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9/13/2020

Cierre de la frontera: ¿prueba de fuego?


Una de las consecuencias de la pandemia de Covid-19 será el exacerbamiento de los nacionalismos. Las fronteras nacionales se cerraron, de manera total o parcial y las aperturas son selectivas. Incluso en algunos países se impide el tránsito al interior entre estados, provincias o departamentos.
Esto es un fenómeno global por la pandemia, pero coincide con otras tendencias nacionalistas regresivas, como la autoafirmación de Donald Trump de poner en primerísimo lugar sus intereses nacionales; la de Gran Bretaña de separarse de la Unión Europea y muchos planteamientos separatistas o independentistas. La ruptura o desmembramiento de bloques regionales refuerza los planteamientos nacionalistas y separatistas que ponen en entredicho la pertinencia de la libre circulación.
Durante la pandemia, muchos países repatriaron a sus connacionales, que estaban varados en otros países por viajes, estudios u otras razones. Pero algunos países, como Guatemala, se negaron a recibir a sus propios connacionales.
Lo que no se ha cerrado es la circulación de mercancías, muy especialmente las agrícolas, consideradas esenciales. Y, por primera vez en la historia, se reconoce a los trabajadores que laboran en la agricultura, procesamiento, empaque y distribución de alimentos como esenciales.
El cierre de fronteras a la circulación de personas impone una nuevo esquema de comportamiento a nivel bilateral. Las diatribas y amenazas de Trump de que iba a cerrar la frontera con México, si no se paraba la migración, pueden verse de diferente manera a la luz de la pandemia. Para empezar, se constata que a nadie le conviene cerrar la frontera de forma total, menos aún a las mercancías, y tampoco se prohibió el tránsito de los ciudadanos. México, a su vez, no puso ninguna restricción a nadie para ingresar del otro lado, ni siquiera hubo algún control sanitario. La interdependencia va más allá de lo comercial y es tan fuerte que una decisión drástica rompería con todo un entramado social construido a lo largo de décadas.
Por otra parte, habría que evaluar el impacto que tuvo el cierre fronterizo a la circulación de personas en la vida cotidiana y el comercio fronterizo. Los más afectados fueron los llamado conmuters con visa, que viven en un lado y trabajan en el otro. A muchos de ellos se les complicó la existencia y la vida familiar. Pero para la mayoría de la población, que vive y trabaja en un solo lado, las cosas quedaron igual.
Lo que sí se vio afectado, de lado mexicano, fueron algunos comercios y servicios fronterizos: las farmacias viven en buena medida de quienes vienen a comprar del otro lado; lo mismo ocurre con los servicios médicos, en especial dentistas y cirujanos estéticos y así, en otros casos. Pero en el balance comercial, en general considero que los más afectados han sido los comercios estadunidenses, que a diario recibían miles de compradores mexicanos. Se dice que Semana Santa (vacaciones) es para el comercio fronterizo del otro lado más importante que Navidad. Por el con-trario, la pandemia ha favorecido al mercado interno mexicano, ya que mucha gente no puede ir a comprar al otro lado.
Finalmente, para los habitantes de ciudades fronterizas, grandes o pequeñas, la afectación en la posibilidad de ir de shoping sólo implica a los que tienen visa para pasar al otro lado, aproximadamente 25 por ciento. Otro 50 por ciento simplemente no puede cruzar porque no tiene visa, y el restante 25 por ciento son ciudadanos con dobles nacionales o residentes que podrían pasar libremente.
Obviamente, el tránsito y el comercio local son sólo un aspecto de toda la problemática que ha acarreado el cierre parcial de la frontera. Muchos han perdido el empleo, han tenido que bajar la cortina de sus negocios o adaptarse a la nueva situación. Pero la vida económica fronteriza no se paralizó y se trabajó a media marcha.
Habrá que evaluar con cuidado los saldos del cierre fronterizo parcial en uno y otro lado, pero la gran enseñanza de esta pandemia es que no se puede cerrar totalmente la frontera entre México y Estados Unidos. Las amenazas de Trump son palabras al viento. Por otra parte, se comprueba de nueva cuenta la asimetría de poder, los ciudadanos estadunidenses no se vieron afectados en la libre circulación, pero los mexicanos con visa sí.
En realidad, cerrar la frontera nunca ha sido una decisión fácil de tomar. Según John Bolton, quien fuera consejero de seguridad nacional, el presidente Trump se desesperaba con Kirstjen Nielsen, secretaria de Seguridad Interior, por que le decía que no era posible aun cuando estaban en plena crisis de refugiados y de que todos los días llegaban a la frontera cientos de familias para entregarse a la migra y solicitar asilo.
Hace nueve meses era imposible prever un escenario de esta naturaleza, ni siquiera imaginarlo. Pero no se acabó el mundo, la vida sigue.

