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8/01/2018

Celebremos la victoria de AMLO: Petras

Diego Martínez
CX36 Radio Centenario

Montevideo. En su columna semanal en Radio Centenario, el profesor y sociólogo estadunidense James Petras realizó este lunes una primera evaluación del triunfo de Andrés Manuel López Obrador en las elecciones en México, entre otros temas.

Bueno, estamos en contacto con el sociólogo James Petras, como todos los lunes, desde Nueva York, a quien recibimos con mucho gusto. ¿Petras, qué tal, cómo está? Buen día…

–Estamos aquí, con mucho calor, pero las cosas están mejorando políticamente al sur de la frontera y en el Cono Sur, parece que Uruguay está dirigiendo sus políticas de futbol hacia un campeonato.

Sí, sí, ahí hay puestas muchas expectativas, te voy a decir, la alegría del pueblo está puesta en el deporte, lamentablemente no ha habido respuestas desde otros ámbitos, pero en el deporte parece que hay sí posibilidades de sentir algún viso de alegría por parte del pueblo uruguayo.

–Bueno, espero que sí, sí se puede combinar alguna política mejor, pero también con el futbol

Sí, no va a ser sin lucha seguramente. Petras, la realidad de México, algunos ponen como que se logró una victoria importante a nivel popular y otros ponen muchas dudas sobre la posibilidad real que hay por parte de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) de cambiar a nivel estructural la realidad mexicana.

–Hay que ver, hay muchas cosas en juego aquí. Por un lado es cierto que AMLO está jugando con diferentes fuerzas, algunas más populares y algunas menos, pero en todo caso la derrota de los partidos de la derecha y la votación contundente, son cosas muy positivas independientemente de lo que puede pasar en el futuro próximo.

Ahora, yo creo que las movilizaciones están respaldando una gran lucha contra la corrupción vinculado con las elites de poder. Ahora, no se puede separar la corrupción política de las elites económicas, las multinacionales.

Para atacar la corrupción AMLO y los nuevos políticos tienen que atacar las fuentes de la corrupción que son las grandes empresas capitalistas mexicanas y extranjeras.

Segundo, tenemos el problema de la inseguridad, los asesinatos. Sabemos que el año pasado 30 mil personas murieron por asesinatos de diferentes grupos, particularmente los cárteles pero también los asesinos vinculados con el gobierno, el Ejército y la policía.

Entonces, para luchar por la seguridad tienen que atacar la estructura de poder que es la política económica, es la política militar y policial, y es otro tema.

Y tercero, es atacar la pobreza. Encontramos que más del 50% de los mexicanos viven bajo la línea de pobreza, y más del 70% no tienen empleo estable, tienen trabajos inestables.

El sector informal en México podría seguir arriba del 65% y los salarios entre los trabajadores son los mínimos en América Latina.

Entonces, hay muchos desafíos, pero por otro lado AMLO tiene un enorme respaldo. No hay que olvidar que consigue más del 50 por ciento de la votación, tiene mayoría en el Congreso, ganaron la gobernación en la Ciudad de México, la victoria que hemos visto con la señora Sheinbaum es otra cosa, Claudia tiene respaldo popular. También tenemos una enorme participación electoral, todos son factores positivos.

Ahora, también debemos entender que los capitalistas hablan de una fuga de capitales, hablan de bloqueos sobre las medidas económicas, están con protección de la jefatura de policía. Entonces, hay muchos obstáculos, muchos desafíos, pero tenemos que decir que la correlación de fuerzas políticamente en este momento, es muy positiva.

Ahora, uno no sabe en qué grado AMLO está dispuesto a enfrentar, si puede movilizar al pueblo, si puede fortalecer la institucionalidad vinculado con el cambio. Podríamos ver algunos cambios, bajar la desigualdad, inversiones y mejores trabajos, renegociar el Tratado de Libre Comercio, avanzar con inversiones en infraestructura para generar empleo, limitar las influencias de los grandes monopolios, eso podría avanzar más allá del hecho de que no va a expropiar todos los sectores.

Mucho depende de cómo se vaya a tratar el petróleo, porque bajo el gobierno anterior entregaron el petróleo a las multinacionales. Tiene que recapturar los ingresos de petróleo, tiene que aumentar la inversión en refinerías y bajar las importaciones y dependencias sobre Estados Unidos.

En todo caso debemos celebrar la victoria, también debemos mantenernos con cautela sobre los obstáculos que enfrenta. Pero el negativismo es fácil, los avances populares son algo que debemos reconocer.

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https://www.globalizacion.ca/la-derrota-de-la-derecha-en-mexico-es-muy-positiva-mas-alla-de-lo-que-pueda-pasar-en-el-futuro/

