Mostrando las entradas con la etiqueta Marcela Lagarde. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Marcela Lagarde. Mostrar todas las entradas

12/14/2024

Los cautiverios de las mexicanas modelados por el mito guadalupano: Lagarde

Escrito por Wendy Rayón Garay 

.-Ciudad de México.- La Virgen de Guadalupe es una figura respetada y venerada cada 12 de diciembre por cientos de peregrinos de diferentes partes de la república mexicana, ella es dotada de respetos y regalos a lo largo de la conmemoración de sus apariciones y su arquetipo ha moldeado los cautiverios que las mexicanas hemos enfrentado.

Marcela Lagarde, feminista y constructora del concepto «feminicidio» te lo explica.

María o la Virgen de Guadalupe es una figura que se ha posicionado como un ejemplo a seguir para las mujeres y esto se debe a que es un símbolo central en la construcción de la feminidad de las sociedades patriarcales, según mencionó Marcela Lagarde en su libro ‘Los cautiverios de las mujeres. Madresposas, monjas, putas, presas y locas’.

De esta forma, no solo es una entidad religiosa, sino un arquetipo cultural que encarna las expectativas y normas que el patriarcado le impone a las mujeres, ya que refuerza los ideales de pureza, sumisión, maternidad y sacrificio. 

La pureza y castidad se refleja en la concepción de mujer  “inmaculada”, la cual establece a la castidad como un valor supremo. Su virginidad antes, durante y después del parto refuerza la idea de que el cuerpo femenino debe separarse del deseo sexual y reservarse a la maternidad. Esto crea una dicotomía entre la mujer buena que es pura y aquella mala que es sexual, lo que genera culpa para quienes no cumplen con este mandato. 

Asimismo Marcela Lagarde establece que María es presentada como obediente a la voluntad divina sin cuestionar su destino o luchar por sus derechos, lo que se traduce a un mandato de obediencia a las normas patriarcales que se ha interpretado como una virtud que las mujeres deben replicar, “sacrificándose por los demás y aceptando su lugar de subordinación”. 

Y a este panorama se suma la maternidad de María, ha renunciado a ella por el bienestar de su hijo. Es a través de este modelo que las mujeres se definen a sí mismas, siempre a través de los otros, especialmente los hijos y el esposo, anulando su autonomía o proyectos personales 

Ahora bien, cuando las mujeres no siguen este modelo de vida, se castiga de forma simbólica o materialmente, colocando así a las mujeres que eligen no ser madres, que exploran su sexualidad o eligen la autonomía económica a ser etiquetadas como impropias, egoístas o pecadoras. Al final, este modelo refuerza la idea de que que papel de las mujeres es cumplir la voluntad divina que se reduce al cuidado de la familia antes que sus propias necesidades. 

Mujeres que no se alinean con la figura de María 

Marcela Lagarde menciona que hay múltiples formas de control y opresión en el sistema patriarcal que denomina “cautiverios”. Se trata de símbolos materiales y abarcan restricciones sociales, económicas, culturales y emocionales que limitan la autonomía de las mujeres. 

Asimismo, los cautiverios encapsulan a las mujeres en roles predeterminados: madre-esposa, monja, prostituta, presa y loca. Cada uno con normas específicas que legitiman la opresión y despojan a las mujeres de su libertad.

Para seguir los pasos de María, las mujeres desarrollan el rol de “madre-esposa”, en donde se espera que encuentren su realización en el matrimonio y la maternidad. En esta dinámica, son ellas quienes deben subordinarse ante sus maridos o hijos porque se les enseña que su valor está por su capacidad de cuidar y servir a otros. Además, también las hace dependientes de su autonomía económica. 

Cuando las mujeres no empatan con este papel, entonces son acomodadas en otros como la “monja”, la cual es la renuncia total al deseo y autonomía personal en favor de una causa superior como lo es la religión. Aunque parecen libres de ella maternidad y el matrimonio, en realidad están atrapadas en una forma de subordinación a la iglesia. 

En cuanto al rol de la “prostituta”, es la visión opuesta a la virgen, pero sigue siendo parte del patriarcado, ya que su cuerpo es explotado y reducido a un objeto para el consumo masculino. Aunque parece tener más libertad sexual, en realidad no controla su destino porque su vida está dedicada a la explotación y la violencia. 

