85 años de un crimen
1929
fue un año clave en la historia contemporánea de México. En él se
concretaron la división de la Confederación Regional Obrera Mexicana en
el Distrito Federal y otras entidades federativas, el surgimiento de la
Confederación Sindical Unitaria de México y los primeros pasos hacia la
reorganización del movimiento obrero; se constituyó el Partido Nacional
Revolucionario; fue derrotada la última asonada de importancia; fue
dividida la Liga Nacional Campesina; dio término la rebelión cristera;
comenzó la represión anticomunista del maximato, y se sentaron las bases --en lo fundamental-- de la institucionalización del nuevo régimen político posrevolucionario.
El Partido Comunista de México, la LNC, el Bloque Obrero y Campesino
Nacional y la CSUM participaron activamente en la lucha para derrotar
la asonada de José Gonzalo Escobar y otros generales. En Durango,
Coahuila, Veracruz y otros estados, los comunistas organizaron
guerrillas, enrolaron a campesinos y trabajadores sindicalizados, y
atacaron, en forma organizada, a los alzados derechistas. En esos
destacamentos guerrilleros sobresalió José Guadalupe Rodríguez Favela,
miembro del Comité Central del PCM y tesorero de la Liga Nacional
Campesina.
Pastor Rouaix escribía: “En el pronunciamiento del general Gonzalo
Escobar, organizó algunas fuerzas entre los agraristas para apoyar al
gobierno, pero en la gira que hizo por el Mezquital se apoderó de una
partida de caballos que herró con el fierro de la hoz y el martillo y
cometió algunos otros actos de indisciplina y pillaje que ameritaron su
aprehensión y fusilamiento en mayo de 1929, ordenado por el jefe de
Operaciones Militares del Estado, general Manuel Madinaveytia”. (1)
Desde el 14 de mayo de 1929, fecha del fusilamiento sin formación de
causa de J. Guadalupe Rodríguez y Salvador Gómez, la explicación del
crimen por parte de algunos historiadores está contenida en las tesis
difundidas por Rouaix en el texto arriba citado. La verdad, pues, es
menester exponerla.
De acuerdo con A. Volski (Stanislav
Pestkovski): “Cuando en marzo de este año estalló la insurrección de
los grandes terratenientes y de los generales contrarrevolucionarios
contra el gobierno ‘radical’ y los rebeldes se apoderaron al principio
del estado de Durango, la Liga [Nacional] Campesina llamó al mismo
tiempo que el Bloque Obrero y Campesino a la lucha contra la
contrarrevolución. El camarada Rodríguez fue a Durango para organizar
la sublevación de los campesinos contra los reaccionarios.
“Constituyó un fuerte destacamento de campesinos que derrotó de manera decisiva numerosas bandas de guardias blancas
, haciendo al mismo tiempo un rico botín de material de guerra. Por su
resuelta acción facilitó la victoria de las tropas gubernamentales. En
recompensa fue, una vez aplastado el golpe reaccionario, detenido por
este mismo gobierno ‘revolucionario’ por denuncia de los grandes
terratenientes que se quejaban de sus “delitos”. Se le acusó de
¡apropiación ilícita de armas’. Es el primer caso en la historia de las
guerras civiles mexicanas en que se ha dicho que las armas tomadas al
enemigo en la lucha eran ‘apropiadas ilegalmente’. El camarada
Rodríguez fue al Consejo de Guerra [en realidad, sin formación de
causa] y fue fusilado a pesar de sus méritos en la lucha contra los
enemigos del gobierno”. (2)
En abril de 1929 fue detenido y luego liberado J. Guadalupe Rodríguez,
con el pretexto de haber herrado algunas bestias, pero en realidad por
el ajusticiamiento de varios cabecillas reaccionarios, la imposición de
préstamos forzosos a los terratenientes, la organización autónoma del
campesinado, la expropiación de algunas cabezas de ganado y la
oposición militante al desarme de los agraristas. El 29 de ese mes
envió una carta al Partido Durangueño del Trabajo, donde decía:
“...solamente la reacción clerical y latifundista se asusta de nuestro
distintivo comunista de la ‘hoz y el martillo’ y nos combate con
villanía y también los que diciéndose revolucionarios y liberales, que
se han colado en nuestras filas, cubiertos como los lobos con la piel
de oveja, para traicionarnos y colaborar con la reacción de todos los
matices”. (3)
Alberto Terrones Benítez, gobernador provisional del estado de Durango,
comunicaba al secretario de Gobernación el 9 de mayo: “Me he visto en
el muy penoso caso de hacer desarmar a las fuerzas que tenían los
ciudadanos Guadalupe Rodríguez, Joaquín Antuna y Sixto Fernández, por
causa de la violación de los preceptos contenidos en la circular
respectiva y en virtud de los desórdenes y atropellos cometidos por
dichas fuerzas, así como por haber cometido la falta de desobediencia
en la campaña que se lleva a cabo en contra de los rebeldes llamados
‘cristeros’”...