8/02/2020

Migración y pandemia


La Jornada

Jorge Durand

Más allá de si el coronavirus tuvo su origen en el pangolín, el murciélago o en un laboratorio, lo que sí sabemos es que el virus se trasmite, despliega y dispersa por la gente que está en situación de movilidad.
Fueron los turistas y viajeros los que trajeron y llevaron el Covid-19 a todos los rincones del planeta. Por eso la principal afectación que ha padecido la población ha sido la limitación de la libre movilidad. Son un par de millones los afectados directamente por el virus, pero son miles de millones los que están atrapados sin poder moverse.
De manera paralela a los viajes, se cancelaron los flujos migratorios de to-do tipo. La política migratoria pasó a de-pender de la política sanitaria. Las fronteras de casi todos los países están cerradas al tránsito de personas y sólo se permite un flujo limitado de mercancías.
En marzo pasado, con las participación militar de Turquía en Siria, se esperaba un arribo masivo de migrantes y solicitantes de refugio a Grecia y Europa, pero la pandemia frenó de manera casi absoluta los flujos migratorios. El mundo entero se paralizó y cientos de miles de personas se quedaron atrapadas fuera de su lugar de origen y sin poder llegar a su destino.
En la terminología epidemiológica se habla de cercos sanitarios, precisamente se trata de encapsular e impedir la movilidad de quienes tuvieron contacto con enfermos de Covid-19. La expansión del virus depende de las políticas de control a la movilidad poblacional, tanto dentro del país como al exterior. El presidente Trump repite una y otra vez, como gran triunfo de su política, que fue el primero en cancelar los vuelos con China, luego cerraría la frontera con México, pero, como sabemos, no fue suficiente.
Las políticas sanitarias estrictas no se pueden aplicar en todas las naciones, México y Estados Unidos son un ejemplo, donde se permitió la libre circulación y no se impusieron toques de queda o prohibiciones y sanciones como en muchos otros países. Pero en ambos casos se limitó de manera muy severa el flujo de personas que llegan de otras naciones. Es decir, la política sanitaria se impuso de manera absoluta sobre la política migratoria, pero no sobre el libre tránsito nacional considerado como un derecho fundamental.
No obstante, las correcciones e imposiciones que son resultado de la pandemia, algunas serán permanentes y la mayoría temporales. La pregunta entonces es sobre el futuro de la política migratoria. ¿Qué va a pasar con los migrantes en tránsito que vienen de otros países con la intención de llegar a Estados Unidos; con el programa Quédate en México (MPP); con las listas de espera de solicitantes de refugio en la frontera; con la política de contención a cargo de la Guardia Nacional?
En primer lugar, no habrá cambios hasta noviembre, en espera de los resultados de las elecciones en Estados Unidos. Y esto lleva a una disyuntiva, si gana Trump la política de imposición y chantaje seguirá adelante, pero el tema migratorio bajará de intensidad porque ya no habrá un interés electoral. La política de Trump es oportunista y se define a partir de contar con un enemigo redituable a sus intereses en cada momento, ahora son los chinos. Volver sobre el tema migratorio sería reconocer que ha fracasado en cumplir una de sus principales promesas. Por otra parte, la reactivación económica será su principal y casi único objetivo y preocupación.
En segundo término, habría que pensar en el escenario alternativo en ca-so de que gane Biden y en la correlación de fuerzas en el Congreso. Es de esperar que la política internacional de chantaje y amenaza cambie de manera radical y que se vuelva a los canales diplomáticos. Estados Unidos está aislado después de cuatro años de una política agresiva generalizada. Pero es una incógnita si se podrán cancelar o renegociar los acuerdo migratorios del pasado (MPP, listas de espera, devoluciones automáticas, política de contención). Por otra parte, si los demócratas ganan en las dos cámaras, se habrá resuelto del asunto de DACA y los dreamers, pero no necesariamente una reforma migratoria integral, que también es urgente. Y en esa línea, uno se pregunta cuál sería la postura de la cancillería con respecto a empujar una reforma migratoria o a quedarse de brazos cruzados.
Finalmente, habrá que plantearse el futuro de los flujos migratorios nacionales y regionales. La migración mexicana irregular ha ido a la baja desde 2007, y el decrecimiento se dio durante tiempos de crisis. En algo contribuyó la políti-ca deportadora de Obama, pero sobre todo influyó el fin del proceso de transición demográfica. La crisis y el desempleo en Estados Unidos no constituyen un buen ambiente para migrar, en el caso de personas informadas.
No es el caso de los países centroamericanos, en crisis económica, política y social permanentes, con altísimos gra-dos de violencia sistémica que permean a toda la sociedad y con mínimos programas de política social. No existen alternativas viables a la migración interna y al desplazamiento dadas las dimensiones de las naciones. En el caso de los hondureños, que son el flujo actual mayoritario, se trata de migrantes pauperizados, tanto rurales como urbanos, con poca o nula información sobre coyunturas laborales y políticas migratorias en México y Estados Unidos. Muy probablemente ese flujo estará presente, otra vez, a finales de año.

