9/19/2010

Iglesias y Estado mexicano: vínculos oscuros

Nydia Egremy

Las relaciones entre el Estado mexicano y las iglesias no son transparentes y se sostienen en negociaciones en lo oscurito que sólo conoce la sociedad cuando se suscitan escándalos públicos, sostienen especialistas. Los entretelones de esos pactos, diferendos o arbitrajes por intolerancia religiosa, recuperación de inmuebles federales o pugnas entre asociaciones religiosas se ocultan en más de 250 expedientes reservados por la Dirección General de Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación

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La Dirección General de Asuntos Religiosos (DGAR), de la Secretaría de Gobernación (Segob), mantiene 250 expedientes en el índice de reservados, 17 de ellos en lo que va de 2010; todos bajo el rubro “Vigilar el cumplimiento del marco normativo en materia de culto público”. Además, esa Dirección ejerce un presupuesto por concepto de “materiales y útiles de administración y enseñanza o de seguridad social y seguros” superior al que ejercen la Unidad para el Desarrollo Político y la Unidad para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos de la misma dependencia.

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Todas esas áreas dependen de la Subsecretaría de Población, Migración y Asuntos Religiosos, que hasta el 18 de agosto estuvo a cargo de Alejandro Poiré Romero, quien un día después asumió el cargo de secretario técnico del Consejo de Seguridad Nacional y Vocero de la Estrategia de Seguridad Nacional. Desde entonces, el cargo permanece vacante.

En el índice de expedientes reservados de esa Subsecretaría figuran 203 archivos como “clasificados” y todos bajo el rubro “Conducir políticas de población, migración, refugio de frontera Norte y preservar el Estado laico”. Ahí se observa que, a partir de 2006, aumentó el tiempo de reserva que se determinó a esos documentos (de cuatro a cinco años), que contrasta con los periodos de uno a tres años que antes se les asignaba.

Como ejemplo, el “Expediente 7” se clasificó en 2006 por cuatro años; el “Expediente 2”, clasificado por cinco años desde 2007, tiene el rubro “Opiniones de la Subsecretaría, Presidencia de la República”, o el “Expediente 3”, clasificado en enero de 2009, se desclasificará hasta 2013, y el “Expediente 29S.3.2”, clasificado hasta 2014.

A su vez, la DGAR, que depende de esa Subsecretaría, clasificó como reservados 250 expedientes bajo el rubro temático “Vigilar el cumplimiento del marco normativo en materia de culto público”. De esa atribución, derivan temas como atención a conflictos por intolerancia religiosa, conflictos suscitados entre asociaciones religiosas mediante el procedimiento de arbitraje, conflictos de asociaciones mediante solicitud de “designación de amigable componedor para conflictos de carácter administrativo”, recursos de revisión o procedimiento [de o para] recuperación inmuebles federales.

Del total de documentos que custodian datos que documentan el alcance y comportamiento de los vínculos que mantiene el Estado mexicano con las asociaciones religiosas, destaca el expediente “Convenio 09”, clasificado con el rubro temático “Convenio de Coordinación y Concertación de la Basílica de Guadalupe”, y que está reservado por 12 años. Asimismo, se observa que el “Expediente 1/04”, que compila datos relativos a la atención a conflictos por intolerancia religiosa; tiene un tiempo de reserva por cinco años; mientras que otros, con una atribución semejante, clasificados antes de 2006, apenas se reservaban por un año.

Los archivos “DN/SA/R10 y “DN/SA/R-03”, que están reservados hasta 2012, guardan información relativa a recursos de revisión de asociaciones religiosas. Entretanto, el “Expediente C.I. 03/2004” contiene información relativa al procedimiento de recuperación de inmuebles federales.

La Segob interviene ante las asociaciones religiosas para dirimir los conflictos mediante un recurso que denomina “Solicitud de designación de amigable componedor para la atención de conflictos de carácter administrativo”. De acuerdo con expertos en materia legal, ese término hace referencia a una solución amistosa, con el apoyo de un conciliador, y la información a casos semejantes se localiza, entre otros, en los documentos identificados como “Expediente Ref.8868/2003”, “DN/SA/CI-03/2010”, “DAN/SA/CI-04/2010” y “DN/SA/CI-06/2010”; todos ellos, reservados por tres años.

Los expedientes “DN/SN/DI-01/2010”y “DN/SN/DI-02/2010” ejemplifican los casos de reserva hasta por cuatro años, pues tienen información relativa a infracciones a la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público. A su vez, el documento “DN/SN/INT-01/2010” también está reservado por cuatro años y preserva información en materia de conflictos por intolerancia religiosa.

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Recursos para la mediación

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Al examinar la distribución del gasto por unidad responsable del ejercicio de este año, conforme al Presupuesto de Egresos de la Federación 2010, se observa que a la DGAR se le asignó un presupuesto de 21 millones 787 mil 369 pesos. De ese total, 16 millones 742 mil 175 pesos se destinan a “Servicios personales”.

La DGAR recibe 2 millones 654 mil 436 pesos como “Erogaciones del gobierno federal por concepto de seguridad social y seguros”, una cifra mayor a la que ejercen por el mismo concepto la Unidad para Desarrollo Político –que asciende a 2 millones 364 mil 827 pesos–, así como la Unidad para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos –que recibe 1 millón 641 mil 557 pesos.

También ejerce un presupuesto de 83 mil 237 pesos por concepto de “Materiales y útiles de administración y de enseñanza”. Esa suma supera la que ejercen para el mismo rubro la Unidad para el Desarrollo Político (78 mil 34 pesos), la Dirección General de Cultura Democrática y Fomento Cívico (68 mil 930 pesos) y la Unidad para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos (46 mil 821 pesos).

Para el concepto “Pagos por otras prestaciones sociales y económicas”, la DGAR dispone de 7 millones 833 mil 194 pesos; para “Remuneraciones adicionales y especiales”, se le asignaron 824 mil 354 pesos, y en cuanto al “Concepto 2200, productos alimenticios”, se ejerce un presupuesto de 58 mil 810 pesos (contra 54 mil 492 pesos de la Unidad para el Desarrollo Político).

El Tercer informe de labores de 2009 de la Segob refiere que, entre septiembre de 2008 y julio de 2009, la DGAR realizó acciones de interlocución que permitieron llevar a cabo 320 encuentros con líderes religiosos, 180 visitas personalizadas a dignatarios religiosos y más de 1 mil 500 entrevistas con actores de ese ámbito.

Para difundir el marco jurídico, organizó 76 talleres, foros de discusión y análisis “para capacitar a los representantes legales y apoderados de las asociaciones religiosas”, así como a autoridades estatales y municipales. En ese mismo periodo, se dio atención a 34 mil 171 trámites y servicios que “contribuyen a garantizar la libertad de creencias y de culto”.

Ese documento afirma que “se ha privilegiado el diálogo y la conciliación” como mecanismos de solución en la atención de conflictos por intolerancia religiosa. Como resultado de esa medida, se logró disminuir esos diferendos. Sin describir en qué consisten tales conflictos por intolerancia religiosa, la Segob manifiesta que, en el periodo 2006-2007, se presentaron ocho casos, de los que resolvió dos; entre 2007 y 2008 se presentaron seis casos, de los que resolvió dos, y entre 2008 y 2009 se presentó un caso, del que no hubo resultado.

Conforme a esa relación, se observa que entre 2001 y 2002 se presentaron 17 casos de intolerancia religiosa que se resolvieron en su totalidad. En el ciclo 2002-2003, hubo 22 casos, de los que se solucionaron 17; en el periodo 2003-2004, fueron 13 casos, de los que hubo resolución en siete, y en el bienio siguiente, hubo 14, de los que se solucionaron todos.

Relaciones ocultas

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Detrás de las cifras y de la decisión de reservar esa información para un futuro de mediano o largo plazo, está la determinación de que la sociedad no se entere de lo que ocurre en las cúpulas de la institución eclesiástica y civil; por ello, el antropólogo Elio Masferrer Kan asegura que entre la iglesia católica y el Estado mexicano hay un conjunto de negociaciones “en lo oscurito”. Describe que cuando esos pactos –siempre ocultos– se rompen, las diferencias salen y ésa es la única forma como los ciudadanos se percatan de que las partes acordaron “por lo bajo”.

Le parece “evidente que el Estado mexicano está muy débil” y que la iglesia católica busca reposicionarse porque “está perdiendo espacios”. De ahí que se lanzara, de forma tan furibunda, a un conflicto como el señalamiento contra los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y el jefe de Gobierno del Distrito Federal.

Masferrer, también presidente de la Asociación Latinoamericana para el Estudio de las Religiones, observa que entre las negociaciones del Estado con la iglesia católica, esa información que retiene la Segob al reservar los expedientes se utiliza como “un as en la manga”. Afirma que en el régimen del Partido Revolucionario Institucional “era evidente y notorio que los casos de abusos sexuales de algunos ministros de culto de la iglesia católica eran ese as en la manga para doblar a obispos”.

Para Francisco Castro Merrifield, coordinador de la licenciatura en filosofía de la Universidad Iberoamericana, tanto el modelo de autoridad del poder civil del Estado como del religioso “tienen formas particulares de secretismo”. Los gobiernos aducen continuamente la noción de secreto de Estado para reservar cierta información que aun en los regímenes democráticos se considera que los ciudadanos no deben conocer.

Se apela a ese secretismo en su propio beneficio o de su seguridad para que el gobierno resguarde esa información, “y eso no es propio sólo de México –subraya–, porque darlo a conocer, en teoría, sería contraproducente. También las iglesias de todos los credos recurren a estas formas de secretismo. Un ejemplo en la iglesia católica es el modelo de la práctica de la confesión, así como la prohibición explícita a divulgar este tipo de informaciones.