Marcel Lagarte también describe a la ”presa“ y a la «loca”. La primera refleja una opresión literal y simbólica por desafiar leyes patriarcales o intentar escapar de los roles impuestos; mientras que la segunda se revela contra normas y son relegadas al aislamiento social y simbólico. 

¿Por qué la Virgen de Guadalupe es más respetada que las mujeres?

Las mujeres no son respetadas como la Virgen María porque esta figura idealizada no es un modelo que represente a las mujeres reales, sino un arquetipo inalcanzable construido culturalmente por el sistema patriarcal. Las mujeres no pueden seguir los pasos de la ella, ya que también se eliminan características humanas como la sexualidad, autonomía e imperfección. 

Esto ha provocado que se divida a las mujeres en dos categorías: las vírgenes que representan pureza, obediencia y castidad contra las mujeres reales, aquellas que no cumplen con el primer estándar. Incluso las que se esfuerzan por alcanzar el modelo de María, no son tratadas con el mismo respeto. Está dicotomía deshumaniza a las mujeres ya que las coloca en constantemente en un juicio donde siempre están fallando.

Aún cuando no existe este respeto, los hombres ven a la Virgen de Guadalupe como un modelo para tratar a las mujeres de su vida cotidiana y las mujeres son despojadas de su humanidad porque al tener que servir y maternar hacia los demás, se elimina la posibilidad de que sean respetadas como sujetos autónomos. 

Sin embargo, aunque veneren a la Virgen de Guadalupe y la consideren un ejemplo a seguir sobre cómo la mujer debe comportarse; se violenta de diferentes formas a aquellas que no cumplen con el estándar y a las que sí lo intentan. A toditas se les considera en la medida de que cumplen con el rol asignado. 

En la sociedad patriarcal, la figura de la Virgen María no se utiliza para valorar o respetar a las mujeres, sino para controlarlas. Este control se ejerce a través de expectativas inalcanzables.  Por lo que, en realidad no hay un respeto verdadero hacia esta entidad, sino que es una herramienta de control.  

7/25/2020

Marcela Lagarde: "Tenemos que decir no al borrado de mujeres diciendo sí a su existencia legal y protegida"



Nuria Coronado Sopeña @NuriaCSopena

Antropóloga, investigadora, activista. Catedrática de la Universidad Nacional Autónoma de México y fundadora de la Red de Investigadoras por la Vida y la Libertad de las Mujeres. Feminista. De la voz profunda y clara de María Marcela Lagarde y de los Ríos mana feminismo a raudales y en mayúsculas. Es maestra entre las maestras. Quien dotó de perspectiva de género y de contenido político a la palabra sororidad y la definió como "la complicidad de actuar entre mujeres" y a la lucha feminista como aquella que "no es contra la violencia, sino por la paz". En esta entrevista a Público habla de todo: de su vida privada, del impacto del neoliberalismo en el feminismo, del papel de los hombres y del transactivismo queer que amenaza con provocar el "borrado de las mujeres".
El barco en el que Marcela Lagarde y de los Ríos navega por la vida se mueve en el océano de la sabiduría. Una manera de ser y de expresarse que le viene de su pasado, "de familia de corsarios del siglo XVIII de la que provengo", ríe. Por eso, entre sus estanterías abarrotadas de libros de los que bebe, resplandecen dos veleros a modo objetos de decoración que muestra como niña con zapatos nuevos en esta entrevista por videollamada. Los mira porque le recuerdan que sin genealogía no hay presente y mucho menos futuro. "Verlos mientras escribo o leo me da nostalgia, me recuerdan de dónde vengo", reconoce.
Ahora, recuperada de una temporada complicada de salud, vuelve a ser ella. "Tuve una intervención muy delicada con trepanación incluida. Suena muy mal la palabra, pero así fue. Salí bien de la operación, pero me puse muy grave. Tuvieron que sacarme coágulos del pulmón. Cuando estaba convaleciente llegó el coronavirus y pasé de estar en la cama confinada por la salud a estarlo en casa por el bicho. Afortunadamente me he ido fortaleciendo. He perdido diez kilos, pero ya no me siento tan frágil. El cuerpo se va adaptando y la mente también, porque tenía dificultades de memoria y de concentración".

