3/02/2026
prensa 📰 hoy en México 🇲🇽 lunes 2 de marzo de 2026
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3/01/2026
Asquerosamente ricos
Fabrizio Mejía Madrid
"La pandemia fue una bendición para estos asquerosamente ricos. Sus riquezas crecieron 101 por ciento en términos reales, es decir, ya descontada la inflación".
Cuando yo era niño, en los años setentas, se decía que México era un país de “contrastes”. El PRI asumía que la desigualdad en el país era casi una estampa folclórica, digna de venderla en Fonart o en un premio de fotoperiodismo. Luego, cuando empezó el neoliberalismo de la mano de Miguel de la Madrid, se empezó con la idea de que la riqueza de los ricos iba a salpicar, tarde o temprano, a los de abajo porque, si hay millonarios, ni modo que no inviertan, ¿verdad? Ya más hacia el periodo del PRIAN, con Vicente Fox, Calderón y Peña, la idea que nos trataban de vender era que había dos Méxicos, uno desarrollado y global y el otro atrasado y de subsistencia. Nada de esto es cierto. En realidad, no hay Méxicos paralelos sino uno, el de todos nosotros, que alimenta, sostiene, y hasta halaga al otro, el de los milmillonarios, como Slim, Larrea, Aramburuzabala.
Un informe de Oxfam dado a conocer hace apenas unos días, aporta datos terroríficos sobre los asquerosamente ricos de México. Uno de los que más me escandalizó es que el sector privado invierte menos de 8 pesos de cada 100 que posee de vuelta en la economía mexicana. Esa idea de que tener muchos milmillonarios es bueno porque invierten de vuelta es completamente mentira. No invierten nada. Atesoran, gastan fuera del país, navegan en yates con bandera de Islas Caimán. Repito: menos de ocho pesos de cada 100 que los ricos ganan gracias a nuestro esfuerzo colectivo regresa a la economía en forma de inversión. Son rentistas, atenidos a sus fortunas heredadas, a sus conectes con el poder político y académico, y extorsionan al Estado cuando pone en riesgo así sean las migajas que se niegan a retribuirnos.
Dice el informe de Oxfam: “La riqueza de los milmillonarios mexicanos proviene sobre todo de actividades empresariales en sectores poco o mal regulados, malas condiciones de trabajo para la mayoría de las personas trabajadoras, las dobles o triples jornadas de las mujeres por los cuidados no remunerados, el deterioro ambiental provocado por sus grandes empresas y la irresponsabilidad fiscal de los más ricos.” Apunta a un fenómeno mundial de concentración de la riqueza pero, que en el caso mexicano, se explica en buena medida por el neoliberalismo de compadres, cuates, y familiares que practicaron Salinas de Gortari, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto. “Las fortunas mexicanas están estrechamente ligadas a las privatizaciones de los años ochenta y noventa del siglo pasado, así como a concesiones, licencias y permisos para explotar bienes públicos en sectores estratégicos, con frecuencia poco regulados. Como concesionarios, contratistas o propietarios controlan infraestructura clave, lo que les otorga una capacidad de veto sobre el modelo de desarrollo nacional”. Otra mentira es que son milmillonarios porque son más hábiles para explotar el mercado. Mentira. Los más ricos en México crecieron más rápido que la economía. Mientras el país crece al uno por ciento, ellos engordan a casi el 9 por ciento anual. Esto quiere decir que son ellos los responsables de que el país crezca a tasas de uno por ciento anuales, mientras sus fortunas lo hacen a tasas de siete por ciento cada año. Ellos son los que están obstaculizando el crecimiento del país. La desigualdad es la que nos impide el desarrollo y si inviertes menos de ocho pesos de los 100 que extraes, pues las cosas no van a mejorar. Por eso resulta indignantes que el PRIAN critique los crecimientos del uno por ciento atribuyéndoselos, según convenga, a la cancelación del aeropuerto en el Lago de Texcoco o al fracaso de la estrategia económica, y nunca a la desigualdad atroz que vive el país con billonarios voraces, preocupados más por amasar fortunas que por innovar, arriesgar, o trasnformar, como ellos dicen que hacen, desde sus Cámaras empresariales y sus Consejos de la Comunicación, la Voz de las Empresas.