El también especialista en hermenéutica, por Universidad de Deusto, en Bilbao España, explica que ambas instituciones, la civil con el secreto de Estado y la religiosa con el secreto de confesión, apelan a ellas para mantener sus respectivos modelos de autoridad.

Señala que debe plantearse si esas relaciones políticas entre las iglesias y los distintos órdenes de gobierno debieran ser eventualmente transparentes o no. Recuerda que una parte de la acción política exige que los tratos entre los distintos actores y agentes políticos se den con cierta discreción, al margen de la intromisión de la opinión pública, “porque eso siempre entorpece la toma de ciertas decisiones”.

Aunque Castro Merrifield sostiene que “el secretismo existe y parece que hay tratos, pues lo que trasciende es que hay arreglos”, se debe preguntar qué tan benéfico para el ejercicio político es que todas las negociaciones políticas trasciendan a la opinión pública, qué tanto se obstaculizaría la toma de decisiones.

Refiere que, en ese planteamiento, el problema es que “estamos muy acostumbrados a que las negociaciones tengan tintes conspiratorios y sospechosos del manejo de ciertos intereses privados”. De ahí la demanda social por mayor transparencia.

El filósofo concluye su análisis al señalar que, en México, la relación entre la iglesia y el Estado “siempre ha sido conflictiva”. Recuerda que desde el inicio del México independiente, la iglesia católica participó en los procesos de independencia: “A lo mejor fue como una especie de cisma dentro de la misma iglesia mexicana”, pero fueron sacerdotes quienes promovieron la independencia. Ahí está el antecedente de esa relación un poco ambigua y polémica.

Una voz católica

Guillermo Gazanini Espinoza, secretario del Consejo de Analistas Católicos de México (CACM), afirma que la iglesia católica es una institución vinculada al poder, pues tiene capacidad para “influir en masas y elites”. Aun así, advierte que esa institución no busca acabar con el Estado laico, pues las normas canónicas prohíben a los ministros hacer política de partidos y oponerse a las leyes e instituciones del Estado.

“No veo a curas ocupando puestos populares o dirigiendo partidos políticos confesionales, porque la ciudadanía actuaría de forma categórica con su firme rechazo. Es claro que el Estado laico llegó para quedarse”, sentencia este católico.

Describe que la historia de las relaciones entre el Estado y la iglesia católica en México han mostrado los “roces y controversias, choques violentos y componendas, así como relaciones de conveniencia y simulación”. Ese clima permitió lo que denomina pax ecclesiae, una figura que permitió a esa iglesia continuar con sus actividades pese a una legislación “anticlerical” que consagró la Constitución Política hasta 1992.

Tras las reformas constitucionales y la promulgación de la Ley de Asociaciones Religiosas y de Culto Público de julio de 1992, se transformó la condición jurídica de las iglesias. Esto trajo un reconocimiento jurídico pleno y “representaría un primer esfuerzo de transparencia para vencer a la simulación en que se vivía en el sistema jurídico mexicano”, dice Gazanini.

A 18 años de esas reformas, el secretario del CACM considera que las condiciones parecen exigir una modificación que amplíe las libertades en materia de conciencia y de culto público. Argumenta que así se observa en la “tensa relación” que viven la iglesia y las instituciones del Estado, particularmente tras la despenalización del aborto hasta la doceava semana de gestación, la constitucionalidad de las uniones homosexuales y las adopciones de menores por parejas del mismo sexo.

Sale al paso de quienes señalan la falta de transparencia de la iglesia católica. Asegura que, “históricamente, prelados y gobernantes han trabado pactos para poner fin a las tensas complicaciones” que se han suscitado en sus relaciones. Comenta que los “vientos seculares y de la democracia” también exigen transparencia de la iglesia en sus relaciones con “el poder temporal”.

Cita que los “recientes escándalos” movieron las conciencias de fieles y no católicos para que la iglesia haga un examen de conciencia sincero y reconozca sus errores. Como ejemplo recuerda que Federico Lombardi, vocero de El Vaticano, anunció transparentar los resultados de las indagatorias a los Legionarios de Cristo; lo que en su opinión “redundará en la práctica de la transparencia en todas las actividades de la iglesia católica”.

Estadísticas que no mienten

Conforme al Anuario Estadístico de la Iglesia Católica, que divulgó la sala de prensa de El Vaticano el pasado 27 de abril, los bautizados católicos en el planeta van en aumento: de ser 1 mil millones 45 mil en 2000, pasaron a ser 1 mil 166 millones en 2008 –último año del que se tienen registros estadísticos.

Aunque con diferente tasa de bautizados por continente, la tendencia al alza es notable en África (33.02 por ciento de 2008 respecto de 2000); seguido de Asia (15.61 por ciento), Oceanía (11.39 por ciento) y América (10.93 por ciento). Además, en todos los continentes aumentó el número de fieles por sacerdote, según el Anuario que elaboró el Departamento Estadístico de El Vaticano, que preside monseñor Vittorio Formenti, y cuya sede está en el propio Palacio Apostólico de la Santa Sede.

En cuanto al número de sacerdotes, se observa un índice de crecimiento positivo, aunque la estadística vaticana admite que, en América, esa tasa se mantiene “casi estacionaria”. Sin embargo, conforme al registro de la Segob se constata que suman miles los ministros de culto que practican en México distintas vertientes de la fe cristiana.

De acuerdo con la DGAS, en México tienen registro 7 mil 394 asociaciones religiosas. De ese total, hay iglesias como Concilio Nacional de las Asambleas de Dios, con 5 mil 187 ministros de culto registrados; la denominada Congregación Cristiana de los Testigos de Jehová, con 4 mil 276 ministros de culto registrados; la Arquidiócesis Primada de México, con 2 mil 265; la Convención Nacional Bautista de México, con 1 mil 168, y la Iglesia de Dios en México Evangelio Completo, con 1 mil 110 ministros.

Respecto de las arquidiócesis católicas, la DGAR reúne a las de mayor cantidad de ministros de culto: Guadalajara, con 780; la de Morelia, con 627; la de Puebla, con 471; la de Monterrey, con 352, y la de Tlalnepantla, con 327. En cuanto a las diócesis que tienen más ministros de culto, están: Toluca, con 299; Zamora, con 260; Querétaro, con 232; Zacatecas, con 228, y la de Netzahualcóyotl, con 210.

Otras iglesias que no pertenecen a la católica romana y con un número importante de ministros de culto en el país son la Iglesia Nacional Presbiteriana de México (595), la Iglesia Cristiana Independiente Pentecostés (518), la Iglesia Evangélica Independiente de la República Mexicana (506), la Iglesia de Dios (Israelita) de México (448) y la Iglesia Evangélica Independiente en México (464).

Atribuciones de la DGAR

La Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público y su Reglamento establecen, en su inciso VII, que las asociaciones que por cualquier título posean o administren inmuebles informarán a la Dirección General de Asociaciones Religiosas (DGAR) la denominación, ubicación, superficie y uso al que están destinados.

De acuerdo con el artículo 24 del Reglamento Interior de la Secretaría de Gobernación (30 de julio de 2002), la DGAR tiene atribuciones para representar y actuar a nombre del Ejecutivo Federal en sus relaciones con las asociaciones religiosas, agrupaciones y demás instituciones. También, resolver las solicitudes de esas asociaciones para transmitir actos de culto extraordinarios por los medios de comunicación.

Conforme a ese Reglamento, la DGAR debe coadyuvar con otras dependencias y entidades de la Administración Pública Federal para regularizar el uso de los bienes inmuebles propiedad de la nación, conservar y proteger aquéllos con valor arqueológico, artístico o histórico, en uso de esas asociaciones religiosas. También es una atribución de esa instancia opinar, “a petición de la asociación religiosa interesada”, sobre la internación y estancia en el país de los ministros de culto extranjeros.

Cuando hay conflictos entre esas asociaciones, la DGAS debe “sustanciar y resolver” el procedimiento de conciliación y, en su caso, orientar y canalizar aquéllos que sean competencia de otra autoridad. De igual manera, debe atender el procedimiento de arbitraje para dirimir controversias entre asociaciones y promover la actividad de las instancias competentes cuando exista denuncia de intolerancia religiosa y llevar el seguimiento de las mismas.

Otra atribución de la DGAR es la que se refiere a “realizar la investigación y análisis de los movimientos religiosos”.

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Algunas asociaciones religiosas que tienen entre 95 y 10 ministros de culto

Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei en México 95
Iglesia del Nazareno Distrito Noroccidental 56
Iglesia del Nazareno Distrito Sur Pacífico 56
Iglesia del Nazareno Distrito Sur 53
Iglesia del Nazareno Distrito Oaxaca 51
Iglesia del Nazareno Distrito Oriente 25
Iglesia del Nazareno Distrito Norte 21
Iglesia del Nazareno en México Seminario 22
Parroquia del Sagrario Catedral 10

Fuente: DGAR, Segob, registro 2010

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Contralínea 200 / 19 de Septiembre de 2010

¿Divide y vencerás?

Jorge Luis Sierra

Es evidente que el presidente Felipe Calderón ha considerado una prioridad de su gobierno la lucha contra las partes más hiperviolentas del narcotráfico. A través de efectivos militares y navales, así como de Bloques de Operación Mixta a la que están agregados agentes de la Policía Federal, el gobierno ha concentrado su fuerza en contra de Los Zetas y la organización de los hermanos Beltrán Leyva.