Cuidarse como una reina

Estar en su hogar es precisamente el mejor tratamiento que ha podía tener. "Mi casa es mi tesoro, es muy bonita, tengo en ella todo lo que necesito. Aquí ahora estoy aprovechando para hacer todo lo que no puedo hacer normalmente por falta de tiempo. Por eso leo, escucho ópera, veo películas, participo en conferencias en línea y en foros, escribo, cocino…". Todo aquello que no tiene se lo lleva su hija a la puerta. "Ella me deja ahí toda la comida. Quiere preservarme de cualquier contacto. Me cuida así", resalta.
Mientras Lagarde disfruta del autocuidado no se olvida ni un minuto de la situación de las mujeres con la pandemia. "Los derechos humanos de las mujeres y las niñas están todo el tiempo en juego. Contra nosotras siguen pasando cosas terribles. Ahora con el confinamiento ha aumentado la violencia que sucede en las casas". Y pensar en ello la desespera. "Me inquieta pensar que inventamos que hay futuro, que vivimos gracias a que pensamos que vamos a mejorar, y con esta crisis, como con todas, la realidad sigue siendo lo incierto. Esta incertidumbre me tironea bastante y me hace sentir que no hay tanta confianza en el futuro".
Precisamente por eso, porque la "nueva realidad" hace caminar a las mujeres en una cuerda de alambre cada vez más fina y sin red que sostenga la caída, la autora de Cautiverios de las mujeres, replica que el mundo necesita del feminismo como nunca antes. "Se necesita la lucha por la igualdad no solo por la violencia en la que vivimos sino por todo. Como una visión utópica y con ciertas topías. Hay una utopía en constante desarrollo, una aspiración, en la que coexisten las topias reales y lo que hemos conseguido a través de la emancipación del mundo", subraya.
La docente también arenga a la urgencia del tránsito a la nueva normalidad "mediante el reconocimiento social, cultural y político de las propuestas y las realizaciones feministas. Es preciso que se vean los aportes a la teoría del desarrollo de la sociedad y a la democracia hacía la modernidad a través de la crítica radical de las feministas. Una modernidad que, aunque no ha cumplido con su propia utopía, reformula y propicia muchas propuestas para lograr construir la igualdad".
Y es que como esta antropóloga subraya la equidad se ha construido con sangre, sudor y lágrimas. "Todo ha pasado por el debate feminista para después ponerlo en práctica con leyes como las que tiene España o en el resto del mundo. Hemos puesto en el centro del debate lo que es importante. El feminismo ha luchado por lo que es justo, que no es otra cosa que la justicia contra los delitos contra mujeres y niñas porque nos expropian la condición humana desde nuestra condición sexual".
Gracias a todos estos pasos y a que las mujeres, según la profesora, "cada vez tenemos más agencia e incidencia", estamos en un momento histórico decisivo. “Elaboramos hace años la propuesta de enfrentar la violencia contra mujeres y niñas, otras colegas pusieron la atención en atender a mujeres que ya habían sido víctimas de violencias y pensamos que no bastaba con atenderlas. Queríamos que no hubiera víctimas y enfrentamos la justicia de la impunidad".
Ante este pacto social el sistema patriarcal reacciona aumentando la violencia. "A diario millones de personas con una visión neoliberal contemporánea se esfuerzan en hacernos creer que nada por lo que luchamos es importante. Esa es la respuesta desesperada para ver si nos atemorizan, para ver si nos vamos a cansar y no vamos a continuar. Ante ese incremento de la violencia contamos cada caso, lo documentamos, exigimos justicia porque se trata de personas. Por eso la lucha del feminismo es la cuenta de los siglos porque ese es el tamaño de la profundidad patriarcal".

