12/14/2014

¿Se trata de batir récords… hacia abajo?



Antonio Gershenson

El viernes 12 de diciembre, a partir de las seis de las tarde, el precio oficial del petróleo crudo de Pemex fue ya de 51.62 dólares. Para no irnos muy lejos buscamos en 2012 y encontramos que el precio más alto es el de marzo: 112.82, más del doble del actual.

Yo no dudo que las trasnacionales quieran ser dueñas de lo más posible de nuestra industria petrolera y en general energética, aprovechando la política oficial. Pero no van a invertir en un negocio muy, muy, muy riesgoso, para no decir un negocio perdido. Ya hasta la bolsa de valores tuvo su caída.

El valor de la producción del petróleo crudo por barril se va a la mitad. Ya hemos mencionado que las zonas entregadas a trasnacionales ya están con una caída en la producción. Y si a eso sumamos que ahora el precio cayó a la mitad, pues eso no atrae a inversionistas en general.

Claro que la línea oficial ha sido de voy derecho y no me quito, aunque haya hoyos y zanjas. Allá ellos. Pero el problema es que están afectando a amplias partes de la población, de la industria, del campo y de la economía nacional.

La producción del crudo ha disminuido poco más de 3 por ciento anual ahora, y la caída desde 2004 hasta este año fue de 3,383 miles de barriles diarios a 2,443 miles, es decir, de 28 por ciento, obviamente sin contar todavía noviembre y diciembre, que se ve que son los más bajos. En contraste, la producción de crudo de Brasil sigue subiendo y se acerca a 3,000 miles de barriles diarios.

Y el dólar, pese a medidas del gobierno, rebasó los 15 pesos. Por lo mismo, el peso y su poder adquisitivo siguen bajando.

Eso sí, los funcionarios ya van a ir avanzando en sus concursos y tratos, claro, sin publicar también las mordidas en su momento. Tal parece que los más importantes se van a tardar varios meses, más las prórrogas de costumbre.

Mientras, ¿cuántos encarcelamientos políticos, y de qué tipo en cada caso, y desapariciones y asesinatos, vamos a tener? ¿Y cuántas protestas y movilizaciones? ¿Y congresos y reuniones para organizarse?

Todo esto hace difícil una precisa precisión. Habrá que mantenerse atentos y activos.

Ahora vemos lo que se quiere entregar del terreno petrolero a las empresas privadas, sobre todo trasnacionales, en la ronda uno. Son de costas de baja profundidad en los estados de Tabasco. Campeche y Veracruz. Lo que Pemex ha hecho durante décadas, en algunos casos con mucho éxito.

No pueden alegar falta de tecnología de Pemex, es la entrega y ya. Se exige un capital de por lo menos mil millones de dólares, dejando fuera a la absoluta mayoría de las empresas mexicanas. Los participantes deben mostrar sus conocimientos y experiencia en aguas poco profundas en por lo menos tres proyectos. O sea, que sólo participan los que ya eran de la familia.

¿Cómo hará el gobierno para hacer frente a que el precio del petróleo bajó a la mitad? ¿Les venderá o alquilará las áreas petroleras a mitad de precio? ¿Les pagará doble?

Parece que no se fijan en las posibles reacciones de la gente. Está el descontento de diferentes maneras, las cuales ellos pretenden ilegalizar, siguiendo el ejemplo de España, del gobierno de los herederos de Francisco Franco.

Pero estamos viendo cambios y movimientos importantes, un estado de ánimo con descontento de medidas oficiales.

Entonces, el destino de los energéticos no es tan fácil de prever. Tiene que ver con lo que está pasando en el país. Y esto tal vez ellos no lo vean, pero es real.

Debemos estar atentos, seguir con atención los diferentes procesos, analizarlos… y publicarlos también.

De última hora, me llega una noticia: están dando la voz de alarma algunos proveedores de Pemex. Resulta que tienen dos meses de no pagarles y esto alcanza un monto de 20 mil millones, a decir de estos enterados proveedores. Hay temor al colapso.

Otra noticia interesante: durante la visita del presidente ruso, Vladimir Putin, a India, el primer ministro de este país, Narendra Modi, dijo que Rusia seguiría siendo su más importante socio militar.

Guerra de robots vs. humanos


Bajo la lupa
Alfredo Jalife-Rahme

Foto
Pepper, robot de la firma SoftBank, gesticula en una tienda de aparatos eléctricos, la semana pasada en Tokio, donde la empresa Nestlé ha comenzado a usar robots para promocionar sus máquinas de caféFoto Reuters

Causó enorme convulsión la ominosa prospectiva del genial astrofísico británico Stephen Hawking, quien advirtió que la inteligencia artificial (IA) podría aniquilar al género humano, limitado por su lenta evolución biológica, que no podría competir (sic) y sería superado (http://goo.gl/a75YoS).

Hawking se ha vuelto muy polémico al haber sentenciado que no existen los agujeros negros ni Dios, y ahora aduce que las formas primitivas de IA desarrolladas hasta ahora han comprobado ser muy útiles, pero existen consecuencias de crear algo que iguale o supere a los humanos, basado en la Ley de Moore, duplicación de los microprocesadores cada 18 meses en forma exponencial.

Mark Bishop, profesor de computación cognitiva de Goldsmiths, Universidad de Londres, discrepa del fatalismo escatológico de Hawking y considera que los robots carecerán de conciencia y comprensión, atributos específicamente humanos, por lo que “siempre (sic) existirá una brecha de humanidad entre cualquier IA y una mente realmente humana”. Aunque ambos trabajen en conjunción, la mente humana superará a la máquina de la IA, lo cual no obsta para que se preocupe por el “potencial militar del despliegue de los sistemas de armas robóticas –sistemas que pueden tomar una decisión para que militarmente se comprometan sin la intervención humana– precisamente porque la presente IA no es muy buena (¡supersic!) y puede también fácilmente forzar situaciones que escalen a consecuencias potencialmente aterradoras” (http://goo.gl/m2FsXq).

¿Podrá la IA emular las emociones y la adaptabilidad, características de la inteligencia humana?

La superación de la capacidad intelectual humana por la desregulada IA –que trastornaría el concepto mismo de civilización y quizá aun de la naturaleza humana misma– es conocida como singularidad tecnológica que da por hecha Ray Kurzweil en La singularidad está cerca. Cuando los humanos transcendamos la biología (http://goo.gl/QsElCp), lo cual se presta a un debate interminable, ya que los robots carecen de ética y estética: patrimonios consustanciales a la biología humana.

Paul Joseph Watson, de Infowars (http://goo.gl/2Lg0lb), expone que Eric Schmidt, mandamás del polémico Google, predijo que la prueba Turing –cuando la IA alcance el nivel de la inteligencia humana– advendrá en los próximos cinco años.

El término robot proviene del idioma checo robota (esclavitud) propalado en 1920 por Karel Capek en su obra de teatro RUR (Robots Universales de Rossum).

De por sí la desregulada globalización financierista propende a los oligopolios y a la automatización que convierte en desechable a la mayoría de los humanos (http://goo.gl/yUEBfi).

El muy exitoso sudafricano-canadiense-estadunidense Elon Musk considera que a corto plazo, existe preocupación de que las máquinas inteligentes sean capaces de suplir las tareas realizadas por los humanos hasta ahora y que destruirán abruptamente millones de empleos, mientras a largo plazo, la IA es nuestra máxima amenaza existencial (http://goo.gl/wPYYlY), mientras exclama que “con la IA estamos convocando al demonio entre cinco y 10 años (http://goo.gl/jhXrNc)”.

Basado en la película Trascender, el connotado editor en tecnología Patrick Tucker afirma que habrá un levantamiento de robots para controlar el poder (http://goo.gl/gSPIQv).

También el imperante y cada vez mas robotizado neoliberalismo global de la bancocracia coloca como su nuevo Moloch al mercado intrínsecamente antihumano.

Hoy en la desregulada globalización financierista opera ya una guerra de robots mediante la cotización de alta frecuencia ( high frequency trading, HFT) de las supercomputadoras de Wall Street y la City.

A juicio de la Oficina de Investigación Periodística (BIJ, por sus siglas en inglés) se libra ya la batalla electrónica más intensa en el mundo en los mercados bursátiles globales cuando sus municiones (sic) son pequeñas fracciones de centavos disparados por las cargadas supercomputadoras, cuyo objetivo es eliminar (¡supersic!) a la oposición (http://goo.gl/iUghtM).

Se trata de una guerra de alta tecnología que explota las peculiaridades del comportamiento humano, cuando el poder bursátil radica en la velocidad y el procesamiento de las supercomputadoras que miden sus cotizaciones en microsegundos (una millonésima de segundo; ver infograma: http://goo.gl/3s6rBC).

Estados Unidos (45.4 por ciento) encabeza en forma apabullante la lista global de las supercomputadoras seguido por China (12) y luego por Japón (6.3) –aunque China posee la más veloz de todas (http://goo.gl/A6uusG).

La BIJ juzga que los humanos se encuentran fuera del juego cuando los bancos de inversiones, directores de fondos y mercaderes colocan toda su confianza en complejos algoritmos de las supercomputadoras para comprar y vender acciones que han irrumpido las ciudadelas de las finanzas que cotizan más de la tercera parte de la actividad de los mercados europeos y 70 por ciento de Estados Unidos.

Sus críticos señalan dos devastadores colapsos del mercado estadunidense en las que las cotizaciones vía HFT jugaron un papel central.