Esta concentración puede, sin embargo, producir un resultado indeseable con el fortalecimiento colateral de otras organizaciones criminales en México, principalmente los cárteles del Pacífico y de Juárez, que disfrutan y también explotan el debilitamiento de sus adversarios.

A pesar de ese impacto, el gobierno parece estar resuelto no dar marcha atrás. Según el Cuarto informe de labores de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), el Ejército Mexicano ahora emplea un promedio mensual de más de 70 mil elementos en las diferentes operaciones contra el narcotráfico, lo que casi duplica el promedio mensual de efectivos militares que emplearon los dos gobiernos anteriores.

Los soldados están distribuidos en 12 puestos de control estratégicos que forman a su vez dos barreras de seguridad, una en el Istmo de Tehuantepec y otra en la frontera Norte. A ese dispositivo, la Sedena agrega 542 puestos de seguridad móviles con los que intenta controlar el flujo de armas, drogas y convoyes de sicarios.

La aplicación selectiva de esa fuerza militar está acompañada de la explotación de las rencillas entre los jefes del narcotráfico con el objeto de profundizar la división entre ellos, estimular su autodestrucción y neutralizar lo más rápidamente posible a las bandas más proclives a la violencia.

Lo primero que hizo el gobierno fue sembrar la desconfianza. Esta parte de la estrategia comenzó años atrás con las operaciones del gobierno estadunidense para infiltrar al cártel del Golfo y a Los Zetas e interceptar sus comunicaciones, según lo demuestra una acusación formal en la Corte Federal de Washington, DC. La imputatción detalla pormenores de las reuniones entre la cúpula del cártel del Golfo y sus enlaces telefónicos con los jefes regionales de Los Zetas.

Esa acusación penal, junto con una sentencia relativamente blanda contra el jefe del cártel del Golfo, Osiel Cárdenas Guillén, en la Corte Federal de Houston representaron un mensaje a estas bandas criminales de que estaban penetradas y que la deslealtad estaba minando sus filas.

Lo mismo sucedió con la detención de Édgar Valdez Villarreal, la Barbie, presunto jefe de sicarios de los hermanos Beltrán. A través de filtraciones a la prensa, el gobierno ha intentado dibujar un cuadro de traición entre narcotraficantes que acabó con los hermanos Beltrán y ha diezmado las fuerzas de uno y otro lado en esta guerra entre cárteles.

En ese contexto, ambos gobiernos han labrado la imagen de que Los Zetas son el enemigo más duro por vencer. En diferentes reportes de inteligencia que fueron filtrados y publicados en la prensa estadunidense, el gobierno de Estados Unidos pintaba a Los Zetas como la amenaza más formidable a la seguridad fronteriza por su capacidad de librar la guerra contra bandas rivales del narcotráfico con formas de operación militar.


El gobierno estadunidense trazó entonces una estrategia especial contra Los Zetas, apoyada por el Centro de Inteligencia de la Oficina Federal de Investigación en McAllen, Texas, que condujo a la explotación del arresto y extradición de Cárdenas Guillén y, posteriormente, a la detención o a la muerte de la mayoría de Los Zetas originales que tenían un pasado militar. Los Zetas no desaparecieron como grupo criminal, pero su núcleo duro quedó prácticamente aniquilado.

El siguiente grupo por derrotar era el clan de los hermanos Beltrán Leyva, originarios de Sinaloa, que también intentó contratar a militares desertores con el objetivo de formar grupos de fuerzas especiales y enfrentar con efectividad la ofensiva gubernamental. La alianza temporal de Los Zetas con los hermanos Beltrán Leyva generó la percepción de que estaba en gestación una fuerza formidable capaz de retar al gobierno federal.

El gobierno respondió con la utilización de generales retirados del Ejército para dirigir los cuerpos de seguridad pública y con la saturación de los estados del país donde operaban Los Zetas con grupos de inteligencia militar, principalmente en las “plazas” emergentes como Monterrey y Acapulco. La contraofensiva de Los Zetas no tardó en ocurrir y comenzaron los atentados contra el personal militar.

En los primeros meses de 2010, hubo otra ofensiva contra Los Zetas, pero esta vez no provino del gobierno, sino del lado criminal. Durante los días de combate en las ciudades de la frontera chica de Tamaulipas entre las fuerzas del cártel del Golfo y los Zetas, los primeros se ufanaban de contar con el apoyo del Ejército para acabar con los segundos.

Fuera un ardid para desinformar a la población e infundirle miedo o no, lo cierto es que, durante varios días, los convoyes de camionetas pick up con las siglas CDG (cártel del Golfo) circulaban con libertad por las calles de las ciudades de esa zona de Tamaulipas, hasta que la Armada de México comenzó a enviar sus tropas de infantería de Marina y sus helicópteros de combate.

En cierta forma, la estrategia mexicana tiene un parecido con la colombiana, en la que también hubo una explotación de la rivalidad entre los cárteles y un escalonamiento de la lucha antinarcóticos. Sin embargo, la ejecución de esa estrategia fue distinta en el caso colombiano.

En un artículo recientemente publicado en la revista Foreign Affairs, Robert C Bonner, exdirector de la agencia antidrogas estadunidense y excomisionado del Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos, afirmó que el gobierno colombiano libró batalla por batalla y destruyó uno por uno a sus enemigos internos: primero al cártel de Medellín, después al de Cali, luego a los grupos paramilitares y ahora está en proceso de terminar con las columnas remanentes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

El crimen organizado no desapareció, sólo se transformó. Tanto en México como en Colombia, los grandes cárteles han dado paso a una miríada de organizaciones que trafican con 1 o 2 toneladas de droga y luego desaparecen en la clandestinidad. Los nuevos jefes de estas organizaciones atomizadas han encontrado la manera de reconstituirse mediante cambios generacionales, fusiones, alianzas y generación de nuevos grupos.

La diferencia principal entre ambos países podría estar en el hecho de que la multitud de nuevas organizaciones de narcotráfico en Colombia ya no pone en riesgo la soberanía del Estado ni amenaza con tomar el control de zonas territoriales. En México, en cambio, las nuevas organizaciones, alianzas, recomposiciones del crimen organizado están librando una batalla atroz para conservar el control territorial por medio de la violencia. El resultado a corto plazo aún no está definido para ninguno de los dos lados.

Bonner apunta otra diferencia sustancial: los colombianos pusieron al frente de la lucha contra el narcotráfico a los cuerpos profesionales de policía y usaron al Ejército sólo para operaciones específicas donde la fuerza militar era imprescindible. En México, en cambio, la estrategia es opuesta: las Fuerzas Armadas están al frente de la lucha contra el narcotráfico y lo seguirán estando por la inexistencia de una policía federal totalmente profesionalizada.

Para el gobierno mexicano, no habrá marcha atrás y no hay visos de que quiera aprender de la experiencia colombiana. El uso de la fuerza militar para combatir al narcotráfico está tan arraigado en la mentalidad estratégica de las fuerzas de seguridad mexicana que por el momento no existe ningún plan “b” ni otra alternativa que lo pueda reemplazar.

jlsierra@hotmail.com

*Especialista en fuerzas armadas y seguridad nacional, egresado del Centro Hemisférico de Estudios de la Defensa, de la Universidad de la Defensa Nacional en Washington

Contralínea 200 / 19 de Septiembre de 2010

Calderón no resuelve problemas

Álvaro Cepeda Neri

El quehacer de la política es, fundamentalmente, como teoría y práctica del gobierno en general y, en particular, en cuanto administración pública del Poder Ejecutivo, resolución de conflictos del Poder Judicial y, para sustento de los dos poderes anteriores, creación de leyes por el Poder Legislativo. Si la política es o no, para comodidad, el “arte de lo posible”, su tarea es, en términos weberianos, intentar lo imposible para lograr lo máximo posible.

La política fija los fines y ambos se ejercen teniendo como medio la estructura jurídica a partir (salvo rarísimas excepciones) de una constitución, legítimamente implantada como eje de la legalidad, donde medios jurídicos y fines políticos constituyen el Estado. Actualmente, la mejor síntesis de esos conceptos pueden consultarse en el ensayo de Norberto Bobbio, Estado, gobierno y sociedad (existen dos versiones de la traducción: una de Luis Sánchez García en Plaza & Janés, la otra de José F Fernández Santillán, del Fondo de Cultura Económica), aunque es mejor consultar la Teoría general de la política (editorial Trotta).

No le es dado a los que ejercen los poderes estatales tener capacidad para la política (y en la actual fauna mexicana, la mayoría carece de la información teórica para la formación práctica de ese quehacer). Existen los ejemplares más antipolíticos que acusan tal mediocridad, que ni siquiera saben desempeñarse como burócratas, mucho menos como funcionarios. Pero, sí saben dónde están los negocios y el dinero público, para hacer de ambos su botín. Son los comerciantes que viven de la política. Y los hay que, además de embolsarse la riqueza pública en cargos clave de la elite administrativa, judicial y legislativa, carecen de voluntad política para cumplir con sus obligaciones distribuidas como facultades y funciones. Y los cuales, por su ineptitud, generan más problemas de los que se crean por las demandas y conflictos de la “insociable sociabilidad” de los gobernados.

