Mostrando las entradas con la etiqueta Congreso Feminista de México. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Congreso Feminista de México. Mostrar todas las entradas

6/01/2019

Anuncian Segundo Congreso Feminista en Chiapas para noviembre


“Mujer, poder y política”
   

La investigadora Inés Castro Apreza anunció la segunda edición del Congreso Feminista en Chiapas, cuyo objetivo será reflexionar sobre la inserción y participación de las mujeres en la política nacional, el cual se llevará a cabo el mes de noviembre del presente año.

El anuncio se hizo en el contexto del aniversario del natalicio de Rosario Castellanos.

El primer Congreso Feminista de Chiapas realizado el 21 al 25 de noviembre de 2016; tres días después de la Declaración de la Alerta de Violencia de Género, logró reunir en San Cristóbal de las Casas el año pasado a más de 60 mujeres ponentes a lo largo de 4 días, en la que asistieron alrededor de 700 personas. La relevancia de su realización, es que fue una novedad en un estado que se caracteriza porque distintos actores impulsan iniciativas políticas de manera continua.

Ante el éxito de este Primer Congreso, la investigadora expresó que el objetivo de este Segundo congreso será reflexionar sobre la inserción y participación de las mujeres en la política nacional, logros, desafíos, obstáculos, además del diseño de una agenda política feminista que dé cara a los procesos electorales venideros.

Por tanto, convocaron a mujeres de Yucatán, Quintana Roo, Campeche, Veracruz, Tabasco, Oaxaca y Guerrero a que participen de manera activa, junto con sus experiencias sobre el derecho de ciudadanía al sufragio.

Cabe señalar que Castro Apreza, presentó su libro “Mujeres y Política en Chiapas, un programa feminista” en el que hace una recopilación de testimonios sobre el Primer Congreso Feminista de Chiapas, donde destaca temas pendientes como la democracia paritaria, el aborto, el derecho de las mujeres a vivir una vida libre de violencia y la violencia digital en Chiapas, expuesto desde sus principales promotoras y defensoras que participaran en este Congreso.

CIMACFoto: Sandra de los Santos
Por: la Redacción
Cimacnoticias/ChiapasParalelo | Tuxtla Gutiérrez, Chis .

11/19/2016

Realizarán Primer Congreso Feminista en Chiapas

Marcharán el día 25 de noviembre


En Chiapas, pese a que desde 2013 organizaciones feministas han solicitado la Alerta de Violencia de Género, ésta no ha prosperado y a las mujeres las continúan asesinando, tan sólo en lo que va de este año, 121 mujeres fueron asesinadas de manera violenta, dijo la directora del Grupo de Mujeres de San Cristóbal (Colem) Martha Figueroa Mier.

La activista, en conjunto con el Comité organizador del Primer Congreso Feminista de Chiapas informaron que del 21 al 25 de noviembre se realizará este evento que tiene como objetivo recuperar la memoria y la historia contemporánea de los movimientos de mujeres, sus luchas, sus demandas, logros y desafíos, para motivar a la reflexión sobre el presente y el futuro.

Por ello Figueroa Mier agregó que “ante este contexto tenemos que juntarnos, tenemos que darnos un espacio y decidimos juntarnos el 25 de noviembre que para nosotras representa una fecha muy significativa”.

En este Congreso se realizarán mesas de trabajo con temáticas variadas sobre tierra y territorio, medio ambiente, mujeres indígenas y campesinas, nuevos feminismos, entre otros; y se realizarán talleres, ponencias y actividades alternas. Todo el evento será gratuito.

La inauguración del congreso será el día 21 de noviembre e iniciará con la Conferencia magistral de la Antropóloga Mercedes Olivera, una activista con trabajo en favor del reconocimiento de los Derechos Humanos de las mujeres, y fundadora del Centro de Derechos de las Mujeres de Chiapas.

El Congreso concluirá el día 25 con la marcha conmemorativa al Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres.



Especial, Por: Gabriela Montoya, Cimacnoticias/Enheduana | San Cristóbal de Las Casas, Chis.- 

2/06/2016

La monja roja del Mayab


La historia de amor de Felipe Carrillo Puerto y la periodista Alma Reed ha hecho correr mucha tinta.

lasillrota.com

“A quienes nos acusan de querer salirnos de nuestra esfera, respondemos que nuestra esfera está en el mundo. La mujer está en todas partes porque representa más de la mitad del género humano y su vida está íntimamente ligada con la otra mitad”. Hermila Galindo.

                      
El trece de enero del 2016, a cien años del Primer Congreso Feminista celebrado en Mérida, el nombre de Elvia Carrillo Puerto, la primera diputada electa en México en1923,  fue colocado con letras de oro en el muro de Honor del Congreso de Yucatán. Aunque Elvia (por razones no muy claras) no haya participado en ese Primer Congreso, resulta más que justo este homenaje. Gratitud y memoria para esas mujeres que arriesgaron todo, para transformar los mapas mentales, las costumbres, las leyes que excluían a las mujeres. No demos por hecho nuestros derechos. Sin mirar hacia atrás, hacia ellas, hacia sus luchas. No las olvidemos.

Cualquier niña que haya crecido en el sureste mexicano caminó alguna vez por una calle que se llamaba Felipe Carrillo Puerto. Jugó en un parque, visitó un poblado, atravesó un río en una panga con el mismo nombre. Entonces, nadie parecía recordar a  su hermana Elvia. Felipe Carrillo Puerto fue gobernador (socialista) de Yucatán de 1922 a 1924. Fue fusilado en el cementerio general de Mérida el tres de enero, por órdenes del General Ricárdez Broca. Él y tres de sus hermanos: Benjamín, Edesio y Wilfrido.

La historia de amor de Felipe Carrillo Puerto y la periodista Alma Reed ha hecho correr mucha tinta. Se conocieron, se enamoraron, él solicitó a Luis Rosado Vega (dicen que durante un viaje en carro) que compusiera una canción para su amada. Así nació “Peregrina”, con música de Ricardo Palmerín, una de las más hermosas canciones de la trova yucateca. ¿Dónde estaba Elvia en medio de los fulgores de la omnipresencia de su hermano “El dragón rojo de los ojos de jade”? ¿Dónde ante la belleza y los talentos de Alma Reed? Un nombre oculto, postergado. Hasta que activistas e historiadoras feministas fueron por ella. Reivindicaron su nombre, su historia, sus bellezas, sus legados.

Fue muy tarde, cuando por primera vez escuché hablar de ella. ¿Felipe Carrillo Puerto tuvo una hermana, profesora y feminista? ¿Una sufragista? ¿Cómo? Elvia nació el 6 de diciembre de 1878 en el pequeño poblado de Motul (ahora, Motul de Carrillo Puerto). Fue la sexta de trece hijos. Motul en maya significa: “que no se derrama, que no se desborda”. Pero vaya que Elvia quiso y eligió desbordarse, como sus hermanos. Testigos de la riqueza henequenera y de la miseria de los campesinos mayas.  Los abismos. Los barcos que llegaban cargados de vinos, muebles y telas finas para los amos, y los peones “acasillados”, atrapados por las tiendas de raya y las deudas eternas. Los Carrillo Puerto pertenecían a una clase media que accedió a la educación. Asistieron a una escuela laica y aprendieron maya.

La casa de los Carrillo Puerto en Motul.Elvia se casó a los trece años y tuvo un hijo a los 14. Quedó viuda (a los 23 años.) Trabajó como maestra de primaria, en las haciendas enseñaba a leer y escribir a los niños en maya y en castellano.  Organizó la Liga Feminista Campesina Rita Cetina Gutiérrez,  en 1912. Rita fue una maestra yucateca pionera del feminismo en México y en América Latina (1846 -1908), se dice que muchas de las reflexiones de la joven feminista tan amante de los libros y los debates políticos, se inspiraron en ella.

La casa de los Carrillo Puerto en Motul.


En 1915 el general Salvador Alvarado es nombrado gobernador de Yucatán. En 1916 convoca al Primer Congreso Feminista. No sin cantidad de ataques, burlas, intimidaciones de quienes consideraban que una reunión de mujeres a la búsqueda de sus derechos, era un insulto y una afrenta. Las “locas del desván tomaron las calles de la ciudad. Se reunieron. Debatieron. La prensa se desató contra ellas. Uno de los puntos de la convocatoria firmada por Alvarado:

“Considerando que para que puedan formarse generaciones libres y fuertes es necesario que la mujer obtenga un estado jurídico que la enaltezca, una educación que le permita vivir con independencia, buscando en las artes subsistencia honesta, que, de este modo, los hijos que constituyen la patria futura se eduquen imitando en las madres edificantes ejemplos de labor y libertad”.

TEMAS A DEBATE EN EL PRIMER CONGRESO FEMINISTA DE YUCATÁN

1. ¿Cuáles son los medios sociales que deben emplearse para manumitir a la mujer del yugo de las tradiciones?

2. ¿Cuál es el papel que corresponde a la escuela primaria en la reivindicación femenina, ya que aquélla tiene por finalidad preparar para la vida?

3. ¿Cuáles son las artes y ocupaciones que debe fomentar y sostener el Estado, y cuya tendencia sea preparar a la mujer para la vida intensa del progreso?

4. ¿Cuáles son las funciones públicas que puede y debe desempeñar la mujer a fin de que no solamente sea elemento dirigido sino también dirigente de la sociedad?

Elvia Carrillo Puerto.617 delegadas de todo el país asistieron a la cita en el teatro Peón Contreras en Mérida. Entre las más aguerridas, la ponencia de Hermila Galindo (no fue leída por ella), quien incluía en sus reivindicaciones una educación para las mujeres que llamara al trabajo intelectual y que incluyera la educación sexual. Solicitaba leyes que protegieran a las mujeres casadas o no, y a los llamados hijos “ilegítimos”. Galindo cuestionaba la doble moral que ofrecía libertades a los hombres y reprimía de manera más que inequitativa a las mujeres. Es pasmoso, cuando una piensa que corría el año de 1926 y que la poderosísima religión católica controlaba sin tregua la vida privada y pública de las mujeres. Hay quien afirma que Elvia se negó a participar en el Congreso porque no se admitía la presencia de mujeres sin educación primaria, requisito que le habría parecido discriminatorio.