Los grandes jugadores (sic) tienen una gran ventaja por su adquisición de algoritmos, su cercanía a los intercambios que manipulan los mercados cuando la nueva generación de maestros del universo financiero son los programadores cuantitativos quienes escriben los sofisticados algoritmos en el que se basa el HFT: matemáticos de avanzada más que financieros.

A propósito, Gran Bretaña, la matriz de la desregulada globalización financierista, se opone a la abolición del HFT por los parlamentarios europeos (http://goo.gl/va3PE1).

En su libro La frontera más alta (http://goo.gl/zHrnNN), la microbióloga Joan Slonczewski, de religión mormona y premiada por su obra en ciencia ficción, considera que el futuro de la humanidad puede ser similar al de las mitocondrias, las plantas de energía de las células, cuando los humanos proveerán la energía a las maquinas. Pero ese es un mundo involutivo de microbios extrapolado malignamente a los humanos…
Desde el punto de vista neuropsiquiátrico es absurdo equiparar a robots abstemios de salud mental con el cerebro humano que, según el neurofisiólogo Paul MacLean, comporta tres cerebros evolutivos en uno solo, el cerebro triuno

1) arquicorteza (cerebro reptiliano);

2) paleocorteza (sistema límbico de las emociones del circuito de Papez), y 

3) neocorteza: asiento de las funciones cerebrales superiores, pero más que nada, del lóbulo prefrontal (planeación ejecutiva/autocontrol/personalidad/moderación del comportamiento social, etcétera).

La IA –sin creatividad/sindéresis/ética/estética /cultura–, carece los atributos de la tercera y segunda cortezas de los humanos y ni siquiera imita al lóbulo prefrontal.

Como reza el apotegma humanista del Renacimiento, la ciencia sin conciencia es nesciencia (ignorancia) y uno de sus redentores resguardos civilizatorios es la bioética: el puente entre la acelerada tecnología, que debe ser controlada y regulada, y la lentísima evolución sociomoral que debe ser impulsada por los humanos samaritanos que aún quedan en el planeta.
Facebook: AlfredoJalife

La sombra del ejército sobre Ayotzinapa


Revista Variopinto
Desde principios de octubre los grupos guerrilleros del estado de Guerrero, en primer lugar el Ejército Popular Revolucionario (EPR) y el Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI), han estado emitiendo más de 10 comunicados implicando al Ejército Mexicano en la desaparición de los 43 normalistas en Iguala.

Sus llamados pasaron casi desapercibidos, aunque también numerosas declaraciones de los padres de familia y de integrantes de la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (UPOEG), de la cual asimismo forman parte varios familiares de los estudiantes, se han orientado hacia la misma hipótesis que, mejor dicho, es una acusación.

El mensaje señalaba que, entre los responsables de la desaparición de los 43 normalistas,había dos oficiales del 27 batallón de infantería: el teniente Barbosa y el capitán Crespo, involucrados con la organización.

Además, justo esta semana, los propios padres de Ayotzinapa pidieron explícitamente a las autoridades y a la PGR que se vaya a fondo en la investigación, incluyendo asimismo a los militares, lo cual significa meterse en los cuarteles y romper el cerco de inaccesibilidad y distancia que, de alguna manera, protege al 27 batallón de infantería, operativo en los alrededores de Iguala y, más en general, a las fuerzas armadas en Guerrero.

Históricamente, al menos desde la década de 1970, en plena Guerra fría y guerra sucia, queda el hecho de que los militares estuvieron al frente del embate represivo del estado mexicano contra la población por medio de la tortura, la ocupación y el control militar y la desaparición forzada como unas de las “técnicas” para “ganar la guerra”.

Frases del Secretario de Marina

El Secretario de la Marina Armada de México, Vidal Francisco Soberón, pronunció una serie de frases que defienden el gobierno y, al mismo tiempo, desvían el foco de atención y apuntan a criminalizar la protesta social: “Me enoja más todavía que manipulen a los padres de familia, es decir, manipulen a esta gente, porque eso es lo que están haciendo, la están manipulando igualmente para no reconocer (al gobierno) o para seguir incrementando esto. Y más coraje me da de que esta gente que está manipulando a los padres de familia no les interesa ni los padres ni estos muchachos, no les interesa, les interesa únicamente alcanzar sus objetivos de grupo o de partido”. Las declaraciones del mes pasado de EPN en las que hablaba de “intentos de desestabilización” iban en la misma dirección.

“Creo que está perfectamente claro: sí hay grupos, y lo especifico, grupos y personas que son las que aparecen continuamente con ellos, creo que no hay necesidad de contestarte exactamente quiénes son, salen en televisión y tienen ahí su nombre, y este grupo que aparece en todos lados, cerrando caminos, y demás, y buscando otro tipo de cosas, ¿no?.. de partidos, no me referí a ningún partido”, siguió el Secretario quien apoya la idea, común y nada nueva, a menudo utilizada para desacreditar los movimientos sociales, de que quienes protestan lo hacen bajo el mando o la manipulación de alguien más que utiliza su dolor para otros fines. Parece otra manera de desviar la atención.

Señor Matanza

En muchas ocasiones, las fuerzas armadas se hicieron portadoras una tradición contrainsurgente en esa y otras regiones. Baste con recordar la matanza perpetrada por militares en El Charco en 1998, cuando Ángel Aguirre era gobernador sustituto. Igualmente, es un hecho que la militarización del territorio propulsada por Calderón y mantenida por Peña Nieto ha acrecido el protagonismo, el poder de facto y los recursos de Marina y Ejército y ha empeorado la de por sí ya tambaleante situación de los derechos humanos en el país, como los casos emblemáticos de Zongolica y Tlatlaya han mostrado. Y no serían los únicos ejemplos. El caso del líder social Rosendo Radilla Pacheco, detenido el 25 de agosto de 1974 y desaparecido después de su paso por el cuartel militar de Atoyac, provocó la primera histórica condena de la Corte Interamericana de los Derechos Humanos contra el Estado mexicano en 2009.

El 28 de noviembre, en entrevista con Variopinto (Link), el General José Francisco Gallardo habló de maniobras del ejército y de su involucramiento en la desaparición de los 43 normalistas, ya que “Todo este show —agarrar al presidente municipal, encontrar a un único culpable— es para que no se concentre la mirada en el Ejército”, explicó. Y denunció también la creciente militarización, en su formación y en sus prácticas, de las mismas policías, tanto locales como estatales y federales.

En la encuesta levantada y comentada recientemente por el ex director del Cisen, Guillermo Valdés, uno de cuatro mexicanos entrevistados le atribuyen la responsabilidad de la matanza y las desapariciones de Iguala al ejército, entre otros actores, pero también a individuos (Aguirre, EPN, Abarca y su esposa), a partidos políticos (PRD, primeo, y también los demás), a grupos delincuenciales (Guerreros Unidos) y los cuerpos policiacos. Eso muestra que la idea de una colusión multinivel y multinstitucional cundió en la población.

En 2011, 2011 HRW (Human Rights Watch) denunció la desaparición de 6 personas en un club nocturno de Iguala, acaecida a las 22:30 del 1 de marzo de 2010, en parte grabada y confirmada por algunos testigos que describieron a los secuestradores y las personas que los acompañaban como pertenecientes a las fuerzas armadas por sus vehículos y uniformes. La procura estatal investigó, pero tuvieron que remitir el caso al foro militar que, en los 18 meses siguientes, no había formulado acusaciones relativas a ese crimen: HRW concluye que hay pruebas que sugieren decididamente el involucramiento del Ejército. Los seis desaparecidos siguen en esta condición y el caso no se esclarece.

Control social, protección de la economía y la inversión

Ahora Obama desea apoyar a México en la investigación. El negocio de la guerra es uno de los más rentables, como lo muestran, en épocas recientes, el Plan Mérida y la introducción masiva de armas al país, y no cabe duda de que, entre los beneficiarios de un “estado de sitio” permanente o de una guerra de “baja intensidad”, están los sectores castrenses. Luego, no importa mucho si estas operaciones de represión social, sobre todo en las entidades más pobres del país como Oaxaca, Guerrero y Chiapas, se disfrazan de protección de la infraestructura y de la inversión foránea, o bien, si se presentan como operativos para la seguridad turística, económica y logística de los territorios para que “estén en paz”, pues finalmente se traducen en militarización y garantía para los negocios, no para la población en general. 

De hecho, la misma gendarmería nació con la función de proteger inversiones e instalaciones. La misma idea del presidente de crear un “corredor” y áreas especiales para el “desarrollo” del Sur de México es vieja y se asemeja mucho a una reedición minimalista del Plan Puebla Panamá del periodo de Vicente Fox, pero con un control más férreo sobre recursos, inversiones y estructuras. En este contexto y con mayor conflictividad social, las tareas militares tienen más tazones de ser y prosperar. Además, la “guerra de baja intensidad” contra los movimientos sociales y la embestida de la propaganda oficial hacia las voces críticas se podrá transformar fácilmente en represión explícita y decidida cuando se apaguen los reflectores de la prensa internacional y nacional sobre Ayotzinapa y México. Ya lo hemos podido experimentar en cierta medida en el Distrito Federal, con intentos de desaparición, arrestos arbitrarios, infiltrados y agresiones policiacas, y en “dosis” mayores en Chilpancingo y en Guerrero, con choques violentos y aplastamiento de la protesta, pero el envío de 2000 policías federales en la capital de la entidad, junto a casi otros tantos en Acapulco, habla de una respuesta con mano dura, no frente al crimen organizado, sino frente al descontento social y a la exigencia de justicia y refundación de instituciones podridas.