Tenemos el caso de Calderón, quien recurrió a la ilegitimidad de su cuestionada legalidad electoral. Mientras a brazo partido se apoderó de la candidatura panista y logró que su competidor, López Obrador, fuera sometido a una derrota impuesta fuera de las urnas por el Instituto Federal Electoral, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación y la Suprema Corte, quienes integraron la trinidad para bendecir el ascenso de Calderón y su partido, con todo y que Fox había puesto en “grave riesgo” las elecciones y no tuvo empacho en afirmar que él “había ganado su elección y la de Calderón”. Mientras éste se ufanaba de ser presidente al amparo de su divisa cínica, antidemocrática y antirrepublicana del “aiga sido como aiga sido”. Calderón hizo y deshizo para quedarse con la presidencia, y acto seguido se apoltronó en la silla y se acomodó a sus anchas en Los Pinos, muy al estilo de Victoriano Huerta, dejando que, a tontas y locas, la fuerza militar y policiaca federal combatan a las delincuencias con notoria desventaja y magros resultados (un camuflaje de golpismo que lleva visos de militarizar las elecciones presidenciales).

Si bien la política ha de vérselas con problemas de toda índole que nacen de las tensiones entre gobernados y gobernantes, entre conflictos individuales y colectivos, de la convivencia social, etcétera, para resolverlos no con miras al futuro (¡es el presente, estúpidos!), sino conforme a las necesidades del día, ya que los pobladores de un país requieren ser atendidos de inmediato. Empero, Calderón no ha podido solucionar los problemas federales y, por el contrario, ha creado más problemas. Tiene al país, por lo que corresponde a la competencia del poder federal, sembrado de problemas por su ineficaz conducta presidencial, ya que por sus actos y omisiones, no ha cumplido lo dispuesto en el Capítulo III de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (del artículo 89 al 93) ni las demás obligaciones repartidas en los 136 artículos constitucionales.

Al ser duramente increpado en Michoacán, cuando se puso de “músico, poeta y loco” a decir a los damnificados por las inundaciones, lo del “pueblo mágico”, le reclamaron que no había creado fuentes de trabajo y Calderón les contestó que el “gobierno no crea empleos”. Se olvidó de que las inversiones gubernamentales son para generar empleo, si es que el gasto del gobierno, como debe ser, se destina a obras públicas y más cuando la crisis lo exige o cuando el sector privado reduce o se niega a invertir. Calderón, en cambio, sí ha producido despidos mientras enriquece a sus asesores, secretarios del despacho y miles de subalternos, pero sacrifica a la burocracia intermedia. Usa las utilidades de Petróleos Mexicanos en gasto corriente (además del saqueo al que fue sometido. Consultar el libro de Ana Lilia Pérez, Camisas azules, manos negras, editorial Grijalbo). Este botín es uno de los principales problemas que ha creado Calderón y los suyos, desde que Fox los puso en la Secretaría de Energía con tentáculos en la paraestatal (César Nava, entonces director jurídico, arreglaba los contratos de Mouriño y éste preparaba el guardadito para financiar la precampaña calderonista y, después, tras el golpe por la candidatura en Jalisco con la complicidad de Ramírez Acuña).

Calderón (con Ebrard y Córdova) generó la crisis de 2009 al alarmar a la población nacional con los contagios gripales, y así nuevos problemas se engendraron: el desempleo que arrastró desde su ilegítima toma de posesión, añadiéndole los despidos y la reducción de la jornada laboral (con pagos anticonstitucionales); el desabasto de medicinas (en el Instituto Mexicano del Seguro Social, el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado y centros de salud gubernamentales). Otro problema creado por Calderón y los suyos fue el miedo colectivo para distraer a la nación del “catarrito” de la recesión en todo el sistema público y privado. Y qué decir de la eficaz resistencia del narcotráfico, con constantes violaciones de derechos humanos a familias ajenas a ese enredo militar-policiaco, que ha generado la mayor inseguridad territorial. Otro problema es almacenar cientos de miles de millones de dólares en reservas, mientras escasean el gasto social y las inversiones, que arrojan menos empleos directos e indirectos porque la iniciativa privada también se abstiene de aumentar su participación en los mercados.

Además de los problemas propios de las demandas nacionales, para los que no ha tenido respuesta, Calderón ha generado más problemas y ha demostrado que carece de un mínimo de capacidad política y administrativa para enfrentar lo que está obligado a resolver. Es un cabeza dura en un cargo para el que no tuvo tamaños. Ha ingresado ya al montón de presidentes que, tapaderas unos de otros con el mutuo otorgamiento de impunidad, desgraciaron al país. Deberían estar en la cárcel desde Díaz Ordaz a Calderón.

cepedaneri@prodigy.net.mx

Contralínea 200 / 19 de Septiembre de 2010

La fiesta efímera


Utopía

Eduardo Ibarra Aguirre


Hace un siglo, recuerda la historiadora Patricia Galeana Herrera, la gesta libertaria la conmemoró la dictadura de José de la Cruz Porfirio Díaz Mori con grandes obras: la Universidad Nacional de México, el Palacio de Correos y Comunicaciones y la Columna de la Independencia.


Una centuria después, erogados 3 mil millones de pesos de los que será posible conocer su uso y abuso hasta el año 2022 y designado el quinto funcionario que despacha como responsable de coordinar los esfuerzos de la fiesta bicentenaria, ninguna de las pequeñas obras planeadas por el gobierno de Felipe de Jesús Calderón Hinojosa fue concluida a tiempo. Pero gracias a la magnanimidad informativa de Alonso José Ricardo Lujambio Irazábal ya podemos saber en que se gastaron 700 millones de pesos.


Eso sí, para organizar un espectáculo “casi hollywoodense. O sin el casi” (Ilán Semo Groman dixit), resultaron mejores los del grupo gobernante que los dueños del duopolio televisivo, sólo que éstos involucran al auditorio como componente de la escenografía, los ponen a hacer olas, aplaudir a rabiar y poner cara de felicidad en el momento en que la cámara los filma.


Por el contrario, Calderón Hinojosa, centro de “la fiesta efímera, de la que nada quedó”, o “un espectáculo televisivo, donde a falta de pan, circo” –como dice la doctora Galeana--, fue a 70 metros lo más cerca que estuvo desde el balcón presidencial de los 50 mil afortunados que, previo acatamiento de los objetos que les prohibieron portar y una revisión minuciosa, accedieron a la plancha del Zócalo, en la que caben 70 mil personas sin incluir a las cuatro calles que lo rodean.


En el torneo de lugares comunes que entablaron los conductores de la televisión los días 15 y 16, excepción hecha de Canal 22, destacaron dos estrellas: Joaquín López-Dóriga Velandia y Adela Micha, conductora que se presenta en su página electrónica como “La periodista más reconocida de México”. El primero se declaró impresionado, conmovido por “un Zócalo pletórico de gente”.


Aquellos 70 metros quisieron ser borrados en Dolores Hidalgo, Guanajuato, con un “baño de pueblo”, que no durmió gracias a que dos horas antes concluyó el baile con la Banda del Rocodo y la Sonora Santanera.


Merced a la magia de la teledictadura --como la llamó Andrés Manuel López Obrador y por ello la concentración y grito en la Plaza de las Tres Culturas no existió para Televisa y TV Azteca--, observamos pese a la desvelada a un alegre, feliz michoacano de Morelia que repartía besos de mejilla a diestra y siniestra, conversaba con niños de preprimaria y risueños nativos por el gusto de verlo, de saludarlo. Los “¡Uleeeero… uleeeero!”, “¡Viva El chapo!”, “¡Muera el mal gobierno!” (Verónica Espinosa, de Apro); “¡Culeeero!” (Ciro Pérez Silva, de La Jornada) sencillamente no existieron porque así lo dispuso el duopolio.


Fue en la ceremonia del Ángel de la Independencia donde la cruda realidad se impuso. Manlio Fabio Beltrones Rivera y Jorge Carlos Ramírez Martín, presidentes del Senado y de San Lázaro por el partido cogobernante, el mismo que hizo posible la materialización de la máxima autoritaria del Haiga sido como haiga sido, tal y como se lo recuerdan con cinismo inaudito cada vez con mayor frecuencia, le reprocharon la conducción del país. Y el abogado, economista y administrador público hizo gala de sentido del humor y recogió el reto no sólo “por ser mi más profunda convicción democrática, sino porque sé que México hoy lo necesita”.


Y nuevamente trajo a cuento la cantaleta de la unidad nacional. Ésa que llevó sólo a Carlos Salinas de Gortari y Vicente Fox Quesada a Palacio Nacional. Los dos hombres que como presidentes más dividieron y confrontaron a los mexicanos.

Acuse de recibo


El reportero Ramsés Ancira afirma: “Me gustó el tema y el tratamiento que le diste a “¿Seguiremos Informando?” (15-IX-10), pues me parece que al final lo que se descubre es que los delincuentes no son más que vulgares extorsionadores. Lo que sí queda de manifiesto es la pobreza de recursos del Estado mexicano, ¿así quieren que les creamos que capturan narcotraficantes gracias a un trabajo de inteligencia?... Y José Luis Ortiz Santillán, economista y colaborador de las revistas Libertas y Forum, concluye: “Bien Eduardo. De alguna manera esto muestra la vileza de su familia (de Diego Fernández de Cevallos) y de sus correligionarios”... Una queja llega desde Comalcalco, Tabasco: “Más que festejo de la independencia, parece carnaval de la independencia”, la suscribe Antonio del Campo Gordillo… Finalmente, Fernando Carmona Bolaños comenta: “(…) la insistente propaganda muy al estilo de Goebbels de machacar con la esperanza de transformar una mentira en verdad, de que el Ejército Mexicano es bien visto en todas partes, cosa que un general y un coronel y otros similares, se la pasaron insistentemente en trasmitir, obliterando la multitud de denuncias que en diversas comisiones para salvaguardar los derechos humanos, han hecho del Ejército el campeón de denuncias por sus abusos”.

