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1/31/2015

México: Las mujeres indígena en completa marginación


La pobreza entre las y los indígenas mexicanos es más extrema que entre la población en general

la población indígena asciende a 15,7 millones de personas, aproximadamente el 12% del total nacional, de los cuales 56% son mujeres.

Gloria Analco

México DF., 28 ene. 15. AmecoPress/SEMlac.- Las mujeres indígenas no han resultado beneficiadas en México con los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) que los líderes de gobierno de todo el mundo adoptaron en el año 2000 para cumplirse antes de 2015.

La pobreza entre las y los indígenas mexicanos es más extrema que entre la población en general. También enfrentan más carencias en el acceso a la alimentación; el rezago educativo llega al 50 por ciento y cerca del 40 por ciento de su población tiene dificultades para obtener vivienda, según distintas instituciones del Estado mexicano.

Los ODM se establecieron en un marco global para el desarrollo en el mundo y comprenden ocho fines, entre ellos erradicar la pobreza extrema y el hambre, promover la igualdad entre los géneros y la autonomía de la mujer, así como mejorar la salud materna y reducir las dificultades para acceder a los servicios de salud o a las instituciones de justicia.

A 15 años de establecidos esos objetivos, además de ser víctimas de discriminación, se han agravado los problemas que padecen los pueblos indígenas en general y sus mujeres en particular.

A ello se agrega que muchos pueblos autóctonos son desplazados forzosamente de sus tierras o sus habitantes son explotados económicamente, ya que muchos de los recursos naturales se encuentran donde viven estas poblaciones, que son despojadas por grandes multinacionales en contubernio con las autoridades locales. Ello se ha agudizado con la explotación de las minas, el petróleo y la electricidad por los particulares.

Celia Aguilar, experta en indigenismo y asesora de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU), señaló que el marco legal existente a nivel internacional, continental y nacional, que establece la protección de los derechos humanos de los pueblos indígenas, sería suficiente para asegurar todos sus derechos si los gobiernos asumieran sus obligaciones.

Agregó que ya en sí mismo ese marco legal es un avance muy significativo y muchas organizaciones trabajan para hacerlo realidad. Según datos ofrecidos por la Organización de Naciones Unidas (ONU), en América Latina y el Caribe existen entre 45 y 50 millones de personas indígenas, lo que equivale al 10 por ciento del total de la población en la región.

En México la población indígena asciende a 15,7 millones de personas, aproximadamente el 12 por ciento del total nacional, de los cuales 56 por ciento son mujeres.

En algunos lugares ellas han asumido un liderazgo en la demanda de los derechos de los pueblos indígenas, en procesos de resistencia contra las fuerzas coloniales que intentan despojarlas de sus recursos, destacó Aguilar.

De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), dependiente de la Secretaría de Gobernación, la situación de pobreza es más aguda en la población indígena que en la general.

Al cierre de 2012, el 45,5 por ciento de los habitantes del país estaba en condiciones de pobreza, o sea, 53,3 millones de personas, mientras que la pobreza de las personas indígenas era del 72 por ciento, lo que equivale a 8,2 millones de ciudadanos.

De ese 72 por ciento, el 45,4 corresponde a indígenas en pobreza moderada y el 26,6 a indígenas en pobreza extrema, cifras que contrastan con la población no autóctona, para la cual la pobreza moderada es de 35,5 por ciento y la extrema de siete por ciento.

El reporte del Coneval, emitido en 2014, señala que los indígenas enfrentan más carencias en el acceso a la alimentación, de casi 40 por ciento, que el resto de los habitantes del país, de alrededor del 20 por ciento.

En el tema de la vivienda ocurre otro tanto, ya que la población nacional con dificultades para hacerse de una casa o departamento es poco mayor al 10 por ciento, mientras que en el caso de los pueblos originarios, esas dificultades se acercan al 40 por ciento.

En educación, el rezago es de 20 por ciento en la población en general y entre los y las indígenas casi llega a 50 por ciento, y afecta sobre todo a las mujeres por patrones patriarcales muy marcados en sus comunidades.

Los tres estados con mayores índices de reprobación en primaria y secundaria son Guerrero, Michoacán y Oaxaca, tres de las entidades del país con más población indígena, según la organización civil Mexicano Primero.

Los problemas para acceder a los servicos de salud son similares en la población en general y de los indígenas, pues en ambos casos supera al 20 por ciento, de acuerdo con el reporte del Coneval.

Esa situación se agudizó más en las mujeres indígenas, que en varias ocasiones han tenido que parir en patios o baños de hospitales por discriminación y negativa de atención inmediata por parte de autoridades en centros médicos.

También persiste una alta tasa de mortalidad materna, concentrada en los sectores de más bajos ingresos, especialmente en las poblaciones indígenas, donde existen los mayores obstáculos para el acceso a la salud.
De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en 2010 se registraron 1.078 decesos de mujeres por causas asociadas al embarazo, parto y puerperio, lo cual equivale a una tasa de 56 por cada 100.000 nacidos vivos.

Para 2011, la Dirección General de Epidemiología, de la Secretaría de Salud, reportó 1.036 defunciones, es decir, una tasa de 54,1 por 100.000.

Las causas de la muerte materna indígena responden a un complejo problema de salud pública, donde se combinan factores económicos, la falta de acceso y calidad de la atención médica, las creencias y costumbres que rigen el comportamiento de esas comunidades.

También la dificultad con que el sistema de salud occidental se relaciona con esas poblaciones, así como las políticas del Estado mexicano, según un estudio realizado por Judith Bocos Ruiz, del Centro de Estudios de Ayuda Humanitaria, titulado "Situación de las Mujeres en los Pueblos Indígenas de América Latina. Obstáculos y Retos".

Por otra parte, las barreras de las poblaciones indígenas para acceder a la justicia son mucho más agudas que para el resto de la población, según la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNHD), organismo que reconoce que los y las indígenas encaran una alta probabilidad de tener un proceso judicial sin apego a la ley, que en última instancia termine con una sentencia de prisión.

Esa entidad precisó que hay 8.334 indígenas en cárceles mexicana, de los cuales la mayoría no han sido asistidos por un defensor e intérprete o traductor acompañante, incluso en muchas ocasiones desconocen el motivo por el que están internos.

La población de mujeres indígenas en la cárcel asciende a 290, de las cuales 236 son del fuero común y 54 del fuero federal, según la CNDH en un reporte de mediados de 2013, cifra que pudo haber variado en el presente, aunque no drásticamente.

