis de esta estructura considerando, precisamente, este promedio móvil de cinco años, es decir, de 2012 a 2016. Precio final de la gasolina regular de 126 dólares por barril en promedio móvil de cinco años. Corresponde a un crudo con un precio de 77 dólares, que representa 60 por ciento del precio final de la gasolina. Los costos específicos de refinación son –en este mismo promedio móvil de cinco años– de 17 dólares y representan 14 por ciento del precio final (el famoso Retail Price de Estados Unidos). Y los de distribución y comercialización llegan a un orden de 15 dólares por barril, con una participación de 12 por ciento. Sumemos crudo, refinación y distribución y comercialización de referencia en Estados Unidos. Alcanzamos 109 dólares por barril, de un precio final de 126. Es decir, estos tres rubros representan –en términos redondos– 86 por ciento del precio final. El 14 por ciento restante, cercano de 18 dólares corresponde a los impuestos. En los hechos esta estructura se impone en lo fundamental a la refinación en México. No sólo por la cada vez menor utilización de la capacidad instalada. Y el creciente volumen de importación de gasolinas, diésel y turbosina. También por la exportación de crudo, que impone precio del crudo de referencia que ingresa a la refinación interna. El famoso costo de oportunidad. El gobierno de México desea que permanezca estable el peso de los impuestos en los petrolíferos comercializados internamente. Es decir, el que llamamos IEPS básico y el impuesto más significativo del precio final. El IEPS de combustibles fósiles, cuya caricatura debe corregirse algún día. Y el IEPS que va a municipios y estado y que –es conveniente mencionarlo una vez más– no ingresa en el cálculo del IVA. Por esa misma razón el IVA del precio en la bomba es un poco inferior a 16 por ciento.
Digámoslo de nuevo. Con la nueva política de precios libres se espera que el volumen de impuestos –además del IVA, los tres tipos de IEPS– se mantenga estable. Y que los precios en las gasolineras varíen –en primer término y en lo fundamental– por la modificación que los cambios en los precios del crudo y en la demanda originen en los precios de referencia de las gasolinas. Y en segundo término, por las variaciones del tipo de cambio. Y eso, precisamente eso, es lo que nos espera en el futuro. Precios finales de gasolinas y diésel dependientes de impuestos básicamente estables. Asimismo de variaciones en las cotizaciones de referencia, en lo fundamental ascendentes en los próximos años. Y, finalmente, de un tipo de cambio que –si la lógica y la racionalidad se impusieran– debiera recuperarse; es decir, no seguir permanentemente subvaluado. Sin duda.


2/20/2017

Trump y gasolinazo derrumban economía mexicana


By Nancy Flores / @Nancy_Contra

En medio del estancamiento, dos factores vuelven casi inviable la economía mexicana para lo que resta del gobierno de Enrique Peña Nieto: el llamado gasolinazo –impulsado por la administración federal– y las políticas en contra de México que promueve Donald Trump, presidente de Estados Unidos.

Ambos factores se insertan en un contexto nacional de deterioro de las condiciones económicas, explica a Contralínea la doctora en economía María de la Luz Arriaga Lemus. También, condicionan los próximos 2 años a una crisis que resentirán los bolsillos de las mayorías.
“Realmente no hay crecimiento económico: estamos en alrededor de un 2 por ciento, cuando la población crece más; tenemos un gran desempleo; una pérdida del poder adquisitivo no sólo en términos del salario directo, sino del salario social, con restricciones en los gastos en salud, educación, etcétera; además de una creciente concentración de la riqueza y una gran desigualdad.”
La tendencia regresiva en México es preocupante, pues se conduce hacia niveles de desigualdad e inequidad similares a los de 1935, “cuando alrededor del 75 por ciento del ingreso nacional le correspondía a los ingresos por capital, mientras que el restante 25 por ciento era repartido entre la población trabajadora”, indica el Informe anual del Observatorio de Salarios 2016. Los salarios y la desigualdad en México, de la Universidad Iberoamericana campus Puebla.
Según el análisis, de 1976 a la fecha el salario mínimo ha perdido el 80 por ciento de su poder de compra impactando a toda la estructura de trabajadores. Además, de 2005 a 2016, la población asalariada mostró una tendencia a adquirir menos canastas alimentarias.
La doctora Arriaga Lemus explica que la actual crisis se debe a que quienes han gobernado el país promueven políticas para que la economía sea más vulnerable y dependiente de la de Estados Unidos.
Para la investigadora de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) e integrante del Centro de Análisis de Coyuntura Económica, Política y Social, “la apertura de la economía ha sido intencional: darle facilidades al capital trasnacional para que entre irrestrictamente en cualquier rama de la industria, en cualquier servicio e incluso en la educación y la salud. Eso es intencional”.
Así es como se explica la tendencia a profundizar el modelo neoliberal con políticas públicas dañinas para la mayoría de los mexicanos, como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y las llamadas reformas estructurales, en particular la energética.

Juan José Dávalos, académico de la Facultad de Economía, explica a Contralínea que la subordinación de México a Estados Unidos es resultado de un proceso que se inició a fines del siglo XX: “una integración subordinada que terminó convirtiéndose en una dependencia increíble: hemos perdido la capacidad de ser autosuficientes en elementos muy importantes para cualquier país, como en los alimentos (el campo está devastado; los únicos que han ganado son pequeños núcleos de agroexportadores, en los cuales están metidas las corporaciones extranjeras), la energía, el mercado laboral (bajos salarios y una expulsión enorme de fuerza de trabajo al extranjero) y el sector financiero”.


De este último punto, advierte que los destinos del uso de los flujos de capital están determinados casi en 90 por ciento por bancos extranjeros, que cobran altas utilidades porque aseguran que tienen un gran riesgo, a pesar de que están subsidiados. “La banca se extranjerizó, se remató y, con todo y eso, se sigue pagando el famoso rescate”.