Sombras

No son certezas, son hipótesis e indicios. Pero también, hasta la fecha, son hipótesis las declaraciones del procurador Murillo Karam quien, con “cansancio” y movido por el afán de cerrar el caso y presentarlo como un episodio local y no como un crimen de estado, el 7 de noviembre difundió la versión de tres detenidos del grupo Guerreros Unidos que presuntamente habrían quemado a los normalistas en el basurero de Cocula y arrojado sus restos en bolsas de plástico en un río.

Hay muchas dudas acerca de esta narración: las lluvias que habrían caído en la madrugada del día 27 en Cocula; los reportes de incendios en otros parajes cercanos pero no en aquel basurero; el comportamiento hostil de los militares, relatado por los estudiantes sobrevivientes, en la noche del 26; la no intervención de las fuerzas armadas ante lo que estaba ocurriendo y sus justificativas los días siguientes; y finalmente la declaración de los forenses argentinos quienes, si bien han confirmado la identificación de los huesos calcinados del normalista Alexander Mora realizada en Innsbruck, no han podido certificar cómo es que llegaron los restos en la zona en donde fueron recogidos en bolsas de plástico.

Finalmente, el día 11 de diciembre, científicos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) desmintieron la hipótesis de la Procuraduría General de la República (PGR): “Es imposible que hayan sido quemados en Cocula, y la autoridad está en un serio problema porque si no se quemaron en Cocula, ¿quién los quemó y en dónde se quemaron?”, afirma Jorge Montemayor, investigador titular del Instituto de Física de la UNAM. Según el investigador, para cremar 43 cadáveres se requieren 33 toneladas de troncos de cuatro pulgadas de diámetro, equivalentes a dos trailers de leña y 53 kilos de gas por cada cuerpo. Si, como también sostiene la PGR y los narcos confesos, el rogo se hizo con llantas, según los científicos de la UNAM, se hubieran necesitado unas 995 llantas de autos para llevarlo a cabo, por lo cual estiman que la hipótesis oficial no tendría “ningún sustento en hechos físicos o químicos naturales”.

Todo esto abre el espacio a interpretaciones distintas que, inclusive, podrían involucrar en la matanza a otros actores y, entre ellos, el ejército y, en especial, al 27 batallón que ha estado operando “como si nada” en una zona repleta de fosas clandestinas durante años. “Acuérdense que en la guerra sucia, si alguien era experto en desaparecer personas, era precisamente el Ejército”, dijo Omar García, uno de los normalistas sobrevivientes. Hasta una presunta narcomanta, firmada por el cabo Gil, lugarteniente del capo de Guerreros Unidos, Sindronio Casarrubias, colgada el 31 de octubre, apuntaba hacia el Ejército, pues mencionaba los nombres del teniente Barbosa y del capitán Crespo como responsables de la desaparición de los 43.

En efecto, no se han abierto oficialmente líneas de investigación que involucren al sector castrense, pese a indicios cuando menos “sugerentes”. Francisco Javier García, alcalde de Chilapa, Guerrero, declaró hace unos 10 días que pese a la fuerte presencia de las fuerzas federales en el municipio el crimen sigue actuando, básicamente a la sombra del ejército. Es otro ejemplo, evidentemente no el único. De la misma manera, Abarca no es que un ejemplo entre muchos, solapados por las autoridades durante años, pues también trascendieron las relaciones cercanas de la “pareja imperial”, los Abarca, no sólo con el narco guerrerense, brazo y cómplice dela policía municipal y del alcalde, sino también con los altos mandos militares en Iguala, aunque estos han declarado que se trataba sólo de relaciones institucionales.

En julio 2013, el portal del estado de Guerrero reportó la desaparición de otros 17 estudiantes en Cocula y, según algunos testimonios, hubo el involucramiento de la policía municipal. ¿Acaso no estaba allí el Ejército para brindar algún tipo de seguridad a la ciudadanía y combatir a los narcos en el marco de la llamada “guerra al narcotráfico”? Si la policía y los narcos ya se tornaron una corporación asociada y están coludidos, ¿no intervienen la Marina y el Ejército para frenar esa deriva? ¿Para qué están allí? Parece que las fuerzas de seguridad, no sólo las militares, se instalen más para garantizar la salvaguarda mínima de las compañías mineras, de las infraestructuras, de las multinacionales y para el control social que para “pacificar”, además de que el concepto de “hacer la paz” con las armas es un oxímoron de por sí. 

La narcocracia puso al llano en llamas y a Pedro en el páramo


México puede despeñarse

El Capitalismo Tardío es causa de la inmigración debida a los des-gobiernos, y del narcotráfico Una gran mayoría poblacional de Estados Unidos, es insaciable frente a dos recursos que provee México: la mano de obra esclava y semi-esclava en que se convierten los contingentes de inmigrantes “ilegales”, y el blanco polvo con el que se prepara el alimento balanceado para gringos.
El sistema capitalista es el origen de las tribulaciones que emergen, tanto en Estados Unidos, como en México. Pero, las angustias desatadas afectan, no sólo a los habitantes de los países de las Américas, sino a todo el planeta, aunque para este texto, el detalle de los escenarios queda restringido a Estados Unidos y México.
Las oleadas de inmigrantes, así como las miles de víctimas de asesinato, secuestro y desaparición, están causadas por los sucesivos des-gobiernos mexicanos. Desde el 2007, son 22.610 desapariciones, de las cuales 9.612 son responsabilidad de Peña Nieto; 4.514 en el 2013 y 5.098 hasta diciembre 10 del 2014 (ver al respecto la infografía completa publicada por RT en: http://tinyurl.com/o9v2m4a ) .
Por su parte, el mencionado polvo blanco, es parte indisoluble del narcotráfico, del lavado de dinero y de las fortunas malhabidas con las que el Capitalismo Tardío produjo el enriquecimiento ilícito de los banqueros que manejan la Banca Delincuente que converge en Wall Street, así como el de algunos generalotes y el de una serie de principales personeros del Pentágono y de la Casa Blanca.
La narcocracia también convirtió a México en una interminable esquela necrológica
Un resumen de la situación tan penosa, lo expresó Perseo Quiroz Rendón, director ejecutivo de Amnistía Internacional en México, en una rueda de prensa, el pasado 10, Día de los Derechos Humanos:
(Infografía de Russian Today –RT-, en: http://tinyurl.com/o9v2m4a)
Las desapariciones de más de 22.000 personas y, en particular, el caso de los 43 normalistas de Ayotzinapa, han revelado la peor crisis de derechos humanos en los últimos 50 años".
El representante de AI “…exigió al presidente mexicano reconocer la deplorable situación en la que se encuentra el país y lamentó que en el Día de los Derechos Humanos Enrique Peña Nieto no esté en México para reconocer los problemas que azotan la nación, sino refugiándose en otros lados, donde no haya críticas, en referencia a la visita del líder mexicano a Perú” (En: http://tinyurl.com/nfeupl6 ) .
Y Javier Hernández Valencia, representante en México del Alto Comisionado de la ONU, advirtió del peligro que su vez se cierne sobre los padres de los 43 normalistas desaparecidos, al ser entrevistado por el diario ´The Guardian´: “… en las redes sociales algunos están empezando a difamar e insultar a los estudiantes desaparecidos, y a demonizar a sus padres y sus demandas. La gran ola de protesta generada por el caso de los 43 estudiantes necesita ser protegida" (En: http://tinyurl.com/lbkjtmc ).
En lo que atañe al peor nieto de los Peña, el narcopresidente Enrique Peña Nieto, es un nieto que, en un principio, con su sonrisita de plástico, su aire de bobalicón y su abundante ignorancia, daba risa.
Más adelante, y con afinidad a uno de sus apellidos, empezó a dar pena. Pero ahora, y aunque no rime con sus nombres, después de convertir el palacio de gobierno en un putadal, y demostrar la connivencia de su des-gobierno, con la delincuencia, sólo produce asco.
Acerca de los dos sentidos del vocablo “despeñarse”
México lindo y querido, en las zarpas de la narcocracia con Peña Nieto al frente, va directo rumbo al abismo, esto es, uno de los dos sentidos del vocablo “despeñarse”.
Aunque, si la insurgencia de toda la parte noble del Pueblo de México rebrotara y saliera a la calle unida, podría aprovechar la ocasión y despeñarse.
Pero, en el otro sentido del vocablo “des-peñarse”: quitarse de encima a Peña Nieto.

México: el hilo rojo del cambio por venir


Guillermo Almeyra

Desde que en los 80 comenzó en México la aplicación de la política neoliberal exigida por el capital financiero internacional, el hilo rojo de las resistencias de masa une continuamente y engarza diferentes momentos de lucha cada vez más radicales.

En 1988 los votantes cardenistas estaban dispuestos a imponer el respeto a su victoria electoral, pero fueron contenidos por su dirección, que encarriló su ardor revolucionario hacia un parlamentarismo conservador y corruptor. Carlos Salinas, con las políticas de desmantelamiento de las redes de protección social en el campo y para los trabajadores, pudo abrir así el camino a la integración subordinada de México en la economía y la política de Washington, con las privatizaciones y el Tratado de Libre Comercio para América del Norte.

El resultado fue el estallido de la rebelión zapatista en Chiapas, que dio voz a la protesta indígena y campesina y a quienes en 1988 habían sido derrotados sin poder combatir, pero deseaban hacerlo. El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) demostró que se podía decir no y enfrentar al poder sin ser vencido por éste, y en un primer momento, como con la Marcha del Color de la Tierra y la lucha por incorporar a la Constitución los derechos de los pueblos indígenas, despertó esperanzas y entusiasmo al buscar reforzar la autonomía de las comunidades en algunas regiones de Chiapas, logrando apoyos a escala nacional. Pero después se replegó sobre la consolidación de una autonomía forzosamente parcial en un pequeño sector muy pobre y dispersó desgraciadamente su apoyo, desgastándolo con el vacío de ideas y el sectarismo de las proclamas de su vocero oficial.

