La
investigadora Inés Castro Apreza anunció la segunda edición del
Congreso Feminista en Chiapas, cuyo objetivo será reflexionar sobre la
inserción y participación de las mujeres en la política nacional, el
cual se llevará a cabo el mes de noviembre del presente año.
El anuncio se hizo en el contexto del aniversario del natalicio de Rosario Castellanos.
El primer Congreso Feminista de Chiapas realizado el 21 al 25 de
noviembre de 2016; tres días después de la Declaración de la Alerta de
Violencia de Género, logró reunir en San Cristóbal de las Casas el año
pasado a más de 60 mujeres ponentes a lo largo de 4 días, en la que
asistieron alrededor de 700 personas. La relevancia de su realización,
es que fue una novedad en un estado que se caracteriza porque distintos
actores impulsan iniciativas políticas de manera continua.
Ante el éxito de este Primer Congreso, la investigadora expresó que
el objetivo de este Segundo congreso será reflexionar sobre la inserción
y participación de las mujeres en la política nacional, logros,
desafíos, obstáculos, además del diseño de una agenda política feminista
que dé cara a los procesos electorales venideros.
Por tanto, convocaron a mujeres de Yucatán, Quintana Roo, Campeche,
Veracruz, Tabasco, Oaxaca y Guerrero a que participen de manera activa,
junto con sus experiencias sobre el derecho de ciudadanía al sufragio.
Cabe señalar que Castro Apreza, presentó su libro “Mujeres y Política
en Chiapas, un programa feminista” en el que hace una recopilación de
testimonios sobre el Primer Congreso Feminista de Chiapas, donde destaca
temas pendientes como la democracia paritaria, el aborto, el derecho de
las mujeres a vivir una vida libre de violencia y la violencia digital
en Chiapas, expuesto desde sus principales promotoras y defensoras que
participaran en este Congreso.
En Chiapas, pese a que desde 2013 organizaciones feministas han
solicitado la Alerta de Violencia de Género, ésta no ha prosperado y a
las mujeres las continúan asesinando, tan sólo en lo que va de este año,
121 mujeres fueron asesinadas de manera violenta, dijo la directora del
Grupo de Mujeres de San Cristóbal (Colem) Martha Figueroa Mier.
La activista, en conjunto con el Comité organizador del Primer Congreso
Feminista de Chiapas informaron que del 21 al 25 de noviembre se
realizará este evento que tiene como objetivo recuperar la memoria y la
historia contemporánea de los movimientos de mujeres, sus luchas, sus
demandas, logros y desafíos, para motivar a la reflexión sobre el
presente y el futuro.
Por ello Figueroa Mier agregó que “ante este contexto tenemos que
juntarnos, tenemos que darnos un espacio y decidimos juntarnos el 25 de
noviembre que para nosotras representa una fecha muy significativa”.
En este Congreso se realizarán mesas de trabajo con temáticas variadas
sobre tierra y territorio, medio ambiente, mujeres indígenas y
campesinas, nuevos feminismos, entre otros; y se realizarán talleres,
ponencias y actividades alternas. Todo el evento será gratuito.
La inauguración del congreso será el día 21 de noviembre e iniciará con
la Conferencia magistral de la Antropóloga Mercedes Olivera, una
activista con trabajo en favor del reconocimiento de los Derechos
Humanos de las mujeres, y fundadora del Centro de Derechos de las
Mujeres de Chiapas.
El Congreso concluirá el día 25 con la marcha conmemorativa al Día
Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres.
Especial, Por: Gabriela Montoya, Cimacnoticias/Enheduana | San Cristóbal de Las Casas, Chis.-
“A quienes nos acusan de querer salirnos de nuestra esfera,
respondemos que nuestra esfera está en el mundo. La mujer está en todas
partes porque representa más de la mitad del género humano y su vida
está íntimamente ligada con la otra mitad”. Hermila Galindo.
El trece de enero del 2016, a cien años del Primer Congreso Feminista
celebrado en Mérida, el nombre de Elvia Carrillo Puerto, la primera
diputada electa en México en1923, fue colocado con letras de oro en el
muro de Honor del Congreso de Yucatán. Aunque Elvia (por razones no muy
claras) no haya participado en ese Primer Congreso, resulta más que
justo este homenaje. Gratitud y memoria para esas mujeres que
arriesgaron todo, para transformar los mapas mentales, las costumbres,
las leyes que excluían a las mujeres. No demos por hecho nuestros
derechos. Sin mirar hacia atrás, hacia ellas, hacia sus luchas. No las
olvidemos.
Cualquier niña que haya crecido en el sureste mexicano caminó alguna
vez por una calle que se llamaba Felipe Carrillo Puerto. Jugó en un
parque, visitó un poblado, atravesó un río en una panga con el mismo
nombre. Entonces, nadie parecía recordar a su hermana Elvia. Felipe
Carrillo Puerto fue gobernador (socialista) de Yucatán de 1922 a 1924.
Fue fusilado en el cementerio general de Mérida el tres de enero, por
órdenes del General Ricárdez Broca. Él y tres de sus hermanos: Benjamín,
Edesio y Wilfrido.
La historia de amor de Felipe Carrillo Puerto y la periodista Alma
Reed ha hecho correr mucha tinta. Se conocieron, se enamoraron, él
solicitó a Luis Rosado Vega (dicen que durante un viaje en carro) que
compusiera una canción para su amada. Así nació “Peregrina”, con música
de Ricardo Palmerín, una de las más hermosas canciones de la trova
yucateca. ¿Dónde estaba Elvia en medio de los fulgores de la
omnipresencia de su hermano “El dragón rojo de los ojos de jade”? ¿Dónde
ante la belleza y los talentos de Alma Reed? Un nombre oculto,
postergado. Hasta que activistas e historiadoras feministas fueron por
ella. Reivindicaron su nombre, su historia, sus bellezas, sus legados.
Fue muy tarde, cuando por primera vez escuché hablar de ella. ¿Felipe
Carrillo Puerto tuvo una hermana, profesora y feminista? ¿Una
sufragista? ¿Cómo? Elvia nació el 6 de diciembre de 1878 en el pequeño
poblado de Motul (ahora, Motul de Carrillo Puerto). Fue la sexta de
trece hijos. Motul en maya significa: “que no se derrama, que no se
desborda”. Pero vaya que Elvia quiso y eligió desbordarse, como sus
hermanos. Testigos de la riqueza henequenera y de la miseria de los
campesinos mayas. Los abismos. Los barcos que llegaban cargados de
vinos, muebles y telas finas para los amos, y los peones “acasillados”,
atrapados por las tiendas de raya y las deudas eternas. Los Carrillo
Puerto pertenecían a una clase media que accedió a la educación.
Asistieron a una escuela laica y aprendieron maya.
Elvia se casó a los trece años y tuvo un hijo a los 14. Quedó viuda
(a los 23 años.) Trabajó como maestra de primaria, en las haciendas
enseñaba a leer y escribir a los niños en maya y en castellano.
Organizó la Liga Feminista Campesina Rita Cetina Gutiérrez, en 1912.
Rita fue una maestra yucateca pionera del feminismo en México y en
América Latina (1846 -1908), se dice que muchas de las reflexiones de la
joven feminista tan amante de los libros y los debates políticos, se
inspiraron en ella.
La casa de los Carrillo Puerto en Motul.
En 1915 el general Salvador Alvarado es nombrado gobernador de
Yucatán. En 1916 convoca al Primer Congreso Feminista. No sin cantidad
de ataques, burlas, intimidaciones de quienes consideraban que una
reunión de mujeres a la búsqueda de sus derechos, era un insulto y una
afrenta. Las “locas del desván tomaron las calles de la ciudad. Se
reunieron. Debatieron. La prensa se desató contra ellas. Uno de los
puntos de la convocatoria firmada por Alvarado:
“Considerando que para que puedan formarse generaciones libres y
fuertes es necesario que la mujer obtenga un estado jurídico que la
enaltezca, una educación que le permita vivir con independencia,
buscando en las artes subsistencia honesta, que, de este modo, los hijos
que constituyen la patria futura se eduquen imitando en las madres
edificantes ejemplos de labor y libertad”.
TEMAS A DEBATE EN EL PRIMER CONGRESO FEMINISTA DE YUCATÁN
1. ¿Cuáles son los medios sociales que deben emplearse para manumitir a la mujer del yugo de las tradiciones?
2. ¿Cuál es el papel que corresponde a la escuela primaria en la
reivindicación femenina, ya que aquélla tiene por finalidad preparar
para la vida?
3. ¿Cuáles son las artes y ocupaciones que debe fomentar y sostener
el Estado, y cuya tendencia sea preparar a la mujer para la vida intensa
del progreso?
4. ¿Cuáles son las funciones públicas que puede y debe desempeñar la
mujer a fin de que no solamente sea elemento dirigido sino también
dirigente de la sociedad?
617 delegadas de todo el país asistieron a la cita en el teatro Peón
Contreras en Mérida. Entre las más aguerridas, la ponencia de Hermila
Galindo (no fue leída por ella), quien incluía en sus reivindicaciones
una educación para las mujeres que llamara al trabajo intelectual y que
incluyera la educación sexual. Solicitaba leyes que protegieran a las
mujeres casadas o no, y a los llamados hijos “ilegítimos”. Galindo
cuestionaba la doble moral que ofrecía libertades a los hombres y
reprimía de manera más que inequitativa a las mujeres. Es pasmoso,
cuando una piensa que corría el año de 1926 y que la poderosísima
religión católica controlaba sin tregua la vida privada y pública de las
mujeres. Hay quien afirma que Elvia se negó a participar en el Congreso
porque no se admitía la presencia de mujeres sin educación primaria,
requisito que le habría parecido discriminatorio.
