9/27/2015

En EU, madres de los desaparecidos siguen la gira del Papa


Ayotzinapa, la herida abierta

Marchas, mítines y vigilias en el mundo para exigir justicia 
para los normalistas

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Integrantes de London Mexico Solidarity, YoSoy132Londres, Justice Mexico Now y de la sección para Centroamérica de AI, entre otros, realizaron una acción de solidaridad ante la embajada mexicana en Londres.Foto cortesía de London Mexico Solidarity

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En La Paz, Eva Liz Morales, hija de Evo Morales, presidente de Bolivia, participó en las movilizaciones por la desaparición de los 43



Foto Reuters
David Brooks y Agencias
Corresponsal
Periódico La Jornada


Al cumplirse un año de la desaparición forzada de 43 estudiantes de la escuela normal de Ayotzinapa, en más de una decena de ciudades alrededor del mundo hubo protestas, marchas y vigilias para exigir al gobierno mexicano que haga justicia y tome medidas para que un hecho como aquel no vuelva suceder.
Coreando normalistas mexicanos, no están solos y De Ayotzinapa a Nueva York, una sola lucha, decenas se manifestaron este sábado frente al consulado de México en Nueva York, en Estados Unidos, para marcar el primer aniversario de la desaparición de los 43 normalistas.
Otros actos se realizaron en Union Square y Times Square en el epicentro de esta ciudad. En tanto, cinco madres de los normalistas desaparecidos viajaron a Filadelfia para participar en algunas de las actividades de la gira del papa Francisco. Banderas mexicanas de luto en blanco y negro y mantas e imágenes de los 43 acompañaban los coros de Ayotzinapa vive y vive, la lucha sigue y sigue en las calles de esta metrópolis.
En Seattle se recordó a los estudiantes con vigilias y carteles en los que se leía Nos faltan 43 y Ayotzinapa, estamos contigo.
En Londres, Inglaterra, integrantes de diversas agrupaciones, entre ellas London Mexico Solidarity, YoSoy132Londres, Justice Mexico Now, National Campaign Against Fees and Cuts y representantes de la sección para Centroamérica de Amnistía Internacional, realizaron una acción de solidaridad a las afueras de la embajada de México en el Reino Unido.
Durante cuatro horas expresaron que el gobierno mexicano ha intentado cerrar el caso en varias ocasiones, pero ha fracasado gracias a la lucha de los padres y las madres de los normalistas y a la presión a escalas nacional e internacional.
En la ciudad de Guatemala, más de un centenar de activistas de derechos humanos marcharon anoche desde la Plaza México hasta la embajada de ese país.
En Madrid, España, varias personas se manifestaron en la explanada frente al Museo Reina Sofía y el Conservatorio de Madrid. En sus carteles se leía Justicia Ayotzinapa y Grita por la justicia, así como el hashtag #hasta encontrarlos.
En Honduras también se recordó a los normalistas. Un mapa de América Latina dibujado con gis sobre una acera, con veladoras y fotos de los estudiantes fue el marco para preguntar ¿Dónde están?
En París, Francia, defensores de derechos humanos desplegaron mantas y carteles en los que se escribió que la desaparición fue un crimen de Estado y se demandaba el fin de la impunidad. Otra manta señalaba en francés: “Que los ojos de los desaparecidos te sigan a todas partes, que las lágrimas de las madres no te dejen dormir, narcoestado mexicano”, y se promovía el hashtag #nousSommesTousAyotzinapa.
En Montreal, Canadá, con banderas mexicanas y pancartas, activistas demandaron que el crimen no quede impune y en los carteles se leía #YeSuisAyotzinapa #WeAllAreAyotzinapa.
En Ámsterdam, Holanda, las fotografías de los 43 estudiantes fueron expuestas en demanda de justicia y en Lima, Perú, se efectuó un plantón a las afueras de la embajada mexicana. Los carteles decían: Su lucha es nuestra lucha, su dolor es nuestro dolor, Perú presente y Ni perdón ni olvido, justicia para los compañeros.
En Santiago de Chile, la protesta se realizó ante el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, donde se recuerdan los atropellos cometidos durante la dictadura de Augusto Pinochet entre 1973 y 1990 y se dignifica a las víctimas y a sus familias. Allí, un grupo de manifestantes desplegó fotografías de los normalistas y carteles con la leyenda Nos faltan 43.

El encuentro fallido


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Abel Barrera Hernández*

Los padres colgaron las fotos de sus hijos para obligar al Presidente a identificarlos y leer el texto de todos: Con vida los queremosFoto José Antonio López


Con lista en mano, personal del Estado Mayor Presidencial preguntaba por el nombre de cada mamá y papá. Tenían que pasar por el detector de metales y mostrar sus pertenencias para asegurarse de que no portaban algún objeto que pusiera en riesgo la seguridad del Presidente. Lo más peligroso que llevaban eran las fotos de sus hijos y su palabra punzante. Verificaron que nadie pasara con grabadora o teléfono celular, para no estropear la imagen presidencial y evitar infidencias contra el gran poder, como sucedió en la primera reunión en Los Pinos.
Con 363 días a cuestas y 17 horas de ayuno, los papás y mamás llegaron puntuales al Museo Tecnológico de la Comisión Federal de Electricidad. Por varios minutos permanecieron varados en la explanada, mientras los guardias realizaban la última revisión al salón. El ambiente se distendió con la llegada de Ángela Buitrago, Francisco Cox, Carlos Beristáin y Alejandro Valencia, cuatro de los cinco miembros del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), quienes con gran atención saludaron de mano a todos los padres y madres. Caminaron juntos al salón. La ubicación de los lugares marcó la distancia del Presidente y los miembros de su gabinete con los familiares de los 43 estudiantes desaparecidos, de los tres compañeros caídos y los dos lesionados. Al fondo y a los costados de una gran mesa cuadrangular colocaron a los padres y madres en dos filas, quienes de inmediato colgaron las fotos de sus hijos para obligar a que el Presidente los identificara y leyera el texto de todos: Con vida los queremos.
Fueron 20 minutos de espera. Los sacos y corbatas de los miembros del gabinete contrastaban con los sombreros, gorras, huaraches y playeras de los familiares. En la gran mesa era muy visible la desigualdad que persiste entre las familias que no tienen nada y dan todo con tal de encontrar a sus hijos y los funcionarios de este régimen que viven en el confort y supuestamente velan por los derechos de la población.
Un saludo seco del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, marcó la pauta de la reunión: “Buenas tardes, en nombre del presidente de la República, Enrique Peña Nieto, damos la bienvenida a los familiares de las víctimas, al grupo de expertos de la CIDH, al presidente de la CNDH y a sus representantes legales…” Explicó el formato acordado para la reunión: en primer término sería la participación de dos miembros del GIEI, en un segundo momento la intervención de los padres y madres de los desaparecidos, caídos y lesionados; enseguida participaría la procuradora, para dar paso a la intervención final del Presidente de la República.
El mensaje de la experta Ángela Buitrago contrastó con la lectura desangelada que realizó la procuradora, Arely Gómez, quien no tuvo ninguna deferencia para los padres y madres de familia. Ángela saludó de manera especial a los familiares de las víctimas. Reconoció que el informe fue posible gracias al esfuerzo de los miembros del GIEI, a la colaboración de las instituciones del Estado mexicano y a la confianza depositada por los familiares de las víctimas. Comentó que el informe expresa un compromiso con la verdad, muestra un gran respeto por las víctimas y una lucha decidida contra la impunidad. Representa una gran oportunidad para reorientar la investigación y la búsqueda de los estudiantes desaparecidos. Sin ambages dijo que le preocupaba que varias personas del gabinete trataran de tergiversar los hallazgos sin leer ni analizar a fondo el contenido del informe. Con gran contundencia dijo que México necesita transitar a la verdad, porque con la verdad podemos transformar nuestra realidad. Recordó que como grupo de expertos han solicitado entrevistarse con elementos del 27 batallón de Iguala, quienes tienen mucho que informar sobre los hechos del 26 de septiembre. Más allá del debate se tiene que pensar en el esclarecimiento de los hechos; para ello hay que buscar fórmulas adecuadas para que esta reunión pueda realizarse.