El Congreso impulsa varias iniciativas de reforma para garantizar que cuando una persona sea detenida cuente con un intérprete para, en caso de no dominar el español, le explique cuáles son sus derechos.

Otro tema de gran importancia que refleja la situación de estas poblaciones en México es la discriminación de la que cotidianamente son víctimas, como lo señaló una encuesta realizada por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED), según la cual el 44,1 por ciento de los mexicanos considera que no se respetan los derechos de los pueblos indígenas.

Se trata del porcentaje más alto, por encima de quienes creen que no se respetan los derechos de personas homosexuales (42,4%), de migrantes (40,8%), adultos mayores (34,8%) y personas con discapacidad (34%). El CONAPRED señala que esa situación de discriminación se materializa en la falta de oportunidades para acceder a otros derechos fundamentales, como la educación, la salud y el empleo.

Se ha avanzado mucho en leyes internacionales para el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas. En el marco de las Naciones Unidas cabe destacar, sobre todo, la aprobación del Convenio 169 sobre Pueblos Indígenas y Tribales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT, 1989) y la aprobación en 2007 de la Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, destacó Aguilar.

También se han establecido organismos especializados como el Relator Especial para los Derechos Humanos y las Libertades Fundamentales de los Indígenas, el Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas y el Foro Internacional de Mujeres Indígenas (FIMI), que han dado más marco legal al apoyo de los derechos de los pueblos indígenas, destacó.

En otros tratados también se ha reconocido el papel vital de los pueblos indígenas en el desarrollo sostenible, y especial mención merece la IV Conferencia Mundial de la Mujer (Beijing, 1995), por ser la primera que prestó atención a las indígenas y a su problemática y reivindicaciones específicas.

Otro avance en cuanto a reconocimiento de los derechos de estas mujeres puede verse en el punto 17 del Plan de Aplicación de los Pueblos Indígenas para el Desarrollo Sostenible, diseñado por representantes indígenas en la Cumbre de Johannesburgo.

Pero respecto a los ODM, cuya evaluación tendrá lugar en la Asamblea de la ONU en el presente año, deberán tomarse medidas específicas para garantizar que se cumpla el marco legal ya establecido en todas esas leyes y convenios, por parte de todos los niveles de gobierno y autoridad en los países rezagados, específicamente en México, donde menos han sido cumplidos, sostiene Aguilar.

6/21/2014

Las indígenas en reclusión, tortura y terror



El sistema penitenciario en México carece de un enfoque de género y por ello hay una constante vulneración de los derechos humanos en la cárceles, lo que se expresa en graves diferencias de la norma para con las mujeres, mucho peor para las indígenas

 Gloria Analco, Sara Lovera


México D.F., 12 jun. 14. AmecoPress/SEMlac.- Vivir en una cárcel es ya de por sí una penuria; para las mujeres significa hacinamiento, trato indigno, castigos inenarrables, cero atención médica y pésima alimentación. Si, además, se es indígena, la situación es de terror.

Cerca de 12.000 mexicanas lo padecen y muchas fueron detenidas arbitrariamente. A ellas nadie las visita y son discriminadas al interior del sistema penitenciario.

Leticia Escandón Carrillo, cuarta visitadora de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), informó que entregó un informe exhaustivo al Congreso de la Nación, especialmente sobre la situación de las mujeres indígenas, que debe atenderse con carácter urgente.

Mientras, el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), mediante su secretaria ejecutiva, Marcela Eternod Arámburu, demandó a los legisladores a crear leyes y reglamentos de justicia con visión de género "para mejorar las condiciones en las que se encuentran actualmente 294 mujeres indígenas en reclusión".

Para Escandón Carrillo, el sistema penitenciario en México carece de un enfoque de género y por ello hay una constante vulneración de los derechos humanos en la cárceles, lo que se expresa en graves diferencias de la norma para con las mujeres, mucho peor para las indígenas.

Las mujeres encarceladas cargan una vida de tantas dificultades que llevó a la CNDH a elaborar un informe que ya estudia la Cámara de Diputados y que fue entregado a la Comisión legislativa en esa materia para que sea atendido con carácter "urgente".

Lo más grave, explicó Escandón Carrillo, es la discriminación hacia las indígenas en la vida cotidiana, en la que participan el personal penitenciario y las reclusas urbanas.

A ello se suma el sufrimiento habitual de las mujeres en los penales: hacinamiento, trato indigno, castigo excesivo, escasa atención médica y pésima alimentación, lo que contraviene normas nacionales e internacionales sobre los derechos humanos de las mujeres privadas de la libertad.

Agregó que, por razones de confidencialidad, es imposible conocer los nombres de las indígenas en reclusión, pero precisó que en 2013 la población autóctona carcelaria del país era de 8.486 personas; de ellas, 290 mujeres (3,42 %).

Esa composición se ha modificado en el actual año, de acuerdo con un informe no publicado de la Cuarta Visitaduría General de la CNDH, al cual SEMlac tuvo acceso. El documento registra una reducción a 8.335 de la población indígena en las cárceles, de la cual 294 son reclusas, para 3,52 por ciento de la población indígena total.

Por entidad federativa, se encuentran encarceladas, actualmente, 21 mujeres indígenas en Oaxaca; 58 en Chiapas; 53 en Puebla; 19 en Veracruz; ocho en Guerrero; 31 en el Distrito Federal; 18 en Yucatán; seis en San Luis Potosí; una en Chihuahua; 11 en Hidalgo; 19 en el estado de México y cinco en Sonora.

A esas cifras se agregan dos en Nayarit; ocho en Michoacán; dos en Quintana Roo; una en Campeche; dos en Morelos; dos en Tabaco; tres en Sinaloa; una en Jalisco; dos en Baja California; dos en Baja California Sur; tres en Querétaro; una en Nuevo León; una en Zacatecas; una en Aguascalientes; nueve en el Complejo Penitenciario Islas Marías y cinco en CEFERESO Femenil Noroeste-Nayarit.

Las reclusas indígenas pertenecen a 27 diferentes grupos étnicos del país: Náhuatl (79), Tzotzil (41), Mixteco (20), Otomí (20), Zapoteco (19), Maya (19), Tzeltal (19), Totonaca (18), Mazateco (15), Mazahua (8), Mixe (7), Tlapaneco (6), Chol (6), Chinanteco (5), Mayo (5), Purépecha (4), Huasteco (3), Amuzgo (2), Chatino (2), Cora (2), Huichol (2), Quiché (2), Zoque (2), Cuicateco (1), Pame (1), Matlatzinca (1), y Tarahumara (1).
Los cambios en la composición de esta población, de un año a otro, obedecieron a que se otorgaron 10 libertades a mujeres indígenas, derivado de las gestiones realizadas por la CNDH ante las autoridades penitenciarias, en colaboración con los jueces de Ejecución de Sentencias, en diferentes entidades, a la vez que hubo nuevos ingresos a los penales, según consta en el citado informe, por lo que actualmente suman 294.