Elvia Carrillo Puerto.
Pero su activismo fue incansable. Elvia participó en la fundación de
las "Ligas de Resistencia Feministas”, se trataba de llamar a las
mujeres de todo el estado a organizarse y apoyarse unas a otras en
temas urgentes: derecho al voto, higiene, alfabetización y osadía de
osadías: control de la natalidad. Controlar el número de hijos que una
mujer deseaba y era capaz de criar, significaba una afrenta mayor al
considerado inamovible“deber ser femenino”. A toda una idea de
femineidad anclada en el “antes que todo madre de todos los hijos que
dios me de”. El control natal era (a como ha sido) un paso indispensable
en la búsqueda de libertad de las mujeres y sostenía de fondo la más
intolerable de las reivindicaciones para las sociedades conservadoras:
el derecho de las personas a vivir su sexualidad de una manera libre y
lúdica, más acá o más allá de los fines reproductivos.
Elvia, como sus hermanos, recibió una educación bilingüe, su fluidez
en la lengua maya la acercaba a las mujeres más sometidas de Yucatán.
Las mujeres mayas dominadas y abusadas, en tanto que indígenas y en
tanto que mujeres. Cuando su hermano se vio obligado a huir a Nueva
Orleans, Elvia partió hacia la ciudad de México. Continuó su trabajo
feminista convocando a mujeres obreras, maestras, empleadas de gobierno.
En 1922 Felipe es nombrado gobernador. Elvia lo apoya y continúa su
labor feminista divulgando las técnicas de contro de la natalidad de la
época. Defiende el derecho de las mujeres a recibir tierras cuando son
cabeza de familia. La creación de guarderías infantiles, escuelas y da
la batalla por la erradicación del trabajo sexual, ofreciéndoles a
quienes lo ejercían la oportunidad de aprender un oficio.
En 1923, apenas aprobado el divorcio en Yucatán, deja a su segundo
esposo. Ese año, la participación de la delegación yucateca en el
Congreso Panamericano de Mujeres en la Ciudad de México dejó sin habla a
las tres cuartas partes de la galería. ¡Claro que el derecho a votar y
ser votadas! Pero también control de la natalidad y libertad sexual para
las mujeres. ¡Demasiado esas Yucatecas que lo querían todo! ¡Unas
radicales, locas! Se armó un escándalo mayúsculo y sus temas
–considerados tan amenazantes- fueron dejados de lado.
Al momento del asesinato de sus hermanos en 1924, Elvia era diputada
electa en Yucatán, junto con dos mujeres más: la maestra Raquel Dzib y
la bibliotecaria Beatriz Peniche de Ponce. Un logro histórico para el
feminismo. No pudieron, por supuesto, desempeñar sus cargos. Con cuatro
de sus hermanos perseguidos y asesinados, la vida de Elvia corría
peligro. Se escondió mudándose con frecuencia en casas amigas y en la de
su madre, hasta que decidió exilarse en la ciudad de México. Se reunió
acá con Elena Torres, y decidieron concentrarse, sobre todo, en la lucha
por el sufragio femenino. “Si les damos el voto a las mujeres, van a
votar por los curas”, “El voto femenino es una amenaza a la solidez y a
los valores de la familia”. “Las mujeres no están hechas para participar
en las cuestiones públicas que las alejan de los fines más nobles y
bellos para los que fueron creadas”.
Cuentan que ya para entonces, Elvia era una mujer muy austera, que
trabajaba mucho y reía poco. Que sus causas ocupaban su vida. Participó
en el Partido Comunista Mexicano. Le llamaban: “La monja roja del
Mayab”. En 1927 fundó la Liga Orientadora Socialista Femenina y regresó
a una de las grandes preocupaciones desde los inicios de su activismo
en Yucatán: la creación de guarderías para los hijos de las madres
trabajadoras. El Presidente Lázaro Cárdenas la honró como “Veterana de
la revolución”.
Nunca cejó en su lucha por los derechos de las mujeres. Nunca dejó de
lado su preocupación por las mujeres y los hombres mayas. Amaba esa
lengua. La que le llegó en sus orígenes en la escuela del pueblo de
Motul. La lengua que también amó su hermano. Cuentan que durante su
estancia en la cárcel, Felipe tradujo la Constitución Mexicana a la
lengua maya. Así, como en maya, y en castellano, Elvia recorrió Yucatán
de esquina a esquina con la esperanza de una transformación social
profunda que erradicara la desigualdad. El racismo feroz. Las enormes
riquezas construidas sobre las espaldas agotadas de los peones. Un
Yucatán que se reconociera en su grandioso pasado, y que lo honrara en
la igualdad de derechos par sus habitantes.
Murió el 15 de abril de 1965 (también se dice que de 1967). Dicen que
amaba a los perros y que vivía de manera muy modesta (como siempre
vivió) en la colonia Rivera de San Cosme. Tuvo una nieta que lleva su
nombre. Está enterrada –por si desearan visitarla- en el cementerio
general de Mérida. Y a media hora de la ciudad está Motul, el lugar de
sus orígenes. Existe una biografía escrita por Monique J. Lemaître. Y
todo lo que falta por ser investigado en su vida. Por ser dicho. Dicen
que era una mujer introvertida. Dicen que cantidad de palabras suyas,
emociones, silencios, están aún por decirse. La fascinante y hermosa
“Monja del Mayab”.
Como
una paradoja, el Teatro José Peón Contreras en esta capital yucateca
–emblema porfirista de la época de esclavitud en las haciendas
henequeneras del estado– fue también recinto del Primer Congreso
Feminista de 1916, impulsado por mujeres convencidas –desde diferentes
posturas ideológicas– de que se deberían conquistar derechos políticos y
sociales para las mexicanas de entonces.
Tres meses habrían tardado las organizadoras –la mayoría maestras
socialistas– para preparar el Primer Congreso Feminista de Yucatán, cuya
convocatoria estuvo lista en diciembre de 1915 y que se realizó
finalmente el 13 de enero de 1916 en el Teatro José Peón Contreras,
construido en 1877 para presentar fastuosos espectáculos artísticos y de
ópera para las familias adineradas de la región.
En sus tres niveles de palcos y bajo una gran cúpula pintada, el recinto
recibió durante cuatro días consecutivos a cientos de mujeres, quienes
–como condición mínima, según la convocatoria del Primer Congreso–
debían saber leer y escribir, para discutir los cuatro ejes temáticos
impuestos de antemano por el general Salvador Alvarado, el entonces
gobernador yucateco.
¿Habría sido esta restricción que impidió la asistencia de las
campesinas más pobres lo que motivó a Elvia Carrillo Puerto –socialista
yucateca y pionera del feminismo en México– a no presentarse a este
evento?, se preguntan ahora las historiadoras.
En ese contexto político y social –en el que la única oportunidad
formativa y laboral independiente para las mujeres era el magisterio–,
las congresistas discutieron desde su visión personal o grupal el papel
de la escuela, el Estado y los medios sociales que contribuirían a
“manumitir (liberar) a las mujeres del yugo de las tradiciones”, así
como las ocupaciones y las funciones públicas que ellas podían
desempeñar.
La mayoría de las congresistas se apegó a una perspectiva feminista más
próxima a los principios de la Revolución Mexicana (iniciada seis años
antes) que a las ideas porfiristas.
La diversidad de argumentos de las feministas de la época mostraba “que
los ideales positivistas y socialistas alternan cómodamente con
conceptos tradicionales expresados en el más puro romanticismo
decimonónico”, destaca en artículo publicado en el número 30 de la
revista Fem en 1983.
Como evidencia, entre los argumentos de una de las congresistas para
desechar la educación integral para las mujeres estaba que “¿es posible
enseñar hoy en nuestras escuelas toda la realidad de los hechos de la
vida? No digan que tengo miedo, no, pero es que la maestra no puede
conocer a todas las jóvenes (…); que la madre sea a la que le toque
enseñar estos puntos fisiológicos de la vida”. Otro argumento era: “La
mujer ilustrada muy difícilmente se casa”.
Por otro lado, entre las ideas entonces vistas como las más radicales,
se cuestionó: “¿Por qué le temen a la mujer que tiene vastos
conocimientos? Porque al comprenderlos, al considerarlos a ellos menos
instruidos que nosotras, no los podríamos amar, los despreciaríamos, y
no los veríamos superiores a nosotras y no podríamos menos que sentirnos
más que ellos”.
El artículo de Fem difunde el comentario de un cronista de la época: “En
la mañana nos dimos cuenta exacta de la importancia de este Congreso.
Nuestras mujeres se reúnen por primera vez para tratar asuntos de
trascendencia revolucionaria y, ante el asombro de los hombres, los
tratan con cierta sobriedad inesperada, y con un tino”.
Si bien los documentos oficiales muestran que el general Salvador
Alvarado –entonces el primer gobernador socialista de Yucatán– habría
sido quien orquestó el Congreso Feminista allegándose de Consuelo Zavala
Castillo –alumna de la precursora feminista Rita Cetina y maestra de
profesoras rurales–, diversas historiadoras y activistas coinciden ahora
en que el mandatario estatal encontró en la entidad “tierra fértil y
madera en las mujeres”, quienes ya estaban influenciadas por el
feminismo.
Las investigadoras también destacan que fue Yucatán –por su ubicación
geográfica en la costa Caribe, uno de los principales puntos de llegada
de mercancías provenientes de Europa– y no el centro del país, donde el
movimiento feminista en México pudo tener su cuna.