Elvia Carrillo Puerto.


Pero su activismo fue incansable. Elvia participó en la fundación de las  "Ligas de Resistencia Feministas”, se trataba de llamar a las mujeres de todo el estado  a organizarse y apoyarse unas a otras en temas urgentes: derecho al voto, higiene, alfabetización y osadía de osadías: control de la natalidad. Controlar el número de hijos que una mujer deseaba y era capaz de criar, significaba una afrenta mayor al considerado inamovible“deber ser femenino”. A toda una idea de femineidad anclada en el “antes que todo madre de todos los hijos que dios me de”. El control natal era (a como ha sido) un paso indispensable en la búsqueda de libertad de las mujeres y sostenía de fondo la más intolerable de las reivindicaciones para las sociedades conservadoras: el derecho de las personas a vivir su sexualidad de una manera libre y lúdica, más acá o más allá de los fines reproductivos.

Elvia, como sus hermanos, recibió una educación bilingüe, su fluidez en la lengua maya la acercaba a las mujeres más sometidas de Yucatán. Las mujeres mayas dominadas y abusadas, en tanto que indígenas y en tanto que mujeres. Cuando su hermano se vio obligado a huir a Nueva Orleans, Elvia partió hacia la ciudad de México. Continuó su trabajo feminista convocando a mujeres obreras, maestras, empleadas de gobierno. En 1922 Felipe es nombrado gobernador. Elvia lo apoya y continúa su labor feminista divulgando las técnicas de contro de la natalidad de la época. Defiende el derecho de las mujeres a recibir tierras cuando son cabeza de familia. La creación de guarderías infantiles, escuelas y da la batalla por la erradicación del trabajo sexual, ofreciéndoles a quienes lo ejercían la oportunidad de aprender un oficio.

En 1923, apenas aprobado el divorcio en Yucatán, deja a su segundo esposo. Ese año, la participación de la delegación yucateca en el Congreso Panamericano de Mujeres en la Ciudad de México dejó sin habla a las tres cuartas partes de la galería. ¡Claro que el derecho a votar y ser votadas! Pero también control de la natalidad y libertad sexual para las mujeres. ¡Demasiado esas Yucatecas que lo querían todo!  ¡Unas radicales, locas! Se armó un escándalo mayúsculo y sus temas –considerados tan amenazantes- fueron dejados de lado.

Al momento del asesinato de sus hermanos en 1924, Elvia era diputada electa en Yucatán, junto con dos mujeres más: la maestra Raquel Dzib y la bibliotecaria Beatriz Peniche de Ponce. Un logro histórico para el feminismo.  No pudieron, por supuesto, desempeñar sus cargos. Con cuatro de sus hermanos perseguidos y asesinados, la vida de Elvia corría peligro. Se escondió mudándose con frecuencia en casas amigas y en la de su madre, hasta que decidió exilarse en la ciudad de México. Se reunió acá con Elena Torres, y decidieron concentrarse, sobre todo, en la lucha por el sufragio femenino. “Si les damos el voto a las mujeres, van a votar por los curas”, “El voto femenino es una amenaza a la solidez y a los valores de la familia”. “Las mujeres no están hechas para participar en las cuestiones públicas que las alejan de los fines más nobles y bellos para los que fueron creadas”.

Cuentan que ya para entonces, Elvia era una mujer muy austera, que trabajaba mucho y reía poco. Que sus causas ocupaban su vida. Participó en el Partido Comunista Mexicano. Le llamaban: “La monja roja del Mayab”.  En 1927 fundó la Liga Orientadora Socialista Femenina y regresó a una de las grandes preocupaciones desde los inicios de su activismo en Yucatán: la creación de guarderías para los hijos de las madres trabajadoras. El Presidente Lázaro Cárdenas la honró como “Veterana de la revolución”.

Nunca cejó en su lucha por los derechos de las mujeres. Nunca dejó de lado su preocupación por las mujeres y los hombres mayas. Amaba esa lengua. La que le llegó en sus orígenes en la escuela  del pueblo de Motul. La lengua que también amó su hermano. Cuentan que durante su estancia en la cárcel, Felipe tradujo la Constitución Mexicana a la lengua maya.  Así, como en maya, y en castellano, Elvia recorrió Yucatán de esquina a esquina con la esperanza de una transformación social profunda que erradicara la desigualdad.  El racismo feroz. Las enormes riquezas construidas sobre las espaldas agotadas de los peones. Un Yucatán que se reconociera en su grandioso pasado, y que lo honrara en la igualdad de derechos par sus habitantes.

Murió el 15 de abril de 1965 (también se dice que de 1967). Dicen que amaba a los perros y que vivía de manera muy modesta (como siempre vivió) en la colonia Rivera de San Cosme. Tuvo una nieta que lleva su nombre.  Está enterrada –por si desearan visitarla- en el cementerio general de Mérida. Y a media hora de la ciudad está Motul, el lugar de sus orígenes. Existe una biografía escrita por  Monique J. Lemaître. Y todo lo que falta por ser investigado en su vida. Por ser dicho. Dicen que era una mujer introvertida. Dicen que cantidad de palabras suyas, emociones, silencios, están aún por decirse. La fascinante y hermosa “Monja del Mayab”.

Para quien desee indagar un poco más:

“A cien años del Congreso Feminista en Yucatán”, entrevista con la historiadora feminista Gabriela Cano, Colegio de México.

@Marteresapriego 

1/26/2016

Teatro Peón Contreras: mudo testigo del ánimo feminista revolucionario

100 años del Primer Congreso Feminista en Yucatán
   De templo de hacendados, a nido transgresor de las tradiciones

Como una paradoja, el Teatro José Peón Contreras en esta capital yucateca –emblema porfirista de la época de esclavitud en las haciendas henequeneras del estado– fue también recinto del Primer Congreso Feminista de 1916, impulsado por mujeres convencidas –desde diferentes posturas ideológicas– de que se deberían conquistar derechos políticos y sociales para las mexicanas de entonces.

Tres meses habrían tardado las organizadoras –la mayoría maestras socialistas– para preparar el Primer Congreso Feminista de Yucatán, cuya convocatoria estuvo lista en diciembre de 1915 y que se realizó finalmente el 13 de enero de 1916 en el Teatro José Peón Contreras, construido en 1877 para presentar fastuosos espectáculos artísticos y de ópera para las familias adineradas de la región.

En sus tres niveles de palcos y bajo una gran cúpula pintada, el recinto recibió durante cuatro días consecutivos a cientos de mujeres, quienes –como condición mínima, según la convocatoria del Primer Congreso– debían saber leer y escribir, para discutir los cuatro ejes temáticos impuestos de antemano por el general Salvador Alvarado, el entonces gobernador yucateco.

¿Habría sido esta restricción que impidió la asistencia de las campesinas más pobres lo que motivó a Elvia Carrillo Puerto –socialista yucateca y pionera del feminismo en México– a no presentarse a este evento?, se preguntan ahora las historiadoras.

En ese contexto político y social –en el que la única oportunidad formativa y laboral independiente para las mujeres era el magisterio–, las congresistas discutieron desde su visión personal o grupal el papel de la escuela, el Estado y los medios sociales que contribuirían a “manumitir (liberar) a las mujeres del yugo de las tradiciones”, así como las ocupaciones y las funciones públicas que ellas podían desempeñar.

La mayoría de las congresistas se apegó a una perspectiva feminista más próxima a los principios de la Revolución Mexicana (iniciada seis años antes) que a las ideas porfiristas.

La diversidad de argumentos de las feministas de la época mostraba “que los ideales positivistas y socialistas alternan cómodamente con conceptos tradicionales expresados en el más puro romanticismo decimonónico”, destaca en artículo publicado en el número 30 de la revista Fem en 1983.

Como evidencia, entre los argumentos de una de las congresistas para desechar la educación integral para las mujeres estaba que “¿es posible enseñar hoy en nuestras escuelas toda la realidad de los hechos de la vida? No digan que tengo miedo, no, pero es que la maestra no puede conocer a todas las jóvenes (…); que la madre sea a la que le toque enseñar estos puntos fisiológicos de la vida”. Otro argumento era: “La mujer ilustrada muy difícilmente se casa”.

Por otro lado, entre las ideas entonces vistas como las más radicales, se cuestionó: “¿Por qué le temen a la mujer que tiene vastos conocimientos? Porque al comprenderlos, al considerarlos a ellos menos instruidos que nosotras, no los podríamos amar, los despreciaríamos, y no los veríamos superiores a nosotras y no podríamos menos que sentirnos más que ellos”.

El artículo de Fem difunde el comentario de un cronista de la época: “En la mañana nos dimos cuenta exacta de la importancia de este Congreso. Nuestras mujeres se reúnen por primera vez para tratar asuntos de trascendencia revolucionaria y, ante el asombro de los hombres, los tratan con cierta sobriedad inesperada, y con un tino”.  

Si bien los documentos oficiales muestran que el general Salvador Alvarado –entonces el primer gobernador socialista de Yucatán– habría sido quien orquestó el Congreso Feminista allegándose de Consuelo Zavala Castillo –alumna de la precursora feminista Rita Cetina y maestra de profesoras rurales–, diversas historiadoras y activistas coinciden ahora en que el mandatario estatal encontró en la entidad “tierra fértil y madera en las mujeres”, quienes ya estaban influenciadas por el feminismo.

Las investigadoras también destacan que fue Yucatán –por su ubicación geográfica en la costa Caribe, uno de los principales puntos de llegada de mercancías provenientes de Europa– y no el centro del país, donde el movimiento feminista en México pudo tener su cuna.

