6/04/2017

SEMANA UNICA.


SATIRICOSAS
-Manú Dornbierer-


Para el mundo entero esta semana, a caballo sobre mayo y junio, puede  considerarse única. Los acontecimientos tanto nacionales  como  internacionales  han sido determinantes para  el  futuro,  tanto los violentos como  los  políticos.  
De  los  primeros,  todas las páginas  de  diarios mundiales  han  dado  cuenta. Hablemos de los  otros  y  sus  protagonistas.  
1.- TRUMP,  ESTRELLA.

El  presidente de Estados Unidos se está quedando solo  en  su   incomprensión  de  la  realidad  circundante.  Después  de  su  primer  viaje al  exterior de  su  país claramente se vio que no es un político sino un empresario que está  probando que los  empresarios,  por ricos que sean, no están capacitados para  conducir el mundo. Su peor error esta semana ha sido retirar  irresponsablemente  a  Estados Unidos del  “Acuerdo  de  París”,  es decir  de   la indispensable necesidad de enfrentar el cambio climático. Y no se vale, sobre  todo cuando su país es el que  produce  el  60%  de  la  contaminación  mundial.  ¿America First?  NO: “ THE  PLANET FIRST”.  

Ya le dio luz verde y mucho dinero  a la  NASA  para  convertir a Marte  en una  alternativa para  el futuro, en  un planeta  habitable” antes de que termine su  supuesto segundo periodo presidencial”.  De ser una posibilidad, sería para  muy  pocos.  ¿Es  ese el  plan del  Nuevo  Orden  Mundial? Por  otra  parte, en  asuntos  más  pedestres e inmediatos, su esposa Melania según sus leyes  xenófobas,  podría  perder  la nacionalidad estadunidense  pues ejerció como  “modelo”, cuando solo tenía una visa de “turista” y se le olvidó confesarlo. Ahí  está el caso de una ciudadana serbia que también mintió, y que ha sido  deportada y despojada de  su  nacionalidad, Divna Maslenjak.

2.- Hasta con el Papa Francisco ya “la  cortó” Trump. El inteligente argentino  en todas sus fotos verdaderas o montajes, se ve hastiado por la familia Trump  como con la Trudeau de Canada. Siempre fue un personaje de gran  importancia,  pero para los nuevos políticos está dejando de  serlo.  Por  lo  visto  y  no  le  agrada.   

3.- América del Sur duele.  Ya  había logrado en el siglo pasado ir  saliendo de la  férula de los gringos gracias a la izquierda, pero la  frenaron en seco: “América para los americanos vulgo gringos” decía Monroe. El presidente argentino Macri fue impuesto por el Fondo Monetario Internacional. El  presidente Temer  de Brasil  igual. Y Venezuela está deshecha. Sólo pudo dar al  mundo una  clase  de democracia verdadera el presidente Mojica, de Uruguay. Ecuador cambió    de presidente, Lenín Moreno por Correa que tanto bien hizo a la causa  libertaria.

 4.- A Corea del  Sur  mandó  Trump  sin  avisar  una  maquinaria  carísima  supuestamente  para  evitarle  ataques  nucleares de  su   Corea  del  Norte.   Y  ahora  quiere  hacer  negocio  y  que  le   pague  Corea Sur.  



5.- VLADIMIR PUTIN  Y EMMANUEL   MACROM -.

Fue  sorprendente   y  altamente  significativa   la  recepción  en  el  Palacio   de  Versalles  el  29  de  mayo  de  2017   del  presidente   de  Rusia,  Vladimir  Putin   por  el  nuevo  presidente  de  Francia Emmanuel  Macron,  haciéndola  coincidir   con  la  visita    hace   300   años  de  Pedro  El  Grande, (Moscú,1672 — San Petersburgo, 1725), Zar  de  todas  las  Rusias.   
“Pedro I, el Grande,  es para la historia moderna uno de los personajes reformistas más importantes de Rusia, que consiguió, usando el poder y también la fuerza que le otorgaba el cargo, transformar una nación atrasada y medieval en otra que estaba cerca de las modernas monarquías europeas occidentales. Reorganizó la administración del Estado, reformó el ejército y modernizó la incipiente industria ampliando las posibilidades de la economía.  Todo esto provocó que la población fuera abandonando sus viejas costumbres y adoptara las modernas formas, que estaban enraizadas en la Europa ilustrada del siglo XVII”.  
Versalles  fue  un  gran  escenario para  lograr  romper  con  la  cadena  de  mezquindades    que   se  habían  ido  hilando  contra  Rusia  en  Francia . François Hollande,  en  octubre  pasado    hizo todo lo posible por  boicotear la visita  a  París   del  presidente  ruso  Putin  , con motivo de la inauguración del nuevo Centro  cultural  y  religioso  ruso  en   París.  De  hecho  Francia  inició   una  Guerra  Fría contra  Rusia por  defender  a  Ucrania  y  Crimea.   Apoyó   el  embargo  comercial  en  su  contra   en  2014 .  Quiso ,  pasar  a  la  historia como  el  presidente  francés   que  abortó  una  venta  de   porta  helicópteros   a  Moscú  que  ya  los  había  pagado.  Y  los   revendió  a  Egipto. “Esperaba  el  aplauso  de  Berlín  y  Washington”,  pero  no  lo  tuvo.     Jamás  Rusia  se  había  llevado  tan  mal  con  Francia . Versalles   borró  toda esa  tontería  de Hollande.   Resultó, con  Sarkozy,  uno de  los  más  vergonzosos    presidentes   de  Francia. Interiormente,  levantó  a  tales   grados los  impuesto  que  muhos  emprendedores  se  fueron  de  Francia.   
  1. - ¿Y  MEXICO?  
Dentro  de  este  panorama  mundial  de  cambios ,  México  se  prepara  para   realizar  elecciones  el   4   de  junio  próximo  en  el  estado  actualmente  más  significativo,  el  más  poblado   y  más  industrializado ,  el  Estado  de  México,  además  de  ser  la  cuna  del  presidente  Peña  Nieto.  4  candidatos  se  disputan   el  poder ,  entre  ellos  un  primo  del  mandatario y  sería  muy  sano  que  no  ganara  el  primo     simplemente  para  demostrar  al  pueblo  mexiquense  que  la  democracia  no  es  un  cuento  chino  en  este  país,   pues   si  un  presidente  ha  sido   atacado  y  criticado  durante su   mandato  ninguno  tanto  como  Enrique  Peña   Nieto.
Librosdemanu@gmail.com