Por otro lado, las historiadoras que han documentado este Congreso se
preguntan también si la pretensión de Salvador Alvarado –quien lamentó
que las mujeres no avalaran ahí mismo su derecho al sufragio– no era en
realidad allegarse de su apoyo para que lo impulsaran como el primer
presidente constitucional en México.
Pese a estos hallazgos, un siglo después, el 13 de enero de este 2016 el
gobierno yucateco utilizó el mismo Teatro Peón Contreras para
conmemorar en un evento oficial los 100 años del Primer Congreso
Feminista, para el que preparó una gran manta con el nombre de las
organizadoras y en la que –soslayando la participación femenina– rotuló
el nombre de Salvador Alvarado en letras destacadas y por encima de
todas las mujeres que hicieron realidad ese evento histórico.
Refrendan políticas compromiso de pugnar por la igualdad
Como
hace 100 años, el Teatro Peón Contreras –construido con altos palcos y
luces–, ubicado en pleno Centro Histórico de esta capital estatal,
recibió a mujeres de todos los ámbitos para conmemorar un siglo de
logros en materia de Derechos Humanos para las mexicanas, pero también
para reflexionar sobre los pendientes.
Si bien hace 100 años las mujeres reunidas en este histórico recinto
donde se llevó a cabo el Primer Congreso Feminista, iniciaban un camino
para que la población femenina ganara más derechos a participar en
política y otros rubros de la sociedad, ahora –a un siglo de distancia–
falta vencer obstáculos que impiden su plena participación en diversos
ámbitos.
En ello coincidieron diversas mujeres políticas al participar ayer en la
primera jornada de actividades para conmemorar el centenario del
Congreso Feminista, quienes señalaron que mientras hace un siglo se
pensaba en cómo incorporar a las mexicanas a los cargos públicos, hoy se
busca la paridad efectiva (mitad mujeres y mitad varones) en los
espacios de poder.
Y
fue gracias a la participación de esas feministas que hace 100 años se
reunieron en el Teatro Peón Contreras, que ahora quienes son
magistradas, senadoras, diputadas, ex gobernadoras y académicas que
participan en este evento conmemorativo, han podido llegar a esos altos
cargos.
Si hace 100 años las yucatecas, muchas de ellas maestras, no hubieran
estado influenciadas por la ideología feminista de Rita Cetina, el
general Salvador Alvarado Rubio –a quien se le atribuye históricamente
el logro de haber realizado el Primer Congreso Feminista– “no hubiera
podido hacer mucho”, observó Dulce María Sauri Riancho, quien como
legado de ese primer encuentro de mujeres en 1916 pudo llegar a diversos
espacios de toma decisión en la vida política nacional.
Sauri Riancho, la primera mujer gobernadora de Yucatán de 1991 a 1993,
fue también diputada federal, senadora, funcionaria y dirigió al Partido
Revolucionario Institucional (PRI).
En su participación en la jornada de ayer, Dulce María Sauri destacó que
ese Primer Congreso de hace 100 años no fue un “paso burocrático”, sino
que hubo movilización y propaganda por parte de las organizadoras, que
estaban convencidas de los logros de ese encuentro.
Como hace un siglo, resaltó la priista, quienes nos encontramos aquí
ahora “debemos refrendar el compromiso de seguir adelante en la lucha
por la igualdad”, por lo que pidió que en el contexto de esta
conmemoración se presente una iniciativa de reforma en Yucatán para que
se obligue a la paridad de género en las planillas para los
ayuntamientos.
Al
hacer un balance de la participación política femenina, la senadora por
el PRD Angélica de la Peña Gómez y la magistrada del Tribunal Electoral
del Poder Judicial de la Federación, María del Carmen Alanís Figueroa,
advirtieron que los retos que enfrenta actualmente el feminismo son los
mismos de hace 100 años, pues no se ha logrado una plena presencia de
las mujeres en la esfera pública.
También las funcionarias federales y académicas reunidas cuestionaron
algunos retrocesos en la entidad, como por ejemplo el que aún conserve
la cuota de 30 por ciento de espacios para las mujeres en las planillas
para los ayuntamientos, o que luego de ser el único estado del país que
consideraba a la pobreza como causal para el aborto legal, ahora su
Código Penal contenga causales referentes a la “decencia” de las
mujeres.
Lo anterior, enfatizaron, no es congruente con las demandas femeninas
que en su momento apoyaron los gobiernos socialistas en Yucatán tras la
Revolución Mexicana.
Coincidieron también en que a estos años de distancia, la violencia ha
llegado también a la política e, incluso, ha cobrado ya la vida de
algunas mujeres en diversos estados de la República Mexicana, por lo que
hicieron un llamado a legislar sobre el tema.
Cimacnoticias | Mérida, Yuc.-Al
mismo tiempo que el atardecer del sábado dejaba el día y daba paso a la
noche prematura en esta ciudad, el grupo de mujeres que conmemoró el
centenario del Primer Congreso Feminista de 1916 permanecía de festejo
en la plaza pública de la capital yucateca.
Entre baile y alborozo, tres actos musicales –protagonizados por las más
jóvenes– anunciaron el cierre de las jornadas que celebraron a las
mujeres que hace un siglo discutieron –en el primer acto público de las
feministas en el país– los derechos civiles y humanos de las mexicanas.
“Las hijas del rap”–siete jóvenes cantautoras de temas sobre la libertad
de las mujeres–, “Las hojas al vuelo” –agrupación teatral cuyas
canciones se inspiran en testimonios de sobrevivientes de violencia–, y
Valeria Bautista –adolescente guitarrista que evocó a Mercedes Sosa y
Violeta Parra–, cerraron los festejos y fueron recibidas por las
feministas que bailaron sin parar, las turistas y una que otra mujer que
se unió de último momento a la verbena.
A
modo de clausura, integrantes del Comité Conmemorativo leyeron la
declaratoria de estas jornadas, en la que reconocieron el trabajo de las
pioneras de 1916, la diversidad de los feminismos, que el feminismo es
una apuesta ética y política necesaria para la construcción de un mundo
más justo e igualitario, y que a pesar del camino andado persisten
vacíos y retrocesos, además de una deuda con las mujeres indígenas y
rurales, campesinas, obreras, mujeres en condición de explotación sexual
comercial, y las transexuales.
Con símbolos mayas yucatecos, el colectivo “Le Puuta” se unió a la
celebración y montó alrededor del asta bandera de Mérida –en medio de
los imponentes edificios coloniales de esta sociedad, que en su raíz
lleva la lengua y las tradiciones indígenas– un tapete de aserrín que
representa a la mujer y al hombre.
Este ejemplo de “arte efímero” –cuyo rastro se llevaría el viento, dijo
su autora– fue resguardado por una niña de ocho años que participó en su
elaboración.
Además, las integrantes del colectivo Reflexión y Acción Feminista (RAF)
–también del Comité Conmemorativo de los 100 años del Congreso
Feminista– presentaron un llamativo performance, para exigir que los
recientes casos de feminicidio en la península sean investigados, y
también para criticar que la sociedad y los medios de comunicación
aborden el tema sin apego a las garantías femeninas.
LA ALGARABÍA NO SE DETUVO
Un
tendedero de hojas blancas en el centro de la plaza mostraba diversos
mensajes en los que las mujeres explicaban por qué decidieron ser
feministas. Las breves consignas, rodeadas también por las biografías de
las congresistas de 1916, llamaron la atención de algunas mujeres que
al leer los textos las cuestionaron, se rieron o las aplaudieron.
Incluso un profesor de Historia de una primaria pública se dijo
interesado, y se quedó en todo el evento porque –reconoció– este
Congreso Feminista “es algo que nunca se enseña en la escuela”.
En medio de la algarabía pacífica del festejo, el escándalo de un hombre
ebrio no impidió la presentación de una de las cantantes, quien no se
perturbó. Una joven de entre el público se plantó tras el sujeto y lo
retiró del lugar, sin mayores consecuencias.
Momentos antes, en su acto oficial de todos los días, la escolta
municipal pasó por encima del tapete de aserrín con símbolos mayas,
mientras las feministas ponían en el suelo la lona conmemorativa de los
100 años del Primer Congreso en un intento por evitar que las
uniformadas pisaran el trabajo artístico.
En sus mensajes, las feministas denunciaron la reducción de presupuestos
en materia de género en los institutos de las mujeres, las
universidades y otras instituciones de gobierno, la falta de voluntad
política para detener el feminicidio, la negligencia del Estado para
garantizar espacios seguros para la población femenina, y las reformas
estructurales que –precisaron– obedecen a un sistema capitalista
neoliberal que fomenta la pobreza, la discriminación, la violencia, la
destrucción de los ecosistemas y donde las mexicanas son las más
afectadas.
Con este evento –frente a la monumental catedral, emblema de la
influencia eclesiástica que ha impedido a las mujeres decidir sobre sus
cuerpos–, el movimiento amplio de mujeres cerraba triunfante la
conmemoración, que horas antes había reunido a mujeres jóvenes, adultas y
varones a discutir en un foro juvenil el acoso callejero, la violencia
pública y privada, los derechos sexuales y reproductivos, y la
diversidad sexual.
También
concluían las mesas en las que días atrás se abordó la literatura y el
periodismo feminista, los Derechos Humanos de las mujeres, la lucha por
el sufragio femenino, la violencia machista, el trabajo y la economía de
las mexicanas, y la educación, entre muchos otros temas.
Estas jornadas conmemorativas de cuatro días derivaron en la demanda
feminista de servicios profesionales de calidad en el acceso a la
justicia para las mujeres, una estrategia nacional y local para la
articulación y armonización de las leyes, además de que quienes ocupan
puestos públicos no reproduzcan esquemas “machistas y patriarcales” en
el desempeño de sus funciones.
