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1/27/2024

Niñas armadas en Guerrero

Estas 5 niñas y 15 niños de entre 11 y 15 años quienes han sido armados con escopetas y rifles para incorporarse a las labores de seguridad en diversas comunidades fueron ‘presentadas’ este 24 de enero en asamblea y ante autoridades comunitarias de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias de los pueblos fundadores (CRAC-PF) y del Consejo Tradicional del Gobierno Nahua, quienes les tomaron protesta como nuevos integrantes de la autodefensa de esta localidad, es decir, ya son parte de la policía comunitaria en el municipio de Ayahualtempa, Guerrero.

Los líderes indígenas indicaron que las y los menores se quedarán al resguardo del pueblo, en actividades de vigilancia, mientras los policías comunitarios adultos y adolescentes saldrán a los operativos de busqueda de personas desaparecidas o secuestradas.

En el acto público, exigieron al presidente Andrés Manuel López Obrador y a la gobernadora de Guerrero, Evelyn Salgado, que ayuden a la localización de una familia indígena secuestrada el pasado 19 de enero en Zacatepec, punto cercano a la comunidad de Acoitapachtlan, municipio de Chilapa y hecho que dio paso a tomar la decisión de armar a las y los infantes. Al momento, la Fiscalía General del Estado informó que mantiene activa las fichas de búsqueda de los cuatro desaparecidos

Desde hace años, las comunidades de la zona de la Montaña de Guerrero han denunciado el incremento de violencia, el hostigamiento, persecución, asesinatos y el reclutamiento forzado por parte de carteles de la droga y del crimen organizado, en particular señalan al grupo delictivo conocido como Los Ardillos, sin que a la fecha tengan justicia ni atención oportuna por parte de las autoridades estatales.

Por ello, tomaron la decisión de incluir a menores, que también forman parte de la comunidad, decisión que ha sido criticada por autoridades locales, medios de comunicación y gente que ‘no vive en las comunidades indígenas’.

“Si la delincuencia organizada tiene halcones de entre 12 y 13 años que vigilan a la población y nos perjudican, ¿porqué ahora nos dicen que armar a los miembros de nuestra comunidad es un delito?, porque se violan los derechos de la infancia”, cuestionó uno de los miembros de la CRAC.

Al respecto, Juan Martín Pérez, Director ejecutivo de la Red por los Derechos de la Infancia (Redim), mandó un mensaje a los representantes indígenas para evitar incluir a más niñas, niños y adolescentes a situaciones de violencia.

“Este hecho es lamentable porque no solo hay impunidad por parte de las autoridades, también es muy importante recordarle a las CRAC, a las policías comunitarias, que independientemente de la legitima defensa de la urgencia y el llamado al Estado para garantizar su seguridad, el involucrar a niñas, niños y adolescentes en hechos de violencia, puede constituir reclutamiento, ser un crimen y por supuesto tener implicaciones legales”, señaló.

También llamó a las autoridades federales a crear un proyecto prioritario enfocado en la niñez y adolescencia, población que, a su parecer, no forma parte de las líneas prioritarias de la Cuarta transformación. El conocido, Proyecto 26, trabajado por la Redim desde el 2020, sería una estrategia nacional frente a la violencia armada contra la niñez.

De acuerdo a los datos de la Red por los Derechos de la Infancia (Redim), en el país el 63 por ciento niñas, niños y adolescentes reciben castigos corporales en casa, 10 por ciento de los feminicidios han sido de niñas y adolescentes, 8 adolescentes son víctimas de feminicidio cada mes y 7 mujeres adolescentes desaparecen cada día.

Aunque han solicitado audiencia con el Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes (SIPINNA),  no han sido atendido para dar solución al 30 por ciento de la población del estado: las y los niños de entre 0 y 15 años.

Por su parte, la organización Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, ha denunciado en reiteradas ocasiones la orfandad de la niñez indígena:

“La niñez indígena no solo crece en la orfandad institucional, sino que padece la violencia de un gobierno racista que les niega sus derechos”.

Armar a la infancia no es nuevo

El sistema de autodefensa que prevalece en la región de la Montaña en Guerrero, data de la década de los noventa, cuando surgió la policía comunitaria en la Costa Chica y que posteriormente se replicó en casi toda la zona de la Montaña.

Las formas de seguridad y autogobierno que decidan tener los pueblos indígenas está aceptado y reconocido en la Constitución. El artículo 2o. señala:

“El derecho de los pueblos indígenas a la libre determinación se ejercerá en un marco constitucional de autonomía que asegure la unidad nacional… A. Esta Constitución reconoce y garantiza el derecho de los pueblos y las comunidades indígenas a la libre determinación y, en consecuencia, a la autonomía para: I. Decidir sus formas internas de convivencia y organización social, económica, política y cultural. II. Aplicar sus propios sistemas normativos en la regulación y solución de sus conflictos internos, sujetándose a los principios generales de esta Constitución, respetando las garantías individuales, los derechos humanos y, de manera relevante, la dignidad e integridad de las mujeres…”

Ante el incremento de la violencia, en el 2019 el CRAC sumó a sus filas a 20 menores de edad, al año siguiente Chilapa, también en Guerrero, sumó a sus autodefensas a otras 19 personas entre mujeres, niñas, niños y adolescentes.

En ese entonces, en su conferencia matutina del 31 de enero del 2020, el presidente Andrés Manuel López Obrador dijo que “armar a niños era un acto de fantochería y prepotencia”.

“Eso de formar niños con armas y tomar un video es un acto prepotente, no tiene nada que ver con la bondad ni siquiera con el poder porque el poder es humildad, hacen ruido, vergüenza les debería de dar hacer eso, no se les va aplaudir por eso”, mencionó el mandatario.

En ese entonces, según dijo, la Secretaría de Gobernación (Segob) se encargaría de atender dicha problemática. Sin embargo, cuatro años la crisis de seguriad y la impunidad continúan y las niñas y nilos siguen sumándose, quieran o no, a las filas de las guerras de los adultos.