Mar de Historias : El fugitivo



Cristina Pacheco
Santiago ocupa la parte alta de una litera. Lleva la ropa puesta y se acoda en una mochila. Se endereza un poco y le pregunta a Lázaro, tendido en la cama baja, si está despierto. No hay contestación. Vuelve a recostarse y sigue hablando aunque sepa que su amigo no lo escucha –y quizá no haya oído nada de lo que ha estado contándole acerca de su vida.
Necesita desahogarse, tal vez porque hoy tomó la decisión de irse a Tijuana. Antes, quiere deshacerse de todos los recuerdos, abandonarlos como ropa sucia en un rincón del albergue: el único sitio donde se siente seguro, entre otras cosas, porque allí nadie hace preguntas. Todos los que llegan son fugitivos: no quieren cargar con otras vidas, ya tienen suficiente con las suyas.
II
El desinterés de Lázaro al fin lo desanima para seguir hablando, pero no disminuye su urgencia por desahogarse. Retoma el curso de su historia, sólo que ahora –sin percatarse– la cuenta como si fuera otro, y no él, quien la relata.
La primera mañana que habló con Roldán, el conserje del albergue, Santiago le confesó que había huido de su casa porque estaba harto de los abusos de su padrastro. La verdad era muy distinta. Esta noche sintió deseos de contársela a Lázaro: le tiene confianza. Han coincidido varias ocasiones en el dormitorio y a veces conversan.
Por lo general quien habla es Lázaro, y casi siempre de su accidente: muy chico se cayó de la escalera, se golpeó la sien izquierda y perdió el oído de ese lado. Nadie se dio cuenta y él no lo dijo: no quiso darle a su padre oportunidad para que le dijera: Sólo sirves para hacer pendejadas y causarme gastos. Además, con que le funcionara bien el de repuesto (así se refería Lázaro a su oído derecho) era más que suficiente para escuchar órdenes o insultos.
III
Santiago mira el techo ampollado de humedad. Le recuerda las paredes de su casa y cómo se divertían él y su hermano Claudio retirando el salitre con un dedo que luego se llevaban a la boca. ¿Qué otros juegos eran los preferidos de Claudio? Le responde su voz lejana: Acitrón de un fandango/ zango, zango/ ¡Sabaré!/ Sabaré...
Santiago sonríe, pero tiene los ojos húmedos, como siempre que recuerda a su hermano menor intentando atrapar el azogue de un termómetro roto, humedeciendo con la lengua la punta de su lápiz, inclinado sobre el cuaderno abierto, mirando arrobado las lagartijas en el tronco de un árbol.
Las escenas en su memoria pasan rápido y lo empujan a la que no quería ver: Claudio balanceándose en la jaula de la azotea. De lejos, a Santiago le pareció que era sólo la ropa de su hermano lo que colgaba del tubo; pero después se dio cuenta de que era Claudio, de once años, todo completo, con la cabeza vencida, los brazos lánguidos, los pies juntos pero sin un zapato.
Santiago logró advertir todos esos detalles, pero no que su hermano estaba muerto y se puso a hablarle, hablarle, hablarle hasta que cayó de rodillas junto al cadáver que seguía proyectando su sombra en el piso de cemento.
IV
Después, aislados en el dolor de la pérdida, sus padres se olvidaron de él. En ningún momento lo consolaron por la muerte de su hermano ni le dieron muestras de cariño. Ante tal indiferencia, Santiago llegó a pensar que era él quien había muerto y no su Claudio: en ausencia más presente que nunca.
A todas horas se escuchaban en la casa llantos desgarradores, conversaciones en voz baja que giraban en torno a una palabra dicha o callada a medias (suicidio) y los gritos de la madre, que gemía desconsolada: Quiero saber ¿por qué? Tengo derecho. Sigue siendo mi hijo.
Pronto se abrió un nuevo infierno para Santiago: sus padres lo acosaban a preguntas, querían que les dijera qué motivos había tenido Claudio para quitarse la vida de una manera tan espantosa. (De seguro lo sabes, ¡dilo!) Él y su hermano eran inseparables, hablaban todo el tiempo. En algún momento de sus conversaciones Claudio pudo haber dicho algo que indicara sus planes. Sus padres repetían los argumentos hasta que al fin, ofendidos por el silencio de Santiago, lo llamaban ingrato, mal hijo y le pedían que se fuera.
Santiago recuerda con horror las noches en que su madre lo despertaba para suplicarle que no fuera malo con ella, que tanto lo quería, y le revelara los motivos de Claudio para huir de la vida. Sentarse a la mesa también era un tormento para él: sus padres se pasaban la hora de la comida mirándolo intensamente, como si quisieran penetrar su mutismo.
En su casa o donde estuviera, Santiago se sentía perseguido. Llegó a pensar en el suicidio; pero el recuerdo de su hermano, de su pie descalzo y rígido, lo salvó de cometer la atrocidad. Buscó otra forma de escapar: huyó de la casa. Lleva tres años fuera. Regresará cuando logre saber los motivos de Claudio, o sea: nunca. Su hermano jamás le habló de sus planes. Santiago interpreta ese silencio como una traición, pero la olvida, y cuando reaparece, la perdona. Necesita seguir viendo a su hermano como un niño que intenta atrapar el azogue de un termómetro roto o mira divertido a una lagartija que huye por el tronco de un árbol.