También se exigió que los presupuestos incluyan la perspectiva de género
para avanzar hacia la igualdad entre los sexos, que se erradique la
trata de personas, se garantice el derecho al aborto, así como que se
rescate y visibilice la memoria histórica de las mujeres y de la lucha
feminista en la educación pública de Yucatán y todo México.
Las mujeres cerraron las jornadas advirtiendo la necesidad de incluir a
los varones –muchos presentes en las mesas de trabajo– en la tarea de
deconstruir la “masculinidad hegemónica”, y en la búsqueda de nuevas
masculinidades acordes con la igualdad de género.
Las feministas se despidieron. En un clima tan húmedo como caluroso, se
fotografiaron y se abrazaron las que ya se conocían y las que se
encontraron aquí, provenientes de otras partes del país, para saber y
compartir la lucha feminista, la desobediencia a las consignas
patriarcales, y el trabajo constante por un porvenir más libre para las
mujeres.
Prevalecen rezagos de hace 100 años: Dulce María Sauri
Yucateca
convencida de que “los derechos no se conquistan una vez y para
siempre”, Dulce María Sauri Riancho –primera mujer gobernadora de su
estado–reconoce que las mujeres que la antecedieron en la política
abrieron camino para que ella pudiera estar al frente de una gestión
local.
En su casa llena de árboles y paredes de colores, en esta capital
estatal, la también ex presidenta nacional del Partido Revolucionario
Institucional (PRI) conversa con Cimacnoticias sobre su trayectoria
política y la de otras mujeres a propósito de la celebración esta semana
por los 100 años del Primer Congreso Feminista de 1916, en el que las
revolucionarias de entonces discutieron –en uno de los debates más
álgidos– si las mujeres debían votar o no.
AL FINAL DEL DÍA, FEMINISTA
Cuando el pasado miércoles 13 de enero Sauri Riancho terminó su discurso
sobre los logros de las mujeres para ocupar cargos públicos, en el
monumental Teatro Peón Contreras –donde hace 100 años se reunieron las
feministas yucatecas–, se desató una ola de aplausos.
“Aunque su gobierno fue cuestionable, como todos en realidad, finalmente
se ganó el respeto y la admiración de muchas yucatecas”, dijo una voz
de entre el público. Al concluir el evento, activistas y políticas
destacadas no perdieron la oportunidad para felicitarla. Dulce María
regresó los saludos con una sonrisa cálida, como si todas fueran sus
amigas.
Y es que con más de 30 años de trayectoria política –siempre en las
filas del PRI–, ese 13 de enero Sauri Riancho, reconoció que fue gracias
al legado de las feministas posrevolucionarias Elvia Carrillo Puerto,
Raquel Dzib Cicero y Beatriz Peniche, que ella pudo alcanzar una
gubernatura.
Ahora, en la charla con esta agencia, la priista afirma que se asume
feminista, y que mira –ya a cierta distancia de la actividad política–
que cada paso que dio en la función pública estuvo marcado por su
condición de género.
“Como gobernadora de Yucatán sí conocía sobre Elvia Carrillo Puerto y el
Congreso (Feminista de 1916), pero si te dijera que siempre tuve
conciencia plena de la condición de género, pues no es cierto porque fue
gradualmente fui aprendiendo eso en la práctica política”, declara sin
soltar su termo de café que la acompañó todo el día.
Fue en la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer, realizada en Beijing,
China, en 1995, cuando Sauri –tras escuchar a mujeres afganas que
relataron que los talibanes las obligaron a dejar la escuela y su
trabajo porque no podían estar cerca de los varones– tuvo conciencia de
dos cosas: “Que los derechos no se conquistan una vez y para siempre”, y
“que las mujeres cuando se juntan pueden hacer grandes cosas”.
MUJER DE TRAYECTORIA
En medio de su sala –repleta de adornos orientales combinados con
artesanías yucatecas–, la ex diputada federal y ex senadora relata que
ingresó al mundo de la política en el tiempo en el que su esposo, José
Luis Sierra Villareal, fue encarcelado durante siete años en el contexto
de la llamada “Guerra sucia” (la represión del Estado contra los
movimientos sociales y guerrilleros de los años 60 y 70).
“Yo les decía (a quienes serían sus jefes en la tarea política): ‘Mi
esposo es un preso político, si así me contrata, adelante, podemos
trabajar”. Así, su paso en la gestión pública, primero como delegada del
PRI, le permitió escalar a otros cargos de mayor rango.
No obstante –recuerda–, cuando la propusieron como presidenta estatal
del PRI, un hombre de su partido le advirtió que si aceptaba aventarían
piedras a su casa y la insultarían.
Cuando compitió en los comicios para ser diputada, uno de sus oponentes,
del PAN, le cuestionó que por su condición de mujer no podría hacerse
cargo de la seguridad pública.
Pero Sauri aceptó cada reto que se le puso enfrente. Primero fue
diputada federal por Yucatán (1982-1985), luego senadora (1988-1991),
después otra vez diputada federal (1994-1996), y de nuevo senadora
(2000-2006).
En 1991, cuando asumió la gubernatura interina de su estado (hecho que
–advierte– logró por su trayectoria y la necesidad de que las mujeres
participaran en el proyecto neoliberal que entonces se gestaba)
desobedeció el mandato de su partido dos veces: primero al romper con
las empresas henequeneras de Yucatán, y luego al renunciar al cargo
antes de concederle al PAN la oportunidad de gobernar.
Sin embargo, el 3 de julio del año 2000, ya como presidenta nacional del
PRI, enfrentó su reto político más grande, porque el partido “que nació
para estar siempre en el poder” perdió por primera vez en la historia
la elección presidencial.
Entonces –cuenta– se sintió responsable del fracaso, y observó que la
derrota no sólo era electoral, sino de un proyecto político de más de 70
años y del “eje articulador que organizaba el partido”.
Sauri Riancho asegura que su condición de género le permitió
sobreponerse –y no dejar de luchar– y enfrentar los cuestionamientos que
vinieron después, y organizar –como uno de sus logros todavía en la
dirigencia partidista– una asamblea de más de 12 mil delegadas y
delegados para evitar el derrumbe del PRI.
ESLABÓN DE MUJERES POLÍTICAS
En política internacional, en 2004 Dulce María Sauri fue presidenta
exoficio de la Reunión de Mujeres Parlamentarias de la Unión
Interparlamentaria Mundial, y presidenta de la Comisión Interamericana
de Mujeres. Antes, de 1995 al 2000 encabezó el Proyecto Nacional de la
Mujer, antesala de lo que ahora es el Instituto Nacional de las Mujeres.
La también socióloga afirma que desde niña se interesó por la política y
la economía, incluso escuchaba las pláticas de los varones adultos de
su familia, y decía –sin saber bien a bien de qué hablaba– que quería
ser diplomática.
Destaca que su abuela materna –quien viajó a Cuba tras el asesinato de
su esposo para sacar adelante a su familia– es su principal “ejemplo de
resistencia y trabajo”.
Sauri está convencida de que los rezagos en el reconocimiento de los
derechos femeninos provienen de ideas y costumbres de hace 100 años, que
a la fecha no han logrado superarse. Observa además que aún no están
garantizadas todas las condiciones para que una mujer ocupe cargos
públicos.
La priista también se asume “nieta” del Congreso Feminista de 1916. Y
reconoce que de igual manera si Griselda Álvarez y Beatriz Paredes en su
momento no hubieran ocupado una gubernatura (en Colima y Tlaxcala,
respectivamente), ella tampoco lo habría hecho. Como a su vez, Ivonne
Ortega –segunda mujer gobernadora de Yucatán– no lo hubiera logrado sin
Sauri Riancho.
“Me asumo como parte del eslabón de una cadena que empezó muy atrás,
desde Rita Cetina. (Una cadena que) hace que esa niña de hoy pueda
pensar en ser gobernadora”, resalta.
Sauri mira la cámara fotográfica sobre la mesa y admite que “extraña la
política”, pero advierte que como mujer los costos políticos terminan
siendo “muy altos”.
Y es que tras años de ver a su familia sólo los domingos y a veces
llegar únicamente a dormir todo el día, esta mujer política se siente
feliz ahora de pasar más tiempo con sus nietas, y tener la posibilidad
de emprender proyectos académicos.
Agradece el apoyo que recibió de sus hijos –a quienes expulsaron del
catecismo porque nunca iba su mamá a las reuniones– y a su pareja, quien
iba a los eventos de las esposas de los delegados para apoyarla.
También la respaldó cuando concluyó recientemente un posgrado en
Historia y ahora que estudia el doctorado.
Sé
que para algunas mujeres el feminismo no es algo cercano y, ante el
estigma que se ha colocado sobre él, en ocasiones es no querido y hasta
rechazado, ocultando sus bondades. Sin este movimiento las mujeres no
tendríamos las libertades que hoy gozamos y los derechos que hoy
exigimos se respeten.
La deformación que se ha difundido del feminismo y las reacciones
violentas que en ocasiones se dan ante una mujer abiertamente feminista,
provocan que muchas otras se inhiban en acercarse a él, conocerlo a
fondo y saber a ciencia cierta de qué se trata.
El estigma ha impedido reconocerlo como el sueño hecho realidad de las feministas de hace 100 años.
Tal cual, todas y cada una de las libertades que hoy gozamos las
mujeres y niñas de este siglo XXI fueron pensadas por cientos de mujeres
de diversas nacionalidades y por supuesto de México.