El experto Carlos Beristáin resaltó que México se encuentra en una gran oportunidad para arribar a un cambio de fondo. Como especialista en atención a víctimas planteó la necesidad de construir la confianza con éstas, porque es un gran indicador de la democracia y del respeto a los derechos humanos. Manifestó que su papel como expertos también ha sido facilitar espacios de encuentro. Establecer canales de diálogo para la búsqueda de la verdad y la justicia.

La participación de las familias estuvo marcada por una posición de dignidad. De hacer el justo reclamo por no saber nada sobre el paradero de sus hijos, pero sobre todo de alzar la voz por la burla y la mentira con que manejaron la versión del basurero de Cocula. Tuvieron que espetarle a la procuradora el gran daño que les causó por no haber escuchado a don Margarito y a sus representantes, quienes le pedían que no hiciera pública la información sobre los resultados endebles relacionados con los restos de Jhosivani Guerrero de la Cruz. Lo inaudito fue el planteamiento de ocho puntos por parte de los mismos padres y madres de familia. Supieron plasmar su reclamo puntualizando propuestas concretas.
Esperaron la respuesta del Presidente; tenían la leve expectativa de que modificara su postura y que comprendiera la necesidad de rencontrarse con las víctimas. De cultivar la confianza, como bien dijo Beristáin. El mismo Presidente reconoció que era reiterativo con sus frases recurrentes de estoy de su lado, mi mayor preocupación es que se esclarezcan los hechos y dar con la verdad, tope donde tope. Lo que molestó a todos los familiares es que haya dicho que los resultados del informe de los expertos son sólo hipótesis. Es decir, que su verdad histórica continúa incólume, aunque ahora ya no tiene el estatus de verdad histórica, sino de hipótesis. Ante esta grosería, los padres y madres emplazaron al mandatario a dar respuesta puntual a sus ocho puntos. La salida elegante del Ejecutivo fue escabullirse, dejando en la procuradora y el secretario de Gobernación la responsabilidad de responderles. Con otro buenas tardes, Osorio Chong dio por concluida la reunión. Los papás y mamás quedaron retenidos, porque de nueva cuenta los miembros del Estado Mayor vieron en ellos un peligro. Tuvo que haber jaloneo con los representantes para poder salir. El caminar pausado de los padres iba acompañado con sus sabios comentarios: Esta segunda batalla también la ganamos.

(*) Director del Centro de Derechos Humanos de La Montaña Tlachinollan

El INEE y la evaluación propuesta



Tatiana Coll*
Por cuarta ocasión se ha anunciado que la evaluación universal al desempeño docente se ha pospuesto de nuevo. La primera vez plantearon una posposición indefinida, fue una semana antes de las elecciones y se desató un vocerío de reclamos encabezado por Empresarios Primero, al que muy presto se sumó el INEE, planteando que los niños de México no podían tolerar esta posposición de carácter político. Casi nadie reparó en el argumento que la SEP balbuceó: la posposición se debe a que hay problemas técnicos y de logística. Dos semanas después anunciaron que se reponía sin ninguna demora la evaluación, y además con desparpajo amenazante dijo Chuayffet que despedirían a todo aquel maestro que no se presentara.
En ese momento yo formulé una serie de preguntas en mi artículo del 17 de junio. La primera fue: ¿han superado realmente los problemas de conectividad, infraestructura y personal evaluador? Es evidente que no los han superado, pues ya estamos en la cuarta posposición. El INEE ahora no dice nada.
La excusa en esta ocasión es que tienen problemas con la plataforma a la cual deben subir los maestros su expediente de evidencias. Cualquiera que acceda a las definiciones y requisitos que en la página correspondiente plantea el Servicio Profesional Docente (SPD), se llenará de preguntas preocupantes. En primer lugar, a los 100 mil maestros a quienes les llegó la invitación a ser evaluados, y cumplir con su obligación de ley, pues los maestros convocados pareciera que fueron seleccionados cuidadosamente, lo que permite individualizar el proceso, y los candidatos están dispersos por todo el país, aislados cada uno en su escuela. En segundo lugar, esta situación significa que no se evaluará a un conjunto más o menos homogéneo por región o estado, lo cual permitiría tomar en cuenta condiciones socioeconómicas y culturales similares.
Las primeras dos etapas de evaluación implican subir a la plataforma un número importante de textos analíticos y argumentativos. En la primera, los directores y/o supervisores deben emitir un informe que identifique el grado de cumplimiento de las responsabilidades del docente, que son inherentes a su profesión, su participación en el funcionamiento de la escuela, en órganos colegiados, y su vinculación con los padres de familia, es decir, una poderosísima arma de control para las autoridades.
En la segunda etapa los maestros deben subir el expediente de evidencias, que es diferente por nivel y materia. Los profes de básica deben subir cuatro trabajos (señalan unas 20 opciones diferentes) de sus estudiantes, dos de español y dos de matemáticas, para cada caso una del mejor alumno y otra del peor. Después tienen que redactar un texto abierto donde analicen y argumenten a partir de los siguientes determinantes: 1) contexto educativo (del subsistema, región, escuela, estudiantes, aula), 2) diseño de la estrategia didáctica (propósitos y contenido de los programas vigentes, justificación de la estrategia didáctica, actividades de enseñanza-aprendizaje, actividades de evaluación, descripción de competencias por lograr), y 3) argumentación de la práctica educativa (alcance de los logros de aprendizaje, términos y explicación de la evaluación, autoevaluación de la práctica docente). Después seguirán otras dos etapas, una sobre planeación en el aula y otra es la llamada evaluación objetiva.
Lo primero que tienen que transparentar el INEE y/o el SPD es ¿quién y cómo va a evaluar todo esto? No me refiero a una serie de aspectos a evaluar, que señalan en el mismo documento, sino a las personas que analizarán todos estos textos, y bajo qué criterios. Es decir, un cálculo mínimo nos arroja que los directores seguramente subirán a la plataforma unas cuatro a seis cuartillas, luego los maestros subirán cuatro evidencias y por lo menos unas seis a diez cuartillas argumentativas si quieren cubrir todos los puntos. Tenemos como mínimo unas 14 páginas, que multiplicadas por los 100 mil maestros arrojan un millón 400 mil hojas, que bien podrían llegar hasta 2 millones (¡con razón tienen problemas en la plataforma!). Pero este sería el menor de los problemas. Nos preguntamos, ¿quién va a leer todo este material y analizarlo con neutralidad y competencia? ¿A quiénes y cuántos han contratado para este trabajo? ¿Cómo han formado a estos evaluadores? ¿Están seguros de que todos comparten los mismos criterios y visión? ¿Pueden hablar de una evaluación responsable, pues de ello depende el futuro de los maestros?
Por lo pronto sabemos, el propio Nuño lo confirmó, que el flamante plan de los tutores no ha funcionado. Entonces, ¿cuál es la garantía de que esta evaluación funcionará correctamente? Algunos maestros creen que meterán todo en las supercomputadoras, y si aparecen ciertos conceptos que han programado previamente, serán aprobados. Todo es posible ahora, aun la vieja tesis de que se arrojan los trabajos al aire y los que caigan sobre el escritorio son los ganadores.
Hoy, 26 de septiembre, se cumple un año del crimen de Estado contra los normalistas de Ayotzinapa y el gobierno sigue insistiendo en sostener las cínicas respuestas y el desprecio a todo un pueblo. ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!
* Profesora de la Universidad Pedagógica Nacional, autora de El INEE