7/19/2020

Los agravios del pasado




Poco a poco se van develando las claves de la visita de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) a la Casa Blanca. Para el Presidente de México los agravios de Donald Trump son asunto del pasado, no se compró el boleto, ni se puso el saco de Enrique Peña Nieto.
Lo dijo claramente en su conferencia en el Jardín de las Rosas: “… durante mi mandato como Presidente de México, en vez de agravios hacia mi persona y, lo que estimo más importante, hacia mi país, hemos recibido de usted, comprensión y respeto”.
AMLO marcó su raya con el pasado inmediato y estableció una nueva relación con la administración Trump, puso como prioridad absoluta el T-MEC y optó por la no confrontación. Pues le dio resultados, en especial si comparamos lo que sucedió con la penosa visita de Trump a México y la frustrada visita de Peña Nieto a Washington, que tuvo que ser cancelada la noche anterior por los desencuentros entre ambos mandatarios por medio de tuits:
“Esta mañana hemos informado a la Casa Blanca que no asistiré a la reunión de trabajo programada para el próximo martes con el @POTUS.”
Y la respuesta: Si México no está dispuesto a pagar por el muro, tan necesario, entonces sería mejor cancelar la próxima reunión.
El presidente López Obrador reconoce los agravios y ofensas: en la historia de nuestras relaciones hemos tenido desencuentros y hay agravios que todavía no se olvidan, pero también hemos podido establecer acuerdos tácitos o explícitos de cooperación y de convivencia, pero prefiere mirar al futuro.
Ciertamente uno de los puntos más controvertidos fue el agradecimiento: Yo decidí venir porque, como ya lo expresé, es muy importante la puesta en marcha del tratado comercial, pero también quise estar aquí para agradecerle al pueblo de Estados Unidos, a su gobierno y a usted, presidente Trump, por ser cada vez más respetuosos con nuestros paisanos mexicanos.
Una manera curiosa de sacarle el bulto a una realidad indiscutible de agravios, presiones y chantajes. Esta es la parte más difícil de digerir del discurso de López Obrador. ¿Eran necesarios tantos elogios? ¿Era necesario afirmar que había un trato respetuoso hacia los paisanos?
De acuerdo con el Washington Post los presidentes discutieron una estrategia de largo plazo para encontrar una solución a la migración ilegal. Todavía no hay mayor información sobre el asunto. Pero después de los discursos mutuos de amistad y mutuo respeto, se ve muy difícil que Trump vuelva a la carga con expresiones ofensivas a los mexicanos y a los migrantes.
López Obrador reconoce un cambio en la retórica incendiaria y ofensiva de Trump hacia México y señala un avance. Desde su punto de vista, a él personalmente no lo han ofendido y hay cada vez menos referencias ofensivas a los mexicanos migrantes en sus discursos.
En realidad lo que ha cambiado es la composición del flujo migratorio irregular, que es minoritariamente mexicano y mayoritariamente centroamericano y, por otra parte, ha cambiado el patrón migratorio de trabajadores a familias, jóvenes y menores de edad que solictan refugio. Ese es el meollo del asunto y el mayor problema para Trump y su gobierno.
Y de solucionarlo se encargó López Obrador, después de la amenaza y el chantaje de Trump de imponer aranceles. Y lo hizo de manera efectiva, desplegando 20 mil integrantes de la Guardia Nacional y todo a cargo del erario. Con justeza se dice que el muro ya no es necesario, ya lo puso México en la frontera sur, a lo largo de todo el territorio y con dinero de los mexicanos.
Ese momento fue el punto más álgido de las relaciones bilaterales y podríamos decir del sexenio de AMLO. Los aranceles significaban el fin del tratado y una consecuente crisis económica. Y ante esa posibilidad se dio marcha atrás a una política migratoria aperturista y, en gran medida, ingenua, siendo México, no sólo nación de tránsito, sino último país de tránsito.
Ahora, con la crisis incrementada por la pandemia resultaba crucial para López Obrador reactivar la economía nacional y utilizar el T-MEC como su principal instrumento de reactivación.
El problema radica ahora en la gravísima crisis económica y el desempleo campante como consecuencia de la pandemia, lo que en otros tiempos significaba incremento de la migración. Pero la nueva variable es que también hay crisis y desempleo en Estados Unidos y no hay recusos, ahorros o remesas como para pagar coyotes.
Por lo pronto, con Covid-19 o sin él, la política mexicana de contención, seguirá su curso normal.