Durante 2013 y lo transcurrido de 2014, los principales presuntos delitos atribuidos a las indígenas en reclusión en todo el país fueron: homicidio, robo, fraude, lesiones, contra la salud y delitos contra el medio ambiente, según el mismo documento.

Los delitos contra la salud están relacionados con mujeres que son engañadas y enviadas a la frontera con droga, forzadas a hacerlo para proteger a sus maridos o bien por verse involucradas en los campos de cultivo de amapola o cannabis. Ellas son retenidas en centros penitenciarios del norte del país, donde quedan aisladas, sin atención jurídica y sin familia.

Entre los actos violatorios más frecuentes que encuentra la CNDH en contra de las indígenas están las detenciones arbitrarias, la incomunicación, tratos crueles y la falta de asesoría jurídica inmediata y de traductores en sus lenguas.

En México hay 418 centros de reclusión, apenas 10 de ellos son exclusivos para mujeres. Las cifras más recientes de la CNDH indican que en las cárceles hay 11.901 mujeres, de las cuales 8.839 (72,27 %) tienen procesos llamados del fuero común, que pueden ser juzgados por la entidades de la República, y 3.062 (25,72 %) del fuero federal, de carácter nacional, como los de la salud.

Del total, solo 4.189 (apenas 35,19 %) se encuentran recluidas en cárceles exclusivas para mujeres, mientras que 7.712 (64,80 %) están en centros mixtos.

La población femenina recluida apenas representa 4,87 por ciento del total de la población encarcelada, razón por la cual, según la CNDH, la infraestructura, la organización y el funcionamiento de las cárceles y del sistema penal giran en torno a las necesidades de los hombres.

La secretaria ejecutiva del Inmujeres, Marcela Eternod, señaló que, al procesarlas, 67 por ciento del personal encargado de impartir justicia en 15 Tribunales Superiores (de los 32 del país) desconoce todos los instrumentos internacionales de protección a los derechos de las mujeres.

Agregó que era inadmisible que, al momento de emitir un acuerdo, de proyectar o dictar una sentencia, "se haga caso omiso del marco jurídico nacional e internacional relativo a los derechos de las mujeres, que no se considere su situación ni su contexto y mucho menos las implicaciones y consecuencias que conlleva".

Por ello, llamó a los legisladores a crear leyes y reglamentos de justicia con visión de género, para mejorar las condiciones de las mujeres en las cárceles, particularmente de las indígenas en reclusión.

La situación que describe la CNDH sobre los centros de reclusión, destinados exclusivamente a las mujeres, es desolador, pues presentan una serie de restricciones o carencias materiales que no les permite el ejercicio de sus derechos humanos.

Mientras, en los establecimientos mixtos, por ser considerablemente más numerosa la población masculina, las internas atraviesan por situaciones en las cuales su dignidad se ve socavada y están expuestas a una sistemática violación de los derechos humanos establecidos en leyes y convenios, tanto locales como internacionales.

La CNDH como Inmujeres coinciden en que las autoridades penitenciarias, tanto en el ámbito local como federal, deben implementar medidas para garantizar el respeto y ejercicio pleno de los derechos humanos de las mujeres en prisión, con espacios de reclusión exclusivos para ellas, para evitar así afectaciones por las adecuaciones que suelen hacerse a las instalaciones mixtas que las albergan y donde, en muchas ocasiones, las obligan a compartir diversas áreas comunes con los hombres.

Están expuestas a maltrato, abuso sexual y violación

Tras advertir las graves deficiencias y carencias que padecen las reclusas, ambas entidades llaman a los legisladores a adecuar las leyes mexicanas a los convenios internacionales para que las reclusas reciban el trato digno, salud, alimentación, legalidad y reinserción social que estos establecen.

Por ejemplo, la Corte Interamericana, en el Caso Yvon Neptune Vs. Haití, sentencia de 6 de mayo de 2008, considera que el artículo 5.4 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos impone a los Estados la obligación de establecer un sistema de clasificación de los reclusos y reclusas en los centros penitenciarios, no solo en diferentes celdas, sino también en que estas estén ubicadas en diferentes secciones dentro del penal, o en diferentes establecimientos.

Esta Comisión Nacional considera que el adecuado funcionamiento de los centros de internamiento se logra con la conducción disciplinada por parte de una autoridad que tenga la preparación, capacidad, uso y dominio de habilidades propias de su actividad o función, que goce de prestigio y mantenga el orden mediante el respeto a los derechos humanos de las internas.

La Comisión ha emitido diversos pronunciamientos, particularmente la Recomendación General número 18 sobre la situación de los derechos humanos de los internos en los centros penitenciarios mexicanos, emitida en septiembre de 2010, y ha insistido en que la obligación de proporcionar a cada recluso y reclusa la asistencia médica es uno de los deberes del Estado cuando priva de la libertad a una persona, a quien por su situación de encierro le es imposible satisfacer por sí misma sus necesidades.

En opinión de la CNDH, el sistema penitenciario debe tener muy en cuenta los pronunciamientos sobre derechos humanos del Comité para la Eliminación de la Discriminación Contra la Mujer (CEDAW).

Este comité define la discriminación contra la mujer como "toda distinción, exclusión o restricción basada en el sexo, que tenga por objeto o por resultado menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio por la mujer, independientemente de su estado civil, sobre la base de la igualdad del hombre y la mujer, de los derechos humanos y las libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural o civil o en cualquier otra esfera".

En el ámbito interamericano, la Convención Belém do Pará señala que la violencia contra la mujer "es una manifestación de las relaciones de poder históricamente desiguales entre mujeres y hombres" y reconoce el derecho de toda mujer a una vida libre de violencia y a ser libre de toda forma de discriminación.

Los artículos 26 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, el 2.2 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, 1 y 2 de la Convención Sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer y 1 de la Convención Interamericana sobre Concesión de los Derechos Civiles a la Mujer refieren que todas las personas son iguales y tienen derecho sin discriminación a igual protección de la ley, sin distinción de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición social.

Foto: Archivo AmecoPress. 

