7/17/2009

El ABC de las familias del poder



SARA LOVERA

MÉXICO, DF, 16 de julio (apro).- El lamentable caso de la guardería ABC de Hermosillo, Sonora, ha puesto en el centro de la discusión un modo de actuar de los políticos en el país. Ha evidenciado que pasamos del influyentismo de antaño al perenne autoritarismo que dejamos pasar como si nada y que domina grandes espacios de nuestra vida social e institucional.

Pero también ha puesto en evidencia que hoy no podemos pensar en la maternidad como antaño. Y que es tiempo que el Estado discuta sus responsabilidades con la infancia, la educación pública y la verdadera política de esto que llaman equidad de género.
La tragedia de la ABC es la misma que produce una sociedad que consiente el sometimiento de las mujeres y un gobierno sin ética ni responsabilidad.

Pero mueve a mirar cómo hemos llegado hasta aquí.
No sé por qué esta gravísima página de nuestra historia de apenas ayer me llevó a recordar con nitidez dolorosa la descripción anticipada que hizo de nuestro sistema político la excelsa escritora Elena Garro, en su novela Recuerdos del porvenir. En esas páginas Elena Garro pone al descubierto cómo los mandamás deciden sobre la vida y el futuro de cada miembro de la comunidad y de cada espacio material de un pueblo. Los militares hechos del poder en la revolución que inspira la historia novelada, además someten a las mujeres, las enclaustran y deciden todo sobre ellas.

Se meten en las escuelas y deciden sobre la niñez, a ellas las usan sexualmente y las someten cuando se rebelan, a las criaturas las instruyen sobre el deber ser. Es un escándalo que a la violación de la Ley del IMSS con la subrogación de servicios, reservado a una emergencia, se llegó al exceso de mil 500 establecimientos, con lo que esa institución renunció a uno de sus objetivos básicos: el seguro universal para las madres trabajadoras, a quienes el sistema les ha mandatado ser las principales responsables de su prole. No solamente se evidenció cómo el Estado rehúye su responsabilidad de atender a niños y niñas, como lo tiene firmado, sino que además convirtió ese mandato en un "negocio" de tráfico de influencias entre familias con "pedigrí" antiguo y reciente, donde se entrelazan intereses del PRI-AN sin igual.

¡Qué escándalo! diría una voz en off. Y ahí están los familiares y amigos de nuestra cínica clase política. Da igual que sean parientes de Ernesto Zedillo, Vicente Fox o Felipe Calderón, amigos de Emilio Gamboa Patrón o Eduardo Bours, del alfil de Beatriz Paredes en Colima, Fernando Moreno Peña, o de Nilda Patricia Velasco de Zedillo. El escándalo lo constituye la evidencia sobre la que no hay movilización que pare el abuso. Y ahora el amparo que podría resolver la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) está situado sólo en cómo pasó y surgió el incendio.

Es decir, el incendio que tiende una cortina de humo sobre todo lo demás y que, si bien cobró 48 vidas inocentes, atentó contra las mujeres trabajadoras, no por su derecho, que también, sino por su psique, por lo que constituye ese sentimiento que todo el entorno social, publicitario y comunicativo hace con las mujeres, a quienes se responsabiliza de sus hijos y simbólicamente de toda la niñez. Un tema de su incumbencia. ¿Quién va a reparar ese daño? Los políticos que usan a la niñez de la misma forma que a la mitad de la población a la que quieren controlada. A las mujeres que tienen jornadas extenuantes, que pasan de la oficina, el campo, la banca o el modelaje y el baile, a la casa con todo y lavadora.

Moviéndose de la cocina a la cuna y a las tareas escolares y de ahí a la locura donde la entrelazada maternidad se presenta como un máximo obligatorio donde hemos de ser felices y se castiga con la misma intensidad.
La Suprema Corte tendría que investigar en México el efecto de lo que los nuevos tiempos llaman injusticia de género. ¿

Me pregunto qué piensan todas las mañanas miles de mujeres cuando entregan a los niños en esos establecimientos?

¿Qué lucha se estará librando dentro de las familias, entre las hijas/madres y las madres/abuelas que se erigen como juzgadoras?


¿Cuántas mujeres estarán pensando en abandonar su puesto de trabajo, su vocación, sus anhelos y deseos por correr a cobijar a sus criaturas en peligro? ¿

Cuáles serán las nuevas discusiones de pareja?

¿Qué barbaridades dirán los micrófonos de la radio en los pueblos de la República?


No todo me lo pregunto ni me lo imagino.

Ya escuché muchas cosas. Lo sucedido en la ABC de Hermosillo es tan espeluznante que sus efectos seguirán en el tiempo.
Una visión feminista tendría que exigir que se abra la discusión, un foro permanente de deliberaciones sobre las responsabilidades del Estado frente a la niñez, sobre la urgencia de transformación de la idea tradicional de la maternidad en un asunto de mayor hondura, relacionado con la democracia familiar y los derechos. El famoso centro de nuestro desarrollo ideológico: lo privado es político. Además sobre la previsión social.

Esto es, más allá de repetir como pericos lo que se llama "la agenda" para abordar con seriedad, herramientas, las hay mil, todo lo que tiene que ver con el verdadero entramado de la desigualdad y la discriminación femeninas. Y todo lo que tiene que ver con una mirada de dominio y subordinación que incluye a la infancia, que atenta contra la adolescencia y la juventud.

Es urgente que todas y todos, incluidos los políticos responsables del desastre del servicio, sobre el que deberá pronunciarse la Corte, juzguen los efectos del autoritarismo y el patriarcado moderno, que ahora juzgan Human Rigths Watch, el diario Washington Post y congresistas de los Estados Unidos, que ya se dieron cuenta que anda suelta el alma castrense en este desgobierno que vivimos. También Amnistía Internacional (AI) juzga ese autoritarismo centrado en acciones de miembros del Ejército sobre la población civil.

Para los efectos comunes es igual el abuso de poder de los militares del que todo mundo se asombra, como el de esta familia 'prianista' que dejó a 48 madres sin sus criaturas, envueltas en un sentimiento profundo de orfandad que sus páginas históricas están por escribirse.


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