El gasolinazo

A este deterioro de las condiciones económicas se suman los efectos negativos del alza al precio de los combustibles –producto de la anticipada liberalización– y de las políticas de Trump.
“El gasolinazo es la gota que derrama el vaso. Es el ejemplo claro de cómo deprimieron la producción de gasolinas: las refinerías están funcionando al 40 por ciento de su capacidad en un momento en el cual estamos importando [la mayoría del consumo]. Eso es carísimo”, señala en entrevista la doctora Arriaga Lemus.
En su ensayo El gasolinazo: atraco al pueblo en plena luz del día, el doctor en economía Alejandro Álvarez Béjar señala que el adelanto de la liberalización del precio de los energéticos es el primer paso para la apertura al capital privado, nacional y extranjero, del mercado interno de petrolíferos. El negocio ronda los 70 mil millones de dólares anuales.
Para el investigador y académico de la UNAM, con este nuevo esquema de alza de precios, el gobierno recaudará –a través de los impuestos especial a la producción y los servicios y al valor agregado–casi 300 mil millones de pesos, además de beneficiar a grandes grupos monopólicos privados, nacionales y extranjeros.
El alza de los precios de los combustibles afecta directamente el mercado interno, al alterar los precios de productos –en especial los de primera necesidad: canasta básica y medicamentos– y servicios. La afectación es para los consumidores finales, que además tienen un salario pulverizado.
A la par de la liberalización del mercado de combustibles, el académico Juan José Dávalos observa que hay una problemática vinculada a los créditos que propició la reforma energética. “El mayor error estuvo en que auguraron que ese modelo de reforma energética, además de darles ingresos a los privados, daría recursos al gobierno y, optimistamente, se pusieron a contratar deuda e inflaron las expectativas. Y la realidad es que ese modelo fracasó”.

Trump quebrará el neoliberalismo mexicano

Vigente desde 1982, el modelo neoliberal aplicado en el país –que sólo ha beneficiado entre el 3 y el 5 por ciento de la población– tiene efectos desastrosos, como el hecho de que el trabajo informal se acerca a un 60 por ciento del total de la población económicamente activa, observa el doctor en estudios sociales José Valenzuela Feijóo, académico de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
En su ensayo Unidad nacional: ¿para qué y entre quiénes?, advierte que “las perspectivas [económicas] para los próximos 2 años [los últimos del gobierno de Peña Nieto] son aún peores”.
Ello, porque a partir de la política proteccionista y de reestructuración del TLCAN, el triunfo de Trump en Estados Unidos podría provocar un serio quebranto en el funcionamiento del neoliberalismo mexicano. Para el académico de la UAM, la política económica del presidente estadunidense dañará seriamente ese modelo económico que tanto ha beneficiado a la cúpula neoliberal mexicana.
En lo que resta de este gobierno, “no vamos a crecer, no va a haber más riqueza, no va a haber mejores pensiones ni mayor intervención del Estado, a menos que los mexicanos peleemos y tomemos en nuestras manos la defensa de nuestra economía, en una integración respetable para México y un replanteamiento del desarrollo en América del Norte”, dice en entrevista, el economista Juan José Dávalos.
“Lo que viene es una situación de abuso: es la precariedad de dos terceras partes de la población mexicana”. Para los próximos meses se espera un empeoramiento de la economía, advierte. “Eso ya lo estamos viendo con el ahorcamiento presupuestal del gasto del Estado para el presupuesto 2017, que tiene que ver en gran medida con el pago de deudas al extranjero”.
La doctora María de la Luz Arriaga considera que “lo que nos espera en los próximos 2 años va a ser un periodo muy difícil: va a prevalecer la incertidumbre de hasta dónde Trump quiere renegociar el Tratado de Libre Comercio, que ya era adverso para México y que ahora va a ser peor”.
Y es que, explica, en vez de crear muchos empleos, el Tratado “nos hizo más dependientes. Muchas de las empresas productoras se convirtieron en comercializadoras: ya no hay fábricas y eso nos hace más dependientes. El campo mexicano está igual: dependemos mucho de la compra de alimentos”. Actualmente, el gobierno admite que el 94 por ciento de las semillas que se consumen en México son importadas.
“El TLCAN abrió totalmente nuestra economía buscando que hubiera mayor exportación de manufacturas a Estados Unidos pero, por las asimetrías que hay entre la economía mexicana, estadunidense y canadiense, lo que hizo fue que las pocas empresas mexicanas que fabricaban con niveles de alta productividad empezaran a quebrar, y lo que hubo fue fusiones con las grandes empresas trasnacionales. ¿Quiénes fueron los beneficiados? Las trasnacionales, como la industria automotriz”.

Profundización del abuso, ruta que escoge el gobierno

Ante este panorama crítico, el gobierno federal tendría dos salidas: la primera de ellas, que es hacia la cual se está inclinando, desfavorece al pueblo al profundizar el neoliberalismo por la vía autoritaria; la segunda, es abandonar el actual modelo económico para incentivar el mercado interno.