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Los festejos


Sara Sefchovich

Lo más sorprendente de los festejos del Bicentenario, fue la solicitud de las autoridades de no acudir a ellos. Parecía increíble que después de meses de bombardearnos con anuncios sobre el orgullo de ser mexicanos y la maravilla de fiestas y espectáculos que nos esperaban, luego nos pidieran que lo viéramos “en la comodidad de tu casa”.

Cuando el encargado de la Secretaría de Seguridad Pública del DF hizo la recomendación, pensé que lo que quería era echarle a perder la fiesta al gobierno federal, pues sabemos del pleito casado entre los dos gobiernos y entre las dos comisiones encargadas de los festejos. Cuando Televisa también nos propuso quedarnos en casa, pensé que lo que querían era defender su rating, que cobran espléndidamente con los comerciales. Pero cuando la mañana del día 15, el propio gobierno federal empezó a dejar recados grabados en las contestadoras de los teléfonos de la ciudad de México, para que viéramos el espectáculo pero sin acudir a él, de plano me di cuenta de que la cosa era grave.

Obviamente lo que esta actitud puso en evidencia fue el miedo. Pero no sé bien si a la violencia que pudiera provocar el narco, o a la incapacidad de las policías para evitar problemas y delincuencia, o a los gentíos que suponían que se lanzarían al lugar o a los posibles abucheos al Presidente y al festejo.

El hecho es que cuando empezó la fiesta, parecía que los ciudadanos habían obedecido la consigna. La avenida Reforma estaba semivacía al paso de los carros alegóricos y el Zócalo era un demasiado bien organizado y perfectamente cuadriculado espacio sin puestos de fritangas, sin sombreros ni cornetas ni huevos de harina y con un público que no levantaba el ánimo ni con todo y los profesionales contratados para lograrlo. Y algo similar ocurría en las glorietas donde se hicieron conciertos, a pesar del esfuerzo de los cantantes por levantar a la gente.

Entonces, igual que cuando Alfonso Reyes preguntó ¿qué habéis hecho de mi alto valle metafísico?, yo me pregunté ¿qué habéis hecho de mi divertida verbena popular?

Todo eso lo trataron de ocultar en la televisión, mostrándonos desde las alturas perspectivas grandiosas de la Plaza Mayor, haciendo referencias al buen clima y a los espectaculares fuegos artificiales, pero sin ningún acercamiento al piso, sin permitirnos escuchar el sonido de la multitud, sin entrevistar a los asistentes. Esto, hay que reconocerlo, no fue el caso de la televisión cultural, cuya transmisión fue sin duda superior, acompañada de especialistas en historia y con la voz de asistentes y televidentes.

A decir verdad, tampoco ayudó mucho la cara del presidente Calderón, que mostró una enorme tensión o cansancio o enojo y sobre todo mucha prisa, apenas si ondeó la bandera después del grito, no sonrió ni conversó con quienes le acompañaban en el balcón del Palacio Nacional y desapareció de vista.

La ventaja es que los mexicanos somos como somos: aunque nos digan no lleves a tu bebé y a tu abuelita, los llevamos y aunque nos digan pórtate serio nos animamos. Y poco a poco, el festejo se fue convirtiendo en fiesta. Porque a nosotros nos gusta la fiesta, el relajo, la bola. Nuestro carácter mitotero, chimiscolero, como dicen, permitió salvar la noche si no del todo en el Zócalo, sí en las glorietas de Reforma y en otras plazas de la ciudad y del país.

Así que a fin de cuentas, el festejo resultó una fiesta “muy bonita”, para usar la única frase que se saben los conductores de televisión y que nos repitieron hasta el cansancio, y sobre todo, sin problemas, con eso que llaman “saldo blanco”. Y dentro de cien años se podrá hacer la crónica, ya para entonces dejando de lado lo tenso y mostrando sólo lo animado. Y quizá, hasta incluyendo al monumento conmemorativo, sin prestar demasiada atención al pequeño detalle de que no estuvo listo a tiempo.

Lástima que la capital no tuvo presencia en esa fiesta, como lo merecemos sus habitantes, aunque sea solamente porque pase lo que pase, siempre levantamos cabeza, como sucedió hace un cuarto de siglo cuando los temblores nos devastaron.
sarasef@prodigy.net.mx
Escritora e investigadora en la UNAM

Mar de Historias; Cristina Pacheco


Mar de Historias

Bilet rojo

Cristina Pacheco

I

Ignoro en dónde están Salvador y Karla. Me alegra imaginarme que en todos estos años mis hijos no han tenido que hacer investigaciones para encontrarme. Saben que estoy en esta casa, la más modesta y también la más segura del mundo. Fue de mis abuelos, luego de mis padres y al fin nuestra: quiero decir de Renato y mía. Mucho antes de casarnos él y yo empezamos a construir el futuro sobre lo único que teníamos: nuestros sueños.

Realizamos los más importantes. Tal como lo proyectamos tuvimos sólo dos hijos: Salvador y Karla. Nacieron con un año de diferencia. Los inscribimos en la misma escuela. Compartieron los cuadernos, las cajas de colores, la mesa para hacer la tarea. Se peleaban rara vez y siempre por las mismas razones: la bicicleta o la televisión. Para meterlos al orden y evitar nuevos problemas, su padre los amenazaba con vender la bici y dejarlos una semana sin tele.

Llorando, mis hijos se culpaban uno a otro de haber causado el problema. Sus gemidos me aturdían: Se me van a su cuarto y allí se quedan hasta que yo les diga. No quiero seguir oyendo sus chillidos. Entonces no imaginaba que iba a llegar el momento en que estaría dispuesta a cualquier cosa con tal de escuchar de nuevo el llanto de mis hijos.

II

La última vez que lo oí fue un jueves, hace veinticinco años. Renato ya se había ido a su trabajo en Ciudad Sahagún. Yo estaba lidiando para que los niños se dieran prisa. No quería que llegáramos tarde a la escuela y que me los regresaran. Entonces, ¿quién iba a cuidarlos? Yo tenía que presentarme en el laboratorio a las ocho y media. Si llegaba más tarde iban a prohibirme la entrada. Un día sin trabajo significaba un día menos de sueldo. Se lo dije a mis niños mientras les preparaba sus tortas. Salvador repeló –¡Otra vez de huevo con salchicha!– y le di un manazo. Lloró.

Desde su cuarto Karla me gritó que no encontraba el mapa de la República que habíamos comprado la tarde anterior. Lo de menos era conseguirle otro pero, ¿dónde? Eran las siete de la mañana y a esas horas estaba cerrada la papelería de don Chuy.

El descuido de mi hija me enfureció: ¡Busca el mapa! Te advierto que si no lo encuentras me las vas a pagar! Los gemidos de Karla me pusieron más nerviosa. Grité: ¡Ya cállate! Y tú, Salvador, en vez de quedarte allí paradote, ve a ayudar a tu hermana. ¡Muévete, criatura! ¿No ves que ya son siete y cinco? Dios santo, es tardísimo. Apúrenle para que alcancen por lo menos a tomarse la leche.

Parada junto a la mesa, con el vaso en la mano, Karla me preguntó qué debía hacer cuando su maestra viera que no llevaba el mapa. Pues le dices que lo perdiste porque eres una niña muy tonta y muy descuidada. Salvador salió en su defensa: No le digas tan feo a mi hermanita. Me hice la enojada: ¡Cállate! O qué, ¿eres su abogado?

Cuando llegamos a la puerta me di cuenta de que no llevaba mi bolsa. Estoy segura de que la traía. Niños: ¿no vieron en dónde la dejé? Me contestaron al mismo tiempo que no. Necesito encontrarla. Allí tengo los boletos del metro y todas mis cosas. Karla dijo muy seria: También tu bilet rojo. Le sonreí y me pidió que le pintara los labios. Le dije: Te los pinto en la tarde cuando regreses de la escuela, si es que encuentro mi bolsa. Voy a buscarla.

Salvador me preguntó si me esperaban. Vi el reloj: No. Ya son siete y cuarto. Mejor adelántense. No sueltes a Karla de la mano y te fijas muy bien antes de atravesar la calle porque hay choferes muy atrabancados. La niña me gritó: Mamá: ¿de veras vas a pintarme la boca cuando regrese? No le respondí.

Me sentía incómoda, temerosa por lo que pudiera suceder el resto de ese jueves. Me parecía un mal principio el hecho de que en unos cuantos minutos le hubiera dado a Salvador un manazo para castigar su aversión por la torta de huevo con salchicha y que le hubiese gritado niña tonta a Karla por haber perdido su mapa. Para colmo, yo no encontraba mi bolsa.

Decidí buscarla en la cocina. Al entrar noté olor a gas. ¡Lo único que me faltaba! Al agacharme para cerrar la llave de paso descubrí mi bolsa junto a la estufa. La tomé y la abrí para comprobar que llevaba todo lo necesario. Entonces me dio un mareo. Lo achaqué a que no había desayunado. Enseguida oí el tintineo de los vasos. Miré hacia el gabinete. Vi cómo se abrían las puertas y rodaban los platos. Los vidrios de una ventana estallaron.

¡Está temblando! Pensé en mis hijos. Tropezándome contra los muebles atravesé la sala. Los retratos se desprendían de las paredes como si mis padres, mis abuelos y mis tíos ya no quisieran seguir compartiendo el mismo lugar. Al fin cayó el espejo y se hizo añicos. En ese momento conocí el pánico.