Por otro lado, las historiadoras que han documentado este Congreso se preguntan también si la pretensión de Salvador Alvarado –quien lamentó que las mujeres no avalaran ahí mismo su derecho al sufragio– no era en realidad allegarse de su apoyo para que lo impulsaran como el primer presidente constitucional en México.

Pese a estos hallazgos, un siglo después, el 13 de enero de este 2016 el gobierno yucateco utilizó el mismo Teatro Peón Contreras para conmemorar en un evento oficial los 100 años del Primer Congreso Feminista, para el que preparó una gran manta con el nombre de las organizadoras y en la que –soslayando la participación femenina– rotuló el nombre de Salvador Alvarado en letras destacadas y por encima de todas las mujeres que hicieron realidad ese evento histórico.
 
CIMACFoto: Angélica Jocelyn Soto Espinosa, enviada
Por: Angélica Jocelyn Soto Espinosa, enviada
Cimacnoticias | Mérida, Yuc.-

1/23/2016

Si no fuera por esas mujeres de hace 100 años, no estaríamos aquí




   Refrendan políticas compromiso de pugnar por la igualdad


Como hace 100 años, el Teatro Peón Contreras –construido con altos palcos y luces–, ubicado en pleno Centro Histórico de esta capital estatal, recibió a mujeres de todos los ámbitos para conmemorar un siglo de logros en materia de Derechos Humanos para las mexicanas, pero también para reflexionar sobre los pendientes.

Si bien hace 100 años las mujeres reunidas en este histórico recinto donde se llevó a cabo el Primer Congreso Feminista, iniciaban un camino para que la población femenina ganara más derechos a participar en política y otros rubros de la sociedad, ahora –a un siglo de distancia– falta vencer obstáculos que impiden su plena participación en diversos ámbitos.

En ello coincidieron diversas mujeres políticas al participar ayer en la primera jornada de actividades para conmemorar el centenario del Congreso Feminista, quienes señalaron que mientras hace un siglo se pensaba en cómo incorporar a las mexicanas a los cargos públicos, hoy se busca la paridad efectiva (mitad mujeres y mitad varones) en los espacios de poder.

Y fue gracias a la participación de esas feministas que hace 100 años se reunieron en el Teatro Peón Contreras, que ahora quienes son magistradas, senadoras, diputadas, ex gobernadoras y académicas que participan en este evento conmemorativo, han podido llegar a esos altos cargos.

Si hace 100 años las yucatecas, muchas de ellas maestras, no hubieran estado influenciadas por la ideología feminista de Rita Cetina, el general Salvador Alvarado Rubio –a quien se le atribuye históricamente el logro de haber realizado el Primer Congreso Feminista– “no hubiera podido hacer mucho”, observó Dulce María Sauri Riancho, quien como legado de ese primer encuentro de mujeres en 1916 pudo llegar a diversos espacios de toma decisión en la vida política nacional.

Sauri Riancho, la primera mujer gobernadora de Yucatán de 1991 a 1993, fue también diputada federal, senadora, funcionaria y dirigió al Partido Revolucionario Institucional (PRI).

En su participación en la jornada de ayer, Dulce María Sauri destacó que ese Primer Congreso de hace 100 años no fue un “paso burocrático”, sino que hubo movilización y propaganda por parte de las organizadoras, que estaban convencidas de los logros de ese encuentro.

Como hace un siglo, resaltó la priista, quienes nos encontramos aquí ahora “debemos refrendar el compromiso de seguir adelante en la lucha por la igualdad”, por lo que pidió que en el contexto de esta conmemoración se presente una iniciativa de reforma en Yucatán para que se obligue a la paridad de género en las planillas para los ayuntamientos.

Al hacer un balance de la participación política femenina, la senadora por el PRD Angélica de la Peña Gómez y la magistrada del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, María del Carmen Alanís Figueroa, advirtieron que los retos que enfrenta actualmente el feminismo son los mismos de hace 100 años, pues no se ha logrado una plena presencia de las mujeres en la esfera pública.

También las funcionarias federales y académicas reunidas cuestionaron algunos retrocesos en la entidad, como por ejemplo el que aún conserve la cuota de 30 por ciento de espacios para las mujeres en las planillas para los ayuntamientos, o que luego de ser el único estado del país que consideraba a la pobreza como causal para el aborto legal, ahora su Código Penal contenga causales referentes a la “decencia” de las mujeres.

Lo anterior, enfatizaron, no es congruente con las demandas femeninas que en su momento apoyaron los gobiernos socialistas en Yucatán tras la Revolución Mexicana.

Coincidieron también en que a estos años de distancia, la violencia ha llegado también a la política e, incluso, ha cobrado ya la vida de algunas mujeres en diversos estados de la República Mexicana, por lo que hicieron un llamado a legislar sobre el tema.
 


CIMACFoto: Angélica Jocelyn Soto Espinosa, enviada
Por: Angélica Jocelyn Soto Espinosa, enviada
Cimacnoticias | Mérida, Yuc.-

Feminismo: apuesta ética y política necesaria para construir la igualdad



100 años del Primer Congreso Feminista en Yucatán
   Continúan vigentes demandas de hace un siglo
Cimacnoticias | Mérida, Yuc.-Al mismo tiempo que el atardecer del sábado dejaba el día y daba paso a la noche prematura en esta ciudad, el grupo de mujeres que conmemoró el centenario del Primer Congreso Feminista de 1916 permanecía de festejo en la plaza pública de la capital yucateca.

Entre baile y alborozo, tres actos musicales –protagonizados por las más jóvenes– anunciaron el cierre de las jornadas que celebraron a las mujeres que hace un siglo discutieron –en el primer acto público de las feministas en el país– los derechos civiles y humanos de las mexicanas.

“Las hijas del rap”–siete jóvenes cantautoras de temas sobre la libertad de las mujeres–, “Las hojas al vuelo” –agrupación teatral cuyas canciones se inspiran en testimonios de sobrevivientes de violencia–, y Valeria Bautista –adolescente guitarrista que evocó a Mercedes Sosa y Violeta Parra–, cerraron los festejos y fueron recibidas por las feministas que bailaron sin parar, las turistas y una que otra mujer que se unió de último momento a la verbena.

A modo de clausura, integrantes del Comité Conmemorativo leyeron la declaratoria de estas jornadas, en la que reconocieron el trabajo de las pioneras de 1916, la diversidad de los feminismos, que el feminismo es una apuesta ética y política necesaria para la construcción de un mundo más justo e igualitario, y que a pesar del camino andado persisten vacíos y retrocesos, además de una deuda con las mujeres indígenas y rurales, campesinas, obreras, mujeres en condición de explotación sexual comercial, y las transexuales. 

Con símbolos mayas yucatecos, el colectivo “Le Puuta” se unió a la celebración y montó alrededor del asta bandera de Mérida –en medio de los imponentes edificios coloniales de esta sociedad, que en su raíz lleva la lengua y las tradiciones indígenas– un tapete de aserrín que representa a la mujer y al hombre.

Este ejemplo de “arte efímero” –cuyo rastro se llevaría el viento, dijo su autora– fue resguardado por una niña de ocho años que participó en su elaboración.

Además, las integrantes del colectivo Reflexión y Acción Feminista (RAF) –también del Comité Conmemorativo de los 100 años del Congreso Feminista– presentaron un llamativo performance, para exigir que los recientes casos de feminicidio en la península sean investigados, y también para criticar que la sociedad y los medios de comunicación aborden el tema sin apego a las garantías femeninas.

LA ALGARABÍA NO SE DETUVO

Un tendedero de hojas blancas en el centro de la plaza mostraba diversos mensajes en los que las mujeres explicaban por qué decidieron ser feministas. Las breves consignas, rodeadas también por las biografías de las congresistas de 1916, llamaron la atención de algunas mujeres que al leer los textos las cuestionaron, se rieron o las aplaudieron.

Incluso un profesor de Historia de una primaria pública se dijo interesado, y se quedó en todo el evento porque –reconoció– este Congreso Feminista “es algo que nunca se enseña en la escuela”.

En medio de la algarabía pacífica del festejo, el escándalo de un hombre ebrio no impidió la presentación de una de las cantantes, quien no se perturbó. Una joven de entre el público se plantó tras el sujeto y lo retiró del lugar, sin mayores consecuencias.

Momentos antes, en su acto oficial de todos los días, la escolta municipal pasó por encima del tapete de aserrín con símbolos mayas, mientras las feministas ponían en el suelo la lona conmemorativa de los 100 años del Primer Congreso en un intento por evitar que las uniformadas pisaran el trabajo artístico.

En sus mensajes, las feministas denunciaron la reducción de presupuestos en materia de género en los institutos de las mujeres, las universidades y otras instituciones de gobierno, la falta de voluntad política para detener el feminicidio, la negligencia del Estado para garantizar espacios seguros para la población femenina, y las reformas estructurales que –precisaron– obedecen a un sistema capitalista neoliberal que fomenta la pobreza, la discriminación, la violencia, la destrucción de los ecosistemas y donde las mexicanas son las más afectadas.

Con este evento –frente a la monumental catedral, emblema de la influencia eclesiástica que ha impedido a las mujeres decidir sobre sus cuerpos–, el movimiento amplio de mujeres cerraba triunfante la conmemoración, que horas antes había reunido a mujeres jóvenes, adultas y varones a discutir en un foro juvenil el acoso callejero, la violencia pública y privada, los derechos sexuales y reproductivos, y la diversidad sexual.

También concluían las mesas en las que días atrás se abordó la literatura y el periodismo feminista, los Derechos Humanos de las mujeres, la lucha por el sufragio femenino, la violencia machista, el trabajo y la economía de las mexicanas, y la educación, entre muchos otros temas.