5/29/2014

No a la impunidad: cruzada de capacitación para los juzgadores



Escrito por Sara Lovera y Gloria Analco   

Pachuca, México, mayo (SEMlac).- Para identificar avances y desafíos de la Convención de Belém do Pará hay que evaluar las prácticas judiciales en los Estados de América Latina y el Caribe que la han suscrito. En muchos países se siguen liberando feminicidas y es un imperativo hacer una cruzada de capacitación, sensibilización y educación para quienes integran las instituciones de justicia.


La ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) de México, Olga Sánchez Cordero, afirmó que "juzgar con perspectiva de género no es opcional, es una obligación" y explicó que, en ese poder, tal responsabilidad está legislada. Llamó a todos los poderes a adoptar las medidas de la Suprema Corte.

En su intervención en el Foro Hemisférico Belém do Pará +20, bajo el tema "Prácticas promisorias desde el ámbito nacional: El sector de la justicia", la titular de la SCJN dijo que el Poder Judicial de México se ha echado a cuestas el compromiso de poner en ejercicio el "Protocolo para juzgar con perspectiva de género: haciendo realidad el derecho a la igualdad", publicado en agosto de 2013, para que quienes imparten justicia lo apliquen en términos de igualdad de género.

En la misma mesa de trabajo del Foro Hemisférico, organizado en la capital del estado mexicano de Hidalgo, Flora Ascelrad, de la Oficina de la Mujer de la Suprema Corte de Justicia en Argentina, expresó que el poder judicial en su país es una estructura patriarcal que hoy se está reformando.

"Somos más habitantes mujeres que varones, pero ¿dónde están las mujeres en la impartición de justicia?, se preguntó.

A su vez, Xóchitl María Benedeck Rivera, directora ejecutiva del Instituto Salvadoreño para el Desarrollo de la Mujer, manifestó que en su país han implementado un protocolo para la fiscalía con perspectiva de género, pero ha encontrado mucha resistencia para su aplicación en el aparato judicial.

En el panel, que tuvo como moderadora a la comisionada de la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres, Alejandra Negret Marayta, la Ministra de la SCJN de México precisó que el protocolo del organismo judicial que representa surgió, entre otras razones, para dar cumplimiento a las obligaciones internacionales contraídas por México.

También para atender las sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos contra México, algunas trascendentes y de obligada atención.

Agregó que dicho protocolo ofrece una metodología de análisis que facilita la implementación de la perspectiva de género en la solución de un conflicto, que desde su publicación y traducción a varias lenguas originarias había sido descargado para consulta en más de 15.000 ocasiones.

Sánchez Cordero dijo que, hasta el momento, se han recibido 17 sentencias en las que se evalúa la aplicación del protocolo y se advierte la implementación de la perspectiva de género, tanto en el cuerpo de la sentencia como por parte de las autoridades jurisdiccionales que intervinieron en los casos.

Informó que el Protocolo para juzgar con perspectiva de género solo ha sido implementado, hasta la fecha, por siete entidades federativas, de las 32 de México, incluido el Distrito Federal, capital de la República; por lo que Hidalgo, estado donde tuvo lugar este foro, tendría que adoptarlo mediante su Tribunal Superior de Justicia.

Por su parte, el poder judicial de Argentina ha guiado su marco normativo sobre la base de lo establecido por la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), según precisó Ascelrad.

Explicó que los juzgadores se enfrentan a una sobrecarga de trabajo, lo que ha hecho difícil que se pongan los "lentes de género"; de ahí, al igual que México, se hicieron protocolos en formatos pequeños con el contenido de los talleres para incorporar la perspectiva de género, además de que el material teórico se distribuyó en discos compactos, acompañado de ejercicios prácticos vinculados a la tarea judicial.

El resultado de este proceso ha sido, dijo, que jueces y juezas comenzaron a enviar sentencias en las que aplicaban la perspectiva de género y se empezaron a crear oficinas en diferentes provincias para jerarquizar las cuestiones de género con casos de trata, violencia doméstica y todos los asuntos que tienen que ver la violencia hacia las mujeres.

Flora Ascelrad señaló que "lenta, pero irreversiblemente, la perspectiva de género se va instalando en nuestras vidas".

Benedeck Rivera, de El Salvador, habló de la práctica de la igualdad entre hombres y mujeres como un ejercicio que todavía no es aceptado en su país: hay resistencias, puesto que los hombres siguen viviendo su relación social desde la superioridad y las mujeres están en una situación de subordinación.

Dijo que, a pesar de lo que establece la Convención Belem do Pará sobre el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia, este flagelo en El Salvador es múltiple, dependiendo de la edad, la etnia, el espacio o ámbito donde se desarrollan y se ha dejado de pensar que se trata únicamente de la violencia en las relaciones familiares: hoy es claro que se trata de violencia contra las mujeres.

Agregó que el mandato de la Convención Interamericana creó las condiciones para que el Estado salvadoreño avance en la transformación, especialización y profesionalización de las instrucciones para la detección, prevención, protección, sanción y reparación del daño para las mujeres que enfrentan violencia, discriminación y/o desigualdad.

Dijo que lo más imperativo en su país es avanzar en el combate a la impunidad y la violencia institucional, por lo que se han girado lineamientos a todos los gobiernos municipales para la elaboración de sus planes de prevención de la violencia contra las mujeres, así como de mapas municipales de prevención de violencia para identificar municipios de alto riesgo, zonas de mayor peligrosidad y lugares seguros para las mujeres.

5/28/2014

La desigualdad política, fuente de violencia contra las mujeres

Escrito por Sara Lovera y Gloria Analco   

Pachuca, México, mayo (SEMlac).- Las mujeres piden, desde el Foro Hemisférico Belém do Pará +20, celebrado en esta ciudad capital del estado mexicano de Hidalgo, ser tema de peso en la agenda de los gobiernos de la región.

Las autoridades de esta parte del mundo tienen para con ellas la gran deuda de resolver la impunidad en los delitos de violencia contra la mujer; la persecución que sufren aquellas que luchan por los derechos humanos; el fin del hostigamiento a las que trabajan a favor de los movimientos sociales, la paridad política entre ambos géneros y poner un alto al acoso político para que las mujeres renuncien a puestos de elección popular, a la vez que acabar con los feminicidios.