III

Abrí la puerta. La calle era un infierno. En el suelo estaban las piedras y los vidrios de las que hasta unos minutos antes habían sido paredes, techos y ventanas. En el aire flotaban olor a gas y nubes de polvo. Por todas partes se oían sirenas y cláxones. A cada paso iba encontrando desconcierto, preguntas, miedo, gritos, llanto, rezos. Lejos, muy lejos, sonaban las campanas.

Era difícil correr en medio de tanta gente que huía pisando todo lo desprendido de las fachadas. Fue escalofriante seguir corriendo y no detenerme ante los cuerpos caídos; fue una hazaña no caerme en las banquetas partidas; fue agotador llegar hasta la esquina en donde estaba segura de que encontraría a mis hijos.

No los vi. Me puse a dar vueltas en el mismo lugar. Grité sus nombres, dije cómo iban vestidos y que sus mochilas tenían forma de tortuga y de conejo. Una vecina me reconoció: Creo que los vi entrando en la tienda. De La Conchita sólo quedaban una cortina arriscada y un mostrador sepultado bajo los escombros. Seguí preguntando. Un desconocido me dijo que había visto a dos niños en la puerta del dispensario. Llegué cuando ya salía humo por las ventanas y el letrero estaba a punto de caer sobre montones de cajas y frascos rotos.

Seguí corriendo, preguntando por mis hijos sin darme cuenta de que nadie me oía. No sé cómo llegué a la escuela. Por lo que vi y lo que escuché le imploré al cielo que Salvador y Karla no hubieran alcanzado a llegar. Pensé que tal vez al sentir que temblaba habían vuelto a la casa. Regresé allá. Mi dicha de verla en pie se volvió desesperación al recorrerla y encontrarla desierta.

Pensé en llamar a Renato para pedirle ayuda. Tomé el teléfono. ¡Muerto! Tenía que buscar otro. Por si mi marido y mis niños volvían mientras yo estaba buscándolos les dejé un recado. Tenía que ser claro y muy visible. Por eso se me ocurrió escribirlo sobre la puerta, con mi bilet rojo: Espérenme aquí. Estoy bien. Mamá.

A partir de ese momento, por el resto del día dejé en todas partes muchos otros mensajes. También los escribí con el lápiz labial que tanto le gustaba a Karen y con el que prometí pintarle la boquita cuando regresara de la escuela.

Ni ella ni Salvador han vuelto. Si lo hacen me encontraré con un hombre de 32 años y una mujer apenas un año menor. A los dos les contaré que su padre murió la noche del mismo jueves l9 de septiembre, en la escuela, mientras ayudaba en el rescate de otros niños y siempre con la esperanza de encontrar a sus hijos.

JAZZ JAZZ JAZZ


Tiempo de Blues

Motivos para celebrar y para no celebrar

Raúl de la Rosa

Primera llamada

Declaro pertenecer a esos mexicanos que creen tener motivos de sobra para festejar dos siglos de vida independiente, con todo y la ironía que esta aseveración pueda tener. Esta nación tiene una historia milenaria. Aquí coexisten diversas lenguas y pueblos, culturas diversas, una gastronomía que es Patrimonio de la Humanidad, y por todo esto y más, tenemos no sólo el derecho, si no también la obligación de festejar y recordar a aquéllos que buscaron otra forma de gobernarnos.

No confundir peras con manzanas. Del México actual poco podrían reconocer Hidalgo, Morelos, Allende, doña Josefa Ortiz y demás personajes ilustres que nos antecedieron; su asombro sería inconmensurable. Al pensar que el horno no estaba para bollos (violencia, desempleo, etcétera), millones se preguntaron: ¿tenemos algo que celebrar? Si así fuere, ¿de que manera?

Las opiniones se polarizaron, como es costumbre, pero, las críticas se centraron en el dispendio descomunal de casi 3 mil millones de pesos que realizó el gobierno federal. Lo más visible fue, sin duda, el desfile del 15 de septiembre, en el que hubo de todo: desde los nopalitos tricolores recién salidos del kínder de la miss Lupita, hasta la comparsa que cerró e hizo gala de imaginación y creatividad.

Segunda llamada

Extrañamente, los medios electrónicos insistían de que era mejor verlo por televisión, desde la comodidad del hogar y... lo lograron. La parada militar rebasó, por mucho, a los asistentes a esa tan esperada fiesta de todos. La transmisión por televisión se quedó corta; fue rebasada por la magnitud del desfile; faltó producción e imaginación y los conductores eran los mismos, diciendo siempre lo mismo.

Horas antes caminamos por las desiertas calles de Bucareli. Tan sólo había uniformados y más uniformados hasta la glorieta de Colón. Después de tres horas de espera llegó la vanguardia del desfile: una banda estilo Superbowl, con todo y tubas blancas, marchando –eso sí– con música mexicana, seguida de una columna de jovencitos a los que les crecieron nopales en la cabeza. La gran mayoría de estas comparsas fueron voluntarios, que sin su apoyo hubiera sido imposible la celebración.

Se perdió una oportunidad para reconocernos en esa maravillosa diversidad cultural de esta nación. Hubo una gran producción en los grupos que desfilaron con grandes bandas, o en su defecto con un audio que se escuchaba a centenares de metros, pero cuando pasaron los rarámuris –con vestidos ceremoniales y rostros pintados–, acompañados de tambores y violines tradicionales, era imposible escucharlos. A nadie se le ocurrió que a estos grupos, más que a otros, deberían apoyarlos con sonido.

Y así pasaron los purépechas, los yaquis, los de la Sierra de Puebla, grupos que representan lo más entrañable de esta nación. Los de la identidad, a los que nos debemos, tan sólo los dejaron desfilar. Daba la impresión de que se colaron; afortunadamente, grupos como los de Oaxaca vinieron acompañados por sus extraordinarias bandas, como las de la sierra Mixe. De Morelos estaba la banda de Tlayacapan.

Tercera llamada

Hubo comparsas de primera, segunda y tercera categoría, en producción, recursos e imaginación: las tropas revolucionarias venidas del más allá, zapatistas y corceles apocalípticos que en cualquier momento podían cobrar vida. Fascinante.

Un Gulliver atado, de quien, cuando cobra vida en el Zócalo, descubrimos que el guerrillero tenía roto el espadín. La gente nunca supo quién era. A mi lado estaban artistas, escenógrafos, promotores e incluso algunos de los autores de los cuadros artísticos. A la mitad del desfile alguien preguntó: ¿Qué país quisiéramos dentro de 11 años para celebrar la consumación de la Independencia? ¿Podríamos festejarla sin importar talento foráneo? El palmarés de los que vinieron a venderle chiles a Clemente Jacques era impresionante y nos preguntamos ¿qué pasó, entonces?

Carros alegóricos con enormes letreros luminosos: bolero, danzón, cha cha cha, mambo. Son géneros cubanos, ¿no? alguién preguntó, y Miguel Nieto, gran promotor (Salón Los Ángeles) contestó: Sí, pero son géneros que se bailan en todo el país; hace décadas forman parte de nuestra cultura popular.

Nos quejamos de todo, pero hacemos poco. ¿Qué impronta dejamos a las futuras generaciones? Don Porfirio –entre otras obras– inauguró, en tiempo y forma, el símbolo de ésta ciudad capital: El Ángel de la Independencia.

A 200 años, ¿hay leyes para unos y para otros no se aplican? En hoteles y restaurantes había bebidas alcohólicas; para los de a pie, ley seca. Después de 200 años, ¿no podemos tener candidatos independientes? ¿ No somos capaces de que los pirotécnicos nacionales surcaran con sus luces el cielo de esta capital?

Y sí, hubo motivos para estar enojados... pero con nosotros mismos.

México: Carta sobre fondos de Iniciativa Mérida
El Congreso debe retener los fondos para México supeditados a requisitos de Derechos Humanos. México no ha juzgado las violaciones ni ha reducido la tortura.

En 2007, el gobierno estadounidense amplió su colaboración con México en la lucha contra la delincuencia organizada al anunciar la Iniciativa Mérida, un paquete de medidas de seguridad destinadas a México de varios años de duración. Hasta el momento, el gobierno estadounidese ha entregado fondos a México correspondientes a la Iniciativa Mérida por aproximadamente US$1.500. Desde el comienzo, el Congreso reconoció la importancia de asegurar que las iniciativas de segurdad pública respetaran los derechos humanos y exigió que el 15 por ciento de los fondos específicos de la Iniciativa Mérida fueran retenidos hasta que el Departamento de Estado informara al Congreso estadounidense que México demostró haber cumplido con cuatro requisitos en materia de Derechos Humanos.

No obstante, la investigación llevada a cabo por nuestras respectivas organizaciones, la Comisión Nacional de Derechos Humanos de México e incluso los informes del propio Departamento de Estado muestran claramente que México no ha cumplido ninguno de los cuatro requisitos sobre derechos humanos establecidos en la ley. Por consiguiente, el Congreso no debería entregar estos fondos específicos de la Iniciativa Mérida. La entrega de fondos transmitiría el mensaje de que Estados Unidos aprueba las graves violaciones de Derechos Humanos cometidas en México, que incluyen torturas, violaciones sexuales, asesinatos y desapariciones forzadas.