Para la doctora Arriaga Lemus, la salida totalmente autoritaria se daría en un contexto en el cual aumenta la protesta social. Esta vía podría propiciar una reactivación de la política neoliberal mucho más agresiva. “Es decir, que nos deje en peores condiciones de dominio sobre nuestros recursos frente a economías como Estados Unidos. Y hacia eso están caminando [los representantes del gobierno federal]”.
La académica advierte que la nueva Ley de Seguridad Interior –que aún se discute en el Congreso–, que busca justificar que el Ejército esté en las calles, es parte de esa ruta autoritaria.
“Si siguen apostando a un mayor despojo, pues la gente ya no está en condiciones de soportarlo. Las protestas frente al gasolinazo fueron una llamada de atención fuerte. Porque ni siquiera con las protestas de los maestros los últimos 3 años se vieron tan preocupados. Ahora sí era la población en general y en todo el país.”
Para México, la otra salida –que está siendo ignorada por el gobierno– consiste en una reformulación del modelo que apueste al mercado interno en el desarrollo económico, y debe estar empujada desde los sectores populares, indica la doctora en economía.
“Tiene que cambiar el modelo económico. No es fácil: modificar la estructura productiva que se tenía para hacernos más vulnerables, hoy dependientes, tomó 25 años. Regresar o mover el modelo para que haya una producción para el mercado interno, pues va a tardar; no es una solución de corto, sino de mediano plazo. Puede ser menos de 25-30 años, y hay medidas inmediatas que ayudarían a cambiar el modelo, como invertir en la industria de la refinación de petróleo.”
La doctora Arriaga Lemus indica que la inversión debe ser pública, porque la privada no genera empleos ni hace más productiva la economía mexicana: “llega nada más a fusionar, a comerse a las empresas que ya están establecidas. No crea nuevas empresas”. Además, recorta personal.
“El mercado interno no quiere decir sólo que haya más producción, sino que para que el mercado interno funcione tiene que haber consumo y para eso debe haber poder adquisitivo: aumentos salariales, empleo. Y para que haya empleo tiene que  haber inversión: es un círculo y no va a venir del sector privado, tiene que venir del público.”

Para que eso pase, dice, “tienen que dejar de mentir, dejar de decir que no hay dinero, porque sí hay: México genera mucha riqueza. Pero, dónde está: tenemos una deuda pública externa e interna que se lleva la riqueza al extranjero o a la especulación financiera. Quienes han ganado son precisamente los capitalistas que están en esos sectores; esto es muy importante, porque sí hay dinero”.


Ante la crisis que se avecina, la preocupación que muchos tienen es qué hacer, detalla la doctora Arriaga Lemus. “Hay que luchar. No hay de otra.  Hay que organizarse, porque en lo individual puedes encontrar algunas salidas –no endeudarte en dólares, no aceptar créditos en dólares o con tasas movibles de interés; comprar dólares o divisas; invertir en bienes raíces por la volatilidad–, pero estas soluciones tienen un límite muy acotado y no son suficientes porque este problema nos rebasa”.

Gobierno recorta 118 mil millones a programas prioritarios de desarrollo social

Los programas de desarrollo social sujetos a reglas de operación y otros subsidios destinados a los mexicanos más pobres sufrieron un severo recorte en el Presupuesto de Egresos 2017. Entre éstos, destaca el Seguro Popular, que tiene como principal objetivo dar cobertura en salud a los millones de personas en situación de miseria.
Pese a ser considerado como fuertemente prioritario por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), a dicho programa se le destinará un presupuesto 6 mil 734.7 millones de pesos menor al de 2016, revela el Centro de Estudios de las Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados.
También catalogados como prioritarios, otros programas afectados por la “austeridad” gubernamental son: Agua Potable, Drenaje y Tratamiento, al que se le aprobaron 6 mil 567.7 millones menos que el año pasado; Tratamiento de Aguas Residuales, al que definitivamente no se le asignaron recursos directos para 2017, pues fue fusionado con el primero.
A la lista de programas altamente prioritarios que registran reducciones en sus asignaciones presupuestales se suman los programas de Infraestructura, con 5 mil 300 millones de pesos; Seguro Médico Siglo XXI, con una reducción de 729.9 millones de pesos; de Apoyo a la Vivienda, con un presupuesto menor en 500 millones; Pensión para Adultos Mayores, con un déficit de 486 millones; PROSPERA Programa de Inclusión Social, con un recorte de 143.2 millones; y Comedores Comunitarios, con una merma de 91 millones de pesos.
Para el Centro de Estudios de las Finanzas Públicas, destaca la reducción al Programa de Infraestructura Indígena –catalogado por Coneval como ligeramente prioritario–, al que se le recortaron 5 mil 326.5 millones de pesos. La importante contracción presupuestal se da a pesar de su contribución a la creación de infraestructura básica, considera el análisis, “pues su objetivo es brindar apoyos para la construcción de obras de infraestructura, principalmente de agua potable, drenaje y saneamiento en comunidades indígenas”.

De acuerdo con el análisis, los recursos de 2017 para desarrollo social prácticamente se mantuvieron igual que los de 2016, “pues el monto aprobado se redujo sólo en 0.1 por ciento en términos reales”. No obstante, los recursos aprobados para pensiones y jubilaciones aumentaron a tasa real 16.1 por ciento y los recursos para los programas sujetos a reglas de operación y otros subsidios cayeron, en términos reales, 18.1 y 35.6 por ciento, respectivamente.

Estos últimos  pasaron de un presupuesto de 478 mil 735.9 millones de pesos en 2016, a uno de 360 mil 602.4 millones en 2017, esto es que se redujeron sus recursos en 118 mil 133.5 millones, lo que en términos reales significa una caída del 27.1 por ciento.
Nancy Flores
[BLOQUE: INVESTIGACIÓN][SECCIÓN: CAPITALES]
Contralínea 527 / del 19 al 25 de Febrero 2017