En el Foro Hemisférico Belém do Pará +20, realizado los días 14 y 15 de mayo último, intervinieron representantes de diferentes organismos interamericanos e internacionales, mujeres integrantes del gabinete federal de México, legisladoras de los congresos nacional y local, así como ministras de justicia y titulares instituciones de la mujer de países de la región, quienes patentizaron la necesidad de detectar sinergias y promover impulsos políticos para lograr erradicar la violencia hacia las mujeres, empezando por su empoderamiento económico y político.

Según la Organización Panamericana de la Salud, la violencia de género afecta a millones de ellas, ya que la padecen entre 17 y el 53 por ciento de la población de mujeres en cada país de la región.

El mismo organismo estima que se cometen diariamente 500 episodios de violencia sexual contra las mujeres en América Latina y el Caribe, mientras que en esos países se siguen perpetrando de manera alarmante la trata de personas, la violencia doméstica y sexual, el feminicidio, el acoso laboral, moral y sexual, la discriminación y la misoginia, los desplazamientos por conflictos armados, las violaciones sistemáticas de mujeres y niñas, así como otras conductas y acciones que les impiden una vida libre de violencia.

En el foro se reconoció la gravedad del problema, su amplitud y complejidad, así como la responsabilidad de los Estados miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA) que han ratificado la Convención de Belém do Pará.
Mujeres dedicadas a la política, ministras de justicia, investigadoras, activistas, titulares de organismos interamericanos e internacionales ofrecieron sus puntos de vida y hablaron ampliamente sobre los obstáculos a los que se enfrenta la sociedad civil para hacer valer sus derechos.
Paloma Soria, abogada de Women's Link Worldwide, organización defensora de los derechos humanos, dijo que es grave la situación que sufren las defensoras de los derechos humanos, así como el hostigamiento y criminalización en contra de personas que trabajan a favor de los movimientos sociales, lo cual retrasa el avance en concientizar a la sociedad sobre la urgencia de erradicar todas esas formas de violencia.
Insistió en que hay que llamar la atención sobre la responsabilidad de los Estados para que esto no siga ocurriendo, pues algunos grupos de poder han encontrado muy fácil quitarse de encima a las personas activistas y prácticamente empeñarse en una persecución hacia la sociedad civil.
Agregó que ha sido un gran paso, gracias al activismo, que en la agenda pública haya quedado instalado el tema de la violencia contra las mujeres, lo mismo que el reconocimiento de sus derechos humanos, aunque admitió que todavía es incipiente la jurisprudencia que está tratando de acabar con los estereotipos.
"Podemos tener muchas leyes, pero si no hay voluntad política, las leyes siguen quedando en papel mojado", dijo Soria. Sin recursos, añadió, y sin permitirnos disfrutar de los derechos, no nos sirven las sentencias.
Subrayó que el marco del derecho es muy importante desde el punto de vista de la criminología. Pero que ella ha encontrado, como abogada, muchos casos de trata en los que ha importado más su situación migratoria que la trata en sí misma, y que en ese sentido ningún marco jurídico será útil.
Alertó entonces sobre la necesidad de exigir a los Estados una respuesta integral al problema de la violencia, al mismo tiempo que contar con medidores efectivos para tener bajo control los mecanismos que se hayan echado a andar.
En otra intervención, María del Carmen Alanís Figueroa, magistrada de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, de México, reconoció que aún faltan marcos normativos para detectar y sancionar el acoso político en contra de las mujeres.
Advirtió sobre el fenómeno de violencia que se vive en América Latina, donde muchas mujeres dedicadas a la política sufren amenazas, maltrato físico o psicológico para que renuncien a su aspiración de participar como candidatas a los puestos de elección popular, o bien que dejen los cargos para los que ya fueron electas.
También consideró necesario derribar los obstáculos que enfrentan las mujeres para acceder a la justicia, como lo indica el alto costo que implica interponer una demanda, el escaso número de entidades receptoras de denuncias y la falta de espacios privados para presentarlas.
Alanís Figueroa aseguró que el Tribunal, del cual ella es magistrada, se ha colocado a la vanguardia de las exigencias nacionales e internacionales, al emitir resoluciones encaminadas a tutelar adecuadamente el ejercicio de los derechos político-electorales de las mujeres, con lo cual imparte justicia con perspectiva de género.
Patsilí Toledo, investigadora de la Universidad de Barcelona y especialista en derecho público, dijo que en Europa la violencia contra las mujeres es tan prevaleciente como en muchas otras regiones del mundo y comentó el estudio más amplio que sobre el tema se ha realizado hasta el momento.
Precisó que, efectivamente, 33 por ciento de las europeas ha sufrido violencia física y sexual desde los 15 años, y según reflejó ese estudio de la Agencia para Derechos Fundamentales, cinco por ciento de las mujeres de ese continente (nueve millones) ha experimentado una violación.
Agregó que el feminicidio ha llevado a tomar en serio la violencia contra las mujeres, cuando apenas en los años setenta se hablaba de ello, y hasta los noventa no se reconoce como un problema social. "Ha costado mucho esfuerzo poner luz sobre ese tema", recalcó.
Sin embargo, aseguró que "los Estados fracasan en la protección de las mujeres porque no se las toma en serio y no se investiga".
Las cifras del homicidio de mujeres hablan por sí solas, ya que en América Latina se registran cinco de los índices más altos de feminicidios, lo cual preocupó a la Asamblea Parlamentaria Eurolat.
Además, en México y Guatemala la impunidad es del 99 por ciento. En Bolivia, donde hay 30 años de cárcel por feminicidios, de los 335 casos que se reportaron entre 2008 y 2012, sólo 27 fueron procesados penalmente hasta terminar con una sentencia.
La conclusión a la que llegaron muchas de las participantes en el foro fue que, mientras no exista la repartición equitativa de los espacios de poder, difícilmente cambiará la situación de las mujeres.


5/27/2014

Convenio de Estambul: Europa coopera en erradicar violencia contra las mujeres

Escrito por Sara Lovera y Gloria Analco   
Pachuca, México, mayo (SEMlac).- Europa está abierta para aprender de estos 20 años de la Convención de Belém do Pará, declaró aquí Carolina Lasen Díaz, una de las principales impulsoras del Convenio del Consejo de Europa sobre Prevención y Lucha Contra la Violencia hacia las Mujeres y la Violencia Doméstica.

Más conocido como "Convenio de Estambul", acordado en esa ciudad turca en 2011, ese tratado será vinculante a partir de agosto próximo.