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CINE CINE CINE


35 Festival de Toronto
De lo perdido, lo que aparezca

Leonardo García Tsao

Toronto, 18 de septiembre. Al comparar notas con otros colegas, uno se da cuenta que la aparente medianía de la programación este año no es una percepción personal. El TIFF también ha sido víctima del bajón de calidad en la producción mundial. La cantidad de películas que comparten temas y narrativas habla de un agotamiento creador. No me alcanzan los dedos para contar los títulos incluidos sobre asesinos en serie (o múltiples); similarmente comunes fueron los dramas sobre familias en duelo por la muerte de un ser querido. Hubo dos comedias sobre superhéroes sin superpoderes. Dos thrillers sobre hombres atrapados en un claustrofóbico espacio. Quién sabe cuántas de adolescentes disfuncionales (finalmente son quienes más acuden al cine).

Uno se esfuerza por encontrar la joya oculta y, en el mejor de los casos, descubre curiosidades. Como Viva Riva!, uno de los raros ejemplos festivaleros de cine africano sin una agenda política o un contenido folklórico/musical. Producida en la República Democrática del Congo y dirigida por el debutante Djo Tunda Wa Munga, la cinta se inscribe en el género gansteril, al centrarse en un bribón llamado Riva que, al robarse un cargamento cotizado, se vuelve blanco de un capo de Kinshasa y unos hampones de Angola. No se trata de droga sino de gasolina, al parecer un combustible muy escaso por esos lares. Las cosas se complican cuando el protagonista se enamora de la bella amante del capo. Entre ambientes sórdidos, una manifiesta carga erótica y un alto conteo de cadáveres, el director consigue un tono pulp que Mickey Spillane no hubiera despreciado.

También interesante ha sido Essential Killing, coproducción polaca-noruega-húngara-irlandesa, segunda película en el regreso inopinado de Jerzy Skolimowski a la actividad cinematográfica. Un guerrillero talibán (Vincent Gallo) logra escapar tras ser capturado por el ejército estadunidense y se interna en un paisaje nevado, que podría ser la estepa rusa, mientras elude a sus perseguidores. Con diálogos sólo incidentales y apenas algunos acentos de música, Skolimowski filma con rigor esta historia de supervivencia en un entorno agreste, sin caer en la aventura heroica u otras convenciones hollywoodenses. En su lectura política, Essential Killing ilustra la tenaz resistencia tercermundista de quienes se han opuesto a la invasión de las superpotencias.

Una realización desnuda de adornos como la de Skolimowski contrasta con el dispendio de recursos en una película de época. Lope, por ejemplo. Esta coproducción hispano-brasileña, dirigida por el carioca Andrucha Waddington, supone la vida del dramaturgo Lope de Vega en los primeros años de su prolífica carrera, cuando se debatía entre dos amores. Según corresponde a la moda, todo se ve mugroso en la Madrid del siglo XVI, los personajes siempre están desaliñados, las uñas sucias. Ese realismo no aporta empero mucha convicción al desapasionado retrato de una figura que se plantea tan dado a los galanteos y duelos de espada como Errol Flynn (¿Os cae?). En tres películas, Waddington no ha desarrollado algo que pueda ser confundido con una personalidad y esa especie de pusilanimidad la vuelve perfecta para recoger falso prestigio. No extraña que la academia española la haya elegido como una de las tres candidatas a la nominación al Óscar.

Ya haciendo las cuentas finales, se reporta que la venta de películas ha sido exitosa en el 35º aniversario del festival Ese lado de la industria, por lo menos, sí cumplió.

El encanto del erizo

Carlos Bonfil

De las películas seleccionadas para el 14 Tour de Cine Francés, destaca el primer largometraje de la realizadora Mona Achache, El encanto del erizo (Le hérisson), basada en la exitosa novela de Muriel Barbery, La elegancia del erizo. El título alude al carácter hosco, aparentemente intratable, de una típica portera parisina, personaje pintoresco que Roman Polanski capturara memorablemente en El inquilino, su película de suspenso de 1976. Lo que hoy intenta la comedia romántica de Achache es reconciliar al espectador con ese tipo de porteras parisinas, mostrando que los energúmenos insufribles pueden esconder bajo su caparazón de espinas, una personalidad entrañable. El método para lograrlo consiste en revitalizar la comedia urbana que con tanto éxito ensayara el director galo Cédric Klapisch, particularmente en la película Chloé busca a su gato (Chacun cherche son chat, 1996). Pero lo que en aquella cinta era una pequeña anécdota que servía de pretexto para lanzar a varios personajes al lúdico recorrido de un barrio popular, hoy se vuelve exploración de un microcosmos burgués enclavado en un barrio elegante de París.

El edificio en que vive la joven Paloma (Garance Le Guillermic, 11 años, alma de filósofa, temprana vocación de suicida) es tan ostentosamente convencional y tan conservador en sus manías de urbanidad, que parece concentrar varias décadas de una tradición rancia. Mucho más de lo que la sensible y perspicaz Paloma puede soportar. Habiendo planeado poner fin a los 12 años a una existencia sin alicientes ni sentido, la joven tendrá su prueba de fuego existencial al entrar en contacto amistoso con Renée (Josiane Balasko), una portera malhumorada, lectora voraz de Tolstoi, y con un impecable inquilino japonés, Kakuro Ozu (Togo Igawa), quienes paulatinamente, y casi sin proponérselo, contribuirán vigorosamente a la educación sentimental de Paloma.

El encanto del erizo ofrece en su trama sencilla la materia y sustancia de un cuento moral. Cuidadosamente evita el trazo grueso de la comedia urbana (El destino fabuloso de Amélie Poulain, Jean Pierre Jeunet, 2001), y sus detalles surrealistas y su fresco social tan nostálgico de las añejas virtudes de la Francia profunda, para concentrarse de modo muy fresco y muy distinto en tres personajes cuyos destinos se entrecruzan en tres niveles de un mismo edificio, confundiendo nacionalidades y clases sociales en un sutil comentario social. La portera Renée se ha integrado de modo radical al inmobiliario que cuida celosa y metódicamente. Luego de la pérdida de su esposo, ausencia que nadie en el edificio llega a notar o a echar de menos, la viuda naufraga en la desazón moral y el completo desaliño de su persona. Ella es un ser tan práctico para el funcionamiento del edificio como prescindible socialmente: una persona-objeto, un accesorio más del inmobiliario que la gente cruza sin tomar en cuenta. Renée vive así enclaustrada en su minúsculo apartamento de portera, rodeada de una biblioteca secreta, acompañada de un gato fiel y perezoso.

La cinta describe el encuentro de la inteligentísima niña suicida y la empleada autodidacta y misteriosa, un encuentro propiciado por un japonés seductor y maduro que guarda la clave de una posible liberación venturosa. ¿Cómo se relacionan estos personajes? ¿De qué manera triunfa el gusto por el arte y la literatura sobre la indolencia, el fatalismo y una bajísima autoestima? Josiane Balasko, experimentada humorista del grupo parisino Le Splendid en los años 80, también protagonista, guionista y realizadora de La amante de mi mujer (Gazon maudit, 2005), una de sus múltiples comedias populares con que quiso rivalizar con el sarcasmo provocador de Bertrand Blier (Les valseuses, 1974), da un giro importante en su carrera artística con esta vigorosa interpretación de Renée, la portera espiritualmente extraviada en su minúscula conserjería de planta baja. El resultado es atractivo: una película melancólica, cargada de humor y de ironía, sobre el presentimiento y significado de la muerte, las revelaciones sorprendentes de una existencia gris, y los talentos celosamente resguardados que protegen de la mezquindad moral.

Próximas exhibiciones: Cinemanía, 24 de septiembre, Cinematógrafo del Chopo, 1º de octubre, FES Acatlán, 11 de octubre. Mayor información sobre el ciclo: www.tourdecinefrances.net.

Víctima de acoso militar, Mercedes Murillo advierte: "si la siguiente soy yo, ni modo"

La activista sinaloense señala que la guerra de Calderón contra el narco siempre estuvo perdida

Férrea crítica del fuero castrense y de los abusos de soldados, su caso fue llevado a Ginebra y París

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Mercedes Murillo Monge, activista de 74 años que resiste el hostigamiento de militares ante su defensa de los derechos humanos, en entrevista con La JornadaFoto Manuel Ortiz

Sanjuana Martínez /I
Periódico La Jornada
Sábado 18 de septiembre de 2010, p. 9

El vigor y el compromiso social han permitido a la activista Mercedes Murillo Monge sobrevivir al acoso y hostigamiento militar que ha padecido en los últimos años debido a su defensa de las garantías fundamentales.

Su caso fue denunciado esta semana en Ginebra y París dentro del informe anual del Observatorio para la Protección de los Defensores de Derechos Humanos, de la Organización Mundial contra la Tortura y la Federación Internacional de Derechos Humanos.

La perseverancia del testimonio, título del documento, señala que doña Meche, como la conocen en Culiacán, donde fundó el Centro Cívico Sinaloense, fue víctima de actos de hostigamiento e intimidación por el Ejército. El texto sostiene que México mantuvo fuera de sus prioridades una política de derechos humanos, y que la decisión de Felipe Calderón de mantener las tropas en las calles ha “generado un verdadero Estado militar de facto”.

Más aún, expone: Las torturas, detenciones arbitrarias, desapariciones, homicidios y otras agresiones cometidas por las fuerzas de seguridad no son objeto de investigación por las autoridades civiles competentes, y el uso de la justicia militar para juzgar los abusos cometidos por los militares ha contribuido a mantener la impunidad.

El caso de doña Meche es ilustrativo de la endémica impunidad militar. Ella afronta con entereza el peligro en que vive. Es una mujer valiente, decidida a continuar su particular lucha contra los abusos de los militares en esta guerra contra el narco emprendida por Felipe Calderón, que ha cobrado la vida de más de 28 mil personas.