2/19/2017

Precios de las gasolinas: la segunda



José Antonio Rojas Nieto
La Jornada 
Me solicitan amables lectores el monto total –gasolinas y diésel y otros productos– del impuesto especial sobre producción y servicios (IEPS). ¿Por qué? Para descubrir la relevancia fiscal del IEPS. Y para notar que hay casos en que el IEPS se acredita. Por ejemplo en el diésel industrial utilizado en la generación eléctrica. Y desde hace más de 25 años. Por eso se sigue el comportamiento de su precio sin IEPS. Además de los precios de combustóleo, gas natural y carbón nacional e importado. En conjunto determinan –de acuerdo con su peso en la generación proveniente de fuentes fósiles– el ajuste mensual de los cargos tarifarios de más de dos tercios de la electricidad. Sí, de la proporcionada por el tradicional servicio público. Y cuya fase comercial se agrupa hoy en dos empresas: Suministro Básico y Suministro Calificado. Digo más de dos tercios porque los cargos de la electricidad que conserva subsidio –más de 100 mil millones de pesos según los más recientes datos oficiales y destinados a usuarios residenciales de bajo consumo y del bombeo de aguas para riego agrícola– no experimentan ese ajuste mensual.
Pasemos al monto del IEPS. Y a contextualizar su relevancia. En 2016 los ingresos gubernamentales por concepto de IEPS alcanzaron –Hacienda dixit– 411 mil 389 millones de pesos, es decir, 22 mil millones de dólares de 2016 si usamos el promedio anual del tipo de cambio (FIX fecha de determinación del Banco de México). En 2015 el monto fue de 354 mil 294 millones de pesos, equivalente a 22 mil 327 millones de dólares de 2015. ¿Cuánto representan estos montos en los ingresos tributarios? ¿Y cuál es, a su vez, la parte de dicho monto recaudada por enajenación o importación de combustibles automotrices, es decir, gasolina de menos de 92 octanos (Magna), gasolina de más de 92 octanos (Premium) y diésel automotriz? Tanto en 2015 como en 2016 el IEPS total representó 15 por ciento de los ingresos gubernamentales reconocidos oficialmente como tributarios.
Evidentemente en esos ingresos tributarios se incluyen los dos impuestos más importantes de México. Primero, el impuesto sobre la renta (ISR) ,del orden de 72 mil millones de dólares en 2015 y 2016. Y con una participación de 52 por ciento en los ingresos tributarios en ambos años. Segundo, el impuesto al valor agregado (IVA), con participaciones de 30 y 29 por ciento en dichos años. Y montos de poco más de 44 y 42 mil millones de dólares en 2015 y 2016, respectivamente. Esto significa que el IEPS es el tercer impuesto en importancia en el país. Y que dos tercios de dicho IEPS, es decir, alrededor de 10 por ciento de los ingresos tributarios totales, proviene de la enajenación e importación de gasolinas y diésel.
Evidentemente, el IEPS no es la joya de la corona. Pero sí una de sus alhajas más preciadas. ¿Se imagina usted, un fisco sin IEPS? Cuentas simples. La suma de ISR, IVA y IEPS total (gasolinas, diésel y la larga serie de productos inscritos en este gravamen como las bebidas alcohólicas, el tabaco, las bebidas saborizadas) representa 97 por ciento del total de ingresos tributarios. Montos de 145 y 141 miles de millones de dólares en 2015 y 2016, respectivamente. Y también respectivamente equivalentes a 12.6 y 13.5 por ciento del producto interno bruto (PIB) de esos dos años.
¡Albricias! Estamos frente a una novedad fiscal de extrema relevancia. Tradicionalmente el peso de los ingresos tributarios en el PIB nunca había superado 11 por ciento. En 2015 y 2016 ya lo hizo: 12.9 y 14 por ciento, respectivamente. ¿Pero por qué razón no lo había hecho? Por el lamentable complemento que representó desde 1977 el ingreso por concepto de derechos de extracción de hidrocarburos. ¡Parásitos fiscales en paraísos fiscales! Sustentados en la bondadosa fertilidad de los yacimientos de hidrocarburos mexicanos. Nada más. Nada menos. En especial –sin duda– Cantarell. Pero no sólo. Sin embargo, estos ingresos por derechos de extracción de hidrocarburos hoy se encuentran severamente disminuidos.
Tres razones para ello. Primera. A pesar de su recuperación reciente, la primera razón para ello es la baja internacional de precios del petróleo y del gas natural. Sólo recordemos que en 2008 –sólo en 2008– los derechos de extracción de hidrocarburos fueron 81 mil millones de dólares. En números fáciles mucho más de la mitad de todos los ingresos tributarios actuales. Segunda. La baja en la producción de crudo y de gas natural, precisamente por el decaimiento de Cantarell. Aquí también sólo recordemos que en 2004 produjimos crudo y gas equivalentes a mil 400 millones de barriles de hidrocarburos líquidos totales, es decir, 3 millones 825 mil barriles equivalentes al día. En 2016 produjimos 948 millones de barriles equivalentes, es decir, dos millones 591 mil barriles equivalentes al día. ¡Poco menos de 68 por ciento de lo producido en 2004! Tercera. La incipiente pero significativa participación de las empresas privadas en la explotación primaria de hidrocarburos. Es decir, no sólo se nos acaba el excedente petrolero, sino que, además, lo vamos a compartir.
No podemos seguir con la explotación petrolera. Ni primaria. Ni industrial. ¡A confesión de parte, relevo de pruebas!, dice Catalina, mi abogada. Atiendo las preguntas formuladas. Parte del trasfondo que está atrás del gasolinazo. Y si me lo permiten, en siguientes entregas abundaremos en la estructura del precio de gasolinas y diésel. Y en su interesante historia particular desde 1992. También abordaremos un poco los números oficiales del costo de producción de refinados. Con los números de Pemex Refinación. Y trataremos de explorar las alternativas fiscales de otros países para fortalecer sus ingresos. Sin dejar de dar un tratamiento fiscal severo al consumo de gasolinas y diésel. Pero pensando en alternativas de transporte. Y en la necesaria atención al problema de las emisiones de gases de efecto invernadero.
Todo esto nos comentó hace unos días Amrita Sen, prestigiada analista asociada al Instituto Oxford de Estudios de la Energía, en fecunda conversación con miembros del Observatorio Ciudadano de Energía. Lo veremos. Sin duda.