Decidir estudiar, saberse libre de elegir cualquier profesión, vivir
la sexualidad con mayor libertad y sin violencia, viajar, ocupar
espacios y cargos públicos, ser taxistas, pilotear un avión; estar en
cualquier ingeniería, ser matemática, dedicarnos a la ciencia o lo que
más se nos antoje, incluso, plantearnos cómo queremos amar y ser amadas,
es de los sueños que 600 mujeres nombraron el 13 de enero de 1916 en
Mérida, Yucatán, en el Primer Congreso Feminista mexicano. Y que hoy
conmemora su primer centenario.
Las mujeres de mi generación crecimos con el derecho al voto y a ser
electas; mi madre obtuvo ese derecho y votó por primera vez cuando tenía
22 años; las jóvenes de hoy y las niñas de este siglo además del
derecho, tienen la convicción de aspirar a ser gobernadoras o
presidentas.
Este es el sueño plateado por Elvia Carrillo Puerto en aquel Congreso
Feminista de 1916, razón por la cual su nombre será inscrito en el
Congreso local con letras de oro.
El goce y placer de la sexualidad que para muchas hoy es tan natural
como respirar, ha llevado años en conquistarlo. Veinticinco años atrás
me sorprendió en una conversación con mujeres de mayor edad que yo,
casadas y con descendencia, que confesaran que no sabían qué era un
orgasmo y que la forma de mostrar su deseo sexual se resumía a ciertos
códigos actuados, como el que ella, ya en la cama, rozara el cuerpo de
su marido.
Esto no quiere decir que el marido reaccionara de inmediato. La gran
mayoría de las veces ellas se quedaban dormidas sin conocer la respuesta
de su pareja, cosa que no ocurría con ellas, quienes siempre que él
tenía el deseo sexual, “usaba” su cuerpo sin mediar ninguna pregunta,
comentario ni nada.
La sorpresa es porque mi generación ya vivía su sexualidad, con
dificultades y aún con tabúes y miedos, pero el placer era ya un terreno
ganado.
El sueño lo planteó Hermila Galindo también en aquel Congreso del 16; su
posición le valió que los periódicos la calificaran de inmoral y de
promover el amor libre.
Libres es como queremos vivir las mujeres, en eso tenían razón hace 100
años y hoy. Vivir emancipadas como lo planteó en 1870 la yucateca Rita
Cetina Gutiérrez en su revista La Siempreviva, órgano de difusión de la
organización que lleva el mismo nombre, maestra de Elvia y nuestra
tatarabuela.
Sí, somos el sueño hecho realidad de todas ellas y a la vez somos las
abuelas de la próxima generación de mujeres que vivirán en igualdad
plena, quienes en 100 años se reunirán en algún punto, del mundo y de
México, para recordar que una vez hubo un sueño feminista y sentirse
orgullosas de ello, como los cientos de feministas hoy se saben
orgullosas de su herencia, brincándose el estigma que sobre el feminismo
pesa y que oculta la bondad del sueño hecho realidad.
Twitter: @lagunes28
*Periodista y feminista, Directora General de CIMAC.
Conmemoraciones inician este 13 de enero en Mérida
Activistas,
académicas y legisladoras del movimiento amplio de mujeres iniciarán
esta semana conferencias, mesas de trabajo y otras actividades para
conmemorar 100 años del Primer Congreso Feminista en Yucatán, que se
celebró por primera vez el 13 de enero de 1916 para discutir un nuevo
marco legal que garantizara la emancipación de las mexicanas.
Este 2016 se cumplen 100 años desde que las mujeres yucatecas
–influenciadas por los cambios sociales del auge revolucionario y por
los aportes de distintas líderes femeninas– se reunieron en Mérida,
capital del estado, para celebrar el Primer Congreso Feminista, que
serviría de plataforma para discutir las resoluciones sobre las
garantías femeninas que el movimiento constituyente debía tomar en
consideración.
Sharon Renee Cano Chulim, integrante de la Comisión Conmemorativa de
este Congreso (compuesto por feministas de distintos ámbitos), señaló en
entrevista con Cimacnoticias que del 13 al 16 de enero Mérida recibirá
en distintos recintos a activistas, académicas y legisladoras, quienes
organizaron diversos eventos a propósito de la efeméride.
En la inauguración en el Centro Cultural Olimpo se realizarán las
conferencias magistrales “El primer Congreso Feminista en Yucatán, 1916.
Cien años después”, “Balance del movimiento feminista y sus retos”, y
“Participación política de las mujeres mexicanas”, que impartirán la
historiadora Piedad Peniche, la académica Marta Lamas, y la periodista
Sara Lovera, respectivamente.
Peniche precisó que las jornadas de trabajo con la que se celebrarán los
100 años del Primer Congreso Feminista tienen la intención de que las
mujeres de la época actual también discutan sobre las problemáticas que
les interesan y les afectan. A la par, durante los eventos se discutirán
los aportes de las mujeres del siglo XIX, explicó.
Entre las actividades conmemorativas, el 13 de enero el Congreso del
estado de Yucatán inscribirá en el Muro de Personas Ilustres a la
primera diputada local, Elvia Carrillo Puerto, que además participó en
los congresos feministas los años que siguieron a 1916, para propugnar
por el voto femenino e impulsar la participación de las mujeres en
cargos públicos.
La historiadora Piedad Peniche, que también participa en la Comisión
Conmemorativa de este evento, señaló en entrevista que se recibió un
amplia variedad de temáticas feministas que postularon diversas mujeres
para las mesas de trabajo que se llevarán a cabo los días 14, 15 y 16 de
enero en la Unidad de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de
Yucatán.
Entre las temáticas de las mesas se abordarán la literatura y el
periodismo feminista, la salud y Derechos Humanos de las mujeres, y el
derecho al voto femenino.
Durante esta jornada también habrá presentación de libros y
conferencias, además de distintas actividades culturales y artísticas.
Beatriz Ortiz, que también forma parte del Comité y representa a las
feministas más jóvenes, dijo que las organizadoras de las actividades
están sorprendidas por la buena respuesta que han tenido por las
yucatecas desde que inició la convocatoria para celebrar el Congreso.
Este
segundo día de las jornadas conmemorativas por los 100 años del Primer
Congreso Feminista, una ligera llovizna –contrastante con el ardiente
sol que caracteriza al clima meridano– enmarcó la charla de
historiadoras, sociólogas, antropólogas y expertas de otras disciplinas
que aquí llegaron desde distintos puntos del país, para relatar detalles
de la vida y obra de las precursoras por los derechos femeninos en
México.
En un recinto de la Universidad Autónoma de Yucatán –edificio colonial
testigo del ir y venir de las feministas de 1916– las especialistas
contaron sus hazañas para sumergirse en la historia y obtener
información de Elvia Carrillo Puerto –la primera diputada yucateca–,
Hermila Galindo y Rita Cetina Gutiérrez, gestora del feminismo
mexicano.
Como si hablara del descubrimiento de una mina de oro, la historiadora
Rosa María Valle Ruiz describió a detalle –ante las asistentes ávidas de
esos relatos– cada paso dado para hallar el legado escrito y otros
documentos de la vida de Hermila Galindo, también fundadora de la
revista Mujer Moderna, que promovió la educación laica, el sufragio
femenino y la igualdad entre los sexos.
Qué emoción sintió la biógrafa de Galindo cuando, tras años de estudios,
encontró la máquina de escribir de la precursora feminista y –aún
puesto sobre el rodillo– miró un papel de antaño ignorado durante mucho
tiempo y que muy probablemente fue el último escrito de la luchadora
social minutos antes de su muerte en 1954, un año después de que las
sufragistas de ese momento hubieran conquistado el derecho al voto para
las mexicanas.
Ese papel en la máquina de escribir de Galindo es un escrito en el que
la feminista se duele de los resultados hasta entonces de la Revolución
Mexicana.
LA SIEMPREVIVA
Otra de las mujeres más remembradas en estos descubrimientos históricos
fue Rita Cetina Gutiérrez, “La Siempreviva”, como se llamó su revista
impulsora del feminismo en 1870.
A esta maestra, poeta y literata que antecedió a las mujeres de la
posrevolución y del Constituyente de 1917, además de investigadoras y
jóvenes, la vino a recordar su bisnieta María Elisa Cetina, mujer de más
de 60 años de edad.
La descendiente de Cetina Gutiérrez destacó que su ancestra fue
impulsora de la educación para las niñas, y no ocultó su orgullo de
saber que las estudiosas sigan investigando la vida de su bisabuela,
quien –aseguró– le dejó el legado familiar de poderse educar y mantener
una forma de vida única, regida por la disciplina.
“Antes no nos contaban todo sobre ella o era tema que no se hablaba”,
dijo la bisnieta de Cetina mientras platicaba con otras mujeres –todas
yucatecas mayores de 60 años y una de ellas maestra– que llegaron juntas
a las jornadas conmemorativas, y que se conocen porque saben entre sí
que son familiares de otras figuras históricas de su estado.
Las mujeres se prometieron visitarse una a la otra para celebrar juntas nuevos hallazgos sobre sus familias.
UN CAMINO PARA LAS JÓVENES
Estas jornadas conmemorativas del Primer Congreso Feminista –a cargo de
14 mujeres expertas en distintas disciplinas– lucen en su logotipo el
número 100 dibujado entre flores bordadas.
Los coloridos bordados típicos de Yucatán –enmarcados con letras
moradas como emblema del feminismo– recuerdan también el legado maya, y
la principal actividad de las mujeres de los pueblos originarios.
Diseñados por Brenda Ortiz y Dioné León –jóvenes comunicólogas y
feministas–, los bordados simbolizan una suma de generaciones pasadas
honradas por el esfuerzo de las mujeres actuales.
