6/24/2016

Dos políticas gubernamentales para dialogar


Utopía

Eduardo Ibarra Aguirre

Finalmente comenzó el diálogo entre el gobierno representado por Miguel Ángel Osorio, y la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, por medio de la Comisión Nacional Única de Negociación, seguramente para evitar los albazos oficiales de la cooptación, y como observadora participó la Comisión Nacional de Mediación, integrada a propuesta de la dirigencia de los profesores disidentes.

Enhorabuena. El diálogo es el ejercicio más elemental de cualquier gobierno democrático, y para ello practica las políticas necesarias para evitar el conflicto social y político, y presentado éste busca sin tregua dirimirlo por vías institucionales.

Por eso fue un contrasentido que Luis Miranda –el hombre de todas las confianzas (¿o ya no?) de Enrique Peña en Gobernación–, dijera a los líderes: Es la última vez que negociamos con ustedes (10-VI-15). Y que a partir del 27 de agosto Aurelio Nuño convirtiera la fórmula de Miranda Nava –hombre de abundantes tragos y exquisiteces culinarias–, en política de la SEP.

El analista Leo Zuckermann lo explica como “el camino propio” para construir una candidatura presidencial. Para los del grupo gobernante, la Constitución y las leyes son elásticas para hacer de la reforma educativa lo que necesiten, incluida politiquería. Reforma negociada con la partidocracia que marginó del debate y acuerdos a los legisladores, mientras para los profesores no es posible cambiar ni una coma.

No otra cosa revela la inmediata respuesta de Peña Nieto para recibir a la cúpula empresarial, escuchar exigencias sobre las leyes del sistema nacional anticorrupción que les afecten, después de protestar decenas de ellos en el Ángel de la Independencia; mientras que los “subversivos” (Juan Pablo Castañón, dixit) fueron recibidos en el Salón Verde un año después y tras dos “paros nacionales”, plantones, marchas, bloqueos carreteros, acciones vandálicas que atribuyen a “infiltrados” pagados por autoridades, nueve muertos sólo en Oaxaca el día 20, un centenar de heridos (45 de bala) de las dos partes y 22 desaparecidos.

Todo en el México de los discursos sobre el Estado de derecho en actos faraónicos, en éste y los anteriores gobiernos de origen tricolor y blanquiazul. Mas lo peor es que el aprendizaje no se percibe, a pesar del encuentro del miércoles 22 y su reedición el lunes 27.

El presidente guarda silencio, como lo hizo con la masacre de Iguala y limita sus definiciones a mensajes por Twitter, mientras prepara el enésimo viaje al extranjero y ahora en costosísimo avión. Lo hace cuando acumula 60 por ciento de desaprobación y sólo 35 por ciento de aprobación (GEA-ISA), por debajo de la aprobación que tienen los legisladores, por primera vez en la historia mexicana.

Y el secretario de Educación actúa con una falta de tacto que exhibe el fin de un sueño. Da felicitaciones como “beso del diablo”, incluso al hoy más enriquecido con las cuotas del SNTE, como documentó Francisco Rodríguez en Índice Político. Estas y muchas otras corruptelas a la orden del día, no interesan porque son socios o incondicionales.

El movimiento de la CNTE multiplica filas, suscita simpatías y gana aliados, gracias en buena medida a los errores de una política de intransigencia del oficialismo acaso en vías de superación y a la cerrazón dogmática de los aliados. Y ello cuando la conflictividad social está a flor de piel y con cualquier motivo desborda a las autoridades, como sucedió en el Palacio de Gobierno de Chihuahua y el Congreso de Chetumal.

@IbarraAguirreEd

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