Ernesto Zedillo, presidente gracias al asesinato de su predecesor, prosiguió la política criminal de Salinas, enfrentó una huelga de un año en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y sirvió en bandeja de plata el gobierno a la derecha tradicional fascistizante, clerical, antes de irse al extranjero para dirigir una trasnacional.

El hartazgo popular ante los gobiernos del Partido Revolucionario Institucional (PRI) fue canalizado así por la extrema derecha de las clases gobernantes. El país cayó de la sartén a las brasas debido a la incompetencia política y al carácter timorato y oportunista de una oposición perredista que estaba siendo asimilada por el sistema y no era una alternativa y a un voto de castigo políticamente inmaduro.

El resultado fue trágico. Los gobiernos del Partido Acción Nacional (PAN) acentuaron el servilismo hacia Estados Unidos y, carentes de consenso popular, intentaron primero desaforar a Andrés Manuel López Obrador o recurrieron a un nuevo fraude descarado, dando origen a inmensas movilizaciones populares y la ocupación del centro del Distrito Federal. Más tarde, durante el desgobierno del espurio Felipe Calderón, militarizaron el país y lo sembraron de muertos y desaparecidos en un supuesto combate contra el narcotráfico, que corrompía algunos altos mandos que decían combatirlo, las finanzas y la mayoría gubernamental.

Las heroicas luchas de los campesinos de Atenco, salvajemente reprimidos por el entonces gobernador del estado de México, Enrique Peña Nieto, o de los mineros y los electricistas del SME; las crecientes protestas y movilizaciones estudiantiles y de los millones que seguían a López Obrador y la enorme emigración de jóvenes que, al precio de su libertad y hasta de su vida, huían del país en busca de trabajo, revelaron en todo ese periodo la creciente resistencia popular.

Aparecieron así las policías comunitarias, ante la corrupción de los organismos estatales por el crimen organizado; los grupos de autodefensa; los estudiantes que, con el lema antipeñista Yo soy 132, protestaban contra el fraude, hasta que todo estalló cuando el Estado, mediante la complicidad del alcalde de Iguala, el gobernador de Guerrero –perredistas provenientes del PRI y aliados con éste– y la justicia, desaparecieron o asesinaron a los que estudiaban para maestros rurales bilingües para servir a sus comunidades y al futuro del país. Entonces la conciencia de vastos sectores populares dio un salto, pues quedó claro que estamos enfrentando los crímenes de un Estado al servicio de una oligarquía entreguista y racista.

¿Y ahora? A pesar de las divisiones y temores en las clases dominantes, éstas no se disponen a cambiar de caballo en medio del río rugiente de la protesta y la movilización populares.

La violencia popular armada es prematura, no sería comprendida por más de la mitad de la población; sería una aventura sangrienta con la que sueñan unos pocos irresponsables que no tienen paciencia para construir una nueva relación de fuerzas, una dirección unitaria y a la vez plural, un objetivo claro y común más allá de la expulsión de Peña Nieto. La otra violencia, la pacífica, organizada, de masas, de la mayoría, no se ejerce sólo con manifestaciones, por necesarias que éstas sean, sino también con el desconocimiento de los ilegítimos, con la construcción de organismos de poder popular, como los concejos municipales o las policías comunitarias y grupos de autodefensa.

Esa lucha debe unir además todas las distintas resistencias: la de los obreros que quieren reconquistar su trabajo y su independencia sindical; la de los campesinos que quieren trabajar honestamente y remodelar su territorio; la de quienes luchan contra los secuestros, desapariciones, prisiones de activistas, torturas y asesinatos y, al mismo tiempo, por un apoyo a la acción cultural de los maestros sindicalizados. Si los zapatistas se limitan a atrincherarse en sus pocas tierras y se encierran sin encontrar aliados en todo el país, corren el riesgo de ser aplastados tarde o temprano. Los hermanos sean unidos. Es tiempo de unir esfuerzos, no de sectarismos o declaraciones de que todos los partidos son iguales porque no es lo mismo quien –aunque procapitalista– defiende el marco legal y quien, en cambio, asesina, desaparece, tortura, viola, encarcela y se apoya sólo en la kalashnikov del narco o del soldado.

Durango: reducen 90% apoyos para labriegos


Sagarpa dio $5 mil en 2013; este año, sólo $500

Saúl Maldonado
Corresponsal
Periódico La Jornada
Sábado 13 de diciembre de 2014, p. 29
Durango, Dgo

La Secretaría de Agricultura. Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa) redujo hasta en 90 por ciento los apoyos de los programas Proagro Productivo (antes Procampo) y Progan que entrega a indígenas del municipio de Mezquital, y los 500 pesos que pagó los depositó en cuentas bancarias, cuando no hay cajeros en más de cien kilómetros a la redonda, denunció Faustino Reyes Flores, ex alcalde y representante de tepehuanos.

Explicó: “En 2013 a los productores agrícolas les llegaban de Procampo alrededor de 5 mil pesos, según las hectáreas a sembrar; a los ganaderos les daban de Progan alrededor de 8 mil pesos.

Apoyo escaso y con tarjeta bancaria

Este año el apoyo de Proagro Productivo no llegó a todos los 6 mil inscritos y a quienes sí, les dieron apenas entre 500 y 800 pesos.

Reyes Flores dijo que los indígenas pensaron que se trataba de un primer pago por lo que aún esperan el resto, pero a unos días de que finalice 2014 no ha llegado más.

Aunado a esto, a los indígenas les llegó este año el pago mediante una tarjeta después de que la Sagarpa los dio de alta en una institución bancaria y ahí les depositaron el dinero. Lamentablemente, dijo Reyes Flores, en el municipio no existe ningún banco, tampoco cajero, no lo hay en la zona indígena ni en la cabecera municipal.

Quien quiere sacar su dinero debe ir a la ciudad de Durango y el camión les cobra 140 pesos de ida y 140 de regreso desde Santiago Teneraca o San Francisco de Ocotán a la capital del estado, pero tienen que comer y, entonces, ya no les queda nada de apoyo, comentó el ex edil del municipio con mayor población indígena.

Fernando Thomas Castillo, delegado de la Sagarpa en el estado, anunció que se revisará cada caso porque la disminución no fue nada más porque sí.

Dijo no conocer bien la actividad agrícola de los indígenas porque él llegó a la delegación el mes pasado. En cuanto al pago de tarjeta, aseveró que no existe otra manera de hacerles llegar el pago, porque llevar el dinero hasta allá es exponer a un asalto a quienes (lo) transportan.

Mar de Historias Insectos


Cristina Pacheco

Rodolfo tiene muchas virtudes, pero sigue siendo un tipo raro. De qué otra manera puedo calificar a alguien que desde niño ama a los insectos más que a las personas. Como profesora, me he dado cuenta de que muchos de mis alumnos muestran esa misma inclinación –en especial los que son hijos únicos y tienen escaso contacto con sus padres– pero ninguno me ha dicho que habla con los insectos.

Ese era el mayor interés de Rodolfo. Para lograrlo inventó un idioma. Ahora comprendo que era una hábil mezcla de vesre y sifinofo, pero cuando era adolescente me parecía una lengua misteriosa y de seguro antiquísima que, por razones incomprensibles, privilegiaba a mi amigo permitiéndole dialogar con los moscos patones, las cucarachas voladoras, los cara de niño y en especial con las arañas que salían de entre las grietas, las fisuras y las duelas carcomidas de todas las viviendas.

Eran ocho sumamente pequeñas y asfixiantes. Cada una correspondía a la sala, el comedor, la cocina y las habitaciones de una casona vieja subdividida al extremo, desde la azotea hasta el sótano, y transformada en vecindad. Rodolfo y sus padres ocupaban lo que había sido un baño lujoso. Por esta razón era explicable que entre la estufa y las camas estuviera una tina de porcelana con garras de león en vez de patas y un bidet, también inservible, cuya utilidad desconocíamos.

II

Después de una muy larga búsqueda, mi familia y yo llegamos a vivir al último lugar disponible en el viejo caserón: la cocina. Abarcaba la pared principal un brasero de ocho hornillas. Mi padre lo clausuró con un tablón para convertirlo en mesa de trabajo. Allí confeccionaba los artículos de fieltro que empezó a vender desde que tuvo el accidente que anuló su interés por trabajar en otras fábricas.

De acuerdo con su plan, mi padre variaba sus artesanías según el calendario: enero, babuchas y gorros; febrero, cupidos; marzo, caminos de mesa; abril, flores y mariposas; mayo, corazones; junio, manteles... Así iba modificando su programa de actividades hasta noviembre. A esa altura del año se sujetaba a las exigencias de los pequeños comerciantes que le pedían adornos y accesorios para revenderlos en diciembre a precios muy superiores a los que le habían pagado.

Cubiertos los pedidos con la ayuda de mi madre, mi papá disponía de algún tiempo libre para llevarnos a pasear por el rumbo. Caminábamos durante horas, sin rumbo, pero al fin siempre llegábamos a la zona comercial y nos deteníamos ante los aparadores de las tiendas en donde estaban exhibidas las artesanías hechas por mi padre. Verlas envueltas en papel celofán y adornadas con moños o escuchar los comentarios de algún posible comprador –Mira qué preciosidad...– duplicaba la satisfacción de mi papá por su trabajo y nuestro orgullo de saberlo un artista del fieltro.