Ahora que la convención latinoamericana y del Caribe ya es mayor de edad, la de Estambul "extiende su mano abierta para que haya una fluida cooperación", dijo Lasen Díaz durante el Foro Hemisférico del vigésimo aniversario de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia Contra la Mujer (Convención de Belém do Pará), de la Organización de los Estados Americanos (OEA), celebrado en esta ciudad, capital del estado mexicano de Hidalgo, los días 14 y 15 de mayo.
Europa no ha dejado de reconocer la violencia contra las mujeres, pero la violencia sexual sigue subestimándose Investigaciones en ese continente indican que solo entre dos y 10 por ciento de las violaciones son denunciadas.
Igual ocurre con otros hechos de violencia contra las mujeres en el viejo continente, que hacen pensar, según Lasen Díaz, si la existencia de mitos y estereotipos hacen que ellas rechacen denunciar y obtener justicia.
La Convención de Estambul tiene como objetivo proteger a las mujeres contra todas las formas de violencia, a la vez que prevenirla, perseguirla y eliminarla, lo mismo que la Convención de Belém do Pará, creada hace 20 años.
También persigue contribuir a la eliminación de toda forma de discriminación y promover la igualdad real entre mujeres y hombres, mediante la autonomía de las primeras, para lo cual apoya a las organizaciones civiles y las fuerzas y cuerpos de seguridad a fin de que cooperen de manera eficaz en un enfoque integral.
"¡Actúa contra las violaciones! ¡Utiliza la Convención de Estambul!". Con esta campaña en 33 países de Europa, celebrada en diciembre del año pasado, se dio a conocer ampliamente el Convenio del Consejo de Europa, con el cual ese continente ha abierto el camino para establecer un marco jurídico propicio que proteja a las mujeres contra todas las formas de violencia.
Lasen Díaz, oficial de Programas del Consejo Europeo, adscrita a la Unidad de Igualdad de Género y su Dirección de la Democracia, precisó que el Convenio de Estambul --ratificado por 11 países y abierto a la adhesión de naciones no europeas-- se ha inspirado en el modelo de la Convención de Belém do Pará y define y criminaliza varias formas de violencia contra las mujeres.
Sobresalen, entre ellas, el matrimonio forzoso, la mutilación genital femenina, el acoso sexual y la violencia física y psicológica contra las mujeres.
A la par, establece un mecanismo de seguimiento específico para garantizar la aplicación efectiva de sus disposiciones por los Estados comprometidos, así como la creación de un grupo de expertos independientes para examinar si los países ratificantes cumplen o no sus compromisos.
La funcionaria europea afirmó que la Convención de Estambul se ha propuesto atacar las causas que originan la violencia contra las mujeres y aboga por cambiar estereotipos, perseguir a los culpables.
Pero, sobre todo, impulsa que los Estados criminalicen de forma jurídica, con duras penas, todas las formas de violencia que atentan contra las mujeres, lo que ya ha empezado a acontecer.
Lasen Díaz señaló que al Consejo Europeo se le conoce más como "Tribunal Europeo", lo cual le otorga manga ancha para establecer disposiciones jurídicas preventivas sobre la base de convenios en contra de la trata de mujeres y, en general, prevenir y combatir cualquier expresión de violación de los derechos humanos que atenten contra las mujeres.
Durante la mesa de trabajo " Prácticas promisorias en la prevención: desde el ámbito internacional", dijo que la Convención de Estambul propone diferentes tipos de prevención, incluidas campañas de concientización, modelos y programas específicos para atacar a los agresores, y el buen uso de los medios de comunicación.
El artículo 17 de la Convención de Estambul es específico sobre el papel del sector privado y los medios de comunicación, así como su participación en el desarrollo de políticas y directrices a fin de modificar los actuales modelos que promueven la violencia contra las mujeres con contenidos degradantes sobre violencia sexual, muy perjudiciales a la sociedad.
Frente a un auditorio muy atento, Lasen Díaz, de nacionalidad española, se refirió a los papeles positivo y negativo de los medios de comunicación.
Este último hay que tratar de controlarlo y minimizarlo, sobre todo porque perpetúa mitos, estereotipos y favorece prácticas usuales entre los varones como el acoso sexual, señaló. En tanto Internet, dijo, con cierto sentido de anonimato, facilita la impunidad de delitos sexuales contra las mujeres.
Hizo hincapié en el papel positivo de los medios de comunicación y su enorme potencial para favorecer un verdadero cambio de los estereotipos de la sociedad, e hizo referencia a dos proyectos del Reino Unido, vigentes en más de 20 países europeos, que utilizan webs donde las mujeres se atreven a hablar sobre las agresiones del sexo masculino que padecen.
Esas webs, agregó, han tenido un gran impacto y constantemente se están abriendo nuevas páginas en Internet con ese propósito. Pero hay que concientizar al público europeo sobre las obligaciones que tienen los medios de comunicación públicos y privados para ampliar sus mensajes en función de iniciativas con los objetivos de la Convención de Estambul, señaló.
Añadió que Internet y los medios de comunicación pueden ser socios en aumentar las campañas con contenidos de igualdad de género, con buen periodismo, videos y mensajes sin costo, trabajando mano a mano con asociaciones civiles y con los gobiernos que tienen la obligación de perseguir el irrespeto a los derechos humanos.
No se trata, dijo, de satanizar a los medios de comunicación, sino de convertirlos en aliados para que, por ejemplo, difundan los actos de violencia con un sentido constructivo, que desaliente esas prácticas.
Lasen Díaz dio a conocer que el Consejo de Europa adoptó la medida de prohibir la discriminación, combatir la incitación al odio o cualquier acto de violencia contra las mujeres dentro de los medios de comunicación.
Con ello, agregó, se anticipó a la fecha en que dicha convención será vinculante, a partir del primero de agosto próximo, para que sea promovida una imagen no estereotipada de las mujeres en relación con los hombres, se tomen medidas de autorregulación como códigos de conducta, y se propicie una imagen de la mujer enaltecedora, para irse adaptando a los marcos legales que se establecerán en el futuro.
Entre estos, citó mecanismos de vigilancia a los medios de comunicación para detectar contenidos estereotipados ligados con causas que originan la violencia, así como propiciar una formación de periodistas que tenga nuevos instrumentos.
La funcionaria europea señaló que, como parte de la Convención de Estambul, a finales de 2013 se adoptó una estrategia con objetivos relevantes, como combatir los estereotipos de género y el sexismo, diseminar e intercambiar medidas para dar visibilidad a prácticas de igualdad de género, con la participación de los medios.
Un total de 17 países enviaron sus sugerencias y campañas mediáticas sobre el tema, especialmente en los Estados donde se están autorregulando y contrarios a la publicidad sexista, los cuales son potenciales futuros miembros.
La elaboración del Convenio de Estambul le valió al Consejo de Europa el VIII "Premio de Reconocimiento a la labor más destacada en la Erradicación de la Violencia de Género 2012", concedido por el Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género.
Ese es el primer tratado europeo que aborda específicamente la violencia contra las mujeres y la violencia doméstica. Los países que lo ratifiquen deberán establecer, además, servicios como líneas de asistencia telefónica, centros de acogida, servicios médicos, orientación y asistencia legal.