La solidaridad social

Lagarde recuerda también otra conquista que ha hecho el movimiento feminista y que ha ido de la mano de movimientos pro derechos civiles y por la salud: el acceso a la salud como uno de los tres pilares para lograr el desarrollo. "Sin salud no podemos hablar de desarrollo, ni de democracia. La salud es un derecho humano que debe ser propiciado por gobiernos nacionales e internacionales. La gente que sobreviva saldrá mejor, pero debemos propiciar una cultura solidaria y el feminismo ha planteado la solidaridad social como un recurso político".
Esa solidaridad tal y como describe, "se ha sustentado en la sororidad como alternativa a las relaciones misóginas y enemistosas que tenemos las mujeres en la modernidad. La ética de la sororidad, el apoyo mutuo, el reconocimiento, la generosidad y todo aquello que permita que las mujeres compartamos con otros avances, recursos o cualidades para ahorrarnos tiempos y poder potenciar un desarrollo humano y solidario para nosotras".
Y pone dos ejemplos de plena actualidad. "Con la pandemia vivimos un momento crítico porque hay mucha fragilidad. Precisamente por eso no podemos poner en segundo plano la violencia. Somos nosotras quienes debemos estar ojo avizor en los derechos humanos porque si no, quienes queden después de la pandemia, van a estar débiles en derechos humanos y no tendrán cómo enfrentarse a un mundo marcado por el destrozo de la salud de la mayoría de la gente. Si fortalecemos la causa de la erradicación de la violencia tocaremos la urgencia de la salud de las mujeres".
En segundo lugar, alude a cómo esto repercute a México. "En mi país las personas que se están viendo más afectadas y son más propensas a morir por la covid son quienes tienen menos, quienes por esa pobreza tienen exceso de peso por una mala alimentación, problemas de salud en el páncreas, en el hígado, en el corazón, tienen falta de ejercicio, o viven en la contaminación. Necesitamos cambiar la producción y las relaciones con el medio ambiente, conseguir un planeta verde y de energías renovable. El feminismo tiene que ser la base del paradigma hacía donde vamos".

¿Dónde están los hombres?

Preguntada sobre los aliados feministas la escritora responde que sin ellos nada es posible. "En la lucha también incluimos la igualdad entre mujeres y hombres para lo que propiciamos el respeto a la dignidad de ambos. El respeto como actitud de convivencia en el mundo que no es necesariamente ni sexual ni amoroso. Es la relación en muchos espacios con funciones múltiples. Tenemos que hacer penetrar la igualdad en la diversidad social de hombres y mujeres para generar la economía, la cultura, la vida social en positivo. Es imprescindible ahora, pero siempre lo ha sido que, en los tiempos patriarcales, nuestro objetivo sea erradicar el patriarcado del nudo, porque ese es el tamaño de la utopía".
Además, pide "que los hombres que son violentos sean tratados como delincuentes en el marco normativo a través de las leyes que erradiquen y prevengan todas las violencias”. También en que unas y otros nos unamos. "Necesitamos articularnos. Esa es la manera de acabar más rápido con la violencia. Mientras más propiciemos una visión compensativa de la violencia las victimas acudirán antes a buscar apoyo y nosotras podremos ayudarlas".

El caballo de Troya queer

Otra de las preocupaciones de esta académica es la que tiene que ver con el movimiento queer. "Todo esto me apena mucho porque contrapone los avances que tanto nos han costado lograr a las mujeres".
Y pone una fecha al origen del transactivismo y del borrado de las mujeres que este movimiento neoliberal pretende. "El principio de todo ello se ubica como parte de un quiebre que hubo en el movimiento hace 30 años. En aquellos momentos algunas lesbianas se retiraron de las organizaciones feministas y fueron a militar a organizaciones LGTBI sin vínculos con el feminismo. Fueron mujeres huérfanas del feminismo, generaciones de mujeres muy comprometidas que no reconocieron su tradición política. De ahí a lo queer solo hay un paso".
Por ello anima a vencer a este caballo de Troya a través de la recuperación de la tradición feminista. "Es la más importante aportación de las mujeres como género a la cultura. Así de transcendental es el feminismo. Es la más importante obra creativa de mujeres críticas con el movimiento para mejorar el mundo".
Una obra que no se aprende en un abrir y cerrar de ojos, pero es clave para ser arrastradas por el falso modernismo de lo queer. "La primavera no la hace una flor. Hay que ir a las universidades, asistir a foros, leer a Celia Amorós o a Amelia Valcárcel. A tantas que explican claramente todo. Al aprender del origen de los movimientos se adquiere una gran riqueza en la vida personal porque permite enunciar a cada quien como lo que es. Es hacer que nos reconozcamos como lo que somos en esencia".
Por eso recalca algo que ha percibido sobre todo en estos últimos meses: "he visto y palpado una necesidad grandísima de reconocer y conocer el feminismo entre cada vez más mujeres que quieren nombrarse como tal. La expresión de grupos solo puede ser disminuida en el afán por eliminar a las mujeres como el sujeto del feminismo, y eso es lo que quieren eliminar en nosotras con lo queer. Y nosotras decimos que no. El primer paso a ese no, empieza por el sí a nosotras mismas. Ese no borrar a las mujeres es el sí a la existencia legal y protegida de las mujeres".
Esta respetada feminista acaba lanzando un mensaje al transactivismo. "El feminismo es lo único que puede eliminar la orfandad patriarcal. No somos huérfanas, tenemos genealogías, no somos seres de la diversidad, somos las mujeres. No usaremos el supremacismo peso si la condición universal de nuestro género por el hecho de ser mujeres. Hay que pensar y colocarnos desde ahí para salvar todo. No solo somos seres de la diferencia. Somos seres humanos, somos las mujeres en plural. Espero que reflexionemos juntas y logremos al fin nuestros derechos humanos", finaliza.