Así ---explica Oxfam---, entre 1996 y 2025, la riqueza de Carlos Slim aumentó más de ocho veces y la de los milmillonarios se multiplicó 4.2 veces, mientras la economía mexicana ni siquiera duplicó su tamaño en esos mismos años. He ahí el doble efecto nocivo del neoliberalismo: no sirve para crecer, sólo para concentrar. Extrae riqueza, no la genera. El uno por ciento más rico de la población mexicana —que son apenas 1.3 millones de personas, donde no se cuentan a tus tías panistas del Whats— percibe 35 por ciento del ingreso total de la economía, posee 40 por ciento de la riqueza privada nacional, y es responsable de 23 por ciento de las emisiones contaminantes del país. México tiene a Slim y a Larrea sostenidos por 18.8 millones de mexicanos trabajadores que carecen de acceso a una alimentación nutritiva y de calidad, 38.5 millones con carencias sociales o ingresos por debajo de la línea de bienestar, dos millones de personas que laboran sin pago y 21 millones de mujeres que dedican al menos ocho horas diarias al trabajo de cuidados sin remuneración. Y ya que hablamos de contaminación, el uno por ciento más rico de México contamina lo mismo que el 74 por ciento de la población más pobre del país.
Hablemos de nuestros milmillonarios. En las últimas tres décadas, que pasaron de 15 a 22 personas entre 1996 y 2025. En ese mismo periodo, sus fortunas conjuntas pasaron de 52 mil 300 millones de dólares a a 219 mil millones de dólares. Esto quiere decir que, en tres décadas, las del neoliberalismo y el PRIAN, sus fortunas crecieron casi nueve por ciento cada año, cuadruplicando su riqueza porque sí, porque casi no invierten, porque se les condonaron los impuestos, se les dan facilidades para poner una empresa que no regula ni condiciones laborales ni ambientales, como Larrea en Sonora. Repito el dato escalofriante: la riqueza en manos de los milmillonarios mexicanos se multiplicó 4.2 veces en apenas tres décadas, con una tasa de crecimiento anual real promedio del 8.8 por ciento. Mientras el país sólo crecía al uno por ciento cuando nos fue bien.
Carlos Slim, el hombre más rico de México y de América Latina y el Caribe, nunca ha sido tan rico como hoy. La fortuna de Slim suma 107 mil 100 millones de dólares a noviembre de 2025, el mayor monto en su historia de relaciones políticas. Desde el año 2020, con la pandemia, su riqueza ha aumentado en 23 millones 650 diarios en promedio, un equivalente a 273 dólares por segundo. Una persona con un salario promedio, como usted o yo, necesitaría trabajar una semana para ganar lo que él en un segundo. Alguien con el salario mínimo necesitaría 20 días para ganar lo que él en un segundo. Conocemos a Slim como el que pudo comprar Teléfonos de México porque contribuyó con dinero a la campaña de Carlos Salinas de Gortari. Pero últimamente, Slim es un socio prioritario de Petróleos Mexicanos con grandes inversiones en proyectos de petróleo y gas fósil.
La pandemia fue una bendición para estos asquerosamente ricos. Sus riquezas crecieron 101 por ciento en términos reales, es decir, ya descontada la inflación. En la pandemia, Carlos Slim aumentó su fortuna en 66 por ciento, pero Germán Larrea, la multipicó 2.4 veces. Para tratar de no perdernos en esta náusea de números, Oxfam pone un ejemplo. Pongamos que se les dice a estos milmillonarios mexicanos que se pueden quedar con sus fortunas como estaban antes de la pandemia. Pero que el resto lo tienen que invertir en contratar trabajadores con el salario mínimo de 2025. ¿Cuántos empleos creen que hubieran podido generar? 21 millones durante todo un año, es decir, casi dos de cada tres personas en informalidad laboral en México. Ese es el tamaño del obstáculo que le impide a México crecer más.
Ahora veamos esto. Entre 1981 y ahorita la tasa de crecimiento anual del país ha sido en promedio del dos por ciento. Es decir, durante el neoliberalismo y no obstante las correcciones de la 4T. En 35 años, el ingreso por persona sólo ha aumentado 16 por ciento respecto a 1981, ya sin inflación. En Brasil creció 58 por ciento, en España un 98 por ciento y en China dos mil 796 por ciento.