Estas jornadas conmemorativas de cuatro días derivaron en la demanda feminista de servicios profesionales de calidad en el acceso a la justicia para las mujeres, una estrategia nacional y local para la articulación y armonización de las leyes, además de que quienes ocupan puestos públicos no reproduzcan esquemas “machistas y patriarcales” en el desempeño de sus funciones.

También se exigió que los presupuestos incluyan la perspectiva de género para avanzar hacia la igualdad entre los sexos, que se erradique la trata de personas, se garantice el derecho al aborto, así como que se rescate y visibilice la memoria histórica de las mujeres y de la lucha feminista en la educación pública de Yucatán y todo México.

Las mujeres cerraron las jornadas advirtiendo la necesidad de  incluir a los varones –muchos presentes en las mesas de trabajo– en la tarea de deconstruir la “masculinidad hegemónica”, y en la búsqueda de nuevas masculinidades acordes con la igualdad de género.

Las feministas se despidieron. En un clima tan húmedo como caluroso, se fotografiaron y se abrazaron las que ya se conocían y las que se encontraron aquí, provenientes de otras partes del país, para saber y compartir la lucha feminista, la desobediencia a las consignas patriarcales, y el trabajo constante por un porvenir más libre para las mujeres.
 
CIMACFoto: Angélica Jocelyn Soto Espinosa, enviada
Por: Angélica Jocelyn Soto Espinosa, enviada

1/19/2016

Entrevista - Sin garantizar aún, acceso de las mujeres al poder


Prevalecen rezagos de hace 100 años: Dulce María Sauri


Yucateca convencida de que “los derechos no se conquistan una vez y para siempre”, Dulce María Sauri Riancho –primera mujer gobernadora de su estado–reconoce que las mujeres que la antecedieron en la política abrieron camino para que ella pudiera estar al frente de una gestión local.

En su casa llena de árboles y paredes de colores, en esta capital estatal, la también ex presidenta nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI) conversa con Cimacnoticias sobre su trayectoria política y la de otras mujeres a propósito de la celebración esta semana por los 100 años del Primer Congreso Feminista de 1916, en el que las revolucionarias de entonces discutieron –en uno de los debates más álgidos– si las mujeres debían votar o no.

AL FINAL DEL DÍA, FEMINISTA

Cuando el pasado miércoles 13 de enero Sauri Riancho terminó su discurso sobre los logros de las mujeres para ocupar cargos públicos, en el monumental Teatro Peón Contreras –donde hace 100 años se reunieron las feministas yucatecas–, se desató una ola de aplausos.

“Aunque su gobierno fue cuestionable, como todos en realidad, finalmente se ganó el respeto y la admiración de muchas yucatecas”, dijo una voz de entre el público. Al concluir el evento, activistas y políticas destacadas no perdieron la oportunidad para felicitarla. Dulce María regresó los saludos con una sonrisa cálida, como si todas fueran sus amigas.

Y es que con más de 30 años de trayectoria política –siempre en las filas del PRI–, ese 13 de enero Sauri Riancho, reconoció que fue gracias al legado de las feministas posrevolucionarias Elvia Carrillo Puerto, Raquel Dzib Cicero y Beatriz Peniche, que ella pudo alcanzar una gubernatura.

Ahora, en la charla con esta agencia, la priista afirma que se asume feminista, y que mira –ya a cierta distancia de la actividad política– que cada paso que dio en la función pública estuvo marcado por su condición de género.

“Como gobernadora de Yucatán sí conocía sobre Elvia Carrillo Puerto y el Congreso (Feminista de 1916), pero si te dijera que siempre tuve conciencia plena de la condición de género, pues no es cierto porque fue gradualmente fui aprendiendo eso en la práctica política”, declara sin soltar su termo de café que la acompañó todo el día.

Fue en la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer, realizada en Beijing, China, en 1995, cuando Sauri –tras escuchar a mujeres afganas que relataron que los talibanes las obligaron a dejar la escuela y su trabajo porque no podían estar cerca de los varones– tuvo conciencia de dos cosas: “Que los derechos no se conquistan una vez y para siempre”, y “que las mujeres cuando se juntan pueden hacer grandes cosas”.

MUJER DE TRAYECTORIA

En medio de su sala –repleta de adornos orientales combinados con artesanías yucatecas–, la ex diputada federal y ex senadora relata que ingresó al mundo de la política en el tiempo en el que su esposo, José Luis Sierra Villareal, fue encarcelado durante siete años en el contexto de la llamada “Guerra sucia” (la represión del Estado contra los movimientos sociales y guerrilleros de los años 60 y 70).

“Yo les decía (a quienes serían sus jefes en la tarea política): ‘Mi esposo es un preso político, si así me contrata, adelante, podemos trabajar”. Así, su paso en la gestión pública, primero como delegada del PRI, le permitió escalar a otros cargos de mayor rango.

No obstante –recuerda–, cuando la propusieron como presidenta estatal del PRI, un hombre de su partido le advirtió que si aceptaba aventarían piedras a su casa y la insultarían.

Cuando compitió en los comicios para ser diputada, uno de sus oponentes, del PAN, le cuestionó que por su condición de mujer no podría hacerse cargo de la seguridad pública.

Pero Sauri aceptó cada reto que se le puso enfrente. Primero fue diputada federal por Yucatán (1982-1985), luego senadora (1988-1991), después otra vez diputada federal (1994-1996), y de nuevo senadora (2000-2006).

En 1991, cuando asumió la gubernatura interina de su estado (hecho que –advierte– logró por su trayectoria y la necesidad de que las mujeres participaran en el proyecto neoliberal que entonces se gestaba) desobedeció el mandato de su partido dos veces: primero al romper con las empresas henequeneras de Yucatán, y luego al renunciar al cargo antes de concederle al PAN la oportunidad de gobernar.

Sin embargo, el 3 de julio del año 2000, ya como presidenta nacional del PRI, enfrentó su reto político más grande, porque el partido “que nació para estar siempre en el poder” perdió por primera vez en la historia la elección presidencial.

Entonces –cuenta– se sintió responsable del fracaso, y observó que la derrota no sólo era electoral, sino de un proyecto político de más de 70 años y del “eje articulador que organizaba el partido”.

Sauri Riancho asegura que su condición de género le permitió sobreponerse –y no dejar de luchar– y enfrentar los cuestionamientos que vinieron después, y organizar –como uno de sus logros todavía en la dirigencia partidista– una asamblea de más de 12 mil delegadas y delegados para evitar el derrumbe del PRI.

ESLABÓN DE MUJERES POLÍTICAS

En política internacional, en 2004 Dulce María Sauri fue presidenta exoficio de la Reunión de Mujeres Parlamentarias de la Unión Interparlamentaria Mundial, y presidenta de la Comisión Interamericana de Mujeres. Antes, de 1995 al 2000 encabezó el Proyecto Nacional de la Mujer, antesala de lo que ahora es el Instituto Nacional de las Mujeres.

La también socióloga afirma que desde niña se interesó por la política y la economía, incluso escuchaba las pláticas de los varones adultos de su familia, y decía –sin saber bien a bien de qué hablaba– que quería ser diplomática.

Destaca que su abuela materna –quien viajó a Cuba tras el asesinato de su esposo para sacar adelante a su familia– es su principal “ejemplo de resistencia y trabajo”.

Sauri está convencida de que los rezagos en el reconocimiento de los derechos femeninos provienen de ideas y costumbres de hace 100 años, que a la fecha no han logrado superarse. Observa además que aún no están garantizadas todas las condiciones para que una mujer ocupe cargos públicos.

La priista también se asume “nieta” del Congreso Feminista de 1916. Y reconoce que de igual manera si Griselda Álvarez y Beatriz Paredes en su momento no hubieran ocupado una gubernatura (en Colima y Tlaxcala, respectivamente), ella tampoco lo habría hecho. Como a su vez, Ivonne Ortega –segunda mujer gobernadora de Yucatán– no lo hubiera logrado sin Sauri Riancho.

“Me asumo como parte del eslabón de una cadena que empezó muy atrás, desde Rita Cetina. (Una cadena que) hace que esa niña de hoy pueda pensar en ser gobernadora”, resalta.

Sauri mira la cámara fotográfica sobre la mesa y admite que “extraña la política”, pero advierte que como mujer los costos políticos terminan siendo “muy altos”.

Y es que tras años de ver a su familia sólo los domingos y a veces llegar únicamente a dormir todo el día, esta mujer política se siente feliz ahora de pasar más tiempo con sus nietas, y tener la posibilidad de emprender proyectos académicos.

Agradece el apoyo que recibió de sus hijos –a quienes expulsaron del catecismo porque nunca iba su mamá a las reuniones– y a su pareja, quien iba a los eventos de las esposas de los delegados para apoyarla. También la respaldó cuando concluyó recientemente un posgrado en Historia y ahora que estudia el doctorado.

CIMACFoto: Angélica Jocelyn Soto Espinosa, enviada
Por: Angélica Jocelyn Soto Espinosa, enviada
Cimacnoticias | Mérida, Yuc.- 

1/16/2016

Un sueño hecho realidad, 100 años después


   ZONA DE REFLEXIÓN

Sé que para algunas mujeres el feminismo no es algo cercano y, ante el estigma que se ha colocado sobre él, en ocasiones es no querido y hasta rechazado, ocultando sus bondades. Sin este movimiento las mujeres no tendríamos las libertades que hoy gozamos y los derechos que hoy exigimos se respeten.

La deformación que se ha difundido del feminismo y las reacciones violentas que en ocasiones se dan ante una mujer abiertamente feminista, provocan que muchas otras se inhiban en acercarse a él, conocerlo a fondo y saber a ciencia cierta de qué se trata.

El estigma ha impedido reconocerlo como el sueño hecho realidad de las feministas de hace 100 años.
Tal cual, todas y cada una de las libertades que hoy gozamos las mujeres y niñas de este siglo XXI fueron pensadas por cientos de mujeres de diversas nacionalidades y por supuesto de México.