Cada que terminaba un relato sobre las mujeres que dieron pie al Primer
Congreso Feminista de 1916 las asistentes más jóvenes levantaban sus
manos inquietas: “Quisiera saber dónde encuentro más información sobre
ella”; “quiero agradecer que nos haya compartido esta historia”;
“quisiera conocer más sobre el feminismo”.
Preguntas que iban y venían de parte de muchas estudiantes de alguna
carrera de ciencias sociales convocadas por sus maestras… otra vez las
maestras.
Entre las reflexiones finales, las más jóvenes también concluyeron:
“Necesitamos volver a reunirnos”; “hay que formar alianzas”; “tenemos
que cuestionarnos las desigualdades de clase”; “cómo frenamos la
violencia en las calles”; “por qué se ha rodeado de mitos y mentiras al
feminismo”…
Pasadas las ocho de la noche, ya sin lluvia, las mujeres salieron de las
aulas para seguir comentando cada tema abordado y congratularse por
haber asistido.
A un siglo de Primer Congreso, urge reorganización de mujeres
Un
siglo después del Primer Congreso Feminista en Yucatán –que derivó en
la aprobación del sufragio femenino y la educación científica para las
mexicanas–, el movimiento amplio de mujeres enfrenta el reto de hacer
efectiva la interrupción legal del embarazo (ILE) y erradicar la
violencia feminicida en el país.
En pleno auge constituyente que permeó los años finales de la Revolución
Mexicana, el 13 de enero de 1916 el Teatro Peón Contreras, en Mérida,
Yucatán, abrió sus puertas para recibir por primera vez a decenas de
mujeres –profesoras, masonas, liberales, conservadoras y socialistas–,
quienes discutieron durante el Primer Congreso Feminista los “problemas
sociales y educativos” que interesaban a las mujeres de aquella época.
Las primeras resoluciones para modificar normas civiles de esos años en
la entidad henequenera rindieron avances en cuanto a las garantías
femeninas vinculadas a la maternidad y al rol de esposas.
Si bien esos logros no hacían eco de las demandas de las mujeres más
progresistas que pedían el reconocimiento de sus derechos políticos y
una educación sexual integral, los resultados no fueron de poca
importancia para una sociedad que hasta entonces negaba a las mujeres la
patria potestad de sus hijas e hijos, y permitía su emancipación hasta
después de los 30 años de edad.
Aunque no fueron aprobadas, las proclamas sobre el sufragio femenino se
leyeron en el cierre del Congreso –el primero en su tipo en la historia
de México– frente al general Salvador Alvarado (entonces gobernador de
Yucatán y promotor del evento) por insistencia de las feministas a fin
de dejar precedentes.
EL SUEÑO DEL SUFRAGIO
Las
mujeres que participaron en ese Primer Congreso –reminiscencia de las
que estuvieron en la lucha revolucionaria, de las pioneras ilustres en
Estados Unidos y del legado de la yucateca Rita Cetina (fundadora de la
primera escuela para mujeres)– permanecieron juntas los años siguientes
para seguir convocando a la población femenina a celebrar más encuentros
y debates.
Así, el primer gran logro del Congreso fue abrir el acceso a la esfera
pública para las mujeres, quienes se mostraron entusiasmadas de
participar porque ya estaban hartas de ser confinadas a la casa, señaló
en entrevista con Cimacnoticias Piedad Peniche, historiadora yucateca.
Si bien en esa época no se habló del aborto, sí se discutió la
importancia del conocimiento científico y la enseñanza de la biología
–prohibida como materia para las profesoras desde un siglo antes– para
la vida y la liberación de las mujeres, relató la experta.
Además, este Congreso fue la antesala para que años después Elvia
Carrillo Puerto –promotora del voto femenino– retomara y abanderara la
discusión del derecho de las mujeres al sufragio y a ocupar cargos
públicos, así como otras ideas “más exóticas” que no tuvieron buen
recibimiento entre toda la población femenina, abundó Peniche.
Y agregó: “Todo quedó como precedente de la idea, la ambición y el sueño
del sufragio de las mujeres que habría de hacerse realidad en los años
siguientes”.
En efecto, en noviembre de 1916, como respuesta al Primer Congreso, se
aprobó otorgar el voto femenino en elecciones municipales en Yucatán,
pero se denegó la posibilidad de que ellas fueran electas a cargos de
elección. Para 1923 tres mujeres ya habían conseguido ser diputadas
locales.
Un año antes de que culminara el siglo XIX, se consolidó la Liga
Feminista de Rita Cetina Gutiérrez –en honor a la autora de la revista
La Siempreviva, considerada cuna del feminismo en México–, y se
consiguió que una mujer, Rosa Torres, fuera la primera regidora del
ayuntamiento de Mérida, capital de Yucatán.
En los gobiernos posteriores al de Francisco I. Madero –prosiguió la
historiadora Piedad Peniche–, el movimiento feminista se fragmentó en
intereses individuales. Elvia Carrillo Puerto incluso fue perseguida por
sus ideas a favor del aborto, la libertad sexual y el control de la
natalidad.
Las maestras, por ejemplo, siguieron manifestándose para exigir
únicamente sus derechos laborales, pero ya no hubo una conciencia
colectiva, además de que se luchó por intereses “prácticos (como la
construcción de escuelas y carreteras), pero no estratégicos (como el
derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo)”, precisó.
Ya a finales del siglo XX, el progreso de las mujeres en la política
yucateca fue arrebatador y tuvo como ejemplo destacado a Dulce María
Sauri Riancho, quien en 1982 fue diputada federal, luego presidenta del
Comité Directivo Estatal del Partido Revolucionario Institucional (PRI),
primera gobernadora de la entidad, integrante del Consejo Nacional de
la Mujer, coordinadora de la Comisión de la Mujer, y presidenta nacional
de su partido.
Más yucatecas siguieron desfilando por los puestos de diputadas locales,
federales, presidentas municipales, gobernadoras y hasta senadoras. Al
menos de 1981 a 2001, 725 mujeres consiguieron ser regidoras en la
entidad.
ENFRENTAR LA VIOLENCIA
La historiadora aseguró que desde el siglo pasado quedaron pendientes
temas que siguen en auge y que en 100 años no se han traducido en
derechos para todas las mexicanas, principalmente sobre la garantía de
decidir sobre sus cuerpos y la maternidad.
Se suma que la violencia de género “es tremenda” y que el feminicidio es
el pan de cada día, por lo que si este 2016 vuelven a reunirse las
feministas, ambos flagelos deberían ser los primeros temas a discutirse,
subrayó la especialista.
En ello coincidió Brenda Ortiz, integrante de Reflexión y Acción
Feminista –organización integrada principalmente por mujeres jóvenes–,
quien señaló en entrevista que la discriminación y la violencia de
género siguen perpetuando las relaciones desiguales y de poder entre los
sexos.
Como ejemplo, la activista explicó que más de 200 mujeres respondieron a
una convocatoria que presentó su organización para participar en un
taller de defensa personal.
Ahí, cada joven explicó en mensajes en redes sociales las distintas
formas de violencia que padecen, principalmente el acoso callejero, lo
que las obliga a buscar distintas formas para protegerse.
Además, en los meses recientes ya suman cinco casos de feminicidio en
Yucatán, sin que los medios de comunicación informen con apego a los
Derechos Humanos (DH) y sin que las autoridades locales sepan cómo
investigarlos, observó Ortiz.
Consideró que los logros del Primer Congreso Feminista respecto al voto
femenino están “estancados parcialmente”, porque muchas mujeres no
participan políticamente.
La joven activista también apuntó que entre las personas que este año
conmemorarán los 100 años del Primer Congreso Feminista en Yucatán hay
una brecha generacional muy amplia, ya que una parte de las
participantes tienen 50 años de edad y el resto tiene alrededor de 20
años.
Ortiz consideró que hubo una época en la que las mujeres –que ahora tendrían entre 30 y 40 años de edad– no se movilizaron ni
se organizaron políticamente como en los años del Primer Congreso
Feminista porque, entre otras razones, los procesos migratorios y los
gobiernos conservadores impidieron su desarrollo.
Sin embargo, las más jóvenes, las feministas actuales, se muestran de
nuevo muy interesadas en el movimiento y lo están reimpulsando como una
forma de resistir ante los embates que les presenta vivir a diario en un
contexto de violación a sus DH.
Hace
100 años, 600 mujeres se reunieron durante tres días para reflexionar
respecto a la condición social de las mexicanas. Eran las liberales de
la época. Hablaron de educación, independencia, de libertad. ¿Qué
dijeron del sufragio?
Era 1916 y estábamos en plena Revolución Mexicana. Pero en el sureste la
historia tenía su propio reloj. Y en Mérida, Yucatán, hubo la paz
suficiente para organizar al Primer Congreso Feminista.
En la convocatoria, emitida por el gobierno del estado, presidido por
Salvador Alvarado, queda clarísimo que se trata de romper paradigmas. Se
menciona que a la mujer se le “está educando para una sociedad que ya
no existe”, que es necesario que tenga una “educación que le permita
vivir con independencia”, y de que “pida su injerencia en el Estado”.
La comisión organizadora fue integrada por Consuelo Zavala Castilla,
como presidenta; Dominga Canto P., vicepresidenta; Adriana Vadillo y
Rosina Magaña, secretarias; entre otras. Y con el apoyo del gobierno,
reunieron a mujeres de todo el estado, en su mayoría maestras, que era
de las pocas profesiones a las que se permitía acceso a las mujeres.