Dice el informe de Oxfam: “Por cada peso que tenía la economía de México en su conjunto en 1996, en 2025 tenía 1.76 pesos, descontando la inflación. Mientras tanto, el 10 por ciento más rico tenía 2.14 pesos; el uno por ciento más rico 2.38 pesos y el 0.0001 por ciento, es decir, los 22 milimillonarios, 4.20 pesos. 4.20 en una economía de 1,76 pesitos. Por cada peso que tenían en 1996, ahora tienen 4.20 pesos. Su riqueza creció al doble que la economía mexicana. Esa riqueza producida por todos los que somos trabajadores fue abducida por los yates y las casas de nuestros queridos magnates.
Pero el retrato que uno puede concluir a partir del informe de Oxfam es igualmente devastador, además de los números. Resulta, pues, que tenemos una élite que se origina cuando el Estado les transfiere bienes públicos, la riqueza generada entre todos, a unos cuantos señores ---sólo hay una mujer--- ya de edad que tienen buenas relaciones con el PRI de los neoliberales y con el PAN. Luego, se les van dando concesiones de recursos nacionales, como las minas, el petróleo, la luz, el agua, el gas natural. Además de la educación, la salud, y hasta las cárceles. Ya hiperinflados de la dinero, empiezan a influir de manera preponderante en las decisiones políticas porque tiene el poder de la extorsión. Son dueños de las telecomunicaciones, de las inversiones en bancos, minería, salud y bancos, en la infraestructura como carreteras, puertos, aeropuertos, las concesiones de agua. Me detengo en un solo punto de todos estos. El dato de la salud es aterrador. En 2024, la mayoría de los pacientes, el 58 por ciento, se atendió en servicios médicos privados. No en los públicos. Es decir, quien enferma tiene que recurrir a los privados porque los públicos son insuficientes o tienen una atención deficiente. Eso es poder de extorsión en un país con enfermedades crónicas cuyo reflejo nos devolvió la pandemia: obesidad, diabetes, hipertensión.
A los ricos no se les cobra ningún impuesto alguno a sus herencias o sucesiones, y se han hecho dinastías hereditarias cada vez con más poder. Oxfam propone que las herencias, donaciones y sucesiones superiores a un millón de dólares tengan un impuesto. Y que, además, se cree el impuesto de dos por ciento a los que tienen más de mil millones de dólares; crear un impuesto mínimo del dos por ciento sobre fortunas superiores a mil millones de dólares. A los ricos no se les cobra ningún impuesto alguno a sus transacciones bursátiles. El año pasado la Bolsa de Valores ganó 30 por ciento pero no paga ningún impuesto sobre eso, que no es productivo sino vil especulación.
Aunque AMLO y la Presidenta les han hecho pagar lo que deben por ley, lo cierto es que los ricos no pagan lo justo. En 2025, las personas con ingresos anuales mayores a 500 millones de pesos contribuyeron sólo con 21 centavos de cada 100 pesos recaudados en impuestos federales, es decir, el 0.21 por ciento. Hay una disparidad abismal entre ellos y nosotros a la hora de pagar impuestos. Ellos pagan 10 por ciento por dividendos y nosotros el 35 por ciento en Impuesto Sobre la Renta. Habría que equilibrar esta injusticia. Otro punto. De todos los inmuebles que no son vivienda principal, es decir, los departamentos que se tienen sólo para cobrarle una renta a los inquilinos o los turistas, las casas de veraneo, y los resorts, la mitad la tienen escriturada el cinco por ciento más rico. Así que deberían de pagar más predial que los que vivimos donde aportamos, porque ellos no son más que especuladores de la tierra. Y deberían de pagar más por contaminar más. Un mexicano promedio tardaría dos siglos en contaminar lo que un milimillonario contamina con sus aviones privados, helicópteros y yates.
Lo que digo es que, hasta hoy, la 4T ha actuado para tratar de atenuar los resultados del neoliberalismo, pero que tendría que poner el énfasis en un proyecto que los prevenga. Retomar la rectoría del Estado en la economía es que la decisión sobre el dinero que se invierte recaiga en el Estado que tendría que velar porque esa inversión sea en beneficio de las personas, que tenga buenas condiciones laborales, que no contamine, que cree más riqueza ahí donde se instala. Hemos celebrado que se les cobren los impuestos, que llegue más inversión extranjera directa, que se creen más empleos, pero no es suficiente. La desigualdad es la de un país que sostiene hasta la fecha a 21 señores y una señora que realmente no contribuyen con casi nada a mejorar el país. Sería momento de retomar ese poder que se perdió cuando Miguel de la Madrid llegó en 1982 y empezó a transferir todo lo que muchas generaciones de mexicanos habían contribuido a construir.