Decidir estudiar, saberse libre de elegir cualquier profesión, vivir la sexualidad con mayor libertad y sin violencia, viajar, ocupar espacios y cargos públicos, ser taxistas, pilotear un avión; estar en cualquier ingeniería, ser matemática, dedicarnos a la ciencia o lo que más se nos antoje, incluso, plantearnos cómo queremos amar y ser amadas, es de los sueños que 600 mujeres nombraron el 13 de enero de 1916 en Mérida, Yucatán, en el Primer Congreso Feminista mexicano. Y que hoy conmemora su primer centenario.

Las mujeres de mi generación crecimos con el derecho al voto y a ser electas; mi madre obtuvo ese derecho y votó por primera vez cuando tenía 22 años; las jóvenes de hoy y las niñas de este siglo además del derecho, tienen la convicción de aspirar a ser gobernadoras o presidentas.

Este es el sueño plateado por Elvia Carrillo Puerto en aquel Congreso Feminista de 1916, razón por la cual su nombre será inscrito en el Congreso local con letras de oro.

El goce y placer de la sexualidad que para muchas hoy es tan natural como respirar, ha llevado años en conquistarlo. Veinticinco años atrás me sorprendió en una conversación con mujeres de mayor edad que yo, casadas y con descendencia, que confesaran que no sabían qué era un orgasmo y que la forma de mostrar su deseo sexual se resumía a ciertos códigos actuados, como el que ella, ya en la cama, rozara el cuerpo de su marido.

Esto no quiere decir que el marido reaccionara de inmediato. La gran mayoría de las veces ellas se quedaban dormidas sin conocer la respuesta de su pareja, cosa que no ocurría con ellas, quienes siempre que él tenía el deseo sexual, “usaba” su cuerpo sin mediar ninguna pregunta, comentario ni nada.

La sorpresa es porque mi generación ya vivía su sexualidad, con dificultades y aún con tabúes y miedos, pero el placer era ya un terreno ganado.

El sueño lo planteó Hermila Galindo también en aquel Congreso del 16; su posición le valió que los periódicos la calificaran de inmoral y de promover el amor libre.

Libres es como queremos vivir las mujeres, en eso tenían razón hace 100 años y hoy. Vivir emancipadas como lo planteó en 1870 la yucateca Rita Cetina Gutiérrez en su revista La Siempreviva, órgano de difusión de la organización que lleva el mismo nombre, maestra de Elvia y nuestra tatarabuela.

Sí, somos el sueño hecho realidad de todas ellas y a la vez somos las abuelas de la próxima generación de mujeres que vivirán en igualdad plena, quienes en 100 años se reunirán en algún punto, del mundo y de México, para recordar que una vez hubo un sueño feminista y sentirse orgullosas de ello, como los cientos de feministas hoy se saben orgullosas de su herencia, brincándose el estigma que sobre el feminismo pesa y que oculta la bondad del sueño hecho realidad.

Twitter: @lagunes28
*Periodista y feminista, Directora General de CIMAC.
 

CIMACFoto: Angélica Jocelyn Soto Espinosa
Por: Lucía Lagunes Huerta*
Cimacnoticias | México, DF.- 

Todo listo para celebrar 100 años del Congreso Feminista

Conmemoraciones inician este 13 de enero en Mérida

Activistas, académicas y legisladoras del movimiento amplio de mujeres iniciarán esta semana conferencias, mesas de trabajo y otras actividades para conmemorar 100 años del Primer Congreso Feminista en Yucatán, que se celebró por primera vez el 13 de enero de 1916 para discutir un nuevo marco legal que garantizara la emancipación de las mexicanas.

Este 2016 se cumplen 100 años desde que las mujeres yucatecas –influenciadas por los cambios sociales del auge revolucionario y por los aportes de distintas líderes femeninas– se reunieron en Mérida, capital del estado, para celebrar el Primer Congreso Feminista, que serviría de plataforma para discutir las resoluciones sobre las garantías femeninas que el movimiento constituyente debía tomar en consideración.

Sharon Renee Cano Chulim, integrante de la Comisión Conmemorativa de este Congreso (compuesto por feministas de distintos ámbitos), señaló en entrevista con Cimacnoticias que del 13 al 16 de enero Mérida recibirá en distintos recintos a activistas, académicas y legisladoras, quienes organizaron diversos eventos a propósito de la efeméride.

En la inauguración en el Centro Cultural Olimpo se realizarán las conferencias magistrales “El primer Congreso Feminista en Yucatán, 1916. Cien años después”, “Balance del movimiento feminista y sus retos”, y “Participación política de las mujeres mexicanas”, que impartirán la historiadora Piedad Peniche, la académica Marta Lamas, y la periodista Sara Lovera, respectivamente.

Peniche precisó que las jornadas de trabajo con la que se celebrarán los 100 años del Primer Congreso Feminista tienen la intención de que las mujeres de la época actual también discutan sobre las problemáticas que les interesan y les afectan. A la par, durante los eventos se discutirán los aportes de las mujeres del siglo XIX, explicó.

Entre las actividades conmemorativas, el 13 de enero el Congreso del estado de Yucatán inscribirá en el Muro de Personas Ilustres a la primera diputada local, Elvia Carrillo Puerto, que además participó en los congresos feministas los años que siguieron a 1916, para propugnar por el voto femenino e impulsar la participación de las mujeres en cargos públicos.

La historiadora Piedad Peniche, que también participa en la Comisión Conmemorativa de este evento, señaló en entrevista que se recibió un amplia variedad de temáticas feministas que postularon diversas mujeres para las mesas de trabajo que se llevarán a cabo los días 14, 15 y 16 de enero en la Unidad de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Yucatán.

Entre las temáticas de las mesas se abordarán la literatura y el periodismo feminista, la salud y Derechos Humanos de las mujeres, y el derecho al voto femenino.

Durante esta jornada también habrá presentación de libros y conferencias, además de distintas actividades culturales y artísticas.

Beatriz Ortiz, que también forma parte del Comité y representa a las feministas más jóvenes, dijo que las organizadoras de las actividades están sorprendidas por la buena respuesta que han tenido por las yucatecas desde que inició la convocatoria para celebrar el Congreso.

Para más información sobre la agenda y seguir la cobertura, consulta el banner de Cimacnoticias en http://www.cimacnoticias.com.mx/micro_noticias/71546/71547
 

Imagen retomada de internet
Por: Angélica Jocelyn Soto Espinosa
Cimacnoticias | México, DF.- 

Una mina de oro: historias de pioneras feministas salen a la luz


100 años del Primer Congreso Feminista en Yucatán
   Escrito de Hermila Galindo; bisnieta de Rita Cetina honra legado


Este segundo día de las jornadas conmemorativas por los 100 años del Primer Congreso Feminista, una ligera llovizna –contrastante con el ardiente sol que caracteriza al clima meridano– enmarcó la charla de historiadoras, sociólogas, antropólogas y expertas de otras disciplinas que aquí llegaron desde distintos puntos del país, para relatar detalles de la vida y obra de las precursoras por los derechos femeninos en México.

En un recinto de la Universidad Autónoma de Yucatán –edificio colonial testigo del ir y venir de las feministas de 1916– las especialistas contaron sus hazañas para sumergirse en la historia y obtener información de Elvia Carrillo Puerto –la primera diputada yucateca–, Hermila Galindo y Rita Cetina Gutiérrez, gestora del feminismo mexicano.

Como si hablara del descubrimiento de una mina de oro, la historiadora Rosa María Valle Ruiz describió a detalle –ante las asistentes ávidas de esos relatos– cada paso dado para hallar el legado escrito y otros documentos de la vida de Hermila Galindo, también fundadora de la revista Mujer Moderna, que promovió la educación laica, el sufragio femenino y la igualdad entre los sexos.

Qué emoción sintió la biógrafa de Galindo cuando, tras años de estudios, encontró la máquina de escribir de la precursora feminista y –aún puesto sobre el rodillo– miró un papel de antaño ignorado durante mucho tiempo y que muy probablemente fue el último escrito de la luchadora social minutos antes de su muerte en 1954, un año después de que las sufragistas de ese momento hubieran conquistado el derecho al voto para las mexicanas.

Ese papel en la máquina de escribir de Galindo es un escrito en el que la feminista se duele de los resultados hasta entonces de la Revolución Mexicana.


LA SIEMPREVIVA

Otra de las mujeres más remembradas en estos descubrimientos históricos fue Rita Cetina Gutiérrez, “La Siempreviva”, como se llamó su revista impulsora del feminismo en 1870.

A esta maestra, poeta y literata que antecedió a las mujeres de la posrevolución y del Constituyente de 1917, además de investigadoras y jóvenes, la vino a recordar su bisnieta María Elisa Cetina, mujer de más de 60 años de edad.

La descendiente de Cetina Gutiérrez destacó que su ancestra fue impulsora de la educación para las niñas, y no ocultó su orgullo de saber que las estudiosas sigan investigando la vida de su bisabuela, quien –aseguró– le dejó el legado familiar de poderse educar y mantener una forma de vida única, regida por la disciplina.

“Antes no nos contaban todo sobre ella o era tema que no se hablaba”, dijo la bisnieta de Cetina mientras platicaba con otras mujeres –todas yucatecas mayores de 60 años y una de ellas maestra– que llegaron juntas a las jornadas conmemorativas, y que se conocen porque saben entre sí que son familiares de otras figuras históricas de su estado.

Las mujeres se prometieron visitarse una a la otra para celebrar juntas nuevos hallazgos sobre sus familias.

UN CAMINO PARA LAS JÓVENES

Estas jornadas conmemorativas del Primer Congreso Feminista –a cargo de 14 mujeres expertas en distintas disciplinas– lucen en su logotipo el número 100 dibujado entre flores bordadas.

Los coloridos bordados típicos de Yucatán –enmarcados con letras  moradas como emblema del feminismo– recuerdan también el legado maya, y la principal actividad de las mujeres de los pueblos originarios.