Los Avispones: la lucha contra el olvido, a un año de la embestida en Iguala


Ayotzinapa, la herida abierta

Miguel Ríos recuerda cómo salvó la vida a su hijo, pese a policías y hospitales

Jugadores y cuerpo técnico del equipo, marginados ante la impunidad que impera en el caso

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El club Avispones continúa con su actividad, luego de aquella trágica noche en Iguala

foto Cuartoscuro
Periódico La Jornada
Nadie lo recuerda, pero hace un año Miguel Ríos Romero llevó a su hijo adolescente desangrándose en el asiento trasero de una camioneta Ford. El muchacho estaba pálido y cabeceaba, los párpados luchaban contra el peso de un sueño moribundo. Sangraba profusamente por las heridas de bala que recibió un par de horas antes, y resultaba asombroso que siguiera con vida. El padre del joven conducía desquiciado la madrugada del 27 de septiembre de 2014 hacia Iguala, sitio del que todos querían alejarse en ese momento, menos ellos. Volvían al lugar que esa noche fue escenario de la barbarie.
Llovía. Sobre todo llovía. La policía municipal de Iguala montó un retén y les impidió el paso a la ciudad. Les apuntaron con rifles y golpearon con fuerza el cofre de la camioneta para que se detuviera. ¿Qué hacían ahí a esa hora?, interrogaron amenazantes, cuando nadie tenía motivos ni la osadía de salir a esas calles; eran poco antes de las dos de la madrugada. Quienes les obstruían el paso pertenecían al mismo cuerpo policiaco que disparó horas antes contra los estudiantes de Ayotzinapa y contra el autobús del equipo de futbol de tercera división Los Avispones de Chilpancingo, donde hirieron a su hijo, el defensa central Miguel Ríos Ney. No podían entrar. Menos, le dijeron, con un joven herido. En esas condiciones, no había tiempo para negociar el miedo, Miguel aceleró y les aventó la Ford sin importarle que podían disparar.
–Si no entro se me muere el muchacho; de que se vaya solo, mejor nos vamos todos –fue la lógica con la que se abrió paso, junto a su esposa y su hijo moribundo, para entrar al lugar donde nadie quería estar.
Sólo unos pocos lo saben, pero Iguala ya estaba desierta a esa hora de la madrugada. Miguel lo recuerda. No había autos en las calles ni gente por las aceras. Era una quietud anómala, en la cual no reparó en ese momento. Lo único que pensaba era en conseguir un hospital que atendiera a su hijo, quien presentaba cinco disparos de bala, cuando volvía en el autobús de Los Avispones rumbo a Chilpancingo. Encontrar uno dispuesto a recibirlo en ese estado fue más difícil que abrirse paso entre la policía municipal. Lo rechazaron en tres clínicas con distintos argumentos: no aceptaban heridos de bala, carecían del equipo, no había especialista y el único disponible no quería salir a las calles de una ciudad donde los responsables de la seguridad abrieron una cacería furiosa contra normalistas, por tomar cinco autobuses de pasajeros.
Pocos lo recuerdan, Miguel Ríos Romero, en cambio, no olvidará jamás que hace un año regresaba de ver a su hijo ganar un partido de futbol la noche del 26 de septiembre de 2014 en Iguala. Volvía junto con su esposa, pues su hijo viajaba con el equipo. Ya estaba cerca de Chilpancingo, cuando a medianoche recibió una llamada en la carretera, era su hijo el futbolista. Le dijo que los habían baleado y que estaba herido. El joven defensa central recibió cinco tiros. Miguel, el padre, recuerda como si fuera ayer que dio vuelta en U sin mirar los espejos de la camioneta y volvió sobre el camino por el que había viajado unos minutos antes. El trayecto de una hora lo hizo en menos de la mitad de tiempo, impulsado por una desesperación que lo hacía imaginar que si no llegaba pronto encontraría a su hijo muerto. Pero estaba vivo. Tirado junto a una cerca que protegía unos sembradíos de maíz, al borde de la carretera Iguala-Chilpancingo en el cruce a Santa Teresa. Tirado como un animal, recuerda el padre, que a pesar de que ha pasado un año, todavía hace un silencio como si tuviera la imagen enfrente.
FotoHundido en una zanja junto al camino estaba el autobús del equipo. El joven futbolista sólo pudo levantar la cabeza para reconocer a su padre. Estaba lívido y con la mirada perdida, aunque consciente. Se levantó la playera para mostrar las heridas, entonces el padre hizo un mohín de horror como lo hace ahora, un año después. Tenía un gran hoyo en el abdomen, floreado, una cosa fea con muchísima sangre, dice con gesto de repulsión.
Miguel Ríos Ney sigue en el futbol, pese a las varias cirugías a que fue sometido, y cuyo costo total no han sido rembolsado a su familia. El joven ahora forma parte de las divisiones menores del equipo PachucaFoto Camilo Olarte
Pero el rostro cambia al volver a su memoria que, cuando llegó casi dos horas después al lugar del atentado, había una patrulla de la Policía Federal y una de ministeriales. Ningún oficial lo ayudó, en cambio, recibió un trato indigno. Uno de los policías, cuya soberbia recordará mientras viva, trató de impedirle levantar a su hijo herido. Después de la insistencia, Miguel cargó en vilo al muchacho para meterlo en la camioneta Ford y llevarlo a Iguala. En el esfuerzo trastabilló y trató de apoyar el cuerpo sangrante sobre el cofre de la patrulla. El federal, impasible y con los brazos en jarra, le dijo: ni se te ocurra ponerlo ahí. Va manchar todo de sangre. Además, para qué te lo llevas, si se te va a morir en el camino.
Miguel Ríos Romero dice que no es el mismo desde entonces. Hoy lo invade la rabia de saber que los jugadores y cuerpo técnico de aquel equipo atacado con saña, en medio de la noche, han sido marginados debido a la impunidad. Pocos recuerdan, Miguel lo tiene presente, que a escasos kilómetros de donde atacaron y desaparecieron a los normalistas de Ayotzinapa, asesinaron también al chofer del transporte de Avispones, Víctor Manuel Lugo, y al jugador de 15 años, David Josué García Evangelista.
–Hace un año no me interesaba saber quiénes eran los responsables del ataque contra Los Avispones ni cómo había ocurrido –dice Miguel para explicar cómo ha cambiado la actitud de los afectados por aquella agresión–. Yo lo que quería era salvar a mi hijo. Nada más. Pero después de tantas mentiras de las autoridades, me entra rabia y quiero saber por qué los atacaron y quiénes fueron. No me conformo con la versión de que sólo fue una confusión.
Cuando habla de esa versión, se refiere a la verdad histórica que expuso la procuraduría encabezada entonces por Jesús Murillo, según la cual se trató de un hecho aislado y de una lamentable confusión. Sólo eso. Miguel entonces piensa en el informe sobre Ayotzinapa que dio el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes, de la CIDH.
En ese reporte, el ataque a Los Avispones es un eslabón significativo de una cadena de hechos en los que se desató la violencia de policías contra los estudiantes de Ayotzinapa, quienes tomaron cinco autobuses de pasajeros. Otras corporaciones estuvieron al tanto de lo ocurrido casi en tiempo real sin que intervinieran o impidieran las agresiones. En el extenso relato se comprueba la presencia de la Policía Federal y del Ejército en diversos momentos ese 26 y 27 de septiembre de 2014.
–Hoy, con quien siento más rabia es contra el Ejército Mexicano. No porque piense que ellos fueron los atacantes, sino porque tuvieron conocimiento de todo y no hicieron nada. ¿Cómo es posible que el mayor ente de seguridad de los mexicanos no detuvo las agresiones?
En el informe de GIEI resaltan los descuidos, omisiones y contradicciones con los que las autoridades han investigado el caso Ayotzinapa. Ahí Los Avispones no fueron víctimas de una simple confusión, sino protagonistas de una pista perdida. Dice el informe:
La hipótesis más probable es que el autobús habría sido confundido con uno de los que transportaba a normalistas y que tomó otra ruta. En concreto, el quinto autobús Estrella Roja que no había sido detenido.
Miguel lo cuenta tres días antes del primer aniversario de la noche de Iguala en la que salvó la vida de su hijo. Tiene prisa, pero no quiere tragarse solo ese recuerdo. Viene de trabajar de Pachuca, pero debe estar por la noche en Chilpancingo porque al día siguiente los padres de familia de Los Avispones darán una conferencia de prensa. Tiene que marcharse pronto, porque un accidente de autobús en la autopista Pachuca-México, que dejó 43 heridos, lo retrasó un par de horas. Cuando lee el reporte preliminar de ese accidente de tránsito, arquea las cejas y hace una mueca ante la obviedad tosca de la coincidencia.