2/17/2017

Los lazos de Trump con el pasado y la resurrección de la izquierda


Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

De Omnibus Dubitandum
Hay que dudar de todo
Introducción
El presidente Trump está completamente integrado en la estructura más profunda del imperialismo estadounidense. A pesar de sus ocasionales referencias a la no intervención en guerras en el extranjero, Trump sigue los pasos de sus predecesores.
A pesar del alboroto montado por neoconservadores y liberales acerca de sus vínculos con Rusia, sus “herejías” sobre la OTAN y su apertura hacia la paz en Oriente Próximo, en la práctica, Trump ha desechado su imperialismo humanitario de mercado y ha acometido las mismas políticas belicosas de su rival del partido demócrata Hillary Clinton.
Al carecer de la hábil “demagogia” del antiguo presidente Obama y no adornar sus acciones con exhortaciones baratas a las políticas de “identidad”, los pronunciamientos groseros y abrasivos de Trump han hecho que los jóvenes se lancen a las calles en manifestaciones masivas. Estos actos de protesta cuentan con el poco discreto apoyo de los principales adversarios de Trump: los banqueros de Wall Street, los especuladores y los magnates de los medios de comunicación. En otras palabras, el presidente Trump es un manipulador de los símbolos, no un “revolucionario” y ni siquiera un “agente del cambio”.
Vamos a proceder a analizar su trayectoria histórica, la que ha permitido el advenimiento del régimen Trump. Identificaremos los programas y compromisos en curso que determinan el presente y la dirección futura de su administración.
Concluiremos determinando el modo en que la reacción del presente puede servir para crear futuras transformaciones. Nos enfrentaremos al actual delirio “catastrófico” y apocalíptico y propondremos razones para una visión optimista del futuro. En resumen: este artículo señalará por qué las características negativas del presente pueden tener consecuencias positivas.
Secuencia histórica
Las pasadas dos décadas, los presidentes de Estados Unidos han derrochado los recursos financieros y militares del país al embarcarse en múltiples guerras interminables en las que no han conseguido ganar, así como en deudas comerciales y desequilibrios fiscales por valor de un billón de dólares. Los dirigentes estadounidenses han enloquecido provocando grandes crisis financieras, permitiendo que los principales bancos cayeran en bancarrota, destruyendo la vida de pequeños deudores hipotecarios, devastando el tejido industrial y creando un desempleo masivo al que ha seguido la creación de puestos de trabajo inestables y mal pagados que han llevado al desplome de las condiciones de vida de las clases trabajadora y media baja. 
Las guerras imperiales, los rescates de un billón de dólares a los supermillonarios y la deslocalización sin cortapisas de las corporaciones multinacionales han profundizado enormemente las desigualdades de clase y dado paso a acuerdos comerciales que favorecen a China, Alemania y México. Dentro del país, los mayores beneficiarios de las crisis han sido los banqueros, los multimillonarios del sector de la alta tecnología, los importadores de bienes y los exportadores de la agroindustria.
Para hacer frente a la crisis del sistema, el régimen ha respondido dando mayores poderes al presidente de EE.UU. mediante decretos presidenciales. Para ocultar la debacle de décadas, los denunciantes de conciencia han sido encarcelados y se ha impuesto a cada sector de la ciudadanía la vigilancia típica de un Estado policial. Los centros financieros, como Goldman Sachs, han seguido dictando las normas y controlando el Departamento del Tesoro y las agencias reguladoras del comercio y de la banca. Mientras los presidentes de uno y otro partido entraban y salían del Despacho Oval, las “instituciones permanentes” del Estado se han mantenido sin cambios.
El “primer presidente negro”, Barack Obama, prometió la paz y emprendió siete guerras. Su sucesor, Donald Trump, salió elegido bajo la promesa de la “no intervención” y, sin solución de continuidad, tomó el testigo de Obama y prosiguió con los bombardeos: la pequeña Yemen sufrió los ataques de ejército estadounidense, los aliados de Rusia en la región del Dombás de Ucrania sufrieron violentos ataques por parte de los aliados de Washington en Kiev y la representante más “realista” de Trump, Nikki Haley, tuvo una actuación belicosa en la ONU, al estilo de la señora “intervención humanitaria” Samantha Power [i]rebuznado invectivas contra Rusia.
¿Dónde está el cambio? Trump ha continuado con la política de Obama aumentando las sanciones a Rusia, a la vez que amenazaba con aniquilar Corea del Norte con un ataque nuclear siguiendo los pasos de la escalada militar de Obama en la península de Corea. Obama emprendió una guerra por delegación contra Siria y Trump aumentó los ataques aéreos sobre Al Raqa. Obama rodeó China de bases militares, navíos y aviones de guerra y Trump entró marcando el paso de la oca con retórica belicista. Obama expulsó a una cifra récord de trabajadores mexicanos, dos millones en ocho años; Trump ha continuado la senda prometiendo aumentar las deportaciones.
En resumen, el presidente Trump ha seguido sumisamente la trayectoria de su predecesor, bombardeando los mismos países a la vez que plagiaba sus discursos maníacos ante la ONU.
Obama aumentó el tributo anual (etiquetado como “ayuda”) a Tel Aviv hasta la escalofriante cifra de 3.800 millones de dólares mientras se emitía débiles quejas sobre la invasión israelí de tierras palestinas; Trump ha propuesto trasladar la embajada de EE.UU. a Jerusalén mientras gimoteaba sus propias críticas descafeinadas sobre los asentamientos judíos ilegales en tierras robadas a Palestina.
Resulta absolutamente asombrosa la similitud entre las políticas y estrategias de Obama en política exterior y las de Trump, entre sus medios de implementarlas y sus aliados. La diferencia se limita al estilo y la retórica.
Ambos presidentes “agentes del cambio” quebraron inmediatamente sus falsas promesas preelectorales y han actuado sin salirse del marco de las instituciones permanentes del Estado.
Cualquier diferencia que muestren es fruto de los distintos contextos históricos. Obama se hizo cargo del colapso del sistema financiero e intentó regular la banca para estabilizar su funcionamiento. Trump asumió el cargo tras la “estabilización” de un billón de dólares de Obama y pretende eliminar las regulaciones –¡siguiendo los pasos del presidente Clinton!–. ¡Tanto jaleo a causa de la “desregulación histórica” de Trump! 
El “invierno de descontento” que ha tomado forma en protestas masivas contra la decisión de Trump de prohibir la entrada a inmigrantes y visitantes de siete países predominantemente musulmanes es consecuencia directa de las “siete guerras sangrientas” de Obama. Inmigrantes y refugiados son el producto de las invasiones y ataques a dichos países que han provocado el asesinato, las lesiones, el desplazamiento forzoso y la miseria en millones de personas, sobre todo, aunque no solo, musulmanes. Las guerras de Obama han generado decenas de miles de “rebeldes”, insurgentes y terroristas. Los refugiados, que huyen para salvar su vida, han sido prácticamente excluidos de Estados Unidos bajo la presidencia de Obama y la mayor parte de ellos han buscado refugio seguro en los escuálidos campos y el caos de la Unión Europea.
Por terrible e ilegal que pueda parecer el cierre de fronteras a los musulmanes y por prometedoras que parezcan las manifestaciones masivas de protesta, todo ello no es sino el resultado de las políticas de asesinato y caos implementadas durante casi una década por el presidente Obama.
Dentro de la misma trayectoria política, Obama derramó la sangre y le toca a Trump “arreglar el caos”, dicho en su estilo vulgar y racista. ¡A Obama se le consideró un pacificador merecedor del Premio Nobel de la Paz y al gruñón de Trump se le critica estrepitosamente por tener que usar la mopa para limpiar la sangre!
Trump ha escogido hollar el sendero de la deshonra y se enfrenta a la ira del purgatorio. Mientras tanto, Obama se ha retirado a jugar al golf y practicar windsurf y esboza su sonrisa despreocupada a los escritorzuelos que le adoran en los medios de comunicación de masas.
Mientras Trump pisotea el sendero marcado por Obama, cientos de miles de manifestantes llenan las calles para protestar contra el “fascista” y decenas de grandes medios de comunicación, docenas de plutócratas e “intelectuales” de todo género, raza y credo, se retuercen de indignación moral. Uno se queda perplejo ante el silencio ensordecedor de esos mismos activistas y esas mismas fuerzas cuando las guerras y violentos ataques de Obama provocaron la muerte y el desplazamiento de millones de civiles, en su mayor parte musulmanes y en su mayor parte mujeres, mientras sus hogares, bodas, funerales, mercados, escuelas y hospitales eran bombardeados.
¡Cuánto atolondramiento! En lugar de eso, deberíamos tratar de entender las posibilidades que surgen del hecho de que las masas rompan finalmente su silencio cuando el belicismo elocuente e hipócrita de Obama se transforma en la descarada marcha triunfal de Trump hacia el apocalipsis.
Perspectivas optimistas
Son muchos los que desesperan pero más los que han despertado. Vamos a identificar las perspectivas optimistas y las esperanzas realistas partiendo de la realidad actual y de las tendencias del presente. Ser realista significa analizar los acontecimientos contradictorios y polarizadores y, por tanto, no aceptar que haya resultados “inevitables”. Significa que los resultados son un “terreno en disputa” en el que los factores subjetivos desempeñan un papel determinante. La interrelación de las fuerzas en conflicto puede producir una espiral ascendente o una espiral descendente: hacia más igualdad, soberanía y liberación o hacia una mayor concentración del poder, la riqueza y los privilegios.
La concentración de poder y riqueza más retrógrada se halla en la oligárquica Unión Europea dominada por Alemania, una institución que se encuentra asediada por las fuerzas populares. Los votantes de Reino Unido decidieron abandonarla (Brexit) y como consecuencia, Reino Unido se enfrenta a una ruptura con Escocia y Gales y a una separación aun mayor con Irlanda. El Brexit llevará a una nueva polarización cuando los banqueros con sede en Londres se trasladen a la UE y los líderes del libre mercado tengan que enfrentarse a  trabajadores, proteccionistas y la masa creciente de pobres. El Brexit da fuerzas a los partidos nacional-populistas e izquierdistas en Francia, Polonia, Hungría y Serbia y frustra la hegemonía neoliberal en Italia, España, Grecia, Portugal y otros lugares. El miedo de los oligarcas de la UE es que los levantamientos populares intensifiquen la polarización social y saquen a la palestra a los movimientos progresistas de clase o a los partidos y movimientos nacionalistas autoritarios.
El ascenso al poder de Trump y sus decretos ejecutivos han provocado la polarización del electorado y un aumento de la politización y de la acción directa. El despertar de Estados Unidos profundiza las fisuras internas entre los demócratas con “d” minúscula –mujeres progresistas, sindicalistas, estudiantes y otros– y los oportunistas del Partido Demócrata con “D” mayúscula, especuladores, belicistas de toda la vida, gacetilleros burgueses del Partido “D” (los “fabricantes de engaños”) y un pequeño ejército de ONG financiadas por las grandes empresas.
La continuación por parte de Trump de los programas favorecedores al ejército y a Wall Street de Obama-Clinton provocará una burbuja financiera, un aumento aun mayor del gasto militar y más guerras caras. Estas separarán al régimen de sus partidarios dentro de los sindicatos y la clase trabajadora, una vez comprobado que el gabinete de Trump está compuesto exclusivamente por multimillonarios, ideólogos y sionistas y militaristas furibundos (contradiciendo su promesa de nombrar a duros empresarios negociadores y realistas). Esto podría generar una gran oportunidad para el auge de los movimientos que se oponen a la fea cara del régimen reaccionario de Trump.
La animadversión de Trump hacia el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés) y su defensa del proteccionismo y de la explotación financiera y de los recursos socavarán los regímenes narco-liberales corruptos y asesinos que han gobernado México durante los últimos treinta años, desde los días del presidente Salinas. La política antiinmigración de Trump obligará a los mexicanos a elegir entre reaccionar “luchando o huyendo” ante el caos social creado por las bandas de narcotraficantes y la policía gansterizada. Forzará a México a desarrollar su industria y mercado internos. El consumo de masas interno y la propiedad se unirán a los movimientos populares. El cártel de las drogas y sus patrocinadores políticos perderán el mercado estadounidense y se enfrentarán a la oposición interna.
El proteccionismo de Trump limitará el flujo ilegal de capital de México, que ascendió a una suma de 48.300 millones de dólares en 2016, equivalente al 55% de la deuda externa del país. La transición de México para salir de la dependencia y el neocolonialismo polarizará intensamente al Estado y la sociedad; el resultado vendrá determinado por el balance en la lucha de clases.
Las amenazas económicas y militares de Trump hacia Irán reforzarán a las fuerzas nacionalistas, populistas y colectivistas frente a los políticos “reformistas” neoliberales y pro-occidentales. La alianza antiimperialista de Irán con Yemen, Siria y el Líbano se solidificará frente al cuarteto formado por Arabia Saudí, Israel, Gran Bretaña y Estados Unidos, liderado por este último.
El apoyo de Trump a la ocupación masiva de tierras palestinas y su prohibición “solo judíos” a musulmanes y cristianos “sacudirá” a los millonarios colaboracionistas de la Autoridad Palestina y provocará nuevas revueltas e intifadas.
La derrota del Estado Islámico reforzara las fuerzas gubernamentales independientes en Irak, Siria y el Líbano y debilitará la influencia imperialista estadounidense, abriendo la puerta a luchas populares democráticas seculares.
La campaña a gran escala y prolongada del presidente chino Xi Jinping contra la corrupción ha supuesto la detención y el despido de más de 250.000 funcionarios y empresarios, incluyendo multimillonarios y altos cuadros del Partido. Los arrestos, la persecución y encarcelamiento han reducido el abuso de los privilegios  pero, lo que es más importante, ha mejorado las perspectivas de que los movimientos populares se enfrenten a las enormes desigualdades sociales. Lo que comenzó “desde arriba” puede provocar movimientos “desde abajo”. La resurrección de un movimiento hacia los valores socialistas puede tener un gran impacto en los estados vasallos de EE.UU. en Asia.
El respaldo de Rusia a los valores democráticos en el este de Ucrania y la reincorporación de Crimea mediante referéndum puede limitar los regímenes marioneta de Estados Unidos en el flanco meridional ruso y  reducir la intervención estadounidense. Rusia puede desarrollar lazos de paz con estados europeos independientes con la ruptura de la UE y la victoria electoral de Trump frente a la amenaza nuclear del régimen Obama-Clinton.
El movimiento a escala mundial contra la globalización imperialista aísla al poder derechista apoyado por EE.UU. en Sudamérica. La búsqueda de tratados comerciales neoliberales de Brasil, Argentina y Chile está en horas bajas. Sus economías, especialmente en Argentina y Brasil, han visto triplicadas sus cifras de desempleo y cuatriplicadas la de su deuda externa, su crecimiento está estancado o en recesión y ahora se enfrentan a huelgas generales masivas. La “adulación” neoliberal está provocando lucha de clases. Todo ello puede dar un vuelco al orden post-Obama en Latinoamérica.
Conclusión
El orden ultra neoliberal del pasado cuarto de siglo se está desintegrando por todo el mundo y en sus principales países. Hay un incremento significativo de movimientos desde arriba y desde abajo, de las izquierdas democráticas a las fuerzas nacionalistas, de populistas independientes a la “vieja guardia” de la derecha reaccionaria: ha surgido un nuevo universo político polarizado y fragmentado. El principio del fin del actual orden imperialista-globalista está creando oportunidades para un nuevo orden dinámico democrático y colectivista. Los oligarcas y las élites de la “seguridad” no accederán a las demandas populares ni renunciarán a sus privilegios fácilmente. Afilarán los cuchillos, emitirán decretos ejecutivos y orquestarán golpes de Estado para intentar mantener el poder. Los movimientos democráticos populares emergentes necesitan superar la fragmentación identitaria y nombrar líderes unificados e igualitarios que puedan actuar decisiva e independientemente de los líderes políticos existentes, que realizan gestos progresistas espectaculares pero falsos mientras pretenden una vuelta a la pestilencia y la miseria del pasado reciente.

