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11/02/2022

ENTREVISTA | Lula, Petro y AMLO recuperan la idea de unidad latinoamericana: Monedero

 sinembargo.mx

Juan Carlos Monedero aseguró que el triunfo de Lula sobre el actual Presidente de Brasil, el ultraconservador Jair Bolsonaro, representa una hazaña, pues dijo, no es sencillo conseguir una victoria electoral cuando se tienen todo al aparato del estado en contra.

Ciudad de México, 1 de noviembre (SinEmbargo).- Figuras de la izquierda como los Presidentes de Colombia, Gustavo Petro; Andrés Manuel López Obrador de México y el recién reelegido Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, han ayudado a recuperar la unidad en América Latina, afirmó Juan Carlos Monedero, cofundador del partido Podemos de España.

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AP

“En esta globalización terrible en la que estamos ahora mismo creo que la única manera en que América Latina pueda sostener los empujes tantos de China como del mundo occidental es unificándose. Tanto Lula como Petro, como López Obrador han recuperado esa idea de unidad latinoamericana. Otra vez los presidentes latinoamericano se conocen entre ellos, se llaman por teléfono, se apoyan entre ellos y yo creo que eso va a ser la próxima década la década latinoamericana” indicó el politólogo y catedrático en entrevista con Álvaro Delgado y Alejandro Páez Varela en el programa Los Periodistas que se transmite en el canal de YouTube de SinEmbargo Al Aire.

Juan Carlos Monedero aseguró que el triunfo de Lula sobre el actual Presidente de Brasil, el ultraconservador Jair Bolsonaro, representa una hazaña, pues dijo, no es sencillo conseguir una victoria electoral cuando se tienen todo al aparato del estado en contra.

“Qué hermoso que un pueblo no haya creído a los mentirosos y haya vuelto a nombrar Presidente a Lula, incluso hasta el último momento intentado que la avenida Brasil, por la cual accedían a votar las gente pobre de Sao Paulo, la cerraban los policías para que la gente no pudiera votar y pese a todo al final con resultado ajustado, pero ha ganado Lula. Qué difícil es ganar unas elecciones cuando tienes al aparato del Estado en contra”.

El expresidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, quien aún aspiraba a recuperar el cargo, sonríe antes de un debate electoral, en Río de Janeiro, Brasil, el 28 de octubre de 2022. Foto: Bruna Brado, AP

Con más de 59 millones 801 mil 287 votos, es decir, un 50.85 por ciento del total de votantes, Luiz Inácio Lula da Silva ganó nuevamente las elecciones presidenciales de Brasil. Asimismo, su contrincante, Jair Bolsonaro, se convirtió el primer Presidente brasileño en no lograr la reelección.

Veinte años después de ganar la Presidencia de Brasil por primera vez, el izquierdista venció al Presidente Jair Bolsonaro en unos comicios extremadamente reñidos que representan un giro radical para el país tras cuatro años de políticas derechistas.

El fundador de Podemos en España recordó que a pesar de la victoria en las urnas de diversas figuras de la izquierda en los últimos años, la realidad, dijo, es que cada vez los triunfos son cada vez más ajustados y muchas veces los presidentes electos no cuentan con el respaldo de las cámaras, situación que genera dificultades.

“En esta segunda oleada identificamos unas diferencias. La primera era que los que están ganando no están ganando con las misma consistencia que ganaron entonces, ninguno está ganado con una diferencia de 10 puntos o 15 puntos destinación. En segundo lugar aunque ganen la presidencia no están ganando las cámaras y por tanto van a tener dificultades porque no tienen el poder Legislativo. En tercer lugar, estamos en una crisis del calentamiento global que tiene efecto y se va a ver con claridad”.


Lula con López Obrador en marzo. Foto: Oficina de Presidencia.

Monedero señaló que la derecha ha aprendido a usar sus propios recursos y se manifiesta en las calles, controla la judicatura y maneja los medios de comunicación.

Ante esta situación, el politólogo y catedrático indicó que es necesario que los partidos políticos interactúen con la gente y no pierdan esa capacidad de escuchar y atender el clamor y el pulso social.

“O articulamos partidos políticos con la capacidad de interactuar con la ciudadanía. Ese fue uno de los grande temas que hablé con Lula en la cárcel de Curitiba, reconocía que el PT había fracasado a la hora de ser capaz de escuchar las demandas de la ciudadanía, el PT se había convertido en un partido de palacio, él me dijo textualmente ‘nos costaba menos recibir a empresarios que recibir a campesinos’. Entonces, donde falla el partido falla tus orejas para escuchar el clamor social y pulso social. Si tú tienes un partido que está en la calle tú vas a escuchar la queja de Ayotzinapa, por ejemplo, si tú tienes un partido que está implicado en la realidad social tú vas a escuchar las esperanzas y también las precauciones ante la Guardia Nacional en la calle”.

Y agregó: “Necesitas que la gente, tus militantes, la gente que está apostando por tu proyecto de país esté implicada en las luchas sociales. Y también, eso es más complicado, medios de comunicación que sean más objetivos, que se enfaden con ellos […] Para dejar de ser súbditos necesitamos medios de comunicación veraces, independientes y plurales, sino no hay solución. Que nadie piense que va a haber una varita mágica para que Lula, como ha ganado las elecciones, pueda confrontar la presión de lo que queda de inercia del Estado brasileño en algunas gubernaturas, en algunos policías que han intentado que no vote la gente, inercias en la Fiscalía brasileña, inercias en la judicatura. Que nadie piense que la va a poder frenar si no tienes pueblo en la calle”.

Lula, de 77 años, y que ya fue Presidente de Brasil de 2003 a 2010 regresará al poder después de 12 años. El ahora mandatario electo fue encarcelado en 2018 por un escándalo de corrupción le impidió participar en los comicios de ese año, lo que despejó el camino para el triunfo de Bolsonaro, defensor de valores conservadores.

Su victoria representa la primera ocasión desde que Brasil regresó a la democracia en 1985 que el presidente en funciones no logra reelegirse. Los comicios altamente polarizados en la mayor economía de Latinoamérica extendieron una ola de recientes victorias izquierdistas en la región, la cual incluye a Chile, Colombia y Argentina.

Lula ha prometido un Gobierno que vaya más allá de su Partido de los Trabajadores. Desea incluir a centristas e incluso a algunas personas de tendencia derechista que votaron por él por primera ocasión, y hacer que el país vuelva a gozar de la prosperidad que tenía en el pasado. Sin embargo, enfrenta dificultades para lograrlo en una sociedad muy polarizada en la que el crecimiento económico se está desacelerando y la inflación crece enormemente.

Alejandro Páez Varela y Álvaro Delgado Gómez

6/20/2022

Las izquierdas y un debate de cara a la realidad histórica


La lectura de artículos publicados en nuestro periódico me obligó a retomar varias ideas en torno al debate histórico de las izquierdas: reforma o revolución, que se perfiló con mayor agudeza en los años 60 y 70 y pareciera que se decantó con la subversión democrática y neoliberal de finales de los 80 en América Latina. Cualquier planteamiento serio en el campo de las ciencias políticas y sociales requiere de un rigor histórico, sea éste marxista o no. Esgrimir argumentos totalmente ahistóricos y sin considerar la realidad político-social en que sucedieron los procesos, no es más que una trampa discursiva que lleva solamente a descalificaciones.

En el marco del homenaje a Arnoldo Martínez Verdugo se escribieron varios artículos en los que se hace hincapié en la decisión, desde los 70, de Arnoldo por encauzar las luchas comunistas hacia la democracia electoral y en contra de lalucha armada: apostar por la democracia, que parecía muy lejana, no tenía muchos incentivos en grupos acostumbrados a las vanguardias y formados con la magia ilusoria de las revoluciones; Es probable que aquellas disquisiciones mayores, o si se quiere, especulativas sobre la revolución y el socialismo hayan tenido que ofrecer al tema de la construcción democrática, como solía decir Merino, un lugar central. Me parece que estas afirmaciones demeritan lo que podría sustentar un homenaje, ya que sólo reproducen los clichés más tramposos de aquel debate.

¿Qué sucedía en los 70?

1. En México, desde los 60 se configuraba un proceso devastador de guerra sucia sostenido por gobiernos legales, que duró hasta los 80. Algunos ejemplos: asesinato de toda la familia de Rubén Jaramillo y de incontables campesinos; represión brutal contra todos los movimientos sociales que escaló el 2 de octubre del 68 y el 10 de junio del 71 a nivel de genocidios; toma por el Ejército de universidades y normales; llevó como respuesta al cierre del camino democrático, a la configuración de movimientos armados: desde Arturo Gámiz, Lucio Cabañas, Genaro Vázquez, luchadores campesinos, hasta la consecuente incorporación de estudiantes en diversas guerrillas.

2. En América Latina, desde la fundación en 1948 de la OEA en Colombia y el asesinato de Eliécer Gaitán, se orquestaron una sucesión imparable de golpes de estado a todo proyecto nacionalista desarrollador impulsado desde gobiernos elegidos democráticamente, emblemáticamente representados por la Guatemala de Jacobo Arbenz (1954) y el Brasil de Joao Goulart (1964) por la magia ilusoria de una reforma agraria; Venezuela, Cuba, Paraguay, Bolivia, Haití, Dominicana, Nicaragua, Argentina, golpes de la santísima trinidad: oligarquías, ejércitos e Iglesia, coordinados por Washington. La misma que encabezó los golpes de los 60 y las guerras sucias en los 70 en Bolivia, Uruguay, Chile y Argentina, que aprovechando la expertise de Stroessner en Paraguay, conformaron la Operación Cóndor. La maquinaria de muerte contra los pueblos latinoamericanos.

3. Las guerrillas se fueron conformando desde los años 50 en respuesta a la barbarie, y junto con la lucha por los desaparecidos lograron desenmascarar a los genocidas y provocar el cambio, además de triunfos en las luchas descolonizadoras en América Latina, África y Asia.

4. Las disquisiciones especulativas sobre la revolución y el socialismo pasaban por ignorar y denostar la revolución cubana, por supuesto. Aferrados a diferentes esquemas, tanto partidos comunistas como desarrollistas cepalinos dieron la espalda a la revolución de los campesinos y estudiantes que llamaba a mirar a nuestra América de una manera más real y concreta. Los planteamientos de las dos declaraciones de La Habana y del debate del Che en Punta del Este marcaron los problemas de fondo a discutir: la dependencia estructural de la periferia con respecto al centro, una dependencia subordinada y excluyente que marcaba (marca aún) y reproducía permanentemente la desigualdad y la pobreza. La teoría de la dependencia fue desechada por los autodenominados demócratas. El debate sobre la posibilidad de reformar legalmente al capitalismo en sus estructuras dominantes fue (y sigue siendo) determinante. Basta con ver los nuevos golpes judiciales, mediáticos, camarales y bloqueos, apoyados por la OEA, Europa y Estados Unidos contra los llamados gobiernos progresistas.