La dinastía Moreira, artífices del quebranto coahuilense


Un rayo de luz



Guillermo Almeyra
La Jornada 
La decisión del Concejo Indígena de Gobierno (CIG) de dirigir colectivamente la movilización indígena y popular contra el poder oligárquico y de nombrar a María de Jesús Patricio Martínez (Marichuy) como su vocera, así como la declaración de ésta diciendo que el CIG utilizará la campaña electoral para organizar y no meramente para conseguir votos aportan un rayo de luz al sombrío panorama nacional.
Después de Rosario Ibarra de Piedra, quien fue la primera candidata en unas elecciones presidenciales mexicanas, Marichuy es símbolo de las mujeres populares y de los indígenas y no sólo, como Rosario, de un puñado de madres valientes en busca de sus hijos desaparecidos y de una organización revolucionaria anticapitalista –el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT)–, políticamente muy importante, pero minoritaria; esta candidatura cuenta además con el apoyo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).
Tanto éste como el CIG hasta ahora declararon ser anticapitalistas, pero no expusieron un programa que dé forma y objetivos al anticapitalismo en México y, por tanto, la campaña de organización popular, indígena y de los trabajadores corre todavía con los pies atados.
Además, de las declaraciones de Marichuy de que no quiere ganar el gobierno de México sino organizar, podría desprenderse la intención de presentar una candidatura simbólica y virtual, no registrada, como fue en su momento la muy importante de Valentín Campa, candidato del Partido Comunista Mexicano y del PRT, trotskista.
Esta posibilidad hace correr el riesgo de una contraposición, por un lado, entre el desarrollo de la conciencia y la organización y, por otro, la recolección de más de 800 mil firmas que avalen a Marichuy y la utilización revolucionaria del proceso electoral. Los partidos defensores del sistema capitalista de explotación y opresión, en efecto, sólo buscan votos para ocupar posiciones institucionales, pero los revolucionarios, por el contrario, utilizan siempre todos los instrumentos y todos los campos, incluso los elegidos por los explotadores, como si fuera posible ganar poder por esa vía.
Además, en el caso de una candidatura simbólica, de propaganda, los votos que se pudieran obtener no serían registrados y aparecerían simplemente mezclados con otros como votos nulos, perdiendo así peso simbólico.
Ni el CIG ni el EZLN han aclarado hasta ahora si centrarán su acción política solamente sobre las legítimas demandas de las diversas etnias indígenas o si, por el contrario, se orientan hacia la concientización y la organización de los oprimidos en todo el país –lo cual les obligaría a formular propuestas concretas para situaciones y problemas muy disímiles y a cotejarse con otros hombres y mujeres en lucha pertenecientes a organizaciones diferentes y con posiciones políticas diversas. No está claro, en una palabra, si Marichuy espera contar con la movilización y el apoyo de las organizaciones y movimientos de muy diverso tipo que luchan hoy en las calles y plazas contra el gobierno capitalista o si se dirige sólo a las bases de apoyo tradicionales del EZLN, que son importantes, pero minoritarias.
El programa revolucionario es lo que podría atraer a muchos que piensan abstenerse o votar en blanco porque ven la candidatura de Morena como una tabla de salvación para el capitalismo en crisis económica, política y moral o, incluso, a otros muchos que no son seguidores ciegos de Andrés Manuel López Obrador, pero piensan que una victoria de Morena podría crear mejores condiciones para revertir todas las reformas reaccionarias implantadas por PRI-PAN-PRD y responder mejor a la ofensiva imperialista y a la brutalidad de Donald Trump.
Los símbolos, en política, son muy importantes, pero no bastan. No es suficiente presentar una vocera indígena. Ni el sexo ni el carácter étnico son garantía suficiente: es necesario proponer ideas anticapitalistas, objetivos de lucha, una organización horizontal y democrática en la que todos discutan y decidan.
Los puntos del programa podrían incluir:
– Reconocimiento pleno de los derechos y reivindicaciones indígenas.
– Aumento general de salarios y jubilaciones, para crear un vasto mercado interno. Igualdad salarial entre ambos sexos.
– Seguridad social y atención sanitaria para todos, controlada por los derechohabientes.
– Anulación inmediata de las leyes y decretos antipopulares y reaccionarios (en especial de la reforma a la Ley Federal del Trabajo y de la ley energética o de la ley de enseñanza).
– Auditoría a la deuda externa. Anulación de todos los acuerdos lesivos para México (Tratado de Libre Comercio de América del Norte y otros).
– Retorno de los militares a los cuarteles. Su remplazo por policías comunitarias y milicias populares y dotación a las mismas de armas modernas.
– Estatización de los bancos para evitar el lavado de dinero, frenar la evasión de capitales y estimular el crédito.
– Plan nacional de creación de empleos elaborado comunidad por comunidad, colonia por colonia en asambleas que evalúen los recursos disponibles, las necesidades y las prioridades.
– Fin inmediato de la gran minería depredadora y expulsora de campesinos.
– Tribunales populares para juzgar los asesinatos de mujeres, la trata, el narcotráfico.
– Control de periodistas y usuarios sobre los medios de información que apoyan ideológicamente al sistema.
– Separación total entre el Estado laico y las diversas religiones.
– Política internacional independiente y antimperialista.
Propongo que el CIG ponga a discusión estos puntos u otros similares y defina el carácter de su campaña de organización.

Black Rock/Vanguard/State Street: los gigabancos que controlan la mitad de Wall Street