Trump y la “edad de oro” de Gringolandia
¿Quién quiere dar órdenes a Claudia Sheinbaum?
México puede tener máscaras, pero ha prohibido que la Inteligencia Artificial clone la voz.
México tiene que convivir con un país, con el que comparte una frontera de tres mil 170 kilómetros, que va caminando hacia una dictadura. No lo decimos la gente de izquierdas que tenemos oído musical para ver a los fascistas a la legua, sino los académicos norteamericanos como Richard Paxton que son expertos en, precisamente, dictaduras. Silencian periodistas, someten jueces, impiden elecciones, matan disidentes, encarcelan manifestantes, controlan medios y amenazan países. Los dictadores dictan a los demás lo que tienen que hacer, porque son supremacistas y consideran a todos los demás inferiores.
Pero no pensemos que pueden hacer sin más todo lo que les da la gana. Esa forma de pensar les entrega más poder del que tienen, que ya es mucho. Tienen que enmascarar sus decisiones, aunque cada vez lo hacen con menos credibilidad. Por eso, Trump necesita el argumento de la lucha contra la droga y la lucha contra los inmigrantes ilegales. Cuando México abate a "El Mencho", el jefe del Cártel Jalisco Nueva Generación, el más buscado, el principal responsable del fentanilo que llega de fuera a Estados Unidos (EU) -no olvidemos que una importante cantidad la producen ellos mismos-, el Gobierno de Claudia Sheimbaun demuestra eficiencia y determinación, y Trump se queda sin argumentos contra su vecino del sur. No es extraño que la respuesta de Trump a la muerte de "El Mencho" haya sido el silencio. Puedes apretar las tuercas de la economía mexicana porque tienes poder para eso, pero no puedes dar órdenes a Claudia Sheimbaum. A Claudia Sheinbaum sólo le da órdenes el pueblo de México.
Trump está en caída libre en los EU. Los índices de aprobación, ha publicado el New York Times, están por los suelos en inmigración, inflación, comercio, seguridad. Los republicanos están preocupados. Van a las elecciones de medio término en noviembre en un escenario catastrófico. Pero Trump hace como que eso no existe. Y lo intenta compensar, como siempre han hecho los presidentes norteamericanos con problemas, con agresividad exterior. Con algunos países le salen las cuentas. Con otros no. Trump ha tenido que mencionar en el Discurso de la Unión, aunque indirectamente, la muerte de “uno de los capos más siniestros”, aunque ha querido apuntarse el tanto. No ha tenido ni el coraje ni la honestidad de decir que ha sido una operación mexicana, en donde ellos han colaborado con la tecnología de escucha y localización. En su narrativa, necesitaba que hubieran sido ellos, como pasó con el secuestro en Venezuela del Presidente Maduro, los protagonistas, y poner medallas y hacer una película. Pero en la película de la caída del criminal "El Mencho", el protagonista no es el General Custer, sino los indios, que han sido los que han acabado con el cuatrero.
Es verdad que hoy, la derecha latinoamericana y europea está subordinada a los EU de palabra y de hecho, de manera que sus acciones son acciones que acercan la entrega del territorio -su mercado, sus recursos, su bases militares- al gigante del norte (ahí está Argentina o Ecuador) y todo su discurso es un discurso indirecto de colaboracionismo con el Presidente del pelo naranja, como hace la derecha mexicana y venezolana sin cansarse. Y también es verdad que, como Trump es contradictorio, las derechas hacen el ridículo constantemente, y se ven obligadas a decir una cosa y la contraria sin el menor rubor.