5/25/2020

Violencia y migración


El argumento de la violencia como causa de la migración ha cobrado relevancia en años recientes y hay razones evidentes que sustentan la afirmación. No se trata de situaciones de guerra civil, como en la década de los 80 en Centroamérica, donde la violencia armada fue el detonador de los grandes flujos de salvadoreños, guatemaltecos y nicaragüenses.
La violencia en el siglo XXI es de varios tipos e impacta de forma diferente la migración. En México el monopolio de la violencia lo tiene el crimen organizado y, en menor medida, las fuerzas armadas. La mayoría de los homicidios son bajas de los propios cárteles que se matan entre sí por el control de las plazas o por la lucha de facciones al interior de cada grupo.
En Centroamérica son las maras o pandillas las que monopolizan la violencia entre bandas por el control de territorios, contra los distintos estamentos policiales y contra la sociedad a la que, de alguna manera, extorsionan o agreden.
En ambos casos el narcotráfico es un factor fundamental, pero la dimensión del negocio entre los cárteles mexicanos y centroamericanos es considerable. Igual que la presencia e influencia de pandillas es inversamente proporcional en uno y otro caso.
Por lo general se mide la violencia por el número de homicidios dolosos por cada 100 mil habitantes. Tanto México como El Salvador, Guatemala y Honduras tienen índices bastante altos. Pero las diferencias, ausencias y tendencias son importantes para el análisis.
Para empezar, en la región hay tres países que tienen índices bajos de violencia y se mantienen estables en los últimos cuatro años (2016-2019): Costa Rica (12 homicidios en promedio), Panamá (10) y Nicaragua (7.5) aunque de este último faltan datos y hay una violencia política considerable. No obstante, esto marca una diferencia geográfica relevante, el sur de Centroamérica es mucho menos violento que el norte.
Por su parte, El Salvador tiene el índice más alto de homicidios (65 en promedio), aunque ha ido mejorando y pasó de 83 homicidios en 2016 a 58 en 2019. En segundo término figura Honduras con 45, y en tercer lugar Guatemala con 24. Y aunque la literatura sobre el tema de violencia en Centroamérica hace referencia y agrupa indistintamente al llamado Triángulo norte, hay diferencias muy importantes. Para empezar, no es lo mismo El Salvador y Honduras que Guatemala. Por otra parte, casi nadie se fija en Belice, que también tiene un índice muy alto de homicidios (36.5) y es parte de la ruta del narcotráfico. México ostenta un índice de 24 homicidios en promedio, similar al de Guatemala.
De acuerdo con altos funcionarios de Acnur (comunicación personal), el argumento de la violencia como recurso para solicitar refu-gio en México tiene un comporta-miento diferenciado de acuerdo con la nacionalidad y coincide en términos generales con los índices de homicidios: 30 por ciento en el caso de los salvadoreños, 20 por ciento de hondureños y 10 por ciento de guatemaltecos. Se trata de una violencia sistémica, que afecta a todos los sectores sociales y que incide en la vida cotidiana y familiar de amplios sectores de la población. A esto se suman causas que operan de forma simultánea a la violencia: la pobreza, precariedad laboral, desempleo y persecución política.
A la violencia ejercida por particulares hay que añadir la violencia que podríamos calificar como de impunidad institucional, que incluye corrupción, ineficiencia, amiguismo, clientelismo, nepotismo, oportunismo, etcétera, y que rara vez se cuestiona o sanciona. Es la violencia ejercida sobre una parturienta que espera horas o días para ser atendida en un centro de salud; la del juez o funcionario que traspapela papeles; la de la justicia que nunca llega; la del policía o fiscal que no investiga; la del burócrata que sólo busca entorpecer el trámite; la del maestro que falta a clases; la del aviador que ostenta varias plazas; la del banco que impone comisiones y tasas de interés excesivas; los concursos de tra-bajo amañados; la emisión de leyes ad hoc para compensar financiamientos de campañas político-electorales; los planes de retiro privatizados que no permiten vivir dignamente a los jubilados.
La impunidad institucional, de todo órgano de gobierno y que incluye a ciertas instituciones particulares, afecta de manera directa a la población en el devenir cotidiano y en su proyección a futuro. El resultado es un hartazgo generalizado, un cansancio generacional, una desilusión permanente porque, una y otra vez, te ves obligado a votar por el menos peor.
Estos contextos que se repiten en muchos países, no sólo en Centroamérica, son un caldo de cultivo propicio para emigrar. En cinco años Venezuela expulsó a 4.5 millones. En 2014 sólo 2.3 por ciento de la población venezolana vivía fuera, en 2019 la cifra creció a 16, la segunda en Latinoamérica después de El Salvador, donde 25 por ciento de la población emigró.
La impunidad institucional y la violencia sistémica se han convertido en las principales causas de la emigración en el siglo XXI.

5/10/2020

Migradólares: migrantes solidarios



La paradoja de siempre. En tiempos de crisis los ricos sacan su dinero del país y los pobres migrantes mandan sus remesas.
Hace unos días fue noticia de primera plana que los envíos de remesas batieron todos los récords. Fueron 4 mil millones de dólares los que se recibieron en el mes de marzo.
El presidente López Obrador les agradeció públicamente.
No era para menos, las fuentes de divisas del país han colapsado con la pandemia y la crisis económica. El petróleo está por los suelos, ya no son petrodólares como en otros tiempos. El turismo y sus negocios aledaños, que dejaban millones de dólares, viven la peor época de la historia; las exportaciones están en niveles mínimos y la inversión extranjera brilla por su ausencia. En resumen, hay un déficit importante en la balanza de pagos.
Diversas razones pueden explicar este incremento inusitado de remesas. En primer lugar, la solidaridad. Muchas familias mexicanas han perdido el empleo o simplemente no pueden trabajar y obtener ingresos. Las remesas cumplen esta función primordial de apoyar a sus familiares con el gasto diario, la manutención, el pago de servicios. En momentos de necesidad, la solidaridad del pueblo migrante mexicano siempre se ha hecho presente.
Pero lo que llama la atención es cómo en un momento de crisis total por la pandemia y el desempleo masivo los migrantes envían dinero a México, cuando ellos también están en una situación de extrema vulnerabilidad.
En ese sentido, además de la pandemia, hay que tomar en cuenta el contexto social y político que se vive en Estados Unidos. La experiencia migrante se ha convertido en una pesadilla con las reiteradas amenazas del susodicho de la Casa Blanca, con el incremento de la xenofobia y el racismo en la base social de los republicanos y con la amenaza permanente de ser deportados.
En segundo término, los migrantes mexicanos están repatriando sus ahorros, muy especialmente los indocumentados, que no tienen acceso a cuentas bancarias dónde guardarlos. Los migrantes avizoran tiempos difíciles: menos horas de trabajo, desempleo, redadas y deportaciones. En la actualidad, el único sector que tiene asegurado el trabajo y cuenta con protección ante la deportación es el agrícola. Todos los demás ya están en la fase más aguda del desempleo.
Repatriar los ahorros es una manera de asegurar condiciones para el retorno y prevenir su posible pérdida. Hay ocasiones en que los migrantes que han sido capturados y van a ser deportados llaman al consulado para que algún funcionario vaya a rescatar, de un escondite, varios miles de dólares que tenían ahorrados.
En los años recientes se percibe un incremento persistente de las remesas, que pasaron de 27 mil millones de dólares en 2016 a 36 mil en 2019. Resulta complicado explicar este incremento, porque de manera paralela, el flujo de migrantes indocumentados se ha reducido de manera persistente desde 2007. Es posible que esta reducción se compense, en parte, con los cerca de 300 mil trabajadores temporales que van cada año a trabajar a Estados Unidos y que son remesado-res netos.
Por otra parte, había un incremento notable de migrantes legales con visa de residentes, 170 mil en los años recientes, en promedio y además se naturalizan 110 mil mexicanos cada año. Los migrantes legales suelen enviar menos remesas que los indocumentados porque su futuro ya está definido en Estados Unidos al tener visas de residente o convertirse en ciudadanos.
Un tercer factor que puede explicar este incremento es la devaluación de 20 por ciento de la moneda mexicana frente al dólar. En estos momentos, las remesas rinden mucho más en el gasto diario, pero también en las inversiones. Hay migrantes que aprovechan esta situación para comprar casas o terrenos que todavía no han subido de precio.
Finalmente, hay que considerar un cambio generacional. Los migrantes que fueron legalizados en 1986, hace 34 años, ya están retirados y muchos planean regresar, unos de manera definitiva y otros por temporadas. La mayoría de estos migrantes tienen pensiones y ahorros que parcialmente se gastan en México.
Pero no hay que cantar victoria. Durante la crisis de 2008 se dio un descenso notable de las remesas. Se había llegado a un máxi-mo de 26 mil millones de dólares en 2007 y cayó de manera progresiva hasta 21 mil en 2010. Demoró tres años revertir la caída.
Se pronostica un descenso similar de las remesas, de aproximadamente 20 por ciento para los próximos años, que ciertamente serán muy difíciles para la población migrante en Estados Unidos y también para sus familias en México.