Iguala, a un año: ni verdad ni justicia



EDITORIAL LA JORNADA 

Hoy se cumple un año de los ataques perpetrados en Iguala en contra de estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, de Ayotzinapa, con saldo de tres muertos, decenas de heridos de distinta gravedad y 43 desaparecidos, además de otros tres asesinados ajenos a ese plantel. La agresión marcó un hito en las violencias de distintos signos que padece la población del país –la de la delincuencia organizada y la de las acciones represivas en contra de movimientos sociales– y en la creciente incapacidad de las instituciones públicas para preservar la integridad y la vida de los ciudadanos, procurar justicia y hacer frente a la impunidad. Pero la reacción social a tales hechos ha sido también un punto de inflexión en la historia de las movilizaciones populares recientes y en el curso de estos 12 meses se ha derrumbado la imagen interna y externa del régimen.
Cabe recordar que las primeras indagatorias señalaron como responsables a una organización local dedicada al narcotráfico y al entonces presidente municipal de Iguala, José Luis Abarca, quien cuatro días después pidió licencia al cargo y se dio a la fuga junto con su esposa, María de los Ángeles Pineda Villa. Al día siguiente el presidente Enrique Peña Nieto se pronunció por primera vez sobre los incidentes de Iguala, señalando que la responsabilidad de esclarecer los crímenes correspondía al gobierno estatal, encabezado entonces por Ángel Aguirre Rivero.
Las tareas de búsqueda de los muchachos normalistas, infructuosas hasta la fecha, dieron pie al descubrimiento de innumerables fosas clandestinas en la región, y permitieron sacar a la luz en toda su crudeza el fenómeno recurrente y constante de las desapariciones en Guerrero, como una expresión particularmente aguda de una práctica criminal que tiene lugar en todo el país.
La atrocidad generó una movilización social y popular sin precedentes en solidaridad con las víctimas de la agresión, en exigencia de la presentación de los jóvenes desaparecidos y en demanda de un esclarecimiento pleno de los hechos y de la identificación de los responsables.
Como resultado de esa intensa presión, el 4 de octubre la Procuraduría General de la República (PGR) anunció que atraería la investigación del caso. Jesús Murillo Karam, quien ocupaba la titularidad de esa dependencia, presentó el 7 de noviembre una serie de conclusiones parciales según las cuales los 43 normalistas habían sido capturados por policías municipales y entregados al cártel conocido como Guerreros Unidos, cuyos integrantes los habrían asesinado e incinerado en el basurero de Cocula. La responsabilidad intelectual de todo ello recaía, según Murillo Karam, en Abarca y Pineda, quienes ya habían sido capturados en Iztapalapa, en una acción que –como todas en este caso– generó suspicacias de la sociedad.
Para entonces las movilizaciones se habían extendido a localidades pequeñas, medianas y grandes del país, e incluso a múltiples ciudades del extranjero. El 27 de enero de este año Murillo Karam realizó una nueva presentación que cambiaba el móvil del crimen: el ex alcalde ya no ocupaba, en ese segundo relato, el papel protagónico: la agresión se habría originado porque los integrantes de Guerreros Unidos habrían confundido a los normalistas con miembros de una facción rival; la autoridad mantuvo la narración de la incineración en el basurero y todo ello fue proclamado verdad histórica.
En todo ese tiempo el gobierno dio crédito a los presuntos culpables materiales y desechó los testimonios de los estudiantes sobrevivientes, quienes han sostenido desde un inicio que en la agresión participaron elementos de las policías estatal y federal así como integrantes del Ejército. Tanto los normalistas como los familiares de los desaparecidos y las organizaciones de derechos humanos que les han dado apoyo afirman, con base en elementos que constan en la averiguación, que lo ocurrido en Iguala fue un crimen de Estado en el que participaron miembros de los tres niveles de gobierno. Por otra parte, tanto científicos de la UNAM como el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) aportaron datos que hacen insostenible la versión oficial de la quema de cuerpos en Cocula.
Los cuestionamientos a la narración oficial de los hechos fueron sistematizados en forma exhaustiva por el informe que presentó hace tres semanas el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Ese documento enlista, además, numerosas omisiones, irregularidades, ocultamientos e inconsistencias en la investigación de la PGR, niega en forma contundente la posibilidad de la incineración y aporta elementos nuevos no considerados o no encontrados por los investigadores oficiales. Por añadidura, el informe del GIEI formula recomendaciones al gobierno mexicano que son coincidentes con las demandas que familiares, compañeros y asesores de los asesinados, heridos y desaparecidos han enarbolado desde hace un año.
La reunión sostenida entre los familiares y compañeros de los jóvenes desaparecidos y Peña Nieto en vísperas de este aniversario fue emblemática de la incapacidad oficial de dar respuesta a las demandas de esclarecimiento, justicia y trato digno. El Presidente rechazó las ocho peticiones puestas sobre la mesa por su contraparte y, tras el encuentro, los padres manifestaron su decepción por la negativa a asumir cualquier compromiso sustantivo que permita recuperar la confianza en una procuraduría que, expresaron, los ha engañado de manera reiterada. La reunión se saldó, pues, con un nuevo fracaso de las autoridades en su búsqueda de credibilidad y en una nueva frustración para los de Ayotzinapa.
En suma, en el curso de este año se ha hecho evidente la incapacidad de las instituciones para investigar, esclarecer y resolver actos tan atroces como el de Iguala, su falta de flexibilidad y sensibilidad y su carencia de voluntad política para hacer frente a la impunidad que campea en el país. Por el contrario, las acciones oficiales parecen una simulación a ojos de muchos y se traducen en ofensas adicionales al agravio inicial. Conforme el régimen se enreda en una crisis política cada vez más aguda, la sociedad mantiene vigente y multiplicada la exigencia de verdad y justicia.