Bajo la lupa
Alfredo Jalife-Rahme
La Jornada

Nunca acaba de asombrar el grado de reconcentración de la riqueza propiciada por la desregulada globalización financierista que propende por su naturaleza intrínseca al darwinismo oligopólico y/o casi monopólico.
Hace casi seis años ya había abordado que New Scientist había revelado con enfoque científico “la identidad de la plutocracia bancaria global (1 por ciento) que controla al mundo (99 por ciento: https://goo.gl/2Rbajf)”.
Luego, hace dos años, en una perturbadora investigación, Russia Today expuso a los “cuatro oligopolios financieristas –los cuatro megabancos– que controlan el mundo”: Black Rock, State Street Corp, FMR (Fidelity), Vanguard Group (http://goo.gl/UjlfE3).
En ese momento comenté que “ya desde 2012 el anterior legislador texano Ron Paul –padre del candidato presidencial Rand, uno de los creadores del apóstata Partido del Te, venido a menos, pero uno de los mejores fiscalistas de EU– había señalado que “los Rothschild poseen acciones de las principales 500 trasnacionales de la revista Fortune (http://goo.gl/D71NjX)” que son controladas por “los cuatro grandes ( the big four)”: Black Rock, State Street, FMR (Fidelity) y Vanguard Group”.
En realidad, los banqueros esclavistas Rothschild forman parte de las ocho familias que controlan los cuatro megabancos que dominan Wall Street.
Black Rock, que dirige el israelí-estadunidense Larry Fink, ha estado muy activo en México, donde operó la privatización de Pemex que, vista en retrospectiva, resultó en un cataclismo para los ciudadanos mexicanos (https://goo.gl/1SIDk8).
Hace casi cuatro años demostré que Black Rock –transmutación de Blackstone y Evercore Partnershi
Blackstone fue la extraña entidad que cobró el fantasmagórico doble (¡supersic!) seguro de las torres gemelas del 11/9 (Bajo la Lupa, 26/9/04), mientras el itamita Pedro Aspe Armella es empleado de Roger Altman: mandamás omnipotente de Protego/Evercore Partnership.
Black Rock controla muchos multimedia entre ellos The Economist y el Financial Times, no se diga en México.
En un artículo para The Conversation (https://goo.gl/wZ5Kzq) retomado por Asia Times (https://goo.gl/ftFS5Z), tres académicos de la Universidad de Ámsterdam –el investigador de posdoctorado en ciencias políticas Jan Fichtner; la profesora de ciencias políticas Eelke Heemskerk, y el candidato a doctorado Javier Garcia-Bernardo– analizan las “tres empresas que se han adueñado de las trasnacionales de EU: Black Rock (https://goo.gl/NdQf4k), Vanguard (https://goo.gl/G5W83m) –¡vinculada a la organización Trump!– y State Street (https://goo.gl/VXzB7J)”.
En los dos recientes años, Fidelity (https://goo.gl/7rivGs), vinculado a Hillary Clinton y consagrado a los añejos fondos mutualistas, se quedó en el camino y ahora son sólo tres gigabancos los que se adueñaron de Wall Street.
A juicio de los autores, antes los individuos y las grandes instituciones invertían mayormente en fondos mutualistas activamente manejados como Fidelity, en los que los directores de fondos seleccionaban acciones con el objetivo de prevalecer en el mercado.
A partir de la grave crisis financiera de 2008, los inversionistas han virado a los fondos de índices que replican los índices de las acciones establecidas como S&P 500, lo cual ha tenido impacto dramático en las empresas de EU.
FotoLa magnitud es asombrosa: de 2007 a 2016 los fondos manejados activamente tuvieron salidas por 1.2 billones de dólares frente a los fondos de índices que tuvieron entradas por más de 1.4billones de dólares.
Ocho familias controlan los cuatro bancos que dominan Wall Street. En la imagen, la bolsa de valores de Nueva YorkFoto Ap
Solamente en el primer trimestre de 2007 los fondos de índices ingresaron más de 200 mil millones de dólares: ¡todo un récord!
A juicio de la triada académica de Ámsterdam, una diferencia crucial entre las industrias de un fondo activo y un fondo de índice es que el primero está fragmentado y consiste de centenas de diferentes ejecutivos de activos tanto pequeños como grandes, mientras el sector del fondo de índices, que crece a una velocidad desmedida, está altamente concentrado y es dominado por justamente tres gigantes directivos de activos en EU: Black Rock/Vanguard/State Street: “los tres grandes ( the big three)”.
Dicha concentración del fondo de índices no tiene nada que ver con la democratización del mercado al que aluden sus panegiristas debido a que los fondos de índices han disminuido los gastos del inversionista en forma significativa: la décima parte de 1 a 2 por ciento de lo que se paga en comisiones cada año para los anacrónicos fondos activos, en lo que es ya la mayor oscilación de inversiones en la historia.
Lo real es que los fondos índice han provocado una concentración masiva de la propiedad de las trasnacionales cuando los “tres grandes poseen 11 billones de dólares en activos bajo su manejo ( assets under managements)” que representa todos los fondos soberanos de riqueza combinados y “casi tres veces la industria global de Hedge Funds”.
Un proyecto de investigación de Corpnet (https://goo.gl/feXYOT) – Descubriendo las redes del control de las trasnacionales– exhibe la red propietaria en EU de los tres grandes: ya 40 por ciento de todas las empresas listadas en EU los tres grandes en su conjunto constituyen el mayor accionista y aun 88 por ciento (¡supersic!) de las firmas de S&P500. Tal reconcentración de la propiedad es sin precedente.
Más aún: en contraste a los fondos activos, los tres grandes detentan posiciones permanentes de propiedad y sin liquidez, lo cual le brinda mayores incentivos para influir en forma activa a las empresas.
A juicio de los tres académicos, BlackRock/Vanguard/State Street ejercen un poder oculto y su expansión provoca “nuevas formas de riesgo financiero que incluye efectos anticompetitivos e inversiones en manada ( investor herding)”.
El zoom de los tres grandes empequeñece a los clásicos megabancos que deja muy atrás: J.P. Morgan Chase, Goldman Sachs, Morgan Stanley, Capital Group, T. Rowe Price Group, Fidelity, Wells Fargo, Franklin Resources, Legg Mason, Wellington Management, Dimensional Fund ADV, Renaissance Technologies, etcétera.
Hace unos años mil 600 empresas de EU tuvieron ingresos combinados por 9.1 billones de dólares, una capitalización de mercado por más de 17 billones de dólares y emplearon a más de 23.5 millones de personas.
En el índice S&P 500 de referencia ( benchmark) de las mayores trasnacionales de EU los tres grandes son los principales accionistas en casi 90 por ciento que incluyen Apple, Microsoft, Exxon Mobil, General Electric y Coca Cola.
Los tres grandes ostentan 90 por ciento de todos los votos de la dirección y ejercen un género de poder estructural emergente sobre la mayoría de las empresas de EU desde la aviación (American Airlines, Delta y United Continental) hasta la banca: JP Morgan Chase, Wells Fargo, Bank of America y Citigroup. ¡Son los gigabancos de los megabancos!
Hoy los tres gigabancos ostentan una posición casi monopólica por lo que los autores de la Universidad de Ámsterdam exhortan a un mayor escrutinio regulador del consejo de administración permanente que gobierna de facto a las empresas de EU.

Inocente Díaz 1933-2017


La Jornada: Jazz
Antonio Malacara 

unque el panteón es el lugar donde habitan los dioses, en México desde siempre nos referimos igual a un panteón que a un cementerio. Luego entonces, resulta sencillo y más que adecuado afirmar que el maestro Inocente Díaz, quien falleciera el pasado 17 de mayo a consecuencia de complicaciones cardiacas, ha pasado a formar parte central del Panteón de los Grandes Músicos Mexicanos.

A pesar de que las pasadas tres décadas de su vida las dedicó básicamente a impartir la materia de conjuntos orquestales en la escuela del Sindicato Único de Trabajadores de la Música, el maestro nunca abandonó ni su sax alto ni su actividad como director de la Orquesta Indiaz (por Inocente Díaz, por supuesto), con la que se presentaba regularmente en los bailes del mismo sindicato.