11/19/2016

Conflicto armado en Colombia impidió “pensarnos fuera de la guerra”


Iglesias evangélicas y cristianas, fundamentales para el NO a la paz

Alejandra Londoño es integrante del Grupo Latinoamericano de Estudios, Formación y Acción Feministas

 Han pasado 46 días desde aquél domingo 2 de octubre cuando 50.21 por ciento de la población colombiana votó en contra de un acuerdo de paz negociado desde meses atrás por el gobierno de Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), la guerrilla más antigua y numerosa del país caribeño.

Al respecto, la historiadora, activista y educadora popular feminista, Alejandra Londoño Bustamante, -quien trabaja directamente con víctimas mujeres de este conflicto- platicó con Cimacnoticias sobre el histórico proceso de paz que actualmente se formula en su país tras más de 50 años de conflicto armado.

Alejandra Londoño es integrante del Grupo Latinoamericano de Estudios, Formación y Acción Feministas (Glefas). Tiene una maestría en estudios de género y un posgrado en historia por la Universidad Nacional de Colombia. Sus líneas de investigación son estudios culturales, memoria, historia de las mujeres, género, decolonialidad, y pedagogía y memoria.

LA PAZ ES MÁS QUE SILENCIAR LOS FUSILES

De acuerdo con el Centro Nacional de Memoria Histórica de Colombia -donde trabaja Alejandra Londoño- de 1958 a 2012 el contexto de guerra causó la muerte de 218 mil 94 personas, pero se desconoce cuántas son mujeres. Se sabe que al menos 81 por ciento de las víctimas eran civiles y que mil 754 personas fueron víctimas de violencia sexual.

-Angélica Jocelyn Soto Espinosa (AJSE): ¿Cuál es el contexto particular de la guerra en Colombia?

-Alejandra Londoño Bustamante (ALB): Colombia es un país con una presencia de grupos armados muy fuerte que data de unos 56 años. Uno de los grupos armados es la guerrilla de las FARC que es con quien en este momento se está negociando, pero hay otras.

“Las guerrillas en concreto de las FARC son grupos alzados en armas con una ideología de izquierda, campesina, no de académicos o intelectuales. Se trata de personas mestizas, afrodescendientes, hombres, y de un porcentaje importante de mujeres. También hay comunidades vinculadas. La guerrilla tiene presencia muy fuerte en las zonas rurales con mucha fuerza militar y de oposición a las élites y el gobierno.

“A finales de los 90 y la primera década del 2000 otro grupo armado tomó mucha fuerza: el paramilitarismo. Está organizado en una estructura muy amplia. Es una fuerza contrainsurgente creada por el Estado colombiano para combatir la guerrilla y todas las expresiones de izquierda.

“Una de las características es que el paramilitarismo no entró en confrontación armada directa con las guerrillas, sino que atacó a la población civil bajo el argumento de que son las bases sociales de la guerrilla. Generó masacres.

“En esta confrontación está en medio la población civil, las mujeres, niñas y niños, y población LGBTTTI que han vivido unas vulneraciones específicas desde la condición que le otorga el patriarcado y que genera una serie de opresiones y violencias que en el contexto de conflicto armado se estrechan más.

“Por ejemplo, el paramilitarismo utilizó la violencia sexual como estrategia de guerra para desplazar a una comunidad entera. Con la población LGBTTTI hubo ‘violaciones correctivas’, y todos los panfletos que distribuían los grupos paramilitares contenían amenazas principalmente dirigidas a estos grupos. Lo que hace el paramilitarismo es poner los discursos morales y de odio que ya están en la sociedad y exacerbarlos con las armas.

“En el caso de la guerrilla de las FARC está en los estatutos que si un guerrillero viola a una mujer puede ser fusilado. Eso no hace que la guerrilla esté exenta de violaciones. Hay casos de violaciones de mujeres indígenas, de campesinas. Con este acuerdo de paz se espera un proceso de esclarecimiento también de la violencia sexual.”

-AJSE: ¿Cuáles han sido para las colombianas las consecuencias a largo plazo de vivir en un contexto de guerra?

-ALB: Una de las principales afectaciones que nos ha generado este conflicto es la imposibilidad de pensarnos fuera de la guerra, y creo que los resultados del plebiscito muestran eso. Después de más de 50 años de guerra esto se naturaliza. Somos generaciones que no conocemos otro contexto por fuera de la guerra.

“Esto marca unas formas de hacer políticas que no sólo tiene que ver con tomar las armas, sino que tiene que ver con la eliminación sistemática de las izquierdas y la propagación de los discursos de odio. La división. (El conflicto armado) también dejó la sospecha permanente sobre si haces parte de una estructura armada, lo que no ha permitido que avancemos como movimiento social y de izquierda.

“Hay un proceso de estigmatización muy fuerte contra las comunidades indígenas, campesinas y afrodescendientes en determinados territorios. Por ejemplo, si la guerrilla ha operado en un departamento (municipio) específico viene la asociación de que toda la comunidad es guerrillera o paramilitar. Estamos en un nivel de polarización que no nos permite ver otros matices. Sólo está la posibilidad del rojo o el blanco absoluto.

“También hay efectos culturales por vivir en un territorio en guerra militarizado. ¿Qué implica que hayas aprendido históricamente que el cuidado te lo brinda un actor armado? Eso le dio mucho poder al militarismo: si yo tengo un problema con mi vecino, no lo arreglo directamente con él, sino que llamo al armado para que lo resuelva. Las armas mediando las relaciones. Lo cultural va a ser lo más complicado de recuperar”.

-AJSE: ¿Qué impulsó la creación de un acuerdo de paz en Colombia?