Atenta invitación al XXII Encuentro de Radios Comunitarias/Universitarias en Canadá






Colegas y amigos de las radios Comunitarias en español:

Reciban un fraternal saludo de parte del "Colectivo Alternativa Latinoamericana", organizadores del "Encuentro de Radios Comunitarias y Universitarias en Canadá, el motivo de este correo es para invitarlos como cada año a participar al XXII Aniversario del Encuentro.

 La Maratón Radiofónica de "24 horas de Programación En Español" se realizará como es costumbre en los estudios de CFRU 93.3 FM. Ubicados en el Campus de la Universidad de Guelph, los días 10 y 11 de Octubre de este año 2015 en el horario de;

Sábado 10 de octubre, de 6 de la tarde a 12 de la noche y
Domingo 11 de octubre, de 6 de la mañana a 12 de la noche

Como es sabido la parte más importante del encuentro son ustedes nuestros invitados, su participación a través de su material enviado a nuestro correo en formato mp3 para las radios fuera de Canada.

los requisitos son: 

*** material que sea acorde a uno de los temas de este Encuentro 2015
*** duración de sesenta minutos
*** trabajo original que puede ser en base a los temas: de debate, de opinión, de investigación o  del trabajo realizado por ustedes en radio comunitaria o universitaria, 
*** un espacio para describir la radio que representan 
*** y un saludo para el Colectivo Alternativa Latinoamericana mencionando que estan participando en el Vigésimo Segundo Encuentro Radiofónico en Español de Canadá.

Los temas de éste año son :

 Los desaparecidos. Dónde están los desaparecidos, por qué desaparecen,qué sucede con este delito.

** La copla una expresión del canto y la identidad y

*** Cuentos y cantos en la guerra y la Paz "

Si desea ser parte de este evento, favor de confirmar su participación enviando su material antes del dia 5 de octubre del presente año. 

Para más información comunicarse con Hilda Venegas o Sergio Pochon enviando un correo a : alternativalatinoamericana@gmail.com 

El Evento será transmitido para las regiones de Wellington y Waterloo, por la siguiente frecuencia: 93.3 FM

Y para el resto del mundo a través del Internet en 


Fraternalmente,
Sergio Pochón
Alternativa Latinoamericana Colectivo
Septiembre 2015



Historia

Desde 1993 se realiza cada año este encuentro de Radios Comunitarias en CFRU, la radio comunitaria de la Universidad de Guelph, éste encuentro único en su género en Canadá, no sólo por el contenido político-social de nuestra América, sino también porque transmitimos 24 horas contínuas de programación no comercial en español.  

Éstos encuentros han reunido a programadores, productores, comentaristas, periodistas, catedráticos, estudiantes, artistas, músicos, técnicos y locutores radiales, unidos en la tarea de comunicar lo que los medios convencionales no tratan, trabajo que se lleva a cabo desde radios comunitarias, multiculturales, universitarias y alternativas de nuestra América.

Así hemos enlazado, durante dos décadas, propuestas radiales no sólo de diferentes ciudades de Ontario, donde las comunidades hispanohablantes tienen una presencia importante, sino también de diversos puntos de nuestra América, en donde la palabra de las radios comunitarias y/o universitarias muchas veces son censuradas.

Desde las primeras ediciones de estos encuentros tuvimos la presencia de radios hermanas de Nuestra América. En el transcurso de estos años han participado, Radio Educación de México, YSUCA de El Salvador, Radio Habana Cuba, Radio Yungas de Bolivia, Radio Mundo Real del Uruguay, Radio UNAM, por nombrar sólo algunas de ellas.

También han participado, a través de entrevistas vía telefónica, personalidades relevantes de nuestra vida política y cultural como Jon Sobrino, Dozthor Zurlent, Andrés Gómez, Fernando Bossi, William Izarra, Gloria La Riva, Alberto Nolia, Isidro Fardales, Pedro Echeverria,  por sólo nombrar algunos de los muchos prestigiados invitados.

En la edición número 11 del año 2004, el Encuentro fue galardonado con el premio "Excelencia a la Producion", otorgado por The National Campus and Community Radio Association (NCRA) Propuesta del 2009

En su edición número XIX, el encuentro fué galardonado de nuevo con el Premio "Excelencia a la Producción 2012/2013" que se llamo - Desde Santiago hasta Montréal por una educación gratuita, laica y de calidad-

Por mejor programación en tercera lengua con mención honorífica en el año 2013 por el espacio de Tiempo de Mujeres 