2/07/2017

El gasolinazo y la gobernabilidad



Luis Hernández Navarro
La Jornada 
Enero me gustó pa’ que te vayas, le cantan integrantes de la Asamblea del Pueblo a Francisco Kiko Vega, gobernador panista de Baja California, parafraseando la letra de Amarga Navidad, de José Alfredo Jiménez. Y, al grito de ¡Fuera Kiko!, exigen la renuncia del mandatario.
El malestar por el gasolinazo no cesa. El 28 de enero, una multitud enfurecida le exigió al gobernador una reunión, y cuando, en lugar de recibirlos él puso pies en polvorosa, lo persiguió al salir de sus oficinas, le gritó ratero y lo zarandeó. Entre empellones, su equipo de seguridad tuvo que emplearse a fondo para que su jefe terminara, sano y salvo, su graciosa huida.
Unos días después, el 2 de febrero, en Zacatecas, integrantes de la Asamblea Estatal de Resistencias Ciudadanas y Civiles tomaron el pleno del Congreso del estado. La asamblea está integrada por diversas organizaciones, campesinos y ciudadanos sin partido. Exige a los legisladores locales la realización de un periodo extraordinario de sesiones para derogar los impuestos que propuso el gobernador del PRI, Alejandro Tello Cristerna.
Los ocupantes del Congreso entonaron el Himno Nacional y guardaron un minuto de silencio por la Constitución Política de 1917, cuyo espíritu ha muerto. Efectuaron una sesión del pleno popular, y leyeron un exhorto en el que exigen: dar “marcha atrás al gasolinazo; eliminar el fuero, bonos y prerrogativas a legisladores y partidos políticos; reducir el salario de todos los diputados, y subsidio al campo.
El 26 de enero, integrantes del colectivo Guanajuato Despertó tomaron durante algunas horas las instalaciones del nuevo Palacio Legislativo en la entidad. Demandaron el desafuero inmediato del Presidente; revertir el aumento al precio de combustibles; la abrogación de las leyes contenidas en la reforma energética, y atender puntual y estrictamente otras demandas del pueblo.
Apenas el pasado 5 de febrero, 12 mil personas del movimiento No al gasolinazo marcharon en Hermosillo y trataron de ocupar el edificio del Congreso. Diversos problemas logísticos les impidieron hacerlo.
El 19 de enero, pobladores del Valle de Mezquital, Hidalgo, retuvieron en la batea de una camioneta a cuatro diputados locales del PRI durante una hora. Exigieron la presencia de los legisladores de la entidad, para derogar el aumento a las gasolinas y hacer justicia a los dos jóvenes de Ixmiquilpan asesinados por la Policía Federal el pasado 5 de enero.
Esa inconformidad está articulada en torno al Movimiento Civil contra el Gasolinazo. Acusan de traidor y vendido al alcalde panista Pascual Charrez. El 26 de enero sus integrantes llegaron a la presidencia municipal a caballo y en vehículos, y colocaron dos mantas contra el edil con mensajes como Pascual asesino, te olvidaste de quienes te apoyamos.
Simultáneamente a esas acciones, los más disímbolos grupos ciudadanos en prácticamente todo el país siguen protestando: tomas de casetas, obstrucción de carreteras y marchas pacíficas. Apenas el pasado primeo de febrero, en Reynosa, Tamaulipas, ex trabajadores de Pemex bloquearon la salida de pipas de una planta de la petrolera.
Estas protestas representan para las autoridades gubernamentales un severo problema de gobernabilidad. Lo son, al menos por seis razones.
Primero, porque si las distintas policías recibieran la orden de reprimir simultáneamente todas estas expresiones de rabia social, no podrían hacerlo por falta de elementos. En lugar de apaciguar los ánimos, el uso de la fuerza pública para desalojar plantas de Pemex y carreteras, radicalizó y extendió el encono social.
Segundo, porque los representantes del gobierno no tienen en muchos casos con quién negociar. Las organizaciones tradicionales y los partidos políticos fueron rebasados por la ola de enfado y, a más de cinco semanas de su estallido, siguen sin poder conducirla. Esos nuevos liderazgos emergentes son abiertamente antipartidos y han comenzado a estructurarse regionalmente, formado frentes y asociaciones, que garantizan la permanencia y continuidad de la protesta.
Tercero, porque el descontento ciudadano tiene una base pluriclasista. Aunque en las movilizaciones participan gremios organizados, su dinámica no es gremial. Eso hace que el gobierno no tenga margen para desmontar el encono ciudadano solucionando demandas laterales.
Cuarto, porque la lucha contra el gasolinazo se convirtió, en varios estados, en conducto para canalizar viejos agravios y problemas no solucionados. El aumento a los combustibles fue la gota que derramó el vaso de la inconformidad. El resultado final es un explosivo coctel de irritaciones sociales.
Quinto, porque el choque directo con gobernadores, la ocupación de congresos y el bloqueo masivo de oficinas públicas son un indicador de que la radicalidad y la extensión de la lucha social en el país está pasando a otro nivel. Estamos ante un grado de insubordinación ciudadana inédita, emparentada (aunque distinta) con la explosión solidaria hacia el EZLN que se vivió en 1994, con la lucha de la APPO en 2006 y con los 124 días de insurgencia magisterial de 2016.
Y sexto, porque la necesidad gubernamental de contar con recursos frescos y su pretensión de ofrecer márgenes de ganancia elevados a los inversionistas del sector, choca de frente con la demanda de dar marcha atrás al incremento de los precios de los hidrocarburos. Por lo pronto, la moviliación ciudadana obligó ya a la SHCP a cambiar su política.
Nada parece indicar que el sentimiento nacionalista abierto por la guerra comercial que Donald Trump declaró a México pueda suprimir o mitigar la expresión masiva de este profundo descontento. El enojo ciudadano es muy profundo y los variopintos llamados a la unidad nacional hechos por diversos actores no tienen asidero para atemperarlo. Con permiso de José Alfredo, la multitud le seguirá cantando a los políticos y funcionarios: Febrero me gustó pa’ que te vayas…
Twitter: @lhan55