Diseñados por Brenda Ortiz y Dioné León –jóvenes comunicólogas y feministas–, los bordados simbolizan una suma de generaciones pasadas honradas por el esfuerzo de las mujeres actuales.

Cada que terminaba un relato sobre las mujeres que dieron pie al Primer Congreso Feminista de 1916 las asistentes más jóvenes levantaban sus manos inquietas: “Quisiera saber dónde encuentro más información sobre ella”; “quiero agradecer que nos haya compartido esta historia”; “quisiera conocer más sobre el feminismo”.

Preguntas que iban y venían de parte de muchas estudiantes de alguna carrera de ciencias sociales convocadas por sus maestras… otra vez las maestras.

Entre las reflexiones finales, las más jóvenes también concluyeron: “Necesitamos volver a reunirnos”; “hay que formar alianzas”; “tenemos que cuestionarnos las desigualdades de clase”; “cómo frenamos la violencia en las calles”; “por qué se ha rodeado de mitos y mentiras al feminismo”…

Pasadas las ocho de la noche, ya sin lluvia, las mujeres salieron de las aulas para seguir comentando cada tema abordado y congratularse por haber asistido.


Especial
Por: Angélica Jocelyn Soto Espinosa, enviada
Cimacnoticias | Mérida, Yuc.- 

Derecho a ILE y fin de violencia, principales retos del feminismo


   A un siglo de Primer Congreso, urge reorganización de mujeres

Un siglo después del Primer Congreso Feminista en Yucatán –que derivó en la aprobación del sufragio femenino y la educación científica para las mexicanas–, el movimiento amplio de mujeres enfrenta el reto de hacer efectiva la interrupción legal del embarazo (ILE) y erradicar la violencia feminicida en el país.

En pleno auge constituyente que permeó los años finales de la Revolución Mexicana, el 13 de enero de 1916 el Teatro Peón Contreras, en Mérida, Yucatán, abrió sus puertas para recibir por primera vez a decenas de mujeres –profesoras, masonas, liberales, conservadoras y socialistas–, quienes discutieron durante el Primer Congreso Feminista los “problemas sociales y educativos” que interesaban a las mujeres de aquella época.

Las primeras resoluciones para modificar normas civiles de esos años en la entidad henequenera rindieron avances en cuanto a las garantías femeninas vinculadas a la maternidad y al rol de esposas.

Si bien esos logros no hacían eco de las demandas de las mujeres más progresistas que pedían el reconocimiento de sus derechos políticos y una educación sexual integral, los resultados no fueron de poca importancia para una sociedad que hasta entonces negaba a las mujeres la patria potestad de sus hijas e hijos, y permitía su emancipación hasta después de los 30 años de edad.

Aunque no fueron aprobadas, las proclamas sobre el sufragio femenino se leyeron en el cierre del Congreso –el primero en su tipo en la historia de México– frente al general Salvador Alvarado (entonces gobernador de Yucatán y promotor del evento) por insistencia de las feministas a fin de dejar precedentes.

EL SUEÑO DEL SUFRAGIO

Las mujeres que participaron en ese Primer Congreso –reminiscencia de las que estuvieron en la lucha revolucionaria, de las pioneras ilustres en Estados Unidos y del legado de la yucateca Rita Cetina (fundadora de la primera escuela para mujeres)– permanecieron juntas los años siguientes para seguir convocando a la población femenina a celebrar más encuentros y debates.

Así, el primer gran logro del Congreso fue abrir el acceso a la esfera pública para las mujeres, quienes se mostraron entusiasmadas de participar porque ya estaban hartas de ser confinadas a la casa, señaló en entrevista con Cimacnoticias Piedad Peniche, historiadora yucateca.

Si bien en esa época no se habló del aborto, sí se discutió la importancia del conocimiento científico y la enseñanza de la biología –prohibida como materia para las profesoras desde un siglo antes– para la vida y la liberación de las mujeres, relató la experta.

Además, este Congreso fue la antesala para que años después Elvia Carrillo Puerto –promotora del voto femenino– retomara y abanderara la discusión del derecho de las mujeres al sufragio y a ocupar cargos públicos, así como otras ideas “más exóticas” que no tuvieron buen recibimiento entre toda la población femenina, abundó Peniche.

Y agregó: “Todo quedó como precedente de la idea, la ambición y el sueño del sufragio de las mujeres que habría de hacerse realidad en los años siguientes”.

En efecto, en noviembre de 1916, como respuesta al Primer Congreso, se aprobó otorgar el voto femenino en elecciones municipales en Yucatán, pero se denegó la posibilidad de que ellas fueran electas a cargos de elección. Para 1923 tres mujeres ya habían conseguido ser diputadas locales.

Un año antes de que culminara el siglo XIX, se consolidó la Liga Feminista de Rita Cetina Gutiérrez –en honor a la autora de la revista La Siempreviva, considerada cuna del feminismo en México–, y se consiguió que una mujer, Rosa Torres, fuera la primera regidora del ayuntamiento de Mérida, capital de Yucatán.

En los gobiernos posteriores al de Francisco I. Madero –prosiguió la historiadora Piedad Peniche–, el movimiento feminista se fragmentó en intereses individuales. Elvia Carrillo Puerto incluso fue perseguida por sus ideas a favor del aborto, la libertad sexual y el control de la natalidad.

Las maestras, por ejemplo, siguieron manifestándose para exigir únicamente sus derechos laborales, pero ya no hubo una conciencia colectiva, además de que se luchó por intereses “prácticos (como la construcción de escuelas y carreteras), pero no estratégicos (como el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo)”, precisó.

Ya a finales del siglo XX, el progreso de las mujeres en la política yucateca fue arrebatador y tuvo como ejemplo destacado a Dulce María Sauri Riancho, quien en 1982 fue diputada federal, luego presidenta del Comité Directivo Estatal del Partido Revolucionario Institucional (PRI), primera gobernadora de la entidad, integrante del Consejo Nacional de la Mujer, coordinadora de la Comisión de la Mujer, y presidenta nacional de su partido.

Más yucatecas siguieron desfilando por los puestos de diputadas locales, federales, presidentas municipales, gobernadoras y hasta senadoras. Al menos de 1981 a 2001, 725 mujeres consiguieron ser regidoras en la entidad.

ENFRENTAR LA VIOLENCIA

La historiadora aseguró que desde el siglo pasado quedaron pendientes temas que siguen en auge y que en 100 años no se han traducido en derechos para todas las mexicanas, principalmente sobre la garantía de decidir sobre sus cuerpos y la maternidad.

Se suma que la violencia de género “es tremenda” y que el feminicidio es el pan de cada día, por lo que si este 2016 vuelven a reunirse las feministas, ambos flagelos deberían ser los primeros temas a discutirse, subrayó la especialista.

En ello coincidió Brenda Ortiz, integrante de Reflexión y Acción Feminista –organización integrada principalmente por mujeres jóvenes–, quien señaló en entrevista que la discriminación y la violencia de género siguen perpetuando las relaciones desiguales y de poder entre los sexos.

Como ejemplo, la activista explicó que más de 200 mujeres respondieron a una convocatoria que presentó su organización para participar en un taller de defensa personal.

Ahí, cada joven explicó en mensajes en redes sociales las distintas formas de violencia que padecen, principalmente el acoso callejero, lo que las obliga a buscar distintas formas para protegerse.

Además, en los meses recientes ya suman cinco casos de feminicidio en Yucatán, sin que los medios de comunicación informen con apego a los Derechos Humanos (DH) y sin que las autoridades locales sepan cómo investigarlos, observó Ortiz.

Consideró que los logros del Primer Congreso Feminista respecto al voto femenino están “estancados parcialmente”, porque muchas mujeres no participan políticamente.

La joven activista también apuntó que entre las personas que este año conmemorarán los 100 años del Primer Congreso Feminista en Yucatán hay una brecha generacional muy amplia, ya que una parte de las participantes tienen 50 años de edad y el resto tiene alrededor de 20 años.

Ortiz consideró que hubo una época en la que las mujeres –que ahora tendrían entre 30 y 40 años de edad– no se movilizaron ni
se organizaron políticamente como en los años del Primer Congreso Feminista porque, entre otras razones, los procesos migratorios y los gobiernos conservadores impidieron su desarrollo.

Sin embargo, las más jóvenes, las feministas actuales, se muestran de nuevo muy interesadas en el movimiento y lo están reimpulsando como una forma de resistir ante los embates que les presenta vivir a diario en un contexto de violación a sus DH.
 

Especial
Por: Angélica Jocelyn Soto Espinosa
Cimacnoticias | México, DF.- 

A 100 años de distancia


   CRISTAL DE ROCA

Por: Cecilia Lavalle*

Hace 100 años, 600 mujeres se reunieron durante tres días para reflexionar respecto a la condición social de las mexicanas. Eran las liberales de la época. Hablaron de educación, independencia, de libertad. ¿Qué dijeron del sufragio?

Era 1916 y estábamos en plena Revolución Mexicana. Pero en el sureste la historia tenía su propio reloj. Y en Mérida, Yucatán, hubo la paz suficiente para organizar al Primer Congreso Feminista.

En la convocatoria, emitida por el gobierno del estado, presidido por Salvador Alvarado, queda clarísimo que se trata de romper paradigmas. Se menciona que a la mujer se le “está educando para una sociedad que ya no existe”, que es necesario que tenga una “educación que le permita vivir con independencia”, y de que “pida su injerencia en el Estado”.

La comisión organizadora fue integrada por Consuelo Zavala Castilla, como presidenta; Dominga Canto P., vicepresidenta; Adriana Vadillo y Rosina Magaña, secretarias; entre otras. Y con el apoyo del gobierno, reunieron a mujeres de todo el estado, en su mayoría maestras, que era de las pocas profesiones a las que se permitía acceso a las mujeres.