4/26/2020

Indeseables indispensables



La historia se repite, una y otra vez, pero no se aprende. En 1939 se dio la última gran deportación de migrantes mexicanos, en ese decenio trágico, y dos años después, en 1942, Estados Unidos volvió a tocar la puerta de México, solicitando braceros para sus campos agrícolas.
En 1954 se realizó la operación Espalda Mojada ( wetback) y deportaron a un millón de braceros mexicanos en situación irregular, pero cuando se acercaba la fecha de la siguiente cosecha, los mismos funcionarios empezaron a solicitar a México mano de obra para realizar los trabajos agrícolas.
Ahora, que se acerca el verano, empieza la gran demanda de mano de obra mexicana y se requiere de alrededor de 300 mil trabajadores legales para la agricultura y los servicios a los que se les otorgan visas denominadas H2A y H2B. El decreto de Trump de limitar la migración legal, se refiere a las visas de residencia y ninguno de estos prospectos de migrantes pensaba ir a trabajar a la agricultura.
De hecho, los trabajadores agrícolas en Estados Unidos deberían ser considerados como calificados porque muy pocas personas pueden hacer ese tipo de labor y aguantar el ritmo que se impone durante la cosecha. En la recolecta de lechuga, coliflor, brócoli y otros vegetales es la máquina la que impone el ritmo y la velocidad. El producto se corta, embolsa y empaca en medio de los surcos y va directo al supermercado, los campos sonpropiamente fábricas donde se impone un modelo fordista de producción. Ese ritmo de trabajo sólo lo pueden aguantar ciertas personas que están impuestas, como dicen los campesinos mexicanos.
Cuando se suprimió el Programa Bracero, en 1964, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos organizó un programa de incorporación de estudiantes universitarios para que, en el verano, fueran a trabajar en los campos agrícolas y así financiaran parte de su educación. Se escogieron especialmente a los atletas y los que participaban en distintos equipos deportivos y se le dio bombo y platillo al programa denominado American Team. El experimento duró únicamente una semana, la insolación, cansancio y dolores de espalda terminó con los aguerridos güeros que pretendían ser la salvación de su país. Para remate, los jóvenes dijeron que era totalmente injusto otorgar ese magro salario por un trabajo tan pesado y desgastante, aunque al mismo tiempo necesario.
En una ocasión la empresa Driscoll, empacadora trasnacional de berries, me invitó a dar una conferencia sobre el futuro de la mano de obra mexicana para la agricultura. Estaban preocupados por las deportaciones y la amenaza que suponía la creciente animadversión en contra de los braceros mexicanos. Uno de ellos me confesó que, cuando era joven y rebelde, su padre lo puso a trabajar en un campo de fresa y al día siguiente no pudo levantarse. Esa experiencia le hizo cambiar totalmente su percepción sobre la calidad y competencia del trabajador mexicano en este tipo de labores.
Hace una semana, en California, el gobernador Gavin Newsom expidió una orden ejecutiva para permitir que los trabajadores agrícolas puedan movilizarse y trabajar, dado que la agricultura y otras actividades relacionadas se consideran de infraestructura crítica y el trabajador es esencial para el cultivo y procesamiento de productos agrícolas. Atrás quedaron las amenazas de Donald Trump, quien ahora se compromete con los agricultores a facilitarles mano de obra.
En realidad, todos los países ricos requieren de mano de obra migrante para la agricultura. El Reino Unido acaba de implementar un programa de vuelos chárter para traer 70 mil trabajadores temporales de Rumania. La ministra de agricultura de Italia, Teresa Bellanova, propone la legalización de 600 mil trabajadores indocumentados para poder sumarlos al plan de reactivación económica y a la crisis del sector agrícola por la escasez de trabajadores estacionales. Textualmente dijo: es que no queremos ver la realidad, la descubrimos sólo cuando lo irreparable nos obliga.
Las consecuencias de la pandemia en el mercado de trabajo afectarán, sin duda, a los trabajadores migrantes. En la agricultura son necesarios, pero en la hostelería y la restauración dependerán del ritmo de recuperación del turismo y el consumo diario. La construcción, otro gran rubro de contratación de mano de obra, tendrá una lenta recuperación. Cientos de miles de migrantes tendrán que regresar, porque no es posible pagar rentas y servicios sin tener ingresos.
De manera consecuente, las remesas van a bajar sustancialmente, ya vimos la drástica caída que tuvieron con la crisis de 2008. El panorama se complica en todos los frentes porque el petróleo ya no es una fuente de divisas para el país, tampoco el turismo, que ha sido afectado en su línea de flotación, y la inversión extranjera se esfumó en el horizonte.
Para remate, ya no habrá vacaciones en San Benito Juárez, tampoco el día de la Revolución y el de la Constitución, con lo cual el turismo interno perderá sus mejores fines de semana largos.