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y a Rebelión como fuente de la traducción


[i] Embajadora de EE.UU. ante la ONU con la administración Obama, entre 2013 y 2017. 

10/09/2014

"En México matan a sangre fría"


El análisis de James Petras
CX36 Radio Centenario

Efraín Chury Iribarne: James Petras, buenos días, bienvenido a la 36.
James Petras: Muchas gracias.

EChI: Si te parece comenzamos por ciertas sorpresas surgidas en las elecciones brasileñas.

JP: Primero debemos anotar que la victoria de (Dilma) Rousseff es más que nada un rechazo a la política neoliberal extrema de (Aécio) Neves y Marina Silva.

El hecho de que Rousseff consiga el 42% de los votos es en parte por la situación positiva de grandes sectores populares a partir de políticas reformistas, aumentando el salario mínimo, la bolsa de pobreza y el empleo pleno, por lo menos el desempleo es menos del 5%, esas son las positivas. A pesar de eso, los grandes temas de malos servicios, la corrupción, la falta de un proyecto más comprensivo para largo plazo, pero frente a lo que ofrecen Marina Silva y Neves es una vuelta hacia atrás.

La política de (Fernando Henrique) Cardoso favoreció a los grandes a los banqueros y los sectores más ricos, creo que es la razón para que la gente votara por Rousseff, pensando que los otros son peores. Ahora, el más grande desconcierto que tengo es por el hecho que los partidos de la izquierda radical solo consiguieron un 3 o un 4% de los votos. Eso indica que cuando la izquierda sale dividida en tres o cuatro partidos son muy pocas personas, votantes, los que pueden tomarlos en serio como alternativa. Y como la gente busca alternativas concretas en ese contexto y frente a la amenaza de la derecha dura, votaron por Rousseff.

La segunda ronda, que viene en pocas semanas, va a ser bastante peleado porque Marina Silva está buscando algún puesto en un nuevo gobierno y tal vez va a insistir en su electorado para que voten por Neves. Eso es lo más probable si le hacen una oferta. En tanto, Cardoso -el ex presidente- muy oportunista como siempre, va a pedir a Neves que le haga una oferta. Esto implica que Rousseff puede ganar las elecciones pero por un margen más estrecho que en el pasado, puede ganar por un 52 o un 53%.

Mientras tanto la prensa financiera aquí está muy crítica a los resultados pensando que ellos podrían ganar primero con Marina Silva y ahora buscan de cualquier forma para perjudicar las condiciones y la Bolsa en el sector financiero, para crear una situación negativa frente a las elecciones. No hay duda que Wall Street y City de Londres han jugado un papel aquí tratando de perjudicar a Rousseff, no por las grandes entregas que hizo sino porque buscan un gobierno más liberal, con menos intervención del Estado, menos gastos sociales. Es decir que el capitalismo actual no quiere repartir riquezas quiere todo. Y por esta razón Rousseff aparece como algo progresista en este contexto.

EChI: Hasta las encuestas tuvieron algunos problemas en Brasil, porque no se correspondieron con la realidad que se produjo.

JP: Sí, pero por lo menos en las últimas encuestas empezaron a reconocer la realidad, aunque por un tiempo inflaron la popularidad de Marina Silva, trataron de crear la imagen de que ella era la candidata más popular, haciendo el cuento que era de orígenes populares, humilde, y vinculada con el ambientalismo. Pero cuando la gente entendía, cuando empezaron a ver las pocas propuestas concretas y que ella realmente era el candidato del capitalismo salvaje, se desplomó. En tres semanas cayó en forma vertical . Rousseff ganó el voto realista, porque Marina Silva no representaba realmente el cambio.Entonces si ella no representaba el cambio, Neves es una cosa aún peor, por lo tanto es mejor quedar con lo malo que tienen en mano.

EChI: ¿En qué otros temas estás trabajando?

JP: Podríamos tocar la situación de México donde descubrieron 28 estudiantes normalistas (NdeR: Colectivo ideológico al que pertenecían los estudiantes) asesinados por el Estado, por la policía y la policía vinculada con los cárteles de narcotraficantes. Mataron a los estudiantes para sumar a las cien mil personas asesinadas en los últimos 8 años.

Eso es una cosa muy grave porque nadie habla de los asesinatos en México bajo gobiernos neoliberales, donde el Estado y los traficantes están vinculados, eso hay que ponerlo en contexto.

Para los Estados Unidos el mejor aliado en Centroamérica y en América Latina es México, porque está entregando la principal empresa petrolera en América Latina –PEMEX-. Entonces cuando un gobierno entreguista, un gobierno asesino, se pasa de la publicidad dejan de hablar y vincular el tema. Hablan mucho de las protestas en Hong Kong, de algún gas o algunos chorros de agua, pero no hay ningún muerto y hay muy pocos heridos, quizás algún encarcelado; pero cada día está en la primera página. Sin embargo, cuando en México matan a sangre fría a 28 estudiantes normalistas de origen indígena, no se le hace ninguna publicidad y mucho menos vinculan al gobierno con este crimen.

EChI: Sí realmente una noticia que conmueve, sin duda alguna.

JP: Fueron 28 esta semana, pero anteriormente hay 100 mil muertos asesinados y no son traficantes, policías ni soldados. Son muchos inocentes. Y eso es el gran crimen que los medios siempre hablan de los cárteles y asesinatos pero no hablan del vínculo con el Estado ni del Estado vinculado con las grandes empresas norteamericanas y respaldado por el gobierno norteamericano.

EChI: Una situación que parece no tener solución, es vecindad entre Estados Unidos y México parece que funcionara cada vez más en desmedro del pueblo.

JP: Aquí hay una forma muy selectiva para hablar de derechos humanos. Sobre Hong Kong hablan de las limitaciones a la democracia, pero sobre México, donde los asesinatos son a diario, de un gobierno supuestamente electo pero vinculado con Washington, nadie habla de problemas de los derechos humanos y la culpa que tiene el gobierno.

El otro tema sobre los que quiero hablar es de otros dos procesos electorales en la región.

Uno es en Perú donde un derechista ganó la Alcaldía en las elecciones de ayer derrotando a un candidato de izquierda.

Y el otro, refiere a las próximas elecciones en Bolivia, donde Evo Morales va a ganar con una victoria bien contundente y eso me parece importante anotarlo. Porque Evo Morales ha construido una máquina electoral vinculada con los sectores populares y repartiendo el dinero que viene de los sectores mineros y de la agricultura. Una forma desigual pero en todo caso con la organización, el carisma y las reformas, puede garantizar la victoria por tercera vez.

Mientras que en Perú, el gobierno supuestamente socialista, de izquierda, fue incapaz de realizar cambios significativos y sin organización orgánica sufrirá una derrota después de su paso por el gobierno. Eso indica la importancia de la organización política y la capacidad de cumplir con las reformas prometidas.