2/05/2017

Subsidio a combustibles desapareció en 2009: Cámara de Diputados


By Nancy Flores / @Nancy_Contra
Aunque a inicios de este año el presidente Enrique Peña Nieto aseguró que el gasolinazo se debió a “factores exteriores” y, en un mensaje a la nación, afirmó que la “difícil” decisión de liberar los precios y “eliminar el subsidio” se tomó para no recortar programas sociales y garantizar empleos, esto no es verdad.
Un exhaustivo estudio de la Cámara de Diputados desmiente esa versión. Revela que a partir de 2009 el subsidio a los combustibles fue intermitente y que los mexicanos pagamos más de lo que en realidad determina el mercado internacional, pues los precios están artificialmente controlados por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.
Se trata del análisis Determinación de los precios, los subsidios y el régimen fiscal de las gasolinas y el diésel en México en el contexto de la reforma energética, elaborado por el maestro Reyes Tépach. Éste descubre que ahora pagamos más por los mismos combustibles que lo que sufragan en otros países.
“La actual crisis en los precios internacionales de los hidrocarburos debería ser la fuente de reducción del precio de los petrolíferos en México, sin embargo, éstos se incrementaron a finales de 2014 y se fijaron a un nivel relativamente alto para 2015, retomando sus deslizamientos a la alza en el 2016 debido a que son administrados o semi-administrados por el gobierno federal, haciéndolos inelásticos a la evolución del mercado internacional del petróleo.”
Por el contrario, el consumidor estadunidense “se beneficia de los periodos de abaratamiento de los hidrocarburos”; ello, porque los precios son elásticos a la evolución del mercado petrolero mundial. Según el estudio, en México, debido al sistema rígido de determinación de precios, “los consumidores domésticos enfrentan incrementos o congelamientos en periodos donde los precios de los hidrocarburos están descendiendo, haciéndolos a los cambios en los precios internacionales del petróleo.”
El análisis de la Dirección General de Servicios de Documentación, Información y Análisis también revela que los precios de las gasolinas y el diésel estuvieron subsidiados hasta 2008. Ese año, el gobierno instrumentó los deslizamientos semanales y mensuales de los precios internos para igualarlos con los que pagaban los consumidores de la Costa Golfo de Estados Unidos, y con ello eliminar el apoyo a favor de los consumidores domésticos.
Esta fase de deslizamientos concluyó el 1 de enero de 2015, cuando se comenzó con la política de precios máximos y mínimos, esquema vigente que genera diferenciales de precios en ambos países.
“Existía un subsidio si el precio de las gasolinas y el diésel que pagaban los consumidores en México era inferior a los observados en Estados Unidos. Su conformación generaba que el gobierno federal dejara de recaudar ingresos a través del impuesto especial a productos y servicios, en otras palabras, existe una transferencia de recursos públicos a favor de los consumidores de nuestro país, porque la tasa de este impuesto era negativa ante incrementos de los precios internacionales de los hidrocarburos”, observa el estudio.
Explica que en agosto de 2008, cuando inició la política de deslizamientos graduales de los precios de combustibles, el subsidio a la gasolina Premium era de 1.25 pesos por litro, porque en Estados Unidos se vendía en 10.38 y en México en 9.13.
Para entonces, el subsidio de la gasolina Magna era de 2.39 pesos por litro, porque en el país vecino costaba 9.72 pesos el litro y aquí, 7.33 pesos. Y el subsidio del diésel era de 4.87 pesos, porque en el mercado estadunidense se vendía en 11.35 y en el mexicano en 6.48 pesos por litro. Pero con el paso de los meses, ese apoyo desapareció.
“La política de deslizamientos graduales de los precios de las gasolinas igualó los precios internos con los observados en la Costa Golfo de Estados Unidos. En diciembre de 2008 el subsidio se revirtió: en México, los precios de las gasolinas eran superiores a los existentes en aquel país: la Premium se vendía en 9.57 y en Estados Unidos en 6.57 pesos por litro; el diferencial de precios en contra de los consumidores nacionales era de 3 pesos por litro. La Magna en México se vendía en 7.70 y en Estados Unidos en 5.65 pesos por litro; el diferencial era de 2.05 pesos por litro. El diésel mantenía un subsidio de 1.17 pesos por litro: en Estados Unidos se vendía en 8.50 y en México en 7.33 pesos por litro.”
Aunque el estudio admite que en 2009 los precios de ambas gasolinas se congelaron en el mercado nacional, “como una medida del gobierno federal para apoyar el ingreso de las familias en el contexto de la crisis financiera global”, para diciembre de ese año, la Premium era más cara en México que en Estados Unidos por 27 centavos por litro.
“A partir de diciembre de 2009, el gobierno federal reinició los deslizamientos ahora con frecuencias mensuales en los precios de las gasolinas y continúo con el incremento en los precios del diésel. En promedio, entre enero de 2010 y diciembre de 2014, el precio de la Premium en México fue más barata respecto a Estados Unidos por 0.46 pesos por litro. Para reducir el subsidio, en este periodo el gobierno federal en nuestro país autorizó 60 deslizamientos mensuales en los precios internos: 22 de 4 centavos; siete de 5 centavos; cuatro de 9 centavos; 20 de 11 centavos; y uno de 6, 7, 8, 10, 12 y 21 centavos por litro, respectivamente. Durante este periodo, el precio interno pasó de 9.66 a 14.11 pesos por litro, representando un incremento de 4.45 pesos por litro, equivalente al 46.07 por ciento respecto al precio vigente en enero de 2010.
“De julio de 2014 (cuando inició la crisis de los precios internacionales de los hidrocarburos) a diciembre de ese año (cuando concluye la etapa de los deslizamientos mensuales), el precio promedio de la gasolina Premium en México ha sido más cara que en Estados Unidos por 1.95 pesos por litro en promedio.

“Adicionalmente, con la reducción del precio del petróleo a nivel mundial y la depreciación del tipo de cambio, en diciembre de 2014, el diferencial de precios de esa gasolina se ha incrementado significativamente en contra de los consumidores nacionales: en ese mes la Premium se vendió 3.74 pesos por litro más cara que en Estados Unidos: aquí el precio al menudeo fue de 14.11, y en aquel país de 10.37 pesos por litro.