3/01/2020

Para documentar la misoginia y el machismo




En octubre de 2015 publiqué en La Jornada el artículoOrígenes de la misoginia y el machismo que retomaba citas del libro de Jesús J. Márquez La mujer crucificada que se puede consultar en https://www.facebook.com/pages/La-mujer-crucificada/206724672690550
En aquella ocasión retomé citas históricas muy antiguas de personajes como Confucio, Hesíodo, Pitágoras y libros como las Leyes de Manu (libro sagrado de India), la Constitución Nacional Sumeria, El Corán y otros. Todos manifiestan una constante: el deprecio, hostilidad y aversión a las mujeres.
En esta ocasión retormo el texto de Márquez con citas de otros personajes más recientes y conocidos para documentar cómo se ha construido la misoginia y el machismo y cómo es un asunto global que traspasa epócas, regiones y culturas.
La mente del hombre es de mármol; la de la mujer de cera: William Shakespeare (poeta y dramaturgo inglés, en el siglo 16).
Los niños, los idiotas, los locos y las mujeres no pueden y no tienen capacidad para efectuar negocios: Enrique VIII (rey de Inglaterra y cabeza de la Iglesia anglicana, siglo 16).
Siempre escogen las mujeres aquello que vale menos, porque exceden de mal gusto o cualquier merecimiento:Miguel de Cervantes Saavedra (novelista español, siglo 17).
De manera femenina quiere decir furiosamente; pues todas las palabras desmedidas nacen en boca de mujeres: George Noel Gordon, Lord Byron (poeta inglés, siglo 17).
Las mujeres y los idiotas necesitan 10 horas de sueño, los heridos ocho y los hombres seis. Las mujeres no son otra cosa que máquinas de producir hijos: Napoleón Bonaparte (emperador francés, siglo 19).
"La mujer puede ser educada, mas su mente no es adecuada para las ciencias más elevadas, como la filosofía y algunas artes”: Friedrich Hegel (filósofo e historiador alemán del siglo 19).
Desde la edad de seis años, la mujer no crece mas que en dimensiones: Severo Catalina (escritor y periodista español, siglo 19).
La mujer es un vulgar animal del que el hombre se ha formado un ideal demasiado bello: Gustave Flaubert (novelista francés, siglo 19).
La mujer es un animal de cabellos largos e ideas cortas: Arthur Schopenhauer (filósofo alemán, siglo 19).
El hombre es más interesante que las mujeres, a él y no a ellas hizo Dios a su imagen: André Gide (escritor francés, siglo19).
Espero que las mujeres sean la última cosa que llegue a civilizar el hombre: Georges Meredith (novelista inglés, 1859).
“El hombre debe ser educado para la guerra, y la mujer, para solaz del reposo del guerrero.
¿Vas con las mujeres? ¡No olvides el látigo!": Friedrich Nietzsche (1885).
Esa intimidad que en el cuerpo femenino descubrimos y que vamos a llamar mujer, se nos presenta desde luego como una forma de humanidad inferior a la varonil: José Ortega y Gasset (filósofo español, 1950).
La mujer es una gran pecadora y la responsable de que hayamos sido expulsados del Paraíso; su única posibilidad para disminuir su culpa es la subordinación. La mujer debería ser una alfombra donde la gente pueda pisar encima: Josemaría Escrivá de Balaguer, marqués de Peralta (santo español, 1964).
Las asociaciones (políticas) son como las mujeres. Cuanto más se usan, más se ensanchan: José Solís Ruiz (ministro de Franco, 1975).
Educar a una mujer es como tirar miel sobre un reloj suizo: ambas cosas dejan de funcionar: Kurt Vonnegut (escritor estadunidense).
La mujer ideal para mí es la que sirve la mesa a los hombres, nunca se sienta con ellos y no les dirige la palabra: Jacques Chirac (presidente francés, 1978.
El feminismo no busca la igualdad de derechos de la mujer, sino animarla a abandonar a sus maridos, matar a sus hijos, practicar la brujería, destruir el capitalismo y convertirse en lesbiana: Pat Robertson (predicador estadunidense, 1992).
Yo no tengo malos días; no soy ninguna mujer: Vladimir Putin (presidente de la Federación Rusa, 2017).
Si enlazamos todas estas sabias disquisiciones masculinas, las mujeres se caracterizan por ser “débiles, pecadoras, de una humanidad inferior, de mal gusto, iracundas, de ideas cortas, incapaces para estudiar, reflexionar y para los negocios; sólo sirven para poner la mesa, como máquinas para tener hijos y para solaz del guerrero. En resumen, son un vulgar animal. ¡No olvides el látigo!
Y así, frase sobre frase, se ha lapidado históricamente a las mujeres.
Para finalizar hay que mirarnos en el espejo y repasar algunos dichos y refranes mexicanos que van en la misma línea:
La mujer es como la escopeta, detrás de la puerta y bien cargada.
La mujer y la guitarra, son de quien las toca.
La cobija y la mujer, suavecitas han de ser.
La vergüenza en la mujer, se conoce en el vestido.
Dado queel nueve nadie se mueve los invito a leer los otros capítulos del libro de Márquez: ¿Cómo ser pintora en el renacimiento y no morir en el intento?; La ablación del clítoris; La culpa fue de Eva; ¿Quién mató a María Magdalena? y otros más.