5. Cuando se integró el PSUM en México, apareció como una esperanza de unidad en el controversial horizonte de las izquierdas. Pronto sucumbió ante el hábito de hegemonizar a cualquier costo. La compleja nominación de la candidatura a la presidencia; el discurso de Alejandro Gascón que levantó como una gran marejada popular al Zócalo rojo; la presencia radical de los núcleos campesinos (Ugocm-Roja), de estudiantes (FEG) y de pobladores organizados del PPM, se convirtieron en un reto a derrotar por el hegemonismo de larga tradición entre los burócratas de los aparatos, encabezados por los dinos (dinosaurios) del ex-PCM y los Mapaches. Constituyeron comités paralelos en Nayarit, Baja California, Jalisco y otros, con financiamiento clandestino (Raúl Jardón, Ítaca), manipularon las listas de afiliados y controlaron las asambleas. ¡Un verdadero derroche de principios democráticos! La Ola verde agredida tuvimos que salir del PSUM y fundar el PRS.

* Investigadora de la UPN. Autora de El Inee

2/02/2020

De izquierdas y vencidos



Dos grandes violencias agrietan el suelo nacional. La dinámica de despojo y devastación ambiental para la imposición de megaproyectos, parte esencial de una política económica de entrega de bienes y recursos al capital trasnacional. Y por otra, el estado de excepción permanente, con su muerte y terror necesarios para quebrar las resistencias y sostener el modelo económico, que se expresa con cifras milenarias de asesinatos, feminicidios, desplazamientos forzados, desapariciones y violencia contra migrantes.
Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas para el capitalismo actual. Profundas relaciones comunitarias que perviven en los pueblos han sido la base motriz de movimientos que lo impugnan. Como expresión más visible, están los movimientos comunitarios en defensa del territorio. También están los movimientos de familiares de desaparecidos y asesinados, quienes, a pesar de estar hundidos en los vórtices del horror, producto de resquebrajamiento de la vida comunitaria, salen en defensa de la vida.
Llamados imprecisamente movimientos de víctimas, han surgido desde los primeros momentos de la guerra contra el narcotráfico. La irrupción del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD) en el escenario nacional –como respuesta al asesinato de Juan Francisco Sicilia Ortega, hijo del poeta Javier Sicilia (JS), en marzo de 2011– constituyó un parteaguas que atrajo a los colectivos existentes, pero sobre todo detonó la puesta en movimiento de un nuevo actor social nacional. Desde entonces, esos grupos han recorrido diversos caminos y acumulado un sinfín de experiencias para litigar sus casos, demandar justicia y buscar a sus seres queridos en fosas clandestinas. Recurren a aliados que, en la mayoría de los casos, son los movimientos populares siempre solidarios, los urbanos, de maestros, de jóvenes, artistas y grupos de base de las iglesias, entre otros.
Convocados nuevamente por JS, decenas de esos colectivos, provenientes de todo el país, caminaron del 23 al 26 de enero para demandar al gobierno federal la creación de una estrategia de justicia transicional que frene la violencia en el país y repare tantas heridas aún abiertas. Ahí estaban las primeras familias desconsoladas que en 2011 buscaban a sus familiares con el mismo dolor, la misma dignidad y mayor conciencia política, junto a familiares de desaparecidos de hace tan sólo unas semanas o meses. Y es que la violencia aún no cesa. Según datos oficiales, tan sólo en 2019 ocurrieron 35 mil 588 homicidios (mil 6, tipificados como feminicidios) y 5 mil desaparecidos. Entre ellos, varios periodistas y defensores del territorio.
Verdad, justicia y paz, profundas palabras que han sido enarboladas por los oprimidos de todos los tiempos, sintetizaron una de las más contundentes movilizaciones que han ocurrido frente al gobierno de Andrés Manuel López Obrador. No habían mensajes de odio, ni demandas golpistas ni llamados a la injerencia extranjera. Reconociendo al jefe de Estado como la máxima figura política del país, se le pidió un cambio para acabar con tanto horror, del mismo modo en que lo hicieron con los dos presidentes previos.
Las crónicas de esos días se centraron en registrar las agresiones de un grupo que decía defender a AMLO contra los niños, mujeres y hombres que portaban las fotografías de sus seres queridos, con los pies cansados de tanto andar. A pesar de los deslindes que haga el gobierno de esas agresiones, no puede evadir la indolencia del Presidente al negarse recibir a las víctimas, arguyendo proteger la investidura presidencial –esa misma que otrora personificaron Peña Nieto, Calderón, Fox, et. al.
Hace once años, el MPJD se movilizó para denunciar el horror, demandar el fin de la guerra y tratar de consolar el dolor de las víctimas. Hoy las mismas víctimas demostraron que en su sufrimiento anida una de las más potentes fuerzas morales para la reconstrucción de nuestro país. Ya no son sólo víctimas, encarnan el dolor y las aspiraciones de las y los vencidos de siempre. De aquellos que como denunciara Walter Benjamin, tampoco estarán a salvo si el enemigo vence… y ese enemigo no ha cesado de vencer.
La izquierda, dice Enzo Traverso, puede ubicarse en términos topológicos (según el espacio político institucional, definido por la ciencia política) u ontológicos (por aquellos actores que luchan por cambiar el mundo guiados por el principio de igualdad en el centro de su programa, con una cultura heterogénea y abierta y con una multitud de corrientes políticas en su seno). Aquellos familiares de víctimas que no fueron recibidos por el Presidente demostraron ser parte de la izquierda ontológica de nuestro país. Será necesario tejer lazos de unidad con la otra parte de esa izquierda, los procesos comunitarios en defensa del territorio. En esa alianza está la clave del cambio social, necesario y urgente, que aún no llega.
*Filósofo 

1/30/2020

Cuauhtémoc, el impulsor, luego crítico y desconocedor de AMLO/ Morena, pide reforma fiscal


Pedro Echeverría V.

1. Cuauhtémoc Cárdenas casi no ríe; lo veo muy enojado, al parecer porque no logró alcanzar la Presidencia del país aunque fue tres veces candidato del PRD (1988,94 y 2000), como sí lo hizo su padre Lázaro en 1934. Pero quizá no esté enfadado sino que así sea permanentemente su expresión. Sin embargo, alguna declaración hace unos días me pareció interesante, sería más o menos así: “es necesario realizar una reforma fiscal para que el gobierno tenga dinero para solucionar problemas del país”. Obviamente Cárdenas planea un reforma progresiva, es decir que paguen más los que más ganan o de mayores ingresos. Es tan simple y lógica la propuesta que todos los empresarios le tienen miedo y todos los gobiernos tienen terror aplicarla.

2. Conociendo bien el pensamiento reformista de Cuauhtémoc sabemos de antemano que él no chocaría con los empresarios millonarios ni estaría provocándolos para que dejen de invertir. ¿Acaso se ha radicalizado el hijo de Lázaro? López Obrador, por el contrario, ha repetido mil veces que no subirán y habrán nuevos impuestos porque ello impediría que lleguen y crezcan las inversiones. Además, lo peor, que muchos capitalistas comiencen a huir del país pensando en que sus ganancias se reducirán. Sin embargo, la realidad es que el país está hoy estancado económicamente, resulta muy difícil impulsarlo, porque el dinero del presupuesto no alcanza para pagar la gigantesca deuda y al mismo tiempo realizar una gran obra de transformación.

3. La realidad es que en mis 60 años de batallar nunca pensé o pedí -como Cárdenas- un cambio en la reforma fiscal o la aplicación de impuestos. Tuve siempre la convicción que PRI y PAN se robarían, se embolsarían, cualquier movimiento de dinero que se registrara en el presupuesto. Sin embargo hoy, que el presidente López Obrador repite varias veces que se acabó la corrupción y da algunas muestras de que así es, me parece que el impuesto a las grandes ganancias y a las propiedades debe ser de por lo menos 50 por ciento a las ganancias de los negocios y personas que obtengan arriba de 100 mil pesos, 20 por ciento a los de en medio y cero por ciento a los que obtengan menos de20 mil. Los multimillonarios decidirían quedarse porque pagarían más en otro país.

4. Iba a decir, como hace 50 años, que los obreros, los trabajadores, se queden como propietarios dirigiendo y administrando las fábricas que fueran abandonadas por los empresarios; sin embargo, entiendo que ante la globalización imperial los poderosos millonarios se unirían para intervenir en cualquier país y en el control empresarial de la economía bloqueando los mercados. No entendí que quiere Cárdenas con eso de la “reforma fiscal”; pero lo que entendí muy bien es su oposición a López Obrador y a Morena. AMLO se ha expresado cientos de veces con todo respeto hacia Cárdenas, como si fuera uno de sus padres políticos; éste al contrario, lo considera como un hijo descarriado que realiza muchas cosas que debe consultarle.

5. En México se sabe muy bien –con nombres y apellidos- de miles de empresarios, cientos de ellos, los más grandes magnates que no pagan sus impuestos, que cuando los pagan se los devuelven o disfrazan el pago (como Televisa y TV Azteca) haciendo actividades televisivas de recolección de dinero, para construir obras. Se han hecho tan poderosos los millonarios que han sido reconocidos internacionalmente como grandes personajes con inversiones en varios países. De plano, hay que decirlo: los gobiernos les han tenido miedo y por ello no les suben los impuestos a pesar de que esos empresarios mismos declaran sobre sus enormes ganancias millonarias cada año. Mientras tanto los sexenios pasan y el 80 por ciento de la población sigue en la pobreza. (30/1/20)