5/24/2014

Convención de Belém do Pará: Veinte años después

Escrito por Sara Lovera y Gloria Analco   

Pachuca, México, mayo (SEMlac).-A 20 años de adoptarse la Convención interamericana de Belém do Pará para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer, todavía una de cada tres mujeres en América Latina y El Caribe es víctima de este flagelo.

No obstante, la falta de cifras precisas y evaluaciones confiables --no todos los casos de violencia de género se denuncian o registran como tales-- dificulta elaborar programas efectivos y que se conozca el verdadero tamaño del problema.

Así se reconoció durante la celebración del Foro Hemisférico Belém Do Pará +20, inaugurado en esta ciudad, capital del estado mexicano de Hidalgo, por el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza.

En el encuentro, celebrado los días 14 y 15 de mayo, participaron panelistas de organismos interamericanos y europeos, así como titulares de instituciones de la mujer de varios países y funcionarios del gobierno de México.

Andrew Morrison, jefe de la Unidad de Género y Diversidad del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), fue muy explícito cuando dijo que si su exposición hubiera sido en torno a las buenas evaluaciones sobre la violencia contra las mujeres en la región, le hubieran bastado dos minutos.

"Me hubiera gustado hablar de medidas de prevención y sus bondades sobre la base de 58 excelentes evaluaciones, pero puedo asegurar que, si acaso, habrá unas cuatro para América Latina", afirmó.

En el Foro Hemisférico +20 de la "Convención de Belém do Pará", la asesora regional de ONU-Mujeres para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, Adriana Quiñones, dijo que la Convención es una promesa por cumplir y apuntó que en la prevención es donde menos se ha avanzado.

En la misma mesa de trabajo sobre "Oportunidades y desafíos en la prevención", Barbara Evelyn Bailey, experta del Comité CEDAW (Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, adoptada en 1979 por la ONU), señaló que el tema medular para abatir las tasas de violencia hacia las mujeres es la educación. Abundó en que son los estereotipos de género los que perpetúan la discriminación.

Consideró importante destacar el esfuerzo realizado por el Comité de la CEDAW para desmontar los estereotipos de género perjudiciales en todos los ámbitos en la vida de las mujeres y llamó a enfocar más la atención en el sistema de educación desde la niñez, como la política más eficaz de prevención.

Bailey añadió que la falta de recursos suficientes para registrar debidamente los actos de violencia en contra de las mujeres ha provocado la carencia de estadísticas oficiales y la consecuente falta de programas, con lo cual el problema ha quedado minimizado frente a la sociedad, que ignora sus verdaderas dimensiones.

Consideró que es sumamente importante hacer visible y punible la violencia contra las mujeres en el continente americano para implementar programas que realmente logren prevenir toda forma de violencia de género.

José Manuel Azpiroz Bravo, director general adjunto de Participación Ciudadana en la subsecretaría de Prevención de la Secretaría de Gobernación, de México, sostuvo que esa dependencia ha implementado un programa focalizado en 99 municipios y 1.200 colonias catalogadas como muy peligrosas.

Allí han introducido la perspectiva de género, contribuyendo a mejorar la situación de las mujeres y las niñas de esos lugares, al poner énfasis en su seguridad, educación y procurar trato de iguales entre hombres y mujeres.

Agregó que ese programa, diseñado con la colaboración de organizaciones de la sociedad civil, académicos, organismos internacionales y la iniciativa privada, contiene cuatro estrategias, entre ellas la prevención.

Se trata, dijo, de recuperar los espacios públicos que están en manos de la delincuencia, crear bibliotecas, talleres, escuelas de tiempo completo, impartir cursos especiales, otorgar créditos a las familias, darles atención esmerada a niños y niñas, jóvenes y mujeres, todo ello con enfoque comunitario y de perspectiva de género, y con un megacentro deportivo en cada municipio y colonia elegidos.

Explicó que los diputados definieron los recursos, se eligieron las demarcaciones y se hizo una intervención focalizada en cada uno de esos lugares, en el entendido de que no puede trabajarse de esa manera en todo el país.

En materia de prevención, Paloma Soria, abogada de Women's Link Wordwide, una organización internacional de derechos humanos, dijo que ningún marco legal servirá para prevenir las violaciones de los derechos humanos de las mujeres si los Estados no ofrecen una respuesta integral al problema.

Hizo ver la gran importancia de una política de prevención, ya que "las consecuencias de los actos de agresión pueden redundar en otras nuevas agresiones" y destacó que si no se buscan verdaderas medidas de prevención, se estaría entonces vulnerando nuevamente los derechos de otras mujeres.

Ejemplificó con el caso de las migrantes: el Estado ya sabe qué ocurre con ellas, entonces tiene que prevenir que otras mujeres se arriesguen a sufrir esos mismos patrones sistemáticos de violencia.

En materia preventiva, dijo Azpiroz, es factible invertir en los lugares donde se ocurren delitos con frecuencia, pero advirtió que "si queremos combatir la violencia, tenemos que invertir en los hombres, educarlos de una manera distinta; que diputados y senadores empiecen a hablar de otros temas que han sido exclusivos de las mujeres", indicó.

"Los políticos tenemos que tomar esos temas de ellas, que esos hombres tengan perspectiva de género y empiecen realmente a cambiar esos paradigmas", insistió.

Morrison, por su parte, informó que actualmente el BID está invirtiendo en evaluaciones de impacto en programas con perspectiva de género que se aplican en varios países de América Latina y adelantó que ONU-Mujeres ha empezado conversaciones con varios gobiernos para trabajar proyectos sobre "ciudades seguras", especialmente en países centroamericanos.

Cada equipo, dijo, contará con expertas en violencia de género para impulsar los programas, centrados en lograr la autonomía económica de las mujeres, que es el principal factor de protección, además de propiciar espacios seguros para mujeres y adolescentes, enfocado en este último caso a la prevención de violaciones en colegios de bachilleres.