Habría que apuntar que entre los más grandes recuerdos de mi primerísima infancia resaltan los momentos en que mi papá ponía sus discos de swing y (con toda la soltura y el filin del planeta) se ponía a bailar con mi mamá y, varios años después, con mis hermanas, mi cuñada y mi esposa. Pero cuentan las crónicas familiares que antes de estas sesiones discográficas, mi papá era un irredento y asiduo cliente de los salones de baile donde tocaban las orquestas de Luis Arcaraz, Pablo Beltrán Ruiz, Inocente Díaz y otros tantos héroes de la posguerra.

Inocente Díaz Rincón nació el 5 de marzo de 1933 en Mazatlán, Sinaloa (aunque algunos piensan que nació en Acaponeta); hijo del famoso músico nayarita Inocente Díaz Herrera y la señora Amelia Rincón. A los ocho años empezó a estudiar saxofón y clarinete, y a los 10, acompañado por su papá, viajó a Nayarit para integrarse a la Orquesta Acaponeta, donde ya tocaban los trompetistas Chilo Morán (todavía adolescente) y Genaro Morán (padre de Chilo).

En 1950 realizó su primer viaje a la Ciudad de México y Chilo Morán lo ayudaba con algunos jales eventuales, pero un año después Luis Ortega lo hizo regresar a Sinaloa para tocar el clarinete y el primer sax alto con la orquesta Los Chanitos. No fue sino hasta cumplir los 21 años que decidió irse a radicar al Distrito Federal y desde entonces figuró como saxo principal en las principales orquestas de la época, como la de Gonzalo Curiel, Chucho Zarzosa, Gonzalo Cercera, Chucho Rodríguez, Carlos Tirado y Pablo Beltrán Ruiz.

Con Beltrán Ruiz tocó de 1962 a 1975, cuando Dámaso Pérez Prado lo llamó para convertirlo en el primer saxofón de su orquesta e irse a una extensa gira por varias ciudades de Japón. El contubernio entre Inocente Díaz y Pérez Prado duró ocho años, hasta que el saxofonista decidió independizarse, formar su propia orquesta, la Indiaz, y dedicar parte de su tiempo a la docencia, a compartir sus conocimientos con las nuevas generaciones.

“No hay muchos como Inocente –nos dice Adolfo Díaz, gran saxofonista y hermano del maestro–; él era de los pocos músicos que podían transcribir cualquier tema en un instante. Tenía un talento muy especial; antes de estudiar armonía él ya hacía arreglos desde la época de Los Mochis.”

“Inocente Díaz es un referente para la música mexicana –opina Germán Palomares, gerente de la estación de radio Horizonte 107.9–. Perteneció a la generación inmediatamente posterior a la de Chilo Morán y Víctor Guzmán. Pero además de buen músico fue también gran líder sindical: durante varios años fue secretario del trabajo del SUTM. También fue maestro de muchas generaciones y forjador de muchos músicos en su orquesta. Le gustaban las Big Bands.”

Y hay herencia de sangre, por supuesto. En abril de este 2017, durante el Mazatlán Jazz Fest, pude escuchar a Gerson Leos, multinstrumentista, compositor y arreglista sinaloense que figura, sin vuelta de hoja, entre los mejores jazzistas de su generación (Mazatlán, 1988). Gerson, sobrino nieto de don Inocente, nos dijo: Es de los músicos más completos que he conocido; tal vez no tanto en conocimientos musicales como en experiencias de vida, cómo se expresaba con los diferentes géneros musicales. Era una persona muy completa, no nomás como músico; aunque había tocado con demasiada gente y tenía un espíritu muy diferente para pensar, para hablar, para expresarse.

Descanse en jazz.

amalacara@prodigy.net.mx

Conclusiones de Cannes 2017



Leonardo García Tsao
La Jornada 
Acasi una semana de finalizar la 70 edición del festival de Cannes y una vez disipado el humo de la contienda, el punto de vista no ha cambiado: la sección oficial se veía mucho mejor sobre el papel que en pantalla. Varios cineastas tenidos por infalibles o, por lo menos, promisorios –Bong, Haneke, Haynes, Lanthimos, Loznitsa, Mundruczó, entre otros– presentaron sus películas más débiles. El efecto fue de decepción generalizada. Tal vez el nivel no fue tan bajo, pero las expectativas fueron muy altas, sobre todo en contraste con la calidad de la competencia del año pasado.
Si sumamos las contadas películas meritorias de Cannes a las poquísimas de la Berlinale, se deduce que 2017 será un año de pobre cosecha cinematográfica, a menos que las cosas mejoren de manera significativa para el circuito de festivales de otoño.
Por otro lado, la gran controversia del festival fue el caso Netflix. ¿Realmente pueden concursar títulos que no se estrenarán en salas, sino en su plataforma digital? Una discusión un tanto bizantina, si tomamos en cuenta la velocidad con la que ese tipo de servicios se ha impuesto como la forma más práctica –no la mejor– de ver cine. Además, no es la primera vez que Cannes echa mano de productos destinados para la televisión. Recordemos que en 2013 compitió la película Behind the Candelabra, de Steven Soderbergh, un día antes de exhibirse por el canal HBO en Estados Unidos. Y nadie dijo nada. Los exhibidores franceses en esa ocasión se quedaron calladitos.
En todo caso, tanto Okja, del coreano Bong JoonHo, y The Meyerowitz Stories, de Noah Baumbach, se apreciarán pronto en Netflix, cosa que no ocurriría si nos atuviéramos al ritmo normal de distribución y exhibición nacionales. Son películas que perderán poco en su paso a la pantalla doméstica, la verdad.
Por lo pronto, aunque las producciones de Netflix no obtuvieron premios, la televisión pareció haber ganado la partida en Cannes. Prueba de ello es que dos cineastas de prestigio, previos ganadores de la Palma de Oro, Jane Campion y David Lynch, presentaron en funciones especiales algunos episodios de sus más recientes trabajos para la televisión de cable: Top of the Lake: China Girl y Twin Peaks, respectivamente.
Quien sí aprovechó todo el potencial de un nuevo medio fue Alejandro González Iñárritu. Su instalación de realidad virtual titulada Carne y arena, recreación vívida de un cruce de indocumentados por el desierto, fue vista por relativamente poca gente, pero fue uno de los sucesos más comentados del festival. Pocas veces se tiene la oportunidad de ver el nacimiento de una nueva forma de expresión dramática.
La realidad también se impuso al carácter festivo del aniversario por el tema del terrorismo. Desde el primer día se hizo evidente que el acceso a las salas y el Palais del festival sería un proceso lento y minucioso de revisión, cuestión que se acrecentaría después del atentado de Manchester. Incluso, eso motivó la cancelación de los fuegos artificiales con que se pretendía coronar la Soirée del 70 aniversario.
Sin embargo, la consecuencia más grave de la paranoia es que muchos compradores de Estados Unidos, al igual que el año pasado, cancelaron su asistencia. Por tanto, el Mercado del Filme se reportó lento y poco activo, fenómeno también debido a un alza generalizada de los precios. Ante la polarización del mercado y el dominio del blockbuster hollywoodense, los distribuidores pequeños no estaban tan dispuestos a arriesgarse.
Si bien la organización del festival no tiene nada qué ver en el asunto climatológico, obviamente, sí pudo presumir una edición muy soleada y calurosa, donde las lluvias se ausentaron de principio a fin. Tal vez fue lo único que se pudo festejar sin reservas.
Twitter: @walyder