-AL: Hay una guerra de muchos años que no dio el resultado esperado. Creo que las FARC, asesoradas por muchos personajes internacionales, como Hugo Chávez y Fidel Castro, reflexionó que quizás ese no sea el camino. También va quedando la sociedad civil de por medio, vas ganando odios, la guerra va apretando y los ideales empiezan a moverse en muchas direcciones.

“También influyó que hubo un periodo de guerra muy duro de 2000 a 2002, con Álvaro Uribe, donde hubo una confrontación armada que cobró la vida de líderes guerrilleros. Esos años dejaron de por medio muchas vidas.

“Eso creó las condiciones para que las FARC y el gobierno dijeran ‘vamos a sentarnos a negociar en un escenario que parecer ser favorable en comparación con otros intentos de negociación’.

-AJSE: ¿Cómo están representadas las mujeres en los seis puntos que contiene el acuerdo de paz?

ALG.- Esos seis puntos no es que resuelvan el conflicto armado en Colombia. No hemos estado tan soñadores como para decir aquí ya se resolvieron todos los problemas que tenemos, pero sabemos que esto es un pasito que permite el desescalamiento de la guerra, que nos va a dar otras posibilidades de construcción de participación política, va a generar otros niveles de reconocimiento de las voces de las víctimas, y va a permitir conocer una parte de la historia de Colombia que ha estado muy silenciada.

El primer punto, por ejemplo, es el de la reforma rural integral y que contiene unos elementos de reforma agraria que contempla la necesidad de la tenencia de la tierra para las mujeres, que puedan ser titulares para acceder a un fondo de tierras (baldías, ilegales, de mal uso) que estipula el acuerdo que se distribuyan.

“El punto de participación política contiene garantías de participación en un país que ha eliminado sistemáticamente la oposición. Plantea que se pueda hacer una oposición desde la democracia, y genera garantías de participación para las mujeres.

“El punto que trata sobre las víctimas es el más grueso. Tiene una jurisdicción especial para la paz que incluye una serie de mecanismos jurídicos de reconocimiento de la verdad y de reconstrucción de la memoria histórica. Se logró, por ejemplo, que haya un espacio de esclarecimiento específico de las violencias sexuales en el marco del conflicto.

“Esto se logró por la presión del movimiento de mujeres, de las feministas, de las organizaciones y del movimiento de diversidad sexual que hizo que se instalara una subcomisión de género.”

-AJSE: ¿Por qué la población votó por el no?

-ALB: Falló que estábamos muy confiadas en que el país iba a decir que sí. Era un poco impensable que un país le dijera no a un acuerdo de paz. Creo que fallamos como fuerza política, en términos de las izquierdas.

“Hubo mucha confianza de que el gobierno estaba haciendo la campaña del sí. Eso no quiere decir que los movimientos sociales no hicieran su campaña, pero no se puso la mirada sobre el papel de las iglesias evangélicas y cristianas, que fueron fundamentales en la campañas del no y que son fundamentales como actores contrarios a todo lo que hemos planteado (los movimientos de mujeres y de izquierda).

“La campaña del sí fue muy de explicar el acuerdo, racional, y la del no fue muy emocional, basada en infundir miedos a partir de muchas mentiras y de rabia. Decirle a la gente, por ejemplo, que si ganaba el sí un guerrillero nos iba a gobernar, como si esto automáticamente pasara”.

-AJSE: ¿Quiénes votaron por el sí?

-ALB: Hay una relación muy interesante en el mapa. Mayoritariamente la votación por el sí está en las zonas que bordean el país, las zonas más periféricas, más empobrecidas históricamente, las más rurales. El Caribe colombiano, el Pacífico, la zona del Amazonía son en la mayoría, comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas.

“Votaron por el no las ciudades centrales del país, como Medellín, de donde sale Álvaro Uribe, y que es una ciudad de ultraderecha, y otras ciudades centrales del país. Esa división también nos dejó muy tristes, porque son las ciudades más cómodas y con más privilegios, de espaldas al país que vivió la guerra. En las zonas donde ganó el sí es donde se vivió con mayor rigor la guerra. Muchas de las personas que fueron víctimas, dicen que sí necesitamos la paz”.   

-AJSE: ¿Cuál es la ruta que sigue?

-ALB: El acuerdo sigue, está en un proceso de revisión porque lo que viene, y por eso estamos en la incertidumbre, es que se sientan en la mesa las iglesias y los líderes de ultraderecha. Ellos han dicho que no le dicen no a la paz, sino no a esa paz que se negoció. Está en un proceso de revisión con ellos para ver qué se incorpora.

“Va a ser un escenario de tensión permanente. Una de las exigencias de las iglesias y ultraderechosos es que salga todo lo que dice la población LGBTTTI, que haya un enfoque transversal de la familia natural, y un reconocimiento de las iglesias como víctimas colectivas del conflicto. Estamos muy expectantes. Tenemos que ir por varias vías. Este acuerdo debe seguir su rumbo, debe materializarse y entrar en su fase de implementación y verificación.

“Yo espero que este ejercicio de negociación no elimine esos mínimos que ya se habían ganado. Quienes venimos de propuestas feministas más radicales tenemos que seguir movilizándonos porque aquí no se ha ganado todo. Nuestro escenario de movilización y lucha va a continuar pero tenemos este escenario (el del acuerdo) y también lo necesitamos.”

-AJSE: ¿Cómo entienden la paz las comunidades más castigadas por el conflicto armado?

-ALB: Ellas dicen ‘necesitamos que no estén las multinacionales llevándose nuestros recursos naturales, que se paren los proyectos extractivistas. Muchos de los miedos son sobre qué vamos a hacer con la apertura que se va a dar (a las trasnacionales) cuando muestras un país menos conflictivo, tomando en cuenta que tenemos un presidente neoliberal.

“Este momento nos ha permitido escuchar cómo entienden la paz las comunidades. Las comunidades lo que dicen es ‘para nosotros la paz no es sólo el silencio de los fusiles, para nosotros la paz tiene que ver con unas condiciones de vida digna que no tenemos y no conocemos. Para nosotros la paz es acceso a la tierra, el acceso a la salud, a una vivienda digna, a la educación, y la paz para nosotras no está completa hasta que no logremos eso’”.