Exigencias esenciales de Ayotzinapa



Miguel Concha
No existe medianamente una descripción, ni mucho menos, palabras que expliquen y den cuenta de la tragedia, las profundas heridas y los dolores que experimentan las familias de los jóvenes normalistas desaparecidos forzadamente, ejecutados y torturados durante la noche y la madrugada del 26 y 27 de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero.
En la memoria colectiva se mantiene la indignación que crece, y se sostienen las exigencias de las víctimas. La verdad histórica del gobierno se cayó, y con ello crece la desconfianza en las instituciones del Estado. Ya no les creen, ni las familias ni la sociedad mexicana en general.
Hoy, a un año de aquellos lamentables hechos, la sociedad vuelve a salir a las calles, confronta al gobierno, y vuelve a gritar: ¡Vivos se los llevaron! ¡Vivos los queremos! Y, como ya sabemos que fue el Estado el responsable, es el Estado el encargado de garantizar que los jóvenes regresen a sus hogares, el que debe reparar los daños y hacer todo lo que esté a su alcance para que jamás se repitan hechos similares, en lugar de seguir administrando la tragedia.
Las fechorías de un mal gobierno han quedado develadas ante los ojos de las víctimas y de la sociedad mexicana e internacional. No hay mecanismo alguno por el cual pueda ahora negar su responsabilidad, sus omisiones y su escasa voluntad para garantizar verdad y justicia.
En el contexto del ayuno de 43 horas, las familias asistieron a reunirse con el actual titular del Ejecutivo Federal. Los resultados se resumen en redundancias en torno a lo que ya se había comprometido anteriormente. Nada nuevo bajo el sol. Sólo quizás simulación. Sin embargo, durante este encuentro los familiares le entregaron un documento que contiene sus exigencias esenciales (http://goo.gl/o6V4wI).
Ellas y ellos de manera contundente sentenciaron que mientras no haya verdad, su lucha legítima y digna habría de marcar el sexenio peñanietista. Instaron al Presidente a estar del lado de la verdad y no de la mentira, y de paso le recordaron la indiferencia que mostró durante semanas ante su tragedia.
Ahora los familiares saben que para lograr verdad y justicia, el gobierno debe atender plenamente sus demandas. Entre éstas se encuentra la que alude necesariamente al reconocimiento de la legitimidad de la búsqueda en vida de los jóvenes desaparecidos; a que el jefe del Ejecutivo realice este gesto públicamente ante el pueblo de México; y a que, después de conocer el informe presentado por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), al mismo tiempo se declare que la investigación no está cerrada, pues se requiere una nueva, amplia y seria, y con el más alto profesionalismo y sentido ético.
Aunque la respuesta del Ejecutivo fue insuficiente, con un dejo de frialdad y de unilateridad, los familiares pusieron sobre la mesa la urgencia de que el mandato del GIEI se prorrogue por un año más, y no por seis meses, como ha propuesto el Ejecutivo. En este sentido, el que se acate plenamente el informe del GIEI es también pieza clave para avanzar en la obtención de justicia, que no puede estar sujeta a análisis, pues se trata sin duda de un trabajo respaldado internacionalmente y llevado a cabo por expertos de talla internacional y profesionalismo probado. Sería un error echarlo mañosamente por la borda.
Resulta también importante el planteamiento de las familias para que se constituya una unidad especializada de investigación, con supervisión internacional, que a través de dos instancias, indague específicamente acerca del paradero de los jóvenes desaparecidos, e investigue el montaje de la mentira en torno a la verdad histórica sostenida por el gobierno en enero pasado. Es urgente poner atención a esta petición, aunque el titular del Ejecutivo la soslayó y trata de escabullirse proponiendo una fiscalía para personas desaparecidas en general.
¿Cómo es posible que ante tremendas falencias en el caso de Ayotzinapa se quiera evitar entrar seriamente a la investigación del caso, tal como lo plantean los familiares? ¿Por qué se eludiría trabajar a través de esta unidad especializada, cuando uno de sus resultados probables sería investigar y fincar responsabilidades por acciones u omisiones a funcionarios de todos los poderes y niveles? Además, esta unidad especializada debe contar con la coadyuvancia de los abogados de las familias, del GIEI y del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), así como de peritos especializados, incluso internacionales.
Todo lo anterior le representa un reto al gobierno, pues, para emprender los nuevos trabajos en las investigaciones, se requiere de una institucionalidad que haga posible el derecho a la verdad y la justicia de las familias; que garantice autonomía e independencia y que genere confiabilidad entre las víctimas y en la sociedad en general, ya que esto último es una de las principales carencias que muestran las instituciones del Estado mexicano que han intervenido en el caso.
Las exigencias de las familias también abarcan la vital necesidad de un trato digno a las víctimas, tanto los familiares de los jóvenes desaparecidos como de los ejecutados y torturados. Nuevamente es imperativo que en los mecanismos de comunicación sean principalmente las familias las primeras informadas sobre cualquier dato relacionado con el caso. Es inaceptable que se antepongan estrategias y tiempos del gobierno, al dolor y la indignación de las familias.
Ayotzinapa es sin duda un punto de inflexión y de no retorno, ya lo hemos dicho. Toca el turno de nuevo al gobierno para comprometerse plenamente con las exigencias esenciales de las familias. La crisis de derechos humanos que tenemos no se resuelve obviando el dolor de las personas, y mucho menos dando largas a problemas de tan enorme envergadura. La indignación y la exigencia nuevamente están en la calle, y están creciendo. En acompañar y luchar al lado de las familias de los 43 avanzamos también en la construcción de un mundo más digno, libre, justo y en paz. ¡Justicia para Ayotzinapa!

Ayotzinapa: construir la verdad



Gustavo Gordillo
Ayotzinapa es para el México de hoy la frontera entre justicia e injusticia, entre solidaridad y ley de la selva. Ayotzinapa nos interpela desde varios ángulos. El más evidente es el de la justicia. El más sólido es el de la solidaridad que ha concitado. El más drámatico, el de la crisis profunda que ha desvelado.
Se trata de una crisis de un régimen político constituido por tres fuerzas principales, pero excluyente de otras fuerzas ciudadanas, y un Estado disfuncional frente a una sociedad plural, pero desarticulada, y débilmente implantado a lo largo del país, en medio de una crisis de credibilidad hacia casi todas las instituciones.
A pesar de esa debilidad de la sociedad, la solidaridad se ha nutrido de movilizaciones recurrentes. Hay que entender el ciclo de movilizaciones que se han generado en México desde 2011. Aunque han tenido demandas y formas de lucha diferentes, entre el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, el #YoSoy132, el movimiento politécnico, los múltiples movimientos regionales por rescatar tierras y recursos naturales frente a megaproyectos y empresas mineras; hay un hilo conductor: el abuso de autoridad y las reacciones ciudadanas para afrontarlo.
Encontrar un camino en común en un espacio marcado por conflictos entre las elites, movilizaciones sincopadas, deterioro económico y social, sólo será posible si desde el gobierno y desde el activismo se ve a esta sociedad desarticulada, pero vigorosa, con ojos nuevos. No es la sociedad de las corporaciones, no es el ciudadano sumiso que intercambia progreso económico por retroceso político, ya no es el presidencialismo todopoderoso que articula a los poderes fácticos y a los grupos organizados de la sociedad. Avanzamos por un lento y largo proceso de reconstrucción institucional, donde las minorías intensas en sus excesos y esquematismos son malas consejeras.
No dejan por ello de ser sumamente relevantes algunos planteamientos hechos por el papa Francisco en su discurso frente al Congreso estadunidense. Particularmente cuando refiriéndose a la necesidad de estar atentos a cualquier tipo de fundamentalismo llama a evitar la polarización, el reduccionismo simplista que divide la realidad en buenos y malos. Y concluye con contundencia: Copiar el odio y la violencia del tirano y del asesino es la mejor manera de ocupar su lugar.
A evitar esa polarización han jugado un papel central primero los expertos forenses argentinos, y ahora el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
Pero trascender la polarización requiere responder a tres interrogantes: a) ¿Dónde están los desaparecidos?, b) ¿Quiénes son los responsables de esa situación?, c) ¿Cuál fue el móvil?
La respuesta a las tres preguntas generaría dos consecuencias. Una, la de la justicia concreta con culpables específicos y procesos jurídicos transparentes. La segunda el inicio de un proceso de reconstrucción del Estado con el propósito de recuperar el territorio nacional desde varias dimensiones. El sistema de transparencia y rendición de cuentas para reducir corrupción, impunidad y sobre todo privilegios. La política social y económica para reducir pobreza y desigualdad. La necesidad de avanzar en una auténtica reforma municipal pensando en éste como el primer eslabón de la fortaleza de un Estado reconstituido territorialmente.
Además una acción simbólica, pero con gran visión estratégica, sería un programa real auténtico no retórico, que termine 40 años o más de hostigamiento a las normales rurales y las fortalezca de suerte que contribuyan a generar una nueva sociedad rural.
Algunos dirán que esperar lo anterior es ingenuidad. Más bien es posibilismo, que como señaló Hirschman, tiene por brújula ética un concepto de libertad definida como el derecho a un futuro no pronosticado.