Cuatro temas fueron discutidos en el Teatro Peón Contreras:
1) Los medios sociales para liberar a las mujeres del “yugo de las tradiciones”;
2) El papel de la escuela primaria “en la reivindicación femenina”; 3)
Las “artes y ocupaciones” para preparar a la mujer para el progreso;
4) “Las funciones públicas que puede y debe desempeñar la mujer a fin de
que no solamente sea elemento dirigido sino también dirigente de la
sociedad”.
Crónicas de la época hablan de un “encarnizado y potente debate de
ideas”, relata Nadima Simón Domínguez en “Los derechos políticos de las
mujeres en el Primer Congreso Feminista de Yucatán” (Medio Siglo de
Derechos Políticos de las Mujeres en México, Universidad Autónoma del
estado de Hidalgo y Federación Mexicana de Mujeres Universitarias,
2008), de quien tomo los datos para mi reflexión.
Con respecto al cuarto hubo dos posturas claramente diferenciadas. Una,
encabezada por Consuelo Zavala, que sostenía que la mujer todavía no
estaba preparada y que, por tanto, el hecho de votar y ser votada debía
dejarse “a las mujeres del porvenir”.
Y otra, encabezada por Francisca Ascanio, que postulaba la igualdad
intelectual de mujeres y hombres; cuestionaba que a los hombres no se
les pidiera preparación, pues los incultos votaban; y, como lo hiciera
Olimpia de Gouges y Mary Wolstonecraft a fines del siglo XVIII, afirmaba
que no le parecía natural que a las mujeres sólo les estuviera
reservado cumplir las leyes, sino que debía hacerlas también.
Consuelo insistió en que las mujeres requerían preparación y experiencia
antes de entrar a la lucha pública. Francisca sostuvo que la mujer
podía participar en cualquier cargo público, y que con más instrucción
lo haría incluso con mayor ventaja. Pero aceptó que se comenzara con el
derecho al voto en el ámbito municipal como opinó Dominga Puerto.
Consuelo propuso que en la conclusión de ese tema se precisara que las
reformas beneficiarían a la mujer del porvenir. Y Francisca replicó que
en el porvenir se encontrarían las mismas dificultades.
El punto se aprobó así: “Puede la mujer del porvenir desempeñar
cualquier cargo público que no exija vigorosa constitución física, pues
no habiendo diferencia alguna entre su estado intelectual y el del
hombre, es tan capaz, como éste, de ser elemento dirigente de la
sociedad”.
De inmediato 31 congresistas con Francisca Ascanio al frente, firmaron
una protesta y propusieron que se reformara la Constitución nacional y
la estatal para garantizar el derecho de las mujeres a votar y ser
votadas en elecciones municipales. Protesta que, evidentemente, no
prosperó.
Al final la historia le dio la razón a Francisca. En “el porvenir” las
mujeres toparon con las mismas dificultades para hacer valer los
derechos políticos.
A 100 años de distancia, del 13 al 16 de enero se conmemora en Mérida el Primer Centenario del Congreso Feminista.
Y yo estaré ahí honrando a estas mujeres que abrieron brecha. Sin duda a
Francisca Ascanio y a las congresistas que defendieron nuestros
derechos políticos. Pero también a Consuelo Zavala que, congruente con
su postura, dedicó su vida a fundar escuelas y preparar a mujeres en el
modelo de educación racional y laico.
Creo que a ambas les gustará saber que las mujeres preparadas de hoy comenzamos a conseguir la paridad.
Inician jornadas conmemorativas por Primer Congreso Feminista
Al
inaugurar hoy aquí las jornadas conmemorativas por los 100 años del
Primer Congreso Feminista, la activista Nancy Walker Olvera evocó el
esfuerzo de las mujeres “que se atrevieron a ser diferentes y lo fueron
en su casa, el trabajo, sus comunidades, en la escuela y la política”, a
fin de alcanzar derechos que ya son una realidad para las mexicanas.
“A todas las que tomaron la causa y padecieron sus consecuencias, a las
que se quedaron solas, a quienes las eliminaron, a quienes encarcelaron y
desacreditaron, a las primeras universitarias y las que se atrevieron a
dejar las casas de sus madres y sus padres y las de sus maridos, a las
que abiertas o escondidas se dieron a la tarea de planificar y ejercer
sus derechos sexuales y reproductivos, y a quienes seguramente alguna
vez se preguntaron si todo ese precio habrá valido la pena”, prosiguió.
“Hoy estamos aquí evocándolas y diciéndoles con un agradecimiento
inmenso que sí, que ha valido la pena cada esfuerzo y cada precio que
han pagado todas aquellas mujeres que nos han precedido”, refrendó la
defensora de los derechos sexuales y reproductivos.
Con cuatro macetas de barro, cada una con su racimo de flores y
acomodadas como la cruz cósmica de los pueblos originarios de Yucatán,
la activista habló sobre las demandas de las mujeres actuales y su
fuerza para mantener la exigencia por el respeto y reconocimiento de sus
derechos.
Nancy Walker recordó que en estos 100 años han nacido mujeres
–representadas por las flores color maíz del recinto– que son semillas
que siguen germinando: las obreras, las académicas, pero también las
políticas, las músicas, las empresarias, las policías, las zapatistas,
las bomberas, las taxistas…
Así, tras dos años de preparación, el Comité Conmemorativo del Primer
Congreso Feminista –integrado por más de 15 mujeres de diferentes edades
y expertas en distintas disciplinas– dio inicio a las actividades con
las que se espera que –como hace 100 años– esta ciudad blanca de
vestigios mayas anide nuevamente acuerdos por los derechos de las
mexicanas.
Académicas y activistas –vestidas con blusas de bordados indígenas–
abanderaron la organización de las distintas mesas de trabajo y
discusión (de casi 60 temas propuestos) que se realizarán a lo largo de
la semana, y en las que se abordarán asuntos de salud, participación
política y libertad de las mujeres, entre muchos otros.
El ajetreo y el ánimo festivo son más que visibles en los recintos más
importantes de esta capital estatal, tales como el Centro Cultural
Olimpo, la Universidad Autónoma de Yucatán, el Teatro José Peón
Contreras, y el Palacio Legislativo.
La efeméride y las jornadas que la conmemoran –para las que el Comité
hizo una extensa recopilación histórica– trajeron hasta esta ciudad a
las académicas y feministas Marcela Lagarde de los Ríos, y Marta Lamas, a
las legisladoras Angélica de la Peña y Martha Lucía Micher Camarena,
así como a otras mujeres destacadas en diferentes ámbitos de la esfera
pública.
La inauguración del evento también reunió a Elisa García Ancona, sobrina
de Consuelo Zavala; las sobrinas de Elvia Carrillo Puerto, y familiares
de Piedad Carrillo Gil, mujeres que participaron en aquel Primer
Congreso Feminista y de amplia trayectoria política en el estado y el
país.
Feministas de diferentes estados, mujeres y hombres, jóvenes y adultas,
escucharon y aplaudieron el video que realizó el Comité Conmemorativo
para homenajear a las yucatecas y otras mexicanas emblemáticas de la
época posrevolucionaria.
Como parte de esta jornada, la historiadora Piedad Peniche Rivero –quien
la década pasada presidio el Archivo Histórico de Yucatán– hizo un
recuento del contexto en el que se desarrolló el Primer Congreso
Feminista de 1916.
Por su parte, la académica Marta Lamas hizo un balance del movimiento
feminista en México a 100 años de haberse realizado el Primer Congreso.
100 años después, Congreso yucateco le rinde homenaje
El
nombre de Elvia Carrillo Puerto, primera diputada mexicana electa en
1923, hoy se convirtió también en el primer nombre femenino inscrito en
el muro de honor del Poder Legislativo de esta entidad.
Junto al ex gobernador de Yucatán Manuel Cepeda Pedraza y al socialista
Felipe Carrillo Puerto, el nombre de Elvia Carrillo Puerto –feminista
convencida de la democracia y de la participación política de las
mujeres posrevolucionarias– resplandece desde ahora con letras doradas
en el salón de sesiones del Congreso local.
Debajo del nombre de la destacada política también reza la inscripción:
“Promotora del reconocimiento de los derechos de las mujeres”.
Así conmemoró el Poder Legislativo estatal los 100 años del Primer
Congreso Feminista celebrado en Yucatán en 1916, en paralelo a las
conferencias que organizaron académicas y activistas en el Centro
Cultural Olimpo, en esta capital.
Entre honores de la banda de guerra y con las legisladoras vestidas con
trajes típicos, la presidenta del Congreso yucateco, Celia María Rivas
Rodríguez, develó el nombre de la pionera feminista y rememoró en su
discurso la vida de Elvia Carrillo, quien además de impulsar el sufragio
de las mujeres, pugnó por el derecho a la planificación familiar y las
garantías agrarias para las campesinas.
Una vez que la placa con letras de oro quedó develada, las mujeres
presentes en el recinto legislativo celebraron este reconocimiento al
grito de “paridad”.
Entre las asistentes al homenaje estaba la académica Marcela Lagarde de
los Ríos, quien en 2014 recibió justamente el galardón “Elvia Carrillo
Puerto” que otorga el Senado por mérito a favor de los derechos de las
mujeres.
En entrevista con Cimacnoticias, la antropóloga feminista dijo sentirse
identificada con la trayectoria de Carrillo Puerto, quien promovió el
socialismo y la izquierda desde un enfoque feminista.
Lagarde puntualizó que a 100 años de distancia, el Congreso Feminista
–primer evento político y visible de las mexicanas– es un ejemplo de
voluntad política por contribuir a que las mujeres se organicen para
participar en la definición de un nuevo Estado.
