11/29/2013

Trepadora




 Tomás Mojarro

           Que la culpa de las tantas desmesuras que perpetra la burocracia gubernamental tiene un responsable directo, dije a ustedes ayer. Culpables lo somos todos nosotros, los dueños de la casa común (39 Constitucional), que de forma periódica contratamos servidores que lleven a cabo su mantenimiento. Los tales nos resultan altaneros, y nosotros, apáticos y desidiosos, permitimos que de servidores se nos tornen patrones,  y lo grotesco: terminamos por "exigirles" que nos concedan algunos de nuestros derechos como sus mandantes. Patético.

            A la Cocoa me referí ayer aquí mismo, y a la denuncia que acaba de formular acerca de que legisladores diversos se han entrevistado con algunos "caballeros Templarios". Que, oportunista, tan grave denuncia no la formuló a su hora ni ante la instancia legal, y que ahora los inculpados le exigen las  pruebas de su acusación, con la que al parecer la hermana del beato del Verbo Encarnado va asfaltando el camino en un renovado intento por sentar sus dos reales en el sillón del gobierno de Michoacán, empresa que no lo logró ni con la ayuda del hermano en Los Pinos. Hoy, se comenta, la Cocoa intenta (plan B) disputarle a la cuñada la presidencia del blanquiazul y de allí a Los Pinos, proyecto paralelo al de la Zavala. Escalofriante.

            ¿O acaso se trata de una profesional de la política como la también panista  Josefina Vázquez Mota, pongamos por caso? ¿No es sólo una arribistas que se vale de las influencias del hermano? ¿No es el de la Cocoa un caso parecido al de  aquella integrante de la "pareja presidencial" que pretendió encaramarse en Los Pinos? La Cocoa, al parecer, nada ha aprendido de la Sahagún.  Si con un ejercicio de autocrítica se mirase en ese espejo...

             Porque a una Marta insignificante la Moira la sacó de una farmacia veterinaria para venir a enredarla en las zancas de cierto grandulón al que logró deslumbrar. Ya encuevada en Los Pinos la advenediza exhibió ante los “medios” el tamaño de su ignorancia, su zafiedad, su mediocridad de logrera valida de la ocasión. Ya estando arriba se empanzonó de cámaras y micrófonos, de candilejas, fotos y reportajes en las revistas del corazón, que satisfacían a diario su compulsión protagónica. ¿Alguno recuerda el rebumbio aquel y el bataclán, el rataplán y el boato, la estridencia, la prepotencia, la ostentación y el brillo postizo de Marta? Mis valedores: ¿la Cocoa también? Y por si al caso viniere: ¿también la Zavala? ¿La Zavala también? Esperpéntico.

             Pero seis años más tarde ocurrió lo que tenía que ocurrir. Lo del agua, al agua, lo del polvo, al polvo, que todo lo que sube tiende a bajar. La más reciente de sus apariciones públicas fue en el cumpleaños de algún jerarca de la Iglesia Ortodoxa, y yo  entonces me hice la pregunta: ¿qué oscuras actividades  mantendrán a Marta ocupada en su cubil provinciano? Después de vivir en el cogollo del poder y aspirar los humos de ese avieso copal que a su hora le quemaron  los serviles que nunca faltan y por ser viles siempre salen sobrando, ¿qué habría sido de aquella corte de los milagros que le quemaban no copal, precisamente, sino  incienso, a la muy católica? ¿Qué fue de sus lambiscones y los purpurados que le despellejaron su calidad de esposa y madre y, milagros de los Onésimos y  Rivera,  la entregaron virgencita al mandilón? ¿Quedarán cortesanos que sigan a lisonjas alimentándole la vanidad? ¿Alguno le rogará que vuelva al pantanoso terreno de la politiquería cimarrona? Mis valedores: ¿la ruta de  la Cocoa? ¿LaZavala también? (Dios.)

No hay comentarios.:

Publicar un comentario