En México, la oposición a Claudia Sheinbaum estaba pidiendo día sí y día también una intervención de los EU, única forma -en su cabeza- de desalojar a Morena del poder toda vez que son incapaces de ganar en las urnas. Soñaban con que el ejército norteamericano pusiera la bandera en suelo mexicano y ejecutaran a todos los que lleven tatuajes, que los drones dibujaran en el cielo mexicano la bandera de las barras y las estrellas al sur del Río Bravo, y que las fachadas de Chihuahua y Jalisco se llenaran de señales de balazos. Y después de que, en una operación conjunta, se abatiera a Nemesio Oseguera Cervantes, "El Mencho", el todopoderoso líder del Cártel Jalisco Nueva Generación y que, como era de prever, se desatara el caos en muchos puntos del país, esos mismos políticos de la derecha claman al cielo diciendo que cómo es posible que se haya matado a ese narco si se sabía que iban a vengarse o que cómo es posible que EU sustituya al Ejército mexicano -algo que es mentira, como ha reconocido el propio gobierno norteamericano a través de su Embajada y recordara que sólo han colaborado en tareas de inteligencia- cuando han estado pidiendo día sí y día también que los marines cruzaran la frontera mexicana, cuando han llorado por la supuesta incapacidad del Ejército de México y llevan pidiendo “mano dura” desde el día que ganó López Obrador.
Eso sí, las derechas nunca reconocerán que los EU son los grandes financiadores de la droga porque son los principales consumidores, más allá de que, además, todo ese circuito económico, que se cruza con el de las armas, que suministran a los cárteles, termina en el sistema financiero norteamericano. Y que fue el Presidente Felipe Calderón, del derechista PAN, el que empezó el naufragio en el que hoy navegan como reyes los jefes de los cárteles.
Uno de los problemas de la posmodernidad es que ha dificultado el análisis de cosas tan evidentes como hablar de economía, es decir, del capitalismo, recordar cosas tan evidentes como las invasiones, el uso de la fuerza o el control de la ciudadanía de un país para quedarse con las riquezas, esclavizarlos, controlar ese mercado o usar su territorio. La idea de “imperialismo” solía recordar estas cosas. Pero hoy en día, donde cada uno de nosotros no habrá visto menos de medio centenar de películas de guerra donde los norteamericanos ganan, ese concepto parece un trapo viejo que sólo usan los desfasados izquierdistas que se quedaron en el pasado.
Hablar de imperialismo, empezó a decir la posmodernidad, es un recurso perezoso de gente que se niega a asumir que estamos en el siglo XXI. Pero eso oculta algo muy profundo, y es que en Europa no se puede hablar democracia si no hablas de antifascismo, de la misma manera que no se puede hablar de democracia en América Latina sin ser antiimperialista.
EU es una potencia con capacidad nuclear, que gasta en armamento casi un billón de dólares, el 39 por ciento del gasto mundial total, una cifra que supera la suma de los siguientes 10 países, incluyendo a China y Rusia; que ha solventado históricamente sus problemas con bombas, misiles, mercenarios, golpes de Estado y presiones, que se ha aliado históricamente con dictaduras, y que usa el mercado y la democracia parlamentaria siempre y cuando no dificulte su verdadera vocación, que es el dinero. La izquierda hablaba de EU como de una potencia imperialista. Pero ese nombre, dice la posmodernidad, suena antiguo. Serían cosas de la vieja izquierda.
Es verdad que en las referencias al imperialismo regresamos a la guerra fría, al enfrentamiento entre EU y la URSS que marcaron todo el siglo XX. Y por eso suena antiguo, porque ya no existe URSS y hablar de imperialismo parece un recurso nostálgico de aquella época. Hoy el conflicto será multipolar, pero mientras vemos qué dicen China y Rusia, vemos que EU está intentando regresar a los tiempos en que en América latina nada se movía sin su permiso. Son tiempos difíciles porque las invasiones tienen otros contornos, el control es diferente y el relato está viciado porque mentir se ha convertido en una costumbre y porque el control de los dispositivos ideológicos es enorme, y basta ver el control de todas las redes sociales del hemisferio occidental por parte de cinco personas.
También estamos viendo que los países latinoamericanos que mantienen la dignidad y la soberanía están intentando ganar tiempo. El caso más evidente es el de Venezuela, pero vale igual para México, Colombia o Cuba, que está resistiendo con valentía un cerco medieval que bien puede terminar como un Bahía de Cochinos 2.0. (Hemos visto un intento de agresión militar desde una embarcación a la que han intentado presentar los norteamericanos como un barco civil pese a que iba cargada de armamento, y que fue repelida por los cubanos).