¡Huye!


Carlos Bonfil
Black Mirror. Para su primer largometraje, ¡Huye! (Get out), el realizador afroaestadunidense Jordan Peele ha elegido una estrategia narrativa original y provocadora. Un posible drama social, con destellos humorísticos, sobre un joven negro y la novia que lo lleva a visitar, por vez primera, a sus padres liberales blancos, se aventura en el género de horror que tanto fascina al gran público, en especial a espectadores jóvenes, y sale airoso del intento.
El joven fotógrafo Chris Washington (el británico Daniel Kaluuya) manifiesta su temor ante la perspectiva de conocer a la familia y amigos de Rose (Allison Williams), su novia anglosajona, quien considera innecesario prevenirlos del origen étnico de su compañero confiando en las convicciones liberales de sus progenitores. Su padre, el neurólogo Dean (Bradley Whitford), disipa de inmediato las aprensiones del joven: De haber podido, habría votado por Barack Obama una tercera vez, exclama satisfecho a manera de bienvenida. El resto de la cinta será un mordaz y sangriento desmontaje de esa gran ilusión liberal.
Cinco décadas después de aquella emblemática comedia de la reconciliación racial, ¿Sabes quién viene a cenar? (Guess Who’s Coming to Dinner?, Stanley Kramer, 1967), la cinta de Jordan Peele propone una visión irónica de una persistente intolerancia en Estados Unidos que hoy es capaz de volver a desatar expresiones de rencor racista supuestamente superadas, mismas que tuvieron, como punto álgido, en 1957, el escarnio y los escupitajos padecidos por la joven estudiante negra Hazel Bryan durante su primer día de clases en una escuela de blancos en Little Rock, Arkansas. Ese episodio lamentable lo recupera el documental No soy tu negro, de Raoul Peck.
Los personajes que habitan la cinta de Jordan Peele, y a los que se enfrenta un atónito Chris Washington, parecen extraídos de algún episodio de la perturbadora serie Black Mirror o de una Dimensión desconocida puesta al día. El lugar de la acción: un hogar de placidez engañosa, en un suburbio de clase media, frecuentado por personajes siniestros (los amigos de la familia) de quienes cabe esperar una dentellada feroz detrás de cada sonrisa, y donde hasta los sirvientes negros parecen siempre enigmáticos y esquivos.
El clima moral es malsano y amenazador, como en una película de David Lynch, y la violencia puede estallar, de modo intempestivo, en una carretera, en un jardín, o en el interior burgués, donde, mediante una cura de hipnosis, Missy (Catherine Keener), la madre de Rose, pretende alejar a Chris del tabaco.
La presencia en ese lugar de otros negros no representa para el protagonista ninguna garantía de solidaridad o protección, antes bien lo contrario. Se trata de personajes domesticados por la gran asimilación triunfante, celosos de sus mínimos privilegios, que miran con desconfianza al nuevo forastero de su misma raza.
Sólo Jeremy (Caleb Landry Jones), el temperamental hermano de la novia, se autoriza la franqueza de un rechazo visceral. Todo lo demás exuda hipocresía liberal por todos los poros. Por un lado, la actitud amable y bienintencionada de la familia de la novia sólo acierta a desdibujar a Chris (el negro que por su buena educación se quedó a medio camino de volverse blanco) con los clichés culturales más burdos; por el otro, el círculo de invitados se esfuerza inútilmente en disimular un añejo desdén racista con una cordialidad ensayada.
El joven realizador maneja con acierto no sólo registros dramáticos que en ocasiones se aventuran en el terreno de lo fantástico, sino de modo especial toda la carga humorística de situaciones donde el absurdo es absoluto. Pocas producciones recientes sobre la discriminación a minorías étnicas poseen un grado semejante de ironía y malicia.
Un acierto de la cinta es su cabal aprovechamiento de los géneros del horror, la comedia, y el drama social en una vertiginosa apuesta combinatoria. Esa audacia explica, en parte, su éxito comercial. La película se estrena además en un contexto de polarización social particularmente agudo. Los años Obama, que debían impulsar culturalmente una noción de lo posracial, o la indiferencia a la condición étnica, se han transformado en un tiempo de zozobra moral.
El documental No soy tu negro y esta ficción sugerente y escuetamente titulada ¡Huye!, se perciben, así, como las dos caras de una misma moneda. A una corrección política ya desgastada, Jordan Peele y Raoul Peck han opuesto, cada uno a su manera, el saludable desencanto de un escepticismo crítico. ¡Enhorabuena!
¡Huye! se exhibe en salas comerciales.