2/02/2020

Frentes migratorios



El tema migratorio se ha convertido en un dolor de cabeza para el gobierno, que no sabe qué hacer, improvisa, da bandazos y se contradice.
En realidad son varios frentes que hay que resolver si se quiere hacer algo que vaya más allá de la coyuntura, la llegada de la siguiente caravana o la enésima amenaza por parte del vecino incómodo.
En primer lugar hay un problema estructural, me refiero a la arquitectura organizacional del gobierno en relación con el tema de migración y población. El problema es grave. Las adecuaciones de la 4T de crear una Subsecretaría de Derechos Humanos, Migración y Población no han dado resultados. Derechos Humanos es un asunto transversal y en ese campo Encinas está haciendo un buen trabajo, pero los asuntos de migración y población requieren de cuadros políticos con gran conocimiento científico de la problemática. Es más, debería haber una Subsecretaría de Migración, ubicada en Gobernación, pero con personal de varias dependencias adscritas a ella, que realicen el nexo intersecretarial.
Migración y población son problemáticas muy específicas que requieren manejo político y profesional, léase políticos que sepan de sociología, demografía y antropología. Más allá de la emergencia migratoria el asunto va para largo, México no sólo es una nación de tránsito, es último país de tránsito lo que marca una diferencia geopolítica fundamental, comparado, por ejemplo, con Guatemala.
El segundo frente es coyuntural, más allá de la contención, que llegó para quedarse, hay brotes continuos de urgencias y emergencias con el arribo de nuevos migrantes, tanto en la frontera sur del país como en la norte, recordar el nefasto acuerdo de Quédate en México. Y para atender esta problemática, con muchas aristas, se requiere de coordinación con niveles muy altos de decisión, el Inami es operativo, no puede tomar ese tipo de decisiones.
Por otra parte, se requiere de formación y capacitación en la Guardia Nacional y el personal migratorio. Respetar los derechos humanos y al mismo tiempo aplicar medidas de contención, control o deportación implica que se apliquen y respeten protocolos muy bien establecidos.
El tercer frente es el multilateral. Las relaciones con Estados Unidos se mantienen estratégicamente en nivel de baja intensidad, con la táctica de esquivar losgolpes y evitar contragolpear, para lo cual se requiere de mucho aguante y mucha cintura. No es fácil, especialmente en tiempos de campaña electoral.
Las relaciones con los países emisores de migrantes, especialmente los centroamericanos, requieren también de mucha muñeca. Por lo general nadan de muertito y no les preocupa para nada la crisis que generan en México y Estados Unidos. El problema más agudo radica en Honduras, con un gobierno espurio, represivo y vinculado directamente al narcotráfico. Curiosamente con apoyo total por parte de Estados Unidos. Los programas promovidos por México, son paliativos y con recursos limitados, que provienen del llamado Fondo Yucatán de la Iniciativa Mérida, destinados al desarrollo en Centroamérica y que estaban sin utilizarse desde la época de Felipe Calderón.
Las importancia de Centroamérica es crucial para México y no basta con el Plan de desarrollo integral propuesto por la Cepal, y tampoco con los progra-mas de siembra o trabajo para los jóve-nes. Y un indicador claro del poco inte-rés de México en la región se puede apreciar con los embajadores nombrados por la Cuarta Transformación, todos políticos, ex diputados, sin experiencia en la región y en las lides diplomáticas.
Un cuarto frente, y éste es gratuito, se da en la relación con la sociedad civil y religiosa comprometida con la defensa de los migrantes, que durante décadas han atendido, de manera voluntaria y desinteresada a la migración que retorna y a la que va en tránsito. Los que han dado la cara por México son los voluntarios de las casas de migrantes que día a día apoyan a una población extremamente vulnerable y que el Estado no ha podido ni ha querido atender.
Las organizaciones civiles y religiosas forman parte fundamental en la atención, hospitalidad, asesoría y defensoría de la población migrante. Deberían ser considerados como aliados estratégicos del gobierno, pero son tratados con desdén y en ocasiones agredidos. La última medida ha sido negarles temporalmente el acceso a los centros de detención de migrantes, donde muchos desempeñan labores importantes de asesoría y trámite. Obviamente, también fiscalizan, lo que claro no deja de ser necesario y pertinente.
El último frente viene a ser consecuencia de la política migratoria de contención. La prohibición de las caravanas y el libre tránsito a migrantes irregulares, acarrea corrupción, extorsión, tráfico y trata de personas. Mucho más, de la que ya existe. Hay reportes de migrantes rescatados, de que se desmantelan casas de seguridad, se atrapan traficantes y se detienen a tráileres que transportan migrantes indocumentados. Pero nohay estrategias específicas para combatir este tipo de crimen ni tampoco personal especializado.
Son muchos frentes abiertos y hay que pensar más allá de la coyuntura.