8/24/2019

La antropóloga Marcela Lagarde exige “políticas públicas con perspectiva de género sin dilación”


 Unirse para ponerle “fin al feminicidio” 
   
En el contexto de protestas sociales simultaneas en México por el hartazgo de la violencia que enfrentan mujeres y niñas, la antropóloga feminista Marcela Lagarde y de los Ríos, exigió a las autoridades “el desarrollo y la aplicación de políticas públicas con perspectiva de género sin dilación”.

La creadora de Ley General de Acceso de las Mujeres a una vida Libre de Violencia (LGAMLV) se pronunció de esta manera en el foro "Reflexiones sobre el feminicidio" que organizó el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH) de la UNAM el 22 de agosto.
En su conferencia magistral de apertura "Feminicidio: pasado, presente y nuevos desafíos", Lagarde se refirió al anuncio del Gobierno de la Ciudad de México sobre implementar en 30 días “una estrategia” para proteger la vida de las mujeres y niñas, como “un abuso y maltrato a la ciudadanía, a las víctimas y los familiares de víctimas”.
Firme en que se puede poner “fin al feminicidio”, la teórica que introdujo el concepto de feminicidio en el país propuso al movimiento feminista crear soluciones “creativas y amables”; mencionó que no es válido tener reacciones de políticas punitivas y lenguajes bélicos –como la palabra estrategia-, o seguir corrientes como la “Cuarta Transformación”, pues el movimiento feminista ha recorrido un largo camino.
Desde las jóvenes que están iniciando su vida política en el feminismo, así como actoras históricas en el movimiento, Lagarde y los Ríos recalcó que es un tiempo en el que los distintos feminismos deben unirse en una “nueva ola”, pues a pesar de las diferencias, “todas vivimos y trabajos por la vida y la libertad de las mujeres”, expresó.
Como ejemplo, habló sobre los nuevos movimientos como el “Me Too" donde las mujeres están rompiendo el silencio frente a los diversos tipos violencias que enfrentan.
La investigadora propuso crear más observatorios que vigilen el estado de los Derechos Humanos de las mujeres y niñas, así como mecanismos como la Alerta de Violencia de Género (AVG), del cual mencionó que antes de reformarse, como lo está previendo la Cámara de Diputados, debe tenerse una investigación seria del estado en el que se encuentran las Alertas.
En la apertura del foro que continuo hoy actividades en la Torre II de Humanidades de la UNAM, la antropóloga feminista hizo un recorrido del trabajo que realizó con otras feministas como diputada federal (2003-2006), desde la creación de la Ley General de Acceso en 2007, la cual dijo se trató de “una reforma al Estado”, hasta las investigaciones que realizó en 10 estados como parte de la Comisión Especial para conocer y dar seguimiento a las investigaciones relacionadas con los casos de feminicidio.
Como entonces evidenció la antropóloga, que no existía una sistematización de la información sobre los asesinatos dolosos de mujeres en los estados y que la clasificación de las averiguaciones de muertes violentas de mujeres no era clara, dijo que actualmente se mantiene la danza de cifras sobre los casos de feminicidio. La antropóloga acotó que científicamente son cifras difíciles de obtener por ser normalmente fuentes secundarias.
Asimismo, recordó que el feminicidio surge fomentado por una sociedad que festeja y enseña a los hombres a ser violentos, planteó regresar a la historia, leer los textos de las primeras mujeres que como ella comenzaron a delinear el concepto de feminicidio, y revisar sentencias como “Campo Algodonero” en las que se reconoció internacionalmente el contexto de violencia que enfrentan las mujeres en el país.