Esta entrevista se realizó el pasado 8 de noviembre. Hace tres días, el gobierno colombiano y los líder es de las FARC firmaron un nuevo acuerdo de paz que no incluye el 100 por ciento de las los puntos del acuerdo original.

Foto: retomada del sitio glefas.org
Por: Angélica Jocelyn Soto Espinosa
Cimacnoticias | Ciudad de México.- 

8/06/2016

Jinha, la agencia feminista que sobrevive entre conflicto armado y machismo



   Periodistas turcas profesión de alto riesgo

En la redacción de Jinha trabajan una veintena de periodistas, produciendo y editando en kurdo, turco, árabe e inglés 

Fundada en Turquía, la agencia kurda Jinha News es el primer medio de la región gestionado exclusivamente por mujeres. En una sociedad fuertemente patriarcal y un contexto político de recorte de derechos y libertades, magnificado tras el fallido golpe de Estado del pasado 15 de julio, Jinha pone el foco sobre las mujeres y las incluye en la agenda pública.
 
“Zehra nos acaba de enviar una carta desde prisión, dice que está bien. Supongo que la mantendrán allí un tiempo antes de soltarla”, apunta Güzide Diker. Güzide es editora de la agencia Jinha News y se refiere a su compañera Zehra Doğan, reportera y pintora, encarcelada hace pocos días por el gobierno turco por denunciar con sus escritos y pinturas la situación en Nusaybin, ciudad del sudeste turco bajo toque de queda en pleno recrudecimiento del conflicto kurdo en Turquía.
 
Jinha es un medio único en la región. Fundado en 2012 por cinco mujeres kurdas en Diyarbakir, capital oficiosa del Kurdistán turco, su objetivo es visibilizar a las mujeres en una sociedad tan profundamente patriarcal y discriminadora como la turca, donde todo el espectro, público y privado, profesional y doméstico, aparece ocupado por los hombres. No en vano, Turquía se sitúa en el puesto 130 de 145 países del último ranking de igualdad de género elaborado por el Foro Económico Mundial.
 
Jinha News (Jin significa “mujer” en kurdo) tiene por vocación dar voz a las mujeres, incluirlas en la agenda mediática, cambiar el lenguaje y los estereotipos, afirman.
 
Su sede, situada en un alto edificio que domina la ciudad, se reparte entre dos pisos en los que hay salas de redacción, edición y montaje, una cocina y un espacio de descanso, para los días en que la regla juega una mala pasada, porque aquí todas somos mujeres y nos entendemos, dicen. Unos pocos cuadros donados por una artista local ejercen de somera decoración en paredes por lo demás austeras: la agencia es un espacio funcional y en él trabajan una veintena de jóvenes, de entre 18 y 35 años, produciendo y editando a la vez en kurdo, turco, árabe e inglés.
 
Cubriendo el conflicto desde ambos lados de la frontera
 
La terraza de la redacción tiene unas vistas envidiables de la ciudad de Diyarbakir. “Allí está Sur, la ciudad vieja”, explica Diker, apuntando a la lejanía. “Allí sigue el toque de queda, ahí murieron cientos de personas durante la ofensiva del ejército contra los rebeldes el pasado invierno”.
 
Hace justo un año, el Estado turco y el PKK dieron por muerto el proceso de paz para acabar con un enfrentamiento bélico que ensangrienta la región desde hace más de tres décadas. La guerra ha vuelto, dejando miles de víctimas civiles y centenares de miles de desplazados. Las periodistas de Jihna han seguido de cerca el conflicto, cubriendo primero las protestas y después los combates, sacando a la luz las masacres y los crímenes cometidos contra la población, visibilizando especialmente sus implicaciones en la vida de las mujeres y de la infancia.
 
Muchas han vivido la guerra en primera persona: algunas llegaron a Turquía como refugiadas del vecino conflicto en Siria; otras, como Güdize, empezaron a trabajar en la agencia después de que el ejército turco la expulsara de la iglesia armenia en la que trabajaba en Diyarbakir.
 
El conflicto kurdo en Turquía se ve y se siente, es palpable en todo momento, pero informar sobre lo que ocurre en la región desafiando el silencio mediático impuesto tiene consecuencias: en un año, la web de Jinha ha sido bloqueada cinco veces por el gobierno turco por hacer “apología del terrorismo” y sus reporteras han sufrido en carne propia la represión policial.
 
Antes de Zehra Doğan, Beritan Canözer, otra corresponsal de Jinha, fue detenida durante una manifestación en Diyarbakir en diciembre y pasó más de tres meses en prisión. Otra de sus periodistas recibió un disparo en la cabeza con un cartucho de gas lacrimógeno en la frontera con Siria el año pasado durante las protestas por la falta de apoyo del gobierno turco al cantón kurdo-sirio de Kobane, y a otra, la policía le rompió el brazo en una manifestación en Nusaybin en marzo.
 
Ser periodista en Turquía es una profesión de alto riesgo. Reporteros Sin Fronteras la situó este año en el puesto 151 de 180 países en su clasificación sobre la libertad de prensa. Las amenazas, intimidaciones, detenciones y cierre de medios son el pan de cada día en un país en el que la mano autoritaria del presidente Recep Tayyip Erdoğan se percibe en cada faceta de la vida cotidiana.
 
El fallido golpe de Estado del pasado 15 de julio ha dado pie a una purga masiva en Turquía en el ejército, la judicatura y los medios académicos, y la prensa no se ha salvado: en los últimos días el gobierno ha retirado las licencias a 130 medios no afines y ha emitido órdenes de detención contra medio centenar de periodistas.
 
