Escrito por Georgina Monroy Vázquez
A casi 19 meses del feminicidio de Leuteria Reyes Benito, una mujer indígena na savi y agente de Tránsito municipal en Alcozauca, Guerrero, el Tribunal de Enjuiciamiento del Distrito Judicial de Morelos, La Montaña y Zaragoza condenó este martes 11 de agosto a 67 años y seis meses de prisión a Herminio, expolicía municipal y responsable del asesinato.
El juez unitario Juan Carlos Martínez Marchan dictó la sentencia durante la audiencia de individualización de sanciones, después de valorar las pruebas presentadas durante el juicio oral y los argumentos de las partes.
La asesoría jurídica de la familia, encabezada por el abogado Baldomero Díaz, del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, sostuvo que la gravedad del feminicidio ameritaba la pena máxima.
En el juicio se presentaron 27 pruebas: 13 testimoniales y 14 peritajes, elementos que, de acuerdo con la representación de la familia, fueron determinantes para acreditar la responsabilidad de Herminio.
Leuteria fue asesinada con 33 lesiones
Leuteria Reyes Benito fue asesinada el 5 de enero de 2025, alrededor de las 18:48 horas, en Alcozauca, en la región de La Montaña de Guerrero.
De acuerdo con la información, Leuteria era originaria de la comunidad na savi de Cruz Fandango, tenía 31 años y era madre de cuatro hijos.
La agresión ocurrió cuando Herminio la atacó con un arma punzocortante. En la audiencia de individualización se estableció que la víctima sufrió 33 lesiones en cuello y tórax, provocadas con el cuchillo.
Tras la agresión, otros policías municipales auxiliaron a Leuteria y la trasladaron al Hospital Comunitario de Alcozauca. Según los antecedentes documentados, la mujer señaló ante quienes la auxiliaron que Herminio había sido quien la atacó. El agresor fue visto todavía con el arma y sangre de la víctima.
Leuteria fue trasladada posteriormente a Tlapa y después a Chilpancingo, pero murió durante el traslado. Su familia denunció el feminicidio el 7 de enero de 2025.
Antes del feminicidio hubo violencia y acoso laboral
El asesinato de Leuteria no ocurrió de manera aislada. Antes de ser asesinada, había atravesado distintas formas de violencia.
En marzo de 2024 Leuteria se separó de su esposo debido a la violencia que vivía. También buscó obtener la guarda y custodia de sus cuatro hijos, pero no se la concedieron porque no contaba con una vivienda propia.
Con la intención de trabajar y construir una casa donde pudiera vivir con sus hijos, consiguió empleo como policía municipal en julio de 2024. Sin embargo, en su nuevo espacio laboral comenzó a sufrir discriminación y hostigamiento por parte de compañeros hombres.
Herminio era uno de sus principales agresores y le decía que las mujeres no podían desempeñarse como policías y que sólo servían para estar en casa. Posteriormente, el acoso aumentó: el organismo documentó que Herminio llegó a amenazarla con despedirla si no accedía a tener relaciones sexuales.
Leuteria pidió que la cambiaran de área. Finalmente comenzó a trabajar como agente de Tránsito municipal en diciembre de 2024, pero el hostigamiento continuó. Tlachinollan señaló que Herminio incluso comenzó a seguirla hasta el lugar donde vivía.
Así, la violencia que antecedió al feminicidio atravesó el ámbito familiar, laboral y comunitario.
Un policía que tenía la obligación de protegerla
Durante la audiencia de individualización, el juez consideró especialmente grave que Herminio fuera integrante de la Policía Municipal de Alcozauca.
Su función implicaba proteger a la población y salvaguardar la vida y la integridad de las personas. Sin embargo, utilizó su posición y sus conocimientos para ejercer violencia contra una compañera de trabajo hasta privarla de la vida.
La sentencia también tomó en cuenta la relación que existía entre ambos, la violencia previa y la forma en que ocurrió el feminicidio.
Para la representación de la familia, el comportamiento de Herminio estuvo atravesado por el machismo y el abuso de poder: desde que Leuteria comenzó a trabajar como policía municipal fue objeto de comentarios y agresiones por ser mujer.
Herminio huyó después del feminicidio
Otro de los elementos considerados por el juez fue que Herminio evadió la justicia después de atacar a Leuteria.
El expolicía fue detenido posteriormente en cumplimiento de una orden de aprehensión y el 14 de enero de 2025 fue vinculado a proceso por feminicidio. En aquella audiencia, el juez de control consideró que los datos de prueba aportados por la Fiscalía acreditaban la existencia de violencia de género y agresiones verbales previas en el ámbito laboral.
La investigación avanzó hasta llegar al juicio oral, que comenzó el 28 de enero de 2026. En esa etapa se desahogaron las pruebas de la Fiscalía para acreditar tanto el feminicidio como la responsabilidad de Herminio.
El pasado 5 de agosto, el Tribunal declaró culpable a Herminio. Una semana después, este martes 12 de agosto, se determinó la pena: 67 años y seis meses de prisión.
Una sentencia que llega a la Montaña de Guerrero
El caso de Leuteria generó movilizaciones desde los primeros días posteriores a su asesinato. El 11 de enero de 2025, familiares, mujeres, niñas, niños, vecinas y habitantes de Alcozauca marcharon para exigir justicia y reclamar a las autoridades medidas efectivas para proteger a las mujeres.
Para la familia y las organizaciones que acompañaron el caso, la condena representa un paso hacia la justicia para Leuteria y sus cuatro hijos, pero también evidencia la necesidad de que las instituciones actúen antes de que la violencia contra las mujeres escale hasta el feminicidio.
La historia de Leuteria muestra además los riesgos que enfrentan las mujeres indígenas cuando buscan incorporarse a espacios laborales tradicionalmente ocupados por hombres. En su caso, conseguir un empleo para sostener a sus hijos significó enfrentarse a discriminación, acoso y violencia en el ámbito laboral, mientras las instituciones no lograron garantizar su seguridad.
La condena de 67 años y seis meses de prisión marca ahora el cierre de una parte del proceso judicial. Para las mujeres de la Montaña de Guerrero y las organizaciones que acompañaron a la familia, el desafío permanece: que la violencia feminicida no vuelva a ser el destino de otras mujeres indígenas que, como Leuteria, buscaban trabajar y construir una vida digna para sus hijas e hijos.

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