CIMACFoto: María Fernanda Esparza Quintana
Por: Hazel Zamora Mendieta
Cimacnoticias | Ciudad de México.

9/01/2018

Mujeres cuidadoras: entre la obligación y la satisfacción


Foto: Marcela Lagarde (Antropóloga Feminista)

Cuidados & Política feminista

“Cuidar cuesta: costes y beneficios del cuidado."

Emakunde

Cuidar es en el momento actual, el verbo más necesario frente al neoliberalismo patriarcal y la globalización inequitativa. Y, sin embargo, las sociedades actuales, como muchas del pasado, fragmentan el cuidado y lo asignan como condición natural a partir de las organizaciones sociales: la de género, la de clase, la étnica, la nacional y la regional-local. 

Así, son las mujeres quienes cuidan vitalmente a los otros (hombres, familias, hijas e hijos, parientes, comunidades, escolares, pacientes, personas enfermas y con necesidades especiales, al electorado, al medio ambiente y a diversos sujetos políticos y sus causas). Cuidan su desarrollo, su progreso, su bienestar, su vida y su muerte. De forma similar, mujeres y hombres campesinos cuidan la producción y la tierra y las y los obreros la producción y la industria, la burguesía cuida sus empresas y sus ganancias, el libre mercado y hasta la democracia exportada a países ignorantes. 
La condición de cuidadoras gratifica a las mujeres afectiva y simbólicamente en un mundo gobernado por el dinero y la valoración económica del trabajo y por el poder político. Dinero, valor y poder son conculcados a las cuidadoras. Los poderes del cuidado, conceptualizados en conjunto como maternazgo, por estar asociados a la maternidad, no sirven a las mujeres para su desarrollo individual y moderno y tampoco pueden ser trasladados del ámbito familiar y doméstico al ámbito del poder político institucional. 

La fórmula enajenante asocia a las mujeres cuidadoras otra clave política: el descuido para lograr el cuido. Es decir, el uso del tiempo principal de las mujeres, de sus mejores energías vitales, sean afectivas, eróticas, intelectuales o espirituales, y la inversión de sus bienes y recursos, cuyos principales destinatarios son los otros. Por eso, las mujeres desarrollamos una subjetividad alerta a las necesidades de los otros, de ahí la famosa solidaridad femenina y la abnegación relativa de las mujeres. Para completar el cuadro enajenante, la organización genérica hace que las mujeres estén políticamente subsumidas y subordinadas a los otros, y jerárquicamente en posición de inferioridad en relación a la supremacía de los otros sobre ellas. 
Las transformaciones del siglo XX reforzaron para millones de mujeres en el mundo un sincretismo de género: cuidar a los otros a la manera tradicional y, a la vez, lograr su desarrollo individual para formar parte del mundo moderno, a través del éxito y la competencia. El resultado son millones de mujeres tradicionales-modernas a la vez. Mujeres Atrapadas en una relación inequitativa entre cuidar y desarrollarse. La cultura patriarcal que construye el sincretismo de género fomenta en las mujeres la satisfacción del deber de cuidar, convertido en deber ser ahistórico natural de las mujeres y, por tanto, deseo propio y, al mismo tiempo, la necesidad social y económica de participar en procesos educativos, laborales y políticos para sobrevivir en la sociedad patriarcal del capitalismo salvaje. 
Así, el deseo de las mujeres es contradictorio: lo configura tal sincretismo. 

Los hombres contemporáneos no han cambiado lo suficiente como para modificar ni su relación con las mujeres, ni su posicionamiento en los espacios domésticos, laborales e institucionales. No consideran valioso cuidar porque, de acuerdo con el modelo predominante, significa descuidarse: Usar su tiempo en la relación cuerpo a cuerpo, subjetividad a subjetividad con los otros. Dejar sus intereses, usar sus recursos subjetivos y bienes y dinero, en los otros y, no aceptan sobretodo dos cosas: dejar de ser el centro de su vida, ceder ese espacio a los otros y colocarse en posición subordinada frente a los otros. Todo ello porque en la organización social hegemónica cuidar es ser inferior. 
Algunas tendencias minoritarias se abren paso pero incluso hombres que se pronuncian por relaciones equitativas están más dispuestos a ser amables con las mujeres o sumarse al algunas de las causas políticas del feminismo, que a hacer política feminista. 