8/23/2019

Conservadurismo e izquierda anticapitalista



Ante el reiterado uso de los términos conservador o conservadurismo para identificar a la izquierda anticapitalista, tildada de radical por articulistas que defienden denodadamente al gobierno actual, es necesario precisar sus múltiples significados, que remiten hoy, en el ámbito de la política, a las posiciones y organizaciones de derecha o extrema derecha, partidarias del status quo y enemigas de toda transformación revolucionaria, sobre todo, de signo marxista o socialista.
Históricamente, la oposición a la revolución francesa y la Ilustración, que pugnaba por la restauración del antiguo régimen, da origen al uso de conservador y conservadurismo para identificar a este sector socio-político, con peculiaridades en distintos contextos geográfico-temporales. En América Latina, a partir de los movimientos de independencia, el conservadurismo o los partidos conservadores, usualmente se caracterizaron por la añoranza del régimen colonial, el mantenimiento de rígidos sistemas jerárquicos de clase y casta y la defensa a ultranza de propiedades, fueros y canonjías de la Iglesia y el Ejército.
Así, resulta un contrasentido, tanto histórico como conceptual, pretender calificar a la izquierda anticapitalista como conservadora, cuando en realidad constituye su antípoda. Estamos ante el clásico maniqueísmo de construir un adversario a modo que, en referencia al gobierno de la Cuarta Transformación (4T), sin pruebas ni argumentos, equipara la oposición anticapitalista con la de la vieja partidocracia priísta y panista, sosteniendo que la izquierda esconde (sic) tras su radicalismo, objetivos semejantes al conservadurismo.
El problema radica, conjuntamente con estas licencias conceptuales y maniqueísmos, en la ausencia de un análisis profundo sobre la naturaleza de los cambios que están ocurriendo en los primeros meses del actual gobierno que, de acuerdo con los abogados de oficio de la 4T, representan una ruptura con las políticas neoliberales. Cómo lo han reiterado el EZLN y el Congreso Nacional Indígena – Concejo Indígena de Gobierno, los megaproyectos en marcha, el llamado Tren Maya, el canal seco del Istmo de Tehuantepec (con sus líneas de ferrocarril para contenedores, corredores industriales, desarrollos inmobiliarios, turísticos y los seguros daños etnocidas y ecocidas), el Proyecto Integral Morelos (con la apertura de obsoletas hidroeléctricas y gasoductos, y marcado con la muerte de Samir Flores Soberanes y la criminalización de opositores), el nuevo aeropuerto metropolitano en manos castrenses, la permanencia de concesiones mineras que cubren por lo menos un tercio del territorio nacional, etcétera, no sólo si representan una línea de continuidad con las políticas neoliberales de los pasados sexenios, sino, incluso, van más allá de lo que estos gobiernos impusieron como gerentes al servicio de las corporaciones capitalistas. Recordemos que el canal seco de Tehuantepec, con sus planes de desarrollo de las naciones centroamericanas fue el célebre Plan Puebla Panamá, rebautizado Mesoamérica, que el Proyecto Integral Morelos también fue sacado del baúl de anteriores administraciones.
El neoliberalismo se caracteriza, precisamente, por buscar que el Estado actúe como un eficiente mecanismo de intermediación que facilite el proceso de recolonización de los territorios y, en esta dirección, la lucha contra la corrupción y el adelgazamiento de las estructuras gubernamentales, si bien siempre positivas en el terreno de un imaginario nacional de indignación ante la impunidad de la clase gobernante en el saqueo del erario, constituyen, paradójicamente, un factor en favor de México entre los estados nacionales en competencia para una puesta en práctica expedita y efectiva de los proyectos neoliberales, como los emprendidos por la 4T.
La izquierda anticapitalista (sí, radical, pero no como adjetivo descalificador, sino por sus análisis que van a la raíz de los problemas causados por los sistemas de explotación y dominación de la actual fase de acumulación militarizada necrófila) no añora nada de los gobiernos anteriores, a los cuales combatió y resistió por décadas, con el costo en vidas humanas y sufrimientos que hacen de México una de las peores catástrofes humanitarias del planeta. Esta izquierda no busca el rostro humano del capitalismo ni aspira a ser beneficiaria de programas clientelares y corporativos que individualizan y fragmentan las comunidades. Se pronuncia, por el contrario, por el fortalecimiento de sus procesos autonómicos de defensa de la Madre Naturaleza y sus recursos vitales, por el pensamiento crítico (no conformista), con la conciencia de que nuevamente se enfrenta a un mal gobierno que insiste en declarar la guerra a los pueblos originarios, mientras convalida supuestos reconocimientos constitucionales de libre determinación.

7/26/2019

¿Ser de izquierda?



Recientemente se efectuó el segundo Seminario Nacional de Formación Política del Partido de los Comunistas, singular organización que apoya con congruencia política y especial compromiso ético al Congreso Nacional Indígena–Concejo Indígena de Gobierno y al Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Entre otros temas, en la reunión se planteó la interrogante de lo que significa actualmente el término de izquierda, particularmente en el contexto de la acumulación militarizada y el terrorismo global de Estado, hegemonizado por Estados Unidos, y una realidad nacional marcada por la continuidad de la violencia estructural y el desencanto creciente por transformaciones aparentes.
Valorando la vigencia de Marx, se propuso mantener la radicalidad con la que estudió, criticó y combatió al capitalismo, en las condiciones específicas de tiempo y lugar, identificando la raíz de los problemas que derivan de la explotación de clase y los sistemas de dominación, en sus particularidades de género y condición étnico- racial-nacional, esto es, colorear la matriz clasista en su complejidad y diversidad. En particular, se planteó incorporar la etnicidad en el análisis de las contradicciones interclasistas en países como el nuestro, en el contexto del colonialismo interno formulado hace décadas por Pablo González Casanova y Rodolfo Stavenhagen.

En la construcción de nuevas alternativas, se revalidó evitar que los pueblos originarios sean subsumidos en categorías que todavía hoy día los observan en el pasado de la gens, el comunismo primitivo, el buen salvaje de la modernidad o la revolución, convocados como objetos pasivos del Estado o aliados subalternos y testigos etnográficos del verdadero acontecer de la historia, asumiendo la condena del eurocentrismo que subyace en el concepto de pueblos sin historia, aquellos que no se ajustan a la lucha de clases moderna y civilizada. Desde esta perspectiva crítica, se identifica el llamado obrerismo, posición economicista que tanto daño ha hecho a los procesos revolucionarios en el mundo y que ha sido una concepción difícil de abandonar por partidos y organizaciones políticas que se reclaman no sólo de izquierda, sino incluso comunistas. Ya en 1986, Leopoldo Mármora criticó este fenómeno que en el ámbito de la política se expresó en atribuir al proletariado misiones históricas que sobrepasan sus posibilidades reales. 

“Ni las ‘masas obreras’ ni el ‘partido del proletariado’ están en condiciones de ser –como tales– portadores de los intereses globales de la sociedad. El proletariado tiene y conservará siempre intereses de clase particulares y propios”. En consecuencia, Mármora sostenía que una lucha contra-hegemónica es una tarea nacional popular que desborda a la clase obrera y no puede ser depositada en un destino histórico exclusivo de una clase (El concepto socialista de nación. México: Cuadernos de Pasado y Presente, número 72). Esta lucha, necesariamente, tendrá que ser el resultado de un movimiento democrático y socialmente heterogéneo de masas, en el que los pueblos originarios tienen un papel estratégico. Adolfo Sánchez Vázquez señalaba hace casi 20 años, que no podía sostenerse que la clase obrera fuera “el sujeto central y exclusivo de la historia, cuando la realidad muestra y exige un sujeto plural, cuya composición no puede –ni debe– ser inalterable o establecerse a priori”. ( Discurso en la Universidad de La Habana, Causa, 2004).

En el seminario se caracterizó a la izquierda como una organización o partido que objetiva y subjetivamente coadyuva o construye poder popular, sin transformarse en estamento burocrático o vanguardia autodesignada. Ser de izquierda es crear comunidad a partir del sujeto autodesarrollado que propone la marxista ucrania Raya Dunayesvkaya, quien consideraba que la teoría sólo puede desarrollarse plenamente cuando se asienta en lo que las propias masas hacen o piensan, y destacaba que para Marx lo fundamental consistía en que el ser humano no era meramente objeto, sino sujeto; que no sólo estaba determinado por la historia, sino que también la creaba. Esta revolucionaria coincide con Lenin en concebir a las masas, al proletariado, al campesinado, e incluso a la nacionalidad o pueblo oprimido, como sujetos autodesarrollados. Recuérdese que Lenin sustentó la necesidad de un nuevo impulso teórico porque habían nacido nuevos sujetos a partir del derecho a la autodeterminación de pueblos y naciones.

Se reconoció la urgencia de mantener viva la idea de una trasformación sistémica de la sociedad, en contraposición a proyectos desarrollistas, luchas contra la corrupción, políticas clientelares y corporativas de redistribución del gasto público en sectores vulnerables, que se constituyen en la base electoral del partido en el gobierno, y cambios periféricos en los aparatos de Estado, que no tocan ni con el pétalo de una recomendación de derechos humanos, su continuismo capitalista y su esencia represiva.

7/19/2019

Gobiernos de izquierda no deben administrar pobreza: García Linera

Álvaro García linera, Vicepresidente de Bolivia

En México surgió un movimiento que ha hecho renacer las esperanzas de AL

En un diálogo con la jefa de Gobierno local, advierte que cuando se pierde la ética se liquida la autoridad y a toda una generación


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▲ El vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera; Rosa Icela Rodríguez, secretaria de Gobierno, y Claudia Sheinbaum, jefa de Gobierno de la Ciudad de México, durante los Diálogos de Verano.