III

Entre la vivienda de Rodolfo y la nuestra mediaba una parcela de tierra endurecida que en tiempos remotos, o por lo menos mucho antes de que llegáramos a vivir a la casona, había sido jardín. Las únicas pruebas de su existencia eran una camelia apergaminada que nunca floreció y un arbusto que hacia fin de año adornábamos con guirnaldas raquíticas y unas cuantas esferas para convertirlo en nuestro árbol de Navidad.
En ese fantasma de jardín Rodolfo sepultaba a los insectos que, después de horas o días de vivir en su mochila o en bolsas escondidas debajo de su cama, se le iban muriendo. A sus pocos amigos Rodolfo nos invitaba al entierro, pero sólo asistíamos dos o tres guiados por la curiosidad y el extraño deseo de sentir espanto.

La ceremonia era minuciosa y complicada, empezando por la solemnidad con que Rodolfo envolvía a los bichos en trozos de papel o, en circunstancias especiales, depositaba en frasquitos de mermelada que su padre le traía como recuerdo del avión en que regresaba de Canadá, donde era albañil, a fin de pasarse una semana en familia o celebrar la Navidad.

En ambos casos Rodolfo despedía a las arañas, los cara de niño o cualquier otro bicho muerto, con una larga oración en su idioma incomprensible. (Por cierto, jamás le pregunté en dónde o cómo lo había aprendido.) Inmóviles, esforzándonos por disimular nuestra repugnancia, escuchábamos a Rodolfo esperando el momento en que, convertido en una especie de sacerdote, tomara entre el pulgar y el índice el cuerpo que aun inerte nos producía horror y lo envolviera o lo depositara en el frasquito.

Antes de sepultar a los animales en el hoyo que había hecho con sus manos en la tierra endurecida como piedra, Rodolfo los levantaba y los exhibía en sus mortajas: la de papel me recordaba los capullos de mariposa; la de vidrio me hacía pensar en los aparadores donde, al cabo de los meses, las artesanías hechas por mi padre iban perdiendo color y tersura


IV

Entre las rarezas de Rodolfo está la de esfumarse por largo tiempo o reaparecer mediante llamadas telefónicas y sin darme explicaciones de su silencio. Sólo porque le insisto me dice si tiene trabajo o en dónde está viviendo, pero nunca me indica su dirección ni me invita a visitarlo y mucho menos me promete que volverá a llamarme.

En nuestras largas conversaciones Rodolfo evita hablar del tiempo en que fuimos vecinos en la casona. Entonces me asombraban su apasionado interés por las sabandijas y su conocimiento del extraño idioma en que decía comunicarse con ellos. Por cariño, por amistad, quiero pensar que lo consiguió y que en verdad es el único y último hablante de una lengua tan antigua como los primeros insectos que poblaron la Tierra. ¿Y si fuese uno de ellos...?

Los derechos humanos y el Teletón



Miguel Concha

En 2001 México presentó ante la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) una propuesta para que se creara una convención internacional que reconociera los derechos de las personas con discapacidad. Esta propuesta fue acogida por la ONU, y con el apoyo de México se redactó y aprobó la actual Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (convención o CDPD), que entró en vigor en 2008. México, reconocido a escala internacional como promotor de la convención, fue lógicamente uno de los primeros países en firmar y ratificar este importante tratado.
En septiembre de este año el Comité de los Derechos de las Personas con Discapacidad de la ONU (comité o comité de la CDPD), órgano encargado de interpretar y monitorear la implementación de la convención a escala internacional, evaluó a México en torno a su instrumentación. En dicho proceso participaron el Estado y organizaciones de la sociedad civil; con base en el análisis de las aportaciones de ambas partes, el 3 de octubre el comité emitió sus Observaciones Generales al Estado Mexicano.
En su observación número 17 hace una recomendación a México sobre el Teletón, que aborda dos temas: el primero es que gran parte de los recursos públicos destinados a la atención de personas con discapacidad son administrados por una entidad privada (Fundación Teletón), y el segundo es que la campaña del Teletón promueve per se estereotipos de las personas con discapacidad como sujetos de caridad.
La primera crítica que la ONU hace al Estado es por incumplir con sus obligaciones, derivadas de la ratificación de la CDPD, al fallar en la creación de servicios para las personas con discapacidad que tengan un enfoque comunitario público y no centralizado y privado, como son los servicios que presta el Teletón a través de los CRIT (artículo 19 de la CPDD).
La atención mediática se ha centrado en esta primera crítica, y ya ha sido abordada a profundidad en varios artículos en medios de comunicación. Sin embargo, considero que el segundo tema de la recomendación del comité sobre los estereotipos que reproduce el Teletón es igual de relevante, y por tanto me permito retomarlo a continuación. Antes de entrar a este tema, cabe primero resaltar que la CDPD es un tratado histórico que propone un cambio radical de paradigma sobre cómo son percibidas las personas con discapacidad.
Según la convención, las personas con discapacidad ya no deben ser consideradas objetos de nuestra caridad, asistencialismo y protección, sino sujetos de derechos. Es decir, personas que tienen derechos y obligaciones en igualdad de condiciones con los demás. En este sentido, y según el comité, el problema del Teletón es que reproduce la visión de las personas con discapacidad como sujetos de caridad, y que, al hacerlo, va en contra del principio central que propone la CDPD.
Al seguir estigmatizando a los niños y adultos con discapacidad como pobrecitos, y como personas que necesitan de nuestra asistencia y protección, el Teletón está además propagando un estereotipo que históricamente ha servido para negar, e incluso violentar, los derechos de las personas con discapacidad. Un claro ejemplo de esto son las personas con discapacidad sicosocial (esquizofrenia, desorden bipolar, etcétera), quienes, con el fin de protegerlas de ellas mismas, son puestas de por vida en instituciones siquiátricas, en las que, según ha documentado la organización Disability Rights International (DRI) en México y en otros países se cometen graves abusos, incluyendo condiciones inhumanas y degradantes, abuso físico y sexual, denegación de atención médica, así como el uso de sujeciones prolongadas, que, según la ONU, pueden constituir tortura.
Estos abusos también son retomados por el comité en sus Observaciones Generales. Con base en lo anterior, cobra relevancia e importancia la observación del comité a México de alejarse de modelos como el Teletón, que no tienen un enfoque de derechos en su trato a las personas con discapacidad. Lamentablemente, el presidente de la Fundación Teletón, Fernando Landeros, en una entrevista al Diario 24 horas, publicada el 9 de octubre, optó por descalificar las observaciones, y por tanto la labor de evaluación del comité, al describirlas como irresponsables, superficiales y ligeras. No sólo descalificó la labor del comité, sino también los insumos que aportaron organizaciones de la sociedad civil con amplia trayectoria en materia de derechos humanos y discapacidad.
En respuesta a las declaraciones hechas por Landeros, las organizaciones de la sociedad civil que participaron en la evaluación de México ante la ONU, DRI, Colectivo Chuhcan, Documenta, Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia, y Coalición México, emitieron un comunicado de prensa en el que instan al Teletón a adoptar los principios y preceptos de la convención, e imprimir en su objeto el enfoque de derechos humanos. Sin embargo, la Fundación Teletón se sigue negando a evaluar sus actividades de una manera crítica y con base en las observaciones del comité.
Esto se demuestra en lo que ocurrió el pasado fin de semana durante el Teletón, en el cual se sigue representando a las personas con discapacidad como recipiendarias de nuestra caridad y buena fe. Al mismo tiempo, la respuesta del Estado a las recomendaciones de la ONU es preocupante. Semanas después de que la ONU las emitiera, el presidente Enrique Peña Nieto y su esposa aparecieron en un comercial apoyando al Teletón y pidiendo a los mexicanos que donaran. El comercial es un desaire manifiesto a las observaciones del comité y al derecho internacional. Con ello el gobierno mexicano evidencia de nueva cuenta que la ratificación de tratados internacionales es una medida de mera apariencia, no la expresión real de la voluntad de garantizar los derechos de todas las personas. Todo ello sin considerar la inoportuna e indebida alabanza de la empresa Televisa, como un orgullo para México.

Cronenberg o el placer por la decadencia


El Salón Rojo

Por Alejandro Alemán I Diciembre 12, 2014 I 1:21 am


Mapa a las Estrellas (Dir. David Cronenberg)

Las revistas y los programas de televisión nos mienten, hay algo podrido debajo de todo el oropel que supuestamente reviste a las estrellas de Hollywood. Hay algo sucio, retorcido, sanguinolento tras esos vestidos de diseñador, detrás de esos cuerpos perfectos, de las sonrisas brillantes, el dinero y las mansiones. David Cronenberg lo sabe, sabe que ahí se esconden la decadencia, la lujuria, la codicia, la suciedad y la sangre. Cronenberg se frota las manos y sonríe; sabe (sabemos) que esto será pura diversión.

Si en su pasada cinta, Cosmopolis (2012), Cronenberg hacía una fría y calculada parodia a la posmodernidad financiera, ahora el director canadiense apunta el bisturí hacia la vacuidad del star system hollywoodense con Maps to the Stars, su más reciente filme. Para ello, cuenta no sólo con su ácida agudeza y su proverbial falta de pudor, sino que además se nutre de las historias de un insider, el novelista, actor y productor Bruce Wagner (guionista de esta cinta) poseedor de una visión mordaz de Hollywood provocada -dicen- a partir de su trabajo como chofer de limusina en California.