El cuidado pues está en el centro de las contradicciones de género entre mujeres y hombres y, en la sociedad en la organización antagónica entre sus espacios. El cuidado como deber de género es uno de los mayores obstáculos en el camino a la igualdad por su inequidad. De ahí que, si queremos enfrentar el capitalismo salvaje y su patriarcalismo global, debemos romper con la naturalidad del cuidado por género, etnia, clase, nación o posición relativa en la globalización. 
El feminismo del siglo XX ha realizado la crítica del modelo “superwoman” y ha denunciado la explotación de las mujeres a través del trabajo invisible y de la desvalorización de muchas de sus actividades, incluso del trabajo asalariado, de la relativa exclusión de la política y de la ampliación de una cultura misógina simbólica e imaginaria. Ha logrado llevar a la agenda de las necesidades sociales, la violencia contra las mujeres y ha realizado pequeñas modificaciones jurídicas y legislativas en el Estado. 

Algunas corrientes contemporáneas ya no reiteran la desigualdad ni la violencia de género y, en cambio acuerdan con la igualdad entre mujeres y hombres y por un mundo equitativo. 

Sin embargo, nos queda por desmontar el deber ser, el deber ser cuidadoras de las mujeres, la doble jornada y la doble vida resultante. Y eso significa realizar cambios profundas en la organización socioeconómica: en la división del trabajo, en la división de los espacios, en el monopolio masculino del dinero, los bienes económicos, y en la organización de la economía, de la sociedad y del Estado. El panorama se vuelve complejo si se traslada el análisis con perspectiva de género a las relaciones entre clases sociales y entre países, por ejemplo entre países del norte y del sur, entre los 21 y los otros, etcétera. 

Se requieren a la vez, cambios profundos en las mentalidades. Es extraordinario observar cómo la mayoría de las mujeres, aún las escolarizadas y modernas, las políticas y participativas, las mujeres que generan ingresos o tienen poderes sociales diversos, aceptan como un destino, con sus modalidades, la superwomen– empresarial, indígena, migrante, trabajadora, obrera-.Con esa subjetividad de las mujeres subordinada a la organización social, a las instituciones como la familia, la iglesia y el Estado, y a los hombres, no estaremos en condiciones de desmontar la estructura sincrética de la condición de la mujer, imprescindible para eliminar las causas de la enajenación cuidadora y dar paso a las gratificaciones posibles del cuidado. 

La vía imaginada por las feministas y las socialistas utópicas desde el siglo XIX y puesta en marcha parcialmente en algunas sociedades tanto capitalistas como socialistas y tanto en países del primer y del tercer mundo, ha sido la socialización de los cuidados, conceptualizada como la socialización del trabajo doméstico y de la transformación de algunas actividades domésticas, familiares y privadas en públicas. Haberlo hecho ha significado mejoría para la vida de las mujeres, liberación de tiempo para el desarrollo personal, la formación, el arte, el amor y las pasiones, la amistad, la política, el ocio, la diversión, el deporte y el autocuidado, incluso, una mejoría en la calidad de vida y en la autoestima. Es evidente el desarrollo social, cultural y político de las sociedades que así se han estructurado. 