Eso muestra por que Evo gana y en el caso de Perú la izquierda pierde

EChI: Muy bien Petras, muchas gracias por todo. Un abrazo.

JP: Gracias. Un abrazo, chau.

Escuchar aquí:

9/01/2013

Lucha de clases y resistencia en la era del capitalismo extractivo


América Latina

Traducido para Rebelión por Silvia Arana

Introducción La lucha de clases es esencial para enmarcar cuestiones de régimen político, relaciones de clase, estructuras y estrategias económicas y distribución de la riqueza.
La lucha de clases posee un carácter internacionalista, especialmente en esta era de globalización imperialista; las corporaciones multinacionales, las organizaciones financieras internacionales y los estados imperiales intervienen directa o indirectamente, a través de estados colaboracionistas o testaferros, en la "lucha de clases entre los trabajadores y el capital". Esto es particularmente evidente en América Latina con el auge del capitalismo extractivo: las gigantescas corporaciones agro-mineras tienen un papel principal en la elaboración de políticas económicas, que van en detrimento de los trabajadores, de las comunidades y de los pueblos indígenas.
Las clases en lucha varían según la época y el lugar, dependiendo de condiciones socio-económicas y políticas, organización, trayectoria histórica, distribución del ingreso y sitios de explotación económica y despojo.
La naturaleza de las luchas y las demandas conflictivas entre trabajadores y capital varía en términos de alcance, intensidad, ubicación geográfica e intereses de clase. El rango de temas abarca desde demandas sectoriales específicas sobre salario y condiciones de trabajo hasta luchas más amplias que abarcan tanto políticas públicas sobre presupuesto, decisiones de inversión y derechos de propiedad como cuestiones de despojo, contaminación y los impactos destructivos en las comunidades locales.
En las luchas de clases participan dos rivales principales. La lucha de la clase dominante, "desde arriba", en la que varios sectores capitalistas usan su poder social, control económico y penetración estatal para maximizar las ganancias inmediatas y futuras, para monopolizar las asignaciones del presupuesto estatal, para limitar la parte del ingreso destinado a los trabajadores y para despojar y desplazar a pequeños productores y habitantes locales de las regiones ricas en recursos. La lucha de la clase popular, "desde abajo", involucra a una panoplia de clases abarcando a desempleados y a obreros de la industria, gremios públicos y empleados asalariados del sector privado, campesinos sin tierra, pequeños productores y comunidades indígenas. Sus demandas cubren un amplio rango que va desde una mayor participación en el ingreso nacional, la recuperación de tierras y recursos usurpados por el estado para las corporaciones agro-mineras, hasta un cambio sistémico en derechos de propiedad y relaciones de clase.
Uno de los determinantes clave del alcance y la profundidad de la lucha de clases es el "momento del ciclo económico" -el punto en el cual un modelo económico particular está en una fase ascendente o ya ha extenuado sus posibilidades y ha ingresado en su declinación y crisis. Por ejemplo, en años recientes presenciamos el auge del neoliberalismo, entre mediados de los 70s y fines de los 90s, un periodo en el que el capital estuvo en la ofensiva, librando una guerra de clases y revirtiendo los avances de los obreros y campesinos, privatizando la economía y saqueando el tesoro público. A fines de la década del 90 y principios del siglo XXI, el neoliberalismo entró en crisis, se intensificó la lucha de clases desde abajo, abarcando desde los movimientos de trabajadores desocupados de Argentina, a los movimientos indígenas de Bolivia y Ecuador que causaron la caída de varios regímenes y el surgimiento de gobiernos post neoliberales.
De igual manera, la declinación del mega-ciclo (boom de una década de las economías exportadoras de commodities) que comenzó en 2012-2013, está siendo acompañada por un auge de movimientos urbanos de masas que protestan contra las políticas de los regímenes post neoliberales en Brasil, Perú y Argentina.
Los cambios en las configuraciones económicas de América Latina, especialmente en la expansión de los sectores agro-mineros, financieros y comerciales y la caída del sector manufacturero han tenido un profundo impacto en la forma de la estructura de clase, la organización de los sindicatos y el conflicto de clase. La afiliación a los sindicatos ha sufrido una caída estrepitosa. En Brasil, los afiliados a los sindicatos decrecieron de un 32,1% a principios de la década del 90 (previo a la elección del neoliberal Cardoso en 1994) al 17% a mediados de los 90 en la presidencia de Lula (2005). En Argentina, entre 1986 y 2005, la cantidad de afiliados a los sindicatos bajó del 48,7% al 25,4%. En México, los afiliados disminuyeron del 14% al 10% entre 1985 y 2005. Chile es la excepción: comenzó con un índice bajo del 11.6% en 1986 y aumentó al 16% en 2005. Además, la caída de la cantidad de afiliados a los sindicatos ha estado acompañada por la disminución de la cantidad de obreros industriales, especialmente en las industrias de bienes de consumo que requieren mano de obra intensiva, afectadas negativamente por importaciones de textiles, zapatos, juguetes y otros productos de bajo costo desde Asia -como parte del intercambio entre exportadores agro-mineros e importadores de manufacturas.
El debilitamiento de los sindicatos va a la par con la disminución de la influencia política en las políticas estatales y un giro hacia la reducción de los salarios y empeoramiento de las condiciones de trabajo. A raíz de ello, hay menos huelgas y estas se enfocan en reivindicaciones de índole inmediata.
Los movimientos sociales masivos ocuparon el espacio social y político de la lucha de clases que había sido dejado vacante por los obreros industriales. En el campo, el movimiento anteriormente liderado por campesinos, indígenas y los trabajadores sin tierra durante la era neoliberal fue reemplazado por las luchas urbanas lideradas por trabajadores de servicios de bajos ingresos y empleados de clase media baja en el periodo post neoliberal "tardío". Esto fue puesto en evidencia por las luchas urbanas masivas en las que participaron millones de personas en Brasil en mayo-junio de 2013.
El cambio en las luchas económicas y sociales condujo a transformaciones fundamentales en la ubicación de las luchas de clases y en las demandas socio-económicas.
Antes de la década del 90, las principales huelgas, protestas y otras actividades de clase eran organizadas en el sitio de trabajo por trabajadores empleados y afiliados a sindicatos. Durante la década del 90 el eje de la lucha se trasladó a las calles, el campo y los barrios mientras que la lucha de clases era impulsada por trabajadores rurales sin tierra, obreros desocupados y la clase media en descenso. En la primera década y media del 2000, la ubicación de la lucha de clases se focalizó en las comunidades indígenas y de las provincias aledañas a la explotación corporativa agro-minera. Las luchas se centraron en la resistencia al despojo, a la erradicación y a la destrucción del hábitat. En los movimientos urbanos de masa de las principales ciudades brasileñas confluyeron personas de la clase media baja, trabajadores informales y estudiantes. Estos se organizaron en las calles: el centro de organización y confrontación se ubica en los barrios y comunidades. El blanco de ataque es el estado post neoliberal. El poder de convocatoria de los sindicatos ha disminuido en un ratio de 20 a 1. Dos millones de trabajadores participaron en marchas de protesta contra la corrupción masiva, la asignación injusta de los recursos presupuestarios y la caída de los estándares de vida y la calidad de servicios básicos de salud, educación y transporte.
La nueva lucha de clases está conformada básicamente por la joven generación de trabajadores no sindicalizados, muchos de los cuales son trabajadores del sector informal y trabajadores de servicios con salarios bajos, alto nivel de dependencia de los servicios públicos y sin protección social del estado.
La fisonomía compleja y cambiante de la "lucha de clases desde abajo" se corresponde con la continuidad y los cambios de la "lucha de clases desde arriba".
Las clases dominantes han cambiado de postura: pasaron de tener una posición de fuerza bruta -vía dictaduras militares y regímenes ultra-autoritarios al lanzar la contrarrevolución neoliberal a principios de la década del 70 y mediados del 80- hacia una postura de apoyo a la transición negociada a políticas electorales como un medio de consolidar el modelo e implementar rápidamente la agenda neoliberal en la década del 90.
Frente a las revueltas populares contra el neoliberalismo de fines de la década del 90, la élite agro-minera apoyó a los regímenes post neoliberales de centro-izquierda y se aseguró un lugar de privilegio en el nuevo modelo, aceptando el aumento de impuestos y los pagos de royalties a cambio de vastos subsidios estatales y apropiaciones de tierra a gran escala.
Con la caída del mega-boom (después de 2012) diferentes sectores de la clase dominante adoptaron distintas estrategias: algunos, sobretodo los sectores agro-mineros de Brasil, presionaron por un regreso al neoliberalismo dentro de los regímenes de centro-izquierda; otros, especialmente la unión agro-industrial de Argentina, organizaron "protestas masivas" para deteriorar al gobierno post neoliberal y la inversión inmobiliaria y el capital financiero internacional trasladaron capital hacia sitios más lucrativos en otras regiones.
Mientras que la lucha de clases en sus múltiples expresiones es una fuerza "constante" y en movimiento que determina estrategias económicas y la dirección de la política social, la forma organizativa que adquiere ha cambiado drásticamente en la última mitad del siglo. Incluso lo que aparenta ser una organización similar ("movimientos", "sindicatos" y "movilizaciones basadas en la comunidad") posee grandes variantes en su composición interna y en su modo de operar. Para aumentar la complejidad, las organizaciones cambian con el tiempo tanto en sus estructuras como en sus relaciones con el estado, según la tendencia política del gobierno en el poder.
Vamos a examinar algunos ejemplos:
En la década del 70, los sindicatos de Chile, Argentina, Perú y Uruguay estaban altamente politizados, tenían un papel principal en la movilización y en la unión con partidos y movimientos barriales promoviendo la socialización de la economía y la resistencia a las dictaduras militares. Así mismo, durante las últimas fases de las dictaduras militares en Brasil y Perú, los sindicatos militantes participaron en huelgas masivas para acelerar el advenimiento de políticas democráticas electorales. Posteriormente, con el surgimiento de los regímenes post neoliberales, la mayoría de los sindicatos participaron en negociaciones colectivas tripartitas sobre estrechas demandas corporativas, eludiendo cualquier lucha enraizada en la comunidad sobre cuestiones sociales y, en muchos casos, respaldando las políticas gubernamentales mediante sus líderes cooptados. En otras palabras, los sindicatos han tenido en diferentes épocas tanto el papel de "vanguardias sociales" y aliados de los movimientos de masa, como de mediadores del compromiso social o el de colaboradores activos y correa de transmisión del estado. El mismo concepto organizativo de sindicato abarca respuestas contradictorias a las demandas de la lucha de clases. Lo mismo sucede con los "movimientos sociales". Desde el comienzo de los regímenes neoliberales, y durante su accionar catastrófico los movimientos sociales tuvieron un papel de liderazgo cuestionándolos y derrocándolos ante la crisis económica. Los movimientos abarcaron un amplio abanico, desde los trabajadores urbanos desempleados organizados localmente en Argentina a los movimientos indígenas comunitarios de Ecuador y Bolivia, y a los movimientos de trabajadores rurales centralizados de Brasil. Con el surgimiento de los regímenes post neoliberales y el auge del mega-ciclo, los movimientos de desocupados (piqueteros) prácticamente desaparecieron en Argentina, sectores importantes del movimiento indígena, especialmente los cocaleros de Bolivia perdieron su autonomía y pasaron a apoyar políticamente al gobierno de Evo Morales, y el movimiento MST (Movimiento de los trabajadores rurales sin tierra) disminuyó su actividad de recuperación de la tierra en pos de los subsidios económicos de los regímenes de Lula y Dilma en Brasil.
Lo que es impactante en relación al concepto de "movimientos sociales" es que cuando disminuye la lucha de clases llevada a cabo por movimientos anteriores, establecidos y/o cooptados, movimientos nuevos y vibrantes irrumpen en la escena. En Bolivia el movimiento TIPNIS lidera la lucha contra las estrategias extractivas del gobierno de Morales. En Brasil, los movimientos de masas conformados por millones de personas desafiaron las políticas, prioridades y a los políticos corruptos del gobierno de Lula-Dilma. Movimientos eco-indígenas sobrepasaron a los sindicatos y los movimientos sociales cooptados en Ecuador, Argentina, Paraguay y Perú... Nuevas organizaciones de clase y organizaciones civiles dinámicas y enraizadas en la comunidad participan en confrontaciones masivas contra las multinacionales mineras extractivas y el estado en Colombia, Perú, Ecuador y otros países.
La dinámica del capital extractivo, con sus políticas extremas de erradicación, desplazamiento y desposesión de comunidades enteras, genera alianzas interclasistas y abarcadoras que desafían el poder y las prerrogativas del estado para dictar políticas de desarrollo, al menos en relación con la explotación regional de los recursos. Con la caída del mega-ciclo extractivo y la disminución de la demanda de commodities y de sus precios, mientras el crecimiento de China, India y el resto de Asia se desacelera, regresan los signos de una lucha de clases nueva, amplia, nacional (en oposición a regional). La élite debate estrategias de clase. Los sectores del capital extractivo demandan intensificar la producción para compensar la baja de precios; otros se aseguran recortes en impuestos y costos sociales; otros, en los regímenes post neoliberales hacen llamados a un "nuevo modelo de desarrollo" frente a la movilización de las masas (Lula Da Silva en Brasil). Los gobiernos post neoliberales, temerosos de la fuga de capitales, son presionados para hacer mayores concesiones impositivas a los capitalistas, por un lado, y por el otro, sienten temor ante los movimientos urbanos masivos que exigen mejoras efectivas en los servicios públicos y el empleo; vacilan entre las concesiones sociales y la represión policial.
Dado el alto grado de dependencia inscripto dentro del modelo extractivo, cortar las conexiones gubernamentales con el comercio de commodities, y construir un nuevo modelo equilibrado requerirá de un compromiso más profundo y amplio con las clases populares y un retorno a la lucha de clases desde abajo.
Estudios de caso de la lucha de clases desde arriba y desde abajo
La lucha de clases ha sido claramente internacionalizada. La intervención imperial es una parte central de la lucha de clases desde arriba y es endémica, ya sea mediante corporaciones multinacionales, inversión y desinversión, los golpes de estado promovidos por el imperio y las políticas desestabilizadoras o las invasiones militares -directas o a través de terceros países. La lucha de clases antiimperialista desde abajo es menos prominente, pero se manifiesta en la ayuda internacional y las políticas solidarias promovidas desde Venezuela con el ALBA, reuniones internacionales de estrategia campesina, de pueblos indígenas y movimientos de solidaridad. Sin embargo, lo fundamental de la lucha de clases contra la explotación halla su expresión en los movimientos de los oprimidos y los desposeídos, quienes solo pueden contar en última instancia con los recursos de sus propias bases -a diferencia de las clases dominantes, que dependen de sus aliados imperiales estratégicos.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