Violencia machista omnipresente
 
Ser periodista en este país es una profesión de alto riesgo, sí, y “ser periodista mujer es una dificultad añadida”, asegura Makiye Görenç, otra de las editoras de la agencia, enfrentada a diario a la doble opresión de censura estatal y machismo. “Las mujeres somos invisibles en los medios, en las artes, en la política. Hablando claro, a veces parece que en el único espacio en el que somos protagonistas es en el de la pornografía”, ironiza.
 
Görenç llevaba cinco años trabajando en otra agencia cuando oyó hablar de Jihna. Sin pensarlo, dejó su empleo estable y se lanzó de lleno al proyecto. “Aunque era solo en parte consciente, estaba cansada de ser ninguneada. Cuando estás dentro del sistema no te das cuenta, pero desde que estoy en Jinha veo el machismo imperante con mayor claridad”, asegura, mientras apura un cigarrillo.
 
La violencia machista es simbólica y física, una realidad tristemente presente en Turquía, donde cada año mueren alrededor de 300 mujeres a manos, casi siempre, de sus parejas o exparejas. Los llamados crímenes de honor siguen a la orden del día, y las denuncias anuales por violación se cuentan por miles (con el agravante de que, en muchos casos, el agresor escapa a la condena si se casa con la víctima).
 
“En Turquía parece que el delito lo comete la víctima de una violación o un asesinato por caminar sola por la calle a las dos de la mañana y no el agresor por violarla o matarla”, lamenta la editora Güzide Diker. “Desde Jinha, empezamos a hablar del acoso callejero, de las violaciones, de la violencia machista. Abrimos el debate en las redes sociales y el tema empezó a colarse en la agenda mediática mainstream. Aquí no nos resignamos a hacer un conteo rutinario de las mujeres asesinadas. Nosotras las humanizamos, hablamos de sus vidas y les ponemos cara”, explica.
 
El 8 de julio de 2015, tras años de maltrato y denuncias infructuosas, Çilem Doğan, una mujer de 28 años de la ciudad de Adana, mató a su marido. La gota que colmó el vaso fue que este trató de forzarla a prostituirse. El fiscal pedía cadena perpetua, la sentencia final fue de 15 años. Tras meses de revuelo mediático y de presión ejercida por asociaciones feministas, el tribunal cambió de parecer y Çilem acabó siendo absuelta.
 
“Celebramos la liberación de Çilem Doğan como si fuera la de una hermana”, recuerda emocionada Diker. “Habíamos seguido de cerca su caso, nos habíamos implicado para darle voz y luchar contra la injusticia que se estaba produciendo, así que en Jinha lo vivimos como una victoria personal”, asegura.
 
Revolución social
 
Pese a tratarse de una sociedad fuertemente machista, en la región se están produciendo interesantes cambios que pasan por ampliar la presencia de las mujeres en la esfera pública y amplificar sus derechos en el ámbito privado.
 
En Turquía, el partido prokurdo turco HDP, que arrasó en las últimas elecciones municipales y ya es la tercera fuerza del país, impuso listas para lograr la paridad entre sus dirigentes, y en las localidades en las que gobierna, en el sudeste de Turquía, se da un sistema de dobles alcaldías, con un hombre y una mujer como primeros ediles.
 
En la vecina Siria en guerra, en la región kurda de Rojava, la revolución en marcha desde hace 4 años se basa en las ideas del encarcelado líder del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), Abdullah Öcalan, que desarrolló el concepto de confederalismo democrático, una ideología basada en la democracia directa, el ecologismo y el feminismo. Pese a haber sido impulsado por un hombre, el cambio social sobre el terreno está teniendo como protagonistas indiscutibles a las mujeres.
 
La sociedad kurda de uno y otro país se imbrican y refuerzan entre sí, y Jihna podría entenderse como producto de esa tendencia feminista y emancipadora que se está extendiendo por la región.
 
“Rojava sacó a la luz la fuerza de las mujeres. Las mujeres son asesinadas en Turquía todo el tiempo, pero con las brigadas de autodefensa de mujeres kurdas sirias (YPG) se vio que éramos capaces de defendernos por nosotras mismas. Por eso luchas como las de Çilem Doğan, que mató en legítima defensa, son importantes”, alega Güzide.
 
“Queremos cambiar la agenda”
 
“Nos enfocamos en las mujeres, en sus luchas. Hablamos de ellas cuando se convierten en víctimas, pero también contamos sus pequeños éxitos cuando ganan batallas”, coincide Makiye.
 
La agencia se ha convertido en una potente herramienta de sororidad y empoderamiento femenino. Aunque están constituidas como empresa, funcionan como un colectivo, de forma horizontal. “Aquí no hay jefes ni jerarquías: somos reporteras, editoras y aprendices”, explica Güzide. Cuando llega una nueva colaboradora a la agencia, recibe una formación de un mes y medio en redacción, fotografía y vídeo. “Un mes y medio para ser autónomas y después, a correr”, asegura orgullosa.
 
La agencia muestra además cómo, en un contexto de creciente polarización y exacerbación del nacionalismo turco, mujeres de distintas etnias, (turca, kurda, o armenia, como Güzide) pueden trabajar juntas. Aunque la mayoría son kurdas, reciben el apoyo de asociaciones de mujeres de todo el país. En la actualidad ya son 60 colaboradoras, entre editoras y periodistas, reportando desde Turquía, Irak, Irán y Siria, con la idea de expandirse progresivamente también a Europa.
 
La agencia sobrevive, admiten, gracias al trabajo altruista de muchas de sus colaboradoras. “Los ingresos nos los proporcionan la venta de vídeos y de fotos. Los textos los publicamos gratuitamente porque nos interesa que sean difundidos”, explica Güzide.
 
En su página web, junto a teletipos que desgranan las últimas exacciones del ISIS en Siria, el avance de las fuerzas kurdas en Rojava, o las últimas detenciones de periodistas en Turquía, se incluye un foro de debate sobre Jineología (la ciencia de las mujeres) y una agenda con los eventos feministas en la región. También trabajan en otros proyectos, como un glosario feminista para distribuir entre los medios generalistas, y quieren editar un libro sobre mujeres resistentes.
 