Cuatro temas fueron discutidos en el Teatro Peón Contreras:
1) Los medios sociales para liberar a las mujeres del “yugo de las tradiciones”;
2) El papel de la escuela primaria “en la reivindicación femenina”; 3) Las “artes y ocupaciones” para preparar a la mujer para el progreso;
4) “Las funciones públicas que puede y debe desempeñar la mujer a fin de que no solamente sea elemento dirigido sino también dirigente de la sociedad”.

Crónicas de la época hablan de un “encarnizado y potente debate de ideas”, relata Nadima Simón Domínguez en “Los derechos políticos de las mujeres en el Primer Congreso Feminista de Yucatán” (Medio Siglo de Derechos Políticos de las Mujeres en México, Universidad Autónoma del estado de Hidalgo y Federación Mexicana de Mujeres Universitarias, 2008), de quien tomo los datos para mi reflexión.

Con respecto al cuarto hubo dos posturas claramente diferenciadas. Una, encabezada por Consuelo Zavala, que sostenía que la mujer todavía no estaba preparada y que, por tanto, el hecho de votar y ser votada debía dejarse “a las mujeres del porvenir”.

Y otra, encabezada por Francisca Ascanio, que postulaba la igualdad intelectual de mujeres y hombres; cuestionaba que a los hombres no se les pidiera preparación, pues los incultos votaban; y, como lo hiciera Olimpia de Gouges y Mary Wolstonecraft a fines del siglo XVIII, afirmaba que no le parecía natural que a las mujeres sólo les estuviera reservado cumplir las leyes, sino que debía hacerlas también.

Consuelo insistió en que las mujeres requerían preparación y experiencia antes de entrar a la lucha pública. Francisca sostuvo que la mujer podía participar en cualquier cargo público, y que con más instrucción lo haría incluso con mayor ventaja. Pero aceptó que se comenzara con el derecho al voto en el ámbito municipal como opinó Dominga Puerto.

Consuelo propuso que en la conclusión de ese tema se precisara que las reformas beneficiarían a la mujer del porvenir. Y Francisca replicó que en el porvenir se encontrarían las mismas dificultades.

El punto se aprobó así: “Puede la mujer del porvenir desempeñar cualquier cargo público que no exija vigorosa constitución física, pues no habiendo diferencia alguna entre su estado intelectual y el del hombre, es tan capaz, como éste, de ser elemento dirigente de la sociedad”.

De inmediato 31 congresistas con Francisca Ascanio al frente, firmaron una protesta y propusieron que se reformara la Constitución nacional y la estatal para garantizar el derecho de las mujeres a votar y ser votadas en elecciones municipales. Protesta que, evidentemente, no prosperó.

Al final la historia le dio la razón a Francisca. En “el porvenir” las mujeres toparon con las mismas dificultades para hacer valer los derechos políticos.

A 100 años de distancia, del 13 al 16 de enero se conmemora en Mérida el Primer Centenario del Congreso Feminista.

Y yo estaré ahí honrando a estas mujeres que abrieron brecha. Sin duda a Francisca Ascanio y a las congresistas que defendieron nuestros derechos políticos. Pero también a Consuelo Zavala que, congruente con su postura, dedicó su vida a fundar escuelas y preparar a mujeres en el modelo de educación racional y laico.

Creo que a ambas les gustará saber que las mujeres preparadas de hoy comenzamos a conseguir la paridad.

Apreciaría sus comentarios: cecilialavalle@hotmail.com.

*Periodista y feminista en Quintana Roo, México, e integrante de la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género.
 

Especial
Cimacnoticias | México, DF.- 

Mérida agradece a pioneras de la lucha por la emancipación


   Inician jornadas conmemorativas por Primer Congreso Feminista
Al inaugurar hoy aquí las jornadas conmemorativas por los 100 años del Primer Congreso Feminista, la activista Nancy Walker Olvera evocó el esfuerzo de las mujeres “que se atrevieron a ser diferentes y lo fueron en su casa, el trabajo, sus comunidades, en la escuela y la política”, a fin de alcanzar derechos que ya son una realidad para las mexicanas.

“A todas las que tomaron la causa y padecieron sus consecuencias, a las que se quedaron solas, a quienes las eliminaron, a quienes encarcelaron y desacreditaron, a las primeras universitarias y las que se atrevieron a dejar las casas de sus madres y sus padres y las de sus maridos, a las que abiertas o escondidas se dieron a la tarea de planificar y ejercer sus derechos sexuales y reproductivos, y a quienes seguramente alguna vez se preguntaron si todo ese precio habrá valido la pena”, prosiguió.

“Hoy estamos aquí evocándolas y diciéndoles con un agradecimiento inmenso que sí, que ha valido la pena cada esfuerzo y cada precio que han pagado todas aquellas mujeres que nos han precedido”, refrendó la defensora de los derechos sexuales y reproductivos.

Con cuatro macetas de barro, cada una con su racimo de flores y acomodadas como la cruz cósmica de los pueblos originarios de Yucatán, la activista habló sobre las demandas de las mujeres actuales y su fuerza para mantener la exigencia por el respeto y reconocimiento de sus derechos.

Nancy Walker recordó que en estos 100 años han nacido mujeres –representadas por las flores color maíz del recinto– que son semillas que siguen germinando: las obreras, las académicas, pero también las políticas, las músicas, las empresarias, las policías, las zapatistas, las bomberas, las taxistas…

Así, tras dos años de preparación, el Comité Conmemorativo del Primer Congreso Feminista –integrado por más de 15 mujeres de diferentes edades y expertas en distintas disciplinas– dio inicio a las actividades con las que se espera que –como hace 100 años– esta ciudad blanca de vestigios mayas anide nuevamente acuerdos por los derechos de las mexicanas.

Académicas y activistas –vestidas con blusas de bordados indígenas– abanderaron la organización de las distintas mesas de trabajo y discusión (de casi 60 temas propuestos) que se realizarán a lo largo de la semana, y en las que se abordarán asuntos de salud, participación política y libertad de las mujeres, entre muchos otros.

El ajetreo y el ánimo festivo son más que visibles en los recintos más importantes de esta capital estatal, tales como el Centro Cultural Olimpo, la Universidad Autónoma de Yucatán, el Teatro José Peón Contreras, y el Palacio Legislativo.

La efeméride y las jornadas que la conmemoran –para las que el Comité hizo una extensa recopilación histórica– trajeron hasta esta ciudad a las académicas y feministas Marcela Lagarde de los Ríos, y Marta Lamas, a las legisladoras Angélica de la Peña y Martha Lucía Micher Camarena, así como a otras mujeres destacadas en diferentes ámbitos de la esfera pública.

La inauguración del evento también reunió a Elisa García Ancona, sobrina de Consuelo Zavala; las sobrinas de Elvia Carrillo Puerto, y familiares de Piedad Carrillo Gil, mujeres que participaron en aquel Primer Congreso Feminista y de amplia trayectoria política en el estado y el país.

Feministas de diferentes estados, mujeres y hombres, jóvenes y adultas, escucharon y aplaudieron el video que realizó el Comité Conmemorativo para homenajear a las yucatecas y otras mexicanas emblemáticas de la época posrevolucionaria.

Como parte de esta jornada, la historiadora Piedad Peniche Rivero –quien la década pasada presidio el Archivo Histórico de Yucatán–  hizo un recuento del contexto en el que se desarrolló el Primer Congreso Feminista de 1916.

Por su parte, la académica Marta Lamas hizo un balance del movimiento feminista en México a 100 años de haberse realizado el Primer Congreso.
 

CIMACFoto: Angélica Jocelyn Soto Espinosa
Por: Angélica Jocelyn Soto Espinosa, enviada
Cimacnoticias | Mérida, Yuc.-

1/14/2016

Brilla en letras de oro el nombre de Elvia Carrillo Puerto



   100 años después, Congreso yucateco le rinde homenaje
El nombre de Elvia Carrillo Puerto, primera diputada mexicana electa en 1923, hoy se convirtió también en el primer nombre femenino inscrito en el muro de honor del Poder Legislativo de esta entidad.

Junto al ex gobernador de Yucatán Manuel Cepeda Pedraza y al socialista Felipe Carrillo Puerto, el nombre de Elvia Carrillo Puerto –feminista convencida de la democracia y de la participación política de las mujeres posrevolucionarias– resplandece desde ahora con letras doradas en el salón de sesiones del Congreso local.

Debajo del nombre de la destacada política también reza la inscripción: “Promotora del reconocimiento de los derechos de las mujeres”.

Así conmemoró el Poder Legislativo estatal los 100 años del Primer Congreso Feminista celebrado en Yucatán en 1916, en paralelo a las conferencias que organizaron académicas y activistas en el Centro Cultural Olimpo, en esta capital.

Entre honores de la banda de guerra y con las legisladoras vestidas con trajes típicos, la presidenta del Congreso yucateco, Celia María Rivas Rodríguez, develó el nombre de la pionera feminista y rememoró en su discurso la vida de Elvia Carrillo, quien además de impulsar el sufragio de las mujeres, pugnó por el derecho a la planificación familiar y las garantías agrarias para las campesinas.

Una vez que la placa con letras de oro quedó develada, las mujeres presentes en el recinto legislativo celebraron este reconocimiento al grito de “paridad”.

Entre las asistentes al homenaje estaba la académica Marcela Lagarde de los Ríos, quien en 2014 recibió justamente el galardón “Elvia Carrillo Puerto” que otorga el Senado por mérito a favor de los derechos de las mujeres.

En entrevista con Cimacnoticias, la antropóloga feminista dijo sentirse identificada con la trayectoria de Carrillo Puerto, quien promovió el socialismo y la izquierda desde un enfoque feminista.

Lagarde puntualizó que a 100 años de distancia, el Congreso Feminista –primer evento político y visible de las mexicanas– es un ejemplo de voluntad política por contribuir a que las mujeres se organicen para participar en la definición de un nuevo Estado.