Justo es el chofer de una limusina -con deseos de convertirse en guionista y actor- y la joven turista que lo contrata (Robert Pattinson y Mia Wasikowska respectivamente) los personajes que servirán de entrada para conocer este mundo desquiciado y delirante: un niño actor que con apenas trece años (excelente Evan Bird) ya es un taimado ex-drogadicto, la aún atractiva pero ya entrada en edad actriz (Julianne Moore con merecido premio en Cannes por esta actuación) desesperada por obtener el papel que hiciera de su fallecida madre una famosa estrella, los padres del niño actor que en realidad son hermanos y que viven de la fama y el dinero de su hijo (John Cusak y Olivia Williams) y hasta Carrie Fisher, haciéndola de ella misma en una referencia cruel a “la película esa que está haciendo JJ”.

En esta cínica, ácida y cruel comedia de terror, nadie está a salvo. El principal villano para estos personajes es el tiempo. Estamos en un mundo donde a los 13 ya puedes entrar a rehabilitación por drogas, a los 23 ya eres una actriz vieja, a los 50 eres un cadáver que camina con ropa de diseñador. Si el futuro es el peor de los lugares para estas estrellas, el pasado se les presentará en forma de fantasmas que vienen a cobrar viejas facturas: la madre que tortura a su hija por pretender hacer el remake de su película, una fan del niño actor que murió de alguna enfermedad rara, la hija del incestuoso matrimonio que aparece de la nada a tratar de reconciliarse y es recibida como un fantasma más.

Cronenberg se regodea en la crueldad hacia esta pléyade de estrellas en caída libre, nutre la historia con referencias a personajes reales de la farándula, construye monstruos que viven en un universo incestuoso, decadente, narcisista, que en su empeño por ser auto referencial no hace sino volverse más plausible: mientras más excesos se cometen (la actriz que en una tarde de flojera se gasta 18,000 dólares en las tiendas de ropa), más plausible o probable suena todo.

Se extraña un poco más de sangre, un poco más de desparpajo, pero indudablemente resulta en un placer cuasi culposo ver a estos seres -con sillones de 12,000 dólares, mansiones y autos de lujo- patalear desesperados en el fango de su propia fama y el dinero.

Hay algo retorcido detrás de Hollywood, su oropel es tan falso como las fantasías que nos venden todos los días. Cronenberg lo sabe. Esto es pura diversión.

Maps to the Stars (Dir. David Cronenberg)

3.5 de 5 estrellas
  

Los guardianes




Carlos Bonfil

El escudo invisible. Bajo este lema, el Shin Bet, agencia de servicio secreto del Estado israelí, ha realizado operaciones encubiertas, a menudo con métodos controvertidos, siempre con el objetivo declarado de mantener la seguridad y la paz en Israel. En el documental Los guardianes (The gatekeepers), el realizador israelí Dror Moreh logra reunir el testimonio de seis antiguos miembros de dicha organización, quienes ante la cámara refieren con serenidad e inusitada franqueza las dificultades y peligros de lo que antes fue su oficio. El balance es perturbador. En palabras de uno de ellos, Amy Ayalon, ex comandante naval que dirigió la organización durante cuatro años, la tragedia en el debate sobre la política de seguridad pública es no percatarnos de que seguimos ganando cada batalla, pero al mismo tiempo perdemos la guerra.

Durante casi medio siglo, desde la Guerra de los Seis Días, en 1967, el Shin Bet ha tenido una presencia importante en el conflicto árabe-israelí, estudiando las estrategias de la resistencia palestina, intentado contener sus embates, desactivando en lo posible los ataques terroristas, y planeando estrategias de contraofensiva, siempre bajo el escrutinio de organismos internacionales que suelen cuestionar la legitimidad moral de los métodos utilizados. Cada uno de los ex agentes entrevistados refiere –algunos con orgullo, los más con algo de amargura– la complejidad del asunto. Y su conclusión es elocuente. La mayoría de los dirigentes israelíes no han estado a la altura de las circunstancias y la intransigencia de sus posiciones, aunada a la sangrienta beligerancia de la resistencia palestina, ha minado por completo todo debate político serio y la perspectiva de una solución pacífica. Uno de los antiguos agentes resume así la paradoja: Deseábamos más seguridad, sólo obtuvimos más terror.

Lo valioso en Los guardianes, un documental de factura convencional (sucesión de cabezas parlantes, abigarramiento de datos sobre un conflicto de sí muy complicado) es su recurso a imágenes de archivo que ilustran las etapas más significativas de la guerra interminable, y también la lucidez en el registro de cierta disidencia por parte de esos protagonistas de primera línea que son los ex agentes, quienes sin cuestionar en absoluto el imperativo de la defensa del Estado de Israel, sí critican con severidad los métodos utilizados para lograr ese objetivo, entre ellos el recurso a la tortura.

El espectador sin una sólida información previa puede perderse en la acumulación de datos históricos (sucesivas Intifadas árabes y saldos sangrientos, posturas políticas contrastantes de los ministros israelíes, estrategias militares siempre cambiantes, y un contexto internacional con reacciones controvertidas y complejas). Lo que es irrefutable y queda de manifiesto en el documental es el escepticismo de los protagonistas entrevistados ante la degradación de un conflicto que ven sin salida, y una política de ocupación y expansión territorial por parte del estado de Israel que el ex dirigente del servicio secreto, Ami Ayalon, no vacila en comparar con la ocupación represiva alemana de Polonia durante la Segunda Guerra Mundial.

Los guardianes coloca el acento en los dilemas morales de los entrevistados. Ante la criminalización de la protesta y resistencia palestinas, y el consecuente recurso a respuestas violentas en y desde los territorios ocupados, el Estado recurre a su vez a métodos de disuasión cuestionados, en particular por la arbitrariedad y brutalidad de sus detenciones e interrogatorios. Los ex agentes cuestionan la escasa eficacia de dichos métodos y la pérdida de credibilidad moral de las autoridades israelíes que los instrumentan. Sus testimonios semejan curiosamente a los de protagonistas y mercenarios sobrevivientes de viejas dictaduras militares, algo inquietante aquí tratándose de Israel, un Estado pretendidamente democrático. Imposible no ver una resonancia elocuente de esta situación en ese otro debate que actualmente se da en Estados Unidos con respecto al papel desempeñado por la CIA en su lucha antiterrorista y su afanosa legitimación de la tortura.

Los guardianes no pretende, por su parte, tener la última palabra en el asunto y procura el mayor grado de objetividad posible ante la delicada situación local. Lo estimulante sin embargo es la capacidad de este documental, y con él la de toda una corriente del cine israelí (recuérdese el Vals con Bashir, de Ari Folman), para cuestionar sin candidez ni ilusiones los aspectos más turbios de una realidad histórica dramática y compleja.
Se exhibe en la sala 4 de la Cineteca Nacional.
Twitter: @Carlos.Bonfil1

Los normalistas de Ayotzinapa: asesinato y criminalización de la juventud en México



Adital

Por Eugene Gogol

A la barbarie del Estado mexicano, sus adherentes y secuaces, nosotros le oponemos la necesidad de construir un nuevo humanismo, la unidad de teoría y práctica —en suma: la revolución en permanencia.

Vivos se los llevaron; vivos los queremos. En respuesta a los ataques (instigados por el Estado) en contra de los alumnos de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, en Guerrero, ocurridos el pasado 26 de septiembre —y en los cuales seis personas fueron asesinadas, así como no menos de 43 estudiantes secuestrados y "desaparecidos” (con la posibilidad de que hayan sido ejecutados y enterrados en fosas clandestinas) —, ha aparecido una serie de protestas masivas a lo largo de todo México. Octubre ha sido un mes de rabia e indignación, de actos de denuncia encabezados por cientos de miles de estudiantes —a los cuales se les han unido otras decenas de miles. Marchas multitudinarias han tenido lugar en Guerrero, en el Distrito Federal y en casi todos los estados del país; en ellas, se ha exigido la devolución con vida de los desaparecidos.

I. El ataque contra los normalistas

De acuerdo con los estudiantes de Ayotzinapa, el pasado 26 de septiembre, algunos normalistas, como lo han hecho en otras ocasiones, pensaban plantarse en alguna autopista de Guerrero (a bordo de autobuses tomados) y pedir cooperación para financiarse un viaje a la ciudad de México —a fin de poder participar en la marcha anual del 2 de octubre, conmemorativa de la masacre de estudiantes de 1968. Sin embargo, cuando llegaron —prácticamente sin haberlo planeado— a la ciudad de Iguala, se convirtieron en víctimas de un ataque brutal: el alcalde y otros funcionarios de gobierno le habían ordenado a más de una docena de policías municipales abrir fuego sobre los normalistas, así como a una pandilla de narcotraficantes —Guerreros Unidos— secuestrar y "desaparecer” a los 43 estudiantes que habían sobrevivido a la masacre inicial.

Ahora bien: este ataque fue más que un hecho aislado cometido por un alcalde homicida —en colaboración, por supuesto, con las fuerzas policiales y el narcotráfico. ¿Por qué? En primer lugar, porque el gobierno municipal contó muy probablemente con el apoyo de otros elementos del Estado: ¿el Ejecutivo de Guerrero?; ¿la armada federal, la cual se ausentó misteriosamente durante todo el "operativo”?; por ello mismo, pensó que podía salir impune de esta situación: a fin de cuentas, en diciembre de 2011, cuando 500 estudiantes de Ayotzinapa habían bloqueado la autopista Del Sol —pidiendo una audiencia con el gobernador del estado para protestar por los cortes que se le habían hecho a su ya de por sí reducido presupuesto escolar—, alrededor de 300 miembros de las "fuerzas de seguridad” (diversas agencias de policía y el ejército) los atacaron con gas lacrimógeno —y, al ver que los estudiantes se resistían, con armas de fuego—; tres normalistas fueron asesinados, mientras que varios otros golpeados y heridos —así como, cincuenta o más, arrestados: hasta el día de hoy, nadie ha sido acusado como responsable de estas muertes.