Vital a sus 74 años, habla de manera enérgica alrededor de una mesa con una docena de comensales. Alza su voz contra la violencia que afecta a todos los ciudadanos; cuenta las experiencias dramáticas de las víctimas frente a las desapariciones y narra el acoso militar que padecen en México los defensores de derechos humanos: El Frente Cívico lo fundó un sacerdote. Si no lo hago por Dios, no lo puedo hacer por nadie. Es un compromiso seguir en esto, y si la siguiente soy yo, pues ni modo.

En entrevista con La Jornada, recuerda que fueron el Centro Cívico Sinaloense, el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez y Fundar los primeros en llevar una demanda ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación para exigir el fin del fuero militar: “los ministros nos dieron palo, pero quedó el antecedente.Algún día tendrán que someter a los soldados a la justicia civil. Calderón tiene que regresar el Ejército a sus cuarteles y retirarlo de la calle forzosamente. Esta guerra no dio resultado. Es un fracaso.

Pelotón de fusilamiento

El Frente Cívico Sinaloense fue fundado también por el abogado activista Ricardo Murillo, hermano de doña Meche, al que asesinaron hace tres años a consecuencia de su defensa de los derechos humanos. Un crimen que continúa impune. Recientemente intentaron matar a Salomón Monárez, activista de la misma agrupación, a quien dejaron herido con tres balazos. En ambos delitos, “el modus operandi apunta hacia el Ejército”.

Pese al precedente, las amenazas y la persecución constantes, doña Meche ha continuado la quijotesca labor en favor de las garantías individuales, pero el acoso no cesa. Los militares han allanado su domicilio, la han encañonado como si fuera una delincuente y se ha enfrentado incluso a una especie de pelotón de fusilamiento, en noviembre del año pasado.

A las 12:10 de la noche tocaron a la puerta de mi casa –cuenta aún con la indignación en el cuerpo–. “Yo pregunté: ¿Quién es? Y ellos me dijeron: Ejército Nacional. Tenían una hora preparando el asalto. Estaban arriba de los techos y de los árboles apuntando a mi domicilio. Cuando salgo, exactamente vi la foto del pelotón de fusilamiento contra Maximiliano; así me tenían a mí: contra la pared, apuntándome. Los rifles de alto poder brillaban a la luz de la luna. Me tuvieron encañonada durante 20 minutos. Me trataron peor que delincuente”.

Cuando doña Meche logró reaccionar de aquel susto, preguntó a las decenas de militares apostados en su casa la razón de aquel asaltó, y uno de ellos le contestó que estaban verificando un domicilio. Yo les dije: el domicilio no se va, aquí va a estar mañana, a las 12 del día, ustedes pueden ver que no se ha ido en más de 50 años. Luego supe que le preguntaron a una vecina si teníamos armas, y la muchacha les dijo que nunca había visto que entráramos a casa con ninguna. Se inventan cosas. Recordemos que nada es casual.

Su caso fue denunciado por Amnistía Internacional. Como un acto intimidatorio, el mes pasado la activista fue citada por el Ministerio Público Militar, lo cual la sorprendió porque ella nunca interpuso denuncia alguna: Me citaron de una manera indebida. Cuando acudí con Manuel Clouthier les pregunté por qué me citaban, les dije: ¿Qué pasa si no vengo? Y uno me contestó: va la tropa por usted. A la víctima la tratan así, la revictimizan.

–¿Cómo se vive la militarización?

– Ahora es un circo. Los soldados nomás andan exhibiéndose por las calles. El problema que tiene Sinaloa, como otros estados de la República, es la militarización. Si queremos que se respeten los derechos humanos, los que tienen que dar el ejemplo son las autoridades, el Ejército. No puede ser que te exijan que te estaciones bien y ves que los choferes castrenses están mal estacionados. Es imposible que los militares hagan lo que no aprendieron. No estudiaron para ser policías ni para ser investigadores.

“Cuando los soldados fueron a mi casa, una señora que iba pasando les preguntó: ¿‘por qué molestan a estas horas a la señora’?, y el soldado le contestó: ‘vieja metiche, ahora le vamos a revisar su carro’. Mi pregunta es: ¿Esa señora, que no sé su nombre, se atrevería otra vez a intervenir por alguien? No es casual lo que está haciendo la policía, llámese AFI, SIEDO, PGR o militar. Lo hacen adrede para que la sociedad no se involucre. Y lo han conseguido. Nadie se quiere meter, hasta que le toca”.

–¿La sociedad ha cedido terreno, ha cedido la calle?

–Cedió la calle, cedió la casa, cedió el mar, cedió el aire… No puede ser. Los ciudadanos deben tener perfectamente bien definido cuáles son sus derechos, y a través de muchísimos años hemos estado tratando de decir al pueblo: tienes obligaciones y derechos. Pero resulta que las obligaciones son con un látigo en la mano. Si no pagas, van y te embargan. Y tus derechos, las autoridades pueden pisotearlos a la hora que quieran.

–¿Y el fuero militar?

–Una aberración. ¿Cuándo piensan suprimirlo? Nunca, porque están protegiendo su derecho a matar.

Con permiso de matar

–¿Cómo ve los asesinatos de niños por militares?

–No es nuevo. En Sinaloa mataron a tres niños, a su mamá y a su tía en la Joya de los Martínez. Ellos no tenían nada que ver con el narcotráfico. Hay una foto muy impresionante, donde se ve un biberón a un lado de los muertos. A los únicos que respeta el Ejército es a los narcotraficantes. Violan los derechos humanos de la gente pobre. El carrito que apenas camina para ir al mar está detenido. Y esas camionetotas, grandotas, preciosas, que hablan solas, en varios idiomas, ésas no las detienen.

–El Ejército no quiere reconocer esos asesinatos…

–No, el Ejército mata y luego paga los gastos. Es gravísimo. Es para comprar el silencio de las personas.

–¿Cómo ve el trabajo del Ejército en las calles, con los retenes?

– En esta época de los celulares, no entendemos cuál es el propósito de los retenes con los que se violan los derechos humanos. Pero ellos llevan un carro adelante, y (avisan) jefe, no se venga por esta carretera, porque hay un retén; váyase por el otro lado. Entonces, ¿para qué ponen retenes con bombo y platillo?, porque tres kilómetros antes sabes que allí está uno.

–¿Cuáles son las principales quejas contra los militares?

–El robo y la violencia. Tenemos muchas denuncias de hurtos cometidos por soldados. Creen que es un botín de guerra. En una ocasión acudimos a un llamado y la señora nos decía: se llevaron mis perfumes originales y me dejaron los falsos. Y el esposo señalaba: Son soldados, pero no tontos.

–¿Y tocamientos libidinosos de los militares?

–También. Por supuesto que a las viejitas no nos revisan, sólo a las jóvenes mamás que van por los niños a la escuela, y adrede las revisan, las tocan. Hemos insistido en que no bajen a las mamás de sus vehículos, pero las hacen descender con un calor de 40 grados, por lo que a las muchachas se les unta el vestido; y si (los soldados) no lo hacen con las manos, lo hacen con los ojos. Se las quieren comer. Creemos que esto tiene que cambiar. Los militares tienen que salir de las calles. Todo debe ser temporal.

“Aquí sufrimos en las colonias populares, donde los campos deportivos están tomados por los soldados, y los muchachos no pueden ir a jugar. No había dónde poner tal cantidad de militares que hemos tenido en Sinaloa (y los llevaron ahí) pero, ¿qué pasó? Están ocurriendo más de 7 homicidios en promedio al día, y los militares no hacen nada. Cuando se comete un crimen en el sur, ellos están en el norte. La pregunta es: ¿a qué vinieron? Ha costado miles de vidas. Y de viudas.

–¿Los militares matan?

–Sí, a gente que no tiene que ver con el narcotráfico. En la Constitución en ninguna parte dice que pueden asesinar a alguien que sea gay, mujeriego, narcotraficante, usurero, pobre, rico, mujer o niño. En Sinaloa se ha perdido la regla no escrita que se tuvo por muchísimos años: que mataban hombres, pero no mujeres, porque son las madres de unos niños. Ahora no, ahora matan hombres, mujeres y niños. Tenemos más mujeres asesinadas en Sinaloa que en Ciudad Juárez. Es impresionante cómo se ha perdido el valor de la vida, y no sabemos qué va a hacer el Estado con las viudas y los huérfanos que tenemos, sobre todo con esta problemática crisis.

–¿Cómo ve la guerra contra el narcotráfico, en la que se usa al Ejército?

–Desde que empezó dijimos que esta guerra no podía ganarla Calderón, porque todos los generales estaban y están divididos: la AFI no quería a la SIEDO, y ésta a la PGR, y la PGR no quiere al Ejército, y el Ejército no quiere a ninguno de ellos. ¿Cómo vas a ganar una guerra cuando todos están divididos, hasta la fecha?

–¿Qué puede hacer el gobierno?

–Es de sabios rectificar. Que digan, con toda honestidad, que ya no nos dio resultado. No podemos seguir con más asesinatos. La sociedad aporta los muertos y ellos están haciéndose publicidad en el extranjero.

–¿Hay un cártel beneficiado frente a los otros?

–Hay muchas leyendas, pero si ahorita llega alguien y nos balea, las autoridades van a decir que pertenecíamos a algún bando. Esa es la realidad, pero como hay tal impunidad. El 30 por ciento de los muertos no tiene nada que ver con el narcotráfico.

–¿Hay un propósito claro para enlodar a las víctimas?

–Sí, porque de esa manera vuelven a matarlas.