Se conocieron en la Facultad de Ciencias de la UNAM hace 35 años, donde ella estudiaba física y él matemáticas. Ambos participaban en organizaciones de izquierda. Álvaro García Linera, vicepresidente de Bolivia, recuerda que en alguna ocasión estuvo en una asamblea estudiantil que conducía Claudia Sheinbaum: Esa asamblea era de talibanes y ella los mantenía a todos quietecitos.
El invitado de la jefa de Gobierno de la Ciudad de México hizo espacio en su apretada agenda para visitar nuestro país, pues dentro de tres meses se presenta nuevamente a elecciones, en fórmula con Evo Morales, ambos en busca de un cuarto mandato.
El encuentro entre Sheinbaum y García Linera, sesión inaugural de los Diálogos de Verano que organiza la Secretaría de Cultura capitalina, se llevó a cabo en un Teatro de la Ciudad lleno apenas a la mitad, quizá por la pobre difusión del evento.
García Linera, para muchos un extraño animal político que combina el trabajo intelectual con la praxis política, soltó, de entrada, su hoja de vida: cuatro años estudiando en México, cinco en la cárcel, 40 años en la oposición y 13 en el gobierno.
Y enseguida pasó a las reflexiones sobre el tema del día: las tareas de los gobiernos progresistas.
Figura destacada de la ola de gobiernos progresistas en el subcontinente, García Linera dijo que los triunfos electorales de los movimientos de izquierda progresistas o populistas (no me importa el nombre), se han hecho realidad por el espaldarazo (electoral) del pueblo: Pero la esperanza no es un cheque en blanco, no es para siempre. Requiere un conjunto de respuestas concretas, cotidianas, estabilidad y crecimiento económico. La izquierda no puede ser el administrador de la pobreza, no puede ser el implementador de las reformas de ajuste (caso Grecia), para que luego la oposición de derecha venga a cumplir las tareas menos complicadas. Los gobiernos progresistas y revolucionarios tienen que ser también gobiernos de mejora social, lento pero sistemático avance de mejores condiciones de vida.
Con la mirada puesta en los triunfos electorales de la derecha en América Latina, García Linera expuso las dificultades y retos de los gobiernos progresistas, en un análisis que se puede extender a lo que ocurre aquí, donde, dijo el vicepresidente boliviano, ha llegado al poder un movimiento que ha hecho renacer las esperanzas de América Latina.
Vino entonces el golpe de realidad. Los sueños no son para siempre, no son suficiente argumento social para mantener el apoyo. Si no existe una mejoría en las condiciones, que la gente pueda sentir en sus bolsillos, en la educación de sus hijos, en los servicios, existe el riesgo del retorno de la derecha, e incluso de la llegada al poder de la extrema derecha. (Sería) un regreso de sedimentos del sentido común arcaico, de derecha, racializado, clasista, discriminador, que renace de esta expectativa frustrada de la sociedad en el alma de los subalternos
En el poder, siguió el político boliviano, la izquierda tiene que ser capaz de ir generando pequeñas mejoras que le den a la gente una perspectiva de bienestar a largo plazo.
Con un tono suave, de profesor generoso, García Linera siguió delineando las grandes líneas y retos de la izquierda en el poder.
Un reto crucial es, dijo, “avanzar en la democratización social… Izquierda significa democratizar, significa tomar en cuenta los ‘nadies’ de la sociedad no solamente para el voto, sino para ser consultados, oídos, y para que vayan tomando decisiones”.
El otro, que camina en paralelo, es mantener la ética, la moral: Podemos perder elecciones, revoluciones, confrontaciones con organismos internacionales, y nos podemos rehacer, pero cuando perdemos la moral, eso liquida la autoridad y a toda una generación.
En su turno, Claudia Sheinbaum expresó que comparte la idea de la democratización y dijo que en México el proyecto de la Cuarta Transformación se propone recuperar el papel del Estado, no en el sentido de regreso al estatismo, sino en lo que toca a la redistribución de la riqueza y la orientación de la economía.
En un breve diálogo que siguió a las exposiciones iniciales, García Linera soltó una pregunta que está en la mesa de debates de la izquierda latinoamericana. Habló de la paradoja que se enfrenta desde el gobierno: generar recursos para resolver necesidades sociales y al mismo tiempo proteger a la madre tierra.
¿Cómo estás combinando el desarrollo, con extractivismo, con la protección de la madre tierra? ¿Cómo estás conviviendo con esa contradicción? ¿Cómo están pensando esta paradoja entre desarrollo y defensa del medio ambiente?
El tema imposible. Claudia Sheinbaum dijo algo sobre el desarrollo sustentable pero el tema quedó pendiente.
En el programa de mano de la Secretaría de Cultura, García Linera, en cuyo pensamiento los especialistas encuentran ecos de Pierre Bourdieu, fue presentado como un marxista clásico. No le voy a decir, porque quizá haga un chiste, bromeó José Crespo, embajador de Bolivia en México.

Foto Luis Castillo
Periódico La Jornada

Sheinbaum: garantizar un reparto justo de la riqueza, objetivo de la 4T

Diálogos de verano


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▲ El vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, y la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, conversan durante el foro organizado por la Secretaría de Cultura.
El vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, manifestó que los gobiernos progresistas no pueden dedicarse a administrar la pobreza, sino que deben generar un modelo económico que produzca una mejora social, lenta pero sistemática, pues de lo contrario se corre el riesgo de generar procesos de regresión ultraconservadora.
A su vez, la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum Pardo, enfatizó que tras 30 años de un modelo neoliberal en el país, que se caracterizó por generar mayor desigualdad, la Cuarta Transformación tiene como principal objetivo garantizar el acceso a derechos humanos como educación, salud, vivienda, agua y cultura, así como una redistribución más justa de la riqueza.
Ambos gobernantes sostuvieron un diálogo abierto en el Teatro de la Ciudad, donde el visitante del país sudamericano destacó que si hay algo que no pueden perder los gobiernos progresistas es la ética.
Podemos perder elecciones, revoluciones, pero nos podemos rehacer... y si pierdes la moral no tienes con qué levantarte nunca más y la gente te habrá de sancionar hasta la siguiente generación, expresó García Linera.
Sheinbaum resaltó que la ética es fundamental al señalar que muchos proyectos de gobierno en América Latina han fracasado por la corrupción, porque en el proceso convirtieron el servicio público en un negocio privado, y eso es inaceptable.
El encuentro, moderado por la secretaria de Gobierno local, Rosa Icela Rodríguez Velázquez, fue parte del foro Diálogos de Verano organizado por la Secretaría de Cultura. Sirvió también para el rencuentro del vicepresidente boliviano y la jefa de Gobierno local, quienes se conocieron hace 35 años en la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México, ella como estudiante de física y él de matemáticas.
En su oportunidad, Sheinbaum señaló que con el modelo neoliberal “durante años se quiso hacer un Estado pequeñito, y sin plantear qué es la solución –‘porque sí creo que la iniciativa privada y la competencia son indispensables en el desarrollo económico’– no se puede renunciar al papel del Estado como proveedor de los grandes derechos; tampoco se puede renunciar a la orientación del Estado en términos del desarrollo económico”.
Por ello, dijo, recuperar esa obligación del Estado es fundamental, así como procurar una sociedad menos desigual. Todos queremos vivir mejor, no en términos económicos necesariamente, sino que queremos vivir felices en una ciudad que tenga acceso al espacio público, que sea una ciudad segura. A eso nos referimos cuando hablamos de una ciudad de derechos, expresó.

Foto Luis Castillo
Periódico La Jornada

7/11/2019

La supuesta “izquierda” en el Gobierno y la continua militarización de México




“El Che, dice N. Kohan y con razón, hace hincapié en tres requisitos fundamentales para el triunfo de la revolución que, añadimos nosotros, niegan frontalmente las tesis reformistas y revisionistas: Primero, la lucha contra el Estado capitalista y la lucha por la toma del poder por el proletariado; segundo, la recuperación del sujeto revolucionario, activo, consciente, ofensivo, que no se limita a esperar la llegada de las “condiciones objetivas”, sino que además las impulse con su consciencia subjetiva de masas, creativa y por ello también objetiva; y tercero, que tanto el poder proletario como el sujeto colectivo luchen por un humanismo socialista, comunista, irreconciliable con la demagogia burguesa, que empiece a practicar una forma de vida cualitativamente superior a la alienada y fetichizada del capital”.
Iñaki Gil De San Vicente

Andrés Manuel López Obrador y su movimiento aglutinado en lo que se ha autodenominado Morena, recibe calificativos como “izquierda” o “reformista” por parte de algunos académicos, estudiantes, obreros, etc. Aunque también la izquierda por sí misma es también cuestionable, pues es un “proyecto” que la realidad debe planteársela. El contexto la cuestiona, nada de lo que tenga que ver con lo que está pasando en los últimos días se relaciona con dicha afirmación, resulta totalmente falso. Algunos supuestos “militantes” y “simpatizantes” que conocí personalmente, y que ocupan cargos públicos ahora que está en la presidencia, con una pose presumidona y elitista, se autonombraban de izquierda y se consideraban revolucionarios (o consideran porque según ellos van a cambiar el mundo desde la presidencia). Este engaño es propio de los grupos de oportunistas pequeño burgueses instalados en espacios privilegiados (entre otros, instancias académicas y burocráticas), con un profundo desconocimiento [1] por lo que se vive en los lugares de explotación y empobrecimiento como las fábricas, el campo o tiendas de consumo de las elites donde la mayoría de los trabajadores sufre la explotación, discriminación a diario y consumo voraz para embrutecerlos, o en las calles de las zonas de sectores populares olvidados en las que domina la precariedad que se manifiesta en todos los sentidos, y que están a la deriva de ser cooptados por el narco y grupos armados; estos últimos directa o indirectamente coordinados por el Estado mexicano y los poderes empresariales mundiales.
Este grupo que predica un falso “reformismo” y falsa “izquierda”, tiene su origen en los grupos de poder político que se divorciaron del PRI anterior al ascenso de los tecnócratas al poder y a la dirección del partido entre la década de 1970 y 1980, décadas de crisis económica, social y política que azotó no sólo en México, sino gran parte de América Latina. Otros fueron militantes de partidos de izquierda, que en periodos distintos apoyaron al Estado mexicano, algunos formaron filas en las guerrillas. No obstante, estos grupos tienen sus raíces en la revolución burguesa de 1910-1917, los cuales tuvieron el gobierno por décadas quienes construyeron un Estado corporativo y un rígido control sobre la mayor parte de los sectores sociales. La represión, cooptación, asesinatos, etc., para mantener la paz perfecta, no estuvieron ausentes. Estos grupos pequeños burgueses, que ahora podemos llamarle reciclados, casi siempre han defendido que los cambios sociales se pueden dar desde el Estado. La visión y concepción de dicho grupo es que el Estado es un órgano de conciliación de clases, es decir, que el fundamento del Estado es precisamente la conciliación de clases. En realidad es una concepción bastante vieja que los grupos de poder político en México experimentaron desde el gobierno de Lázaro Cárdenas, aunque esta experiencia se dio también en otras partes de América Latina. Dicha concepción se le ha denominado bajo el término populismo. Entre otras cosas el Estado pasaba también a ser regulador de la economía, etc. ¿Pero esta idea del Estado es creíble para la mayoría de los sectores sociales que experimentan una creciente violencia [2] estatal y empresarial privada?
Lenin, siguiendo a Engels, afirmaba, en un texto de gran actualidad en nuestros días, [3] que el Estado es el producto y la manifestación del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase. El Estado surge, decía, en el sitio, momento y grado en que las contradicciones de clase no pueden conciliarse. Afirmaba, en otro sentido, que la existencia del Estado demuestra que las contradicciones de clases son irreconciliables. Y en algunas líneas de la obra de Marx hablaba de que el Estado es un órgano de dominación de clase, de opresión de una clase hacia otra. El Estado es, decía, la representación que crea un orden que legaliza la opresión y amortigua el choque entre las clases. En ese sentido, el Estado no es un ente abstracto, se caracteriza por una agrupación de súbditos que se agrupan bajo este ente; sin embargo, no sería comprensible sin la instauración de un Poder público que se materializa no solo en instituciones de todo tipo, cárceles, etc. sino también de grupos armados castrenses que tienen a su disposición todo tipo de elementos materiales para mantener un orden. Las clases irreconciliables y las contradicciones en su totalidad que surgen de ellas, vuelven necesario al Estado mantener un ejército y policía permanentes para mantener dicho orden, que son en todo caso instrumentos fundamentales de la fuerza del poder del Estado. Dicha concepción experimenta el México de la demagógicamente llamada cuarta transformación.
La función del Estado a partir del uso de los ejércitos o grupos coercitivos para mantener a raya a la población es la práctica común de los grupos conservadores y retrógrados y del supuesto gobierno de “izquierda”. El grupo de pequeños burgueses, mediocres y oportunistas, alrededor de un presidente sumamente contradictorio en la práctica y en el discurso, un demagogo muy superior a sus antecesores, que demuestra su tradición y antigua militancia en el PRI, se instala en el gobierno despreciando históricamente a los sectores sociales que viene luchando por un cambio real y profundo. No es casual que antes de asumir el gobierno, López Obrador se apoyaba en los militares, es decir, luego de saber que había ganado presidencia. Y una vez instalado en el gobierno, promovió un ejército más avanzado para los propósitos que persiguen los grupos dominantes, e impulsa la creación de la Guardia Nacional. Institución castrense tiene varios propósitos. En primer lugar, su despliegue en el sur tiene como objetivo contener la migración de nuestros hermanos centroamericanos, cubanos, africanos y haitianos que huyen de la violencia (en su generalidad) en sus países de origen. El gobierno también ha tomado esta decisión para mantener contento a su amo imperial. La subordinación se mantiene al día. Cabe decir, que esta supuesta “izquierda”, nunca ha reclamado los territorios arrebatos por los imperialistas estadunidenses en el siglo XIX. Otro objetivo, y quizá el más importante, es que el sur, sobre todo estados como Chiapas, Oaxaca y Guerrero tienen una historia de movilización social que se ha organizado contra el olvido, explotación y miseria que promueve el Estado mexicano. Recordemos, por ejemplo, el estado de Guerrero que a partir de la década de 1960 surgieron organizaciones guerrilleras rurales que pusieron en jaque al Estado y desde entonces promueve un hostigamiento constante que no ha parado con el gobierno de “izquierda”. No se diga de Chiapas, que grupos de paramilitares siguen violentando las bases zapatistas, con la indiferencia o quizá con la complicidad de un gobernador demagogo salido de las filas de Morena. Pero el sur está también a la vista de las ambiciones de los grupos de poder económico nacional y mundial con el jugoso negocio que generaría la construcción del tren maya.
Hace algunos días el gobierno ordenó el despliegue de la Guardia Nacional hacia el norte del país y poco después en la Ciudad de México, capital del país, con la justificación de combatir la supuesta “delincuencia”. La idea de “delincuencia” que promueven las elites políticas muestra como gobierna la parte más ignorante y agresiva de la población, porque los realmente delincuentes son protegidos por el gobierno izquierdista como los casos de Carlos Slim, Ricardo Salinas Pliego, entre otros. Esta política es propio de la militarización que tanto abogaron los tecnócratas y neoliberales en el pasado y que ahora bajo otro nombre lo practica la nueva administración. Lo que vemos es más del pan de cada día.
En el momento en que se redacta este artículo, el gobierno López Obrador enfrenta el descontento de la Policía Federal, pues en su idea de construir una institución castrense, lejos de la ineptitud y corrupción como las practicó la policía federal, encontró resistencia. Los cambios, aunque superficiales, también se dan descontentos. Lo que demuestra que no todos los grupos de poder que conforma las instituciones castrenses y a su vez al Estado, son iguales.
Algunos ingenuos hablan de que la Guardia Nacional va a servir para la recuperación de la (sagrada) “soberanía territorial”, debido a que consideran que otras instituciones castrenses, como la policía estatal y federal, se encuentran en descomposición para cumplir sus funciones. Pero esta idea muestra una profunda superficialidad, pues como hemos comentado, la Guardia Civil no tiene ese objetivo, aunque esa es su apariencia para justificarla. Además, consideran que la Guardia Nacional tiene el objetico de hacer cumplir también la (sagrada) ley, pero de qué ley hablamos, diría que es la ley y el orden que tanto abogan los grupos de poder burgueses dominantes, en su momento de crisis y en su desesperación por no poder continuar acumulado a gusto.
Notas:
[1] Me refiero a la práctica, ya que nunca vivieron precariedades, ni explotación del patrón.
[2] La violencia en todas sus dimensiones: desde la explotación material hasta la psíquico-ideológica.