8/16/2013

James Petras: “la fórmula de los foristas de San Pablo, va más hacia el acomodo con la burguesía que en la profundización del proceso progresista”




Entrevistas | CX36 Radio Centenario | 16-08-2013 |  
      
“La necesidad de una reformulación de un proyecto de izquierda es necesaria”, dijo el sociólogo norteamericano James Petras al analizar las repercusiones de la reciente edición del Foro de San Pablo. “Lula habla de un nuevo modelo. Y en el mismo momento surge que Brasil busca un tratado de libre comercio con la Unión Europea. Por eso digo que hay doble señal: por un lado, una tibia autocrítica pero reconoce que el proyecto burgués popular –que era la fórmula de todos los gobiernos supuestamente progresistas- ya está agotado, pues la burguesía busca ahora su propia representación; el centro enfrentado con esta situación no sabe si volver a profundizar el neoliberalismo o buscar alguna forma de reagrupar alguna posición de izquierda”, subrayó. “Temo que la fórmula de los foristas de San Pablo, va más hacia el acomodo con la burguesía que en la profundización del proceso que empezó a fines del siglo pasado”, indicó. A continuación transcribimos la columna de James Petras que Usted puede escuchar/descargar en el siguiente link:

https://soundcloud.com/nachov3/efra...

Efrain Chury Iribarne: Como cada lunes a esta hora establecemos contacto telefónico con James Petras que está en Estados Unidos. Buenos días Petras, ¿como estás?

James Petras: Estamos muy bien, con unos días preciosos, y prontos para comenzar este espacio.

EChI: Para comenzar, tenemos una información que señala que “Un servidor de XKeyscore, el sistema de espionaje global a internautas de la Agencia Nacional de Seguridad de EE.UU. (NSA), está ubicado en la embajada estadounidense en Moscú, según filtra el diario ruso ‘Védomosti’. ¿Esto se divulgó allí?

JP: no lo recuerdo, pero hay tantas noticias sobre el espionaje, las denuncias, los nuevos descubrimientos, la profundidad y extensión del espionaje y últimamente los esfuerzos del régimen de Obama para justificar y profundizar el espionaje, en vez de modificar y cambiar las cosas.

Hemos visto hoy por ejemplo, que Obama busca legitimizar el espionaje, en vez de tratar de evitar más denuncias, él carga adelante con los programas, utilizando la fabricación de este blog terrorista, hablando de ‘alerta roja’, lo que terminó en nada, no hubo conspiración ni acto terrorista. Obviamente están a la defensiva por un lado, tratando de distraer la atención; y por otro lado, lanzando propuestas para extender el programa. Lo que pasa es que la resistencia no ha tomado todavía medidas contundentes, simplemente ha hecho alguna denuncia, alguna afirmación sobre la soberanía cibernética, pero no hemos tenido una defensa más firme y contundente contra esa agresión. Y entonces Obama sigue con la política reaccionaria, y no sólo en el espionaje donde justifica todo, no han retirado nada, siguen espiando sobre todo incluso esta conversación, es seguro que va a parara a algún archivo, esté seguro que queda registrada.

Todo eso ha provocado alguna oposición aquí en el Congreso, pero todavía sin apoyo amplio, mayoritario;en el público también hay muchas críticas. Pero como no tenemos democracia en este país, el Ejecutivo hace lo que da la gana, hace que todo quede en una crisis apocalíptica, eso es lo que no hemos visto todavía.