El asesinato de los dos dirigentes campesinos se cometió durante el maximato,
cuando eran presidente de la República Emilio Portes Gil, secretario de
Guerra y Marina Plutarco Elías Calles y jefe de Operaciones Militares
en el Estado de Durango Manuel Madinaveytia, por órdenes del jefe máximo.
1929 fue un año difícil para el Partido Comunista, pues además del
cierre y ocupación de sus locales y el encarcelamiento de decenas de
militantes, ese año presenció la caída de Julio Antonio Mella e
Hipólito Landero, entre otros camaradas.
En el parte rendido a Portes Gil, Madinaveytia precisaba: “Permítome
manifestar a usted que esta jefatura no ejerce represalias contra
ningún elemento y menos procedió a la aprehensión de J. Guadalupe
Rodríguez arbitrariamente. El citado individuo fue aprehendido por la
Inspección General de Policía de esta ciudad, por haberse descubierto
estaba en connivencia con empleados del gobierno del estado, quienes
robaban parque que el ya citado Rodríguez compraba, además de que se le
comprobó que hacía labor subversiva y agitadora en contra de las
instituciones constituidas, invitando para secundarlo a algunos jefes
de las fuerzas agraristas. Por lo expuesto y por los antecedentes que
de este individuo existen en esta Jefatura, y considerando que es un
individuo peligroso para la paz pública, solicité del ciudadano general
de división, secretario de Guerra y Marina, autorización para pasarlo
por las armas, en unión de su cómplice Salvador Gómez, y proceder al
desarme de la Defensa, cuyos jefes estaban de acuerdo con el citado
Rodríguez, autorización que obtuve, según mensaje número 3204 de fecha
13 de los corrientes, recibido hoy a las 2:05, habiendo procedido a
ejecutar desde luego al individuo de referencia...” (5)
Por haber sido desaforado de su puesto de legislador, Hernán Laborde no
pudo decir el 27 de mayo en la Cámara de Diputados: “...A mí se me echa
de la Cámara por ser comunista y por militar en las filas del Bloque
Obrero y Campesino. Los burgueses y pequeño burgueses enriquecidos que
tienen en sus manos el poder, no ven con buenos ojos una lucha
independiente de la clase trabajadora... Esto explica el asesinato de
José Guadalupe Rodríguez en Durango...” (6)
El fusilamiento de J. Guadalupe Rodríguez, repercutió negativamente en
el movimiento campesino en forma directa e inmediata. Por esas fechas,
dada la represión, la intervención oficial, el sectarismo del PCM y el
oportunismo de algunos líderes agraristas se escindió la Liga Nacional
Campesina. La expulsión de Úrsulo Galván y otros cuadros dirigentes del
movimiento campesino nacional de las filas comunistas significó la
mayor pérdida en la historia del PCM.
En el plano
internacional, el fusilamiento de J. Guadalupe Rodríguez fue
ampliamente repudiado. Los partidos comunistas y otras fuerzas de
izquierda realizaron actos públicos en Hamburgo, Berlín, París,
Estocolmo, Buenos Aires y otras ciudades, protestas frente a las
legaciones, embajadas y consulados mexicanos, así como otras
expresiones de solidaridad con los comunistas de nuestro país.