5/05/2019

PRD: de promesa política a escombros en sólo treinta años



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 En un Zócalo lleno de esperanza, Cuauhtémoc Cárdenas
anunció el nacimiento del PRD, el 5 de mayo de 1989.
Tres décadas después de nacer como la gran esperanza de la izquierda mexicana de finales del siglo XX, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) se debate hoy en una disyuntiva atroz: escribe su epitafio o se queda en mera presencia testimonial en la escena política del país.
Hoy carece de registro en la tercera parte de los estados. En su apuesta suicida por el candidato presidencial Ricardo Anaya (2018) consiguió sólo un millón 600 mil votos.
Además, multimillonarias multas y deudas penden como otro clavo en su ataúd.
El PRD es hoy oposición de quien alguna vez fue su dirigente y dos veces candidato presidencial: Andrés Manuel López Obrador.
Modificados a lo largo de los años sus principios, estatutos y hasta programa de gobierno en aras del pragmatismo electoral, los actuales líderes del PRD llevarán hoy a la ceremonia del 30 aniversario, la oferta de su frágil registro a las agrupaciones y membretes que no alcancen a cubrir los requisitos del Instituto Nacional Electoral (INE) para convertirse en partidos políticos. Será una oferta por la cual el PRD estaría incluso dispuesto a cambiar de nombre.
Lejos de la consolidación soñada por sus iniciadores para cuando ­alcanzara su mayoría de edad como opción política, múltiples razones explican la catástrofe perredista: la salida de sus filas de la mayoría de sus líderes fundadores, el éxodo de mi­litantes tras la defección de López Obrador en 2013, las eternas pugnas entre sus dirigentes, corrientes y los señalamientos de corrupción hacia algunos de sus prominentes militantes cuando ocuparon cargos públicos...
Hay también análisis que ubican la aceleración de su declive en 2012: el respaldo al proyecto reformador de Enrique Peña Nieto a través del Pacto por México.
Ante esto, hoy el PRD tiene muy poco qué presumir en cuanto a puestos de elección popular: un solo gobernador (Silvano Aureoles, en Michoacán, quien apoyó al aspirante presidencial del PRI en 2018), 11 diputados federales y cinco senadores.
En la escena local las cosas no son mejores: carece de registro en Nuevo León, Tamaulipas, Colima, Yucatán, Aguascalientes, Coahuila, Durango, Chihuahua, Sinaloa y Quintana Roo. Esta última entidad representa una paradoja cruel, porque el PRD apoyó al actual gobernador, Carlos Joaquín González. En los congresos estatales sólo alcanza 62 diputados locales en todo el país: en ocho no tiene un solo representante y en otros nueve, nada más uno. Gobierna apenas 10 por ciento de los ayuntamientos (263).
En materia financiera está quebrado. Sus prerrogativas oficiales para este año se redujeron a la mitad; recibirá 389.5 millones de pesos. A cambio debe encarar 36 millones 347 mil 949 pesos de multas en firme, más otros 54 millones aprobadas por la autoridad electoral en febrero que aún puede impugnar. Recién liquidó una multa de 83 millones que arrastraba desde los comicios de 2012.
Ante la debacle de 2018, el partido terminó su relación laboral con 175 de sus 193 empleados sindicalizados. Recontrató a varios con régimen laboral distinto, pero muchos interpusieron querella ante la Junta Local de Conciliación y Arbitraje. Igual sucede con el personal de confianza. El recorte fue proporcional a la compactación de su máximo órgano directivo, que pasó de 25 secretarías a sólo cinco integrantes en la llamada Dirección Nacional Extraordinaria.
Al mismo tiempo, el PRD debe hacerse cargo de los gastos de las entidades donde perdió el registro como partido. Debe al fisco 284 ­millones 855 mil pesos. Tiene cuentas por pagar por 23 millones y más de 25 millones de cuentas por cobrar.
Precisamente por sus problemas financieros, y aunque sus líderes se dicen optimistas de poder solventarlos, el partido evalúa dejar su hoy semivacía y rentada sede nacional de la calle Benjamin Franklin y regresar al histórico y mucho más pequeño edificio de Monterrey 50.
Quién lo dijera de ese partido del sol azteca que, orgulloso y casi sin contrapesos, gobernó por 21 años la capital del país (1997-2018), el que se quedó en el umbral de la Presidencia de la República en 2006. En ese año, las cifras oficiales dieron ganador a Felipe Calderón Hinojosa, sólo con 62 décimas de punto (243 mil 934 votos) sobre Andrés Manuel López Obrador.
En su mejor etapa, entre 2006-12, el PRD llegó a gobernar con candidatos propios, Baja California Sur, Zacatecas, Tlaxcala, Morelos, Chiapas, Michoacán y Tabasco.
También, y en diferentes momentos y variados resultados en el reparto de posiciones e incidencia en la gestión gubernamental, se acreditó a los candidatos ganadores a los gobiernos de Guerrero, Oaxaca y Sinaloa. Son así 30 años ya desde la construcción de un proyecto que concitó grandes expectativas y al que hoy muy pocos además de sus líderes, le conceden posibilidades de sobrevivir.

Foto Luis Humberto González
 Periódico La Jornada

2/16/2019

Entre la luz y la oscuridad, la presidencia de la 4T


Zona de Reflexión
Por: Lucía Lagunes Huerta*


Estamos a un tris de tener por fin la terna que le será presentada al Presidente de la Cuarta transformación, Andrés Manuel López Obrador, para designar a la presidenta del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), nombramiento que será resultado del primer proceso transparente que se realiza, desde su creación, hace 18  años.
Desde que en diciembre pasado los consejos Social y Consultivo del Instituto decidieron abstenerse de aprobar la terna que les fue presentada “por no tener los elementos para la toma de decisión”, inició un proceso de descalificaciones y acusaciones sin fundamento contra los Consejos que representan a los movimientos de mujeres y feministas.
Apelar para que la conformación de la terna para la designación de la cuarta presidenta de Inmujeres emanara de un proceso abierto y transparente, fue para algunas dentro y fuera del Inmujeres, no bien visto.
Desde la creación del Instituto Nacional de las Mujeres en el año 2000, la designación de las titulares quedó entre las negociaciones de los partidos políticos: diputadas y senadoras negociaban la conformación de la terna.
Así, en el gobierno panista de Vicente Fox, fue designada su correligionaria Patricia Espinosa Torres; con Calderón, Rocío García Gaytán; y en el regreso del priismo con Enrique Peña Nieto, Lorena Cruz Sánchez.
En varias reuniones de los Consejos se puso en la mesa la necesidad de crear procesos claros y transparentes para que se conformara la terna de quien presidirá el Instituto, pero fue apenas que se logró un acuerdo, gracias a una acción cohesionada de ambos órganos ciudadanos (los Consejos Social y Consultivo) y de la demanda de varias candidatas y organizaciones feministas.
Por qué no gusta a una parte dentro y fuera del Inmujeres la ruptura de la discrecionalidad, es la pregunta que aún no tiene respuesta pero que pronto empezará a dar luces.
Lo sorprendente será hasta dónde están dispuestas a llegar luego que la encargada del despacho del Inmujeres, presentó una denuncia ciudadana contra los Consejos en la Función Pública (DE-01/2019). Mal precedente para quienes conforman parte de cualquier consejo ciudadano en cualquier dependencia de gobierno pues considerar que quienes integran los consejos son “funcionarios públicos”, tergiversa por completo la función que la sociedad civil busca tener dentro de estos espacios, los contrapesos necesarios, ser escuchadas y tener la posibilidad de incidencia.