Por ejemplo, frente al espionaje norteamericano, denuncia a Rusia y cancela una reunión entre Putin y Obama por no entregar a la persona reveladora de este enorme aparato de espionaje, el señor Edward Snowden. Y lo mismo está pasando con Israel, donde el canciller Kerry arregló que palestinos estén presentes, mientras que Israel anuncia mil departamentos más dentro del territorio de Jerusalén, en tierras palestinas, y el desplazamiento de 40.000 beduinos en los próximos s seis meses. Esto significa que Washington es cómplice en la expansión, conquista y colonización israelí.

Finalmente debemos decir que el espionaje como factor en las Embajadas en los países latinoamericanos es un hecho y lo ha sido por varios años. Por ejemplo, en Paraguay la Embajada tiene cuatro manzanas, en un pequeño país, obviamente es un centro de importancia para el espionaje y control de todas las comunicaciones. Ahora tenemos los satélites, bases militares, etc.

Estamos frente a un nuevo tipo de imperialismo que utiliza la cibernética como un instrumento de penetración y desestabilización.

EChI: Finalizó el Foro de San Pablo en Brasil, que algo mencionaste el lunes pasado. ¿Hay alguna otra repercusión que haya merecido tu atención?

JP: Hay varias repercusiones que debemos anotar. En primera instancia, que es una organización que incluye tanto a neoliberales como lo que podríamos llamar progresistas, entre los que figuran diferentes partidos desde dominicanos a chilenos, etc.

En segundo lugar, hay por lo menos retóricamente un reconocimiento por parte de (el ex presidente brasileño, Luiz Inacio Da Silva) Lula de que ya están agotando una etapa, en la que el progresismo que tenía alguna vida activa, reformas tibias, que empezaron a mejorar la condición de vida, están agotados. Podemos ver en todas partes un debilitamiento en los afiliados del Foro de San Pablo.

Por ejemplo el kirchenrismo sufrió ayer varias derrotas y bajas en las votaciones, principalmente en las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. También podríamos ver la baja de popularidad de Dilma en Brasil o la pérdida de apoyo en Venezuela.

La necesidad de una reformulación de un proyecto de izquierda es necesaria. Lula habla de un nuevo modelo. Y en el mismo momento surge que Brasil busca un tratado de libre comercio con la Unión Europea, por eso digo que hay doble señal: por un lado, una tibia autocritica pero reconoce que el proyecto burgués popular –que era la formula de todos los gobiernos supuestamente progresistas- ya está agotado, pues la burguesía busca ahora su propia representación; el centro enfrentado con esta situación no sabe si volver a profundizar el neoliberalismo o buscar alguna forma de reagrupar alguna posición de izquierda. Temo que la fórmula de los foristas de San Pablo, va más hacia el acomodo con la burguesía que en la profundización del proceso que empezó a fines del siglo pasado.

EChI: ¿Qué otros temas ocupan en estas horas tu trabajo?

JP: Son varios. Primero hemos hablado sobre el Medio Oriente y sigue siendo uno de los ejes de la política. Con los fracasos –que podemos anotar- de los gobernantes occidentales, los países imperiales; pero sin avances populares.

Permíteme explicarlo.

El proyecto de invasión de Libia, destruyó el gobierno y la política social, económica y progresista de Gadaffi. Destruyó el país, pero no es un gran éxito porque al mismo tiempo los resultados produjeron una fragmentación, agrupaciones de terroristas de Al Qaeda, Tribalistas, todo tan caótico que la producción petrolera es casi cero y con ello, casi nulos los beneficios occidentales. Es decir, fue una derrota de la izquierda pero no fue una victoria, pro la política destructiva.

Algo similar podemos decir de Siria. Los países occidentales con los terroristas que financian y arman los occidentales, están destrozando y destruyendo gran parte del país, pero no alcanza ningún progreso desde el punto de vista de los intereses occidentales. Incluso podríamos decir que las políticas occidentales están fortaleciendo los grupos más extr3emistas islámicos, mientras Bashar Al Assad sigue defendiendo el patrimonio en un país destruido. Otra vez el imperialismo destruye pero sin capitalizar sobre el asunto. Lo mismo sucede en Irak, siguen los bombardeos, hubo más de mil muertos en julio, la política occidental es simplemente destruir el país, pero los pozos de petróleo bajaron la producción, los oleoductos están en peligro.

Entonces, la política imperialista tiene como “éxito” destruir a los adversarios nacionalistas independientes, pero sin capitalizar, beneficiar, estabilizar la situación y poner gobiernos que les sirva. En Egipto también pasa, donde apoyaron a Mursi, luego apoyaron el golpe y han provocado una polarización entre militares y musulmanes; mientras que la izquierda no gana pero tampoco tiene control estable el imperio., Esta es una realidad que hay que reconocer, no hay avances imperialistas peor no podemos poner el énfasis sobre algún resultado positivo desde el ángulo de las fuerzas progresistas.

EChI: ¿Cuál es la situación de Arabia Saudita en este escenario?

JP: En Arabia Saudí lo principal es fortalecer la familia absolutista, monárquica, multi mil millonaria, su riqueza protegerlos, y ganar fuerzas a partir de contratar mercenarios desde los Estados Unidos hasta Al Qaeda. Como es un gobierno sumamente corrupto, sumamente rico, sin ninguna apertura ni posibilidad de conseguir algún consenso.

Depende mucho de cómo puede exteriorizar los enemigos musulmanes. Entonces, lo que hace Arabia Saudi es financiar Al Qaeda para conflictos externos, desplazándolos para cualquier otro país, Afganistán, Siria, Irak, etc. Esos son los apoyantes de los grupos más extremistas. Al mismo tiempo apoyan a los Estados Unidos con bases militares, los financia comprando armas para neutralizar a Irán, y la atracción de Irán es que tiene un gobierno electo, independiente, con todos los defectos, pero que es muy atractivo para todos los islámicos chiíes.

Por otro lado, busca de alguna forma llegar a acuerdos clandestinos con Israel, forma parte con Turquía e Israel, un triángulo de apoyo para las fuerzas imperialistas.Pero son simplemente un poder financiero sin ninguna atracción política .Pueden comprar apoyo militar de Estados Unidos, pero mantenerse en una situación políticamente muy frágil. No tienen ningún apoyo interno, aparte de algunas tribus, las fuerzas militares y el apoyo que reciben de los norteamericanos.

Es uno de las más reaccionarias fuerzas en el mundo por la estructura interna, por la discriminación contra mujeres y grupos diferentes, es un poder que huele mal, como un pez podrido.

EChI: Por último, ha circulado una información respecto a que la debacle de Detroit se repite en zonas de Nueva York. ¿Es así?

JP: Si. Por ejemplo aquí en donde vivo, en Binghamton Nueva York, como en Siracusa, como en Buffalo, hemos perdido un 80% de la industria manufacturera, se han ido a otros países, han dejado de invertir acá. Hemos bajado la población de 80.000 a 47.000, lo mismo en todas las ciudades al norte de Manhattan.

Ahora, el Estado, la Provincia de Nueva York está muy polarizada, incluso la ciudad de Nueva York está muy polarizada entre sectores financieros que no consideran importante gastar tres millones por un departamento, hasta los sectores más empobrecidos en la misma ciudad que son menos de dos kilómetros de distancia.

Es una polarización en Nueva York, donde antes teníamos más de 700.000 trabajadores de fábricas y hoy tenemos menos de 100.000, y ha dejado de ser un centro de producción para pasar a ser simplemente una capital financiera con las grandes polarizaciones que pueden ser de las peores del mundo. Pero no es simplemente una polarización de clases, sino que es una polarización de regiones. Todo lo que perdimos hacia fuera, en el interior, lo ha capitalizado el centro. Wall Street, por ejemplo, captura cientos de miles de millones en subvenciones mientras nosotros no tenemos siquiera préstamos para financiar los caminos, autopistas.

Puedes caminar por ejemplo en mi ciudad y ves cuadras y cuadras de edificios de ladrillos rojos abandonados, con las ventanas rotas:

No es tan grave la situación todavía como en Detroit pero el deterioro es visible. Lo mismo pasa con otras ciudades industriales.

Creo que hay tres culpables, tres razones de este fenómeno: Uno es que los capitalistas manufactureros se van y eso es una enorme pérdida, nosotros hemos perdido IBM que antes tenía 19.000 trabajadores y han abandonado la fábrica. En segundo lugar, tenemos la responsabilidad del sector financiero que ha tenido gran éxito atrayendo capitales y bajando las tasas que tienen que pagar al gobierno por los préstamos. Y tercero, tenemos una política gubernamental que favorece al sector financiero y otros sectores no productivos.

Es esta triple alianza de salida de industrias manufactureras, financialización de la economía y el Estado rentista, que han generado una enorme crisis y una enorme polarización en el Estado de Nueva York.

EChI: Muy bien Petras, gracias como siempre por este completo análisis que nos motiva para reencontrarnos el próximo lunes. Un abrazo.

JP: Un abrazo, hasta el lunes.

7/22/2013

James Petras ; un país gobernado por un estado policial no es un modelo para nadie


   EE.UU: Detroit se convirtió en la ciudad más grande en la historia del país norteamericano en declararse en quiebra






James Petras, sociólogo, analizó en la Radio Pública la situación en Detroit, cuna de la industria automotriz de Estados Unidos, que tuvo que pedir amparo legal por declararse en quiebra.