Ganar tiempo es lo único posible en un escenario donde Trump cada vez está más acorralado. El larguísimo discurso de la Unión es una señal evidente: el país va por un lado y Trump por otro. La percepción en la ciudadanía de la economía, del comercio, de la inflación tiene crecientes cifras negativas. Pero Trump se cree un mago, rodeado de aduladores que saben que tienen poco tiempo para robarse el país, y de idiotas que le creen todas sus mentiras.
La idea de ganar tiempo sigue siendo la más sensata, porque todo sigue agravándose día a día. Por poner sólo un ejemplo, el negocio de las hamburguesas está en uno de sus peores momentos en los EU. Las causas tienen que ver con la inflación y los aranceles. En diciembre de 2025, el precio de la carne molida aumentó un 15.5 por ciento anual, lo que ha provocado que los consumidores de bajos ingresos, los votantes de Trump, reduzcan sus visitas a cadenas de comida rápida. ¿Consecuencia? Cientos de sucursales de cadenas de hamburguesas han cerrado.
¿Cuánto tiempo va a aguantar el mundo los insultos y las amenazas de Trump? Marco Rubio ha sido más amable que JD Vance en su visita este mes de febrero a la Cumbre de Seguridad de Munich. Pero no ha dejado de ser otro insulto a todos los países que han sufrido la colonización, de América a Asia pasando por África y Oceanía. Marco Rubio, como Trump, dice que lo mejor de las Américas -recordemos que Marco Rubio es de origen cubano- es que llegaron ahí los europeos. Y ha insistido en que lo que hay rescatable en el continente, es gracias a la conquista a la que, obviamente, no llama así. Pero es que inmediatamente da un salto y afirma que los migrantes de hoy son una amenaza. El mundo tiene que estar agradecido de la conquista europea y norteamericana, pero que no se le ocurra pensar en emigrar a Europa o los Estados Unidos.
En el fondo están diciendo algo muy propio del fascismo: ellos y sólo ellos son la medida de las cosas. Los argumentos que intentan esgrimir en el fondo les dan lo mismo porque pueden ser contradictorios y eso no les resulta relevante.
O dicho de otra manera, la retórica del mercado libre, de la oferta y la demanda, de la santidad de la propiedad privada, de la autoregulación del mercado, de la crítica al Estado, de la defensa de la soberanía o la retórica de los derechos humanos y la democracia son todo mentiras cuando las élites económicas de los países capitalistas -los de siempre y los nuevos- se ven amenazadas interna o externamente o deciden incrementar su riqueza robando a otros países.
Podríamos intentar otras palabras, como preeminencia violenta, unilateralismo, expansionismo. Pero sería una pérdida, porque imperialismo ha habido desde hace siglos, y su análisis, ahí está. El imperialismo es real como el hambre, la sed y la enfermedad que amenazan a millones de cubanos por culpa de los que, también por pretensiones imperiales, lanzaron las bombas de Hiroshima y Nagasaki. Es real como la amenaza constante sobre el gobierno de Venezuela. Es real como los aranceles que atenazan el comercio internacional. Tan real como los cientos de miles de seres humanos que ya no están en Palestina.
El Gobierno de Claudia Sheinbaum sabe que tiene que negociar, como lo sabe Delcy Rodríguez o Gustavo Petro. Pero negociar no es resignarse. Quizá sea tiempo de reinterpretar la máscara de los mexicanos. No desde la resignación y el miedo, de la derrota y de la inferioridad por culpa de la conquista como explicaron Samuel Flores y Octavio Paz, sino desde esa muestra de orgullo que acompaña las calles el día de muertos. Que han tomado una película de Hollywood y le han dado la vuelta. El México actual ha reinterpretado la máscara y la vive no como ocultación, sino al revés, como identidad alegre y orgullosa. Es la máscara que permite seguir ayudando a Cuba, que sabe que Nicolás Maduro está secuestrado, que lo de Gaza es un genocidio, que el uso de los aranceles son extorsiones mafiosas, que el territorio mexicano es mexicano, incluido el que se robaron los norteamericanos, y que claro que hay que hablar con los gringos, incluso con una sonrisa. Hay una máscara, pero no se permite que la Inteligencia Artificial clone la voz. La sonrisa de la máscara que, por debajo, sabe que sólo obedece al pueblo.