9/15/2019

El acuerdo migratorio



Se cumplió el segundo plazo del acuerdo migratorio (más bien el chantaje) y el gobierno mexicano libró con las justas la prueba de las estadísticas. El flujo de migrantes se redujo en 56 por ciento y falta muy poco para lograr el objetivo.
De hecho, la cifra de aprehensiones en la frontera bajó de 140 mil en mayo a menos de 50 mil en agosto. Un índice todavía un poco alto con respecto a las cifras de años anteriores que en esas épocas estaba en 40 mil personas. Según Marcelo Ebrad Casaubón se cumplió en 90 por ciento del objetivo en cuanto a contención de migrantes, avalado por cifras estadunidenses, lo que aleja la posibilidad de una crisis arancelaria.
México respondió con cifras, el mismo lenguaje que había utilizado Donald Trump para emitir su amenaza sobre su imposición de aranceles. En ese sentido, fue la respuesta adecuada a un ultimátum, que se había justificado con datos estadísticos. No obstante, las medidas de esa contención han tenido importantes costos humanitarios, sociales, políticos y económicos.
Los costos humanitarios están a la vista. Los principales afectados han sido los migrantes perseguidos, apresados o deportados. También los varios miles que esperan una solución en los centros de detención, a sus casos de refugio, solicitudes de visas humanitarias o permisos de salida.
La situación de los migrantes africanos es particularmente grave y conflictiva, sin que se vislumbre una solución adecuada. El tránsito legalizado, como permiso de salida, al parecer ya no es una opción para ellos.
Las repercusiones de esta política han tenido impacto internacional, con la llamada de atención de la alta comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet Jeria, quien se refirió explícitamente a las políticas migratorias de Estados Unidos, México y Centroamérica que ponen en riesgo a los migrantes, familias y niños.
Por otra parte, el impacto social de los bandazos en política migratoria ha polarizado las opiniones en la sociedad mexicana sobre el asunto migratorio. El discurso trumpista de la migración como amenaza ha permeado en algunos sectores de la población. Lo que resulta paradójico en una nación de migrantes, con 12 millones de mexicanos viviendo fuera y con tan sólo medio millón de inmigrantes.
La polarización se ha dado con especial énfasis en las redes sociales, donde se ha desatado la xenofobia y el racismo. En tanto, las organizaciones de la sociedad civil, que desde hace décadas, apoyan y defienden a quienes viajan hacia Estados Unidos en busca de refugio se han visto acosadas y desprotegidas porlas nuevas políticas de contención y por errores garrafales de las fuerzas de seguridad que han acosado a defensores y casas de migrantes.
El impacto político del llamado acuerdo migratorio ha sido evaluado por algunos analistas y políticos como una debilidad y una concesión excesiva. No le han encontrado el modo a Trump, quien ataca de manera intempestiva e inesperada.
Lo más grave es la falta de autocrítica por parte del gobierno. No se analizaron posibles escenarios para la aplicación de políticas migratorias aperturistas y supuestamente humanitarias. La Secretaría de Gobernación fue incapaz de manejar adecuadamente la política migratoria y quedó totalmente rebasada. Tampoco hay claridad sobre cuándo, cómo y con qué personal esta dependencia habrá de retomar sus funciones en asuntos migratorios.
La contención no sólo se da en la frontera sur, ocurre a lo largo de todo el territorio, la llamada frontera vertical y especialmente en la norte, donde los migrantes llegan, intentan cruzar, esperan audiencia y los regresan para esperar una segunda cita.
El trabajo sucio en favor del imperio, que siempre se había realizado, recordemos el Plan Frontera Sur de Peña Nieto en 2014, era un asunto de alta diplomacia, con posibilidades de negociación y acuerdo, no se manejaba por tuit y con plazos perentorios. Las maneras actuales ponen en entredicho al gobierno mexicano y lo colocan en una situación muy incómoda.
Por lo pronto, todos los gastos de este mega esfuerzo de contención corren por cuenta del erario mexicano. No se sabe si hubo ofrecimientos económicos por parte de Estados Unidos. En el caso de Europa, para que Turquía aceptara ser tercer país seguro, se ofrecieron 6 mil millones de euros.
Para remate, en el caso nuestro, un funcionario de tercer nivel, el secretario interino de seguridad interna, Kevin McAleenan, se da el lujo de presionar públicamente al gobierno mexicano exigiendo más y más contención migratoria y vuelve a plantear el tema de tercer país seguro.
En realidad, si se analiza el caso de los africanos en Tapachula, Chiapas, estamos actuando prácticamente como tercer país seguro, pero son los migrantes africanos los que no quieren aceptar el refugio en México, lo que es una figura totalmente inédita ¿Qué se hace en estos casos?
Como quiera, la negativa mexicana a aceptar formalmente la propuesta de tercer país seguro es muy importante, Guatemala y Honduras ya doblaron las manos. Aunque nadie sabe realmente qué van a hacer y quién esté dispuesto a pedir refugio en esas naciones.