“A partir de enero de 2015 inició la política de precios máximos para simular un esquema de competencia; para todo ese año el precio se fijó en 14.38 pesos por litro. En 2016, el precio máximo ha variado, pasando en enero de 13.98 a 14.81 pesos por litro en diciembre. Este precio actualmente es 1.31 pesos por litro más caro que en Estados Unidos donde se vende en 13.50 pesos por litro”. Así las cosas con el gasolinazo.
Nancy Flores
[BLOQUE: OPINIÓN][SECCIÓN: AGENDA DE LA CORRUPCIÓN]
Contralínea 525 / del 05 al 11 de Febrero 2017

Precios de las gasolinas: la primera



José Antonio Rojas Nieto

Ingresemos al análisis del precio de las gasolinas. Así sea en temor y temblor, como diría San Pablo, dada la complejidad y la explosividad del caso. Y es que el asunto puede ser considerado extremadamente delicado. Económica, social y políticamente. Pero también puede resultar extremadamente simple. Ingresar al debate sobre la determinación del precio de las gasolinas (el diésel y, en general todos los petrolíferos) y, más aún, sobre sus efectos en la población y en el medio ambiente, nos lleva a sentir –justamente– ese temor y ese temblor. Debatir, por ejemplo, el concepto de costo utilizado por el gobierno para explicar los incrementos de enero, nos lleva a un terreno muy complejo. ¿Por qué? Porque en realidad, no se utiliza el costo de producción sino el costo de oportunidad. Y aquí –como en casi todos los ámbitos de las explicaciones económicas– hay grandes mentiras y grandes imprecisiones. Las que, por cierto, son usadas para ocultar movimientos especulativos y comportamientos parasitarios. ¡Sin duda!
Por eso con temor y temblor, pero con un ánimo de profundizar una discusión sobrepolitizada, ingresemos al debate. Artículos de calidad, como el presentado recientemente en La Jornada del investigador de la UAM Roberto Gutiérrez (http://observatorio.azc.uam.mx/mod_macro.php) abonan en el esclarecimiento de las mentiras y las verdades –si las hay– del discurso oficial. Y proporcionan elementos para repensar las opiniones colectivas sobre este asunto de delicadeza extrema. También mesas de discusión como la de A fondo, bajo la conducción de Eduardo Torreblanca Jacques (https://www.youtube.com/watch?v=Qqc6T1uSv1E) con especialistas y analistas del Observatorio Ciudadano de Energía (http://energia.org.mx/), de El Financiero y de México Evalúa sobre el mito del fin de la gallina de los huevos de oro (en clara referencia a los superficiales comentarios presidenciales sobre Cantarell), ayudan a pensar y repensar el asunto. ¡Y qué decir sobre múltiples comentarios periodísticos de aspectos tan importantes como el efecto del tipo de cambio en los niveles específicos del precio! O sobre no menos de dos o tres decenas de artículos recientes de especialistas internacionales sobre esta problemática, reconocida como tal a nivel mundial. Sí, entre otras cosas por el vínculo de los impuestos a gasolinas y combustibles para atender –así sea mínimamente– la compleja problemática derivada del cambio climático. Y porque unos u otros precios, respaldan o no los compromisos internacionales de abatimiento de emisiones de CO2, que exigen atemperar de alguna forma los niveles de consumo (https://www.oxfordenergy.org/wpcms/ wp-content/uploads/2015/01/WPM-57.pdf, a manera de ejemplo.
Así, conceptos como el mencionado de costo de oportunidad exigen ser retomados para analizar y tener una opinión fundad respecto a –por ejemplo– la razonable duda respecto a si el crudo que ingresa a las refinerías mexicanas debe o no ser facturado a costos de producción (los de Pemex Exploración y Explotación). Se trata, por cierto, de costos menores al que se le reconoce a este mismo crudo cuando se exporta a América, Europa o Lejano Oriente. O si, alternativamente, debiera darse a las refinerías internas a dicho precio internacional, como en los hechos se hace desde 1992. Bueno. Lo cierto es que en uno y otro caso es preciso agregar los costos –de nuevo internos o de oportunidad– de la refinación. Y con ello determinar el precio productor de las gasolinas. No el precio público. Sin embargo, en este caso, dada la creciente importación de gasolinas (promedio de 505 mil en 2016 contra, por ejemplo, un promedio de 359 mil barriles diarios en 2013), pudiera resultar irrelevante la pregunta respecto del procedimiento de determinación del precio productor, pues los agregados de la cotización de importación y de los costos vinculados a la importación, implícitamente determinarían un piso para establecer el precio productor interno.
En 2016 este piso estaría compuesto, en primer término, por 65 dólares por barril en promedio para la gasolina importada. Se añadiría un componente que recoge ajustes de calidad, pues los referentes de las gasolinas son diferentes. Gasolina sin plomo de menos de 92 octanos de la costa del Golfo de México en Estados Unidos para la Magna. Y gasolina sin plomo de más de 92 octanos para la Premium. Y otro componente determinado por los costos de logística y transporte. Si simplificamos un poco pudiéramos considerar que este agregado es de cinco dólares. Y así, el precio productor piso del barril de gasolina importada se ubicaría en 70 dólares por barril. Pareciera ser, por esto mismo, que éste sería el costo alternativo a pagar a la refinación interna. Es un punto a debate, sin duda. Y al tipo de cambio Liquidación de 18.66 como promedio del año, este precio piso de la gasolina antes de impuestos sería de 8.21 pesos por litro. Un poco menos para la Magna y un poco más para la Premium, al considerar las diferencias de calidad. La comparación de estos precios piso con los promedio simple de la Magna y la Premium (13.52 y 14.35 pesos por litro, respectivamente), muestra que luego de descontar el IVA (en el que, por cierto, es preciso recordar que hay un impuesto que va a estados y municipios) llegaríamos a impuestos diferentes al IVA del orden de tres pesos por litro. Si sumamos estos al IVA, los impuestos vinculados a las gasolinas Magna y Premium en 2016 sumarían cerca de cinco pesos por litro. Lo que equivale a participaciones no menores a 35 por ciento en el precio final.
En Estados Unidos, por cierto, en 2016 fueron ligeramente superiores a 21 por ciento. Ya en términos de barril se trataría de impuestos equivalentes a 795 pesos. Y dado el consumo diario de 823 mil barriles, sumaría un ingreso anual de 240 mil millones de pesos, monto que –a decir del gobierno– no debiera ser afectado. Solamente del llamado impuesto especial sobre producción y servicios (IEPS) se debieron haber reunido poco más de 150 mil millones de pesos en 2016. A ello hay que sumar el IEPS de otros combustibles como el diésel. Pero esto y su peso relativo en el total podremos verlos muy pronto. Asimismo el precio que resultaría de pagar el crudo al costo interno de producción. Y algunas de las consecuencias de esa medida. El asunto no es fácil. Sin duda.