En segundo lugar, porque las acciones de la policía de Iguala son parte de un proyecto de criminalización de la protesta social en México —principalmente, en contra de la juventud "rebelde”—; en efecto: si bien las autoridades del municipio y los cárteles de la droga en el narco-estado de Guerrero pudieron haber sido los ejecutores de este acto brutal en contra de los jóvenes estudiantes de Ayotzinapa, lo cierto es que en todo el país gobierna un Estado criminal.

II. La criminalización de la protesta social en el contexto del Estado mexicano como agente del crimen y como vehículo del crimen organizado

La guerra criminal —supuestamente en contra del narcotráfico—, iniciada durante la administración de Felipe Calderón (2006-2012), no se tradujo sino en la muerte de decenas y decenas de cientos —así como en la desaparición de otros miles de personas. ¿Son sus cuerpos los que ahora están siendo encontrados en las fosas clandestinas que "han aparecido” en medio de la búsqueda de los normalistas de Ayotzinapa, o más bien estos cadáveres son responsabilidad de Peña Nieto, quien ha continuado la "guerra contra el narco” con ayuda de la policía y el ejército? Este país está lleno de cementerios clandestinos: ¿decenas?, ¿cientos?

Con Peña Nieto, antes de la masacre de Iguala, ya habíamos sido testigos de la ejecución de 22 jóvenes, por parte de la armada federal, en Tlataya; de igual forma, hemos vivido la continua represión a los pueblos indígenas, quienes luchan por la autonomía y la autodeterminación —ya se trate de los zapatistas en Chiapas o de los yaquis en Sonora. Estos hechos, sin embargo, apenas si son una muestra de la barbarie en que los gobiernos local, estatal y federal han querido sumirnos en las más recientes décadas.

Ser joven en México —niño, adolescente, o una mujer apenas entrando a la madurez— significa vivir ante la posibilidad de ser asesinado repentinamente —un asesinato en el que el gobierno estará seguramente involucrado (o ante el que, por lo menos, permanecerá indiferente). ¿Nos hemos olvidado, por ejemplo, de la impunidad ante el caso de la guardería ABC en Hermosillo, Sonora, en 2009, donde 49 niños murieron quemados y 79 más sufrieron graves heridas —todos ellos, de entre cincos meses y cinco años de edad? Asimismo, hemos atestiguado la muerte de cientos de jóvenes mujeres en Ciudad Juárez —todas ellas, acompañadas por la indiferencia del gobierno por prevenir la violencia feminicida o por traer a los responsables ante la justicia. Por si fuera poco, hemos visto también cómo un número cada vez mayor de jóvenes muere en incidentes violentos.

III. El surgimiento de la protesta: México en un nuevo momento histórico

El horror de Ayotzinapa ha dado origen a un nuevo momento en México. La rabia puede ser percibida en cada sector de la población —pero, especialmente, entre los jóvenes: ya en los alumnos de las Normales, ya de las principales universidades de la capital. Desde entonces, ha habido dos megamarchas: la primera, organizada en dos o tres días, tuvo lugar el 8 de octubre, cuando en la ciudad de México decenas y decenas de miles salieron a las calles —encabezados por los normalistas y por los familiares de los desaparecidos—; de igual manera, hubo protestas masivas en otros 23 estados del país. La segunda marcha, la del 22 de octubre, fue parte de una huelga de dos días llevada a cabo por jóvenes de decenas de universidades; en ella, participaron cientos de miles —así de la capital como de otros rincones de México. En Guerrero, ha habido protestas diarias desde hace más de un mes.

En la marcha del día 8, los participantes llevaban velas, cruces y pancartas con los nombres de los desaparecidos, así como con las siguientes consignas: Hasta que haya justicia en Ayotzinapa, no habrá paz para el gobierno, o Normalistas, víctimas del narco-Estado. Con marchas, cierres de caminos, bloqueos a las oficinas del gobierno y a otras dependencias públicas, miles de personas en 25 estados pidieron la inmediata destitución del gobernador de Guerrero, Ángel Aguirre. Por lo demás, una de las manifestaciones más significativas del 8 de octubre tuvo lugar en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, donde 20,000 zapatistas protagonizaron una marcha del silencio, del dolor y la rabia, exigiendo verdadera justicia.

En la ciudad de México, además de las megamarchas, ha habido protestas todos los días, lo que incluye la pinta de slogans en las paredes de los edificios, así como la pega de fotos de los desaparecidos en todas partes —entre otras acciones. En la marca del 22, estudiantes, maestros, padres y madres, indígenas, campesinos, trabajadores, miembros de organizaciones civiles en defensa de los derechos humanos y sindicalistas demandaban ¡justicia!; se preguntaban: ¿dónde están nuestros hijos?; exigían: ¡No más masacres! y sentenciaban: México, cementerio clandestino. Al acercarnos a la festividad del 2 de noviembre, un cartel en una marcha parecía resumirlo todo: en México, todos los días es Día de Muertos.

IV. Construyendo un humanismo revolucionario: de la protesta y la resistencia a la transformación social

La pregunta fundamental que debemos respondernos es, entonces, la siguiente: ¿puede este momento de protesta convertirse en un indetenible ataque contra el fallido Estado mexicano —y, a la vez, en un tiempo de rebelión, de nuevos comienzos (que permitan construir un humanismo revolucionario en este país)?

Hablar de construir un humanismo revolucionario cuando tenemos ante nosotros la barbarie cometida contra los normalistas en Guerrero puede parecer, para algunos, una evasión de la realidad. Sin embargo, es sólo a través de la concepción y realización de una visión emancipatoria de esa índole como podremos detener la masacre contra nuestros jóvenes, nuestros indígenas, nuestras mujeres —en suma: de todos los pobres y marginados, de los condenados de la Tierra aquí en México.

Por ello, nuestro principal reto consiste en transformar este momento de protesta masiva, del dolor y la rabia, en un movimiento total de resistencia que sea, a la vez, un tiempo del no y un tiempo del sí. Esto es: hacer de este nuevo momento un nuevo comienzo que permita destruir de raíz lo viejo (el tiempo del no) y, simultáneamente, construir un humanismo revolucionario (el tiempo del sí).

De igual forma, escribir sobre "la revolución en permanencia” podría parecer un mero ejercicio del pensamiento abstracto —cuando lo que tenemos ante nosotros es la violencia de cada uno de los niveles de gobierno (municipal, estatal, federal); de cada partido político (PRI, PAN, PRD, sobre todo); de cada instancia de la policía (local, estatal, federal); de cada una de las fuerzas armadas y de cada grupo del narcotráfico: todos ellos contribuyen a la descomposición, a la podredumbre del México de arriba. Este país es una tierra llena de cementerios —clandestino y legales—, en donde decenas de miles han muerto o están muriendo a manos de una sola entidad: el narco-Estado-gobierno-policía-fuerzas armadas-partidos políticos-cárteles de la droga.

¡Ya basta! Sólo una transformación revolucionaria venida de los de abajo puede ponerle un alto a la descomposición social —que parece haberse convertido ya en el modo de vida aquí en México. Construir otra realidad, otro sentido del tiempo, otra manera de vivir, constituye la más urgente necesidad en este momento: cualquier otra es una falsa salida. Lograr la unidad entre teoría y práctica en el contexto del México contemporáneo, una revolución permanente de ideas y acciones, puede devenir en la destrucción de la sociedad clasista, racista y sexista en la que vivimos —así como, a la par, en la construcción de una nueva.

Vamos ahora a profundizar en este punto explorando cómo estos conceptos de un nuevo humanismo, de la unidad entre teoría y práctica, de la revolución en permanencia surgieron históricamente —tanto en el pensamiento como en la acción: así de las masas en movimiento como de los pensadores revolucionarios: de Hegel a Marx, de Lenin a la filósofa humanista-marxista Raya Dunayevskaya. Remontarnos a esta historia puede ser de gran utilidad para comprender las posibilidades de transformación revolucionaria aquí (y ahora) en México.

IV. A. De la Revolución francesa (1789-93) y su impacto sobre Hegel a las luchas de la clase trabajadora en el siglo XIX como base de la filosofía de la revolución de Marx

La profundidad y el alcance de las acciones revolucionarias del pueblo francés —que no sólo buscaba destronar a la monarquía, sino que también le opuso resistencia al naciente "orden burgués”— dejaron en claro que la revolución no es únicamente un proceso destructivo, sino que de igual forma da pie a la construcción de una nueva sociedad —la cual sustituya a la vieja. 