En el Congreso Constituyente de la Confederación Sindical
Latinoamericana, celebrado en Montevideo, Uruguay, del 18 al 26 de mayo
de 1929, se resolvió: “1º Expresar a nombre de todas las organizaciones
obreras y campesinas del continente, aquí representadas, su más
enérgica protesta ante el vandálico asesinato de los abnegados
militantes obreros y campesinos Guadalupe Rodríguez y Salvador Gómez”. (7)
El Comité Ejecutivo Internacional de la Internacional Comunista hizo,
erróneamente por cierto, la siguiente caracterización: “El asesinato de
nuestros dos heroicos camaradas Rodríguez y Gómez, caídos bajo la
metralla del pelotón de ejecución, y el cínico y desvergonzado terror
desencadenado contra los obreros y campesinos mexicanos, acompañado de
la disolución [persecución] del Partido Comunista, de la prohibición de
la prensa revolucionaria, obrera y campesina y de la detención de
millares de militantes que sostienen una lucha consecuente contra el
imperialismo desenmascara completamente al gobierno sedicente
‘revolucionario’ de Portes Gil, Calles y consortes, y demuestra a todo
el mundo que el gobierno mexicano se ha transformado en un gobierno
abiertamente fascista y en un agente del imperialismo norteamericano”. (8)
J. Guadalupe Rodríguez permanece en la memoria de sectores de las
masas, al llevar su nombre hoy día ejidos, centros de población,
calles, escuelas y organizaciones populares; es más, en el histórico
panteón de la Ciudad de Durango, por colecta pública, se le erigió y
aún existe un robusto roble de mármol adornado con una estrella roja.
Pese a que su muerte representó un fuerte golpe contra el PCM y el
movimiento de masas, la labor de los comunistas continuó en pie en las
duras condiciones de la clandestinidad. La muerte de José Guadalupe no
fue en vano.
Notas (1) Pastor Rouaix, Diccionario Geográfico, Histórico y Biográfico del Estado de Durango, México, Inst. Panam. de G. e Hist., 1946, p. 367. En torno al fusilamiento de J. Guadalupe, los anticomunistas de oficio han difundido versiones completamente falsas. Es el caso del poumista de derecha Víctor Alba: “...La orden de establecer soviets en las regiones norteñas de México --que costaron la vida al líder José Guadalupe Rodríguez, en Durango, durante el cuartelazo de marzo de 1929--, constituye otra de estas tentativas, realizada por iniciativa de los comunistas mexicanos, temerosos de que Moscú volviera a criticarles, si, en un momento de peligro para el gobierno, lo apoyaban no por sí mismo sino para dar jaque a las fuerzas reaccionarias. Esto había sucedido en 1927 y Moscú lanzó duras diatribas a los comunistas de México”. (Víctor Alba, Esquema histórico del comunismo en Iberoamérica, 3ª ed., rev. y aum., de Historia del comunismo en América Latina (1954), México, Ed. Occidentales, 1960, pp. 89-90).
(2) A. Volski, “Guadalupe Rodríguez”, en La Correspondencia Internacional, a. II, núm. 24, 7-VI-29, p. 189.
(3) Alberto Breamuntz, Material histórico. De Obregón a Calles. Melchor Ocampo, México, s. e., 1973, p. 14.
(4) Excélsior, 10-V-29, p. 1, 1ª Secc.
(5) “En el 25 aniversario del fusilamiento de José Guadalupe Rodríguez”, en Noviembre, a. VI, núm. 72, 11-V-54, p. 3, y Gerardo Peláez Ramos, De la vida de algunos militantes mexicanos, México, CESS del STUNAM, 2003. Según Emilio Portes Gil él no estuvo de acuerdo con el fusilamiento de J. Guadalupe. (Véase su obra, Quince años de política mexicana, México, Ed. Botas, 1941, pp. 370-371).
(6) Hernán Laborde, “Por qué fui desaforado”, en La Correspondencia Internacional, a. II, núm. 30, 19-VII-29, p. 235.
(7) Bajo la bandera de la CSLA. Resoluciones y documentos varios del Congreso Constituyente de la Confederación Sindical Latinoamericana efectuada en Montevideo en mayo de 1929, Montevideo, Impr. La Linotipo, s. f. [¿1929?], pp. 279-280.
(8) “Contra la represión en México”, en La Correspondencia Internacional, a. II, núm. 30, 19-VII-29, p. 233.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
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