2/01/2017

El gasolinazo político


Ea reprobable que el gobierno haga uso político del gasolinazo para fines electorales

Manuel Fuentes 

La petición del dirigente del PRI, Enrique Ochoa Reza, para que el  gobierno peñista  no imponga otro gasolinazo el 3 y 10 de febrero próximo, muestra un cinismo desproporcionado de este político advenedizo. Fue este partido político quién impulsó la liberalización del precio de las gasolinas y la apertura para que las empresas se apoderen del mercado energético y ahora el alfil del presidente pide clemencia. Ver para creer.

No se olvida la frívola justificación que hizo en diciembre pasado José Antonio Meade Kuribeña, flamante secretario de Hacienda y Crédito Público para imponer el gasolinazo peñista. Él dijo que con este aumento, con esta liberalización de precios  “ganan nuestros hijos”. No aclaró de qué clase social son los hijos de esos ganadores del gasolinazo, pero los hijos de la inmensa mayoría de la población no están incluidos.
Para los hijos del gasolinazo, las torpes medidas gubernamentales sólo han traído más pobreza y un repudio generalizado que tiene la credibilidad gubernamental por los suelos.
Esa reprobación generalizada al actual gobierno tiene preocupado a la élite gubernamental porque sabe que su continuidad está en serio riesgo para 2018; las elecciones para gobernador en el Estado de México, Coahuila y Nayarit durante 2017 son de suma importancia para la subsistencia política inmediata de este régimen.
En Veracruz también se renovarán 212 ayuntamientos, en Coahuila 38 y en Nayarit 20. Hay focos rojos y el gobierno no sabe cómo levantar de manera rápida la confianza para evitar golpes electorales que parecen inminentes.
Un descalabro en las elecciones en esos tres estados, en cualquiera de ellos, representaría un serio peligro para el clan político y sus satélites, por eso ese viejo lobo (el priísmo) se disfraza con piel de cordero para pedir, para suplicar (ja), no se imponga de nueva cuenta “otro aumento”. 
¿Quién va a creer en la sinceridad de ese lobo que sin misericordia, en tiempos recientes, ha avalado la entrega de la soberanía nacional?
No se olvida el peor descalabro en elecciones de gobernadores que sufriera el PRI en 2016 al perder 7 de las 12 entidades y saben que el riesgo de una derrota más es inminente para 2017, riesgo agravado, por las políticas económicas que han afectado a la mayor parte de la población.
El Estado de México y Coahuila representan lo peor del priísmo por los caciquismos que se han impuesto a sangre y fuego; en esas regiones no ha habido alternancia política y esto representa su mayor debilidad para las elecciones que se avecinan.
Por eso resulta curiosa (sino mañosa) la declaración de José Antonio Meade al decir que el gobierno peñista analiza “suavizar y minimizar el impacto del incremento en el precio de las gasolinas”, que analistas consideran que el incremento adicional podría alcanzar un 8% más.  No dice el secretario hacendario desaparecer el gasolinazo, sino “suavizarlo”, es decir: Te pegaré pero no tanto (un 20% más en los precios de los combustibles, más un 8%, nada más), pero el golpe es el golpe, y ese no se quita. La espiral de precios no se detiene en los artículos de primera necesidad y allí nadie (del gobierno) mete las manos.
Ea reprobable que el gobierno haga un uso político del gasolinazo para fines electorales.  Esas medidas “suavizantes” no es lo que reclama la mayor parte de la población, porque  son simples aspirinas y sólo es burlarse de la población, porque los daños sufridos son irreversibles.
Pero el gobierno no lo entiende, y esa cerrazón pone a éste régimen tener los días contados.  La cuenta regresiva ya comienza.
De avatares laborales
  •          Resulta reprobable que funcionarios del Honorable Cuerpo de Bomberos de la Ciudad de México permitan y solapen que cientos de bomberos, por cuenta propia y en nombre del Sindicato bloqueen las entradas de estaciones para impedir reinstalaciones ordenadas por la Junta Local de Conciliación y Arbitraje de la Ciudad de México.  Se disponen en horas de trabajo de equipos de emergencia, camionetas, gasolina, horas hombre, recursos públicos, sin que nadie lo impida, sin que nadie se atreva a poner un alto a esta desviación de recursos públicos. Hay impunidad.
  •          Hay preocupación en la industria hulera. Los patrones de las empresas Tornel, Continental Llantera Potosina, Bridgestone Neumáticos de Monterrey, Bridgestone de México, STEMCO Productos Industriales e Industria de Hule Galco ya han anunciado su intención de terminar de una vez por todas con el Contrato Ley de la industria hulera y condicionan el incremento salarial para 5 mil trabajadores si se aceptan sus pretensiones. Por lo pronto los patrones no se presentaron a la Convención para iniciar la negociación y desaíran la amenaza de huelga anunciada el próximo 13 de febrero. Los vientos corren a su favor, dicen.