Agregó que aquellas mujeres que participaron en ese Primer Congreso pudieron optar por las armas –como antes habrían hecho los varones– para incidir en el auge constituyente, pero se decidieron por la democracia que –observó– es también el devenir de las mujeres políticas contemporáneas.

“El feminismo es democrático y (el Congreso Feminista de 1916) fue un aporte para el país (…), fue decirle a México que había un conjunto de problemas de género que había que enfrentar. Eso en medio de una Revolución en la que los señores creían que ellos discutían las cosas más importantes”, resaltó Marcela Lagarde.

La autora de “Los cautiverios de las mujeres…” se dijo complacida por el acto en el que se le rindió honores al feminismo. Y señaló que es momento de que las feministas “hagan un alto para discutir dónde están respecto a las demandas que plantearon quienes las precedieron”.

La investigadora acotó que en estos 100 años no sólo ha habido desafíos para el feminismo, sino que también hubo “derrotas terribles”, y puso como ejemplo los altos niveles de violencia, el feminicidio, la ausencia de una cultura democrática en México, y la falta de respeto a los Derechos Humanos. “Lo que necesitan las mujeres tiene que ver con lo que necesita el país”, enfatizó.

En el evento oficial también estuvieron presentes la presidenta del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), Lorena Cruz; la senadora por el PRD Angélica de la Peña, y la diputada federal por el PRI Laura Nereida Plascencia Pacheco.

El Poder Legislativo estatal también develó una placa conmemorativa del Primer Congreso Feminista, expuso documentos históricos sobre la participación de las mujeres, y dio el nombre de Consuelo Zavala Castillo –principal convocante y organizadora del evento de 1916– al salón de usos múltiples de la Cámara de Diputados yucateca.

Las y los legisladores locales también develaron el retrato en óleo de Rita Cetina Gutiérrez, Consuelo Zavala Castillo, Elvia Carrillo Puerto y Beatriz Peniche Barrera, organizadoras y participantes del Primer Congreso Feminista en Mérida, Yucatán.


CIMACFoto: Angélica Jocelyn Soto Espinosa
Por: Angélica Jocelyn Soto Espinosa, enviada
Cimacnoticias | Mérida, Yuc.- 

12/12/2015

Profesoras y literatas, precursoras del feminismo en Yucatán


   SEGUNDA PARTE
   Rumbo al centenario del 1er Congreso Feminista de México

El anticlericalismo masón de finales del siglo XIX y principios del XX promovió, desde las esferas del gobierno, las escuelas laicas para niños, pero también para niñas. Esto facilitó el surgimiento de un grupo de mujeres ilustradas, muchas emparentadas con los liberales masones, que promovían el pensamiento científico.

Esto representó gran ventaja para la lucha emancipadora de las mujeres, ya que lograron obtener de este modo una profesión, un lugar preponderante en el espacio público y autonomía en sus ingresos económicos.

Las mujeres yucatecas ilustradas, con intereses diferentes a los de los masones de su época, pero ligadas a ellos por parentesco y afinidades ideológicas, empezaron a cuestionar su papel en la familia y en la sociedad gracias, entre otros factores, a su actividad de profesoras en los liceos, a su participación en sociedades culturales donde tenían acceso a los periódicos, revistas nacionales y extranjeras, y al intercambio epistolar con mujeres de otras partes del mundo.

Por eso se entiende que, a finales del siglo XIX y principios del XX, en Yucatán una generación de mujeres ilustradas, educadoras y promotoras de las bellas artes, vinculadas a los políticos liberales, la mayoría masones, iniciara el proceso de deconstruir lo que hasta ese momento se consideraba la esencia y el deber ser femenino.

SIEMPREVIVA, REVISTA Y LICEO  

Ejemplo de esta generación es el del grupo de maestras que conformaron,  junto con la profesora Rita Cetina, la organización que fundó la revista Siempreviva y el liceo de niñas con el mismo nombre.

No fue un caso aislado, ya que otras mujeres abrieron escuelas gratuitas y laicas para niñas en las pequeñas ciudades y villas del interior del Estado, con lo que influyeron en las nuevas generaciones a través de la educación, en proyectos editoriales, en la promoción de nuevas doctrinas, como integrantes de sociedades culturales y, por supuesto, en la construcción de proyectos laborales para su género.

Se fundaron en esa época diversas sociedades culturales, apoyadas por masones, en la capital y en las poblaciones más importantes del estado, con el fin de promover actividades como la creación literaria y la lectura, puestas en escena y veladas musicales,  así como bailes y fiestas, dirigidas a la clase media y alta. También se discutían temas como la condición de las mujeres, a quienes llamaban “Hijas de Eva”.

Fue en la sociedad “Progreso y Recreo”, ubicada en Espita,  donde las mujeres  fueron aceptadas como socias. En el conmovedor discurso de aceptación se las reconoció como iguales, al menos en el aspecto de su capacidad intelectual y en cuanto a sus derechos de participar en las doctrinas liberales que se discutían y promovían en dicha sociedad:

“¿Por qué no aceptarlas? Acaso por su condición de mujer, no tienen el supremo derecho de disfrutar también y de participar de las sabias doctrinas que lanzan a los cuatro vientos la Sociedad… ¿Acaso no tendrían el criterio y suficiente alcance intelectual, para aportar sus conocimientos? Nada de eso, entendemos que la mujer tiene también capacidad para tomar parte en las actividades humanas”.

LITERATAS, MAESTRAS Y FEMINISTAS

 No fue casual, entonces que en Espita las mujeres dirigieran y administraran una revista mensual literaria, cuyo primer número apareció primero de agosto de1912: “Arpa Eolia”,  dirigida por Pilar Fontanilles de Rueda, quien era también  directora de la Escuela “Manuela Olivares” y esposa de José Rueda Ontiveros, director y gerente del semanario local “El Demócrata”.

Años después, la directora de la revista Arpa Eolia formó parte del Comité Organizador del Primer Congreso Feminista de Yucatán, realizado en 1916, como responsable de estudiar y aprobar los trabajos que se presentaron.

Escribía Rita Cetina: “Tratar, pues de difundir ese amor al estudio y a la caridad; de trabajar entusiasmadas a pesar de nuestra debilidad, porque la mujer salga completamente de la esclavitud de la ignorancia y entre con paso lento, pero firme, en el sacrosanto templo de la verdad y de la ciencia; ese es nuestro objeto”

Más claramente liberales no podían ser sus palabras: luz, verdad, templo, ciencia, trabajo, pero también caridad, tal como las liturgias masónicas demandaban a las mujeres de la época.

Podríamos afirmar que las profesoras y literatas yucatecas formaron el sector de mujeres de donde surgió el feminismo yucateco, e impulsaron importantes cambios en las concepciones sobre el ser y deber femenino. Esto, pese a las pugnas entre los grupos de poder entre  el sector eclesiástico y los discursos liberales del Estado.

De esta forma, salidas  de las logias masónicas, apoyadas por Eligio Ancona y por el vicegobernador Carlos Peón Machado, se crearon las organizaciones “El Conservatorio”, así como “La Emulación”, cuyo  propósito era fundar un liceo para niñas y establecer un colegio bajo el concepto de “libertad de conciencia”. Posteriormente, el 4 de septiembre de 1905, el Colegio Consuelo Zavala fue fundado como laico y mixto.

Durante todo el Porfiriato, en Motul, Progreso, Izamal, Valladolid, Tizimín, Espita, Hunucmá, y en numerosas comunidades más en el estado, se abrieron centros educativos donde un grupo de mujeres ilustradas salió de sus hogares para formarse en los liceos, impartir cátedras y lograr su independencia económica.

En 1901 funcionaban en el estado 203 escuelas primarias de varones y 131 de niñas, un buen número de ellos dirigidos por mujeres. Y en estos proyectos sobresalieron nombres como el de Ángela González Menéndez de la Peña, quien fue directora del liceo de niñas en Izamal en 1875 y más tarde del  Valladolid y en 1888 fundara en Progreso el liceo “Martina Marín”9.

CONGRESO FEMINISTA, ¿POR QUÉ EN YUCATÁN?

Dos hechos importantes explican que fuera en Yucatán, y no en otra parte de México, donde se realizó el Primer Congreso Feminista: la existencia de un grupo de mujeres yucatecas ilustradas vinculadas a grupos liberales que pugnaban por transformar las concepciones sobre el ser y deber ser femenino, y  la llegada del General Salvador Alvarado a Yucatán, masón liberal que al llegar a la Península incorporó en su equipo de gobierno a sus hermanos yucatecos, con los que compartía los mismos principios ideológicos y un discurso revolucionario.

El Comité Organizador del Congreso estuvo formado por profesoras, entre ellas: la presidenta Consuelo Zavala Castillo y la vicepresidenta Dominga Canto Pastrana, fundadora de la  segunda escuela laica para niñas.  Su nombramiento se hizo, tampoco casualmente, en la  Escuela Central Civil de niñas el 13 de noviembre de 1915, lugar donde se realizaron gran parte de las reuniones para la organización del Congreso.

Todas ellas mantenían un pensamiento liberal, defendían la laicidad, la autonomía económica y la educación científica de las mujeres, como medios para lograr su emancipación, aunque temas como el sufragio femenino y la libertad sexual no aparecían entonces entre sus prioridades.

Para a celebración del Congreso,   el Comité Organizador pidió al  Departamento de Educación Pública la suspensión de clases en todas las escuelas del estado, para que las profesoras pudieran asistir.


* Este artículo fue originalmente publicado por el periódico ¡Por esto!, de Yucatán.

**Académica del Centro de Investigaciones Sociales,  del Centro de Investigaciones Regionales "Dr. Hideyo Noguch", en la Universidad Autónoma de Yucatán. Autora de los libros “Deshaciendo nudos” y “Mujeres en tierras mayas”.


Archivo CIMACFoto
Por: Mtra. Georgina del Carmen Rosado y Rosado**
Cimacnoticias | Mérida, Yuc.-