“Siempre he tratado de existir a través de mis pinturas, de mis artículos y de mi lucha como mujer”, afirma Zehra Doğan en su carta desde prisión. “En este país negro como la noche, donde nuestros derechos han sido cubiertos de rojo sangre, sabía que sería encarcelada: una mujer que inicia una revolución del color puede construir una prisión con sus trazos. Pero solo son trazos… ¡no olvidéis que es mi mano la que sujeta el pincel!”
 
Quizá puedan incluir a Zehra en ese libro.
 
*Este artículo fue retomado del portal Pikara Magazine.



| Foto: Andrea Rey
Por: Andrea Olea*
Cimacnoticias | Bilbao, Esp.-  

4/30/2016

Medios no reflejan situación de mujeres en guerra


Los medios de comunicación no reflejan a cabalidad la situación de las mujeres que viven en situación de guerra y conflictos diversos, como refugiadas o desplazadas, y que padecen múltiples tipos de violencias y violaciones a sus derechos humanos

Barcelona, 25 de abril. 16. AmecoPress/LaIndependent. La afirmación fue realizada por comunicadoras durante el VI Encuentro de la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género, que se realiza del 15 al 17 de abril en esta ciudad.
 
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Desde diferentes contextos, las participantes conformaron un cuadro sobre las violencias que viven las mujeres y no siempre se abordan en noticias y reportajes.
 
"Huir de un país en conflicto no siempre es sinónimo de ponerse a salvo", señaló la periodista Jeannette Mauricio, pues la huida muchas veces las lleva a vivir situaciones terribles.
 
"Muchas mujeres son agredidas sexualmente por contrabandistas, agentes de seguridad u otros refugiados en su viaje a Europa", indicó y describió parte de sus experiencias en los campos de refugiados: hacinamiento, falta de recursos e imposibilidad de trabajar, además de ser blanco de violaciones, abusos sexuales, secuestros y ventas que incluyen también a las niñas.
 
"Algunas de las que son compradas o secuestradas son mandadas de vuelta después de dejarlas embarazadas", reiteró.
 
La experta en temas de derechos humanos insistió en que estas situaciones son consecuencia directa de la masculinidad hegemónica y patriarcal que promueve el uso de la violencia como forma de solucionar conflictos.
 
"Eso solo origina más violencia. Esa masculinidad hegemónica es la que pone en peligro la vida de las mujeres, de niñas y niños y de otros hombres", sostuvo.
 
Tampoco se ha reflejado la participación de las mujeres en el proceso de paz en Colombia, un país que ha vivido una larga historia de violencia y donde los actores armados han estado implicados en actos de violencia sexual, indicó la periodista Fabiola Calvo, coordinadora de la red Colombiana de Periodistas con Visión de Género.
 
La red se ha empeñado en promover "el derecho a ser nombradas", dijo. "Si las mujeres no estamos visibilizadas en los medios, tampoco se puede hablar de suficiente información y esta dinámica se refleja en el registro que hacen sobre las mujeres en el proceso de paz, la participación de sus organizaciones y sus aportes", añadió Calvo, quien cuestionó que apenas se haya divulgado o mostrado el trabajo de la subcomisión de género durante las conversaciones para llegar a acuerdos de paz.
 
En opinión de la griega Dionysia Vovou, hay que trabajar para que haya una mayor presencia de las mujeres en los medios de comunicación, pero su sola presencia no garantiza los enfoques adecuados, alertó.
 
"Mejorar la imagen de las mujeres en los medios es un trabajo de lucha permanente y que, en última instancia, influirá al periodismo", señaló.
 
Las participantes en el encuentro expresaron además su apoyo a la denuncia de la situación que viven las mujeres mexicanas y en particular sus periodistas, en medio de un contexto agravado por abusos de poder y poca efectividad de la justicia.
 
En los últimos seis años, el número de mujeres periodistas violentadas ha visto una grave escalada; pasamos de 13 casos en 2010 a 79 en 2015, detalló la colega Rosa María R. Quintanilla, quien transmitió a las sesiones del encuentro una comunicación de Lucía Lagunes, directora de la agencia de Comunicación e Información CIMAC.
 
Agregó que, en números globales, en una década en México se registraron 331 mujeres periodistas agredidas y 14 feminicidios, todos en completa impunidad.
 
Los principales temas por los cuales las mujeres periodistas son violentadas son la corrupción, las violaciones de los derechos humanos, la trata de personas y el feminicidio.
 
La normalización de la violencia contra las mujeres, dijo, invisibilizó la situación de las mujeres periodistas durante los primeros años de los atentados contra la libertad de expresión, situación convertida hoy en grave violación de los derechos humanos.
 
Foto: Archivo AmecoPress tomadas de La Independent
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Medios de comunicación – Violencia en conflicto armado; 25 de abril.16.AmecoPress   

1/30/2016

Las que se quedaron





Tres mujeres que han estado en Donbass durante la guerra civil ucraniana —una poeta, una militar y una atleta— han accedido a contar su historia. Ellas mismas han elegido las fotos que las representan. Son los rostros y los testimonios de una guerra que nadie quiere contar.

Irene Zugasti Hervás

Elena Zaslavsky: “La palabra viva tiene la capacidad de inspirar a la gente a luchar”

elena-donbassElena es poeta y vive en la ciudad de Lugansk, corazón de la recién nacida República Popular. Acaba de publicar un libro de poesía sobre el año que su ciudad ha vivido bajo las bombas. Quién me iba a decir que terminaríamos hablando de Lorca. La poesía es un arma cargada de futuro.