James Petras, en comunicación con Ida y Vuelta expresó: "Es complejo lo que causó la bancarrota. Comienza con industria privada automotiz". Y agregó: "La reubicación de la gran Industria Automotriz privada provocó una enorme caída en los ingresos del Estado, bajo los ingresos de impuestos, causó una gran desocupación y presiones fiscales para subvencionar los programas de desempleo y subvenciones para los pobres y los niños en las escuelas".


7/07/2013

James Petras: “En Brasil la demagogia populista de Lula y Rousseff ya no tiene el mismo efecto”



El análisis de James Petras del lunes 1º de julio de 2013

“Después de once años de gobiernos de Lula y de Rousseff, la demagogia populista ya no tiene el mismo efecto; tampoco el deporte, se dijo siempre que los brasileños son locos por el fútbol, pero demostraron que los problemas económicos y sociales concretos, impactan mucho más que la diversión y el deporte”, afirmó el sociólogo norteamericano James Petras en su columna de los lunes por CX36 (*).
“La gente sufrió en silencio pero ahora muestra que bajo la fachada de conformidad, hay una gran resistencia”, indicó y aseveró que Brasil aplica “una Economía colonial exportadora de materias primas, penetrado por el gran capital y con el deterioro de la vida cotidiana. Eso no es progresismo, eso es un gobierno de derecha”. Además, Petras explicó la realidad que vive Egipto, se refirió a la gira de Barack Obama por África y destacó `la importancia del caso Snowden pues “por lo menos ahora sabemos más sobre el grado de avance de las fuerzas antidemocráticas aquí y en todo el mundo” y valoró la actitud del presidente ecuatoriano Rafael Correa que –dijo- “muestra un gran coraje y resiste, poniendo sobre la mesa la posibilidad de dar asilo a Snowden, por lo que hay que saludarlo, felicitarlo y solidarizarse con su política”. Transcribimos a continuación la columna de James Petras del lunes 1º de julio
Diego Martínez: Tenemos el placer de recibir en los micrófonos de Radio Centenario como todos los lunes a esta hora al sociólogo norteamericano James Petras. Buenos días, bienvenido.
James Petras: Buenos días. Aquí con mucha lluvia pero no es malo, en el otro lado del país hay una sequía tremenda, con un calor de 40 y pico grados.
DM: Si y hubo un incendio bastante importante también en las últimas horas.
JP: Sí, en Arizona, donde murieron 19 bomberos que no tenían suficiente protección, porque el equipaje que tenían para protegerse falló. Y ya están todos con lágrimas sin cuestionar las razones, las causas. Pero eso pasa en este país siempre, hay muchas lágrimas pero poca autocrítica.
DM: Le propongo comenzar con los temas de la semana.
JP: Si, con Egipto podríamos empezar porque es uno de los acontecimientos que más impacta hoy día en los grandes títulos de los diarios.
DM: ¿Cómo está la situación allí? Han puesto plazos al presidente Mohamed Morsi, para renunciar.
JP: Hay cuatro causas que creo han perjudicado al gobierno, principalmente.
El primero es el socio económico, que a pesar de ser musulmanes, islámicos, el gobierno ha tomado un camino neoliberal o trata de tomar un camino que acaba con las subvenciones, sin grandes proyectos para generar empleo y contrastar la pobreza que está creciendo.
Frente a los desafíos, Morsi recurrió al Fondo Monetario Internacional y el FMI exigían recortes económicos, sociales. El gobierno tenía temor de provocar a las bases, incluso sus propias bases, a los pobres islámicos, entonces no tomó ninguna posición, ni por el monetarismo del Fondo ni adoptando medidas que podrían mejorar la Economía egipcia con inversiones estatales y con algunos proyectos sociales para generar inversiones productivas. Entonces la situación económica se ha deteriorado, el sector externo, el turismo y los otros factores que influyen sobre la Economía están perjudicados.
El segundo problema es que el gobierno trata de tomar posiciones sectarias, poniendo énfasis sobre el Islam, sobre la regulación religiosa de la vida secular, con un gabinete ministerial monopólico islamita, concentrando el gobierno sólo en los creyentes de la política religiosa del gobierno. Eso ha creado gran división entre musulmanes y no musulmanes, y entre los musulmanes con orientación más secular y los más fanáticos. Eso también ha generado una oposición importante.
Tercero, entre la clase política, el verticalismo, el autoritarismo, el monopolio de puestos en el gobierno y la manera ñeque el señor Morsi está imponiendo sus directivas contra cualquier otra rama del gobierno ha provocado otra oposición.
Finalmente, la posición en política exterior, la colaboración con Israel, el bloqueo a los palestinos en Gaza, el apoyo a los extremistas contra el gobierno sirio y la colaboración con el imperialismo en estas políticas, también ha creado otro frente de oposición.
Si multiplicamos estos cuatro sectores, podemos ver la acumulación de oposición tanto socioeconómica, el crecimiento de la pobreza, la mano dura contra la oposición, el fomento del Islam y la colaboración con Israel.
Son todos factores que influyen para justificar que –según decían ayer- 14 millones de personas salgan a la calle a manifestarse. No creo que Morsi pueda sobrevivir a este gran levantamiento popular.
Ahora, entre la oposición hay una mezcla, creo que la mayoría es gente progresista criticando las políticas que se han tomado, pero hay sectores de la dictadura de Hosni Mubarak que quieren revertir el proceso democrático, hay golpistas entre los militares que buscan aprovecharse de los conflictos y movilizaciones para intervenir e imponer otra vez la dictadura.
Por tanto, es una situación donde el resultado aún es una incógnita. Si cae Morsi, ¿quién va a reemplazarlo? ¿Otra vez una asociación civil-militar? ¿Un gobierno democrático secular? ¿Una mezcla de izquierda y derecha? Es difícil adivinarlo.
Lo que está unificando a los grupos es la oposición común a Morsi, pero después hay una dispersión en las perspectivas. Desde grupos sindicales socialistas a grupos de centro y centro derecha, e incluso grupos derechistas.
La mayoría busca justicia social y democracia, pero entre los supuestos cabecillas, hay más posibilidades que el gobierno revierta a manos seculares y liberales.
DM: ¿Qué tanto hay de factores internos y qué tanto de posible participación de elementos externos en este levantamiento popular de Egipto?
JP: Es difícil averiguarlo. Por ejemplo Washington apoya a Morsi contra grupos de izquierda y contra los que quieren revertir el trato con Israel. Por otro lado, Washington es muy critico de Morsi por no haber aplicado una política neoliberal. Mientras tanto, Morsi apoya los terroristas en Siria como promueve Washington.
Pero del mismo lado, Washington tiene amigos entre la oposición, sectores liberales, políticos tradicionales, etc.
Creo que están jugando tres cartas, una el golpe militar, otra a seguir apoyando al os musulmanes y tercera buscando pescar algún apoyo en la oposición.
DM: En ese escenario ¿qué papel cumplen los militares?
JP: Los militares hasta ahora, no han defendido a Morsi pero tampoco prestaron apoyo a los manifestantes. Creo que los militares, en la cúpula, buscan debilitar cualquier gobierno civil para retener los privilegios y las empresas que controlan; y tal vez buscar una forma de influirán cualquier gobierno próximo. Es decir un tipo de gobierno civil-militar.
Lo que es obvio es que todavía no se prestan para una represión masiva contra la oposición. Curiosamente no quieren perjudicarse en caso de que caiga Morsi, en alguna masacre como cómplices de Morsi. La posibilidad de una masacre sólo va a ocurrir si los militares intervienen y no pueden imponer el orden que buscan, y ese orden es una alianza militar-civil. Creo que si viniera un gobierno con tintes izquierdistas y antiimperialistas, es más posible que intervengan los militares para frenar ese proceso.
No hay que excluir varias posibilidades: una que caiga Morsi, surge un gobierno civil moderado y los militares lo aceptan. El otro escenario, es que se radicalice el proceso, caiga Morsi y los militares intervengan para bloquear una solución progresista.
DM: Si le parece pasamos al tema Snowden.
JP: Si, es un tema muy importante porque (Edward) Snowden en muchos lados es un héroe, no sólo entre las masas populares por las revelaciones y el desprestigio en que ha caído (Barak) Obama en la actualidad; sino también por ayudar con sus revelaciones al proceso para parar el crecimiento del Estado policial. Por lo menos ahora sabemos más sobre el grado de avance de las fuerzas antidemocráticas aquí y en todo el mundo. Los supuestos aliados en Europa supieron ahora que están todos siendo controlados, sus teléfonos, faxes, correos electrónicos, etc. Y ya ha habido quejas porque Estados Unidos aprovecha esa información para mejorar su condición negociadora, manipular, promover divisiones y también aprovechar información industrial para mejorar sus ventajas comerciales, perjudicando en ese sentido, la gran industria alemana, las posibilidades diplomáticas de Francia y poniendo en cuestión todo el diálogo y las negociaciones sobre el libre comercio.
Más allá de eso, el hecho de que Washington esté usando este espionaje para confrontar con Rusia y China, también tiene un impacto pues Washington no tiene ninguna autoridad moral para criticar el espionaje en Rusia, China o cualquier otra parte. Hoy se sabe que Washington es el principal violador de esta confidencialidad, están muy desprestigiados, no tienen moral para ser jueces de la política de otro país.