LOS HECHOS

Desde que los actuales Consejos del Inmujeres fueron seleccionados en noviembre del año pasado, su participación quedó hecha a un lado en el proceso que ya habían iniciado las autoridades prácticamente desde que supieron que iban a ser gobierno.
Para esas fechas varias aspirantes a dirigir el Instituto ya habían sido entrevistadas por la secretaria de gobernación, Olga Sánchez Cordero, un proceso que se mantenía en el anonimato, incluso una de las candidatas que entrevisté, pero que después declinó en el proceso, dudó de responderme la pregunta, pues aseguró que no “sabía si era público” y necesitaba preguntar.
Esa discrecionalidad se vio trastocada cuando los Consejos tanto Consultivo como Social, propusieron un método de selección que implicaba una convocatoria abierta. La resistencia interna argumentó que algo así llevaba mucho tiempo y que urgía nombrar a la nueva presidenta del Inmujeres; por desgracia la urgencia no ayudó para resolver.
El 14 de diciembre en reunión de Junta de Gobierno, ambos Consejos votaron unánimemente la abstención a la terna que les habían presentado. Tan segura la creían, que incluso el abogado del Instituto de las Mujeres, Pablo Navarrete, publicó en su Facebook “que ya se había designado la terna”, cuando el proceso aún no concluía, acto que llevó al servidor público a disculparse nuevamente en el portal por la Fake News.
Aunque no lo parezca, este hecho de unanimidad del Consejo, que ojo, NO rechazó nada pues sólo se abstuvo de votar ante la falta de información, permitió un nuevo encuentro con la secretaria de Gobernación, Sánchez Cordero y ahí acordar que como consejeras iniciarían un proceso para poder  hacer una preselección de aspirantes.
De todo el proceso la secretaria de Gobernación tuvo conocimiento. Cuando salió la convocatoria, las consejeras solicitaron al Inmujeres apoyo en la difusión. Nada hubo de apoyo. Pese a todo, 30 mujeres se inscribieron al proceso en un acto de confianza en lo que estaban haciendo las consejeras y también de legitimidad.
De ese proceso 7 feministas llegaron a la cuarta etapa marcada en la convocatoria de los Consejos del Inmujeres, de ahí tres fueron las más votadas por las 32 consejeras y serán presentadas ante la Junta de Gobierno el 18 de febrero próximo, para que formen parte de la terna que le entregarán al presidente Andrés Manuel López Obrador.
La diferencia de este largo camino, que pudo haber sido más breve y menos ríspido, es que todo lo que se ha hecho desde los Consejos ha sido de cara a la sociedad, ante el escrutinio público, lo cual guste o no, robustece al propio Instituto y a quien sea designada como la cuarta presidenta del Inmujeres en esta Cuarta transformación que lo que nos prometió  a la ciudadanía fue democracia y transparencia; lo que hasta ahora han hecho los Consejos Social y Consultivo en congruencia con el feminismo y las exigencias actuales.

*Periodista y feminista, Directora General de CIMAC
Twitter: @lagunes28
CIMACFoto: César Martínez López
Cimacnoticias | Ciudad de México.

2/10/2019

Una izquierda de valores



¿Puede configurarse un polo de izquierda que articule luchas sociales, apele a las clases medias y atraiga a sectores del empresariado sin que pierda su convocatoria central hacia las clases populares? Sí, pero sólo a partir de una profunda transformación cultural de las izquierdas. Se necesita otra manera de percibir la política. Otra forma de vincular la lucha electoral con el ejercicio parlamentario y con las reivindicaciones sociales. Otra manera de gobernar para reducir la desigualdad desde el ejercicio pleno de la democracia.
Para las izquierdas partidistas y sociales el punto de partida tiene que ser cuál es su perfil propio.
Éste se construye desde el discurso y tiene al menos tres componentes: qué rumbo se propone, con qué medios se plantean alcanzarlo y con cuál basamento ético se comprometen frente a la ciudadanía.
El rumbo es una imagen, un sueño, una utopía. Los medios son la propuesta programática. El basamento ético es un compromiso medido en conductas, en formas de hacer política.
Las izquierdas deben asumirse como una izquierda de valores. Con los valores clásicos de las izquierdas modernas: libertad y justicia, respeto a la diversidad, laicismo, promoción de la competencia y la solidaridad. Pero con un valor central: la promoción de la autonomía de individuos, comunidades y asociaciones. Es decir, contraria a toda forma de clientelismo.
Las izquierdas deben asumir el compromiso de la máxima publicidad a sus actos y de rendición de cuentas a los ciudadanos desde sus organizaciones, desde el gobierno, desde los órganos de representación.
Propongo como punto de partida programático de las izquierdas la definición de Norberto Bobbio sobre la democracia de los modernos, es decir, la lucha contra el poder desde arriba en nombre del poder desde abajo, y contra el poder concentrado en nombre del poder distribuido.
¿Por qué incursiono en esta discusión en este momento? Por las características que empieza a despuntar el cambio de régimen.
Tres temas marcan este régimen: centralización administrativa, concentración política y cambios en el quehacer político. Todos, definidos por una triple derrota.
La derrota de la modernización económica se expresa en la incapacidad de inclusión social y productiva para la mayoría de la población.
La derrota de la modernización política ocurrió porque, eficaz para desmantelar los tres pies del régimen autoritario: el presidencialismo, el partido hegemónico y la primacía de las reglas políticas informales frente a la normatividad formal, fue incapaz de sustituirlos.
El presidencialismo se transfiguró en un Ejecutivo acotado, pero no por los otros poderes constitucionales, sino por los fácticos. El partido hegemónico fue sustituido por un pacto oligárquico entre tres, cuyo lubricante fue el reparto de recursos públicos. Las reglas informales continúan imperando al lado de un activismo legislativo de leyes aprobadas, pero no acatadas.
La mayor derrota del Estado, pero también de la sociedad, ha sido la guerra contra las drogas, como demuestra dolorosamente la cauda de muertos, desaparecidos y personas afectadas en su vida por las bandas criminales y la incapacidad del propio Estado.
Con los mecanismos de intermediación azolvados, las élites políticas y económicas han perdido la capacidad para descifrar las transformaciones que ocurren en la sociedad.
Reconstruir esos mecanismos requiere desmantelar dos mitos. El de la omnipotencia del presidencialismo y el de una sociedad desorganizada. La sociedad mexicana está organizada, aunque para capturar rentas institucionales y para defenderse del Estado mismo.
Por ello, el Estado es particularmente clave. Capturado en algunas franjas del gobierno, la reconstrucción del Estado corre paralela a la reconstrucción de la sociedad y de los mecanismos de intermediación. Es decir, se trataría de construir un Estado de la sociedad.