70 Festival Internacional de Cine de Cannes: Por una vez, un Palmarés aceptable



Leonardo García Tsao

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La alemana Diane Kruger y el estadunidense Joaquin Phoenix
Foto Afp y Ap Cannes.
No quiero presumir de profeta, pero el jurado, presidido por el cineasta español Pedro Almodóvar, decidió premiar los títulos que he mencionado en artículos pasados como lo más digno de la selección, en un año decepcionante. Con pocas excepciones, uno puede estar de acuerdo en que se premió lo premiable. La Palma de Oro fue para la sueca The Square (La plaza), de Ruben Östlund, una sátira que habla del arte moderno –y otros temas– con ironía. Mientras la gran favorita local, 120 Battements par minute (120 latidos por minuto), del francés Robin Campillo, hubo de conformarse con el Grand Prix, considerado como el segundo lugar del certamen.
Un premio especial del 70 aniversario fue otorgado a Nicole Kidman, por el mérito de tener mucha chamba... y desempeñarla bien. Según se recordará, la actriz australiana participó en cuatro producciones del festival, dos de ellas en competencia.
Creo que la escocesa Lynne Ramsay se merecía el premio a la mejor directora por You Were Never Really Here (Nunca estuviste realmente aquí) y no Sofia Coppola, cuyo trabajo en The Beguiled (La seducción) es apenas decorosito, pero es de suponer que las personalidades hollywoodenses del jurado –Jessica Chastain y Will Smith– metieron el hombro. En cambio, Ramsay fue premiada por el mejor guion (que no es lo fuerte de su película), categoría que compartió en ex aequo con los griegos Yorgos Lanthimos y Efthimis Filippou por The Killing of a Sacred Deer (El sacrificio de un venado sagrado), dirigida por el primero.
Indiscutibles fueron los premios de actuación. Ciertamente la alemana Diane Kruger merecía el premio a mejor actriz por Aus dem Nichts (Fuera de la nada), de Fatih Akin, y Joaquín Phoenix el de mejor actor por su alucinado papel en You Were Never Really Here.
En un bien pensado discurso, Kruger dedicó su premio a todas las víctimas del terrorismo, mientras Phoenix se vio genuinamente sorprendido por el premio y apenas pudo murmullar unas palabras.
Algo más importante debió haber obtenido la rusa Nelyubov (Sin amor), de Andrei Zvyagintsev, quizá la película más contundente del certamen, pero el Premio del Jurado tendrá que servir como testimonio de su calidad.
La Cámara de Oro, premio a la mejor opera prima, fue para Jeune femme (Mujer joven), de la francesa Léonor Serraille, que fue exhibida dentro de Una Cierta Mirada (cuyo jurado no le dio premio alguno el día de ayer). Y la Palma de Oro al mejor cortometraje fue para Xiao cheng er yue (Una noche dulce), del chino Qiu Yang, quien se merece otro reconocimiento por dar el discurso más breve. Sólo dijo dos palabras: Fucking amazing.
Twitter: @walyder

Trump: cómo acabar con La política exterior de eu




La Jornada 
La semana pasada, en este mismo espacio, se realizó un recuento de las torpezas y tropiezos del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en su gira por Europa: el tono áspero, prepotente e injerencista con el que el magnate neoyorquino exigió a la Unión Europea (UE) que hiciera más ante Rusia y el combate al terrorismo, que adoptara las posturas de Wa-shington en la beligerancia en contra de los migrantes y que los gobiernos europeos incrementaran sus gastos armamentistas.
Para colmo, Trump maltrató a los alemanes –de quienes dijo que recurrían a prácticas comerciales malas, muy malas, por la simple razón de que Estados Unidos mantiene un déficit comercial con Alemania– y en la cumbre del Grupo de los 7 (G-7), realizada en la localidad siciliana de Taormina, canceló toda posibilidad real de que su gobierno participe en los esfuerzos internacionales conjuntos que se requieren para hacer frente al cambio climático.
Esas actitudes, sumadas al grave fallo de los organismos estadunidenses de inteligencia al divulgar fotografías del reciente atentado en Manchester que la policía británica les había proporcionado en calidad de confidenciales, marcó la virtual demolición de una perspectiva de relaciones fluidas, cordiales y constructivas entre los grandes polos que componen la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), así como un brusco deterioro en las relaciones de la Casa Blanca con Bruselas (sede de la UE), Londres y Berlín.
Una de las consecuencias más amargas para Washington de esa colección de dislates, insólita incluso para los niveles habituales de exceso verbal del propio Trump, se hizo patente ayer cuando la canciller de Alemania, Ángela Merkel, dijo que los europeos tenemos que tomar el destino en nuestras propias manos porque los tiempos en los que podíamos depender de otros están terminando. Previamente, la gobernante más poderosa del viejo continente definió la reunión de Taormina como un encuentro de seis contra uno, que dejó resultados muy difíciles, por no decir que muy insatisfactorios.
No deja de resultar asombroso que, en poco más de cuatro meses de gobierno, Trump haya conseguido dañar a tal grado los vínculos diplomáticos, políticos, comerciales, militares y de inteligencia entre Estados Unidos y Europa, vínculos tejidos y fortalecidos desde la posguerra –es decir, desde hace más de siete décadas–, por no mencionar el desbarajuste creado por el presidente republicano en el bloque regional encabezado por Washington: el del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), instrumento trilateral sobre cuyo futuro penden nubarrones de tormenta.
Si a todo lo anterior se agregan el desbarajuste de acentos fársicos generado entre el país vecino y su principal rival estratégico, la Federación Rusa, a raíz de los intercambios impropios entre integrantes prominentes del equipo de Trump con la diplomacia de Moscú, así como las tensiones innecesarias introducidas por el nuevo habitante de la