Bajo el impacto de la Revolución francesa, Hegel concibió su sistema dialéctico: su revolución en la filosofía. Hegel, al introducir a la historia en la filosofía, desarrolló el concepto de un espíritu en automovimiento que transitaría de la conciencia, la autoconciencia y la razón hasta el saber absoluto. Ahora bien: si Hegel, en efecto, no incluyó en su sistema a hombres y mujeres concretos que luchaban por la emancipación, su concepto del espíritu sí contiene en sí las diferentes etapas en el camino de la idea de la libertad —esto es: el movimiento para superar (negar) las barreras y para alcanzar su desarrollo absoluto. En síntesis: la construcción hegeliana de la dialéctica como negación (una serie de noes) y como negación de la negación (lo positivo emergiendo de lo negativo), de hecho captura esencialmente el movimiento de la historia —aun si ésta aparece aquí sólo en su forma abstracta. La historia de la humanidad es la lucha por su liberación: no un acto aislado, sino un proceso; no sólo la oposición (negación: el no), sino la construcción de lo nuevo (negación de la negación: el sí).
Años después, Marx, en el contexto de las luchas de clase de su tiempo —de la década de 1840 y las revoluciones de 1848 a la de 1870 y la Comuna de París (1871) — puedo aprehender al verdadero sujeto, al motor de la dialéctica: no un espíritu abstracto (como si las ideas pudieran existir independientemente de las vidas de hombres y mujeres corpóreos), sino las luchas concretas de las masas en contra de la opresión, la explotación y la alienación —así como por una nueva sociedad. Marx no rechazó la dialéctica; todo lo contrario: la "tradujo”; es decir: recreó la dialéctica de la negatividad —negación y negación de la negación—, en tanto doble ritmo de toda transformación revolucionaria: la destrucción de lo viejo y la construcción de lo nuevo. De esa manera, Marx dio origen a una filosofía de la revolución; ciertamente, había criticado la deshumanización de la dialéctica hegeliana —sin embargo, recuperó su esencia: su sentido y su método transformador-revolucionario. De esa forma, para Marx, la dialéctica —en conjunto con las luchas de masas de su tiempo— se convirtió en el fundamento de su naturalismo superado o humanismo.

Uno puede ver esta fusión —en Marx— entre el pensamiento dialéctico (su filosofía de la revolución) y las luchas de los trabajadores, por ejemplo, en su llamado a la revolución en permanencia —contenido en su Mensaje a la Liga de los Comunistas, de marzo de 1850—, el cual fue hecho incluso cuando las Revoluciones de 1848-49 se encontraban en un momento de repliegue. Esto, sin embargo, no significó ilusión alguna en torno a la posibilidad de continuar la revolución en ese momento —mucho menos fue la expresión de un "idealismo abstracto”—; en cambio, hacía referencia a la necesidad de contar con una visión emancipatoria que fungiera como base teórico-filosófica para proyectar las actividades revolucionarias —incluso en tiempos de represión.

De igual manera, cuando la Comuna de París estaba siendo destruida, Marx escribió La Guerra Civil en Francia (1871) para mostrar la grandeza de la Comuna —de modo que la siguiente generación de revolucionarios pudiera comprender su sentido, así práctico como teórico. Esta obra de Marx constituye, por tanto, un genuino horizonte de liberación —que contiene, en sí, la dialéctica viva—; de hecho, es justamente gracias a Marx que hoy en día podemos seguir discerniendo el sentido revolucionario de la Comuna.

IV. B. Y, después de Marx: La dialéctica de Lenin a Dunayevskaya

La recreación de la dialéctica hegeliana por parte de Lenin —a través de la exploración de la Ciencia de la lógica de Hegel— ha sido considerada como la preparación filosófica de Lenin para la Revolución rusa. Esto no se refiere a ninguna abstracción: la inmersión de Lenin en la dialéctica hegeliana se concretizó en acciones dentro de ese gran momento histórico ruso. La respuesta de Lenin a la participación de Rusia en la carnicería de la Primera Guerra Mundial no fue ningún llamado "abstracto” a la paz; en cambio, su grito de batalla fue: ¡convirtamos la guerra imperialista en una guerra civil! Muchos habrán pensado que estaba loco; sin embargo, fue precisamente la visión emancipatoria de Lenin la que demostró ser perfectamente concreta —esto, cuando las masas rusas llevaron a cabo la Revolución de Febrero y exigieron la salida de Rusia de la Primera Guerra Mundial.

Más aún: después de la destitución del zar —cuando un sinfín de "revolucionarios” sintieron que ya se había ido demasiado lejos, y que sólo podía seguir la instauración de la así llamada democracia burguesa—, Lenin puso sus ojos en la creatividad de las masas —quienes buscaban establecer nuevamente, como en 1905, los soviets— e insistió en que todo el poder debía ser dado a los soviets —lo que ocurrió con la Revolución de Noviembre. Como podemos observar, la visión emancipatoria de Lenin estaba anclada en el pensamiento dialéctico, en su determinación por unir filosofía y revolución con el momento histórico que estaba viviendo Rusia.

Sin embargo, a pesar de la grandeza de la Revolución rusa de 1917, después de la muerte de Lenin ésta se convirtió en su opuesto: el monstruoso capitalismo de Estado encabezado por Stalin y el estalinismo. Por su parte, el marxismo de Marx (con toda su profundidad dialéctica) fue vulgarizado y empleado para justificar la continua dominación de clase —disfrazada ahora bajo el nombre de "socialismo” o "comunismo”.

La pregunta en ese momento era, entonces: ¿cómo retomar la visión revolucionaria y la praxis de Marx, las cuales permanecían "oscurecidas” hacia la mitad del siglo XX? Es aquí donde cobra relevancia la labor de Raya Dunayevskaya: luego de rechazar que la así llamada Unión Soviética de Stalin —y, más tarde, la China de Mao—fueran socialistas, ella se propuso reencontrarse con la dialéctica de Hegel y Marx de la única manera posible: recreándola para su tiempo y su espacio. El nombre que Dunayevskaya le dio a este proceso de búsqueda fue humanismo marxista, una nueva visión filosófico-revolucionaria.

Para lograr todo esto, Dunayevskaya debía asumir tres tareas principales:

1)analizar el desarrollo del capitalismo hacia la mitad del siglo XX —tal como se estaba presentando en su forma capitalista de Estado: no sólo en Rusia o en China, sino a escala mundial—;
2)ubicar el desarrollo del sujeto revolucionario de sus días: sí, la clase obrera, pero también las mujeres (en tanto fuerza y razón), los jóvenes y los negros en Estados Unidos y África; de hecho, ella observó que no sólo las masas en los "países industrializados”, sino las del así llamado Tercer Mundo (tecnológicamente "subdesarrollado”) eran fundamentales para llevar a cabo la transformación social revolucionaria, y
3)volver a la dialéctica hegeliana —no por razones académicas, sino para encontrar nuevos comienzos para nuestros días en la negatividad absoluta de Hegel—; así, Dunayevskaya encontró en los absolutos hegelianos la base para unificar teoría y práctica: la fuente inagotable para llevar a cabo la revolución en permanencia hoy en día.

V. ¿Qué hacer en México hoy?

Volvamos ahora a México, a nuestra propia crisis de realidad y de ideas… [agregado el 11 de noviembre. La insurgencia ha entrado en una nueva etapa; los estudiantes se han pronunciado claramente: no sólo gritan: vivos se los llevaron, vivos los queremos, sino ¡Fue el Estado! y ¡Fuera Peña! El avance de las protestas puede ser visto de manera más evidente en Guerrero, donde la población, en masa, no sólo ha hecho suyas las anteriores consignas, sino que ha comenzado a actuar en congruencia con ellas —tanto en las calles de la capital como en distintas comunidades del estado. Hombres y mujeres están haciéndose cargo, por su propia cuenta, de acabar con el narco-Estado: ante un estado en constante descomposición, los habitantes de Guerrero están planteándose interrogantes (a través de sus acciones y demandas) en torno a la posibilidad de una nueva forma de actuar y de vivir.

Tales demandas y acciones nacidas desde abajo no sólo apuntan, por cierto, a reemplazar a un político o grupo de políticos por otro; en cambio, se manifiestan diciendo: ¡no a la corrupción de todos los partidos: PRI, PAN, PRD! De igual forma, se han hecho llamados a un paro cívico nacional, así como a una huelga general de obreros, campesinos y estudiantes.

Una de las ideas más significativas en este contexto es la de formar una asamblea constituyente —tal como ocurrió en Bolivia, en 2000, durante la guerra del agua. Pero no una asamblea constituyente de partidos políticos, sino de delegados elegidos por asambleas populares; es decir: una asamblea constituyente integrada por los movimientos sociales.

Contra la violencia del Estado —en sus niveles municipal, estatal y federal—; contra la violencia del narcotráfico, sólo puede triunfar un poder, una fuerza: el poder colectivo-social de las masas mexicanas —jóvenes, indígenas, mujeres, campesinos, obreros—, organizados desde abajo. Éste es el único vanguardismo auténtico: el vanguardismo de las masas en movimiento para construir una sociedad nueva. Ciertamente, la organización revolucionarias es importante —pero sólo la organización que tienen sus raíces en la actividad propia de las masas, así como en la necesidad de construir una visión emancipatoria absoluta; se trata, entonces, de poner en marcha un nuevo humanismo, así en el pensamiento como en la realidad].

Todas estas categorías (a las que hemos hecho referencia a lo largo de este escrito) en torno a la construcción de un humanismo revolucionario, a la unificación de teoría y práctica, a la revolución en permanencia, son cruciales —no como una receta por seguir, sino como una orientación para poder reconstruir radicalmente esta sociedad (nuestro objetivo primordial, tan necesitado aquí y ahora).

El momento decisivo que estamos viviendo en el país no puede quedarse únicamente en la protesta y la rebelión —por más importantes que éstas sean. En cambio, necesitamos encontrar en esa resistencia, en ese tiempo del no, el origen de una posible segunda negación: lo positivo dentro de lo negativo, el tiempo del sí. Construir, tanto en el pensamiento como en la acción, una nueva sociedad, un nuevo mundo, es justamente el reto que tenemos ante nosotros: ésta es la única manera en que podemos dar a luz un México distinto —el opuesto absoluto del México de barbarie en el que estamos viviendo hoy en día.

Trad. G.W.F. Héctor