El incidente



Carlos Bonfil
Los vasos comunicantes. Isaac Ezban, entusiasta realizador mexicano de 29 años, ha logrado en poco tiempo perfilarse como uno de los talentos más novedosos del cine fantástico, como antes Guillermo del Toro con su opera prima Cronos o el español Alejandro Amenábar con Tesis, su debut inquietante.
En un contexto difícil, en el que una desafortunada distribución en las grandes salas, aunada a un comprensible escepticismo del público frente a un cine nacional sin vigorosas renovaciones estilísticas o temáticas, va surgiendo una generación de cineastas muy jóvenes –David Pablos, Michel Franco, Pablo Delgado, Santiago Mohar Volkow, el propio Ezban– que paralelo a su creación artística promueven su trabajo en festivales nacionales e internacionales, afinan estrategias de distribución alternativa, y participan en la producción de las nuevas cintas de sus pares. Toda una actividad proteica muy a contracorriente de las inercias de algunos de los cineastas que les precedieron y que a menudo confiaron pasivamente en la buena disposición de un aparato oficial que podía o no favorecerles.
Los campos magnéticos. Luego de realizar varios cortometrajes, entre los que destacan Cosas feas (2014) y el segmento La cosa más preciada en el filme colectivo México bárbaro (2014), Ezban ofrece en El incidente dos relatos fantásticos simultáneos, entrelazados al final, cuyo punto en común es la experiencia alucinante de personajes atrapados en una espiral de acciones que se repiten al infinito.
En la primera historia, dos jóvenes delincuentes, Carlos (Humberto Bustos) y Oliver (Fernando Álvarez Rebeil), su hermano menor) intentan burlar al detective Molina (Raúl Méndez) huyendo por la escalera de un edificio. En medio de la persecución se produce una misteriosa explosión y los tres personajes se descubren atrapados en una trayectoria sin salida que va del noveno piso al primero, sólo para reiniciar ahí, de manera absurda, como una construcción kafkiana que desafía las leyes de la gravedad y toda noción coherente de temporalidad.
Pasado y porvenir se confunden en un presente interminable y angustiante que pone a prueba la resistencia anímica de protagonistas orillados a la desesperación y al delirio. Una muerte accidental complica la situación, transformando en una prisión y en un sepulcro anticipado al primer escenario del thriller criminal.
Algo similar sucede en el segundo relato, en el que una carretera, auténtica cinta de Moebius, remplaza el espacio claustrofóbico de la escalera sin salida. Una familia sale ahí de vacaciones sólo para descubrir que la ruta elegida carece de la salida prevista y se prolonga circularmente de modo angustiante. De nuevo, una muerte accidental altera todavía más los ánimos ya trastornados, y hace del plácido viaje familiar un episodio de terror y degradación incontenible.
En las dos historias se resuelve, de modo misterioso, el asunto de la supervivencia física: una máquina en las escaleras distribuye cada día agua y comida chatarra, mientras una tienda en una gasolinera asegura a su vez la subsistencia de la familia. Todo esto, en ambos relatos, por espacio de más de 30 años.
Los pasos perdidos. A los innegables aciertos de la cinta –un clima de suspenso hábilmente sostenido, una partitura musical muy eficaz y la justa solvencia actoral de Bustos, Méndez y Álvarez Rebeil en el primer segmento–, cabe oponer el contrapunto de actuaciones menos controladas en la segunda historia (con excepción del niño Gabriel Santoyo, lo que predomina es el exceso) y un efecto de saturación dramática y de sobre-explicación filosófico-moral en las conclusiones.
El clima opresivo del primer relato, conducido siempre con sobriedad y firme pulso narrativo, deriva después en una incursión en el horror y lo grotesco que, aún justificada por la trama, el director maneja con menor rigor, algo evidente en el nivel de las actuaciones y en el fárrago filosófico del cual habría podido prescindir la cinta para una mayor eficacia.
El incidente parece resumir así, de modo desordenado y entusiasta, algunas de las primeras obsesiones temáticas del cineasta (presentes en sus cortos, recurrentes en su cinta más reciente, Los parecidos, aún inédita), y también sus declarados gustos literarios, el libro de ciencia ficción Time Out of Joints, de Philip K. Dick, o el emblemático relato surrealista Nadja, de André Breton.
Las filiaciones fílmicas pueden ser, por supuesto, numerosas, desde el evidente Hechizo del tiempo (Groundhog Day, Harold Ramis, 1993) hasta El cubo (1997), la inquietante cinta canadiense de Vincenzo Natali, en la que un hombre se despierta muy lejos de su cama, atrapado en un laberinto de cubos interconectados, a lado de seis personas desconocidas, que buscan, cada una, salir de la trampa incomprensible sólo para extraviarse en ámbitos aún más aterradores.
Algo semejante sucede en esta primera obra desigual y estupenda del joven Isaac Ezban, algo en verdad muy digno de tomarse en cuenta.
Twitter: @CarlosBonfil1

Caídas de la vida real


40 Festival Internacional de Cine de Toronto

Leonardo García Tsao
Toronto
Foto

Las películas latinoamericanas El clan, de Pablo Trapero; Desde allá, de Lorenzo Vigas; Desierto, de Jonás Cuarón; Semana Santa, de Alejandra Márquez Abella, y Magallanes, de Salvador del Solar, brillaron en el festival, que concluyó ayer. En la imagen, Gael García Bernal y Cuarón, cuya película fue premiada por la Federación Internacional de Críticos de CineFoto Ap