Yo soy la felicidad de este mundo



Carlos Bonfil
En jirones. Nunca sabremos, en definitiva, qué aspecto y suerte habría tenido el último proyecto fílmico del realizador alemán Rainer Werner Fassbinder, titulado Yo soy la felicidad de esta tierra (según su biógrafo Yann Lardeau), interrumpido por su muerte prematura. Después de Querelle (1982), siempre era posible esperar cualquier sorpresa de un director tan prolífico como inclasificable. Lo cierto es que para muchos cineastas jóvenes, desde el galo François Ozon hasta el español Pedro Almodóvar, el estadunidense Todd Haynes o el franco-canadiense Xavier Dolan, su trabajo ha sido, en mayor o menor medida, gran referencia. En el caso del mexicano Julián Hernández (Mil nubes de paz cercan el cielo, amor, jamás acabarás de ser amor, 2003), la influencia ha sido siempre manifiesta y declarada, casi al mismo grado que la del italiano Pier Paolo Pasolini. El también director de El cielo dividido (2006) y Rabioso sol, rabioso cielo (2009) ha construido una breve filmografía continuamente marcada por el cosmopolitismo cultural (las influencias fílmicas europeas coexisten, novedosamente, con un fuerte gusto por la cultura popular mexicana) y su afición por el teatro, la música, la poesía y la danza.
Del trabajo de Julián Hernández, siempre ecléctico, se desprenden contrastes e inevitables altibajos, también cierta desmesura que le lleva a transitar de la concisión más rigurosa de sus cortometrajes (algunos realizados en colaboración afortunada con su productor y también realizador Roberto Fiesco), hasta propuestas narrativas más caprichosas y extensas que luego se presentan en dos versiones distintas. Tal es el caso de su cinta más reciente, Yo soy la felicidad de este mundo (2015) que la Cineteca Nacional propone en la versión del director de poco más de dos horas, y que mantiene su diseño original de tríptico narrativo. Se trata de dos historias parasitadas por un veleidoso relato intermedio (una filmación dentro de otra), que refieren el desasosiego existencial de Emiliano (Hugo Catalán), director de cine empeñado en sabotear sus mejores oportunidades afectivas y artísticas con su narcisismo irrefrenable y con el frenesí sexual que le impide mantener una relación sentimental estable.
Emiliano manifiesta sus posturas críticas con respecto a las relaciones amorosas cuando en una entrevista televisiva habla sobre la monogamia, haciéndose eco, de paso, de los posicionamientos que el director Fassbinder solía externar a propósito de la crisis de la institución matrimonial y su ilustración en sus películas. No es un azar que el discurso de Emiliano sea, a la vez, un comentario relacionado con la aprobación en la Ciudad de México del matrimonio gay. La normalización del deseo amoroso homosexual va, en efecto, muy a contracorriente de todo lo que el director practica en su vida diaria, también de su rechazo a lo institucional, y de la búsqueda incesante de nuevos objetos de placer inmediato.
Cuando en la primera historia, Emiliano conoce al bailarín Octavio (Alan Ramírez) y luego de los primeros escarceos eróticos y de fulgurantes entusiasmos amorosos, debe admitir la improcedencia de una relación sostenida, el director habrá de vivir una suerte de vacío moral a lado de Jazen (Emilio von Sternerfels), sexoservidor, como él anímicamente desalentado, confinados los dos en un frío espacio doméstico, donde sólo aciertan a cantar, sin convicción, frente a la cámara, Dos, balada romántica y triunfalista de José José. El tema central de la película parece ser, en definitiva, la inocencia lacerada, la del joven Octavio que sólo mediante su entrega artística consigue sobreponerse a toda la infelicidad del mundo, acto con el que resumiría el verso de Oscar Wilde (citado por Fassbinder en Querelle), según el cual cada hombre mata lo que ama, para concluir, sin embargo, que no todo mundo muere en ese intento.
El primer y tercer segmento de esta cinta contiene todo lo que Julián Hernández se ha empeñado en mostrar de una película a otra. Esos dos fragmentos de un discurso amoroso no requieren de digresiones ni de extravíos filosóficos; su mensaje es directo y transparente. Muy eficaz en términos dramáticos. Por lo mismo, parece sobrarle, e incluso estorbarle, ese extraño añadido coreográfico y verboso de cuerpos enfrascados en una agitada faena erótica, sin relación aparente con la historia que verdaderamente importa. ¿Se trata de un sueño en la afiebrada fantasía de Emiliano, el realizador ególatra? ¿De los incorregibles arrebatos juveniles en un taller literario? La serenidad y templanza del joven bailarín Octavio se ofrece, por fortuna, como el anti-modelo exacto de la desmesura del realizador incontinente. Una revancha final del candor y la frescura.
Yo soy la felicidad del mundo se exhibe en el cine Diana y coincide en la Cineteca Nacional con el variado catálogo de propuestas fílmicas de diversidad sexual que propone un Mix Factory instalado, de lleno, en la estimulante cartelera alternativa de nuestro país.
Twitter: @Carlos.Bonfil1

Pantalla Nómada



El futuro: una huella de Bolaño en el cine
Alan Rodríguez
Foto
El futuro se estrena hoy en la Cineteca Nacional como parte 
de la Semana de Cine Chileno. Arriba, un fotograma

Foco de temores y esperanzas, el futuro para algunos ha dejado de ser una promesa del mañana. El futuro puede ser el ahora. Puede ser un tiempo hipotecado por el presente. Puede incluso ser un asesino, como lo vio Leonard Cohen en una de sus canciones.
El futuro puede ser el espacio por el que podemos volar a la pura soledad, escribió Neruda. Para Bianca, es algo así como una habitación no muy luminosa con los muebles cubiertos por sábanas viejas.
Bianca es la protagonista de Una novelita lumpen, última novela de Roberto Bolaño publicada en vida. La cineasta chilena Alicia Scherson la llevó a la pantalla de cine con el título de El futuro (Il futuro, 2013), que como película resultó nominada al Gran Premio del Jurado en el festival de Sundance.
La cinta se estrenará en México (3 y 10 de junio) como parte de la Semana de Cine Chileno en la Cineteca Nacional, que llega con 10 títulos contemporáneos producidos por el país sudamericano. Incluye otros tres filmes de la realizadora y guionista, quien además viene a nuestro país para presentar su trabajo.
Scherson se interesó por el texto de Bolaño luego de leerlo en 2003. Entonces decidió viajar a Barcelona para encontrarse con la legendaria agente literaria Carmen Balcells y así comprar los derechos del libro. 
En El futuro conocemos a Bianca y su hermano, dos adolescentes romanos y huérfanos por la muerte de sus padres en un accidente automovilístico. Ella consigue empleo como peluquera y él en un gimnasio, donde se hace amigo de los vividores el boloñés y el libio. Los dos calaveras se les meten a vivir a la casa y convencen al par de hermanos de robar al extraño Maciste, Hércules antiguo de glorias como fisicoculturista y actor de cine B quien vive ciego y aislado en una oscura casona. Para eso, hace falta que Bianca se gane su confianza.
El filme deja de lado temas como el duelo o la criminalidad, y se adentra en la experiencia erótica, sicológica y liberadora de Bianca al mezclarse con el extraño Maciste. El universo del filme se percibe femenino, sensual, laberíntico ante nuestros ojos, con Bianca como pivote de esas sensaciones que la envuelven en los instantes en que la vida calla para que oiga su soledad (en paráfrasis de Cioran).
El futuro cierra con la voz de Patti Smith cantando Wing, tema que la artista le dedicó al fallecido Bolaño. Y para entonces notamos que Scherson ha conseguido una sugerente adaptación al cine de la novela publicada en 2002.
Quedan plasmados el aire de misterio que colma la historia y la experiencia de temporalidad, de tránsito de Bianca hacia un estado distinto. Hacia una especie de autoconfianza que le hace percibir el porvenir como algo vaporoso a la vez que prometedor. (Trailer)