Lena. Mi nombre es Elena Zaslavsky. Soy escritora, bloguera, y madre de dos hijos. Nací en Lisichansk, una pequeña ciudad industrial de la región de Lugansk, a orillas del río Donets. A mi ciudad natal le llaman la cuna de Donbass, después de todo, es el lugar donde se encontró carbón por primera vez, en la cuenca minera de Donetsk.
Me gradué en Humanidades en el instituto. Era un edificio viejo, de antes de la revolución del 17. Estaba en la montaña, entre la cantera y el parque de Atamanovskim. Justo sobre nosotros pasaba el teleférico más largo de Europa, que conducía a una fábrica de soda. Trabajaron en él mi abuelo y mi abuela, y en esa planta se conocieron mi padre y mi madre. Hoy está arrasada. Bueno, como tantas otras desde la independencia de Ucrania.
Realmente sí creo en la idea de “”Схiд i Захiд разом” (El Este y Oeste están unidos). Sin embargo, en la práctica ha resultado no ser así. Y cuanto más me acerco al oeste del país, más convencida estoy de ello. El punto de inflexión para mí fue el Maidan.
El Maidán. Para mí fue una puerta demoníaca a través de la cual entraron a Ucrania el odio, la malicia, el nazismo y el fascismo y empezó una guerra fratricida. La independencia que surgió de la voluntad de Europa, como si fuera un tornasol, mostró todos los problemas de Ucrania, demostró que Ucrania no está lista para vivir de acuerdo a las leyes europeas. Es obvio que los partidarios de la integración europea no sabían o no querían saber que mucha gente no apoya su opinión. Los partidarios del Maidan quisieron llamarla una revolución de la dignidad, pero en realidad fue un golpe de Estado. El actual gobierno de Ucrania creó la junta militar que llegó al poder con el apoyo activo de los nacionalistas y que debe considerarse responsable de crímenes de guerra del asesinato de civiles aquí, en el Donbass.
La guerra. Ahora la guerra es una parte integral de mi vida. Vivo y trabajo en Lugansk, el territorio de las que las autoridades ucranianas llamaron área ATO (área de operaciones antiterroristas). Nunca pude imaginar que la guerra estallaría en Ucrania. Siempre pensé que vivíamos en un país pacífico, porque me acuerdo de mis abuelos hablando sobre la Gran Guerra Patria, sobre el movimiento partisano. Son la historia de mi familia. Pero ahora he aprendido sobre esta guerra en carne propia, no por libros y películas. Lo he vivido de primera mano. Yo sé lo que es un ataque con bombas, un ataque aéreo, he visto volar los bombarderos, los ataques de mortero y la artillería desde mi casa. Solía dar morfina a los soldados gravemente heridos y escondí armas cuando la ciudad donde nací estuvo sitiada. Conozco a las milicias. Sé quiénes siguen vivos, y conocí también a los que ya no están aquí.
Las consecuencias. Mi hija me preguntó una vez: “¿Y si Poroshenko nos lanza la bomba atómica?” La tranquilicé y le aseguré que él no tenía de eso… Aunque si la tuviera, ¿lo hubiera hecho? Yo no estaría tan segura.
Traté de proteger a mis hijos de los horrores de la guerra. Los peores meses para Lugansk se marcharon de la ciudad. Luego regresaron. Mi hijo de 14 años quería irse al frente también. Hasta ahora me las arreglé para convencerlo de que lo que tiene que hacer es aprender de esto. Mi amiga Elena Kuznetsova escribió una vez en Facebook: “Ayer hizo un año que nos encontrábamos bajo un ataque de mortero en un parque infantil. Milagrosamente estamos vivas. Por entonces no sabía que estaba embarazada de nuestro chico, Gleb. Podía ni haber nacido. Y hoy, justo, pasado un año, ha dicho mamá”. Tradicionalmente, el papel de la mujer en la guerra ha sido esperar y ser piadosa. Conservar el hogar para la paz, defender y dar a la luz. Nada ha cambiado.
El futuro. Una de las peculiaridades de la vida en la línea del frente, es que acabas comprendiendo que la vida real es el aquí y el ahora, y el futuro es incierto. Todos queremos la paz, pero es sólo posible con la victoria.
La poesía. Ahora he publicado un libro. Se llama ‘El año de la guerra’. Se lo he dedicado a mi padre. Los poemas que se incluyen en esta colección fueron escritos durante un año: desde mayo de 2014 hasta mayo de 2015. Fue un año difícil, un año decisivo para mi país y sobre todo para mí personalmente. La vida no es fácil en Lugansk. Pero ella me ha hecho entender quién soy, a lo que puedo aspirar, y quién está a mi lado.
En España escribisteis con sangre en las páginas de la historia de la lucha contra el fascismo y el nacionalismo. Mi poeta español favorito fue asesinado por Franco, García Lorca. Él escribió: “Yo soy español integral, y me sería imposible vivir fuera de mis límites geográficos; odio al que es español por ser español nada más. Yo soy hermano de todos y execro al hombre que se sacrifica por una idea nacionalista abstracta por el solo hecho de que ama a su patria con una venda en los ojos. El chino bueno está más cerca de mí que el español malo. Canto a España y la siento hasta la médula; pero antes que esto soy hombre de mundo y hermano de todos”. Desde luego, no creo en la frontera política.
Todos hemos leído libros de Ernest Hemingway, de George Orwell, de Antoine de Saint-Exupéry, que luchó en el bando republicano. Por desgracia, el pueblo ucraniano no ha aprendido la lección de los acontecimientos relacionados con la lucha contra el fascismo en Europa. Y la historia va volviéndose más y más dura cuando no se aprenden las lecciones. Una vez el comandante de Granada dijo que habían asesinado a Lorca porque “la pluma hace más daño que cualquier otra arma”. Yo creo que la palabra viva tiene la capacidad de cambiar el mundo para mejor y para inspirar a la gente a luchar.
Poema
Pan negro (3.5.2014)
Durante mucho tiempo no hubo problemas. Mucho.
Durante mucho tiempo no hubo guerra. Mucho.
Los niños tuvieron tiempo de crecer,
Los nietos tuvieron tiempo de crecer.
Los bisnietos no lo han tenido aún.
“Me marcho. Lo siento”. dijo el hijo.
Y dijo el nieto: “Yo también. Déjame ir “.
Y de nuevo fluyó la sangre caliente.
La patria, que se desgarra.
Y se tornaron hermano contra hermano,
Y manaba leche negra de los senos.
La sangre corría negra en los corazones,
Como antracita, nuestro carbón de Krasnodon.
La última veta. Desde las remotas entrañas,
arriba del mismo infierno.
La Historia quiere cambios
Fría, fría, muele fría piedra negra de molino.
Nos convertimos en el pan negro de la guerra,
Nosotros, que éramos dorado grano.