Twitter: gusto47

1/24/2019

EZLN, su desencuentro con AMLO y su divorcio con la izquierda europea

La consecuencia de que las corrientes tradicionales de la izquierda europea vean con entusiasmo al gobierno de López Obrador, es que los zapatistas se han quedado sólo con el apoyo de los minoritarios grupos antisistema, lo que podría reducir su influencia internacional.
Esto es parte del análisis que hace el sociólogo Bernard Duterme, director del Centro Tricontinental (CETRI), un instituto belga que desde 1976 estudia la situación de los países en desarrollo.
En entrevista con Apro, el investigador y autor del libro “Zapatismo: la rebelión que persiste”, considera que el interés en torno al EZLN permanece en Europa, pero no tan fuerte como cuando se levantó en armas.
“Todavía existe una red de organizaciones y grupos europeos interesados en lo que pasa en Chiapas, pero sin el mismo vigor que tuvo en los años 90 y 2000, después de la marcha zapatista al Distrito Federal en 2001”, expone el también autor de numerosos ensayos sobre el movimiento guerrillero que irrumpió el 1 de enero de 1994 en Chiapas.
Duterme es uno de los investigadores europeos que mejor conoce el movimiento zapatista y sus lazos con Europa.
En 1991 entró a trabajar con la ONG belga Entraide et Fraternité (Ayuda y Fraternidad), que pertenece hasta la fecha a la plataforma europea Cooperación Internacional para el Desarrollo y la Solidaridad (CIDSE), que agrupa ONG católicas de izquierda relacionadas con la Diócesis de San Cristóbal de las Casas.
Esas organizaciones brindaban aporte financiero a ONG mexicanas con proyectos comunitarios en la zona de San Cristóbal de las Casas. Tal fue el caso, recuerda Duterme, de la organización Desarrollo Económico y Social de los Mexicanos Indígenas (DESMI) –a la que se otorgaban 10 mil dólares anuales–, o el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas.
Tales fondos provenían de las donaciones de los feligreses y del presupuesto para apoyar el desarrollo de otros países que destina el gobierno de Bélgica.
La plataforma también colaboró en el financiamiento de la Comisión Nacional de Intermediación (CONAI), que fundó el obispo Samuel Ruiz y que de enero de 1994 a junio de 1998 medió el diálogo de paz entre el EZLN y los gobiernos de los presidentes Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo.
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Duterme estima que el factor decisivo en la pérdida de seguidores europeos del EZLN es la división y confrontación que genera entre los sectores izquierdistas los diferentes posicionamientos de sus pares latinoamericanos.
En los primeros años de su existencia, el EZLN contó con la afinidad del conjunto de las vertientes de la izquierda europea, desde la socialdemocracia hasta los colectivos anarquistas.
Pero desde hace algunos años –advierte el investigador belga–, una parte se ha inclinado a favor de la izquierda institucional que en algunos países latinoamericanos ha llegado al gobierno, y otra con los movimientos sociales de izquierda, como los indigenistas o medioambientales, críticos de esos gobiernos.
Estos dos polos han terminado por enfrentarse.
“Muchos de estos gobiernos de izquierda –explica Duterme– aplicaron políticas extractivistas (explotación intensa de los recursos naturales), a las que se han opuesto otros grupos de izquierda. En Ecuador, por ejemplo, organizaciones europeas apoyaron las luchas de las comunidades indígenas que protestaban contra el gobierno izquierdista de Rafael Correa (2007-2017), al que acusaban de presidencialista y predador”.
Y ese mismo conflicto, apunta Duterme, sucedió durante los gobiernos del Partido de los Trabajadores en Brasil o con el actual régimen de Evo Morales en Bolivia, y reaparece ahora con el gobierno de López Obrador, que ha encontrado la oposición del EZLN y su entorno a proyectos como el del Tren Maya.
El miércoles 16 cerca de 700 intelectuales y activistas nacionales y extranjeros –muchos europeos—firmaron una carta de apoyo al EZLN y a su rechazo al Tren Maya.
Duterme explica que la consecuencia de esa división interna de la izquierda ha sido que, actualmente, en Europa el zapatismo es más popular “en los círculos libertarios y autónomos” que en la izquierda tradicional.
“Hay muchos simpatizantes zapatistas europeos que no son anarquistas. Pero la tendencia es que el zapatismo recibe más respaldo de sectores anarquistas, que son muy críticos respecto al Estado y los actores políticos tradicionales y sus sistemas verticales de poder”.
Se le comenta a Duterme que esta situación no parece favorecer el peso internacional de los zapatistas, y se le pregunta si la capacidad de estos grupos para ejercer presión a favor del EZLN es la misma que en el pasado.
“Es difícil responder. Es cierto que el conflicto abierto con el gobierno de López Obrador los aleja de los círculos que ponen mucha esperanza en éste. En una parte significativa de la izquierda europea fue muy buena noticia la elección de AMLO. Diez años después de que ocurriera en otros países latinoamericanos, por fin en México fue electo un presidente con un proyecto de izquierda neodesarrollista que tiene por objetivo modernizar el país a través de una fuerte inversión estatal y la realización de megaproyectos”.
El académico belga refiere que el zapatismo no es un tema central en México, y menos en Europa. Comenta que cuando lo invitan a dar conferencias en Francia o en Bélgica, se da cuenta que gran parte de los asistentes, muchos jóvenes, no conocen el tema.
“En los años 90, muchos jóvenes se interesaron por la política gracias al zapatismo”, señala Duterme, quien refiere que el grupo guerrillero “tuvo un papel importante sobre toda una generación, para la que fue una fuente de inspiración”.
Actualmente –puntualiza Duterme–, la red de aliados europeos del zapatismo se conforma de colectivos “minoritarios, marginales, y con dificultad para influir políticamente”.
El sociólogo belga, sin embargo, precisa que, “si mañana hay un problema en Chiapas” que involucre al EZLN, “probablemente habrá una nueva movilización europea con cierto poder de influencia, por ejemplo, en el Parlamento Europeo”.
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Este corresponsal contactó a algunas de las ONG europeas que desde el principio apoyaron al EZLN o al entorno de organizaciones afines, y que incluso podían enviar activistas a zonas zapatistas para realizar distintas actividades de apoyo.
El Colectivo de Solidaridad con la Rebelión Zapatista, que estaba basado en Barcelona y dirigido por Iñaki García, se disolvió en 2009 luego de que el EZLN declarara que dicha organización había perdido su confianza, según anunció el mismo colectivo.
El colectivo tuvo una participación destacada en la creación y el trabajo de la Comisión Civil Internacional de Observación por los Derechos Humanos, cuyo vocero fue García. La comisión realizó varios viajes a Chiapas, el primero en 1998 a raíz de la masacre de 45 indígenas en Acteal.
García declinó hacer cualquier comentario.
La asociación italiana Ya Basta! se comprometió a hablar con Apro, pero no lo había hecho hasta este martes 22.
Ya Basta! estuvo vinculada en algún momento con los llamados Monos Blancos, un colectivo ya desaparecido de activistas que se vestían con overoles de ese color y actuaron como servicio de seguridad del EZLN en su marcha a la Ciudad de México.
El Colectivo de Solidaridad con los Pueblos de Chiapas en Lucha –un colectivo de corte anarquista con sede en París y muy activo hasta la fecha— no respondió a la solicitud escrita de entrevista.
La alemana CAREA respondió, a través de una de sus integrantes, que no es un “colectivo de solidaridad con el zapatismo”. Puntualizó que trabaja con el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas, al que envía activistas para apoyar a las comunidades indígenas de Chiapas, pero que no todas son zapatistas.
Aunque discretas, y en menor intensidad, estas y otras agrupaciones guardan vivo el interés europeo por el conflicto en el estado sureño mexicano.
Desde una perspectiva sociológica, afirma Duterme, el zapatismo plantea un caso extraordinario de perseverancia.
El citado libro Zapatismo: la rebelión que persiste, publicado por el CETRI en 2014, exponía que una de las originalidades del EZLN era su durabilidad como actor importante de la vida socio-política de México.
El volumen ya identificaba los elementos conflictivos que terminaron por provocar la más reciente diferencia entre el EZLN y el nuevo gobierno.
“La viabilidad de tal experiencia profundamente emancipadora, y radicalmente democrática, es cuestionada. Fragmentación política de las regiones indígenas, estrategias de contrainsurgencia y asistencialismo gubernamental, penetración de las trasnacionales de la industria extractiva, turística, agroexportadora… la adversidad del contexto es tangible. Así como los límites internos de la rebelión, cuyas lógicas de acción, sociales y políticas, pueden converger o chocar”.
Duterme reitera en la entrevista el estado de vulnerabilidad social, política y militar que enfrenta el EZLN. Su régimen de autonomía, afirma, es bastante frágil, además de que la guerrilla “sufre de un aislamiento político bastante fuerte que se percibe estos días a través de todas las críticas que recibe de varios sectores mexicanos”.
Explica que tras el incumplimiento de los Acuerdos de San Andrés Larráinzar de derechos indígenas que el gobierno de Zedillo firmó en 1996, y el fracaso de sus múltiples intentos de articularse con otros sectores de la izquierda mexicana, hace 15 años los zapatistas decidieron atrincherarse y construir ellos mismos una opción de cambio en las regiones bajo su influencia.
Para Duterme, el EZLN logró desarrollar sistemas educativos, sanitarios y económicos alternativos, pero frágiles y dependientes de apoyos externos, que son inestables.
“Es muy difícil construir un sistema anticapitalista en un mundo capitalista”, comenta Duterme, que pone como ejemplo el hecho de que el café que producen los zapatistas lo tienen que exportar y vender entre las redes de solidaridad internacional.
El zapatismo, dice, “siguen esta dinámica, construir el otro mundo que quieren; un modelo de desarrollo anticapitalista, más solidario, más justo y respetuoso de la naturaleza, pero sólo en su región. Se dieron cuenta que no había que esperar una ruptura de modelo a nivel nacional”.
Prosigue: “Es la crítica que hacen al nuevo gobierno, que ese cambio no está en su proyecto político. López Obrador es muy diferente a los últimos presidentes, pero según los zapatistas, no va más allá de una crítica superficial del neoliberalismo.
“Nunca voy a idealizar el proyecto zapatista: su dinámica ha dado logros y es interesante, pero muy vulnerable y confrontada a un contexto actual muy difícil”, concluye Duterme.

8/27/2018

Cárdenas critica “señales contradictorias” y “excesos centralistas” en anuncios de AMLO