Agregó que aquellas mujeres que participaron en ese Primer Congreso
pudieron optar por las armas –como antes habrían hecho los varones– para
incidir en el auge constituyente, pero se decidieron por la democracia
que –observó– es también el devenir de las mujeres políticas
contemporáneas.
“El feminismo es democrático y (el Congreso Feminista de 1916) fue un
aporte para el país (…), fue decirle a México que había un conjunto de
problemas de género que había que enfrentar. Eso en medio de una
Revolución en la que los señores creían que ellos discutían las cosas
más importantes”, resaltó Marcela Lagarde.
La autora de “Los cautiverios de las mujeres…” se dijo complacida por el
acto en el que se le rindió honores al feminismo. Y señaló que es
momento de que las feministas “hagan un alto para discutir dónde están
respecto a las demandas que plantearon quienes las precedieron”.
La investigadora acotó que en estos 100 años no sólo ha habido desafíos
para el feminismo, sino que también hubo “derrotas terribles”, y puso
como ejemplo los altos niveles de violencia, el feminicidio, la ausencia
de una cultura democrática en México, y la falta de respeto a los
Derechos Humanos. “Lo que necesitan las mujeres tiene que ver con lo que
necesita el país”, enfatizó.
En el evento oficial también estuvieron presentes la presidenta del
Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), Lorena Cruz; la senadora
por el PRD Angélica de la Peña, y la diputada federal por el PRI Laura
Nereida Plascencia Pacheco.
El Poder Legislativo estatal también develó una placa conmemorativa del
Primer Congreso Feminista, expuso documentos históricos sobre la
participación de las mujeres, y dio el nombre de Consuelo Zavala
Castillo –principal convocante y organizadora del evento de 1916– al
salón de usos múltiples de la Cámara de Diputados yucateca.
Las y los legisladores locales también develaron el retrato en óleo de
Rita Cetina Gutiérrez, Consuelo Zavala Castillo, Elvia Carrillo Puerto y
Beatriz Peniche Barrera, organizadoras y participantes del Primer
Congreso Feminista en Mérida, Yucatán.
Rumbo al centenario del 1er Congreso Feminista de México
El
anticlericalismo masón de finales del siglo XIX y principios del XX
promovió, desde las esferas del gobierno, las escuelas laicas para
niños, pero también para niñas. Esto facilitó el surgimiento de un grupo
de mujeres ilustradas, muchas emparentadas con los liberales masones,
que promovían el pensamiento científico.
Esto representó gran ventaja para la lucha emancipadora de las mujeres,
ya que lograron obtener de este modo una profesión, un lugar
preponderante en el espacio público y autonomía en sus ingresos
económicos.
Las mujeres yucatecas ilustradas, con intereses diferentes a los de los
masones de su época, pero ligadas a ellos por parentesco y afinidades
ideológicas, empezaron a cuestionar su papel en la familia y en la
sociedad gracias, entre otros factores, a su actividad de profesoras en
los liceos, a su participación en sociedades culturales donde tenían
acceso a los periódicos, revistas nacionales y extranjeras, y al
intercambio epistolar con mujeres de otras partes del mundo.
Por eso se entiende que, a finales del siglo XIX y principios del XX, en
Yucatán una generación de mujeres ilustradas, educadoras y promotoras
de las bellas artes, vinculadas a los políticos liberales, la mayoría
masones, iniciara el proceso de deconstruir lo que hasta ese momento se
consideraba la esencia y el deber ser femenino.
SIEMPREVIVA, REVISTA Y LICEO
Ejemplo de esta generación es el del grupo de maestras que conformaron,
junto con la profesora Rita Cetina, la organización que fundó la
revista Siempreviva y el liceo de niñas con el mismo nombre.
No fue un caso aislado, ya que otras mujeres abrieron escuelas gratuitas
y laicas para niñas en las pequeñas ciudades y villas del interior del
Estado, con lo que influyeron en las nuevas generaciones a través de la
educación, en proyectos editoriales, en la promoción de nuevas
doctrinas, como integrantes de sociedades culturales y, por supuesto, en
la construcción de proyectos laborales para su género.
Se fundaron en esa época diversas sociedades culturales, apoyadas por
masones, en la capital y en las poblaciones más importantes del estado,
con el fin de promover actividades como la creación literaria y la
lectura, puestas en escena y veladas musicales, así como bailes y
fiestas, dirigidas a la clase media y alta. También se discutían temas
como la condición de las mujeres, a quienes llamaban “Hijas de Eva”.
Fue en la sociedad “Progreso y Recreo”, ubicada en Espita, donde las
mujeres fueron aceptadas como socias. En el conmovedor discurso de
aceptación se las reconoció como iguales, al menos en el aspecto de su
capacidad intelectual y en cuanto a sus derechos de participar en las
doctrinas liberales que se discutían y promovían en dicha sociedad:
“¿Por qué no aceptarlas? Acaso por su condición de mujer, no tienen el
supremo derecho de disfrutar también y de participar de las sabias
doctrinas que lanzan a los cuatro vientos la Sociedad… ¿Acaso no
tendrían el criterio y suficiente alcance intelectual, para aportar sus
conocimientos? Nada de eso, entendemos que la mujer tiene también
capacidad para tomar parte en las actividades humanas”.
LITERATAS, MAESTRAS Y FEMINISTAS
No fue casual, entonces que en Espita las mujeres dirigieran y
administraran una revista mensual literaria, cuyo primer número apareció
primero de agosto de1912: “Arpa Eolia”, dirigida por Pilar Fontanilles
de Rueda, quien era también directora de la Escuela “Manuela Olivares”
y esposa de José Rueda Ontiveros, director y gerente del semanario
local “El Demócrata”.
Años después, la directora de la revista Arpa Eolia formó parte del
Comité Organizador del Primer Congreso Feminista de Yucatán, realizado
en 1916, como responsable de estudiar y aprobar los trabajos que se
presentaron.
Escribía Rita Cetina: “Tratar, pues de difundir ese amor al estudio y a
la caridad; de trabajar entusiasmadas a pesar de nuestra debilidad,
porque la mujer salga completamente de la esclavitud de la ignorancia y
entre con paso lento, pero firme, en el sacrosanto templo de la verdad y
de la ciencia; ese es nuestro objeto”
Más claramente liberales no podían ser sus palabras: luz, verdad,
templo, ciencia, trabajo, pero también caridad, tal como las liturgias
masónicas demandaban a las mujeres de la época.
Podríamos afirmar que las profesoras y literatas yucatecas formaron el
sector de mujeres de donde surgió el feminismo yucateco, e impulsaron
importantes cambios en las concepciones sobre el ser y deber femenino.
Esto, pese a las pugnas entre los grupos de poder entre el sector
eclesiástico y los discursos liberales del Estado.
De esta forma, salidas de las logias masónicas, apoyadas por Eligio
Ancona y por el vicegobernador Carlos Peón Machado, se crearon las
organizaciones “El Conservatorio”, así como “La Emulación”, cuyo
propósito era fundar un liceo para niñas y establecer un colegio bajo
el concepto de “libertad de conciencia”. Posteriormente, el 4 de
septiembre de 1905, el Colegio Consuelo Zavala fue fundado como laico y
mixto.
Durante todo el Porfiriato, en Motul, Progreso, Izamal, Valladolid,
Tizimín, Espita, Hunucmá, y en numerosas comunidades más en el estado,
se abrieron centros educativos donde un grupo de mujeres ilustradas
salió de sus hogares para formarse en los liceos, impartir cátedras y
lograr su independencia económica.
En 1901 funcionaban en el estado 203 escuelas primarias de varones y 131
de niñas, un buen número de ellos dirigidos por mujeres. Y en estos
proyectos sobresalieron nombres como el de Ángela González Menéndez de
la Peña, quien fue directora del liceo de niñas en Izamal en 1875 y más
tarde del Valladolid y en 1888 fundara en Progreso el liceo “Martina
Marín”9.
CONGRESO FEMINISTA, ¿POR QUÉ EN YUCATÁN?
Dos hechos importantes explican que fuera en Yucatán, y no en otra parte
de México, donde se realizó el Primer Congreso Feminista: la existencia
de un grupo de mujeres yucatecas ilustradas vinculadas a grupos
liberales que pugnaban por transformar las concepciones sobre el ser y
deber ser femenino, y la llegada del General Salvador Alvarado a
Yucatán, masón liberal que al llegar a la Península incorporó en su
equipo de gobierno a sus hermanos yucatecos, con los que compartía los
mismos principios ideológicos y un discurso revolucionario.
El Comité Organizador del Congreso estuvo formado por profesoras, entre
ellas: la presidenta Consuelo Zavala Castillo y la vicepresidenta
Dominga Canto Pastrana, fundadora de la segunda escuela laica para
niñas. Su nombramiento se hizo, tampoco casualmente, en la Escuela
Central Civil de niñas el 13 de noviembre de 1915, lugar donde se
realizaron gran parte de las reuniones para la organización del
Congreso.
Todas ellas mantenían un pensamiento liberal, defendían la laicidad, la
autonomía económica y la educación científica de las mujeres, como
medios para lograr su emancipación, aunque temas como el sufragio
femenino y la libertad sexual no aparecían entonces entre sus
prioridades.
Para a celebración del Congreso, el Comité Organizador pidió al
Departamento de Educación Pública la suspensión de clases en todas las
escuelas del estado, para que las profesoras pudieran asistir.
* Este artículo fue originalmente publicado por el periódico ¡Por esto!, de Yucatán.
**Académica del Centro de Investigaciones Sociales, del Centro de
Investigaciones Regionales "Dr. Hideyo Noguch", en la Universidad
Autónoma de Yucatán. Autora de los libros “Deshaciendo nudos” y “Mujeres
en tierras mayas”.