Más allá de todo eso, creo que espionajes, las revelaciones, ayudan aquí dentro de Estado Unidos para atacar el Estado policial, poner en cuestión los métodos antidemocráticos, la falta de cualquier debate y la complicidad de líderes políticos en el Congreso. Ahora hay alguna minoría, un 25% del Senado, que pide investigaciones.
La última vez que tuvimos investigaciones serias fue en los años ’70, cuando la CIA estuvo involucrada en el golpe de Estado contra Salvador Allende, el Presidente democrático de Chile; y a partir de las audiencias y las revelaciones, el Congreso aprobó varias leyes limitando la capacidad de la CIA de matar e intervenir.
Pero eso era en los ’70. Con el paso de los años vuelve con fuerza, con mucha más fuerza, particularmente en los últimos diez años ha crecido como un monstruo este Estado policial que tenemos ahora. Tal vez, estas revelaciones nos ayuden a contrastar o por lo menos limitar esas violaciones.
El caso Snowden es clave, porque Washington busca de cualquier forma silenciarlo, con un asesinato, una extradición donde van a fabricar un juicio controlado por ellos para encarcelarlo por siempre o aplicarle la pena de muerte. De una manera o de otra buscan silenciarlo.
DM: ¿Qué importancia tiene lo revelado para el relacionamiento de Estados Unidos con la OTAN, con Europa?
JP: Como mencionaba está perjudicando de alguna forma, porque molesta que tienes un aliado que te está espiando y que hoy sabe qué personalidad tiene cuál posición, qué país puede ser más débil y manipularlo; que armas puedes comprar y vender y a qué precio; la forma de tratar la política de la OTAN en relación con nuevas guerras; qué país puedes influir y utilizar contra otros para dividir y conquistar; etc.
Entonces, los aliados están molestos.
Ahora bien, Alemania colabora mucho con Estados Unidos en el espionaje desde la Guerra Fría, pero tiene sus grandes empresas industriales que también han sido sometidas a este espionaje y pueden perjudicar sus mercados y su competencia. Entonces, (la canciller alemana Angela) Merkel tiene su posición crítica pero no de confrontación, denuncia y reclaman que terminen el espionaje.
En cambio en Francia, (el presidente François) Hollande está bajo mucha más presión, porque Estados Unidos ha filtrado sus oficinas, embajadas, todo controlado y eso limita la posibilidad de comunicar y elaborar una política independiente. Sirve para la dominación. Y Francia por lo menos dice que quiere mantener su independencia y este tipo de espionaje es una forma de someterlos a la política externa de Estados Unidos y eso no es aceptable.
DM: Bien, nos venimos a Latinoamérica. ¿Cómo analiza la reacción de Ecuador manejando la posibilidad de cesar un acuerdo comercial que tenía con Estados Unidos, ante las amenazas de Washington?
JP: Es otra política de Washington de matón. No saben dialogar, discutir, tomar en cuenta la posición del otro, utilizan el garrote. Y siempre esta política tiene en parte su efecto, en gobierno débiles que pueden someterse por miedo. Pero el caso de (Rafael) Correa y la situación de Ecuador es diferente.
Ecuadro ha diversificado sus lazos económicos, si pierde las exoneraciones con Estados Unidos, el costo es de 26 millones de dólares, lo que les es fácil compensar incentivando el comercio con China, con Asia, con Unasur y otros países.
Creo que Correa económicamente puede resistir esta amenaza de Washington. Ahora, más allá de eso, existe la CIA, el golpismo norteamericano, que pueden usarlo también y por eso Correa es más cauto, no quiere provocar que Estados Unidos lance todos los aparatos clandestinos contra su gobierno, porque es un gobierno democráticamente electo, pero hay muchos canales donde Estados Unidos puede manipular para desestabilizar su gobierno.
En todo caso, Correa muestra un gran coraje y resiste, poniendo sobre la mesa la posibilidad de dar asilo a Snowden, por lo que hay que saludarlo, felicitarlo y solidarizarse con su política.
DM: Si bien este domingo concluyó la Copa Confederaciones contra la cual se realizaron masivas manifestaciones ¿cuál es el estado de situación del gobierno brasileño?
JP: La situación es muy débil frente a las masas porque está comprometido en una política de exportación primaria, donde no genera un dinamismo con el resto de la Economía, con la soja, con el hierro, con el jugo de naranja, madera, vacas, eso no genera mucho impacto en la Economía. Pero optaron por ese modelo, canalizan dinero a la infraestructura y procesos, fomentando estas exportaciones principalmente a China, que perjudica la industria. Hoy hay un proceso de desindustrialización en Brasil y eso ha generado otros efectos, porque se canalizan recursos para la construcción de autopistas y puertos para sacar las exportaciones, perjudicando el transporte en las grandes ciudades. Fomentando el agro donde no hay mucha población, perjudicando los pequeños y medianos productores, tampoco es efectivo.
Lo mismo pasa con todo el standard de vida, hospitales, escuelas, porque el setcor exportador no necesita mano de obra educada y sana; tiene un mínimo de utilización, tiene una gran concentración de maquinaria. Entonces ¿para qué gastar dinero en Salud y Educación? Cuando podrían subvencionar las exportaciones de soja. Y ese modelo entonces no permite grandes transformaciones como exige la población.
Por esas razones, las grandes manifestaciones van a seguir. Las promesas de (la presidente brasileña Dilma) Rousseff no tienen mucha credibilidad en este momento.
Después de once años (de los gobiernos de Luis Inazio Da Silva) Lula y de Rousseff, la demagogia populista ya no tiene el mismo efecto; tampoco el deporte.Se dijo siempre que los brasileños son locos por el fútbol, pero demostraron que los problemas económicos y sociales concretos, impactan mucho más que la diversión y el deporte.
Y eso es importante, porque muchas veces pensábamos que el deporte era la gran distracción, que narcotizaba a la gente, pero eso es falso. La gente sufrió en silencio pero ahora muestra que bajo la fachada de conformidad, hay una gran resistencia.
Eso hay que tomarlo en cuenta, porque la gente por muchos años las encuestas decían que “Lula tiene 80% de aprobación”. Pero en realidad la gente estaba a la espera.
También mejoraron su consumo, a partir de un crédito barato y fácil, también con la esperanza de que algo se puede mejorar a partir del gobierno, pero ya la paciencia se agotó.
Podríamos decir además, que considerar simplemente los aumentos monetarios como aumento de standard de vida es falso. El standard de vida tiene mucho más que ver con el tratamiento médico, la Educación, la capacitación, la posibilidad de avanzar más allá de la sobrevivencia. Y en este caso hay una deterioración del standard de vida, al gente tiene frijoles y arroz pero no es suficiente, tiene mejores aspiraciones en su vida. Considerar aumentos salariales como la única medida de standard de vida es falso.Se está deteriorando el transporte por ejemplo, uno demora cuatro horas para ir y venir del trabajo. Si uno va al hospital, tiene que esperar seis horas en la Emergencia para que le den un calmante.
Eso también perjudica la calidad de vida, la vida en su conjunto. Y va más allá de la situación de cobrar un salario mínimo mejor que antes.
Debemos anotar que el porcentaje del salario como componente del Producto Bruto Interno ha caído, es decir, las ganancias han superado todos los récords pasados. Wall Street ha cobrado intereses récords en los últimos diez años.Los capitales extranjeros se han multiplicado geométricamente en la Economía. ¿Qué progresismo está en Brasil? Es una Economía colonial exportadora de materias primas, penetrado por el gran capital y con el deterioro de la vida cotidiana. Eso no es progresismo, eso es un gobierno de derecha.
DM: Por último, Obama está en África.
JP: No han hecho nada, no ha recibido aplausos de ninguna parte. Fue a África del Sur, habla con la familia de Nelson Mandela, visita la cárcel donde estuvo Mandela, pero la recepción ha sido muy fría. Más allá de las cúpulas políticas ha habido manifestaciones, protestas, desenmascarando a Obama.
Incluso en África, la gente ya no está engañada con el pretexto que él es de origen africano. La gente mira las guerras, las intervenciones, el apoyo al sionismo, los prejuicios que ha mostrado contra los árabes.
Son las políticas de relaciones públicas que han fracasado.
DM: ¿Nos quedó algún tema del que quiera hablar?
JP: Sólo quiero mencionar el hecho de que el proceso de cambio aquí en Estados Unidos es muy lento.Políticamente el pueblo norteamericano está totalmente desorientado. Rechazan a Obama pero tiene miedo de la derecha .No hay una alternativa directa que pueda intervenir entre la gran brecha del pueblo democrático buscando justicia social y la paz, y la clase política en su integridad, que no ha mostrado ninguna iniciativa. Quedamos en un abismo entre el gobierno fracasado y desprestigiado y una oposición totalmente inaceptable.
Ese el drama que vivimos aquí en Estados Unidos.
DM: Muy bien Petras, le agradecemos mucho todo esta comunicación y el análisis que ha hecho de los principales temas de actualidad. Un abrazo.
JP: Un abrazo. Hasta el viernes.
(*) Escuche en vivo los lunes a las 11:30 horas (hora local) la audición de James Petras por CX36, Radio Centenario desde Montevideo (Uruguay) para todo el mundo a través de www.radio36.com.uy