Dijo que en estos momentos están evaluando varios programas en El Salvador, Perú y Paraguay, dirigidos a la creación de centros de emergencia para mujeres, servicios especiales de vigilancia de la policía, médicos para atender cualquier emergencia y otros servicios de auxilio, cuyos resultados habrán sido ya evaluados en el próximo mes de septiembre.


México: Un enorme pendiente a 20 años de la Convención de Belém do Pará



Escrito por Sara Lovera y Gloria Analco   

Pachuca, México, mayo (SEMlac).- Dos décadas después de que 32 países del hemisferio americano signaron la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres, hay avances y un enorme pendiente: que realmente las mujeres sean libres y que sus derechos humanos sean respetados.

En palabras de Carmen Moreno Toscano, secretaria ejecutiva de la Comisión Interamericana de Mujeres, es "la práctica cultural que concibe a las mujeres como objeto, que sigue pensándonos como entes que pueden emplearse para cualquier fin: lo que abre la puerta al abuso y el asesinato". Hoy el feminicidio está tipificado en México, pero las cifras son dolorosas.

En el estado de Hidalgo, a 90 kilómetros de la capital de México, se realizó el Foro Hemisférico Belém do Pará +20. Durante dos días y en más de 100 intervenciones de panelistas, se escucharon análisis y relatos de acciones, programas y legislaciones. Peo se escuchó también, una y otra vez, una palabra ensordecedora: resistencia.

Resistencia en la sociedad, los jueces, policías, en el magisterio, el personal de salud, el aula, los medios de comunicación, entre líderes y gobernantes, financieros y legisladores. Resistencia para dar a las mujeres un lugar digno y humano.

Belén do Pará, en 1994, fue una piedra de toque para reconocer la violencia contra las mujeres y comprometer a los gobiernos a prevenir, sancionar y erradicar todo acto de violencia y humillación contra las mujeres, una lacra que asesina, en palabras de la costarricense Rebeca Grynspan, secretaria general de la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB).

Grynspan enfatizó que, en este lapso, aparecieron claramente otras formas asociadas a esa violencia, como la trata con fines de explotación sexual, los asesinatos y la tortura.

Además, diría la exfuncionaria del Consejo Económico para América Latina y el Caribe (Cepal), se pierde productividad, hasta dos por ciento del producto interno bruto en el continente.

Tras reconocer a la Convención como una herramienta fundamental y aplaudir avances significativos --nuevas legislaciones, planes, programas, modelos de atención--, Grynspan dijo que es necesario dar centralidad al empoderamiento de las mujeres, poner en el centro de nuestras naciones y de la democracia, la libertad de las mujeres.

Veinte años después "estamos en el principio. Reconozcamos de nuevo que es inadmisible la persistencia de este flagelo".
Al final del foro, en una declaración general, las representaciones de los países signantes de la Organización de los Estados Americanos (OEA) ratificaron la Convención y, mirando al futuro, pusieron al centro dos tareas para cumplir con la prevención --el más escaso de los avances--: educación y transformación de los medios de comunicación. Dos puntas de una solución.

El Foro Hemisférico Belém do Pará +20 fue organizado por el gobierno local mexicano de Hidalgo y la Comisión Interamericana de Mujeres.

José Miguel Inzulza, secretario general de la OEA, recordó a los gobiernos su obligación de cumplir con todas las partes de la Convención y dijo que la desigualdad entre hombres y mujeres; la violencia, que va de la humillación verbal al asesinato, hacen aparentemente inalcanzable la democracia. "Una democracia solo para la mitad de la población no es democracia", enfatizó.

Beatriz Ramírez Abella, vicepresidenta de la Comisión Interamericana de Mujeres, planteó uno de los asuntos menos analizados en estas dos décadas: el acoso y la humillación sistemática contra las mujeres en todas sus actividades, no considerado delito grave y cuya dimensión está horadando en la salud mental de millones de americanas.

Una violencia escondida que produce miedo y está legitimando, día a día, la discriminación y exclusión de las mujeres, agregó.

Durante el foro se hizo un recuento de acciones y programas desplegados en cada país y frente de acción, particularmente en el proceso jurídico.

En solo 16 países hay leyes de igualdad y contra la violencia; una creciente denuncia de las afectadas, fiscalías especializadas, planes nacionales, consejos, cientos y miles de personas han recibido información y capacitación, se ha convocado a la reflexión; se han hecho estudios y diagnósticos, encuestas y campañas.

Sin embargo, se reconoce que la prevención no es exitosa y la persistencia del flagelo y la impunidad conspiran sistemáticamente contra esas acciones y las políticas públicas.

La Declaración de Pachuca, signada por delegadas titulares y alternas ante la Comisión Interamericana de la Mujer, compromete a adoptar políticas orientadas a prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres, especialmente para actuar con debida diligencia, trabajar por modificar los patrones socioculturales de conducta de hombres y mujeres, contrarrestar prejuicios y costumbres.

Ratificaron los acuerdos de la 58 sesión de la Comisión de las Naciones Unidas sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer, así como el compromiso de invertir recursos para transversalizar la perspectiva de género y trabajar profundamente en la prevención de la violencia, empezando por la escuela, los medios de comunicación y las agencias publicitarias.

También, vigilar que los gobiernos concluyan cambios legislativos para que los medios de comunicación se conviertan en aliados y no en promotores de la violencia y la discriminación femenina.

Firmaron cuatro compromisos específicos: fortalecer el enfoque en la prevención, como una respuesta integral; luchar contra la cultura de la impunidad y la utilización de estereotipos discriminatorios, coordinar las instancias de los gobiernos para asegurar que las acciones cuenten con apoyo político a todos los niveles. Especialmente, contar con recursos financieros y humanos para obtener resultados en el corto, mediano y largo plazos.

La declaración final incluyó la demanda de que los gobiernos rindan cuentas sobre sus acciones y las aceleren, se cumpla y armonice la legislación y se propicie en todos los campos la igualdad sustantiva entre hombres y mujeres.

El encuentro permitió, además, el intercambio de personas, agencias oficiales y funcionariado de 25 entidades de las 32 de la nación mexicana y 14 países representados.

También la presentación de lo que ahí se llamó programas piloto, que dan cuenta de acciones exitosas, pero en poblaciones reducidas, específicas y limitadas.

Por ejemplo: en México existe un millón 500.000 personas del profesorado de la educación básica a la profesional y no ha sido posible más que capacitar a algunos miles, menos del 25 por ciento. Situaciones similares ocurren en Chile, El Salvador y Honduras.