Toronto. Como ya es costumbre, varias de las películas mostradas en esta edición del TIFF han sido adaptadas de historias verídicas. Con eso de que la realidad suele ser más extraña que la ficción, los cineastas no tienen más que asomarse a un diario para encontrar fuentes de inspiración.
El británico Stephen Frears ha basado dos de sus películas recientes en la vida real de sendas ancianas de su país, La reina (2006) y Philomena (2013), pero para su más reciente realización, The Program, se ha ido al otro extremo del registro para hacer la crónica del ascenso y caída del ciclista estadunidense Lance Armstrong.
Es una historia harto conocida y ya hay un documental, La mentira de Armstrong (2013), de Alex Gibney, que aún no he visto. El arco dramático ofrecido por las trampas cometidas por el afamado y ahora infame ciclista no tiene pierde. Frears y su guionista, John Hodge, siguen cronológicamente cómo Armstrong (Ben Foster), reconociendo sus limitaciones para el ciclismo de altura, acudió al doctor italiano Michele Ferrari (Guillaume Canet) con el fin de hacerse de un programa de administración de esteroides, que no fuera detectado en las pruebas de anti-doping.
Eso coincide con la detección de un cáncer testicular en el atleta que había hecho metástasis en el cerebro. Curado de la enfermedad, con los rigores del caso, Armstrong se dedicó a armar un equipo que se alineara al programa titular y le ayudara a ganar siete veces el Tour de France. Las investigaciones del periodista David Walsh (Chris O’Dowd), del Sunday Times, pretenden denunciar el engaño, pero el ciclista, escudándose en el chantaje sentimental de sus donaciones para la lucha contra el cáncer, gana incluso una demanda contra el periódico.
Curiosamente denostada por la crítica británica (“nadie es profeta…” etcétera), The Program es una dramática ilustración del mito de Ícaro. Nuevamente es la vanidad la que pierde al ídolo. Foster aprovecha su parecido físico con Armstrong para brindar una interpretación verosímil, que ilustra más bien el lado oscuro del personaje.
Menos conocida por la opinión pública, fuera de Estados Unidos, fue la caída del ilustre periodista Dan Rather por haber denunciado en el programa 60 Minutes cómo el presidente George W. Bush había acudido a la palanca política para no cumplir sus deberes militares. El debut del director James Vanderbilt, Truth, hace la descripción minuciosa de cómo el equipo de periodistas, comandado por la productora Mary Mapes (Cate Blanchett), consiguió pruebas y testimonios que después fueron acusadas de ser falsas o fueron retractados.
En una demostración punzante de que no todo el periodismo valiente recibe su validación, como ocurría, por ejemplo, en Todos los hombres del presidente (Alan J. Pakula, 1976), el papel de Rather lo encarna Robert Redford, el mismo actor que interpretara a Bob Woodward en dicha película. Aunque en este caso se hace el ensalzamiento de su figura con todo y una música patriotera, el lado más interesante de Truth es la reacción de Mapes –quien antes había descubierto los abusos en la prisión de Abu Ghraib– a la investigación a la que es sometida por un comité. Si algo confirma ese proceso es que Blanchett es una actriz fuera de serie, capaz de expresar sentimientos contradictorios en un solo gesto. Vanderbilt confirma su buena mano como guionista –Zodiaco (2007), de David Fincher, fue uno de sus anteriores trabajos– y se acredita como un director promisorio.
También basado en un caso real es The Danish Girl, del inepto británico Tom Hooper. La cursi y decorativa película rinde homenaje a Einar Wegener (Eddie Redmayne) el hombre danés que fue el primero en experimentar una operación de reasignación genérica, al convencerse que está atrapado en el cuerpo de una mujer. Podría entrar en detalles, pero prefiero hablar de las buenas realizaciones del TIFF.
Twitter: @walyder

La conspiración del silencio



Carlos Bonfil
De manera vigorosa y efectiva el cine alemán reciente ha confrontado a su público con las realidades históricas más incómodas, desde el laberinto burocrático y represor que transformó a muchos ciudadanos en espías de sus seres más cercanos bajo el régimen totalitario de la RDA en La vida de los otros (Von Donnersmarck, 2006), hasta las múltiples ficciones que hoy exhiben lo que fue una complicidad masiva, seguida de un silencio avergonzado, con los crímenes del nazismo.
El señalamiento de esta última realidad no es, sin embargo, nuevo. Desde finales de la Segunda Guerra Mundial, títulos tan elocuentes como Los asesinos están entre nosotros (Wolfgang Staudte, 1946) e incluso antes, thrillers de denuncia hechos en Hollywood por exiliados alemanes, como Los verdugos también mueren (1943), de Fritz Lang, a partir de una idea de Bertolt Brecht, señalaban ese hecho y procuraban sacudir la conciencia colectiva con el fin de prevenir la repetición de los delirios destructores. Lo notable en el clima actual de repunte electoral europeo de la extrema derecha, es que ese cine conquiste una fuerte presencia mediática y logre derribar perdurablemente, en la propia Alemania, los viejos tabúes de la simulación oficial y colectiva.
La conspiración del silencio (Im Labyrinth des Schweigens), primer largometraje del ítalo-alemán Giulio Ricciarelli, es un esfuerzo por recuperar y preservar esa delicada memoria histórica relacionada con los crímenes de Estado y sus intentos de banalización. De manera casi periodística, y con un espíritu didáctico, la cinta refiere con rigor los orígenes del primer proceso alemán contra oficiales y subordinados responsables de las tareas de exterminio en el campo de concentración de Auschwitz. De manera evidente, la propone el director como un tributo al fiscal de origen judío Fritz Bauer, quien con ayuda del periodista Thomas Gnielka, y otros magistrados, logró romper el cerco de silencio (ese laberinto de simulación colectiva al que alude el título original), que buscaba desterrar la culpa, minimizar los saldos del horror consentido, y neutralizar en lo posible el juicio moral de las nuevas generaciones.
Para mayor eficacia narrativa, el realizador y su guionista Elizabeth Bartel, construyen un personaje ficticio, Johann Radmann (Alexander Fehling), prototipo del incorruptible fiscal de las causas perdidas (un verdadero sheriff germano, como ironizan sus colegas recelosos), que combina las labores de investigador, periodista y procurador de justicia en su afán por descubrir una verdad incómoda y exhibirla públicamente.
Entre 1963 y 1965, y luego de cinco años de revisión de archivos farragosos (toda una imagen kafkiana), el fiscal consigue lo impensable: colocar en el banquillo de los acusados a oficiales nazis seguros de la impunidad que les garantizaba el régimen conciliador de Konrad Adenauer y su política del borrón y cuenta nueva. En el Frankfurt de 1963 se recreaba así un nuevo juicio de Nuremberg (1946), con duración de 183 días, con 360 testigos de 19 países, y 211 sobrevivientes de Auschwitz. A pesar de que sólo se produjeron seis condenas severas, entre las 22 acusaciones formales, la victoria simbólica y moral fue formidable. Por primera vez un jurado alemán, y no los jueces de las potencias aliadas, condenaba los crímenes de guerra del nazismo. La conspiración del silencio es asimismo la primera cinta alemana que rescata de modo crítico la relevancia histórica de ese suceso.
Entre los tropiezos de la película cabe destacar una deriva melodramática que diseña una historia sentimental secundaria e insustancial, y el conflicto de culpa de Radmann frente a su propio pasado familiar que sólo conoce a medias. Pareciera que esas concesiones narrativas y la factura misma de la obra (su escaso relieve formal, su cercanía con el lenguaje del telefilme) fueran las condiciones necesarias para un éxito comercial y su eventual nominación al Óscar hollywoodense. En pocas palabras, un compromiso insalvable para hacer llegar su mensaje a un público masivo. Otros directores, más avezados en la materia, el Oliver Hirschbiegel de La caída, exitoso filme sobre los últimos días de Hitler, estelarizado por Bruno Ganz, o el ya mencionado Von Donnersmarck de La vida de los otros, han mostrado una sagacidad mayor para combinar espectáculo y exploración artística. Lo rescatable aquí, sin embargo, es la diligente aclimatación a los terrenos de la ficción que hace el debutante Ricciarelli de todo ese trabajo de pesquisa y revisión crítica de la historia, que en manos de un veterano como el francés Claude Lanzmann (Shoah, 1985; El último de los injustos, 2013) habría dado lugar tal vez a un documental memorable.
Se exhibe en el ciclo Talento emergente, de la Cineteca Nacional. Sala 2: 15:30 y 20:30 horas.
Twitter: @CarlosBonfil1