Una de las mayores pérdidas de las mujeres de los países que antes fueron socialistas y se han convertido de manera drástica al capitalismo en tiempos neoliberales ha sido la de el sustento social que significaba el Estado social para sus vidas. En la actualidad han vuelto a ser su responsabilidad un conjunto de actividades que la transformación socioeconómica ha tornado domésticas, privadas y femeninas. Y lo mismo está sucediendo aún en países capitalistas de alto y medio desarrollo en los cuales se ha adelgazado al Estado de una manera violatoria de los derechos sociales construidos con muchos esfuerzos en gran medida por los movimientos socialistas, obrero y feminista. 
La alternativa feminista contemporánea que se abre paso en gran parte del mundo en el siglo XXI tiene sus ojos puestos en la crítica política de la globalización dominada por el neoliberalismo patriarcal de base capitalista depredadora. La opción que busca avanzar en el desarrollo de un nuevo paradigma histórico cuya base sea un tejido social y un modelo económico que sustente el bienestar de las mayorías, hoy excluidas, marginadas, expropiadas, explotadas y violentadas. 
Pensamos que sólo una alternativa de este tipo será benéfica para la mayoría de las mujeres, sus otros próximos, sus comunidades y las regiones y los países en que viven. 
Estas transformaciones de género están circunscritas e íntimamente ligadas a transformaciones equitativas de clase, étnicas y nacionales, enmarcadas en la construcción de naciones con derecho al desarrollo sustentable y en una globalización solidaria y democrática. De no articularse las transformaciones de género con estas últimas pueden observarse distorsiones significativas como las que se dan en la actualidad: mujeres dotadas de recursos y derechos de género que son ciudadanas de naciones hegemónicas, militaristas y depredadoras de otras naciones y pueblos donde habitan mujeres con las que se identifican en la construcción de sus derechos y oportunidades. 
También hay hombres cuya identidad es la de ser avanzados, democráticos y progresistas que no consideran importante la emancipación de las mujeres. Estados que colocan a las mujeres entre los grupos vulnerables y no las miran como sujetos políticos. Países en los que, a través de las acciones afirmativas, por ejemplo las cuotas, todavía negociamos el grado de exclusión política de las mujeres, y se consideran democráticos. Mujeres que piensan que ya lograron todas las metas de transformación de género y no se percatan que “el género” es su categoría social y a ella pertenece la mayoría pobre y cuidadora del mundo: las mujeres. 

Por eso, la otra dimensión de esta alternativa feminista es el empoderamiento de las mujeres como producto de la construcción de un nuevo paradigma histórico. El empoderamiento es el conjunto de cambios de las mujeres en pos de la eliminación de las causas de la opresión, tanto en la sociedad como, sobre todo, en sus propias vidas. 
Dichos cambios que abarcan desde la subjetividad y la conciencia, hasta el ingreso y la salud, la ciudadanía y los derechos humanos, generan poderes positivos, poderes personales y colectivos. Se trata de poderes vitales que permiten a las mujeres hacer uso de los bienes y recursos de la modernidad indispensables para el desarrollo personal y colectivo de género en el siglo XXI. 

Todos esos poderes se originan en el acceso a oportunidades, a recursos y bienes que mejoran la calidad de vida de las mujeres, conducen al despliegue de sus libertades y se acompañan de la solidaridad social con las mujeres. La participación directa de las mujeres en la transformación de su mundo y de sus vidas es fundamental y conduce también a la construcción de un mayor poder político y cultural de las mujeres que crean vías democratizadoras para la convivencia social. El cuidado, ha dejado de ser para otros y se ha centrado en las mujeres mismas. La sociedad, en un compromiso inédito cuida a las mujeres, es decir, impulsa su desarrollo y acepta y protege su autonomía y sus libertades vitales. En ellas va incluida la libertad de elecciones vitales, de actividades, dedicación e identidad: Es el fin del cuidado como deber ser, como identidad. 
En el siglo XXI ha de cambiar el sentido del cuidado. Hemos afirmado muchas veces que se trata de maternizar a la sociedad y desmaternizar a las mujeres. Pero ese cambio no significará casi nada si no se apoya en la transformación política más profunda: la eliminación de los poderes de dominio de los hombres sobre las mujeres y de la violencia de género, así como de la subordinación de las mujeres a los hombres y a las instituciones. Es decir, el empoderamiento de las mujeres es un mecanismo de equidad que debe acompañarse con la eliminación de la supremacía de género de los hombres, la construcción de la equidad social y la transformación democrática del Estado con perspectiva de género. 
Para la mayor parte de las corrientes feministas contemporáneas la articulación de lo personal con lo social, lo local y lo global conforma la complejidad de nuestro esfuerzo. 
La idea fuerza en torno al cuidado es la valoración de la dimensión empática y solidaria del cuidado que no conduce al descuido ni está articulado a la opresión. 
De ahí la contribución de las feministas: primero, al visibilizar y valorar el aporte del cuidado de las mujeres al desarrollo y el bienestar de los otros; segundo, con la propuesta del reparto equitativo del cuidado en la comunidad, en particular entre mujeres y hombres, y entre sociedad y Estado. Y, tercero, la resignificación del contenido del cuidado como el conjunto de actividades y el uso de recursos para lograr que la vida de cada persona, de cada mujer, esté basada en la vigencia de sus derechos humanos. En primer término, el derecho a la vida en primera persona.