La salud mental durante el embarazo y después del parto sigue rodeada de estigmas y, en muchos casos, de dificultades para acceder a atención especializada. Sin embargo, identificar de manera oportuna cambios persistentes en el estado de ánimo y el comportamiento puede ser determinante para prevenir una crisis.
El caso de Lindsay Clancy, en Estados Unidos, volvió a colocar la salud mental materna en el centro de la conversación. Clancy, una exenfermera de 36 años acusada de matar a sus tres hijos en 2023, alegó que atravesaba una psicosis posparto. El pasado 4 de septiembre, el juicio terminó en un juicio nulo después de que el jurado no logró alcanzar un veredicto unánime sobre su responsabilidad penal. Durante el proceso hubo testimonios y opiniones periciales encontradas sobre su estado mental.
Más allá del caso, especialistas advierten que la salud mental perinatal debe dejar de entenderse como un asunto privado y ser atendida como parte integral de la salud de las mujeres.
El embarazo y el posparto también implican cambios emocionales
La psicóloga clínica y familióloga Josefina González explica en entrevista para CIMAC, que no existe una única manera de vivir emocionalmente el embarazo o el nacimiento de un hijo. Cada mujer tiene una historia y circunstancias distintas.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que casi una de cada cinco mujeres experimentará alguna condición de salud mental durante el embarazo o en el año posterior al nacimiento. Entre las mujeres con trastornos de salud mental perinatal, alrededor de 20 por ciento experimenta pensamientos suicidas o conductas de autolesión, de acuerdo con la organización.
En México, la Secretaría de Salud ha señalado que dos de cada 10 mujeres desarrollan depresión durante el embarazo o en el primer año después del parto, y que alrededor de 75 por ciento no recibe diagnóstico, tratamiento o atención adecuada.
Por ello, distinguir entre cambios emocionales esperables y una condición que requiere atención resulta fundamental, de acuerdo con Josefina González.
De acuerdo con el Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos (ACOG), el llamado baby blues puede provocar cambios repentinos de ánimo, llanto o tristeza durante los primeros días después del parto y suele mejorar en una o dos semanas. La depresión posparto, en cambio, puede provocar tristeza, ansiedad o desesperanza intensas que interfieren con la vida cotidiana y requieren atención profesional.
¿Cuáles son las señales de alerta?
Durante la entrevista con CIMAC, González identifica entre las señales que deben observarse la ansiedad intensa, angustia, inquietud, tristeza persistente, insomnio y cambios importantes en el comportamiento cotidiano.
La falta de sueño, el dolor físico, la lactancia y las exigencias de cuidar a un recién nacido pueden afectar el estado emocional. Pero cuando los síntomas persisten, se intensifican o dificultan que una mujer pueda desenvolverse en su vida diaria, es necesario buscar atención.
ACOG recomienda realizar evaluaciones de depresión y ansiedad durante el embarazo y después del parto mediante herramientas estandarizadas, precisamente para favorecer la detección temprana.
«Un punto importante es no confundir los pensamientos intrusivos con una psicosis. Tener un pensamiento no deseado o perturbador no significa que una persona quiera llevarlo a cabo ni que necesariamente esté desarrollando un trastorno psicótico», aseguró la psicóloga clínica y familióloga.
Por ello, ante pensamientos que provoquen miedo, angustia o interfieran con la vida cotidiana, lo adecuado es hablar con un profesional de salud mental.
Psicosis posparto: una emergencia de salud mental
La psicosis posparto es distinta de la tristeza posparto o de la depresión posparto. Se trata de una condición poco frecuente pero grave que puede incluir pérdida de contacto con la realidad, delirios, alucinaciones, confusión o cambios extremos en el comportamiento.
Se estima que afecta aproximadamente a una o dos mujeres por cada mil después del parto.
«La condición requiere atención inmediata. Y aunque casos como el de Clancy han contribuido a visibilizarla, es importante evitar una asociación automática entre psicosis posparto y violencia: la gran mayoría de las mujeres con problemas de salud mental perinatal no dañan a sus hijas o hijos», así lo afirmó González.
En el caso de Clancy, además, el diagnóstico y las circunstancias de lo ocurrido fueron objeto de una amplia disputa durante el juicio, por lo que no corresponde utilizar el caso como una explicación general de la psicosis posparto.
Salud mental: un derecho, no un lujo
Para González Correa, uno de los principales cambios necesarios es dejar de considerar la atención psicológica y psiquiátrica como un lujo.
La propia OMS plantea que la salud mental perinatal debe integrarse a los servicios de atención materna e infantil, en lugar de tratarse como un aspecto separado de la salud reproductiva.
En México, las dificultades de acceso constituyen un obstáculo adicional para quienes necesitan atención. A esto se suma el estigma que puede hacer que algunas mujeres oculten síntomas por miedo a ser juzgadas como “malas madres”.
La prevención, por ello, no depende únicamente de que una mujer identifique lo que le ocurre. También requiere redes de apoyo, profesionales capacitados, detección durante el embarazo y el posparto y servicios públicos suficientes para garantizar atención oportuna.
Este 10 de septiembre, Día Mundial para la Prevención del Suicidio, la OMS llama a cambiar la narrativa sobre el suicidio y pasar del silencio y el estigma hacia conversaciones abiertas, comprensión y apoyo.
Hablar de salud mental materna también es hablar de prevención: de reconocer las señales antes de que una crisis se agrave y de garantizar que ninguna mujer tenga que enfrentarla sola.
Como resumió González durante la entrevista: “La salud mental es un derecho, no un lujo”.

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