Elena Gladkova, La Osa: “Nos hemos convertido en amazonas”

Elena Gladkova (Lugansk, 1977) era profesora hasta que la guerra llamó a su puerta. Entonces se enroló en la milicia, donde continúa trabajando a día de hoy. Llegué hasta ella por su trabajo en el batallón humanitario de las milicias durante el durísimo invierno de 2014. De convicciones firmes y rotundas, por encima de todo, la imponente mujer a la que llaman ‘La Osa’ defiende que esta es una guerra de valores. Si está en combatiendo, es por sus hijos.
Elena, miliciana. Mi primer trabajo en la milicia era simple, ayudé en la cocina: me convertí en jefa de cocina y en responsable del almacén de comestibles a la vez. Luego tuve que irme al departamento de información y al mismo tiempo gestionar la ayuda humanitaria. También trabajé filmando la entrega de la asistencia humanitaria.
osa-ucraniaAmazonas. Las mujeres llegaron hasta aquí para defender a sus hijos, a su tierra, no hubo otro remedio. Yo y mis compañeras luchamos por los valores de la familia, por nuestros niños. Para nosotros es inaceptable otro tipo de valores, éstos, los de la familia, son valores sagrados. Cuando empezamos la guerra nos convertimos en Amazonas, mujeres protectoras. Es un hecho: las mujeres en el ejército son fuertes en espíritu, y protegen a sus crías. No he sentido hostilidad, sólo respeto y admiración por parte de mis compañeros hombres, mis compatriotas.
La Osa de Lugansk. Ocurrió un poco por casualidad, cuando nos entrevistaron para un canal de YouTube, usé el pseudónimo de Osa, y luego en la primera entrevista con una periodista, Julia, firmaron mi nombre de esa manera, “Elena Medveditsa (la Osa)”. Así es como me convertí en osa.
La madre. El momento más difícil fue cuando tuve que marcharme lejos de mis hijos, yo no estaba allí, cuando el menor estaba enfermo y yo no estaba allí, fue muy difícil de soportar. Mi hijo se negó incluso a hablar conmigo por teléfono, pensó que le había abandonado. Sólo más tarde, cuando regresé y nos abrazamos por fin se rompió el hielo.
El futuro. Ahora cada uno elige de qué lado es: del bueno o del malo. Cuanta más gente aguarde en el lado del bien, estará más cerca el final de esta guerra y el futuro de mi pueblo será claro y constructivo. Volveré a mi vocación de docente. Siempre he querido abrir una escuela cuando todo esto acabe y sé que acabaré cumpliendo mi sueño.
Su mensaje. Ahora estamos defendiendo no sólo a nuestros hijos, a nuestras tierras, sino también, en cierta medida, estamos defendiendo el futuro del planeta. Es una guerra contra un sistema que destruye prácticamente todo a su paso, y espero que retornen valores como el amor, el cariño, el valor de una familia.
Entrevista a Elena (minuto 00:08:46):


Maryana Naumova: “Las cosas en Donbass han cambiado. La gente trabaja, estudia, vive”

Maryana es una pequeña celebridad en Rusia. Con 17 años, ha pulverizado todos los récords en levantamiento de peso y llega a alzar 150 kilos con la fuerza de sus brazos. Maryana aprovecha su fuerza para algo más que las pesas: es famosa por sus viajes internacionales a lugares “calientes”, como Corea del Norte, Donbass o más recientemente, Siria. Militante de la juventud comunista rusa, las consecuencias de su activismo no se han hecho esperar: Maryana ha perdido a su patrocinador deportivo norteamericano y es considerada persona non grata por el régimen de Kiev, que la incluye en su lista de terroristas internacionales.
Mariana en Debaltsevo./ Foto cortesía de Maryana Neumova
Mariana en Debaltsevo./ Foto cortesía de Maryana Neumova
La musa del press-banca. Me encantan las figuras de las chicas que hacen bodybuilding. Fue difícil empezar para mí, porque fui la primera chica que rompió tantos récords. La gente me decía que no me dedicara a esto, porque parecería un chico. Pero hay muchas chicas que han empezado a ir al gimnasio después de verme. ¡Es impresionante! Sigue sin ser fácil, ¿eh? Tienes que entrenar duro, comer sano, dormir bien.
Donbass. Fui a Donbass a apoyar a los niños, a distraerles de la guerra. Hablamos, hicimos competiciones, les llevamos ayuda humanitaria. Es la cuarta vez que voy a Donbass y veo que las cosas han cambiado. La gente vive, estudia, trabaja. De hecho, celebramos con los niños el comienzo del nuevo curso. Ojala, les deseo que vivan en paz.
Voyage, voyage. He vivido experiencias enormes. Viajo por todo el mundo, conozco a mis ídolos, hablo con políticos, con gente de un montón de países diferentes. Y eso va a ayudarme mucho en mi futuro trabajo, porque quiero ir a la universidad a estudiar Relaciones Internacionales.
Tengo muchos planes, muchos. Ahora tengo que centrarme en preparar las competiciones porque me he tomado un descanso largo. También necesito estudiar, para aprobar los exámenes, y seguir haciendo trabajo social.