Alerta sobre “excesos centralistas” en el nuevo gobierno con la creación de delegaciones federales únicas y rechaza que a “AMLO y Morena” se les pueda caracterizar como representantes de la “izquierda mexicana”.
En un amplio escrito que firma junto con sus colaboradores Carlos Lavore y Víctor García Zapata, el tres veces fallido candidato presidencial destaca que “no parece posible que se inicie un proceso de desmontaje de la hegemonía neoliberal” sino más bien de “una etapa de adecuación del modelo”.
Y destaca: “lo primero que sorprende es la enorme y desinhibida capacidad de adaptación de los poderes fácticos a las nuevas circunstancias y también la respuesta magnánima de quien obtiene el triunfo y está dispuesto a olvidar todas las diferencias en aras de la convivencia pacífica”.
Enseguida se reproduce íntegro el texto de Cárdenas y colaboradores.
El nuevo gobierno y lo que sigue
Recuento
El triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador y de Morena expresa el hartazgo de quienes votaron ante los resultados de los últimos gobiernos federales del PAN y del PRI, y de los gobiernos estatales, en especial ante la incontrolada violencia delincuencial, la inseguridad pública, la violación de derechos, la corrupción burocrática, sindical y empresarial sin freno y la impunidad, reinantes en el país. Y, seguramente, también el rechazo a los impactos negativos de las políticas neoliberales en términos de despojo de tierra y recursos naturales, desempleo creciente, caída de los salarios e ingresos reales, notoria desigualdad social y de género, informalidad y pobreza, segregación y exclusión, penuria de vivienda y servicios sociales, que la mayoría de la población resiente e identi¬fica como resultado del mal gobierno, aunque no del modelo de desarrollo neoliberal.
La amalgama ideológica abanderada por AMLO acompañó una propuesta electoral centrada en el combate a la corrupción, considerada la culpable de todos los problemas nacionales y en la aplicación de la austeridad republicana, que aportaría los recursos para nuevas políticas y proyectos. El éxito de ambas se asentaría en el buen ejemplo. En campaña también fueron enunciadas medidas asistencialistas como los apoyos monetarios para adultos mayores y jóvenes que no estudian ni trabajan, y un desarrollo regional fincado en medidas como la descentralización de Secretarías de Estado a las capitales estatales, el mantenimiento de las zonas económicas especiales y megaproyectos que son continuidad de la lógica prevaleciente.
En ningún momento se hizo referencia a causas estructurales del sistema socio-económico y territorial nacional e internacional, como responsables del lento crecimiento económico de décadas ni de la crisis social que lo ha acompañado. No obstante, medios y analistas identifican a AMLO y Morena como “la izquierda mexicana”, aunque no hay elementos significativos en la propuesta política y en las prácticas e ideologías del conjunto de su futuro gabinete, que permitan caracterizarlos como tales.
Pragmáticamente López Obrador ofreció seguridades al capital financiero, empresarios, medios de comunicación y gobernantes de turno, en virtud de lo cual los poderes económico, político y mediático matizaron el discurso confrontativo y descalificador en su contra, allanando camino. Por su parte, el hartazgo, descontento, sufrimiento y enojo se tradujeron en rebelión electoral, en manifestación cívica contra tanto despojo, violencia, corrupción e impunidad, acompañado por la esperanza en que alguien lo pueda solucionar.
El mensaje de las y los votantes se perló con claridad: no queremos más de esto, llámese como se llame. El estado de ánimo social proporcionó una suerte de blinda je al triunfador y obligó al poder establecido a pensar dos veces la tentación de la salida fraudulenta y autoritaria. Prevaleció la aceptación de la derrota, la salida negociada y la protección de la retirada y el statu quo.
El cierre de la jornada electoral se ajustó a un solo guion: rápido reconocimiento de Meade, discurso del titular del INE y discurso presidencial. En esta secuencia, la democracia formal quedó a salvo y hasta fortalecida para el relato institucional y mediático, a pesar de las numerosas irregularidades en el proceso y en la jornada.
Aunque no explícitamente, la hegemonía neoliberal ha sido severamente cuestionada por la sociedad. La soberbia tecnocrática, la corrupción del sistema político y judicial, los candados del sistema electoral a la participación ciudadana independiente, la penetración del crimen organizado y el agotamiento del discurso mediático, contribuyeron a un “alto aquí” cuyos efectos están por verse.
La suma de agravios, la pobreza, la desigualdad, la multiplicación de víctimas, el desprecio institucional por los derechos humanos, la injusticia, se traducen en crecientes reclamos que se articulan a través de mecanismos alternos de información y, en la oportunidad, se expresaron en el castigo electoral. Las diversas formas de organización de la sociedad en resistencia, allí están.
Presente
No parece posible que se inicie un proceso de desmontaje de la hegemonía neoliberal para sustituirla por otra de corte popular, en favor de un país igualitario, justo, libre y soberano. En cambio, es probable que se inicie una etapa de adecuación del modelo, sin mayores cambios en su naturaleza y en las relaciones de poder, pero con nuevas pautas para cierta distribución de riqueza y un reacomodo político derivado del colapso de los partidos y del caudal de votos de AMLO y Morena.
El capital financiero y las grandes empresas han recibido garantías: equilibrio macroeconómico, disciplina ¬fiscal, autonomía del Banco de México, no incremento de impuestos, refuerzo de las ZEE, apoyo a la inversión. Adicionalmente, tienen presencia en el futuro gobierno.
Las corporaciones mediáticas, también debidamente representadas, han sido felicitadas por su comportamiento y tienen garantías de que su hegemonía cultural conservadora no será atacada. El cierre de campaña de Morena, en el Estadio Azteca, es un hito en la espectacularización de la política en manos televisivas y un refrendo de acuerdo.
Lo político institucional es el plano dónde los cambios pueden ser más evidentes, asentados en la conformación de los poderes ejecutivos y legislativos, en la crisis y reconfiguración de los partidos políticos y en los primeros lineamientos de políticas públicas relacionadas con corrupción, austeridad y ajustes burocráticos, con los riesgos e injusticias que puede conllevar. Sin embargo, esto no impide que se mantenga el régimen presidencialista y centralista, ahora sin contrapeso institucional, con gran capacidad de dirección política y prescindiendo de la organización y participación popular.
Reconociendo el avance democrático, lo primero que sorprende es la enorme y desinhibida capacidad de adaptación de los poderes fácticos a las nuevas circunstancias y también la respuesta magnánima de quien obtiene el triunfo y está dispuesto a olvidar todas las diferencias en aras de la convivencia pacífica.
Luego del triunfo, se ha desatado un entusiasmo general. Buena parte de los sectores sociales, de los empresarios a los sindicatos, los gobernadores en funciones y muchas OSC apoyan públicamente al ganador y se alinean con él, reeditando tiempos pasados. Las políticas anunciadas hasta el momento, no conllevan riesgos ni amenazas para el poder económico, los mercados funcionan con normalidad y el FMI ha expresado su contento.
El reclamo social expresado en las urnas puede tener respuestas inmediatas a través de ciertas medidas recién enunciadas: impulso al mercado interno, recuperación salarial, apoyo al campo, industrialización, política de seguridad y combate a la violencia y el crimen, reforma educativa, beneficios sociales, regulación del mercado de drogas y proceso de pacificación. Anuncio de mayor información, diálogo de funcionarios con organizaciones, debate de algunas políticas públicas y no criminalización de resistencias, pueden contabilizarse en favor de una apertura. Del mismo modo, los incipientes trazos de una política migratoria vinculada al desarrollo regional, Centroamérica incluida, aunque debe señalarse las dudas que generan el papel a jugar por el Istmo de Tehuantepec y la zona franca en la frontera norte.
Otras medidas pueden llevar a excesos centralistas, propios de un gobierno que controla los poderes ejecutivo y legislativo, como la creación de delegaciones federales únicas en los estados a manera de prefecturas designadas desde el centro que pueden marginar a las autoridades electas localmente y constituirse en el verdadero poder local.
Pero lo más relevante se encuentra en los temas ausentes (ver documento “Lo que no se dice”, 22 junio 2018). Falta saber cuál es, en realidad, la visión integral de país, de ocupación sustentable y armónica del territorio, del papel de la sociedad y las comunidades y su participación organizada en la definición de políticas públicas en todos los órdenes de gobierno. Cómo y en función de qué se de¬finen proyectos como el tren maya, el reforzamiento de la ZEE del Istmo de Tehuantepec, la localización de refinerías o de reforestación. No se percibe el concepto rector que articule y otorgue sentido a las diversas medidas que se están anunciado.
No se mencionan cambios a los artículos 25, 27 y 28 constitucionales para revertir las reformas de 2013. No hay referencia alguna al extractivismo, en cualquiera de sus formas y variantes; la Reforma del Estado, incluyendo el sistema de justicia en procuración, administración e impartición y la institucionalidad electoral; el papel del municipio, base de las relaciones democráticas y primer afectado por el crimen organizado; la planeación integral del desarrollo con participación social en todos los niveles, mecanismo real de control del libre mercado; una comunicación democrática, abierta y plural en contrapeso a las corporaciones mediáticas; una política de género transversal a la gestión; los derechos de pueblos y comunidades indígenas, más allá de lo declarativo; la relación con América Latina y el papel de México en el mundo; éstos, entre otros temas que son sustanciales para la construcción de un país de iguales.
Dejan abiertos muchos interrogantes el enfoque de los problemas y la concepción para abordarlos. Por ejemplo, despojo, violencia, corrupción e impunidad, no son causas de fondo, son consecuencia de un modelo de dominación y colonización que debe ser sustituido completamente. Estos flagelos, que acompañan la historia de la humanidad, hoy son expresión del neoliberalismo. Si la corrupción se toma como causa de los males nacionales, se está ocultando su naturaleza y acotando la posibilidad de reducirla. Otro ejemplo es el ajuste del gasto burocrático que, planteado como está, responde a lineamientos propios del neoliberalismo.
Reducir los ingresos de los mandos superiores en todos los poderes y cuidar que no haya dispendio de recursos públicos ni corrupción, es muy importante pero no sufi¬ciente para definir una institucionalidad pública que impulse un nuevo modelo de desarrollo capaz de limitar la voracidad del gran capital, controlar la especulación y generar una distribución equitativa de la riqueza, que ofrezca empleo digno, educación, salud, seguridad y vivienda para todos.
Lo que sigue
La experiencia reciente en varios países de América Latina muestra el talante de la derecha conservadora neoliberal y es una referencia para tener en cuenta. El poder global y sus aliados locales harán lo necesario para mantener su hegemonía y, aunque en este momento nada los amenaza, la expectativa popular sobre el nuevo gobierno introduce una tensión que, antes de ahora, fue reclamo desoído o reprimido.
Esa expectativa de cambio real y profundo de buena parte de la sociedad requiere apuntalarse, articularse y traducirse en participación activa y organizada. Se abre un proceso inédito que debe aprovecharse para ampliar la organización y desarrollo de las fuerzas de transformación del país. Diversas organizaciones locales y ciudadanos participaron del proceso electoral, desde una visión independiente y de renovación. Más allá de las limitaciones normativas impuestas y los resultados numéricos, hay un salto cualitativo que debe ponderarse y proyectarse a futuro.
Las múltiples resistencias desplegadas en defensa del territorio y los recursos naturales no se detienen en su defensa de la vida. Las organizaciones que reclaman por memoria, verdad, justicia y reparación, no se quedarán en la expectativa. Y las que trabajan por un cambio institucional de fondo, lo seguirán haciendo. Pero en conjunto siguen siendo un mosaico disperso y fragmentado, cuya articulación es una asignatura pendiente y es una necesidad para impulsar transformaciones reales.
Con todas y todos es necesario una interlocución sistemática, una construcción de vasos comunicantes, de identifi¬cación de reivindicaciones programáticas comunes y de coordinación organizativa, con autonomía, sin alineamientos incondicionales, aprovechando todos los espacios que se abran, apoyando las medidas que favorezcan y señalando las que no. La participación del pueblo organizado en el proceso de transformación del país, es indelegable.
Desde la perspectiva de Por México Hoy, hay una agenda para sostener y una construcción de mayoría social y política a continuar. Ninguna de las dos queda resuelta con la elección del nuevo gobierno, aunque con éste puede haber mejores condiciones en la búsqueda de un proceso constituyente ciudadano que de por resultado un nuevo pacto social plasmado en una nueva constitución. Para ello es necesario mantener la capacidad crítica, continuar desarrollando el análisis de las causas estructurales de la crisis económica, social y territorial que afecta al país y sus habitantes, aumentar el potencial de difusión de las propuestas de cambio y articular las diversas formas de organización de sociedad y comunidades en torno a un programa común. Allí radica el impulso a las transformaciones reales para un México de iguales.
Postdata
Es difícil abrir juicios definitivos sobre lo que está por venir. La enunciada “cuarta transformación” del país inicia con señales contradictorias, propias de una amalgama de intereses muchas veces contrapuestos. Están pendientes los temas mencionados Por México Hoy. En el nuevo gobierno y lo que sigue arriba, aún faltan por definirse muchas políticas públicas y no están claros los mecanismos de participación ciudadana en ese proceso, ni su incidencia real.
El poder económico y el poder mediático tienen presencia activa en la promoción de sus intereses, la continuidad de su narrativa ajustada al momento y el inicio de lo que puede llamarse deconstrucción de subjetividades favorables al futuro gobierno.
La rebelión electoral abrió una brecha importante en la disputa por el país, un espacio que debe ocuparse con participación social organizada, con propuestas concretas y con la construcción de un sentido común emancipatorio.
Es necesario poner en la agenda pública los temas ya mencionados: el extractivismo, en cualquiera de sus formas y variantes; la Reforma del Estado, incluyendo el sistema de justicia y el mecanismo electoral; los derechos humanos; el papel del municipio, base de las relaciones democráticas y primer afectado por el crimen organizado; la planeación integral del desarrollo con participación social en todos los niveles; una comunicación democrática, abierta y plural en contrapeso a las corporaciones mediáticas; una política de género transversal a la gestión; los derechos de pueblos y comunidades indígenas, más allá de lo declarativo; la relación con América Latina y el papel de México en el mundo.
Debe impulsarse revertir los cambios a los artículos 25, 27 y 28 constitucionales, la derogación de la Ley de Seguridad Interior, el decreto sobre aguas, la Ley General de Biodiversidad y asimismo la revisión de las leyes de Minería, de Hidrocarburos, de Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente, de Aguas Nacionales, leyes en materia agraria, de Inversión Extranjera, de Asentamientos Humanos, Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano, de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados, de Desarrollo Forestal Sustentable.
Para todo ello se requiere la articulación con las distintas organizaciones de la sociedad civil que despliegan su actividad en el territorio nacional, ocupando todos los espacios, públicos, institucionales y mediáticos.